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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Los conflictos &eacute;tnicos: compa&ntilde;eros inc&oacute;modos del multiculturalismo</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Ethnic Conflicts: Multiculturalism's Inconvenient Company</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Luis V&aacute;zquez Le&oacute;n*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Frances Stewart (ed.), 2008 <i>Horizontal Inequalities and Conflict. Understanding Group Violence in Multiethnic Societies, </i>Palgrave Macmillan, Hampshire, Nueva York, 392 pp.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social&#150;Occidente, Guadalajara, Jalisco, M&eacute;xico</i> <a href="mailto:lvleon@prodigy.net.mx">lvleon@prodigy.net.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n35/a14f1.jpg"></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde hace algunos a&ntilde;os los temas de la violencia, el conflicto y la militarizaci&oacute;n ocupan las reflexiones de un creciente n&uacute;mero de estudiosos sociales. No son temas que fascinen en exceso, como lo hace la cultura y su correlato obligado, pero m&aacute;s all&aacute; de la est&eacute;tica o mera popularidad de tales estudios hay que reconocer que algunos trabajos sobre la violencia pueden incluso repugnar en lo m&aacute;s &iacute;ntimo. Sin embargo, no se puede seguir ocultando que en el caso de la violencia y los conflictos &eacute;tnicos tambi&eacute;n est&aacute; presente la cultura. Las disputas suscitadas entre grupos cohesionados en torno a la cultura o a estatus culturales encontrados son los m&aacute;s claros indicios de esta confluencia. Los 14 cap&iacute;tulos del libro editado por la economista Frances Stewart de la Universidad de Oxford lo confirman de manera contundente. Otros autores adheridos al Centre for Research on Inequality, Human Security and Ethnicity (CRISE), en conjunto, no dejan lugar a dudas de que la cultura puede actuar como un factor detonante del conflicto, siempre que se le asocie con una percepci&oacute;n aguda de las desigualdades horizontales. En t&eacute;rminos generales, las desigualdades verticales y horizontales pueden reproducirse sin motivar ninguna violencia, del mismo modo que las sociedades multi&eacute;tnicas o multirreligiosas pueden convivir de forma pac&iacute;fica durante largos periodos. La cuesti&oacute;n por responder ahora es: &iquest;cu&aacute;ndo devienen las diferencias culturales en un enfrentamiento violento?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pregunta est&aacute; lejos de ser meramente acad&eacute;mica. De ser exactas las cifras brindadas por Stewart en su introducci&oacute;n, seg&uacute;n las cuales entre 1953 y 2005 los conflictos &eacute;tnicos representaron de 15 a 60% de todos los conflictos mundiales, esto significa que el uso de la identidad como arma pol&iacute;tica es un signo caracter&iacute;stico de nuestros d&iacute;as. Otro ingrediente no menos impresionante es que muchos de estos conflictos pueden tener al Estado&#150;naci&oacute;n como un actor a favor o en contra, pero tambi&eacute;n es cierto que &eacute;se no es siempre el mayor enemigo imaginado por los contendientes. Los conflictos comunales ocurren a veces al interior de un mismo grupo &eacute;tnico, y no por ello dejan de ser menos violentos, aunque se trate de una lucha fratricida. Muchas naciones, hay que recordarlo, surgieron de las "guerras entre hermanos". En M&eacute;xico, hasta nuestros d&iacute;as, muchos de los conflictos atendidos por el desaparecido Programa de Focos Rojos eran de car&aacute;cter comunal, si bien es verdad que en algunos casos se aprecia la tendencia a la violencia etnocomunal, que implica a dos grupos de la poblaci&oacute;n enfrentados y con caracter&iacute;sticas diferenciables hasta cierto