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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Testimonio</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Benita Galeana: fragmentos de su vida</b> <b>y su tiempo<a href="#nota">*</a></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Daniela Spenser</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social&#45;Distrito Federal.</i> <a href="mailto:spenser@prodigy.net.mx">spenser@prodigy.net.mx</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Me choca esa palabra: no le encuentro    <br> 	chiste. El feminismo no me convence. Me    <br> 	desagrada ese sello: soy una luchadora    <br> 	social y punto.</i></font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">BENITA GALEANA, I994<a href="#nota"><sup>1</sup></a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Benita vive, la lucha sigue; Benita vive, la lucha sigue; Benita vive, la lucha sigue y sigue y sigue", declamaron pu&ntilde;o en alto las amigas y amigos de Benita Galeana el 17 de abril de 1996 al a&ntilde;o de su fallecimiento. En la antesala del auditorio en la Casa del Periodista, en donde tuvo lugar el homenaje a Benita, las paredes fueron tapizadas con cuadros que la recordaban por medio del pincel y la pluma. Benita fue retratada, adem&aacute;s, en numerosos art&iacute;culos period&iacute;sticos y en algunos programas de televisi&oacute;n y video, y su vida fue plasmada en una radionovela. Varias escuelas, estancias de ni&ntilde;os y cooperativas llevan su nombre. P&oacute;stumamente, la vida de Benita ha sido exaltada como "el pilar de la lucha del pueblo mexicano". Por su valor, Benita fue condecorada por varios gobiernos en M&eacute;xico y en el extranjero. Ya durante su vida, pero sobre todo despu&eacute;s de su muerte,que se celebra a&ntilde;o con a&ntilde;o,Benita ha sido rodeada de un halo m&iacute;tico; no faltan quienes dicen inclusive que ten&iacute;a poderes extrasensoriales. As&iacute;, pues, &iquest;qui&eacute;n fue Benita Galeana para que la gente que la conoci&oacute; siga evocando su risa estent&oacute;rea, su sentido del humor, su amor a la vida, y la recuerde por su collar de milagros que en lugar de la Virgen de Guadalupe ten&iacute;a colgada la efigie de Lenin?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Benita naci&oacute; el 10 de septiembre de 1907, o pudo haber sido 1904, en San Jer&oacute;nimo de Ju&aacute;rez, Guerrero.<sup><a href="#nota">2</a></sup> Nunca le importaron las fechas exactas, pues sus referencias para medir el tiempo eran los nacimientos, las defunciones y las ca&iacute;das de los camaradas perseguidos por uno y otro presidente de la Rep&uacute;blica. El tiempo se dilu&iacute;a entre los mitos y los recuerdos que llev&oacute; adentro a lo largo de toda su vida. La madre de Benita muri&oacute; cuando la ni&ntilde;a ten&iacute;a dos a&ntilde;os; el padre, Genaro Galeana Lacunza, alguna vez el hombre m&aacute;s rico del pueblo, se consumi&oacute; poco a poco en el alcohol.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde ni&ntilde;a Benita conoci&oacute; la pobreza junto con la violencia. Despu&eacute;s de la muerte de su padre, Benita, de seis a&ntilde;os, se fue a vivir con Camila, su hermana mayor, para ayudarle con los trabajos dom&eacute;sticos: moler el nixtamal, hacer y vender tamales y cuidar a los ni&ntilde;os peque&ntilde;os de su hermana. Benita aprendi&oacute; a golpes y a cambio de pocas satisfacciones los trabajos de la casa y del campo. Uno de sus m&aacute;s grandes anhelos fue ir a la escuela para aprender a leer y escribir. Casi de manera simb&oacute;lica el deseo m&aacute;s intenso de Benita fue poseer un par de zapatos, pues representaban no s&oacute;lo la liberaci&oacute;n de las privaciones sino la oportunidad de irse del pueblo y emprender una vida propia. La ciudad de M&eacute;xico era el destino ideal, pero pasar&iacute;an varios a&ntilde;os antes de alcanzarlo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Benita conoci&oacute; el abuso masculino en la casa de Camila. Pedro, el esposo de su hermana, vio en Benita a la sirvienta que a diario ten&iacute;a que prepararle y servirle la comida. Una noche la mano de Pedro busc&oacute; el cuerpo de Benita. La joven no s&oacute;lo lo rechaz&oacute;, sino que agarr&oacute; el machete y le cort&oacute; dos dedos. De all&iacute; en adelante no iba a permitir que los hombres se aprovecharan de ella. Por el contrario, Benita aprendi&oacute; a aprovechar sus relaciones amorosas para irse abriendo, poco a poco y con tropiezos, camino hacia una vida mejor. Sin embargo, este instrumento de liberaci&oacute;n resultar&iacute;a un arma de doble filo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para salir del mundo opresivo que representaban la casa de Camila y el pueblo, Benita so&ntilde;aba con el hombre que le dar&iacute;a amor y dinero. El sue&ntilde;o sigui&oacute; siendo s&oacute;lo un producto de su imaginaci&oacute;n mientras que la opresi&oacute;n se tornaba insoportable, por lo que Benita trat&oacute; de escaparse del pueblo, pero fue interceptada en el camino por los familiares de las amigas que la acompa&ntilde;aban y tuvo que regresar. Sin poder aguantar m&aacute;s su situaci&oacute;n, se fue a vivir con otra hermana a Acapulco. En aquella casa, sin embargo, se repiti&oacute; la historia del sojuzgamiento a la autoridad, el trabajo duro y los golpes. Despu&eacute;s de algunos meses, Benita busc&oacute; refugio en el matrimonio con Salvador Solano, un modesto escribano, con quien llev&oacute; una relaci&oacute;n sin amor y sin alcanzar la satisfacci&oacute;n econ&oacute;mica con la que so&ntilde;aba. Ignorante de la sexualidad y la maternidad, a los cinco meses de haberse juntado con Salvador &#45;cuyo trabajo apenas les daba de comer a la pareja y a su madre&#151; Benita cay&oacute; en la cuenta de que estaba embarazada. Entonces, ante la perspectiva de vivir con un hombre a quien no amaba y con una suegra que la presionaba para que se pusiera a trabajar y a ayudar al marido, Benita decidi&oacute; encarar su suerte y con escasos recursos se refugi&oacute; en casa de unos conocidos en donde dio a luz una hija. En aquellas circunstancias, el nacimiento de Lilia no fue un momento de dicha: "Felizmente naci&oacute; una nena tan fea, que parec&iacute;a una changuita prieta. &iexcl;Fea que estaba mi hija!"<sup><a href="#nota">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin recursos para mantenerse a s&iacute; misma y a su hija, Benita regres&oacute; a San Jer&oacute;nimo para trabajar en lo que sab&iacute;a hacer mejor: vender comida en la calle. Una vez en que Lilia se enferm&oacute; seriamente y Benita no pod&iacute;a seguir trabajando ni tampoco ten&iacute;a dinero para pagar al m&eacute;dico, recurri&oacute; nuevamente a un pretendiente: "Me acord&eacute; que un general me hab&iacute;a hecho el amor. Fui a verlo"<sup><a href="#nota">4</a></sup> El general pag&oacute; la curaci&oacute;n de su hija, pero a cambio exigi&oacute; que Benita se fuera a vivir con &eacute;l sin la ni&ntilde;a. Ella asinti&oacute;, aunque por suerte la convivencia se frustr&oacute; y al poco tiempo pudo volver con su hija. En otra ocasi&oacute;n en que no ten&iacute;a dinero, se junt&oacute; con un hombre que vend&iacute;a mezcal en el pueblo y se lo hab&iacute;a vendido a cr&eacute;dito a ella para que lo revendiera. Benita coment&oacute; su decisi&oacute;n de irse a vivir con &eacute;l con resignaci&oacute;n y con un dudoso j&uacute;bilo: "Al fin que s&oacute;lo soy una mercanc&iacute;a para los hombres. Y &iexcl;despu&eacute;s de todo no lo querr&eacute;!"<sup><a href="#nota">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Benita se sinti&oacute; desvalorada, sin familia que llamara suya y con ganas de irse lejos de la realidad de la cual parec&iacute;a no haber escapatoria. El mezcalero le pod&iacute;a ofrecer esa oportunidad, pero llegando a Acapulco la oblig&oacute; a dejar a su hija a cambio de seguir caminando con &eacute;l. Benita opt&oacute; por esa alternativa, aunque &eacute;l tampoco era el hombre ideal: "Lo &uacute;nico que yo ve&iacute;a era que me trataba bien, ten&iacute;a que comer, vest&iacute;a bien. Mandaba yo a los mozos. Era la se&ntilde;ora del ricacho"<sup><a href="#nota">6</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n18/a10im1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Yendo de pueblo en pueblo con su pr&oacute;spero vendedor de licores, Benita no perd&iacute;a la esperanza de llegar alg&uacute;n d&iacute;a a la ciudad de M&eacute;xico. La oportunidad se present&oacute; una vez que el mezcalero se ausent&oacute; y Benita fue a cobrar el dinero que un cliente le deb&iacute;a. Era el a&ntilde;o 1925 o 1926. Con el dinero por fin pudo llegar a la anhelada capital, aunque la incertidumbre de lo que iba a encontrar la oblig&oacute; a dejar a Lilia con la abuela paterna en Acapulco. Empezaba un nuevo cap&iacute;tulo en su vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En M&eacute;xico fue nuevamente un hombre, Manuel Rodr&iacute;guez, quien la acogi&oacute;. Manuel la quer&iacute;a pero no pod&iacute;a proporcionarle los medios para que los dos se mantuvieran y Benita ahorrara para poder traer a su hija. Fue entonces cuando Benita empez&oacute; a trabajar en el cabaret El Viejo Jalisco en la calle de San Juan de Letr&aacute;n. El trabajo result&oacute; bien pagado; consist&iacute;a en tomar y bailar con los clientes. Benita era una mujer bella, de facciones pronunciadas y de una gracia genuina, pero sin educaci&oacute;n alguna ni habilidades que le permitieran escapar de "la interminable compra y venta".