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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El laboratorio de la democracia en América Latina]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Estado</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El laboratorio de la democracia en Am&eacute;rica Latina</b></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jos&eacute; Luis Tejeda*</b></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="left"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesor titular del Departamento de Pol&iacute;tica y Cultura, UAM&#45;Xochimilco, M&eacute;xico. </i><a href="mailto:joseluis_tejeda@infosel.net.mx">joseluis_tejeda@infosel.net.mx</a>.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n: 17 de agosto de 2004.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Fecha de aceptaci&oacute;n: 22 de septiembre de 2004.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El presente art&iacute;culo realiza una revisi&oacute;n cr&iacute;tica de la cuesti&oacute;n de la democracia latinoamericana, la cual enfrenta retos y obst&aacute;culos nuevos. Por ello, en &eacute;l se abordan temas ligados a la democracia latinoamericana, como la precariedad y fragilidad, las transiciones interminables e inacabadas que se confunden con la consolidaci&oacute;n democr&aacute;tica, la crisis de la representaci&oacute;n y el ascenso de la antipol&iacute;tica. Finalmente, la polarizaci&oacute;n y el antagonismo econ&oacute;mico, social y pol&iacute;tico en la zona se traduce en una confrontaci&oacute;n de proyectos nacionales que tienden a enfatizar el orden y la seguridad, por un lado, y la cuesti&oacute;n social y la extensi&oacute;n de la democracia, por el otro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras clave: </b>Democracia, fragilidad, transici&oacute;n, antipol&iacute;tica, antagonismo.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Latinoam&eacute;rica se tuvo una de las oleadas democratizadoras m&aacute;s importantes del &uacute;ltimo trayecto del siglo XX. La mayor parte de las naciones del subcontinente padec&iacute;an reg&iacute;menes dictatoriales y autoritarios que se fueron desgastando y agotando para dar lugar a procesos pol&iacute;ticos que implicaron una mayor liberalizaci&oacute;n y democratizaci&oacute;n en la vida de sus sociedades. En los inicios del siglo actual, se est&aacute; cerrando la etapa complaciente de la democracia y se empiezan a manifestar obst&aacute;culos de diferente tipo que ponen en cuesti&oacute;n la vigencia, amplitud y existencia de la misma. Eso lleva a una reflexi&oacute;n detenida sobre su pertinencia, su profundizaci&oacute;n, su reacomodo a las nuevas realidades y circunstancias que tiene que enfrentar en la regi&oacute;n. La intensidad y complejidad de la problem&aacute;tica pol&iacute;tica y democr&aacute;tica en la zona nos llevan a considerar al proyecto democr&aacute;tico de modo diferente a como se entiende y practica en otras latitudes del mundo, ya que nos encontramos con una serie de tem&aacute;ticas que se vuelven m&aacute;s n&iacute;tidas con el desarrollo de los acontecimientos en el subcontinente. La democracia en Am&eacute;rica Latina es joven, fr&aacute;gil, inestable y est&aacute; inmersa en un proceso pol&iacute;tico todav&iacute;a por hacerse, en muchos sentidos. En este art&iacute;culo consideramos al proyecto democr&aacute;tico como pertinente y vigente, como un proyecto que se ve orillado a enfrentar nuevos retos que deben ser sorteados favorablemente y que pueden ayudar a fortalecer procesos de liberalizaci&oacute;n y democratizaci&oacute;n en la zona, saliendo al paso de tendencias regresivas que quieren detener y abortar los incipientes y siempre d&eacute;biles procesos democr&aacute;ticos latinoamericanos.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="left"><font face="verdana" size="2"><b>La democracia vulnerable y su debilidad cr&oacute;nica</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tema sobre la fragilidad de la democracia latinoamericana es recurrente y persistente, al punto de que parece ser una de las definiciones m&aacute;s precisas y consensuadas sobre el grado de aceptaci&oacute;n que llegan a alcanzar los procesos democr&aacute;ticos en el &aacute;rea (Figueroa, 2002: 145&#45;146). La cuesti&oacute;n democr&aacute;tica en Am&eacute;rica Latina vuelve a aparecer como relevante en la d&eacute;cada de los ochenta. En vez de ser la regla y la norma predominante en la regi&oacute;n, es m&aacute;s bien un hecho excepcional. La tradici&oacute;n desp&oacute;tica y autoritaria con ra&iacute;ces ind&iacute;genas y coloniales hace que el asunto de la democracia sea visto con desd&eacute;n, como un asunto perif&eacute;rico y como un proceso pol&iacute;tico implantado. Es como si fuera una experiencia que tarda un tiempo en ser asimilada por las comunidades pol&iacute;ticas latinoamericanas y que tiene una supervivencia dif&iacute;cil y complicada con tendencias autoritarias que se sostienen por la inercia y por el peso abrumador del pasado.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Ser dem&oacute;crata de verdad se vuelve algo extra&ntilde;o e inusual, cuando lo habitual es establecer relaciones de poder y gobierno de corte autoritario. As&iacute; que el ascenso del r&eacute;gimen democr&aacute;tico sobreviene por la crisis de las otras formas de autoridad y gobierno. El democratismo se vuelve importante en la medida que los modelos de poder desp&oacute;tico y dictatorial dejan patentes sus limitaciones, en particular por la secuela devastadora de gobiernos militares y autoritarios que se extienden por la zona durante las d&eacute;cadas de los sesenta y setenta (Lechner, 1990: 17&#45;19). La democracia es descubierta como un r&eacute;gimen pol&iacute;tico y como una forma de convivencia que permite pacificar las sociedades, amortiguar los conflictos pol&iacute;ticos y establecer las condiciones para que la violencia y el antagonismo se vean reducidos sensiblemente. En este punto, los reg&iacute;menes democr&aacute;ticos establecen una diferencia cualitativa por encima de los <i>de facto</i> y por aquellos sustentados en la fuerza y en la violencia.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las condiciones para que se desarrollara el imaginario y la cultura democr&aacute;ticos en la zona presentan muchas variaciones nacionales, pero tienen en com&uacute;n que se hace una valoraci&oacute;n negativa del autoritarismo civil y militar. La sociedad civil se extiende como el &aacute;mbito de la pol&iacute;tica intermedia entre el Estado coercitivo y los ciudadanos y el pueblo, que lleva a la proliferaci&oacute;n de una pol&iacute;tica de consenso, tolerante, que desactiva la violencia y los conflictos irresolubles (Bobes, 2002: 378). La clase media se convierte en uno de los soportes estrat&eacute;gicos de la pol&iacute;tica democr&aacute;tica. Las tendencias predominantes entre las clases dominantes hacia la dictadura, el autoritarismo y la autocracia, as&iacute; como de las clases marginadas a la revuelta y la revoluci&oacute;n, se ven neutralizadas por el desarrollo de una pol&iacute;tica de compromiso con una comunidad p&uacute;blica que reconoce los derechos de los grupos subalternos mientras &eacute;stos mismos renuncian a la transformaci&oacute;n violenta de las sociedades. Este consenso democr&aacute;tico en la zona se alcanza luego de que se extendieron los movimientos radicales y armados en el subcontinente y sobrevino despu&eacute;s una respuesta militarista y olig&aacute;rquica. Los resultados de las d&eacute;cadas de convulsi&oacute;n pol&iacute;tica resultaron demoledores, al punto de que una parte importante de los cambios democr&aacute;ticos tiene que ver con la administraci&oacute;n del legado represivo de los a&ntilde;os oscuros. El consenso democr&aacute;tico se extiende por el momento, pero los acuerdos que lo sostienen son inestables y de dif&iacute;cil pron&oacute;stico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El r&eacute;gimen democr&aacute;tico se extiende por la zona durante la &uacute;ltima parte del siglo pasado, pero tiene que convivir con una serie de circunstancias que le amenazan permanentemente y conspiran contra la consolidaci&oacute;n, ampliaci&oacute;n y profundizaci&oacute;n de los procesos democr&aacute;ticos en la regi&oacute;n. Tan es as&iacute; que se discute si el r&eacute;gimen democr&aacute;tico ha triunfado verdaderamente o incluso si resulta pertinente para enfrentar y resolver los problemas de las sociedades y las naciones latinoamericanas. La democracia se mantiene precaria y fr&aacute;gil ante factores de poder, instituciones y