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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Castigar a los pobres: el gobierno neoliberal de la inseguridad social</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Bruno Lutz*</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesor investigador de la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana&#45;Xochimilco.</i> <a href="mailto:Brunolutz01@yahoo.com.mx">Brunolutz01@yahoo.com.mx</a>.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El soci&oacute;logo Lo&iuml;c Wacquant plantea que el Estado, y el Estado neoliberal en particular, emplea tres estrategias para tratar a la marginalidad y la pobreza. La primera consiste en socializar el desempleo y subempleo mediante pol&iacute;ticas asistencialistas que apuntan hacia reducir la visibilidad de las diferencias de clases. Se trata esencialmente de pol&iacute;ticas sociales de corte higienista que buscan embellecer el paisaje urbano limpiando la obscenidad de una pobreza &aacute;spera y provocadora. Medicalizar a los pobres es la segunda estrategia. As&iacute;, se consideran a las poblaciones vulnerables de las urbes como enfermos activos o potenciales: alcoh&oacute;licos, drogadictos, depresivos o locos, pero tambi&eacute;n poblaciones m&aacute;s susceptibles de sufrir patolog&iacute;as cr&oacute;nicas e infecciosas: sida, obesidad, diabetes, virus, etc. La tercera vertiente del Estado contempor&aacute;neo para combatir la pobreza es la penalizaci&oacute;n. El proceso de normalizaci&oacute;n de las conductas conlleva la promulgaci&oacute;n de decretos que tipifican y penalizan los h&aacute;bitos de los que menos recursos econ&oacute;micos tienen. "La penalizaci&oacute;n funciona como una t&eacute;cnica para <i>la invisibilizaci&oacute;n</i> de los problemas sociales que el Estado, como palanca burocr&aacute;tica de la voluntad colectiva, ya no puede o no quiere tratar desde sus causas, y la c&aacute;rcel act&uacute;a como un contenedor judicial donde se arrojan los desechos humanos de la sociedad de mercado". A estas tres grandes estrategias debe agregarse la pol&iacute;tica neoliberal que promueve la "responsabilidad individual" y la sumisi&oacute;n al libre mercado. Wacquant menciona que el Estado desarrolla una serie de estrategias represivas a partir de la construcci&oacute;n <i>ad hoc</i> de representaciones falseadas de la inseguridad p&uacute;blica, por lo que este &uacute;ltimo se enfoca en atacar las incivilidades, es decir las premisas individuales del desorden que rompen con la moral, aumenta el n&uacute;mero de leyes y reglamentos, estigmatiza categor&iacute;as de la poblaci&oacute;n, consolida la vigilancia y acci&oacute;n policiaca, castiga con severidad, y perdona nada ni nadie.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, el pensador europeo no concibe una voluntad &uacute;nica, consciente y omnipotente, detr&aacute;s de estas pol&iacute;ticas represivas que ser&iacute;a como una intencionalidad maquiav&eacute;lica libre de actuar. Al respecto, Wacquant escribe:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; rechazo en&eacute;rgicamente la opini&oacute;n conspirativa de la historia que atribu&iacute;a el desarrollo del aparato punitivo en las sociedades avanzadas a un plan deliberado ejecutado por dirigentes omniscientes y omnipotentes, sean pol&iacute;ticos, empresarios o la diversa gama de personas que se benefician del mayor despliegue e intensidad del castigo y de los programas de supervisi&oacute;n destinados a los derechos urbanos propios de la desregulaci&oacute;n.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor de <i>Castigar a los pobres</i> opina que esta situaci&oacute;n contempor&aacute;nea de liberaci&oacute;n del ciudadano&#45;trabajador de sus antiguas garant&iacute;as y el concomitante encierro de los marginados, es producto de una bater&iacute;a de iniciativas pol&iacute;ticas y consensos construidos en torno a cierto tipo de inseguridad. Wacquant plantea que esos procesos supra&#45;individuales e incluso supra&#45;colectivos se articulan sobre la base de una filosof&iacute;a pol&iacute;tica ac&eacute;fala de tratamiento de las clases bajas cuyos enunciados se vienen difundiendo de manera subliminal en las elites. La tesis de este libro escribe Wacquant, "es que Estados Unidos est&aacute; abriendo camino hacia una nueva clase de Estado h&iacute;brido, diferente del Estado protector, en el sentido que se da a ese t&eacute;rmino en el Viejo Mundo, y del Estado minimalista y no intervencionista que se atiene al discurso ideol&oacute;gico que le cuentan los defensores del mercado".