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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Separata</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>&iquest;Qu&eacute; significa el curr&iacute;culum?</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jos&eacute; Gimeno Sacrist&aacute;n*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Universidad de Valencia</i></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adelanto del nuevo libro de Jos&eacute; Gimeno Sacrist&aacute;n. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Profesor universitario, investigador y pedagogo, el doctor Jos&eacute; Gimeno Sacrist&aacute;n es una referencia ineludible en el &aacute;mbito educativo de habla hispana por sus estudios y an&aacute;lisis en este campo. Su extensa producci&oacute;n acad&eacute;mica tanto en libros como en revistas, invita a la reflexi&oacute;n sobre temas que van desde el curr&iacute;culum, la formaci&oacute;n docente y el sistema educativo hasta la diversidad de la vida escolar y las competencias, siempre con una mirada cr&iacute;tica y sugerente.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta ocasi&oacute;n, Sin&eacute;ctica presenta a sus lectores una primicia: la introducci&oacute;n y el primer cap&iacute;tulo de la obra m&aacute;s reciente del doctor Gimeno Sacrist&aacute;n, titulada Saberes e incertidumbres sobre el curr&iacute;culum, editada por Morata y que muy pronto se encontrar&aacute; en librer&iacute;as.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esperamos que esta separata sea de su inter&eacute;s.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">R. Alejandra Garc&iacute;a Bado    <br> 	  Editora de Sin&eacute;ctica</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p> 	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La funci&oacute;n abierta de la obra y su contenido</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Por Jos&eacute; Gimeno Sacrist&aacute;n</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El <i>curriculum</i> es un concepto que dentro del discurso acerca de la educaci&oacute;n denomina y demarca una realidad existente e importante en los sistemas educativos; un concepto que, si bien es cierto que no acoge bajo su paraguas a toda la realidad de la educaci&oacute;n, s&iacute; que se ha convertido en uno de los n&uacute;cleos de significaci&oacute;n m&aacute;s densos y extensos para comprenderla en el contexto social, cultural, entender las diversas formas en las que se ha institucionalizado. No s&oacute;lo es un concepto <i>te&oacute;rico,</i> &uacute;til para explicar ese mundo abarcado, sino que se constituye en una herramienta de regulaci&oacute;n de las pr&aacute;cticas pedag&oacute;gicas. Nos ocuparemos de un concepto de uso generalizado en la literatura pedag&oacute;gica, en la investigaci&oacute;n, en el lenguaje de las administraciones educativas, en los medios de comunicaci&oacute;n y entre el profesorado<sup><a href="#notas">1</a></sup> aunque es relativamente reciente entre nosotros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El <i>curriculum,</i> con el sentido en el que hoy se suele concebir, tiene una capacidad o un poder inclusivo que nos permite hacer de &eacute;l un instrumento esencial para hablar, discutir y contrastar nuestras visiones sobre lo que creemos que es la realidad educativa, c&oacute;mo damos cuenta de lo que es el presente, de c&oacute;mo y que valor ten&iacute;a la escolaridad en el pasado e imaginarse el futuro, al contenerse en &eacute;l lo que pretendemos que aprenda el alumnado; en qu&eacute; deseamos que se convierta y mejore.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El curr&iacute;culum, su implementaci&oacute;n, ha condicionado nuestras pr&aacute;cticas. Es un componente instituyente, pues, de la realidad educativa que vivimos; podr&iacute;a decirse que la conforma. Si bien, las pr&aacute;cticas dominantes en un momento dado tambi&eacute;n lo condicionan a &eacute;l; es decir, que el curr&iacute;culum es a la vez instituido en su realizaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas peculiaridades &#151;entre otras&#151; hacen que el concepto <i>curr&iacute;culum</i> apele a una realidad dif&iacute;cil de encerrarla en una definici&oacute;n sencilla, esquem&aacute;tica y clarificadora por la complejidad misma del concepto. Tampoco ayuda a ello el hecho de que haya sido un campo de pensamiento reciente dentro de las disciplinas pedag&oacute;gicas. No obstante, creemos que podemos entendernos con los lectores si convenimos en darle, de momento, un significado sencillo: <i>el contenido cultural que las instituciones educativas tratan de difundir en quienes las frecuentan, as&iacute; como los efectos que dicho contenido provoque en sus receptores.</i> La escuela "sin contenidos" culturales es una ficci&oacute;n, una propuesta vac&iacute;a, irreal y descomprometida. El curr&iacute;culum es la expresi&oacute;n y concreci&oacute;n del plan cultural que la instituci&oacute;n escolar hace realidad dentro de unas determinadas condiciones que matizan ese proyecto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Toda instituci&oacute;n educativa trabaja y defiende una cultura, &#151;un curr&iacute;culum&#151; que transmite de m&uacute;ltiples maneras; lo cual es un hecho consustancial a la existencia de la instituci&oacute;n escolar. El contenido cultural es condici&oacute;n l&oacute;gica de la ense&ntilde;anza y el curr&iacute;culum es la estructuraci&oacute;n de esa cultura bajo claves psico&#150;pedag&oacute;gicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El curr&iacute;culum es una pasarela entre la cultura y la sociedad exteriores a las instituciones educativas, por un lado, y la cultura de los sujetos, por otro; entre la sociedad que hoy es y la que habr&aacute; ma&ntilde;ana, entre las posibilidades de conocer, de saber comunicar y expresarse en contraposici&oacute;n a la cerraz&oacute;n y a la ignorancia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Toda esa complejidad nos avoca a considerar que la teor&iacute;a del curr&iacute;culum es una metateor&iacute;a que engloba discursos te&oacute;ricos generados en otros territorios de la educaci&oacute;n e incluso fuera de ella. Como afirma Kemmis (1986, p&aacute;g. 22), el cu&#150;rr&iacute;culum debe verse como un problema de relaci&oacute;n entre la teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica, por una parte, y entre la educaci&oacute;n y la sociedad, por otra. Porque el curr&iacute;culum, lo mismo que la teor&iacute;a que lo explica, es una construcci&oacute;n hist&oacute;rica que se da en unas determinadas condiciones. Su configuraci&oacute;n y desarrollo engloba pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas, sociales, econ&oacute;micas, de producci&oacute;n de medios did&aacute;cticos, pr&aacute;cticas administrativas, de control o supervisi&oacute;n del sistema educativo, etc.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Son pocos los elementos, fen&oacute;menos, actividades y hechos de la realidad escolar que no tengan alguna implicaci&oacute;n con el curr&iacute;culum o no se vea afectado por &eacute;l. Problemas como el fracaso escolar, la desmotivaci&oacute;n de los alumnos, el tipo de relaciones entre profesores y el alumnado, la indisciplina en clase, etc., son preocupaciones y temas de contenido psicopedag&oacute;gico que tienen algo que ver, sin duda, con el curr&iacute;culum que se ofrece a los alumnos y alumnas y con el c&oacute;mo se les ofrece. Cuando los intereses de &eacute;stos no encuentran alg&uacute;n reflejo en la cultura escolar, se puede comprender que se muestren refractarios a &eacute;sta y quieran huir de ella; algo que puede reflejarse en manifestaciones de rechazo, enfrentamiento, desmotivaci&oacute;n, huida, etc.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La teorizaci&oacute;n sobre el curr&iacute;culum no puede dejar de ser <i>una construcci&oacute;n progresivamente m&aacute;s interdisciplinar que sirve de n&uacute;cleo para integrar conocimientos y aportaciones de y en las Ciencias de la Educaci&oacute;n.</i> Pensamos que estamos ante un campo intelectualmente atractivo y consideramos que su estudio es de gran importancia para el profesorado porque es un tema en el que de forma paradigm&aacute;tica se pueden apreciar las relaciones entre las orientaciones procedentes de la teor&iacute;a y la realidad de la pr&aacute;ctica, entre los modelos ideales de la instituci&oacute;n educativa y la que ser&aacute; posible o real. Lo que resulte depender&aacute;, en muy buena medida, de los y las docentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si el contenido cultural es la condici&oacute;n l&oacute;gica de la ense&ntilde;anza, es muy importante analizar c&oacute;mo ese proyecto de cultura "escolarizada" se concreta en las condiciones reales de la ense&ntilde;anza. El que haya sido durante mucho tiempo un campo de acci&oacute;n de los administradores y gestores de la educaci&oacute;n ha dificultado que hoy no sea f&aacute;cil disponer de una ordenaci&oacute;n coherente de conceptos y principios, pudiendo afirmarse que no poseemos una teor&iacute;a fijada por un consenso estabilizado en torno del <i>curr&iacute;culum.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un concepto de la trascendencia se&ntilde;alada, dadas su potencia cognitiva y su complejidad inevitable, necesariamente tiene que provocar enfoques y tratamientos muy diversos y ser un terreno conflictivo y pol&eacute;mico. Las disensiones pueden localizarse en muy diversos aspectos. Por ejemplo, si los procesos de ense&ntilde;anza&#150;aprendizaje son estimulados por las actividades acad&eacute;micas, &iquest;cu&aacute;les son apropiadas para que esos procesos den los resultados que se pretenden con un determinado curr&iacute;culum? Si cotidianamente equip&aacute;ramos tiempo de ense&ntilde;anza con tiempo de educaci&oacute;n, &iquest;qu&eacute; calidad tendr&aacute; &eacute;sta a la luz de la calidad que tiene el tiempo de ense&ntilde;ar (los profesores) y de estar escolarizado (el alumnado)? Siendo el curr&iacute;culum cultura, es una cultura entre otras posibles. &iquest;Qu&eacute; contenido tiene la que unos y otros consideramos apropiada para nuestros hijos? Constituy&eacute;ndose como una selecci&oacute;n cultural que alguien realiza bajo los par&aacute;metros de una opci&oacute;n epist&eacute;mica, pol&iacute;tica, social, cultural, de justicia, psicol&oacute;gica y pedag&oacute;gica, &iquest;qui&eacute;nes tienen legitimidad para proponer opciones? Actuando a modo de partitura a partir de la cual el profesorado ejecuta la pr&aacute;ctica, &iquest;qu&eacute; tipo de realizaci&oacute;n deseamos y qu&eacute; papel dejamos para quienes la ejecutan? Requiriendo enfoques hol&iacute;sticos e interdisciplinares, es evidente que reclama la concurrencia de lecturas desde diferentes &aacute;ngulos; lecturas con las que se puede pretender apoderarse de la hegemon&iacute;a en su enfoque. El campo en torno del curr&iacute;culum es un territorio inevitablemente discutido y disputado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Eacute;stas y otras cuestiones que podr&iacute;an plantearse no son motivadas s&oacute;lo por la complejidad y trascendencia pedag&oacute;gica del curr&iacute;culum. Debajo de &eacute;stas se ocultan &#151;aunque en muchos casos se llevan al escenario p&uacute;blico&#151; ideolog&iacute;as, intereses y motivaciones de grupos y personas muy distintas y distantes que pugnan entre s&iacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En una sociedad democr&aacute;tica este pluralismo y los conflictos inevitables deben ser abordados expl&iacute;citamente. Es necesario que se hagan p&uacute;blicas las diferencias y que estemos abiertos al di&aacute;logo y a la participaci&oacute;n de todos los agentes y posiciones en liza. En nuestro contexto no disponemos de espacios para esos debates ni se discute d&oacute;nde ser&iacute;a posible hacerlo; no hay sensibilidad para reclamar su realizaci&oacute;n. Como mucho, queda reducido a los momentos &#151;es nuestro caso&#151; en los que se realiza el ritual en el que se han convertido las Reformas que se suceden casi peri&oacute;dicamente. Se crean, por ejemplo, organismos y agencias para evaluar resultados de los niveles del sistema con el fin de evidenciar su eficacia en el cumplimiento de las prescripciones del curr&iacute;culum, con el expl&iacute;cito prop&oacute;sito de que quienes salgan bien parados en las pruebas diagn&oacute;sticas se vean reconfortados y quienes no obtengan los resultados aceptables se sientan en la obligaci&oacute;n de hacer algo para mejorar. Parece suponerse que los mecanismos que operan en el desarrollo del curr&iacute;culum y las fuerzas que hacen falta para cambiarlo funcionasen por los principios de recompensa y castigo. Sin embargo no existen una pol&iacute;tica, foros estables, organismos o instituciones que se ocupen de la mejora de la calidad de los <i>curr&iacute;cula,</i> cuando la calidad de la educaci&oacute;n depende de qu&eacute; les proponemos o imponemos a los alumnos y alumnas para que aprendan. Los empe&ntilde;os para que <i>nadie quede atr&aacute;s,</i> se evite el fracaso escolar, el que sea cre&iacute;ble el eslogan de <i>aprender a lo largo de toda la vida,</i> no se conquistan diagnosticando el sistema, sino contando con programas acertados de pol&iacute;tica educativa, formaci&oacute;n y apoyos al profesorado para entrar en el camino de su logro. Pero, sobre todo, lo imprescindible es un cambio de cultura. Para encaminar todo ello correctamente se necesita compartir algunas ideas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo colectivo que supone esta obra, que con expl&iacute;cita intenci&oacute;n la hemos llamado <i>Saberes e incertidumbres sobre el curr&iacute;culum,</i> no es un vademecum con el que se pretenda dar respuestas a las inseguridades que supone afrontar los desaf&iacute;os de un futuro imprevisible, para lo cual carecemos de experiencia colectiva en las familias, en los centros educativos y en la sociedad. No podemos transmitirles a los j&oacute;venes ideales acerca de qu&eacute; quieren ser, ni proporcionarles la seguridad de qu&eacute; pueden llegar a ser, ni qu&eacute; contenidos tendr&iacute;an que aprender. Tampoco aspiramos a que sea <i>El</i> manual que tenga la virtualidad de alfabetizar a quienes quieran desempe&ntilde;arse como docentes. Obviamente, no creemos que en esta obra se contenga todo aquello que se sabe, sino que m&aacute;s bien la conforman una relaci&oacute;n de temas y problemas sobre lo que se puede y es necesario saber, para que seamos actores del desarrollo curricular en cualquiera de las actividades relacionadas con &eacute;ste. Queremos proporcionar una aproximaci&oacute;n a c&oacute;mo se encuentra el "estado de la cuesti&oacute;n" en los puntos clave de la arquitectura del curr&iacute;culum y de su basamento. Sugerimos aspectos sobre los que reflexionar, procuramos dar una visi&oacute;n general sobre temas que preocupan al pensamiento, a la investigaci&oacute;n y a quienes trabajan desde la gesti&oacute;n educativa, la supervisi&oacute;n, el asesoramiento o en la docencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si la teor&iacute;a y pr&aacute;ctica del curr&iacute;culum deben contemplar la diversidad cultural y la de los sujetos, esa misma teor&iacute;a debe hacerse desde la pluralidad del pensamiento, considerando que tambi&eacute;n ellas son diversas, tanto en lo que se refiere a su entidad cient&iacute;fica, al grado de madurez alcanzado, a su compromiso con la justicia, la igualdad... Esta observaci&oacute;n nos libera de dar explicaciones acerca de la diversidad de perspectivas de los autores que hemos elaborado este <i>manual.