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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿Ser o no ser?: El realismo político y el multipolarismo del siglo XXI]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Lecturas cr&iacute;ticas</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>&iquest;Ser o no ser? El realismo pol&iacute;tico y el multipolarismo del siglo XXI</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Godofredo Vidal de la Rosa*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* <i>Profesor&#45;Investigador titular en el departamento de Sociolog&iacute;a de la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, plantel Azcapotzalco, en la Ciudad de M&eacute;xico.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:gvdr@correo.azc.uam.mx">gvdr@correo.azc.uam.mx</a>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n: 18 de mayo de 2009    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	Fecha de aceptaci&oacute;n: 08 de septiembre de 2009.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">...y cuando despert&oacute; a&uacute;n estaba ah&iacute;.    <br> 	<i>El dinosaurio,</i> Augusto Monterroso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace unos diez a&ntilde;os el profesor Kenneth Waltz (2000) hizo una declaraci&oacute;n en el mismo esp&iacute;ritu del ep&iacute;grafe que encabeza este ensayo, apuntando que a cada derrumbe de las ideolog&iacute;as y utop&iacute;as de la pol&iacute;tica internacional, el realismo pol&iacute;tico resurge con m&aacute;s fuerza. Esta Ave F&eacute;nix debe su vitalidad a que contiene algunas claves para la sobrevivencia, junto con algunas de las peores consejas de la destrucci&oacute;n. El realismo pol&iacute;tico es como la cabeza de Jano, que mira hacia la sensatez y la prudencia, pero inspira el abuso y la imposici&oacute;n. La causa de ello es que es una visi&oacute;n o perspectiva del poder y su uso. En los tiempos modernos, el realismo ha adquirido un aura ambigua. Por un lado, se le reprocha basarse en el c&aacute;lculo del poder en las relaciones, al mismo tiempo que se aconseja seguir los instintos realistas como la marca del estadista. El realismo es la explicaci&oacute;n del equilibrio y la prudencia basada en el c&aacute;lculo del uso del poder. Aconseja prudencia al poderoso, por las consecuencias a largo plazo que su conducta puede engendrar, y al d&eacute;bil, actuar con cautela para no provocar la acci&oacute;n punitiva. Visto as&iacute; es una ideolog&iacute;a del <i>statu quo.</i> Una segunda cr&iacute;tica es la acusaci&oacute;n de que el realismo pol&iacute;tico justifica el cinismo y la inmoralidad. La famosa frase de Max Weber, al final de su discurso sobre la vocaci&oacute;n pol&iacute;tica, de quien quiera preservar su Alma debe alejarse de la pol&iacute;tica, simplemente asocia a &eacute;sta con la crudeza del c&aacute;lculo de fuerzas y la pol&iacute;tica de intereses sobre la moralidad y el Bien Com&uacute;n. Hay mucho de sentido en estas cr&iacute;ticas. Los adalides de la <i>Realpolitik</i> con frecuencia han sido furibundos enemigos de las libertades personales y han erigido al Estado como una deidad. Carl Schmitt y sus seguidores contempor&aacute;neos son un ejemplo. Pero el realismo pol&iacute;tico no se refiere a una posici&oacute;n pol&iacute;tica &eacute;tica o (anti&#45;&eacute;tica) normativa, sino a una poderosa intuici&oacute;n de la realidad, respaldada en hechos y datos que, es cierto, se agrupan alrededor del Estado. Pero no es porque deba endiosarse, sino porque existe y existir&aacute; probablemente por un buen n&uacute;mero de d&eacute;cadas por delante. Aun sin existir este, debemos ser realistas en un sentido b&aacute;sico de no confundir nuestros deseos con nuestras capacidades, nuestras ilusiones con nuestra realidad. La lecci&oacute;n sin embargo no es que el Estado es omn&iacute;modo, <i>sino que la sensatez pol&iacute;tica es innata al realismo pol&iacute;tico.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este ensayo es una reflexi&oacute;n sobre esos asuntos y va precedido de un comentario sobre la predisposici&oacute;n en algunos p&uacute;blicos acad&eacute;micos y pol&iacute;ticos a adoptar una posici&oacute;n de negaci&oacute;n de la realidad, o anti&#45;realista. En especial me interesa el abandono del realismo en los Estados Unidos en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas, durante las cuales la efervescencia de t&eacute;rminos meton&iacute;micos como globalizaci&oacute;n, modernidad reflexiva y post&#45;modernidad, y otras igualmente llamativas como el "fin de la historia", el ocaso del Estado, el triunfo del mercado y el neoliberalismo y el choque de las civilizaciones ha obnubilado un hecho cierto acerca de la recomposici&oacute;n estructural de la distribuci&oacute;n de poder pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y militar en el mundo.<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace ya alg&uacute;n tiempo que la noci&oacute;n de que la democracia liberal es obsoleta ha florecido en la clase pol&iacute;tica estadounidense. Desde dos vertientes, la democracia liberal ha sido diagnosticada como moribunda y fuente de debilidad. Los fundamentalistas cristianos y los neoconservadores. Los primeros son una gran masa de ciudadanos guiados por pastores ultra fundamentalistas que fustigan al Estado liberal, al liberalismo y su permisibilidad secular. Los segundos son un peque&ntilde;o grupo de intelectuales con una enorme influencia en los c&iacute;rculos de poder empresarial, militar y pol&iacute;tico. Aunque estos &uacute;ltimos presumen de ser mucho m&aacute;s sofisticados que aqu&eacute;llos, ambos coinciden en que el secularismo y el liberalismo en su versi&oacute;n moderna, de tolerancia y promoci&oacute;n de las libertades civiles es m&aacute;s que obsoleto, estorboso para el ejercicio del poder de los Estados Unidos en el mundo, y para la ordenaci&oacute;n de los asuntos internos de la rep&uacute;blica estadounidense.