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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[De la construcción social del riesgo a la manifestación del desastre: Reflexiones en torno al imperio de la vulnerabilidad]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Comentario</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>De la construcci&oacute;n social del riesgo a la manifestaci&oacute;n del desastre. Reflexiones en torno al imperio de la vulnerabilidad</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Juan Carlos Ruiz Guadalajara</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El Colegio de San Luis, San Luis Potos&iacute;, M&eacute;xico.</i><a href="mailto:jcruiz@colsan.edu.mx">jcruiz@colsan.edu.mx</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>&#91;...&#93; hoy por hoy, el mayor peligro para los    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	seres humanos lo constituyen ellos mismos.</i></font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Norbert Elias</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dif&iacute;cilmente se puede comentar el tema de la vulnerabilidad social y los desastres sin riesgo de caer en posiciones catastrofistas, o cuando menos sin la propensi&oacute;n a tejer una visi&oacute;n fatalista de nuestra sociedad contempor&aacute;nea, globalizada, heredera del pensamiento ilustrado, del racionalismo y, parad&oacute;jicamente, de un sentido de la seguridad que nos viene del ahora insostenible optimismo que despertara la ciencia moderna de occidente como remedio al sufrimiento y como llave de acceso a la felicidad. Visto el asunto en perspectiva hist&oacute;rica, las sociedades actuales son "beneficiarias" de la vulnerabilidad acumulada a lo largo de los &uacute;ltimos trescientos a&ntilde;os, periodo en el cual la naturaleza, emancipada de la voluntad de Dios, qued&oacute; a la entera disposici&oacute;n del hombre y de los intereses de la sociedad industrial. Por ello es dif&iacute;cil plantear en estas l&iacute;neas, muy a pesar de las ciencias sociales, el m&aacute;s m&iacute;nimo atisbo o se&ntilde;al de que la sociedad se encuentra en el camino hacia la reducci&oacute;n de la vulnerabilidad, no obstante la impresionante acumulaci&oacute;n de conocimientos cient&iacute;ficos. M&aacute;s all&aacute; de la desigual distribuci&oacute;n de la vulnerabilidad (a unos les toca demasiada), lo cierto es que como especie salimos perdiendo todos, lo cual muestra el fracaso de cualquier idea en torno a una "conciencia global", "conciencia planetaria" o algo que se le parezca. Estamos en un punto demasiado complejo tanto en la sistematizaci&oacute;n y planteamiento del tema de la vulnerabilidad y los desastres como en la ventaja que estos &uacute;ltimos le llevan a la sociedad. Para dar una idea m&aacute;s clara del tama&ntilde;o del problema sensibilic&eacute;monos un poco, tan s&oacute;lo un poco, estableciendo desordenadamente algunas im&aacute;genes que a muchos lectores parecer&aacute;n exageradas, apocal&iacute;pticas e incluso paranoicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para empezar, es importante saber que nunca en toda la historia hab&iacute;an existido tantos seres humanos vivos al mismo tiempo, a grado tal que los c&aacute;lculos m&aacute;s elaborados indican que los ahora vivos superamos la suma de todos los que han existido desde que el <i>homo</i> se volvi&oacute; <i>sapiens.</i> La presi&oacute;n demogr&aacute;fica sobre recursos de toda &iacute;ndole en combinaci&oacute;n con los modelos econ&oacute;micos impuestos, ha propiciado en el &uacute;ltimo siglo alteraciones sin precedente en la biodiversidad, lo que despierta la necesidad de dirigir la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica y el desarrollo tecnol&oacute;gico hacia el biocontrol. La misma presi&oacute;n humana sobre los recursos ha globalizado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas los da&ntilde;os sobre el entorno y provocado el surgimiento de nuevos procesos que requieren la intervenci&oacute;n del hombre. Un caso concreto es la migraci&oacute;n de especies hacia nuevos nichos en los cuales operan como depredadoras. A las especies desplazadas se suma el cada vez mayor movimiento de grupos humanos debido al agotamiento de recursos locales, a la nula rentabilidad de sus econom&iacute;as, o bien por guerras y persecuciones, lo que genera din&aacute;micas migratorias complejas de las que derivan miles de muertes al a&ntilde;o. Las grandes concentraciones de poblaci&oacute;n siguen sin responder a la l&oacute;gica de la seguridad, con lo que aumenta el crecimiento de asentamientos humanos en condiciones de alta vulnerabilidad frente a manifestaciones extremas del medio f&iacute;sico o de cara a la conflictividad social. La seguridad de los individuos y su acceso a la salud han dejado de ser, al menos en el denominado mundo occidental, derechos inalienables para convertirse en mercanc&iacute;as sujetas a las variaciones del mercado y, sobre todo, a la disponibilidad de recursos econ&oacute;micos: ni qu&eacute; decir al respecto del continente africano, expoliado y saqueado por el neocolonialismo europeo en unos cuantos siglos y ahora a la espera de migajas y caridades medi&aacute;ticas para atenuar el hambre, la pobreza y la epidemia de sida que matar&aacute; a millones en los pr&oacute;ximos diez a&ntilde;os.<sup><a href="#nota">1</a></sup> Los saldos del desarrollo industrial &#151;basta para tener una idea con los del siglo XX que sintetiza la era del petr&oacute;leo y la energ&iacute;a at&oacute;mica, as&iacute; como el c&aacute;lculo de los efectos que tendr&aacute; el reciente crecimiento industrial de naciones tan pobladas como China&#151; son del todo desalentadores en t&eacute;rminos del calentamiento global y del cambio clim&aacute;tico, realidades hasta ahora minimizadas e incluso perversamente descalificadas por los principales responsables de dicho proceso.<sup><a href="#nota">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien es cierto que los grupos humanos premodernos, esto es, aquellos que existieron hasta antes del siglo XVI y XVII, siempre pusieron la t&eacute;cnica al servicio de la sobrevivencia, tambi&eacute;n lo es el hecho de que &eacute;sta pas&oacute; por el predominio de unos sobre otros; semejante perogrullada no tendr&iacute;a relevancia si no fuera porque los hallazgos de la ciencia moderna, con un potencial destructivo apenas imaginable, han sido utilizados m&aacute;s en contra que en pro del ser humano y su entorno. En una escala nunca antes vista, el desarrollo cient&iacute;fico&#45;tecnol&oacute;gico se ha transformado en material de construcci&oacute;n de riesgos y en agente vulnerante de la sociedad y sus ecosistemas en todos los niveles, lo que ha trastocado el sentido original de la ciencia como panacea de la humanidad. En la misma direcci&oacute;n, la mayor&iacute;a de los avances de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica del siglo XX, desarrollados principalmente desde sociedades dominantes, se generaron o bien se perfeccionaron por las necesidades de la guerra, provocando una concentraci&oacute;n tecnol&oacute;gica y una privatizaci&oacute;n de la racionalidad cient&iacute;fica por parte del gran capital y de algunos Estados totalitarios (v&eacute;ase Colombo, 2004: 57).<sup><a href="#nota">3</a></sup> Nuestra sociedad de consumo, inventora de lo "no retornable" y de la cultura del desperdicio en casi todas las &aacute;reas de la producci&oacute;n, suma ya un incalculable impacto ambiental ante la cotidiana acumulaci&oacute;n de peligrosos deshechos industriales y la producci&oacute;n dom&eacute;stica de basura inorg&aacute;nica aparentemente inofensiva; lo parad&oacute;jico del asunto es que en la actualidad la mayor&iacute;a de los deshechos inorg&aacute;nicos de origen industrial llevan la denominaci&oacute;n de reciclables.