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<kwd lng="es"><![CDATA[Evaluación educativa]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Sociedad</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>&iquest;Es verdad que M&eacute;xico busca formar lectores?</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mar&iacute;a Alicia Peredo Merlo*</b></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="left"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesora&#45;investigadora del Departamento de Estudios en Educaci&oacute;n en la Universidad de Guadalajara. M&eacute;xico</i>. <a href="mailto:aliciaperedo@hotmail.com">aliciaperedo@hotmail.com</a></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n: 13 de julio de 2004.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Fecha de aceptaci&oacute;n: 31 de julio de 2004</font>.</p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este art&iacute;culo se analizan los resultados del Programa Internacional de Evaluaci&oacute;n de Estudiantes, a cargo de la Organizaci&oacute;n para la Cooperaci&oacute;n y el Desarrollo Econ&oacute;mico (OCDE), que se llev&oacute; a cabo con estudiantes de diferentes pa&iacute;ses, incluido M&eacute;xico. En el caso de los estudiantes mexicanos, &eacute;stos muestran un d&eacute;ficit en las competencias lectoras. Se presenta tambi&eacute;n la reacci&oacute;n que frente a este estudio tuvo la Asociaci&oacute;n Internacional de Lectura (IRA), que hace una cr&iacute;tica a la metodolog&iacute;a empleada en el estudio. Se analizan tres posibles fuentes del problema: las causas sociales, educativas y psicol&oacute;gicas, y se presenta la respuesta gubernamental, considerada insuficiente por la autora de este art&iacute;culo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras clave: </b>Evaluaci&oacute;n educativa, competencias lectoras, d&eacute;ficit lector, pol&iacute;tica gubernamental.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este art&iacute;culo tiene la intenci&oacute;n de esbozar un an&aacute;lisis sobre los resultados de la evaluaci&oacute;n Pisa 2000 &#151;proyecto patrocinado por la Organizaci&oacute;n para la Cooperaci&oacute;n y el Desarrollo Econ&oacute;mico (OCDE)&#151; que mostraron el d&eacute;ficit lector de los j&oacute;venes mexicanos de entre 15 y 16 a&ntilde;os, y que ubicaron a M&eacute;xico en los &uacute;ltimos lugares. Este estudio se public&oacute; en el a&ntilde;o 2002 y caus&oacute; un fuerte impacto tanto en la prensa nacional como en los espacios educativos ya que, entre otras cosas, se afirma que en los adultos de 22 pa&iacute;ses participantes se observ&oacute; que el nivel de la aptitud para la lectura contribuye a predecir qu&eacute; tanto &eacute;xito tendr&aacute;n las personas en el mercado laboral, <i>sobre y adem&aacute;s</i> de lo que se puede predecir a partir &uacute;nicamente de su calificaci&oacute;n educativa (OCDE, 2002: 21). Para la OCDE la calidad de la lectura puede mejorar las posibilidades de obtener un empleo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez difundidos estos resultados, las expresiones de alarma se manifestaron en casi todos los estados del pa&iacute;s, donde al parecer el sistema educativo era se&ntilde;alado como el principal culpable. En septiembre del 2003, diferentes diarios dedicaron espacios para comentar la nota. En &eacute;stos podemos constatar que la mirada p&uacute;blica se dirigi&oacute; hacia las estructuras del sistema educativo.</font></p>     <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El jueves 18 de septiembre de 2003, reunidos en torno a una mesa de caf&eacute; del centro de la maltrecha ciudad capital, un grupo de amigos interesados en el quehacer educativo de nuestra entidad &#91;Puebla&#93; comentaban acerca de la decepcionante situaci&oacute;n que ubica a la entidad como &uacute;ltima &#91;nacional&#93; entre los &uacute;ltimos &#91;internacional&#93; en cuanto al desempe&ntilde;o de los actores del sistema educativo estatal &#91;...&#93; la OCDE hab&iacute;a reportado que el 74% de los j&oacute;venes mexicanos examinados era incapaz de emitir un juicio sobre las lecturas realizadas (La <i>Jornada de Oriente,</i> Puebla, 22de septiembre de 2003).</font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el norte del pa&iacute;s, el <i>Diario de Ciudad Ju&aacute;rez</i> inculpa a la cultura globalizante como la inhibidora de la lectura de libros y propone que la Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n involucre a padres de familia, profesores y a los medios de comunicaci&oacute;n masiva para dar soluci&oacute;n a la calidad de la lectura que hacen los estudiantes. En el sur del pa&iacute;s, en Yucat&aacute;n se demanda que la SEP sea eficiente, que los profesores est&eacute;n mejor preparados pues "muchos no tienen el h&aacute;bito de la lectura" (Lois Izquierdo, <i>Diario de Yucat&aacute;n,</i> 20 de septiembre de 2003); en la capital del pa&iacute;s, Juli&aacute;n S&aacute;nchez, del peri&oacute;dico <i>El Universal</i> (17 de septiembre de 2003), cuestiona los presupuestos asignados a la educaci&oacute;n y los compara con los de otros pa&iacute;ses. En suma, podr&iacute;a pensarse que el asunto se dirigi&oacute; a preguntar qu&eacute; papel juega la educaci&oacute;n formal en la calidad de la lectura de los ciudadanos y qu&eacute; tanto el sistema educativo es responsable de estos resultados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La OCDE (2002) propone hablar de <i>aptitud para la lectura</i> m&aacute;s que de comprensi&oacute;n, y la define como: "La capacidad para comprender, emplear y reflexionar sobre textos escritos, con el fin de alcanzar las metas personales, desarrollar el conocimiento y el potencial, y participar en la sociedad" (&iacute;dem: 22). Adem&aacute;s eval&uacute;a desempe&ntilde;os en distintos aspectos de lectura tales como: la capacidad de comprender y construir respuestas individuales basadas en diferentes tipos de textos, la obtenci&oacute;n de informaci&oacute;n espec&iacute;fica, la interpretaci&oacute;n y la reflexi&oacute;n. Es probable que se prefiera hablar de aptitud ya que &eacute;sta involucra m&aacute;s elementos en la lectura, como el uso de los textos para la reflexi&oacute;n y la evaluaci&oacute;n de la informaci&oacute;n, lo que va m&aacute;s all&aacute; de la comprensi&oacute;n inicial, entendida como la capacidad de otorgar significado a un texto y, en ocasiones, localizar informaci&oacute;n para la realizaci&oacute;n de una tarea (como en este caso).