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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[De lugares comunes a recomendaciones concretas: el VIH entre pueblos originarios y poblaciones indígenas del hemisferio occidental]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Saberes y razones</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>COMENTARIO</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>De lugares comunes a recomendaciones concretas: el VIH entre pueblos originarios y poblaciones ind&iacute;genas del hemisferio occidental</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>From Common Places to Concrete Recommendations: HIV among Aboriginal and Indigenous Peoples in the Western Hemisphere</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rafael Maz&iacute;n</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Organizaci&oacute;n Panamericana de la Salud, La Paz, Bolivia</i> <a href="mailto:mazinraf@paho.org">mazinraf@paho.org</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las herramientas m&aacute;s importantes para sustentar el trabajo en salud p&uacute;blica es la informaci&oacute;n epidemiol&oacute;gica. &Eacute;sta permite saber d&oacute;nde se ubican determinados problemas de salud y cu&aacute;l es su extensi&oacute;n. Adem&aacute;s, un buen sistema de vigilancia epidemiol&oacute;gica posibilita identificar cu&aacute;les grupos se encuentran m&aacute;s afectados, c&oacute;mo se comportan dichos problemas en el seno de esos grupos o comunidades y c&oacute;mo pueden eventualmente impactar a la poblaci&oacute;n en general. Sobra decir que las din&aacute;micas de las enfermedades no obedecen &uacute;nicamente a factores biol&oacute;gicos &#151;como ser&iacute;a el caso de agentes pat&oacute;genos en el caso de enfermedades infectocontagiosas&#151;, sino que son tambi&eacute;n conducidas por creencias, comportamientos, rituales, tab&uacute;es y pr&aacute;cticas comunitarias, as&iacute; como por la presencia (o ausencia) de ciertos factores y condiciones en el entorno. Las interacciones entre los agentes causales de enfermedad con individuos, comunidades y medio ambiente se combinan tanto para causar efectos delet&eacute;reos a nivel individual como para contribuir a diseminar o abatir el problema. De ah&iacute; que en la construcci&oacute;n de la informaci&oacute;n estrat&eacute;gica necesaria para la prevenci&oacute;n y control de enfermedades se requiera de la plena participaci&oacute;n y contribuciones de los expertos en ciencias sociales y no solamente de los epidemi&oacute;logos y sanitaristas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este n&uacute;mero de <i>Desacatos </i>busca documentar el impacto de la epidemia de infecci&oacute;n por el virus de inmunodeficiencia humana (VM) entre los pueblos originarios y poblaciones ind&iacute;genas en el hemisferio occidental, con particular &eacute;nfasis en Am&eacute;rica Latina. Las cinco contribuciones acerca de poblaciones ind&iacute;genas que aqu&iacute; se exponen (dos documentan hallazgos en M&eacute;xico, una en Argentina, una en Bolivia y otra en Colombia) revisten una gran importancia porque literalmente "disecan" determinantes de salud y los presentan como elementos sobre los que es necesario trabajar para conseguir un verdadero impacto en el control no s&oacute;lo de la epidemia de VIH sino de otros problemas de salud sexual.