<sup><a href="#nota">7</a></sup> En su pueblo Benita hab&iacute;a aprendido que la virginidad era el don supremo de una mujer. Tambi&eacute;n en el cabaret resultaba que la mujer virgen ten&iacute;a un valor superior a otra que no lo era. Benita, cada vez m&aacute;s abusada, se hac&iacute;a pasar por virgen para aumentar su propio valor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con los ingresos provenientes del cabaret y con lo que aportaba Manuel, Benita pudo ahorrar lo suficiente para ir a Acapulco por Lilia. Ante la negativa de la abuela de entregarle a la ni&ntilde;a a menos que Benita le pagara una fuerte suma de dinero en compensaci&oacute;n por haberla cuidado, Benita decidi&oacute; llev&aacute;rsela sin pedirle permiso a nadie. Perseguidas por la polic&iacute;a, a salto de mata, Benita y su hija llegaron a la ciudad de M&eacute;xico.<sup><a href="#nota">8</a></sup> Benita dej&oacute; el cabaret y se fueron con Manuel a vivir a una vecindad. El ambiente era hostil, los vecinos se espiaban unos a otros y la violencia familiar era el pan de todos los d&iacute;as. Benita misma no fue ajena a las peleas ni con otras mujeres ni con su marido. Con una, de nombre Isabel, Benita se agarr&oacute;, si no a cuchillos, a tenedores: "Se lo clav&eacute; por las costillas. El tenedor se le qued&oacute; prendido. Se arm&oacute; el escandalazo."<sup><a href="#nota">9</a></sup> Vino la polic&iacute;a y se llev&oacute; a Benita. Manuel fue por ella, pag&oacute; la multa y al salir "me arrim&oacute; una cachetada que me sent&oacute; en el suelo". El polic&iacute;a vio la disputa violenta entre la pareja y encerr&oacute; a Manuel. Benita intercedi&oacute; por &eacute;l y al salir y caminar unas cuadras "me agarr&oacute; otra vez a cachetadas. Me tir&oacute; y luego me cogi&oacute; de los cabellos y me arrastr&oacute;".<sup><a href="#nota">10</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Manuel Rodr&iacute;guez introdujo a su esposa en el trabajo y las ideas elementales del Partido Comunista Mexicano (PCM). En el partido Benita encontr&oacute; por fin el medio que correspond&iacute;a a su naturaleza rebelde. De all&iacute; en adelante se entreg&oacute; al trabajo partidario en cuerpo y alma, sin medir las consecuencias ni los costos personales. Benita se incorpor&oacute; al PCM en 1927, cuando la organizaci&oacute;n encabezaba las memorables campa&ntilde;as de solidaridad con los obreros italianos Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, condenados injustamente a muerte por los tribunales estadounidenses, y con el peque&ntilde;o ej&eacute;rcito loco de Augusto C&eacute;sar Sandino en Nicaragua, entonces invadida por los marines de Estados Unidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El partido era una organizaci&oacute;n min&uacute;scula pero vociferante, cuya dedicaci&oacute;n sincera a las luchas obreras y campesinas contrastaba a menudo con la falta de unidad en su seno y con el fracaso en sus esfuerzos por organizarlos. El trabajo partidario se gui&oacute; por los principios del comunismo internacional, concebidos por la Tercera Internacional con sede en Mosc&uacute;, que los militantes adaptaban a la realidad mexicana. En el Sexto Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en el verano de 1928 en Mosc&uacute; y en el que particip&oacute; el PCM, la pol&iacute;tica comunista dio un viraje radical. Respecto a M&eacute;xico, el nuevo rumbo signific&oacute; que el PCM retirar&iacute;a su apoyo al gobierno mexicano, lo condenar&iacute;a por fascista y luchar&iacute;a por su derrocamiento. La consigna del Comintern a los partidos comunistas de enfrentar "clase contra clase" ten&iacute;a que ser una lucha contra el gobierno sin tregua ni contemporizaci&oacute;n. Fue en medio de este ambiente de radicalismo exacerbado y sectarismo a ultranza que se templ&oacute; el car&aacute;cter comunista de Benita.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien Benita hab&iacute;a ingresado al partido porque Manuel militaba en &eacute;l, poco a poco se gan&oacute; su propio lugar; al fin y al cabo, las reivindicaciones populares que el PCM defend&iacute;a por lo general no le eran nada ajenas. Estando Manuel en la c&aacute;rcel y despu&eacute;s de que ella tambi&eacute;n fuera encerrada sin saber bien a bien por qu&eacute;, reflexion&oacute;:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Viendo la injusticia que comet&iacute;an conmigo, empec&eacute; a pensar que entonces mi marido tambi&eacute;n estaba preso por una causa justa y que yo deber&iacute;a seguir el camino de &eacute;l: luchar por los dem&aacute;s, por los pobres, por los oprimidos, como me dec&iacute;a mi marido. Y como yo ya hab&iacute;a llevado una vida arrastrada, ya conoc&iacute;a lo que era la miseria y el hambre, comprend&iacute; que el &uacute;nico camino que deb&iacute;a seguir era el de los trabajadores.<sup><a href="#nota">11</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El marco de referencia ideol&oacute;gico que subyac&iacute;a a la mi&#45;litancia de Benita era sencillo y claro, sin contradicci&oacute;n alguna. A Benita no ten&iacute;an que contarle sobre las privaciones, la explotaci&oacute;n y la opresi&oacute;n, y los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la d&eacute;cada de 1920 le confirmaban que el Estado y el capitalismo eran los verdugos de los obreros y los campesinos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En enero de 1929 el joven y carism&aacute;tico comunista cubano Julio Antonio Mella, adversario de la dictadura de Gerardo Machado en su pa&iacute;s natal, fue acribillado en el centro de la ciudad de M&eacute;xico. Para eludir la responsabilidad de una investigaci&oacute;n seria, el gobierno de Emilio Portes Gil detuvo a su compa&ntilde;era y tambi&eacute;n militante comunista, Tina Modotti, acus&aacute;ndola de haber cometido un crimen pasional. En octubre tuvo lugar el "crack" en Wall Street y millones de obreros se encontraron en la calle, primero en los pa&iacute;ses industriales y luego en los pa&iacute;ses que estaban en la periferia dependiente del capitalismo avanzado. En enero de 1930 M&eacute;xico rompi&oacute; las relaciones diplom&aacute;ticas con la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Los comunistas ve&iacute;an en ello la intervenci&oacute;n de la mano larga del imperialismo estadounidense.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En realidad la ruptura se debi&oacute; a tres situaciones que se reforzaban mutuamente: a la pol&iacute;tica agresiva antiestatista del propio Partido Comunista, a la propaganda anticomunista orquestada por los servicios de espionaje de Estados Unidos que afectaba negativamente las relaciones entre M&eacute;xico y Estados Unidos y a la propaganda sovi&eacute;tica hostil en contra de todos los gobiernos reformistas. Con los datos que la Secretar&iacute;a de Gobernaci&oacute;n ten&iacute;a a su disposici&oacute;n sobre los planes subversivos del partido, al gobierno no le cupo la menor duda de que el PCM estaba preparando su derrocamiento, y actu&oacute; en consecuencia. Cada vez que los comunistas marchaban por las calles de la capital en protesta por lo que fuera, llegaba el carro de la polic&iacute;a, la "Julia", para llev&aacute;rselos a la c&aacute;rcel. Las oficinas del partido fueron cateadas varias veces, su imprenta fue confiscada y finalmente, en 1930, el partido dej&oacute; de existir como organizaci&oacute;n legal.