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estudio citado consider&oacute; cinco niveles de aptitud, los cuales se muestran, de mayor a menor, en el <a href="#c1">cuadro</a> siguiente:</font></p>      <p align="center"><a name="c1"></a></p> 	    <p align="center"><img src="/img/revistas/espiral/v11n33/a6c1.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta escala, los j&oacute;venes mexicanos obtuvieron los siguientes porcentajes:</font></p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/espiral/v11n33/a6t1.jpg"></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como puede apreciarse, solamente 6.9% de los lectores evaluados se ubica en niveles de desempe&ntilde;o alto, el resto est&aacute; por debajo del nivel medio. A partir de estos datos, podemos suponer que en M&eacute;xico hay un d&eacute;ficit lector importante. Esto es, que los estudiantes enfrentaron problemas para realizar las tareas que se les solicitaron, probablemente porque tienen las caracter&iacute;sticas de los lectores deficientes como: leer proposiciones literalmente a partir solamente de las palabras, depender del significado que otros adultos modelan, tomar el contenido del texto estrictamente apegado a la literalidad y no distinguir los conceptos relevantes de los irrelevantes (Pearson, 1985; Argud&iacute;n y Luna, 1996; Peredo, 2002).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, estos j&oacute;venes, conforme a su edad, est&aacute;n al t&eacute;rmino de la secundaria o al inicio del bachillerato, lo cual hace m&aacute;s preocupante la situaci&oacute;n, toda vez que ya han transcurrido al menos nueve a&ntilde;os de educaci&oacute;n formal y esperar&iacute;amos que reunieran las caracter&iacute;sticas de los lectores eficientes como pueden ser, entre otras: utilizar el conocimiento previo para construir un significado global del texto, organizar la informaci&oacute;n, distinguir lo relevante de lo irrelevante e identificar las intenciones del autor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el marco de los resultados obtenidos por diferentes pa&iacute;ses, la Asociaci&oacute;n Internacional de Lectura (IRA, por sus siglas en ingl&eacute;s) formul&oacute; una serie de cr&iacute;ticas a la OCDE,<sup><a href="#notas">1</a></sup> entre las que destacamos las siguientes: metodol&oacute;gicamente considera muy complicada la comparaci&oacute;n entre pa&iacute;ses a causa de algunas variables que deber&iacute;an interpretarse a partir de las variaciones culturales, como las diferencias &eacute;tnicas, ling&uuml;&iacute;sticas, de curr&iacute;cula escolar, etc. Adem&aacute;s, agrupar a estudiantes por edad corresponde a no pensar que algunos est&aacute;n en secundaria y otros en bachillerato y por lo tanto tienen diferentes antecedentes escolares y de conocimiento. La IRA afirma que es necesario advertir que las principales diferencias en este estudio se manifiestan al interior de cada pa&iacute;s y no tanto entre pa&iacute;ses, esto se debe a que muchos pa&iacute;ses mostraron altos grados de inequidad en relaci&oacute;n con las pol&iacute;ticas educativas y de desarrollo de los estados, municipios y localidades en los que se divide la geograf&iacute;a pol&iacute;tica de cada uno. Podr&iacute;amos pensar que en el caso mexicano, por ejemplo, hay diferencias entre escuelas p&uacute;blicas y privadas, urbanas o rurales, con estructura docente completa o unitaria. Esto indudablemente se refiere a la inequidad de nuestro sistema educativo. La IRA afirma que para desarrollar la competencia lectora resultaron m&aacute;s importantes la variable socioecon&oacute;mica y el ambiente de aprendizaje de la escuela que la situaci&oacute;n socioecon&oacute;mica individual. Esto significa que si una persona proviene de un medio econ&oacute;micamente bajo pero asiste a una escuela con recursos t&eacute;cnicos pedag&oacute;gicos completos como biblioteca, laboratorios, talleres de c&oacute;mputo, etc., la situaci&oacute;n econ&oacute;mica personal se compensa con los apoyos que la escuela provee. Si esto es as&iacute;, entonces conviene reflexionar m&aacute;s en torno a la responsabilidad de docentes y administradores de la educaci&oacute;n que en las condiciones familiares de los estudiantes. Otra variable de gran importancia fue el caso de los estudiantes inmigrantes, a los que se evalu&oacute; en el idioma de la escuela y que es diferente al que se habla en el hogar. Formar parte de la mayor&iacute;a o minor&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica fue correlacional al desempe&ntilde;o. Los hijos de padres inmigrantes manifestaron ejecuciones m&aacute;s pobres que sus pares, y quienes estudian en un idioma diferente al materno tienen deficiencias importantes de conocimiento. Como puede observarse, a pesar de que compartimos algunas de las cr&iacute;ticas de la IRA, queda expuesta una problem&aacute;tica: el bajo desempe&ntilde;o en las capacidades de lectura de los j&oacute;venes, lo cual parece completarse con la idea popular de que M&eacute;xico no es un pa&iacute;s de lectores. Pero, &iquest;a qu&eacute; nos referimos con esta afirmaci&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; esperamos que lean los mexicanos y para qu&eacute;? Antes de intentar dar respuesta a estas interrogantes, que tienen la intenci&oacute;n de provocar la reflexi&oacute;n, preferimos analizar algunas tendencias en la cobertura educativa en el pa&iacute;s y las posibles causas del d&eacute;ficit. Primero, veamos algunas cifras.