</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n35/a7f1.jpg"></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA EPIDEMIA DE VIH</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La enfermedad resultante por la infecci&oacute;n con el VIH fue descrita a comienzos de la d&eacute;cada de los ochenta y su naturaleza infecciosa &#151;esencialmente por la v&iacute;a sexual&#151; reconocida con rapidez. El n&uacute;mero creciente de casos en un n&uacute;mero cada vez mayor de pa&iacute;ses en todas regiones del mundo confirm&oacute; la existencia de un problema epid&eacute;mico, en principio concentrado entre ciertos grupos de la poblaci&oacute;n, a saber: hombres homosexuales con m&uacute;ltiples parejas sexuales, personas usuarias de drogas inyectables y hemof&iacute;licos que hab&iacute;an recibido transfusiones de sangre o productos sangu&iacute;neos. Estos grupos fueron, a la saz&oacute;n, denominados "grupos de riesgo" y los riesgos identificados eran muy similares a los reconocidos para la transmisi&oacute;n de hepatitis B: coito anal con eyaculaci&oacute;n, uso de equipos de inyecci&oacute;n contaminados y transfusiones con sangre tambi&eacute;n contaminada. El m&eacute;todo mnemot&eacute;cnico para recordar los "grupos de riesgo" para Sida (nombre gen&eacute;rico dado al s&iacute;ndrome de inmunodeficiencia causado por la infecci&oacute;n por el VIH) era "HHH" (homosexuales, heroin&oacute;manos y hemof&iacute;licos). Desde el punto de vista de la salud p&uacute;blica, este uso del t&eacute;rmino riesgo se refer&iacute;a exclusivamente a probabilidades de que el evento (infecci&oacute;n y enfermedad subsiguiente) ocurriera. Sin embargo, cuando comenzaron a detectarse casos entre ciudadanos de Hait&iacute; que no pertenec&iacute;an a ninguna de las categor&iacute;as anteriores, se les agrup&oacute; arbitrariamente con los otros grupos, quedando como "HHHH" (la cuarta letra por "haitianos"). Evidentemente es una completa aberraci&oacute;n taxon&oacute;mica agrupar una nacionalidad al lado de eventos biol&oacute;gicos para definir "riesgo", en especial frente a una infecci&oacute;n mayormente transmitida por v&iacute;a sexual. El uso inapropiado y abuso del t&eacute;rmino "grupos de riesgo" condujo a una marcada y lastimosa estigmatizaci&oacute;n de grupos y poblaciones. M&aacute;s a&uacute;n: el desarrollo de una noci&oacute;n perversa de riesgo contin&uacute;a etiquetando a individuos y grupos como "r&eacute;probos cuya debilidad moral les ha acarreado su enfermedad".<a href="#nota"><sup>1</sup></a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>DEL "RIESGO" A LA "VULNERABILIDAD"</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por causa del da&ntilde;o que caus&oacute; el uso inapropiado del concepto de "riesgo" en el &aacute;mbito de los esfuerzos para prevenir y controlar el avance del VIH, &eacute;ste se proscribi&oacute;, a pesar de tratarse de una noci&oacute;n de probabilidad de que un evento negativo ocurra. El reemplazo fue el t&eacute;rmino "vulnerabilidad", que parecer&iacute;a tener menos connotaciones moralistas o, como suele decirse, "menos carga de moralina". Sin embargo, como acertadamente apuntan varios de los trabajos en este n&uacute;mero, la noci&oacute;n de "vulnerabilidad" sirve m&aacute;s bien para describir algo diferente que puede tener impacto sobre diversos riesgos, pero que no se equipara al mismo. La vulnerabilidad es una condici&oacute;n que se asocia con gradientes de detenci&oacute;n de poder, de control sobre situaciones, de dominio sobre las propias decisiones, sobre las propias acciones, los bienes y propiedades, los espacios de intimidad y socializaci&oacute;n y sobre la sexualidad, la salud y la vida de uno como persona.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El uso ampliado del concepto de "vulnerabilidad", adem&aacute;s de considerarse "pol&iacute;ticamente m&aacute;s correcto", parecer&iacute;a tambi&eacute;n m&aacute;s inclusivo, porque permite incorporar a una gran diversidad de grupos y poblaciones "despose&iacute;das, desvalidas, en las m&aacute;rgenes de la sociedad". El problema es c&oacute;mo ha pasado tambi&eacute;n a constituir un "caj&oacute;n en el que todo cabe" y todos sus elementos se analizan utilizando las mismas herramientas e instrumentos, a pesar de ser muy dis&iacute;miles. En esta categor&iacute;a de "poblaciones y grupos vulnerables" se incluyen las poblaciones ind&iacute;genas y pueblos originarios al lado de afrodescendientes, j&oacute;venes en situaci&oacute;n de calle, prisioneros, usuarios de drogas no inyectables, trabajadores migrantes, marineros, militares, mujeres adolescentes y j&oacute;venes, choferes de transporte interurbano, trabajadoras en maquiladoras e incluso toda la poblaci&oacute;n femenina. Obviamente las acciones dirigidas a reducir vulnerabilidades en cada uno de estos grupos y poblaciones no pueden ser estandarizadas, pues deben incidir en diversos niveles y sobre una constelaci&oacute;n de factores y circunstancias que impactan las formas en que las personas se relacionan entre s&iacute; y con su entorno.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La reducci&oacute;n de riesgo para infecciones de transmisi&oacute;n sexual, en cambio, puede resumirse a ciertas medidas, que abarcan: a) reducci&oacute;n de las oportunidades de exposici&oacute;n al agente (disminuyendo el n&uacute;mero de parejas sexuales de menos a ninguna, siendo que esto &uacute;ltimo en el lenguaje de la santurroner&iacute;a se conoce como "abstinencia"); b) interposici&oacute;n de barreras mec&aacute;nicas (condones masculinos o femeninos) y otras formas de evitar contacto con secreciones potencialmente contaminadas (actividad sexual no penetrativa), y c) uso de microbicidas (a&uacute;n no disponibles).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s recientemente se ha comenzado a utilizar el t&eacute;rmino "poblaciones en mayor riesgo" (Pemar) para referirse a aquellas que tienen m&aacute;s probabilidad de entrar en contacto con el virus y contraer la infecci&oacute;n por sus pr&aacute;cticas sexuales (desprotegidas, con m&uacute;ltiples parejas) o por pr&aacute;cticas de inyecci&oacute;n con equipos contaminados (o uso de equipo punzante, cortante o perforante tambi&eacute;n contaminado). Nuevamente, los dos conceptos no son sin&oacute;nimos ni ant&oacute;nimos, sino expresiones de realidades coexistentes. Un segmento de una Pemar puede ser altamente vulnerable y alguna de las llamadas "poblaciones vulnerables" puede tener pr&aacute;cticas que involucran alto riesgo de exposici&oacute;n al virus y por ende mayores probabilidades de infectarse.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La epidemiolog&iacute;a y la antropolog&iacute;a social deber&iacute;an articularse de manera estrecha para identificar y cuantificar riesgos, reconocer y caracterizar vulnerabilidades dentro de comunidades y poblaciones humanas para proponer de manera conjunta acciones dirigidas a contener el avance de la epidemia de VIH, el impacto y da&ntilde;os causados por la misma. Desafortunadamente, no siempre existe la vinculaci&oacute;n necesaria para entender una situaci&oacute;n desde el punto com&uacute;n que ofrece una mirada desde las perspectivas de ambas disciplinas, lo que conduce a una comprensi&oacute;n incompleta de fen&oacute;menos culturales y sociales asociados con la salud y la enfermedad. En el campo de la epidemiolog&iacute;a del VIH se ha desarrollado recientemente el concepto de "vigilancia de comportamiento", el cual es meramente descriptivo y no permite conocer en profundidad creencias, sistemas de representaciones, cosmovisiones y construcciones culturales esenciales para el desarrollo de intervenciones efectivas en cualquier &aacute;mbito.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>VIH Y POBLACIONES IND&Iacute;GENAS EN LAS AM&Eacute;RICAS</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cualquier b&uacute;squeda en la literatura especializada en VIH coincide en se&ntilde;alar que los "pueblos originarios", "poblaciones ind&iacute;genas o abor&iacute;genes" son <i>particularmente vulnerables. </i>No es raro encontrarse con argumentaciones tautol&oacute;gicas del todo acerca de los determinantes de dicha vulnerabilidad. Suele mencionarse la "pobreza" como la m&aacute;s significativa de ellas.