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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Desarrollo y crítica del paradigma de la producción: Presentación del ensayo de György Márkus]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Testimonio</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Desarrollo y cr&iacute;tica del paradigma de la producci&oacute;n. Presentaci&oacute;n del ensayo de Gy&ouml;rgy M&aacute;rkus</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Julio Boltvinik</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El Colegio de M&eacute;xico, M&eacute;xico&#45;Distrito Federal</i>. <a href="mailto:jbolt@colmex.com">jbolt@colmex.com</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El lector de <i>Ampliar la mirada</i><sup><a href="#notas">1</a></sup> al avanzar en la lectura muy pronto se percata de que las ideas articuladas por M&aacute;rkus en <i>Marxismo y 'antropolog&iacute;a</i><sup><a href="#notas">2</a></sup> han sido determinantes en el enfoque y desarrollo de dicha obra. Por ello debo decir que es para m&iacute; muy honroso que el profesor M&aacute;rkus haya aceptado ser colaborador en este n&uacute;mero y tener la oportunidad de escribir esta presentaci&oacute;n. La grandeza de M&aacute;rkus (espero que el lector compartir&aacute; esta opini&oacute;n conmigo) es tan amplia como su escasa fama en M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;rkus, a decir de John Grumley, fil&oacute;sofo de la Universidad de Sydney y ex&#45;alumno suyo,</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">es un gran contador de historias. Sus cuentos son de la historia de la filosof&iacute;a. Teje sus narraciones con un conocimiento sin par de la historia de la filosof&iacute;a y la cultura y con un ojo agudo para las distinciones y matices filos&oacute;ficos. Se deleita en la paradoja pero nunca es fr&iacute;volo. Nada disfruta m&aacute;s que problematizar distinciones clave, excavar su historia oculta, exponer sus tensiones secretas e inconsistencias fundamentales &#91;...&#93; Quiere conjurar la perplejidad, sacudir nuestras preconcepciones y nuestra complacencia, pero finalmente dejarnos un poco m&aacute;s sabios que antes<sup><a href="#notas">3</a></sup>.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estoy seguro de que el lector del texto aqu&iacute; traducido de M&aacute;rkus, "Sobre la posibilidad de la teor&iacute;a cr&iacute;tica", al ir recorriendo las distinciones, los matices, las paradojas, las tensiones y las inconsistencias que, una tras otra, va descubriendo gozoso el profesor de origen h&uacute;ngaro, y sentir&aacute; sus preconcepciones y complacencia sacudidas, todo ello predicho por Grumley.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n23/a8f1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto de Gy&ouml;rgy M&aacute;rkus que se presenta a continuaci&oacute;n es la traducci&oacute;n del cap&iacute;tulo 5 (y &uacute;ltimo) de la parte II, "Sobre el paradigma de la producci&oacute;n: el materialismo marxista y el problema de la constituci&oacute;n del mundo social", de su libro <i>Language and Production. A Critique of the Paradigms</i><sup><a href="#notas">4</a></sup><i>.</i> La parte I del libro aborda el paradigma del lenguaje ("Sobre el paradigma del lenguaje: positivismo y hermen&eacute;utica como teor&iacute;as de la objetivaci&oacute;n"). Los dos ensayos que conforman las partes centrales del libro, dice M&aacute;rkus en el prefacio, "examinan las maneras fundamentales y competitivas a trav&eacute;s de las cuales el pensamiento filos&oacute;fico y social intenta dar cuenta de la situaci&oacute;n de los individuos". "El libro &#151;contin&uacute;a&#151; est&aacute; dirigido no s&oacute;lo a los fil&oacute;sofos, sino a todos aquellos interesados en los problemas conceptuales b&aacute;sicos planteados por el pensamiento social contempor&aacute;neo". M&aacute;rkus aprovecha el prefacio para ubicar en la historia de la filosof&iacute;a la discusi&oacute;n contenida en la obra. Como los grandes maestros de la pintura, en muy pocos trazos ofrece un panorama muy esclarecedor (pp. xi&#45;xiii):</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su desarrollo, la filosof&iacute;a moderna (en el sentido m&aacute;s amplio de esta palabra) fue tanto un agente como un resultado del proceso al que Max Weber design&oacute; con el nombre de "desencanto": la disoluci&oacute;n de los omni&#45;comprensivos sistemas religiosos de interpretaci&oacute;n del mundo que adscrib&iacute;an un significado &uacute;nico e integral a la existencia humana con referencia a un ser (o seres) trascendente respecto de la vida humana. Las grandes filosof&iacute;as de la Ilustraci&oacute;n lucharon por encontrar en la Raz&oacute;n, entendida como una caracter&iacute;stica o una capacidad inherente del individuo humano, la fuente que con una fuerza igualmente vinculante puede conferir sentido en, y proveer valores para, nuestras actividades. Intentaron reemplazar la funci&oacute;n de creaci&oacute;n de significado, y por tanto tambi&eacute;n de integraci&oacute;n social, de la religi&oacute;n, con una racionalmente unificada cultura secular, &#91;...&#93; capaz de descubrir e imponer a todos los procesos de cambio de una sociedad din&aacute;mica una direcci&oacute;n &uacute;nica hacia el perfeccionamiento humano.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es el fracaso (percibido de maneras muy variadas) de este proyecto lo que en buena medida determina nuestra presente situaci&oacute;n cultural. En general, la filosof&iacute;a poshegeliana ha intentado articular una concepci&oacute;n adecuada de la finitud humana &#91;...&#93; reconociendo la imposibilidad de interpretar el mundo desde el &uacute;nico punto arquim&eacute;dico de la <i>ratio</i> subjetiva, sin acudir al recurso de un intelecto absoluto e infinito. Tanto el paradigma del lenguaje como el de la producci&oacute;n derivan de tal esfuerzo y comparten algunas ideas, como la de la constituci&oacute;n intersubjetiva de la subjetividad a trav&eacute;s de los procesos de objetivaci&oacute;n y reificaci&oacute;n &#91;...&#93; Sin embargo, en algunos cruciales aspectos los dos paradigmas son opuestos. La elecci&oacute;n de modelar las relaciones de intersubjetividad sobre la base de la comunicaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica o sobre la interacci&oacute;n de los individuos en la reproducci&oacute;n institucionalizada de su vida material tiene consecuencias que van m&aacute;s all&aacute; de la teor&iacute;a &#91;...&#93; la elecci&oacute;n primaria misma abre o impone muy diferentes maneras de comprender las relaciones de los individuos y sus colectividades con el proceso an&oacute;nimo del cambio hist&oacute;rico &#91;...&#93;.</font></p>  		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La oposici&oacute;n entre los dos paradigmas no es de car&aacute;cter l&oacute;gico sino de perspectiva. Cada una de ellas es leg&iacute;tima y, en principio, no incompatible con la otra &#91;...&#93; Sin embargo, los intentos de reconciliar ambos paradigmas &#91;...&#93; han fracasado. Ambos paradigmas hacen un llamado universalista y no hay criterios preestablecidos que nos permitieran determinar, de una vez por todas, los respectivos campos de su aplicaci&oacute;n significativa (o leg&iacute;tima o fruct&iacute;fera, etc.).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;rkus, despu&eacute;s de demostrar que, en efecto, es un gran contador de historias, termina el prefacio explicitando su postura con inusual claridad, demostrando que otra vez Grumley acierta cuando dice que "el gran poder intelectual y de visi&oacute;n no es la historia completa del impacto de M&aacute;rkus", que "lo que ubica a M&aacute;rkus aparte es su car&aacute;cter y los valores fundamentales que lo orientan" (Grumley, obra citada, p. 7):</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; Mi compromiso te&oacute;rico, aunque cr&iacute;tico, con el paradigma de la producci&oacute;n debe ser claro para los lectores de este volumen &#91;...&#93; La ausencia de fundamentos definitivos, obvios e indubitables del conocimiento ponen en duda el consenso como fin, no s&oacute;lo por ser inalcanzable sino por su dudoso valor &#91;...&#93; Aceptar la pluralidad de perspectivas pr&aacute;cticas y te&oacute;ricas como una caracter&iacute;stica de nuestra cultura que no debe eliminarse no significa que estemos absueltos de la necesidad de elegir entre ellas. No hay atalaya sin postura. Tal elecci&oacute;n, incluso referida a disputas y problemas te&oacute;ricos, involucra un elemento de decisi&oacute;n no eliminable (pp. xiii&#45;xiv).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No tratar&eacute; de presentar al lector, ni siquiera a vuelo de p&aacute;jaro, las ideas contenidas en la parte I sobre el paradigma del lenguaje, aunque debo decir que lo que m&aacute;s me gust&oacute; de ella es la cr&iacute;tica que lleva a cabo del enfoque 'positivista' de Karl Popper. La parte II est&aacute; compuesta de cinco cap&iacute;tulos. Los cuatro que preceden al cap&iacute;tulo 5 aqu&iacute; traducido son: 1. "Sobre el significado del materialismo de Marx"; 2. "El consumo como momento intr&iacute;nseco de la actividad productiva"; 3. "La reificaci&oacute;n y las antinomias de su superaci&oacute;n"; y 4. "Producci&oacute;n <i>versus</i> comunicaci&oacute;n: cambio de paradigma en la teor&iacute;a radical". Procedo a intentar una s&iacute;ntesis apretada de estos cuatro cap&iacute;tulos con el &uacute;nico prop&oacute;sito de evitar que, en la lectura del cap&iacute;tulo 5 haya demasiados impl&iacute;citos que dificulten la comprensi&oacute;n del texto. Despu&eacute;s de las citas de Grumley, debe quedarle claro al lector que al sintetizar inevitablemente se perder&aacute; buena parte de las distinciones, matices, paradojas, tensiones e inconsistencias que son la esencia del quehacer filos&oacute;fico de M&aacute;rkus. Sin embargo, me consuela la idea de que, como se ha traducido &iacute;ntegro el cap&iacute;tulo 5, ello compensar&aacute; al lector.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>S&Iacute;NTESIS DE LOS CAP&Iacute;TULOS 1 A 4 DE LA PARTE II DE <i>LANGUAGE AND PRODUCTION</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Cap&iacute;tulo 1. Sobre el significado del materialismo de Marx</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El materialismo de Marx es de car&aacute;cter pr&aacute;ctico, dice M&aacute;rkus al comenzar el cap&iacute;tulo 1, y esta afirmaci&oacute;n estar&aacute; presente a todo lo largo de la parte II de <i>Language and Production.