<sup><a href="#nota">4</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n19/a7im1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La capa de ozono est&aacute; perforada, sin embargo, por tratarse de un hecho lejano en la percepci&oacute;n de la mayor&iacute;a de los mortales, no existen visos de una comprensi&oacute;n que permita revertir desde abajo el deterioro. Para colmo de todos nuestros males, la mayor&iacute;a de las sociedades contempor&aacute;neas, principalmente en Occidente, ha desarrollado un modo de vida basado en pr&aacute;cticas absurdas de satisfacciones inmediatas que crean una sensaci&oacute;n de bienestar y seguridad, y anestesian la capacidad de los individuos para racionalizar su participaci&oacute;n activa y pasiva en la construcci&oacute;n de riesgos; se trata de algo similar a lo que Mary Douglas defini&oacute; como inmunidad subjetiva, esto es, la tendencia a ignorar los peligros cotidianos m&aacute;s comunes o bien a restar importancia a los peligros de baja probabilidad de ocurrencia, con lo que el individuo corta la percepci&oacute;n de riesgos altamente probables, "de manera que su mundo inmediato parece m&aacute;s seguro de lo que es en realidad, y como corta tambi&eacute;n su inter&eacute;s en los acontecimientos de baja probabilidad, los peligros distantes tambi&eacute;n palidecen" (Douglas, 1996: 58). Debemos a&ntilde;adir, en s&iacute;ntesis, un etc&eacute;tera de riesgos socialmente gestados que no alcanzamos a mantener bajo control, que incrementan nuestra vulnerabilidad en todos los niveles y, por lo tanto, nos acercan a la manifestaci&oacute;n del desastre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A todos estos procesos de construcci&oacute;n social de riesgos, la mayor&iacute;a de reciente aparici&oacute;n en la historia de la humanidad, se suman los ya tradicionales desastres, esto es, los provocados por la interacci&oacute;n entre un evento extremo de &iacute;ndole natural o social (terremotos, inundaciones, maremotos, sequ&iacute;as, erupciones, ciclones, tornados, nuevas epidemias, hambre y, por supuesto, la presencia interminable de la guerra) y un conjunto humano en condiciones cr&iacute;ticas y de riesgo preexistente, es decir, con una vulnerabilidad hist&oacute;ricamente acumulada producto de la construcci&oacute;n social del riesgo en sus m&uacute;ltiples din&aacute;micas.<sup><a href="#nota">5</a></sup> Muchas de aquellas manifestaciones hacen referencia a lo que el grueso de la poblaci&oacute;n conoce o identifica como "desastres naturales", noci&oacute;n recientemente cuestionada por la antropolog&iacute;a y la sociolog&iacute;a de los desastres y en muchos casos sometida a un desgaste sem&aacute;ntico y a un criterio de novedad que ha generado, desde mi punto de vista, m&aacute;s confusi&oacute;n que explicaciones. De hecho, la teor&iacute;a social bien puede presumir de contar hoy en d&iacute;a con un amplio cat&aacute;logo de estudios y reflexiones en torno al riesgo y al desastre, sin embargo, a&uacute;n se encuentra lejos de incidir en la reducci&oacute;n de la vulnerabilidad social. Se trata de un problema complejo que afecta la comprensi&oacute;n de los desastres desde una perspectiva social, y que ha llevado a los estudiosos a revisar la noci&oacute;n del riesgo desde diferentes &aacute;ngulos. En t&eacute;rminos generales, las investigaciones han logrado establecer, a manera de convenci&oacute;n, que la principal causa de los desastres, entendidos como procesos y no como eventos disruptivos, se encuentra en la sociedad, en sus pr&aacute;cticas y representaciones, esto es, en la construcci&oacute;n social de riesgos y en las condiciones de vulnerabilidad hist&oacute;ricamente acumuladas. As&iacute;, el riesgo construido socialmente y el aumento de la vulnerabilidad deben ser entendidos como desastres en potencia o en v&iacute;as de realizaci&oacute;n, los cuales se manifiestan plenamente por efecto de eventos extremos o por el arribo de la sociedad a situaciones de da&ntilde;o generalizado a la vida de sus integrantes. Desde esta perspectiva diacr&oacute;nica los desastres constituyen din&aacute;micas inherentes al proceso de transformaci&oacute;n y crecimiento de la sociedad, es decir, forman parte de cualquier proceso hist&oacute;rico, caracter&iacute;stica que los hace sumamente complejos (v&eacute;ase Lavell, 2000:15&#45;16).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La comprensi&oacute;n de los desastres y la elaboraci&oacute;n de nuevas categor&iacute;as de explicaci&oacute;n de los riesgos tambi&eacute;n ha sido un proceso largo no exento de problemas en la teor&iacute;a social. El caso m&aacute;s ilustrativo lo tenemos en las tensiones que, de cara a las interpretaciones fisicalistas, ha provocado la conceptualizaci&oacute;n de los desastres como procesos eminentemente sociales y el replanteamiento de la noci&oacute;n de naturaleza con su desplazamiento hacia un plano pr&aacute;cticamente secundario en la determinaci&oacute;n de las causas. Otra zona de discusi&oacute;n se ha dado en el campo de la interdisciplina y en la cr&iacute;tica a las ideas y escalas dominantes en torno a los desastres, generalmente construidas desde los espacios de poder. Los caminos hasta ahora recorridos por los investigadores han sido diversos y en ocasiones tortuosos, principalmente en la consolidaci&oacute;n de un campo de estudio nuevo para muchas disciplinas sociales, como la historia, la antropolog&iacute;a y la sociolog&iacute;a, y frente a la necesidad de lograr definiciones claras y conceptos viables que ayuden a comprender cada uno de los elementos que intervienen en la conformaci&oacute;n de un desastre.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En muchos sentidos, los estudios desarrollados en las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas desde las ciencias del hombre sobre la vulnerabilidad social, los riesgos y los desastres han encontrado, no sin sorpresa, que varias de sus preocupaciones hab&iacute;an sido ya motivo de reflexi&oacute;n en &aacute;mbitos tan olvidados como la filosof&iacute;a y la literatura desde el siglo XVIII. B&aacute;stenos como muestra el ejemplo se&ntilde;alado por Virginia Garc&iacute;a Acosta en este n&uacute;mero sobre la noci&oacute;n de los riesgos socialmente construidos presente, de forma impl&iacute;cita, en el intercambio de ideas entre Voltaire y Rousseau con motivo del paradigm&aacute;tico terremoto de 1755 y su impacto en Lisboa. En otros casos no es menester ir tan lejos en el tiempo. Por ejemplo, para algo que ahora resulta com&uacute;n en nuestro &aacute;mbito de estudio en cuanto a trascender y descontinuar la idea del desastre natural para dar paso al concepto del desastre como proceso social, hubieron de pasar muchas d&eacute;cadas y, sobre todo, mucho intercambio y di&aacute;logo con las humanidades, principalmente con la historia de las ideas y la filosof&iacute;a de la ciencia. Gracias a ello se ha logrado reconstruir la trayectoria hist&oacute;rica de la idea de la "Madre Naturaleza", iniciada con claridad en el siglo XVIII, hasta la actual desmitificaci&oacute;n de dicha entidad intelectual, sin olvidar las nuevas tendencias ecologistas y New Age que pretenden darle un sentido novedoso.