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<publisher-name><![CDATA[Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social]]></publisher-name>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Is there anyone who could have no opinion regarding the increase of delinquency in the streets? Is there anyone who does not agree with the idea on what young people are supposedly today and with what is believed to be happening in this important social group? Social studies have presented different angles of this phenomena and, in spite of proposals being formulated for the reintegration of these juvenile groups a doubt now emerges. To which society does one wish to integrate them if they have never belonged to one? It is a fact that, at present, government social policies are in general dissociated from and, often, in open antagonism to the efforts carried out by the civil society. Has the time come to rethink the role of the State vis-à-vis the existing chaotic reality? There are neighborhoods where violence is a way of life and the residents have to adopt this attitude to combat violence with violence. Is it not possible to join the concepts of youth and culture with the definition of a public social policy which foresees these scenarios? This article seeks to answer some of these questions.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Saberes y razones</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Pandillas, j&oacute;venes y violencia</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>H&eacute;ctor Castillo Berthier</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a no tener una opini&oacute;n sobre los incrementos de la delincuencia en las calles? &iquest;Qui&eacute;n no concuerda con la idea de lo que supuestamente es hoy la juventud y con lo que se piensa que est&aacute; sucediendo con este importante grupo social? Los estudios sociales han presentado diferentes rostros de este fen&oacute;meno y aunque han formulado propuestas para la reintegraci&oacute;n de estos grupos juveniles hoy surge una duda: &iquest;a qu&eacute; sociedad se les quiere integrar si nunca han pertenecido a ella? Es un hecho que actualmente las pol&iacute;ticas sociales de los gobiernos est&aacute;n en general disociadas y, muchas veces, en abierto antagonismo a los esfuerzos realizados desde la sociedad civil: &iquest;ha llegado el momento de replantear el papel del Estado frente a la ca&oacute;tica realidad existente? Existen barrios donde la violencia es una forma de vida y los residentes tienen que adoptar esa actitud, es decir, combaten violencia con violencia: &iquest;no es posible conjugar los conceptos de juventud y cultura con la definici&oacute;n de una pol&iacute;tica social p&uacute;blica que prevea estos escenarios? El presente trabajo pretende dar respuesta a algunas de estas interrogantes.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Is there anyone who could have no opinion regarding the increase of delinquency in the streets? Is there anyone who does not agree with the idea on what young people are supposedly today and with what is believed to be happening in this important social group? Social studies have presented different angles of this phenomena and, in spite of proposals being formulated for the reintegration of these juvenile groups a doubt now emerges. To which society does one wish to integrate them if they have never belonged to one? It is a fact that, at present, government social policies are in general dissociated from and, often, in open antagonism to the efforts carried out by the civil society. Has the time come to rethink the role of the State vis&#45;&agrave;&#45;vis the existing chaotic reality? There are neighborhoods where violence is a way of life and the residents have to adopt this attitude to combat violence with violence. Is it not possible to join the concepts of youth and culture with the definition of a public social policy which foresees these scenarios? This article seeks to answer some of these questions.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>&iquest;D&Oacute;NDE ESTAMOS?</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Maras, clicas, bandas, pandillas, parches, gangas; y sus miembros: gamines, homies, parceros, pivetes, sicarios; con sus arengas: "por el barrio nac&iacute;, por el barrio morir&eacute;", "el enemigo es la ley", "&iexcl;amor del Rey!"; con las ropas de colores diferenciados y exclusivos; con los tatuajes como s&iacute;mbolos de identidad: tres puntos en el antebrazo o entre los dedos pulgar e &iacute;ndice que significan "dinero, drogas y mujeres", las cruces en el pecho o las l&aacute;grimas en los ojos que indican el n&uacute;mero de muertos, y esa cl&aacute;sica leyenda en el cuello, en el pecho o en la espalda: "Perd&oacute;name madre m&iacute;a por mi vida loca". Y sus nombres: la Vida Loca, la Blood for Blood (sangre por sangre), la Denfo du Barrio (morir por el barrio), la MM (Mexican Mafia), la Mara 13, la 18, los Panochos, la 21, los Salvatrucha... son s&oacute;lo algunos cuantos de los nuevos s&iacute;mbolos de una vieja realidad: organizaciones de autodefensa juveniles en "territorios enemigos", donde