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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La mitad del Universo: La fuerza femenina en los códices mixtecos]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La mitad del Universo. La fuerza femenina en los c&oacute;dices mixtecos</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Salvador Rueda Smithers</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Cecilia rossell y Mar&iacute;a de los &aacute;ngeles Ojeda, 2003. <i>Las mujeres y sus diosas en los c&oacute;dices prehisp&aacute;nicos de Oaxaca.</i> Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social, Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a, M&eacute;xico.</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="left"><font face="verdana" size="2"><i>Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, M&eacute;xico&#45;Distrito Federal</i>. <a href="mailto:salvadorrueda@hotmail.com">salvadorrueda@hotmail.com</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n22/a11f1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los dioses celestes viven arriba, sobre la franja de la que cuelgan los astros, en el techo del mundo; abajo, los hombres pueblan el plano horizontal de la Tierra. El inframundo es el lugar de los muertos y de las divinidades fr&iacute;as y acu&aacute;ticas. As&iacute; urdieron su cosmograf&iacute;a los ind&iacute;genas mesoamericanos antes del contacto con los europeos. Esa forma del orden que explicaba la estructura vertical del Universo era reflejo de uno de los arquetipos m&aacute;s antiguos y duraderos de la historia humana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este mapa mental del orden se&ntilde;ala que el mundo no siempre fue as&iacute;. En el origen, antes de la creaci&oacute;n del tiempo y de la invenci&oacute;n del calendario, la inm&oacute;vil deidad pareja, con su doble naturaleza femenina y masculina, decidi&oacute; partir al Universo y unir sus distintos niveles en sus extremos, en los ejes del Cosmos: en los planos superiores quedaron las fuerzas masculinas, calientes, luminosas, secas; en los invisibles bajo tierra, los poderes femeninos, oscuros, h&uacute;medos, los relacionados con la muerte. Universo din&aacute;mico que juntaba ambas fracciones de la naturaleza a trav&eacute;s de esos <i>axis mundi</i> para crear el ciclo de la vida y la fertilizante muerte; la idea de un tiempo que corre a velocidades distintas para los dioses y para los hombres influ&iacute;a en el territorio de las creaturas: estrellas, animales, plantas, piedras, los seres humanos...</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n22/a11f2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque invisibles, los dioses fueron descritos f&iacute;sicamente, pl&aacute;sticamente: no se descuid&oacute; representarlos cargados de signos de identidad; con cuidado en los detalles se reprodujeron maneras, colores, gestos, circunstancias, atav&iacute;os, entre otras caracter&iacute;sticas que se conocen o que se adivinan y que daban cuerpo a un vocabulario cuya lectura conjuntaba el aprendizaje de los c&oacute;digos art&iacute;sticos y la memorizaci&oacute;n de sus largas biograf&iacute;as. Adem&aacute;s, los dioses eran previsibles: su ubicaci&oacute;n en el Cosmos marcaba las vidas de los hombres, sus costumbres religiosas y sus pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas. Esta cosmogon&iacute;a era sobre todo una teogon&iacute;a. Y la historia envuelta en esta teogon&iacute;a se desdoblaba en el trazo de l&iacute;neas geneal&oacute;gicas que legitimaban dinast&iacute;as gobernantes y en relatos un poco amargos del poder.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El complicado entramado de fuerzas divinas y sus extensiones terrestres y humanas es el n&uacute;cleo de la aventura interpretativa a que invitan Cecilia Rossell y Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles Ojeda D&iacute;az en su libro <i>Las mujeres y sus diosas en los c&oacute;dices prehisp&aacute;nicos de Oaxaca.</i> Su punto de partida permite entender extra&ntilde;as historias de s&iacute;mbolos y de ejercicios pautados del poder: encaminadas al estudio de las fuerzas femeninas, orientan a la comprensi&oacute;n de la mitad del Universo, el de las divinidades maternas, de sus lugares en el pante&oacute;n antiguo, sus caracter&iacute;sticas singulares y proyecciones generales de fertilidad y muerte, sus facetas guerreras y los modelos femeninos que determinaban conductas y vidas completas en una sociedad preocupada por mantener el equilibrio del Cosmos, siendo a su vez el manjar de los dioses.