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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Cuerpos múltiples: añoranzas naturalistas y dispersión de significados]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social-Occidente  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>PRESENTACI&Oacute;N</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Cuerpos m&uacute;ltiples: a&ntilde;oranzas  naturalistas y dispersi&oacute;n de significados</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Multiple Bodies: Naturalistic Longings and Meaning Dispersion</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Alejandra Aguilar Ros</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social&#150;Occidente, Guadalajara, M&eacute;xico. </i><a href="mailto:aaguilar@ciesas.edu.mx">aaguilar@ciesas.edu.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El n&uacute;mero que presentamos de &ldquo;Cuerpos m&uacute;ltiples&rdquo; alude a la variedad que existe hoy en el campo del an&aacute;lisis social sobre una categor&iacute;a que, anta&ntilde;o naturalizada, se encuentra ahora bajo un escrutinio ferozmente deconstructor. El cuerpo, asegura Le Breton en una met&aacute;fora corporal, &ldquo;est&aacute; en el coraz&oacute;n de la acci&oacute;n individual y colectiva, en el coraz&oacute;n del simbolismo social&rdquo; (2001: 7&#150;8). El problema central en la teor&iacute;a social ha sido plantear el cuerpo como constitutivo del ser humano y preguntarnos c&oacute;mo es que corporeizamos nuestro mundo personal y c&oacute;mo se realiza esa corporalidad o instalaci&oacute;n corp&oacute;rea que es la persona. A decir de Derrida (1999) al hablar del acto de escribir y del cambio de la pluma a la m&aacute;quina de escribir: &ldquo;es otro cuerpo, pero hay cuerpo&rdquo;&hellip; Siempre hay cuerpo. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marcel Mauss, en &ldquo;T&eacute;cnicas del cuerpo&rdquo; (1999 &#91;1934&#93;), se convierte en el vocero de una de las preocupaciones antropol&oacute;gicas m&aacute;s antiguas: &iquest;cu&aacute;les son los l&iacute;mites corporales del ser humano? y &iquest;qu&eacute; puede hacer o no nuestro cuerpo? Mauss recolecta las variadas formas en que los seres humanos se sirven del cuerpo; hace notar c&oacute;mo las actividades fisiol&oacute;gicas del cuerpo son comunes a toda la humanidad, aunque el proceso de aprendizaje es adquirido culturalmente y por ello var&iacute;a en cada sociedad. Mauss se refiere a &ldquo;t&eacute;cnicas&rdquo; para modificar la naturaleza interior del cuerpo. Se trata de la transformaci&oacute;n del cuerpo para fines &uacute;tiles: la conservaci&oacute;n de s&iacute; mismo, el mejor desempe&ntilde;o, la adaptaci&oacute;n superior al medio, en suma, la &ldquo;t&eacute;cnica hecha hombre&rdquo; o el hombre hecho t&eacute;cnica. El cuerpo es, para &eacute;l, a la vez objeto de t&eacute;cnica, medio t&eacute;cnico y el origen subjetivo de la t&eacute;cnica. M&aacute;s tarde, en otro art&iacute;culo (1985: 3) hablar&aacute; de la noci&oacute;n de &ldquo;persona&rdquo;, respecto a la cual sostiene que la noci&oacute;n de &ldquo;<I>self</I>&rdquo;, o sea, la conciencia de ser constituidos por un cuerpo, es universal; sin embargo, la noci&oacute;n de &ldquo;persona&rdquo; var&iacute;a en tiempo y en espacio cultural. Csordas (1990: 7) hace notar que Mauss reproduce la perspectiva dualista cartesiana al desarrollar la noci&oacute;n de persona de manera independiente de las t&eacute;cnicas del cuerpo<a href="#notas"><Sup>1</Sup></a>.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los estudios de Mauss orientaron el inter&eacute;s de la antropolog&iacute;a hacia el cuerpo como met&aacute;fora generadora en la sociedad, con particular &eacute;nfasis en los rituales que a trav&eacute;s del cuerpo muestran aspectos espec&iacute;ficos de &eacute;sta, como el estatus, la edad, el g&eacute;nero, la identidad &eacute;tnica y/o la afiliaci&oacute;n religiosa. Algunos de estos estudios enfatizaron los aspectos comunicativos y la b&uacute;squeda de significados y representaciones del cuerpo (cf. Blacking, 1977). En esta tarea se consider&oacute; central el estudio del cuerpo tanto en los rituales como respecto a las decoraciones corporales asociadas con contextos espec&iacute;ficos, buscando en cada representaci&oacute;n los significados que se otorgan al cuerpo y se comunican, ya sea como algo aprendido o como intenci&oacute;n particular de la persona enjaezada. Estos estudios manifiestan un doble inter&eacute;s antropol&oacute;gico, uno proveniente de la antropolog&iacute;a filos&oacute;fica que remite a la noci&oacute;n cartesiana de la relaci&oacute;n cuerpo/mente y el otro por la originaria preocupaci&oacute;n antropol&oacute;gica por el problema de la relaci&oacute;n entre naturaleza y cultura, que parece ser similar al de la relaci&oacute;n entre las determinaciones de las estructuras sociales respecto a la acci&oacute;n y las posibilidades de la acci&oacute;n individual. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mary Douglas (1970) se encuentra a la cabeza de estas preocupaciones. Para ella, el cuerpo puede entenderse como una met&aacute;fora fundamental del orden pol&iacute;tico y social, un microcosmos del cuerpo social, enlazando as&iacute; el cuerpo biol&oacute;gico afectado por su contexto social. Examinando una variedad de rituales y los patrones en que estos se expresan simb&oacute;licamente en el cuerpo, Douglas indaga por los s&iacute;mbolos anclados en el cuerpo humano que son usados para expresar la experiencia social, pero tambi&eacute;n muestra c&oacute;mo el cuerpo humano es &ldquo;ense&ntilde;ado&rdquo; por cada sociedad. A trav&eacute;s de los &ldquo;s&iacute;mbolos naturales&rdquo; derivados de los orificios humanos &#151;la sangre, la respiraci&oacute;n, el excremento&#151;, y que se revelan a trav&eacute;s de &eacute;stos, muestra c&oacute;mo la necesidad de mantener las fronteras corporales refleja tanto las fronteras como la uni&oacute;n de la tribu. Cada uno de estos s&iacute;mbolos naturales contiene un sentido social; esto es, cada persona trata su cuerpo como una imagen de la sociedad en la que habita y cada sociedad hace una selecci&oacute;n de estos s&iacute;mbolos naturales. Al mediar el cuerpo toda acci&oacute;n con el mundo y constituir, simult&aacute;neamente, el &ldquo;s&iacute; mismo&rdquo; tanto en las relaciones naturales y sociales de las que forma parte y en su relaci&oacute;n con el cosmos, en &eacute;l se van inscribiendo esos &ldquo;s&iacute;mbolos naturales&rdquo;, pero no como un proceso reflexionado (Comaroff, 1985: 7).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"> Estos aspectos de la constituci&oacute;n &ldquo;natural&rdquo; de la forma humana nos ofrecen un enorme potencial de elaboraciones simb&oacute;licas y de representaciones, tanto de las estructuras espaciales como de los procesos en el tiempo. Para mostrar este proceso de construcci&oacute;n sociocultural, algunos autores asumen que la forma f&iacute;sica del cuerpo inicia como una tabla rasa (Van Gennep, citado en Comaroff, 1985: 9) o como un repertorio de contrastes simb&oacute;licos, tal como lo afirma Douglas. El cuerpo humano ha sido visto repetidamente como el que provee el &ldquo;material crudo&rdquo;, la base &ldquo;presocial&rdquo; en la que se materializan todas las categor&iacute;as colectivas y los valores. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia y el registro etnogr&aacute;fico nos muestran que esto no es as&iacute; ya que el entramado particular de cada sociedad da cuenta de la configuraci&oacute;n de los cuerpos en sociedad y no fuera de ella. Para aprehender al cuerpo, unas de las particularidades para contextualizarlo son la historia y los relatos discursivos sobre y desde &eacute;l, pues crean un conocimiento cognitivo que lo limita y posibilita (Frank, 1995; Foucault, 1987). &Eacute;stas, las posibilidades y las limitaciones, se producen y modifican dentro de las instituciones que, a su vez, est&aacute;n en relaci&oacute;n con otros discursos y tienen especificidad en el espacio y el tiempo; el cuerpo no puede soslayar las construcciones culturales espec&iacute;ficas que se interrelacionan en su propia historia (Bynum, 1989; Feher, 1992; Frank, 1995: 49).