</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n35/a7f2.jpg"></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, mientras no se desglose el significado del t&eacute;rmino y se puedan analizar los efectos de la misma sobre la vida cotidiana individual, familiar y comunitaria el t&eacute;rmino es un fonema vac&iacute;o, redundante: "la gente pobre sufre pobreza". As&iacute; pues, las definiciones de vulnerabilidad que se limitan a concebirla alrededor de lugares comunes, tales como "pobreza", "marginalidad" o "falta de poder social", dicen mucho y no dicen nada. La construcci&oacute;n de acciones concretas de alta efectividad y culturalmente apropiadas requiere de una comprensi&oacute;n en profundidad de las vulnerabilidades de comunidades y de personas dentro de esas comunidades. Las asimetr&iacute;as de poder que constituyen la columna vertebral de las vulnerabilidades se dan entre comunidades y al interior de las mismas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo de N&uacute;&ntilde;ez Noriega en este n&uacute;mero de <i>Desacatos </i>arroja luces acerca de c&oacute;mo la identidad y autoimagen ind&iacute;gena en &aacute;mbitos racistas, clasistas y sexistas despojan a las personas de poder y control de situaciones. N&uacute;&ntilde;ez, en una frase que resulta conmovedora y pat&eacute;tica, se&ntilde;ala:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">con baja autoestima, algunos varones ind&iacute;genas y afrodescendientes, en diversos momentos, han sido capaces de aceptar cualquier condici&oacute;n en una relaci&oacute;n sexual que les prometa darles ese bien escaso &#91;y yo agrego: y ef&iacute;mero&#93; que es la plena aceptaci&oacute;n del otro.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sistema de castas no ha desaparecido en la regi&oacute;n y no hay duda de que los fenotipos cauc&aacute;sicos abren puertas, mejoran autoestima, empoderan a individuos y posiblemente reducen ciertas vulnerabilidades porque ofrecen m&aacute;s oportunidades y aseguran cierto nivel de control de situaciones. Aunque el concepto de "interculturalidad" se acu&ntilde;a en respuesta a la necesidad de reducir inequidades en el acceso a bienes y servicios p&uacute;blicos y asimetr&iacute;as de poder, como bien se&ntilde;alan Fern&aacute;ndez y Stival, tambi&eacute;n en este n&uacute;mero: "las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, en particular las de salud, expresan, a la vez que (re)producen, modalidades de relaciones inter&eacute;tnicas &#91;hegem&oacute;nicas, agrego yo&#93;". El concepto de "interculturalidad" es a menudo cosm&eacute;tico, pol&iacute;ticamente correcto, pero vac&iacute;o.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">N&uacute;&ntilde;ez Noriega acertadamente aproxima el sexismo a la homofobia. La homofobia, adem&aacute;s de encumbrar el heterosexismo, es una expresi&oacute;n de misoginia que descalifica lo femenino como "dimensi&oacute;n de menor valor" y asocia el homoerotismo a una "renuncia simb&oacute;lica" a la masculinidad hegem&oacute;nica. Otra faceta del sexismo es la que presentan Puig y Montalvo y Fern&aacute;ndez y Stival en sus art&iacute;culos y que se da tanto como resultado de las relaciones de g&eacute;nero al interior de una comunidad como de las creencias acerca de la salud y la enfermedad. Entre las comunidades ind&iacute;genas estudiadas por estos autores se identifica la creencia de que la mujer es "reservorio" y "transmisora" de las enfermedades de transmisi&oacute;n sexual (citan expresiones recogidas en sus entrevistas tales como: "la mujer es la principal culpable de la propagaci&oacute;n de las enfermedades vinculadas con la sexualidad" o "las m&aacute;s 'proclives' a enfermar de VIH&#150;Sida son la mujeres"). El art&iacute;culo de Reartes hace referencia a la creencia de que corresponde a la mujer "cuidarse" (concepto muy generalizado fuera de comunidades ind&iacute;genas), aunque es interesante notar que ese "cuidado" es tambi&eacute;n percibido como una intromisi&oacute;n en la intimidad y el afecto de la pareja.