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Autoras de un buen n&uacute;mero de estudios especializados sobre los documentos pictogr&aacute;ficos ind&iacute;genas, Rossell y Ojeda buscan ahora ampliar el horizonte de lectores por medio de un libro de divulgaci&oacute;n que llega a los simples interesados en la historia antigua de Mesoam&eacute;rica. Por cierto que este libro no se rebaja a la autocomplacencia de las descripciones f&aacute;ciles, sino que busca dar un paso adelante de los conocidos an&aacute;lisis ya cl&aacute;sicos de Alfonso Caso y sus revisionistas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rossell y Ojeda escogieron elaborar sus explicaciones a trav&eacute;s del fascinante y todav&iacute;a abierto estudio de los documentos pictogr&aacute;ficos oaxaque&ntilde;os. De estilo iconogr&aacute;fico conocido como Mixteca&#45;Puebla, "compartido por varias etnias que lo adaptaron a su cultura visual y a sus lenguas", la exactitud de sus trazos que abreviaban s&iacute;mbolos y la riqueza de sus paletas se desdoblaron hacia el &uacute;ltimo tramo prehisp&aacute;nico como un <i>estilo internacional</i> que abarc&oacute; todo el altiplano central de M&eacute;xico. Estos c&oacute;dices fueron, quiz&aacute;s, el cuerpo narrativo de la civilizaci&oacute;n ind&iacute;gena desde el Epicl&aacute;sico (700&#45;900 d.C.), con pleno desarrollo durante el Poscl&aacute;sico (900&#45;1500 d.C.) hasta mediados del siglo XVI.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dos conjuntos de documentos de este estilo sobrevivieron a la incuria y a las violencias de la historia: el Grupo Borgia y los c&oacute;dices mixtecos, "valioso acervo con doce de los diecisiete c&oacute;dices prehisp&aacute;nicos que sobrevivieron a la destrucci&oacute;n causada por la invasi&oacute;n europea. Sus relatos, relacionados entre s&iacute; por narrar distintos fragmentos de una misma historia, permiten reconstruir secuencias din&aacute;sticas y aun completar perfiles biogr&aacute;ficos".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las autoras dividieron el trabajo en dos ensayos principales &#151;los dos primeros cap&iacute;tulos&#151; y un glosario de divinidades a manera de apoyo. El primer cap&iacute;tulo, de Cecilia Rossell, toma como base el an&aacute;lisis iconogr&aacute;fico y epigr&aacute;fico de las primeras ocho a nueve p&aacute;ginas del <i>C&oacute;dice Selden,</i> de las llamadas <i>Historias de linajes</i> o <i>Tonindeye</i> (t&eacute;rmino que, por su significado literal, recuerda a Shakespeare: "relatos de reyes difuntos") del Grupo Borgia, y completa su reconstrucci&oacute;n con las secuencias paralelas del <i>C&oacute;dice Vindobonensis, el Becker I</i> y el <i>C&oacute;dice Colombino.</i> La historia que aqu&iacute; se cuenta es parte de la del reino de <i>Yucu A&ntilde;ute</i> o Xaltepec en la <i>lingua franca</i> n&aacute;huatl, en una suerte de culto a los ancestros por medio de la lectura de escritos m&iacute;ticos, &eacute;picos y biogr&aacute;ficos que pueblan la historiograf&iacute;a prehisp&aacute;nica de la Gente de las Nubes &#151;significado del gentilicio <i>mixtecos</i>&#151;. En ellos se narran desde el origen m&iacute;tico de dos ancestros que nacen de la tierra y de un &aacute;rbol, los rituales que explican el car&aacute;cter poderoso y sagrado del fundador del linaje, la sucesi&oacute;n y alternancia de gobernantes entre las l&iacute;neas femeninas y masculinas, "hasta llegar al siglo XI, cuando en la tercera dinast&iacute;a resalta la participaci&oacute;n de tres grandes mujeres: la reina 9 Viento &#151;<i>Q Chi</i>&#151;, de su hija, la princesa guerrera 6 Mono &#151;<i>&Ntilde;u &Ntilde;uu</i>&#151; y la poderosa sacerdotisa 9 Hierba &#151;<i>Q Cua&ntilde;e</i>&#151;, quien era su consejera y protectora".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un pertinente par&eacute;ntesis de entrada permite al lector com&uacute;n entrar en los cotos vedados de la especializaci&oacute;n: Rossell explica de manera sencilla estilos, formas, facturas y sistemas de escritura de los documentos pictogr&aacute;ficos ind&iacute;genas, llave primera para quien se acerca a este <i>arte de la escritura</i> &#151;atracci&oacute;n que movi&oacute; a Lord Kingsborough y al pintor Agostino Aglio durante la primera mitad del siglo XIX, gracias a quienes existen copias que permiten reconstruir fragmentos ahora casi perdidos, como informaba Caso en su estudio sobre el <i>C&oacute;dice Selden</i>&#151;. En pocas palabras, Rosell introduce al lector profano a ese inquietante universo de la escritura de una civilizaci&oacute;n desaparecida: las pictograf&iacute;as prehisp&aacute;nicas lo mismo se mov&iacute;an en la representaci&oacute;n