ser joven pobre &#151;y m&aacute;s si es migrante&#151; tiene un alto costo de discriminaci&oacute;n; donde la &uacute;nica "salida" a la marginalidad tiene que romper la ley; donde la violencia, propia del sistema capitalista, es enfrentada con m&aacute;s violencia; donde la vida no vale nada, o m&aacute;s bien, donde se da el encuentro de la funesta realidad de saber que la muerte comienza a ser un negocio lucrativo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y los pa&iacute;ses: Guatemala, Honduras, Nicaragua, Colombia, Brasil, El Salvador, Costa Rica, Panam&aacute;, M&eacute;xico, y otros m&aacute;s, en donde se est&aacute; gestando una aut&eacute;ntica unificaci&oacute;n latinoamericana respecto a la existencia de estos j&oacute;venes pandilleros que, m&aacute;s all&aacute; de la b&uacute;squeda de una identidad o del consumo y asimilaci&oacute;n de la hibridaci&oacute;n cultural globalizada, han encontrado en la violencia una forma para tratar de sobrevivir en una sociedad de la cual han estado excluidos permanentemente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si en general a los a&ntilde;os 1980 se les calific&oacute; como la d&eacute;cada perdida, los j&oacute;venes de estos a&ntilde;os pasaron a ser autom&aacute;ticamente una generaci&oacute;n perdida, hijos (o nietos) de las recurrentes crisis econ&oacute;micas y de gobierno; pero en Centroam&eacute;rica, y con mayor fuerza en Nicaragua y El Salvador, sus j&oacute;venes fueron, adem&aacute;s, hijos de la guerra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Salvador es considerado por la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas (ONU) como el segundo lugar m&aacute;s violento de Latinoam&eacute;rica, despu&eacute;s de Colombia y es en este pa&iacute;s donde el nombre de una pandilla en particular, la Mara Salvatrucha, empieza poco a poco a invadir la realidad de otros pa&iacute;ses y obliga a voltear la mirada sobre un problema que, si bien siempre ha existido, hoy reaparece con una fuerza y una violencia nunca antes vista, en medio de un ambiente expansivo y de exportaci&oacute;n del fen&oacute;meno hacia los pa&iacute;ses vecinos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vale la pena detenernos en una declaraci&oacute;n reciente de la Fiscal&iacute;a General de la Rep&uacute;blica (FGR) de El Salvador, en voz de su director, Belisario Artiga, quien reconoce que los distintos gobiernos salvadore&ntilde;os "dejaron crecer el problema de los mareros". Una vez terminada la guerra en 1992, El Salvador entr&oacute; en un lento proceso de reconstrucci&oacute;n que incluy&oacute; nuevas leyes y el desarme obligatorio de todos los grupos armados, y agrega:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nadie vislumbr&oacute; lo que significaba la &eacute;poca de la posguerra y se cometieron errores... Al desmovilizarse los cuerpos de seguridad y la guerrilla, se dej&oacute; suelta a una masa de 40 000 hombres que durante 15 a&ntilde;os aprendieron a defenderse o matar y que de lo &uacute;nico que sab&iacute;an era de armas... la Polic&iacute;a Nacional Civil (PNC) era un cuerpo amorfo que no estaba preparado para controlar la delincuencia urbana &#91;que es&#93; muy diferente al combate en las monta&ntilde;as... La econom&iacute;a estaba desecha y en cero la creaci&oacute;n de empleos... Por esos a&ntilde;os el gobierno estadounidense inici&oacute; la deportaci&oacute;n masiva de salvadore&ntilde;os que estaban en prisi&oacute;n o cometieron alg&uacute;n delito en las calles... Llegaron miles, sin control alguno. Jam&aacute;s supimos qui&eacute;nes eran o si ten&iacute;an antecedentes penales; muchos de ellos ven&iacute;an directamente de la prisi&oacute;n y como no hab&iacute;an cometido delitos aqu&iacute;, al llegar al aeropuerto quedaban libres, se iban a las pandillas.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los primeros a&ntilde;os de la posguerra las maras pasaron desapercibidas y semi ocultas en el torbellino de la delincuencia urbana. "Las prioridades eran otras &#151;reconoce el fiscal&#151;, ten&iacute;amos una alta incidencia de asaltos a mano armada, robo de bancos, de furgones con mercanc&iacute;a y de secuestros expr&eacute;s, que por cierto vinieron de M&eacute;xico" (<i>ibid.</i>). Y no fue sino hasta 10 a&ntilde;os despu&eacute;s, en el 2002, cuando el gobierno salvadore&ntilde;o empez&oacute; a aplicar ciertas "medidas"; pero el problema ya estaba fuera de control. Entre estas medidas sobresalen dos en particular: la llamada "Ley Antimaras", que parece tener m&aacute;s bien una orientaci&oacute;n pol&iacute;tica &#151;ya que es impulsada por el presidente y su partido antes de las elecciones y termina tres semanas despu&eacute;s de que estas sucedan&#151;, y el programa "Mano Dura" que, entre sus objetivos, proh&iacute;be pertenecer a pandillas, usar tatuajes, reunirse en la calle con m&aacute;s de dos personas, adem&aacute;s de aplicar sanciones penales a menores de edad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los resultados de dichas medidas son similares a los que ocurren en muchos otros pa&iacute;ses con situaciones an&aacute;logas: miles de detenidos &#151;10 178 en el caso de El Salvador de un total estimado por la PNC de 11 000 pandilleros distribuidos en 309 clicas&#151;, 81% de ellos por sospechas de pertenecer a las maras o por traer alg&uacute;n tatuaje, de los que s&oacute;lo al 14% se les relacion&oacute; con alg&uacute;n delito cometido por las pandillas y que arroja una cifra implacable: 95% de los detenidos est&aacute;n libres por falta de pruebas <i>(ibid.).