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si analizamos la evoluci&oacute;n de la matr&iacute;cula en M&eacute;xico en los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os, es f&aacute;cil advertir que la cobertura educativa ha aumentado considerablemente. Los porcentajes de la poblaci&oacute;n de entre 16 y 19 a&ntilde;os que asiste a la escuela, de acuerdo al INEGI, son: para 1970, 23.1%, para 1990, 37.5% y para el a&ntilde;o 2000, 41.4% (<a href="/img/revistas/espiral/v11n33/html/a6c234.html#c2" target="_blank">cuadro 2</a>). De entre &eacute;stos, 19.1% tiene concluida la instrucci&oacute;n secundaria en el a&ntilde;o 2000. La evoluci&oacute;n del total de la poblaci&oacute;n mayor de 15 a&ntilde;os con secundaria terminada pas&oacute; de 3% en 1970 a 19.1% en el a&ntilde;o 2000 (<a href="/img/revistas/espiral/v11n33/html/a6c234.html#c3" target="_blank">cuadro 3</a>). Sin embargo, M&eacute;xico sigue siendo un pa&iacute;s de grandes diferencias entre las regiones; as&iacute; que para el a&ntilde;o 2000, mientras el Distrito Federal cuenta con 21.3% de j&oacute;venes con secundaria concluida, Nuevo Le&oacute;n 24.7% y el estado de M&eacute;xico 24%, a Chiapas le corresponde solamente 11.7% (<a href="/img/revistas/espiral/v11n33/html/a6c234.html#c4" target="_blank">cuadro 4</a>). Los siguientes cuadros son ilustradores:</font></p>     <p align="left"><font face="verdana" size="2">Si bien la cobertura de los servicios escolares no es un indicador de la calidad educativa, sobre todo cuando &eacute;sta se distribuye de forma inequitativa, cuando menos muestra una tendencia positiva de la pol&iacute;tica educativa mexicana, que hace esfuerzos por mejorar el promedio de escolaridad entre la poblaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro dato halagador es el paulatino abatimiento del analfabetismo, que para el censo del 2000 solamente se ubica en 6.5% en personas mayores de 15 a&ntilde;os (INEGI).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos datos parecen disminuir el impacto de que M&eacute;xico se ubicara en el pen&uacute;ltimo lugar de 32 pa&iacute;ses evaluados, ya que si bien las calificaciones que obtuvieron los mexicanos no son deseables, son comprensibles si se miran a la luz de que la pol&iacute;tica educativa parece haberse preocupado m&aacute;s por la cobertura. Esto nos invita a retomar el d&eacute;ficit lector y analizarlo a partir de las posibles causas que antes enunciamos y que apuntar&iacute;an hacia la baja calidad en el servicio educativo. Para finalizar, se puede decir que no basta con abrir aulas, sino que esta medida de expansi&oacute;n debe estar acompa&ntilde;ada con indicadores de calidad, entre los que indudablemente est&aacute; la competencia de los estudiantes con relaci&oacute;n a las habilidades de lectura.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Causas del d&eacute;ficit lector</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las causas pueden ser inherentes a factores sociales, educativos y/o psicol&oacute;gicos. Desde una perspectiva social, por ejemplo, Kalman (2003: 37&#45;66) asume a la alfabetizaci&oacute;n como una pr&aacute;ctica social enmarcada entre dos grandes conceptos: la <i>disponibilidad,</i> entendida como la presencia f&iacute;sica de materiales impresos, y <i>el acceso,</i> es decir las oportunidades de participar en eventos alfab&eacute;ticos; esto nos lleva a pensar cu&aacute;les son los usos de la lengua escrita, los motivos del lector, su posici&oacute;n y hasta las concepciones que tiene sobre la lectura y la escritura. Los eventos alfab&eacute;ticos que surgen en la vida cotidiana &#151;fuera de la escuela&#151; y que son entendidos como formas de participaci&oacute;n espec&iacute;ficas en contextos particulares. Esto es, que los individuos participan dentro de una comunidad que produce textos con fines diversos. El lector se apropia del uso de &eacute;stos a trav&eacute;s del contacto que tiene con ellos. Los actos de leer y escribir se realizan en eventos socialmente organizados y muestran esta relaci&oacute;n cultural de la <i>participaci&oacute;n, acceso y apropiaci&oacute;n</i> (&iacute;dem).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bajo estas premisas, y en virtud de que en M&eacute;xico hay grandes diferencias con relaci&oacute;n a las condiciones socioculturales de los individuos, se puede esperar una cierta jerarqu&iacute;a en los comportamientos lectores. Por ejemplo, hay una clase social que tiene a su alcance libros, peri&oacute;dicos, revistas de divulgaci&oacute;n o cient&iacute;ficas y cuyos integrantes hacen uso cotidiano de materiales impresos, pero esto tampoco garantiza que los j&oacute;venes que pertenecen a ese grupo social lean s&oacute;lo o preferentemente libros, significa simplemente que tienen mejores oportunidades que aqu&eacute;llos que no tienen posibilidades de adquirirlos y que tampoco los necesitan. &Eacute;ste y otros grupos sociales tienen necesidad de leer otros documentos dentro de la funci&oacute;n laboral o bien para desenvolverse en operaciones comerciales cotidianas, y tambi&eacute;n se trata de actos de lectura. Lo que se quiere hacer notar es que la lectura no solamente se refiere a libros, sino a una gran variedad de portadores textuales, y en consecuencia por lectura debemos entender cualquier evento de interacci&oacute;n entre un texto y un lector que le otorga significado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra reflexi&oacute;n importante tiene que ver con el tipo de recompensas sociales que se obtienen a trav&eacute;s de la lectura que una persona realiza. Es evidente la diferencia entre el analfabeto y el alfabetizado, ya que generalmente los primeros se encuentran ubicados en las clases sociales m&aacute;s bajas, no tienen acceso a cierta informaci&oacute;n y se les dificulta la convivencia en una sociedad letrada; pero no resulta tan clara la situaci&oacute;n de las personas que poseen la capacidad de leer y escribir porque hay una gran diversidad en los niveles de competencia lectora y los tipos de lectura que realizan con fines espec&iacute;ficos. Los lectores no son una masa uniforme, sino una variedad de individuos que utilizan el lenguaje escrito, entre otras razones, para almacenar informaci&oacute;n, para comunicarse con fines de transmisi&oacute;n de informaci&oacute;n o de disfrutar de sensaciones est&eacute;ticas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay un n&uacute;mero importante de estudiosos de la lectura que relacionan la alfabetizaci&oacute;n con el desarrollo econ&oacute;mico social y personal. Por ejemplo, Kossol (1985) afirma que en Estados Unidos el analfabetismo y el analfabetismo funcional son determinantes para las necesidades econ&oacute;micas y sociales, destacando que hay un alto costo en materia de salud, desempleo y capacitaci&oacute;n laboral. De acuerdo con este investigador, hay una relaci&oacute;n entre el grado de alfabetismo y la productividad. Diehl y Mikulecky (1988: 371377) estudian las necesidades de lectura en cien diferentes actividades ocupacionales y encuentran que 56% de los sujetos estudiados report&oacute; que las habilidades de lectura eran importantes pero no vitales para desempe&ntilde;ar su trabajo, ya que la informaci&oacute;n pod&iacute;a obtenerse por otros medios, como la cooperaci&oacute;n de un compa&ntilde;ero que dar&iacute;a la misma informaci&oacute;n de forma oral. Otros investigadores cuestionan los enfoques utilitaristas porque afirman que no hay estudios que demuestren una relaci&oacute;n un&iacute;voca alfabetizaci&oacute;n&#45;&eacute;xito econ&oacute;mico. Por ejemplo, Kintgen (1988: XI&#45;XIX) establece que esto es m&aacute;s bien una creencia popular, Graff (1988: 8294), en Canad&aacute;, lo denomina el "mito alfab&eacute;tico" porque ni siquiera queda claro c&oacute;mo definir y medir las habilidades b&aacute;sicas de lectura y argumenta que los estudios hist&oacute;ricos que se han realizado no han encontrado una relaci&oacute;n entre alfabetizaci&oacute;n y equidad social. Lankshear y Lawler (1987/1989), investigadores brit&aacute;nicos, tambi&eacute;n cuestionan que se tome a la alfabetizaci&oacute;n como una variable aislada y de influencia un&iacute;voca con el empleo o los ingresos econ&oacute;micos. Por nuestra parte consideramos que no es posible tomar una posici&oacute;n dicot&oacute;mica; la alfabetizaci&oacute;n no es una variable que resuelve por s&iacute; sola los problemas econ&oacute;micos o laborales de un individuo, ni sus necesidades completas de comunicaci&oacute;n social, pero indudablemente una persona analfabeta se encuentra en desventaja de oportunidades y posibilidades de comunicaci&oacute;n en cualquier sociedad desarrollada que cuenta con lenguaje escrito. De ah&iacute; la necesidad de que las personas posean habilidades de lectura y las ejerciten con diferentes textos: laborales, de comunicaci&oacute;n masiva, de literatura y, en general, de informaci&oacute;n y recreaci&oacute;n.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si estamos de acuerdo en que hay factores sociales como el acceso a materiales escritos, la disponibilidad del sujeto, las recompensas sociales, la utilidad productiva y personal de una lectura eficiente, que, entre otros, inciden en los miembros de una comunidad en su conjunto, entonces esto nos llevar&iacute;a a suponer que si en un grupo social se distribuyen cotidianamente diversos materiales impresos (libros, peri&oacute;dicos, revistas cient&iacute;ficas y de divulgaci&oacute;n, panfletos, etc.) a los que la mayor&iacute;a de sus miembros tenga acceso y adem&aacute;s est&eacute;n motivados a leer porque lo que se produce es &uacute;til o placentero, entonces lo m&aacute;s probable es que se desarrollen pr&aacute;cticas lectoras eficientes porque el grupo acumula experiencias. Ahora bien, si una determinada cultura distingue a los individuos por su capacidad de lectura, es indudable que implementa acciones para que los individuos tengan oportunidades de acceso a estas pr&aacute;cticas. En este caso podemos suponer un sistema bibliotecario suficiente, accesible y eficiente; una base de incentivos a escritores, editores, publicistas, acad&eacute;micos y profesores, que en alguna medida son los que promueven la pr&aacute;ctica de lecturas para la difusi&oacute;n de la cultura.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo tanto, podemos concluir que la calidad de la lectura posiblemente est&eacute; relacionada con las pr&aacute;cticas que se promueven desde la pol&iacute;tica cultural de un pa&iacute;s o de una comunidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde una perspectiva educativa, hay una clara tendencia a asociar las habilidades de lectura con la escolarizaci&oacute;n. De hecho, para Olson (1995: 333&#45;358) una caracter&iacute;stica de las sociedades con escritura radica en que tienen instituciones que ense&ntilde;an a leer y a usar los textos que se producen, a partir de lo cual se desarrolla un metalenguaje oral ligado a un lenguaje mental para hablar y pensar sobre el significado de los textos. Una mediaci&oacute;n b&aacute;sica en nuestro sistema escolar es el texto, del cual se desprenden las interacciones verbales. Profesores y alumnos establecen di&aacute;logos a partir de materiales