</i> Las condiciones materiales de vida de la sociedad y las actividades materiales de los hombres en sociedad se postulan ante todo no como principios explicativos de una teor&iacute;a sobre la estructura y el cambio social, sino como el terreno de las luchas pr&aacute;cticas decisivas de una pr&oacute;xima transformaci&oacute;n social radical.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El materialismo marxiano supone una cr&iacute;tica incesante de la hip&oacute;stasis de las ideas o el estado en fuerzas sociales independientes, la negaci&oacute;n de su autonom&iacute;a y autarqu&iacute;a. Las ideas sociofilos&oacute;ficas deben ser esencialmente concebidas, en su contenido cognitivo, <i>no como representaciones de hechos</i> sino como <i>expresiones del proceso real de la vida activa</i> de los individuos que las producen. La cl&aacute;sica idea de verdad como correspondencia con el objeto de descripci&oacute;n y representaci&oacute;n es sustituida por la noci&oacute;n de adecuaci&oacute;n al sujeto social destinado&#45;invocado de la comunicaci&oacute;n, lo cual tambi&eacute;n es v&aacute;lido para el autoentendimiento de la propia teor&iacute;a de Marx. &Eacute;sta es postulada como la teor&iacute;a en la cual el proletariado puede <i>reconocer</i> la articulaci&oacute;n de sus necesidades e intereses emancipatorios, inducidos por su situaci&oacute;n de vida material en la sociedad actual, pero que no se pueden satisfacer en su marco. Por tanto, la teor&iacute;a se autoubica conscientemente como un elemento de la praxis social radical. El mirador del socialismo no es una intenci&oacute;n a&ntilde;adida al contenido te&oacute;rico del materialismo marxiano sino el principio de su constituci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El significado pr&aacute;ctico&#45;cr&iacute;tico de la teor&iacute;a marxiana de la ideolog&iacute;a encuentra su expresi&oacute;n positiva en la tesis del materialismo hist&oacute;rico acerca de la primac&iacute;a de la existencia social (entendida como la producci&oacute;n y el intercambio material) sobre la conciencia social. La determinaci&oacute;n de la conciencia por la vida apunta al <i>origen</i> y <i>telos</i> de las actividades y los productos culturales en los conflictos de la vida social real. La conciencia no es otra cosa que la conciencia de la praxis existente y la pretensi&oacute;n del materialismo hist&oacute;rico no es filos&oacute;fico&#45;te&oacute;rica sino pr&aacute;ctica, a saber, articular la posibilidad, y de ah&iacute; promover la emergencia de una praxis social&#45;radical, <i>aqu&iacute; y ahora,</i> capaz de superar aquellos l&iacute;mites hist&oacute;ricos que se han convertido en barreras tanto para la vida como para la conciencia de los individuos concretos vivos. En particular, superar la fat&iacute;dica brecha que divide las actividades econ&oacute;mico&#45;materiales ego&iacute;stas (dominadas por los mecanismos de la propiedad privada y el mercado) de las actividades supuestamente 'gen&eacute;ricas' de los reinos cultural y pol&iacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tanto, el materialismo marxiano conlleva una transformaci&oacute;n de gran alcance en el marco conceptual en el cual se pueden plantear preguntas sobre las ideas. &Eacute;stas son postuladas inicialmente como <i>productos</i> (como objetivaciones) de actividades humanas hist&oacute;ricas espec&iacute;ficas, de manera que la pregunta que ha de ser contestada inicialmente es acerca de la relaci&oacute;n de este tipo de 'producci&oacute;n' con la totalidad estructurada y diferenciada de todas aquellas actividades por las cuales los hombres reproducen y cambian las condiciones de su existencia y con ellas a s&iacute; mismos. Al respecto, la teor&iacute;a marxiana de la ideolog&iacute;a y la conciencia social descansa en una presuposici&oacute;n m&aacute;s amplia, la del car&aacute;cter paradigm&aacute;tico de la producci&oacute;n material para el entendimiento de todas las manifestaciones de la vida humana social. Este paradigma es el que separa al materialismo marxiano de su tradici&oacute;n inmediata, la filosof&iacute;a hegeliana y el idealismo cl&aacute;sico alem&aacute;n en general.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cr&iacute;tica de Marx al idealismo absoluto de Hegel, que consiste en la destrucci&oacute;n cr&iacute;tica de la idea de un sujeto supraindividual, se basa en una reinterpretaci&oacute;n radical, basada en el paradigma de la producci&oacute;n, de la noci&oacute;n de intersubjetividad, postulada como una forma de objetividad social. Dado que en esta concepci&oacute;n se concibe a los individuos con el car&aacute;cter de sujetos que, bajo condiciones de vida definidas, hacen su propia historia, dicha objetividad es el resultado material de las actividades humanas previas y se vuelven circunstancias sociales s&oacute;lo en la medida en que tales resultados quedan re&#45;involucrados en las actividades humanas que los reproducen y los cambian. Estos estados f&iacute;sicos humanamente producidos alcanzan la significaci&oacute;n de circunstancias sociales s&oacute;lo a trav&eacute;s de su interiorizaci&oacute;n, de su apropiaci&oacute;n por los individuos actuantes, que re&#45;transforman las fuerzas humanas objetivadas en ellos en sus propias necesidades y capacidades, proceso que no puede ocurrir si no a trav&eacute;s del contacto y las relaciones activas entre los individuos. El significado de sujeto es ahora totalmente nuevo ("si bien los individuos ciertamente se hacen unos a los otros, f&iacute;sica y mentalmente, no se hacen a s&iacute; mismos"). Autonom&iacute;a y creatividad como los constituyentes de la noci&oacute;n de sujeto (sujeto como una entidad cuyo predicado es su propia autorrealizaci&oacute;n) no se piensan m&aacute;s como caracter&iacute;sticas metaf&iacute;sicas, sino como posibilidades hist&oacute;ricas cuya realizaci&oacute;n depende del control que ejerzan los individuos sobre el resultado total de sus interacciones. El car&aacute;cter decentrado de los sujetos, la escisi&oacute;n interna entre esencia humana y existencia, no es concebida ni como ilusi&oacute;n que ha de superarse en la contemplaci&oacute;n te&oacute;rica superior, ni como el eterno, metaf&iacute;sico o antropol&oacute;gico lugar de la existencia humana. Se concibe como una situaci&oacute;n hist&oacute;rica que puede ser trascendida bajo condiciones definidas de la actividad pr&aacute;ctica colectiva. La racionalidad no es la raz&oacute;n en la historia. Es raz&oacute;n hist&oacute;rica corporizada en la actividad pr&aacute;ctica de la asociaci&oacute;n de clase de individuos socialmente determinados, que pone fin a las contradicciones de su existencia que hoy les impiden darle un significado a sus propias vidas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este historicismo radical de Marx significa una transformaci&oacute;n completa del problema b&aacute;sico de la filosof&iacute;a moderna, a saber, el de la constituci&oacute;n subjetiva del mundo (la pregunta acerca de las v&iacute;as por las que la actividad humana constituye y determina el mundo vital cotidiano de los hombres como el punto de partida autoevidente e inmediato de todos los actos expl&iacute;citos de conocimiento). Marx acepta el car&aacute;cter leg&iacute;timo de este problema y en este sentido se sit&uacute;a en la tradici&oacute;n, en el sentido amplio, de la Ilustraci&oacute;n. Pero la constituci&oacute;n del mundo com&uacute;n y significativo de la experiencia humana le aparece a &eacute;l no como el logro de la conciencia (individual o trascendental), sino como el resultado hist&oacute;rico de las actividades materiales pr&aacute;cticas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El paradigma de la producci&oacute;n sirve no s&oacute;lo como un modelo te&oacute;rico&#45;interpretativo a trav&eacute;s del cual se logra un entendimiento radicalmente nuevo de la vida social, sino tambi&eacute;n como un proyecto pr&aacute;ctico de reorganizaci&oacute;n social. Articula la perspectiva de un futuro emancipado, desde cuyo punto de vista se hace posible, en primer lugar, el logro de una comprensi&oacute;n adecuada de la historia humana. S&oacute;lo desde el mirador de la posibilidad real de la transformaci&oacute;n socialista, de una organizaci&oacute;n de la vida material&#45;productiva que tome en cuenta las restricciones objetivas y que dote a los productores del poder de decidir consciente y colectivamente sobre la formaci&oacute;n de sus propias condiciones de vida, puede ser vista la historia no como una irresistible marcha de la raz&oacute;n impersonal, sino como el terreno de las luchas sociales para el despliegue progresivo de la racionalidad pr&aacute;ctica y para el significado de las vidas humanas finitas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy, sin embargo, es inevitable preguntarse sobre el grado de idoneidad del paradigma de la producci&oacute;n para la realizaci&oacute;n de estas intenciones te&oacute;ricas y pr&aacute;cticas, pues hay consideraciones te&oacute;ricas de peso que exigen reexaminar el paradigma mismo. En primer lugar, la historia del pensamiento marxista parece reproducir constantemente una descomposici&oacute;n antin&oacute;mica de la relaci&oacute;n dial&eacute;ctica original de lo subjetivo y de lo intersubjetivo, como la visualiz&oacute; Marx, por un lado en teor&iacute;as de un 'proceso sin sujeto' (Althusser); y por el otro, en teor&iacute;as del sujeto colectivo (Luk&aacute;cs, Gramsci, Goldmann). Estas dos tendencias opuestas del pensamiento se conectan usualmente con interpretaciones antit&eacute;ticas del paradigma de la producci&oacute;n mismo, a saber, con su reducci&oacute;n a la noci&oacute;n de 'trabajo' como un proceso tecnol&oacute;gico entre el hombre y la naturaleza y, por el otro lado, con su sobregeneralizaci&oacute;n filos&oacute;fica en el concepto de 'praxis' como la actividad de autocreaci&oacute;n humana ilimitada. Y aunque la conformidad de ambas tendencias con las intenciones originales de Marx puede ser cuestionada, su resurrecci&oacute;n constante puede ser interpretada como un signo de tensiones internas en la misma teor&iacute;a de Marx, o al menos debe ser examinada desde el punto de vista de esta posibilidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro conjunto de problemas emerge en conexi&oacute;n con desarrollos ideol&oacute;gico filos&oacute;ficos contempor&aacute;neos fuera de la &oacute;rbita del pensamiento marxista. En la filosof&iacute;a del siglo XX es evidente la tendencia antisubjetivista que sustituye al sujeto individual por la intersubjetividad, entendida