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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Legados</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Eric Hobsbawm, marxista perseverante</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Eric Hobsbawm, the Inveterate Marxist</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Daniela Spenser</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social&#45;Distrito Federal</i> <a href="mailto:spenser@prodigy.net.mx">spenser@prodigy.net.mx</a>.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eric Hobsbawm muri&oacute; el 1 de octubre de 2012. Hobsbawm lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que los problemas del siglo XX no s&oacute;lo no se resolvieron sino que se potenciaron debido a la cat&aacute;strofe ambiental del planeta. Un a&ntilde;o antes de morir, a sus 94 de edad, el historiador ingl&eacute;s public&oacute; un libro de ensayos en el que quer&iacute;a decir a aquellos lectores que reflexionaban "sobre su futuro y el de la humanidad en el siglo XXI" que en el contexto hist&oacute;rico actual volvieran a prestar atenci&oacute;n a la interacci&oacute;n entre las ideas de Karl Marx y las que emanaron del marxismo (Hobsbawm, 2011a).<sup><a href="#nota">1</a></sup> Marx y el marxismo, advirti&oacute;, segu&iacute;an siendo los instrumentos indispensables del an&aacute;lisis del capitalismo, si bien dejaron de ser las palancas de la acci&oacute;n pol&iacute;tica. El renacimiento del inter&eacute;s por Marx y la actualidad del marxismo se debe a la continua inestabilidad del desarrollo capitalista que genera crisis econ&oacute;micas peri&oacute;dicas con repercusiones pol&iacute;ticas y sociales, y a que el mundo capitalista globalizado se parece al mundo que Marx y Friedrich Engels anticiparon en el <i>Manifiesto comunista:</i> la pobreza, la injusticia, la inequidad; y del otro lado el <i>laisser&#45;faire</i> del mercado y la din&aacute;mica del desarrollo econ&oacute;mico global con su capacidad de destruir todo lo que le preced&iacute;a, incluso aquellas partes de la herencia del pasado humano del que el capitalismo se benefici&oacute;, como las estructuras de la familia. El otro elemento de la actualidad del marxismo es el an&aacute;lisis del mecanismo de crecimiento capitalista que genera sus contradicciones y produce una concentraci&oacute;n econ&oacute;mica en una crecientemente concentrada econom&iacute;a globalizada. Un factor adicional para la resurrecci&oacute;n de Marx es la liberaci&oacute;n del marxismo de su identificaci&oacute;n con el leninismo te&oacute;rico y con los reg&iacute;menes leninistas que hicieron del marxismo la ideolog&iacute;a del Estado en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica y los pa&iacute;ses bajo su hegemon&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>MARX Y EL MARXISMO</b></font></p> 	         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando Marx muri&oacute;, en marzo de 1883, no hab&iacute;a mucho por lo que se le recordara. Escribi&oacute; unos brillantes folletos y el torso de una obra sin completar: <i>Das Kapital.</i> La Primera Internacional, que fund&oacute; en 1864, fracas&oacute; en 1873. Tampoco dej&oacute; una impronta en la vida pol&iacute;tica e intelectual en Inglaterra, donde vivi&oacute; en exilio durante m&aacute;s de la mitad de su vida. El &eacute;xito de Marx es p&oacute;stumo y en parte se debe a la colaboraci&oacute;n financiera y dedicaci&oacute;n intelectual de su amigo Engels, quien termin&oacute; la obra que Marx hab&iacute;a iniciado y accion&oacute; su legado pol&iacute;tico. Unos 25 a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte de Marx se fundaron partidos pol&iacute;ticos obreros que se inspiraron en su obra publicada y traducida a varios idiomas y que participaron en elecciones en los pa&iacute;ses que las ten&iacute;an. Muchos de estos partidos llegaron al gobierno, y no s&oacute;lo a la oposici&oacute;n. En los pa&iacute;ses no democr&aacute;ticos aquellos que se autodenominaban disc&iacute;pulos de  Marx formaron grupos revolucionarios. 70 a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte de Marx, una tercera parte de la humanidad viv&iacute;a en reg&iacute;menes gobernados por partidos comunistas que dec&iacute;an representar sus ideas y llevar a cabo sus aspiraciones. Hasta el magnate y experto financiero George Soros se interes&oacute; en Marx y su inusual descubrimiento del funcionamiento del capitalismo. En suma, Marx dej&oacute; una marca indeleble sobre el siglo XX (Hobsbawm, 2011b: viii, y 2011c; Hunt, 2009).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Destaca Hobsbawm que en la vida de Marx y Engels y en las d&eacute;cadas subsecuentes fue el marxismo de el <i>Manifiesto comunista,</i> m&aacute;s que el de <i>El capital,</i> la obra del pensamiento maduro sobre la pol&iacute;tica econ&oacute;mica del capitalismo, que tuvo un impacto provocador sobre sus lectores. El <i>Manifiesto,</i> que consiste en frases lapidarias, en ret&oacute;rica pol&iacute;tica, libro escrito con convicci&oacute;n apasionada, casi afor&iacute;stico, atrapaba a los lectores con fuerza b&iacute;blica. El <i>Manifiesto</i> se refer&iacute;a a partidos no como organizaciones sino como tendencias y corrientes de opiniones en los que la plusval&iacute;a y el origen de la explotaci&oacute;n no estaban elaborados. El <i>Manifiesto</i> no contiene an&aacute;lisis econ&oacute;mico, sino an&aacute;lisis hist&oacute;rico, en el centro del cual est&aacute; la demostraci&oacute;n del desarrollo de las sociedades por etapas, en el que la anterior crea las condiciones para su inevitable sustituci&oacute;n. All&iacute;, Marx y Engels diagnosticaron el car&aacute;cter revolucionario de la sociedad burguesa, el estado transitorio del capitalismo, el potencial revolucionario de la econom&iacute;a capitalista a largo plazo con el triunfo eventual del proletariado, el sepulturero de la burgues&iacute;a. Advirtiendo contra las posteriores interpretaciones economicistas de Marx, la lectura de Hobsbawm era que el comunismo de Marx no deriv&oacute; de su an&aacute;lisis del car&aacute;cter y desarrollo del capitalismo, sino del argumento filos&oacute;fico, escatol&oacute;gico, sobre la naturaleza humana y su destino. La idea &mdash;fundamental en Marx y de all&iacute; en adelante&mdash; de que el proletariado era una clase que no se pod&iacute;a liberar sin liberar a la sociedad en su conjunto fue una deducci&oacute;n filos&oacute;fica m&aacute;s que producto de la observaci&oacute;n. El an&aacute;lisis econ&oacute;mico de la pol&iacute;tica del capitalismo fue elaborado a partir de los a&ntilde;os cincuenta del siglo, cuando Marx se sumergi&oacute; en los tesoros de la Biblioteca del Museo Brit&aacute;nico en Londres (Hobsbawm, 2011d).