<sup><a href="#nota">12</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde que inici&oacute; su militancia, Benita particip&oacute; en todas y cada una de las actividades del partido y siempre en primera fila. La c&aacute;rcel se convirti&oacute; en su segunda casa. Se dice que estuvo adentro 58 veces. Cierto o no, Benita aprendi&oacute; a utilizar la c&aacute;rcel para seguir combatiendo el sistema desde adentro: organizaba huelgas de hambre, dirig&iacute;a las voces de las mujeres para que cantaran <i>La Internacional</i> y <i>La Varsovianka</i> cuando no les gustaba la comida o las obligaban a limpiar las celdas. En una ocasi&oacute;n, al saber que a los compa&ntilde;eros se los iban a llevar a las Islas Mar&iacute;as, anim&oacute; a las otras mujeres en la c&aacute;rcel para protestar desnudas por la deportaci&oacute;n de sus camaradas. En realidad, para el esp&iacute;ritu indomable y audaz de Benita la c&aacute;rcel era el lugar m&aacute;s apto para expresarse: "&iexcl;Yo me sent&iacute; en la c&aacute;rcel como en mi propia casa!"<sup><a href="#nota">13</a></sup> La c&aacute;rcel fue adem&aacute;s el lugar donde con m&aacute;s raz&oacute;n aprendi&oacute; "a odiar el sistema capitalista".<sup><a href="#nota">14</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo pol&iacute;tico tuvo prioridad frente a todo lo dem&aacute;s y Benita acab&oacute; enviando a Lilia a un hospicio.<sup><a href="#nota">15</a></sup> Con un compa&ntilde;ero inestable como lo era Manuel, y despu&eacute;s de haber adquirido fama de comunista, Benita encontr&oacute; grandes dificultades para conseguir trabajo y tuvo que volver al cabaret, en donde a nadie le importaban sus ideas pol&iacute;ticas. Manuel la abandon&oacute; probablemente en 1931 o 1932, pero para entonces Benita hab&iacute;a encontrado en el partido el sustituto de un seno familiar y en los camaradas, hermanos y hermanas: "Comprend&iacute; que lo mejor para m&iacute; era seguir en el movimiento revolucionario. Me dediqu&eacute; de lleno a la lucha."<sup><a href="#nota">16</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, su vida como militante no debi&oacute; haber sido satisfactoria del todo, ya que cuando conoci&oacute; en el cabaret al gerente estadounidense de la compa&ntilde;&iacute;a de petr&oacute;leo El &Aacute;guila, quien le ofreci&oacute; las comodidades de una casa, Benita dej&oacute; el partido y se fue con &eacute;l a Tampico. Si bien la vida de lujos tuvo su encanto, tampoco la satisfizo, y despu&eacute;s de un tiempo se regres&oacute; a la capital con el fin de retomar la militancia, "luchando como hasta ahora bajo la bandera del Partido Comunista".<sup><a href="#nota">17</a></sup> Con el dinero que le dio el gerente, pudo alquilar una casa y rentar cuartos como un medio para ganarse la vida. Su ingenuidad y su belleza atrajeron a hombres de todas las edades. Algunos la quer&iacute;an como esposa, otros como amante y otros m&aacute;s la adoptaron como su hija.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En retrospectiva, Benita consider&oacute; los a&ntilde;os de clandestinidad del partido, de 1930 a 1934, como los a&ntilde;os dorados del comunismo mexicano que no volvieron a repetirse. A pesar de que la polic&iacute;a confisc&oacute; la imprenta, el peri&oacute;dico del partido, <i>El Machete,</i> sigui&oacute; circulando. Fue entonces cuando la organizaci&oacute;n le encarg&oacute; a Benita su distribuci&oacute;n. Se paraba a las puertas de las f&aacute;bricas y talleres para entreg&aacute;rselo a los obreros y aprovechaba cada manifestaci&oacute;n para repartirlo. El trabajo no siempre fue grato, pues cuando se topaba con obreros que no simpatizaban con los comunistas, tuvo que escuchar hirientes comentarios machistas sobre su persona, pero no flaque&oacute;: "Muchas veces sal&iacute;amos de all&iacute; casi llorando al ver que nuestros mismos hermanos de clase, los trabajadores, nos trataban as&iacute;, pero cuando nos encontr&aacute;bamos con otros obreros que nos respetaban y nos sab&iacute;an tratar como camaradas, se nos olvidaba todo"<sup><a href="#nota">18</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n18/a10im2.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aguantar las majader&iacute;as de los hombres era un sacrificio menor a cambio de ver que <i>El Machete</i> segu&iacute;a circulando entre los obreros y que el PCM en la clandestinidad no perd&iacute;a el contacto con los trabajadores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La persecuci&oacute;n estatal de los comunistas cohesion&oacute; al fraccionado partido y lo convirti&oacute; en una red de ayuda mutua que su posterior vida legal volver&iacute;a a disolver. El PCM cuidaba de sus militantes a trav&eacute;s del Socorro Rojo Internacional: "El Partido ten&iacute;a vigilados todos los lugares donde pod&iacute;an estar los ca&iacute;dos en las prisiones. Cuando ca&iacute;an algunos compa&ntilde;eros presos, los segu&iacute;a hasta la jefatura y se pon&iacute;an guardias en todas las prisiones"<sup><a href="#nota">19</a></sup> El pitazo para avisar era la tonada de <i>La Internacional.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A falta de oficinas y para eludir a la polic&iacute;a, Benita narraba que su c&eacute;lula del partido hac&iacute;a las reuniones en los parques y las plazas. Aun as&iacute; la polic&iacute;a sol&iacute;a detectar a los comunistas. Cuando en una ocasi&oacute;n Benita y Jos&eacute; Revueltas fueron aprehendidos en la calle, la polic&iacute;a los llev&oacute; al Palacio Nacional en coche, pero de all&iacute; a la c&aacute;rcel tuvieron que irse a pie. El traslado fue tan aparatoso que los transe&uacute;ntes se percataron del operativo. Benita recuerda: "Se form&oacute; una escolta de treinta hombres, soldados con bayoneta calada y un oficial... &iexcl;Armas al hombro! &iexcl;De frente! &iexcl;Marchen!, orden&oacute; el oficial"<sup><a href="#nota">20</a></sup> La militante que nunca desperdici&oacute; la oportunidad de hacer un acto de propaganda, grit&oacute; mueras al gobierno de Ortiz Rubio y vivas al Partido Comunista de M&eacute;xico para llamar la atenci&oacute;n de la gente en la calle y tratar de contagiarla del optimismo y entusiasmo revolucionarios. Al fin y al cabo, la crisis capitalista mundial era la demostraci&oacute;n de que la revoluci&oacute;n estaba a la vuelta de la esquina y que faltaba poco para que la izquierda tomara el poder.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El partido no contaba con grandes te&oacute;ricos marxistas pero s&iacute; con militantes como Benita, dispuestos si era necesario a morir por la organizaci&oacute;n y por el ideal del socialismo. El fin justificaba los medios, y los m&eacute;todos de lucha en la calle o en las c&aacute;rceles no difer&iacute;an de los empleados en la lucha electoral de un partido que de todos modos no cre&iacute;a en "la democracia burguesa". En 1933 el PCM lanz&oacute; a su secretario general, Hern&aacute;n Laborde, a la candidatura de la presidencia de la Rep&uacute;blica. El d&iacute;a de las elecciones, los comunistas participaron utilizando los m&eacute;todos de sus contrincantes del partido oficial, que no eran otros que "robarse las urnas y correr para all&aacute;".<sup><a href="#nota">21</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo de su vida, Benita fue una mujer de acci&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s que de reflexi&oacute;n. Mientras m&aacute;s dif&iacute;cil la situaci&oacute;n, seg&uacute;n ella, mejor se sent&iacute;a. Era precisamente esta actitud resuelta la que inspiraba a las dem&aacute;s mujeres y compa&ntilde;eros a seguirla. Benita dec&iacute;a de s&iacute; misma que era "de las barricadas" y "de la calle", siempre resignada a la fatalidad de caer: "Si me muero en &eacute;sta, nada m&aacute;s quiero que me envuelvan en una bandera grande con la hoz y el martillo", sol&iacute;a decir a sus compa&ntilde;eros.<sup><a href="#nota">22</a></sup> Los exiliados espa&ntilde;oles que la conocieron a principios de la d&eacute;cada de 1940, cuando participaba en la lucha antifascista, notaron su calidad de militante y comentaron que si adem&aacute;s hubiera contado con educaci&oacute;n ideol&oacute;gica, M&eacute;xico tendr&iacute;a en ella a su Pasionaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo de su vida, en el partido lo mismo que en el cabaret, Benita conoci&oacute; el machismo, el maltrato y la explotaci&oacute;n de las mujeres por los hombres. Esa experiencia le hizo pensar que para que las mujeres superaran su posici&oacute;n subordinada, necesitaban educarse y participar en la vida p&uacute;blica. El feminismo nunca lleg&oacute; a convencerla, pues lo ve&iacute;a como una corriente que contrapon&iacute;a a las mujeres frente a los hombres. Adicionalmente, Benita y el PCM ve&iacute;an el feminismo como una t&aacute;ctica burguesa que distra&iacute;a a las mujeres de sus tareas fundamentales: la liberaci&oacute;n de las campesinas y las obreras de la opresi&oacute;n y explotaci&oacute;n, no como g&eacute;nero, sino como clase social.