<sup><a href="#nota">6</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la d&eacute;cada de 1980 el asunto de la naturaleza mereci&oacute; el inter&eacute;s de diversos pensadores y te&oacute;ricos sociales. Podemos citar como muestra a Norbert Elias, quien en su <i>Humana conditio,</i> publicada en 1985 en su versi&oacute;n inglesa, afirm&oacute; que la naturaleza de la cual surgimos como especie carece totalmente de sentimientos: "No es buena ni mala para el hombre; es un suceso ciego, sin sentidos ni rumbo, cuya fuerza y, por consiguiente, su poder son abrumadores en comparaci&oacute;n con el poder de la humanidad. Su curso transcurre en una indiferencia total hacia la humanidad y el individuo" (Elias, 2002:16). O bien el estudio de Ignasi Terradas, quien tras analizar el pensamiento en torno al mal social desde el siglo XVII hasta el XIX, estableci&oacute; el desarrollo e impacto de las nuevas posturas filos&oacute;ficas del mundo occidental en la construcci&oacute;n de una naturaleza independiente en sus manifestaciones de los comportamientos sociales, con lo cual se vislumbr&oacute; desde el siglo XVIII un campo de interpretaciones nuevo, profundamente relacionado con las transformaciones cient&iacute;ficas y tecnol&oacute;gicas, que ya en el siglo XIX dieron paso a la imagen liberal y emancipadora del hombre como controlador de las desgracias consideradas en aquella &eacute;poca de origen extrasocial (Terradas, 1988: 193&#45;194). La revisi&oacute;n ha tocado incluso las nociones contempor&aacute;neas que hasta hace algunos a&ntilde;os prevalec&iacute;an como ideas dominantes en torno al origen de los desastres, y que los atribu&iacute;an a las manifestaciones incontrolables y repentinas de la naturaleza, con lo que justificaban los criterios de intervenci&oacute;n gubernamental en los deficientes programas de gesti&oacute;n de riesgos en diversas naciones en desarrollo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este &aacute;mbito las aportaciones de Kenneth Hewitt marcaron el rumbo hacia el cuestionamiento de las visiones que desde el poder se manejan frente a los desastres y que en el fondo tienen como resultado el crecimiento de sectores vulnerables en la sociedad en lugar de la mitigaci&oacute;n de riesgos (Hewitt, 1983: 2&#45;32). Mas no todas las discusiones, si bien necesarias, han aportado claridad al tema. Por ejemplo, Romero y Maskrey desarrollaron en 1993 una visi&oacute;n fisicalista en torno a los desastres para demostrar, desde su perspectiva, que &eacute;stos no son naturales y que hab&iacute;amos establecido una noci&oacute;n err&oacute;nea y perniciosa en torno a la actuaci&oacute;n mal&eacute;fica de la naturaleza atribuy&eacute;ndole propiedades punitivas. Con ello hab&iacute;amos sustituido la vieja idea del desastre como castigo de Dios por la idea de una naturaleza cruel, a lo cual se agregaba el uso incorrecto de "desastre natural" como sin&oacute;nimo de "fen&oacute;meno natural".<sup><a href="#nota">7</a></sup> Hasta aqu&iacute; estamos de acuerdo. Sin embargo, los autores hicieron &eacute;nfasis en la responsabilidad que tienen los hombres en la producci&oacute;n de los desastres, "sabiendo que los fen&oacute;menos naturales ning&uacute;n da&ntilde;o causar&iacute;an si hubi&eacute;ramos sido capaces de entender c&oacute;mo funciona la naturaleza y de crear nuestro h&aacute;bitat acorde con este conocimiento" (Romero y Maskrey, 1993: 5). Esta afirmaci&oacute;n tan desproporcionada y ajena por completo a toda explicaci&oacute;n sobre los procesos adaptativos que han caracterizado el desarrollo de los grupos humanos, nos induce a imaginar a Dios creando en primer lugar a los ingenieros para despu&eacute;s dar lugar al Universo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otros frentes acad&eacute;micos, tales como la sociolog&iacute;a alemana, se han estructurado interpretaciones generales de la sociedad contempor&aacute;nea basadas en la formulaci&oacute;n de categor&iacute;as y conceptos que establecen como nuestra principal caracter&iacute;stica social el riesgo globalizado. Es el caso de Ulrich Beck, quien tras explorar las diferencias entre las sociedades tradicionales y las sociedades industriales, tanto la cl&aacute;sica como la que ha denominado "sociedad del riesgo global", ha llegado a la conclusi&oacute;n de que en esta &uacute;ltima las industrias planean su futuro m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites de la seguridad de los individuos y del control de los riesgos. Beck afirma que de las sociedades industriales cl&aacute;sicas se derivaron medidas de regulaci&oacute;n de riesgos para los individuos, basadas principalmente en predecir, al menos hipot&eacute;ticamente, las consecuencias de la producci&oacute;n industrial; sin embargo, en la sociedad del riesgo global, caracterizada por la irrupci&oacute;n de la industria at&oacute;mica, qu&iacute;mica y, m&aacute;s recientemente, la gen&eacute;tica, los esquemas de seguridad se han rescindido no s&oacute;lo por la incertidumbre que producen las condiciones en las que se toman las grandes decisiones, sino por el impacto que a nivel de las personas y su modo de vida tiene la disgregaci&oacute;n social que genera la individualizaci&oacute;n institucionalizada. De ello se desprenden conceptos tales como la "biograf&iacute;a del riesgo" y la "biograf&iacute;a del peligro", que buscan explicar las formas que ha tomado el riesgo en lo que Beck denomina la segunda modernidad.<sup><a href="#nota">8</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n19/a7im2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otra direcci&oacute;n, Niklas Luhmann explor&oacute; el desarrollo hist&oacute;rico del concepto del riesgo, fijando su atenci&oacute;n en los mecanismos culturales que utilizaron diversas civilizaciones para tener acceso a niveles de seguridad basados en sistemas de creencias y percepciones. En Luhmann, al igual que en otros autores como Jean Delumeau, encontramos aportaciones relevantes en cuanto a comprender la historicidad de la cultura y, por lo tanto, de las concepciones sobre la vulnerabilidad, el riesgo, el peligro y las calamidades (Luhmann,1996:130&#45;135;Delumeau,1996: 17&#45;35). As&iacute;, la vigencia y caducidad de los conceptos, incluso de los t&eacute;rminos que los representan, permiten explicar los diferentes sentidos, rostros e im&aacute;genes que han tenido la vulnerabilidad y sus elementos asociados en diferentes tiempos y espacios de reproducci&oacute;n cultural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se puede apreciar, las mil y una veredas hasta ahora recorridas por los estudiosos del riesgo y del desastre en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas nos indican un aumento sin precedentes en la preocupaci&oacute;n por dichos temas desde la teor&iacute;a social. La lista de autores y aportaciones es muy nutrida. De ello hemos tan s&oacute;lo dado una peque&ntilde;a muestra, pues en diversas regiones las investigaciones y las posturas se multiplican principalmente en funci&oacute;n de din&aacute;micas y problemas espec&iacute;ficos. Por ejemplo, frente a las preocupaciones de acad&eacute;micos europeos sobre los riesgos globales de la sociedad industrializada y el problema de la sustentabilidad, encontramos las de la "desastrolog&iacute;a" desarrollada principalmente desde la interdisciplina en el &aacute;mbito latinoamericano, la cual ha dado prioridad a los desastres originados por el impacto de amenazas de origen natural sobre conjuntos sociales sumamente vulnerables. Contamos al respecto con espl&eacute;ndidos estudios de caso, que han permitido avances en la sistematizaci&oacute;n de conocimientos y en la formulaci&oacute;n de conceptos para avanzar en el entendimiento de los mecanismos de construcci&oacute;n social del riesgo y del desastre como proceso (v&eacute;ase Lavell, 2000: 7&#45;45).