punto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el libro de Stewart no se evade el asunto nacional y mucho menos el comunal, como demuestra el estudio de Luca Mancini en Indonesia. No obstante, al centrar su atenci&oacute;n en las llamadas desigualdades horizontales entre grupos culturales interactuantes, es inevitable que aparezca una orientaci&oacute;n nacional com&uacute;n de los grupos ubicados en un mismo contexto. El asunto est&aacute; perfectamente planteado en el cap&iacute;tulo de Matthew J. Gibney a prop&oacute;sito de los principios democr&aacute;ticos que deben imperar en la constituci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a en un mundo de naciones que la siguen coartando con su sola exclusividad. Ello explica que hacia el final del libro, en el cap&iacute;tulo de pol&iacute;ticas hacia las desigualdades horizontales (debido a Stewart, Graham K. brown y Arnim Langer), se aborden cuestiones que pocas veces se atienden bajo la visi&oacute;n de pol&iacute;tica multicultural, como una cierta disposici&oacute;n favorable para las pol&iacute;ticas integrativas que aminoran la fuerza de los conflictos y que suponen que el Estado obra buscando la reducci&oacute;n de los aspectos m&aacute;s salientes de la etnicidad, mientras que muchas pol&iacute;ticas de reconocimiento pueden estimularlos. Sin oponer unas a otras, es claro que alg&uacute;n poder debe obrar buscando la integraci&oacute;n y al mismo tiempo el reconocimiento. Todo parece indicar que el caso de Malasia es el m&aacute;s caracter&iacute;stico en este equilibrio de pol&iacute;ticas sociales. Despu&eacute;s de todo, la persistencia de las desigualdades horizontales puede endurecer los l&iacute;mites grupales, y atrapar a sus miembros en etnicidades o racializaciones desventajosas, que siguen reproduciendo las mismas desigualdades que quieren eliminar. De todos es conocido el caso del racismo sudafricano no cancelado del todo por el discurso multicultural y que sigue planteando al analista el asunto de una integraci&oacute;n o "incorporaci&oacute;n adversa" en las reestructuraciones del mercado laboral "negro" (Du Toit, 2004).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entonces, sin dejar de referir los casos de Irlanda del Norte, la URSS y Yugoslavia, la hip&oacute;tesis central del libro y sus estudios de caso en &Aacute;frica, Asia y Latinoam&eacute;rica es que la expresi&oacute;n aguda de las desigualdades horizontales &#151;que son aquellas desigualdades no individuales que se advierten entre grupos culturalmente constituidos, con variadas dimensiones socioecon&oacute;micas, pol&iacute;ticas y culturales&#151; predispone al conflicto violento cuando la percepci&oacute;n subjetiva y la expresi&oacute;n pol&iacute;tica de las identidades grupales coinciden, en especial por parte de las &eacute;lites dirigentes de los grupos privados. No se habla, por tanto, de cualquier violencia &#151;criminal, dom&eacute;stica, sexual, etc&eacute;tera&#151;, sino s&oacute;lo de la que involucra la desigualdad horizontal y la movilizaci&oacute;n pol&iacute;tica. Esto puede ocurrir en econom&iacute;as desarrolladas, sin duda alguna, pero es m&aacute;s probable que suceda en econom&iacute;as retrasadas, en las que el bienestar es reducido y las desigualdades importan m&aacute;s a masas y dirigencias.