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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Ojos imperiales</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Agust&iacute;n Vaca*</b></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesor&#45;investigador de El Colegio de Jalisco&#45;INAH.</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A principios de los a&ntilde;os setenta, C&eacute;sar Fern&aacute;ndez Moreno, en <i>Latinoam&eacute;rica en su literatura</i> (Siglo XXI, 1980), hac&iacute;a notar las deficiencias que presentan los conceptos cultural, ling&uuml;&iacute;stico, geogr&aacute;fico, racial y religioso para conformar la idea de regi&oacute;n latinoamericana. La categor&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica no basta, ni siquiera acompa&ntilde;ada de la localizaci&oacute;n geogr&aacute;fica, para incluir en Latinoam&eacute;rica a todos los pa&iacute;ses que tienen por lengua nacional alguna de las tres derivadas del lat&iacute;n que se impusieron en Am&eacute;rica, pues en tanto que Hait&iacute;, de habla francesa, s&iacute; cabe en esa denominaci&oacute;n, al Canad&aacute; que se expresa en ese mismo idioma no puede llam&aacute;rsele latinoamericano. De igual modo, el criterio racial se rompe ante la diversidad &eacute;tnica de los latinoamericanos, y destino similar corre la confesi&oacute;n religiosa, pues el catolicismo no es exclusivo de los pueblos americanos que se expresan en lenguas romances, como tampoco lo es el protestantismo de los angloparlantes.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con el fin de salvar tal complejidad, Fern&aacute;ndez Moreno propone dos elementos para empezar a explicar aquello que, de ra&iacute;z, une a Latinoam&eacute;rica. Primero, la dependencia territorial y pol&iacute;tica de monarqu&iacute;as ib&eacute;ricas, y despu&eacute;s la econ&oacute;mica de los pa&iacute;ses angloparlantes. En segundo lugar, "su inmersi&oacute;n en la m&aacute;s fuerte polaridad hist&oacute;rica de la actualidad: el abismo que se abre entre los pa&iacute;ses ricos y los pobres". A estos criterios agrega el geogr&aacute;fico, en el que "se apoyan, expresa o t&aacute;citamente, todos los que hasta ahora hemos compulsado". De ah&iacute;, pues, que Latinoam&eacute;rica sea "toda aquella tierra americana que queda al sur del r&iacute;o Grande o Bravo &#91;pues en ella&#93; existe cierta homogeneidad cultural, pol&iacute;tica, social, ling&uuml;&iacute;stica, religiosa".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los criterios de dependencia, pobreza y geograf&iacute;a resultan operantes para agrupar a los pueblos latinoamericanos, y mediante los dos primeros es posible trazar m&aacute;s semejanzas entre &eacute;stos y las naciones africanas, que con los pueblos ricos del norte de Am&eacute;rica: Estados Unidos y Canad&aacute;. A partir, pues, de la independencia econ&oacute;mica de que gozan esos dos pa&iacute;ses, se creer&iacute;a que sus habitantes, angloparlantes y franc&oacute;fonos, habr&iacute;an superado ya los resquemores coloniales que tanto nos molestan y preocupan a los latinoamericanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por eso, la primera sorpresa que tuve, casi al empezar la lectura de <i>Ojos imperiales. Literatura de viajes y transculturaci&oacute;n,</i> fue la de encontrarme que, por lo menos en Canad&aacute;, sigue vivo el sentimiento anticolonialista. Aunque separados, pues, por la geograf&iacute;a y la riqueza, este asunto tiende un lazo de uni&oacute;n entre Canad&aacute; y los pa&iacute;ses latinoamericanos. Pero hubo m&aacute;s sorpresas que me impulsaron a leerlo hasta el final pr&aacute;cticamente de corrido, pues lejos de toda pedanter&iacute;a erudita y sin &aacute;nimos de aplastarnos con un saber enciclop&eacute;dico, Pratt nos entrega un ampl&iacute;simo panorama del conocimiento y de la construcci&oacute;n del mismo a lo largo de casi siglo y medio. Las 385 p&aacute;ginas de <i>Ojos imperiales</i> est&aacute;n divididas en tres partes, nueve cap&iacute;tulos y 38 ilustraciones. No voy a hacer referencia a ninguna de ellas en particular, pero s&iacute; dir&eacute; que el todo est&aacute; afincado con firmeza en lo que ya desde hace algunos a&ntilde;os se ha formulado como "la cuesti&oacute;n del otro".