un marco valorativo que le resultan refractarios. Los poderes de las oligarqu&iacute;as econ&oacute;micas, terratenientes y empresariales, de los l&iacute;deres autoritarios y de los caciques pol&iacute;ticos, as&iacute; como de los cuerpos coercitivos y represivos, hacen prevalecer su peso espec&iacute;fico para impedir que los reg&iacute;menes democr&aacute;ticos se implanten cabalmente. La institucionalidad es m&iacute;nima y con m&aacute;s raz&oacute;n si nos referimos a las instituciones republicanas y democr&aacute;ticas. La relevancia que adquieren en la cultura latinoamericana los liderazgos fuertes y personalizados hace que las instituciones se sometan a los designios de los hombres con poder. Finalmente, hay que considerar que la propuesta democr&aacute;tica es propia de la cultura occidental. Si bien es cierto que en las tradiciones ind&iacute;genas se encuentran vestigios de un democratismo comunitario, no es menos cierto que &eacute;ste llega a confundirse con el caciquismo, con la ausencia clara de libertades individuales y se vuelve un elemento de coerci&oacute;n pol&iacute;tica. Visto as&iacute;, resulta que la cultura democr&aacute;tica requiere de un lento y largo aprendizaje colectivo para llegar a extenderse mayoritariamente en las sociedades y comunidades latinoamericanas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De ah&iacute; que puede resultar tan com&uacute;n el arraigo tan bajo que manifiesta la comunidad latinoamericana por el proceso democr&aacute;tico. Eso nos lleva a considerar el proceso democr&aacute;tico como una tendencia de larga duraci&oacute;n que requiere asentarse a lo largo de varias generaciones.<sup><a href="#notas">2</a></sup> La dificultad que se tiene es que el tiempo pol&iacute;tico latinoamericano es apremiante y obliga a tomar decisiones f&aacute;cticas. El decisionismo que se manifiesta en c&iacute;rculos empresariales y en los cuerpos represivos se convierte en una amenaza constante para la necesidad de tiempo extendido del proceso democr&aacute;tico. Los gobiernos democr&aacute;ticos son temporales y delimitados, pero en el caso regional es el mismo r&eacute;gimen pol&iacute;tico el que adquiere un car&aacute;cter provisorio.<sup><a href="#notas">3</a></sup> De hecho, las coacciones de la temporalidad externa sobre el desarrollo propio latinoamericano llegan a afectar la maduraci&oacute;n misma del r&eacute;gimen democr&aacute;tico. Aunque en alg&uacute;n momento es la misma globalizaci&oacute;n la que empuja a la apertura ideol&oacute;gica y pol&iacute;tica, se va convirtiendo igualmente en un factor de coacci&oacute;n permanente sobre el poder soberano, popular y de la ciudadan&iacute;a de la regi&oacute;n. Es lo que Math&iacute;as y Salama definieron alguna vez como el mercado mundial constituido que se vuelve un elemento de condicionamiento externo sobre los procesos de las naciones perif&eacute;ricas (Math&iacute;as, 1986: 3844). Si la democracia se mantiene fr&aacute;gil y en condiciones de precariedad se vuelve complicado establecer una pol&iacute;tica de largo alcance que permita cimentar a los actores sociales y pol&iacute;ticos, a las instituciones y a las mentalidades en la vida democr&aacute;tica. De ah&iacute; que deban prevalecer los proyectos de larga data que permitan que la democracia se convierta en un elemento de referencia perdurable y duradero.</font></p>     <p align="justify">&nbsp; </p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Transiciones incompletas e interminables</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El debate de la transici&oacute;n se volvi&oacute; relevante para la regi&oacute;n, ya que la zona se ver&iacute;a inmersa en uno de los procesos de democratizaci&oacute;n de la &uacute;ltima parte del siglo pasado. En Latinoam&eacute;rica y en Europa del Este se van a vivir los movimientos democr&aacute;ticos m&aacute;s importantes de fines del siglo XX, y con ellos se desata la discusi&oacute;n sobre el tema de la transici&oacute;n. En la definici&oacute;n ya cl&aacute;sica sobre el punto se habla de la misma como el proceso pol&iacute;tico que permite el tr&aacute;nsito de un tipo de r&eacute;gimen autoritario hacia otro que puede derivar en cualquier cosa (O'Donnell, 1994: 15&#45;18). Se entend&iacute;a que se trataba de una transici&oacute;n democr&aacute;tica porque se ve&iacute;a a la democracia como un bien pol&iacute;tico positivo por alcanzar. En la medida que exist&iacute;a una insatisfacci&oacute;n colectiva y una incapacidad cr&oacute;nica del autoritarismo para mantener su legitimidad, se asumi&oacute; el proyecto democr&aacute;tico para establecer un futuro viable y v&aacute;lido. Los sectores m&aacute;s din&aacute;micos de las naciones, aglutinados en las sociedades civiles emergentes, se convierten en el motor central que empuja en la ruta de la construcci&oacute;n democr&aacute;tica, contando con la anuencia de grupos de poder econ&oacute;mico nacional y transnacional y la lealtad de la inteligencia. La transici&oacute;n pol&iacute;tica estuvo en el centro de las definiciones de los procesos pol&iacute;ticos latinoamericanos en la &uacute;ltima parte del siglo pasado. Al principio, la transici&oacute;n se asumir&iacute;a con optimismo por el simple hecho de salir del estado coercitivo y de fuerza en que se viv&iacute;a anteriormente. La mayor&iacute;a de las sociedades latinoamericanas quedaron paralizadas por el miedo, desmovilizadas y quebradas en su unidad interna. El fascismo y el autoritarismo dejan una huella profunda que har&iacute;a que se viera la opci&oacute;n democr&aacute;tica como un respiro y un alivio al trauma que hab&iacute;a marcado la vida de las naciones. De ah&iacute; que la transici&oacute;n se redujera a la pol&iacute;tica de los m&iacute;nimos democr&aacute;ticos, tales como las libertades individuales, el derecho al voto y al sufragio, la existencia de una oposici&oacute;n organizada.<sup><a href="#notas">4</a></sup> A diferencia de una revoluci&oacute;n democr&aacute;tica donde se comete el <i>regicidio</i> y se acaba con la figura simb&oacute;lica y real del viejo poder, la transici&oacute;n implica una soluci&oacute;n empatada.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Las fuerzas civiles y democr&aacute;ticas acceden al poder pero tienen que mantener los espacios de las fuerzas del viejo orden y convivir con ellas durante un tiempo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La convivencia o cohabitaci&oacute;n en los marcos del proceso de transici&oacute;n democr&aacute;tica es particularmente dif&iacute;cil porque las fuerzas j&oacute;venes entran al relevo y tienen que hacerlo mientras los poderes del autoritarismo y la dictadura se mantienen a la sombra. La existencia de pactos expl&iacute;citos e impl&iacute;citos va fijando los tiempos, los ritmos y la secuencia misma del proceso democr&aacute;tico. Si se jala demasiado la correa se cae en el riesgo de que las fuerzas restauradoras y autoritarias se agrupen y liquiden el proceso emergente. Si la transici&oacute;n no marcha y se queda truncada se puede caer en otro defecto en el proceso, que ser&iacute;a que las fuerzas democr&aacute;ticas quedaran sumamente debilitadas, aisladas y cayeran en la decepci&oacute;n y la desesperaci&oacute;n. El manejo de la pol&iacute;tica de la transici&oacute;n va a ser crucial para entender los tiempos hist&oacute;ricos del subcontinente y las fuerzas democr&aacute;ticas tienen que administrar los lastres del pasado autoritario a la par que se establecen los cimientos de un r&eacute;gimen nuevo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La etapa posterior a la transici&oacute;n, denominada de consolidaci&oacute;n &#151;y a&uacute;n m&aacute;s recientemente: la era de la postransici&oacute;n&#151; se enfrenta a otros retos y dificultades, agudizados en el caso latinoamericano. Aunque las fronteras entre la etapa de transici&oacute;n y la de consolidaci&oacute;n se vuelven borrosas, se mantiene la divisi&oacute;n anal&iacute;tica (Schedler, 2004: 32&#45;35). Al salir de la etapa de una transici&oacute;n democr&aacute;tica, la soluci&oacute;n de empate tiene que quedar atr&aacute;s y dar lugar a un proceso que permita la implantaci&oacute;n de una democracia plena que ataque asuntos que tienen que ver con los m&aacute;ximos de las democracias y con los modelos del ideal de sociedad. Esta etapa es m&aacute;s exigente ya que los puntos de comparaci&oacute;n se establecen con los pa&iacute;ses avanzados del mundo, y en ese sentido los procesos latinoamericanos salen mal librados en el an&aacute;lisis. El abanico de asuntos que implican los m&aacute;ximos democr&aacute;ticos es tan amplio que, adem&aacute;s, lleva a la conformaci&oacute;n de puntos de vista y opiniones divergentes sobre el tipo de sociedad democr&aacute;tica que se quiere. Si el debate en los m&iacute;nimos del proyecto democr&aacute;tico se concentra en la disputa del autoritarismo contra el democratismo, al dejar atr&aacute;s la transici&oacute;n se llega a una discusi&oacute;n que conlleva las l&iacute;neas centrales que debe incluir el r&eacute;gimen democr&aacute;tico del futuro. Los sectores de la democracia avanzada se interesan por ampliar los espacios de libertad y participaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a, la sociedad civil y las comunidades, se interesan asimismo por extender la cultura democr&aacute;tica a otros &aacute;mbitos de la vida civil y pol&iacute;tica, quieren contrarrestar la influencia de poderes informales, econ&oacute;micos, medi&aacute;ticos y coercitivos que se presentan como obst&aacute;culos en la l&iacute;nea de alcanzar una democracia completa.