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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La sobriedad como bien]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="2"> &nbsp;</font></p>       <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La sobriedad como bien</b></font></p>       <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Sobriety as a Benefit</b></font></p>       <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ren&eacute;e Di Pardo</b>*</font></p>       <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Jos&eacute; Antonio Elizondo L&oacute;pez, 2005. <I>El s&iacute;ndrome de la borrachera seca</I>. Liberaddictus, M&eacute;xico.</b></font></p>       <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a      Social&#150;Distrito Federal, M&eacute;xico</i>. <a href="mailto:reneedipardo@yahoo.com">reneedipardo@yahoo.com</a></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En &quot;El malestar en la cultura&quot; Freud se&ntilde;ala que &quot;lo que se consigue mediante las sustancias embriagadoras en la lucha por la felicidad y por el alejamiento de la miseria es apreciado como un bien tan grande que individuos y aun pueblos enteros les han asignado una posici&oacute;n fija en su econom&iacute;a libidinal&quot;. Y agrega: &quot;esa propiedad de los medios embriagadores determina justamente su car&aacute;cter peligroso y da&ntilde;ino&quot;<Sup><a href="#notas">1</a></Sup>. Sin lugar a dudas, este modo de caracterizar la b&uacute;squeda del sujeto humano da cuenta de la dificultad que tendr&aacute; para abandonar, una vez adquirido, un medio tan privilegiado para acercarlo a su meta.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cuesti&oacute;n del alcoholismo y sus tratamientos contin&uacute;a siendo un asunto abierto. Si bien diferentes abordajes terap&eacute;uticos&#150;psicol&oacute;gicos, psiqui&aacute;tricos, psicoanal&iacute;ticos, socioterap&eacute;uticos suponen un recorrido azaroso en el intento de soluci&oacute;n de diversas problem&aacute;ticas, el alcoholismo y las llamadas toxicoman&iacute;as o adicciones ocupan un lugar especial por la particular resistencia subjetiva que se les atribuye. En ese espectro, Alcoh&oacute;licos An&oacute;nimos (AA) ocupa tambi&eacute;n un lugar especial como una estrategia que ha sido empleada en otros esquemas de tratamiento y cuyos efectos positivos en muchas personas emergen como una posibilidad real de recuperaci&oacute;n.</font></p>       <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n29/a12f1.jpg" alt=""></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el libro que nos ocupa, segunda versi&oacute;n desarrollada por el doctor Elizondo sobre el denominado s&iacute;ndrome de la borrachera seca (SBS), AA es precisamente la figura organizativa de todo el texto, donde dicho s&iacute;ndrome, constituido por doce s&iacute;ntomas (como los Doce Pasos y las Doce Tradiciones), propone la caracterizaci&oacute;n del sujeto alcoh&oacute;lico en recuperaci&oacute;n que, a&uacute;n cuando ha dejado de beber, no presenta mejor&iacute;a ni en su conducta ni en su estado general. Permanecen en &eacute;l el malestar y la insatisfacci&oacute;n &#151;descrita como una anormalidad psicol&oacute;gica o neurosis&#151; y sus rasgos negativos de car&aacute;cter no s&oacute;lo no se han modificado, sino que pueden llegar a profundizarse a partir de la abstinencia.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor trata, en primer lugar, algunas de las caracter&iacute;sticas del alcoholismo y del SBS para luego desarrollar en cada cap&iacute;tulo uno de los doce s&iacute;ntomas, haciendo uso de met&aacute;foras, vi&ntilde;etas, letras de canciones para ejemplificar, de una manera muy concreta, el perfil      del &quot;borracho seco&quot;. Como figura antag&oacute;nica tambi&eacute;n se plantean doce      s&iacute;ntomas para la sobriedad, objetivo deseable asociado con la felicidad, fin &uacute;ltimo que supondr&aacute; un estado espiritual al cual se propone tener acceso por medio de un trabajo activo: &quot;para convertir los h&aacute;bitos negativos de conducta en h&aacute;bitos positivos&quot;(p. 133). Se agrega a lo anterior un cap&iacute;tulo acerca de la transici&oacute;n de la abstinencia      a la sobriedad, as&iacute; como un