</i> Lo denominamos as&iacute; en el sentido que tienen los <i>Handbooks</i><sup><a href="#notas">2</a></sup> en el contexto anglosaj&oacute;n. Muy fundamentalmente nos importa la diversidad de la teor&iacute;a por su capacidad para dar luz a la pr&aacute;ctica que se produce y reproduce a nuestro alrededor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ofrecemos una articulaci&oacute;n de perspectivas para que ayuden a formular los problemas que plantea la distribuci&oacute;n del conocimiento y de la cultura en el panorama de las posibilidades abiertas en las actuales sociedades, proporcionando una gu&iacute;a para detectar los dilemas, formularlos y discutirlos en un contexto en el que con tanta facilidad se manosean terminolog&iacute;as innovadoras y se oculta el contenido del curr&iacute;culum, tal como se dijo al comienzo. En vez de presentar alguna especie de diccionario que acotara los significados de los conceptos con los que elaboramos el discurso, optamos por exponer el estado de nuestras incertidumbres, que es lo mismo que decir el estado y los l&iacute;mites de nuestros saberes sin arrogarnos la potestad de decidir lo que vayan a significar las palabras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra se estructura en seis apartados de desigual extensi&oacute;n (seg&uacute;n el criterio de su importancia y presencia en la tradici&oacute;n acad&eacute;mica) que comprenden los treinta cap&iacute;tulos que la forman.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>I. &iquest;Qu&eacute; significa el curr&iacute;culum?</b> Con esta pregunta procuramos introducir un marco general, sin utilizar demasiados tecnicismos, para que los lectores y lectoras puedan entender la complejidad que hoy muestra el curr&iacute;culum tanto en los estudios que lo tienen como objeto, como en los &aacute;mbitos pr&aacute;cticos en los se proyecta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>II. El curr&iacute;culum: texto en contexto. Sus determinaciones visibles e invisibles.</b> El curr&iacute;culum es un texto que representa y presenta aspiraciones, intereses, ideales y formas de entender su misi&oacute;n en un contexto hist&oacute;rico muy concreto, desde donde se toman decisiones y se eligen caminos que est&aacute;n afectados por las opciones pol&iacute;ticas generales, las econ&oacute;micas, la pertenencia a diferentes medios culturales, etc. Lo cual evidencia la no neutralidad del contexto para el texto y el origen de desigualdades entre los individuos y grupos. Las condiciones culturales, el g&eacute;nero y la pobreza son tres importantes fuentes de desigualdad que exigen intervenciones adecuadas para que el curr&iacute;culum se oriente por criterios de justicia que favorezca la inclusi&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; o previamente a su consideraci&oacute;n como problema y propuesta de car&aacute;cter cultural y pedag&oacute;gico. Dos preocupaciones centran b&aacute;sicamente hoy la atenci&oacute;n en los estudios, las pol&iacute;ticas y las pr&aacute;cticas curriculares. Por un lado, la importancia de considerar la condici&oacute;n evidente de la pluralidad cultural de las sociedades actuales que choca con la uniformidad de los curr&iacute;cula. Por otro lado, la condici&oacute;n de las sociedades denominadas <i>de la informaci&oacute;n,</i> que desestabilizan las formas de pensar y de actuar a las que hemos estado acostumbrados, reclaman una revisi&oacute;n de las instituciones educativas, sus contenidos y metodolog&iacute;as.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>III. &Aacute;mbitos de configuraci&oacute;n y toma de decisiones en el curr&iacute;culum. Las pr&aacute;cticas en su desarrollo.</b> En torno al curr&iacute;culum se realizan diversos tipos de actividades, o lo que es lo mismo: en &eacute;l se cruzan pr&aacute;cticas diversas. La verdad es que su esencia y su sustancia es el resultado de las transformaciones que sobre &eacute;l provocan pr&aacute;cticas y decisiones pol&iacute;ticas, organizativas, pedag&oacute;gicas, de control....</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la fase en la que se discute y se dispone de un plan de curr&iacute;culum hasta el momento en el que se puedan apreciar los efectos educativos en sus destinatarios, el plan original ser&aacute; traducido, interpretado, realizado de una manera u otra, por una metodolog&iacute;a concreta; ser&aacute; enriquecido o empobrecido; en todo caso ser&aacute; transformado por las pr&aacute;cticas de las instancias pol&iacute;ticas y administrativas, por los materiales curriculares, por los centros escolares, por el profesorado y por los procedimientos de evaluaci&oacute;n. Se propone una visi&oacute;n procesual del curr&iacute;culum, la cual nos lleva a distinguir entre el proyecto educativo o texto del curr&iacute;culum expl&iacute;citamente pretendido (el <i>curr&iacute;culum oficial)</i> y su realizaci&oacute;n (el <i>curr&iacute;culum en la acci&oacute;n).</i> El enlace entre ambas facetas intentan establecerlo las estrategias de dise&ntilde;o curricular, a lo que en un lenguaje m&aacute;s tradicional se denominaba <i>programaci&oacute;n de las ense&ntilde;anzas.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>IV. El encaje del curr&iacute;culum en el sistema educativo.</b> En las primeras teorizaciones acerca del curr&iacute;culum subyac&iacute;a un claro inter&eacute;s por controlarlo, gracias a una serie de reglas y mecanismos, con el fin de hacer viable un determinado orden institucional. Hemos afirmado que es un factor instituyente de la realidad educativa, al tiempo que resulta instituido por ella. Este juego dial&eacute;ctico se ha plasmado de manera singular en los diferentes niveles de los sistemas educativos, en los que imperan culturas y tradiciones pedag&oacute;gicas singulares a cuyo asentamiento han contribuido la funci&oacute;n y valoraci&oacute;n social de cada uno de los niveles, el destino de los estudiantes que los frecuentan, la funci&oacute;n cultural que se considera han de cumplir, las presiones sociales, la visi&oacute;n de los sujetos escolarizados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa intitucionalizaci&oacute;n fragmentada del curr&iacute;culum conviene verla plasmada en la realidad de nuestro sistema educativo, si bien dichas diferenciaciones entre niveles son, a su vez, bastante universales en casi todos los sistemas. Si ayer fue la tradici&oacute;n la que unific&oacute;, hoy lo es la internalizaci&oacute;n globalizadora Se dedican sendos cap&iacute;tulos a la Educaci&oacute;n Infantil, Primaria, Secundaria y al significado de la etapa de la educaci&oacute;n obligatoria. o olvidamos a quienes han sido discriminados ante el curr&iacute;culum por su handicap para resarcir su segregaci&oacute;n, caminando hacia una integraci&oacute;n justa que los incluya y nos incluya con ellos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>V. El curriculum en un aula "sin paredes".</b> Ni la educaci&oacute;n ha sido una funci&oacute;n y una actividad social que s&oacute;lo tuviera lugar en las aulas, ni tampoco lo hemos cre&iacute;do. Hoy siguen vigentes estas aseveraciones y se hacen m&aacute;s evidentes; nosotros somos testigos de ello y podemos augurar, sin temor a equivocarnos, que en el inmediato futuro esa condici&oacute;n se acentuar&aacute; y lo har&aacute; m&aacute;s si las instituciones educativas no reinventan los curr&iacute;cula y las pr&aacute;cticas de desarrollarlos. El curr&iacute;culum efectivo es en gran medida el que los menores y j&oacute;venes asimilan en contextos, espacios y tiempos para aprender fuera de las instituciones escolares. La sociedad puede que vea cada vez con m&aacute;s naturalidad la posibilidad, conveniencia y rentabilidad de la desescolarizaci&oacute;n de la educaci&oacute;n. Lejos de percibir ese futuro como una amenaza, deber&iacute;amos considerarlo como una condici&oacute;n de nuestro tiempo, como una oportunidad para renovar los curr&iacute;cula y las pr&aacute;cticas educativas. Tres polos de discusi&oacute;n ahondan en esa direcci&oacute;n en esta obra: Tomar la ciudad y no la escuela como marco englobante para pensar y realizar la educaci&oacute;n (por descontado que muy en primer lugar los curr&iacute;cula). Integrar las nuevas tecnolog&iacute;as al servicio de intereses de apertura y amplitud del conocimiento, bajo los criterios de justicia y democratizaci&oacute;n de los saberes. En tercer lugar, imaginar de nuevo las instituciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>VI. La mejora del curr&iacute;culum.</b> Dada la centralidad que tiene &eacute;ste, tanto en la teor&iacute;a como en la pr&aacute;ctica educativa, cualquier pol&iacute;tica, estrategia o programa de cambio, reforma y mejora de la educaci&oacute;n implica la revisi&oacute;n del curr&iacute;culum. La condici&oacute;n cambiante de la cultura y del conocimiento en los tiempos actuales, la preocupaci&oacute;n por la mejora de la calidad de la educaci&oacute;n y la presi&oacute;n creciente del mundo laboral demandan cambios cualitativos de los contenidos y de las formas de ense&ntilde;anza. Es por eso por lo que cada vez se emprenden con m&aacute;s frecuencia reformas del y en el curr&iacute;culum, que no siempre cumplen lo que declaran pretender. Esta falta de acierto es en buena parte fruto de un exceso de confianza en el poder de las intervenciones de la burocracia de las administraciones en alianza con los respectivos expertos, &uacute;tiles colaboradores de las mismas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una estrategia de innovaci&oacute;n constante y eficaz que no prometa cambios para mejorar milagrosamente, ni lo haga para lapsos cortos, creemos que se podr&iacute;a apoyar en tres v&eacute;rtices. Primero, la investigaci&oacute;n con y de los profesores en el &aacute;mbito del desarrollo del curr&iacute;culum que se utilice como m&eacute;todo para el desarrollo de aqu&eacute;llos. Segundo, la formaci&oacute;n del profesorado estrechamente relacionada igualmente con el desarrollo del curr&iacute;culum. Tercero, una pr&aacute;ctica de evaluaci&oacute;n dirigida a la mejora del mismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>PARTE I. &iquest;QU&Eacute; SIGNIFICA EL CURRCULUM?</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por Jos&eacute; Gimeno Sacrist&aacute;n</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Universidad de Valencia</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A veces hacemos de las cosas algo complicado para entender su obvia sencillez; en otros casos aparentan ser sencillas y perdemos de vista su complejidad. Tenemos una sensaci&oacute;n contradictoria al hablar del <i>curriculum,</i> pues sentimos, por un lado, la necesidad de simplificar para hacernos entender, lo cual nos convierte en divulgadores. Desde ese sentido afirmamos que el curr&iacute;culum es algo obvio que est&aacute; ah&iacute;, ll&aacute;mesele como se quiera. Es lo que un alumno o alumna estudian. Por otro lado, cuando se comienza a desvelar su origen, su implicaciones y a los agentes que implica, los aspectos que condiciona y los que por &eacute;l son condicionados, nos percatamos de que en ese concepto se entrecruzan muchas dimensiones que plantean dilemas y situaciones ante las que optamos de una manera determinada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>1.1. La potencialidad reguladora del curriculum</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El concepto de curr&iacute;culum tiene su historia y en ella podremos encontrar restos de su uso pasado, de su naturaleza y el origen de los significados que hoy tiene. Es una realidad que pudo haber sido y puede ser de otra manera. El t&eacute;rmino <i>curriculum</i> procede del lat&iacute;n (su ra&iacute;z es la de <i>cursus</i> y <i>currere).