<sup><a href="#notas">6</a></sup> En el otro extremo, se van reagrupando sectores autoritarios y conservadores que realizan una lectura distinta del proceso pol&iacute;tico nacional. Llegan a reclamar m&aacute;s orden, estabilidad y seguridad.<sup><a href="#notas">7</a></sup> En ese sentido, quieren reforzar los mecanismos de control y dominio que subsisten en el trasfondo de los Estados latinoamericanos. Esta &oacute;ptica pretende limitar y mutilar el proceso democr&aacute;tico, cuando no abiertamente cancelarlo con una f&oacute;rmula de autoritarismo civil o de gobiernos militares con consenso social. Estas disputas parecen volverse m&aacute;s intensas por el mismo abigarramiento que tiene el proceso pol&iacute;tico latinoamericano.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si hacemos una recapitulaci&oacute;n de los procesos pol&iacute;ticos y democr&aacute;ticos de la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo pasado y de los inicios de la presente, nos encontraremos cuatro dimensiones claras que determinan los alcances de las transiciones y los cambios pol&iacute;ticos en la zona: a) El fen&oacute;meno de Fujimori en Per&uacute; apuntar&iacute;a a la salida del autoritarismo civil, cancelando espacios de libertad y participaci&oacute;n social y popular. Ha representado el modelo m&aacute;s claro de cancelaci&oacute;n del proceso democr&aacute;tico y de concentraci&oacute;n del poder en manos de un jefe civil fuerte (Tanaka, 2000: 102&#45;106). Mientras que en el resto del continente se dar&iacute;a un mayor rejuego entre el proceso democr&aacute;tico y las tendencias del pasado, en Per&uacute; se tuvo una involuci&oacute;n m&aacute;s ostensible. Las condiciones de violencia pol&iacute;tica y de guerra de contrainsurgencia que se libra contra los movimientos armados sirven de contexto para que se cierren los espacios pol&iacute;ticos (Strong, 1992: 199&#45;204). En este caso es donde m&aacute;s evidentemente triunf&oacute;, por un tiempo, el autoritarismo civil. La amenaza de que la soluci&oacute;n Fujimori se imponga en alg&uacute;n otro Estado latinoamericano se va a mantener hasta el presente, ya que combina el autoritarismo con la aplicaci&oacute;n severa de las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas ortodoxas en la regi&oacute;n, lo cual lo convierte en una opci&oacute;n viable para las &eacute;lites econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas del &aacute;rea.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">b) En otras experiencias tendremos transiciones incompletas e interminables, donde los militares, los grupos econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos del pasado quieren establecer la agenda de la transici&oacute;n tratando de que llegue lo menos lejos posible. En Chile, en concreto, el poder de los militares permite detener el proceso pol&iacute;tico, y tienen la capacidad para obligar a los gobiernos civiles a negociar permanentemente con ellos. Es una forma de democracia controlada, llamada tambi&eacute;n de los "amarres", que viene de la matriz dictatorial y militar que ejerce un poder de comando sobre el proceso de cambio pol&iacute;tico (Maira, 1999: 79&#45;83). El r&eacute;gimen militar le llamaba democracia protegida al r&eacute;gimen que hab&iacute;an incubado y que tendr&iacute;a que ser desmantelado por el cambio pol&iacute;tico (Rojo, 2004: 141). Las transiciones incompletas se manifiestan por el hecho de que existe una fuerza infraestatal y f&aacute;ctica que se opone a que el r&eacute;gimen democr&aacute;tico se establezca completamente. Estas fuerzas tienden a ver a los procesos democratizadores como fen&oacute;menos inc&oacute;modos y pasajeros que esperan se vayan sedimentando con el paso del tiempo. Eso les permite restarle profundidad a la democracia y dejarla como un r&eacute;gimen pol&iacute;tico incompleto. Se puede llegar a tener una democracia en la superficie y un trasfondo duro que retienen grupos de poder econ&oacute;mico, pol&iacute;tico, policiaco y militar. Es como si la transici&oacute;n, en tanto momento del empate de fuerzas, se estabilizara indefinidamente y se mantuviera el amago de regresar a un tipo de r&eacute;gimen autoritario. Es por eso que en Chile y en Argentina se ha tenido que pasar a una etapa de revisi&oacute;n del pasado represivo que implica el castigo a los militares represores con responsabilidad en los hechos de la "guerra sucia", para desempatar la transici&oacute;n pol&iacute;tica. En Chile se mantiene una lucha persistente por desmontar el aparato represivo heredado de la dictadura militar y por llevar a Pinochet a la prisi&oacute;n. Durante el gobierno argentino de Kirchner se revive la disputa legal y pol&iacute;tica por las leyes expedidas en el pasado, llamadas de Obediencia Debida y Punto Final, que les otorgaba la impunidad a los militares y eso permite que el proceso pol&iacute;tico se reactive, mientras que grupos de la derecha le condenan por esas decisiones y le piden que utilice la mano dura contra los "piqueteros" y huelguistas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">c) Las &uacute;ltimas transiciones pol&iacute;ticas han resultado m&aacute;s cautelosas. En Per&uacute; la recuperaci&oacute;n de la democracia al caer el r&eacute;gimen de Fujimori se sostiene sobre bases muy endebles, por el desencanto de la poblaci&oacute;n ante los resultados de la democracia, y el gobierno de Toledo arranca con un alto grado de adhesi&oacute;n pero luego tiene que mantenerse en el poder con un nivel de aceptaci&oacute;n y popularidad a la baja. En M&eacute;xico se tendr&iacute;a la &uacute;ltima transici&oacute;n importante del &aacute;rea cuando Vicente Fox, un candidato opositor, derrota al PRI, el partido del viejo r&eacute;gimen autoritario que se mantuvo en el poder durante m&aacute;s de 70 a&ntilde;os. La revisi&oacute;n del pasado en materia de corrupci&oacute;n y de hechos represivos se ha dado en un par de casos, pero tienden a imponerse el arreglo y la negociaci&oacute;n con el viejo r&eacute;gimen. Esta &uacute;ltima transici&oacute;n se da en un contexto regional e internacional cada vez m&aacute;s adverso al proceso democr&aacute;tico, porque se le pone en cuesti&oacute;n, viene de regreso el autoritarismo o se enfrenta a retos nuevos que obligan a redefiniciones importantes del proyecto mismo de la democracia en la regi&oacute;n. En M&eacute;xico tenemos un r&eacute;gimen democr&aacute;tico incipiente (Meyer, 1998: 11&#45;15). En Per&uacute; y en M&eacute;xico se han experimentado las &uacute;ltimas transiciones pol&iacute;ticas, ambas tienen una tonalidad conservadora que parece inclinar la balanza hacia los mecanismos de la restauraci&oacute;n y de la gobernabilidad, m&aacute;s que en la extensi&oacute;n y desarrollo pleno de los cambios pol&iacute;ticos democr&aacute;ticos. Las transiciones se detienen indefinidamente, se estancan y hasta se revierte su din&aacute;mica por el temor que existe en los bloques dominantes de que la transici&oacute;n llegue demasiado lejos y conduzca al desarrollo de alternativas nacionales y populares que tomen en sus manos los procesos de transici&oacute;n y democratizaci&oacute;n, imprimi&eacute;ndoles otro sello. El factor nacional, social y popular se vuelve un elemento que tiende a inhibir los cambios pol&iacute;ticos, ya que pueden radicalizarlos y llevarlos demasiado lejos, seg&uacute;n los intereses dominantes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">d) A partir de un polo nacionalista, se desprende un cuestionamiento a las formas de la democracia representativa y liberal. En Venezuela observamos el proceso que m&aacute;s claramente estar&iacute;a poniendo