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La creciente precarizaci&oacute;n del empleo est&aacute; estrechamente relacionada con una mayor represi&oacute;n de los pobres. Asimismo, en 1996 se promulg&oacute; el <i>Personal Responsibility and Employment Opportunity Act</i> y las represivas leyes Megan. La reducci&oacute;n del mercado de trabajo y el incremento proporcional de la experiencia profesional y nivel de estudio para ocupar los puestos vacantes, la incertidumbre en cuanto al aumento de la duraci&oacute;n del tiempo de trabajo semanal, la multiplicaci&oacute;n y diversificaci&oacute;n de las tareas que realizar, el aumento constante del rendimiento para alcanzar metas siempre m&aacute;s elevadas, la competencia interna como mecanismo de estimulaci&oacute;n del personal y la renovaci&oacute;n del contrato, son todos elementos anxi&oacute;genos que fragilizan al trabajador. En <i>Las fuentes de la verg&uuml;enza,</i> Vincent De Gaulejac mostr&oacute;, de forma pertinente, las causas m&uacute;ltiples de la ansiedad de los trabajadores vulnerables y sus consecuencias en la vida cotidiana. El Estado federal norteamericano y junto con &eacute;l, las autoridades pol&iacute;ticas de los pa&iacute;ses occidentales, promueven una flexibilizaci&oacute;n del empleo con el fin de otorgar m&aacute;s facilidades a los empresarios para contratar, explotar y despedir a los trabajadores. Se normaliza el trabajo precario y flexible con el fin de poder usar m&aacute;s libremente a los trabajadores y desecharlos cuando se decida. Debe mencionarse tambi&eacute;n la moda del <i>outsourcing</i> y el auge de las agencias de colocaci&oacute;n para el trabajo temporal, por ejemplo, Manpower Inc. es el tercer empleador m&aacute;s grande de los EU. Se responsabiliza a cada trabajador de su carrera, de su desempe&ntilde;o, de los puestos que ocupa o pierde: asistimos hoy en d&iacute;a a la glorificaci&oacute;n del individualismo meritocr&aacute;tico. Se proporcionan cursos de empleabilidad y talleres de preparaci&oacute;n a la vida cotidiana con la doble finalidad, por parte del Estado, de reeducar a los m&aacute;s vulnerables, as&iacute; como de poder culparlos de su pobreza econ&oacute;mica. Al margen de las cifras oficiales del desempleo, est&aacute;n las estimaciones realistas de las personas subempleadas y de las que se dedican al mercado informal. Las necesidades de sobrevivir orillan a j&oacute;venes y adultos a aceptar condiciones deplorables de trabajo e incluso incursionar en mercados ilegales. En M&eacute;xico, para 2010, las cifras oficiales arrojaban una tasa de desempleo de 5.6%, y 12.7 millones de personas dedicadas al mercado informal (es decir 25.8% de la poblaci&oacute;n econ&oacute;micamente activa). En los Estados Unidos, 40% del total de trabajadores tienen contratos precarios y 5.8% de la masa laboral est&aacute; constituida por indocumentados. Vivir mal es un hecho social ampliamente compartido m&aacute;s all&aacute; de las fronteras y las nacionalidades. En el destacado documental <i>D&eacute;lits flagrants,</i> Depardon filma la confrontaci&oacute;n de un juez parisino con un anciano magreb&iacute;, humilde y analfabeto, arrestado por el simple hecho de apostar con cartas. En Estados Unidos, en Francia y en muchos pa&iacute;ses m&aacute;s, se combate a los perdedores de la econom&iacute;a de mercado, encerr&aacute;ndolos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El profesor de Berkeley estima que el encarcelamiento es una t&eacute;cnica de regulaci&oacute;n de la marginalidad: se encierran a quienes no tienen actividad lucrativa o cuya actividad econ&oacute;mica es ilegal. "Lejos de mitigarlo, el Estado caritativo norteamericano es el principal responsable de la feminizaci&oacute;n y la infantilizaci&oacute;n de la pobreza; activamente perpet&uacute;a