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hobsbawm descubre lo vital y lo obsoleto en Marx, como pocos han podido, recurriendo en los textos originales a las ra&iacute;ces etimol&oacute;gicas de las palabras para entender su significado de entonces y de hoy. Por ejemplo: en el <i>Manifiesto comunista</i> Marx habla de que la sociedad burguesa rescat&oacute; una parte de la poblaci&oacute;n de la idiotez de la vida rural. Si bien es cierto que Marx comparti&oacute; el desd&eacute;n de la sociedad urbana por la ignorancia de la vida rural, la referencia no era a la estupidez, sino a la estrechez de horizontes y al aislamiento de la sociedad en que viv&iacute;an los campesinos. Marx tom&oacute; la palabra de su origen griego, que se refer&iacute;a a persona centrada s&oacute;lo en sus asuntos privados y no en los de la comunidad. El sentido original se evapor&oacute; con el tiempo y qued&oacute; la distorsi&oacute;n (Hobsbawm, 2011d: 108).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>How to Change the World</i> el historiador inyecta vida en los escritos de Marx y Engels revelando el drama personal de los autores y la vida de las reimpresiones de los libros ligadas a la fuerza o la debilidad de los movimientos y partidos obreros y socialistas y a las preocupaciones del d&iacute;a. Nos recuerda Hobsbawm que el revisionismo del marxismo, las nociones del imperialismo y del nacionalismo, eran discusiones del siglo XX, no de Marx; que la econom&iacute;a socialista y sus futuros contornos eran discusiones y problemas reales despu&eacute;s de la Primera Guerra Mundial y las crisis revolucionarias que la siguieron, no antes; que el socialismo estuvo en el centro del debate del siglo XX, no en los textos de Marx, quien anticip&oacute; la crisis de la producci&oacute;n del capitalismo y los conflictos sociales que este sistema no ten&iacute;a la capacidad de resolver y a los que no sobrevivir&iacute;a. La discusi&oacute;n era de los partidos social&#45;dem&oacute;cratas que se inspiraron en Marx, o de los partidos comunistas que dijeron haber establecido reg&iacute;menes marxistas, no de Marx. La esperanza para el futuro de que los "expropiadores ser&iacute;an expropiados" fue una lectura basada en el an&aacute;lisis econ&oacute;mico de producci&oacute;n de la inequidad entre diferentes partes del mundo y entre las clases, no en la observaci&oacute;n emp&iacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hobsbawm destaca la universalidad del pensamiento de Marx, no como un cientista interdisciplinario sino como alguien que integr&oacute; todas las disciplinas: la filosof&iacute;a, la econom&iacute;a, la pol&iacute;tica y la ciencia. Hobsbawm es enf&aacute;tico cuando afirma que el marxismo de Marx no es un cuerpo de pensamiento terminado, sino en incesante evoluci&oacute;n; el haberlo convertido en dogma y ortodoxia fue ir a contracorriente del propio Marx, cuyo m&eacute;todo de investigaci&oacute;n se prest&oacute; a diferentes resultados y perspectivas pol&iacute;ticas: una lectura para Gran Breta&ntilde;a de transici&oacute;n pac&iacute;fica al poder y otra lectura para la Rusia zarista de transici&oacute;n de la aldea rural al socialismo. Hobsbawm niega la lectura correcta o incorrecta de Marx y aduce que era leg&iacute;timo que Lenin leyera <i>El capital</i> como la teor&iacute;a que ense&ntilde;aba la transici&oacute;n del subdesarrollo a la modernidad por medio del desarrollo econ&oacute;mico del tipo occidental, as&iacute; como Marx especul&oacute; sobre la transici&oacute;n directa de la aldea rusa al socialismo. El argumento de algunos de que el experimento sovi&eacute;tico de transici&oacute;n hacia el socialismo no pod&iacute;a construirse sin que el mundo entero fuera capitalista, dice Hobsbawm, no se derivaba de Marx. Rusia era demasiado atrasada como para producir m&aacute;s que una caricatura de la sociedad socialista. Aunque la Revoluci&oacute;n Bolchevique de 1917 no hubiera tenido lugar, el capitalismo liberal no se habr&iacute;a producido bajo el zarismo (Hobsbawm, 2011e: 13).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El marxismo como m&eacute;todo de an&aacute;lisis fue abandonado hacia el final del milenio. Hobsbawm arguye que el colapso de los reg&iacute;menes comunistas y las crisis de las democracias laboristas no son suficientes explicaciones. De manera ostensible, los sistemas y movimientos marxistas que Marx inspir&oacute; fracasaron o abandonaron sus objetivos originales, con lo que hicieron innecesario pol&iacute;tica e intelectualmente dedicar tiempo a la teor&iacute;a que la historia desacredit&oacute;. La otra fuente para desacreditar el marxismo fue el anticomunismo de la Guerra Fr&iacute;a. Lo que fue denunciado no fueron las teor&iacute;as y los an&aacute;lisis de Marx, sino la perspectiva de la revoluci&oacute;n como desorientadora de la gente joven y como el totalitarismo que desafiaba el liberalismo y la sociedad en el autorregulado y racional mercado. En esta l&oacute;gica Marx fue identificado con el terrorismo y los campos de trabajo forzado. Parad&oacute;jicamente, aun sin la Guerra Fr&iacute;a, el anticomunismo contin&uacute;a, no contra un enemigo que dej&oacute; de existir, sino para realzar la supremac&iacute;a y la superioridad del capitalismo liberal. El inesperado regreso de Marx al mundo en un contexto en el que la existencia del capitalismo est&aacute; puesto en entredicho se explica no debido a una amenaza de la revoluci&oacute;n social sino como consecuencia de las irrestrictas operaciones del capitalismo global a las que Marx fue sensible, m&aacute;s que los creyentes en las decisiones racionales y los mecanismos de la autocorrecci&oacute;n del libre mercado (Hobsbawm, 2007f).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>UNA INTERPRETACI&Oacute;N MARXISTA DE LA GLOBALIZACI&Oacute;N</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la perspectiva de hoy, la contribuci&oacute;n de Marx a la comprensi&oacute;n de la globalizaci&oacute;n es invaluable y nadie mejor equipado que Hobsbawm el historiador para recordar lo que otros han olvidado o quieren olvidar. Su libro <i>Globalisation, Democracy and Terrorism</i> (2007a) no hubiera podido tener la extensi&oacute;n espacial y la profundidad temporal que tiene de no haber reflexionado Hobsbawm sobre el largo camino que llev&oacute; a la humanidad de <i>The Age of Revolution</i> (1962) a trav&eacute;s de <i>Industry and Empire</i> (1968a) a <i>The Age of Capital</i> (1975) y de all&iacute; a <i>Age of Extremes</i> (1994). Al hacer un registro del presente en un contexto amplio y en una perspectiva de larga duraci&oacute;n, el historiador se centra en &aacute;reas que requer&iacute;an un claro e informado an&aacute;lisis: la guerra y la paz en el siglo XXI, el pasado y el futuro de los imperios, la naturaleza y el contexto cambiantes del nacionalismo, las perspectivas de la democracia liberal y la cuesti&oacute;n de la violencia y el terror pol&iacute;ticos en el contexto de la globalizaci&oacute;n, entendida como el mundo en el que las actividades est&aacute;n interconectadas sin estorbo de fronteras locales; el mercado libre, que ha causado un crecimiento dram&aacute;tico de las inequidades econ&oacute;micas y sociales dentro de los Estados y a nivel internacional; el surgimiento de la inequidad especialmente en las condiciones de extrema inestabilidad econ&oacute;mica que est&aacute;n en la ra&iacute;z de las tensiones sociales y pol&iacute;ticas del siglo XXI; la erosi&oacute;n de la capacidad de los Estados y de los sistemas de bienestar de proteger el nivel de vida de sus ciudadanos en los pa&iacute;ses industrializados, que compiten con los ciudadanos de fuera de sus fronteras, quienes suelen tener las mismas capacidades pero son pagados por una fracci&oacute;n menor del salario occidental; y finalmente, mas no por ello menos importante, la presi&oacute;n del ej&eacute;rcito laboral de reserva de los inmigrantes de los pueblos en las grandes zonas globalizadas de la pobreza sobre el empleo de los ciudadanos en los pa&iacute;ses de las metr&oacute;polis (Hobsbawm, 2007b).