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un elemento adicional que contribuye a la vulnerabilidad ante el VIH de poblaciones ind&iacute;genas es el acceso y utilizaci&oacute;n limitados de servicios de salud para tratamiento de infecciones de transmisi&oacute;n sexual (ITS), pruebas de detecci&oacute;n, tratamiento temprano y oportuno, prevenci&oacute;n de la transmisi&oacute;n sexual y prevenci&oacute;n de la transmisi&oacute;n de la madre al infante. En su contribuci&oacute;n, Betancourt y Pinilla hablan de manera expl&iacute;cita de las tensiones inter&eacute;tnicas con los "blancos", a los que se acusa de traer "enfermedades raras que no puede manejar el cham&aacute;n, cacique o m&eacute;dico tradicional ind&iacute;gena". Pero el acceso y utilizaci&oacute;n limitados de servicios no s&oacute;lo son funci&oacute;n de estas tensiones, sino tambi&eacute;n de distancias geogr&aacute;ficas para acceder a los mismos, falta de personal calificado para atender dentro de &eacute;stos, costos elevados de transporte y carencia de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas dirigidas a mejorar los servicios p&uacute;blicos en &aacute;mbitos rurales y urbano&#150;marginales (ya que en contra de una creencia com&uacute;n las comunidades ind&iacute;genas tambi&eacute;n se asientan en ciudades y conforman asentamientos en las m&aacute;rgenes urbanas).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>HECHOS Y DATOS</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La informaci&oacute;n cuantitativa acerca de las dimensiones de la epidemia de VIH en poblaciones ind&iacute;genas en la regi&oacute;n de las Am&eacute;ricas no es particularmente abundante. Los escasos estudios de prevalencia de infecci&oacute;n (medida como proporci&oacute;n de individuos seropositivos en un n&uacute;mero determinado de adultos sexualmente activos) muestran resultados en los polos de un espectro que es de cero hasta varias veces respecto del promedio nacional en la poblaci&oacute;n general. Un estudio en el Per&uacute; entre la comunidad Chayahuita de la Amazon&iacute;a, publicado en 2007, arroj&oacute; una prevalencia de infecci&oacute;n de 7.5% entre adultos &#151;el promedio a nivel nacional no alcanzaba 0.5%&#151; (Zavaleta <i>et al., </i>2007). El Plan Estrat&eacute;gico de ITS, VIH y Sida 2009&#150;2014 de la Rep&uacute;blica de Panam&aacute; se&ntilde;ala que la comunidad Kuna Yala muestra tasas m&aacute;s elevadas que las encontradas en otros segmentos de la poblaci&oacute;n. En M&eacute;xico, hacia finales de 2004, del total de casos notificados en el pa&iacute;s, casi 2% proced&iacute;an de municipios con 70% o m&aacute;s de poblaci&oacute;n ind&iacute;gena (Magis, Bravo, Gayet, Rivera y De Luca, 2008). En un peque&ntilde;o estudio realizado en varias ciudades del estado de Chihuahua, en el norte de M&eacute;xico, se encontr&oacute; solamente un caso de infecci&oacute;n por VIH en 166 pruebas tomadas a hablantes de lengua rar&aacute;muri (tarahumara). Sin embargo, 25 padec&iacute;an de s&iacute;filis (Magis, Bravo, Gayet, Rivera y De Luca, 2008), lo cual adem&aacute;s de ser un n&uacute;mero elevado en s&iacute; es una indicaci&oacute;n de un factor coadyuvante para la transmisi&oacute;n del VIH si este virus llega a ser introducido dentro de las redes de interacciones sexuales de estas comunidades.