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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Emoción, género y vida cotidiana: apuntes para una intersección antropológica de la paternidad]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social de Occidente Doctorado en Ciencias Sociales Especialidad en Antropología Social]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Teor&iacute;a y debate</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Emoci&oacute;n, g&eacute;nero y vida cotidiana: apuntes para una intersecci&oacute;n antropol&oacute;gica de la paternidad</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Manuel Mora*</b></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="left"><font face="verdana" size="2"><i>* Estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales con especialidad en Antropolog&iacute;a Social, CIESAS&#45;Occidente. M&eacute;xico;</i> <a href="mailto:mora@iteso.mx">mora@iteso.mx</a></font></p> 	    <p align="left">&nbsp;</p> 	    <p align="left"><font face="verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n: 28 de abril de 2005.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     Fecha de aceptaci&oacute;n: 06 de mayo de 2005.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis de la emoci&oacute;n como constitutivo de la acci&oacute;n social resulta fundamental para comprender la incidencia de los aspectos afectivos en la interpretaci&oacute;n de la realidad, desde el seno de la vida cotidiana. El presente trabajo busca discutir la importancia de la emoci&oacute;n como co&#45;constitutivo de la acci&oacute;n social, para acercarlo a una interpretaci&oacute;n semi&oacute;tica de la identidad masculina, en aras de comprender las formas en que las emociones que genera la paternidad inciden en ella.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras clave:</b> Masculinidad, paternidad, semiosis social, g&eacute;nero, identidad.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los aspectos fundamentales de la antropolog&iacute;a se centra en la comprensi&oacute;n de la cultura que se genera en el micromundo de la vida cotidiana. La forma en que la vida social opera en ella la convierte en objeto crucial para entender los modos en los que la cultura y la sociedad se intersecan con la subjetividad de los actores sociales. La reproducci&oacute;n, transformaci&oacute;n y normalizaci&oacute;n de la sociedad se activan en la significaci&oacute;n que se construye a trav&eacute;s de la dimensi&oacute;n subjetiva mediante la apropiaci&oacute;n y la reformulaci&oacute;n de los modelos, los esquemas y las propuestas simb&oacute;licas que ambas generan. El an&aacute;lisis que la antropolog&iacute;a realiza sobre esta acci&oacute;n significante y significativa abre ahora la posibilidad de centrarse en un aspecto que, por distintas circunstancias, hab&iacute;a estado relativamente al margen de las discusiones sobre la sociedad y la cultura: la emoci&oacute;n, que llama la atenci&oacute;n por su importante papel en la percepci&oacute;n que la acci&oacute;n subjetiva construye sobre la realidad. En el presente ensayo pretendo identificar algunos aspectos de esta discusi&oacute;n y encaminarlos hacia una intersecci&oacute;n entre la antropolog&iacute;a y la semi&oacute;tica, en busca de una reflexi&oacute;n sobre el papel que tienen las emociones en la constituci&oacute;n de la identidad masculina. El ejercicio intentar&aacute; apuntar hacia la relevancia del an&aacute;lisis de las emociones en el marco de la vida cotidiana, y su incidencia en el ejercicio de la paternidad, en un intento interdisciplinario por explicar esta acci&oacute;n social desde su dimensi&oacute;n afectiva.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="left"><font face="verdana" size="2"><b>Vida cotidiana y significaci&oacute;n: la acci&oacute;n social &iquest;emotiva?</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><b><font face="verdana" size="2"></font></b><font face="verdana" size="2">Desde la concepci&oacute;n fundacional de Weber sobre la comprensi&oacute;n de la realidad <i>(Verstehen),</i> en la que se entiende la implicaci&oacute;n de una "referencia motivacional subjetiva o simb&oacute;lica" (Parsons, 1968: 719), la perspectiva del sujeto ha implicado la necesidad de estudiar las formas en que tal referencia incide en la constituci&oacute;n de la vida social. Tanto la sociolog&iacute;a como la antropolog&iacute;a han considerado este <i>Verstehen</i> desde la racionalidad de la acci&oacute;n social y sus implicaciones en la consecuci&oacute;n de fines relacionados con la producci&oacute;n y la reproducci&oacute;n de la cultura. La mirada positivista, sin embargo, dej&oacute; de lado la importancia de la emoci&oacute;n como elemento co&#45;constitutivo de la comprensi&oacute;n de la realidad, por considerarla no s&oacute;lo un problema metodol&oacute;gico, sino una concepci&oacute;n ontol&oacute;gica. Al decir de Parsons, el an&aacute;lisis del <i>Verstehen</i> implicaba la b&uacute;squeda de la libertad racional y l&oacute;gica, que persigue fines espec&iacute;ficos y f&aacute;cilmente observables y medibles. Como apunta en <i>La estructura de la acci&oacute;n social,</i> en referencia al significado del <i>Verstehen:</i></font></p>     <blockquote>       <p align="left"><font face="verdana" size="2">Es cuando actuamos m&aacute;s racionalmente cuando nos sentimos m&aacute;s libres, y lo curioso es que, dado el fin, la acci&oacute;n racional es, en grado eminente, predecible y est&aacute; sujeta a an&aacute;lisis en t&eacute;rminos de conceptos generales. El sentido de libertad en este caso, es un sentimiento de ausencia de compulsi&oacute;n por elementos emocionales (Parsons, 1968: 719).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bajo esta concepci&oacute;n, la racionalidad objetiva de las ciencias sociales consider&oacute;, junto con Weber, la necesidad de comprender la <i>acci&oacute;n racional</i> a partir de la subjetividad de quien la realiza, siempre desde un marco contextual y te&oacute;rico ordenado. De acuerdo con la lectura que Parsons hace sobre el trabajo de Weber, esta comprensi&oacute;n de la acci&oacute;n social implica entenderla desde el significado subjetivo que el actor o los actores operan en ella para orientarlas a un curso espec&iacute;fico, asociado a su vez a un "significado subjetivo" (Parsons: 784), siempre en relaci&oacute;n con las acciones y los significados de otros que interact&uacute;an en el mismo contexto. De este modo, los tipos ideales que Weber propuso para el an&aacute;lisis de la acci&oacute;n social (conductual, &eacute;tica, tradicional y afectiva) implicaron su interpretaci&oacute;n a partir de las condiciones, los medios, los fines y los valores &eacute;ticos que, racionalmente, busca el sujeto social en el ejercicio de su acci&oacute;n, dejando fuera de la discusi&oacute;n el &uacute;ltimo tipo ideal. Y esto porque, como apunta Parsons, la definici&oacute;n de <i>acci&oacute;n emocional</i> que Weber da no parece adecuada para completar su teor&iacute;a, ya que "...no hay en parte alguna de la obra emp&iacute;rica de Weber un <i>empleo</i> positivo del concepto que sea de alg&uacute;n modo comparable al empleo incluso del tradicionalismo...". La conclusi&oacute;n obvia, desde el punto de vista de Parsons, "parece ser la de que hay que considerar a la acci&oacute;n afectiva como una categor&iacute;a residual" (Parsons: 792). Con esta l&oacute;gica, la tradici&oacute;n positivista de las ciencias sociales prefiri&oacute; no abordar el aspecto emocional de la acci&oacute;n individual, pues result&oacute; m&aacute;s sencillo considerarla como residual en tanto su medici&oacute;n resultaba epistemol&oacute;gica y metodol&oacute;gicamente inoperante. Adem&aacute;s, aunque los soci&oacute;logos cl&aacute;sicos hayan abordado algunas situaciones sociales desde lo emocional (Durkheim y el sentimiento de solidaridad, Weber y el carisma, Marx y la alienaci&oacute;n &#151;Hochschild, 1998: 3&#151;), el hecho de que su interpretaci&oacute;n fuera b&aacute;sicamente positivista o idealista hizo que dejaran olvidado el pensamiento que sobre las emociones se formulan los individuos en su actuar cotidiano. Esto ha tra&iacute;do consecuencias para la comprensi&oacute;n de la interacci&oacute;n social, especialmente la que se refiere a los procesos de significaci&oacute;n, comunicaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n de las emociones en el marco de la vida cotidiana y de la acci&oacute;n individual, no s&oacute;lo porque la primera es un espacio de reproducci&oacute;n de la vida social, sino porque es adem&aacute;s un espacio de socializaci&oacute;n en donde el individuo aprehende y comprende pragm&aacute;ticamente la cultura (Berger y Luckman, 1976; Montesinos, 1996).