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este aspecto lo ilustra el art&iacute;culo de M&oacute;nica Ch&aacute;vez Gonz&aacute;lez en el recorrido que hace de la construcci&oacute;n del cuerpo a trav&eacute;s de la educaci&oacute;n f&iacute;sica implantada en las escuelas p&uacute;blicas del M&eacute;xico posrevolucionario. Ch&aacute;vez Gonz&aacute;lez analiza tres aspectos de esta construcci&oacute;n del cuerpo. Por un lado, las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas educativas que llevaron a la esfera p&uacute;blica las competencias deportivas con un discurso que reforzaba la ciudadanizaci&oacute;n de los individuos. La disciplina sobre el cuerpo era claramente considerada como un plan que sentaba las bases para un proyecto de naci&oacute;n y como forjadora de una noci&oacute;n de sujeto que, orientado a las pr&aacute;cticas deportivas, controlaba las emociones y comenzaba a fraguarse como ciudadano modelo acorde con los ideales del Estado. En segundo lugar, analiza, a trav&eacute;s de la <I>Revista de </I>E<I>ducaci&oacute;n F&iacute;sica</I>, la formaci&oacute;n de agentes de cambio, los maestros de educaci&oacute;n f&iacute;sica, que reforzaban la pol&iacute;tica de los g&eacute;neros ligados a valores c&iacute;vicos que encarnaban tambi&eacute;n los modelos de progreso y modernidad. Por &uacute;ltimo, nos muestra c&oacute;mo el uniforme deportivo instituido como elemento identitario, acompa&ntilde;ado del arreglo corporal, tambi&eacute;n estaba relacionado con estos ideales positivistas y de g&eacute;nero. El art&iacute;culo, m&aacute;s all&aacute; de mostrar los cambios culturales de una &eacute;poca, nos aproxima a la biopol&iacute;tica del Estado mexicano; a saber, la racionalizaci&oacute;n de los recursos sobre la biolog&iacute;a de una poblaci&oacute;n para alcanzar determinados objetivos, los cuales se alcanzan con el biopoder, es decir, el control <I>sobre</I> y <I>en</I> los cuerpos. La forja del car&aacute;cter de la que nos habla Pedraza en su comentario es muy clara en este art&iacute;culo y en esta &eacute;poca. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero el cuerpo no es s&oacute;lo capaz de generar percepciones m&uacute;ltiples, tambi&eacute;n alberga percepciones contradictorias, como nos lo demuestra el registro etnogr&aacute;fico. El trabajo de Perla Luz Garc&iacute;a Pe&ntilde;a es un buen ejemplo del cuerpo como transgresor y espacio donde se materializan las paradojas y amenazas sociales en el marcaje de los cuerpos como &ldquo;cholos&rdquo; a trav&eacute;s del tatuaje y la imagen corporal en el vestir. Garc&iacute;a Pe&ntilde;a no se limita a la b&uacute;squeda de los significados del simbolismo al que estos cuerpos apuntan, sino que busca insertar las pr&aacute;cticas de los sujetos portadores de estos cuerpos en procesos sociales concretos &#151;en su caso, la migraci&oacute;n, la deportaci&oacute;n y el desempleo en una sociedad rural&#151;. Esto implica conceder una agencialidad en la que si bien los sujetos son productos sociales, tambi&eacute;n son productores y actores que inciden en el mundo material y simb&oacute;lico, retando las estructuras existentes y participando o excluy&eacute;ndose de espacios de poder. El ejercicio de la autora nos pone en evidencia, adem&aacute;s, un campo f&eacute;rtil en los ya inagotables estudios sobre el cuerpo: la relaci&oacute;n entre acci&oacute;n e imagen corporal y el espacio transnacional cruzado por relaciones de poder.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con este trabajo podemos apreciar c&oacute;mo el estudio del cuerpo en la antropolog&iacute;a ha cambiado de la cl&aacute;sica representaci&oacute;n simb&oacute;lica de Douglas (1966, 1970), Turner (1980) y Blacking (1977) al an&aacute;lisis de los aspectos existenciales del cuerpo. Aun a pesar de que el discurso articula los cuerpos como entidades &uacute;nicas discretas, es a trav&eacute;s de la pr&aacute;ctica como corporeizamos nuestras necesidades y algunas de ellas las exteriorizamos sin mediaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica. &Eacute;ste es el punto central de la argumentaci&oacute;n de Archer (2000: 97): &ldquo;la relaci&oacute;n en cuesti&oacute;n ser&aacute; aquella que surge entre el cuerpo, la naturaleza<a href="#notas"><Sup>2</Sup></a> y la pr&aacute;ctica&rdquo;. Archer muestra que en la pr&aacute;ctica (la memoria y las habitudes del cuerpo) existe una relaci&oacute;n con el mundo que es preling&uuml;&iacute;stica. En estas pr&aacute;cticas preling&uuml;&iacute;sticas tienen lugar las primeras manifestaciones de un sentido del s&iacute; mismo, la continuidad de su naturaleza y nuestro razonamiento. En estas pr&aacute;cticas emerge el s&iacute; mismo a trav&eacute;s de las relaciones corporeizadas con el mundo, el cual no es dependiente de nuestra adscripci&oacute;n a conversaciones sociales (Archer, 2000: 