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda, el conocimiento acerca de la prevalencia de la infecci&oacute;n por el VIH y otras ITS es muy incompleto en poblaci&oacute;n general y consecuentemente en poblaciones ind&iacute;genas. Mucha de la informaci&oacute;n estrat&eacute;gica que se usa en desarrollo de pol&iacute;ticas e intervenciones se basa en estimaciones desarrolladas a partir de complejas f&oacute;rmulas e informaci&oacute;n disponible. Incluso los datos respecto de ITS en la poblaci&oacute;n general son muy tentativos, por lo que al hacer estudios en comunidades ind&iacute;genas sobre, digamos, s&iacute;filis, las cifras pueden parecer muy altas como cifras absolutas, pero no pueden compararse con datos similares en la poblaci&oacute;n general. Se dice que cada a&ntilde;o se producen 50 millones de casos de ITS en el hemisferio occidental. &Eacute;sta es una cifra enigm&aacute;tica que surge de "c&aacute;lculos inteligentes e informados", pero no hay una constataci&oacute;n de que esta cifra est&eacute; sobreestimada o subestimada.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>ENFRENTANDO LAS "VULNERABILIDADES" DE LAS POBLACIONES IND&Iacute;GENAS</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De la misma forma que no se puede hacer ning&uacute;n tipo de generalizaci&oacute;n acerca de los pueblos originarios y poblaciones ind&iacute;genas y abor&iacute;genes de la regi&oacute;n sin caer en estereotipias y lugares comunes, tampoco pueden hacerse recomendaciones de car&aacute;cter general para enfrentar las vulnerabilidades de personas y comunidades de diversas localidades y poblaciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se presume a menudo que un paso estrictamente necesario es la traducci&oacute;n a lenguas ind&iacute;genas de materiales educativos. Sin embargo, la versi&oacute;n a la otra lengua no es suficiente. Posibilitar que las comunidades ind&iacute;genas se alleguen conocimiento aplicable a sus vidas implica un trabajo m&aacute;s complejo, el de interpretaci&oacute;n a la luz de "formas, ideas, percepciones y tradiciones", como se&ntilde;alan Betancourt y Pinilla en este mismo n&uacute;mero de <i>Desacatos. </i>La interpretaci&oacute;n es una forma de acercar saberes sin imponer la visi&oacute;n de la cultura hegem&oacute;nica como la "&uacute;nica forma v&aacute;lida de ver el mundo".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro elemento descuidado en los procesos de intercambio de saberes es el de la selecci&oacute;n de canales para el posicionamiento de mensajes, as&iacute; como de las fuentes transmisoras dentro de la comunidad. En su contribuci&oacute;n, Puig y Montalvo transcriben una entrevista en la que una mujer expresa su preferencia por medios audiovisuales como televisi&oacute;n o cine. En otras comunidades la preferencia puede ser el drama o la charla dictada por personalidades con influencia y reconocimiento popular.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para planear acciones dirigidas a reducir riesgos impl&iacute;citos en ciertas pr&aacute;cticas sexuales se requiere, en primer lugar, tener una buena comprensi&oacute;n acerca de las creencias, pr&aacute;cticas y otros elementos etnogr&aacute;ficos que las soportan. En ciertas comunidades el llamado "sexo seco" (sin lubricaci&oacute;n vaginal) es conseguido mediante el uso de sustancias astringentes que en el sistema de pr&aacute;cticas sexuales de ese grupo hacen del coito una pr&aacute;ctica supuestamente m&aacute;s gratificante. Ciertas pr&aacute;cticas sexuales son poco conocidas pero hacen parte del acervo sexual de determinados grupos y es indispensable conocerlas para reconocer fuentes de placer que hay que promover, en tanto que otras encierran riesgo potencial de da&ntilde;o mec&aacute;nico, qu&iacute;mico o biol&oacute;gico. Fue sorprendente para m&iacute; encontrar en el art&iacute;culo de Betancourt y Pinilla una referencia a la mutilaci&oacute;n genital femenina (clitoridectom&iacute;a) a ni&ntilde;as de la comunidad ember&aacute;. Hasta el momento de revisar los art&iacute;culos de este n&uacute;mero de <i>Desacatos </i>desconoc&iacute;a que la pr&aacute;ctica existiese en el hemisferio occidental. La literatura relativa a los programas de la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud para su erradicaci&oacute;n como pr&aacute;ctica brutal y da&ntilde;ina s&oacute;lo la documentan en pa&iacute;ses en otras regiones, particularmente &Aacute;frica.