</i> En Roma se hablaba del <i>cursus honorum,</i> la suma "de los honores" que iba acumulando el ciudadano a medida que va desempe&ntilde;ando sucesivos comicios y magistraturas desde el puesto de edil hasta llegar a c&oacute;nsul. El t&eacute;rmino se utilizaba para significar la <i>carrera,</i> y por extensi&oacute;n ha determinado la ordenaci&oacute;n y representaci&oacute;n del recorrido de &eacute;sta. Este concepto en nuestro idioma se bifurca en dos sentidos: por un lado, se refiere al recorrido o curso de la vida y los logros en ella (lo que entendemos por curr&iacute;culum <i>vitae;</i> expresi&oacute;n utilizada por primera vez por Cicer&oacute;n). Por otro lado, tiene el sentido de constituir la carrera del estudiante y, m&aacute;s concretamente, se refiere a los contenidos de ese recorrido, sobre todo a su organizaci&oacute;n, a lo que el alumno deber&aacute; aprender y superar y en qu&eacute; orden deber&aacute; hacerlo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su origen, el curr&iacute;culum signific&oacute; el territorio acotado y regulado del conocimiento que representa los contenidos que el profesorado y los centros educativos tendr&aacute;n que desarrollar; es decir, el <i>plan de estudio</i> propuesto e impuesto en la escolaridad a profesores (para que lo ense&ntilde;en) y a estudiantes (para que lo aprendan). De todo lo que sabemos y es potencialmente ense&ntilde;able y posible de aprender, el <b>curr&iacute;culum</b> es una selecci&oacute;n regulada de los contenidos a ense&ntilde;ar y aprender que, a su vez, regular&aacute; la pr&aacute;ctica did&aacute;ctica que se desarrolla durante la escolaridad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la Edad Media el curr&iacute;culum se compone de una clasificaci&oacute;n del conocimiento integrado por el "trivium" (tres caminos o cursos: Gram&aacute;tica, Ret&oacute;rica y Dial&eacute;ctica), que hoy llamar&iacute;amos instrumentales, y el "cuadrivium" (cuatro v&iacute;as: Astronom&iacute;a, Geometr&iacute;a, Aritm&eacute;tica y M&uacute;sica) que ten&iacute;an un car&aacute;cter m&aacute;s marcadamente aplicado. Estas siete artes constituyeron una primera ordenaci&oacute;n del conocimiento que perdur&oacute; durante siglos en las universidades europeas. La distinci&oacute;n entre ambos grupos de saberes significa dos orientaciones en la formaci&oacute;n: los que se refieren a los modos de adquirir el conocimiento, por un lado, y las que sirven al hombre para ganar su sustento y que tienen una finalidad m&aacute;s pragm&aacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El concepto de curr&iacute;culum desde su primer uso representa la expresi&oacute;n y propuesta de la organizaci&oacute;n de los segmentos y fragmentos de contenidos de los que se compone; una especie de ordenaci&oacute;n o de partitura que articula los episodios aislados de las acciones, sin la cual quedar&iacute;an desordenadas, aisladas unas de otras o, simplemente, yuxtapuestas, provocando un aprendizaje fragmentado. El curr&iacute;culum desempe&ntilde;a una doble funci&oacute;n &#151;organizadora a la vez que unificadora&#151; de la ense&ntilde;anza y del aprendizaje, por un lado, a la vez que, por otro lado, se produce la paradoja de que en &eacute;l se refuerzan las fronteras (y murallas) que delimitan sus componentes, como por ejemplo la separaci&oacute;n entre las asignaturas (asignaciones) o disciplinas que forman su contenido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El concepto de <i>curr&iacute;culum</i> se mantuvo vigente en Inglaterra y despu&eacute;s en la cultura anglosajona en general. Su aparici&oacute;n y uso en el &aacute;mbito pedag&oacute;gico, su utilizaci&oacute;n, no constituy&oacute; un hallazgo casual. En la tradici&oacute;n anglosajona el significado de <i>curr&iacute;culum</i> parece haber sido determinado por la confluencia de diversos movimientos sociales e ideol&oacute;gicos. En primer lugar, por la influencia que las revisiones de la ense&ntilde;anza de la Dial&eacute;ctica tuvieron sobre las diferentes &aacute;reas a aprender. En segundo lugar, por la visi&oacute;n disciplinaria acerca de la organizaci&oacute;n de la ense&ntilde;anza y el aprendizaje propio del calvinismo. Y, en tercer lugar, por la expansi&oacute;n de la expresi&oacute;n ciceroniana "vitae curr&iacute;culum" a los nuevos rasgos de una escolaridad secuenciadamente ordenada y llevada a cabo en el siglo xvi por los calvinistas, parecida a la que los jesuitas llevaron a cabo en el lado cat&oacute;lico. Su aparici&oacute;n se sit&uacute;a en la universidad de Glasgow<sup><a href="#notas">3</a></sup> a la cual lleg&oacute; de la mano de acad&eacute;micos calvinistas procedentes de Ginebra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El concepto <i>curr&iacute;culum</i> y la utilizaci&oacute;n que se hace de &eacute;l aparecen ligados desde sus comienzos a la idea de selecci&oacute;n de contenidos y de orden en la clasificaci&oacute;n de los saberes a los que representan, que ser&aacute; la selecci&oacute;n que se considerar&aacute; en la ense&ntilde;anza. En t&eacute;rminos modernos, podr&iacute;amos decir que con esa invenci&oacute;n unificadora, por un lado, puede evitarse la arbitrariedad en la selecci&oacute;n de lo <i>que se ense&ntilde;a</i> en cada situaci&oacute;n, al tiempo que, en segundo lugar, se encauza, modela y limita la autonom&iacute;a del profesorado. Esa polivalencia se mantiene hasta nuestro tiempo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El curr&iacute;culum cobr&oacute; el decisivo papel de poner un orden sobre los contenidos de la ense&ntilde;anza; un poder regulador que se sum&oacute; a la capacidad igualmente reguladora de otros conceptos, como el de <i>clase</i><sup><a href="#notas">4</a></sup> (grupo&#150;clase) para distinguir a unos alumnos de otros y agruparlos en categor&iacute;as que los definan y los clasifiquen. Esto dio lugar a una organizaci&oacute;n de la pr&aacute;ctica de ense&ntilde;anza sustentada en especializaciones, clasificaciones y subdivisiones en las instituciones educativas (Hamilton, 1993). Una vez que &eacute;stas tuvieron que admitir a un n&uacute;mero importante de alumnos se tuvo que establecer la distinci&oacute;n de &eacute;stos en <i>grados</i><sup><a href="#notas">5</a></sup><i>,</i> los cuales, disponi&eacute;ndolos secuenciados seg&uacute;n la complejidad de sus contenidos, permitir&iacute;an la transici&oacute;n a lo largo de la escolaridad sin brusquedades al paso de un curso a curso. Los grados se hicieron corresponder con la edad de los alumnos, con lo cual el curr&iacute;culum es un importante regulador para la ense&ntilde;anza en su transcurrir, proporcion&aacute;ndole coherencia vertical en su desarrollo. Se presupone que esa coherencia despertar&aacute; la misma cualidad en el aprendizaje. El curr&iacute;culum determina qu&eacute; contenidos se abordan y, al establecer niveles y tipos de requerimientos para los sucesivos grados, ordena el tiempo escolar, proporcionando los elementos de lo que ser&aacute; lo que entenderemos por <i>progresi&oacute;n</i> escolar y en qu&eacute; consiste el <i>progreso</i> de los sujetos en la escolaridad. Al asociar contenidos, grados y edad de los estudiantes, el curr&iacute;culum es tambi&eacute;n un regulador de las personas. Por todo eso, desde los siglos XVI y XVII el curr&iacute;culum constituy&oacute; una invenci&oacute;n decisiva para la estructuraci&oacute;n de lo que hoy es la escolaridad y c&oacute;mo la entendemos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La incorporaci&oacute;n del concepto curr&iacute;culum tiene lugar bajo los supuestos efi&#150;cientistas acerca de la escolarizaci&oacute;n y de la eficiencia de la sociedad, en general. Con ello se buscaba introducir un orden intermedio basado en el establecimiento de unidades de tiempo menores dentro de la escolaridad total: el curso escolar, por lo general que cada estudiante deber&iacute;a completar progresivamente, pero m&aacute;s amplias que las <i>clases</i> que eran las unidades de tiempo y contenido.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para bien o para mal, el hecho fue que la ense&ntilde;anza, el aprendizaje y sus respectivos agentes y destinatarios &#151;los profesores y estudiantes&#151; quedaron m&aacute;s dirigidos por un control ejercitado desde el exterior, al regularse la organizaci&oacute;n de la totalidad de la ense&ntilde;anza por medio del establecimiento de un orden secuencial. Un efecto de esa regulaci&oacute;n consisti&oacute; en el refuerzo de la distinci&oacute;n de las disciplinas y la asignaci&oacute;n concreta de los contenidos a los profesores, as&iacute; como un refinamiento de los m&eacute;todos. El concepto de <i>curr&iacute;culum</i> delimit&oacute; de ese modo unidades ordenadas de contenidos y tiempos que tienen un comienzo y un final, con un desarrollo entre esos l&iacute;mites, imponiendo una norma para la escolarizaci&oacute;n. No cabe hacer cualquier cosa, ni hacerla de cualquier manera o realizarla de un modo cambiante.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/sine/n34/a9f1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al ordenar el curr&iacute;culum se regula a la vez el contenido (lo que se ense&ntilde;a y sobre lo que se aprende), se distribuyen los tiempos de ense&ntilde;ar y aprender, se separa lo que ser&aacute; el contenido que se considera debe quedar dentro de &eacute;l y lo que ser&aacute;n los contenidos externos y hasta extra&ntilde;os. Tambi&eacute;n se delimitan los territorios de las asignaturas y especialidades, siendo marcadas las referencias para componer el curr&iacute;culum y dirigir la pr&aacute;ctica de su desarrollo. Todo ello en su conjunto se constituir&aacute; en el est&aacute;ndar respecto del cual se juzgar&aacute; lo que se considerar&aacute; el &eacute;xito y el fracaso, lo normal y lo anormal, lo satisfactoria o insatisfactoria que es la instituci&oacute;n escolar, qui&eacute;nes cumplen y qui&eacute;nes no lo hacen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rastreando la g&eacute;nesis de este antiguo y asentado concepto, considerando la acumulaci&oacute;n de significados que en &eacute;l se han ido superponiendo, llegamos a una primera conclusi&oacute;n: el <i>curr&iacute;culum</i> proporciona un orden a trav&eacute;s de la regulaci&oacute;n del contenido del aprendizaje y de la ense&ntilde;anza en la escolarizaci&oacute;n moderna, una construcci&oacute;n &uacute;til para organizar aquello de lo que se tiene que ocupar la escolarizaci&oacute;n, aquello que habr&aacute; que aprender. A la capacidad reguladora del curr&iacute;culum se ha a&ntilde;adido la que tuvieron los conceptos de <i>clase, grado</i> y <i>m&eacute;todo,</i> cuyas historias han discurrido entrelazadas, formando todo el dispositivo para normalizar lo que se ense&ntilde;aba o deb&iacute;a ense&ntilde;arse, c&oacute;mo hacerlo y, a la vez, al tomar una opci&oacute;n, tambi&eacute;n queda estipulado aquello que no se puede o no se debe ense&ntilde;ar ni aprender.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De lo dicho concluimos que la agrupaci&oacute;n de los sujetos en <i>clases</i> facilitaba la regulaci&oacute;n de la variedad del alumnado. El <i>m&eacute;todo</i> pedag&oacute;gico estructuraba y proporcionaba una secuencia ordenada de actividades que de manera reiterada se pueden reproducir. El hallazgo del <i>curso</i> o <i>grado</i> estableci&oacute; la regulaci&oacute;n del tiempo global de la escolaridad en una sucesi&oacute;n de tramos ordenados como una escalera ascendente de pasos que se suceden. As&iacute; quedaba trabada la estructura esencial de la pr&aacute;ctica educativa de la escolaridad moderna; la que realizar&aacute;n docentes y estudiantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En nuestro contexto el concepto de <i>curr&iacute;culum</i> aparece muy tard&iacute;amente en la producci&oacute;n del pensamiento educativo, en las publicaciones, as&iacute; como su uso entre el profesorado. El <i>Diccionario de la RAE</i> no lo recoge hasta su edici&oacute;n de 1983, distinguiendo una doble acepci&oacute;n: de plan de estudio (proyecto a ser recorrido) y de <i>curr&iacute;culum vitae</i> (proyecto ya pasado). En ese mismo a&ntilde;o, en el registro de publicaciones con ISBN espa&ntilde;ol una &uacute;nica publicaci&oacute;n llevaba en su t&iacute;tulo alguno de los t&eacute;rminos: curriculum o curr&iacute;culum.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La <a href="#f2">Figura 1.2</a>. refleja la progresiva acumulaci&oacute;n y los ritmos de crecimiento de esos registros en el per&iacute;odo 1983&#150;2007. El salto m&aacute;s destacable en el crecimiento en esa variable tiene lugar en la d&eacute;cada de los noventa, un hecho que se explica por la concurrencia de varios factores: la entrada de producci&oacute;n cient&iacute;fica de origen anglosaj&oacute;n traducida al espa&ntilde;ol, los contactos internacionales de acad&eacute;micos, la divulgaci&oacute;n de la producci&oacute;n propia y la adopci&oacute;n de esta terminolog&iacute;a por parte de la legislaci&oacute;n y de la Administraci&oacute;n educativa.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f2"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/sine/n34/a9f2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La penetraci&oacute;n del concepto <i>curr&iacute;culum</i> en el discurso educativo cobr&oacute; su m&aacute;xima presencia cuando la escolaridad se convirti&oacute; en un fen&oacute;meno de masas &#91;Gooson (1988), Kemmis (1988)&#93;. La propia l&oacute;gica de la "educaci&oacute;n para todos" requiere que en aras de la igualdad se dosifiquen los contenidos y se organicen dentro de un sistema escolar desarrollado. Sin la contribuci&oacute;n de ese concepto ser&iacute;a muy dif&iacute;cil entender la escolaridad, examinarla y criticarla. Las implicaciones del curr&iacute;culum con la pr&aacute;ctica escolar, por un lado, y con la sociedad exterior a la escuela, por otro, forma un cap&iacute;tulo importante del pensamiento pedag&oacute;gico moderno.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>1.2. El curriculum: contenedor no neutro de los contenidos</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta aqu&iacute; y desde sus or&iacute;genes, el curr&iacute;culum se nos presenta como una invenci&oacute;n reguladora del contenido y de las pr&aacute;cticas implicadas en los procesos de ense&ntilde;anza&#150;aprendizaje; es decir, que se comporta como un instrumento que tiene capacidad para estructurar la escolarizaci&oacute;n, la vida en los centros educativos y las pr&aacute;cticas pedag&oacute;gicas, pues dispone, transmite e impone reglas, normas y un orden que son determinantes. Ese instrumento y su potencialidad se muestran en usos y h&aacute;bitos, en el funcionamiento de la organizaci&oacute;n escolar, en la distribuci&oacute;n del tiempo, en la especializaci&oacute;n del profesorado y, muy fundamentalmente, en el orden del aprendizaje.