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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>           	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Querer ser otro</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rafael Miranda Redondo*</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Coordinador general de la C&aacute;tedra Interinstitucional Cornelius Castoriadis y miembro del colectivo de bibli&oacute;grafos de Cornelius Castoriadis/Agora International</i>. Correo electr&oacute;nico:  <a href="mailto:alloiosis@hotmail.co.uk">alloiosis@hotmail.co.uk</a></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autora de este texto lleva a cabo un excelente ejercicio para abordar una tem&aacute;tica de la vida cotidiana: el arreglo corporal por parte de j&oacute;venes mujeres ind&iacute;genas y mestizas emigradas a San Crist&oacute;bal de las Casas, Chiapas, d&aacute;ndole un interesante realce a nivel antropol&oacute;gico e hist&oacute;rico. Se aprecia mucho en la lectura la inclusi&oacute;n de pasajes biogr&aacute;ficos vinculados con la elecci&oacute;n de la tem&aacute;tica. La figura paterna y, en particular, la relaci&oacute;n con la madre de la autora son asuntos referidos al inicio, y en lo sucesivo se diluyen en el texto, que a partir de ah&iacute; habla expl&iacute;citamente s&oacute;lo de<i> las otras y los otros</i>. No obstante, esos pasajes biogr&aacute;ficos y su ubicaci&oacute;n en las primeras l&iacute;neas del documento hacen pensar en que lo que ah&iacute; se describe tiene un lugar inici&aacute;tico para el resto de lo que se dice. Es en todo caso desde ah&iacute; que la autora nos habla.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La consideraci&oacute;n, inici&aacute;tica, repito, de esos pasajes &#151;aunque relativamente escuetos&#151; me hizo pensar mucho en el etnopsicoanalisis de George Deveraux, y, sobre todo, en el an&aacute;lisis de la transferencia y la contratransferencia que conlleva todo proceso de conocimiento, lo que otros autores del institucionalismo franc&eacute;s &#151;Ren&eacute; Loureau, por ejemplo&#151; han denominado el an&aacute;lisis de la implicaci&oacute;n o del <i>lapsus</i> del intelectual; esas corrientes que, con la propuesta de Cornelius Castoriadis, han desmentido que el psicoan&aacute;lisis haya muerto, como lo hubiera vaticinado felizmente el pensamiento posmoderno al referirse a los &#8220;grandes relatos&#8221;. Muy por el contrario, el psicoan&aacute;lisis como teor&iacute;a y como practica <i>poietica</i> &#151;del griego, &#8220;creaci&oacute;n de sentido nuevo&#8221;&#151; sigue siendo un potente recurso para abordar la dimensi&oacute;n imaginaria de la sociedad. En efecto, con la excepci&oacute;n hecha, por supuesto, respecto a los prejuicios que Sigmund Freud ten&iacute;a cuando abordaba la sexualidad femenina, el psicoan&aacute;lisis sigue representando &#151;por ejemplo, para Judith Butler, citada en el texto aqu&iacute; rese&ntilde;ado&#151; un recurso laico para relacionarse con el otro que nos habita.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es en esta perspectiva que, a lo largo de la lectura, hice un ejercicio de lo que llamo &#8220;la cl&iacute;nica de la alteridad&#8221;, y que la autora, de alg&uacute;n modo, practica o por lo menos sugiere. La interrogaci&oacute;n de entrada es &#191;en d&oacute;nde, a trav&eacute;s del arreglo corporal, se busca ser otro, y hasta d&oacute;nde se trata solamente de un simulacro de ocultamiento de la alteridad propia? A partir de la lectura del texto, pareciera que estamos ante el arreglo corp&oacute;reo &#8220;enculturado&#8221; como el <i>simulacro para ser otro</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ese simulacro sugiere entonces, si no la apertura ante, s&iacute; la curiosidad no s&oacute;lo por la otredad sino, sobre todo, por la alteridad. La alteridad que nos habita como inconsciente, como instituci&oacute;n y como imaginario radical creador. Instituci&oacute;n que, en tanto que es mundo de significaciones imaginarias sociales, habla por nosotros como &#8220;formaci&oacute;n discursiva&#8221;, si se quiere, haci&eacute;ndonos individuos sujetados, pero tambi&eacute;n como la instancia respecto a la cual se puede tejer una relaci&oacute;n distinta resignific&aacute;ndola, alter&aacute;ndola y, por lo