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De toda la variedad y complejidad de los estudios disponibles y de los problemas por abordar, se desprende la necesidad de construir una especie de teor&iacute;a unificadora o, al menos, un espacio de convergencia que nos permita identificar, a manera de gran s&iacute;ntesis, las din&aacute;micas del desastre m&aacute;s all&aacute; de sus agentes catalizadores. Tal vez nos encontramos en el camino, sin embargo, desde mi particular perspectiva estamos lejos de poder lograrlo, sobre todo por las divergencias y aparente caos que en primera instancia nos produce la presencia del riesgo en tantos espacios de la sociedad. La misma impresi&oacute;n se tiene cuando intentamos analizar los desastres convencidos de que son todos producto de la construcci&oacute;n social de riesgos. En el caso de los riesgos tecnol&oacute;gicos, como sucedi&oacute; en Chernobyl, el asunto es m&aacute;s que claro; en la aparici&oacute;n de grandes tornados en las planicies estadounidenses producto de la expansi&oacute;n de tierras de labranza tambi&eacute;n es clara la construcci&oacute;n del riesgo y la fuente socionatural de estos fen&oacute;menos recurrentes. En otros casos los esquemas ya no checan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y no es para menos: el pasado diciembre un <i>tsunami</i> del tama&ntilde;o del oc&eacute;ano &Iacute;ndico acab&oacute; con poco m&aacute;s de 300 000 personas, desde el sureste asi&aacute;tico hasta las costas orientales del continente africano. La combinaci&oacute;n de las dimensiones gigantescas del acontecimiento con la mediatizaci&oacute;n electr&oacute;nica ha permitido a millones de personas enterarse de la existencia de tales manifestaciones extremas del medio geof&iacute;sico y del peligro que representan; antes de eso, la mayor&iacute;a de los comunes mortales de diferentes regiones del planeta desconoc&iacute;an el potencial destructivo de los maremotos y tal vez confund&iacute;an la palabra <i>tsunami</i> con una marca de autom&oacute;viles. &iquest;C&oacute;mo analizar este desastre, c&oacute;mo abordarlo desde la construcci&oacute;n social del riesgo, cu&aacute;ndo comenz&oacute; a gestarse como proceso social? &iquest;Basta con decir que a lo largo de su existencia algunos pueblos costeros del sudeste asi&aacute;tico se inmunizaron subjetivamente ante la remot&iacute;sima posibilidad de que un maremoto arrasara con ellos? &iquest;Basta con determinar que muchos desarrollos urbanos recientes no consideraron con suficiente seriedad la existencia de los maremotos? Lo cierto es que han existido en la historia desastres paradigm&aacute;ticos por el tipo de sacudida que representan para el pensamiento. De nuevo el ejemplo m&aacute;s ilustrativo lo tenemos en la destrucci&oacute;n de Lisboa en 1755. En el caso del <i>tsunami</i> de 2004, es muy probable que sus caracter&iacute;sticas obliguen a profundizar y, en algunos aspectos, a replantear el problema de la relaci&oacute;n naturaleza&#45;sociedad, principalmente en lo que se refiere a uno de los puntos medulares de la existencia humana, su vulnerabilidad, la cual constituye el &uacute;nico espacio de realidades objetivas y sentidos que comparten todos los desastres y la construcci&oacute;n social de los riesgos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estricto sentido, es decir, sem&aacute;nticamente, la vulnerabilidad refiere o define la cualidad de vulnerable, esto es, la cualidad de ser vulnerado, de recibir da&ntilde;o, de ser herido. Dicha cualidad es inherente a la condici&oacute;n humana, forma parte de su ser y existencia. Cualquier revisi&oacute;n del proceso de formaci&oacute;n de la sociedad en sus diversas formas organizativas y en sus expresiones de vida material muestra el uso que hizo el hombre de todos los recursos disponibles para reducir la vulnerabilidad y generar condiciones seguras de reproducci&oacute;n en todos los sentidos. En su misma condici&oacute;n animal y biol&oacute;gica (aspectos convertidos en cuestiones her&eacute;ticas para muchos te&oacute;ricos sociales) no existe mam&iacute;fero m&aacute;s vulnerable que el humano. Podr&iacute;amos incluso plantear que los remotos y los recientes procesos de adaptaci&oacute;n humana han estado marcados por la necesidad de revertir la vulnerabilidad frente al medio, al menos en un grado que permita la sobrevivencia: a ello responde la domesticaci&oacute;n de infinidad de procesos naturales que, por efecto de los descubrimientos qu&iacute;mico&#45;biol&oacute;gicos, nos han convertido en los domesticadores de una naturaleza que en muchos de sus &aacute;mbitos requiere de la ineludible intervenci&oacute;n del hombre para mantener sus ahora precarios equilibrios.<sup><a href="#nota">9</a></sup> </font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, la vulnerabilidad en cuanto condici&oacute;n latente es una cualidad din&aacute;mica, sumamente vers&aacute;til en funci&oacute;n de los elementos con los que puede interactuar la sociedad y los individuos para actualizar una amenaza potencial y convertirla en da&ntilde;o. Somos vulnerables, por tanto, a una infinidad de procesos ambientales y sociales que se tornan peligrosos para el hombre y de los cuales generalmente s&oacute;lo adquirimos conciencia en el momento en que se produce el da&ntilde;o. Todo depende de lo que haga el hombre para construir riesgos, potencializar amenazas y aumentar a trav&eacute;s del tiempo la vulnerabilidad. Los intentos por comprender el estatuto de vulnerabilidad y sus mecanismos de crecimiento como factores dominantes en la realizaci&oacute;n de un desastre han sido importantes aunque insuficientes. En 1989 Gustavo Wilches&#45;Chaux explor&oacute; al menos once diferentes formas de vulnerabilidad, las cuales abarcan un espectro tan extenso de la realidad que, en definitiva, casi todo lo que nos conforma y rodea es fuente de vulnerabilidad.<sup><a href="#nota">10</a></sup> Por su parte, en 1992 Jes&uacute;s Manuel Mac&iacute;as abord&oacute; el significado de la vulnerabilidad frente a los desastres mediante una revisi&oacute;n sem&aacute;ntica del t&eacute;rmino y la caracterizaci&oacute;n de un tipo espec&iacute;fico de vulnerabilidad, la social, entendida como un hecho condicionado por el desarrollo de las relaciones sociales: "en t&eacute;rminos sociales, la vulnerabilidad tiene correspondencia con relaciones sociales generadoras de esa condici&oacute;n". De acuerdo con este autor, la vulnerabilidad parece ser el <i>locus communis</i> en los estudios sobre desastres, siendo equiparable a la " 'inseguridad', debilidad, exposici&oacute;n desventajosa, etc&eacute;tera, frente a un peligro". En su relaci&oacute;n con los desastres, y como condici&oacute;n derivada de las relaciones sociales, la vulnerabilidad social queda caracterizada por un entramado de interacciones m&uacute;ltiples en el seno de un conjunto social que, al establecer relaciones de dominio y desigualdad, distribuye la vulnerabilidad a partir de una l&oacute;gica muy particular cuyo primer plano est&aacute; formado, generalmente, por la contraposici&oacute;n entre pobreza y riqueza, esto es, por condiciones de vulnerabilidad socioecon&oacute;mica (Mac&iacute;as, 1992: 3&#45;7).