glosario. </font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A fin de contextualizar lo que vamos a analizar, enumeramos sint&eacute;ticamente los doce s&iacute;ntomas del SBS: 1) inmadurez e infantilismo; 2) actitud permanente de deshonestidad; 3) amargura e insatisfacci&oacute;n existencial por persistencia de los resentimientos; 4) sentimiento de culpabilidad, autodevaluaci&oacute;n, autocastigo; 5) egocentrismo, autosuficiencia neur&oacute;tica, mal manejo de la agresividad; 6) miedos permanentes; 7) depresi&oacute;n; 8) ingobernabilidad sexual y sentimental; 9) negaci&oacute;n de su realidad no alcoh&oacute;lica, mecanismos de negaci&oacute;n y proyecci&oacute;n; 10) sustituci&oacute;n del alcohol por otras sustancias o conductas adictivas; 11) espiritualidad ausente, soberbia, materialismo, poca o nula fe; 12) comportamiento inadecuado en su grupo de AA.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cada uno de estos s&iacute;ntomas es abordado extensamente y es considerado igualmente significativo, pero algunos aspectos son especialmente destacados a lo largo del libro: uno de ellos es la caracterizaci&oacute;n del alcoholismo como una predisposici&oacute;n biol&oacute;gico/adictiva, preexistente al hecho &quot;de tomar la primera copa&quot;, conjuntamente con una neurosis tambi&eacute;n preexistente a la adicci&oacute;n por el alcohol. &Eacute;sta ser&iacute;a la muleta emocional que ayuda al neur&oacute;tico/adicto a transformar su personalidad para intentar enfrentarse a aquellas situaciones que no puede abordar en sobriedad. La enfermedad del alcoholismo es representada entonces como un drag&oacute;n de dos cabezas: &quot;la primera cabeza es la cabeza adictiva, la segunda es la cabeza neur&oacute;tica. La cabeza adictiva representa la ingobernabilidad del alcoh&oacute;lico ante el alcohol; la neur&oacute;tica representa la ingobernabilidad del alcoh&oacute;lico ante sus sentimientos y emociones&quot; (p. 20). La abstinencia por s&iacute; misma es, entonces, s&oacute;lo el primer paso para una recuperaci&oacute;n. Ser&aacute; necesario el trabajo en el &quot;crecimiento emocional&quot; para no dar lugar a la reca&iacute;da en la adicci&oacute;n. </font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De forma equivalente, Elizondo considera que cuando s&oacute;lo se piensa      en el trabajo emocional, sin asumir      el aspecto adictivo, se producir&aacute;n las reca&iacute;das: &quot;son los que cortan la cabe&#150;     za neur&oacute;tica, pero dejan viva la cabeza adictiva. Al mantenerse viva la cabeza adictiva, provocar&aacute; que la neurosis reaparezca y que su alcoholismo se agrave&quot;(p. 21).</font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La sobriedad, meta fundamental      de AA, significa &quot;aprender a vivir en      la abstinencia a trav&eacute;s de un continuo crecimiento emocional que permita alcanzar la madurez&quot;. El &quot;borracho seco&quot; es el que no ha madurado, es un &quot;beb&eacute; emocional&quot; y los s&iacute;ntomas que lo aquejan avalan la complejidad de la recuperaci&oacute;n integral del alcoholismo y de otras adicciones&quot;. Alcanzar la sobriedad implica la pr&aacute;ctica de cualidades como la libertad, la honestidad y la humildad, desarrolladas en un marco de disciplina, perseverancia, determinaci&oacute;n de cambio y mente abierta. Una vez alcanzada la inercia de la sobriedad se      logra un fen&oacute;meno de crecimiento emocional progresivo que no tiene l&iacute;mites y que conducir&aacute; a la persona al objetivo final del tratamiento que es      alcanzar la felicidad&quot; (p. 29).</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Cu&aacute;les son las vicisitudes en el desarrollo de este proceso, interferido eventualmente por la permanencia en esta &aacute;rea de borrachera seca?</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siendo el alcoh&oacute;lico alguien que no ha madurado, la mentira y la deshonestidad que us&oacute; para justificar su conducta dejaron su mente condicionada como un mecanismo autom&aacute;tico. Esto, acompa&ntilde;ado por otros mecanismos como la negaci&oacute;n, la proyecci&oacute;n (considerada como otra forma de deshonestidad) y la racionalizaci&oacute;n sostienen la borrachera seca del alcoh&oacute;lico en      recuperaci&oacute;n. La autoaplicaci&oacute;n de diferentes cuestionarios acerca de la honestidad, la culpa, las posibilidades de perd&oacute;n, los resentimientos, pueden dar las claves para ubicar al alcoh&oacute;lico respecto de sus s&iacute;ntomas.