escritos. A pesar de que pueda pensarse que a&uacute;n prevalecen pr&aacute;cticas docentes verbalistas, en los contenidos escolares transmitidos subyace el lenguaje escrito. Si la poblaci&oacute;n tiene problemas con las habilidades de lectura necesarias, entonces se pone en duda la eficacia del sistema educativo porque se supone que la escuela es la principal encargada de habilitar a los individuos en la lectura, lo cual traer&aacute; un beneficio social m&uacute;ltiple como la salud p&uacute;blica y el bienestar. Si esto es as&iacute;, entonces debemos preguntarnos &iquest;qu&eacute; ha hecho la pol&iacute;tica educativa mexicana para desarrollar un buen n&uacute;mero de competencias de lectura? En el caso de la escuela primaria, Rockwell (1986: 6&#45;19) afirma que en las aulas de la educaci&oacute;n b&aacute;sica en M&eacute;xico se aprende a leer pero no se lee para aprender; esto nos invita a pensar que el alumno decodifica un texto pero no logra darle un sentido a lo que lee y, por lo tanto, se va alejando del gusto por la lectura extraescolar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el nivel medio y superior, a trav&eacute;s de entrevistas informales, sabemos que en las escuelas preparatorias, e inclusive en las facultades, se puso de moda ofrecer a los estudiantes compilaciones de textos fragmentados (antolog&iacute;as, manuales de trabajo, gu&iacute;as de estudio) con la intenci&oacute;n de mostrar panoramas m&aacute;s amplios y fuentes m&aacute;s vers&aacute;tiles, pero siempre y cuando el estudiante continuara la lectura y profundizara asuntos de su inter&eacute;s. Nada m&aacute;s alejado de la realidad. Parece que el estudiante obtuvo un texto m&aacute;s breve y m&aacute;s c&oacute;modo. La problem&aacute;tica se hace m&aacute;s compleja si adem&aacute;s pensamos que en muchas ocasiones su lectura queda en una comprensi&oacute;n superficial.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Podemos suponer que la experiencia de lectura fragmentada invita a pensar que tenemos estudiantes de bachillerato que pueden no haber le&iacute;do un texto completo a lo largo de toda la escolaridad, lo que supone un importante marco de referencia del significado y uso de las formas de leer que se acostumbran en las escuelas y que influyen en la formaci&oacute;n de modelos textuales que ayudan a comprender el contenido (Ferdman, 1990: 181&#45;204).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta aqu&iacute; podemos identificar algunos puntos importantes: M&eacute;xico fue evaluado con un d&eacute;ficit en las habilidades de lectura desarrolladas por los j&oacute;venes, el sistema educativo se puso en la vitrina de la cr&iacute;tica generalizada y las autoridades gubernamentales reaccionaron implementando algunas medidas:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. Una Ley de Fomento para la Lectura y el Libro, en vigor desde le 9 de junio del 2002, que en su art&iacute;culo II establece el objetivo de: "Promover la producci&oacute;n, distribuci&oacute;n, difusi&oacute;n y calidad del libro mexicano, y facilitar su acceso a toda la poblaci&oacute;n". Sin embargo, meses despu&eacute;s el mismo gobierno federal intent&oacute; gravar con un impuesto (IVA) la compra de libros, y la reacci&oacute;n de editores, escritores e intelectuales se manifest&oacute; p&uacute;blicamente. &iquest;En verdad queremos un pa&iacute;s de lectores?, se preguntaron.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el art&iacute;culo V de esta misma ley se se&ntilde;ala que corresponde al sistema educativo nacional, mediante el Programa Nacional de Fomento a la Lectura y al Libro, promover el h&aacute;bito de la lectura, formando lectores en todos los niveles de educaci&oacute;n e incentivar la lectura de los libros publicados en M&eacute;xico. Con esto queda claro que la autoridad hace responsable al sistema educativo de formar una comunidad informada a trav&eacute;s de la lectura. Esto significa algo m&aacute;s que proveer de libros a las escuelas, implica la responsabilidad de que los profesores est&eacute;n preparados pedag&oacute;gicamente para estimular el gusto por la lectura, pero tambi&eacute;n para desarrollar estrategias de lectura que mejoren la comprensi&oacute;n. Sin embrago, nadie lee por decreto presidencial, porque exista una ley o porque se le ponga un libro en sus manos; leer es otorgar significado, es darle sentido y utilidad a lo que se lee, y para ello se necesitan profesores comprometidos con su profesi&oacute;n, conocedores de al menos la producci&oacute;n editorial existente en la escuela y poseedores de una base te&oacute;rica que les permita identificar y solucionar los problemas de lectura que tienen sus alumnos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. El Programa Nacional de Lectura 2001&#45;2006 se fundamenta en una especie de diagn&oacute;stico en el que se afirma que hay un Programa Nacional de Bibliotecas P&uacute;blicas pero que no existen acciones expl&iacute;citamente articuladas entre &eacute;stas y el sistema escolar. El programa plantea los siguientes objetivos:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">a) Garantizar las condiciones de uso y producci&oacute;n cotidiana de materiales escritos en el marco de los proyectos de ense&ntilde;anza y aprendizaje para hacer posible la formaci&oacute;n de lectores y escritores aut&oacute;nomos.</font></p> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">b) Conocer y valorar la diversidad &eacute;tnica y cultural de M&eacute;xico mediante todos los componentes del Programa Nacional de Lectura.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">c) Desarrollar los mecanismos que permitan la identificaci&oacute;n, producci&oacute;n y circulaci&oacute;n de los acervos bibliogr&aacute;ficos necesarios para satisfacer las necesidades culturales e individuales de todos los miembros de las comunidades educativas.