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El retorno del dinosaurio</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muchas de las cr&iacute;ticas al realismo y su versi&oacute;n acad&eacute;mica son relevantes. Si el Estado es la unidad de medida de las relaciones internacionales y de la pol&iacute;tica en general, el conflicto es inevitable, y la guerra es una condici&oacute;n natural interrumpida por periodos de paz. El realismo justificar&iacute;a el <i>dictum</i> romano <i>si vis pacem para bellum.</i> Un realismo imperialista se puede encontrar en Hans Morgenthau y antes que &eacute;l en autores como el ingl&eacute;s Lindell Hall y hasta en el alem&aacute;n Carl Schmitt; y en los Estados Unidos, en una larga lista de autores que Anatol Rapoport bautiz&oacute; como <i>neoclausewitzianos</i> (Rapoport, 1968). Con frecuencia el realismo es identificado como inmoral, o un enfoque donde los valores morales son irrelevantes o peor, estorbos para el ejercicio plano del poder nacional y la comprensi&oacute;n de sus objetivos. Esta posici&oacute;n es cierta y es com&uacute;n encontrarla desde el estratega militar chino Sun Tzu, en el siglo IV y el historiador ateniense Tucidides en el siglo V antes de nuestra era, hasta Maquiavelo en el siglo XVI de nuestra era, o llegar a Hans Morgentau o Henry Kissinger en los Estados Unidos y Carl Schmitt en Alemania en nuestro siglo, pasando por te&oacute;ricos como Max Weber. Sin embargo, el neorrealismo debe conceder que los valores cuentan, aunque con frecuencia en forma intermitente. La Corte de la Haya para cr&iacute;menes de guerra y reglas m&iacute;nimas que proh&iacute;ben el uso de armas antipersonales y de guerra qu&iacute;mica son parte de estos valores que lentamente se han arraigado en nuestra era. Pero esto no es suficiente para conceder a los cr&iacute;ticos del realismo que la interdependencia y las instituciones mundiales tienen la eficacia que se les atribuye. Hasta ahora, la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas no ha evitado ninguna guerra importante y su capacidad de coacci&oacute;n a los Estados agresores es rid&iacute;cula. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional o la Organizaci&oacute;n para el Comercio Mundial son descritas por la escuela neorrealista como instrumentales a la hegemon&iacute;a estadounidense. As&iacute; que el realismo moderno no es incompatible con los valores morales, pero no se hace ilusiones sobre la naturaleza humana. La anarqu&iacute;a inherente a los asuntos internacionales y el orden resultante de la balanza de poder constituyen los elementos estructurales de la teor&iacute;a neorrealista. Pero no existe un Leviat&aacute;n que d&eacute; coherencia y sentido a la crudeza de la vida, sino s&oacute;lo una precaria y cambiante balanza de poder (Waltz, 1979).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Probablemente no haya un consenso en el contendido tem&aacute;tico de la palabra "poder" en los asuntos pol&iacute;ticos. A lo largo de la historia, las fuentes del poder, sin embargo, han sido m&aacute;s estables de lo que pudiera pensar un observador de los vertiginosos cambios tecnol&oacute;gicos de la era moderna. En la Guerra Fr&iacute;a las armas nucleares impusieron tal elevaci&oacute;n a los costos de ir a la guerra que provocaron una larga estabilidad bipolar. <i>Mutual Assured Destruction</i> (MAD) fue el dato b&aacute;sico de la balanza de poder del mundo bipolar. Cuando la URSS no pudo sostener el paso a la carrera armamentista, se inici&oacute; una etapa nueva pero no in&eacute;dita, desapareci&oacute; el esquema bipolar, pero no el hecho fundamental &#151;<i>estructural</i>&#151; de la anarqu&iacute;a en las relaciones internacionales y el <i>factotum</i> de la balanza de poder como el regulado por las relaciones internacionales. El profesor Kenneth N. Waltz (1999) recuerda a sus lectores que no fue el mercado ni la globalizaci&oacute;n las que socavaron a la URSS, sino la propia inviabilidad e ineficacia inherente de un Estado totalitario para maximizar sus <i>recursos de poder pol&iacute;tico, econ&oacute;micos, ideol&oacute;gicos, administrativos y por cierto militares.</i> La lecci&oacute;n es doble. La primera es contrarrestar la ilusi&oacute;n de que la interdependencia econ&oacute;mica y el liberalismo fueron las causas del derrumbe sovi&eacute;tico. La segunda lecci&oacute;n es que la v&iacute;a coactiva de extracci&oacute;n de recursos sociales por los regimenes totalitarios es una v&iacute;a intensiva condenada a autodestruirse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Parte de la clase gobernante estadounidense cometi&oacute; el error de creer su propia propaganda y abandon&oacute; el realismo a favor de una versi&oacute;n &#151;para usar los muy apropiados t&eacute;rminos que introdujo el matem&aacute;tico y polit&oacute;logo ruso&#45;Estadounidense Anatol Rapoport (1968)&#151; <i>catacl&iacute;smica</i> del fin de la historia, asociada al neoconservadurismo filos&oacute;fico y al fundamentalismo cristiano. Los errores de c&aacute;lculo de la clase gobernante estadounidense en relaci&oacute;n a la invasi&oacute;n a Irak, y en general su pol&iacute;tica hacia el gran Medio Oriente, son bien conocidos y muchos, de hecho, anticipados (Mann, 2003).