<sup><a href="#nota">23</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Benita no concibi&oacute; el papel de la mujer en la lucha de clases como algo diferente del papel desempe&ntilde;ado por el hombre. A diferencia de una Concha Michel, quien defendiera la especificidad de la mujer en la sociedad sin negar que las mujeres compart&iacute;an algunas causas con la clase trabajadora,<sup><a href="#nota">24</a></sup> Benita ve&iacute;a el problema de la igualdad de la mujer y del hombre de manera m&aacute;s sencilla y sin distinci&oacute;n de g&eacute;nero. La huelga, el desempleo y la pobreza no discriminaban a la mujer frente al hombre. La desigualdad entre los g&eacute;neros se resolv&iacute;a con la superaci&oacute;n de la mujer por medio de su incorporaci&oacute;n a la vida social activa en lugar de quedarse en su hogar. En realidad, el cuidado de la casa y la maternidad ataban a la mujer al hombre. As&iacute;, la liberaci&oacute;n de la mujer era incompatible con su papel como encargada del hogar.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n18/a10im3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Benita criticaba la infidelidad de los hombres del partido a los compromisos del amor y el maltrato de sus compa&ntilde;eras, pero atribu&iacute;a su comportamiento a la moral burguesa. Para superarse, los hombres simplemente ten&iacute;an</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">que volverse mejores comunistas. Ella cre&iacute;a que los hombres y las mujeres ten&iacute;an la misma oportunidad para superarse, y que al liberarse el hombre, se beneficiaba la mu&#45;jer,y viceversa. Con su ejemplo, Benita quer&iacute;a darles &eacute;sta y otras lecciones a las dem&aacute;s mujeres, pero sent&iacute;a que su analfabetismo se lo imped&iacute;a. Consciente de esta desventaja, Benita no descans&oacute; en toda su vida para superarla.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La militante de la calle participaba con sus camaradas del partido en los congresos de obreras y campesinas de la d&eacute;cada de 1930 en un frente amplio de mujeres comunistas y mujeres que pertenec&iacute;an al Partido Nacional Revolucionario. La discusi&oacute;n de posiciones y el trabajo de persuasi&oacute;n no eran el lado fuerte de Benita, y la militante "de las barricadas" participaba aqu&iacute; m&aacute;s bien en calidad de corifeo del partido. Cuando en uno de los congresos, en 1934, se suscit&oacute; un zafarrancho entre las comunistas y las penerristas en torno a varios asuntos, incluyendo el de la prostituci&oacute;n,<sup><a href="#nota">25</a></sup> Benita particip&oacute; defendiendo f&iacute;sicamente a las mujeres comunistas extranjeras para que en el cruce de los golpes no las alcanzara la polic&iacute;a, pues ello hubiera significado su deportaci&oacute;n segura.<sup><a href="#nota">26</a></sup></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Benita concibi&oacute; el papel del partido no s&oacute;lo como un instrumento de lucha, sino tambi&eacute;n como un medio de educaci&oacute;n masiva as&iacute; como de superaci&oacute;n individual. En este terreno le parec&iacute;a a la militante que el partido dejaba mucho que desear, pues "no le reconoce ser o desarrollo del ser a sus mujeres".<sup><a href="#nota">27</a></sup> Benita misma criticaba al partido por no haber hecho m&aacute;s por sus miembros. En su caso propio, opinaba que el partido deb&iacute;a haberle ense&ntilde;ado a leer y escribir, pero ni eso, "ni siquiera un 'Buenos d&iacute;as, Benita' he recibido de Laborde"; no por vanidad sino "por encauzarme, por mejorar mi trabajo revolucionario, por hacer de m&iacute;, aconsej&aacute;ndome o estimul&aacute;ndome, una luchadora m&aacute;s consciente y capaz. He sentido que me han dejado sola con mi ignorancia".<sup><a href="#nota">28</a></sup> En otras ocasiones, Benita se inclinaba a justificar estas faltas de atenci&oacute;n reconociendo que Laborde y los dem&aacute;s cabecillas estaban tal vez demasiado ocupados con las exigencias de la lucha pol&iacute;tica para mirar hacia abajo por el bienestar de los miembros rasos del partido. En realidad, Benita hab&iacute;a aceptado la necesidad de la organizaci&oacute;n jer&aacute;rquica del partido y del centralismo y no le preocupaba demasiado el que no fuera verdaderamente democr&aacute;tico. Adem&aacute;s, Benita sent&iacute;a una atracci&oacute;n irresistible hacia los jerarcas de la organizaci&oacute;n y caudillos de la izquierda.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A mediados de la d&eacute;cada de 1930, en medio de la euforia nacional cardenista, Benita conoci&oacute; a Humberto Padilla, "un peque&ntilde;oburgu&eacute;s, recientemente ingresado al Partido".<sup><a href="#nota">29</a></sup> Fue el primer gran amor de su vida y Benita se fue con Humberto a Chiapas y a Campeche, adonde fue comisionado para trabajar como ingeniero ferrocarrilero. La estancia en el sureste dur&oacute; un a&ntilde;o, probablemente entre 1936 y 1937. Cuando regresaron a la capital, entre Benita y Humberto surgieron disonancias en torno a la reincorporaci&oacute;n de Benita al partido y su recuperaci&oacute;n de Lilia. Humberto se opon&iacute;a a ambas cosas y en 1938 la abandon&oacute;. Para entonces, el partido apoyaba al r&eacute;gimen cardenista y Benita pudo conseguir empleo en una oficina de correos. Fue entonces que decidi&oacute; contar sus experiencias despu&eacute;s de haber dado tantas vueltas. Utilizando la m&aacute;quina de escribir que Humberto no se llev&oacute;, Benita empez&oacute; a llenar hojas y hojas con los episodios de su vida.<sup><a href="#nota">30</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entregada al trabajo del partido, en la redacci&oacute;n de su &oacute;rgano informativo <i>El Machete</i> (que circulaba bajo el nuevo nombre de <i>La Voz de M&eacute;xico),</i> conoci&oacute; al periodista Mario Gill. Mario qued&oacute; cautivado por la personalidad de Benita, y su vocaci&oacute;n de escritor sucumbi&oacute; ante los episodios extraordinarios que ella tecleaba. En 1939, Mario Gill y Benita se juntaron como pareja en una uni&oacute;n que durar&iacute;a hasta 1973, cuando Gill muri&oacute;.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Benita nunca lleg&oacute; a dominar las letras, sin embargo, ten&iacute;a el don de narrar los episodios de su vida y los mitos de su pueblo de manera cautivadora. Mario Gill reconoci&oacute; el valor literario de aquellas narraciones y se ofreci&oacute; a componer el libro de las hojas sueltas, mecanografiadas con todo y los errores ortogr&aacute;ficos, en las que Benita hab&iacute;a plasmado los recuerdos de su infancia, su adolescencia y sus primeras andanzas fuera de su pueblo. Entre los dos trabajaron el manuscrito unos dos a&ntilde;os hasta que en 1940 apareci&oacute; el libro titulado <i>Benita.</i> El libro se gan&oacute; al p&uacute;blico inmediatamente y fue reimpreso varias veces. En 1994 sali&oacute; su versi&oacute;n en ingl&eacute;s.<sup><a href="#nota">31</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Benita</i> fue un libro fuera de lo com&uacute;n, pues daba voz a la mujer cuya rebeld&iacute;a en contra de la opresi&oacute;n asfixiante de la familia y las costumbres pueblerinas pocas veces pudo ser escuchada. El libro cubre unos treinta a&ntilde;os de la vida de Benita y de M&eacute;xico, desde la primera d&eacute;cada del siglo XX hasta la de 1940. Gill aprovech&oacute; la fuerza de las narraciones para entretener y para instruir a los lectores. El relato sigue la progresi&oacute;n de una mujer ignorante e ingenua de pueblo hacia su compromiso con un M&eacute;xico de los pobres y no con el poder. <i>Benita</i> contiene episodios extraordinarios por medio de los cuales se perfila una mujer que siempre encontraba una salida a sus infortunios, que en ocasiones demostr&oacute; una inusitada valent&iacute;a, aunque a veces parec&iacute;a ser a costa de su hija o en contra de s&iacute; misma. Gill permaneci&oacute; fiel al esp&iacute;ritu l&uacute;dico de Benita. El libro era una ventana a trav&eacute;s de la cual era posible percibir la vida social del barrio en la capital y la vida interna del Partido Comunista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No cabe duda de que este libro fue atrevido para su &eacute;poca. No s&oacute;lo expresa la rebeld&iacute;a de una mujer, sino que tambi&eacute;n desaf&iacute;a el puritanismo del Partido Comunista que se presentaba ante el pueblo como el vigilante de la moral proletaria y la pureza ideol&oacute;gica. La del libro es una comunista ejemplar pero contradictoria. As&iacute; como pudo ser fiel al partido, lo fue a sus muchos maridos. Al parecer, el PCM le pidi&oacute; a Benita que tachara los pasajes referentes al cabaret, pero la autora se neg&oacute; a hacerlo aduciendo que de aceptar esa exigencia, borrar&iacute;a una parte de su vida.