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ese poder regulador tiene lugar &#151;se ejerce&#151; sobre una serie de aspectos <i>estructurantes,</i> los cuales, en conjunci&oacute;n con los efectos que provocan otros elementos y agentes, imprimen sus determinaciones sobre los elementos <i>estructurados:</i> elementos o aspectos que quedan afectados (v&eacute;ase el esquema de la <a href="#f3">Figura 1.3</a>). Por ejemplo, sobre cu&aacute;ndo se aprende, qu&eacute; conocimiento se adquiere, qu&eacute; actividades son posibles, qu&eacute; procesos se desencadenan y qu&eacute; valor tienen, el ritmo y la secuencia de la progresi&oacute;n de la ense&ntilde;anza y del aprendizaje, el modelo de individuo <i>normal...</i></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f3"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/sine/n34/a9f3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta red de determinaciones quedan prendidos y se contienen lo que denominamos <i>contenidos;</i> es ah&iacute; donde adquieren su significaci&oacute;n real en la pr&aacute;ctica; algo que no podemos entender sin ver sus relaciones con los dem&aacute;s aspectos que hemos englobado en el apartado de "lo estructurado".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>1.3. La cultura que constituyen los contenidos del curr&iacute;culum es una construcci&oacute;n peculiar</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cultura que ocupa los contenidos del curr&iacute;culum es una construcci&oacute;n cultural especial, "curricularizada", porque se selecciona, se ordena, se empaqueta, se imparte y se comprueba de acuerdo con moldes <i>sui generis.</i> Los usos escolares acotan el significado de lo que llega a convertirse en una cultura espec&iacute;fica: el <i>conocimiento escolar.</i> En la ense&ntilde;anza no se transmite literatura, conocimiento social o ciencia en abstracto, sino algo de todo eso modelado especialmente por los usos y contextos escolares. En el &aacute;mbito escolar se producen procesos culturales de mediaci&oacute;n espec&iacute;ficos (Edwards y Mercer, 1988; P&eacute;rez G&oacute;mez, 1991), por lo que no sirve hablar del valor del lenguaje, de la gram&aacute;tica, del lat&iacute;n o de la f&iacute;sica en abstracto, sino de lo que son dentro de la ense&ntilde;anza. El conocimiento del tema <i>La atm&oacute;sfera,</i> por ejemplo, en la clase de un determinado curso o grado, impartido con un m&eacute;todo, plasmado en un texto, desarrollado r&aacute;pidamente y evaluado con una prueba objetiva, por ejemplo, no es un conocimiento de los estudios sobre La Tierra, pues su naturaleza estar&aacute; modelada por los c&oacute;digos que estructuran el curr&iacute;culum.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo el mundo sabe que no es lo mismo aprender sobre un tema fuera y dentro de los marcos escolares. As&iacute; pues, cuando se critique a la cultura escolar hay que dirigirse a las <i>formas</i> escolares del conocimiento; y cuando se proponga un proyecto de cultura para la escolaridad, habremos de valorarlo en funci&oacute;n de qu&eacute; puede llegar a convertirse cuando se traduzca en <i>conocimiento escolar.</i> La existencia de este conocimiento es una realidad determinada por el contexto instituido escolar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El concepto de <i>conocimiento escolar</i> no es algo novedoso. Precisamente, una de las condiciones de ser del saber&#150;hacer pedag&oacute;gico ha sido la de propiciar una elaboraci&oacute;n de la cultura a ense&ntilde;ar para que fuese asimilable por unos receptores determinados, desde que Comenio pens&oacute; la Did&aacute;ctica como el arte de ense&ntilde;ar a todos todas las cosas. La <i>intermediaci&oacute;n did&aacute;ctica,</i> como dice Forquin (1989, p&aacute;g. 16) impone la emergencia de configuraciones cognitivas espec&iacute;ficas, los t&iacute;picos saberes escolares. La ciencia, el saber, exigen de alguna elaboraci&oacute;n did&aacute;ctica para su transmisi&oacute;n eficaz, lo mismo que la divulgaci&oacute;n cient&iacute;fica de calidad, siendo atractiva, hace posible la difusi&oacute;n a amplias capas de poblaci&oacute;n de conocimientos especializados sobre gen&eacute;tica, cosmolog&iacute;a, etc. Esta intermediaci&oacute;n se ha visto, a veces, como una degradaci&oacute;n intelectual por parte de quienes creen que la ense&ntilde;anza sustanciosa consiste en enfrentar la mente inculta con el espejo deslumbrante de las ideas mejor elaboradas contenidas en las asignaturas. El conocimiento escolar elaborado por los usos escolares y por los controles externos a la escuela logran, en ocasiones, aciertos en la intermediaci&oacute;n que se plasman en propuestas de textos, actividades y actuaciones de los profesores que mantienen la calidad cultural o que reflejan los valores culturales primigenios del contenido intermediado. Pero en otras muchas ocasiones asistimos a un panorama de caricaturas de lo que se entiende por saber y por conocimiento escolar.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pensemos en que entre la cultura m&aacute;s elaborada (por los especialistas) y la recepci&oacute;n del saber (por los estudiantes) existen agentes culturales mediadores, como los profesores, los libros de texto y dem&aacute;s materiales did&aacute;cticos. Existe una cultura desde la que proponer contenidos para los <i>curricula,</i> est&aacute; la cultura mediadora de los profesores, se propone un conocimiento peculiar plasmado en los materiales y, fruto de las interacciones entre todo eso, surge el conocimiento escolar trasladado a los alumnos. Son numerosos los estudios que han demostrado tanto el poder mediador cultural de los profesores (V&eacute;ase Gimeno, 1988, p&aacute;gs. 196 y ss.), como la especificidad cultural de los libros de texto para proponer&#150;imponer unos determinados contenidos (Apple, 1989; Torres, 1991). La calidad del contenido hecho realidad es el resultado de un proceso de juego de perspectivas entre la calidad cultural y pedag&oacute;gica del profesorado y la de los textos y dem&aacute;s materiales como fuentes de informaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tras esos dos mediadores inmediatos es preciso reconocer las respectivas tradiciones que les amparan. Los profesores se encuadran en especialidades y &eacute;stas se nutren de tradiciones asentadas con fuerza en las distinta disciplinas escolares en las que est&aacute;n socializados. Tras los libros de texto existe una pol&iacute;tica editorial y cultural m&aacute;s all&aacute; de las intenciones de servir a la ense&ntilde;anza. A profesores y textos hay que a&ntilde;adir los usos y propuestas del desarrollo del curr&iacute;culum: documentos sobre exigencias curriculares emanados desde la Administraci&oacute;n educativa, normas t&eacute;cnicas a las que han de someterse los profesores y exigencias de m&iacute;nimos en pruebas de evaluaci&oacute;n externa cuando &eacute;stas existen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No habr&aacute; cambio significativo de cultura en la escolarizaci&oacute;n si no se alteran los mecanismos que producen la intermediaci&oacute;n cultural did&aacute;ctica; o dicho de otra forma: toda propuesta cultural ser&aacute; siempre mediatizada por esos mecanismos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde un punto de vista pedag&oacute;gico pr&aacute;ctico (desde la perspectiva de los docentes) nos interesa, sobre todo, el poder influir en los aspectos del campo de lo estructurado, en el c&oacute;mo orientar la acci&oacute;n en una direcci&oacute;n que consideramos acertada. Ahora bien, como no operamos en el vac&iacute;o ni desde la nada, nos veremos inmersos en contextos fuertemente marcados por las opciones cristalizadas (&iquest;por qu&eacute; o por qui&eacute;n?) en las dimensiones estructurantes que prefiguran lo que nos parece que es lo normal que pueda hacerse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En buena medida la existencia de estas dimensiones son impl&iacute;citas para quienes act&uacute;an en la pr&aacute;ctica; son invisibles. As&iacute;, por ejemplo, se suele dar por sentado que el desarrollo de una materia del curr&iacute;culum se realice en tramos horarios de una duraci&oacute;n de entre 50 y 60 minutos de clase. Como tambi&eacute;n se considera normal que la porci&oacute;n del tiempo dedicado a la asignatura <i>Educaci&oacute;n para la ciudadan&iacute;a</i> sea menor que el que le debe corresponder a las Matem&aacute;ticas. Igualmente se suele aceptar que los contenidos se den separados por asignaturas. En los tres casos partimos de opciones no necesarias que podr&iacute;an haber sido de otra manera, pero con un importante valor o poder estructurante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las dimensiones estructurantes tienen su origen en las fuerzas que han creado la tradici&oacute;n que cristalizan en la formaci&oacute;n del <i>habitus</i><sup><a href="#notas">6</a></sup> desde el que entendemos y actuamos, en la cultura profesional de los y las docentes, en la forma acrisolada de organizar las instituciones educativas, en las regulaciones que dicta la Administraci&oacute;n educativa, en los materiales curriculares de uso m&aacute;s frecuente, en la formaci&oacute;n y procedimientos de selecci&oacute;n del profesorado...</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estamos hablando de la maquinaria en la que queda involucrado y se modela el curr&iacute;culum, de las reglas de la gram&aacute;tica que lo rigen. Hablamos de las reglas del juego, pero hemos de decir de qu&eacute; juego se trata; es decir, a qu&eacute; jugamos. En el siglo XVII esos contenidos eran de gram&aacute;tica, teolog&iacute;a o ret&oacute;rica..., hoy son otros. &Eacute;stos pueden haber cambiado, pero las reglas que vienen marcadas por los aspectos estructuradores que las originaron &#151;al menos algunas&#151; han permanecido, se han transformado o se han amalgamado con otras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El pensamiento sobre el curr&iacute;culum tiene que desvelar su naturaleza reguladora, los c&oacute;digos a trav&eacute;s de los que lo hace, qu&eacute; mecanismos utiliza, c&oacute;mo la realiza y qu&eacute; consecuencias pueden derivarse de su funcionamiento. Pero detenerse ah&iacute; no basta. Es necesario explicitar, explicar y justificar las opciones que se toman o que nos vienen dadas; es decir, hay que valorar el sentido de lo que se hace y el para qu&eacute; lo hacemos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>1.4. Los contenidos que caben y los que se desde&ntilde;an</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puesto que admitimos que el curr&iacute;culum es una construcci&oacute;n donde se conjuntan diferentes respuestas ante posibles opciones, donde hay que tomar partido entre las posibilidades que se nos presentan, ese curr&iacute;culum real es <i>una</i> posibilidad entre otras alternativas. El que est&eacute; vigente en un momento dado no le resta su condici&oacute;n de ser un producto contingente, que podr&iacute;a haberlo sido de otra manera, que puede serlo ahora y en el futuro. No es algo neutro, universal e inamovible, sino un territorio controvertido y hasta conflictivo, respecto del cual se toman decisiones, se siguen opciones y se act&uacute;a por orientaciones que no son las &uacute;nicas posibles. Definir cu&aacute;les adoptar, tras valorarlas, no es un problema t&eacute;cnico (o bien no es, fundamentalmente, un cometido t&eacute;cnico), pues ata&ntilde;en a sujetos con derechos, conllevan expl&iacute;cita o impl&iacute;citamente opciones respecto de intereses y modelos de sociedad, valoraciones del conocimiento y un reparto de responsabilidades.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora cabe hacerse dos preguntas sencillas. En primer lugar, lo m&aacute;s importante: &iquest;qu&eacute; tomamos como contenido y qu&eacute; dejamos fuera?, pues sin contenidos todo lo dem&aacute;s quedar&iacute;a en un puro formalismo, lo mismo que la gram&aacute;tica con sus reglas requiere de los significados para que el lenguaje no sea solamente estructura. Esta ser&aacute; la parte m&aacute;s visible del curr&iacute;culum; lo que le da corporeidad inmediata. Despu&eacute;s hemos de plantearnos las preguntas acerca del valor que tiene para los individuos y para la sociedad la opci&oacute;n de curr&iacute;culum que haya sido elegida y qu&eacute; valor tiene lo que queda dentro de ella &iquest;Tiene igual valor para todos el contenido que regulan los aspectos estructuradores de los que hemos hablado? Seguidamente debemos considerar que toda esa maquinaria reguladora, junto a sus contenidos, la tiene que mover alguien o algo; necesita de energ&iacute;a para funcionar, una pulsi&oacute;n o un motivo. &iquest;Al servicio de qu&eacute; o de qui&eacute;nes est&aacute; ese poder regulador y c&oacute;mo nos afecta? &iquest;Qu&eacute; o qui&eacute;nes pueden y/o deben ejercerlo? &iquest;Cu&aacute;l es el inter&eacute;s dominante en lo que queda regulado? &iquest;Qu&eacute; grado de tolerancia existe en la interpretaci&oacute;n de las normas reguladoras?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las respuestas nos llevar&iacute;an a una explicaci&oacute;n muy extensa que adem&aacute;s es abordada por otras colaboraciones en esta obra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>1.5. M&aacute;s all&aacute; de los contenidos.