<sup><a href="#nota">11</a></sup></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n19/a7im3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otro acercamiento al concepto, Lavell estableci&oacute; que la vulnerabilidad social en sus m&uacute;ltiples facetas es el factor dominante en la condici&oacute;n del desastre, y la define como la propensi&oacute;n de la sociedad o de un subconjunto de &eacute;sta a sufrir da&ntilde;os "debido a sus propias caracter&iacute;sticas particulares". Para este autor, la referencia a la vulnerabilidad como factor causal de los desastres es casi obligatoria, "a&uacute;n cuando muchos solamente la mencionan sin mayor profundizaci&oacute;n en su significado y complejidad"; y a&ntilde;ade que la relaci&oacute;n entre amenazas y vulnerabilidad es dial&eacute;ctica y din&aacute;mica, sujeta a cambios y variaciones debidos a la din&aacute;mica de la naturaleza y de la sociedad. Con esto &uacute;ltimo abund&oacute; sobre el problema medular de la relaci&oacute;n entre sociedad y naturaleza, argumentando que a las amenazas comunes del medio f&iacute;sico se integran nuevas amenazas socialmente creadas, producto de una intervenci&oacute;n negativa del hombre sobre su entorno, elemento que le permite definir un tipo de vulnerabilidad basada en amenazas socionaturales, es decir, aquellas amenazas que toman la forma y se construyen sobre elementos de la naturaleza, y cuya concreci&oacute;n es producto de la intervenci&oacute;n humana en los ecosistemas (Lavell, 2000: 18&#45;20). Bien podr&iacute;amos abundar en la tipolog&iacute;a de la vulnerabilidad mediante la identificaci&oacute;n de las innumerables amenazas que hemos a&ntilde;adido a las ya de por s&iacute; abundantes en el entorno. De hecho, investigaciones recientes han mostrado que en el presente la vulnerabilidad de un buen n&uacute;mero de poblaciones ha aumentado gracias a la creaci&oacute;n de nuevas amenazas y riesgos socialmente construidos, lo cual se corresponde con el crecimiento incontrolable de procesos desastrosos que ver&aacute;n su cl&iacute;max en los a&ntilde;os por venir.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Parad&oacute;jicamente, y como lo hemos sostenido desde el principio de estas reflexiones, buena parte de las nuevas amenazas son producto del desarrollo tecnol&oacute;gico y de pol&iacute;ticas tambi&eacute;n denominadas de desarrollo dise&ntilde;adas desde el poder bajo criterios de costo&#45;beneficio y que ignoran lo que podr&iacute;amos denominar el paradigma de la vulnerabilidad social. En el fondo del problema vuelven a reflejarse los dilemas de la relaci&oacute;n entre la sociedad y su medio. Como afirma Oliver&#45;Smith, los desastres no pueden ser definidos exclusivamente en t&eacute;rminos de la ciencia natural o de la ciencia social. Lo importante para este autor, y en ello coincido del todo, es estudiar y entender las implicaciones de la construcci&oacute;n cultural de las relaciones naturaleza&#45;sociedad para la reproducci&oacute;n y aumento de las condiciones de vulnerabilidad y, por lo tanto, para la ocurrencia de los desastres (Oliver&#45;Smith, 2002: 29&#45;43). En ello la antropolog&iacute;a simb&oacute;lica aporta muchas claves. Por ejemplo, Marshall Sahlins propone una explicaci&oacute;n de la cultura mediante la contraposici&oacute;n del hecho social con la naturaleza: "la cultura es un orden significativo que configura radicalmente nuestro modo de experimentar la realidad; no se le superpone, como aditamento, al hecho bruto de la experiencia 'natural', sino que constituye esa misma experiencia en cuanto provee la forma en que &eacute;sta puede darse." La cultura es constituyente de la naturaleza o, dicho de otra forma, la acci&oacute;n de la naturaleza se despliega en t&eacute;rminos de la cultura encarnando un significado (Sahlins, 1997: 207). De ah&iacute; la importancia de entender las relaciones sociedad&#45;naturaleza, las cuales se han expresado, y lo siguen haciendo, por medio de una gran variedad de formas culturales que abarcan, hoy mismo, un amplio espectro de significaciones que orientan la pr&aacute;ctica cotidiana de los grupos humanos. A esto se suman en el mundo contempor&aacute;neo los m&uacute;ltiples espacios de significaci&oacute;n de la naturaleza desarrollados por sociedades caracterizadas por el individualismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No estamos ante un asunto sencillo. Los estudios presentados en este n&uacute;mero muestran, por ejemplo, espacios de conflictividad social generados por formas espec&iacute;ficas de percepci&oacute;n de los riesgos frente a amenazas concretas, muchas de ellas de origen social. El caso de los habitantes de La Yerbabuena y su relaci&oacute;n con la actividad del volc&aacute;n de Colima, presentado por Jos&eacute; Luis See&#45;foo y Alicia Cuevas, ejemplifica las tensiones entre, por un lado, los criterios de reubicaci&oacute;n y mitigaci&oacute;n de riesgos dise&ntilde;ados desde el poder burocr&aacute;tico y, por el otro, la visi&oacute;n de los actores afectados por dichas pol&iacute;ticas. Si bien es posible determinar un escenario de vulnerabilidad ante una amenaza geof&iacute;sica sumamente impredecible, no existen por el momento suficientes indicadores emp&iacute;ricos que incidan en la percepci&oacute;n de seguridad y en la aceptaci&oacute;n del riesgo que los pobladores de La Yerbabuena han desarrollado en su cotidiana coexistencia con el volc&aacute;n, sobre todo cuando la propuesta de reubicaci&oacute;n se encuentra contaminada por la sospecha fundada de corrupci&oacute;n y presencia de intereses ajenos a la reducci&oacute;n de la vulnerabilidad. Algo similar apreciamos en el estudio de Terrence McCabe sobre los pastores turkanas, sometidos a la injerencia de criterios externos que terminan por vulnerar su cultura, su organizaci&oacute;n social y los recursos efectivos que por siglos han desarrollado para enfrentar la sequ&iacute;a como algo normal por su recurrencia. En ambos casos la amenaza natural es desplazada por la creaci&oacute;n externa de nuevas amenazas de origen sociopol&iacute;tico que vulneran, ya por ignorancia o en ocasiones por posiciones de superioridad cient&iacute;fica, las percepciones y pr&aacute;cticas tradicionales desarrolladas por diversos conjuntos sociales en sus particulares relaciones con la naturaleza y sus peligros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, la denominada sociedad occidental y tecnocr&aacute;tica ha padecido en m&uacute;ltiples ocasiones las consecuencias de su propio discurso de dominaci&oacute;n cient&iacute;fica: es el caso del Vajont italiano expuesto por Gianluca Ligi, clara muestra de vulnerabilidad ideol&oacute;gica y de construcci&oacute;n social de riesgos tecnol&oacute;gicos a partir de la creaci&oacute;n de amenazas socionaturales. O bien el estudio de Annamaria Lammel y Toshiaki Kozakai en torno a la contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica y su percepci&oacute;n por parte de una sociedad de visi&oacute;n anal&iacute;tica e individualista,<a href="#nota"><sup>12</sup></a> y que nos ilustra otra cara del desastre, a saber, su imperceptible presencia por efecto de su ritmo de realizaci&oacute;n: mantenemos un discurso de la seguridad y el bienestar que, en combinaci&oacute;n con el individualismo, disminuye nuestra capacidad de percibir e identificar los riesgos, las amenazas latentes y los desastres que se desarrollan frente a nuestras propias narices. El caso del Vajont o bien las apreciaciones sobre la contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica en contextos individualistas y de pensamiento anal&iacute;tico nos indican tambi&eacute;n las consecuencias que puede generar la brecha cada vez mayor entre la concentraci&oacute;n de conocimientos por parte de expertos y las percepciones cotidianas de la poblaci&oacute;n com&uacute;n: se trata de una distancia que posibilita a los individuos de diversos conjuntos sociales el pensarse ajenos a los procesos de construcci&oacute;n social de riesgos, anulando posibles cauces de