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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Remontarse al origen de algo tal vez sea una empresa equ&iacute;voca, pues no siempre nos es dado saber lo que, desde la profundidad, anima e impulsa al pensamiento. Por ello, es dif&iacute;cil explicar la causa &uacute;ltima que nos ha llevado a interesarnos por el problema de la lentitud e integrar el presente volumen. Sin embargo, s&iacute; podemos dar constancia de algunos antecedentes que ahora encuentran continuidad en los trabajos que aqu&iacute; se exponen. El primero de ellos fue el art&iacute;culo "Las formas de la lentitud" de Luisa Ruiz Moreno que aparece en el libro <i>Universos discursivos, </i>el cual compila los trabajos dedicados a la obra de No&eacute; Jitrik y cuyas primeras versiones fueron presentadas en un congreso realizado en homenaje a este autor. Esta primera aproximaci&oacute;n, a su vez, inspir&oacute; un proyecto de investigaci&oacute;n de Blanca Alberta Rodr&iacute;guez, que pretend&iacute;a explorar la lentitud en su dimensi&oacute;n &eacute;tica y est&eacute;tica en la obra de Fabio Mor&aacute;bito. Poco a poco tom&oacute; fuerza la idea de pensar la lentitud como un universo significante, por lo que el Seminario de Estudios de la Significaci&oacute;n le dedic&oacute; un m&oacute;dulo y, como consecuencia de &eacute;ste, no s&oacute;lo el n&uacute;mero 26 de <i>T&oacute;picos </i>sino tambi&eacute;n el siguiente, dada la entusiasta y amplia respuesta a nuestra convocatoria.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de la frase <i>festina lente, </i>aparentemente un ox&iacute;moron, comenzamos a poner sobre la mesa de discusiones diversas interrogantes: desde un punto de vista estrictamente temporal, &iquest;no resultar&iacute;a contradictorio que la lentitud fuera una forma de la celeridad impl&iacute;cita en el "apres&uacute;rate" y no una desaceleraci&oacute;n como dictar&iacute;a el sentido com&uacute;n? Ve&iacute;amos entonces que lo que hay en esta m&aacute;xima es una extra&ntilde;a modalizaci&oacute;n que el adverbio "lentamente" opera sobre el verbo "apres&uacute;rate", lo que nos suger&iacute;a la existencia de una dimensi&oacute;n &eacute;tica y muy seguramente tambi&eacute;n est&eacute;tica en los discursos sobre la lentitud.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rastreando en la etimolog&iacute;a de los vocablos <i>lentitud </i>y <i>lento, </i>encontramos un rico campo sem&aacute;ntico &#151;que va desde las palabras <i>flexible, pegajoso, duradero, h&uacute;medo, sereno, gradual, despacioso, espacioso, sosegado, sin precipitaci&oacute;n, </i>hasta <i>flojo, lerdo, moroso, tardo, tortuga, </i>entre otros&#151;; as&iacute;, leyendo nuevamente el adagio <i>festina lente, </i>advertimos que si bien el t&eacute;rmino "apres&uacute;rate" demanda que se act&uacute;e con rapidez, aprisa, el adverbio "lentamente" determina que la acci&oacute;n se realice con "precisi&oacute;n", con "serenidad", esto es con una inteligencia prudente o bien con una prudencia sagaz. Aqu&iacute; la noci&oacute;n de lentitud parece tener un valor no s&oacute;lo temporal sino tambi&eacute;n moral, incluso pat&eacute;mico, toda vez que la prudencia exige una atemperaci&oacute;n, una atenuaci&oacute;n de las pasiones, del &aacute;nimo, con lo cual se expresa un cierto <i>saber hacer </i>as&iacute; como un <i>saber ser </i>en la vida.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta nueva perspectiva, la lentitud es susceptible de ser abordada como una configuraci&oacute;n semi&oacute;tica en la que una cierta concepci&oacute;n del mundo se encamina a cuestionar, desde la praxis enunciativa y del hacer est&eacute;tico, una determinada axiolog&iacute;a encarnada en la dimensi&oacute;n &eacute;tica del discurso, esto es, una forma de vida, lo que conducir&iacute;a a la quiebra del sentido, a un replanteamiento de las axiolog&iacute;as estatuidas o a la invenci&oacute;n de nuevas formas semi&oacute;ticas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de que en este volumen hemos querido llamar la atenci&oacute;n sobre el entrecruzamiento de las dimensiones &eacute;tica y