</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n35/a7f3.jpg"></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo que respecta a las asimetr&iacute;as en las relaciones de g&eacute;nero e inter&eacute;tnicas como factores que aumentan la vulnerabilidad al VIH de personas ind&iacute;genas &#151;sobre todo j&oacute;venes y mujeres&#151;, es ingenuo pensar que se pueden enfrentar s&oacute;lo con promoci&oacute;n y distribuci&oacute;n de condones. Es necesario repensar las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y estrategias que posibiliten que las personas ejerzan un mayor control sobre sus vidas y eso se relaciona con aumento a niveles superiores de educaci&oacute;n, mayor acceso a servicios p&uacute;blicos, disponibilidad de redes sociales de protecci&oacute;n y atenci&oacute;n de la salud dentro de est&aacute;ndares de calidad m&aacute;s elevados.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para finalizar, hay que se&ntilde;alar que una reducci&oacute;n efectiva de la vulnerabilidad debe ser un proceso de crecimiento que exige remover obst&aacute;culos y barreras. Tradicionalmente las comunidades ind&iacute;genas han sido tratadas con el paternalismo y condescendencia que desde la &eacute;poca colonial las ha relegado a una posici&oacute;n social de minusval&iacute;a, de ni&ntilde;os, de &aacute;rboles bons&aacute;i. Es indispensable remover los cercos que privan a las personas de su poder y autodeterminaci&oacute;n y aumentan su vulnerabilidad. En contra de la creencia generalizada, no son las condiciones internas de los ind&iacute;genas las que los convierten en personas despose&iacute;das y vulnerables a VIH e ITS (y a muchas otras enfermedades), sino las condiciones que a ellos se impone desde fuera.</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n35/a7f4.jpg"></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Leer y revisar estas contribuciones para el n&uacute;mero especial de <i>Desacatos </i>sobre el tema ha sido una experiencia muy grata, muy placentera, que me ha permitido poner cierto orden en mis pensamientos acerca de las estrategias necesarias para hacer frente a la epidemia de VIH. El hermanamiento de la salud p&uacute;blica con la antropolog&iacute;a social es una respuesta inaplazable en la que tenemos que trabajar los expertos en ambos campos. Tal vez en 2011 podamos organizar un encuentro para intercambiar notas y proponer avenidas de acci&oacute;n. Mi gratitud a Patricia Ponce, editora hu&eacute;sped de esta publicaci&oacute;n, por la oportunidad que me ha dado de hacer esta contribuci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Magis Rodr&iacute;guez, Carlos, Enrique Bravo Garc&iacute;a, Cecilia Gayet Serrano, Pilar Rivera Reyes y Marcelo De Luca, 2008, <i>El VIH y el Sida en M&eacute;xico al 2008. Hallazgos y Reflexio</i><i>nes, </i>Centro Nacional para la Prevenci&oacute;n y Control del VIH&#150;Sida, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2717064&pid=S1607-050X201100010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Zavaleta, Carol, Connie Fern&aacute;ndez, Kelika Konda, Yadira Valderrama, Sten H. Vermund y Eduardo Gotuzzo, 2007, "Short Report: High Prevalence of HIV and Syphilis in a Remote Native Community of the Peruvian Amazon", en <i>American Journal of Tropical Medicine and Hygiene, </i>vol. 76, n&uacute;m. 4, pp. 703&#150;705.