152). Enfatizar la centralidad de la pr&aacute;ctica en la constituci&oacute;n como seres humanos autoconscientes, y en las formas de conocimiento generadas por &eacute;sta, implica que nuestro hacer en el mundo es lo que asegura significados. El argumento de Archer es que &ldquo;un humano <I>capaz de hermen&eacute;utica </I>tiene que aprender primero acerca de s&iacute; mismo, del mundo y de las relaciones entre ambos, todo lo cual se logra en la pr&aacute;ctica&rdquo; (Archer, 2000). </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los fil&oacute;sofos pueden acercarnos, en especial a los antrop&oacute;logos interesados en la experiencia humana, a ese conocimiento del s&iacute; mismo en las aproximaciones fenomenol&oacute;gicas sobre manifestaciones preling&uuml;&iacute;sticas, como es el caso del art&iacute;culo sobre el llanto de Bernardo Garc&iacute;a Gonz&aacute;lez. En un intento de escritura vital, situ&aacute;ndose en una propuesta de reflexi&oacute;n sosegada y filos&oacute;fica, este autor nos insta a buscar <I>lo constitutivo</I>, una palabra que, entrenados a ver contextos, historias e identidades estructuradas y subjetivadas, a los te&oacute;ricos sociales nos trastoca el pensar. La problematizaci&oacute;n del llanto que emprende el autor abarca su tratamiento y el de los supuestos que lo componen, sus oposiciones o semejanzas, sus relaciones (con la moral, con la tristeza, con los sentimientos en general), su afectaci&oacute;n en el cuerpo, su utilidad. Con el an&aacute;lisis, en particular, de su relaci&oacute;n con la expresividad humana, Garc&iacute;a Gonz&aacute;lez busca deshacer los supuestos de estas aseveraciones cuestionando lo que significa la expresividad humana y adentr&aacute;ndose en los laberintos de una filosof&iacute;a antropol&oacute;gica de la acci&oacute;n. El suyo es un texto que alienta a los analistas de los fen&oacute;menos humanos a entablar un di&aacute;logo con la filosof&iacute;a, un di&aacute;logo que si es completamente interrumpido nos puede dejar con vac&iacute;os epistemol&oacute;gicos dif&iacute;ciles de resolver. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunas vertientes antropol&oacute;gicas han buscado formas metodol&oacute;gicas de acercamiento al cuerpo que destaquen las experiencias contextualizadas. Para Archer (2000), lo esencial es que somos agentes que empezamos nuestra relaci&oacute;n con el mundo y el proceso de hacernos humanos en un continuo que inicia como agentes que corporeizan su realidad en la pr&aacute;ctica. Para ella, aun antes de la adquisici&oacute;n del lenguaje, la diferenciaci&oacute;n de uno mismo frente al mundo ocurre a trav&eacute;s de una relaci&oacute;n corporeizada con &eacute;ste<a href="#notas"><Sup>3</Sup></a>.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este tono, Latour (2000: 1) propone entender el cuerpo como &ldquo;la trayectoria din&aacute;mica por medio de la cual aprendemos a registrar y llegamos a ser sensitivos a lo que conforma el mundo&rdquo;: el cuerpo como lo que aprende a ser afectado. La afectaci&oacute;n sucede en diversas capas, que establecen diferenciaciones mediante las distintas mediaciones que hemos construido y que nos hacen ser cuerpos diferentes; en la medida en que articulemos todas las diferenciaciones que nos ofrecen estas mediaciones, aprenderemos a ser afectados por los otros y por lo otro en las diferencias. La propuesta de Csordas (1990, 1994) para entender las afectaciones es la corporeizaci&oacute;n (<I>embodiment</I>). Corporeizar, metodol&oacute;gicamente, asume el presupuesto de que el cuerpo no puede ser estudiado como un objeto de la cultura, sino que es el sujeto de la misma, es decir, es &ldquo;la ra&iacute;z existencial de la cultura&rdquo; (Csordas, 1990: 6). El cuerpo, actualmente, ya no es considerado el material presocial ni la tabla rasa de que hablaban los simb&oacute;licos, sino que nace hist&oacute;ricamente constituido y comunitariamente ligado a otros. Hablar desde el cuerpo implica especificar, posicionarse y corporeizar el mundo material en uno mismo (Moore, 1994). Corporeizarse es una forma de conocimiento que surge de la experiencia, la cual siempre es intersubjetiva, construida en relaci&oacute;n con otros y secundada por el lenguaje en un proceso societal. Posicionarse desde el cuerpo implica, entonces, una recategorizaci&oacute;n de conceptos que se toman por dados (sexo, g&eacute;nero, diferencia, biolog&iacute;a, cultura). En una sociedad que por lo general ha naturalizado la cultura y est&aacute; ahora socializando la biolog&iacute;a (Rabinow, 1992), esta &uacute;ltima no puede estar ret&oacute;ricamente separada de la cultura; esto es, el cuerpo no puede ser tomado como ente solo biol&oacute;gico o solo cultural, ya que corporeiza tanto lo simb&oacute;lico como lo material. Esta forma de encuentro antropol&oacute;gico con el cuerpo est&aacute; presente en el art&iacute;culo de Alejandra Aguilar Ros, el cual busca, a partir de las t&eacute;cnicas corporales que se realizan, aprenden y recuerdan en la peregrinaci&oacute;n a Talpa, mostrar las intersecciones que generan la construcci&oacute;n de lo sagrado en una actividad que se constituye en el hacer. La acci&oacute;n social en conjunto de la peregrinaci&oacute;n explica y realiza la pertenencia a una colectividad que va constituy&eacute;ndose, en la topograf&iacute;a sagrada, como &ldquo;gente de San Agust&iacute;n&rdquo; y como devotos de la Virgen. La caminata y sus t&eacute;cnicas hacen resurgir en la memoria de los peregrinos las experiencias pasadas que remiten a ense&ntilde;anzas morales, pero sobre todo a la importancia de la socialidad, de la afecci&oacute;n que el individuo hace en los otros y que los otros hacen en &eacute;l/ella, lo cual es revelado en la relaci&oacute;n con los seres sobrenaturales del camino y la relaci&oacute;n con la Virgen como persona. En este proceso se corporeiza no s&oacute;lo el sentido de ser de los peregrinos del poblado de San Agust&iacute;n, sino tambi&eacute;n el sentido de la vida.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos trabajos muestran, por &uacute;ltimo, la vivencia de las periferias con respecto al cuerpo. Esto es, el esfuerzo de las sociedades occidentales actuales por incrementar las actividades corporales, m&aacute;s que una vuelta a una noci&oacute;n de persona como unidad psicosom&aacute;tica, responde a la misma noci&oacute;n dualista en la que el cambio se ha dado de una distinci&oacute;n entre alma y cuerpo hacia otra entre persona y cuerpo. Coincido con Le Breton (2001) cuando insiste en que la noci&oacute;n moderna del cuerpo es producto de la estructura individualista del campo social, una consecuencia de la ruptura con la solidaridad que mezcla a la persona con un colectivo y un cosmos a trav&eacute;s de un tejido de correspondencias (2001: 16). (<a href="/img/revistas/desacatos/n30/a1f1.jpg" target="_blank">Foto</a>)</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hacer recorridos por la historia de los acercamientos al cuerpo y a sus diversas nociones y representaciones implica tambi&eacute;n recorrer la historia de la cristalizaci&oacute;n de los imaginarios sociales (Le Breton, 2001; Douglas, 1970) y de la conformaci&oacute;n de la noci&oacute;n de sujeto/individuo, de sus l&iacute;mites frente a otros, ya que es en las sociedades industrializadas donde se fragua la individualidad como posici&oacute;n solitaria en el mundo, a diferencia de las sociedades de tipo comunitario, en las que el sentido de la existencia se define con respecto al grupo y es cubierto y asimilado por el cosmos y la naturaleza. El cuerpo no existe como elemento de individuaci&oacute;n ya que el individuo mismo no se distingue del grupo, todo &eacute;l es una singularidad dentro de la armon&iacute;a diferencial del grupo (Le Breton, 2001).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La noci&oacute;n moderna del cuerpo y, por ende, el inter&eacute;s anal&iacute;tico sobre &eacute;ste son producto de la estructuraci&oacute;n individualista del campo social. Esta historia, en las sociedades occidentales, no es sencilla ni es &uacute;nicamente producto de la dualidad cartesiana que incide en la representaci&oacute;n del ser humano como una m&aacute;quina de raz&oacute;n, pero proviene en gran medida de ella. En el mundo occidental tenemos una historia en la que el cuerpo es el signo del individuo, el espacio que lo distingue y lo diferencia de los dem&aacute;s y de su entorno; pero, parad&oacute;jicamente, tambi&eacute;n nos enfrentamos con una aparente disociaci&oacute;n y ambig&uuml;edad con respecto a &eacute;l. Esta extra&ntilde;eza la expresamos cuando lo representamos en partes que pueden ser aceptadas, consumidas, ser foco de burla o de desconcierto. El cuadro <I>El origen del