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al respecto, es necesario agregar una digresi&oacute;n al comentario en vista de que algunos economistas del desarrollo, como Frances Stewart, han resuelto de modo muy pr&aacute;ctico y sin sombra de turbaci&oacute;n lo que, equivocadamente, el <i>ethos </i>antropol&oacute;gico mexicano concibi&oacute; como antag&oacute;nico, y con secuelas de p&eacute;rdida emp&iacute;rica y aun heur&iacute;stica. Uno de los pioneros del estudio de los conflictos &eacute;tnicos, Rodolfo Stavenhagen, hizo muchos a&ntilde;os atr&aacute;s un infructuoso llamado para usar de manera sint&eacute;tica los conceptos de clase social y de grupo &eacute;tnico. La polarizaci&oacute;n absurda entre partidarios de uno y otro concepto subestim&oacute; la propuesta y temo que la discordia se puede rastrear a&uacute;n como predominio de un compromiso ontol&oacute;gico sobre el otro (Stavenhagen, 1980, 2000). Por supuesto, nadie est&aacute; obligado a seguir pensando como hace 30 a&ntilde;os, ni tampoco a creer que las desigualdades horizontales son las clases sociales (aunque en Latinoam&eacute;rica tiendan a confundirse, sin mencionar que las desigualdades horizontales sirven a los intereses de los grupos dominantes, que a veces son clases). Me refiero a que mientras otros especialistas nunca prescindieron de conceptos anal&iacute;ticos centrales como &eacute;stos, la antropolog&iacute;a fue literalmente seducida por la cultura y procur&oacute; desligarse de todos aquellos conceptos y teor&iacute;as que implicaban la estratificaci&oacute;n o la desigualdad &#151;desde el m&aacute;s simple rango hasta los m&aacute;s extremos, como la esclavitud, sin olvidar los estamentos, las castas y las clases sociales mismas&#151;, acaso porque supusieron que la cultura era discreta, homog&eacute;nea y hasta un sustituto del conflicto pol&iacute;tico (Lepenies, 2006). Pues bien, era necesario que Stewart partiera del supuesto contrario, de que ciertas sociedades en las que existen grupos definidos culturalmente tambi&eacute;n est&aacute;n sujetas a las desigualdades y tensiones, para que sobreviniera un enfoque productivo como el examinado. Otro economista, Amartya Sen, nos record&oacute; a su vez que los procesos de identificaci&oacute;n cultural fatalista pueden derivar en la violencia (Sen, 2006). Esfuerzos antropol&oacute;gicos coincidentes en "sociologizar la econom&iacute;a" y en "economizar la sociolog&iacute;a" a prop&oacute;sito de las causas econ&oacute;micas de los conflictos &eacute;tnicos son pocos todav&iacute;a, pero sin duda sobresalientes (Schlee, 2004). Como quiera que se vea, quien siga creyendo que la econom&iacute;a es una "ciencia l&uacute;gubre" incurre en un grave error, peor aun cuando la crisis del capitalismo global recorre el mundo y vuelve a colocar a la econom&iacute;a en un primer plano.</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n35/a14f2.jpg"></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero al resaltar estos conceptos y estas aproximaciones no debe incurrirse en la f&aacute;cil interpretaci&oacute;n de que hay que retornar a la conocida tesis de la determinaci&oacute;n econ&oacute;mica de los conflictos basados en las desigualdades econ&oacute;micas. Stewart y sus colaboradores prefieren hablar de la econom&iacute;a como una "condicionante" del conflicto, matiz no banal porque asimismo se pone entre comillas su expresi&oacute;n "objetiva". Ello no es suscribir del todo el subjetivismo, aunque tampoco rechazarlo. Los c&aacute;lculos y f&oacute;rmulas caracter&iacute;sticamente econom&eacute;tricos o s&oacute;lo estad&iacute;sticos que ocupan los tres cap&iacute;tulos de la segunda parte del libro demuestran que el cometido objetivista existe, pero sin sobredeterminar el an&aacute;lisis del todo. Es una exigencia simult&aacute;nea atender las autoadscripciones, las propias distinciones o las elecciones grupales. De hecho, para sopesar la importancia y din&aacute;mica de las desigualdades horizontales en un pa&iacute;s hay que clasificar primero a los grupos identitarios m&aacute;s relevantes, procedimiento no siempre sencillo, pues puede haber clasificaciones alternativas o algunas en verdad debatibles, como la de "los mestizos" en Latinoam&eacute;rica, que no son ni un grupo &eacute;tnico ni un grupo cultural y que Corinne Caumartin, George Gray y Rosemary Thorp eligen abordar mejor como