</i></b> <b><i>El curr&iacute;culum entre el ser y el deber ser</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es preciso dejar constancia de que los significados de los objetivos educativos no pueden circunscribirse a los contenidos de los marcos establecidos por las tradiciones acumuladas en las asignaturas. Igualmente, consideramos que tanto &eacute;stas como sus contenidos son el resultado de unas tradiciones que pueden y deben revisarse y cambiarse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La centralidad del curr&iacute;culum para la escolaridad reside en el hecho de que es la expresi&oacute;n del proyecto cultural y educativo que las instituciones escolares dicen que van a desarrollar o que se considera que debe desarrollarse con y para los estudiantes. A trav&eacute;s de ese proyecto institucional se expresan fuerzas, intereses o valores y preferencias de la sociedad, de determinados sectores sociales, de las familias, de grupos pol&iacute;ticos... Este proyecto ideado no suele coincidir con la realidad que nos viene dada. La educaci&oacute;n no puede escapar de la pulsi&oacute;n humana que proyecta sus deseos y aspiraciones sobre lo que vemos que ocurre a nuestro alrededor, sobre c&oacute;mo es y se comporta el ser humano, c&oacute;mo es la sociedad, c&oacute;mo son las relaciones sociales, etc. El ser humano tiende por naturaleza a crear un mundo <i>deseable</i> que le impulsa a mejorar, a plantearse metas e imaginar ideales. La educaci&oacute;n es en s&iacute; misma un valor deseable, aunque sabemos que lo es por razones muy diversas. Trabajamos por algo que valoramos porque queremos y creemos que con la educaci&oacute;n se mejora a los seres humanos, se incrementan su bienestar y el desarrollo econ&oacute;mico, que se aminoran las lacras sociales, se contribuye a la redenci&oacute;n del ser humano, a su liberaci&oacute;n, o que puede ser instrumento para la revoluci&oacute;n silenciosa de la sociedad desde el proyecto ilustrado y emancipador. Esta pulsi&oacute;n o tendencia a crecer y mejorar de alguna forma tiene que traducirse en el curr&iacute;culum que se vaya a desarrollar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa carga ut&oacute;pica introduce una din&aacute;mica conflictiva puesto que el significado transformador que conlleva este abanico de prop&oacute;sitos educativos generales choca con pr&aacute;cticas educativas que tienden a enclaustrarse y verse reducidas a los moldes dominantes de la escolaridad, m&aacute;s preocupada por el &eacute;xito escolar que por todos esos fines generales, a los que los moldes estructuradores apenas les conceden no m&aacute;s que el papel &#151;tan grandilocuente como in&uacute;til, en muchos casos&#151; de ser tenidos como referentes transversales. Al aceptar la elevaci&oacute;n del curr&iacute;culum a la categor&iacute;a de proyecto educativo aparece una clara distancia entre el discurso y la realidad. En ese "abismo teleol&oacute;gico" la idea de la educaci&oacute;n se empobrece inevitablemente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde otro punto de vista si, como consideraba Bernstein (1988), el curr&iacute;culum en t&eacute;rminos pr&aacute;cticos lo conforma todo lo que ocupa el tiempo escolar, entonces &eacute;ste es algo m&aacute;s que lo que tradicionalmente se viene aceptando como contenidos de las materias o &aacute;reas escolares. De otro modo, no podr&iacute;an entenderse las proyecciones pr&aacute;cticas de determinadas finalidades de la educaci&oacute;n que tienen que ver con la educaci&oacute;n moral, la creaci&oacute;n de actitudes, sensibilidades, preparar para entender el mundo, etc. A la educaci&oacute;n le presumimos la capacidad de que sirva para desarrollar al ser humano como individuo y como ciudadano, su mente, su cuerpo y su sensibilidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esos objetivos que han de plasmarse en contenidos, tiempos y actividades espec&iacute;ficas para conseguirlos desbordan la acepci&oacute;n cl&aacute;sica de la cultura acad&eacute;mica. Se requiere, pues, que el curr&iacute;culum se plasme en un texto que contemple la complejidad de los fines de la educaci&oacute;n y desarrollar una acci&oacute;n hol&iacute;stica capaz de despertar en los sujetos procesos que sean propicios para alcanzar esas finalidades. Hay que evitar la sin&eacute;cdoque de hacer de la ense&ntilde;anza de contenidos la &uacute;nica meta de las escuelas, as&iacute; como el procurar que los docentes se perciban a s&iacute; mismos, en tanto que profesionales, como ense&ntilde;antes&#150;educadores de un texto curricular comprensivo de "amplia cobertura", reconociendo el principio de que los fines, y por lo tanto las funciones de la educaci&oacute;n escolarizada, son m&aacute;s amplios que aquello que normalmente se reconoce como contenidos del curr&iacute;culum. Esta observaci&oacute;n sirve para no perder de vista aspectos esenciales acerca de los cuales hay que velar en los centros y en las aulas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El curr&iacute;culum no puede dejar de pretender en su desarrollo pr&aacute;ctico &#151;no s&oacute;lo figurar en el texto&#151; el logro, al menos, de los fines de car&aacute;cter educativo siguientes, aunque los resultados que consigamos persigui&eacute;ndolos no sean cuantificables para los tecnocr&aacute;ticos analistas de la calidad. Consideramos adem&aacute;s que constituyen derechos del alumnado y como tales deben convertirse en obligaciones para los profesores y no hay que dejarlos encerrados en sus asignaturas:</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; Ensanchar las posibilidades y referentes vitales de los individuos, partan &eacute;stos de donde partan. Crecer y abrirse a mundos de referencia m&aacute;s amplios es una posibilidad para todos, aunque lo sea de manera distinta y en desigual medida.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; Hacer de los menores ciudadanos solidarios, colaboradores y responsables, provocando el que tengan las experiencias adecuadas, siendo reconocidos como tales ciudadanos mientras se educan.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; Fundamentar en ellos actitudes de tolerancia en el estudio de las materias mismas, lo que implica la transformaci&oacute;n de &eacute;stas.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; Afianzar en el alumno principios de racionalidad en la percepci&oacute;n del mundo, en sus relaciones con los dem&aacute;s y en sus actuaciones.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; Hacerle consciente de la complejidad del mundo, de su diversidad y de la relatividad de la propia cultura, sin renunciar a valorarla <i>tambi&eacute;n</i> como "suya", la de cada grupo, cultura, pa&iacute;s, modo de vida...</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; Capacitarlo para la deliberaci&oacute;n democr&aacute;tica.</font></p> </blockquote>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>1.6. El curr&iacute;culum se reconoce en el proceso de su desarrollo</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Toda acci&oacute;n consciente de influir en los dem&aacute;s &#151;y la educaci&oacute;n lo es&#151; tiene un sentido para quien la emprende. En caso contrario no es m&aacute;s que una rutina o una conducta sin finalidad gobernable. La acci&oacute;n de influir en otro, ense&ntilde;ando a otro, sea de forma consciente o inconsciente (rutinaria o mec&aacute;nica), provoca y produce o estimula la elaboraci&oacute;n de un significado en quienes reciben las acciones de esa influencia. Ambos aspectos &#151;el sentido para quien educa y el significado construido para quien es educado&#151; pueden estar vinculados entre s&iacute; por relaciones de causa y efecto, y as&iacute; pretendemos que sea, pero ambos aspectos pertenecen a ordenes de la realidad distintos. Una cosa es la intenci&oacute;n de quienes quieren reproducir y producir logros guiados por unos fines, realizando determinadas actividades de ense&ntilde;anza, y otra son los efectos provocados (elaboraciones subjetivas en quienes reciben la influencia) en los receptores que aprenden. Acabamos de mencionar tres &oacute;rdenes de elementos interrelacionados pero distintos:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>a.</b> El de los <i>fines, objetivos</i> o <i>motivos</i> que nos gu&iacute;an, que se contienen en el texto expl&iacute;cito del curr&iacute;culum y en los proyectos concretos que desarrollemos dentro del mismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>b.</b> Las acciones y actividades que desarrollemos, que constituyen las pr&aacute;cticas o m&eacute;todos visibles de la ense&ntilde;anza; las cuales pueden servir mejor o peor a la consecuci&oacute;n del punto anterior, hacerlo en mayor o menor medida, con m&aacute;s o menos acierto. Pero esto ya no es el curr&iacute;culum en tanto que constituye un plan escrito, sino la actividad de <i>desarrollarlo.</i> Lo primero es como si fuese la partitura, lo segundo vendr&iacute;a a ser como la m&uacute;sica que se ejecuta. Ambas guardan una relaci&oacute;n entre s&iacute;, pero son cosas distintas. A partir de la partitura se pueden desarrollar o ejecutar m&uacute;sicas no id&eacute;nticas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>c.</b> Los resultados o efectos reales provocados en los alumnos y alumnas son realidades que pertenecen al &aacute;mbito de la subjetividad que no son directamente visibles. Tienen que ser inferidos a trav&eacute;s de nuestra observaci&oacute;n, pidiendo manifestaciones de los sujetos, provocando respuestas, como son las pruebas de evaluaci&oacute;n. Con estas "aproximaciones" queremos llegar al conocimiento de los resultados efectivos, pero tampoco cabe en este caso pensar que los efectos reales del aprendizaje son id&eacute;nticos a los resultados constatados o evaluados. Podemos dar por supuesta una relaci&oacute;n, pero vuelven a ser realidades diferentes. De ah&iacute; la radical imposibilidad de pretender que los objetivos o fines de la educaci&oacute;n y de la ense&ntilde;anza se correspondan con resultados de aprendizaje como si fueran aspectos totalmente sim&eacute;tricos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si estos tres planos del curr&iacute;culum no se corresponden con exactitud, eso nos da pie a distinguir fases de lo que se reconoce como una visi&oacute;n procesual del curr&iacute;culum (Grundy, 1998) en la cual puede distinguirse la existencia de un proyecto educativo contenido en el texto curricular o curr&iacute;culum expl&iacute;citamente pretendido, al que tambi&eacute;n se le reconoce como <i>curr&iacute;culum oficial,</i> (se corresponde con el plano 1 de la <a href="#f4">Figura 4</a>). Las investigaciones nos demuestran que el curr&iacute;culum deja de ser un plan propuesto cuando se interpreta y es asumido o traducido por el profesorado, lo que tambi&eacute;n sucede con los materiales curriculares (textos, documentos...), aut&eacute;nticos traductores del curr&iacute;culum como proyecto y texto plasmado en pr&aacute;cticas concretas.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f4"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/sine/n34/a9f4.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se puede pensar en el curr&iacute;culum realizado en la pr&aacute;ctica real, con unos sujetos concretos y en un contexto determinado (plano 3). Existir&iacute;a un curr&iacute;culum que se corresponde con los efectos educativos reales situados en el plano subjetivo de los aprendices (plano 4). Finalmente, se podr&iacute;a hablar del curr&iacute;culum plasmado en los resultados educativos escolares comprobables y comprobados que se reflejan en el rendimiento escolar, en lo que se juzgar&aacute; como &eacute;xito y fracaso escolar... (plano 5). Este es el <i>curr&iacute;culum evaluado;</i> es decir el constituido por los contenidos exigidos en las pr&aacute;cticas de evaluaci&oacute;n y el que representa la dimensi&oacute;n visible, pero aunque haya otras experiencias de aprendizaje no evaluables, no debemos dejarnos llevar por el reduccionismo positivista para el que s&oacute;lo cuenta lo que se puede medir porque es observable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El curr&iacute;culum real lo constituye la proposici&oacute;n de un plan o texto que es p&uacute;blico y la suma de los contenidos de las acciones que se emprenden con el &aacute;nimo de influir en los menores (es decir, la ense&ntilde;anza del mismo). Pero lo importante es lo que todo eso produzca en los receptores o destinatarios (sus efectos), algo as&iacute; como el poso que de la lectura ha obtenido el lector, que es quien revive su sentido obteniendo un significado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunas derivaciones importantes se deducen de estas proposiciones o postulados. La primera es que si la influencia efectiva sobre los menores, convertidos en alumnos, es de una naturaleza distinta a lo que expresan las intenciones y el contenido de las acciones desde el punto de vista de quienes las emprenden, los resultados de la educaci&oacute;n hay que verlos y analizarlos en el c&oacute;mo se plasman (se reproducen y producen) sus efectos en los receptores del curr&iacute;culum. Desde hace tiempo sabemos que la proposici&oacute;n y el despliegue de los contenidos e intenciones de la ense&ntilde;anza no lleva aparejados procesos exactamente sim&eacute;tricos en la adquisici&oacute;n de aprendizajes. El punto de vista de una teor&iacute;a del curr&iacute;culum (en el sentido no fuerte del t&eacute;rmino <i>teor&iacute;a),</i> si se quiere apreciar lo que de verdad se consigue, tiene que desplazar el centro de gravedad de nuestra atenci&oacute;n desde la ense&ntilde;anza al aprendizaje, de los que ense&ntilde;an a quienes aprenden, de lo que se pretende a lo que se logra en realidad, de las intenciones declaradas a los hechos logrados. Es decir, hay que orientarse hacia la experiencia del aprendiz, provocarla, enriquecerla, depurarla sistematizarla &#151;como dec&iacute;a Dewey (1944)&#151;, sin dar por sentado que se iniciar&aacute; inexorablemente por el hecho de que se desencadene la acci&oacute;n de la influencia, de la ense&ntilde;anza sobre los ense&ntilde;ados. o es que haya que menospreciar o sustituir a la ense&ntilde;anza y a los que ense&ntilde;an como transmisores, sino que la validez de &eacute;sta encuentra su prueba de contraste y justificaci&oacute;n en el aprendizaje.