como comercio y relaciones entre individuos finitos e hist&oacute;ricos, que de una u otra forma objetivada sobrepasa, apoya y arrastra a los individuos, como punto de partida de la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica. En este sentido, todas estas teor&iacute;as pueden ser concebidas como teor&iacute;as de la objetivaci&oacute;n y, desde este abstracto punto de vista, muestran cierta afinidad con la filosof&iacute;a marxiana. Pero estas teor&iacute;as rechazan, de manera no ambigua, el paradigma de la producci&oacute;n y ofrecen otros modelos de entendimiento, dos de los cuales (como polos antit&eacute;ticos) son los m&aacute;s significativos: el paradigma de la 'soluci&oacute;n de problemas', a trav&eacute;s de cuyo prisma todos los fen&oacute;menos sociales aparecen como casos de 'conocimiento objetivo' (Dewey, Popper), y el 'paradigma del lenguaje' (Wittgenstein, L&eacute;vy&#45;Strauss, Gadamer). Adem&aacute;s de plantearle diversas objeciones y preguntas a la idea marxiana de 'hacer historia', su mera existencia ayuda a formarse una visi&oacute;n m&aacute;s clara del materialismo hist&oacute;rico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, y no sin influencia de las teor&iacute;as anteriores, han surgido dudas cr&iacute;ticas respecto al paradigma marxiano de la producci&oacute;n en el pensamiento marxista (en sentido amplio) contempor&aacute;neo, de manera m&aacute;s consistente de parte de Habermas. Esta cr&iacute;tica ubica las dificultades inherentes del materialismo marxiano en un concepto restringido de la autoconstituci&oacute;n de la especie humana a trav&eacute;s del trabajo, reduciendo las interacciones simb&oacute;licas y normativamente mediadas a la actividad instrumental &uacute;nicamente. Se argumenta que esta reducci&oacute;n distorsiona las pretensiones y prop&oacute;sitos radicales b&aacute;sicos de la teor&iacute;a misma, pues identifica la autorreflexi&oacute;n cr&iacute;tica con la explicaci&oacute;n y predicciones cient&iacute;fico&#45;naturales de una manera positivista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La reconsideraci&oacute;n de la soluci&oacute;n marxiana del problema de la constituci&oacute;n a trav&eacute;s del paradigma de la producci&oacute;n &#151;especialmente desde el punto de vista de su capacidad para articular la relaci&oacute;n entre facticidad y normatividad en general, entre reglas t&eacute;cnicas y normas sociales en particular&#151; parece, por tanto, una tarea de inter&eacute;s actual. El problema que enfrentamos se refiere, sobre todo, a la pregunta: &iquest;qu&eacute; es paradigm&aacute;tico en el concepto marxiano de la producci&oacute;n para el entendimiento de la totalidad de la vida social, de la gama completa de los fen&oacute;menos sociales&#63;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tanto, en lo que sigue tomar&eacute; como punto de partida la idea marxiana de que el proceso de la producci&oacute;n capitalista es la unidad inmediata del proceso de trabajo y el proceso de realizaci&oacute;n y, de manera m&aacute;s general, que cada forma de producci&oacute;n hist&oacute;rica debe ser vista como la unidad de procesos tecnol&oacute;gicos definidos entre el hombre y la naturaleza y de la reproducci&oacute;n de un sistema hist&oacute;rico espec&iacute;fico de relaciones de producci&oacute;n entre los hombres. Tomar&eacute; este <i>car&aacute;cter dual</i> de la producci&oacute;n como constitutivo de la esencia de este paradigma marxiano y examinar&eacute;, desde esta perspectiva, el problema del consumo en el significado del uso humano de objetos hechos por el hombre como un 'momento intr&iacute;nseco de la actividad productiva' (no es necesario decir que tal definici&oacute;n del consumo incluye a la producci&oacute;n propiamente dicha como consumo productivo, s&oacute;lo que lo aborda desde un punto de vista espec&iacute;fico). A trav&eacute;s de dicho an&aacute;lisis espero enfocar mejor algunas caracter&iacute;sticas adicionales del materialismo marxiano, tanto por lo que se refiere a su real relevancia te&oacute;rica y pr&aacute;ctica como a sus dificultades internas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Cap&iacute;tulo 2. Consumo como momento intr&iacute;nseco de la actividad productiva</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entender el consumo como momento de la producci&oacute;n significa, en primer lugar, concebirlo como la reproducci&oacute;n continua del individuo productivo. Aplicar al consumo la caracterizaci&oacute;n dual de la producci&oacute;n de Marx significa analizar los productos materiales del trabajo humano en su funci&oacute;n de objetos de consumo como objetivaciones de las fuerzas esenciales humanas (necesidades y capacidades) y como materializaciones de las relaciones sociales. Son estas dos nociones de objetivaci&oacute;n y materializaci&oacute;n las que deben, sobre todo, ser elucidadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La noci&oacute;n marxiana de objetivaci&oacute;n articula una diferencia esencial entre los objetos de la naturaleza y los hechos por el hombre por lo que se refiere a las relaciones humanas pr&aacute;cticas con ellos y a trav&eacute;s de esto implica un nuevo tipo de relaci&oacute;n entre el hombre y su mundo como medio ambiente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;rkus distingue entre <i>reglas sociales de uso</i> (t&eacute;cnicas por su contenido), que corresponden a lo antes visto, y <i>normas sociales de empleo</i> de los productos del trabajo. Las primeras establecen "las relaciones entre las cualidades de los productos del trabajo y las necesidades humanas" en dos sentidos. Primero, puesto que el objeto 'artificial' ha obtenido estas propiedades a trav&eacute;s del trabajo humano que dise&ntilde;a y produce el objeto pensando en su uso apropiado; y segundo, son estas cualidades, acentuadas por las reglas de su uso, las que constituyen la naturaleza esencial, la objetividad espec&iacute;fica, del producto. Un vaso est&aacute; destinado para beber y, hablando de manera gruesa, algo es un vaso cuando es normal y sistem&aacute;ticamente utilizado en esta funci&oacute;n. Los objetos humanamente producidos se convierten en valores de uso sociales por el hecho de que existen <i>reglas definidas</i> que circunscriben el fin y la manera de su uso. Los arque&oacute;logos se enfrentan de una manera dram&aacute;tica a la importancia de esta relaci&oacute;n: la interpretaci&oacute;n y clasificaci&oacute;n arqueol&oacute;gicas de un conjunto de hallazgos s&oacute;lo tendr&aacute;n sentido en la medida en que se pueda reconstruir el uso originalmente planeado para dichos objetos. En este sentido, los objetos hechos por el hombre como objetivaciones tienen un significado inherente, constituido por las reglas de su utilidad, y que no es otra cosa que el reconocimiento social de la utilidad del objeto, de su calidad de valor de uso, es decir, de su relaci&oacute;n con alguna necesidad espec&iacute;fica y aceptada. Segundo, las mismas reglas prescriben y circunscriben rutas de acci&oacute;n definidas, es decir, el ejercicio de habilidades espec&iacute;ficas como propias y adecuadas para la satisfacci&oacute;n de la necesidad presente de manera material en el producto, y para la puesta en pr&aacute;ctica de la funci&oacute;n socialmente aceptada para la que est&aacute; destinada <i>(intended</i>). Las reglas de utilidad identifican <i>acciones humanas significativas,</i> determinan y construyen formas socialmente codificadas de actividad pr&aacute;ctica.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n23/a8f2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los elementos materiales del medio ambiente humano (el entorno cultural) est&aacute;n, por tanto, siempre incrustados <i>en una red social de reglas pr&aacute;cticas,</i> contin&uacute;a M&aacute;rkus. <i>Pero estas reglas no son reglas externas a los objetos mismos.</i> El objeto ha sido creado para su uso apropiado, lo que ha dirigido y determinado el proceso de su producci&oacute;n y ha quedado incorporado en su estructura f&iacute;sica. &Eacute;sta es la raz&oacute;n por la cual estas reglas no son conscientes, expl&iacute;citas; est&aacute;n fijadas en las propiedades del objeto, haciendo su utilizaci&oacute;n posible. Los productos como valores de uso, como resultados materiales de las actividades humanas externamente presentes, <i>representan y postulan necesidades (los fines de su utilizaci&oacute;n) y habilidades (la manera adecuada de su utilizaci&oacute;n) socialmente reconocidas</i> que pueden o deben ser apropiadas, interiorizadas, por los individuos.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n23/a8f3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Objetivaci&oacute;n y apropiaci&oacute;n son para Marx 'determinaciones reflexivas', es decir, que tienen significado solamente en la mutua interrelaci&oacute;n: "el producto, a diferencia de un mero objeto natural, prueba lo que es, se convierte en producto, s&oacute;lo a trav&eacute;s del consumo" <i>(Grundrisse).</i> Un producto es una objetivaci&oacute;n s&oacute;lo en referencia a un proceso de apropiaci&oacute;n (real o potencial). Consecuentemente las necesidades sociales y las capacidades corporizadas en el producto se transforman nuevamente en apetencias y habilidades personales vivas. El proceso de socializaci&oacute;n del individuo consiste en un alto grado en la apropiaci&oacute;n pr&aacute;ctica de la objetivaci&oacute;n social, del mundo de cosas hechas por la humanidad. Esto constituye la base de la <i>continuidad hist&oacute;rica</i> y hace posible el <i>progreso social</i> en primera instancia. El desgaste por el uso de los objetos de hechura humana conlleva la necesidad de reemplazarlos. La historicidad del mundo humanamente constituido es en general sin&oacute;nimo del hecho de que la especie humana vive en un nicho ecol&oacute;gico inestable, cuyo equilibrio tiene que ser reestablecido continuamente mediante actividades pr&aacute;cticas intencionales. La supervivencia de la sociedad requiere proporciones definidas entre los varios elementos del medio creado por el hombre (y las necesidades que satisfacen), por un lado, y los varios tipos de actividad humana, por el otro, as&iacute; como una correspondencia entre ellos. Mediante diversos mecanismos institucionales, cada sociedad ha de asegurar la existencia y mantenimiento de las proporciones correctas de las diversas funciones del trabajo respecto a las diversas apetencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La existencia de estos mecanismos institucionales crea y presupone, en general, la existencia de otro conjunto de reglas sociales asociadas a los objetos de uso humano, reglas que determinan y circunscriben las <i>condiciones sociales</i> en las cuales se pueden usar o no los objetos (aplicando las reglas de su uso) en el marco de un sistema dado de relaciones sociales. A este conjunto le llama M&aacute;rkus <i>normas sociales de su empleo.