</i> &iquest;Qu&eacute; nos dicen estas cifras sobre el problema?, &iquest;puede verse una manipulaci&oacute;n del fen&oacute;meno social para sacar alguna ventaja pol&iacute;tica?, &iquest;no parece acaso que los j&oacute;venes siguen siendo "carne de ca&ntilde;&oacute;n" para ser utilizados s&oacute;lo en las &eacute;pocas electorales v&iacute;a la manipulaci&oacute;n de sus estigmas en los medios?, &iquest;cu&aacute;l es el verdadero alcance de estas disposiciones del estilo "Cero Tolerancia"?</font></p>      	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a6f1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es posible hablar de los j&oacute;venes en t&eacute;rminos manique&iacute;stas para decir que todos son buenos o, al contrario, malos. Es natural que en los grupos sociales haya una mezcla indeterminada de los dos tipos, subordinada a las condiciones de vida materiales y sociales. Sin embargo, y paralelamente a la "efectividad" de estas medidas &#151;anunciadas sistem&aacute;ticamente en la prensa para alcanzar el objetivo medi&aacute;tico deseado&#151;, surge en la sociedad un sentimiento y una percepci&oacute;n de "lo que son los j&oacute;venes', del peligro que representan y que muchas veces la lleva a actuar en forma violenta e irracional, amparada por la inexistencia de "justicia" o la presencia de un estado de derecho d&eacute;bil y sin bases s&oacute;lidas.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a6f2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, surgen en Brasil los "Escuadrones de la Muerte", en Colombia la "Polic&iacute;a C&iacute;vica", en El Salvador la "Sombra Negra", que inician, por su cuenta, aut&eacute;nticas "operaciones de limpieza", asesinando a los pandilleros &#151;o a quienes creen ellos que lo son&#151;, aumentando el clima de violencia y de impunidad que permite que todas estas manifestaciones de barbarie sean, parad&oacute;jicamente, "aceptadas" e incluso validadas por una buena parte de la sociedad. El concejal del ayuntamiento del Gran Salvador y durante nueve a&ntilde;os combatiente activo del Frente Farabundo Mart&iacute; de Liberaci&oacute;n Nacional (FMLN), Eduardo Linares, ha dicho respecto a las fotograf&iacute;as de cad&aacute;veres desmembrados que aparecen en un reporte de la polic&iacute;a:</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Era la forma de amedrentar a la gente en los a&ntilde;os de la guerra sucia... Decapitar personas y tirar la cabeza en sitios diferentes, o desmembrar varios cuerpos y juntar las partes de todos en un solo lugar fue el sello de la dictadura... Se han encontrado j&oacute;venes amarrados, colgados de los pulgares como en los tiempos de la guerra. Eso no lo hacen los mareros, no es su metodolog&iacute;a, y por el contrario, queda la sensaci&oacute;n de que hay operativos para limpiar al pa&iacute;s de las maras (<i>ibid.</i>).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La difusi&oacute;n de estas im&aacute;genes por los medios de comunicaci&oacute;n dieron el sustento para la aplicaci&oacute;n de las "medidas" en contra de las pandillas. Sin embargo, para los j&oacute;venes pandilleros, su grupo &#151;su "familia"&#151; sigue siendo una parte medular de su existencia, en donde ser pandillero significa ser solidario, alimentar a otro pandillero o asesinar por tu pandilla. Es decir que ser pandillero est&aacute; considerado por muchos como una aut&eacute;ntica forma de vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Miles de j&oacute;venes &#151;literalmente hablando&#151; se han sumado a las maras de El Salvador, pero no se trata de un fen&oacute;meno local, lo mismo ha ocurrido en Colombia, Los &Aacute;ngeles, Nueva York, Nicaragua, Honduras o M&eacute;xico, y una de las advertencias de un marero indica que tan s&oacute;lo en la ciudad de M&eacute;xico ya existen unos 1 300 mareros distribuidos en siete clicas, que son la columna vertebral de los Salvatrucha en este pa&iacute;s, advirtiendo que si hoy se preocupan de que est&eacute;n llegando tantos pandilleros "no han visto nada todav&iacute;a" (<i>ibid.</i>).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un marco general que unifica las realidades espec&iacute;ficas de estos pa&iacute;ses es la pobreza generalizada y sus efectos en la poblaci&oacute;n, que es hoy una discusi&oacute;n de primer nivel para los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, debido al considerable aumento de este fen&oacute;meno social y econ&oacute;mico. Algo que contribuye al debate es que la pobreza se ha dado en medio de un contexto de raqu&iacute;tico crecimiento de la econom&iacute;a, caracterizado a la vez por un proceso de remodelaci&oacute;n radical del papel del Estado en relaci&oacute;n con las pol&iacute;ticas sociales o de bienestar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Junto al tema de la pobreza aparecen nuevas concepciones de la privaci&oacute;n: vulnerabilidad, exclusi&oacute;n, discriminaci&oacute;n, explotaci&oacute;n y violencia. Algunos de &eacute;stos son temas viejos en las ciencias sociales, pero olvidados o evitados por ciertos paradigmas cient&iacute;ficos disciplinarios. Pero la magnitud de las desigualdades con relaci&oacute;n a las clases sociales, las razas, g&eacute;neros, edades y regiones, hacen que estos t&oacute;picos vuelvan a plantearse como pertinentes en la discusi&oacute;n de las formas de inequidad social.