en duda la viabilidad de los procesos democratizadores en la zona, aduciendo que la democracia formal es demasiado estrecha y se le sustituye por un bonapartismo regional (S&aacute;nchez Garc&iacute;a, 2003: 50). El chavismo venezolano ha permitido la incorporaci&oacute;n a la pol&iacute;tica de miles de pobres y marginales que el r&eacute;gimen de partidos cl&aacute;sico no alcanzaba a representar de una manera completa. Este fen&oacute;meno se ha hecho a costa de las clases media y alta, que se sienten ajenas a la pol&iacute;tica de nacionalismo radical que pregona el presidente venezolano. El chavismo ir&iacute;a transformando el r&eacute;gimen pol&iacute;tico venezolano hasta convertirse al autoritarismo en una alianza peculiar de militares con marginales, que establece otro bloque de poder en el continente. El intento por radicalizar el proceso democr&aacute;tico puede llevar a una reca&iacute;da en un autoritarismo de izquierda. Entre el fujimorismo y el chavismo se establecen los extremos de transiciones y procesos pol&iacute;ticos que viran hacia atr&aacute;s o que pueden desbocarse. Lo que tendr&iacute;amos hacia el centro es una mir&iacute;ada de procesos de transici&oacute;n inconclusos, inestables, con un esquema de convivencia dif&iacute;cil y complicado entre fuerzas democr&aacute;ticas y sectores autoritarios y conservadores.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Crisis de representaci&oacute;n y antipol&iacute;tica</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La crisis de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica en el subcontinente ha sido particular por su agudeza y su contundencia. A la par que se dan los &uacute;ltimos empujes democratizadores contra los reg&iacute;menes autoritarios que hab&iacute;an sobrevivido a la &eacute;poca, sobreviene una crisis de la democracia representativa, en tanto la representaci&oacute;n se vuelve estrecha y la clase pol&iacute;tica se muestra incapaz de sostener los niveles de aceptaci&oacute;n y legitimidad social y pol&iacute;tica que se tuvieron anta&ntilde;o. Las condiciones de precariedad democr&aacute;tica y el tipo de pol&iacute;ticas econ&oacute;micas aplicadas por los grupos dirigentes en Am&eacute;rica Latina abonan hacia la crisis de la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica. La crisis de representaci&oacute;n tiene varios momentos y dimensiones, siendo el caso venezolano uno de los m&aacute;s singulares (Stambouli, 2002: 219&#45;222). El r&eacute;gimen pol&iacute;tico venezolano derivado del Pacto de Punto Fijo en 1958 se muestra insuficiente para contener las protestas sociales y populares que acompa&ntilde;an a la implementaci&oacute;n de los paquetes de pol&iacute;tica econ&oacute;mica restrictiva (Mari&ntilde;ez, 2001: 49&#45;50). Es una rebeli&oacute;n de la clase media, la que anuncia la crisis del modelo representativo tradicional. El chavismo se va a convertir en una respuesta militar y despu&eacute;s electoral al hecho mismo de que los partidos pol&iacute;ticos tradicionales de Venezuela se ven superados por el "caracazo" y la secuela que dejar&iacute;a en la vida pol&iacute;tica del pa&iacute;s. El chavismo dice responder a las fallas del modelo de partidos olig&aacute;rquicos y excluyentes que exist&iacute;an en la sociedad venezolana y que perdieron su capacidad de conducci&oacute;n pol&iacute;tica. En ese sentido, la legitimidad popular se traslada a un l&iacute;der carism&aacute;tico y providencial que atrae el apoyo de la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n venezolana hacia propuestas que dicen superar los l&iacute;mites de la democracia formal para extender la democracia hacia niveles mayores de participaci&oacute;n social y popular. El balance sobre el chavismo ha resultado desfavorable, porque en aras de anular la representaci&oacute;n formal se han instituido formas de poder plebiscitario que destruyen las instituciones tradicionales y representativas, acabando con los contrapesos, y se tiende a sustituirlas con la predominancia del caudillo mesi&aacute;nico y de la pol&iacute;tica presencial del "pueblo". La versi&oacute;n venezolana de la crisis de la representaci&oacute;n es de las m&aacute;s llamativas, porque se ha querido sustituir a la democracia liberal por otro modelo que pretende elevar la participaci&oacute;n de los sectores populares y marginales y todo queda en la presencia abrumadora del C&eacute;sar regional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otras experiencias regionales se ha podido ver c&oacute;mo el vac&iacute;o de poder, la crisis de las instituciones, de la representaci&oacute;n y m&aacute;s recientemente el desencanto ante las clases pol&iacute;ticas, llevan a la gestaci&oacute;n de liderazgos fuertes y emergentes a los que se desplazan las expectativas frustradas de la poblaci&oacute;n. La tradici&oacute;n de l&iacute;deres pol&iacute;ticos fuertes en Latinoam&eacute;rica nos viene recientemente de los populismos de la posguerra mundial, y ante la debilidad de las instituciones y las deficiencias en materia de cultura republicana y democr&aacute;tica se da la reaparici&oacute;n de figuras que dicen superar a las instituciones, los partidos pol&iacute;ticos, las clases dirigentes y establecen una relaci&oacute;n plebiscitaria directa con el pueblo. Los ejemplos en este sentido son diversos y lo mismo se han presentado con el nacionalismo populista del chavismo hasta los casos del Per&uacute; con Alberto Fujimori, primero, y luego con Alejandro Toledo. Lo cierto es que los partidos tradicionales tienen ahora una mayor dificultad para mantenerse como una alternativa de representaci&oacute;n, y ejercer control y dominio sobre las sociedades latinoamericanas. En Per&uacute; en particular, la formaci&oacute;n y el triunfo de la agrupaci&oacute;n "Per&uacute; Posible", que llevar&iacute;a a la presidencia de la rep&uacute;blica a Toledo en el 2001, expresa la crisis tan severa que se hab&iacute;a tenido en materia de credibilidad y confianza de la clase pol&iacute;tica y las instituciones luego de los esc&aacute;ndalos con los <i>vladivideos</i> que exhibieron los m&eacute;todos de espionaje del gobierno peruano y la corrupci&oacute;n de un sector importante de los grupos dirigentes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante tal sacudida, alguien tendr&iacute;a que ocupar el vac&iacute;o pol&iacute;tico dejado por la crisis de credibilidad en Per&uacute;. Toledo lo cubre durante un tiempo, pero ese apoyo de la sociedad se vuelve evanescente ya que no tiene los niveles de compromiso que antes se alcanzaban. El incumplimiento de promesas de campa&ntilde;a, la falta de resultados y sobre todo el tratar de impulsar un programa de gobierno con pol&iacute;ticas impopulares &#151;como lo ser&iacute;a el hecho de intentar proseguir con las pol&iacute;ticas de privatizaci&oacute;n&#151; llevan al gobierno peruano a niveles de aceptaci&oacute;n popular reducidos. En el subcontinente se gobierna con un grado de aceptaci&oacute;n social y ciudadana estrecho, en la mayor&iacute;a de los casos, y no es raro que esta crisis de confianza y credibilidad derive en violencia social y pol&iacute;tica o en la ca&iacute;da de gobiernos constitucionales, como ocurri&oacute; en Ecuador en 2000 y en Bolivia en 2003. En cierto sentido, lo que est&aacute; ocurriendo es que la pol&iacute;tica p&uacute;blica de comando se vuelve m&aacute;s estrecha y las decisiones que se toman son impopulares. El electorado y la ciudadan&iacute;a se han vuelto m&aacute;s exigentes y los paquetes de pol&iacute;tica econ&oacute;mica ortodoxa tienen m&aacute;s dificultades para contar con la anuencia de las mayor&iacute;as en la regi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los partidos pol&iacute;ticos, las instituciones representativas y las clases pol&iacute;ticas se ven orilladas a establecer reformas radicales y dr&aacute;sticas si no quieren verse rebasadas por una tendencia creciente donde los actores sociales y pol&iacute;ticos en Latinoam&eacute;rica est&aacute;n poniendo en duda la viabilidad de los esquemas de representaci&oacute;n pol&iacute;tica. Los partidos pol&iacute;ticos tradicionales se mantienen con m&aacute;s dificultades que antes. En algunos casos, como en Colombia, se ha dado una tendencia muy visible hacia la fragmentaci&oacute;n y la atomizaci&oacute;n de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica (Guti&eacute;rrez San&iacute;n, 2002: 54&#45;55). El viejo esquema bipartidista se ha roto y obliga a una redefinici&oacute;n del sistema de partidos y del r&eacute;gimen electoral en el pa&iacute;s. Lo mismo ocurre en Argentina, donde los partidos que hab&iacute;an ocupado el centro de la vida p&uacute;blica en la mayor parte del siglo pasado, ahora se ven resquebrajados y terminan por dar lugar a nuevas agrupaciones y organizaciones derivadas del Partido Radical y del peronismo. La gestaci&oacute;n de nuevos bloques pol&iacute;ticos y de poder se vuelve com&uacute;n, ya que la estructura pol&iacute;tica tradicional tiene dificultades para mantener la interlocuci&oacute;n ante un electorado y una ciudadan&iacute;a en&eacute;rgica y desencantada (Camou, 2000: 13&#45;15).