<sup><a href="#nota">32</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Junto a los episodios dram&aacute;ticos, en el libro de Benita no faltan narraciones divertidas que tal vez no sucedieron tal y como fueron contadas, pero que le a&ntilde;aden al libro el sentido l&uacute;dico que caracteriz&oacute; su vida. En una ocasi&oacute;n, al pegar carteles en la calle, Benita sinti&oacute; que era perseguida. El agente de polic&iacute;a, el temible Sotomayor, alcanz&oacute; a Benita y quiso quitarle la pila de propaganda que ten&iacute;a en sus manos. Ella no se dej&oacute;: "Se me ocurri&oacute; echarle encima el cubo del atole... Mientras &eacute;l se limpiaba los ojos, le pegu&eacute; la propaganda en el cuerpo"<sup><a href="#nota">33</a></sup> Por si fuera poco, le dio un puntapi&eacute; en la espinilla y le quit&oacute; su rev&oacute;lver. Armada de valor y con pistola, se dispuso a hacer un discurso, en el que intercal&oacute; las consignas del partido, record&oacute; a Julio Antonio Mella y conden&oacute; al gobierno de Portes Gil. La verdad hist&oacute;rica pudo haber sido otra, pero ese instante de comedia de golpe y porrazo ten&iacute;a un valor propagand&iacute;stico que la autora y Gill le quer&iacute;an imprimir al libro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien para Benita el Partido Comunista era el lugar de refugio y solaz por el resto de su vida, curiosamente no compart&iacute;a su rabia antitrotskista, que databa de finales de la d&eacute;cada de 1920 y que fue azuzada con la llegada a M&eacute;xico del veterano bolchevique en 1937. Un episodio que Benita narr&oacute; en su primer libro y que repiti&oacute; en el siguiente fue el intento de Jos&eacute; Revueltas de expulsar a los trotskistas del partido, probablemente en 1930. Benita los defendi&oacute; y el encolerizado Revueltas la quiso expulsar a ella. Benita consideraba a los trotskistas mexicanos como sus viejos camaradas, pues con ellos hab&iacute;a compartido luchas en la calle, y nunca lleg&oacute; a comprender los argumentos por los que el partido los expuls&oacute; y luego los conden&oacute; al ostracismo. Los camaradas le hab&iacute;an explicado que Trotsky era "un individuo que en una &eacute;poca estuvo por accidente a favor de los trabajadores, pero luego traicion&oacute; a la Revoluci&oacute;n".<sup><a href="#nota">34</a></sup> No obstante la explicaci&oacute;n del partido, Benita no qued&oacute; convencida y nunca desconoci&oacute; a sus amigos, aun cuando los servicios de seguridad sovi&eacute;ticos se coordinaban en M&eacute;xico para liquidar a Trotsky de una vez por todas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque se involucr&oacute; en el atentado a Trotsky en mayo de 1940, fue de una manera totalmente fortuita. Benita y Mario Gill ten&iacute;an alquilada una casa grande en el centro de la ciudad en la que hab&iacute;an m&aacute;s cuartos de los que necesitaban. Estos los rentaban a gente del partido que no ten&iacute;a donde vivir. Uno se lo alquil&oacute; a Andr&eacute;s Salgado y a su compa&ntilde;era Isabel Chavarr&iacute;a y otro al pintor Luis Arenal. En el asalto a la casa en la que viv&iacute;a Trotsky en el barrio de Coyoac&aacute;n particip&oacute;, como se sabe, el pintor David Alfaro Siqueiros, pero tambi&eacute;n colaboraron Isabel Chavarr&iacute;a y otros artistas. Despu&eacute;s del atentado la polic&iacute;a busc&oacute; a Isabel y dio con la casa de Benita. Se llevaron a la inculpada y rodearon la casa. Benita entr&oacute; al cuarto de la pareja y encontr&oacute; uniformes militares, parque, y en los cajones donde los pintores guardaban sus brochas, aparecieron ametralladoras desarmadas. Benita se asust&oacute; por la gravedad del hallazgo, mas no particip&oacute; en la conmoci&oacute;n generalizada porque aquel primer atentado a Trotsky considerado un contrarrevolucionario indeseable en M&eacute;xico&#151; hab&iacute;a fracasado.<sup><a href="#nota">35</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Benita la d&eacute;cada de 1930 concluy&oacute; con un sentimiento mixto. Si bien la lucha callejera de los comunistas contra el grupo fascistoide de choque semimilitariza&#45;do, llamado los Camisas Doradas, dio salida a su &iacute;mpetu revolucionario, not&oacute; al mismo tiempo que el partido en la legalidad hab&iacute;a perdido mucho del esp&iacute;ritu de lucha que lo hab&iacute;a caracterizado cuando estuvo en la clandestinidad. El presidente L&aacute;zaro C&aacute;rdenas le hab&iacute;a dado al pueblo tierra y protecci&oacute;n laboral, cosas que Benita cre&iacute;a que el pueblo junto con el partido deb&iacute;an de haberle arrancado al Estado. Con C&aacute;rdenas "empezamos a acomodarnos en oficinas, a trabajar y se acab&oacute; ese gran partido que hab&iacute;a".<sup><a href="#nota">36</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El prestigio del partido ante los obreros y los campesinos merm&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s cuando su secretario general, Dionisio Encina, quien por &oacute;rdenes del Comintern reemplaz&oacute; a Laborde en 1940, colabor&oacute; con Vicente Lombardo Toledano, el dirigente m&aacute;ximo del movimiento obrero aliado con el Estado, y con el Estado mismo bajo la bandera de la lucha antifascista. Sin embargo, el esp&iacute;ritu luchador de Benita no decay&oacute; porque el PCM se encontraba de capa ca&iacute;da y sin direcci&oacute;n revolucionaria. La lucha que ella libraba no era de posiciones dentro del partido, sino en la calle y en el campo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Benita regresaba con cierta frecuencia a San Jer&oacute;nimo en esos a&ntilde;os a ver a su familia y aprovechaba sus viajes para reunirse con los campesinos del pueblo y hacer propaganda para que se organizaran para luchar por la tierra. Para empa&ntilde;ar la imagen de Miguel Alem&aacute;n, quien fue nombrado candidato presidencial en 1945, Benita y sus compa&ntilde;eros del partido viajaron a Acayucan, Veracruz, para organizar ligas de resistencia entre los campesinos que hab&iacute;an conocido en carne propia las p&eacute;rdidas de sus tierras en manos de las guardias blancas, organizadas en a&ntilde;os anteriores por Alem&aacute;n. En la ciudad de M&eacute;xico participaba en cualquier marcha, creyendo que las manifestaciones eran una manera de comunicaci&oacute;n con el pueblo: "Cuesta, nos quita tiempo, es tal vez inc&oacute;modo, pero lo tenemos que hacer para seguir haciendo mella al gobierno. Por lo menos ense&ntilde;amos la fuerza"<sup><a href="#nota">37</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1952 el PCM, a ra&iacute;z de sus actividades, ten&iacute;a a varios de sus militantes presos. La organizaci&oacute;n hab&iacute;a hecho distintas propuestas para lograr su liberaci&oacute;n, pero ninguna prosper&oacute;. Benita, siempre decidida a cometer actos audaces, aprovech&oacute; el desfile del primero de mayo en el campo militar para acercarse al carro presidencial: "Que me aviento al carro, me le pego y lo paro. Me agarr&eacute; de la ventanilla as&iacute;, de la de atr&aacute;s. El chofer me golpe&oacute; pero no me afloj&oacute;. Entonces me pesqu&eacute; a Alem&aacute;n de la corbata"<sup><a href="#nota">38</a></sup> Y para aumentar el efecto dram&aacute;tico, Benita prosigue en su narraci&oacute;n: "Se le sumi&oacute; la manzanita porque me lo pesqu&eacute;, pero bien pescado" Benita le exigi&oacute; al presidente que dejara salir a los presos. No nos dice si Alem&aacute;n los liber&oacute; o no.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien Benita se sent&iacute;a a sus anchas en la calle, consideraba como deficiencia suya y del partido la falta de trabajo pol&iacute;tico en las f&aacute;bricas y en los talleres durante los a&ntilde;os del "milagro mexicano". Para corregirla, "anduvimos buscando, nos fuimos a La Lagunilla y escogimos una &#91;f&aacute;brica&#93; como modelo para el primer ensayo". Era una f&aacute;brica de vestido. Los comunistas se acercaron a las obreras y las azuzaron para que pidieran aumento de salario. La respuesta de los patrones fue despedirlas masivamente. Despu&eacute;s del fracaso inicial, los comunistas s&iacute; lograron organizar un sindicato en la misma f&aacute;brica, pero no sabemos si tuvo &eacute;xito en la defensa de las demandas obreras.<sup><a href="#nota">39</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lilia, la hija de Benita, muri&oacute; en 1952 a los 27 a&ntilde;os por una deficiencia cardiaca. Su muerte afect&oacute; a Benita de tal manera que durante un tiempo se encerr&oacute; en s&iacute; misma. Benita no hab&iacute;a deseado tener m&aacute;s hijos, pues "no puedo decir que conceb&iacute; a m'ija con gusto porque no sab&iacute;a yo gozar el momento".