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior lleva a considerar que el an&aacute;lisis de la emoci&oacute;n, como categor&iacute;a social, debe partir de una integraci&oacute;n de sus caracter&iacute;sticas y sus funciones en el an&aacute;lisis sociol&oacute;gico y antropol&oacute;gico, en aras de una mejor comprensi&oacute;n de la complejidad de la vida social. El espacio id&oacute;neo para ello, como apunt&eacute; al inicio, es la vida cotidiana pues, al ser "una realidad interpretada", cuya caracter&iacute;stica b&aacute;sica es el "significado subjetivo de un mundo coherente", se entiende que la cotidianidad implica distintas "dimensiones" o "realidades m&uacute;ltiples", objetivadas y ordenadas en un "aqu&iacute; y ahora", de modo que la conciencia que el sujeto tiene de s&iacute; y del entorno se articulan para configurar esa interpretaci&oacute;n coherente y fundamental de la acci&oacute;n social (Berger y Luckmann: 36&#45;40). Si esto es verdad para los tipos ideales de acci&oacute;n social, igual debe serlo para la acci&oacute;n emotiva, en tanto es la vida cotidiana el espacio id&oacute;neo para la comprensi&oacute;n, la expresi&oacute;n y la regulaci&oacute;n de las emociones &#151;aun cuando aparezca el sentido pragm&aacute;tico de la actividad social&#151;. Es decir, la vida cotidiana ejerce influencia decisiva en la configuraci&oacute;n de los patrones de conducta emocional de los individuos, igual que sucede con otras dimensiones de la identidad individual.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta distinci&oacute;n permite reconocer que el aspecto emocional de la acci&oacute;n social se aprehende y se comprende &#151;al igual que los valores y las actitudes &eacute;ticas&#151; en el seno de la experiencia cotidiana, pues su car&aacute;cter intersubjetivo requiere de una interpelaci&oacute;n constante para la adecuaci&oacute;n de la acci&oacute;n en el entorno sociocultural. Si entendemos la vida cotidiana como "el conjunto de valores, orientaciones, actitudes, expectativas &#91;...&#93; normas, conductas y pr&aacute;cticas sociales" (Montesinos, 1996: 191) reproducidas en un espacio social espec&iacute;fico (familia, trabajo, escuela, esparcimiento), podemos entender las formas en que las interacciones que en ella suceden operan tambi&eacute;n en la conformaci&oacute;n de los rasgos emocionales del sujeto, y en las formas como este &uacute;ltimo interpreta sus emociones y sentimientos para adecuarlos y experimentarlos en otros espacios cotidianos, y ayudarlo a interpretar la realidad que lo circunda.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, se comprende que la emoci&oacute;n est&eacute; regulada por factores sociales y culturales,<sup><a href="#notas">1</a></sup> de modo que puede entend&eacute;rsele como una acci&oacute;n en s&iacute; misma, ya que se compone de una significaci&oacute;n subjetiva basada en una situaci&oacute;n espacial y temporal localizada social y culturalmente. La gama de emociones<sup><a href="#notas">2</a></sup> que se presentan en la vida cotidiana conforman un c&oacute;digo de significaci&oacute;n particular, el cual puede analizarse igual que otros c&oacute;digos culturalmente configurados, puesto que opera bajo signos objetivables (en tanto operativos en un contexto espec&iacute;fico) y perceptibles que tienen la intenci&oacute;n expl&iacute;cita de servir como indicio de significados subjetivos (Berger y Luckman: 52&#45;54), en este caso manifiestos a trav&eacute;s de las expresiones corporales y verbales. Por ello, el concepto <i>emoci&oacute;n</i> en el estudio de cultura y la sociedad es vital para comprender su conexi&oacute;n con la acci&oacute;n del individuo y el <i>Verstehen</i> que produce en su interpretaci&oacute;n de la realidad. Con esta postura, reconocemos con Simon Williams y Gillian Bendelow la necesidad de reivindicar el estudio de las emociones desde la sociolog&iacute;a y, particularmente, desde la antropolog&iacute;a para "repensar la relaci&oacute;n entre conocimiento y emoci&oacute;n y construir modelos conceptuales que demuestren la relaci&oacute;n constitutiva entre raz&oacute;n y emoci&oacute;n" (Williams y Bendelow, 1998: xvi), en un intento por compartir la cr&iacute;tica postestructuralista/postmodernista al modelo cartesiano de la raz&oacute;n e incorporar la emoci&oacute;n como categor&iacute;a anal&iacute;tica para la interpretaci&oacute;n de la acci&oacute;n social y cultural. Al mismo tiempo, coincidimos con ellos en resaltar el &eacute;nfasis que implica considerar la emoci&oacute;n como un &iacute;ndice corporeizado de la expresi&oacute;n "base del <i>self,</i> la socialidad, la significaci&oacute;n y el orden localizados dentro de los l&iacute;mites socioculturales de la vida cotidiana, y de las formas ritualizadas de interacci&oacute;n e intercambio" (Williams y Bendelow, 1998: xvi&#45;xvii), sin la cual no es posible comprender la referencia motivacional subjetiva y simb&oacute;lica que propuso Weber para definir la acci&oacute;n social.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p><font face="verdana" size="2"><b>Emociones culturalizadas: la sociolog&iacute;a de la emoci&oacute;n y su interpretaci&oacute;n semi&oacute;tica</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el punto de vista sociol&oacute;gico, la emoci&oacute;n es una categor&iacute;a de an&aacute;lisis reciente. Eduardo Bericat (2000) reconoce la importancia de la obra de Arlie Russell Hochschild, <i>The Sociology of Feelings and Emotion,</i> publicado en 1975, como ensayo pionero en el an&aacute;lisis de las emociones. De acuerdo con Bericat, Hochschild entiende que las emociones est&aacute;n orientadas a la acci&oacute;n, pero tambi&eacute;n hacia la cognici&oacute;n, de modo que est&aacute;n condicionadas tanto con las expectativas previas a una situaci&oacute;n como con su funci&oacute;n de <i>se&ntilde;al</i> para indicar "la autorrelevancia para el propio actor de una situaci&oacute;n dada" (Hochschild, 1979, en Bericat, 2000: 160). De acuerdo con Bericat, las emociones son importantes porque "reflejan la perspectiva vital del actor en sus contextos, marcando de esta manera una v&iacute;a de acceso diferente para el an&aacute;lisis de las definiciones de la situaci&oacute;n" y, por ende, "para el an&aacute;lisis social" (ib&iacute;dem).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al seguir a Bericat, reconocemos la importancia que para Hochschild tienen las emociones, pues est&aacute;n "cargadas de significados, de sentidos anclados en unos espec&iacute;ficos contextos socio hist&oacute;ricos", los cuales se articulan en tres dimensiones:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; La dimensi&oacute;n <i>normativa,</i> en la que se entiende que las normas sociales tambi&eacute;n se aplican a las emociones, como modo de control social "que definen lo que debemos sentir en diversas circunstancias, indicando cu&aacute;l es el sentimiento apropiado y deseable en cada caso".</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; La dimensi&oacute;n <i>expresiva,</i> que se basa en las normas sociales para indicar la intensidad, la direcci&oacute;n y la duraci&oacute;n de la emoci&oacute;n.</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; La dimensi&oacute;n <i>pol&iacute;tica,</i> que legitima la emoci&oacute;n cl&iacute;nicamente (desviaciones "normales" de la expresi&oacute;n de la emoci&oacute;n seg&uacute;n los par&aacute;metros de un actor "sano"), moralmente (donde el juicio cuestiona la legitimidad de sentir o no algo), y socio&#45;institucionalmente (conforme al lugar y la situaci&oacute;n en la que el actor siente o manifiesta una emoci&oacute;n) (Bericat, 2000: 160).