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta perspectiva podr&aacute; pensarse que es un artificio conceptual que complica innecesariamente conceptos y fen&oacute;menos que se presentan tal cual son y de acuerdo con lo que pensamos de los mismos. Frente a la sencilla aceptaci&oacute;n de lo evidente, propugnamos el principio de la "sospecha epist&eacute;mica" en el pensamiento pedag&oacute;gico: lo que la realidad nos propone como evidencia es s&oacute;lo la parte visible del iceberg. Lo que se esconde debajo de la l&iacute;nea de flotaci&oacute;n puede mejorar su conocimiento y tambi&eacute;n corregir nuestra primera perspectiva. Seg&uacute;n esa sospecha, podemos pensar que la ense&ntilde;anza no equivale al aprendizaje, las intenciones no siempre se corresponden con las pr&aacute;cticas, lo que queremos o decimos que hacemos puede tener escaso reflejo en lo que en realidad hacemos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, esta perspectiva procesual y descentralizadora del curr&iacute;culum, que propone una visi&oacute;n de &eacute;ste como algo que pasa desde ser un plan hasta convertirse en pr&aacute;cticas pedag&oacute;gicas, no resta valor al texto del curr&iacute;culum. El texto curricular no es la realidad de los efectos convertidos en significados aprendidos, pero es importante en la medida en que difunde los c&oacute;digos acerca de lo que debe ser la cultura en las escuelas, haci&eacute;ndolos p&uacute;blicos. Este principio es v&aacute;lido cuando el texto que se propone es innovador, si bien hemos de moderar las expectativas infundadas de que se produzca un cambio real a partir de hacer p&uacute;blico el sentido del texto; tambi&eacute;n lo es cuando el texto es regresivo e involutivo. Toda propuesta de texto es traducida por los lectores. Al interpretarla puede ser enriquecida y hasta subvertidas sus intenciones. Un texto regresivo ni siquiera dice a los "lectores" algo acerca de alguna "tierra prometida", sino que se limita a reafirmar la tradici&oacute;n "tradicional", valga la expresi&oacute;n, pues tradiciones tambi&eacute;n las hay de progreso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entonces, admitiendo la importancia de disponer de un buen texto curricular, hay que entender que existe una separaci&oacute;n, por las razones ya comentadas, entre la prescripci&oacute;n de contenidos en el mismo y su organizaci&oacute;n pedag&oacute;gica para provocar la experiencia de la que se extraer&aacute;n los significados. Es a los profesores y a la confecci&oacute;n de materiales a quienes corresponde provocarla.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Determinar las competencias de los agentes que elaboran y desarrollan los textos curriculares no es s&oacute;lo una manera de se&ntilde;alar a quienes tienen el poder de hacerlo, sino de aclarar las responsabilidades de cada cual. Dejemos de ver en las propuestas que da a conocer la burocracia de las administraciones la fuente de nuestras desdichas o el bast&oacute;n imprescindible para caminar como si fu&eacute;semos desvalidos. Las administraciones, con las consultas que estimen oportunas, el di&aacute;logo y los debates p&uacute;blicos que se crean necesarios, en sus prescripciones no pueden ir m&aacute;s all&aacute; de crear un buen texto; ser&iacute;a in&uacute;til pretender otra cosa. En vez de pasar a ser agencia de su desarrollo, tendr&iacute;an que crear condiciones y proporcionar medios, pero no suplir las funciones de los int&eacute;rpretes, m&aacute;s all&aacute; de ilustrar con ejemplos convincentes las novedades del texto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>1.7. Orientaciones generales del curr&iacute;culum. Entre la inseguridad y el conflicto</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los <i>curricula</i> son complejos, como acabamos de ver, existen variaciones en los diferentes pa&iacute;ses a la hora de formularlos y son distintos seg&uacute;n los niveles y las especialidades que existen dentro del sistema educativo. Decir que son distintos quiere decir no tanto que sus contenidos var&iacute;an, que tambi&eacute;n lo hacen, sino que, por ejemplo, son desigualmente valorados, que reciben presiones desde distintos frentes, que se dirigen a p&uacute;blicos distintos, etc. Es dif&iacute;cil desde nuestras posibilidades abordar toda esa complejidad. Por eso nos limitaremos a se&ntilde;alar la notoriedad de algunas de las orientaciones, enfoques y discursos de car&aacute;cter general que se proyectan sobre la educaci&oacute;n en nuestro tiempo y, m&aacute;s concretamente, sobre los contenidos culturales del curr&iacute;culum. os haremos eco de algunas de las pol&eacute;micas m&aacute;s llamativas que vienen produci&eacute;ndose en este campo del pensamiento y actividad humanas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las pol&eacute;micas en torno a los contenidos de la ense&ntilde;anza constituyen, sin lugar a dudas, el debate por excelencia en educaci&oacute;n. Sobre esos contenidos se toma partido decidiendo acerca del papel de la escolarizaci&oacute;n en las sociedades actuales, al lado o en competencia con la influencia de otros agentes culturalizadores, la responsabilidad de la instituci&oacute;n escolar ante la cultura, el tipo de participaci&oacute;n que se quiere para diferentes ciudadanos en funci&oacute;n de la capacitaci&oacute;n que se les provea y el reparto del capital cultural entre grupos sociales. A pesar de su transcendencia, no es este tema uno de los que m&aacute;s acaparan la atenci&oacute;n, como si para esta discusi&oacute;n no hubiese p&uacute;blicos sensibilizados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las contraposiciones, tan frecuentes en el lenguaje cotidiano y aun especializado, entre las polaridades <i>progresismo&#150;conservadurismo,</i> pedagog&iacute;a <i>moderna&#150;</i>educaci&oacute;n <i>tradicional,</i> educaci&oacute;n <i>al servicio del alumno&#150;ense&ntilde;anza centrada en los contenidos,</i> academicismo frente a <i>psicologicismo,</i> b&uacute;squeda de aprendizajes ajustados a <i>objetivos</i> previstos contrapuesta a la importancia de los <i>procesos</i> desencadenados, han servido y siguen haci&eacute;ndolo para situarse y orientarse con facilidad en el pensamiento y en la aceptaci&oacute;n de modelos pedag&oacute;gicos para la pr&aacute;ctica. o faltar&aacute;n, incluso, quienes llevados por una dial&eacute;ctica pendular, llegan a concebir que la consideraci&oacute;n misma de los contenidos les sit&uacute;a en las esferas de alguna orientaci&oacute;n pedag&oacute;gica "tradicional" de la que tratan de huir. En definitiva, todos esos dilemas son planteamientos o versiones del gran dilema: c&oacute;mo tiene lugar, c&oacute;mo debe ser y qu&eacute; se espera del encuentro entre el individuo y la cultura o sociedad externas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Buena parte de la confusi&oacute;n y ciertas pol&eacute;micas desmovilizadoras en educaci&oacute;n se producen por no partir&#151;como ya se coment&oacute;&#151; de la diferencia entre las formas culturales asentadas como <i>conocimiento escolar</i> y la cultura a la que aqu&eacute;llas dicen representar. Al identificarlas, algunos "progresistas" han arrojado a la criatura al agua sucia de la ba&ntilde;era: queremos decir que han negado el valor de toda cultura al rechazar una mala y empobrecida cultura escolar. Mientras que otros "conservadores" se rasgan las vestiduras cuando se critica a ese conocimiento escolar, entendiendo que se denigra a la cultura que representa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>CONDENADOS A LA INCERTIDUMBRE, AL DI&Aacute;LOGO Y AL PACTO</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si decidir el texto del curr&iacute;culum para la reproducci&oacute;n&#150;asimilaci&oacute;n culturales y para la recreaci&oacute;n y creaci&oacute;n del conocimiento no es misi&oacute;n f&aacute;cil, las condiciones de la cultura y sociedad actuales hacen que el &aacute;mbito del curr&iacute;culum sea hoy m&aacute;s acentuadamente pol&eacute;mico y las soluciones que se acuerden sobre &eacute;l tengan un menor tiempo de vigencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si la cultura escolar tiene que ver con el establecimiento o revisi&oacute;n de una hegemon&iacute;a, con el reparto y acceso a bienes culturales, con el destino social de los individuos, no cabe esperar unanimidad en los enfoques ni en las propuestas sobre los contenidos de ese proyecto. Menos todav&iacute;a, cuanto m&aacute;s se reconozca el pluralismo social y la conveniencia de que en esos debates participen diferentes sectores: administraci&oacute;n, profesorado, padres y madres, agentes sociales...; estos aspectos son importantes y han de ser garantizados en una democracia. No hay respuestas t&eacute;cnicas ni soluciones universalmente aceptadas, ni consensos f&aacute;ciles o definitivos, para resolver los dilemas que se plantean, m&aacute;s all&aacute; de echar mano de algunos lugares comunes, evidentes para todos. Todo son propuestas provisionales acerca de conflictos culturales que rara vez afloran.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Eacute;ste ser&aacute; un debate siempre vivo, inacabado y escurridizo, porque refleja el car&aacute;cter abierto, plural y cambiante de la sociedad y de la cultura, a lo que en el plano de la educaci&oacute;n hay que responder con flexibilidad, di&aacute;logo y cierta dosis de relativismo, aunque con claridad. Est&aacute; muy instalada la idea de que los contenidos escolares tienen que recoger los consensos, obviar los conflictos, aislarse de las pol&eacute;micas en las que ser&iacute;a dif&iacute;cil sentirse neutral; se quiere poner al estudiante en una campana de cristal, como si fuera de la instituci&oacute;n estuviese a salvo de influencias contradictorias. &iexcl;Otra vitalidad tendr&iacute;a la cultura escolar si se recogiesen los conflictos culturales, sociales...! La pretendida asepsia es, precisamente, una de las m&aacute;s notables caracter&iacute;sticas del <i>conocimiento escolar.</i> Introducir la controversia en los contenidos y hacerlos discutibles supondr&iacute;a sanear bastante la educaci&oacute;n, lo que llevar&iacute;a a cuestionar posiciones &eacute;ticas de falsa neutralidad y de ineludible compromiso. Si el debate no surge y se instaura un aparente consenso y quietud, quiere decirse que se hurta a la educaci&oacute;n la posibilidad de participar en &eacute;l. Los enfoques de car&aacute;cter tecnocr&aacute;tico, tanto pol&iacute;ticos como pedag&oacute;gicos (y sobre el curr&iacute;culum, por supuesto), esconden sus opciones culturales, epist&eacute;micas y pol&iacute;ticas en argumentos t&eacute;cnicos que poco aclaran los conflictos subyacentes. El curr&iacute;culum es un campo de batalla que refleja otras luchas: corporativas, pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas, religiosas, identitarias, culturales. (Ver APPLE, 1986, 1989 y 1996.)</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nosotros mismos, al valorar sobremanera la educaci&oacute;n, nos veremos abocados a dificultades, dudas e incluso frustraciones. Uno de los motivos de la inseguridad radica en la multiplicidad contradictoria de los fines de la educaci&oacute;n. Ampliamos los valores y las facetas a los que &eacute;sta tendr&iacute;a que atender (queremos una educaci&oacute;n <i>integral),</i> al mismo tiempo que defendemos la universalizaci&oacute;n de la escolaridad y su prolongaci&oacute;n. Todo eso ha dado lugar a que en el sistema educativo tengan cabida capas de poblaci&oacute;n con or&iacute;genes socioculturales distintos, con posibilidades, aspiraciones y destinos diferentes. La ideolog&iacute;a progresista ha enfatizado, adem&aacute;s, que es bueno, para progresar hacia una mayor equidad, el que toda esa amalgama social se mezcle en una escuela &uacute;nica con un tramo cada vez m&aacute;s prolongado de ense&ntilde;anza com&uacute;n no diferenciada, lo que implica proporcionar una cultura com&uacute;n. &iquest;Qu&eacute; contenidos son adecuados y aceptados en esa escolaridad com&uacute;n para una base social tan heterog&eacute;nea? La respuesta vendr&aacute; de la mano de un proceso de di&aacute;logo pol&iacute;tico y cultural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cada nivel ten&iacute;a su p&uacute;blico, a cada p&uacute;blico se le destinaba una cultura diferenciada. El <i>conocimiento escolar</i> no es una categor&iacute;a homog&eacute;nea internamente, sino peculiar en diferentes tramos del sistema educativo, porque tiene destinatarios diferenciados, o al menos los ten&iacute;a en su origen. La mezcla de p&uacute;blicos descubrir&aacute; conflictos culturales que se ocultaban en el reparto y en la especializaci&oacute;n social de la cultura, lo cual conlleva la b&uacute;squeda no f&aacute;cil de la cultura a compartir.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL RESCATE DE LA SUBJETIVIDAD Y DE LA EXPERIENCIA PERSONAL Y CULTURAL</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Toda estrategia pedag&oacute;gica (v&eacute;ase <a href="#f5">Figura 1.5</a>), toda acci&oacute;n did&aacute;ctica, supone el prop&oacute;sito de mediar, corregir y estimular la experiencia del encuentro entre un sujeto que ejerce una serie de funciones sobre o con un contenido, o mejora capacidades diversas, de suerte que quedan transformadas y enriquecidas dichas funciones y capacidades que en un sentido general reconocemos como <i>aprendizaje.</i> Para que ese encuentro sea fruct&iacute;fero el contenido tiene que ser significativo, relevante y retador; todo lo cual ser&aacute; m&aacute;s probable que ocurra si tambi&eacute;n ha sido adecuadamente <i>mediado</i> y si es motivador. Del contacto o encuentro entre el sujeto y el contenido se pueden esperar y desear que en el sujeto se desarrollen determinados procesos a los que se pueden denominar de distinta forma y valorar en desigual medida por su importancia, su densidad o seg&uacute;n nuestras particulares visiones acerca de qu&eacute; es lo deseable y posible; es decir seg&uacute;n sea la orientaci&oacute;n educativa que tengamos.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f5"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/sine/n34/a9f5.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A esos procesos internos y a sus resultados en el aprendiz &#151;que, como sabemos, corresponden a la fase decisiva para apreciar lo que acaba siendo el curr&iacute;culum&#151; se les ha reconocido de muy distinta manera y son nombrados con denominaciones muy variadas: logro de la <i>perfecci&oacute;n (aret&eacute;,</i> para la cultura cl&aacute;sica griega), la <i>formaci&oacute;n</i> general, de la personalidad o de la mente, <i>ilustraci&oacute;n</i> del pensamiento, adquisici&oacute;n de <i>conductas,</i> dominio de <i>destrezas</i> y <i>competencias, pensamiento reflexivo, memorizaci&oacute;n, construcci&oacute;n</i> de significados, <i>aprendizaje relevante,</i> asunci&oacute;n de <i>valores,</i> logro de la <i>capacidad cr&iacute;tica, asimilaci&oacute;n</i> cultural, <i>instrucci&oacute;n, disciplina, autocontrol...