expresionista de las cosas tangibles, que escond&iacute;an detr&aacute;s de l&iacute;neas, colores, gestos o indumentaria los m&aacute;s complejos atributos de los dioses y las met&aacute;foras de la guerra, la alianza pol&iacute;tica o el paso del mundo invisible de las divinidades al visible de los mortales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La investigaci&oacute;n se desarroll&oacute; alrededor "de la reconstrucci&oacute;n del contenido del c&oacute;dice, a trav&eacute;s de la lectura sem&aacute;ntica o del sentido de las im&aacute;genes" mediante la aplicaci&oacute;n de algunas t&eacute;cnicas iconogr&aacute;ficas. La comparaci&oacute;n de las figuras de las im&aacute;genes del <i>Selden</i> con las de otros documentos permiti&oacute; la identificaci&oacute;n de sus significados posibles. La lectura de las inscripciones es el paso de entrada para conocer los valores fon&eacute;ticos en su lengua original, el <i>dzavui</i> o mixteco. De hecho, &eacute;sta es una de las singularidades de la propuesta de Rosell y Ojeda: regresar a la musicalidad, los ritmos y los signos, las literalidades y las met&aacute;foras de la lengua que en su origen les dio significado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rossell nos descubre un orden de la escritura y la existencia de reglas del relato: las historias de linajes reales ten&iacute;an sus normas narrativas: poseen "una estructura semejante que tiene su comienzo a partir de un origen m&iacute;tico, con el nacimiento milagroso del ancestro que da principio a la dinast&iacute;a del lugar". El <i>illo tempore</i> inicial abre un abanico cronol&oacute;gico que remonta a los siglos VII y VIII, verdadero puente entre la declinaci&oacute;n de los grandes centros del periodo Cl&aacute;sico y el florecimiento de grupos como el mixteco. La mayor&iacute;a de las veces, despu&eacute;s de presentar el comienzo m&iacute;tico, se cuentan los primeros sucesos del proceso de formaci&oacute;n del poder din&aacute;stico por medio de guerras, alianzas y matrimonios que siempre tienen ubicaci&oacute;n geogr&aacute;fica &#151;ciudades, templos, cerros, cuevas, r&iacute;os&#151;. En este sentido, el g&eacute;nero narrativo corresponde a haza&ntilde;as de los ancestros, en el lindero de la historia y el mito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autora de este ensayo ofrece, a modo de hip&oacute;tesis, una conjetura plausible: se trata de relatos que conten&iacute;an un fondo ejemplar, &eacute;tico y ritual, "porque es muy probable que las vidas de sus principales protagonistas se hayan tomado como modelos ejemplares y arquet&iacute;picos para los soberanos, sacerdotes y guerreros que les sucedieron &#151;para los hombres y para las mujeres que desempe&ntilde;aron estos papeles&#151;, por lo que hab&iacute;a que mostrar detenidamente el ciclo de sus rituales y sacrificios, conflictos y alianzas, ceremonias y matrimonios, remarcando sobre todo sus principales logros. &#91;...&#93; Pero no as&iacute; los hechos nefastos, ya que se trata de historias triunfantes, donde se omiten las dificultades que no obtuvieron una soluci&oacute;n positiva o incluso la muerte de sus protagonistas, a menos que cumplieran una funci&oacute;n aclaratoria dentro de la secuencia del linaje".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s del &eacute;nfasis en el detalle narrativo hist&oacute;rico de los sucesos, el recuento de los hechos se sustituye por el desfile de genealog&iacute;as: menci&oacute;n pict&oacute;rica de alianzas matrimoniales, descendencias, movilidad geogr&aacute;fica de las fuerzas din&aacute;sticas, entre otros asuntos se&ntilde;alados escuetamente en los documentos, de los cuales el componente oral memorizado se ha perdido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La extensi&oacute;n temporal de los relatos pintados, la indudable relaci&oacute;n narrativa de sus contenidos y el desfile de personajes heroicos que se repiten, empuja a imaginar un hecho inquietante aunque tal vez incomprobable: a despecho de lo que hasta ahora se ha afirmado &#151;entre el aserto de los antiguos cronistas que mencionan la enorme destrucci&oacute;n intencionada de pinturas y documentos ind&iacute;genas, y la indudable habilidad singular de una t&eacute;cnica de pintura y escritura&#151;, es posible conjeturar que algunos documentos, como las historias de linajes <i>dzavui,</i> no hubiesen sido tan numerosos como se ha pensado, y que los c&oacute;dices "hist&oacute;ricos" que hoy se pueden consultar no son apenas jirones de vastas bibliotecas pictogr&aacute;ficas sino un n&uacute;mero representativo de los que en realidad existieron. Cuando menos su l&iacute;mite cuantitativo fue planteado desde su prop&oacute;sito original, en s&iacute; mismo elitista: "Al parecer &#151;afirma Rossell&#151;, era un privilegio de los se&ntilde;or&iacute;os victoriosos escribir su historia como un atributo de su hegemon&iacute;a, pues los relatos que llegaron hasta nosotros son de aquellos linajes que a&uacute;n conservaban el poder a la llegada de los espa&ntilde;oles &#151;incluso a pesar de la intervenci&oacute;n de los aztecas en la Mixteca poco antes&#151;. Por lo que tal vez podr&iacute;a presumirse que a los vencidos en la guerra les destru&iacute;an sus registros o les imped&iacute;an continuar con ellos".