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con estos par&aacute;metros, Bericat indica que el estudio de las emociones puede "orientarse hacia el an&aacute;lisis del sistema emocional que portan las ideolog&iacute;as, ancladas en distintas posiciones de una estructura social y, por tanto, asociadas a distintos modelos o patrones de intercambio". En este sentido, la "cultura emocional" se refleja "ideol&oacute;gicamente de acuerdo con modelos vinculados al orden de las castas o de las clases sociales, al de los grupos &eacute;tnicos o a los de g&eacute;nero" (Bericat, 2000: 164), y puede ser interpretada como fundamento de la acci&oacute;n social y comprender as&iacute; su dimensi&oacute;n afectiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta interpretaci&oacute;n culturalizada de la emoci&oacute;n como base para la acci&oacute;n social puede entenderse mejor al considerarla, seg&uacute;n la misma Arlie Russell Hochschild, como "otro sentido", mediante el cual aprendemos y reaprendemos acerca de la relaci&oacute;n "constantemente cambiante entre el <i>self</i> y el mundo, tal y como el mundo significa para el <i>self..."</i> (Hochschild, 1998: 5&#45;6). Aunque Hochschild reconoce que la emoci&oacute;n est&aacute; constituida por una base biol&oacute;gica, tambi&eacute;n afirma que existe un aspecto social que no puede deslindarse de ella: una "yuxtaposici&oacute;n entre una expectativa reciente y una aprehensi&oacute;n inmediata" que inducen al sujeto a considerar la normatividad que la cultura y la ideolog&iacute;a le imponen para expresarse emocionalmente (ib&iacute;dem: 6). Esta yuxtaposici&oacute;n opera tanto la dimensi&oacute;n expresiva como la dimensi&oacute;n normativa, en una especie de "diccionario emocional" (&iacute;dem) que la cultura ofrece al individuo para formular una acci&oacute;n emotiva que resulte significativamente definida conforme los fines que persigue al expresarse. En esta misma yuxtaposici&oacute;n entra en juego, adem&aacute;s, la experiencia individual del sujeto, cuya historia le permite interpretar la situaci&oacute;n y adecuar su emoci&oacute;n conforme las circunstancias que la detonaron. Tal proceso implica no s&oacute;lo el reconocimiento de la emoci&oacute;n y su expresi&oacute;n, sino las condiciones simb&oacute;licas y significativas que ser&aacute;n interpretadas dentro del contexto en el que la emoci&oacute;n es expresada, lo que remite necesariamente al sujeto a un proceso de "control"<sup><a href="#notas">3</a></sup> de la emoci&oacute;n y de su expresi&oacute;n verbal y corporal, para acceder a la comprensi&oacute;n que espera en el otro que lo observa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta interacci&oacute;n, forzosamente comunicativa, deviene en importancia en tanto la emoci&oacute;n es susceptible de ser significada, primero por quien la experimenta y la expresa, luego por quien percibe esa expresi&oacute;n. Dicho de otro modo, la acci&oacute;n social es necesariamente interacci&oacute;n comunicativa localizada cultural y socialmente, en tanto "proceso de afectaci&oacute;n mutua en donde los interlocutores ejecutan recursos tanto emocionales como cognitivos" (Crossley, 1998: 16). Los componentes o signos, no verbales o verbales, se ponen en juego para la interpretaci&oacute;n de la emoci&oacute;n en la situaci&oacute;n social donde se genera, lo que lleva a entender que la emoci&oacute;n no es exclusivamente un estado subjetivo de la mente humana sino, como propone Anna Wierzwika, una estructura simb&oacute;lica que permite reconocer tanto un referente corporal <i>(sentimiento</i> o <i>feeling)</i> como un <i>pensamiento</i> (entendido como referente social &#151;o representaci&oacute;n simb&oacute;lica, desde el lenguaje&#151; que acompa&ntilde;a a ese <i>sentimiento;</i> Wierzwika, 1999: 11&#45;12). As&iacute;, la concepci&oacute;n que Wierzwika propone sobre la emoci&oacute;n &#151;un sentimiento basado en un pensamiento <i>(thought based feeling;</i> 1999: 15)&#151; sugiere, en coincidencia con Hocshchild, una relaci&oacute;n directa con la realidad, puesto que la percepci&oacute;n de una emoci&oacute;n se construye a partir de una situaci&oacute;n dada &#151;o, como dice la misma Wierzwika, un "escenario protot&iacute;pico", culturalmente hablando&#151; (ib&iacute;dem). Esta interpretaci&oacute;n de la emoci&oacute;n como un constructo intersubjetivo permite reconocer la importancia de las emociones en la estructura simb&oacute;lica que genera las acciones dentro de la vida cotidiana, puesto que es susceptible de ser observada, registrada e interpretada a partir de la hermen&eacute;utica del actor mismo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, si, como decimos, la emoci&oacute;n comprende una estructura simb&oacute;lica que se articula a partir de la dial&eacute;ctica entre la experiencia individual en la vida cotidiana y los referentes normativos que han sido construidos culturalmente para regularla, es una condici&oacute;n obligada del an&aacute;lisis de las emociones el asociarlas a la cultura y comprender, como anunciamos al inicio, las formas en las que las emociones se corporeizan para servir de v&iacute;nculo entre la experiencia individual y el <i>Verstehen</i> del sujeto sobre la realidad. Este inter&eacute;s se basa en la concepci&oacute;n de la cultura como "caldo de cultivo" para la generaci&oacute;n de significados y su circulaci&oacute;n en todos los &aacute;mbitos de la vida social. Epistemol&oacute;gicamente, se entiende que la cultura precisa de estrategias de construcci&oacute;n de sentido (es decir, procesos de significaci&oacute;n) como veh&iacute;culos para la articulaci&oacute;n de los c&oacute;digos sociales con la acci&oacute;n, de tal suerte que existen procesos comunicativos que articulan la producci&oacute;n de sentido en contextos socioculturales espec&iacute;ficos, con la resignificaci&oacute;n que los actores sociales asignan a los sentidos sociales a trav&eacute;s de su acci&oacute;n cotidiana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con Klaus Brun Jensen (1995), existe actualmente una discusi&oacute;n en cuanto a comprender la comunicaci&oacute;n (entendida en general como un proceso de articulaci&oacute;n de sentido entre instituciones y grupos sociales) como un fen&oacute;meno "sociomaterial y semi&oacute;tico&#45;discursivo", en el que los actores sociales (sean estos sujetos individuales o colectivos) juegan un papel fundamental (Jensen, 1995: 18). En la l&oacute;gica de esta actividad, Jensen retoma la propuesta de Charles S. Pierce sobre la semiosis social, para considerarla como un proceso continuo de significaci&oacute;n "que orienta la cognici&oacute;n y acci&oacute;n humanas", el cual puede considerarse tambi&eacute;n como un mecanismo continuo de reacci&oacute;n "que transmite el significado de la acci&oacute;n social" (ib&iacute;dem: 29). Esto nos remite, en consecuencia, a los procesos de producci&oacute;n, circulaci&oacute;n y apropiaci&oacute;n de significados que se suceden en los actos comunicativos contextualizados en distintos &aacute;mbitos de la acci&oacute;n social, al mismo tiempo que supone que los actores sociales (en tanto audiencias participativas de distintos fen&oacute;menos de producci&oacute;n de sentido), se representan el mundo a trav&eacute;s de los signos que componen la actividad social.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, la vida cotidiana es un espacio social fundamental para las construcciones de sentido necesarias para interpretar la realidad y donde los signos juegan un papel primordial en tanto portadores de significado, pues las diferencias que genera su interpretaci&oacute;n, en la ubicaci&oacute;n espacio&#45;temporal (Giddens, 1995) y contextual de los sujetos que los interpretan, permiten la configuraci&oacute;n de c&oacute;digos de interpretaci&oacute;n y reconocimiento sobre la realidad, para actuar en ella. Por tanto, cualquier pr&aacute;ctica cotidiana en constante interacci&oacute;n con su entorno opera multiplicidad de significados que la configuran para activarlos en los procesos de semiosis social. La activaci&oacute;n significante permite, como dice Jensen, articular y rearticular a la sociedad, atribuyendo significado a los elementos del contexto comunicativo que interviene en este proceso: las otras personas, los sucesos cotidianos, las estructuras sociales (ib&iacute;dem: 21).