participaci&oacute;n en la reducci&oacute;n de la vulnerabilidad y de los desastres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todos los estudios permiten reforzar la idea de que la vulnerabilidad no se destruye, tan s&oacute;lo se transforma y se acumula; la sociedad libre de riesgos o el hombre emancipado de las amenazas s&oacute;lo existe como argumento de utop&iacute;as. De ah&iacute; la importancia de abundar en las l&iacute;neas te&oacute;ricas que presenta Virginia Garc&iacute;a Acosta a partir del concepto ahora rector de la "construcci&oacute;n social del riesgo". M&aacute;s all&aacute; de las discrepancias que genera el posible abuso del "construccionismo" como met&aacute;fora de diversos procesos sociales, lo indispensable a ojos de la teor&iacute;a dedicada al an&aacute;lisis de la vulnerabilidad social y de los desastres consiste en lograr una conciliaci&oacute;n interpretativa entre las dos caras de la construcci&oacute;n social del riesgo apuntadas y exploradas por Garc&iacute;a Acosta: la que deriva de las percepciones y la que resulta de la experiencia objetiva de las condiciones de desigualdad. Ambas facetas remiten a la vulnerabilidad, sus modalidades y mecanismos, pero, sobre todo, instalan la discusi&oacute;n en un &aacute;mbito de reflexiones a&uacute;n pendientes que permitan profundizar los conocimientos sobre las formas en que los individuos o bien los conjuntos sociales ubican y procesan la vulnerabilidad preexistente y orientan sus acciones bajo la clara intencionalidad de lograr seguridad, idea esta &uacute;ltima que depende de escalas de percepci&oacute;n bien diferenciadas de acuerdo con la cultura de pertenencia y con circunstancias hist&oacute;ricas espec&iacute;ficas. En s&iacute; mismo, el concepto "construcci&oacute;n social del riesgo" establece un &aacute;mbito de causalidad bien definido, una atribuci&oacute;n de responsabilidad, mas la comprensi&oacute;n de los desastres como procesos tambi&eacute;n depender&aacute;, desde mi punto de vista, del desarrollo de una teor&iacute;a unificadora en la cual la construcci&oacute;n social del riesgo se fortalezca con el desarrollo de modelos para analizar las interacciones sociales en su relaci&oacute;n con la vulnerabilidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe entonces una &uacute;ltima disquisici&oacute;n relacionada con los desastres como procesos sociales. Todas las definiciones del t&eacute;rmino "desastre" existentes en los diccionarios lo describen como un suceso lamentable o desgraciado, refiri&eacute;ndose al evento vulnerante en el cl&iacute;max del da&ntilde;o hacia una sociedad. En cierto sentido conlleva una carga de tremendismo por la magnitud, excepcionalidad y contundencia de muchas amenazas naturales. Su estudio desde las ciencias sociales ha logrado trascender el sentido vigente del t&eacute;rmino para implantar, no sin sus consecuencias sem&aacute;nticas, la perspectiva procesal de los desastres. &Eacute;stos son, para la antropolog&iacute;a del riesgo, procesos hist&oacute;ricos de acumulaci&oacute;n progresiva de vulnerabilidad; acumulaci&oacute;n originada por la habilitaci&oacute;n de amenazas naturales y sociales existentes y la formaci&oacute;n de nuevas amenazas que se a&ntilde;aden al proceso por acci&oacute;n de la construcci&oacute;n social de riesgos. Su duraci&oacute;n y, por lo tanto, sus ritmos son variables, aunque generalmente se logran establecer en el marco de la larga duraci&oacute;n braudeliana. Como experiencia social, el proceso de desastre implica una relaci&oacute;n significativa entre la sociedad y las amenazas, sean &eacute;stas naturales o sociales, en la que se despliega, recrea, fortalece o debilita la cultura y la reproducci&oacute;n social en su relaci&oacute;n con la vulnerabilidad. Es en ese espacio de creaci&oacute;n de significaciones donde la vulnerabilidad toma formas y contenidos espec&iacute;ficos para una sociedad, formas y contenidos con cierta vigencia que se transformar&aacute;n como parte del cambio social. Describir sus etapas es una tarea a&uacute;n sin resolver. Tan s&oacute;lo tenemos la certeza de que, debido a la vulnerabilidad como cualidad del hombre, el campo social es f&eacute;rtil en amenazas, y que su mayor capacidad de infringir da&ntilde;os la conocemos casi siempre cuando &eacute;stos ocurren.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La objeci&oacute;n que se impone ante esta definici&oacute;n proviene de la existencia de muchos procesos que bien podr&iacute;an caber en la extensi&oacute;n del concepto. Si consideramos que para que un proceso califique como desastre se requiere el reconocimiento de un da&ntilde;o mayor tras un largo trayecto de construcci&oacute;n social de riesgos y creaci&oacute;n de amenazas, da&ntilde;o generalmente medido por el n&uacute;mero de muertes que involucra, entonces debemos incluir como desastres de consumaci&oacute;n permanente a la migraci&oacute;n indocumentada, por ejemplo. O bien los feminicidios de Ciudad Ju&aacute;rez, Chihuahua, producto de m&uacute;ltiples vulnerabilidades (de g&eacute;nero, socioecon&oacute;micas, pol&iacute;ticas, institucionales, etc&eacute;tera) que a la fecha, y en un periodo de aproximadamente diez a&ntilde;os, suman m&aacute;s de cuatrocientas mujeres asesinadas. De los cientos de desastres que se cocinan en estos precisos momentos y de la etapa en la que se encuentran camino al cl&iacute;max ser&iacute;a muy dif&iacute;cil hablar. Lo cierto es que en la denominaci&oacute;n e identificaci&oacute;n de procesos de desastre por parte de la teor&iacute;a social no debe ocurrir lo mismo que en la definici&oacute;n y medici&oacute;n de la pobreza, problema en el que no existe acuerdo. &iquest;Qu&eacute; se requiere entonces para avanzar en el desarrollo de conocimientos, esto es, en el aprendizaje que se deriva de los desastres que han sido, son y ser&aacute;n? La respuesta es pr&aacute;cticamente un acertijo, sobre todo cuando los avances de la ciencia en general son una mercanc&iacute;a preciada en la visi&oacute;n liberal y motivo de vulnerabilidades. Por ello se hace urgente y necesaria una visi&oacute;n integral, una especie de teor&iacute;a unificadora sobre los desastres si en realidad aspiramos a entender el imperio de la vulnerabilidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Beck, Ulrich, 1996, "Teor&iacute;as de la sociedad del riesgo", en Josetxo Beriain (comp.), <i>Las consecuencias perversas de la modernidad,</i> Anthropos, Barcelona, pp. 201&#45;222.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2674166&pid=S1607-050X200500030000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; y Elizabeth Beck&#45;Gernsheim, 2003, <i>La individualizaci&oacute;n. El individualismo institucionalizado y sus consecuencias sociales y pol&iacute;ticas,</i> trad. de Bernardo Moreno, Paid&oacute;s, Barcelona (col. Paid&oacute;s Estado y Sociedad, n&uacute;m. 114).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2674168&pid=S1607-050X200500030000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Colombo, Furio, 2004, "Poder, grupos y conflicto en la sociedad neofeudal", en Umberto Eco <i>et al.</i>, <i>La nueva Edad Media,</i> trad. de Carlos Manzano, Alianza, Madrid, pp. 37&#45;75 (col. Ciencias Sociales, n&uacute;m. 3810).