<sup><a href="#nota">40</a></sup> Despu&eacute;s de la muerte de Lilia, Benita y Mario Gill adoptaron a varias ni&ntilde;as, que de otra manera hubieran quedado en el desamparo; pero aun entonces Benita privilegiaba el trabajo en el partido sobre la maternidad y la manutenci&oacute;n del hogar, y nunca encontr&oacute; la manera de compatibilizar el papel de madre con el de militante. La vida y la suerte de las hijas adoptivas de Benita y Mario Gill siguen siendo un cap&iacute;tulo de su vida sin dilucidar. Una de ellas recuerda la bondad del padre y el car&aacute;cter dominante y rencoroso de la madre que hac&iacute;a dif&iacute;cil la convivencia familiar. Otras perdieron el contacto con Benita o se separaron de la madre en discordia.<sup><a href="#nota">41</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La vida de Mario Gill y Benita Galeana se caracteriz&oacute; por la participaci&oacute;n de ambos en el Partido Comunista Mexicano, en los acontecimientos nacionales y por su observaci&oacute;n acuciosa de los internacionales. Mario, adem&aacute;s, vivi&oacute; como reportero tales acontecimientos. Los dos visitaron la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica varias veces a ra&iacute;z de la necesidad de tratar el c&aacute;ncer de Mario. Entre las muchas participaciones que Benita recordaba toda su vida estaba la organizaci&oacute;n de la colonia Escuadr&oacute;n 201 a mitad de la d&eacute;cada de 1950, en donde los paracaidistas se enfrentaron al Departamento del Distrito Federal y al due&ntilde;o del terreno para poder construir sus casas. Tambi&eacute;n rememoraba la lucha de los ferrocarrileros en 1958, la de los estudiantes en 1968 y la guerrilla en la d&eacute;cada de 1970.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1968 Benita trabajaba en el Seguro Social. Fue ella la que empuj&oacute; a su hija Itanduza para que en octubre fuera a Tlatelolco: "Porque ella era cobarde, me dec&iacute;a no voy y yo le repet&iacute;a, usted va", aunque despu&eacute;s de la masacre del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas Benita se sent&iacute;a culpable y jur&oacute; que si algo le suced&iacute;a, "no descansar&iacute;a hasta agarrar a D&iacute;az Ordaz como agarr&eacute; a Miguel Alem&aacute;n". Benita misma particip&oacute; en el movimiento estudiantil llevando tortas, medicinas y recados sin medir los riesgos que implicaba hacerlo en una ciudad asediada por la polic&iacute;a y el ej&eacute;rcito. En la d&eacute;cada de 1970 miraba el prospecto de la guerrilla de Lucio Caba&ntilde;as y Genaro V&aacute;zquez con abiertas simpat&iacute;as:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Moralmente yo estaba con ellos, yo viv&iacute;a feliz por su movimiento y al mismo tiempo preocupada por los actos que cometi&oacute; el ej&eacute;rcito, que iba asesinando a gente pac&iacute;fica que s&oacute;lo ayudaba con comida a los guerrilleros.Yo dec&iacute;a a qu&eacute; horas se extiende la guerrilla, para defender al pueblo. Aunque yo no lo conoc&iacute;a, cada cosa que hac&iacute;an Lucio y Genaro la aplaud&iacute;a. Mi coraz&oacute;n siempre estuvo con ellos.<sup><a href="#nota">42</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de la muerte del marido en 1973, Benita se encerr&oacute; en su vida de recuerdos y fantas&iacute;as. Nunca dej&oacute; de hilvanar sus recuerdos y experiencias. Reconoci&oacute; que su marido le hab&iacute;a dado forma de libro a los episodios de su vida; sin embargo, sinti&oacute; una enorme satisfacci&oacute;n de que las vivencias de una mujer casi analfabeta se pudieran convertir en una obra literaria. En la d&eacute;cada de 1970 su capacidad de escribir no hab&iacute;a mejorado sustancialmente. Benita admiti&oacute; que nunca pudo aprender a dominar las letras para escribir y leer, salvo lo elemental. Sin embargo, a lo largo de los a&ntilde;os, los mitos, las leyendas y los cuentos guerrerenses rondaban por su mente y despu&eacute;s de ver la primera creaci&oacute;n de su memoria en circulaci&oacute;n, decidi&oacute; escribir la segunda, pero ya sin la ayuda de Gill. En parte, quer&iacute;a demostrarse que pod&iacute;a sola. Nuevamente llenaba hojas de teclados y apuntes que luego fueron transcritos y editados. Este libro hablado, <i>El</i> <i>peso mocho,</i> fue publicado en 1979.<sup><a href="#nota">43</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro recogi&oacute; los cuentos de su pueblo, un arsenal de memoria colectiva, que cada individuo hac&iacute;a suyo y lo narraba como si acabara de ver u o&iacute;r el episodio. Aparecen los ricos y los pobres, las matronas del pueblo, como do&ntilde;a Min Galeana, y sus hijas, cuya virginidad val&iacute;a oro. Tambi&eacute;n aparecen los arrieros como Lavin el Berrengo, los santos, sus fiestas y sus vestimentas. El libro no es una obra literaria pulida, pero los cuentos reflejan la entonaci&oacute;n, los modismos y el idioma vern&aacute;culo de Guerrero. Esta vez el editor no cuid&oacute; la estructura de los cuentos, que las m&aacute;s de las veces, como la memoria y la invenci&oacute;n mismas, no parecen tener un final.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n18/a10im4.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No fue sino hasta la d&eacute;cada de 1980 que retom&oacute; el hilo de su vida de activista y volvi&oacute; a participar en la vida p&uacute;blica. El terremoto de 1985 fue uno de los grandes momentos que le permitieron explayar su sentido de solidaridad. En 1988 particip&oacute; en la campa&ntilde;a de Cuauht&eacute;moc C&aacute;rdenas en b&uacute;squeda del voto popular y finalmente aplaudi&oacute; el levantamiento del Ej&eacute;rcito Zapatista de Liberaci&oacute;n Nacional en enero de 1994. El ritmo y la intensidad de su participaci&oacute;n disminuyeron con el tiempo, pero hasta donde su estado de salud se lo permit&iacute;a, estuvo presente en todas las jornadas, aunque en los &uacute;ltimos a&ntilde;os fuera en una silla de ruedas.<sup><a href="#nota">44</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Benita cre&iacute;a en la lucha popular como un medio para retar al Estado, nunca considerado por ella y sus correligionarios como revolucionario, y arrancarle una que otra concesi&oacute;n. Sin embargo, no vislumbr&oacute; logros mayores sin el papel dirigente del partido comunista, unido y bien disciplinado. Pero el PCM se disolvi&oacute; en 1981 para reaparecer como un partido m&aacute;s amplio de izquierda, el Partido Socialista Unificado de M&eacute;xico, que despu&eacute;s de 1989 se transform&oacute; en una de las facciones que conform&oacute; el Partido de la Revoluci&oacute;n Democr&aacute;tica (PRD) a ra&iacute;z de la campa&ntilde;a de Cuauht&eacute;moc C&aacute;rdenas. Benita nunca dej&oacute; de lamentar la disoluci&oacute;n del Partido Comunista, aunque tampoco pudo quedarse al margen de la vida partidaria, y junto con sus camaradas se adapt&oacute; a su manera a las diferentes metamorfosis de su partido original. En esos a&ntilde;os, a sus viejas amistades del partido Benita incorpor&oacute; amistades nuevas que surgieron de las luchas por la democracia partidista y sindical. Esta renovada vida de activista le permit&iacute;a a Benita alejar la muerte. Adem&aacute;s, rayando los 90 a&ntilde;os, se enamor&oacute; de un hombre varios lustros menor que ella y vivi&oacute; su &uacute;ltima relaci&oacute;n amorosa hasta el d&iacute;a de su muerte, el 17 de abril de 1995.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1988 se le ocurri&oacute; a Mar&iacute;a Guerra, su amiga de muchos a&ntilde;os que, como premio de seis d&eacute;cadas de militan&#45;cia, Benita merec&iacute;a un viaje a Cuba para conocer a Fidel Castro y contemplar los frutos de la Revoluci&oacute;n. Aprovechando la ocasi&oacute;n del Tercer Encuentro Continental de Mujeres contra la Intervenci&oacute;n, Mar&iacute;a organiz&oacute; el viaje de Benita.<sup><a href="#nota">45</a></sup> Una vez en La Habana, Benita vivi&oacute; el suspenso de si Castro la recibir&iacute;a o no. Un d&iacute;a, despu&eacute;s de esperar cinco horas, "el Comandante la abraz&oacute; y le pregunt&oacute;: '&iexcl;Conociste a Julio Antonio Mella?' 'Claro que s&iacute;. Yo estuve en la defensa de las cenizas de Mella.'"<sup><a href="#nota">46</a></sup> Lo que m&aacute;s recordaba del viaje fueron el abrazo y el beso de Fidel.