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es, sin duda, en Argentina donde el fen&oacute;meno de la crisis de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica ha llegado a un punto l&iacute;mite. La crisis econ&oacute;mica, social, pol&iacute;tica e institucional que se desencadena en 2001&#45;2002, va a llegar a un estado tal que todo el entramado institucional y las clases dirigentes quedan seriamente cuestionadas y debilitadas por una ciudadan&iacute;a radicalizada. La clase media cacerolista y los "piqueteros", desempleados y marginales protagonizan las jornadas de protesta y movilizaci&oacute;n que van a sacudir la vida nacional en el pa&iacute;s y que conducen a una sucesi&oacute;n de presidentes en un breve lapso (Cherevsky, 2002: 120&#45;123). En Argentina, la movilizaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a radical levanta la consigna &iexcl;Que se vayan todos!, con la que se quiere enfatizar que no existe confianza o credibilidad para instituci&oacute;n o grupo dirigente alguno, luego de la crisis aguda que sacude la econom&iacute;a de las familias y las personas. Es la misma noci&oacute;n de representaci&oacute;n la que se derrumba, pues no existe organizaci&oacute;n o grupo que pueda cubrir las expectativas de una sociedad en acci&oacute;n que desconf&iacute;a y niega la existencia de intermediarios en el juego que se tiene que establecer con los poderes instituidos. La movilizaci&oacute;n argentina llega a tomar tintes de antipol&iacute;tica y, por lo mismo, tiende a degenerar en ocasiones en una suerte de violencia irracional y sin sentido que s&oacute;lo expresa la protesta y la indignaci&oacute;n de la sociedad civil activada y radicalizada.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En principio se rechaza toda f&oacute;rmula de representaci&oacute;n, pero se llega a un momento en que se reconoce que se tiene que renovar y reconstruir cabalmente la vida pol&iacute;tica, organizada y partidaria. Si se van todos queda el vac&iacute;o y alguien lo va a tener que llenar. A mediano o largo plazo se va a rehacer la estructura de representaci&oacute;n, s&oacute;lo que la movilizaci&oacute;n radical y los signos de antipol&iacute;tica y de violencia social que se han dado obligan a un entramado representativo m&aacute;s acotado, vulnerable y provisional del que se ten&iacute;a antes. Los nuevos liderazgos y movimientos pol&iacute;ticos que se conforman se sostienen sobre bases m&aacute;s endebles y la legitimidad se la tienen que ir ganando con acciones y pol&iacute;ticas de gobierno. Tanto el radicalismo como el peronismo hab&iacute;an quedado fracturados en varios agrupamientos menores desde antes de la crisis que terminar&iacute;a con la gesti&oacute;n de Fernando de la R&uacute;a. Los reacomodos de grupos pol&iacute;ticos van a ser m&aacute;s intensos y dr&aacute;sticos luego de la crisis de la clase dirigente y de la ca&iacute;da de los gobiernos (Jozami, 2003: 51&#45;74). N&eacute;stor Kirchner llega a la presidencia despu&eacute;s de ser uno de los candidatos peronistas a la presidencia de la Rep&uacute;blica. Se convierte en presidente despu&eacute;s de obtener un porcentaje de votaci&oacute;n apenas arriba de los veinte puntos porcentuales en la primera vuelta electoral, dada la fragmentaci&oacute;n y atomizaci&oacute;n de las opciones pol&iacute;ticas y de los votos de los electores. La renuncia de Carlos Menem, el otro candidato m&aacute;s votado, a participar en la segunda vuelta electoral le allana el camino hacia la primera responsabilidad de la naci&oacute;n. M&aacute;s que una fuerza propia, ha sido el antimenemismo lo que le permiti&oacute; llegar al poder presidencial. Eso le ha orillado a gobernar y responder m&aacute;s claramente a los reclamos y demandas de la ciudadan&iacute;a radical y democr&aacute;tica que se ha puesto en marcha en la naci&oacute;n sudamericana. La reconstrucci&oacute;n de la representatividad se tiene que hacer con el concurso de la sociedad y de la ciudadan&iacute;a argentina.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La representaci&oacute;n pol&iacute;tica se transforma seriamente. En Argentina, tenemos la experiencia m&aacute;s visible de la crisis de la representaci&oacute;n, del ascenso de la antipol&iacute;tica y de la renovaci&oacute;n radical de la pol&iacute;tica democr&aacute;tica. El asunto de la representaci&oacute;n se vuelve relevante para todo el subcontinente, porque estamos hablando de sociedades que han depuesto a presidentes en Ecuador, Argentina, Bolivia y Hait&iacute;. Aunque obedecen a diferentes aspectos de las definiciones pol&iacute;ticas e ideol&oacute;gicas y de la correlaci&oacute;n de fuerzas regional, nos encontramos con un tipo de fen&oacute;menos que coinciden en lo relativo a la fragilidad de las instituciones, la debilidad cr&oacute;nica de los gobiernos y la necesidad de renovar la vida p&uacute;blica. Las instituciones y los partidos tradicionales tienen que someterse a un proceso serio de acomodo ante la emergencia de una sociedad civil, una ciudadan&iacute;a y un pueblo m&aacute;s activo, vigilante y presente en la vida de las naciones latinoamericanas. Los &iacute;ndices de popularidad m&iacute;nima de varios gobiernos en la zona, la existencia de naciones divididas y partidas por la confrontaci&oacute;n, como en el caso de Venezuela, har&iacute;an pensar que se requieren mecanismos que acoten, limiten y auxilien a la representaci&oacute;n pol&iacute;tica, a trav&eacute;s de figuras de la democracia directa, como los referendos y plebiscitos, las consultas ciudadanas y la revocaci&oacute;n del mandato de los dirigentes. Estas figuras ayudar&iacute;an a establecer soportes institucionales emergentes que permitan la revitalizaci&oacute;n de la democracia en la regi&oacute;n, en vez de que se diera el debilitamiento de la misma, por la rigidez de las instituciones, las organizaciones y partidos pol&iacute;ticos y la incapacidad de las clases dirigentes para sortear los nuevos tiempos pol&iacute;ticos en la regi&oacute;n. En Venezuela se intenta resolver la crisis nacional recurriendo a la f&oacute;rmula del refer&eacute;ndum revocatorio. En Bolivia se trata de encarrilar otra vez a la naci&oacute;n, utilizando un refer&eacute;ndum ciudadano para definir el futuro de las medidas del gobierno boliviano en lo relativo a la explotaci&oacute;n del gas y el lugar de su salida, que se hab&iacute;an convertido en la manzana de la discordia de la lucha nacional. La combinaci&oacute;n de la democracia representativa con figuras de la democracia directa y semidirecta ayuda a la reconstrucci&oacute;n de la institucionalidad de la democracia latinoamericana.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="left"><font face="verdana" size="2"><b>Polarizaci&oacute;n, violencia y antagonismo pol&iacute;tico</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El debilitamiento de los procesos democr&aacute;ticos en la zona puede llevar a que las m&uacute;ltiples tensiones y diferencias se resuelvan por m&eacute;todos ilegales y violentos. Las diferencias ideol&oacute;gicas, pol&iacute;ticas, sociales y &eacute;tnicas son comunes a todas las sociedades latinoamericanas. El sentido de comunidad se ve resquebrajado en la medida que se avivan esas diferencias, que llegan en algunos casos al antagonismo y la confrontaci&oacute;n irresoluble. Un r&eacute;gimen democr&aacute;tico requiere que los procesos pol&iacute;ticos tiendan a pacificarse y sean resueltos y dirimidos por la v&iacute;a de la ley, de las instituciones y de los pactos pol&iacute;ticos. As&iacute; es como se sali&oacute; de la guerra civil en Am&eacute;rica central y se establecieron las bases para una convivencia democr&aacute;tica en el &aacute;rea, luego de a&ntilde;os de violencia pol&iacute;tica y polarizaci&oacute;n social (Poitevin, 2002: 26&#45;29). El aprendizaje de los actores sociales y pol&iacute;ticos les llevar&iacute;a a entender que era preferible establecer las bases de una convivencia civilizada, que extender indefinidamente una situaci&oacute;n de violencia pol&iacute;tica sin que se vislumbrara un triunfo pol&iacute;tico&#45;militar claro de alguna de las partes sobre su enemigo. El r&eacute;gimen democr&aacute;tico tiene la capacidad para administrar los conflictos, contemporizar con ellos y canalizarlos por v&iacute;as institucionales para eludir soluciones finales y apocal&iacute;pticas. De ah&iacute; su superioridad sobre los reg&iacute;menes de facto y las soluciones de fuerza que establecen equivocaciones duraderas donde una de las partes mantiene a raya a los vencidos y derrotados en la guerra interna. El r&eacute;gimen democr&aacute;tico permite que las controversias se den por v&iacute;as pac&iacute;ficas y los cambios de poder y de direcci&oacute;n se realicen sin derramamiento de sangre, existiendo siempre la posibilidad de rectificar, enmendar y parar en el sendero escogido por la ciudadan&iacute;a. Este aprendizaje de los pueblos que se pudo tener al salir de las dictaduras militares, de los gobiernos autoritarios y de las guerras civiles, se ve ensombrecido por las situaciones cr&iacute;ticas que tienen que enfrentar las democracias fr&aacute;giles de Am&eacute;rica Latina.