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunos factores se se&ntilde;alan, a su vez, como ejes fundamentales de la afecci&oacute;n, que dificultan tanto la abstinencia como la sobriedad. El egocentrismo, considerado como uno de los rasgos presentes en muchas afecciones de diferentes grados de severidad &#151;desde la histeria a la paranoia&#151;, con su despliegue de autosuficiencia y soberbia, o bien la megaloman&iacute;a ser&iacute;an posiciones subjetivas con rasgos justamente antin&oacute;micos de la humildad y la dignidad necesarias para la sobriedad.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n la angustia es un sentimiento presente pero inmanejable en el alcoh&oacute;lico, por lo cual requiere ser anestesiada. &Eacute;sta promueve un c&iacute;rculo vicioso &#151;que va de la angustia a la intoxicaci&oacute;n, la cruda&#151;aumento de la angustia&#151; y, en algunos casos, se constituye en una enfermedad que, junto con la depresi&oacute;n end&oacute;gena, el autor considera como problema m&eacute;dico que debe ser tratado psiqui&aacute;tricamente. </font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conjuntamente con los mecanismos se&ntilde;alados anteriormente, la ingobernabilidad sexual y sentimental pueden permanecer como &quot;malos h&aacute;bitos&quot; y, a&uacute;n cuando se deban tambi&eacute;n a una conflictiva neur&oacute;tica, su ejercicio conducir&iacute;a potencialmente a la infidelidad, al machismo y a la sustituci&oacute;n de la droga por el sexo.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero no s&oacute;lo los mecanismos que se&ntilde;alamos impiden el acceso a la sobriedad. La falta de espiritualidad, valor fundamental para AA, el dominio de un materialismo que convierte a los hombres en &quot;adoradores del becerro de oro&quot; y bajo el cual se renuncia a aceptar la presencia de un poder trascendente lleva tambi&eacute;n a la soberbia y de all&iacute; a otras dependencias. Estos s&iacute;ntomas culminan en la posibilidad de que el borracho seco observe un comportamiento negativo con los compa&ntilde;eros de grupo, incurriendo en una serie de conductas inadecuadas que lo convierten en saboteador de los dem&aacute;s y de s&iacute; mismo.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se&ntilde;alamos al comienzo, los doce s&iacute;ntomas de la sobriedad aluden al fomento de los aspectos positivos de la persona. &quot;En el hombre existe mala levadura. Somos imperfectos por naturaleza.&quot; Cuando el adicto en recuperaci&oacute;n es atrapado por la inercia negativa de las emociones cae en la borrachera seca.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El concepto de sobriedad supone la ausencia de neurosis o ingobernabilidad emocional con la presencia activa de un conjunto de dones o virtudes. El pasaje de la abstinencia a la sobriedad consistir&aacute; en una pr&aacute;ctica de disciplina y equilibrio, por medio de la cual se debe atravesar un camino de minucioso autoan&aacute;lisis en pos de ese bien. El autor cita en muchas oportunidades la literatura de AA, y concuerda con sus premisas. Lo que agrega es la complementariedad de AA con otras formas terap&eacute;uticas, necesarias para abordar los conflictos neur&oacute;ticos inconscientes.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El doctor Jos&eacute; Antonio Elizondo L&oacute;pez, m&eacute;dico psiquiatra con una larga trayectoria en la recuperaci&oacute;n de pacientes alcoh&oacute;licos, especialista en adicciones, a cargo de programas de atenci&oacute;n en distintas instituciones y consejero de AA, desarrolla en este libro aspectos espec&iacute;ficos del &aacute;rea denominada de la &quot;borrachera seca&quot;, con el evidente inter&eacute;s de tratar las reca&iacute;das. En ese sentido, el s&iacute;ndrome que &eacute;l construye al circunscribir un campo determinado, intenta proporcionar opciones m&aacute;s claras para tratarlo, operando como advertencia tanto a trav&eacute;s de una autodiagnosis, que puede efectuar el sujeto alcoh&oacute;lico en recuperaci&oacute;n, como tambi&eacute;n para quienes tienen trato con &eacute;l, ya sea profesional o social. A su vez, siguiendo los vectores de AA, permite poner l&iacute;mites a las fantas&iacute;as de      recuperaci&oacute;n a trav&eacute;s de la sola abstinencia, acentuando la complejidad del proceso. Esto incluye con amplitud no s&oacute;lo las dificultades individuales, sino las que se pueden generar en o con el grupo mismo de AA en t&eacute;rminos de      dependencia neur&oacute;tica al grupo      o de conflictos intragrupales.