tanto sus duras realidades como sus persistentes mitos, es decir tanto los fundamentos materiales en que se erige como las pervertidas representaciones en las que vive". Todo indica que lo punitivo surgi&oacute; con fuerza a fines de los a&ntilde;os noventa para acompa&ntilde;ar al incremento del trabajo desocializado. Es interesante notar que los crimin&oacute;logos y expertos en temas de seguridad p&uacute;blica, insisten todos en separar las causas sociales de la responsabilidad individual en materia delictiva. Seg&uacute;n ellos, el crimen tiene su &uacute;nico responsable: el criminal, sin importar las causas y condiciones estructurales. La gran mayor&iacute;a de los profesionales del tratamiento institucional de la violencia rechazan atacar las causas gen&eacute;ricas de la delincuencia, como son la precariedad del empleo, la disminuci&oacute;n de las garant&iacute;as laborales y sociales, las restricciones en cuanto al acceso a la salud y las discriminaciones educativas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tambi&eacute;n autor de <i>Las c&aacute;rceles de la miseria,</i> recuerda que en los EU, 90% de los beneficiarios de la asistencia social son mujeres, mientras 93% de los reos son varones. "Esto confirma que los clientes principales de la asistencial y de la carcelaria del Estado neoliberal son, esencialmente, los dos g&eacute;neros de la misma poblaci&oacute;n arrinconada en las fracciones marginalizadas de la clase trabajadora postindustrial". El gobierno norteamericano emprendi&oacute; un ataque ideol&oacute;gico en contra del principio de asistencia p&uacute;blica pero consolidando al mismo tiempo una estructura de oportunidades cerrada para los menos favorecidos. "La pobreza del Estado social en el marco de la desregulaci&oacute;n necesita y exige la grandeza del Estado penal" sentencia Wacquant, quien reconoce que existe un problema sobre lo que es y debe ser la asistencia social. Actualmente, la asistencia social es condicionada por la calidad moral de los beneficiarios. Podemos ilustrar esta situaci&oacute;n en el caso de M&eacute;xico con el programa <i>Oportunidades</i> cuyo objetivo oficial es combatir la pobreza otorgando becas escolares a las madres de familia siempre y cuando ellas y su prole se muestran obedientes, puntuales en la escuela y en las reuniones, disciplinados, etc&eacute;tera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El soci&oacute;logo franc&eacute;s ve en las reformas legislativas norteamericanas de 1996, el paso del <i>welfare</i> al <i>workfare.</i> Es la promoci&oacute;n institucional de la idea de m&eacute;rito, de metas personales y colectivas que alcanzar, as&iacute; como de la competencia moral. El Poder Ejecutivo Federal de los EU se propuso "corregir las conductas supuestamente inadecuadas y aberrantes, que ser&iacute;an la causa principal de la pobreza persistente". El Estado se liber&oacute; de sus obligaciones pasadas al separarse de un gran n&uacute;mero de familias necesitadas con diferentes tipos de argumentos, siendo la falta de m&eacute;ritos el principal. La estigmatizaci&oacute;n institucional de las madres solteras, de las madres menores de edad afrodescendientes, limita seriamente su inserci&oacute;n social. Juzgadas como depravadas, inmaduras e irresponsables, las madres solteras son marginadas en una sociedad puritana que intenta mantener los principios de un orden moral. As&iacute; mismo, el disc&iacute;pulo de Bourdieu asevera atinadamente que: "El tratamiento penal de la pobreza tiene una carga moral positiva, mientras que la cuesti&oacute;n de la asistencia est&aacute; irremediablemente 'mancillada' por la inmoralidad". De hecho, conservadores y tambi&eacute;n dem&oacute;cratas ven en la asistencia p&uacute;blica una plaga que retrasa la expansi&oacute;n econ&oacute;mica y perjudica las finanzas p&uacute;blicas. En este contexto, se alaba la autoayuda y se invoca de manera reiterada a las virtudes de la providencia. Pol&iacute;ticos y altos funcionarios de la administraci&oacute;n p&uacute;blica exaltan frecuentemente el altruismo caritativo que siembra los valores de solidaridad y sacrificio entre los pobres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro elemento que caracteriza la reducci&oacute;n de los apoyos gubernamentales es el <i>churning</i> (en ingl&eacute;s), es decir, el aumento de la severidad de los requisitos para beneficiarse de la ayuda p&uacute;blica as&iacute; como el incremento de la complejidad y tardanza de los tr&aacute;mites burocr&aacute;tico&#45;administrativos. Recibir apoyos gubernamentales es haber logrado vencer una desgastante carrera de obst&aacute;culos. Aunado a lo anterior, se tiende a disminuir las ayudas e incrementar de manera inversamente proporcional el compromiso de las y los beneficiarios. La noci&oacute;n de co&#45;responsabilidad que ha invadido el l&eacute;xico de los estadistas y edificadores de programas, se inscribe directamente en el contexto antes descrito. Las y los beneficiarios deben de ser merecedores de los apoyos que pretenden recibir, deben mostrar y demostrar continuamente que son moralmente irreprochables. Asimismo, tienen por obligaci&oacute;n ense&ntilde;ar que carecen de empleo pero que s&iacute; buscan integrarse en un mercado laboral deprimente, deben mostrar que tienen ni&ntilde;os menores a su cargo pero, al mismo tiempo, deben emplear un m&eacute;todo de contracepci&oacute;n, y tambi&eacute;n certificar que s&iacute; pagan sus impuestos y sus facturas, cuando aumentan cada vez m&aacute;s los gastos de las familias pobres. Adem&aacute;s, existe la imagen, aparentemente contradictoria, de la beneficiaria como ganadora de la infraclase <i>(underclass)</i> por el hecho de recibir apoyos gubernamentales, pero siempre perdedora en la sociedad por su estatus y el color de su piel. Para ser merecedora, la mujer pobre debe emplear correctamente su tiempo realizando todas las tareas que le son encomendadas. Lejos de estar ausente de los programas asistenciales, la ilosof&iacute;a del <i>workfare</i> se expande de manera capilar mediante el trabajo comunitario gratuito, los grupos de autoayuda y las actividades individuales o colectivas poco remuneradas. Predomina el principio de la donaci&oacute;n/contra&#45;donaci&oacute;n. El <i>workfare</i> ataca a los denominados par&aacute;sitos de la sociedad, a todos aquellos que son considerados como inmerecedores de la ayuda del Estado. Cabe recordar que el pensador ultraliberal Herbert Spencer planteaba ya, hace un siglo, la eliminaci&oacute;n natural de los ociosos, viciosos e in&uacute;tiles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Wacquant, el <i>laissez&#45;faire</i> (dejar hacer) y <i>laissez&#45;passer</i> (dejar pasar) son las dos vertientes de las pol&iacute;ticas sociales contempor&aacute;neas, las cuales explican el descompromiso del Estado en cuanto a educaci&oacute;n, salud y bienestar, y su magnanimidad irresponsable en materia de reducci&oacute;n de las garant&iacute;as sociales y laborales. En su obra, el estudioso explica detalladamente c&oacute;mo y por qu&eacute; el Estado pas&oacute; de ser paternalista, protector y caritativo, a ser un Estado Centauro represor. Al ultraliberalismo econ&oacute;mico corresponde la ultra&#45;represi&oacute;n de las incivilidades mediante la m&aacute;xima de "tolerancia cero". En M&eacute;xico, la estrategia del Estado pas&oacute; de un combate de la pobreza a un combate de los pobres. Esta censura oficial de discursos y actividades no adecuadas lleg&oacute;, en un caso reciente, al encarcelamiento de dos tuiteros veracruzanos por difundir informaci&oacute;n no ver&iacute;dica sobre el ataque de una escuela por narcotraficantes, y la subsiguiente promulgaci&oacute;n, por parte del Poder Ejecutivo Estatal, del delito de perturbaci&oacute;n del orden social. Seg&uacute;n Bourdieu y Wacquant, las variantes que pueden encontrarse en cada pa&iacute;s y en cada entidad federativa, corresponden en realidad a una interpretaci&oacute;n t&oacute;pica de un pensamiento &uacute;nico en materia de seguridad p&uacute;blica; discurso hegem&oacute;nico basado en afirmaciones que mezclan oraciones seudo acad&eacute;micas y creencias populares. Las autobiograf&iacute;as del exalcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, las obras apolog&eacute;ticas de conocidos zares anti&#45;crimen y los manuales de influyentes asesores en materia de seguridad p&uacute;blica, son