</font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por estas razones es necesario ampliar el debate sobre la pobreza y sus diversas manifestaciones, as&iacute; como la concepci&oacute;n y materializaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas sociales en torno a este tema. Es urgente expandir el debate de la pobreza &#151;entendida no s&oacute;lo como carencia econ&oacute;mica&#151; hacia la comprensi&oacute;n de la miseria como elemento clave para la construcci&oacute;n de pr&aacute;cticas sociales que buscan enfrentar de ra&iacute;z las necesidades del individuo, la familia o la colectividad. Esta tarea implica una perspectiva multidisciplinaria, por lo que el tema de la metodolog&iacute;a de estudio y de la reflexi&oacute;n normativa resultan indispensables en una discusi&oacute;n que abra nuevos horizontes a la investigaci&oacute;n social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Pandillas, j&oacute;venes, violencia", estos conceptos unidos encierran un tema que es com&uacute;n a la realidad de muchos pa&iacute;ses, no s&oacute;lo de Am&eacute;rica Latina sino del mundo entero: la delincuencia juvenil. Su presencia es recurrente y ofrece, contradictoriamente, las visiones convergentes y en cierta forma enga&ntilde;osas que aparecen d&iacute;a con d&iacute;a en los medios de comunicaci&oacute;n, en las oficinas de gobierno donde se dise&ntilde;an las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y en los frecuentes temas de conversaci&oacute;n de las reuniones familiares. &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a no tener una opini&oacute;n sobre los incrementos de la delincuencia en las calles?, &iquest;qui&eacute;n podr&iacute;a abstenerse de reflexionar &#151;aunque sea superficialmente&#151; sobre lo que son y representan las bandas y las pandillas juveniles en su ciudad o en su barrio?, &iquest;qui&eacute;n no tiene una idea cercana a lo que supuestamente es hoy la juventud y a lo que se cree est&aacute; sucediendo con este importante grupo social?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La interacci&oacute;n de estos conceptos, sin un an&aacute;lisis de mayor alcance, f&aacute;cilmente permite imaginar escenarios ca&oacute;ticos, plagados de lugares comunes y muchas veces oscuros, como si se tratara de un t&uacute;nel prefabricado en donde ya se sabe &#151;o al menos se intuye con toda seguridad&#151; "lo que va a ocurrir". Pero, curiosamente, tanto la juventud como las pandillas o la violencia son categor&iacute;as que necesitan de una indispensable reconstrucci&oacute;n hist&oacute;rica de acuerdo con los par&aacute;metros espec&iacute;ficos de cada sociedad, si es que se quiere entender &#151;en un sentido extenso&#151; el presente y el futuro de nuestra sociedad contempor&aacute;nea, donde de seguir con las actuales tendencias demogr&aacute;ficas, al menos en Am&eacute;rica Latina, habr&aacute; en las dos siguientes d&eacute;cadas m&aacute;s j&oacute;venes que nunca antes en toda la historia del continente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los pandilleros recrean una serie de s&iacute;mbolos identitarios que les permiten crear sus propios c&oacute;digos de comunicaci&oacute;n con un solo objetivo: diferenciarse e integrarse a "algo" que ha venido a suplir el papel de la familia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero no todo est&aacute; perdido, y agrupaciones como los Homies Unidos, en la ciudad de El Salvador, o Circo Volador en M&eacute;xico, se han reunido para buscar en las pandillas, en las bandas, las fortalezas y habilidades que les permitan transformarse en personas productivas y de paso dar una soluci&oacute;n al problema de la violencia social existente. Junto a ellas est&aacute;n los programas y las pol&iacute;ticas sociales que surgen del gobierno, como es el caso de los partidos de futbol nocturnos organizados en El Salvador por el Consejo de Seguridad. Ante esto, Luis Romero de Homies Unidos plantea: "&iquest;De qu&eacute; sirve jugar al futbol si en la noche me voy a morir de hambre?" (<i>ibid.</i>). O sea, &iquest;a qu&eacute; sociedad se les quiere integrar si nunca han pertenecido a ella? Es un hecho que actualmente las pol&iacute;ticas sociales de los gobiernos est&aacute;n en general disociadas, separadas y, muchas veces, en abierto antagonismo frente a los esfuerzos realizados desde la sociedad civil: &iquest;qu&eacute; quiere decir esto?, &iquest;no es acaso el momento de replantear seriamente el papel del Estado frente a la ca&oacute;tica realidad existente?, &iquest;seguir&aacute; vigente el viejo lema de las bandas "no hay futuro"?, &iquest;hasta cu&aacute;ndo? En los siguientes apartados se pretende obtener alguna respuesta a estas interrogantes.