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La comunicaci&oacute;n se convierte, en este proceso de interacci&oacute;n social, en pr&aacute;ctica indispensable para que los sujetos entablen "mutuamente un proceso social de semiosis que hace referencia a un objeto de inter&eacute;s com&uacute;n y, en consecuencia, negocian el estado de los diferentes signos para llegar a un grado de intersubjetividad", que permita la inclusi&oacute;n de estos actores (que pueden ser individuales o colectivos) dentro de la acci&oacute;n social. Ello indica, pues, que la interacci&oacute;n comunicativa permite que los agentes sociales sean capaces de redefinirse mutuamente, as&iacute; como sus intenciones y contextos, como "sujetos y objetos de la acci&oacute;n, como fines y medios de la sociedad" (Jensen, ib&iacute;dem: 21), por lo que la activaci&oacute;n de una discursividad capaz de poner en juego las apropiaciones de los significados al interior de la vida social, ayuda a comprender los modos en que esos significados han sido construidos. En otras palabras, como el discurso incluye la interacci&oacute;n cotidiana y las formas de conciencia que constituyen el medio de la construcci&oacute;n social de la realidad (Berger y Luckman, 1996), es posible pensar en el discurso como portador de las construcciones de sentido que se configuran a partir de la interacci&oacute;n entre actores sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La definici&oacute;n que da Jensen sobre el discurso se vuelve, entonces, fundamental para entender los procesos de la acci&oacute;n emocional: si el discurso se entiende como el uso del lenguaje y otros sistemas semi&oacute;ticos en contextos sociales, incluyendo las pr&aacute;cticas (a las que Jensen les a&ntilde;ade una condici&oacute;n de reflexividad; ib&iacute;dem: 108), la apuesta estriba en estudiar las condiciones de semiosis social que ponen en juego una amplia diversidad de operaciones discursivas &#151;simb&oacute;licas y significantes&#151; dentro del fen&oacute;meno de la emoci&oacute;n. Si, como dice Wierzwika, la emoci&oacute;n se articula con escenarios sociales para la significaci&oacute;n de los mismos, habr&aacute; que estudiar c&oacute;mo es que los c&oacute;digos que norman la expresi&oacute;n de las emociones inciden, como indica Hochschild, en la interpretaci&oacute;n de la cultura a trav&eacute;s de ellas y de sus efectos en la acci&oacute;n social.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, aunque Wierzwicka apunta la necesidad de un escenario en el que sentimiento y pensamiento se integren para generar una emoci&oacute;n, la concepci&oacute;n situacional de la emoci&oacute;n no apunta las estrategias que los actores tienen para articular emoci&oacute;n y escenario social, ni c&oacute;mo opera el estatus de significaci&oacute;n de las emociones en la interpretaci&oacute;n de la vida cotidiana, pues su enfoque es fundamentalmente ling&uuml;&iacute;stico. Hace falta, entonces, un modelo que explique c&oacute;mo las emociones pueden, al mismo tiempo, ubicarse dentro de un contexto social que las norme y servir como detonantes para la significaci&oacute;n de la vida cotidiana, especialmente cuando esta &uacute;ltima ofrece m&uacute;ltiples escenarios para la conformaci&oacute;n de las identidades sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al recordar Jensen la vieja propuesta de Pierce sobre la semiosis social, hace &eacute;nfasis en que, dentro de la l&oacute;gica de la significaci&oacute;n, existe un tipo particular de signo que Pierce denomina <i>interpretante,<sup><a href="#notas">4</a></sup></i> y que sirve al actor para "orientarse e interactuar con una realidad diversa de cosas, eventos y discursos", de modo que cualquier <i>interpretante</i> detona una consecuci&oacute;n de asociaciones entre signos: la <i>interpretaci&oacute;n</i> del sentido que se construye en cada asociaci&oacute;n, lo que obliga a comprenderla como "un proceso continuo de la interacci&oacute;n humana con la realidad, en tanto un acto a la vez, internaliza los fen&oacute;menos externos a trav&eacute;s del medio de los signos" (Jensen, 1995: 22). Esta concepci&oacute;n semi&oacute;tica de la interacci&oacute;n social &#151;y, por ende, de la cultura&#151; implica que "todos los fen&oacute;menos sean siempre conceptualizados y sujetos de semiosis". De acuerdo con lo anterior, Jensen implica que el sentido del yo, desde la mirada de Pierce, es "el indirecto y acumulativo resultado de numerosas semiosis cuya consistencia sugiere un centro subjetivo" (ib&iacute;dem), lo cual reformula la interpretaci&oacute;n del <i>Verstehen</i> de Weber para identificarlo no ya como una referencia, sino como un recurso de significaci&oacute;n construido desde la racionalidad del individuo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La consideraci&oacute;n de la emoci&oacute;n desde un punto de vista social, cultural y racional (en tanto mecanismo de control para regular la expresi&oacute;n afectiva) pone sobre la mesa el papel de los interpretantes emocionales para la semiosis social. Jensen indica que los interpretantes emocionales refieren a diferentes aspectos de los efectos producidos por la comunicaci&oacute;n (Jensen, 1995: 24), que pueden considerarse como <i>interpretantes finales,</i> ya que inducen a la semiosis a un proceso <i>ad infinitum</i> que se concentra en "el efecto que el Signo <i>podr&iacute;a</i> producir sobre cualquier mente cuyas circunstancias le permitan trabajar sobre estos efectos" (Pierce, citado en Jensen, ib&iacute;dem. El &eacute;nfasis est&aacute; en el original). Jensen apunta aqu&iacute; que Pierce conceb&iacute;a en ocasiones al <i>interpretante final</i> como el &uacute;ltimo eslab&oacute;n en una cadena interpretativa que podr&iacute;a conducir a la transformaci&oacute;n de la acci&oacute;n social. Cito aqu&iacute; la expresi&oacute;n literal de Pierce, a fin de comprender cabalmente sus implicaciones en la antropolog&iacute;a:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">It can be proved that the only mental effect that can be so produced and that is not a sign but is of a general application is a habit&#45;change; meaning by a habit&#45;change a modification of a person's tendencies toward action, resulting from previous experiences or from previous exertions of his will or acts, or from a complexus of both kinds of cause (en Clarke, 1990: 83, citado en Jensen, 1995: 24&#45;25).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta conexi&oacute;n entre la semiosis y la acci&oacute;n resulta crucial para entender la operatividad de las emociones en la vida social, y, al mismo tiempo, invita a la b&uacute;squeda por estrategias metodol&oacute;gicas que permitan construir el dato sobre las "modificaciones de h&aacute;bitos" impl&iacute;citas en la significaci&oacute;n y la operatividad de los significados en la acci&oacute;n social. Dicho en t&eacute;rminos sociol&oacute;gicos, concebir las emociones como <i>signos interpretantes de la vida social</i> ofrece la posibilidad de reinterpretar las estrategias metodol&oacute;gicas de la antropolog&iacute;a, la sociolog&iacute;a y, ahora, la comunicaci&oacute;n, para orientar el an&aacute;lisis hacia una "racionalidad afectiva" que permita resolver la dualidad cartesiana de la vida social y resignificarla como un conjunto de interacciones comunicativas, cuya base emocional detona la semiosis social.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font face="verdana" size="2"><b>Identidad masculina y semiosis social: la intersecci&oacute;n emocional</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vista desde esta perspectiva, la semiosis social de las emociones es un objeto de cuyo an&aacute;lisis pueden derivar nuevas interpretaciones sobre la vida cotidiana. Esto porque la dimensi&oacute;n afectiva de la acci&oacute;n social ayudar&iacute;a a reconocer c&oacute;mo sus recursos tradicionales (medios y fines) tienden hacia el reconocimiento de su aspecto m&aacute;s subjetivo, y que resulta significativo para su comprensi&oacute;n total. En este sentido es que podr&iacute;an explicarse fen&oacute;menos sociales relacionados con lo afectivo: la tendencia a la baja del matrimonio y la tendencia a la alta de la solter&iacute;a como opci&oacute;n de vida (Castells, 1999: 163&#45;164); los v&iacute;nculos emocionales que afectan las relaciones al interior de la familia; el alto &iacute;ndice de enfermedades derivadas del estr&eacute;s citadino, por ejemplo. En todos ellos existe un &iacute;ndice emocional lo suficientemente significativo como para ser interpelado por el an&aacute;lisis antropol&oacute;gico y semi&oacute;tico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De inter&eacute;s particular, y siendo congruentes con esta postura, creemos que el an&aacute;lisis de las identidades de g&eacute;nero puede entenderse desde la acci&oacute;n emocional. Esto porque el estudio de las masculinidades resulta de importancia pues enfatiza el reconocimiento de ese "otro" que las mujeres han reconocido como eje referencial para comprender las diferencias en el uso del poder, la dominaci&oacute;n y la ideolog&iacute;a. Como ha dicho recientemente Patricia Ponce:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez cuestionada la condici&oacute;n de las "mujeres", problematizar sobre la construcci&oacute;n de las masculinidades era s&oacute;lo cuesti&oacute;n de tiempo. La perspectiva de g&eacute;nero &#91;...