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2717066&pid=S1607-050X201100010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>Nota</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Durante una actividad de capacitaci&oacute;n sobre VIH para funcionarios de Naciones Unidas realizada en un centro recreacional en Paipa, Colombia, a comienzos de los noventa, un ministro religioso se aproxim&oacute; para preguntar cu&aacute;l era el tema de la conferencia. Al enterarse, abri&oacute; enormemente los ojos horrorizado y exclam&oacute;: "&iexcl;Que con su pan se lo coman! &iexcl;Por sucios y depravados se enfermaron! &iexcl;Las relaciones antinaturales causan la enfermedad!". Nadie entre los presentes hizo ning&uacute;n comentario, pero no hay duda de que muchos pensaron: "La enfermedad no la causan las relaciones sexuales, &iexcl;es el virus, est&uacute;pido!"</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Rafael Maz&iacute;n </b>es asesor regional en Prevenci&oacute;n y Atenci&oacute;n Integral de VIH, organizaci&oacute;n Panamericana de la Salud, Oficina Regional de la organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OPS/OMS). Es m&eacute;dico cirujano por la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico y maestro en salud p&uacute;blica por la Universidad George Washington.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre los fot&oacute;grafos</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>&Aacute;ngel Montero Montano </b>es fot&oacute;grafo para el gobierno del estado de Veracr&uacute;z, ha sido becario del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, ha expuesto su obra de manera individual y colectiva en la Rep&uacute;blica Mexicana, ha ilustrado revistas como Am&eacute;rica Ind&iacute;gena, libros de arte y otros donde la fotograf&iacute;a y el relato testimonial<i>&#150;</i>etnogr&aacute;fico han dado como resultado obras antropol&oacute;gicas de singular inter&eacute;s. Dirige el despacho de servicios profesionales de fotograf&iacute;a y Banco de Imagen de Veracr&uacute;z.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Jes&uacute;s Vaca Cort&eacute;s </b>es investigador en t&oacute;picos de psicolog&iacute;a jur&iacute;dico&#150;forense y aspectos de salud en colectividades<i> </i>ind&iacute;genas. Actualmente coordina el Departamento de Investigaci&oacute;n en el Claustro Universitario de Chihuahua. Su m&aacute;s reciente libro lleva por t&iacute;tulo La m&aacute;scara del asesino, Centro de Formaci&oacute;n y Actualizaci&oacute;n Judicial, Departamento de Estudios Psicol&oacute;gicos y Socioecon&oacute;micos Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Chihuahua, 2011.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Imelda Gameros Ponce </b>trabaja desde hace 15 a&ntilde;os en temas relativos a la indagaci&oacute;n de procesos salud&#150;enfermedad e ITS con los grupos ind&iacute;genas en el estado de Chihuahua. Hoy colabora en el &aacute;rea de promoci&oacute;n y prevenci&oacute;n de COESIDA&#150;Chihuahua.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Mariano B&aacute;ez Landa </b>es profesor&#150;investigador titular del CIESAS&#150;Golfo en Xalapa, Veracruz. Es licenciado en antropolog&iacute;a por la Universidad Veracruzana, maestro en antropolog&iacute;a social por el CIESAS y doctor en ciencias sociales por la Universidad Estatal de Campinas (UNICAMP), S&atilde;o Paulo, Brasil. Ha tratado temas de historia y desarrollo regional, comportamiento electoral, modernizaci&oacute;n agraria, antropolog&iacute;a aplicada y antropolog&iacute;a visual. Desde 2001 coordina el Taller "Miradas Antropol&oacute;gicas", donde fund&oacute; el Laboratorio Multimedia en Antropolog&iacute;a en 2009. Actualmente es responsable institucional de la C&aacute;tedra Internacional Roberto Cardoso de Oliveira auspiciada por el CIESAS y la UNICAMP. Es miembro activo de la Asociaci&oacute;n Brasile&ntilde;a de Antropolog&iacute;a (ABA).</font></p>      ]]></body><back>
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