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>PANDILLAS: UNA PERSPECTIVA SOCIOL&Oacute;GICA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como grupo social, los j&oacute;venes est&aacute;n forzosamente vinculados a su entorno, al ambiente econ&oacute;mico, social, pol&iacute;tico y cultural presente en cualquier etapa de la historia de un pa&iacute;s o de una ciudad, y de esta relaci&oacute;n hist&oacute;rica depender&aacute;n los mecanismos, acuerdos, visiones y formas de convivencia que se hayan establecido entre ellos y su sociedad; de ella tambi&eacute;n depender&aacute; la imagen p&uacute;blica de los j&oacute;venes, su percepci&oacute;n popular y las formas y l&iacute;mites que encontraron para asociarse entre s&iacute;, en cualquier contexto. Los j&oacute;venes no son un grupo homog&eacute;neo, m&aacute;s bien el concepto juventud encierra en s&iacute; mismo la suma de numerosos grupos, muy distintos entre s&iacute;, que algunas veces llegan a ser hasta antag&oacute;nicos. Por ejemplo, es un hecho que no todos los deportistas son j&oacute;venes y que no todos los j&oacute;venes son deportistas; sin embargo, el deporte es una actividad ligada intr&iacute;nsecamente a la juventud. De la misma forma, no todos los j&oacute;venes son delincuentes ni todos los delincuentes son j&oacute;venes, pero, al igual que en el ejemplo anterior, existe cierta tendencia construida socialmente que, con frecuencia, relaciona estos dos conceptos hasta llegar a hablar espec&iacute;ficamente de una "delincuencia juvenil": &iquest;qu&eacute; tan real es esta percepci&oacute;n?, &iquest;es sano para una sociedad pensar as&iacute; de sus "hombres y mujeres del ma&ntilde;ana"?, &iquest;cu&aacute;les son los efectos que tienen este tipo de interpretaciones sociales?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los motivos del surgimiento de estas percepciones sobre los j&oacute;venes son m&uacute;ltiples y de or&iacute;genes diversos, sin embargo, es un hecho &#151;aceptado actualmente en las ciencias sociales&#151; que respecto a este sector en particular existe una estigmatizaci&oacute;n que, con los a&ntilde;os, se ha visto reforzada y muy difundida por los medios masivos de comunicaci&oacute;n. &iquest;De d&oacute;nde han surgido estas visiones?, &iquest;existe acaso una estrategia perversa para marcarlos deliberadamente?, &iquest;qui&eacute;nes han sido los responsables de este complejo proceso de etiquetaci&oacute;n social?, &iquest;hacia d&oacute;nde se dirige este fen&oacute;meno y que resultados arroja? En este peque&ntilde;o apartado se pretenden describir los momentos m&aacute;s sobresalientes de la historia reciente de este conflicto, en el cual la relaci&oacute;n ciencias sociales&#45;juventud ha dejado huellas visibles que, finalmente, han llevado a la construcci&oacute;n de un concepto de "juventud" vinculado a las caracter&iacute;sticas que ahora se tienen respecto a las pandillas, las bandas y la violencia, a las que parece estar irremediablemente unido, de la misma forma que al deporte o la delincuencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estudio de las pandillas y las bandas juveniles tiene una larga historia que suma ya poco m&aacute;s de ocho d&eacute;cadas en los pa&iacute;ses del primer mundo, donde con todo cuidado y detalle se empezaron a describir las diferentes formas de integraci&oacute;n y de interacci&oacute;n social de los j&oacute;venes dentro y alrededor de sus grupos de pertenencia. Podr&iacute;a decirse que dichos trabajos pioneros se encontraban en general circunscritos a una demanda espec&iacute;fica de los gobiernos en turno, de los empresarios o en general de las esferas de poder, que trataban de entender y prever los diferentes escenarios de consolidaci&oacute;n de sus clases populares juveniles, muchas de ellas compuestas por familias de inmigrantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Casi desde el principio del siglo pasado en Estados Unidos la migraci&oacute;n estuvo ligada a las acciones de medici&oacute;n y control de los impactos negativos y notorios &#151;que se reflejaban en la formaci&oacute;n de pandillas o <i>gangs</i>&#151; en los barrios donde se asentaban los nuevos ciudadanos. Debe decirse que, ante todo, la formaci&oacute;n de estos grupos de encuentro de los j&oacute;venes obedecieron en muchos casos a mecanismos primarios de defensa ante el racismo o la agresi&oacute;n directa de los residentes locales en contra de los reci&eacute;n llegados. Seguramente existen tambi&eacute;n otros aspectos en este fen&oacute;meno, como ser&iacute;an los sentimientos nacionalistas, las costumbres de sus lugares de origen o hasta sus caracter&iacute;sticas &eacute;tnicas, pero bien se puede afirmar que el llamado pandillerismo se origina, al menos en la visi&oacute;n de las ciencias sociales de Occidente, con los j&oacute;venes que emigraron, o bien con los hijos e hijas de las familias migrantes. En Am&eacute;rica Latina, y en general