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es decir, han llegado a nuestra &eacute;poca sin demasiada p&eacute;rdida aquellos c&oacute;dices que hablaban de linajes vivos en el siglo XVI y no de aqu&eacute;llos cuyas historias se hab&iacute;an cancelado antes de la llegada de los conquistadores mexicas y espa&ntilde;oles. La destrucci&oacute;n mayor de los libros pintados con contenido pol&iacute;tico ser&iacute;a, como en el caso de Izc&oacute;atl en el centro de M&eacute;xico hacia el mediod&iacute;a del siglo XV, durante el periodo prehisp&aacute;nico y no posteriormente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rossell entra de lleno al coraz&oacute;n de su an&aacute;lisis explicando el car&aacute;cter de la fuerza femenina primordial que aparece en los relatos: es una de las energ&iacute;as creadoras, <i>Omecihuatl</i> &#151;Mujer Dual&#151;, parcela de una divinidad andr&oacute;gina que desdoblaba sus mitades femenina y masculina como principio de todos los dioses. Dioses que pl&aacute;sticamente mostraban su antig&uuml;edad gen&eacute;sica al ser representados como viejo y vieja, ancianos portadores de largos penachos. Su lugar era el m&aacute;s alto de los cielos, donde permanec&iacute;an inm&oacute;viles; no necesitaban dinamismo, pues eran anteriores al correr del tiempo del calendario. Debajo de ellos, tambi&eacute;n encima de las estrellas &#151;si atendemos a las figuras del <i>C&oacute;dice Vindobonensis</i>&#151;, otras dos ancianas parejas, la tercera de ellas ya portadora de nombres calend&aacute;ricos y atributos de los dioses del viento, inventor de la escritura, cargador del Cosmos y creador del hombre, y de la muerte, destino final del fluir de la fuerza divina que se recrea y fenece.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Apoala, R&iacute;o de los Linajes, del &Aacute;rbol Sagrado, eje del mundo, nacieron la primera mujer y el primer hombre, en ese orden si leemos la imagen del mismo <i>Vindobonensis.</i> Estos primeros humanos son la semilla de los linajes de la Mixteca. Otros m&aacute;s nacieron de la tierra. Alguna otra pareja de dioses, en un relato proporcionado por el <i>C&oacute;dice Selden</i> (que recuerda el origen de los chalcas que rescata Chimalpain en otra latitud del mundo prehisp&aacute;nico), desciende del cielo sobre un cerro abierto por un dardo y al que se liga el Se&ntilde;or 11 Agua, cabeza de linaje. El c&oacute;dice consigna tambi&eacute;n que el Se&ntilde;or 2 Hierba naci&oacute; de otro &aacute;rbol sagrado, de cuyas ramas cuelgan serpientes c&oacute;smicas. Rossell sugiere que ambas tradiciones m&iacute;ticas surgieron hist&oacute;ricamente de la existencia de un mito gen&eacute;sico muy antiguo en la zona con la superposici&oacute;n de otro que impusieron grupos externos que conquistaron la zona y fundaron dinast&iacute;as propias: "junto con la invasi&oacute;n militar, ponen en marcha mecanismos para establecerse, entre los que se encontraban desde la concertaci&oacute;n de alianzas con los antiguos se&ntilde;ores mixtecos hasta la realizaci&oacute;n de matrimonios con los miembros de la nobleza local. Con ello forman una poderosa dinast&iacute;a, la de los nuevos se&ntilde;ores de la Mixteca, quienes habr&iacute;an de unir a la estirpe de los hombres que nacen de los &aacute;rboles con la de aquellos que provienen de la tierra".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es posible que el vac&iacute;o de informaci&oacute;n &#151;y de hip&oacute;tesis y conjeturas&#151; que explicar&iacute;an el final del mundo urbano del Cl&aacute;sico (con Teotihuacan y Monte Alb&aacute;n dominando en los valles del centro y sur) y el inicio de la etapa del poder en otras ciudades &#151;como Cholula&#151; pueda comenzar a llenarse con la epigraf&iacute;a de estos raros documentos y las supervivencias culturales de algunos s&iacute;mbolos y convenciones pl&aacute;sticas, como el signo del a&ntilde;o entre los mixtecos. Pero tambi&eacute;n surgieron t&eacute;cnicas de pintura y lectura propios: una de las caracter&iacute;sticas &uacute;nicas de los c&oacute;dices prehisp&aacute;nicos de esta zona es la de proporcionar los nombres propios y los sobrenombres calend&aacute;ricos de sus personajes. Lo que en los documentos de otras latitudes se obviaba &#151;ya fuera por razones de tab&uacute; o por econom&iacute;a narrativa&#151;, en los estudiados por Rossell y Ojeda resulta en una de las formas de la complejidad cultural y de atenci&oacute;n en la escritura que pl&aacute;sticamente se resuelve en signos&#45;atav&iacute;o. El sobrenombre se representaba con una figura pintada cerca de o en la cabeza del personaje.