</i> Hemos observado anteriormente que esos resultados son logros del sujeto que, en algunos casos y bajo determinadas circunstancias, pueden apreciarse desde el exterior. Podemos observar c&oacute;mo se genera una destreza para conducir un autom&oacute;vil, pero no el proceso de formaci&oacute;n de conductores responsables.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo de la historia, hoy mismo, ante este marco explicativo se producen posicionamientos muy diversos que var&iacute;an en funci&oacute;n de c&oacute;mo se valora cada uno de los elementos y las relaciones que podamos establecer. Veamos algunos ejemplos de las orientaciones curriculares b&aacute;sicas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pulsi&oacute;n reproductora respecto de la transmisi&oacute;n cultural que los adultos desarrollan sobre las generaciones de j&oacute;venes, junto a las tradiciones escolares disciplinarias (preocupadas por el orden, la disciplina en el comportamiento) y las concepciones dogm&aacute;ticas de la ense&ntilde;anza, han investido a los contenidos del curr&iacute;culum de una autoridad, de cierta sacralidad, que los legitima y les da la validez incuestionable, as&iacute; como la garant&iacute;a de que representan verdades perennes; lo cual no se corresponde con el valor que hoy sabemos que tienen. Entre las tradiciones curriculares, la ilustrada valora la cultura como un nutriente que construye al ser humano; es decir, los contenidos son los materiales que hacen desarrollarse a &eacute;ste hacia cotas de mayor plenitud.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde una posici&oacute;n "tradicional" (que a veces raya con un cierto fundamentalismo) suelen apoyarse posiciones como: la verdad est&aacute; en los textos y en la voz de quien ense&ntilde;a, una premisa apoyada en una larga tradici&oacute;n de la educaci&oacute;n cl&aacute;sica y liberal que indica el criterio de relevancia de lo que ha sido elegido en el texto curricular. La "cultura escolar" a reproducir se autojustifica como lo mejor de lo posible; se nos presenta de manera natural como El Texto, el canon indiscutible. En coherencia con este punto de vista, las instituciones educativas tienen que ser, inevitable y fundamentalmente, reproductoras. El curr&iacute;culum tiene que ce&ntilde;irse a los aspectos acad&eacute;micos, es la gu&iacute;a de los procesos, la br&uacute;jula que marca el orden l&oacute;gico de la secuencia de los contenidos; la demostraci&oacute;n de su dominio ser&aacute; el criterio del &eacute;xito escolar. El papel central que tiene el libro de texto en el desarrollo del curr&iacute;culum, su posici&oacute;n monopol&iacute;stica de la informaci&oacute;n o del conocimiento en las aulas, la dependencia que respecto de los mismos tiene un sector importante del profesorado, son otros componentes del enfoque reproductor tradicional (que no necesariamente tradicionalista). El libro de texto ha llegado a convertirse en el agente pr&aacute;cticamente exclusivo del desarrollo del curr&iacute;culum (en unos niveles de ense&ntilde;anza m&aacute;s que en otros).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para otros, el contenido no es algo que nuestra mente absorbe, como un tejido hace con el agua, y que se puede volver a recuperar oprimi&eacute;ndolo o que, simplemente, se evapora dejando inc&oacute;lume su capacidad de absorci&oacute;n, sino que educativamente es algo valioso en tanto se absorbe, se incorpora y se convierte en tejido. Lo importante es, pues, la cualidad o la competencia de la que dota al aprendiz. o se trata de sustituir los contenidos por los procesos, como a veces se ha dicho, o por la nada y el vac&iacute;o cultural, como les gusta decir a algunos cr&iacute;ticos del sistema educativo actual y defensores a&ntilde;orantes de un pasado que nunca existi&oacute; o que, de haber existido, ser&iacute;a de uno pocos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El giro epistemol&oacute;gico hacia el alumno cuenta con una larga tradici&oacute;n en la Ense&ntilde;anza Primaria y mucho menos en la Secundaria, donde la l&oacute;gica de la materia o disciplina se impone hoy en d&iacute;a con facilidad a cualquier otra consideraci&oacute;n. Incluso en &eacute;sta, el giro hacia el aprendizaje y el proceso de la construcci&oacute;n de significados se aprecia como una causa del deterioro de la calidad de la ense&ntilde;anza por alg&uacute;n sector del profesorado. Parece como si todo lo que estamos acostumbrados a hacer se estuviera haci&eacute;ndo bien y no cupiera atisbar y ensayar otras posibilidades. Mentar las necesidades de los alumnos es ceder el terreno para despu&eacute;s lamentarse del declive de la ense&ntilde;anza. Hoy y entre nosotros, es en el nivel de Secundaria donde m&aacute;s se identifica al "buen texto" del curr&iacute;culum con la buena pr&aacute;ctica y los buenos resultados, mucho m&aacute;s de lo que ocurre en la ense&ntilde;anza universitaria. Cuando esa l&oacute;gica falla, el motivo se busca en otra parte (en la familia o en el nivel anterior).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cr&iacute;tica progresista al academicismo, desde finales del siglo xix y durante los dos primeros tercios del XX, hab&iacute;a puesto el dedo en la llaga de la inadecuaci&oacute;n de la <i>forma</i> del conocimiento asentado como saber escolar para adecuarse a las necesidades del alumno, conectar con su desarrollo y hacer de &eacute;l un ciudadano responsable que entendiese la vida que le rodeaba. Los contenidos de la escolaridad asentada no serv&iacute;an para estos prop&oacute;sitos; su l&oacute;gica interna, en el mejor de los casos, no pod&iacute;a servir de gu&iacute;a para la ense&ntilde;anza. A los contenidos "logoc&eacute;ntricos" se opuso la escuela "a la medida del ni&ntilde;o" (CLAPAR&Eacute;DE), los "centros de inter&eacute;s" (DECROLY), la escuela al servicio y para desarrollar la experiencia (DEWEY), la escuela sin contenidos en busca de la felicidad (NEIL) y otras utop&iacute;as rom&aacute;nticas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s tarde, la psicolog&iacute;a, aceptando el principio constructivista de la elaboraci&oacute;n del conocimiento, plante&oacute; el aprendizaje como un proceso de elaboraci&oacute;n y reconstrucci&oacute;n interna en el que lo nuevo interacciona con los significados previos que tienen los sujetos. El significado supone centrarse en las representaciones internas de la informaci&oacute;n, en la cultura subjetiva, lo que no es comprensible sin apelar al significado p&uacute;blico compartido que es la cultura. Como dir&aacute; BRUNER (1991), la psicolog&iacute;a exige un vuelco cultural que rescate la construcci&oacute;n del significado como objeto de atenci&oacute;n preferente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El giro constructivista significa que la cultura escolar se superpone, rivaliza y se relaciona con la cultura previa de referencia de los sujetos. El aprendizaje debe ser un proceso de depuraci&oacute;n, enriquecimiento y ensanchamiento de la experiencia personal nutrida de la experiencia social. Debe comenzarse desde donde est&eacute; el alumno, en progresi&oacute;n, y estableciendo puentes entre la meta y su experiencia (WATTS y BENTLEY, 1991). Es la vuelta a DEWEY (1967). Todo el <i>conocimiento escolar</i> tiene que considerar las concepciones previas del alumno, las representaciones culturales, los significados populares propios del estudiante como miembro de una cultura externa real a la escuela (ARONOWITZ y GIROUX, 1991; GRIGNON, 1991 y 1994). Una reivindicaci&oacute;n apoyada por la enajenaci&oacute;n que siente el alumno ante la cultura escolar que niega en muchos casos la suya propia y que produce el alejamiento de los j&oacute;venes de las escuelas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero estas ideas tienen un efecto contradictorio, parcialmente desintegrador, porque, si bien DEWEY (1944, p&aacute;g. 63) preconizaba en su credo pedag&oacute;gico que "el verdadero centro de correlaci&oacute;n de las materias escolares no es la ciencia, ni la literatura, ni la historia, ni la geograf&iacute;a, sino las propias actividades sociales del ni&ntilde;o", &eacute;l mismo reconoc&iacute;a que es imposible encontrar la selecci&oacute;n necesaria y la direcci&oacute;n de la cultura escolar en la experiencia: "los principios generales de la nueva educaci&oacute;n no resuelven por s&iacute; mismos ninguno de los problemas de la direcci&oacute;n y organizaci&oacute;n reales o pr&aacute;cticas de las escuelas progresivas" (DEWEY, 1967, p&aacute;g. 18). Bajo la &oacute;ptica de la experiencia cultural subjetiva la discusi&oacute;n curricular queda muy pendiente de la categor&iacute;a <i>aprendizaje</i> y menos de la de contenidos. Si el criterio para introducir contenidos en la actividad de ense&ntilde;anza, as&iacute; como para determinar su secuencia, es la maduraci&oacute;n de la experiencia, ese criterio lo ha de encontrar el profesor en cada situaci&oacute;n, porque no existe como norma generalizable o como proyecto cultural. Es una perspectiva a considerar en la acci&oacute;n de ense&ntilde;ar que no proporciona direcci&oacute;n en cuanto a la decisi&oacute;n b&aacute;sica: &iquest;qu&eacute; cultura impartir?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL SABER AL SERVICIO DEL PRAGMATISMO PRODUCTIVO</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el siglo XIX y muy especialmente durante todo el XX, la validez educativa y social del conocimiento cient&iacute;fico ha sido valorada en funci&oacute;n del uso utilitario que podr&iacute;a hacerse de &eacute;l en el dominio sobre la naturaleza. El saber no es v&aacute;lido en tanto que pueda formar a las personas, sino en la medida en que ayuda a producir cosas y a controlar procesos naturales y sociales. No se sabe por saber, sino para producir, para aplicar. El inter&eacute;s por la utilizaci&oacute;n t&eacute;cnica del saber es consustancial a la producci&oacute;n industrial y m&aacute;s plenamente a la sociedad postindustrial, donde el dominio de la informaci&oacute;n es parte de la productividad, factor a&ntilde;adido a los dos componentes cl&aacute;sicos de capital y trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como certeramente ha se&ntilde;alado HABERMAS (1987), el valor pr&aacute;ctico del saber ya no reside en su capacidad para mejorar a las personas y, a trav&eacute;s de la racionalidad infundida, permitirles una vida m&aacute;s libre, m&aacute;s humana, no dirigida por dogmas irracionales, mejorando su conducta y las relaciones entre los hombres. Por el contrario, todo tiene que encontrar un reflejo en la productividad econ&oacute;mica. "La ciencia &#151;dice este autor&#151; se ha hecho ajena a la formaci&oacute;n en la medida en que ha impregnado la praxis profesional" (p&aacute;g. 338). All&iacute; donde exista una actividad productiva o una actividad social cualquiera tiende a desarrollarse una disciplina cient&iacute;fica con afanes de intervenir regulando la actividad. Las actividades laborales en cualquier sector productivo, en los servicios y en la administraci&oacute;n est&aacute;n sometidas a esa ley.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La orientaci&oacute;n racional moderna en educaci&oacute;n est&aacute; siendo mediatizada por la visi&oacute;n utilitaria en una sociedad marcada por el desarrollo tecnol&oacute;gico y su aplicaci&oacute;n a las actividades laborales y cotidianas. El viejo lema de la educaci&oacute;n progresista de principios de siglo que manten&iacute;a la necesidad de que la escuela preparase para la vida, tiene hoy, mejor que nunca, su aplicaci&oacute;n en la presi&oacute;n creciente del sistema productivo sobre el escolar, seleccionando en &eacute;ste los saberes que le son m&aacute;s &uacute;tiles. Lo que se ha denominado como "vocacionalizaci&oacute;n" de los <i>curricula</i> se ha convertido en una fuerza que lleva a seleccionar contenidos por su valor de aplicaci&oacute;n, funcionando como una ideolog&iacute;a tendente a articular mejor el sistema educativo con el mercado de trabajo en una econom&iacute;a con fuerte desempleo (LAUGLO y WILLIS, 1988). La consecuencia: las humanidades, la cultura cl&aacute;sica y las ciencias sociales bajan en apreciaci&oacute;n dentro de los sistemas educativos y ascienden, por ejemplo, las matem&aacute;ticas, las ciencias, el conocimiento aplicado en general y los idiomas modernos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy, una de las cr&iacute;ticas m&aacute;s frecuentadas al sistema educativo desde los intereses dominantes es la de su desajuste con el sistema laboral. Cuanto m&aacute;s escaso sea el mercado del trabajo, menos distracciones se le tolerar&aacute;n a la educaci&oacute;n. Cuantas m&aacute;s restricciones imponga la crisis, m&aacute;s ajuste se reclamar&aacute;. Son presiones que afectan en desigual medida a distintos niveles escolares, pero resultan una realidad para todo el conjunto de difusi&oacute;n del conocimiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muchas voces de alarma y hechos contundentes est&aacute;n empezando a frenar la fe en el progreso cient&iacute;fico&#150;t&eacute;cnico, poniendo en crisis, de paso, la ideolog&iacute;a y pr&aacute;ctica que en torno al mismo se ha montado. La persistencia y aumento de las desigualdades entre los individuos y entre los pueblos, el deterioro del medio ambiente, la escasez de recursos no renovables, los peligros de la t&eacute;cnica y de la ciencia independizada de valores morales (desarrollo de armas, manipulaci&oacute;n gen&eacute;tica), empiezan a poner en tela de juicio la idea de progreso en la que se apoya el complejo ciencia&#150;tecnolog&iacute;a. Todo esto nos deber&iacute;a llevar a pujar por el resurgimiento de otros valores, de otros conocimientos, de otra idea de calidad de vida y de bienestar. La crisis del concepto de formaci&oacute;n laboral como preparaci&oacute;n espec&iacute;fica para puestos de trabajo que cambian r&aacute;pidamente, impide prever un perfecto ajuste entre conocimientos y tareas, mientras que el vocacionalismo puede estar reforzando y legitimando las desigualdades y diferencias de clase, g&eacute;nero y raza (Lauglo y Willis, 1988). El reto educativo sigue estando en encontrar otras <i>formas de conocimiento escolar,</i> en rescatar el sentido de la formaci&oacute;n general, en revisar la racionalidad asentada en la llamada <i>alta cultura,</i> sin renunciar a ella, pero admitiendo la incapacidad de la escuela por s&iacute; sola para llevar a cabo la promesa de la modernidad ilustradora; algo que se suele olvidar cuando se le piden objetivos contradictorios como preparar para la vida, para las profesiones y fomentar la independencia de juicio de ciudadanos cultos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>1.8. &iquest;Necesitamos nuevos lenguajes?