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2674170&pid=S1607-050X200500030000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Delumeau, Jean, 1996, "La religi&oacute;n y el sentimiento de seguridad en las sociedades de anta&ntilde;o", en Hira de Gortari y Guillermo Zerme&ntilde;o, <i>Historiograf&iacute;a francesa. Corrientes tem&aacute;ticas y metodol&oacute;gicas recientes,</i> CEMCA&#45;Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social&#45;Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico&#45;Instituto Mora&#45;Universidad Iberoamericana, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2674172&pid=S1607-050X200500030000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Douglas, Mary, 1996, <i>La aceptabilidad del riesgo seg&uacute;n las ciencias sociales,</i> prol. de Joan Bestard, trad. de V&iacute;ctor Abelardo Mart&iacute;nez, Paid&oacute;s, Barcelona (col. Paid&oacute;s Studio, n&uacute;m. 111).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2674174&pid=S1607-050X200500030000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eco, Umberto, 2004, "La Edad Media ha comenzado ya", en Umberto Eco <i>et al., La nueva Edad Media,</i> trad. de Carlos Manzano, Alianza, Madrid, pp. 7&#45;35 (col. Ciencias Sociales, n&uacute;m. 3810).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2674176&pid=S1607-050X200500030000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Elias, Norbert, 2002, <i>Humana conditio. Consideraciones en torno a la evoluci&oacute;n de la humanidad,</i> trad. de Pilar Giralt Gorina, Pen&iacute;nsula, Barcelona (col. Ediciones de Bolsillo, n&uacute;m. 62).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2674178&pid=S1607-050X200500030000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Escalante Gonzalbo, Fernando, 2000, <i>La mirada de Dios. Estudio sobre la cultura del sufrimiento,</i> Paid&oacute;s, M&eacute;xico (col. Biblioteca Iberoamericana de Ensayo, n&uacute;m. 9).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2674180&pid=S1607-050X200500030000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garc&iacute;a Acosta, Virginia, 2004, "La perspectiva hist&oacute;rica en la antropolog&iacute;a del riesgo y del desastre. Acercamientos metodol&oacute;gicos", <i>Relaciones. Estudios de Historia y Sociedad,</i> vol. XXV, n&uacute;m. 97, invierno, El Colegio de Michoac&aacute;n, Zamora, pp.123&#45;142.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2674182&pid=S1607-050X200500030000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hewitt, Kenneth, 1983, "The Idea of Calamity in a Technocratic Age", en Kenneth Hewitt (ed.), <i>Interpretations of Calamity,</i> Allen &amp; Unwin Inc., Boston, pp. 3&#45;32.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2674184&pid=S1607-050X200500030000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lavell, Allan, 2000, "Desastres y desarrollo: hacia un entendimiento de las formas de construcci&oacute;n social de un desastre: el caso del hurac&aacute;n Mitch en Centroam&eacute;rica", en Nora Garita y Jorge Nowalski (eds.), <i>Del desastre al desarrollo humano sostenible en Centroam&eacute;rica,</i> Banco Interamericano de Desarrollo&#45;Centro Internacional para el Desarrollo Humano Sostenible, Costa Rica, pp. 7&#45;45.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2674186&pid=S1607-050X200500030000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luhmann, Niklas, 1996, "El concepto de riesgo", en Josetxo Beriain (comp.), <i>Las consecuencias perversas de la modernidad,</i> Anthropos, Barcelona, pp. 123&#45;154.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2674188&pid=S1607-050X200500030000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mac&iacute;as, Jes&uacute;s Manuel, 1992, "Significado de la vulnerabilidad social frente a los desastres", <i>Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a,</i> a&ntilde;o LIV, n&uacute;m. 4, octubre&#45;diciembre, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, pp. 3&#45;10.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2674190&pid=S1607-050X200500030000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Oliver&#45;Smith, Anthony, 2002, "Theorizing Disasters. Nature, Power, and Culture", en Susanna M. Hoffman y Anthony Oliver&#45;Smith (eds.), <i>Catastrophe &amp; Culture. The Anthropology of Disaster,</i> School of American Research Press&#45;James Currey Ltd., Santa Fe, Oxford, pp. 23&#45;47.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2674192&pid=S1607-050X200500030000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Romero, Gilberto y Andrew Maskrey, 1993, "C&oacute;mo entender los desastres naturales", en Andrew Maskrey (comp.), <i>Los desastres no son naturales,</i> LA RED, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2674194&pid=S1607-050X200500030000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sahlins, Marshall, 1997, <i>Cultura y raz&oacute;n pr&aacute;ctica,</i> trad. de G. Valdivio, Gedisa, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2674196&pid=S1607-050X200500030000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Terradas, Ignasi, 1988, <i>Mal natural, mal social. Introducci&oacute;n a la teor&iacute;a de las ciencias humanas,</i> Barcanova, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2674198&pid=S1607-050X200500030000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wilches&#45;Chaux, Gustavo, 1989, <i>Desastres, ecologismo y formaci&oacute;n profesional,</i> Servicio Nacional de Aprendizaje, Popayan.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2674200&pid=S1607-050X200500030000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> El continente africano es el segundo m&aacute;s grande del mundo y concentra al menos 14% de la poblaci&oacute;n mundial, esto es, entre 850 y 875 millones de habitantes. El &Aacute;frica subsahariana, llamada com&uacute;nmente "&Aacute;frica negra", adem&aacute;s de padecer un proceso acelerado de deforestaci&oacute;n y desertificaci&oacute;n, contaba hacia el a&ntilde;o 2003 con aproximadamente 27 millones de habitantes infectados con el VIH.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Al menos desde 1992, la postura de los gobiernos y <i>lobbys</i> financieros de las naciones desarrolladas ha sido negar sistem&aacute;ticamente los argumentos e incluso la existencia de pruebas sobre el calentamiento global y el cambio clim&aacute;tico. Todos los estudios al respecto han evidenciado un aumento de 0.6 grados en la temperatura del planeta como consecuencia de las emisiones de gases con efecto invernadero derivadas de actividades humanas, variaci&oacute;n suficiente para incidir en cambios clim&aacute;ticos de consecuencias poco predecibles. Adem&aacute;s del crecimiento industrial de China, las naciones en desarrollo incrementar&aacute;n en los pr&oacute;ximos veinticinco a&ntilde;os su consumo energ&eacute;tico en m&aacute;s de 50%, con predominio de combustibles f&oacute;siles. Seg&uacute;n Condoleezza Rice, actual secretaria de Estado de Estados Unidos, el protocolo de Kioto establecido en 1997 es muy da&ntilde;ino y negativo para la econom&iacute;a de dicho pa&iacute;s y no es parte de su futuro. En la era Bush, las grandes empresas petroleras y la mega industria del vecino pa&iacute;s, que alientan el consumo de hidrocarburos y la producci&oacute;n de gases con efecto invernadero, navegar&aacute;n libremente en el mar de la impunidad ante la mirada de todos los habitantes de la denominada "aldea global".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> A esta enajenaci&oacute;n de la racionalidad cient&iacute;fica Colombo la define como neofeudalismo tecnol&oacute;gico: "consiste precisamente en la privatizaci&oacute;n de bloques enteros de actividad humana que se han desprendido de la estructura jur&iacute;dica y organizativa del Estado moderno y de su econom&iacute;a y se han reorganizado de forma aut&oacute;noma, dependiente de intereses nuevos": intereses privados, por supuesto, no comunitarios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> "&#91;...