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n22/a11f3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hacia finales del siglo VII fue la Se&ntilde;ora 1 Muerte <i>Ca Mahu,</i> Adorno del Sol, quien naci&oacute; de un portentoso &aacute;rbol llameante. Se trata de la &uacute;nica mujer consignada en los c&oacute;dices prehisp&aacute;nicos que es ancestro m&iacute;tico y origen de una dinast&iacute;a femenina. En estos relatos de comienzo se relaciona con detalle la factura del bulto sagrado &#151;en el caso del <i>Selden,</i> por personajes ancianos&#151; y los rituales por los que el protagonista tiene acceso al poder (acciones como el di&aacute;logo de sacerdotes y dioses, gobernantes y hombres&#45;dioses que arrojan ofrendas a los r&iacute;os), y las ceremonias de matrimonio que explicar&iacute;an el valor de la alianza de sangre en la conjunci&oacute;n y afianzamiento de los linajes. Los ritos de iniciaci&oacute;n, r&iacute;gidamente pautados, repart&iacute;an las fuerzas divinas que deb&iacute;an cubrir a los gobernantes: los hombres dirigidos por las fuerzas de arriba, celestes, solares diurnas, lum&iacute;nicas; las mujeres hacia abajo, al inframundo, el lugar fr&iacute;o de la muerte, oscuro y nocturno, asiento de la Se&ntilde;ora 9 Hierba, nombre de divinidad y de mujer diosa.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n22/a11f4.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El bulto sagrado con las reliquias portadoras de fuerza era el instrumento de uni&oacute;n cosmog&oacute;nica: uno de ellos representa a Xochiquetzal&#45;<i>Ita</i> <i>Tnumii,</i> arquetipo de conductas femeninas, patrona de las mujeres nobles, las pintoras&#45;escribanas y las guerreras. Rossell sugiere que pudo ser una costumbre ritual que no s&oacute;lo marc&oacute; la biograf&iacute;a del primer ancestro y el comienzo de la hegemon&iacute;a de una dinast&iacute;a o de una ciudad, sino que debi&oacute; repetirse con la ronda de las generaciones de gobernantes; sin embargo, a&ntilde;ade, la econom&iacute;a del relato marcaba sus reglas en el arte de escribir pintando: el lectorrapsoda podr&iacute;a repetir de memoria el ritual en cada sucesi&oacute;n gobernante sin que se hiciera necesario consignarlo en el documento. Asimismo, la naturaleza de los linajes queda al descubierto en la lectura propuesta por Rossell: aunque predominantemente patrilineales, "en el caso de que no existieran descendientes varones, entonces el trono lo pod&iacute;a heredar una hija; pero que en ello sol&iacute;an surgir dificultades, ya que cuando ella contra&iacute;a matrimonio, su reino pasaba a incorporarse al de su marido. Sin embargo, &#91;...&#93; esto suced&iacute;a s&oacute;lo cuando se trataba del gobernante de un reino m&aacute;s poderoso que el de ella". Tal fue el caso, al parecer, del gobierno de la Se&ntilde;ora 6 Mono en la Mixteca &#151;o de la cacique guerrera de Cholula al amanecer del periodo virreinal, seg&uacute;n mostraron en su lectura del lienzo de ese lugar Luis Reyes y Francisco Gonz&aacute;lez Hermosillo&#151;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n se devela la geograf&iacute;a del poder, sin la cual el sentido del linaje quedar&iacute;a en el plano puramente m&iacute;tico y narrativo: se explica Tilantongo, ciudad sagrada, depositaria y dispensadora de fuerza pol&iacute;tica y religiosa, polo alrededor del cual giraban los se&ntilde;or&iacute;os de Xaltepec, y los espacios&#45;puente entre el territorio de los dioses y el de los hombres, a los que se tiene acceso ritualmente, como Mictlantongo o Templo de la Muerte, o la Cueva del Murci&eacute;lago, o el Lugar del Cr&aacute;neo, donde se dirim&iacute;an los conflictos sucesorios, o las aberturas que llevaban al interior de la tierra &#151;como el viaje de la Se&ntilde;ora 6 Mono del <i>C&oacute;dice Selden&#151;</i>, o los juegos de pelota como puertas del inframundo. En este entorno, las mujeres gobernantes, guerreras y sacerdotisas que aparecen en los c&oacute;dices estudiados por Rossell y Ojeda, ten&iacute;an una relaci&oacute;n