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si tuvi&eacute;ramos que recurrir a un caso nacional en que no se han logrado los niveles de integraci&oacute;n social y de comunidad compartida que se requieren para establecer un proyecto de naci&oacute;n conjunta, nos ir&iacute;amos al proceso colombiano. En Colombia se tienen conflictos viejos empalmados con un tipo de violencia y antagonismo propio de los niveles de descomposici&oacute;n social y pol&iacute;tica al que est&aacute;n llegando algunas comunidades latinoamericanas. Las confrontaciones ideol&oacute;gicas y pol&iacute;ticas propias de los tiempos de la guerra fr&iacute;a sobreviven a trav&eacute;s de la lucha armada que libran los grupos guerrilleros de izquierda contra el gobierno y los paramilitares. Esta violencia pol&iacute;tica tiende a confundirse cada vez m&aacute;s con la violencia delincuente y criminal que invade a otras comunidades latinoamericanas (Guillermo Prieto, 2000: 33&#45;36). El desgarramiento de Colombia expresa la dificultad que se tiene para restablecer la concordia y la estabilidad en una naci&oacute;n que la perdi&oacute; desde los a&ntilde;os de la llamada etapa de la Violencia (1948&#45;1957) (Anzaldi, 2001: 45&#45;46). La polaridad ideol&oacute;gica, pol&iacute;tica y social es tal que se pone en duda la posibilidad de que se establezca una comunidad nacional &uacute;nica. En Colombia subsisten varios miniestados, controlados por los grupos guerrilleros, los paramilitares y las bandas de narcotraficantes que desaf&iacute;an y est&aacute;n fuera del control del Estado colombiano.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la medida en que las disputas ideol&oacute;gicas, pol&iacute;ticas y sociales llegan a planos de confrontaci&oacute;n irresoluble, se presenta la amenaza de la desintegraci&oacute;n nacional y de una guerra fratricida. En Venezuela, los enfrentamientos entre el gobierno chavista y la oposici&oacute;n pol&iacute;tica han rebasado los l&iacute;mites de la disputa verbal intensa y han llegado a los planos de la violencia pol&iacute;tica. En todo momento ha terminado por prevalecer el esp&iacute;ritu de convivencia nacional que implica el reconocimiento a los derechos de los otros. Una f&oacute;rmula democr&aacute;tica como el refer&eacute;ndum permite detener el avance hacia el precipicio, pero las tensiones contin&uacute;an independientemente del resultado del mismo. Si una parte de la sociedad concibe que no tiene puntos en com&uacute;n con el resto de la sociedad civil o pol&iacute;tica de su naci&oacute;n respectiva, es de suponer que se impondr&aacute;n los caminos de la exclusi&oacute;n, la violencia y la confrontaci&oacute;n hacia quienes se considera enemigos mortales. Cuando se trata de disputas ideol&oacute;gicas y pol&iacute;ticas, se llega a alcanzar el acuerdo sobre las reglas de convivencia democr&aacute;ticas para administrar las diferencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El asunto se vuelve m&aacute;s grave cuando nos encontramos con un tipo de confrontaci&oacute;n y polaridad que est&aacute; desarroll&aacute;ndose y que no tiene perfiles ideol&oacute;gicos y pol&iacute;ticos, sino de extensi&oacute;n de la delincuencia, la ilegalidad y la informalidad entre sectores marginados y excluidos de la poblaci&oacute;n. La violencia criminal se extiende por muchas ciudades importantes de Am&eacute;rica Latina, en Colombia, Venezuela, El Salvador, M&eacute;xico, Brasil o Argentina. Este crecimiento de la delincuencia y de la violencia contra la sociedad se convierte en una nueva amenaza contra los Estados democr&aacute;ticos, porque obliga a responder por temas primarios ligados al orden, la seguridad p&uacute;blica y la estabilidad de las sociedades. Los reg&iacute;menes democr&aacute;ticos se ven obligados a retroceder al tratamiento m&aacute;s elemental en el ejercicio del poder, ya que a la violencia delincuente se le enfrenta con m&aacute;s coerci&oacute;n, violencia y poder estatal en un c&iacute;rculo vicioso que da&ntilde;a gravemente el tejido de convivencia civilizada.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho, eso lleva a que las agendas regionales tengan que retraerse hasta aspectos elementales de las relaciones sociales, que tienen que ver con los asuntos de la seguridad de los ciudadanos. Se ha desatado toda una discusi&oacute;n para enfrentar la cuesti&oacute;n de la inseguridad y la violencia en los centros urbanos y en algunas zonas campesinas del subcontinente. Los factores de orden econ&oacute;mico tienen que ver para que se diera la extensi&oacute;n y proliferaci&oacute;n de la violencia criminal en sociedades que han quedado da&ntilde;adas por momentos de crisis econ&oacute;mica y social, como ser&iacute;an los casos de M&eacute;xico, Brasil o Argentina, m&aacute;s recientemente. Sin embargo, la inseguridad se vincula con la ampliaci&oacute;n de los circuitos del narcotr&aacute;fico, la ilegalidad, la informalidad y el mercado negro. La ausencia o debilidad de las instituciones encargadas de impartir justicia y las fallas evidentes en el imperio de la ley, permiten que estos fen&oacute;menos se vayan apoderando de la vida cotidiana y "normal" de vastos sectores de las comunidades latinoamericanas. Es un <i>modus vivendi</i> que establece un desaf&iacute;o permanente al orden p&uacute;blico y m&aacute;s precisamente a la institucionalidad republicana o democr&aacute;tica en la regi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ah&iacute; donde el Estado ha estado ausente o presenta muestras evidentes de incapacidad para actuar contra grupos organizados que operan en la ilegalidad, los niveles de delincuencia tambi&eacute;n llegan a planos muy elevados. Las dificultades que tiene el Estado colombiano para establecer el control y el dominio territorial sobre el conjunto de la naci&oacute;n, abonan para que la inseguridad y la violencia se mantengan como un factor permanente de preocupaci&oacute;n nacional. En El Salvador se logr&oacute; salir de la guerra civil y con eso se tiende a garantizar la pacificaci&oacute;n pol&iacute;tica de la vida nacional. Los saldos que ha dejado la violencia pol&iacute;tica complican particularmente las condiciones de pacificaci&oacute;n social en el &aacute;rea centroamericana. As&iacute; que no es casual que los temas de la agenda conservadora para el subcontinente se hayan desplazado hacia estos puntos considerados prioritarios. Las opciones que establecen que la inseguridad es el tema m&aacute;s importante en el &aacute;rea tienden a reconocer una realidad creciente y se apoyan en consideraciones conservadoras que tratan de enfrentar la violencia criminal y la delincuencia con el reforzamiento de las medidas de autoridad y fuerza, con la alternativa de que se requiere m&aacute;s Estado, m&aacute;s coerci&oacute;n y m&aacute;s poder para enfrentar fen&oacute;menos complejos que atentan contra la integridad y la seguridad de la ciudadan&iacute;a. Los triunfos de los partidos del orden y conservadores se han dado en naciones donde estos puntos se vuelven estrat&eacute;gicos e importantes para definir el futuro de las sociedades, como ocurri&oacute; en Per&uacute;, en Colombia o El Salvador.