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El realismo cl&aacute;sico</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Est&aacute; lleno de pensadores extremadamente sutiles (Moseley, 2006). Pero en el terreno de la ciencia pol&iacute;tica fue instituido como una categor&iacute;a respetable sobre todo por los trabajos de Kenneth Waltz. El neorrealismo ya no se refer&iacute;a a la enunciaci&oacute;n de medidas o decisiones pr&aacute;cticas de la pol&iacute;tica del poder, sino a un enfoque o paradigma sistem&aacute;tico de comprensi&oacute;n de las relaciones internacionales. Waltz es un pensador sutil que acepta con humildad las cr&iacute;ticas a sus teor&iacute;as y ha tenido la satisfacci&oacute;n de ver desplomarse las teor&iacute;as anti o post&#45;realistas. Estas teor&iacute;as surgieron en el &uacute;ltimo cuarto del siglo pasado y un autor las agrup&oacute; llamando las escuelas o enfoques <i>neoliberales</i> (Sanders, 1996). Dichas teor&iacute;as sirvieron de est&iacute;mulo a la creaci&oacute;n de un mito: el de que la historia hab&iacute;a llegado a su fin y la globalizaci&oacute;n instaurar&iacute;a mecanismos de soluci&oacute;n de conflictos por la v&iacute;a del comercio y la final disoluci&oacute;n del Estado. Un socialismo inverso. Aunque la ficci&oacute;n fue abandonada por sus impulsores iniciales, como Francis Fukuyama, que rectific&oacute; su tesis inicial dando nuevos impulsos a la existencia y raz&oacute;n de ser de los Estados modernos (Fukuyama, 2004), en algunos medios del antes llamado "tercer mundo" persiste en la forma de obnubilaci&oacute;n con la as&iacute; llamada <i>globalizaci&oacute;n.</i> El neoliberalismo propon&iacute;a que una especie de <i>laissez faire&#45;laissez passer</i> mercantil disolver&iacute;a los nudos conflictivos entre los Estados. Bajo el atractivo nombre de <i>globalizaci&oacute;n,</i> los Estados se convertir&iacute;an en irrelevantes (v&eacute;anse los ensayos de Susan Strange y Del Rosso en <i>Daedalus,</i> 1995). Pocos al sur del R&iacute;o Bravo leyeron a Waltz advirtiendo que <i>globalizaci&oacute;n</i> era un eufemismo para <i>Americanism,</i> y que &eacute;ste era un estadio pasajero de la historia de las relaciones internacionales (Waltz, 1998).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La ilusi&oacute;n de la <i>Pax Americana</i> y la realidad del nuevo multipolarismo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante dos d&eacute;cadas &#151;en las que se anunci&oacute; el advenimiento del fin de la historia&#151;, los Estados Unidos ocuparon una posici&oacute;n &uacute;nica en la historia humana. El fin de la Guerra Fr&iacute;a acababa de golpe con el bipolarismo militar, el reto de los competidores econ&oacute;micos y tecnol&oacute;gicos a&uacute;n era distante y las finanzas mundiales giraban alrededor del d&oacute;lar. La posici&oacute;n estadounidense podr&iacute;a compararse con la del imperio romano. Con una diferencia: durante los siglos II antes de nuestra era hasta el IV de nuestra era, para Roma no exist&iacute;an competidores. China estaba demasiado lejos y encerrada en s&iacute; misma. Las potencias medias de la &eacute;poca no eran amenazas al coraz&oacute;n romano. Los b&aacute;rbaros eran eso, b&aacute;rbaros e incapaces de ofrecer un reto a la hegemon&iacute;a suprema. Pero el caso estadounidense es singular por ser ef&iacute;mero. El unipolarismo ocult&oacute; en su seno el ascenso de competidores militares (Rusia), econ&oacute;micos y tecnol&oacute;gicos (la Uni&oacute;n Europea y los pa&iacute;ses del llamado BRIO: Brasil, Rusia, India y China), y los nuevos b&aacute;rbaros se cuentan por miles de millones, algunos nativos &#151;obreros desempleados&#151; y los miles de millones de hombres y mujeres que le dan significado a la expresi&oacute;n "explosi&oacute;n demogr&aacute;fica" mundial.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la diplomacia de los Estados Unidos, como ha observado un diplom&aacute;tico de alto rango de ese pa&iacute;s, se entrelazan dos tradiciones. La liberal, que se califica como ut&oacute;pica, y el realismo de la superpotencia (Kissinger, 1999). Existe, de hecho, otra vertiente. Una que emergi&oacute; recientemente y que pregona una resoluci&oacute;n mesi&aacute;nica y catacl&iacute;smica a la historia tal como la conocemos: la visi&oacute;n neoconservadora. Esta visi&oacute;n irrumpi&oacute; dram&aacute;ticamente al final de la Guerra Fr&iacute;a. Es una extra&ntilde;a quimera formada por distintas visiones irrealistas. La primera es la visi&oacute;n no secular del fin de la historia. La segunda es la del ocaso del Estado. Ambas son incompatibles: la primera afirma la supremac&iacute;a del Estado estadounidense en una forma m&aacute;s bien imperial, pero no cosmopolita sino fuertemente nacionalista, antisecular y fundamentalista justificada por un "designio divino". Juntos, neoconservadores y neoliberales forman una extra&ntilde;a e inestable quimera. La precariedad del equilibrio de estas dos visiones fue posible s&oacute;lo en el <i>interregno postbellum</i> de la Guerra Fr&iacute;a. En los Estados Unidos y tambi&eacute;n entre los cr&eacute;dulos del resto del mundo, se crey&oacute; haber llegado al fin de la historia (como en la frase hecha famosa por Francis Fukuyama, 1992). Pero <i>la realidad,</i> argument&oacute; Kenneth Waltz, es que esta situaci&oacute;n era transitoria; llevando el argumento m&aacute;s lejos, Waltz record&oacute; a los estudiosos que las situaciones de orden unipolar son las m&aacute;s precarias de entre todas las posibles (Waltz, 2000a: 1). Los hechos son que si es verdad que la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica desapareci&oacute; y Rusia se convirti&oacute; durante dos d&eacute;cadas en un Estado casi fallido, los Estados Unidos terminaron lejos de tener las capacidades para convertirse en <i>hegem&oacute;n,</i> y menos aun, en un <i>hegem&oacute;n</i> benigno. En suma, los EU tambi&eacute;n han declinado <i>relativamente.</i> El aspecto m&aacute;s decisivo es el de su participaci&oacute;n en la econom&iacute;a mundial real, es decir, su aporte a la producci&oacute;n de bienes y servicios m&aacute;s el consumo. Su participaci&oacute;n en el Producto Mundial Bruto muestra una constante declinaci&oacute;n relativa frente al avance de la Uni&oacute;n Europea, ante quien es inferior, y tambi&eacute;n respecto a los pa&iacute;ses que conforman el llamado BRIO (Brasil, Rusia, India y sobre todo, China), que aunque conforma una heterog&eacute;nea variedad de econom&iacute;as, comparte claros objetivos de alcanzar el estatus de potencias mundiales.