tanto, altern&aacute;ndo<i>nos</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entiendo por alteridad, del griego <i>alloiosis</i>, y por reconocimiento de la alteraci&oacute;n de lo dado, una dimensi&oacute;n cuyo reconocimiento tiene una venerable ancianidad, en todo caso infinitamente anterior a la mistificaci&oacute;n del deconstruccionismo y los otros &#8220;des&#45;&#8221;. Pero entonces, querer expl&iacute;citamente alterar<i>nos</i> &#151;aqu&iacute; el salto al vac&iacute;o&#151; en una relaci&oacute;n distinta con aquello que est&aacute; en nuestro origen, supone necesariamente reconocer como valor, org&aacute;nicamente ligado a la mejor modernidad, el de la autonom&iacute;a propia y ajena.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cierro el ejercicio. En este sugerente libro la autora nos brinda los elementos fundamentales para situar hist&oacute;rica y socialmente la reflexi&oacute;n esquem&aacute;ticamente presentada en l&iacute;neas anteriores, y, dir&iacute;a yo, la posibilidad de imaginar esa relaci&oacute;n distinta con la instituci&oacute;n propia de quien practica el arreglo corporal, la cultura de origen, la instituci&oacute;n propia de las mujeres que migran a San Crist&oacute;bal, o el padre como fuente exclusiva de sentido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, una vez que precipitamos la reflexi&oacute;n del ejercicio anterior a lo hist&oacute;rico&#45;social, la cosa se complica. La significaci&oacute;n imaginaria social que subyace a la explicitaci&oacute;n y la pr&aacute;ctica del <i>querer ser otro</i>, por ejemplo, en el arreglo, es un valor positivo vinculado con los or&iacute;genes de la ruptura que supone el nacimiento de la filosof&iacute;a y la democracia, y por ende vinculado a su vez con la modernidad como rev&eacute;s ante la verdad revelada. Una ruptura que, al unir la instituci&oacute;n propia con el <i>nomos</i> y no m&aacute;s con la <i>phisis</i>, asumir&aacute; el car&aacute;cter tr&aacute;gico de la existencia, car&aacute;cter a partir del cual podemos interrogarnos: &#191;qu&eacute; pasa cuando perpetuamente el instituyente que subyace a dicha relaci&oacute;n, distinta con la instituci&oacute;n propia, es recuperado &#151;por la instituci&oacute;n y por la instituci&oacute;n que subyace al capitalismo y que tenemos interiorizada&#151;, convirtiendo nuestros deseos en deseos de consumo? &#191;Qu&eacute; tiene que ver el deseo de ser otro, como instituyente que arremete contra la instituci&oacute;n de lo dado, con la repetici&oacute;n en la instituci&oacute;n de &#8220;soy totalmente Palacio&#8221;?<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es cierto que la modernidad corriente, reciclada hasta la saciedad por el capitalismo, nos quiso hacer creer que todo lo nuevo es bueno y todo lo viejo, malo. Sabemos que esto es falso, pero &#191;qui&eacute;n decide cu&aacute;l es la &#8220;buena figura&#8221; de qui&eacute;n la ostenta? &#191;El Palacio de Hierro? &#191;Los antrop&oacute;logos y consultores posmodernos de paso por San Crist&oacute;bal en b&uacute;squeda de malinches, igualmente posmodernas?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute; de nuevo emerge relevante el an&aacute;lisis de la implicaci&oacute;n respecto al propio &#8220;objeto de estudio&#8221;, ausente en la mayor&iacute;a de las corrientes de la antropolog&iacute;a, y que la autora sugiere al inicio de su texto al momento de posicionar su biograf&iacute;a como lugar inici&aacute;tico, an&aacute;lisis de la implicaci&oacute;n que deja al descubierto lo que vaticina Marc Aug&eacute; &#151;tambi&eacute;n citado en el texto&#151;, cuando habla de la &#8220;crisis de alteridad&#8221;. Verse a s&iacute; mismo como objeto de estudio, accediendo as&iacute; a la reflexividad, pareciera un prop&oacute;sito entre l&iacute;neas que recorre el texto de inicio a fin.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La otra versi&oacute;n, o las otras versiones, corresponden a la interiorizaci&oacute;n, nunca hecha expl&iacute;citamente en el positivismo cient&iacute;fico m&aacute;s recalcitrante &#151;en donde incluyo por supuesto al marxismo&#151;, de la categor&iacute;a de la <i>determinidad</i>, por la cual se aspira a mantenerse al margen en los procesos de conocimiento, y en especial respecto a su dimensi&oacute;n imaginaria, o por otro lado, a contracorriente de lo anterior, la interiorizaci&oacute;n &#151;en las formaciones discursivas y su ineluctabilidad, por ejemplo, en un intento por posicionarse respecto al sujeto substancia&#151; de figuras igualmente trascendentes, pero en este caso acompa&ntilde;adas de una cultura de la sospecha, por ejemplo, en los feminismos inspirados en la obra &#151;ampliamente citada&#151; de Michel Foucault.