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para tratar este problema, Pratt toma como materia prima un subg&eacute;nero literario: las narraciones de viajes, al que, hasta donde tengo noticia, muy pocos estudiosos le han prestado la atenci&oacute;n que ella nos demuestra que se merece. Con este material emprende un doble an&aacute;lisis cr&iacute;tico: del g&eacute;nero, por una parte, y de las ideolog&iacute;as imperialistas, las europeas y las euroamericanas. Tal doble an&aacute;lisis le exigi&oacute; la creaci&oacute;n de conceptos, entre los que sobresale el de "zona de contacto", el cual utiliza para referirse "al espacio de los encuentros coloniales, al espacio en que pueblos geogr&aacute;fica e hist&oacute;ricamente separados entran en contacto y establecen relaciones duraderas, relaciones que usualmente implican condiciones de coerci&oacute;n, radical desigualdad e insuperable conflicto", pero tambi&eacute;n le sirve para abordar las relaciones entre colonizados y colonizadores "en t&eacute;rminos de copresencia, de interacci&oacute;n, de una trabaz&oacute;n de comprensi&oacute;n y pr&aacute;cticas, muchas veces dentro de relaciones de poder radicalmente asim&eacute;tricas". El empleo de este concepto tambi&eacute;n le exigi&oacute; un esfuerzo, logrado en forma notable, de diversificaci&oacute;n disciplinar. En este sentido, es un libro que presenta "zonas de contacto" entre varias disciplinas: historia, cr&iacute;tica literaria, an&aacute;lisis del discurso, antropolog&iacute;a, sociolog&iacute;a y hasta psicoan&aacute;lisis se dan la mano para establecer el entramado sobre el que se levanta una seria y demoledora cr&iacute;tica social en contra de los colonialismos de cualquier clase y especie.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo que toca al an&aacute;lisis del g&eacute;nero, Mary Louise Pratt subdivide la literatura de viajes en distintas categor&iacute;as: cient&iacute;fica, informativa, de cautiverio, de supervivencia, de anticonquista, sentimental. A cada una le corresponde una manera diferente de expresar el mismo prop&oacute;sito: justificar la dominaci&oacute;n y la expropiaci&oacute;n; cosa que refuerza el an&aacute;lisis cr&iacute;tico de las ideolog&iacute;as contenidas en dichas narraciones. As&iacute;, los ojos imperiales quedan desprovistos de todo velo para mostrar al desnudo los prop&oacute;sitos subyacentes al desinter&eacute;s aparente del discurso. En principio, dichas categor&iacute;as establecen la influencia de las narraciones de viajes en la bipartici&oacute;n de la Tierra en Europa y "el resto del mundo", siendo &eacute;ste considerado como bot&iacute;n para la expansi&oacute;n econ&oacute;mica y territorial de las metr&oacute;polis europeas. Pero tambi&eacute;n trazan una l&iacute;nea de correspondencia, de influencia, entre las narraciones de viajes y el conocimiento que forjan en los lectores europeos de regiones hasta entonces desconocidas, dando lugar a conceptos y apreciaciones err&oacute;neos, siempre te&ntilde;idos de racismo y discriminaci&oacute;n, acerca de las gentes que habitan otras latitudes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir del an&aacute;lisis de este g&eacute;nero literario, Pratt desmonta, paso a paso, el mito de la supremac&iacute;a blanca, tanto en lo que se refiere al verdadero conocimiento cient&iacute;fico como en lo que toca a cuestiones &eacute;tnicas. Esta pr&aacute;ctica discursiva, la literatura de viajes, constituye un veh&iacute;culo formidable para "naturalizar", para introducir subrepticiamente la idea