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="/img/revistas/desacatos/n43/a11caravana.jpg" target="_blank">Caravana Proaborto, 2007</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hobsbawm analiz&oacute; la globalizaci&oacute;n como historiador y como alguien que era hostil hacia el imperialismo, ya fuera de las grandes potencias que cre&iacute;an que les hac&iacute;an un favor a sus v&iacute;ctimas conquist&aacute;ndolas, ya fuera de los hombres blancos que asum&iacute;an su superioridad autom&aacute;tica sobre los de otro color de piel. El imperialismo del siglo XXI de Estados Unidos y Gran Breta&ntilde;a que Hobsbawm resalt&oacute; no era s&oacute;lo la obviamente desde&ntilde;able guerra de Iraq, sino la propuesta de la legitimidad, y a veces de la necesidad, de la intervenci&oacute;n armada para preservar los derechos humanos en la era de la barbarie, la violencia y el desorden globales. Argumenta Hobsbawm que el imperialismo de los derechos humanos se fundamenta en la creencia de que los reg&iacute;menes de la barbarie y la tiran&iacute;a son inmunes al cambio y que s&oacute;lo la fuerza exterior puede acabar con ellos, difundir los valores y las instituciones pol&iacute;ticas o legales aceptables al mundo occidental. Esta forma de pensar es la continuaci&oacute;n de la denuncia del totalitarismo de la Guerra Fr&iacute;a basada en la fe de que la fuerza puede lograr transformaciones culturales. Este imperialismo de los derechos humanos estuvo en la discusi&oacute;n durante la desintegraci&oacute;n de Yugoslavia en los a&ntilde;os noventa del siglo pasado, que parec&iacute;a sugerir que solamente la fuerza armada exterior pod&iacute;a acabar con las masacres entre los pueblos de las partes que buscaban su autonom&iacute;a y la hegemon&iacute;a que una parte buscaba sobre las otras, y que &uacute;nicamente Estados Unidos pod&iacute;a y estaba dispuesto a recurrir a ella para poner orden en los Balcanes. Hobsbawm rechaz&oacute; esta propuesta con la que Estados Unidos, que no ten&iacute;a intereses hist&oacute;ricos, pol&iacute;ticos o econ&oacute;micos en la regi&oacute;n de Europa del sur, intervino de una manera aparentemente desinteresada. En la visi&oacute;n pol&iacute;tica e hist&oacute;rica de Hobsbawm, la promoci&oacute;n de los grandes poderes de los derechos humanos era algo incidental a sus intereses fundamentales (Hobsbawm, 2007b: 11).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BALANCE Y PERSPECTIVAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siglo XX arroj&oacute; m&aacute;s muertes que los siglos previos. Las guerras causaron, directa e indirectamente, 187 millones de muertos. A las guerras calientes y fr&iacute;as han seguido guerras locales hasta la fecha. El mundo no ha tenido paz desde 1914 ni la tendr&aacute;, vaticin&oacute; Hobsbawm. La guerra y la paz en el siglo XXI no depender&aacute;n de mecanismos m&aacute;s eficaces para las negociaciones y los acuerdos, sino de la estabilidad interna de cada pa&iacute;s. La guerra no surgir&aacute; de las disputas entre los Estados, sino del involucramiento de los Estados o los actores militares de fuera en conflictos internos de otros pa&iacute;ses. Las naciones con econom&iacute;as pr&oacute;speras y distribuci&oacute;n equitativa de los bienes entre los habitantes tendr&aacute;n menor tendencia a la guerra que las m&aacute;s pobres, donde priva la inequidad y la econom&iacute;a inestable que reducen la posibilidad de la paz. La otra fuente de violencia armada proviene de la falta de legitimidad y de la carencia de un buen gobierno ante la opini&oacute;n de los habitantes de un pa&iacute;s. El mundo est&aacute; dividido entre los Estados capaces de administrar sus territorios y ciudadan&iacute;a con eficacia y Estados cuyos gobiernos nacionales oscilan entre d&eacute;biles, corruptos e inexistentes, y son estas zonas las que producen luchas armadas internas y conflictos internacionales. Aunque la guerra en el siglo XXI no ser&aacute; de tanta fuerza como en el siglo XX, la violencia armada, pronostic&oacute; Hobsbawm, ser&aacute; end&eacute;mica, y hasta epid&eacute;mica (Hobsbawm, 2007c). Uno de los detonadores de la inestabilidad en el siglo XXI, visto en retrospectiva, es la desaparici&oacute;n de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, la de su esfera de influencia y el fin de la Guerra Fr&iacute;a. Desde 1989 el sistema de poder internacional dej&oacute; de existir por primera vez en la historia de Europa desde el siglo XVIII. Despu&eacute;s de la desintegraci&oacute;n de la URSS se incrementaron los Estados soberanos, as&iacute; como los Estados fallidos incapaces de establecer gobiernos centrales o de controlar end&eacute;micos conflictos armados internos. Por el otro lado, los intentos unilaterales por establecer el orden global no han prosperado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las consecuencias de la globalizaci&oacute;n y de la inestabilidad es la migraci&oacute;n de millones de seres humanos cuya identidad principal dej&oacute; de ser el acta de nacimiento, que fue reemplazada por el pasaporte. La ciudadan&iacute;a ha adquirido nuevas caracter&iacute;sticas en cuanto una parte de la poblaci&oacute;n no vive en su territorio nacional, donde goza de plenos derechos, sino que reside de manera permanente en territorios nacionales en los que no tiene los mismos derechos que los nativos. Por tanto, los Estados perdieron el conocimiento y el control sobre aquella poblaci&oacute;n que ilegalmente entra en tal o cual pa&iacute;s. Un fen&oacute;meno que se ha acrecentado con el movimiento global de la poblaci&oacute;n es la xenofobia, como uno de los resultados de la ideolog&iacute;a del globalizado libre mercado que privilegia el movimiento internacional de capital y comercio pero que ha fallado en establecer el libre movimiento internacional del trabajo. El evidente aumento de la xenofobia es el reflejo del cataclismo social y de la desintegraci&oacute;n moral, que es materia explosiva en los pa&iacute;ses y regiones &eacute;tnica, religiosa y culturalmente homog&eacute;neos no acostumbrados al flujo de forasteros. La xenofobia refleja tambi&eacute;n la crisis de la identidad nacional en los Estados&#45;naci&oacute;n. Las identidades nacionales forjadas en el siglo XIX se han ido resquebrajando en identidades de grupos como respuesta a la disminuida legitimidad de los Estados&#45;naci&oacute;n y a las demandas que son capaces de ejercer sobre sus ciudadanos (Hobsbawm, 2007d).