un grupo "no ind&iacute;gena" para los casos de Bolivia, Guatemala y Per&uacute;. El asunto est&aacute; lejos de ser agotado, porque la palabra "mestizo" tuvo connotaciones de casta, o m&aacute;s bien, de un grupo delet&eacute;reo que vino a corromper su propio orden con su presencia y crecimiento demogr&aacute;fico, en espec&iacute;fico, la pretendida "pureza de sangre" tanto de la poblaci&oacute;n colonizadora como de la nobleza ind&iacute;gena avasallada. Es imposible no dejar de recordar el estudio cl&aacute;sico de Andr&eacute;s Molina Enr&iacute;quez en el que raza y clase social se sobrepon&iacute;an, y c&oacute;mo, bajo influencia de Franz boas, lo corrigi&oacute; para ligar entonces cultura y clase social en M&eacute;xico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Arribamos as&iacute; a la tercera parte del libro de Stewart, que re&uacute;ne cinco cap&iacute;tulos regionales en los que se apel&oacute; a los estudios de caso nacionales &#151;tres en &Aacute;frica, uno en Asia y uno de Latinoam&eacute;rica&#151;, aunque este trabajo se subdivide en tres pa&iacute;ses a trav&eacute;s de un an&aacute;lisis global, comparado digo yo, que combina la econom&iacute;a pol&iacute;tica, la econometr&iacute;a y los enfoques hist&oacute;ricos y antropol&oacute;gicos. Gracias a este esfuerzo colectivo, su argumentaci&oacute;n es m&aacute;s sofisticada para decir que donde las desigualdades horizontales son m&aacute;s fuertes es m&aacute;s probable que estalle un conflicto, pero que en todo caso se requiere de la consistencia entre lo econ&oacute;mico y lo pol&iacute;tico, am&eacute;n de que la desigualdad cultural puede disparar el conflicto. De los tres casos latinoamericanos llama la atenci&oacute;n la d&eacute;bil expresi&oacute;n pol&iacute;tica partidaria de la etnicidad &#151;Bolivia y Ecuador siguen siendo la excepci&oacute;n y no la regla&#151; y que en todos los casos se recurra a una mezcla de ideolog&iacute;as de clase y de etnicidad, no siempre predominantes hacia estas &uacute;ltimas. &iquest;Por qu&eacute; los grupos radicales de clasificaci&oacute;n mestiza son los que consiguen movilizar a los ind&iacute;genas? La pregunta resalta al leer a los autores de este cap&iacute;tulo sint&eacute;tico. Mucho m&aacute;s extra&ntilde;a resulta la conclusi&oacute;n que ellos aportan de que los pa&iacute;ses que han experimentado rebeliones ind&iacute;genas son tambi&eacute;n los que poseen pol&iacute;ticas ind&iacute;genas (que no indigenistas o neoindigenistas) m&aacute;s d&eacute;biles, mientras que los pa&iacute;ses donde ha predominado el acomodo pol&iacute;tico la pol&iacute;tica ind&iacute;gena aparece m&aacute;s consolidada (Albro, 2009).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro est&aacute; repleto de ideas discutibles pero muy estimulantes para la indagaci&oacute;n futura. Uno siempre podr&aacute; echar en falta tal o cual pa&iacute;s, tal o cual puntualizaci&oacute;n, tal o cual enfoque, pero conviene terminar este repaso haciendo notar que la editora y sus colegas no se limitan a destacar sus mayores resultados y conclusiones. M&aacute;s bien los sobrepasan para cerrar el libro con una importante discusi&oacute;n de las pol&iacute;ticas de integraci&oacute;n y las de acci&oacute;n afirmativa &#151;la tozuda discusi&oacute;n de la redistribuci&oacute;n y el reconocimiento&#151;. M&aacute;s all&aacute; de decantarse en favor de unas u otras, al reflexionarlas en conjunto uno se pregunta si estamos ante un caso de inclusi&oacute;n democr&aacute;tica de derechos culturales y sociales que precisan dejar de ver a ciertos grupos como no ciudadanos o como ciudadanos de segunda. Asunto espinoso para una sociedad como la mexicana, que d&iacute;a a d&iacute;a ve disminuidas sus garant&iacute;as individuales en aras de una guerra desatada a sus espaldas pero con costos en "da&ntilde;os colaterales" a&uacute;n no advertidos. Pero, otra vez, esta percepci&oacute;n no agota en absoluto la riqueza, la finura y la amplitud de miras de todo el libro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Albro, Robert, 2009, "Cultural Citizenship and Constitutional Reform in Bolivia's Evo Era", conferencia, Contesting Liberal Citizenship: New Debates on Alternative Forms of Democracy and State Power in Latin America, The Hebrew University, Jerusal&eacute;n, 6&#150;9 de julio.