est&eacute;tica que sugiere la noci&oacute;n de lentitud, sabemos que resulta dif&iacute;cil desligarla de su naturaleza temporal y r&iacute;tmica, ya que se trata de una variable acentual del <i>tempo. </i>Y dado que el <i>tempo </i>articula la duraci&oacute;n y el espacio, se abri&oacute; as&iacute; un &aacute;mbito de reflexi&oacute;n en torno a la percepci&oacute;n y a la experiencia tempoespacial. Algunas de las preguntas que surgieron y que los autores trataron de afrontar fueron: &iquest;c&oacute;mo y a trav&eacute;s de qu&eacute; la conciencia, el sujeto, eval&uacute;a las variaciones o bien las deformaciones del <i>tempo?, </i>&iquest;qu&eacute; repercusiones pat&eacute;micas, cognitivas o pragm&aacute;ticas tendr&iacute;an estas variaciones cuando el acento est&aacute; puesto en la desaceleraci&oacute;n?, &iquest;qu&eacute; decide y en funci&oacute;n de qu&eacute; privilegiar la celeridad o la lentitud?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Incluso, evocando el contraste, planteado por Kundera en su novela <i>La lentitud, </i>entre un desesperado motociclista y un so&ntilde;ador amante que va a pie, nos hemos preguntado si favorecer una u otra velocidad &#151;la rapidez o la lentitud&#151; implica relaciones distintas con la corporalidad considerada como una primera dimensi&oacute;n espacial. &iquest;Podr&iacute;a pensarse, como lo hace Kundera, que la celeridad del motociclista es "incorporal" puesto que lo conduce a un olvido de su propio cuerpo? O bien &iquest;que su vivencia de la corporalidad es un sentir puro, m&aacute;s propio de <i>soma </i>que de <i>sema? </i>&iquest;Podr&iacute;a decirse, paralelamente, que la lentitud conduce a una atenci&oacute;n de la corporalidad como un cuerpo propio, es decir como <i>sema, </i>tal como acontece al parsimonioso caminante que percibe en sus pies la vibraci&oacute;n significante de sus pasos? Hemos querido, pues, indagar si la lentitud puede ser la matriz de un proceso generativo o bien el lugar de su manifestaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El poner el acento en la lentitud obedece a una necesidad de abordar esta problem&aacute;tica desde la perspectiva actual de las pr&aacute;cticas discursivas, debido a que aun cuando en una determinada tradici&oacute;n filos&oacute;fica se ha enfatizado la atenci&oacute;n en ella, y menos en la rapidez, esto se ha hecho en t&eacute;rminos m&aacute;s bien morales. Por esta raz&oacute;n nos interes&oacute; tratar la lentitud desde la perspectiva de la teor&iacute;a de la significaci&oacute;n consider&aacute;ndola inscrita en una semi&oacute;sfera. En este sentido, es notoria la exaltaci&oacute;n de la rapidez en todas las pr&aacute;cticas significantes de nuestro mundo moderno y contempor&aacute;neo, el que hace ver la lentitud como un subvalor, como un opuesto negativo de la rapidez que siempre funciona como el opuesto positivo, sin considerar que ambos valores pueden integrar una unidad compleja. Sin embargo, no ha sido nuestro inter&eacute;s invertir dicho orden para encontrar s&oacute;lo las virtudes de la lentitud, sino hacer una inmersi&oacute;n en ese universo significante para hallar sus articulaciones internas y sus estructuras profundas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, con su original y sugerente estilo, No&eacute; Jitrik centra su disertaci&oacute;n en la noci&oacute;n de <i>ritmo, </i>que re&uacute;ne inevitablemente la lentitud con su opuesto, la rapidez, las cuales, en efecto, son indisociables en la medida en que constituyen valores relativos y tampoco se las puede pensar en t&eacute;rminos absolutos, dificultad a la que nos enfrentamos continuamente en las sesiones del <i>SeS. </i>La dial&eacute;ctica entre el impulso de movimiento y su detenci&oacute;n constituye ese principio de sentido que nos permite comprender no s&oacute;lo nuestro estar y ser en el mundo sino tambi&eacute;n los hechos que tejen nuestra realidad. No obstante, el autor no deja de poner el acento en la lentitud, pero s&oacute;lo en aquella que a&uacute;n puede ser significante, pues la absoluta, al manifestarse con la muerte, la anulaci&oacute;n total del movimiento no admite pensarla siquiera como tal. Y encuentra distintas tonalidades que van desde la nada creadora, que bien se expresa en la literatura como en otras artes &#151;la arquitectura o la pintura&#151;, pasando por el <i>tempo </i>lento en m&uacute;sica, hasta el silencio, cuya presencia m&aacute;s elocuente se halla en la poes&iacute;a de Mallarm&eacute; y su herencia.