&#93; la sociedad de consumo al m&aacute;ximo nivel no produce objetos perfectos, sino aparatitos que se deterioran f&aacute;cilmente &#91;...&#93; y la civilizaci&oacute;n tecnol&oacute;gica va camino de convertirse en una sociedad de objetos usados e inservibles; mientras que, en el campo, presenciamos talas de bosques, abandono de los cultivos, contaminaci&oacute;n del agua, de la atm&oacute;sfera y de la vegetaci&oacute;n, desaparici&oacute;n de especies animales, etc&eacute;tera" (Eco, 2004: 22).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> De acuerdo con Garc&iacute;a Acosta, "los desastres son procesos resultantes de condiciones cr&iacute;ticas preexistentes en las cuales la vulnerabilidad acumulada y la construcci&oacute;n social del riesgo ocupan lugares determinantes en su asociaci&oacute;n con una determinada amenaza natural" (Garc&iacute;a Acosta, 2004: 129). En torno al concepto "construcci&oacute;n social del riesgo" v&eacute;ase la colaboraci&oacute;n de la misma autora en este n&uacute;mero de <i>Desacatos.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> En su disertaci&oacute;n sobre la agon&iacute;a del mesianismo en Occidente, Fernando Escalante anota: "A fuerza de distanciarnos, hemos conseguido ver en la naturaleza un mecanismo efectivamente ciego e indiferente hacia las necesidades y los deseos humanos. Es la visi&oacute;n 'cient&iacute;fica', hoy dominante. Pero necesitamos, a cambio, suponer que est&aacute; rigurosamente ordenada y sigue leyes inalterables, es decir, una naturaleza donde no cabe el capricho de los dioses ni, por tanto, la tragedia. Pero hay m&aacute;s: mediante la ret&oacute;rica del 'ecologismo' hemos recuperado la relaci&oacute;n emotiva con la 'madre' naturaleza; sucede tan s&oacute;lo que hemos crecido y nos toca ahora cuidar de ella. Es indudable que gran parte de la destrucci&oacute;n de especies y ambientes naturales es obra del hombre, pero la naturaleza es tambi&eacute;n indiferente frente a eso" (Escalante, 2000: 86).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> En los d&iacute;as que siguieron al terremoto del 19 de septiembre de 1985 en la ciudad de M&eacute;xico fue interesante corroborar la coexistencia de diversas explicaciones sobre el desastre basadas en posturas y universos morales muy dis&iacute;mbolos. Por ejemplo, en diversas mujeres mayores de 50 a&ntilde;os y dedicadas al hogar predomin&oacute; la idea mesi&aacute;nica del sufrimiento cristiano alimentada por la noci&oacute;n del castigo a las culpas y vicios de la sociedad; en contraste, un joven veterinario estableci&oacute; una teor&iacute;a basada en el convencimiento de que la naturaleza utilizaba los terremotos para purgar los excedentes de poblaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Beck plantea la teor&iacute;a de la "modernidad reflexiva" basada en dos grandes zonas de explicaci&oacute;n: por un lado, la tesis medioambiental que sintetiza en la teor&iacute;a del riesgo o de la sociedad del riesgo global; por el otro, la teor&iacute;a de la individualizaci&oacute;n institucionalizada. Ambas intentan explicar el impacto de la era posindustrial en el sentido de la seguridad y la transformaci&oacute;n de la sociedad por las respuestas y alternativas que tienen los individuos ante la incertidumbre y los riesgos. Con ello el autor distingue dos espacios de percepci&oacute;n de riesgos: la biograf&iacute;a del riesgo referida a las situaciones de incertidumbre biogr&aacute;fica de los individuos y que a&uacute;n parecen abiertas al c&aacute;lculo y al control, y la biograf&iacute;a del peligro que sintetiza las condiciones de incertidumbre generalizada y de inseguridad que escapan a cualquier medici&oacute;n (v&eacute;ase Beck, 1996; Beck y Beck&#45;Gernsheim, 2003: 108&#45;109).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Al referirse al proceso de domesticaci&oacute;n de la naturaleza por parte del hombre, Norbert Elias se&ntilde;al&oacute; que "el ser humano ha trabajado desde hace muchos milenios con objetivos a corto plazo, llevado por la inquietud ante las inclemencias de la naturaleza, en la domesticaci&oacute;n de sus salvajes y peligrosas caracter&iacute;sticas. Tal&oacute; los bosques primitivos para transformarlos en campos y jardines. Consigui&oacute; exterminar en algunas regiones a lobos, gatos salvajes y serpientes venenosas, todo lo que era peligroso para &eacute;l. Ahora puede colonizar estas regiones en paz y sin peligros y encontrar bella a la naturaleza dominada y pacificada por &eacute;l. Las fieras est&aacute;n entre las rejas en los zool&oacute;gicos. En la actualidad s&oacute;lo el propio ser humano, en su papel de automovilista, por ejemplo, puede constituir un peligro para s&iacute; mismo" (Elias, 2002:18&#45;19) Esta argumentaci&oacute;n que rescata el papel ben&eacute;fico del dominio humano sobre los peligros del medio natural resulta insuficiente ante la evidencia de alteraciones que ahora mismo escapan al control y comprensi&oacute;n del hombre, precisamente porque responden a objetivos de corto plazo. Ser&iacute;a insensato no reconocer la posibilidad de que el h&aacute;bitat humano se encuentre ahora mismo en una situaci&oacute;n de da&ntilde;o generalizado irreversible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> La vulnerabilidad puede ser natural, f&iacute;sica, econ&oacute;mica, social, pol&iacute;tica, t&eacute;cnica, ideol&oacute;gica, educativa, ecol&oacute;gica, institucional y cultural (Wilches&#45;Chaux, 1989: 20&#45;41).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> La relaci&oacute;n predominante entre el nivel de desarrollo, la vulnerabilidad y los desastres por fen&oacute;menos extremos del medio es ya una convenci&oacute;n incluso adoptada por la Unidad de Reducci&oacute;n de Desastres de la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas: 98% de las muertes resultantes por desastres de impacto s&uacute;bito o de otras cat&aacute;strofes generadas por manifestaciones extremas del medio se han originado en pa&iacute;ses con altos niveles de pobreza. No obstante, el avance de la pobreza a nivel mundial se mantiene como un proceso consistente en nuestros d&iacute;as, con mayor incidencia en el hemisferio sur y fortalecido por el modelo econ&oacute;mico predominante y por la imposici&oacute;n de "pol&iacute;ticas" parad&oacute;jicamente denominadas de "desarrollo". Lo anterior no implica una reducci&oacute;n de la vulnerabilidad en pa&iacute;ses desarrollados, creadores de nuevos escenarios de vulnerabilidad a partir de la construcci&oacute;n social de riesgos y nuevas amenazas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Desde mi particular perspectiva, Lammel y Toshiaki exacerbaron los contrastes al adoptar como referente comparativo de las sociedades de pensamiento anal&iacute;tico e individualista tres casos de sociedades contempor&aacute;neas de pensamiento hol&iacute;stico: totonacos, inuits y baduis, en una contraposici&oacute;n que resulta demasiado rom&aacute;ntica en torno a la visi&oacute;n del mundo "tradicional".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Juan Carlos Ruiz Guadalajara.</b> Doctor en ciencias sociales, especialidad en historia, por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social (CIESAS&#45;Occidente). Actualmente es profesor&#45;investigador del Programa de Historia de El Colegio de San Luis e investigador nacional nivel I. L&iacute;neas de investigaci&oacute;n: procesos sociorreligiosos, antropolog&iacute;a hist&oacute;rica de la muerte, religiosidad y desastres.</font></p>      ]]></body><back>
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