materiales ampliamente difundidos que participan en la construcci&oacute;n de ese pensamiento &uacute;nico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al adoptar los principios del Consenso de Washington, Europa emprendi&oacute; una nueva estrategia punitiva que tiende a criminalizar todos aquellos que no cumplen con el modelo del ciudadano&#45;trabajador. Las libertades est&aacute;n bajo vigilancia con el espionaje de las zonas sensibles y de sus habitantes. Los cambios a la legislaci&oacute;n permitieron un aumento del n&uacute;mero de delitos e incluso autorizaron encarcelar a menores infractores a partir de los 13 a&ntilde;os de edad. Los j&oacute;venes que ni estudian ni trabajan: los denominados <i>ni&#45;nis,</i> los j&oacute;venes que se re&uacute;nen en bandas afuera de sus tristes moradas para hacer de su desamparo el vector de una sociabilidad incierta, esos j&oacute;venes son, de un lado y del otro del Atl&aacute;ntico, blancos predilectos de las pol&iacute;ticas judiciales actuales. Asimismo, a partir de estereotipos fenot&iacute;picos y socioecon&oacute;micos, el Estado construye un mapeo de la inseguridad. Las palabras inventan criminales y circunscriben territorios bald&iacute;os de la legalidad. La delincuencia y su combate son hoy en d&iacute;a la materia de seminarios, simposios, diplomados e institutos especializados. La invenci&oacute;n de la inseguridad corresponde a la conexa invenci&oacute;n de un mercado de la seguridad privada y p&uacute;blica, personal y colectiva. Los buenos ciudadanos deben sentirse siempre amenazados en sus personas y bienes, por lo que son invitados a colaborar con la polic&iacute;a para reforzar la red de vigilancia. En la Ciudad de M&eacute;xico por ejemplo, los m&oacute;dulos vecinales de polic&iacute;a fueron rebautizados como "red ciudadana" con la idea de eufemizar la represi&oacute;n haciendo al personal de seguridad p&uacute;blica co&#45;participe de la vida de barrio. Delatores an&oacute;nimos y ciudadanos con mentalidad policiaca son bienvenidos e incluso, en ciertas ocasiones, retribuidos por sus servicios. Se ofrecen recompensas y se garantiza el anonimato de los denunciantes. De manera general, tanto en los comit&eacute;s vecinales como en los grupos de autodefensa rural creados por la Secretar&iacute;a de la Defensa Nacional, el ciudadano es invitado a ser un ejemplo de abnegaci&oacute;n y un militante defensor de los principios de libertad y propiedad privada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los Estados Unidos de Am&eacute;rica, la guerra contra las drogas se enfoca m&aacute;s especialmente en el arresto y castigo de los <i>dealers</i> de la calle, la gran mayor&iacute;a de ellos afro&#45;descendientes o latinos, quienes buscan en esta actividad il&iacute;cita una insegura fuente de ingreso. La racializaci&oacute;n de los infractores es consecuencia de una racializaci&oacute;n institucionalizada de los problemas. En resumen, escribe Wacquant, "el gueto funciona como una prisi&oacute;n etnoracial: encierra a una categor&iacute;a deshonrada y reduce gravemente las oportunidades de vida de sus miembros en apoyo de la 'monopolizaci&oacute;n de los bienes simb&oacute;licos y materiales o las oportunidades' ejercidas por el grupo dominante que vive en sus alrededores". En las c&aacute;rceles de los Estados Unidos, los delincuentes son separados, tratados y encerrados seg&uacute;n el color de su piel y la gravedad de su delito. De igual manera, en M&eacute;xico los presos est&aacute;n separados en c&aacute;rceles, pabellones y celdas seg&uacute;n la naturaleza del delito de que se les acusa, as&iacute; como si son mestizos o ind&iacute;genas. Los aparatos policial, judicial y carcelario reproducen d&iacute;a con d&iacute;a toda una serie de distinciones discriminantes de los pobres. Un caso actual en Chihuahua, es la etnoc&aacute;rcel de Guachochi &#151;ciudad controlada por narcotraficantes mestizos&#151;, en la cual est&aacute;n hacinados casi exclusivamente ind&iacute;genas tarahumaras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, se busca convencer al ciudadano de clase media de que el crimen est&aacute; en sus puertas, de que es susceptible de ser atacado en cualquier