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/espiral/v17n49/a8c1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 2005 los EU representaban un impresionante 30% de la producci&oacute;n mundial, medido en d&oacute;lares, pero s&oacute;lo 21% si se usa la medici&oacute;n de paridad de poder de compra. El BRIC representa 23% de la producci&oacute;n mundial de riqueza, si usamos esta medici&oacute;n. Es decir, superan a los EU como pa&iacute;ses. Est&aacute;n muy lejos de igualar los ingresos <i>per c&aacute;pita</i> de Estados Unidos o Europa, pero su poder econ&oacute;mico es indudable. Muchos analistas serios estiman que pronto, tan s&oacute;lo en cuatro d&eacute;cadas, China superar&aacute; a los Estados Unidos como primera potencia econ&oacute;mica del mundo. Y la econom&iacute;a hind&uacute; le pisar&aacute; los talones: "El potencial econ&oacute;mico de Brasil, Rusia, India, M&eacute;xico y China es tal que ser&aacute;n &#91;las&#93; cinco econom&iacute;as m&aacute;s dominantes para el a&ntilde;o 2050". La tesis fue expresada por Jim O'Neil, economista global de la corredur&iacute;a <i>Goldman Sachs</i> en 2005. Esos cinco pa&iacute;ses concentrar&aacute;n 40% de la poblaci&oacute;n mundial y un producto bruto combinado (medido en capacidad de compra) de $14,951 miles de millones de d&oacute;lares</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/espiral/v17n49/a8c2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun concediendo que estas previsiones pecan de optimistas, no deben ser ignoradas. Estas estimaciones s&oacute;lo son parte del cuadro total. La poblaci&oacute;n total, el promedio de edad de &eacute;sta, los factores agrupados en la categor&iacute;a de capital social y humano (por ejemplo normas de convivencia, habilidades t&eacute;cnicas y niveles de educaci&oacute;n, junto a las consabidas mediciones de inversi&oacute;n local en investigaci&oacute;n y desarrollo cient&iacute;fico y t&eacute;cnico, infraestructura, eficiencia institucional, estabilidad pol&iacute;tica, etc.), son dimensiones que no se muestran. Tambi&eacute;n hay que notar que M&eacute;xico est&aacute; fuera de la clasificaci&oacute;n BRIC deliberadamente, seg&uacute;n el reporte citado, porque sus l&iacute;deres pol&iacute;ticos creen que el potencial de este pa&iacute;s est&aacute; por arriba de los integrantes del BRIC, aunque una explicaci&oacute;n m&aacute;s realista sugiere que la causa de esta auto&#45;exclusi&oacute;n es porque desde hace dos d&eacute;cadas los gobiernos mexicanos consideran a la econom&iacute;a mexicana como enclave de la econom&iacute;a de los Estados Unidos (85% de las exportaciones totales de M&eacute;xico van a los Estados Unidos; 51% de las importaciones totales de M&eacute;xico provienen de los Estados Unidos). Contrastando, Estados Unidos y Jap&oacute;n presentaron en 2006 una relaci&oacute;n exportaciones/PIB muy inferior a la observada en M&eacute;xico: 7.9% y 14.9% del PIB, respectivamente, contra 29.8% del PIB en M&eacute;xico apuntando el hecho de gran vulnerabilidad al comportamiento de las decisiones econ&oacute;micas en los Estados Unidos (Calva, 2008).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &aacute;mbito de incertidumbre de los presagios de la corredur&iacute;a <i>Goldman Sachs</i> es bastante grande, si se considera que anticipar cuatro d&eacute;cadas adelante en el turbulento mundo de hoy es una actividad audaz. Por ejemplo, en un informe del gobierno de los Estados Unidos sobre el ambiente pol&iacute;tico y militar de la pr&oacute;xima d&eacute;cada, se incluye a M&eacute;xico entre los Estados d&eacute;biles o en etapa de fracaso de su viabilidad estatal (JOE, 2008: 35). Lo que es cierto es que se est&aacute; hablando de un mundo multipolar, con realineamientos geopol&iacute;ticos y estrat&eacute;gicos <i>potencialmente bruscos y riesgosos,</i> caracterizados por una fuerte competencia por recursos y una panoplia de problemas comunes para los que no hay visos de soluci&oacute;n. De este caldero saldr&aacute; la nueva balanza de poder del siglo XXI.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los Estados Unidos han estado comprometidos con un esfuerzo de contenci&oacute;n que les resulta demasiado costoso, visiblemente en el &uacute;ltimo par de d&eacute;cadas. Sus gastos militares son superiores a los de sus principales competidores econ&oacute;micos juntos. As&iacute; se repite la historia de las grandes potencias en declive que se desangran en gastos militares condenados a fracasar (Waltz, 2000a: 1; Kennedy, 1988). Estados Unidos es un deudor neto en una escala nunca vista desde el imperio espa&ntilde;ol del siglo XVI.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; que la globalizaci&oacute;n es un eufemismo que encubre la realidad. Waltz (1999) resalta que medida en t&eacute;rminos de comercio internacional, actualmente estamos en los niveles de 1910, en la anteguerra mundial. Sin duda los pa&iacute;ses son interdependientes, pero no hay visos de integraci&oacute;n econ&oacute;mica o mucho menos de que los Estados sigan definiendo las reglas del juego econ&oacute;mico mundial. Waltz es contundente en su apreciaci&oacute;n de esta situaci&oacute;n cuando escribe que "&#91;la&#93; interdependencia sugiere una condici&oacute;n de aproximada igualdad de dependencia entre las partes una de otra. Omitiendo la palabra 'dependencia' se ocultan las desigualdades que marcan las relaciones de los Estados y los hace aparecer en los mismos zapatos". Kenneth Waltz continua record&aacute;ndonos que hace m&aacute;s de tres d&eacute;cadas escribi&oacute; que la "interdependencia es una ideolog&iacute;a usada por los Estados Unidos para camuflar la enorme influencia que disfrutan en la arena internacional, haciendo parecer que las naciones fuertes y d&eacute;biles, ricas y pobres est&aacute;n comprometidas en la misma estrecha red de interdependencia" (Waltz, 2000b: 16).