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la perspectiva de la herencia del siglo XX, incluyendo la del gobierno liberal democr&aacute;tico, el desarrollo capitalista global est&aacute; corroyendo la democracia liberal. Muchas son las razones, pero la com&uacute;n es el debilitamiento del poder del Estado y el regreso de la cr&iacute;tica ultrarradical del papel del Estado que, seg&uacute;n ella, deb&iacute;a ser el menor posible porque el funcionamiento del mercado era m&aacute;s eficiente y barato. Adoptada esta fe, el Estado ha dependido de los mecanismos econ&oacute;micos privados, reemplazando la activa y pasiva movilizaci&oacute;n de sus ciudadanos. Si bien es cierto que en los pa&iacute;ses ricos la econom&iacute;a puso a la disposici&oacute;n de sus consumidores m&aacute;s que los gobiernos y la acci&oacute;n colectiva, el ideal de la soberan&iacute;a del mercado no es un complemento a la democracia liberal, sino su alternativa, pues niega la necesidad de decisiones pol&iacute;ticas sobre los intereses comunes, a diferencia de las decisiones racionales, o no, de los individuos que buscan preferencias privadas. La participaci&oacute;n en el mercado sustituye la participaci&oacute;n en la pol&iacute;tica. El consumidor reemplaza al ciudadano. Y sin embargo, concluye Hobsbawm, por la democracia liberal no han tocado las campanas y la utop&iacute;a del mercado global sin Estado no llegar&iacute;a. En el mundo gobernado por gobiernos populistas que tienen que tomar a la poblaci&oacute;n en cuenta y en el que la poblaci&oacute;n no puede vivir sin los gobiernos, las elecciones democr&aacute;ticas continuar&aacute;n, pues siguen siendo el mecanismo mediante el cual &eacute;stos se legitiman y consultan a la poblaci&oacute;n sin que necesariamente se comprometan a algo demasiado concreto. Sin embargo, los mecanismos pol&iacute;ticos que los gobiernos nacionales tienen a su disposici&oacute;n est&aacute;n mal adaptados para tratar los problemas del siglo XXI, cuya soluci&oacute;n no se encontrar&aacute; en el conteo de votos o en la medici&oacute;n de las preferencias de los consumidores. La crisis global de la que la violencia pol&iacute;tica es expresi&oacute;n refleja una profunda dislocaci&oacute;n social causada en todos los niveles de la sociedad gracias a la r&aacute;pida y dram&aacute;tica transformaci&oacute;n de la vida humana y de la sociedad. &iquest;Por d&oacute;nde empezar, se pregunt&oacute; el octogenario Hobsbawm en los a&ntilde;os noventa? (Hobsbawm, 2007e, y 2007f: 137).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>The Age of Hobsbawm</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eric Hobsbawm cre&oacute; una generaci&oacute;n de historiadores, hombres y mujeres, que maduraron en los a&ntilde;os sesenta del siglo pasado y que fueron influidos por sus trabajos seminales <i>Primitive Rebels</i> (&#91;1959&#93; 1968b), <i>Labouring Men</i> (1964) y <i>Captain Swing</i> (con George Rude, 1969), adem&aacute;s de la trilog&iacute;a sobre el siglo XIX ya mencionada. Con otros historiadores marxistas, Hobsbawm inici&oacute; la revista <i>Past and Present,</i> que introdujo en Gran Breta&ntilde;a la noci&oacute;n de "historia de la gente" &mdash;<i>"people's history"</i>&mdash;, no s&oacute;lo de la historia de la clase obrera o de las luchas populares, sino la idea de que cada clase hizo su historia para satisfacer sus necesidades. Hobsbawm devel&oacute; la protesta rural en Europa y fuera de ella, las condiciones de vida y las experiencias de los obreros y los artesanos brit&aacute;nicos, y refund&oacute; la historia econ&oacute;mica de Gran Breta&ntilde;a del siglo XIX. El siglo XIX fue su siglo y, al igual que Marx, logr&oacute; diseccionar los patrones ocultos en el surgimiento e influencia de la burgues&iacute;a sin esconder su admiraci&oacute;n por la r&aacute;pida acumulaci&oacute;n de la riqueza y el conocimiento, promesas y visi&oacute;n optimistas del radiante y mejor futuro, junto al reconocimiento del costo en el sufrimiento de la poblaci&oacute;n trabajadora (Ascherson, 1994; Judt, 1995). Por tanto, no dej&oacute; de sorprender el hecho de que Hobsbawm a&ntilde;adiera <i>The Age of Extremes</i> (1994) sobre el corto siglo XX a la trilog&iacute;a sobre el siglo anterior: nacido Hobsbawm en 1917, aqu&eacute;l fue largo en su propia experiencia en gran parte de los procesos que analiz&oacute;. Hobsbawm hab&iacute;a escrito sobre el pasado revolucionario y radical, pero no sobre el tiempo contempor&aacute;neo que presentaba retos profesionales y personales diferentes, pues ese siglo termin&oacute; con el colapso de los ideales pol&iacute;ticos, sociales e institucionales a cuya defensa Hobsbawm dedic&oacute; gran parte de su vida. Los problemas de interpretaci&oacute;n del pasado reciente se combinaban con el hecho de que la l&iacute;nea del Partido Comunista de Gran Breta&ntilde;a impon&iacute;a a sus miembros &aacute;reas intocables, lo que era inaceptable para un historiador serio (Ascherson, 1994; Judt, 1995).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de analizar la &eacute;poca de las cat&aacute;strofes de las dos guerras en <i>The Age of Extremes,</i> Hobsbawm trata la Posguerra como "era de oro": un periodo de crecimiento, de cambio social dram&aacute;tico y de dislocaci&oacute;n en Europa y en el mundo colonial, que con la distribuci&oacute;n de los beneficios de ese crecimiento entre una mayor cantidad de personas sembr&oacute; a la vez las semillas de su corrupci&oacute;n y su disoluci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hobsbawm ley&oacute; su material a la luz de un marxismo sofisticado, capaz de detectar que con las expectativas e instituciones movilizadas por la experiencia de la expansi&oacute;n r&aacute;pida y la innovaci&oacute;n que produjeron la democratizaci&oacute;n del conocimiento y de los recursos, incluyendo las armas, &eacute;stos se concentraron en manos privadas que amenazaban con la erosi&oacute;n de las instituciones del mundo capitalista que las origin&oacute;. Sin compartir las culturas y las aspiraciones colectivas, nuestro mundo perdi&oacute; la estabilidad y cay&oacute; en la crisis y el declive de la civilizaci&oacute;n, lo que traicion&oacute; la promesa del potencial material y cultural decimon&oacute;nico. El siglo XX termin&oacute; con grandes avances materiales, pero con regresi&oacute;n moral en t&eacute;rminos de la solidaridad social, un abismo entre los ricos y los pobres y un exaltado nacionalismo (Ascherson, 1994; Judt, 1995).