en los pa&iacute;ses del llamado Tercer Mundo, este tipo de trabajo son escasos, cuando no completamente inexistentes. De hecho, las ciencias sociales en nuestros pa&iacute;ses empezaron a preocuparse por esta problem&aacute;tica a finales de la d&eacute;cada de 1960. Lo hicieron trasladando directamente algunos de los modelos anal&iacute;ticos ya desarrollados y, curiosamente, muchas de estas investigaciones se originaron tambi&eacute;n a partir de la demanda de los gobiernos que entonces comenzaban a interesarse en los j&oacute;venes por su aspecto, su rechazo al sistema, su rebeld&iacute;a, todo aqu&eacute;llo, con el inter&eacute;s de dise&ntilde;ar nuevas medidas de control o de atenci&oacute;n dentro de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los trabajos iniciales sobre esta tem&aacute;tica desarrollada en los pa&iacute;ses centrales est&aacute; el libro de Adams Puffer, <i>The Boy and his Gang</i> (<i>El ni&ntilde;o y su pandilla</i>)<sup><a href="#notas">2</a></sup> el hoy cl&aacute;sico <i>Gangs of New York</i> (<i>Pandillas de Nueva York</i>) de Herbert Asbury,<sup><a href="#notas">3</a></sup> que muy recientemente se transform&oacute; en una exitosa pel&iacute;cula de Hollywood. Otros trabajos similares son los de Thrasher, <i>The Gang</i> (<i>Lapandilla</i>);<sup><a href="#notas">4</a></sup> de Shaw, <i>The Jack Roller</i>;<sup><a href="#notas">5</a></sup> y el conocido libro de William Foote White, <i>Street Corner Society</i><sup><a href="#notas">6</a></sup> (La <i>sociedad de las esquinas</i>). En estos libros, el trabajo de investigaci&oacute;n estuvo enfocado a mostrar los nexos de amistad, individuales, ocasionales, de compromiso racial o de pertenencia a un barrio espec&iacute;fico, que permit&iacute;an a los j&oacute;venes de esos tiempos desarrollar mecanismos bien definidos para establecer su interrelaci&oacute;n entre s&iacute; y frente a su entorno. En Europa, Eduardo Spranger, en su libro <i>Psicolog&iacute;a de la edad juvenil</i>,<sup><a href="#notas">7</a></sup> hablaba de la pandilla como el umbral que marcaba el ingreso de los adolescentes a la sociedad, bajo toda una serie de c&oacute;digos y ritos que deb&iacute;an cumplir para lograr tal prop&oacute;sito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De estos trabajos, quiz&aacute; el estudio m&aacute;s profundo sobre la juventud como una forma de interacci&oacute;n social es el de Whyte, que describe y analiza la vida de un barrio pobre de inmigrantes a finales de la d&eacute;cada de 1930. El tema de este estudio se centra en la interacci&oacute;n entre j&oacute;venes, la importancia de esta interacci&oacute;n entre los individuos y sus relaciones con la profesi&oacute;n, la asistencia social y la pol&iacute;tica. Whyte ofrece un cuadro vivo de la asociaci&oacute;n voluntaria entre los j&oacute;venes de <i>Cornerville,</i> misma que se caracteriza por ser una estructura marcadamente informal de pandillas d&eacute;bilmente integradas, compuestas por peque&ntilde;os grupos de muchachos, pero creando simult&aacute;neamente una estructura claramente jer&aacute;rquica en t&eacute;rminos de influencia y prestigio. De ah&iacute; que la aceptaci&oacute;n y participaci&oacute;n en estos grupos fuera decisiva para lograr un cierto equilibrio de las personalidades individuales. En el trabajo se divide a las pandillas en dos grandes grupos: "los muchachos de la calle" y "los muchachos de la escuela", que presentaban rasgos diferenciados y expectativas de vida radicalmente opuestas.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a6f3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante la d&eacute;cada de 1940 la sociolog&iacute;a estadounidense hab&iacute;a logrado establecer una cierta imagen afectiva y, hasta cierto punto, positiva de las pandillas, ya que se aseguraba que estas agrupaciones apoyaban algunas de las experiencias primarias para favorecer la socializaci&oacute;n de los j&oacute;venes dentro del modelo econ&oacute;mico, pol&iacute;tico y social de la sociedad. Se argumentaba: "Las pandillas constituyen agrupamientos espont&aacute;neos de adolescentes y j&oacute;venes, motivados por la necesidad de organizar algunas parcelas de sus vidas dentro de una rama afectiva de asociaci&oacute;n. Dentro de la pandilla, el joven aprende a superar sus frustraciones, a conocer y a respetar unas reglas de j uego limpio para convivir y la aceptaci&oacute;n de una &eacute;tica inflexible que le llevar&aacute; a saber adaptarse a situaciones nuevas."<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a6f4.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para algunos autores esta visi&oacute;n positiva, que subraya el papel afectivo de las pandillas, oculta un trasfondo vinculado al car&aacute;cter competitivo de los individuos en que est&aacute; fundamentado el desarrollo capitalista. El trasfondo de semejante inter&eacute;s por resaltar el papel afectivo de la pandilla lo se&ntilde;ala G. Pearson &#151;aunque tambi&eacute;n de una manera bastante tangencial, por no decir ideol&oacute;gica&#151;:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cultura occidental acent&uacute;a como ideal el derecho que el individuo tiene de poseer sus propias ideas sobre la religi&oacute;n, la pol&iacute;tica, la elecci&oacute;n de su propia vocaci&oacute;n, la soledad y muchas otras cosas.