</font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El doctor Elizondo analiza el alcoholismo y la borrachera seca desde una perspectiva que considera una bicausalidad en los or&iacute;genes de la enfermedad y en su permanencia, deteni&eacute;ndose en aspectos del desarrollo ps&iacute;quico del sujeto, sus tendencias adictivas y sus conductas, que acabaron por constituirse en &quot;h&aacute;bitos&quot;. No as&iacute; en el efecto de la &quot;sustancia&quot; como entidad cuyos efectos negativos son los que a veces suelen remarcarse. Le Poulichet se&ntilde;ala c&oacute;mo la farmacolog&iacute;a puede imponer la idea de un &quot;esp&iacute;ritu del t&oacute;xico&quot;, y atribuir sus caracteres al sujeto que lo consume, colocando a la &quot;desintoxicaci&oacute;n&quot; como meta<Sup><a href="#notas">2</a></Sup>. Precisamente, el autor considera m&uacute;ltiples posibilidades en cuanto a diferentes tratamientos, que se complementan en todos aquellos casos en que no se ha podido alcanzar la &quot;madurez emocional&quot; solamente con la ayuda de AA y se requiere una ayuda terap&eacute;utica o espec&iacute;ficamente m&eacute;dica.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se&ntilde;alemos, adem&aacute;s, que se trata de un trabajo dirigido a sectores muy diversos (sujetos alcoh&oacute;licos, profesio&#150;nales, p&uacute;blico en general) y que, en consecuencia, el esfuerzo de organizaci&oacute;n en un s&iacute;ndrome intenta dar cuenta, como conjunto, de aquellas conductas consideradas &quot;t&iacute;picas&quot; del alcoh&oacute;lico/abstemio, cuya minuciosa descripci&oacute;n es producto, sin duda, de la larga experiencia del autor.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>DE LA CUESTI&Oacute;N Y LOS  CUESTIONAMIENTOS</b></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las coordenadas en que Elizondo ubica al sujeto alcoh&oacute;lico o al adicto en general son la neurosis preexistente u operante en &eacute;l, conjuntamente con la parte &quot;adictiva&quot; sustentada en un determinismo gen&eacute;tico presente a trav&eacute;s de una alteraci&oacute;n cerebral en la producci&oacute;n de neurotransmisores. Este factor se halla presente tambi&eacute;n, seg&uacute;n Elizondo, en aquellos sujetos con adicci&oacute;n a conductas compulsivas, como a la comida, el sexo y el juego, y se&ntilde;ala que existe una certeza actual en cuanto a que lo que hab&iacute;a sido considerado como &quot;personalidad adictiva&quot; en realidad se trata de un trastorno cerebral primario que refiere a un s&iacute;ndrome de D&eacute;ficit de Recompensa&quot;. De una manera similar se refiere a la depresi&oacute;n, estado frecuente en la afecci&oacute;n alcoh&oacute;lica, a la que se le adjudica un <I>substratum</I> neuroqu&iacute;mico cuando es end&oacute;gena y en la cual &quot;no tiene que haber un disparador de la depresi&oacute;n, como ocurre con la depresi&oacute;n reactiva. En estos casos, simplemente la persona empieza a estar deprimida sin que medie ning&uacute;n factor que pueda justificarlo&quot; (p. 74). Ser&aacute;n casos tambi&eacute;n que deber&aacute;n contar con ayuda psiqui&aacute;trica.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer interrogante a plantear es el que ata&ntilde;e a los determinismos gen&eacute;ticos, y a&uacute;n cuando no es posible profundizar aqu&iacute; en un cuestionamiento sobre esta tem&aacute;tica, recordemos que la b&uacute;squeda de bases biol&oacute;gicas es una constante en todas aquellas afecciones en que el investigador se compromete en el hallazgo de una &quot;soluci&oacute;n&quot;. Un ejemplo equivalente lo encontramos en la psicosis, acerca de la cual se han desarrollado infinidad de teor&iacute;as en las que se busca la raz&oacute;n &uacute;ltima en lo biol&oacute;gico, sin que pueda llegarse a un fundamento confiable.