</i> Mientras las reglas de uso son t&eacute;cnicas y no tienen un contenido de valor, las normas sociales permiten, demandan o proh&iacute;ben pr&aacute;cticas espec&iacute;ficas dependiendo del sujeto o de la circunstancia. As&iacute;, mientras la regla (impl&iacute;cita) de uso de un cigarrillo es que debe encenderse con fuego y el humo debe ser aspirado, etc., la norma social de su empleo prohibe fumar a los menores y a todos hacerlo en ciertos lugares. En referencia a estas normas los objetos de hechura humana funcionan no s&oacute;lo como objetivaciones de necesidades y capacidades hist&oacute;ricamente definidas, sino que tambi&eacute;n adquieren una s<i>ignificaci&oacute;n social,</i> en el sentido que funcionan como objetos que pueden o deben ser empleados en ocasiones y situaciones sociales espec&iacute;ficas, por personas que satisfacen especificaciones sociales concretas (que desempe&ntilde;an ciertos roles), para prop&oacute;sitos sociales definidos. Si a trav&eacute;s de las reglas de uso los productos son postulados como objetivaciones, lo que en la terminolog&iacute;a de Marx constituye su contenido material, a trav&eacute;s de las normas del empleo aparecen como <i>portadores</i> o <i>materializaciones</i> de relaciones sociales espec&iacute;ficas que constituye su <i>forma social</i>' espec&iacute;fica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas normas tambi&eacute;n permean la forma material espec&iacute;fica del producto a trav&eacute;s de las normas de propiedad (urbanidad) y gusto. (Aunque en este caso los ejemplos de M&aacute;rkus no son muy convincentes.) Pero en cuanto a la 'correspondencia' entre producci&oacute;n y consumo, ser&iacute;a completamente desorientador atribuirles una funci&oacute;n reguladora principal. La funci&oacute;n social de estas normas la explica M&aacute;rkus con base en sociedades precapitalistas por razones que presentar&aacute; despu&eacute;s, en el cap&iacute;tulo 3. En estas sociedades dichas normas son directas y expl&iacute;citas y se refieren a todos los objetos de uso (productivo o de consumo). Estas normas est&aacute;n inmersas en un marco m&aacute;s amplio de derechos y obligaciones mutuas. A trav&eacute;s de diversas sanciones, establecen una relaci&oacute;n entre las formas fijas de actividad y el sistema de necesidades y sus objetos, asegurando la correspondencia entre el 'consumo productivo' de objetos y la 'producci&oacute;n consumidora' de individuos concretos hist&oacute;ricos. Al mismo tiempo, confinan tanto la producci&oacute;n como el consumo dentro de ciertos l&iacute;mites. En estas sociedades los objetos pertenecientes a una persona expresan directamente su estatus social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;rkus hace notar otras diferencias entre ambos tipos de reglas. Mientras las reglas de uso, que definen modos apropiados de actividad intencional en relaci&oacute;n con alg&uacute;n objeto de necesidad, tienen un <i>car&aacute;cter constitutivo&#45;constructivo,</i> las normas sociales de empleo, que regulan tales modos de actividad, permitiendo, exigiendo, prohibiendo, tienen un <i>car&aacute;cter regulador&#45;restrictivo.</i> Las reglas de uso casi nunca son formuladas expl&iacute;citamente, carecen de contenido de valor espec&iacute;fico, ya que se trata de cuestiones instrumentales de car&aacute;cter t&eacute;cnico, y tampoco hay sanciones espec&iacute;ficas asociadas a ellas, salvo el fracaso y el calificativo de incompetencia asociado al mal uso. Las normas sociales de empleo, por otra parte, son con frecuencia expl&iacute;citas y se imponen no por la fuerza del h&aacute;bito, sino que tienen una validez obligatoria; no son de car&aacute;cter instrumental sino que regulan conductas correctas e incorrectas, inherentemente cargadas de valor, como expresi&oacute;n de derechos y obligaciones, buenas o malas maneras. El inadecuado uso de los objetos no se expresa como incompetencia sino como desviaci&oacute;n y su violaci&oacute;n conlleva sanciones con frecuencia institucionalizadas. Las normas a menudo est&aacute;n racionalizadas, es decir, tienen alg&uacute;n grado de legitimaci&oacute;n y justificaci&oacute;n a trav&eacute;s de las representaciones ideol&oacute;gicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Markus reformula las diferencias anteriores de una manera m&aacute;s general. Por una parte, <i>las reglas de uso (t&eacute;cnico&#45;utilitarias)</i> definen el universo de habilidades y necesidades que, a la par del universo de objetos producidos, caracterizan el <i>nivel alcanzado de dominio sobre la naturaleza</i> al que ha llegado una determinada sociedad. Estos universos se constituyen en un fondo com&uacute;n que circunscribe la gama de actividades pr&aacute;cticas significativas posibles, en las cuales cada miembro de la sociedad, a trav&eacute;s de su apropiaci&oacute;n (desarrollo de habilidades) participa. Y este fondo com&uacute;n tiene al menos un n&uacute;cleo &#151;el uso de objetos cotidianos &uacute;tiles&#151; <i>que debe ser igualmente apropiado por cada uno de los individuos normales.</i> Si bien, como se dijo antes, los elementos individuales de estas reglas no tienen valor espec&iacute;fico por ser de car&aacute;cter instrumental, la totalidad de las objetivaciones materiales constituye, en este sentido, un valor tan b&aacute;sico que ha de ser tomado como un hecho, es decir, como algo que no debe cuestionarse (en cuanto a su justificaci&oacute;n) por ning&uacute;n individuo racional. La neutralidad valorativa de los objetos de hechura humana como <i>objetivaciones</i> consiste en el hecho de que ellas representan aquel 'elemento dado' de la existencia humana que debe a cada momento ser asimilado. El cambio en esta &aacute;rea tiene lugar como 'acumulaci&oacute;n', en un proceso continuo de herencia de las formas previamente creadas de actividad y de modificaci&oacute;n en el sentido de expandir el fondo social de necesidades y capacidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las <i>normas sociales de empleo de los objetos,</i> en contraste, aparecen como un mecanismo por medio del cual los diversos valores de uso, las necesidades y habilidades, son distribuidos entre grupos de individuos, transform&aacute;ndolos en agentes sociales (por ejemplo, las cajas de herramientas para los hombres, los utensilios de cocina para las mujeres, que los transforman en mec&aacute;nicos y en cocineras). En correspondencia, en referencia a estas normas, los objetos mismos aparecen bajo cierta definida forma social como su materializaci&oacute;n, como objetos que s&oacute;lo pueden usarse de cierta manera circunscrita (usados, heredados, pero no intercambiados; intercambiados pero contra un grupo espec&iacute;fico de valores de uso y con personas pertenecientes a un cierto grupo social, etc.).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, M&aacute;rkus incluye un concepto m&aacute;s, que no desarrolla, el de <i>normas de gusto y adecuaci&oacute;n,</i> que desempe&ntilde;an un papel significativo en la distribuci&oacute;n de la demanda agregada de productos espec&iacute;ficos y en los mecanismos de proliferaci&oacute;n y diferenciaci&oacute;n de necesidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Cap&iacute;tulo 3. Reificaci&oacute;n y las antinomias de su superaci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis previo del paradigma de la producci&oacute;n como proceso dual no es s&oacute;lo muy abstracto y esquem&aacute;tico, es sobre todo deficiente porque ofrece una distinci&oacute;n tajante e inmediata cuando en t&eacute;rminos hist&oacute;ricos lo que existe, seg&uacute;n Marx, es una dial&eacute;ctica entre los conceptos de fuerzas productivas y relaciones sociales de producci&oacute;n, conceptos cuyas fronteras est&aacute;n por determinarse. La relatividad de las distinciones (las dicotom&iacute;as) se pone en evidencia por la existencia de casos intermedios que desaf&iacute;an el car&aacute;cter mutuamente excluyente de las dicotom&iacute;as. M&aacute;rkus rechaza como simplistas las asociaciones antes presentadas, entre reglas de uso y relaciones entre los seres humanos y la naturaleza, por una parte, y la de normas de empleo y relaciones sociales entre los humanos, por la otra. Este simplismo falla pues: 1) hay reglas t&eacute;cnicas (y habilidades asociadas) relacionadas con las interacciones entre personas (saludar a alguien, presentarse, bailar con alguien), de tal manera que las reglas t&eacute;cnicas se refieren tanto a la relaci&oacute;n sujeto&#45;objeto como a la relaci&oacute;n sujeto&#45;sujeto, es decir, a las relaciones sociales con personas); 2) hay algunos objetos especiales, como los s&iacute;mbolos materiales de la interacci&oacute;n humana (bandera, cruz, corona) y el dinero, en los cuales el contenido material y la forma econ&oacute;mica coinciden, de tal manera que es imposible separar las preguntas sobre c&oacute;mo deben usarse y qui&eacute;n puede usarlos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de la relatividad de la distinci&oacute;n entre reglas de uso y normas de empleo, M&aacute;rkus se pregunta si pueden distinguirse del todo. Antes de contestar precisa que el objeto en su estructura f&iacute;sica es simult&aacute;neamente una objetivaci&oacute;n de capacidades definidas y la materializaci&oacute;n de relaciones socioecon&oacute;micas definidas, y que la distinci&oacute;n entre 'forma material' y 'contenido social' se asumi&oacute; como una distinci&oacute;n anal&iacute;tica. Para hacer m&aacute;s clara y pr&aacute;ctica la pregunta, Gy&ouml;rgy M&aacute;rkus la formula en los siguientes t&eacute;rminos: "&iquest;Por qu&eacute; es la demanda de un mundo sin dinero, ca&ntilde;ones y banderas nacionales, una demanda radical racional, mientras que la demanda de un mundo sin m&aacute;quinas es ludismo irracional&#63;" Y a&ntilde;ade: "Porque es claro que la banda de transmisi&oacute;n <i>(conveyor belt</i>), en su misma forma f&iacute;sica, define capacidades productivas internas a un sistema de divisi&oacute;n del trabajo basado en la separaci&oacute;n entre el trabajo manual e intelectual y en la dominaci&oacute;n del segundo sobre el primero." Y contesta que lo que ha de considerarse contenido material y ha de asimilarse como base factual