&#93; al insistir en la importancia del rescate de las experiencias masculinas para el an&aacute;lisis y la comprensi&oacute;n de las complejas relaciones existentes entre los sexos contribuy&oacute;, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, al desarrollo de los estudios sobre "los hombres" (Ponce, 2004: 7).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La emergencia de estos estudios conlleva la comprensi&oacute;n de que no existe "una" masculinidad, sino una amplia variedad de manifestaciones, derivadas todas de los distintos espacios p&uacute;blicos y privados en los que los hombres intervienen. As&iacute; es como se han desarrollado diversas investigaciones sobre lo que significa ser "hombre", sobre <i>c&oacute;mo se hace</i> un hombre y <i>c&oacute;mo act&uacute;a</i> un hombre, puesto que:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; la construcci&oacute;n de "la masculinidad" es un proceso complejo en el cual se combinan el poder, el dolor y el gozo en el marco no s&oacute;lo de la socializaci&oacute;n, la exigencia social y los estereotipos dominantes sobre "la masculinidad", sino tambi&eacute;n de la propia construcci&oacute;n de las subjetividades acordes con las representaciones hegem&oacute;nicas de lo que implica ser var&oacute;n, es decir, "hombre de verdad", "hombre con letras may&uacute;sculas" (Ponce, 2004: 7&#45;8).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al ser la paternidad una de las dimensiones importantes de la masculinidad &#151;dada su evidente agencia en la conformaci&oacute;n de la instituci&oacute;n familiar&#151; supone la cristalizaci&oacute;n de buena parte de los esquemas simb&oacute;licos del modelo masculino (la proveedur&iacute;a, la responsabilidad, la capacidad de procreaci&oacute;n, el control y la toma de decisiones sobre otros &#151;pareja, hijos&#151;, entre otras). El inter&eacute;s por este aspecto de la masculinidad deriva de ciertos rasgos sociales, econ&oacute;micos y culturales que reflejan los cambios que el denominado modelo hegem&oacute;nico de masculinidad sufre en nuestros tiempos. Su an&aacute;lisis requiere no s&oacute;lo comprender las relaciones que existen entre los c&oacute;digos de masculinidad y las variaciones en el ejercicio de la paternidad, sino tambi&eacute;n revisar la cuesti&oacute;n emocional como elemento sustancial en tanto v&iacute;nculo significante entre la identidad y la acci&oacute;n, entre el <i>yo</i> y la agencia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo anterior, se hace necesaria una revisi&oacute;n de la <i>masculinidad</i> desde distintos &aacute;ngulos: el g&eacute;nero y sus mitos fundantes, el rol social y sus responsabilidades, y la diferencia con la feminidad no s&oacute;lo desde el punto de vista cultural, sino desde la misma percepci&oacute;n y experimentaci&oacute;n de la realidad a trav&eacute;s de sus propios c&oacute;digos (Kindlon y Thompson, 1999), y de los efectos que &eacute;stos tienen en la interacci&oacute;n con otras personas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La introyecci&oacute;n de los c&oacute;digos de masculinidad, construidos social, cultural e hist&oacute;ricamente, forman un estilo particular en el var&oacute;n para comprender y ejercer su "derecho a la afectividad", de modo que la exteriorizaci&oacute;n de sus emociones est&aacute; ligada a la continuidad de su biograf&iacute;a como var&oacute;n y a la reflexividad que detone la experiencia de la paternidad y la pareja. Y esto porque los c&oacute;digos de masculinidad respecto de las actitudes y las emociones, en tanto difieren de los c&oacute;digos femeninos, alimentan el autoconocimiento del var&oacute;n y su trayectoria dentro de las interacciones sociales que circundan a la familia. La incidencia, adem&aacute;s, de los factores de cambio que ha generado la posmodernidad (Giddens, 1998; Castells, ib&iacute;dem) en las estructuras sociales y culturales, hacen que la emoci&oacute;n se convierta en factor fundamental para comprender las estrategias de relaci&oacute;n entre el var&oacute;n y su entorno, entre el padre y su familia, entre el hombre y su pareja. La discusi&oacute;n, entonces, estriba en identificar las articulaciones que la paternidad, la masculinidad y la emoci&oacute;n <i>masculina</i> generan para reconfigurar la identidad del g&eacute;nero en la actualidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El imaginario general sobre la paternidad actual habla de procesos de transformaci&oacute;n, de reacomodo y de recomposici&oacute;n del modelo patriarcal, aunque con ciertos matices, pues los estudios sobre masculinidades y paternidad contin&uacute;an encontrando contradicciones al respecto. Como dice Audrey Liceaga, al cuestionar el imaginario sobre el <i>padre ausente:</i> "Las conclusiones de la mayor&iacute;a de los estudios realizados en los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os acerca del rol del padre en la familia apuntan en sentido contrario: todo indica que la funci&oacute;n paterna tiene una influencia profunda en el desarrollo social, emocional e intelectual de sus hijos" (Liceaga, 2000). No obstante lo anterior, tambi&eacute;n es evidente que esta funci&oacute;n paterna y masculina sufre modificaciones, mismas que pueden entenderse al reconocer el papel de la mujer en las transformaciones de la vida laboral, gracias a su inserci&oacute;n a partir del inicio de los a&ntilde;os ochenta, especialmente en Am&eacute;rica Latina, y en las transformaciones de la vida familiar que conlleva este fen&oacute;meno (Chant, 2003: 161 y ss.; 194 y ss.; Montesinos, 2002: 43), al grado de observar cambios importantes en las relaciones de pareja, en las relaciones familiares y, especialmente, en el modelo que sustenta a la familia (Montesinos, 2002; Seidler, 2000; Chant, 2003).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Rafael Montesinos, el que la paternidad est&eacute; cambiando a partir de los procesos arriba citados, implica pensar en:</font>	</p> 	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; la paradoja que significa el intentar replantear el modelo tradicional de la paternidad, para dar paso a una paternidad cifrada en un ejercicio racional de la autoridad que genere relaciones familiares m&aacute;s placenteras y libres del peso de normas anticuadas que provocan m&aacute;s el distanciamiento entre los miembros del c&iacute;rculo familiar que una proximidad construida a partir del afecto y el respeto por los dem&aacute;s (Montesinos, 2002: 171 y ss.)</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si la paternidad, como indica este autor "es una de las formas sociales mediante las cuales se expresa la identidad masculina" y est&aacute; en transformaci&oacute;n, es necesario comprender "la <i>retroalimentaci&oacute;n simb&oacute;lica</i> existente entre el individuo y la colectividad, en la cual el var&oacute;n reproduce un esquema introyectado de ese rol que intenta ser enriquecido a partir de la experiencia concreta y de la capacidad reflexiva..." de cada padre (Montesinos, 2002: 173; el &eacute;nfasis es m&iacute;o). Aunque esta idea sobre la paternidad afectiva todav&iacute;a tiene un largo camino por recorrer, parece que est&aacute; trascendiendo la condici&oacute;n tradicionalmente tangencial del hombre para la procreaci&oacute;n (en el sentido de la incapacidad "natural" para la "crianza"). Esto porque las condiciones sociales y culturales de la modernidad est&aacute;n transformando la definici&oacute;n de la paternidad hacia una direcci&oacute;n m&aacute;s cercana y emocional, tal y como se indica en el reporte de la ONU sobre el "Estado de la poblaci&oacute;n mundial, 2000":</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las cambiantes circunstancias est&aacute;n creando tensiones similares en hogares de Am&eacute;rica Latina &#91;...&#93; En las &uacute;ltimas tres generaciones, han cambiado las expectativas de los hombres en calidad de conductores y protectores del hogar &#91;...