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de que Hobsbawm escribiera su autobiograf&iacute;a <i>Interesting Times</i> (2002a), <i>The Age of Extremes</i> fue su libro m&aacute;s personal. Hobsbawm estudi&oacute; el siglo XX observando y escuchando, y el libro combina la perspectiva interpretativa con las experiencias de su propia vida. La inflaci&oacute;n posterior a la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, es descrita como una calamidad para su abuelo austriaco, quien tuvo que redimir su vencido seguro y tener con ello apenas lo suficiente para comprarse una bebida en su cafeter&iacute;a preferida. Para poner de manifiesto el cambio social en Palermo, el desempleo en S&atilde;o Paulo o los riesgos de introducir el capitalismo en China, Hobsbawm se nutre de sus conversaciones con los bandidos sicilianos, con los obreros brasile&ntilde;os organizados y con los bur&oacute;cratas comunistas chinos. Hobsbawm admiti&oacute; en varias ocasiones que no siempre ten&iacute;a la raz&oacute;n y que los periodistas a veces detectaron lo que los historiadores, como &eacute;l, perdieron de vista. Cuando el corresponsal de <i>The Times</i> vaticin&oacute; que en el siglo XXI el comunismo en China se convertir&iacute;a en la ideolog&iacute;a nacional, Hobsbawm fue sorprendido y concedi&oacute;, siguiendo la misma admisi&oacute;n de Marx, que la humanidad no siempre se impone s&oacute;lo las tareas que puede resolver (Ascherson, 1994; Judt, 1995).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL HISTORIADOR COMUNISTA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El mundo conceptual de Hobsbawm, seg&uacute;n un cr&iacute;tico m&aacute;s joven que &eacute;l, qued&oacute; constre&ntilde;ido por la visi&oacute;n binaria que opac&oacute; su an&aacute;lisis complejo de algunos fen&oacute;menos. El otro brillante historiador ingl&eacute;s, Tony Judt, puso como ejemplo la Guerra Civil espa&ntilde;ola, en la que se jugaron muchos intereses, entre ellos el de Josef Stalin por utilizar la guerra para resolver los conflictos locales e internacionales bajo la apariencia de apoyar el antifascismo. De all&iacute; en adelante la unidad antifascista forj&oacute; una nueva imagen del comunismo internacional, despu&eacute;s del desastre militar, econ&oacute;mico y estrat&eacute;gico que significaron las dos primeras d&eacute;cadas del siglo. Sin comprender este rehacer del comunismo no se entend&iacute;a el siglo XX que Hobsbawm trataba en los t&eacute;rminos de los a&ntilde;os treinta y la historia que escribi&oacute; cay&oacute; v&iacute;ctima de su memoria. Sin analizar cr&iacute;ticamente el fen&oacute;meno del bolchevismo del que el comunismo realmente existente fue una de sus derivaciones, Hobsbawm 176 3 sosten&iacute;a una interpretaci&oacute;n de la experiencia comunista que dej&oacute; de ser la adecuada. Al llamar "dorada" la &eacute;poca posterior a la Segunda Guerra Mundial, Hobsbawm, igual que Marx en el siglo XIX, hizo caso omiso de la experiencia de las peque&ntilde;as naciones, absortas en la esfera de influencia de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica en el siglo XX (Ascherson, 1994; Judt, 1995).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hobsbawm lleg&oacute; a ser comunista en 1932 en Berl&iacute;n e ingres&oacute; al partido en 1936 en Cambridge. Nunca reneg&oacute; de su compromiso con el comunismo ni abandon&oacute; el sue&ntilde;o de la Revoluci&oacute;n de Octubre. Si bien en su autobiograf&iacute;a declaraba: "el comunismo ha muerto" &mdash;<i>"Communism is now dead"&mdash;</i>, ser comunista era uno de los temas centrales de la historia del siglo XX. Sin embargo, la lealtad de Hobsbawm al comunismo, que poco ten&iacute;a que ver con el marxismo, no afect&oacute; su oficio como eminente historiador marxista, pero obnubil&oacute; su capacidad de historiar el comunismo. Hobsbawm se neg&oacute; a ingresar a las legiones de los excomunistas con el argumento de que su lealtad no era hacia el partido, sino hacia "el sue&ntilde;o de la liberaci&oacute;n general" y hacia los ejemplos de dedicados y abnegados comunistas. Tampoco se convirti&oacute; en un militante estalinista. La existencia de la Uni&oacute;n de Rep&uacute;blicas Socialistas Sovi&eacute;ticas (URSS), a pesar de sus debilidades, "fue una prueba de que el socialismo era m&aacute;s que un sue&ntilde;o", aunque el colapso de la URSS y de los pa&iacute;ses que fueron construidos a su imagen dej&oacute; detr&aacute;s un paisaje en ruina material y moral (Hobsbawm, 2002b: 127; Judt, 2008). Pero Hobsbawm no llega al fondo de esa historia. El comunismo al que dedic&oacute; su vida envenen&oacute; la herencia radical de la que la Revoluci&oacute;n de Octubre quer&iacute;a ser el adalid. Hobsbawm termin&oacute; sus memorias con el llamado a combatir la injusticia social, que sola no desaparecer&iacute;a, y Tony Judt le reclam&oacute; que para combatirla el punto de partida era decir la verdad en el siglo nuevo sobre el viejo: "Hobsbawm se niega a enfrentar el mal y llamarlo por su nombre; no critica la herencia moral y pol&iacute;tica de Stalin y sus obras". El horror comunista no lo perturb&oacute; de manera igual que el horror fascista sin que eso implicara que los extremos se tocaban y que el comunismo y el fascismo fueron an&aacute;logos (Judt, 2008: 125&#45;126).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hobsbawm permaneci&oacute; en el Partido Comunista durante 50 a&ntilde;os, mientras la mayor&iacute;a de sus camaradas lo abandonaron en los distintos parteaguas de la historia: en ocasi&oacute;n de la firma del Tratado de No Agresi&oacute;n entre Hitler y Stalin en agosto de 1939, despu&eacute;s de que los comunistas en el mundo entero hab&iacute;an sido movilizados para la lucha contra el nazifascismo y contra Hitler; cuando los tanques sovi&eacute;ticos ingresaron a Budapest en 1956 para acallar la demanda de los h&uacute;ngaros por democratizar su r&eacute;gimen comunista, o cuando los tanques del Pacto de Varsovia volvieron a entrar a un pa&iacute;s vecino y aliado en 1968 para aplastar el movimiento de los comunistas en Checoslovaquia para construir el socialismo con rostro humano. Hobsbawm se mantuvo fiel al partido porque fue all&iacute; donde experiment&oacute; la fraternidad, la solidaridad, la abnegaci&oacute;n y la pertenencia, aunque racionalmente la "l&iacute;nea" del partido no se basaba en un an&aacute;lisis marxista de la realidad sino que se reduc&iacute;a a la ret&oacute;rica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="/img/revistas/desacatos/n43/a11manifestaciones.jpg" target="_blank">Manifestaciones contra la despenalizaci&oacute;n del aborto en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, 2007</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hobsbawm admiti&oacute; que ten&iacute;a una ventaja: pertenecer a un partido que no estaba en el poder y que su existencia profesional no depend&iacute;a de la lealtad al partido, como era el caso de todos aquellos, incluyendo colegas suyos, que viv&iacute;an en los pa&iacute;ses gobernados por los partidos comunistas. Es cierto que Hobsbawm, el comunista y destacado historiador, pag&oacute; un precio por su lealtad, pues en los a&ntilde;os cincuenta en la universidad su avance en la jerarqu&iacute;a acad&eacute;mica fue detenido. Para Hobsbawm este precio era menor frente a sus certezas del triunfo de la revoluci&oacute;n proletaria en la sexta parte del planeta. Tal como hab&iacute;a vaticinado Marx, que la clase obrera industrial ser&iacute;a el agente del cambio, no hab&iacute;a sacrificio suficiente ni impedimento alguno para no luchar por la utop&iacute;a. Los comunistas no eran liberales para detenerse ante los sufrimientos de las v&iacute;ctimas del estalinismo. Hobsbawm permaneci&oacute; en el partido porque all&iacute; conoci&oacute; a hombres y mujeres de excepcional calidad humana, lo que le dio la fe en la posibilidad del comunismo humanizado. O dicho de otra manera:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Puede la humanidad vivir sin ideales de libertad y justicia, o sin aquellos que dedican su vida a la consecuci&oacute;n de &eacute;stos? &iquest;o quiz&aacute;s hasta sin la memoria de aquellos que lo hicieron en el siglo XX? (Hobsbawm, 2002a: 151).