estrecha con las diosas protectoras, no s&oacute;lo por su pertenencia a familias dominantes o aun por su conexi&oacute;n con alguna fuerza divina por medio de la influencia calend&aacute;rica, sino precisamente por ser mujeres &#151;se&ntilde;al de g&eacute;nero que este libro permite entender sin extremar las interpretaciones propuestas como uno de los mecanismos dinamizadores del pante&oacute;n prehisp&aacute;nico&#151;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lectura de las pictograf&iacute;as dista de ser completa. Muchas son las dudas y las lagunas que se cubren apenas con esbozos de hip&oacute;tesis. Sin embargo, la comparaci&oacute;n con las historias paralelas de los distintos libros pintados, con un margen de equivocaci&oacute;n razonable, permite establecer relaciones y complementar las l&iacute;neas generales de la historia. "Lo que hab&iacute;a sucedido en el &aacute;mbito de las deidades y las mujeres&#45;diosas en el tiempo de los or&iacute;genes, y que qued&oacute; registrado en el relato de los mitos, se representa en los rituales donde se imitaban estos actos ejemplares. Pero tambi&eacute;n se reproduc&iacute;a en el comportamiento de los miembros femeninos de la nobleza, las cuales se ubicaban en un plano intermedio entre los seres sobrenaturales y los humanos, por lo que debi&oacute; haber repercutido en la vida y la conducta de todas las mujeres en general." Esta &uacute;ltima afirmaci&oacute;n es, tal vez, uno de los puntos menos convincentes del ensayo de Rossell: los comportamientos normados por los arquetipos que cubren la totalidad de las vidas no pasa de ser una conjetura generalizadora que, en todo caso, habr&aacute; que probar con el mismo rigor con el que las autoras ofrecen a lo largo del libro lecturas e interpretaciones de lo femenino en diosas y gobernantes, &eacute;stas s&iacute; convincentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el mismo tenor comienza el segundo cap&iacute;tulo, de Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles Ojeda D&iacute;az, que trata sobre las diosas del <i>C&oacute;dice Borgia.</i> Plantea que sus atributos y caracter&iacute;sticas proyectan arquet&iacute;picamente valores y maneras de las mujeres mixtecas del &uacute;ltimo tramo de historia prehisp&aacute;nica. Con fortuna, invierte los t&eacute;rminos de la conjetura y se plantea como rec&iacute;proca correspondencia. A ello le permite la riqueza esencial del pante&oacute;n ind&iacute;gena: "Hasta los conjuntos de cualidades, funciones, procesos y conductas se personificaron en sus dioses. En este esquema de organizaci&oacute;n numen&iacute;stico explicado en la mitolog&iacute;a, la mujer aparece en igualdad con el hombre." Su punto de partida es la distinci&oacute;n de g&eacute;nero: ser mujer implicaba tener "su propia filosof&iacute;a de vida en la que inclu&iacute;an ciertos poderes, cualidades o bienes inherentes a su feminidad. En este sentido, ten&iacute;an sus propios espacios, cultos y rituales y es factible que tuvieran cofrad&iacute;as y clanes donde se ayudaran unas a otras en la b&uacute;squeda de estas cualidades y poderes contenidos en su feminidad". El arquetipo, en estas mentalidades que rodeaban las conductas y conceptos en torno a la religi&oacute;n, se volv&iacute;a canon de individuos y de su cifra social: "no se llega a ser verdaderamente mujer &#151;u hombre&#151; salvo imitando a los dioses, viviendo de acuerdo con modelos extrahumanos o teotipos". Afirmaci&oacute;n inquietante la de Ojeda D&iacute;az, toda vez que regresa a la discusi&oacute;n la inexistencia de una idea de destino individual a la manera occidental, y propone como contraparte la de un c&oacute;digo religioso que refleja &#151;y en esa medida determina&#151; la vida y la historia: la mujer y el hombre forman parte de la teodisea que da sentido y movimiento al universo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para saber si son razonables estas hip&oacute;tesis sobre el modelo divino y, en particular, en la diferenciaci&oacute;n del g&eacute;nero, y a diferencia de estudios previos sobre los documentos ind&iacute;genas que buscan lecturas "literales", en este caso privilegia el an&aacute;lisis de los glifos &#151;desde bases metodol&oacute;gicas de la iconograf&iacute;a&#151; de las ocho diosas que registra el <i>C&oacute;dice Borgia,</i> y utiliza s&oacute;lo como apoyo la informaci&oacute;n etnohist&oacute;rica posterior a la Conquista. A manera de respaldo de sus lecturas, acude a otros c&oacute;dices del Grupo <i>Borgia</i> y del <i>Vindobonensis.