mundo</I>, de Gustave Courbet, es un ejemplo de la estupefacci&oacute;n que el cuerpo fragmentado provoca y, al mismo tiempo, de c&oacute;mo incita al asombro ante el asombro mismo: una m&iacute;nima parte corporal femenina induce al temor y al ocultamiento, mientras que su contraparte imaginario, el pene, se exhibe y se exalta desde la Antig&uuml;edad cl&aacute;sica<Sup><a href="#notas">4</a></Sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuerpo puede objetivarse como un l&iacute;mite que nos aprisiona, pero que, al mismo tiempo, nos distingue de los dem&aacute;s, por lo que es necesario cultivarlo (con el ejercicio, la dieta, la meditaci&oacute;n) para evitar no su envejecimiento, sino la p&eacute;rdida de su juventud. Al mismo tiempo que nos resulta bello y familiar, es objeto de la m&aacute;s profunda extra&ntilde;eza; se impone como una realidad concreta y, sobre todo, como una frontera entre lo que soy y lo que es el otro (Jaquet, 2001). En nuestras sociedades, es un objeto que necesitamos dotar de una forma que nos distinga de los dem&aacute;s, para poder poseerlo y entenderlo, siempre expuesto a un inacabado deseo por apresar nuestro <I>alter ego</I>. En este n&uacute;mero podemos encontrar esta variedad de aproximaciones y las distintas formas de vivirlo, expresarlo y estudiarlo, como muestras de esa multiplicidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Referencias</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Archer, M., 2000, <I>Being Human. </I>T<I>he Problem of Agency</I>, Cambridge University Press, Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702732&pid=S1607-050X200900020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Blacking, J., 1977, "Towards an Anthropology of the Body";, en J. Blacking (ed.), <I>The Anthropology of the Body</I>, Academic Press, Londres, pp. 1&#150;28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702734&pid=S1607-050X200900020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bynum, C. W., 1989, "The Female Body and Religious Practice in the Later Middle Ages";, en M. Feher (ed.), <I>Fragments for </I><I>a History of the Human Body</I>, Zone, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702736&pid=S1607-050X200900020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Comaroff, J., 1985, <I>Body of Power, Spirit of Resistance. </I>T<I>he </I>C<I>ul</I><I>ture and  History of a South African People</I>, The University of Chicago Press, Chicago y Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702738&pid=S1607-050X200900020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Csordas, T. J., 1990, "Embodiment as a Paradigm for Anthropology";, <I>Ethos</I>, vol. 18, n&uacute;m. 1, pp. 5&#150;48.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702740&pid=S1607-050X200900020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, 1994, E<I>mbodiment and </I>E<I>xperience. </I>T<I>he </I>E<I>xistential Ground </I><I>of </I>C<I>ulture and Self</I>, Cambridge University Press, Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702742&pid=S1607-050X200900020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Derrida, J., 1999, <I>No escribo sin luz artificial</I>, Cuatro, Valladolid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702744&pid=S1607-050X200900020000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Douglas, M., 1966, <I>Pureza y peligro</I>, Siglo XXI, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702746&pid=S1607-050X200900020000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, 1970, <I>Natural Symbols: </I>E<I>xplorations in </I>C<I>osmology</I>, Vintage, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702748&pid=S1607-050X200900020000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Feher, M. (comp.), 1992, <I>Fragmentos para una historia del cuer</I><I>po </I><I>humano</I>, Taurus, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702750&pid=S1607-050X200900020000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frank, A., 1995, "For A Sociology of the Body: An Analytical Review";, en M. Featherstone, M. Hepworth y B. Turner (eds.), T<I>he Body: Social Process and </I>C<I>ultural </I>T<I>heory</I>, Sage, Londres, pp 36&#150;102.