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El ocaso del realismo de fin de siglo</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De Afganist&aacute;n a Afganist&aacute;n. En 1979, al invadir Afganist&aacute;n, los gobernantes de la URSS forjaron uno de los clavos faltantes de su ata&uacute;d. En 2003 los EU invadieron Afganist&aacute;n e Irak, su antiguo aliado contra Ir&aacute;n, sobre un montaje de informaci&oacute;n y errores de inteligencia pasmosos. Como nota el historiador Michael Mann (2004), es un imperio incoherente enfrascado en una aventura b&eacute;lica incomprensible desde la perspectiva del realismo estrat&eacute;gico, o dicho m&aacute;s claramente, es una guerra que deterior&oacute; el poder&iacute;o de los Estados Unidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sucede que los l&iacute;deres de los diversos Estados continuamente act&uacute;an negando la realidad. Act&uacute;an sobre expectativas falsas y sobre datos falsificados deliberadamente por ellos mismos. Esto es una anomal&iacute;a frecuente en la presunci&oacute;n de que los gobiernos saben lo que quieren. Generalmente no es as&iacute;, a medida en que los horizontes temporales se alejan y las intenciones de los competidores se pierden en la neblina de la incertidumbre. Entender las causas del abandono del realismo y del sentido de la realidad en la conducci&oacute;n de los Estados merece m&aacute;s atenci&oacute;n por los polit&oacute;logos y especialistas en relaciones internacionales. El problema es que tambi&eacute;n sucede con frecuencia que &eacute;stos tambi&eacute;n sean propensos a formular teor&iacute;as irrealistas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal es el caso de la negaci&oacute;n del neorrealismo en la academia estadounidense y el auge de los enfoques neoliberales en muchos pa&iacute;ses del ex bloque sovi&eacute;tico y de Am&eacute;rica Latina. Seg&uacute;n &eacute;stos, el ocaso del Estado es predecible en la medida en que la interdependencia econ&oacute;mica eleva los costos de la confrontaci&oacute;n. De tal manera, el libre mercado abre las puertas a la paz perpetua. La cuesti&oacute;n es que el libre mercado es a la vez un producto de la estructura de las relaciones internacionales, cuyo actor principal son los Estados y su din&aacute;mica es la balanza de poder.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dos explicaciones sobre la negaci&oacute;n estrat&eacute;gica de la realidad est&aacute;n presentes en el enfoque neorrealista. El primero, en palabras de Kenneth Waltz, es que "los l&iacute;deres americanos &#91;estadounidenses&#93; tienden a creer &#91;que&#93; la preeminencia estadounidense perdurar&aacute; indefinidamente" (Waltz, 2000b: 37), y al corolario insensato de que el poder&iacute;o estadounidense debe ser orientado hacia la contenci&oacute;n de la emergencia de competidores potenciales. Esta ideolog&iacute;a ha sido el eje de la pol&iacute;tica exterior de los Estados Unidos desde el inicio de la Guerra Fr&iacute;a hace medio siglo. La obsesi&oacute;n con el poder unilateral contrasta con las tendencias estructurales hacia el multipolarismo, tornando a los Estados Unidos en una fuerza potencialmente desestabilizadora. Pero el problema que surge inmediatamente es que si los Estados Unidos ya no tienen, desde hace alg&uacute;n tiempo, la capacidad de crear y mantener un orden mundial, entonces la anarqu&iacute;a en las relaciones internacionales tiende a crecer. Eso es exactamente lo que ha ocurrido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os y es la predicci&oacute;n de la tradici&oacute;n realista de an&aacute;lisis de la pol&iacute;tica. Sin una alternativa concertada a la realidad en un mundo multipolar, los problemas sociales se convertir&aacute;n en problemas pol&iacute;ticos y militares. El neorrealismo predice la anarqu&iacute;a y es esc&eacute;ptico ante la eficacia de instituciones mundiales. La &uacute;nica alternativa es la formaci&oacute;n de una nueva <i>balanza de poder</i> a partir del realineamiento de coaliciones y alianzas pol&iacute;ticas (y econ&oacute;micas y militares) que se equilibren entre s&iacute;. A diferencia del neoliberalismo, que supone el orden que emerge espont&aacute;neo de la interdependencia del mercado, el neorrealismo predice desorden, guerra y caos. Pero la predicci&oacute;n es alterable en tanto se internaliza en los estrategias, c&aacute;lculos y estimaciones de los actores. Es decir, en tanto los actores deciden actuar realistamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cr&iacute;tica m&aacute;s seria al neorrealismo es precisamente su falta de capacidad para ofrecer alternativas <i>win&#45;win.</i> La falacia del neoliberalismo es creer que la ley de la oferta y la demanda crean esta soluci&oacute;n (Sanders, 1998; Lane, 2002). El enfoque neoliberal plantea, entonces, un problema real. Si la balanza de poder est&aacute; en flujo constante, la necesidad de mantener un orden en las relaciones internacionales depende de los alicientes a la cooperaci&oacute;n interestatal. Estos alicientes no son, sin embargo, la estabilidad ganada <i>per se</i> debido a las instituciones transnacionales como la ONU, el FMI o el Banco Mundial. Est&aacute;n en la capacidad de comprensi&oacute;n <i>com&uacute;n</i> de los problemas mundiales. Es decir, una vuelta a la tuerca sobre el concepto "interdependencia". El neorrealismo comprende el uso ideol&oacute;gico de este t&eacute;rmino, pero minimiza el tipo de problemas que est&aacute;n fuera del alcance de pol&iacute;ticas estatales unilaterales. Es decir, no da una respuesta adecuada al problema de la cooperaci&oacute;n, bien conocido en la teor&iacute;a de decisiones interdependientes; pero no debido a una fisura en su argumentaci&oacute;n, sino porque afirma que la anarqu&iacute;a, la propensi&oacute;n a la guerra preventiva, est&aacute; inmersa, es una probabilidad real inherente a la estructura de las relaciones entre Estados. En otras palabras, reitera el <i>dictum</i> de Clausewitz de que la guerra es la continuaci&oacute;n de la pol&iacute;tica, y la pol&iacute;tica, la guerra en estado latente, y todo junto est&aacute; en precario equilibrio en la balanza de poder de las relaciones internacionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El realismo pol&iacute;tico considerado en general</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El realismo se asocia a una tradici&oacute;n milenaria de entender las relaciones entre los Estados. Vale decir que el realismo o neorrealismo no es una teor&iacute;a que explique la violencia social en general, sino s&oacute;lo en cuanto concierne a las relaciones internacionales. El Estado es el actor decisivo. Como es sabido, desde el siglo XIX se llam&oacute; <i>Realpolitik</i> a esta posici&oacute;n. La <i>Realpolitik</i> surgi&oacute; a la par que la geopol&iacute;tica y ambas de la falacia de que el Estado, <i>a priori,</i> se puede considerar como un individuo. Este error es muy com&uacute;n y ha sido demolido por la ciencia pol&iacute;tica contempor&aacute;nea. El Estado no es un actor consciente. No existe raz&oacute;n de Estado como no existe Estado racional (como quer&iacute;a Hegel) y como no existe algo as&iacute; como una "modernidad reflexiva". Son simples errores ret&oacute;ricos. Lo que s&iacute; existe son clases pol&iacute;ticas que deben gobernar complejos institucionales y maniobrar en un agitado mundo donde existen otras clases gobernantes que promocionan intereses de los Estados que comandan. Como estas relaciones pueden ser cooperativas y/o conflictivas y siempre una mezcla de ambos motivos, el realismo es f&aacute;cilmente definible como la capacidad de esa clase, o mejor, de sus miembros, de entender d&oacute;nde est&aacute;n sentados, qu&eacute; es lo que esperan de los otros, de qu&eacute; recursos disponen y con qu&eacute; habilidad o eficiencia pueden utilizarlos. Estos recursos forman un <i>stock</i> de poder pol&iacute;tico. Pero m&aacute;s que conocer sus fuerzas <i>vis a vis</i> las de otros Estados, comprender las <i>consecuencias</i> de las decisiones propias y ajenas es el mayor problema que enfrentan los estadistas o aspirantes a serlo. Es decir, consideramos realista a un pol&iacute;tico (o pol&iacute;tica), o a una clase pol&iacute;tica que comprende sus l&iacute;mites y sus posibilidades. La palabra "raz&oacute;n de Estado" es un recurso (metonimia) &uacute;til aunque impreciso, que no se refiere a que el Estado razone o sea producto de la voluntad racional, sino simplemente que existe un conjunto de instituciones e intereses bien definidos y m&aacute;s o menos constantes en el tiempo que gu&iacute;a el uso de los recursos estatales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Recursos estatales y poder pol&iacute;tico: <i>poder desp&oacute;tico y poder infraestructural</i></b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El realismo pol&iacute;tico versa sobre el poder de los Estados, pues si su centro de inter&eacute;s es la balanza de poder o el desequilibrio en la balanza de poder, las fuentes de poder de los Estados son la contraparte inseparable. Aqu&iacute; tambi&eacute;n el neorrealismo es puramente enunciativo. Enumera los recursos y es capaz de visualizar la manera &oacute;ptima de conjuntarlos <i>vis a vis</i> ciertos objetivos o percepciones sobre el entorno externo. Pero no ha desarrollado una teor&iacute;a del Estado en los t&eacute;rminos de la ciencia pol&iacute;tica o la sociolog&iacute;a moderna. En eso existe un retraso metodol&oacute;gico y conceptual. Basta decir que el realismo y su versi&oacute;n estadounidense llamada neorrealista, requieren un <i>bringing the State back in. Per contra,</i> como ha notado el profesor Randall Collins, los polit&oacute;logos y soci&oacute;logos pol&iacute;ticos olvidan con exasperante frecuencia las dimensiones geopol&iacute;ticas del Estado (Collins, 2004). El realismo originalmente se asoci&oacute; a una especie de estatismo ontol&oacute;gico. Pero el Estado es s&oacute;lo un ingrediente de la sociedad moderna. El Estado toma recursos sociales y los dirige a sus fines &#151;los de las clases pol&iacute;ticas que lo gobiernan&#151;. As&iacute; que no hay necesidad de asociar el realismo a un tipo de r&eacute;gimen especial sino a la manera en que obtiene esos recursos. Los polit&oacute;logos John A. Hall y G. John Ikenberry (1991), siguiendo los argumentos del historiador ingl&eacute;s Michael Mann (1988), han sugerido una diferencia elemental pero b&aacute;sica. Las dos formas en que el Estado accede a los recursos sociales son la <i>desp&oacute;tica</i> y la <i>infraestructural,</i> sugiriendo que esta &uacute;ltima es mucho mejor para maximizar a largo plazo los recursos estatales. B&aacute;sicamente se trata de la medida en que el Estado, por medio de sus pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, fortalece la capacidad de sus habitantes para engendrar riqueza, elevar su calidad de vida y, en general, fortalecer el capital social. El finado historiador Charles Tilly (2007) sigui&oacute; una ruta muy similar al describir los procesos en que el Estado se relaciona con los grupos sociales. Las formas de poder infraestructural modernas se asocian a procesos de democratizaci&oacute;n. El realismo es compatible con estos procesos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero si la democracia es compatible con el realismo en la pol&iacute;tica estatal, esto no significa aceptar el argumento de que entre las democracias no ocurren guerras. Como observa Waltz (2000a y 2000b; Mann, 2004), las democracias poderosas frecuentemente aplastan democracias en Estados d&eacute;biles, y el que no estallen guerras entre Estados democr&aacute;ticos no significa que sea porque son democracias sino porque existe una balanza de poder que inhibe la agresi&oacute;n unilateral. As&iacute; que el imperativo de la seguridad es esencial al argumento realista. El fracaso para entender los problemas de la seguridad convierte a los Estados en Estados fallidos (Waltz, 2000b: 37).