de que los europeos son "naturalmente" superiores al resto de habitantes del mundo. As&iacute;, queda establecido el entroncamiento entre las pr&aacute;cticas discursivas y las sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del mismo modo, en <i>Ojos imperiales</i> es posible apreciar la funci&oacute;n social de los textos que conforman la literatura de viajes. Si nos atenemos al principio de que no hay textos inocentes, de que todo texto tiene distintas formas de lectura, sacar a la luz su significado profundo exige su puesta en relaci&oacute;n con todas las circunstancias de producci&oacute;n del texto, de todo aquello que posibilita la creaci&oacute;n de un texto y que determina que &eacute;ste haya sido escrito as&iacute; y de ninguna otra manera, y en un momento bien definido. El lugar que Pratt les encuentra en el proceso de apropiaci&oacute;n, dominio y explotaci&oacute;n de los territorios conquistados los descubre como textos que legalizan "la apropiaci&oacute;n colonial", aun cuando en algunos casos, como el del conjunto de escritos que Mary Louise agrupa bajo el rubro de "anticonquista", se "rechace la ret&oacute;rica, y probablemente la pr&aacute;ctica, de la conquista y la dominaci&oacute;n". De cualquier manera, el an&aacute;lisis despiadado de la autora no deja resquicio alguno por donde se pueda escapar la vocaci&oacute;n euroccidental de dominio cultural, educativo, cient&iacute;fico y econ&oacute;mico en todo el mundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los ojos de Mary Louise nos muestran que el proceso de apropiaci&oacute;n de los territorios conquistados es paralelo a un cambio en las pr&aacute;cticas discursivas. Del discurso de asombro inicial ante las diferencias que los europeos encuentran en los territorios reci&eacute;n hallados, pasan al discurso de deshumanizaci&oacute;n, mediante el cual los abor&iacute;genes forman parte del paisaje y, como ella lo demuestra, ya no son vistos ni o&iacute;dos, s&oacute;lo utilizados de la misma manera en que lo son la flora y la fauna ind&iacute;gena. Como bien se&ntilde;ala Pratt, las relaciones interpersonales, a&uacute;n las rom&aacute;nticas, sentimentales o puramente sexuales, estaban sujetas a la dominaci&oacute;n europea, y si bien en algunos casos en estas historias sentimentales asoma la punta del rechazo al sometimiento incondicional a los moldes europeos, denuncia la supercher&iacute;a del amor interracial correspondido en situaci&oacute;n de reciprocidad, pues "si bien los amantes desaf&iacute;an las jerarqu&iacute;as coloniales, en &uacute;ltima instancia se someten a ellas". Al discurso deshumanizante de las regiones descubiertas y colonizadas le sigue la arqueologizaci&oacute;n, proceso por el cual "la imaginaci&oacute;n europea produce sujetos arqueol&oacute;gicos escindiendo a los pueblos contempor&aacute;neos no europeos de sus pasados precoloniales, y hasta coloniales". Revivir la historia y la cultura ind&iacute;genas como arqueolog&iacute;a es revivirlas <i>muertas.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero uno de los mayores atractivos de <i>Ojos imperiales</i> es el de demostrar que el proceso de transculturaci&oacute;n no es unilateral, sino que se trata de un proceso dial&oacute;gico, en el que la parte colonizada participa activamente, aun cuando esta intervenci&oacute;n sea escamoteada por el pensamiento europeo y hasta ignorada por los conquistados. De ah&iacute; la importancia del papel del lenguaje en la conciencia, cuya renovaci&oacute;n exige la exploraci&oacute;n de las posibilidades con palabras y sentidos nuevos. Las palabras nuevas transgreden lo establecido. Pratt nos muestra c&oacute;mo el discurso de la literatura de viajes transgrede primero lo establecido en el mundo reci&eacute;n descubierto, lo reinventa, formula una representaci&oacute;n tripartita que va de la representaci&oacute;n que se forja, a la que se hacen sus lectores y termina