de la vida social, constitutiva del desarrollo de las fuerzas productivas, y lo que debe considerarse como materializaci&oacute;n de relaciones sociales que debe ser cambiado, esta doble cuesti&oacute;n no se puede contestar te&oacute;ricamente, es una pregunta pr&aacute;ctica cuya respuesta depende de la perspectiva hist&oacute;rica en la que nos situamos. Y desde este punto de vista, a&ntilde;ade, no hay datos fijos que deban aceptarse sin cuestionarse y a los que uno deba adaptarse, porque no hay ning&uacute;n elemento del medio de hechura humana que no pudiera ser concebido en su forma concreta, no s&oacute;lo como el portador de ciertas relaciones sociales separables de su valor de uso como contenido, sino como la objetivaci&oacute;n de esas relaciones en su contenido mismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con base en esta inseparabilidad entre lo t&eacute;cnico y lo social, M&aacute;rkus modifica el an&aacute;lisis establecido en la secci&oacute;n anterior que sosten&iacute;a que el paradigma marxiano de la producci&oacute;n ancla y justifica la racionalidad de las necesidades radicales en y por la demarcaci&oacute;n entre 'contenido material' y 'forma social', llegando a la conclusi&oacute;n de que por la <i>interpenetraci&oacute;n pr&aacute;ctica</i> de los dos aspectos, la manera en que uno haga la distinci&oacute;n entre relaciones con la naturaleza y relaciones entre personas depende principalmente de qu&eacute; necesidades y demandas sociales uno <i>conciba</i> como racionales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema de la inseparabilidad entre lo t&eacute;cnico y lo social emerge de manera a&uacute;n m&aacute;s aguda si se analiza la aplicabilidad hist&oacute;rica de las categor&iacute;as dicot&oacute;micas, ya que las reglas de uso no encajan con las sociedades precapitalistas y las normas de empleo no lo hacen con el capitalismo. En las sociedades precapitalistas incluso el conocimiento t&eacute;cnico sobre el c&oacute;mo se usa un objeto, especialmente los instrumentos de trabajo, es frecuentemente materia de normas valorativas expl&iacute;citas con sus respectivas sanciones, lo que se puede decir tambi&eacute;n indicando que las capacidades en dichas sociedades cobran el car&aacute;cter de obligaciones sociales. Esto se debe a que en estas sociedades lo econ&oacute;mico est&aacute; incrustado en relaciones de dependencia como las de parentesco, mientras que lo t&eacute;cnico est&aacute; subsumido en formas espec&iacute;ficas de contacto social. S&oacute;lo el capitalismo libera al trabajo, como actividad t&eacute;cnica, de las normas sociales y desarrolla la racionalidad instrumental, pero al hacerlo lleva a &eacute;sta m&aacute;s all&aacute; de la esfera t&eacute;cnica, a las relaciones sociales propiamente dichas, al postular la riqueza social s&oacute;lo en la forma de objetos, como trabajo abstracto social objetivado, es decir, valor. El capitalismo vuelve a fusionar lo t&eacute;cnico y las determinaciones sociales, pero lo hace ahora al subordinar las decisiones sociales concernientes a los fines de los mecanismos de valorizaci&oacute;n. Por ello es que en el capitalismo las normas sociales dejan de desempe&ntilde;ar un papel central en el balance de la producci&oacute;n y el consumo, lo que ahora hace el mercado que act&uacute;a con una aparente l&oacute;gica propia, como si fuese un automatismo natural<sup><a href="#notas">5</a></sup>. Naturalmente esto no significa que los objetos de hechura humana pierdan su 'forma social' en el capitalismo, s&oacute;lo que ahora todos son reducidos al significado social universal de ser mercanc&iacute;as. La forma mercanc&iacute;a de los objetos producidos expresa el hecho hist&oacute;rico de que ahora ellos pueden ser adquiridos, usados y desechados por cualquiera que pueda comprarlos, lo que constituye la disoluci&oacute;n de las restricciones directas al consumo y la consecuente dependencia de &eacute;ste de la vida econ&oacute;mica <i>reificada</i> del sujeto<sup><a href="#notas">6</a></sup>. A fin de cuentas tambi&eacute;n en el capitalismo la conducta econ&oacute;mica est&aacute; determinada por normas. En efecto, al convertirse la forma de valor en la significaci&oacute;n social del objeto, ello conlleva principios definidos del uso de esta forma como normas de conducta econ&oacute;mica; el valor determina cu&aacute;ndo vale la pena (en el sentido econ&oacute;mico) usar un objeto y qu&eacute; objeto debe uno usar, por ejemplo. S&oacute;lo en la sociedad burguesa, dice M&aacute;rkus, ciertas m&aacute;ximas de conducta econ&oacute;mica, como el principio de maximizaci&oacute;n de la ganancia, aparecen <i>no</i> en la forma de deberes y derechos, sino como principios de racionalidad universales y despojados de valores. Por tanto, si un individuo viola estos principios su actividad fracasar&aacute; de la misma manera (al menos en el sentido econ&oacute;mico) como si hubiese violado las reglas t&eacute;cnicas del uso de un instrumento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llegado a este punto M&aacute;rkus resume lo discutido se&ntilde;alando que en toda la historia enfrentamos una <i>coalescencia irresoluble de lo t&eacute;cnico y lo social,</i> aunque de diferente tipo en diferentes sociedades. Si en las sociedades precapitalistas la utilidad instrumental de los objetos hechos por la humanidad est&aacute; con frecuencia ligada normativamente a la posici&oacute;n social espec&iacute;fica y la funci&oacute;n de sus usuarios, en la sociedad capitalista la forma universal de los productos (la forma mercanc&iacute;a y valor) determina en los hechos el sistema existente de relaciones sociales y aparece como una cualidad adicional y misteriosa de car&aacute;cter natural y t&eacute;cnico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta coalescencia de las relaciones sociales con la relaci&oacute;n humana pr&aacute;ctica con la naturaleza es, para Marx una de las principales caracter&iacute;sticas de la prehistoria humana. Designa este fen&oacute;meno, al menos en su versi&oacute;n capitalista, como <i>reificaci&oacute;n</i> y lo define como la aleaci&oacute;n directa de las relaciones materiales de producci&oacute;n con su determinaci&oacute;n hist&oacute;rico&#45;social, y lo contrasta con otras &eacute;pocas en las cuales la dominaci&oacute;n de las condiciones de producci&oacute;n sobre los productores estaba disfrazada por las relaciones de dominio y servidumbre. M&aacute;rkus une el concepto de reificaci&oacute;n al de alienaci&oacute;n, definido &eacute;ste como el involuntario e inconsciente proceso de socializaci&oacute;n, que resulta en el dominio que ejercen los productos del proceso de las actividades sociales cooperativas sobre sus productores, para conformar el concepto de inversi&oacute;n (o transposici&oacute;n o transubstanciaci&oacute;n) de la relaci&oacute;n entre el sujeto y el objeto, que llega a su apogeo en el capitalismo: el dominio del trabajo vivo por el trabajo pasado, lo que expresa el hecho de que los seres humanos en su asociaci&oacute;n no han logrado todav&iacute;a convertirse en los sujetos reales conscientes de la historia, determinando su destino mediante sus propias decisiones y hechos unificados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La indisoluble coalescencia entre lo t&eacute;cnico y lo <i>senso stricto</i> social no es para Marx, dice M&aacute;rkus, un problema te&oacute;rico sino una tarea pr&aacute;ctica de hacer esta distinci&oacute;n, de efectuar una separaci&oacute;n donde no ha habido una, entendiendo el socialismo como una sociedad que es capaz de hacer esta distinci&oacute;n en la pr&aacute;ctica, es decir, de dividir institucionalmente la estipulaci&oacute;n de las precondiciones t&eacute;cnico&#45;materiales y prerrequisitos del proceso de reproducci&oacute;n (la planeaci&oacute;n como transformaci&oacute;n de metas sociales preestablecidas en tareas productivas) de la postulaci&oacute;n de las metas sociales que determinan el contenido de estas funciones, la direcci&oacute;n, el car&aacute;cter y el ritmo del desarrollo econ&oacute;mico y social<sup><a href="#notas">7</a></sup>. La f&oacute;rmula de Engels de contraponer la administraci&oacute;n de las cosas al gobierno sobre los hombres, dice M&aacute;rkus, expresa sucintamente el concepto b&aacute;sico de la f&oacute;rmula marxista y Marx tiene muy claro, a&ntilde;ade, que si la separaci&oacute;n de lo 't&eacute;cnico' y lo 'social' no se cumple, si subsiste la reificaci&oacute;n, entonces el &oacute;rgano central de administraci&oacute;n se convierte necesariamente en el gobernante desp&oacute;tico de la producci&oacute;n y en el administrador de la distribuci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute; retoma M&aacute;rkus lo que afirm&oacute; al principio de la parte II de su libro, que el materialismo de Marx es de car&aacute;cter pr&aacute;ctico, por lo cual el paradigma de la producci&oacute;n aparece como un proyecto tanto en el sentido de que el trabajo humano s&oacute;lo puede ser reconocido como actividad gen&eacute;rica desde la perspectiva de la emancipaci&oacute;n del trabajo, como en el sentido de que la historia s&oacute;lo puede ser vista como hecha por la humanidad desde el mirador del socialismo. As&iacute; como la categor&iacute;a del 'trabajo en general' logra la verdad pr&aacute;ctica solamente en el capitalismo, en el cual el trabajo se convierte en el medio de creaci&oacute;n de riqueza en general, la categor&iacute;a de producci&oacute;n que la teor&iacute;a cr&iacute;tica ubica en el centro de sus discusiones logra la verdad pr&aacute;ctica s&oacute;lo en el socialismo, porque s&oacute;lo en &eacute;l la producci&oacute;n se volver&aacute; en realidad el proceso material de la autocreaci&oacute;n social, el libre llegar a ser de los individuos humanos a trav&eacute;s de su propia actividad consciente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero esta formulaci&oacute;n sugiere un problema preocupante que se refiere al paradigma de la producci&oacute;n y a la interpretaci&oacute;n marxiana de la historia conectada con &eacute;l: el car&aacute;cter teleol&oacute;gico de la visi&oacute;n de la historia, no en el sentido de perspectivismo, es decir, dependiente de un punto de vista pragm&aacute;tico sobre una posible transformaci&oacute;n radical, sino en el sentido de un finalismo directo. M&aacute;rkus ilustra este "finalismo" con frases de Marx referidas a la eliminaci&oacute;n, en el socialismo, del velo m&iacute;stico que se asocia con el fetichismo de las mercanc&iacute;as, y con la regulaci&oacute;n, en ese mismo sistema social, del proceso total de producci&oacute;n por medio del tiempo necesario de trabajo. El socialismo se convierte, as&iacute;, en la primera sociedad en resolver las tareas generales planteadas a cualquier econom&iacute;a porque reduce las actividades materiales productivas a lo que son (y siempre han sido): a un metabolismo activo y racional con la naturaleza, es decir, a actividades t&eacute;cnicas, liberadas de la costumbre y de la dominaci&oacute;n social.