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La pol&iacute;tica realista y la ciencia pol&iacute;tica realista</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El realismo pol&iacute;tico es, antes que nada, una actitud para actuar y entender. Pero la descripci&oacute;n de esta actitud se hace m&aacute;s complicada a medida que nos alejamos de la acci&oacute;n basada en el realismo y la reflexi&oacute;n sobre la realidad de la pol&iacute;tica. La <i>Realpolitik</i> es una invenci&oacute;n germ&aacute;nica, y simplemente se puede entender como la predisposici&oacute;n a pensar la ambici&oacute;n germana a convertirse en gran potencia a fines del siglo XIX y principios del XX, pero sus antecedentes son remotos. La actividad pol&iacute;tica no realista est&aacute; condenada a fracasar aunque no necesariamente sea irrelevante o inconsecuente. Movimientos ut&oacute;picos fracasar&aacute;n pero tendr&aacute;n consecuencias reales. El realismo se refiere a la consistencia entre los medios y los fines.<sup><a href="#nota">2</a></sup> As&iacute; que es errado imputar al realismo pol&iacute;tico una actitud diab&oacute;lica, que s&oacute;lo atiende a los fines, indiferente a los medios, o una actitud c&iacute;nica, que s&oacute;lo atiende los medios sin ver las consecuencias finales de los actos. El realismo pol&iacute;tico se basa en una simple consideraci&oacute;n de que la realidad existe, y en segundo lugar, que nuestros actos y los de otros tienen consecuencias en la realidad. El realismo pol&iacute;tico puede entonces definirse como una posici&oacute;n acerca de la valoraci&oacute;n de nuestros medios y fines y los de los dem&aacute;s, sean adversarios o no. El realismo es simplemente la aceptaci&oacute;n de que nuestros medios son inevitablemente limitados a cualquiera que sea nuestra ambici&oacute;n y que, por ende, &eacute;sta debe adecuarse a los medios. A estos medios los llamamos poder pol&iacute;tico. Son los recursos de que disponemos para influenciar a adversarios y amigos. Estos medios son recursos disponibles en el entorno de la organizaci&oacute;n social. Son econ&oacute;micos, ideol&oacute;gicos, administrativos, comunicativos y militares y/o coactivos. Generalmente estos recursos se encuentran juntos s&oacute;lo en el Estado, &eacute;ste puede y debe disponer de una combinaci&oacute;n y tratar de potenciar o mejorar su capacidad de utilizarlos, aumentando su magnitud y la capacidad de maniobrarlos. Su disponibilidad es en s&iacute; misma un recurso cuya realidad debe ser bien entendida por propios y extra&ntilde;os, pues de otra manera decimos que somos ingenuos o no actuamos en la realidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El realismo en el an&aacute;lisis de las relaciones internacionales es tambi&eacute;n el enfoque prevaleciente en la ciencia pol&iacute;tica estadounidense (Walt, 2002; Keohane, 1986; Sanders, 1998). Su fuerza, parad&oacute;jicamente, deriva del fracaso de los enfoques antag&oacute;nicos, como el neoliberalismo y las grotescas versiones apocal&iacute;pticas de los neoconservadores que han dominado la escena pol&iacute;tica en los Estados Unidos en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas.<sup><a href="#nota">3</a></sup> El profesor Stepen S. Walt ha dado una l&uacute;cida expresi&oacute;n al estado de la teor&iacute;a realista a principios de nuestro siglo XXI:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La teor&iacute;a realista dista, desde luego, de ser perfecta, y su inventario de recientes innovaciones no puede oscurecer sus limitaciones. Muchas teor&iacute;as realistas no son tan precisas como deber&iacute;an ser, la teor&iacute;a realista no aborda un n&uacute;mero importante de t&oacute;picos (como el compromiso global creciente por los derechos humanos) y no puede dar cuentas de muchos aspectos de los cambios en las relaciones internacionales. El concepto central de poder no est&aacute; bien conceptualizado, hip&oacute;tesis b&aacute;sicas siguen sin ser sustentadas, y variaciones dentro de la familia realista han proliferado m&aacute;s r&aacute;pido que los problemas que han resuelto. Considerando estos problemas, es claro concluir que la tradici&oacute;n realista es el peor enfoque para el estudio de las relaciones internacionales, excepto todas los dem&aacute;s (Walt, 2002: 230).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El realismo como enfoque anal&iacute;tico, sin embargo, es una teor&iacute;a de la balanza de poder y sus patrones estructurales de cambio y estabilidad, que nos recuerda la importancia de la pol&iacute;tica y el poder nacional en las relaciones internacionales, para prevenir agresiones y para construir coaliciones, espacialmente cuando el antiguo orden ya no lo es y el nuevo no surge.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Calva, Jos&eacute; Luis (2008), "Espejismos del comercio", en <i>El Universal,</i> M&eacute;xico, 1&deg; de mayo.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Central Intelligence Agency, <i>World Fact book 2008.</i> Disponible en: <a href="http://useconomy.about.com" target="_blank">http://useconomy.about.com</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323287&pid=S1665-0565201000030000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Collins, Randall (1999), <i>Macro History: Essays in Sociology of the Long Run,</i> Stanford, Stanford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323289&pid=S1665-0565201000030000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fukuyama, Francis (s/f), <i>El fin de la historia y el &uacute;ltimo hombre,</i> Barcelona, Editorial Planeta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323291&pid=S1665-0565201000030000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2004), <i>La construcci&oacute;n del Estado: hacia un nuevo orden</i> <i>mundial en el siglo XXl</i> Barcelona, Ediciones B.