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">d) Consolidar espacios para apoyar la formaci&oacute;n y la interacci&oacute;n de los diversos mediadores del libro y la lectura (maestros, padres, bibliotecarios, promotores culturales), tanto a nivel estatal, como nacional e internacional.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como parte de este programa se implement&oacute; la estrategia de dotar a las escuelas con una selecci&oacute;n de libros. A este programa se le denomin&oacute; Bibliotecas de Aula, muy similar al anteriormente denominado Rincones de Lectura, y que a&uacute;n no podemos evaluar porque no se ha implementado un seguimiento formal del mismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, todo indica que nos enfrentamos a una severa contradicci&oacute;n al interior del discurso pol&iacute;tico que busca fomentar el h&aacute;bito de la lectura, pero al mismo tiempo hace inaccesibles los libros y las revistas al intentar encarecerlas. Adem&aacute;s, queda claro que no basta promulgar leyes e implementar programas si no van acompa&ntilde;ados de una verdadera pol&iacute;tica educativa de fomento a la lectura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, y desde la perspectiva psicol&oacute;gica, podemos argumentar el important&iacute;simo papel que tiene la motivaci&oacute;n del lector en los textos que decide leer. Hay adem&aacute;s una serie de motivaciones impuestas socialmente. Por ejemplo, cuando se cumple con el rol de estudiante, se deben leer todos los textos y materiales escolares que la escuela impone, si es que se desea avanzar en la escolaridad. Cuando un lector forma parte de un grupo religioso, lee como creyente los textos que se imponen en esa estructura institucional; si el sujeto cumple funciones laborales en la burocracia, debe leer todos los materiales de comunicaci&oacute;n organizacional que circulan. Lo mismo ocurre en otros espacios productivos. Es decir, hay ciclos vitales y contextos que, hasta cierto punto, regulan los motivos para leer determinados textos. Pero tambi&eacute;n hay motivaciones m&aacute;s personales que no necesariamente se refieren a la lectura de libros, por ejemplo los motivos pragm&aacute;ticos que tiene una ama de casa para leer recetas de cocina, o un chico para leer cartas de amor o canciones de moda.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, si nos referimos a la lectura de libros en las escuelas, entonces debemos partir de un supuesto b&aacute;sico: las personas, generalmente, estamos motivadas para realizar las actividades en las que tenemos &eacute;xito. De hecho, los lectores no s&oacute;lo construyen el significado a partir de lo que leen en la escuela, sino tambi&eacute;n de las conductas, im&aacute;genes y s&iacute;mbolos que est&aacute;n presentes en las experiencias de lectura. Si un chico ha escuchado que es un <i>mal lector,</i> muy probablemente se perciba como tal y se aleje de la lectura espont&aacute;nea. Las experiencias de lectura escolar, muchas veces est&aacute;n plagadas de etiquetas en donde el estudiante escucha de parte de los adultos, "c&oacute;mo debe leer", "c&oacute;mo leen los buenos lectores", "qu&eacute; debe leer", "qu&eacute; es una buena lectura", etc., entonces el potencial lector est&aacute; m&aacute;s preocupado por satisfacer los requerimientos de la mec&aacute;nica de la lectura que por disfrutarla, y por leer lo que otros consideran que debe leer en lugar de identificar sus gustos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunas investigaciones sobre la motivaci&oacute;n intr&iacute;nseca (Wigfield y Asher, 2002; Guthrie y Greanney, 1991; Guthrie, Wigfield y Metsala, 2004; McCarthey, 2002) enfatizan que el lector desarrolla inter&eacute;s por la actividad porque tiene la oportunidad de controlar la tarea a la que se enfrenta. Entonces, si estamos de acuerdo en que los profesores deben intentar impulsar una motivaci&oacute;n intr&iacute;nseca para leer, lo cual significa que el estudiante le otorgue un valor a la acci&oacute;n de leer y al texto que lee, entonces resulta indispensable crear un ambiente propicio para elegir la lectura, disfrutarla y comentarla. El valor casi siempre surge de un inter&eacute;s o necesidad. Si una persona se interesa por aprender a partir de un texto, lo m&aacute;s probable es que le otorgue un valor y le d&eacute; un significado a la acci&oacute;n de lectura, tal como sucede con la lectura literaria. Podemos afirmar que las condiciones sociales y pedag&oacute;gicas imperantes en el aula influyen, o acaso parcialmente determinan las pr&aacute;cticas y h&aacute;bitos de lectura.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, se observa que diferentes agentes educativos manifiestan que el problema se debe a que los alumnos leen y no comprenden, o a la escasez de libros en los hogares; mientras algunos intelectuales se pronuncian en diferentes medios impresos y manifiestan que el problema se ocasiona porque los mentores tampoco leen y porque las autoridades educativas se limitan a dotar de libros a las escuelas. Como hemos visto en el desarrollo de este ensayo, hay una serie de variables involucradas en este multifactorial y complejo problema. Ahora bien, una variable importante es la actitud que se tenga frente a la lectura y lo que se espera obtener del texto y &eacute;sta se ve influida por el ambiente alfab&eacute;tico que rodea a una persona.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>A manera de conclusi&oacute;n</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"> Al inicio del ensayo nos plateamos dos preguntas rectoras: &iquest;a qu&eacute; nos referimos con la afirmaci&oacute;n de que M&eacute;xico es un pa&iacute;s de "no lectores"? y &iquest;qu&eacute; esperamos que lean los mexicanos y para qu&eacute;? Ahora pretendemos responderlas. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay una diversidad de experiencias y objetos de lectura que no solamente se refieren a los libros. Los mexicanos s&iacute; leemos, pero para sostener esta afirmaci&oacute;n debemos ampliar nuestra concepci&oacute;n de lectura. El significado de una pr&aacute;ctica de lectura est&aacute; determinado por el encuentro entre un lector y un texto en donde intervienen los intereses que &eacute;ste tiene para acercarse a la lectura. Los motivos de la lectura configuran el <i>para qu&eacute;</i> leer, por lo mismo los intereses se relacionan con los contextos y situaciones de la vida. De esta manera, un ni&ntilde;o se interesa por asuntos y tipos de textos diferentes que los de un adulto; o bien, los intereses que pueda tener un f&iacute;sico difieren de los de un soci&oacute;logo, un ama de casa o un banquero. De esta forma se quiere dejar claramente establecido que no existe un solo tipo de lectura cuyo resultado permita establecer un cat&aacute;logo de lecturas id&oacute;neas para los estudiantes mexicanos. Estamos de acuerdo con Arguelles (2003) cuando afirma que es imposible que una persona lea a Kant o a Hegel si esta lectura no forma parte de su necesidad o de su contexto, porque esto es llevar a la lectura a casos extremos. Tampoco significa que no sea deseable ir acercando a los estudiantes a lecturas cada vez m&aacute;s completas y complejas. La lectura de un libro es un acto de libertad intelectual, es un placer para quien lo disfruta y es una forma excelsa para conocer el mundo que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de la inmediatez, pero para lograrlo debemos, primero, reconocer y no menospreciar otras formas de lectura y despu&eacute;s capacitar a los encargados del proceso educativo, fundamentalmente a los profesores, ya que ellos son los principales mediadores entre el lector&#45;estudiante y el libro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los profesores deber&aacute;n considerar la diversidad de intereses, gustos y preferencias de los estudiantes, para que puedan elegir qu&eacute; leer y a qu&eacute; ritmo. No se trata de "consumir" libros, sino de desarrollar el gusto por la lectura de diversos tipos y niveles de dificultad. Ivey (1999: 172&#45;192) encuentra que la disposici&oacute;n de los estudiantes frente a la lectura depende del ambiente que prevalezca en el aula y del tipo de instrucci&oacute;n o de requerimiento que solicite el docente. Esto significa que si el profesor solicita actividades que est&aacute;n fuera de las posibilidades reales del alumno, tender&aacute; a evitar la lectura. Si &eacute;sta se convierte en una tarea enfadosa y rutinaria, probablemente el alumno lea por obligaci&oacute;n y no se logre una actitud favorable.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bajo tales consideraciones, esperar&iacute;amos que los mexicanos &#151;al menos los estudiantes&#151; lean lo que realmente les resulta significativo, sobre todo para alcanzar autonom&iacute;a; es decir, que sepan elegir lo que quieren leer porque pueden y se les permite hacerlo, y al mismo tiempo que el texto les represente un reto interesante porque lo encuentran &uacute;til o placentero. Es deseable leer para alcanzar autonom&iacute;a intelectual; es indispensable leer para desarrollar eficientemente una funci&oacute;n productiva que utiliza el leguaje escrito; es necesario leer para lograr una buena comunicaci&oacute;n en una sociedad letrada y es recomendable leer para dejar volar la imaginaci&oacute;n y recrear el esp&iacute;ritu. Ojal&aacute; que los profesores tengan a su alcance informaci&oacute;n suficiente que les ayude a implementar nuevas t&eacute;cnicas de promoci&oacute;n y desarrollo de habilidades de lectura. Para tal fin, las autoridades correspondientes deben hacer algo m&aacute;s que proveer de libros o lamentarse porque M&eacute;xico es un pa&iacute;s que alcanza niveles bajos en el desempe&ntilde;o lector. Probablemente la soluci&oacute;n est&eacute; en una buena pol&iacute;tica de apoyo a la industria editorial, en el fortalecimiento de las bibliotecas p&uacute;blicas, escolares y universitarias y, sobre todo, en el mejoramiento de los programas de formaci&oacute;n docente. </font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Argud&iacute;n, Y. y M. Luna, <i>Las habilidades de lectura en la docencia universitaria,</i> M&eacute;xico, Universidad Iberoamericana, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3297736&pid=S1665-0565200500020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Arg&uuml;elles, Juan Domingo, <i>Qu&eacute; leen los que no leen,</i> M&eacute;xico, Paid&oacute;s, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3297738&pid=S1665-0565200500020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Diehl, William A. y Larry Mikulecky, "The nature of reading at work", en E. R. Kitgen y M. Rose (eds.), <i>Perspectives on literacy,</i> EU, Universidad del Sur de Illinois, 1988, pp. 371&#45;377.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3297740&pid=S1665-0565200500020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ferdman, Bernardo M., "Literacy and cultural identity", en <i>Harvard Educational Review,</i> EU, Universidad de Harvard, 1990, vol. 60. n&uacute;m. 2, pp. 181&#45;204.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3297742&pid=S1665-0565200500020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Graff, Harvey H., "The legalities of literacy", en E. Kintgen, R. Kroll, M. Barry y M. Rose, <i>Perspectives on Literacy,</i> EU, Universidad del Sur de Illinois, 1988, pp. 82&#45;94.