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los trabajos desarrollados por Armando Barriguete, se ubica al alcoholismo como una enfermedad primaria, pero se discuten las concepciones que hacen hincapi&eacute; en lo gen&eacute;tico y que consideran desde el aspecto hereditario a algunas particularidades en el funcionamiento metab&oacute;lico de los alcoh&oacute;licos. Barriguete, en cambio, se adentra en la psicodinamia que caracterizar&iacute;a a esta afecci&oacute;n<Sup><a href="#notas">3</a></Sup>.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En &eacute;ste y otros sentidos consideramos que las posiciones te&oacute;ricas que se sustentan aqu&iacute; pertenecen a registros muy diferentes, que no consiguen articularse, sino que proyectan ambig&uuml;edad sobre una serie de conceptos y desembocan en contradicciones. Por ejemplo, es dif&iacute;cil ubicar el estatus del inconsciente. Si se habla de neurosis, considerar las conductas repetitivas de los sujetos como &quot;reflejos condicionados&quot;, o &quot;malos h&aacute;bitos&quot;, deja de lado que la neurosis se caracteriza por la repetici&oacute;n, posibilidad precisamente del acceso a lo reprimido. Tampoco es comprensible considerar a la depresi&oacute;n end&oacute;gena como ocasionada por una alteraci&oacute;n biol&oacute;gica porque no se vislumbran causas manifiestas que den raz&oacute;n de su permanencia.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ligado con lo anterior est&aacute; muy      presente el deslizamiento a un estilo &quot;moral&quot;. En las listas &#151;alrededor de veinticinco&#151; que enumeran rasgos, s&iacute;ntomas, preguntas, muchos de los contenidos son referidos a cuestiones &eacute;ticas o morales (honestidad, humildad, fidelidad). Entendemos que esto se inscribe fundamentalmente en la ideolog&iacute;a de AA, pero desconcierta en un marco que apela en muchas oportunidades a &quot;bases cient&iacute;ficas&quot; para sustentar argumentos.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n al organizar una serie de rasgos en este modelo de los doce s&iacute;ntomas, la forma que adoptan las descripciones y recomendaciones en torno a ellos se multiplican en cat&aacute;logos de conductas que, tanto del lado positivo como del negativo, configuran perfiles ideales. As&iacute;, vemos a un borracho seco como un hombre mentiroso, deshonesto, negador, machista, infiel &#151;aun cuando esto signifique tambi&eacute;n autodevaluaci&oacute;n, culpa y depresi&oacute;n&#151;, al que se le contrapone un sujeto      sobrio, responsable y generoso, fundamentalmente honesto y veraz, poseedor de una claridad emocional y que pareciera quedar excluido del conflicto una vez que ha accedido al estado de sobriedad. Esta conversi&oacute;n, tal como es presentada, produce que aquellos contenidos que, en un encuadre de AA, poseen un car&aacute;cter moral &#151;a los que expl&iacute;citamente se convoca&#151; se deslicen irremediablemente a una concepci&oacute;n del sujeto que acaba por ubicar en ese rubro &#151;el moral&#151; todo contenido neur&oacute;tico. &#91;<a href="/img/revistas/desacatos/n29/a12f2.jpg" target="_blank">Foto</a>&#93; </font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para ampliar lo que se&ntilde;alamos, pensemos en el concepto de mentira. Si se trata de abordar problemas subjetivos, por definici&oacute;n &eacute;sta es una instancia te&oacute;ricamente inscrita en el hecho del lenguaje, y aun sin basarnos exclusivamente en ello, forma parte potencial de cualquier &quot;cuadro&quot; o discurso del sujeto hablante. Es indudable, desde una posici&oacute;n de escucha terap&eacute;utica, que ning&uacute;n sujeto habla &quot;la verdad&quot;, sino &quot;su verdad&quot;, y desde all&iacute; es necesario entenderlo. La mentira, planteada en otros t&eacute;rminos, se asocia precisamente a la deshonestidad.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo mismo sucede cuando pensamos en mecanismos de defensa &#151;negaci&oacute;n, proyecci&oacute;n y racionalizaci&oacute;n&#151;. &Eacute;stos son remarcados como aquellos que se erigen en una barrera para la transformaci&oacute;n; m&aacute;s a&uacute;n, se habla de la dificultad para &quot;destruirlos&quot;. Pero es necesario considerar que, m&aacute;s all&aacute; de que estos mecanismos est&eacute;n quiz&aacute; particularmente presentes en la afecci&oacute;n alcoh&oacute;lica, son un recurso del yo en circunstancias vitales diversas y no es pertinente ubicarlos como negaciones de la honradez y la honestidad.