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si cambiamos el t&eacute;rmino libre decisi&oacute;n propuesto por el capitalismo liberal, por entrenamiento a la decisi&oacute;n consumista del neocapitalismo, entendemos mejor este significado y podemos captar el sentido de los siguientes p&aacute;rrafos:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para poder fortalecer su ego y proporcionarse confianza a s&iacute; mismo, se al&iacute;a el joven con un grupo de sus pares. Se incorpora a una pandilla que puede ser un grupo de <i>cowboys</i> callejeros, una pandilla de esquina, o de <i>boy scouts</i> u otra clase de grupo socialmente autorizado; y entonces comienza a sentir la solidaridad que le proporciona ser exactamente igual que el resto de su grupo, quien &#91;que&#93; siempre tiene las siguientes caracter&iacute;sticas: ritos de iniciaci&oacute;n, cohesi&oacute;n dentro del mismo; una actitud de rivalidad hacia todos los dem&aacute;s grupos; la exigencia de que cada uno de los miembros siga todas las costumbres y modales del grupo y, en particular, que cada miembro del grupo desconf&iacute;e de todos los adultos, a&uacute;n si al hacerlo se ve obligado a enfrentarse abiertamente a sus padres &#91;...&#93; Esta actitud rebelde del grupo hacia la organizaci&oacute;n social es provechosa y necesaria, pues cuando el adolescente se convierte en adulto, lo incita a realizar esfuerzos tendientes a cambiar fundamentalmente las normas consuetudinarias de la organizaci&oacute;n social, a descartar aquellos aspectos que han pasado de moda y sustituirlos por nuevas costumbres que est&aacute;n m&aacute;s en consonancia con las realidades contempor&aacute;neas.<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n esta interpretaci&oacute;n, las pandillas ser&iacute;an especies de clubes que permitir&iacute;an capacitar a los adolescentes en un ambiente competitivo, imbuidos adem&aacute;s en una ideolog&iacute;a del cambio y la superaci&oacute;n personal y con una independencia en la toma de decisiones que el sistema capitalista demanda como "regla imperativa del juego".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pese a esta visi&oacute;n "optimista" de una juventud f&aacute;cilmente reciclable, otros autores mencionan que frente a estos grupos de "ni&ntilde;os normales", ligados entre s&iacute; por fuertes v&iacute;nculos externos como pueden ser las familias, las escuelas o incluso los clubes deportivos, tambi&eacute;n existe la posibilidad de que surjan pandillas de inadaptados o frustrados sociales, que inician sus nexos a edades muy tempranas y fundamentalmente en las calles, quienes necesitan de esta amistad callejera de otros como ellos que han padecido el mismo tipo de maltratos o rechazo.<sup><a href="#notas">10</a></sup> En este sentido hay todo un campo de investigaci&oacute;n dentro de las ciencias sociales y la psicolog&iacute;a dentro del cual los trabajos de Erikson<sup><a href="#notas">11</a></sup> mencionan que la creaci&oacute;n de "pandillas impuestas o artificiales" organizadas por maestros o tutores externos facilitan y fomentan los mecanismos de integraci&oacute;n social para aumentar el desarrollo social y escolar dadas las virtudes intr&iacute;nsecas a la organizaci&oacute;n pandilleril &#151;cohesi&oacute;n, ritos, reglas, competencia entre s&iacute;, etc.&#151;. Estas propuestas anal&iacute;ticas dan pauta a los trabajos de terapia grupal y din&aacute;micas de grupo con los j&oacute;venes, con un reconocimiento impl&iacute;cito de las virtudes que tienen las agrupaciones de j&oacute;venes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de este desarrollo conceptual aparentemente terso, en el que los j&oacute;venes se reun&iacute;an para socializar entre s&iacute; y para iniciar su proceso de integraci&oacute;n a la sociedad adulta, llama la atenci&oacute;n c&oacute;mo a partir de la d&eacute;cada de 1950 surge un aut&eacute;ntico estallido de nuevos estudios que empiezan a catalogar y a reconocer dentro de las pandillas sus aspectos negativos, capaces de transformarse en una aut&eacute;ntica amenaza social. Para Francisco G&oacute;mezjara, esto no signific&oacute; que las ciencias sociales hayan descubierto "nuevas realidades" sino que en el fondo se trat&oacute; m&aacute;s bien de un cambio de orientaci&oacute;n respecto a las demandas de trabajos de este tipo por parte de los grupos de poder.<sup><a href="#notas">12</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta perspectiva anal&iacute;tica, en esos a&ntilde;os ya no se requer&iacute;a estimular a los j&oacute;venes sino m&aacute;s bien establecer mecanismos de control, o de plano de nulificaci&oacute;n, de las experiencias de organizaci&oacute;n juvenil, sobre todo en los casos en que &eacute;stas empezaban a ser contestatarias, cr&iacute;ticas o abiertamente opuestas al <i>stablishment,</i> o sea, cuando los j&oacute;venes parec&iacute;an ya no estar dispuestos a esperar d&oacute;cilmente la llegada de su etapa adulta y demandaban cambios, reformas y nuevos pactos sociales en el mismo momento en que estaban reunidos, es decir, en su momento hist&oacute;rico y en su espacio vital.