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n23/a8f4.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque M&aacute;rkus se&ntilde;ala que no puede explicar en este texto que en <i>El capital</i> Marx vuelva &#151;aun en forma encubierta&#151; a un entendimiento francamente finalista&#45;teleol&oacute;gico que caracteriz&oacute; a las primeras variantes de teor&iacute;a cr&iacute;tica, se&ntilde;ala dos conexiones al respecto. Antes de exponer &eacute;stas, que son las cr&iacute;ticas m&aacute;s severas de M&aacute;rkus a Marx, debe aclararse algo que &eacute;l s&oacute;lo puntualiza mucho m&aacute;s adelante: que se trata &uacute;nicamente de tendencias compensadas por otras que se han presentado antes. Primero, un cambio en la motivaci&oacute;n de la clase trabajadora desde las necesidades radicales en los <i>Grundrisse</i> a la disfuncionalidad del proceso capitalista que impide la satisfacci&oacute;n de las necesidades elementales. Segundo, al conectar la postura de clase con la formulaci&oacute;n de un fin social universal (la sociedad sin clases) a trav&eacute;s de la noci&oacute;n de <i>objetividad cient&iacute;fica,</i> lo que convierte la contradicci&oacute;n entre el proletariado y la burgues&iacute;a en t&eacute;rminos de verdad y falsedad. A medida que la posibilidad de una transformaci&oacute;n radical de la sociedad capitalista tomaba la forma de una tendencia hist&oacute;rica objetivamente necesaria, m&aacute;s adquir&iacute;a la noci&oacute;n de socialismo un significado finalista. La conversi&oacute;n del prop&oacute;sito pr&aacute;ctico de la teor&iacute;a al lenguaje de un determinismo te&oacute;rico simult&aacute;neamente involucr&oacute; la postulaci&oacute;n del contenido de este prop&oacute;sito como teleol&oacute;gicamente predeterminado. Este finalismo resolvi&oacute;, en principio, el problema metodol&oacute;gico al proveer la justificaci&oacute;n para la distinci&oacute;n entre lo t&eacute;cnico y lo social a las &eacute;pocas de la historia caracterizadas por la concrescencia de ambas esferas. El socialismo, al dividir ambas esferas, hace directamente real lo que era abstractamente verdadero. Pero el precio a pagar por esta respuesta es muy alto: la distinci&oacute;n entre 'contenido material' y 'forma social' se transforma as&iacute; imperceptiblemente en la distinci&oacute;n entre la 'esencia' y la 'apariencia', y la reificaci&oacute;n como constitutivo b&aacute;sico de la sociedad capitalista se iguala con la 'mistificaci&oacute;n del capital'.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La dial&eacute;ctica hegeliana es totalmente reinstalada: lo que es ontol&oacute;gicamente real es aquello que es <i>posible;</i> lo que existe es un mero fen&oacute;meno. Este finalismo es usado tanto retrospectiva como prospectivamente. El presente capitalista es la llave para entender las sociedades anteriores. Hacia adelante, las relaciones capitalistas son vistas por Marx como prerrequisitos de una sociedad sin clases. M&aacute;rkus sostiene que este punto es vital para entender el significado de la versi&oacute;n final de la econom&iacute;a marxiana. La teor&iacute;a del valor trabajo puede ser desarrollada solamente bajo presuposiciones (correspondencia de la oferta y la demanda, producci&oacute;n de todas las mercanc&iacute;as de acuerdo con el tiempo socialmente necesario, etc.) que, en efecto, hacen abstracci&oacute;n de la especificidad de este modo de producci&oacute;n. Esta paradoja metodol&oacute;gica se corresponde, sin embargo, con la idea de que el capitalismo s&oacute;lo puede ser aprehendido en su esencia si es visto como inherentemente en transici&oacute;n al socialismo. La justificaci&oacute;n final de la teor&iacute;a del valor trabajo, que <i>nunca</i> puede ser &#151;al menos de acuerdo con la l&oacute;gica interna de la argumentaci&oacute;n de Marx&#151; traducida en t&eacute;rminos operacionales y emp&iacute;ricamente verificables bajo el capitalismo, se encuentra en el hecho de que es posible y necesario organizar la producci&oacute;n y el consumo social reemplazando la operaci&oacute;n indirecta, irracional y reificada del mecanismo del mercado con el c&oacute;mputo directo y consciente de los gastos de trabajo socialmente necesarios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El finalismo, dice M&aacute;rkus, afecta a todo el paradigma de la producci&oacute;n de dos maneras interconectadas: lleva a la 'naturalizaci&oacute;n' del contenido material y hacia la 'fenomenologizaci&oacute;n' de la 'forma social'. La primera manera la ilustra M&aacute;rkus con el concepto de trabajo que Marx &#151;a pesar de que por otra parte muestra c&oacute;mo el capitalismo crea su propia base material minando tecnol&oacute;gicamente la fuerza de trabajo individual&#151; define repetidamente como un proceso entre el trabajador individual y la naturaleza, excluyendo a la cooperaci&oacute;n del dominio de lo t&eacute;cnico, lo que har&iacute;a su concepto de trabajo (si Marx lo aplicara consistentemente) in&uacute;til para el an&aacute;lisis del capitalismo. Esta ambig&uuml;edad, contin&uacute;a M&aacute;rkus, est&aacute; al mismo tiempo conectada con la tendencia de Marx a considerar el proceso de trabajo, como 'contenido material' del proceso de producci&oacute;n, no s&oacute;lo como un proceso entre el hombre y la naturaleza, sino como un proceso natural (como una interacci&oacute;n puramente f&iacute;sica entre varios elementos naturales), caracterizable completamente en t&eacute;rminos de las ciencias naturales, lo que subvierte por entero el significado de trabajo como objetivaci&oacute;n, ya que deja de concebirse como una actividad humana constituida por reglas sociales, dice M&aacute;rkus, aunque no aclara si se refiere a las reglas de uso t&eacute;cnico o a las normas sociales de empleo; por el contexto parece que se refiere a las primeras. De esta manera, seg&uacute;n M&aacute;rkus, Marx habr&iacute;a transformado, al menos en <i>El capital,</i> al trabajo en una actividad enteramente prescrita por leyes naturales, mientras que el car&aacute;cter de actividad regida por reglas de la conducta humana t&eacute;cnica aparecer&iacute;a como falsa conciencia, escondiendo y mediando su determinaci&oacute;n natural. Esta tendencia naturalista est&aacute; ligada al finalismo hist&oacute;rico, sostiene M&aacute;rkus, ya que Marx concibe que el concepto abstracto de trabajo alcanza su verdad pr&aacute;ctica s&oacute;lo en el capitalismo, es decir, que se convierte en lo que siempre fue en la noci&oacute;n: un ejercicio de los poderes naturales del organismo humano en correspondencia directa con las leyes objetivas de la naturaleza con el fin de transformar los materiales naturales de manera &uacute;til. Aunque Marx est&aacute; consciente de los efectos deshumanizadores y del car&aacute;cter artificial de la reducci&oacute;n de las funciones complejas del trabajo, mantiene insistentemente que, con ello, se alcanza un descubrimiento: el de las pocas formas fundamentales del movimiento que caracterizan a las actividades del organismo humano. Mediante esta interpretaci&oacute;n fisiol&oacute;gica del trabajo simple en el capitalismo, Marx no s&oacute;lo destaca su car&aacute;cter hist&oacute;ricamente progresivo (la emancipaci&oacute;n del proceso productivo de los l&iacute;mites personales de la fuerza de trabajo humana), sino que transforma la direcci&oacute;n general del progreso t&eacute;cnico efectuada por el capitalismo en un progreso antropol&oacute;gico indisputable e incambiable.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A esta tendencia a la naturalizaci&oacute;n del contenido corresponde la de fenomenologizaci&oacute;n de la forma social &#151;la tendencia a describir los mecanismos e interconexiones del modo de producci&oacute;n como "fen&oacute;menos superficiales". Esto lleva a Marx a igualar en algunos puntos (incluso si son errores de dedo son sintom&aacute;ticos) la forma social del producto, por ejemplo, la forma de valor de cambio de la mercanc&iacute;a con la "forma imaginaria de su existencia". Las diferencias en el tratamiento de la competencia entre los <i>Grundrisse</i> y <i>El capital</i> ilustran esta tendencia. En el primer libro la competencia es todav&iacute;a la "naturaleza interna del capital, su naturaleza esencial"; pero en el segundo pasa a ser parte de la esfera de las apariencias. La noci&oacute;n de apariencias introduce la dificultad te&oacute;rica hegeliana de una objetividad que es al mismo tiempo 'no real', si no 'falsa', y plantea preguntas muy preocupantes sobre el estatus de una teor&iacute;a que, en nombre del conocimiento del futuro, procede a tratar las situaciones vitales inmediatas como ilusorias, como falsa conciencia. Todas estas dificultades se expresan de manera concentrada en la teor&iacute;a marxiana del fetichismo, dice M&aacute;rkus, sin explicar el sentido de esta afirmaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es aqu&iacute; donde M&aacute;rkus advierte que &eacute;stas son s&oacute;lo tendencias compensadas por otras se&ntilde;aladas antes, lo que convierte la cr&iacute;tica central en la presencia de ambig&uuml;edades referidas al marco conceptual del pensamiento de Marx, incluyendo el paradigma de la producci&oacute;n. M&aacute;rkus recuerda que ha tomado como elementos centrales de este paradigma la conceptualizaci&oacute;n de la producci&oacute;n como unidad de dos procesos &#151;el proceso t&eacute;cnico del trabajo como objetivaci&oacute;n de necesidades y capacidades, y el de la reproducci&oacute;n (y cambio) de las relaciones socioecon&oacute;micas como 'materializaci&oacute;n' de una forma social. Marx caracteriza esta unidad como la relaci&oacute;n dial&eacute;ctica entre fuerzas productivas y relaciones de producci&oacute;n. Estos t&eacute;rminos, sin embargo, enfrentan tambi&eacute;n una ambig&uuml;edad inherente, dice M&aacute;rkus, quien se pregunta si se trata de la dicotom&iacute;a entre lo t&eacute;cnico y lo social expresada ahora no en t&eacute;rminos de procesos sino de estructuras, es decir, de elementos y sus combinaciones, como argumenta Althusser. La noci&oacute;n de fuerzas productivas busca, como he tratado de demostrar antes, dice M&aacute;rkus, aislar conceptualmente aquellos resultados (objetivos y subjetivos) que son acumulados de manera continua. En este sentido, las fuerzas productivas designan, en efecto, lo t&eacute;cnico. Esta interpretaci&oacute;n, sin embargo, es inadecuada para dar cuenta del uso que hace Marx del concepto para analizar el desarrollo hist&oacute;rico del capitalismo, que se funda en el supuesto de que las formas espec&iacute;ficas de relaciones entre los productores (cooperaci&oacute;n, en general las interconexiones sociales del trabajo en el proceso directo de trabajo) constituyen una fuerza productiva <i>sui generis.