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323293&pid=S1665-0565201000030000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hall, John A. y G. John Ikenberry (1991), <i>El Estado,</i> M&eacute;xico, Ediciones Nueva Imagen.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323295&pid=S1665-0565201000030000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">The Joint Operations Enviroment (JOE) (2008), "Challenges and Implications for the Future Joint Force", United States Joint Forces Command. Disponible en: <a href="http://us.jfc.mil/sites/j5/j59/default.aspx" target="_blank">http://us.jfc.mil/sites/j5/j59/default.aspx</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323297&pid=S1665-0565201000030000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Julius, Deanne (2005), "US Economic Power. Waxing or Waning?", <i>Energy,</i> vol. 26, n&uacute;m. 4., invierno.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323299&pid=S1665-0565201000030000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Keohane, Robert O. (ed). ( 1986), <i>Neo&#45;Realism and its Critics,</i> Columbia University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323301&pid=S1665-0565201000030000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kennedy, Paul (1988), <i>Auge y ca&iacute;da de las grandes potencias,</i> M&eacute;xico, Editorial Plaza y Jan&eacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323303&pid=S1665-0565201000030000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kissinger, Henry (1995), <i>La diplomacia,</i> M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323305&pid=S1665-0565201000030000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lake, David A. (2001), "Realism", en <i>The Oxford Companion</i> <i>of Politics of the World</i> (editado por Joe Krieger), Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323307&pid=S1665-0565201000030000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mann, Michael (1988), <i>States, War and Capitalism,</i> Blackwell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323309&pid=S1665-0565201000030000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2003), <i>Incoherent Empire,</i> Nueva York y Londres, Verso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323311&pid=S1665-0565201000030000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Moseley, Alexander (2006), "Political Realism", en <i>The Internet Encyclopaedia of Philosophy.</i> Disponible en: <a href="http://iep.utm.edu/p/polreal.htm" target="_blank">http://iep.utm.edu/p/polreal.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323313&pid=S1665-0565201000030000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">O'Neill, Jim (2005), "BRIC's could point the way out of the Economic Mire", en <i>Financial Times,</i> Londres, septiembre 23, p. 28.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rapoport, Anatol (1968), "Introduction", en Carl Von Clausewitz, <i>On War,</i> Penguin Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323316&pid=S1665-0565201000030000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sanders, David (1998), "International Relations: Neo&#45;Realism and Neo&#45;Liberalism", en Robert Goodin y Hans&#45;Dieter Klingemann (eds.), <i>A New Handbook of Political Science,</i> Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323318&pid=S1665-0565201000030000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tilly, Charles (2007), <i>Democracy,</i> Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323320&pid=S1665-0565201000030000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Walt, Stephen M. (2002), "The Enduring Relevance of the Realist Theory", en Ira Katnelzon y Helen W. Milner (eds.), <i>Political Science: The State of the Discipline,</i> Nueva York, W.W. Norton &amp; Company.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323322&pid=S1665-0565201000030000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Waltz, Kenneth (1979), <i>Theory of International Politics,</i> Nueva York, McGraw&#45;Hill.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323324&pid=S1665-0565201000030000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1999), "Globalization and Governance", <i>PS Online,</i> diciembre.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2000a), "Intimations of Multipolarity", en Hansen, Birthe y Bertel Heurlin (eds.), <i>The New World Order,</i> Londres, McMillan Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323327&pid=S1665-0565201000030000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2000b), "Structural Realism alter the Cold War", <i>International Security,</i> vol. 25, n&uacute;m. 1, verano.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3323329&pid=S1665-0565201000030000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Queda fuera de foco el antirrealismo epistemol&oacute;gico y las corrientes posmodernistas francesas; tambi&eacute;n queda fuera de nuestra atenci&oacute;n la contribuci&oacute;n de estas epidemias intelectuales en la ciencia social mexicana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Por eso el realismo pol&iacute;tico ha atra&iacute;do a los practicantes de la teor&iacute;a de juegos, como Grieco.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> En la ciencia social, la ciencia pol&iacute;tica y las relaciones internacionales ha proliferado tambi&eacute;n versiones ef&iacute;meras pero no por ello menos extravagantes que se agrupan en la sombrilla del "posmodernismo". Por ejemplo, una ciencia de las relaciones internacionales "feminista", una ciencia pol&iacute;tica posmoderna, etc. No me ocupar&eacute; de estas rarezas por mucho que hayan provocado estados de pasmo entre muchos profesores a lo largo y ancho de las universidades especialmente francesas, y de rebote, en M&eacute;xico e incluso en los Estados Unidos.</font></p>      ]]></body><back>
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