</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la entrada del t&oacute;pico y problema del <i>curr&iacute;culum</i> en el discurso sobre la ense&ntilde;anza, la escolaridad o la educaci&oacute;n &#151;territorio intelectual ya maduro en otros contextos&#151; se abrieron para nosotros nuevas perspectivas que nos facilitaron y obligaron a establecer contactos y puentes interdisciplinares con aportaciones de la filosof&iacute;a, la historia, la antropolog&iacute;a, la sociolog&iacute;a, la econom&iacute;a, la epistemolog&iacute;a y los enfoques cr&iacute;ticos con la psicolog&iacute;a psicom&eacute;trica y con un conductismo prepotente pero nada valioso para abordar los problemas que plantea este antiguo pero renovado territorio que era el curr&iacute;culum. En este panorama de nuestra reciente historia se ha producido una resocializaci&oacute;n de los acad&eacute;micos en contacto con un nuevo universo conceptual, en consonancia con una vis&oacute;n menos idealista de la educaci&oacute;n, m&aacute;s pegada y comprometida con la realidad, pues discutir o investigar sobre el curr&iacute;culum supone tocar algo visible y encarnado socialmente. Necesitamos apoyarnos en un enfoque m&aacute;s hol&iacute;stico, complejo y estimulante superando las disquisiciones burocr&aacute;ticas sobre el <i>plan de estudios,</i> el <i>cuestionario</i> o el <i>programa escolar;</i> &eacute;stos son los conceptos m&aacute;s pr&oacute;ximos al concepto de curr&iacute;culum<sup><a href="#notas">7</a></sup>, entre nosotros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debido al cruce de dimensiones, conflictos y realidades que se manifiestan en el estudio del curr&iacute;culum, &eacute;ste es un campo importante para la investigaci&oacute;n. En este debate encontramos unas cuantas l&iacute;neas de trabajo fundamentales: <i>a)</i> la sociolog&iacute;a del curr&iacute;culum, discutiendo los valores impl&iacute;citos en los <i>curricula</i> dominantes, <i>b)</i> la incipiente historia del curr&iacute;culum que empieza a rastrear el curso de la configuraci&oacute;n de lo que entendemos por materias de estudio, <i>c)</i> las cr&iacute;ticas a la racionalidad moderna que han puesto en evidencia sus carencias y la ocultaci&oacute;n de culturas, p&uacute;blicos y relatos ignorados, <i>d)</i> el debate sobre la profesionalizaci&oacute;n del conocimiento, <i>e)</i> el enfrentamiento entre la educaci&oacute;n como necesidad de asimilaci&oacute;n de cultura y una perspectiva educativa que mira al desarrollo individual, a los intereses del alumno y a los significados subjetivos de la cultura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; hacemos con las concepciones diversas y los enfoques dispersos que hoy podemos apreciar en este campo? Una somera b&uacute;squeda en <i>Google books</i> proporciona cerca de 60.000 entradas a partir de t&eacute;rmino <i>curr&iacute;culum.</i> La misma b&uacute;squeda en la Biblioteca del Congreso de Washington da m&aacute;s de 9.000. Aclarar las ideas b&aacute;sicas en este panorama es uno de los objetivos de esta recopilaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor ha venido tratando estos problemas desde hace tiempo, sobre todo desde 1988, cuando public&oacute; su obra <i>El curr&iacute;culum: una reflexi&oacute;n sobre la pr&aacute;ctica.</i> All&iacute; encontrar&aacute; el lector una perspectiva m&aacute;s detenidamente desarrollada.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Apple, M. (1986). <i>Ideolog&iacute;a y curr&iacute;culum.</i> Madrid. Akal.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621862&pid=S1665-109X201000010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; (1989). <i>Maestros y textos.</i> Barcelona. Paid&oacute;s&#150;MEC.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621864&pid=S1665-109X201000010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; (1996). <i>El conocimiento oficial.</i> Barcelona. Paidos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621866&pid=S1665-109X201000010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aronowitz, S. y Giroux, H. (1991). <i>Postmodern education.</i> Minneapolis. University of Minnesota Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621868&pid=S1665-109X201000010000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bernstein, B. (1988). <i>Clases, c&oacute;digos y control.</i> Madrid. Akal.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621870&pid=S1665-109X201000010000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bruner, J. (1991). <i>Actos del significado. M&aacute;s all&aacute; de la revoluci&oacute;n cognitiva.</i> Madrid. Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621872&pid=S1665-109X201000010000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dewey, J. (1944). <i>El ni&ntilde;o y el programa escolar. Mi credo pedag&oacute;gico.</i> Buenos Aires. Losada.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621874&pid=S1665-109X201000010000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; (1967). <i>Experiencia y educaci&oacute;n.</i> Buenos Aires. Losada.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621876&pid=S1665-109X201000010000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Edwards, D. y Mercer, N. (1988). <i>El conocimiento compartido.</i> Barcelona. Paid&oacute;s&#150;MEC.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621878&pid=S1665-109X201000010000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Forquin, J. C. (1989). <i>&Eacute;cole et culture.</i> Bruselas. De Boeck.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621880&pid=S1665-109X201000010000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gimeno, J. (1988). <i>El curriculum: una reflexi&oacute;n sobre la pr&aacute;ctica.</i> Madrid. Morata.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621882&pid=S1665-109X201000010000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Grignon, C. (1991). "La escuela y las culturas populares". <i>Archipi&eacute;lago.</i> N&uacute;m. 6. P&aacute;gs. 15&#150;19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621884&pid=S1665-109X201000010000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; (1994). "Cultura dominante, cultura escolar y multiculturalismo popular". <i>Educaci&oacute;n y</i> <i>Sociedad.</i> N&uacute;m. 12. P&aacute;gs. 127&#150;136.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621886&pid=S1665-109X201000010000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Grundy, S. (1998). <i>Producto o praxis del curr&iacute;culo.</i> Madrid. Morata.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621888&pid=S1665-109X201000010000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Habermas, J. (1987). <i>Teor&iacute;a y praxis. Estudios de filosof&iacute;a social.</i> Madrid. Tecnos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621890&pid=S1665-109X201000010000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hamilton, D. (1993). "Or&iacute;genes de los t&eacute;rminos educativos 'clase' y <i>'curr&iacute;culum'". Revista Iberoamericana de Educaci&oacute;n.</i> N&uacute;mero 1. Enero&#150;Abril.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621892&pid=S1665-109X201000010000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kemmis, S. (1986). "Curriculum Theorising: Beyond reproduction theory". Victoria. Deakin University Press. (Trad. cast.: El curriculum: m&aacute;s all&aacute; de la teor&iacute;a de la reproducci&oacute;n. Madrid. Morata, 1988).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621894&pid=S1665-109X201000010000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kirk, G. (1989). <i>El curriculum b&aacute;sico.</i> Barcelona. Paid&oacute;s&#150;MEC.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621896&pid=S1665-109X201000010000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lauglo, J. y Lillis, K. (1988). <i>Vocationalizing education.</i> Oxford. Pergamon Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621898&pid=S1665-109X201000010000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;rez G&oacute;mez, A. I. (1991). "Cultura escolar y aprendizaje relevante". <i>Educaci&oacute;n y Sociedad.</i> N&uacute;m. 8. P&aacute;gs. 59&#150;72.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621900&pid=S1665-109X201000010000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Torres, J. (1991). <i>El curr&iacute;culum oculto.</i> Madrid. Morata.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621902&pid=S1665-109X201000010000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Watts, M. y Bentley, D. (1991). "Constructivism in the curriculum. Can we close the gap between the strong theoretical version and the weak version of theory&#150;in&#150;practice?" <i>The Curriculum Journal.</i> Vol. 2. N&uacute;m. 2. P&aacute;gs. 171&#150;182.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9621904&pid=S1665-109X201000010000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>NOTAS</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> En los ambientes educativos en Espa&ntilde;a este constructo se divulg&oacute; muy ampliamente a partir de 1990, cuando en la LOGSE se procedi&oacute; a la revisi&oacute;n de los contenidos de las ense&ntilde;anzas no universitarias. Curiosamente y parad&oacute;jicamente, ahora, tras las reformas que se han llevado a cabo en el proceso del cumplimiento de los acuerdos de Bolonia, el concepto <i>curriculum</i> desaparece de los desarrollos de los planes de estudio para la formaci&oacute;n del profesorado, quedando diluidos sus contenidos en las llamadas Did&aacute;cticas Especiales, centradas en los procesos de ense&ntilde;anza &#151;y menos en los de aprendizaje&#151; de los contenidos de las materias o disciplinas. Con lo cual se corre el riesgo de que todo el universo de temas y problemas que la investigaci&oacute;n, la teor&iacute;a y las experiencias de innovaci&oacute;n de las pr&aacute;cticas relacionadas con el curr&iacute;culum se olviden en la formaci&oacute;n del profesorado, reduci&eacute;ndola a los aspectos de car&aacute;cter m&aacute;s t&eacute;cnico. En vez de recurrir a un pensamiento que es m&aacute;s integrador (de aspectos culturales, sociales, pol&iacute;ticos, psicol&oacute;gicos y pedag&oacute;gicos), se ha echado mano del concepto de <i>competencias,</i> centrando el discurso en otra direcci&oacute;n m&aacute;s "as&eacute;ptica". Y esa mutaci&oacute;n resulta de planteamientos que el profesorado ve como arbitrariedades que le confunden y desmotivan.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> T&eacute;rmino que literalmente significa <i>libro de mano,</i> si bien el concepto no es coincidente en su totalidad con nuestro libro de mano que es el <i>manual.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Primera aparici&oacute;n conocida del t&eacute;rmino "curr&iacute;culum", en una versi&oacute;n de "Professio Regia" de Peter Ramus, publicada como obra p&oacute;stuma por Thomas Fregius de Basilea en 1575. (Biblioteca de la Universidad de Glasgow)... El <i>Oxford English Dictionary,</i> sit&uacute;a la primera fuente del "curr&iacute;culum" en los registros de la Universidad de Glasgow, de 1633.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La presencia progresiva del t&eacute;rmino curr&iacute;culum en las sucesivas leyes educativas espa&ntilde;olas nos indica c&oacute;mo se incorpora el nuevo concepto. La Ley General de Educaci&oacute;n de 1970 no llega a mencionar a ninguno de esos dos t&eacute;rminos, la LOGSE de 1990 lo hace trece veces y la LOE de 2006 lo menciona tres veces m&aacute;s que &eacute;sta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> El moderno sentido de "clase" aparece en 1509 en los estatutos del Colegio de Montaigu de Par&iacute;s, en cuyo programa se encuentra por primera vez la divisi&oacute;n en <i>clases.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Unidad a la que tambi&eacute;n llamamos <i>curso</i> (de cursus) que sirve para acotar contenidos en per&iacute;odos de tiempo identificados, generalmente, el a&ntilde;o escolar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Para BOURDIEU el <i>habitus</i> es una estructura estructurada y estructurante, un sistema de disposiciones duraderas que interiorizan los individuos, organizando las pr&aacute;cticas y la percepci&oacute;n de las mismas. Son sistemas de esquemas generadores de pr&aacute;cticas y representaciones de la realidad. <i>(La distinci&oacute;n.</i> Taurus. Madrid.1988.)</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Un ejemplo significativo de la separaci&oacute;n de la tradici&oacute;n anglosajona y la nuestra se puede intuir en el dato de que el eminente pedagogo espa&ntilde;ol Lorenzo Luzuriaga, cuando en 1944 traduce obras tan significativas como <i>The child and the curr&iacute;culum</i> de Dewey con el t&iacute;tulo de <i>El ni&ntilde;o y el programa escolar.</i> (Losada. Buenos Aires.)</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por nuestra parte, al comienzo de la d&eacute;cada de los ochenta, en un intento de modernizar el pensamiento pedag&oacute;gico al uso abri&eacute;ndolo a corrientes for&aacute;neas, tratamos de articular una s&iacute;ntesis entre la orientaciones de origen anglosaj&oacute;n, b&aacute;sicamente, con las tradiciones m&aacute;s centroeuropeas y meridionales publicamos la obra <i>Teor&iacute;a de la ense&ntilde;anza y desarrollo del curr&iacute;culum,</i> en 1981 (Anaya. Salamanca) en Espa&ntilde;a y unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde se edit&oacute; en Buenos Aires.</font></p>      ]]></body><back>
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