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro factor que consideramos central es la prescindencia que este tipo de abordajes de las adicciones tiene por la instancia del placer. Esta cuesti&oacute;n, desarrollada por muchos psicoanalistas, implica ir m&aacute;s all&aacute; de pensar un sujeto que se evade, que compensa su neurosis, que es un transgresor, o todo a la vez, sino que adem&aacute;s desea ese placer. El cuerpo es sustancia que goza, adem&aacute;s de sufriente. Este desconocimiento ha influido seguramente en el fracaso de muchas pol&iacute;ticas de prevenci&oacute;n, en las que al placer se le opone el riesgo, la amenaza, el peligro, la ruina. En este caso, y dentro de las listas que leemos, la b&uacute;squeda de placer aparece relacionada con el vac&iacute;o existencial y el materialismo (p. 111).</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Henri Melenotte, psicoanalista dedicado a los problemas de adicci&oacute;n, se&ntilde;ala que se ha empleado, por ejemplo, la denominaci&oacute;n de &quot;toxic&oacute;mano&quot; para aquel que hace uso del placer por la sustancia. Pero este sujeto no es universal, sino que se lo confina en una clase. En cambio, la distinci&oacute;n entre el sujeto del placer y el toxic&oacute;mano &quot;permite poner en evidencia la diversidad de las formas de subjetivaci&oacute;n que se construyen cada vez que se practica la droga&quot;<Sup><a href="#notas">4</a></Sup>. Se olvida, por ejemplo, que se puede querer &quot;morir de placer&quot;. Seg&uacute;n &eacute;l no entra dentro de la acepci&oacute;n que hoy da la medicina al cuerpo cuando le reconoce esta funci&oacute;n de lugar de la sensaci&oacute;n de placer. Es decir, se ha dejado de lado el imaginario que no s&oacute;lo puede destruir un cuerpo, sino que intenta &quot;construir&quot; otro cuerpo del que se goza.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Relacionado con esto, el erotismo queda supeditado, en lo que leemos, a una sexualidad &quot;en orden&quot;. Si bien, efectivamente, se puede observar que cierta pr&aacute;ctica de la sexualidad puede tener los caracteres del autoerotismo y ser un intento de suplencia de la droga o de cualquier otra de las llamadas adicciones, no se le puede ubicar en los par&aacute;metros de la &quot;infidelidad&quot;, con su secuela de machismo, como propuesta ejemplificadora de un comportamiento alcoh&oacute;lico o de borrachera seca. Al respecto, las mujeres est&aacute;n sugeridas como presencias (por ejemplo, aludiendo a las relaciones que se plantean como intentos de perturbaci&oacute;n en el grupo de AA, o como codependientes), pero el perfil que se construye es esencialmente masculino. El alcoh&oacute;lico es un var&oacute;n &#151;macho&#151; con su reverso de debilidades.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hemos considerado con estos se&ntilde;alamientos tratar de evaluar cu&aacute;l es el equilibrio que guardan aspectos tan diversos como lo gen&eacute;tico, la neurosis, lo moral y, digamos, lo trascendente. Lo que parece propuesto como una integraci&oacute;n din&aacute;mica resulta, en ciertos extremos, simplificadores (Hitler y Bin Laden como ejemplos de resentimiento, afecto atribuido a los borrachos secos), conjuntamente con informaci&oacute;n que supone mayor especializaci&oacute;n en el &aacute;mbito de lo psicol&oacute;gico, psiqui&aacute;trico o neurol&oacute;gico.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Refiri&eacute;ndonos nuevamente a Le Poulichet, que hace un recorrido desde las primeras concepciones sobre la adicci&oacute;n, recuperemos el hecho de que &eacute;ste es un concepto que lleva a todos los deslizamientos metodol&oacute;gicos y en el que los estereotipos se erigen como rasgos cl&iacute;nicos: &quot;ocurre un deslizamiento permanente entre calificaciones morales, categor&iacute;as psiqui&aacute;tricas, datos de comportamiento y conceptos anal&iacute;ticos&quot;<Sup><a href="#notas">5</a></Sup>.