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El imperialismo hab&iacute;a sido uno de los blancos principales del odio de Benita a lo largo de toda su vida. Ella no problematiz&oacute; la compleja relaci&oacute;n entre los Estados Unidos y los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina y el Tercer Mundo en general. Cualquier tipo de resistencia a los yanquis era bienvenido. Con ese esp&iacute;ritu, Benita aplaudi&oacute; el en&#45;frentamiento entre el hombre fuerte y de arraigo popular en Panam&aacute;, el general Manuel Noriega, y el halc&oacute;n de la Casa Blanca, George Bush. No le preocupaba que el mismo caudillo paname&ntilde;o hubiera estado al servicio de la CIA ni que fuera un instrumento de los narcotraficantes colombianos para que la coca&iacute;na pasara de Cali o Medell&iacute;n a Estados Unidos a trav&eacute;s del territorio paname&ntilde;o. Con el mismo entusiasmo con el que Benita hab&iacute;a ido a Cuba, se fue a Panam&aacute; un a&ntilde;o despu&eacute;s para abrazar a Manuel Noriega, ese macho que se les pudo poner al brinco a los gringos. A su vez, Noriega, asediado por el boicot econ&oacute;mico estadounidense y por la adversa opini&oacute;n p&uacute;blica mundial, aprovech&oacute; la oportunidad que la admiraci&oacute;n de una vieja militante mexicana le brindaba para mostrar al mundo que no carec&iacute;a de solidaridad internacional.<sup><a href="#nota">47</a></sup> Con igual fervor Benita se apost&oacute; detr&aacute;s de Saddam Hussein, mismo que asesinaba a la minor&iacute;a kurda en su pa&iacute;s, cuando tuvo lugar la invasi&oacute;n estadounidense a Irak en enero de 1989. La contemporizaci&oacute;n de M&eacute;xico con Estados Unidos gracias al Tratado de Libre Comercio, seg&uacute;n Benita, no era sino la entrega de la patria al imperialismo.<a href="#nota"><sup>48</sup></a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En realidad, la visi&oacute;n del mundo de Benita no cambi&oacute; radicalmente desde los tiempos de cuando iniciaba su militancia en el partido a cuando la conclu&iacute;a. La forma de mirar su entorno permaneci&oacute; en gran medida determinado por la intuici&oacute;n. Su admiraci&oacute;n por la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica y el socialismo real era inmutable. Si bien Benita se solidariz&oacute; con las luchas populares en M&eacute;xico, su fe en el comunismo no le permiti&oacute; ver las reivindicaciones de los pueblos de la misma URSS y de Europa central y oriental por la democratizaci&oacute;n de sus respectivas sociedades y Estados. Contrariamente a los acontecimientos, Benita se neg&oacute; a considerar la insurgencia popular en los pa&iacute;ses del bloque socialista a fines de la d&eacute;cada de 1980, que luchaba por lograr cambios en un sistema pol&iacute;tico y econ&oacute;mico obsoleto. Por el contrario, ve&iacute;a en las reformas de Gorbachov la claudicaci&oacute;n del socialismo ante el capitalismo.<sup><a href="#nota">49</a></sup> No obstante ello, y pese a la debilidad de los movimientos populares en M&eacute;xico y en el mundo, pese a sus derrotas, entre las que Benita cont&oacute; la de los estudiantes en la plaza de Tiananmen en Pek&iacute;n en 1989, tan comparable con la de las Tres Culturas en 1968 en M&eacute;xico, no perd&iacute;a la fe en el renacimiento del socialismo y en la renovaci&oacute;n de las luchas populares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la d&eacute;cada de 1980 el amor propio motiv&oacute; a Benita una vez m&aacute;s a sentarse frente a la m&aacute;quina de escribir y contar nuevos sucesos de su vida. Las admiradoras de Benita exaltaron el manuscrito acr&iacute;ticamente como sus memorias.<a href="#nota"><sup>50</sup></a> <i>Actos vividos,</i> como Benita llam&oacute; su escrito, es un conjunto de episodios, algunos ya narrados en <i>Benita</i>, otros in&eacute;ditos. M&aacute;s que memorias, es una reiteraci&oacute;n de sus ideas fundamentales y de algunas experiencias nuevas. Entre las primeras se cuenta la idea del temible poder del Partido Comunista Mexicano a fines de la d&eacute;cada de 1920. Seg&uacute;n Benita, el Partido Nacional Revolucionario "se cre&oacute; para contrarrestar la fuerza que empez&oacute; a cobrar el PC, sobre todo entre las mujeres".<sup><a href="#nota">51</a></sup> En realidad, como se sabe, el PNR se hab&iacute;a formado para unificar los partidos y grupos pol&iacute;ticos dispersos y darle a los caudillos de la Revoluci&oacute;n una cobertura institucional. Otra idea que subyace a sus narraciones es la intemporalidad de la lucha de clases como motor de la historia. Benita no concibi&oacute; la vida de otra manera que no fuera la confrontaci&oacute;n permanente entre el pueblo y la burgues&iacute;a, entre el socialismo y el imperialismo, sin que cupiera mediaci&oacute;n alguna entre los polos opuestos.<sup><a href="#nota">52</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Actos vividos</i> encontramos la correspondencia entre Noriega y Benita desde antes y despu&eacute;s de la invasi&oacute;n estadounidense de 1989 y una descripci&oacute;n detallada del viaje de Benita y Mar&iacute;a a Panam&aacute;. El manuscrito incluye, adem&aacute;s, versos que Benita compuso para ventilar sus sentimientos de ira a consecuencia del ataque navide&ntilde;o contra Panam&aacute; y luego la guerra de Estados Unidos sobre Irak. En &eacute;ste, como en los dem&aacute;s escritos, Benita logr&oacute; plasmar fragmentos de la cultura popular mexicana y expresar algunas formas de la solidaridad de M&eacute;xico con las luchas de liberaci&oacute;n de otros pueblos, el rechazo a la dominaci&oacute;n de los pa&iacute;ses fuertes sobre los pueblos d&eacute;biles y la tendencia espont&aacute;nea de organizarse, aunque no siempre se tuvieran ideas claras de qu&eacute; hacer. La expresi&oacute;n literaria de Benita es, adem&aacute;s, una demostraci&oacute;n de su percepci&oacute;n selectiva de la realidad, la que le permiti&oacute; que su fe, la fe en el socialismo, no sufriera corrosi&oacute;n alguna.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Benita se concibi&oacute; a s&iacute; misma como &uacute;nica pero al mismo tiempo como un ser universal.<sup><a href="#nota">53</a></sup> Era consciente de la haza&ntilde;a poco com&uacute;n en su &eacute;poca de haber superado el atraso de su pueblo, y con ingenio, astucia y sacrificios, haber llegado a la capital para asumir el papel de una luchadora social. Lo hizo a nombre suyo, pero a la vez crey&oacute; cargar a cuestas la suerte de millones de mujeres mexicanas que hab&iacute;an nacido en las mismas circunstancias que ella. Benita cre&iacute;a que las mujeres como ella eran indispensables mientras existieran otras que siguieran desamparadas social y pol&iacute;ticamente. Entretanto hubiera pobreza y explotaci&oacute;n, Benita hac&iacute;a falta para dar ejemplo a las dem&aacute;s mujeres para que continuaran la lucha y su propia superaci&oacute;n. Una vez que la lucha triunfara y todas las mujeres se convirtieran en Benitas, su papel central conclu&iacute;a porque la mujer luchadora, entonces, tendr&iacute;a un car&aacute;cter universal. Hasta que eso no sucediera, Benita cre&iacute;a en su papel protag&oacute;nico en la historia mexicana que, sin duda alguna, tambi&eacute;n disfrut&oacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n18/a10im5.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Quisiera agradecer a David Sweet por su minuciosa lectura y copiosas observaciones para mejorar la calidad del art&iacute;culo. A Julia Tu&ntilde;&oacute;n por el trabajo invertido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Entrevista con Benita por Mari Carmen S&aacute;nchez Ambriz, "La mujer eterna de la hoz y el martillo", <i>El Buho,</i> 14 de agosto de 1994.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Natalia Mart&iacute;nez Beltr&aacute;n y Smirna Romero Garibay, "Benita Galeana, los derechos del hombre", en <i>Precursores del agrarismo,Centro</i> de Estudios del Agrarismo en M&eacute;xico, M&eacute;xico, 1991, p. 22.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2681258&pid=S1607-050X200500020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;Benita Galeana, <i>Benita,</i> Lince, M&eacute;xico, 1992, p. 35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2681260&pid=S1607-050X200500020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;<i>Ibid., p.</i> 37.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>&nbsp;<i>Ibid</i>., p. 42.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Benita Galeana, <i>Benita, op. cit.,</i> p. 51.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Carlos Monsiv&aacute;is, "Benita Galeana", en <i>Amor perdido,</i> Era&#45;SEP, M&eacute;xico, 1986, p. 133.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2681265&pid=S1607-050X200500020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup>&nbsp;Benita Galeana, <i>Benita, op. cit.,</i> p. 68.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup>&nbsp;<i>Ibid.,</i> p. 73.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup>&nbsp;<i>Ibid.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> <i>Ibid</i>., p. 76.