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>ENCUENTRO CON AM&Eacute;RICA LATINA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El encuentro de Hobsbawm con Am&eacute;rica Latina fue diverso, de larga duraci&oacute;n, de contacto directo y aprovechamiento mutuo. La influencia de Hobsbawm sobre los cient&iacute;ficos sociales fue m&aacute;s palpable en los estudios econ&oacute;micos del siglo XIX y en los estudios sobre los bandidos que en la elaboraci&oacute;n de una s&iacute;ntesis del siglo XX latinoamericano. Cuando empez&oacute; a viajar a Am&eacute;rica Latina en los a&ntilde;os sesenta del siglo pasado, qued&oacute; asombrado por los vastos contrastes de todo tipo: econ&oacute;micos entre los pobres y los ricos, de educaci&oacute;n entre una elite sofisticada y los analfabetas, pero lo que m&aacute;s llam&oacute; su atenci&oacute;n fue la vitalidad de los movimientos campesinos en pa&iacute;ses como Colombia, en la era de la Revoluci&oacute;n Cubana, lo que para el europeo fue un descubrimiento. Colombia, que en el papel era una democracia bipartidista, en realidad era "el campo de muerte de Am&eacute;rica del Sur" &mdash;"the <i>killing field of South America"</i>&mdash; despu&eacute;s de que el fracaso de la revoluci&oacute;n social en 1948 dio pie a una constante: la omnipresente violencia en la vida p&uacute;blica por un lado y el surgimiento de la guerrilla rural por el otro lado. Para el historiador y visitante marxista, Am&eacute;rica Latina se convirti&oacute; en el laboratorio del vertiginoso cambio social y de in&eacute;ditos escenarios (Hobsbawm, 2002c).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los movimientos campesinos de Per&uacute; y Colombia influyeron la primera edici&oacute;n de <i>Rebeldes primitivos</i> en espa&ntilde;ol (&#91;1959&#93; 1968b) y de <i>Bandits</i> (1969). La impronta de Hobsbawm fue tambi&eacute;n en otra direcci&oacute;n, sobre todo en los estudios del bandidaje en Am&eacute;rica Latina. Aparecieron tanto investigaciones que imitaron el an&aacute;lisis de Hobsbawm como trabajos cr&iacute;ticos de ese modelo que concibieron a los bandidos no como redentores sino como hombres en busca de su propio beneficio, no la solidaridad de clase sino la adaptaci&oacute;n al r&eacute;gimen de explotaci&oacute;n, no la resistencia sino la defensa del honor, clanes y familias que forjaban alg&uacute;n tipo de asociaci&oacute;n con las elites. Un latinoamericanista, desde la perspectiva del estudio del bandidaje de los <i>cangaceiros,</i> critic&oacute; la influencia del marxismo de Hobsbawm sobre su t&oacute;pico de imputarles a los bandidos motivos prepo&#45;l&iacute;ticos por atacar la propiedad y las vidas sin que tuvieran la conciencia de ser rebeldes sociales. Similares cr&iacute;ticas fueron hechas a Hobsbawm y su teleol&oacute;gico, unilineal, punto de vista de la historia al asumir que cada etapa hist&oacute;rica ser&iacute;a reemplazada por otra formaci&oacute;n m&aacute;s moderna hasta llegar a una figura marxista&#45;leninista madura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1987, por ejemplo, Richard Slatta compil&oacute; algunos trabajos, y &eacute;l mismo escribi&oacute; varios, y retom&oacute; la venerable tesis de Hobsbawm para demostrar las divergencias entre aquel modelo y los casos regionales. El veredicto de Slatta fue que los nexos entre la clase y la camarader&iacute;a, que seg&uacute;n tesis de Hobsbawm conectaban a los bandidos sociales con los campesinos, estaban ausentes en los contextos latinoamericanos. La disputa del modelo de Hobsbawm dio pie a un fruct&iacute;fero debate entre Slatta y algunos de los otros colaboradores de la mencionada compilaci&oacute;n, que fueron criticados por despojar a los bandidos de su car&aacute;cter social, lo que empobreci&oacute; los estudios campesinos, de estructuras agrarias y de las relaciones sociales en el campo latinoamericano (Slatta, 1987).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta cr&iacute;tica y un an&aacute;lisis del libro de Slatta a la luz de la tesis de Hobsbawm fue el foco de atenci&oacute;n de dos art&iacute;culos de Gilbert Joseph, profesor de la Universidad de Yale, "On the Trail of Latin American Bandits: A Reexamination of Peasant Resistance" y su respuesta al debate que desat&oacute; el primer art&iacute;culo, "Resocializing Latin American Banditry" (Joseph, 1990: 7&#45;53 y 1991: 161&#45;174). La recriminaci&oacute;n principal de Joseph, que someti&oacute; a Hobsbawm a un escrutinio con los materiales de archivos latinoamericanos, fue que bas&oacute; su investigaci&oacute;n en fuentes oficiales, informes administrativos, criminales y policiacos, recre&oacute; discursos de poder y de control social, y no las cuestiones sociales relativas a la composici&oacute;n de grupo y la motivaci&oacute;n, que eran determinantes para ver si un grupo o un individuo fue un exponente de la protesta social o no. Lo que aquellos cient&iacute;ficos sociales escribieron fue historia de las elites, historia de los bandidos como individuos incorporados o sometidos al mundo del poder y a sus intereses, en el af&aacute;n de demoler la tesis de Hobsbawm de la conexi&oacute;n entre los bandidos y los campesinos que el historiador ingl&eacute;s, era cierto, no document&oacute; emp&iacute;ricamente (Joseph, 1991).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Joseph hace una cr&iacute;tica a Hobsbawm desde la perspectiva de Am&eacute;rica Latina y un cuestionamiento sobre el papel del bandidaje en los episodios de la insurgencia rural. Los bandidos de Hobsbawm eran campesinos fuera de la ley que representaban formas primitivas inconscientes de protesta popular sin ideolog&iacute;a, organizaci&oacute;n o programa. Sus actividades ten&iacute;an por blanco a los due&ntilde;os de la tierra y a los funcionarios del intruso r&eacute;gimen capitalista, y gozaban del apoyo de las comunidades campesinas que se beneficiaban de sus operaciones material y psicol&oacute;gicamente. El bandidaje de Hobsbawm era un fen&oacute;meno arcaico, prepol&iacute;tico, de comunidades aisladas que se extingu&iacute;an cuando las sociedades se integraban a la econom&iacute;a capitalista y al marco legal del Estado&#45;naci&oacute;n, y cuando perd&iacute;an su base social y su liderazgo eran reemplazados por el poderoso Estado. Joseph se&ntilde;al&oacute; que las fuentes literarias y etnogr&aacute;ficas de Hobsbawm para construir esa imagen no fueron complementadas con la investigaci&oacute;n en los archivos judiciales y de la polic&iacute;a, que es el otro instrumento en el arsenal de los historiadores sociales (Joseph, 1990: 8).