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La otra variable que sigue pesando de forma decisiva para establecer los marcos de la vida pol&iacute;tica es el elemento social, que ha regresado con mucha fuerza para definir el futuro de la pol&iacute;tica y los procesos sociales en la regi&oacute;n. Desde el "caracazo" en Venezuela, en la primera mitad de la d&eacute;cada de 1990, se vuelve a dar la presencia e irrupci&oacute;n de las protestas y los movimientos sociales y populares en la zona. Es precisamente a partir de la rebeli&oacute;n popular venezolana como se conforma un sector de militares nacionalistas que se oponen a las orientaciones econ&oacute;micas establecidas por los organismos internacionales de cr&eacute;dito. El chavismo venezolano va a convertirse en el punto de referencia para que los sectores populares y marginales reclamen apertura de espacios en la toma de decisiones del r&eacute;gimen democr&aacute;tico venezolano. Aunque los actores sociales y pol&iacute;ticos, los tiempos y las formas resultan diferentes en otros pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, el asunto social va a reaparecer en la &uacute;ltima parte del siglo pasado y en los primeros a&ntilde;os del presente. En Ecuador se da una secuela de gobiernos ineptos, inestables e impopulares que culminan en la insurrecci&oacute;n pac&iacute;fica ind&iacute;gena que ocasiona la ca&iacute;da del presidente Jamil Mahuad, en 2000, a la par que se logra la adhesi&oacute;n de grupos militares a las demandas de la movilizaci&oacute;n ind&iacute;gena popular (Anzaldi, 2001: 43&#45;45). Meses despu&eacute;s, una alianza de militares nacionalistas con la Conaie (Confederaci&oacute;n de Nacionalidades Ind&iacute;genas del Ecuador) y el movimiento Pachakutik permite la llegada al poder de un gobierno de centro&#45;izquierda encabezado por Lucio Guti&eacute;rrez.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Argentina se vive otro viraje hacia las cuestiones sociales. La crisis econ&oacute;mica, pol&iacute;tica y social en el pa&iacute;s gaucho lleva a la ca&iacute;da del gobierno de Fernando de la R&uacute;a, a la sucesi&oacute;n de gobiernos igualmente d&eacute;biles e inestables y a la formaci&oacute;n de un movimiento de ciudadanos radicales, piqueteros y cacerolistas que sacude la vida nacional argentina. Al final, accede al poder el peronista N&eacute;stor Kirchner, quien gobierna apoy&aacute;ndose en sectores sociales y populares, reabre los expedientes contra los militares involucrados en la guerra sucia, a la vez que establece una negociaci&oacute;n m&aacute;s firme con los organismos de cr&eacute;ditos internacionales. Finalmente, otra movilizaci&oacute;n social, popular e ind&iacute;gena permite derrocar al gobierno constitucional de Gonzalo S&aacute;nchez de Lozada en Bolivia en octubre de 2003 (Gilly, 2004: 1&#45;2). La disputa por la exportaci&oacute;n del gas natural se vuelve el motivo que lleva a una radicalizaci&oacute;n de la protesta social y pol&iacute;tica hasta culminar con la ca&iacute;da del mandatario boliviano y el fortalecimiento de los movimientos radicales ind&iacute;genas, que ser&iacute;an el n&uacute;cleo central de la protesta popular. La oleada de movilizaciones sociales y populares, el ascenso al poder de gobiernos de izquierda o centro&#45;izquierda que marcan una distancia entre prudente y m&aacute;s en&eacute;rgica con los proyectos econ&oacute;micos del capital internacional, hace ver que est&aacute;n soplando vientos distintos en la regi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta oleada del ascenso de dichos movimientos sociales y populares, as&iacute; como del triunfo de gobiernos de corte nacional, social y popular, debe destacarse la llegada al poder de Lula en Brasil. Al competir por cuarta ocasi&oacute;n con el Partido de los Trabajadores, Lula se alza con la victoria en la segunda vuelta de la elecci&oacute;n presidencial de 2002 (Alves, 2003; 92&#45;94). De entrada, propone todo un paquete de medidas que se plantean ciudadanizar a los sectores m&aacute;s pobres y marginados de Brasil y darle un giro social a su pol&iacute;tica gubernamental. Cabe mencionar, en este sentido, el programa "Hambre cero" que se fija como un objetivo importante terminar con el hambre y garantizar la alimentaci&oacute;n b&aacute;sica a los habitantes pobres del gigante sudamericano (Coggiola, 2004: 41&#45;43). El triunfo de Lula marca una tendencia importante que llega a contradecir el tono predominante de los grupos conservadores en lo tocante al &eacute;nfasis que se pone en los asuntos de seguridad p&uacute;blica. Las victorias de los movimientos pol&iacute;ticos de izquierda se sustentan, antes que nada, en la problem&aacute;tica social y en la desigualdad estructural que existe en las comunidades latinoamericanas. La disyuntiva entre el orden y la seguridad p&uacute;blica, de un lado, y la cuesti&oacute;n social, por el otro, est&aacute; definiendo en gran medida los bloques de lucha pol&iacute;tica que se establecer&aacute;n en la regi&oacute;n y expresa la &uacute;ltima versi&oacute;n de la polaridad pol&iacute;tica latinoamericana. Nada definitivo hay sobre estas recomposiciones, ya que tambi&eacute;n los gobiernos de izquierda deben atender cuestiones de seguridad p&uacute;blica y dar respuestas pr&aacute;cticas a los imperativos sist&eacute;micos de la gesti&oacute;n p&uacute;blica, como por igual los gobiernos conservadores tendr&aacute;n que dar respuestas a la cuesti&oacute;n social si no quieren terminar como otros gobiernos depuestos en la turbulencia de la vida pol&iacute;tica y social latinoamericana de los &uacute;ltimos a&ntilde;os.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alves, Brito, <i>A Hist&oacute;ria de Lula o oper&aacute;rio presidente,</i> R&iacute;o de Janeiro, Espa&#231;o e tempo, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295884&pid=S1665-0565200500010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"> Anzaldi, Waldo, "La democracia en Am&eacute;rica Latina, m&aacute;s cerca de la precariedad que de la fortaleza", en <i>Sociedad,</i> Buenos Aires, 2001, n&uacute;m. 19, pp. 23&#45;54.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295886&pid=S1665-0565200500010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bobbio, Norberto, <i>El futuro de la democracia,</i> M&eacute;xico, FCE, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295888&pid=S1665-0565200500010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bobes, Velia Cecilia, "Movimientos sociales y sociedad civil: una mirada desde Am&eacute;rica Latina", en <i>Estudios Sociol&oacute;gicos,</i> M&eacute;xico, 2002, n&uacute;m. 59, pp. 371&#45;386.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295890&pid=S1665-0565200500010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Braudel, Fernand, <i>La historia y las ciencias sociales,</i> Madrid, Alianza, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295892&pid=S1665-0565200500010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Camou, Antonio, "&iquest;Del bipartidismo al 'bialancismo'? Elecciones y pol&iacute;tica en la Argentina posmenemista", en <i>Perfiles Latinoamericanos,</i> M&eacute;xico, 2000, n&uacute;m. 16, pp. 11&#45;30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295894&pid=S1665-0565200500010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Coggiola, Osvaldo, <i>Governo Lula. Da esperan&#231;a &agrave; realidade,</i> S&atilde;o Paulo, Xam&#227;, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295896&pid=S1665-0565200500010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cortina, Adela, <i>Ciudadanos del mundo. Hacia una teor&iacute;a de</i> <i>la ciudadan&iacute;a,</i> Madrid, Alianza, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295898&pid=S1665-0565200500010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cheresky, Isidoro, "Autoridad pol&iacute;tica debilitada y presencia ciudadana de rumbo incierto", en <i>Nueva Sociedad,</i> Caracas, 2002, n&uacute;m. 179, pp. 112&#45;129.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295900&pid=S1665-0565200500010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dahl, Robert, <i>La democracia y sus cr&iacute;ticos,</i> Barcelona, Paid&oacute;s, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295902&pid=S1665-0565200500010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gilly, Adolfo, "Bolivia, una revoluci&oacute;n del siglo XXI", en <i>La</i> <i>Jornada,</i> 2 de marzo, M&eacute;xico, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295904&pid=S1665-0565200500010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guillermoprieto, Alma, <i>Las guerras en Colombia,</i> Bogot&aacute;, Aguilar, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295906&pid=S1665-0565200500010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guti&eacute;rrez San&iacute;n, Francisco, "Fragmentaci&oacute;n electoral y pol&iacute;tica tradicional en Colombia: piezas para un rompecabezas en muchas dimensiones", en <i>Perfiles Latinoamericanos,</i> M&eacute;xico, n&uacute;m. 20, pp. 53&#45;77.