&#93; Seg&uacute;n una reciente encuesta de opini&oacute;n p&uacute;blica en dos ciudades peruanas, Lima y Callao, se lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que en el ideal de paternidad ahora se valora el afecto para con los ni&ntilde;os y la comunicaci&oacute;n con ellos.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, &iquest;qu&eacute; significa esta transformaci&oacute;n? Por un lado, est&aacute; el modelo hegem&oacute;nico masculino, antes mencionado, en el que aparecen como condicionantes de su constituci&oacute;n desaf&iacute;os o mandatos (trabajar, formar una familia y tener hijos) que conducen al var&oacute;n a construir una identidad en funci&oacute;n del hacer y el tener para "ser un padre": es, como apunta Olavarr&iacute;a "un elemento estructurante del deber ser en el ciclo vital de los hombres &#91;...&#93; uno de los pasos fundamentales del tr&aacute;nsito de la infancia/adolescencia hacia la madurez".<sup><a href="#notas">6</a></sup> Por otro lado, est&aacute; la condici&oacute;n afectiva, que ha llevado al hombre "a cuestionarse, provocando cambios en su concepci&oacute;n de hombre y de padre"<sup><a href="#notas">7</a></sup> ya que las emociones generadas en el ejercicio de la paternidad est&aacute;n ligadas tanto a la responsabilidad como a la relaci&oacute;n con los integrantes de la familia y a los efectos que esas emociones inducen en la interacci&oacute;n cotidiana. Sin embargo, los factores econ&oacute;micos y culturales de la actualidad, al condicionar el ejercicio de la paternidad, especialmente en lo que se refiere a la apropiaci&oacute;n de la normativa hegem&oacute;nica, parecen conducir a los hombres a un profundo cuestionamiento sobre su papel como padres. Si, como dicen Guttman, Viveros y Olavarr&iacute;a, la agencia resulta un factor determinante en la significaci&oacute;n de la masculinidad, y en este caso de la paternidad, tenemos que los hombres, desde su subjetividad, se ven obligados a cuestionar el modelo patriarcal porque:</font></p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; encuentran que el patr&oacute;n tradicional patriarcal de la paternidad pierde vigencia, las condiciones materiales, las exigencias de mujeres e hijos y sus propias aspiraciones lo cuestionan. Asimismo, las demandas de sus mujeres por mayor autonom&iacute;a y equidad, por mayor intensidad afectiva e involucramiento de los padres en la crianza de sus hijos &#91;...&#93;</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, las propias aspiraciones, especialmente de los varones m&aacute;s j&oacute;venes, por participar m&aacute;s estrechamente en la crianza y crecimiento de sus hijos y compartir con su pareja las responsabilidades de proveer la familia, le plantean preguntas que no tienen respuestas claras en torno a su paternidad (Olavarr&iacute;a, ib&iacute;dem).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto se ha interpretado como un cambio en las formas tradicionales de la paternidad (proveedor, responsable, dominante), hacia una direcci&oacute;n m&aacute;s compartida de las responsabilidades, hacia una compenetraci&oacute;n m&aacute;s fuerte en el acompa&ntilde;amiento de los hijos, hacia una b&uacute;squeda de nuevas definiciones de la constituci&oacute;n familiar. En t&eacute;rminos sociales, Olavarr&iacute;a afirma que estos cambios "han impactado los significados subjetivos de lo dom&eacute;stico, ha introducido nuevas pr&aacute;cticas y creado una serie de nuevos dilemas" que los padres se han visto forzados a enfrentar (Olavarr&iacute;a, 2003: 333), como el reconocer que las mujeres, al ingresar a la fuerza laboral "no regresan &#91;temprano&#93; a casa", ya que implica no s&oacute;lo el reordenamiento de la vida familiar, sino modificaciones en "las relaciones y significados" que se articulan entre hombres y mujeres, y en lo que para los hombres significa "ingresar a la esfera de lo privado" (2003: 335).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otras palabras, parece que la paternidad dirige su reconfiguraci&oacute;n desde lo masculino hacia un reconocimiento no s&oacute;lo de las condiciones sociales del hombre como actor social, sino tambi&eacute;n de la condici&oacute;n <i>emocional,</i> que culturalmente est&aacute; controlada por los c&aacute;nones del modelo hegem&oacute;nico que define lo masculino en nuestra cultura. En este sentido, el punto de vista de Guttman respecto de la constituci&oacute;n de la identidad masculina desde "lo que los hombres dicen y hacen <i>para ser hombres,</i> y no s&oacute;lo en lo que los hombres dicen y hacen" (Guttman, 2000: 43&#45;44), ayuda a comprender la paternidad desde su aspecto <i>simb&oacute;licamente</i> operativo: la pr&aacute;ctica que se entiende a partir de la asunci&oacute;n de ciertas actitudes y actividades derivadas de la situaci&oacute;n de procreaci&oacute;n (sea &eacute;sta consentida o no por el individuo) y las responsabilidades que genera. Por tanto, para entender no s&oacute;lo el ejercicio de la paternidad como una manifestaci&oacute;n de la masculinidad, sino tambi&eacute;n su elemento afectivo, como recomienda Montesinos, y especialmente la "retroalimentaci&oacute;n simb&oacute;lica" entre individuo y sociedad, es necesario estudiar y comprender las variaciones que la paternidad manifiesta en nuestros d&iacute;as dentro de un marco que explique los efectos no s&oacute;lo sociales y econ&oacute;micos, sino emotivos y significativos que tiene la posmodernidad en los significados de la paternidad y en las transformaciones que su nueva condici&oacute;n genera en el reordenamiento de lo masculino.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta este momento, los estudios sobre masculinidad y paternidad han hecho patente la importancia de los cambios por los que el ideal hegem&oacute;nico y patriarcal transita en nuestros d&iacute;as. Tanto Guttman como Olavarr&iacute;a han encontrado que, al menos en lo que respecta al desempe&ntilde;o de funciones dom&eacute;sticas, los hombres se han incorporado a la vida privada de la din&aacute;mica familiar (Guttman, 2000; Olavarr&iacute;a, 2003), de modo que significan su participaci&oacute;n como un ejercicio de afecto, compa&ntilde;&iacute;a y amor e, incluso, como un deber moral. El comentario de Olavarr&iacute;a al respecto indica que hay cambios en los significados que los hombres que estudi&oacute; en la ciudad de Santiago de Chile est&aacute;n construyendo sobre su inserci&oacute;n al ambiente dom&eacute;stico, pues "...presentan una autoimagen favorable, que refleja el hecho de que han asimilado una mirada m&aacute;s igualitaria en sus relaciones de pareja, y una mayor intimidad con sus hijos" (Olavarr&iacute;a, op. cit.: 341&#45;342). Sin embargo, este autor apunta tambi&eacute;n el riesgo que se corre al no reconocer la otra cara de la moneda, cuando se trata de padres desempleados temporal o consuetudinariamente que sufren el efecto de la depresi&oacute;n debido a su percepci&oacute;n como hombres, condici&oacute;n que afecta tanto la relaci&oacute;n de pareja como la respectiva con los hijos (Olavarr&iacute;a, 2003: 338&#45;345).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &eacute;nfasis en lo emocional, entonces, adquiere relevancia antropol&oacute;gica para los estudios de g&eacute;nero, en especial para los estudios de masculinidad, pues parece condicionar la significaci&oacute;n y la respuesta de los hombres frente a los efectos econ&oacute;micos y sociales del cambio en el modelo patriarcal. En este sentido, es importante preguntarse c&oacute;mo es que las emociones derivadas del ejercicio de la paternidad inciden en la reconfiguraci&oacute;n de las identidades masculinas, y en las relaciones que estos hombres&#45;padres mantienen con sus familias y sus coet&aacute;neos. Ello requiere de una comprensi&oacute;n de lo emocional a partir, como ya hemos indicado, de una perspectiva social y antropol&oacute;gica, basada en la operatividad de la semiosis social que sirva para delimitar las fronteras epistemol&oacute;gicas entre lo racional y lo emocional de la acci&oacute;n social. Y esto en el marco de las diferencias sociales y culturales que puedan aparecer en un estudio de tal naturaleza, porque no hay certeza de si tal serie de cambios y condiciones de la paternidad actual opera en todas las clases sociales, en todos los territorios, en todas las culturas. Al menos, los estudios hechos por Guttman en un barrio popular de la ciudad de M&eacute;xico, por Olavarr&iacute;a en Santiago de Chile, Escobar Latap&iacute; en ciudades como