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hobsbawm asever&oacute; que los bandidos ten&iacute;an una relaci&oacute;n con el campesinado sin haber documentado esa conexi&oacute;n, falta que dio lugar a que fuera soslayada y a que en su lugar, de una manera dicot&oacute;mica, los bandidos fueran caracterizados como colaboradores de las elites. Joseph se pregunta: &iquest;c&oacute;mo colocar al campesinado en el centro de los estudios del bandidaje sin dejar de lado a las elites? Encontr&oacute; la respuesta en el an&aacute;lisis de la conducta social desde la perspectiva de la conciencia de los actores, sus aspiraciones y los criterios morales que nutr&iacute;an la acci&oacute;n social. Siguiendo esta b&uacute;squeda de resistencia campesina, no como propone Hobsbawm, espont&aacute;nea, sino difusa, sin programa, los campesinos tienen por blanco la destrucci&oacute;n o erosi&oacute;n de la autoridad de la clase dominante que los pon&iacute;a en el campo pol&iacute;tico (Joseph, 1990: 19). En el proceso de esta reflexi&oacute;n, Joseph abri&oacute; un abanico conceptual e incorpor&oacute; al debate de Hobsbawm las contribuciones de Ranajit Gupta, de la corriente de estudios subalternos de la india poscolonial, y de James Scott, de la de las formas cotidianas de resistencia que surgi&oacute; de los estudios de Asia y &Aacute;frica &mdash;novedosas entonces y moneda de curso hoy en d&iacute;a&mdash;, lo que le permiti&oacute; trascender la controversia en torno a Hobsbawm sobre el fen&oacute;meno del bandidaje y llevarla a un terreno m&aacute;s fruct&iacute;fero, como las m&uacute;ltiples formas de resistencia campesina, recurriendo a los estudios sobre el bandidaje como contribuci&oacute;n a una mejor comprensi&oacute;n de las comunidades rurales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Joseph ponder&oacute; de una manera elegante el efecto que tuvo el seductivo pero teleol&oacute;gico y monocrom&aacute;tico retrato del campesinado tradicional prepol&iacute;tico de Hobsbawm, inspirado en la experiencia mediterr&aacute;nea, que ha pospuesto la investigaci&oacute;n de una variedad de temas sociales en la historiograf&iacute;a del bandidaje en Am&eacute;rica Latina. &Eacute;sta apenas se iniciaba cuando Joseph escribi&oacute; su art&iacute;culo. Y una vez que se document&oacute; el bandidaje en diferentes regiones, se ampli&oacute; el abanico de la composici&oacute;n social de los grupos de bandidos, disputando la noci&oacute;n de Hobsbawm de que &eacute;stos pertenec&iacute;an a las filas de los desempleados, que eran j&oacute;venes y sin compromisos. La investigaci&oacute;n en los pueblos y en las haciendas de Am&eacute;rica Latina ha revelado una activa participaci&oacute;n de peque&ntilde;os agricultores con familias en las diferentes operaciones del bandidaje y se ha extendido a las relaciones de parentesco, de g&eacute;nero y de redes dentro y fuera de las comunidades. En suma, siguiendo a Hobsbawm en los estudios de los bandidos y de la sociedad rural en Am&eacute;rica Latina y abriendo el campo a las nuevas corrientes conceptuales, la agenda del estudio del Hobsbawm de <i>Rebeldes primitivos</i> y de <i>Bandits</i> fue ampliada, enriquecida y puesta en una perspectiva comparativa para el bien de la investigaci&oacute;n latinoamericana en los a&ntilde;os subsecuentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL INDISPENSABLE HOBSBAWM</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hobsbawm fue y sigue siendo una inagotable fuente de inspiraci&oacute;n para los historiadores. Sus estudios sobre el siglo XIX, escritos de una manera elegante, sin ser cargados de erudici&oacute;n y verborrea, meticulosamente investigados, de claro pensamiento y exposici&oacute;n, son un ejemplo a seguir. La metodolog&iacute;a marxista que subyace a sus libros se acompa&ntilde;a de un conocimiento de un hombre renacentista, a lo que hay que agregar su aguda capacidad de observaci&oacute;n y de almacenamiento de informaci&oacute;n. Hobsbawm es tambi&eacute;n un sujeto de historia. Sus experiencias de Viena en los a&ntilde;os veinte, de la Rep&uacute;blica de Weimar en Berl&iacute;n en los a&ntilde;os treinta y del ascenso de Hitler al poder en 1933 lo hicieron testigo de la historia y explican su conversi&oacute;n al marxismo y al comunismo. Sus convicciones pol&iacute;ticas le impidieron ser reclutado, como quer&iacute;a, por la inteligencia brit&aacute;nica durante la Segunda Guerra Mundial, mientras que su independencia de pensador marxista imposibilit&oacute; que sus libros fueran publicados en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica (Kettle y Wedderburn, 2012). Es esta conjunci&oacute;n del intelecto y el compromiso con la historia y el tiempo del historiador la que constituye el legado de Hobsbawm para el siglo XXI.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ascherson, Neal, 1994, "Profile: The Age of Hobsbawm", en <i>The Independent,</i> 2 de octubre, en l&iacute;nea: &lt;<a href="http://www.independent.co.uk/voices/profile-the-age-of-hobs-bawm-the-peoples-historian-is-turning-his-long-gaze-to-a-short-century-says-neal-ascherson-1440380.html" target="_blank">http://www.independent.co.uk/voices/profile&#45;the&#45;age&#45;of&#45;hobs&#45;bawm&#45;the&#45;peoples&#45;historian&#45;is&#45;turning&#45;his&#45;long&#45;gaze&#45;to&#45;a&#45;short&#45;century&#45;says&#45;neal&#45;ascherson&#45;1440380.html</a>&gt;, consultado el 14 de febrero de 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737399&pid=S1607-050X201300030001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hobsbawm, Eric, 1962, <i>The Age of Revolution 1789&#45;1848,</i> Weidenfeld y Nicolson, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737401&pid=S1607-050X201300030001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1964, <i>Labouring Men,</i> Basic Books, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737403&pid=S1607-050X201300030001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1968a, <i>Industry and Empire,</i> Pelican, Harmondsworth.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737405&pid=S1607-050X201300030001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, &#91;1959&#93; 1968b, <i>Rebeldes primitivos,</i> Ariel, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737407&pid=S1607-050X201300030001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1969, <i>Bandits,</i> Delacorte Press, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737409&pid=S1607-050X201300030001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1975, <i>The Age of Capital 1848&#45;1875,</i> Weidenfeld y Nicolson, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737411&pid=S1607-050X201300030001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1994, <i>Age of Extremes 1914&#45;1991,</i> Penguin, Harmondsworth.