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El relativismo cultural, y otros que se derivan de ese rechazo del sujeto sustancia &#151;este caso nuevamente arropado por la filantrop&iacute;a en la academia se&ntilde;alada por Deveraux&#151;, es el que hace posible &#151;aqu&iacute; de nuevo el divorcio del fil&oacute;sofo respecto a la comunidad pol&iacute;tica&#151; que los luchadores por la &#8220;descolonizaci&oacute;n&#8221; no tengan que interrogarse sobre por qu&eacute; eligen parejas que son ciudadanos de los antiguos imperios; que las feministas no tengan que interrogarse por qu&eacute; tienen como amigos del alma a machos arrogantes; que los marxistas recalcitrantes no tengan que interrogarse por qu&eacute; buscan sus parejas entre las hijas de los grandes industriales; que los contestatarios de los gobiernos vinculados con los c&aacute;rteles de la droga no tengan que cuestionarse nada cuando, peri&oacute;dicamente, entregan su cuota a dichos c&aacute;rteles para satisfacer sus consumos; que, finalmente, los expertos en migraci&oacute;n no tengan que interrogarse sobre el hecho de que ellos nunca han migrado; y as&iacute; sucesivamente.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo esto gracias a la teolog&iacute;a racional &#151;o a su equivalente en el universo relativista, que equipara el <i>R&eacute;quiem</i> de Mozart a un par de botas&#151;, que profesa que el fil&oacute;sofo puede vivir al margen de la comunidad pol&iacute;tica porque de ser pastor pas&oacute; a ser tejedor para, finalmente, consagrarse como <i>epistemon</i> (Plat&oacute;n), es decir, como quien posee la ciencia que lo acredita para pensar al margen del hacer.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tema de c&oacute;mo los pueblos indios u originarios se enfrentan a &#151;o significan o no&#151; esa modernidad que nos da verg&uuml;enza, y del &#8220;lib&eacute;rate comprando esta lavadora&#8221;, es sin duda un tema apasionante. El desaf&iacute;o que supone es asumido por la autora y conlleva el riesgo de relativizar, al punto de decir que todo vale, y que si los pueblos indios abandonan el pozol por la Coca&#45;Cola, hay que suscribirlo porque &#8220;est&aacute;n manejando su cultura&#8221;. La autora del texto <i>Las pieles que vestimos</i> nos presenta una visi&oacute;n mucho m&aacute;s compleja. El sujeto del arreglo corporal se crea &#151;y, dir&iacute;a yo, se autoinstituye, se autoaltera&#151; a trav&eacute;s de las tecnolog&iacute;as de g&eacute;nero, pero ese mismo sujeto tambi&eacute;n, y por periodos prolongados, usando este recurso, se repite en el ocultamiento de la alteridad, gracias a las significaciones imaginarias sociales que el consumo, pero tambi&eacute;n que la instituci&oacute;n que est&aacute; en sus or&iacute;genes y le confiere la &#8220;identidad&#8221;, le ofrecen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo de la lectura de este sugerente texto fue inevitable que me acompa&ntilde;ara, en el trasfondo, la an&eacute;cdota de S&oacute;crates, quien pregunt&oacute; a su madre: &#8220;Madre, &#191;por qu&eacute; soy tan feo?&#8221;, a lo cual su madre respondi&oacute;: &#8220;S&oacute;crates, no eres feo, eres diferente&#8221;.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Notas</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tania Cruz Salazar (2014). Las pieles que vestimos. Corporeidad y pr&aacute;cticas de belleza en j&oacute;venes chiapanecas. Guadalajara: UNICACH, CESMECA, ECOSUR. </font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> El Palacio de Hierro es una cadena de tiendas, sobre todo de ropa, que ha marcado el curso de la moda de la clase media, en particular la femenina, en los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os en M&eacute;xico, y cuyo eslogan es &#8220;soy totalmente Palacio&#8221;.</font></p>      ]]></body>
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