Guadalajara, Monterrey y la ciudad de M&eacute;xico &#151;por citar s&oacute;lo los aqu&iacute; mencionados&#151;, indican que estos cambios identitarios aparecen en distintas clases sociales, pero especialmente en las clases media baja y media que viven en espacios urbanos de alta concentraci&oacute;n poblacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De seguir con esta pista, se mostrar&iacute;a que las circunstancias actuales de la din&aacute;mica laboral, por ejemplo, inciden en la reconformaci&oacute;n simb&oacute;lica y operativa de la identidad de los padres, tanto por lo ya comentado sobre la inserci&oacute;n de la mujer a la vida laboral, como por la reformulaci&oacute;n de los espacios de trabajo &#151;cuya tendencia apunta hacia el trabajo individualizado en los sectores de servicios secundarios y especializados, desincorporado de los grandes conglomerados obreros y desterritorializado de las f&aacute;bricas o los enclaves industriales&#151;. En este sentido, es posible pensar que el fen&oacute;meno de reconfiguraci&oacute;n de las identidades masculinas y paternas a partir de la condici&oacute;n afectiva puede ser un fen&oacute;meno transclasista, al menos urbano, ya que las condiciones actuales que ofrece la posmodernidad inciden en distintas estructuras sociales y culturales que operan en la ciudad como territorio global que localiza las fuerzas del mercado y de la "mundializaci&oacute;n de la cultura" y las resignifica para apropiarlas a su contexto y su territorio. Podr&iacute;a aventurarse, incluso, que estos cambios &#151;que han empezado a ser considerados en el an&aacute;lisis social desde la d&eacute;cada de 1990&#151; repercuten en la acci&oacute;n cotidiana de los hombres y las mujeres quienes, en el marco institucional de la familia, parecen reformular sus relaciones y reordenar sus acciones &#151;y lo que para ellos significan&#151; en una suerte de <i>identidad proyecto</i> (Castells, ib&iacute;dem: 31) cuyo <i>Verstehen</i> se encuentra en plena fase de definici&oacute;n.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Amado, Ana y Nora Dom&iacute;nguez, "Presentaci&oacute;n", en Bendelow, Gillian y Simon J. Williams, <i>Emotions in Social Life. Critical Themes and Contemporary Issues,</i> Londres, Rutledge, New Fetter Lane, 1998, pp. 15&#45;20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357201&pid=S1665-0565200500030000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Balderston, Daniel y Donna J. Guy (comp.), <i>Sexo y sexualidades en Am&eacute;rica Latina,</i> Paid&oacute;s, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357203&pid=S1665-0565200500030000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Berger, Peter y Thomas Luckmann, <i>La construcci&oacute;n social de la realidad,</i> Argentina, Amorrortu Editores, 1979 (quinta reimpresi&oacute;n).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357205&pid=S1665-0565200500030000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bericat Alastuey, Eduardo, "La sociolog&iacute;a de la emoci&oacute;n y la emoci&oacute;n en la sociolog&iacute;a", en <i>Papers,</i> Barcelona, 2000, n&uacute;m. 62, pp. 147&#45;176.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357207&pid=S1665-0565200500030000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Castells, Manuel, <i>La era de la informaci&oacute;n. Vol. II: El poder de</i> <i>la identidad,</i> M&eacute;xico, Siglo XXI Editores, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357209&pid=S1665-0565200500030000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"> Chant, Sylvia y Nikki Craske, <i>Gender in Latin America,</i> New Brunswick, New Jersey, Rutgers University Press, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357211&pid=S1665-0565200500030000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Connell, R. W., <i>Masculinidades,</i> M&eacute;xico, PUEG&#45;UNAM, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357213&pid=S1665-0565200500030000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Crossley, Nick, "Emotion and Communicative Action. Habermas, linguistic Philosophy and Existentialism", en <i>Emotions in Social Life. Critical Themes and Contemporary Issues,</i> Londres, Rutledge, New Fetter Lane, 1998, pp. 16&#45;36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357215&pid=S1665-0565200500030000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estrada Igu&iacute;niz, Margarita (coord.), <i>1995. Familias en la crisis,</i> M&eacute;xico, CIESAS, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357217&pid=S1665-0565200500030000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Escobar Latap&iacute;, Agust&iacute;n, "Men and Their Histories: Restructuring, Gender Inequality and Life Transitions in Urban Mexico", en Guttman, Matthew C., <i>Changing Men and Masculinities in Latin America,</i> EU, Duke University Press, 2003, pp. 84&#45;114.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357219&pid=S1665-0565200500030000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Evans, Dylan, <i>Emoci&oacute;n. La ciencia del sentimiento,</i> Espa&ntilde;a, Taurus, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357221&pid=S1665-0565200500030000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Giddens, Anthony, <i>Modernidad e identidad del yo,</i> Barcelona, Espa&ntilde;a, Ediciones Pen&iacute;nsula, 1998 (segunda edici&oacute;n).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357223&pid=S1665-0565200500030000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;</i>, <i>La constituci&oacute;n de la sociedad. Bases para la teor&iacute;a de</i> <i>la estructuraci&oacute;n,</i> Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357225&pid=S1665-0565200500030000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guttman, Matthew C., <i>Ser hombre de verdad en la ciudad de M&eacute;xico. Ni macho ni mandil&oacute;n,</i> El Colegio de M&eacute;xico, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357227&pid=S1665-0565200500030000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;</i>, Changing Men and Masculinities in Latin America, EU, Duke University Press, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357229&pid=S1665-0565200500030000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;</i>, "Introduction", en <i>Changing Men...,</i> pp. 1&#45;23.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357231&pid=S1665-0565200500030000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hochschild, Arlie Russell, "The Sociology of Emotion as a Way of Seeing", en <i>Emotions in Social Life. Critical Themes and Contemporary Issues,</i> Londres, Rutledge, New Fetter Lane, 1998, pp. 3&#45;15.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357233&pid=S1665-0565200500030000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jensen, Klaus Bruhn, <i>The Social Semiotics of Mass Communication,</i> Sage Publications, Londres, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357235&pid=S1665-0565200500030000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kindlon, Daniel y Michael Thompson, <i>Educando a Ca&iacute;n. C&oacute;mo proteger la vida emocional del var&oacute;n,</i> M&eacute;xico, Atl&aacute;ntida, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357237&pid=S1665-0565200500030000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lamphere, Louise, "Feminismo y antropolog&iacute;a", en Ramos Escand&oacute;n, Carmen, <i>El g&eacute;nero en perspectiva: de la dominaci&oacute;n universal a la representaci&oacute;n m&uacute;ltiple,</i> M&eacute;xico, UAM, 1991, pp. 279&#45;309.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357239&pid=S1665-0565200500030000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Montesinos, Rafael, "Vida cotidiana, familia y masculinidad", en <i>Sociol&oacute;gica,</i> a&ntilde;o 11, n&uacute;m. 13 (Vida cotidiana y sentido com&uacute;n. Enfoques te&oacute;ricos y aproximaciones emp&iacute;ricas), mayo&#45;agosto de 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357241&pid=S1665-0565200500030000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;</i>, <i>Las rutas de la masculinidad,</i> Barcelona, Biblioteca Iberoamericana de Pensamiento&#45;Gedisa, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357243&pid=S1665-0565200500030000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Olavarr&iacute;a, Jos&eacute;, "Men at home? Chile Rearing and Housekeeping among Chilean Working&#45;Class Fathers, en Guttman, Matthew C., <i>Changing Men and Masculinities in Latin America,</i> EU, Duke University Press, 2003, pp. 27&#45;57, pp. 333&#45;350.