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vemos esto cuando Elizondo &quot;rescata&quot;, en cierto momento, el perfil negativo del alcoh&oacute;lico, creando otro positivo y aludiendo a que sus cualidades est&aacute;n &quot;atrofiadas&quot;: &quot;Los alcoh&oacute;licos son personas sensibles, tienen buenos sentimientos, son inteligentes, y emplean su inteligencia para obtener lo que desean, son sociables, simp&aacute;ticos, agradables, de sangre ligera, nobles, leales con sus amigos, solidarios, generosos, caritativos y muy sentimentales. Todas estas cualidades pueden hacer llegar muy lejos a cualquier persona&quot; (p. 128). Sin entender el porqu&eacute; de esa caracterizaci&oacute;n, la consideramos aplicable a cualquier sujeto en t&eacute;rminos coloquiales, aunque aqu&iacute; se plantean como el &quot;potencial&quot; del alcoh&oacute;lico si ya no es neur&oacute;tico y si practica una serie de &quot;dones&quot; y &quot;virtudes&quot;.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Regresando a lo que apuntamos al comienzo, la relevancia de AA o de      modelos dise&ntilde;ados con una metodolog&iacute;a similar, ha demostrado ser eficaz frente a las tantas veces ineficaz intenci&oacute;n terap&eacute;utica de diversos especialistas. Armando Barriguete lo se&ntilde;ala reiteradamente, y aunque deja en la inc&oacute;gnita las razones que conducen, sobre todo, a la abstinencia, considera la inclusi&oacute;n del paciente alcoh&oacute;lico en AA condici&oacute;n necesaria para que se pueda llevar a cabo una terapia o un psicoan&aacute;lisis.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el texto que se ha rese&ntilde;ado, no nos hemos detenido en lo que impl&iacute;cita o expl&iacute;citamente el autor refiere a AA, sino a la propuesta que desarrolla acerca de un perfil que define a un sujeto y un estado, y que propone un bien a alcanzar: la sobriedad, para llegar de all&iacute; a la felicidad.</font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Diversas posturas filos&oacute;ficas coinciden en que no se puede definir la felicidad si no se define un bien a alcanzar. La sobriedad puede ser un bien tan deseable como cualquier otro, pero los caminos que conducen a &eacute;l no pueden desconocer lo que consideramos fundamental y que, en t&eacute;rminos freudianos, refiere a ese apego estructural del goce, en el que la felicidad, por su propia naturaleza, s&oacute;lo es posible como un fen&oacute;meno epis&oacute;dico<a href="#notas"><Sup>6</Sup></a>.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="right"><font face="verdana" size="2">Julio 2008</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>NOTAS</b></font></p>       <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><Sup>1 </Sup>Freud Sigmund, &quot;El malestar en la cultura&quot;, en <I>Obras completas</I>, vol. XXI, Amorrortu, Buenos Aires,1976, p. 78.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2700792&pid=S1607-050X200900010001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>       <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><Sup>2</Sup> Sylvie Le Poulichet, <I>Toxicoman&iacute;as y psicoan&aacute;li</I><I></I><I>sis</I>, Amorrortu, Buenos Aires, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2700794&pid=S1607-050X200900010001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>       <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><Sup>3</Sup> Armando Barriguete, <I>Lo que el vino se llev&oacute;</I>, Diana, M&eacute;xico, 1996,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2700796&pid=S1607-050X200900010001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y <I>La copa nostra</I>, Diana, M&eacute;xico, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2700797&pid=S1607-050X200900010001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>       <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><Sup>4</Sup> George&#150;Henri Melenotte, <I>Sustancias del ima</I><I>ginario</I>, Epele, M&eacute;xico, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2700799&pid=S1607-050X200900010001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><Sup>5</Sup> Le Poulichet, <I>op</I>. <I>cit</I>., p. 26. </font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><Sup>6</Sup> Freud, <I>op</I>. <I>cit</I>.</font></p>      ]]></body><back>
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