momento por malhechores de color, &eacute;l y su familia. El Estado represor requiere de un control de la informaci&oacute;n para difundir el mensaje de la inseguridad y anclarlo en las conciencias individuales. Asimismo, programas televisivos exaltan la eficacia policiaca para identificar, perseguir y neutralizar los seudo&#45;delincuentes &#151;mediante su arresto o su homicidio en vivo&#151;. La fuerza de ley pretende mostrar que todos los delincuentes son cazados implacablemente hasta caer en manos de una polic&iacute;a honrada y todopoderosa. Esta repetida difusi&oacute;n de una representaci&oacute;n maniquea del mundo social donde est&aacute;n los malos de un lado, y por el otro los buenos (el Estado, la polic&iacute;a y los ciudadanos delatores), refuerza los prejuicios racistas y clasistas. Al respecto, los delitos de cuello blanco (desv&iacute;o de recursos, enriquecimiento il&iacute;cito y falsificaci&oacute;n de documentos, entre otros) son castigados en muy pocos casos y de serlo, las personas son condenadas a penas leves que cumplen en centros de detenci&oacute;n semi&#45;abiertos. Esta magnanimidad de la justicia norteamericana resulta obscena cuando se conoce el monto multimillonario de los fraudes bancarios y fiscales que se cometen cada a&ntilde;o, fraudes que llegan incluso a provocar estrepitosas bancarrotas de consecuencias mundiales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la ciudad de Nueva York, la disminuci&oacute;n de los &iacute;ndices de criminalidad correspondi&oacute; a un aumento de los arrestos de los trabajadores subempleados que sobreviven dif&iacute;cilmente por debajo de la l&iacute;nea de pobreza. El historial com&uacute;n a los enjuiciados es el haber padecido fracturas familiares con divorcios o abandono, una escolaridad ca&oacute;tica e interrumpida, haber sido traumatizados por abusos y violencias f&iacute;sicas, as&iacute; como haber sido v&iacute;ctima de armas de fuego. El auge del "Gran gobierno carcelario" fue posible gracias a la privatizaci&oacute;n del encierro. La deslocalizaci&oacute;n de las agencias del Ministerio P&uacute;blico y de las prisiones obedece a una territorializaci&oacute;n de la delincuencia. En Estados Unidos existe un mercado interno de intercambio y transferencia de los reclusos. Por otro lado, el hacinamiento provoca una saturaci&oacute;n de la administraci&oacute;n penitenciaria y un <i>burning out</i> del personal, responsable de errores en 20% a 40% de los expedientes. Debido a la sobrepoblaci&oacute;n carcelaria varias ciudades norteamericanas fletaron barcos penitenciarios e incluso, en un caso sonado, obligaban a los reos a dormir en autobuses debido a la saturaci&oacute;n de las celdas. Las prisiones son incubadoras de enfermedades infecciosas, el callej&oacute;n sin salida de las prostitutas y de los drogadictos, el refugio de los indigentes y la casa de los locos. La pol&iacute;tica de vaciamiento de los hospitales psiqui&aacute;tricos en la d&eacute;cada de los ochenta provoc&oacute; un incremento de la poblaci&oacute;n encarcelada. Arrojados a las calles, los enfermos mentales constituyen una amenaza para la paz social. El mismo Estado que los liber&oacute; de sus salvaguardias m&eacute;dicas los manda ahora encarcelar con el fin de sanear el paisaje p&uacute;blico. Este higienismo punitivo contribuye a mezclar indistintamente individuos provenientes de los bajos fondos de la sociedad. Una parte significativa de los reos sufren trastornos mentales pero solamente una irrisoria minor&iacute;a recibe tratamiento psiqui&aacute;trico con el argumento falaz de que el polic&iacute;a y el celador son eficaces terapeutas en los tiempos neoliberales. Imposibilitados muchos de ellos para ejercer un oficio remunerado, condenados al oprobio de una sociedad capitalista que glorifica a los ganadores y pisotea a los perdedores, los locos encarcelados son v&iacute;ctimas de las peores infamias. Los cuerpos de esos pobres son lacerados sin cesar por tempestades de ignominias aceptadas si no es que fomentadas por las autoridades penitenciarias. Debemos agregar tambi&eacute;n el hecho de que los prisioneros son susceptibles de servir de conejillos de indias para experimentos m&eacute;dicos a cambio de una reducci&oacute;n de su condena.