</i> Surge entonces el problema de los criterios para distinguir entre la divisi&oacute;n t&eacute;cnica del trabajo y la divisi&oacute;n social del trabajo, ya que la primera es parte evidente de las fuerzas productivas y la segunda de las relaciones sociales de producci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;rkus refrasea lo anterior para se&ntilde;alar que hay dos nociones de fuerzas productivas en Marx: 1) en explicaciones te&oacute;ricas generales, como resultados sustanciales y subsistentes de pr&aacute;cticas precedentes que est&aacute;n presentes como <i>potencialidades</i> dadas; y 2) todos los elementos y condiciones del proceso de producci&oacute;n, cuyo cambio tiene un efecto directo en la productividad del trabajo. Ambas, dice M&aacute;rkus, son inadecuadas para las propias intenciones te&oacute;ricas de Marx, lo que lleva a que su constante sustituci&oacute;n sea constitutiva. M&aacute;rkus rechaza la segunda porque, argumenta, el propio Marx insiste en que debemos distinguir entre la productividad incremental debida al desarrollo del proceso social de producci&oacute;n y la que obedece al &#91;cambio en&#93; la explotaci&oacute;n capitalista del trabajo. La primera definici&oacute;n la rechaza M&aacute;rkus argumentando, correctamente me parece, que ni los 'medios de producci&oacute;n', ni las 'habilidades laborales', constituyen, cada uno en s&iacute; mismos y de manera aislada, elementos potenciales. Para serlo tienen que corresponder el uno con el otro y esta correspondencia no es meramente t&eacute;cnica, pues lo que cuenta como movilizable para fines productivos var&iacute;a entre diversos organismos sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ser&iacute;a muy largo, contin&uacute;a M&aacute;rkus, demostrar en detalle que la resoluci&oacute;n finalista de los problemas te&oacute;ricos conectados con el car&aacute;cter reificado del desarrollo hist&oacute;rico global (la coalescencia entre lo t&eacute;cnico y lo social) y las ambig&uuml;edades resultantes afectan no s&oacute;lo el marco conceptual general de la concepci&oacute;n materialista de la historia, sino tambi&eacute;n el an&aacute;lisis concreto del capitalismo, y lo hacen de una manera antag&oacute;nica a las percepciones e intenciones cr&iacute;ticas m&aacute;s profundas de Marx. M&aacute;rkus remite aqu&iacute; a una obra de su coautor&iacute;a en h&uacute;ngaro y s&oacute;lo desarrolla parcialmente algunas ideas en una nota al final del libro en la que se abordan dos temas: el de la relaci&oacute;n entre valor de uso y valor (muy escuetamente) y el de trabajo productivo e improductivo, discutido en detalle. En el primer caso, M&aacute;rkus s&oacute;lo se&ntilde;ala que la conclusi&oacute;n a la que llega en la obra citada &#151;que en el capitalismo el horizonte del valor de uso es el valor de cambio&#151; ser&iacute;a excluida por Marx con el enfoque naturalista arriba comentado, que ve el valor de uso como la relaci&oacute;n natural entre las cosas y el hombre. Sobre el segundo punto, M&aacute;rkus muestra las inconsistencias y el c&iacute;rculo vicioso en el que se ve envuelto Marx al usar dos definiciones diferentes de trabajo productivo. Lamentablemente el texto es demasiado escueto para que el lector pueda formarse una opini&oacute;n s&oacute;lida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de los problemas te&oacute;ricos, contin&uacute;a M&aacute;rkus, la soluci&oacute;n marxiana del problema de la reificaci&oacute;n presupone como proyecto pr&aacute;ctico una sociedad que superar&iacute;a la reificaci&oacute;n al separar institucionalmente la administraci&oacute;n de las cosas de la autoadministraci&oacute;n de las personas. Esta concepci&oacute;n del socialismo, comenta M&aacute;rkus, lo transforma en una utop&iacute;a remota pues s&oacute;lo puede ser realizada en una sociedad en la que prevalezca la absoluta abundancia. Cuando no ocurre as&iacute;, la administraci&oacute;n de las cosas termina siendo tambi&eacute;n el gobierno sobre los hombres, una influencia no controlada sobre las metas del proceso social de producci&oacute;n. Estas consideraciones abstractas apuntan al problema de que no parece posible asociar el principio democr&aacute;tico de la autoadministraci&oacute;n con el de una planeaci&oacute;n central racional mediante la segregaci&oacute;n institucional de sus respectivas esferas de aplicaci&oacute;n, por lo cual la pregunta sobre c&oacute;mo pueden combinarse se convierte en la pregunta para la teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica del socialismo. De aqu&iacute; concluye M&aacute;rkus que el paradigma de la producci&oacute;n llega a un callej&oacute;n sin salida, pues la perspectiva que requiere para justificar en teor&iacute;a la separaci&oacute;n &#151;un proyecto de sociedad que institucionaliza la distinci&oacute;n de los dos tipos de constituyentes (contenido material/forma social)&#151; resulta irrelevante para los fines pr&aacute;ctico&#45;cr&iacute;ticos de la teor&iacute;a. Este desmembramiento de los momentos te&oacute;rico y pr&aacute;ctico del paradigma significa, sin embargo, su desintegraci&oacute;n en general.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llegado a este punto, M&aacute;rkus ofrece una visi&oacute;n integral del enfoque y su problema. El paradigma de la producci&oacute;n ofrece una conceptualizaci&oacute;n de la realidad sociohist&oacute;rica que conecta internamente la idea de la autocreaci&oacute;n del hombre con la de finitud humana. Concibe a los seres humanos, los &uacute;nicos sujetos de la historia, como seres dependientes de necesidades cuya 'esencia' existe por tanto <i>fuera</i> de ellos como objetividad determinante. Pero al mismo tiempo concibe el car&aacute;cter de esta dependencia y determinaci&oacute;n como sujeta tanto al cambio hist&oacute;rico como al control social (potencial). La objetividad social externa es no s&oacute;lo el resultado de actividades humanas previas, es tambi&eacute;n su objetivizaci&oacute;n y su materializaci&oacute;n. Por tanto, su cambio significa, al mismo tiempo, una transformaci&oacute;n de la 'naturaleza humana', una creaci&oacute;n de nuevas necesidades y capacidades. Esta extensi&oacute;n ilimitada y creaci&oacute;n de necesidades humanas es postulada por el paradigma como central a la historia humana en su conjunto. El paradigma de la producci&oacute;n implica una <i>afirmaci&oacute;n</i> de este incesante e irrestricto dinamismo de la historia humana. Al mismo tiempo aprehende este proceso hist&oacute;rico &#151;desde el punto de vista del potencial radical que subyace en &eacute;l&#151; tambi&eacute;n como la creaci&oacute;n de la posibilidad de adquirir control efectivo colectivo&#45;social sobre las mismas relaciones de determinaci&oacute;n. Si la objetividad externa es la objetivaci&oacute;n y materializaci&oacute;n de las actividades e interacciones sociales, entonces la relaci&oacute;n de dependencia misma es una funci&oacute;n de la relaci&oacute;n entre los individuos y las (voluntarias o involuntarias) formas de socializaci&oacute;n y colectividad. Una interpretaci&oacute;n de la historia que muestra la emergencia de condiciones que convierten la organizaci&oacute;n consciente y voluntaria de las relaciones sociales en una posibilidad real y pr&aacute;ctica de la acci&oacute;n colectiva, al mismo tiempo hace ver c&oacute;mo los 'limitados' individuos pueden dominar su propia dependencia de las condiciones sociohist&oacute;ricas preexistentes, no trascendiendo su finitud como tal, sino adquiriendo control sobre los objetos de sus necesidades y capacidades hist&oacute;ricamente condicionadas y sobre el proceso de su extensi&oacute;n &#151;el &uacute;nico control y libertad que cuenta desde la posici&oacute;n de vida humana real, finita. De este modo la explicaci&oacute;n del dinamismo hist&oacute;rico hace ver el autoentendimiento radical de los agentes sociales presentes de que la idea de la racionalidad no es otra cosa que la posibilidad radical de sus intercambios pr&aacute;cticos. Sin embargo, si resulta, como he tratado de argumentar, que esta posibilidad a&uacute;n en principio sigue siendo una noci&oacute;n problem&aacute;tica para la teor&iacute;a de la historia (puesto que es poco claro si la presuposici&oacute;n de un dinamismo ilimitado de necesidades permite un estado de 'completa abundancia', aun como una posibilidad abstracta), sin ninguna importancia pr&aacute;ctica para la situaci&oacute;n de hoy d&iacute;a y para las alternativas de los agentes involucrados e invocados, entonces toda la construcci&oacute;n se tambalea. La unidad de la concepci&oacute;n de un dinamismo te&oacute;rico con una noci&oacute;n puramente inmanente de la racionalidad pr&aacute;ctica social se cae en pedazos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Cap&iacute;tulo 4. Producci&oacute;n <i>versus</i> comunicaci&oacute;n: cambio de paradigma en la teor&iacute;a radical</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este cap&iacute;tulo M&aacute;rkus primero examina y critica brevemente el enfoque desarrollado por Jean Baudrillard, centrado en el intercambio simb&oacute;lico, que pretende sustituir el paradigma de la producci&oacute;n por el paradigma del lenguaje y la comunicaci&oacute;n (M&aacute;rkus cita su obra <i>El espejo de la producci&oacute;n).