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3297744&pid=S1665-0565200500020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guthrie, John T. y V. Greanney, "Literacy acts", en R. Barr, M. Kamil y D. Pearson (eds.), <i>Handbook of reading research,</i> Nueva York, Longman, 1991, vol. 4, pp. 68&#45;96.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3297746&pid=S1665-0565200500020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, A. Wigfield, J. Metsala y K. E. Cox, "Motivational and cognitive predictors of text comprehension", en R. Ruddell y N. J. Unrau (eds.), <i>Theoretical models and processes of reading,</i> Newark, EU, Asociaci&oacute;n Internacional de Lectura, 2004, pp. 929&#45;954.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3297748&pid=S1665-0565200500020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ivey, Gay, "A multicase study in the middle school: complexities among young adolescent readers", en <i>Reading Research Quarterly,</i> EU, 1999, pp. 172&#45;192.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3297750&pid=S1665-0565200500020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kalman, Judith, "El acceso a la cultura escrita: la participaci&oacute;n social y la apropiaci&oacute;n de conocimientos en eventos cotidianos de lectura y escritura", en <i>Revista Mexicana de Investigaci&oacute;n Educativa,</i> M&eacute;xico, Consejo Mexicano de Investigaci&oacute;n Educativa, 2003, pp. 37&#45;66.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3297752&pid=S1665-0565200500020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kintgen, Eugene R., Barry M. Kroll, y Mike Rose, "Introducci&oacute;n", en <i>Perspectives on Literacy,</i> EU, Universidad del Sur de Illinois, 1988, pp. XI&#45;XIX.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3297754&pid=S1665-0565200500020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kossol, Jonathan, <i>Illiterate America,</i> Estados Unidos de Am&eacute;rica, City Garden, 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3297756&pid=S1665-0565200500020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lankshear, Colin y Moira Lawler, <i>Literacy schooling and</i> <i>revolution,</i> Gran Breta&ntilde;a, Falmer, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3297758&pid=S1665-0565200500020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">McCarthey, Sara, <i>Students' identities and literacy learning,</i> Newark, EU, Asociaci&oacute;n Internacional de Lectura, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3297760&pid=S1665-0565200500020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">OCDE, <i>Conocimiento y aptitudes para la vida. Resultados Pisa</i> <i>2000,</i> M&eacute;xico, Santillana, 2002, p. 21.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3297762&pid=S1665-0565200500020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Olson, David Richard, "La cultura escrita como actividad metaling&uuml;&iacute;stica", en R. Olson y N. Torrance (comps.), <i>Cultura escrita y oralidad,</i> Espa&ntilde;a, Gedisa, 1995, pp. 333&#45;358.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3297764&pid=S1665-0565200500020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pearson, P. David, "Changing the face of reading comprehension instruction", en <i>The Reading Teacher,</i> EU, 1985, n&uacute;m. 39, pp. 724&#45;737.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3297766&pid=S1665-0565200500020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Peredo Merlo, Alicia, <i>De lectura, lectores, textos y contextos: una aproximaci&oacute;n sociocognoscitiva,</i> Guadalajara, Universidad de Guadalajara, CUCSH, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3297768&pid=S1665-0565200500020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rockwell, Elsie, "Los usos escolares de la lengua escrita", en E. Ferreiro y M. G&oacute;mez Palacios (comps.), <i>Nuevas perspectivas sobre los procesos de la lectura y escritura,</i> M&eacute;xico, Siglo XXI, 1986, pp. 6&#45;19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3297770&pid=S1665-0565200500020000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wigfield, Allan y S. Asher, "Social and motivational influences on reading", en D. Pearson, R. Barr, M. Kamil y P. Mosenthal (eds.), <i>Handbook of reading research,</i> Nueva Jersey, Lawrence Erlbaum Associates Publishers, 2002, pp. 423&#45;452.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3297772&pid=S1665-0565200500020000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. La IRA agrupa a diversos investigadores de la lectura. En este caso suscriben la cr&iacute;tica Topping, de Escocia, Valent&iacute;n, de Alemania, Roller, de Estados Unidos, Brozo, de Estados Unidos, y Dionisio, de Portugal. Esta asociaci&oacute;n naci&oacute; en 1956 a partir del Consejo Internacional para el mejoramiento de la instrucci&oacute;n y la ense&ntilde;anza remedial de la lectoescritura. Desde entonces tuvo la pretensi&oacute;n de agrupar a los profesores de ense&ntilde;anza de la lectura y la escritura y posteriormente incorpor&oacute; a los investigadores. A partir de entonces, tienen presencia en 99 pa&iacute;ses donde se desarrolla una serie de actividades locales, nacionales e internacionales con la intenci&oacute;n de difundir resultados de investigaciones sobre esta tem&aacute;tica. Cuenta con diferentes publicaciones de apoyo a los docentes y padres de familia, precisamente para el fomento y mejoramiento de la lectura. En M&eacute;xico existen dos representaciones: una en Guadalajara y otra en Puebla.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Argud&iacute;n y Luna (1996) realizaron un muestreo en 44 instituciones universitarias mexicanas y encontraron que 68% de los estudiantes de bachillerato y licenciatura se encontraban en niveles muy bajos de comprensi&oacute;n lectora.</font></p>      ]]></body><back>
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