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se ha normalizado la vigilancia posterior a la condena con el fin de que el exconvicto haga muestra de su buena conducta mediante la obediencia, disciplina y sumisi&oacute;n. En el a&ntilde;o 2000, 3.84 millones de estadounidenses estaban bajo supervisi&oacute;n de la justicia penal incluyendo al total de los reclusos, de quienes estaban en libertad condicional y de los exconvictos a prueba. De hecho, el aparato policial y de justicia posee expedientes penales de m&aacute;s de 30 millones de personas, lo que corresponde a una tercera parte de la poblaci&oacute;n masculina adulta de los EU. El registro de los infractores de la ley se ha convertido en un gigantesco nicho de mercado en el cual participan, con enormes ganancias, las m&aacute;s grandes empresas de inform&aacute;tica. "El crecimiento geom&eacute;trico de las bases de datos policiales y judiciales forma parte de un movimiento m&aacute;s amplio de extensi&oacute;n y diversificaci&oacute;n de la vigilancia policial 'encubierta', que se ha vuelto proactiva y difusa con los a&ntilde;os, a ra&iacute;z del n&uacute;mero de agentes y agencias involucradas y, con ellos, el n&uacute;mero y la diversidad de sus objetivos". El historial de las personas, sus datos antropom&eacute;tricos y biom&eacute;tricos est&aacute;n en posesi&oacute;n no solamente de las agencias federales y estatales de investigaci&oacute;n, sino que esta informaci&oacute;n personal es compartida y vendida a empresas y particulares. Con la finalidad de informar a los ciudadanos&#45;de&#45;bien de la amenaza virtual de los ciudadanos&#45;de&#45;mal, bases de datos pueden ser consultadas por Internet e incluso en ferias, convirti&eacute;ndose en una atracci&oacute;n l&uacute;dica como cualquier otra. Buscar delincuentes sexuales en su barrio, se ha convertido en una actividad rutinizada que convoca el morbo, el repudio y la ira. Los "depredadores sexuales", como son llamados todos aquellos que poseen material pornogr&aacute;fico o practican la sodom&iacute;a o son exhibicionistas o violan y matan a menores, etc., son sistem&aacute;ticamente repudiados y acosados. "La execraci&oacute;n hiperb&oacute;lica del ped&oacute;filo desconocido en la escena p&uacute;blica sirve tanto para purificar simb&oacute;licamente a la familia como para reafirmar su posici&oacute;n establecida como refugio contra la inseguridad, incluso cuando la aceleraci&oacute;n de las tendencias neoliberales en la cultura y la econom&iacute;a intentan socavarlo", asevera con acierto el autor de <i>Castigar a los pobres.</i> Arrinconados como verdaderos parias sociales, los denominados depredadores sexuales se ven obligados a huir y vivir en la clandestinidad. La histeria social de una sociedad puritana en sus fundamentos y principios, exige de sus chivos expiatorios el pago eterno de sus culpas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, podemos concluir que esta obra sobre el tratamiento institucional de la marginalidad en los Estados Unidos contiene una estimulante reflexi&oacute;n para entender el doble proceso de extensi&oacute;n del liberalismo econ&oacute;mico y castigo m&aacute;s severo de los pobres. Lejos de circunscribirse a un solo pa&iacute;s, esta moda pol&iacute;tica de corte neoliberal se ha exportado a numerosas naciones, M&eacute;xico incluido. De esa forma, las cohortes de perdedores, v&iacute;ctimas estereotipadas de la injusticia econ&oacute;mica, son considerados <i>a priori</i> como una amenaza para el orden establecido. Hoy en d&iacute;a, el Estado libra un implacable combate en contra de lo incorrecto, un combate en contra de los pobres.</font></p>      	    <p align="justify">&nbsp;</p>      	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Nota</b></font></p>      	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wacquant, Lo&iuml;c (2010). <i>Castigar a los pobres: el gobierno neoliberal de la inseguridad social</i>. Barcelona: Gedisa, 446 p&aacute;ginas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3396237&pid=S1665-0565201300020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
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