</i> M&aacute;rkus rechaza que este enfoque pueda constituirse en una alternativa radical al marxismo. Una vez hecho esto, analiza el proyecto te&oacute;rico de J&uuml;rgen Habermas que busca, por medio del paradigma del lenguaje, complementar (y no sustituir como Baudrillard) el paradigma de la producci&oacute;n. M&aacute;rkus describe c&oacute;mo Habermas, ante sus propias conclusiones que sostienen que ni la l&oacute;gica de las fuerzas productivas ni las demandas radicales conscientes en su presencia inmediata pueden ser vistas como portadoras de una transformaci&oacute;n social emancipadora, enfrenta la puesta en duda que de ellas se deriva sobre la posibilidad misma de la teor&iacute;a cr&iacute;tica. La respuesta que &eacute;l da, dice M&aacute;rkus, en su esencia misma consiste en pasar del argumento de los intereses de clase al de los <i>intereses de la humanidad</i> como g&eacute;nero <i>(genus)</i> autoconstituido. Esto, dice M&aacute;rkus, disuelve la unidad entre la 'realizabilidad' y la 'deseabilidad' intr&iacute;nseca al planteamiento del historicismo radical de Marx y, por tanto, hace necesario no s&oacute;lo contestar la pregunta sobre su viabilidad sino tambi&eacute;n sobre su validez. Esto llev&oacute; a Habermas a elaborar una <i>antropolog&iacute;a del conocimiento</i> centrada en la distinci&oacute;n entre acci&oacute;n instrumental e interacci&oacute;n comunicativa. La inclusi&oacute;n de la segunda eliminar&iacute;a el supuesto sesgo tecnicista de la concepci&oacute;n de Marx. Por otra parte, apoy&aacute;ndose en las condiciones contrafactuales de la situaci&oacute;n ideal del habla <i>(ideal speech&#45;situation)</i> y de las precondiciones trascendentales de la comunicaci&oacute;n y del entendimiento mutuo, revela las condiciones de una forma de vida ideal al reconocer las normas fundamentales que identificar&iacute;a cualquier persona que quisiera ser considerada racional, proveyendo as&iacute; una respuesta sobre la validez de los objetivos.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n23/a8f5.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;rkus brinda un gran reconocimiento a Habermas al afirmar que su proyecto es un caso &uacute;nico entre todas las variedades del neomarxismo de posguerra. Sin embargo, sostiene M&aacute;rkus, la cr&iacute;tica de Habermas a Marx se basa en un malentendido, ya que el paradigma de la producci&oacute;n no reduce el concepto de desarrollo hist&oacute;rico a la dimensi&oacute;n de crecimiento en el dominio del hombre sobre la naturaleza. M&aacute;rkus recuerda que el concepto de progreso de Marx incluye la ampliaci&oacute;n progresiva de la esfera de interacciones sociales y remite a su obra <i>Marxismo y "antropolog&iacute;a",</i> en la cual me he apoyado centralmente en <i>Ampliar la mirada.</i> Al errar en la cr&iacute;tica, Habermas yerra tambi&eacute;n en la identificaci&oacute;n de su propia innovaci&oacute;n te&oacute;rica, ya que en la medida en la que la introducci&oacute;n del paradigma de la comunicaci&oacute;n sirva s&oacute;lo para <i>demarcar</i> la acci&oacute;n instrumental de la interacci&oacute;n social, sus intenciones quedan completamente dentro de la ortodoxia marxiana. El profesor em&eacute;rito de filosof&iacute;a de la Universidad de Sydney sostiene que, por lo anterior, Habermas no se percata de la novedad de su teor&iacute;a. La fuerza real de esta interpretaci&oacute;n, que concibe las interacciones y las relaciones sociales como aquellas de la comunicaci&oacute;n, sostiene M&aacute;rkus, radica en que a trav&eacute;s de ella la distinci&oacute;n misma de Marx entre lo t&eacute;cnico y lo social <i>sensu stricto</i> adquiere un nuevo significado: la dicotom&iacute;a adquiere un car&aacute;cter <i>normativo.</i> M&aacute;s adelante M&aacute;rkus a&ntilde;ade que ello hace posible descubrir aquellas normas cuya realizaci&oacute;n es necesaria, aunque contrafactualmente est&aacute;n presupuestas en cada acto de entendimiento humano mutuo, como condici&oacute;n de su posibilidad y validez. Estas normas constituyen, contin&uacute;a M&aacute;rkus, un criterio suficiente para distinguir entre consenso verdadero y falso (lo que hace posible la cr&iacute;tica de la comunicaci&oacute;n institucionalmente distorsionada) y para definir el ideal de una comunidad cuya forma de vida ser&iacute;a la realizaci&oacute;n efectiva de dichas normas. &Eacute;sta parece ser la idea central de Habermas que unifica su teor&iacute;a, concluye M&aacute;rkus en la presentaci&oacute;n de la postura de dicho autor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pasando a su evaluaci&oacute;n, indica que la pregunta que destaca es: &iquest;en qu&eacute; medida puede la reflexi&oacute;n sobre las condiciones necesarias y universales del entendimiento mutuo a trav&eacute;s de actos de comunicaci&oacute;n revelar o crear normas tales que sean capaces de cumplir el doble papel de est&aacute;ndares cr&iacute;ticos para el an&aacute;lisis sociohist&oacute;rico y de objetivos ideales para la actividad pr&aacute;ctica social&#63; Para ponerlo crudamente &#151;contin&uacute;a el profesor em&eacute;rito&#151; el argumento de Habermas parece depender del supuesto de que cada acto comunicativo (como algo distintivo de los usos monol&oacute;gicos del lenguaje) necesariamente presupone no s&oacute;lo la validez de tales reglas <i>formales,</i> como la de veracidad, sino tambi&eacute;n la validez de ciertas normas <i>materiales,</i> entre las cuales resulta b&aacute;sica la 'norma de reciprocidad'. De acuerdo con ella, para todos los posibles participantes deber&iacute;a haber una distribuci&oacute;n sim&eacute;trica de oportunidades de escoger y realizar actos de habla. As&iacute; formulada, comenta M&aacute;rkus, parece un malentendido, puesto que en muchos actos de comunicaci&oacute;n (como dar &oacute;rdenes) no hay una distribuci&oacute;n rec&iacute;proca de los papeles de habla, y ya que la simetr&iacute;a postulada s&oacute;lo puede ser concebida, en el mejor de los casos, como la precondici&oacute;n necesaria de un &uacute;nico tipo de comunicaci&oacute;n, la del discurso de debate tal como se encuentra personificada en el ideal de la filosof&iacute;a. Habermas y Apel insisten en que este tipo de discurso no es uno m&aacute;s de los posibles juegos del lenguaje <i>(language&#45;games),</i> sino que constituye una meta&#45;instituci&oacute;n impl&iacute;cita en todos ellos, puesto que suponen que en cada acto de comunicaci&oacute;n el hablante asume una <i>obligaci&oacute;n</i> impl&iacute;cita de ofrecer, si fuese necesario, evidencia de sus afirmaciones emp&iacute;ricas y justificaci&oacute;n de las normativas. Es justamente este punto central de toda la construcci&oacute;n el que parece cuestionable, arguye M&aacute;rkus, pues este entendimiento de las condiciones universales de comunicaci&oacute;n contradice las condiciones emp&iacute;ricas de realizabilidad de <i>cualquier</i> acto de entendimiento mutuo. Las condiciones de la situaci&oacute;n ideal del habla, si se igualan con las del discurso radical, representan &uacute;nicamente el ideal trascendental, que no s&oacute;lo no es realizable sino que ni siquiera puede ser aproximado, es decir, que no resulta utilizable como est&aacute;ndar cr&iacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Julio Boltvinik, <i>Ampliar la mirada. Un nuevo enfoque de la pobreza y el florecimiento humano</i> (Siglo XXI, en prensa). El libro se basa en mi tesis doctoral que, con el mismo t&iacute;tulo, present&eacute; en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social&#45;Occidente en abril de 2005. V&eacute;ase en este mismo n&uacute;mero mi ensayo "Cr&iacute;tica de la econom&iacute;a pol&iacute;tica de la pobreza" para un panorama de conjunto de dicho trabajo.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Gy&ouml;rgy M&aacute;rkus, <i>Marxismo y 'antropolog&iacute;a',</i> Grijalbo, Barcelona, 1973, y M&eacute;xico, 1985. Traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol de Manuel Sacrist&aacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2732515&pid=S1607-050X200700010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> John Grumley, "Introduction. The Paradoxes of Philosophy: Gy&ouml;rgy M&aacute;rkus at Sydney University", en John Grumley, Paul Crittenden y Pauline Johnson, <i>Culture and Enlightenment. Essays for Gy&ouml;rgy M&aacute;rkus,</i> Ashgate, Aldershot, Reino Unido, 2002, pp. 1&#45;11; p. 1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2732517&pid=S1607-050X200700010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> D. Reidel Publishing Company, Dordrecht, Pa&iacute;ses Bajos, 1986, 190 pp.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> He aqu&iacute; el origen de la subordinaci&oacute;n de lo social a lo econ&oacute;mico, de las necesidades al mercado y a la valorizaci&oacute;n del capital.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Esta reificaci&oacute;n es la que lleva a cabo Amartya Sen al convertir las capacidades econ&oacute;micas del individuo en sus &uacute;nicas capacidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Algo as&iacute; como la definici&oacute;n de cu&aacute;les valores de uso han de producirse en el segundo campo institucional y su operaci&oacute;n t&eacute;cnica en el primero. La definici&oacute;n de los fines sociales en el segundo y la aplicaci&oacute;n t&eacute;cnica de los medios necesarios para alcanzarlos en el primero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor:</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Julio Boltvinik.</b> Profesor&#45;investigador desde 1992 del Centro de Estudios Sociol&oacute;gicos de El Colegio de M&eacute;xico (Colmex). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) desde 1993 (actualmente nivel III). Obtuvo la licenciatura y dos maestr&iacute;as en econom&iacute;a y es doctor en ciencias sociales por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social (CIESAS)&#45;Occidente, y se concibe como <i>pobret&oacute;logo</i>. Ha dedicado m&aacute;s de 25 a&ntilde;os a estudiar y a combatir la pobreza. Sus libros m&aacute;s recientes son <i>&Iacute;ndice de progreso social</i> (coautores: Amartya Sen y Meghnad Desai) (PNUD, 1992), reeditado por el CIICH, UNAM, 1998; <i>Pobreza y estratificaci&oacute;n social en M&eacute;xico</i> (INEGI, 1995); <i>Pobreza y distribuci&oacute;n del ingreso en M&eacute;xico</i> (coautor: Enrique Hern&aacute;ndez Laos) (Siglo XXI, 1999); <i>La pobreza en M&eacute;xico y el mundo</i> (Siglo XXI, 2004, co&#45;coordinadora: Araceli Dami&aacute;n); y <i>Ampliar la mirada. Un nuevo enfoque de la pobreza y el florecimiento humano</i> (CIESAS&#45;Colmex&#45;CIECAS&#45;Siglo XXI, en prensa). De 2003 a 2006 fue diputado federal por el Partido de la Revoluci&oacute;n Democr&aacute;tica (PRD). Entre 1988 y 1991 fue coordinador t&eacute;cnico/director del "Proyecto regional para la superaci&oacute;n de la pobreza en Am&eacute;rica Latina" del PNUD. Desde 1995 escribe en <i>La Jornada</i> la columna semanal <i>Econom&iacute;a moral</i>. Recibi&oacute; el Premio Nacional de Periodismo Ciudadanizado (2001) y el premio a la mejor tesis doctoral en antropolog&iacute;a social (INAH, 2006).</font></p>      ]]></body>
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