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357245&pid=S1665-0565200500030000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Parsons, Talcott, <i>La estructura de la acci&oacute;n social,</i> Madrid, Ediciones Guadarrama, 1968.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357247&pid=S1665-0565200500030000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pollack, William, <i>&iquest;Qu&eacute; pasa con los muchachos de hoy?,</i> M&eacute;xico, Norma, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357249&pid=S1665-0565200500030000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Scott, Joan W., "El g&eacute;nero: una categor&iacute;a &uacute;til para el an&aacute;lisis hist&oacute;rico", en Lamas, Martha (comp.), <i>El g&eacute;nero: la construcci&oacute;n social de la diferencia sexual,</i> M&eacute;xico, PUEG&#45;Porr&uacute;a, 2000 (2<sup>a</sup> reimpresi&oacute;n), pp. 265&#45;302</font>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357251&pid=S1665-0565200500030000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Viveros Vigota, Mara, "Contemporary Latin American perspectives on Masculinity", en Guttman, Matthew C., <i>Changing Men and Masculinities in Latin America,</i> EU, Duke University Press, 2003, pp. 27&#45;57.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357253&pid=S1665-0565200500030000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wierzwika, Anna, <i>Emotions Across Languages and Cultures: Diversity and Universals,</i> Par&iacute;s&#45;Reino Unido, Cambridge University Press&#45;Editions de la Maisons des Sciences de l'Homme. 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357255&pid=S1665-0565200500030000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Referencias de publicaciones peri&oacute;dicas </b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Desacatos. Masculinidades diversas,</i> CIESAS, oto&ntilde;o&#45;invierno 2004, n&uacute;mero 15&#45;16.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357259&pid=S1665-0565200500030000100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Liceaga, Audrey, "El desaf&iacute;o de ser padre", en <i>Revista Viva, </i>domingo 11 de junio, 2000, Argentina.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357261&pid=S1665-0565200500030000100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ponce, Patricia, "Presentaci&oacute;n", en <i>Desacatos. Masculinidades</i> <i>diversas,</i> 2004, n&uacute;m. 15&#45;16, pp. 7&#45;9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357263&pid=S1665-0565200500030000100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Referencias electr&oacute;nicas</b></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gonz&aacute;lez, M. P., E. Barrull, C. Pons y P. Marteles, <i>&iquest;Qu&eacute; es la emoci&oacute;n?</i> Byopsychology 1998, en:<a href="http://www.biopsychology.org/biopsicologia/articulos/que_" target="_blank">http://www.biopsychology.org/biopsicologia/articulos/que_ es_la_emocion.htm</a>. Consultado el 03/03/04.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357267&pid=S1665-0565200500030000100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez, Alfonso, "La masculinidad: &iquest;poder o dolor?", en <i>La Ventana,</i> Centro Universitario de Estudios de G&eacute;nero, Universidad de Guadalajara, diciembre de 1995, n&uacute;m. 2, pp. 64&#45;70.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357269&pid=S1665-0565200500030000100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Olavarr&iacute;a, Jos&eacute;, "Adolescentes/j&oacute;venes: qu&eacute; poco sabemos de ellos", FLACSO, Chile, octubre de 2001 en: <a href="http://222" target="_blank">http://222.flacso/main.php?page=nocicia&amp;code=39l</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357271&pid=S1665-0565200500030000100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Parrini, Rodrigo, "Apuntes acerca de los estudios de masculinidad. De la hegemon&iacute;a a la pluralidad". Consultado en: <a href="http://www.eurosur.org/FLACSO/apuntesmasc.htm" target="_blank">http://www.eurosur.org/FLACSO/apuntesmasc.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357273&pid=S1665-0565200500030000100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rodr&iacute;guez Sutil, Carlos, "Emoci&oacute;n y cognici&oacute;n. James, m&aacute;s de cien a&ntilde;os despu&eacute;s", en <i>Anuario de Psicolog&iacute;a,</i> n&uacute;m. 29, vol. 3, pp. 3&#45;23.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3357275&pid=S1665-0565200500030000100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. El an&aacute;lisis de las emociones, y su clasificaci&oacute;n, es tema de discusi&oacute;n en distintas disciplinas, pero especialmente para la psicolog&iacute;a, y desde distintas perspectivas, luego de que el darwinismo positivista las consider&oacute; con un papel adaptativo, por lo que se le ha asociado con los motivos para detonar la acci&oacute;n (Rodr&iacute;guez, 2000: 1). En tanto proceso biol&oacute;gico, la emoci&oacute;n parece estar vinculada a distintos procesos f&iacute;sico&#45;qu&iacute;micos, a trav&eacute;s de los cuales el organismo "valora" la favorabilidad o peligrosidad de una situaci&oacute;n. Sin embargo, desde un punto de vista cognitivo, esta "valoraci&oacute;n" no aborda todos los aspectos de la emoci&oacute;n, pues es un proceso complejo que surge "como respuesta a las estructuras de significado de determinadas situaciones; diferentes emociones surgen en respuesta a diferentes estructuras de significado..." (Frijda, 1996, citado en Rodr&iacute;guez, 2001: 4).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Dylan Evans (2002) propone una clasificaci&oacute;n general de las emociones, en la que distingue tres tipos: emociones b&aacute;sicas, emociones cognoscitivas superiores y emociones culturalmente espec&iacute;ficas. Las emociones b&aacute;sicas son universales e innatas, y estar&iacute;an incluidas todas aquellas que tienen un inicio r&aacute;pido y una duraci&oacute;n fugaz &#151;"unos segundos cada vez": alegr&iacute;a, aflicci&oacute;n, ira, miedo, sorpresa, repugnancia (p. 22)&#151;. Las emociones cognoscitivas superiores ser&iacute;an tambi&eacute;n universales, aunque presentar&iacute;an una "mayor variabilidad cultural" por ser "esencialmente sociales": el amor, la culpabilidad, la verg&uuml;enza, el desconcierto, el orgullo, la envidia o los celos (p. 42). Finalmente, Evans define las emociones culturalmente espec&iacute;ficas en tanto "...se desarrollan si estamos expuestos a ellas a trav&eacute;s de nuestra cultura" (p. 32), ya que "...dotan de recursos a las personas para superar situaciones dif&iacute;ciles" (p. 33), aunque no las ejemplifica.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. Hochschild utiliza el t&eacute;rmino <i>emotion management</i> para identificar el proceso mediante el cual el individuo, de manera consciente o inconsciente, decide generar o eliminar sentimientos y emociones, de acuerdo con el "diccionario emocional" que su cultura le ofrece (1998: 9). A efectos de la traducci&oacute;n, he optado por la idea de "control" para representar tanto la dimensi&oacute;n significativa de la acci&oacute;n emocional como su operatividad en el contexto en el que ocurre.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. Hochschild utiliza el t&eacute;rmino <i>emotion management</i> para identificar el proceso mediante el cual el individuo, de manera consciente o inconsciente, decide generar o eliminar sentimientos y emociones, de acuerdo con el "diccionario emocional" que su cultura le ofrece (1998: 9). A efectos de la traducci&oacute;n, he optado por la idea de "control" para representar tanto la dimensi&oacute;n significativa de la acci&oacute;n emocional como su operatividad en el contexto en el que ocurre.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">5. Informe sobre el Estado de la Poblaci&oacute;n Mundial, ONU, 2000, cap&iacute;tulo 4, pp. 32.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">6. Jos&eacute; Olavarr&iacute;a, "Ser padre en Santiago de Chile", en <a href="http://www.eurosur" target="_blank">http://www.eurosur.org/FLACSO/artolavar.htm. </a></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">7. Ib&iacute;dem.</font></p>      ]]></body><back>
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