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Daniela Spenser, <i>El tri&aacute;ngulo imposible: M&eacute;xico, Rusia sovi&eacute;tica y Estados Unidos en los a&ntilde;os veinte,</i> CIESAS&#45;Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a, M&eacute;xico, 1998, cap. 9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2681271&pid=S1607-050X200500020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup>&nbsp;Benita Galeana, <i>Benita, op. cit.,</i> p. 87.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup>&nbsp;<i>Ibid</i>., p. 141.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup>&nbsp;Entrevista con Yamil P&eacute;rez Solano, M&eacute;xico, 18 de abril de 1996.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup>&nbsp;Benita Galeana, <i>Benita, op. cit.,</i> p. 79.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup>&nbsp;<i>Ibid</i>., p. 120.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Benita Galeana, <i>Benita, op. cit.,</i> p. 109.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup>&nbsp;<i>Ibid</i>., p. 97.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup>&nbsp;<i>Ibid.,</i> p. 123.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup>&nbsp;Mart&iacute;nez Beltr&aacute;n y Romero Garibaray,"Benita Galeana...", <i>op. cit.,</i> p. 23.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup>&nbsp;Benita Galeana, <i>Actos vividos,</i> manuscrito in&eacute;dito. Quisiera agradecer a Salvador Zurita por haberme proporcionado el manuscrito junto con otros materiales que sirvieron de fuentes para este art&iacute;culo.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup>&nbsp;Anna Mac&iacute;as, <i>Against All Odds: the Feminist Movement in Mexico</i> <i>to 1940,</i> Greenwood Press, Westport, Connecticut, 1982, pp. 105 y 129.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2681283&pid=S1607-050X200500020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup>&nbsp;Julia Tu&ntilde;&oacute;n Pablos, <i>Mujeres en M&eacute;xico, una historia olvidada,</i> Planeta, M&eacute;xico, 1987,p. 156; Jocelyn Olcott, <i>Las Hijas de la Malinche: Women's Organizing and State Fromation in Postrevolutionary Mexico, 1934&#45;1940,</i> tesis doctoral,Yale University, 2000.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup>&nbsp;Esperanza Tu&ntilde;&oacute;n Pablos, <i>Mujeres que se organizan. El Frente &Uacute;nico Pro Derechos de la Mujer, 1935&#45;1938,</i> UNAM&#45;Porr&uacute;a, M&eacute;xico, 1992, p. 44.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2681286&pid=S1607-050X200500020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup>&nbsp;Julia Tu&ntilde;&oacute;n Pablos, <i>Mujeres en M&eacute;xico..., op. cit.,</i> pp. 36&#45;50.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup>&nbsp;Monsiv&aacute;is, <i>Amor perdido, op. cit.,</i> p. 132.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup>&nbsp;Benita Galeana, <i>Benita, op. cit.,</i> p. 115.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup>&nbsp;<i>Ibid.,</i> p. 141.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup>&nbsp;Entrevista con Benita por Edmundo Zepeda, Radio Educaci&oacute;n, 1994.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup>&nbsp;Benita Galeana, <i>Benita,</i> 1940 (el primer tiraje fue pagado por el banquero Enrique Gonz&aacute;lez Aparicio); <i>Benita,</i> M&eacute;xico, Extempor&aacute;neos, 1975 y <i>Benita,</i> trad. de Amy Diane Prince, Latin American Literary Review Press, Pittsburgh, Pennsylvania, 1994.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup>&nbsp;Entrevista con Benita por Edmundo Zepeda, Radio Educaci&oacute;n, 1994.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup>&nbsp;Benita Galeana, <i>Benita, op. cit.,</i> p. 81.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup>&nbsp;<i>Ibid</i>., p. 100.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35</sup>&nbsp;Benita Galeana, <i>Benita, op. cit.</i> V&eacute;ase David Alfaro Siqueiros, "Por qu&eacute; el 'atentado' contra Trotsky", cap. XVII, en <i>Me llamaban el Coro nelazo,</i> Grijalbo, M&eacute;xico, 1977, pp. 355&#45;377.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>36</sup>&nbsp;Benita Galeana, <i>Actos vividos,</i> ms.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>37</sup>&nbsp;Patricia Rosales y Zamora, "M&eacute;xico no aprende de la historia", <i>Ex c&eacute;lsior,</i> 15 de febrero de 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2681299&pid=S1607-050X200500020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>38</sup>&nbsp;Benita Galeana, <i>Actos vividos,</i> ms.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>39</sup>&nbsp;Benita Galena, <i>Actos vividos, ms.</i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>40</sup>&nbsp;Guadalupe D&iacute;az Castellanos, "Desde la cotidianidad. Benita Galeana en la lucha", Fem, a&ntilde;o 17, n&uacute;m. 124, primera parte, junio de 1993, pp. 18&#45;20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2681303&pid=S1607-050X200500020001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>41</sup>&nbsp;Entrevista con Itanduza Velasco Galeana, 30 de junio de 1996.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>42</sup>&nbsp;Benita Galeana, <i>Actos vividos,</i> ms.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>43</sup>&nbsp;Benita Galeana, <i>El peso mocho,</i> Extempor&aacute;neos, M&eacute;xico, 1979.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2681307&pid=S1607-050X200500020001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>44</sup>&nbsp;Entrevista con Salvador Zurita, M&eacute;xico, 19 de febrero de 1996.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>45</sup>&nbsp;Entrevista con Mar&iacute;a Guerra, M&eacute;xico, 1 de julio de 1996.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>46</sup>&nbsp;Elena Poniatowska, "&iexcl;Agarren a Benita!", en Benita, <i>op. cit.,</i> p. XVI.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>47</sup>&nbsp;Entrevista con Jorge Turner, M&eacute;xico, 1 de julio de 1996.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>48</sup>&nbsp;Alejandro Ortiz Gonz&aacute;lez, "La lucha me viene de la sangre: Benita Galeana", <i>El Nacional,</i> 9 de marzo de 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2681313&pid=S1607-050X200500020001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>49</sup>&nbsp;Dora Luz Haw, "Surgir&aacute;n muchos Marcos", <i>Reforma,</i> 22 de febrero de 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2681315&pid=S1607-050X200500020001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>50</sup>&nbsp;Por ejemplo, Amalia Rivera, <i>"Actos vividos,</i> las esperadas memorias de Benita Galeana"; Patricia Rosales y Zamora, "M&eacute;xico no aprende de su historia", <i>Exc&eacute;lsior,</i> 15 de febrero de 1995.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>51</sup>&nbsp;Benita Galeana, <i>Actos vividos,</i> ms.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>52</sup> Benita Galeana, <i>Actos vividos,</i> ms.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>53</sup> Pablo Espinosa, "La ideolog&iacute;a del pueblo llegar&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a a su meta", <i>La Jornada,</i> 12 de septiembre de 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2681320&pid=S1607-050X200500020001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre la autora</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Daniela Grollov&aacute;&#45;Spenser.</b> Originaria de Praga, Checoslovaquia. Reside en M&eacute;xico desde 1972 y es investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social (CIESAS) desde 1980. Sus primeros trabajos de investigaci&oacute;n fueron fruto de varios a&ntilde;os de vida en Chiapas. El libro <i>El Partido Socialista Chiapaneco: rescate y reconstrucci&oacute;n de su historia</i> (1988) fue premiado por el Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia (INAH) en su forma de tesis de maestr&iacute;a. Doctora en historia por la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, verti&oacute; su tesis en el libro <i>El tri&aacute;ngulo imposible: M&eacute;xico, la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica y los Estados Unidos en los a&ntilde;os veinte,</i> publicado en 1998 y en traducci&oacute;n al ingl&eacute;s por Duke University Press en 1999. Desde entonces se ha dedicado al estudio del comunismo en M&eacute;xico y de la guerra fr&iacute;a en Am&eacute;rica Latina. Compil&oacute; (con Rina Ortiz) un volumen de documentos de los archivos rusos titulado <i>La Internacional Comunista en M&eacute;xico: los primeros tropiezos</i> (en prensa) y acaba de coordinar el libro <i>Espejos de la guerra fr&iacute;a: M&eacute;xico, Am&eacute;rica Central</i> (2004).</font></p>      ]]></body><back>
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