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2715772&pid=S1607-050X201100010001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Du Toit, Andries, 2004, "<sup>'</sup>Social Exclusion Discourse and Chronic Poverty: A South African Case Study", en <i>Development and Change, </i>vol. 35, n&uacute;m. 5, Institute of Social Studies, pp. 987&#150;1010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2715774&pid=S1607-050X201100010001400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lepenies, Wolf, 2006, <i>The Seduction of Culture in German History, </i>Princeton University Press, Princeton.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2715776&pid=S1607-050X201100010001400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Schlee, Gunther, 2004, "Taking Sides and Constructing Identities: Reflections on Conflict Theory", en <i>Journal of the Royal Anthropological Institute, </i>vol. 10, n&uacute;m. 1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2715778&pid=S1607-050X201100010001400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sen, Amartya, 2006, <i>Identity and Violence. The Illusion of Destiny, </i>W. W. Norton, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2715780&pid=S1607-050X201100010001400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Stavenhagen, Rodolfo, 2000, <i>Conflictos &eacute;tnicos y Estado nacional, </i>Siglo XXI, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2715782&pid=S1607-050X201100010001400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, 1980, "Clase, etnia y comunidad", en <i>Problemas &eacute;tnicos y campesinos. Ensayos, </i>Instituto Nacional Indigenista, M&eacute;xico, pp. 11&#150;20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2715784&pid=S1607-050X201100010001400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Luis V&aacute;zquez Le&oacute;n </b>es investigador del CIESAS&#150;Occidente, se ha ocupado recientemente del estudio de los conflictos agrario&#150;territoriales en su libro <i>Multitud y distop&iacute;a. Ensayos sobre la nueva condici&oacute;n &eacute;tnica en Michoac&aacute;n, </i>UNAM, 2010. Antes, hab&iacute;a abordado la eclosi&oacute;n &eacute;tnica en sus etapas tempranas en <i>Ser indio otra vez. La purepechizaci&oacute;n de los tarascos serranos, </i>CONACULTA, 1992. Aparte de su inter&eacute;s en los estudios &eacute;tnicos, ha incursionado en la antropolog&iacute;a de la ciencia en <i>El Leviat&aacute;n arqueol&oacute;gico. Antropolog&iacute;a de una tradici&oacute;n cient&iacute;fica en M&eacute;xico, </i>CIESAS, 2003.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el fot&oacute;grafo</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>&Aacute;ngel Montero Montano </b>es fot&oacute;grafo para el gobierno del estado de Veracruz, ha sido becario del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, ha expuesto su obra de manera individual y colectiva en la Rep&uacute;blica Mexicana, ha ilustrado revistas como Am&eacute;rica Ind&iacute;gena, libros de arte y otros donde la fotograf&iacute;a y el relato testimonial&#150;etnogr&aacute;fico han dado como resultado obras antropol&oacute;gicas de singular inter&eacute;s. Dirige el despacho de servicios profesionales de fotograf&iacute;a y Banco de Imagen de Veracruz.</font></p>      ]]></body><back>
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