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702752&pid=S1607-050X200900020000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Foucault, M., 1987, <I>Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisi&oacute;n</I>, 12&ordf; ed., Siglo XXI, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702754&pid=S1607-050X200900020000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ingold, T., 2000, T<I>he Perception of the </I>E<I>nvironment</I>, Routledge, Londres y Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702756&pid=S1607-050X200900020000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jaquet, Ch., 2001, <I>Le </I>C<I>orps</I>, PUF, Philosopher, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702758&pid=S1607-050X200900020000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Latour, B., 2002, <I>How to </I>T<I>alk About the Body? </I>T<I>he Normative Di</I><I>mension of Science Studies</I>, en l&iacute;nea: <a href="http://www.ensmp.fr/~latour/Articles/77-BERG.html" target="_blank">http://www.ensmp.fr/~latour/Articles/77&#150;BERG.html</a> (consulta: 25 agosto 2002).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702760&pid=S1607-050X200900020000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Le Breton, D., 2001, <I>Anthropologie du corps et modernit&eacute;</I>, 2&ordf; ed., Quadrige, Presses Universitaires de France, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702762&pid=S1607-050X200900020000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mauss, M., 1999 (1934), "T&eacute;cnicas y movimientos corporales";, en <I>Sociolog&iacute;a y antropolog&iacute;a</I>, Tecnos, Madrid, pp. 337&#150;358.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702764&pid=S1607-050X200900020000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, 1985, "Category of the Human Mind: the Notion of Person, the Notion of Self";, en M. Carrithers, S. Collins y S. Lukes (eds.), T<I>he </I>C<I>ategory of the Person. Anthropology, Phi</I><I></I><I>losophy, History</I>, Cambridge University Press, Cambridge, pp. 1&#150;25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702766&pid=S1607-050X200900020000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Moore, H. L., 1994, A<I> Passion for Difference: </I>E<I>ssays in Anthro</I><I></I><I>pology and Gender</I>, Polity Press, Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702768&pid=S1607-050X200900020000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rabinow, P., 1992, "Artificiality and Enlightenment: From Sociobiology to Biosociality";, en J. Crary y S. Kwinter (eds.), <I>Incorporation (Zone 6)</I>, vol. 6, Zone Books, Nueva York, pp. 234&#150;252.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702770&pid=S1607-050X200900020000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Turner, V., 1980, <I>La selva de los s&iacute;mbolos</I>, Siglo XXI, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2702772&pid=S1607-050X200900020000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><Sup>1</Sup> Podr&iacute;amos apuntar hacia una tendencia en nuestras sociedades a disociar el cuerpo de la noci&oacute;n de persona, en dualidades que corren discursivamente de manera an&aacute;loga a las de alma/cuerpo, interior/exterior, naturaleza/cultura, agencia/estructura.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><Sup>2</Sup> Entiendo, en el contexto de Archer, naturaleza como el entorno; me inscribo en este sentido a la posici&oacute;n de Ingold (2000), para quien la naturaleza es el ambiente en el que vivimos, sea &eacute;ste cual fuere.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><Sup>3</Sup> Despu&eacute;s que se adquiere este sentido de s&iacute; mismo, la formaci&oacute;n de la identidad personal se vuelve un proceso continuo de b&uacute;squeda de autenticidad (Archer, 2000), aspecto que &#151;Pedraza lo se&ntilde;ala en su comentario&#151; es un proyecto reciente en la emergencia de la subjetividad individual.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><Sup>4</Sup> <I>El origen del mundo</I>, de Gustave Courbet (1866), fue expuesto al p&uacute;blico por primera vez en el Museo de Arte de Brooklyn en 1988, y actualmente puede verse en el Museo de Orsay en Par&iacute;s. Permaneci&oacute; oculto durante 120 a&ntilde;os, s&oacute;lo accesible a la mirada de sus compradores &#151;entre ellos, el famoso psicoanalista Jacques Lacan&#151; y algunos privilegiados. El cuadro permaneci&oacute; sin nombre hasta 1935.</font></p>      ]]></body><back>
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