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, Pierre Ouellet, apelando a la met&aacute;fora de la <i>ca&iacute;da </i>de los fragmentos extra&iacute;dos de una cinta cinematogr&aacute;fica en el proceso de edici&oacute;n y que se acumulan en el suelo, plantea que de igual manera el tiempo de la Historia se ha precipitado y ca&iacute;do debido a la rapidez con que se suceden los acontecimientos; de tal forma que sus sedimentos lentifican o inmovilizan lo que se ha denominado progreso. Sobre este orden de cosas, que precisa ser descrito en t&eacute;rminos, adem&aacute;s de sociopol&iacute;ticos, etno&#150;fenomenol&oacute;gicos y semioest&eacute;ticos, la literatura y el arte dan testimonio, pero no reproduciendo la trama de los hechos, sino superponiendo su propio tiempo o m&aacute;s espec&iacute;ficamente su "fuera de tiempo", tal como se habla de un "fuera de campo" para, de este modo, sacar en un gesto redentor al tiempo de la Historia de su curso acelerado, es decir para <i>suspenderlo </i>en una suerte de <i>epoch&eacute;, </i>lo que implicar&iacute;a una reconfiguraci&oacute;n de nuestra experiencia del tiempo, de la duraci&oacute;n. Esto es ilustrado mediante el an&aacute;lisis de la novela <i>&Eacute;den, &Eacute;den, &Eacute;den </i>de Pierre Guyotat, en la que se advierte m&aacute;s una paradigm&aacute;tica de las circunstancias que una sintagm&aacute;tica de las acciones, y que contradice toda l&oacute;gica causal y disuelve toda jerarqu&iacute;a a trav&eacute;s de ciertos recursos discursivos: la superposici&oacute;n azarosa de hechos, personajes, objetos, y la descripci&oacute;n que los amplifica permitiendo verlos en sus detalles m&aacute;s &iacute;nfimos; de ello resulta el efecto de detenci&oacute;n del tiempo o bien de un tiempo lentificado al extremo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A su vez, Gianfranco Marrone ofrece un an&aacute;lisis semi&oacute;tico del "Manifiesto de <i>Slow Food" </i>&#151;suscrito por Carlo Petrini, Folco Portinari, Valentino Parlato, Stefano Bonilli, Gerardo Chiaromonte, entre otros escritores italianos&#151; y del logotipo del que se convertir&iacute;a un poco m&aacute;s tarde en movimiento internacional, que nace en franco combate contra la principal cadena del <i>Fast Food, </i>McDonald's. Ya lo afirmaba No&eacute; Jitrik, la lentitud adquiere su valor s&oacute;lo en oposici&oacute;n a su contrario, la rapidez; tambi&eacute;n Marrone mantiene esta relaci&oacute;n de contrariedad para dar cuenta del proceso de semiosis de los dos textos en cuesti&oacute;n que construyen un concepto particular de la lentitud. &Eacute;sta aparece como un bien en s&iacute; mismo porque su b&uacute;squeda del placer en la (de)gustaci&oacute;n de los alimentos, apela a una competencia de saber ancestral de los sabores de siempre, nos dice el autor. Dicho placer se ve intensificado en la medida en que sea durativo, lento, paciente y controlado por el sujeto. A medida que el autor avanza en su estudio, nos damos cuenta de que este movimiento&#150;marca <i>Slow Food </i>se configura como un aut&eacute;ntico sujeto pol&iacute;tico por cuanto su defensa de la lentitud &#151;considerada concepto, valor, lexema, objeto y praxis social&#151; en la degustaci&oacute;n se expande en la defensa de la producci&oacute;n agroalimentaria tradicional frente a la industrial.