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295908&pid=S1665-0565200500010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Huntington, Samuel, <i>El orden pol&iacute;tico en las sociedades en cambio,</i> Buenos Aires, Paid&oacute;s, 1968.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295910&pid=S1665-0565200500010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jozami, &Aacute;ngel, <i>Argentina, la destrucci&oacute;n de una naci&oacute;n,</i> Barcelona, Mondadori, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295912&pid=S1665-0565200500010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Maira, Luis, <i>Chile, la transici&oacute;n interminable,</i> M&eacute;xico, Grijalbo (col. Hojas Nuevas), 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295914&pid=S1665-0565200500010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mari&ntilde;ez Navarro, Freddy, "Rep&uacute;blica 'a&eacute;rea' y autoritarismo. Controversia del proyecto bolivariano", en <i>Trayectorias,</i> Monterrey, 2001, n&uacute;m. 6, pp. 46&#45;60.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295916&pid=S1665-0565200500010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lechner, Norbert, <i>Los patios interiores de la democracia. Subjetividad y pol&iacute;tica,</i> Santiago de Chile, FCE, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295918&pid=S1665-0565200500010000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Linz, Juan, "Las restricciones temporales de la democracia", en <i>Tiempo y democracia,</i> Caracas, Nueva Sociedad, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295920&pid=S1665-0565200500010000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Math&iacute;as, Gilberto y Pierre Salama, <i>El Estado sobredesarrollado.</i> <i>De las metr&oacute;polis al tercer mundo,</i> M&eacute;xico, ERA, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295922&pid=S1665-0565200500010000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Meyer, Lorenzo, <i>Fin de r&eacute;gimen y democracia incipiente. M&eacute;xico</i> <i>hacia el siglo</i> <i>XXI,</i> M&eacute;xico, Oc&eacute;ano, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295924&pid=S1665-0565200500010000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"> Moore, Barrington, <i>Los or&iacute;genes sociales de la dictadura y de</i> <i>la democracia. El se&ntilde;or y el campesino en la formaci&oacute;n del</i> <i>mundo moderno,</i> Barcelona, Pen&iacute;nsula, 1976.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295926&pid=S1665-0565200500010000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">O'Donnell, Guillermo y Philippe C. Schmitter, <i>Transiciones desde un gobierno autoritario 4. Conclusiones tentativas sobre las democracias inciertas,</i> Barcelona, Paid&oacute;s, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295928&pid=S1665-0565200500010000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Poitevin, Ren&eacute; y Alexander Sequ&eacute;n&#45;M&oacute;nchez, <i>Los desaf&iacute;os de la democracia en Centroam&eacute;rica,</i> Guatemala, flacso, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295930&pid=S1665-0565200500010000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rojo Torrealba, Andr&eacute;s, "Los legados institucionales del autoritarismo en Am&eacute;rica Latina", en <i>Pol&iacute;tica y gobierno,</i> M&eacute;xico, 2004, n&uacute;m. 1, vol. XI, pp. 137&#45;153.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295932&pid=S1665-0565200500010000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&aacute;nchez Garc&iacute;a, Antonio, <i>Dictadura o democracia. Venezuela en la encrucijada,</i> Caracas, Altazor, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295934&pid=S1665-0565200500010000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Schedler, Andreas, "La incertidumbre institucional y las fronteras borrosas de la transici&oacute;n y consolidaci&oacute;n democr&aacute;ticas", en <i>Estudios Sociol&oacute;gicos,</i> M&eacute;xico, 2004, n&uacute;m. 64, pp. 25&#45;52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295936&pid=S1665-0565200500010000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Stambouli, Andr&eacute;s, <i>La pol&iacute;tica extraviada. Una historia de Medina a Ch&aacute;vez,</i> Caracas, Fundaci&oacute;n para la Cultura Urbana, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295938&pid=S1665-0565200500010000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Strong, Simon, <i>Sendero Luminoso, el movimiento subversivo m&aacute;s letal del mundo.</i> Lima, Per&uacute; Reporting, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295940&pid=S1665-0565200500010000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tanaka, Mart&iacute;n, "Los partidos pol&iacute;ticos y el fujimorismo, 1992&#45;1999, y las elecciones del 2000. &iquest;Hacia un cambio de r&eacute;gimen?", en <i>Perfiles Latinoamericanos,</i> M&eacute;xico, 2000, n&uacute;m. 16, pp. 101&#45;126.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3295942&pid=S1665-0565200500010000300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. Adela Cortina discute acerca del hecho de que los seres humanos de carne y hueso tienen que comprender y sentir como suya la ley para que pueda funcionar. Es algo que tiene que venir de adentro de nosotros mismos (Cortina, 1998: 17). Esta verdad se podr&iacute;a aplicar a la realidad democr&aacute;tica latinoamericana. Deber&iacute;amos sentir a la democracia como algo que nos resulta propio para que triunfe cabalmente y se convierte en una segunda naturaleza de la vida de nuestros pueblos.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. El historiador Braudel incorpora la idea de la historia de larga duraci&oacute;n, que permite analizar los momentos del pasado estructurales que dan lugar a un tiempo extendido (Braudel, 1984: 70). Eso implica que la democracia latinoamericana deber&iacute;a estructurarse, volverse un asunto com&uacute;n, que le permita sostenerse en el tiempo.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. El debate sobre la temporalidad en la democracia se ha vuelto interesante porque contrapone el car&aacute;cter finito de los gobiernos democr&aacute;ticos con los gobiernos prolongados del autoritarismo (Linz, 1999: 27&#45;29). Eso, relacionado con los gobiernos, es una ventaja para el r&eacute;gimen democr&aacute;tico. En Am&eacute;rica Latina es el r&eacute;gimen y el sistema pol&iacute;tico democr&aacute;tico en su conjunto el que se sostiene sobre una situaci&oacute;n transitoria.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. El historiador Braudel incorpora la idea de la historia de larga duraci&oacute;n, que permite analizar los momentos del pasado estructurales que dan lugar a un tiempo extendido (Braudel, 1984: 70). Eso implica que la democracia latinoamericana deber&iacute;a estructurarse, volverse un asunto com&uacute;n, que le permita sostenerse en el tiempo.</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. El debate sobre la temporalidad en la democracia se ha vuelto interesante porque contrapone el car&aacute;cter finito de los gobiernos democr&aacute;ticos con los gobiernos prolongados del autoritarismo (Linz, 1999: 27&#45;29). Eso, relacionado con los gobiernos, es una ventaja para el r&eacute;gimen democr&aacute;tico. En Am&eacute;rica Latina es el r&eacute;gimen y el sistema pol&iacute;tico democr&aacute;tico en su conjunto el que se sostiene sobre una situaci&oacute;n transitoria.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">6. El proyecto de la democracia avanzada es muy amplio y consiste en ampliar y profundizar los niveles de participaci&oacute;n, organizaci&oacute;n y cultura democr&aacute;ticas. Dahl ha sostenido que las democracias actuales requieren atacar nuevas &aacute;reas y tem&aacute;ticas a las que hab&iacute;an permanecido indiferentes (Dahl, 1992: 373&#45;375). Bobbio se refiere m&aacute;s enf&aacute;ticamente a la penetraci&oacute;n de la democracia hacia nuevos territorios antes refractarios a la misma (Bobbio, 1986: 21&#45;22).</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">7. Estos temas evidentemente hobbesianos llevan a una perspectiva diferente para entender el proceso pol&iacute;tico democr&aacute;tico. Samuel Huntington ha sido uno de los autores m&aacute;s representativos de esta lectura conservadora que se interesa por la cuesti&oacute;n del orden en las sociedades que emprendieron cambios modernizadores (Huntington, 1990: 13&#45;19).</font></p>      ]]></body><back>
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