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737413&pid=S1607-050X201300030001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2002a, <i>Interesting Times. A Twentieth&#45;Century</i> <i>Life,</i> Penguin Press, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737415&pid=S1607-050X201300030001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2002b, "Being Communist", en Eric Hobsbawm, <i>Interesting Times. A Twentieth&#45;Century Life,</i> Penguin Press, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737417&pid=S1607-050X201300030001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2002c, "Third World", en Eric Hobsbawm, <i>Interesting Times. A Twentieth&#45;Century Life,</i> Penguin Press, Londres, pp. 372&#45;385.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737419&pid=S1607-050X201300030001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2007a, <i>Globalisation, Democracy and Terrorism,</i> Little, Brown, Londres,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737421&pid=S1607-050X201300030001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2007b, "Preface", en Eric Hobsbawm, <i>Globalisation, Democracy and Terrorism,</i> Little, Brown, Londres, pp. 2&#45;4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737423&pid=S1607-050X201300030001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2007c, "War and Peace in the Twentieth Century", en Eric Hobsbawm, <i>Globalisation, Democracy and Terrorism,</i> Little, Brown, Londres, pp. 83&#45;94.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737425&pid=S1607-050X201300030001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2007d, "Nations and Nationalism in the New Century", en Eric Hobsbawm, <i>Globalisation, Democracy and Terrorism,</i> Little, Brown, Londres, pp. 15&#45;30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737427&pid=S1607-050X201300030001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2007e, "The Prospects of Democracy", en Eric Hobsbawm, <i>Democracy and Terrorism,</i> Little, Brown, Londres, pp. 95&#45;114.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737429&pid=S1607-050X201300030001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2007f, "Terror", en Eric Hobsbawm, <i>Globalisation, Democracy and Terrorism,</i> Little, Brown, Londres, p. 137.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737431&pid=S1607-050X201300030001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2011a, <i>How to Change the World. Tales of Marx</i> <i>and Marxism,</i> Abacus, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737433&pid=S1607-050X201300030001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2011b, "Foreword", en Eric Hobsbawm, <i>How to</i> <i>Change the World. Tales of Marx and Marxism,</i> Abacus, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737435&pid=S1607-050X201300030001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2011c, "On the Communist Manifesto", en Eric Hobsbawm, <i>How to Change the World. Tales of Marx and Marxism,</i> Abacus, Londres, pp. 108&#45;116.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737437&pid=S1607-050X201300030001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2011d, "Marx Today", en Eric Hobsbawm, <i>How</i> <i>to Change the World. Tales of Marx and Marxism,</i> Abacus, Londres, pp. 3&#45;15.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737439&pid=S1607-050X201300030001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2011e, "Marxism in Recession 1983&#45;2000", en Eric Hobsbawm, <i>How to Change the World. Tales of Marx and Marxism,</i> Abacus, Londres, pp. 394&#45;398.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737441&pid=S1607-050X201300030001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; y George Rude, 1969, <i>Captain Swing,</i> Lawrence and Wishart, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737443&pid=S1607-050X201300030001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hunt, Tristram, 2009, <i>The Frock&#45;coated Communist. The Revolutionary Life of Friedrich Engels,</i> Londres, Penguin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737445&pid=S1607-050X201300030001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Joseph, Gilbert, 1990, "On the Trail of Latin American Bandits: A Reexamination of Peasant Resistance", en <i>Latin American Research Review,</i> vol. 25, n&uacute;m. 3, pp. 7&#45;53.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737447&pid=S1607-050X201300030001100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1991, "Resocializing Latin American Banditry", en <i>Latin American Research Review,</i> vol. 26, n&uacute;m. 1, pp. 161&#45;174.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737449&pid=S1607-050X201300030001100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Judt, Tony, 1995, "Downhill All the Way", en <i>The New York Review of Books,</i> vol. XLII, n&uacute;m. 9, 25 de mayo, pp. 20&#45;25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737451&pid=S1607-050X201300030001100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2008, "Eric Hobsbawm and the Romance with Communism", en Tony Judt, <i>Reappraisals: Reflections on the Forgotten Twentieth Century,</i> Penguin, Nueva York, pp. 116&#45;128.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737453&pid=S1607-050X201300030001100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kettle, Martin y Dorothy Wedderburn, 2012, "Eric Hobsbawm Obituary", en <i>The Guardian,</i> 1 de octubre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737455&pid=S1607-050X201300030001100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marx, Karl, 2000, <i>El capital (obra completa),</i> 8 vols., Ediciones Akal, Espa&ntilde;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737457&pid=S1607-050X201300030001100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; y Friedrich Engels, <i>Manifiesto comunista,</i> El Viejo Topo, Espa&ntilde;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737459&pid=S1607-050X201300030001100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Slatta, Richard (ed.), 1987, Bandidos: <i>The Varieties of Latin American Banditry,</i> Greenwood, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737461&pid=S1607-050X201300030001100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>NOTA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> La mayor&iacute;a de los ensayos hab&iacute;a sido publicada de una forma u otra entre 1956 y 2009, y actualizada o reescrita para este libro.</font></p>      ]]></body><back>
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<person-group person-group-type="author">
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<surname><![CDATA[Ascherson]]></surname>
<given-names><![CDATA[Neal]]></given-names>
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