necesariamente en el objeto de tal representaci&oacute;n: los hombres y las cosas del mundo que se abre a la conquista, colonizaci&oacute;n y explotaci&oacute;n. Pero por otra parte, sirve de v&iacute;nculo entre la literatura independentista latinoamericana y la literatura de viajes, sobre todo en el caso de los escritos de Humboldt que, seg&uacute;n Pratt, son los que dan el sustrato sobre el cual edificar esa legitimaci&oacute;n. Pratt se da la mano con el Fern&aacute;ndez Retamar de <i>Calib&aacute;n</i> en su aseveraci&oacute;n del uso que hacen los conquistados de las estructuras ideol&oacute;gicas y culturales que les han impuesto los conquistadores y que se transmiten por medio del lenguaje, como armas para combatirlos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En tanto que autor de los textos fundadores del pensamiento criollo despu&eacute;s de la independencia, Humboldt es quien abre los ojos de este grupo al camino de la legitimaci&oacute;n. Resulta un juego entre la ideolog&iacute;a, la palabra que le sirve de soporte y la representaci&oacute;n que surge de ella. Pero esta &uacute;ltima se utiliza como pretexto subyugador, por parte de los noreuropeos, al igual que fundamento liberador, por parte de las &eacute;lites criollas. De ah&iacute; que sea tan sugerente la hip&oacute;tesis de Pratt en el sentido de ubicar el nacimiento del romanticismo en las zonas de contacto de Am&eacute;rica, &Aacute;frica del Norte y los Mares del Sur. Esto explicar&iacute;a en gran medida las diferencias del significado que tom&oacute; el romanticismo en Europa y Am&eacute;rica; aqu&iacute; no pocos cr&iacute;ticos de arte han visto al romanticismo como un movimiento de imitaci&oacute;n en el que se adaptan las formas europeas a temas aut&oacute;ctonos y que dura un periodo muy corto, sin tomar en cuenta que, como ya lo ha se&ntilde;alado Jean Franco <i>(The Modern Culture in Latin America,</i> 1970), el llamado modernismo es el movimiento realmente rom&aacute;ntico en Am&eacute;rica, pues el que recibi&oacute; ese nombre en Europa fue m&aacute;s un cambio en las t&eacute;cnicas de expresi&oacute;n art&iacute;stica, en tanto que los modernistas americanos asum&iacute;an una posici&oacute;n pol&iacute;tica bien determinada alentada por ideas liberadoras, anticolonialistas e independentistas, aunque, como bien dice Pratt, "conservando al mismo tiempo la supremac&iacute;a blanca y los valores de base europea".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para terminar, quiero decir que concuerdo con Mary Louise en que las similitudes que ella ha encontrado en el discurso para describir &Aacute;frica y Am&eacute;rica, pese a las diferencias hist&oacute;ricas de ambos continentes, se debe a la:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; inmensa flexibilidad de esta ret&oacute;rica de la desigualdad, normalizadora y homogeneizadora. Ella afirma su poder sobre toda persona o lugar cuya vida haya sido organizada seg&uacute;n principios diferentes de los mecanismos racionalizadores y maximizadores de la producci&oacute;n industrial y la manipulaci&oacute;n del capitalismo mercantilista... Este poder discursivo esencializador es impermeable a todo, al menos hasta que los que son vistos tambi&eacute;n sean escuchados.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lectura, pues, de este libro liberador de Mary Louise Pratt, no puede ser menos que la invitaci&oacute;n a cegar los ojos imperiales y a intentar el ejercicio de la mirada propia, de manera m&aacute;s consistente y m&aacute;s profunda.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Nota</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mary Louise Pratt (1997), <i>Ojos imperiales. Literatura de viajes y transculturaci&oacute;n</i> (trad. Ofelia Castillo), Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 385 p.</font></p>      ]]></body>
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