</i> Las ocho diosas cuyas caracter&iacute;sticas iconogr&aacute;ficas y religiosas repasa Ojeda D&iacute;az son <i>&Ntilde;u &Ntilde;uhu</i> (Tlazolt&eacute;otl), <i>&Ntilde;u Ita Tnumii</i> (Xochiquetzal), <i>&Ntilde;u Yavui</i> (Mayahuel), <i>&Ntilde;u Dziyo Yuu Cuii</i> (Chalchiuhtlicue), <i>Dzehe &Ntilde;uhu</i> (Cihuat&eacute;otl), <i>&Ntilde;u Te&#45;Cuvua Yuu Tnoo</i> (Itzpapalotl), <i>&Ntilde;u Huahi</i> (Chantico), y <i>&Ntilde;u Andaya</i> (Mictanc&iacute;huatl), a lo largo de 180 iconos que, fiel al prop&oacute;sito de divulgaci&oacute;n del libro, desglosa sin los retru&eacute;canos que hacen inaccesibles otros estudios. Todas las diosas pertenec&iacute;an al pante&oacute;n global de las culturas del centro de M&eacute;xico, por lo que su an&aacute;lisis resulta doblemente provechoso.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Comienza con <i>&Ntilde;u</i> <i>&Ntilde;uhu</i>&#45;Tlazolt&eacute;otl, diosa en la que "convergen casi todos los atributos propios de la gran madre&#45;tierra, de tal manera que en el <i>C&oacute;dice Borgia</i> podemos rastrear iconogr&aacute;ficamente im&aacute;genes que nos llevan a concepciones tel&uacute;ricas muy antiguas, antecedentes directos de las diosas&#45;madres". Su figura, en el centro de la Tierra, es fertilizada por el agua que le arroja el dios del agua <i>&Ntilde;u Dzavui</i> (Tl&aacute;loc) <i>(Borgia),</i> trabaja el parto con el cuerpo en la tierra y la cabeza en el aire (Laud), es madre madura y protectora, y es tambi&eacute;n mujer guerrera (Cospi). Su desdoblamiento es visible en algunos momentos de las vidas femeninas: elementos identitarios, como la madeja de algod&oacute;n en su tocado, o la pintura facial, fueron dibujados para recordar hechos de mujeres armadas y en posici&oacute;n de pelear (Laud).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n22/a11f5.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&Ntilde;u Ita Tnumii</i>&#45;Xochiquetzal es la amante divinizada, joven que descubre su potencial sexual; es asimismo diosa tutelar del canto, la danza, la alegr&iacute;a, las flores, patrona de pintores, bordadoras, tejedoras, escultores y plateros. De sus cabellos naci&oacute; la primera mujer&#45;diosa, madre del dios Cinteotl. Fue tambi&eacute;n una divinidad belicosa (Cospi), y su nombre es el de la primera mujer muerta en guerra, de acuerdo con un documento virreinal temprano. Como modelo arquet&iacute;pico, marc&oacute; la conducta de sus sacerdotisas, compa&ntilde;eras de los guerreros j&oacute;venes solteros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&Ntilde;u</i> <i>Yvui</i>&#45;Mayahuel, diosa de la fertilidad exuberante, protectora de los vientres maduros de donde surge la vida; es tambi&eacute;n la nodriza, y su iconograf&iacute;a recuerda la Diana de Efeso: "Se dice que ten&iacute;a 400 pechos &#151;innumerables&#151; con los que simbolizaba su poder nutritivo, a quien los dioses transformaron en maguey a causa de su fertilidad" (c&oacute;dice <i>Vaticano).</i> Se le representaba con su <i>quechquemitl</i> y falda con signos del agua, y un tocado del que surge un manantial con motivos vegetales, s&iacute;mbolos todos de la fertilidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&Ntilde;u Dziyo Yuu</i> Cuii&#45;Chalchiuhtlicue est&aacute; relacionada con Mayahuel desde el punto de vista iconogr&aacute;fico como modelo de la madre nutricia: "los atributos de la diosa se refieren al aspecto acu&aacute;tico, medio de acci&oacute;n de la deidad por sus caracter&iacute;sticas fecundantes y germinativas, fuente de vida por excelencia &#91;...&#93; Pero era igualmente importante como factor de pureza, en el que estaban implicadas ceremonias rituales de lavar el cuerpo con agua. Porque las abluciones purifican, regeneran y permiten el renacimiento". Se le representa con yelmo en forma de cabeza de serpiente y nariguera de turquesa; en los c&oacute;dices adivinatorios del centro de M&eacute;xico, como el resto de las divinidades, se le maneja como un poder ambivalente: si bien es la causa de la fertilidad, tambi&eacute;n lo es del agua que corre, de la enga&ntilde;osa suerte de lo inestable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Dzehe</i> <i>&Ntilde;uhu</i>&#45;Cihuateotl era la gran madre, modelo de las mujeres muertas en parto &#151;esa guerra particular por dar la vida&#151;. A estas mujeres se les consideraba divinas, s&eacute;quito del sol, guerreras ca&iacute;das y, por tanto, los fragmentos de sus cuerpos eran codiciados por la fuerza m&aacute;gica que cargaban. Su iconograf&iacute;a las muestra con gesto terrible, con una franja sobre el rostro a la altura de los ojos, el vientre fl&aacute;cido de la reci&eacute;n parida &#151;causa de su muerte&#151; y adornos de plumones que se&ntilde;alan su