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "La lentitud de las cosas... ", Adri&aacute;n Bertorello considera la interpretaci&oacute;n que Heidegger hace del poema "Una tarde de invierno" de Georg Trakl en su conferencia <i>Die Sprache </i>como una teor&iacute;a semi&oacute;tica, donde advierte una figura de la lentitud: <i>el demorarse de las cosas. </i>El autor sigue paso a paso la disertaci&oacute;n de Heidegger; se detiene particularmente en ese momento en el que el acto de lenguaje convoca a las cosas que se ubican en un m&aacute;s all&aacute;, en lo alosemi&oacute;tico en t&eacute;rminos de Lotman; este llamar las cosas a la presencia despliega mundo. El mundo entonces aparece como un espacio sem&aacute;ntico orientado por dos ejes: uno personal conformado por los mortales y los divinos, y el otro llamado impersonal constituido por la tierra y el cielo. El mundo se integra por estos cuatro t&eacute;rminos, de ah&iacute; la denominaci&oacute;n de "cuadratura", gracias al acto de lenguaje, por lo que el autor concibe el discurso po&eacute;tico como una suerte de traductor biling&uuml;e. Estos t&eacute;rminos se re&uacute;nen con las cosas; el sentido de dicha reuni&oacute;n es la <i>demora, </i>lo que constituye el ser de las cosas o bien, en palabras de Heidegger, el cosear de las cosas, el cual es, para Bertorello, una figura de la lentitud.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el &aacute;mbito de la literatura, Blanca Alberta Rodr&iacute;guez explora la etimolog&iacute;a de la palabra <i>lentitud </i>y encuentra que, en diversos textos po&eacute;ticos cl&aacute;sicos y contempor&aacute;neos, adem&aacute;s de expresar la dimensi&oacute;n durativa del tiempo, &eacute;sta constituye un n&uacute;cleo sem&aacute;ntico que re&uacute;ne distintas formas del ser &eacute;tico: paciencia, perseverancia, templanza, serenidad, lo que le permite postularla como una forma de vida, en la medida en que la lentitud, en los casos revisados, privilegia lo inteligible por sobre lo sensible con miras hacia la obtenci&oacute;n de un cierto saber: un <i>saber ser, </i>en suma, un <i>saber vivir. </i>En este sentido, su reflexi&oacute;n tiene un punto de coincidencia con el trabajo desarrollado por Marrone.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, el n&uacute;mero se cierra con la aportaci&oacute;n de Claude Zilberberg, "El <i>tempo </i>en pintura", quien, desde la semi&oacute;tica tensiva, se pregunta por lo que la pintura, especialmente de Van Gogh, puede decir respecto al <i>tempo. </i>Plantear as&iacute; la cuesti&oacute;n implica relativizar al menos una supuesta discontinuidad entre lo verbal y lo no verbal. Para Zilberberg, el puente que permite transitar de uno a otro campo es la afectividad, tomada como axioma; de este modo lo verbal acoge lo no&#150;verbal, "lo afectivo somatizado" o "lo som&aacute;tico afectante". Esto es posible por la presencia y acci&oacute;n del <i>tempo </i>que se introduce a trav&eacute;s del "golpe de pincel". Al respecto, la pincelada de Van Gogh, denominada "convulsi&oacute;n" por Artaud, constituir&iacute;a un tercer tipo de significante &#151;los otros son la l&iacute;nea y la mancha de color&#151;, el cual est&aacute; regido por una aspectualidad concesiva que apunta a la instantaneidad, al <i>tempo </i>r&aacute;pido. Si bien este an&aacute;lisis parece centrarse m&aacute;s bien en la rapidez, no puede dejar de hacer un permanente contrapunteo con el <i>tempo </i>lento, que lo lleva a contrastar el gesto pict&oacute;rico, "la convulsi&oacute;n", de Van Gogh o de Bacon con el de otros artistas como Rothko, quien se ubicar&iacute;a en el <i>tempo </i>opuesto, la lentitud. De tal suerte que a la vez que se observa el juego de combinaciones de las valencias del que deriva la rapidez, se da cuenta, especularmente, de las articulaciones profundas de la lentitud.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Eacute;sta es, entonces, la primera entrega de una serie de reflexiones sobre una materia sutil que ha resultado dif&iacute;cil aprehender plenamente en su especificidad, pues apenas logr&aacute;bamos avanzar en su caracterizaci&oacute;n nos d&aacute;bamos cuenta de que lo mismo podr&iacute;a decirse sobre la rapidez; no obstante, cada uno de los trabajos ha logrado alumbrar alguna faceta del problema o bien ha abierto nuevas preguntas. En cualquier caso, nuestro deseo es que el lector se <i>apresure lentamente </i>a rumiar las siguientes p&aacute;ginas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Blanca Alberta Rodr&iacute;guez     <br> Luisa Ruiz Moreno</i></font></p>      ]]></body>
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