sacrificio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&Ntilde;u Te&#45;Cuvua Yuu Tnoo</i>&#45;Itzpap&aacute;lotl era la Madre Tierra en sus aspectos funerarios y de sacrificio, mariposa de obsidiana como la personificaci&oacute;n del instrumento del sacrificio. Era patrona de las ancianas sabias y de la magas poderosas. Su cuerpo rayado en rojo y blanco, el rostro con signos inequ&iacute;vocos de la muerte, tiene garras de jaguar. Era temible habitante de las encrucijadas, donde acechaba para causar enfermedades. Como arquetipo fue tambi&eacute;n la primera mujer sacrificada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&Ntilde;u</i> <i>Huahi</i>&#45;Chantico era la diosa del hogar, patrona de joyeros, lapidarios y pulidores de piedra. Quiz&aacute;s se trate de un numen muy antiguo, sobreviviente de los vaivenes culturales que transformaban todo el tiempo al pante&oacute;n prehisp&aacute;nico, siempre presente porque sus rituales se desarrollaban en la privacidad familiar, lejos de los conflictos por el poder y por la sumisi&oacute;n de los dioses tutelares al dominante del grupo en el gobierno.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n22/a11f6.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&Ntilde;u</i> <i>Andaya</i>&#45;Mictlancihuatl, patrona del Lugar de la Muerte, relacionada con 9 Hierba, diosa y mujer a la que se le ped&iacute;a consejo y apoyo en los rituales de asunci&oacute;n del poder, como se vio en las historias de mujeres que se narraron en el cap&iacute;tulo anterior. Es representada como esqueleto con la indumentaria femenina. Devora a los hombres pero tambi&eacute;n es la que posibilita el surgimiento continuo de la vida (y cuyo papel pudo asombrar a Joseph Campbell, quien expres&oacute; que la funci&oacute;n del mito ha sido la conciliaci&oacute;n del alma humana frente al misterio terrible del Universo: morir para dar vida). La misteriosa Se&ntilde;ora Muerte, mujer&#45;diosa y gobernante, tuvo un perfil sibilino y belicoso.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Completan este par de largos ensayos un glosario de nombres del pante&oacute;n ind&iacute;gena prehisp&aacute;nico en n&aacute;huatl y mixteco antiguo y moderno, con las im&aacute;genes de los dioses de los c&oacute;dices. Este instrumento fue coordinado por Rossell y participaron Ojeda D&iacute;az, Alejandra Cruz, Ubaldo L&oacute;pez, Filiberto Guti&eacute;rrez y Valent&iacute;n Peralta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Las mujeres y sus diosas en los c&oacute;dices prehisp&aacute;nicos de Oaxaca</i> recupera buenas historias de g&eacute;nero, sin los excesos distanciadores que no pocas veces campean los relatos de este terreno historiogr&aacute;fico. Las suyas son mujeres dignas de biograf&iacute;as rom&aacute;nticas que sobrepasan el terreno de la historia factual. Ubicarlas en el doble horizonte m&iacute;tico e hist&oacute;rico, acerc&aacute;ndose a los ritmos con los que se pronunciaban sus nombres y los tonos de sus colores en los documentos pintados, es una de las virtudes que encontrar&aacute; el lector. Rossell y Ojeda abren la posibilidad de entenderlas como entidades numinosas, como las entendieron los antiguos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor:</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Salvador Rueda Smithers.</b> Licenciado en historia por la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico (UNAM). Maestr&iacute;a en estudios de arte, por la Universidad Iberoamericana. Fue titular de la Direcci&oacute;n de Estudios Hist&oacute;ricos del Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia (INAH) (1995&#45;2002) y desde 1975 es investigador historiador de esta instituci&oacute;n. Actualmente ocupa el puesto de director del Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, perteneciente al INAH, cargo que ya ha hab&iacute;a desempe&ntilde;ado entre 1990&#45;1992. Es miembro del consejo de editores de la revista Historias (Direcci&oacute;n de Estudios Hist&oacute;ricos del INAH); de los consejos editoriales de <i>Estudios de Historia Contempor&aacute;nea</i> (Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, UNAM) y de la <i>Gaceta de Museos</i> (Coordinaci&oacute;n Nacional de Museos y Exposiciones del INAH). Ha publicado muchos libros como autor &uacute;nico y en colaboraci&oacute;n con otros, entre los cuales se encuentran <i>El diablo de la Semana Santa. Discurso pol&iacute;tico y orden social en la ciudad de M&eacute;xico en 1850</i> (1991), <i>El para&iacute;so de la ca&ntilde;a</i> (1998) y <i>La esencia de M&eacute;xico</i> (2000).</font></p>      ]]></body>
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