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En aquel entonces, el panorama pol&iacute;tico y social del mundo desarrollado hab&iacute;a cambiado enormemente con la irrupci&oacute;n de las guerras &#151;Segunda Guerra Mundial, Corea, Argelia y despu&eacute;s Vietnam&#151;, con la masificaci&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n &#151;principalmente la televisi&oacute;n&#151; y con ellos el consumo masivo de bienes y servicios, las modas, etc. Esto facilit&oacute; el inicio de una hibridaci&oacute;n de los gustos y las culturas, unidos ahora por el consumismo, que paralelamente permit&iacute;a la existencia de im&aacute;genes estereotipadas, aceptadas o rechazadas de acuerdo con el sector social que emitiera su juicio valorativo. Dentro de este tipo de manifestaciones algunas se empezaron a desarrollar p&uacute;blicamente y a asumirse como verdaderas pandillas, como bandas o colectivos interesados en transgredir el sistema, en mostrarse diferentes, en adquirir im&aacute;genes provocadoras que fueron de inmediato interpretadas por la sociedad como amenazantes y, al no seguir o romper con "las reglas del juego" establec&iacute;das, empezaron a ser catalogados dentro de los conceptos de "conductas irracionales", ominosas y peligrosas que deb&iacute;an ser controladas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de este momento la investigaci&oacute;n social fue dirigi&eacute;ndose m&aacute;s hacia la b&uacute;squeda de los elementos "antisociales" de las pandillas. En el libro <i>Ni&ntilde;os delincuentes: la cultura de la pandilla,</i> de Albert Cohen,<sup><a href="#notas">13</a></sup> se presenta un listado con las primeras caracter&iacute;sticas negativas de las pandillas: violencia, negativismo, rechazo a lo establecido y anti utilitarismo. Estas reflexiones no buscaban las razones de actuar de los j&oacute;venes y al contrario, favorec&iacute;an una interpretaci&oacute;n desde la perspectiva del sistema social: el rechazo a lo establecido dejaba de ser una caracter&iacute;stica de la "demanda de cambio" generacional, para empezar a ser interpretada como una reacci&oacute;n contraria a "lo que se deb&iacute;a esperar" de una juventud organizada y con un futuro promisorio dentro de la sociedad estadounidense. Esta posici&oacute;n se fue acentuando poco a poco con la participaci&oacute;n de Estados Unidos en las diferentes guerras, olvidando un poco o dejando de lado que el comportamiento "agresivo" era innato al sistema y a la reproducci&oacute;n natural del capitalismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta forma, en el campo de la teor&iacute;a renace el concepto de la anomia de Durkheim, tanto en su versi&oacute;n de desorden y transgresi&oacute;n, como en la visi&oacute;n de Merton que habla de una deficiente integraci&oacute;n entre la estructura cultural y la social.<sup><a href="#notas">14</a></sup> A partir de este momento se empieza a hablar de la "desviaci&oacute;n social" como una forma de integrar en un solo concepto diversos fen&oacute;menos que antes se percib&iacute;an de forma multidisciplinaria y por separado &#151;derecho, medicina, psicolog&iacute;a, antropolog&iacute;a, &eacute;tica, etc.&#151; y que, finalmente unidos, pod&iacute;an llegar a considerarse entonces como "problemas sociales" que provocan o fomentan una desintegraci&oacute;n social.<sup><a href="#notas">15</a></sup> Pero a&uacute;n as&iacute;, las problem&aacute;ticas espec&iacute;ficas relacionadas con la desviaci&oacute;n social segu&iacute;an interpret&aacute;ndose como casos aislados, excepciones a la regla, desequilibrios moment&aacute;neos, actitudes extraordinarias, posiciones exclusivas de un solo grupo, cuya explicaci&oacute;n causal pod&iacute;a interpretarse desde la perspectiva social de la anomia o la deficiente integraci&oacute;n social hasta algunas otras consideraciones fundamentadas en la biolog&iacute;a o el psicoan&aacute;lisis.<sup><a href="#notas">16</a></sup></font></p>      	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto llev&oacute; al surgimiento de una serie de tipolog&iacute;as donde primero se defin&iacute;a al tipo de pandilla para luego ser estudiada como conducta desviada.<sup><a href="#notas">17</a></sup> Un caso curioso se presenta en los llamados pa&iacute;ses "socialistas", en donde las pandillas aparecen catalogadas como conductas criminales que deben ser incorporadas al campo de las sociopatolog&iacute;as.<sup><a href="#notas">18</a></sup> Los medios de comunicaci&oacute;n tuvieron un impacto directo en la expansi&oacute;n y arraigamiento de este tipo de interpretaciones del fen&oacute;meno. "Para Horkheimer y Adorno, con el colapso de la familia como principal instancia socializadora, surgi&oacute; la 'industria cultural', que apoyada en los medios de comunicaci&oacute;n masiva devino en una estrat&eacute;gica agencia socializadora, cuya principal caracter&iacute;stica es la de tener una funci&oacute;n mediatizadora, evidenciando as&iacute; el car&aacute;cter represivo y manipulador de los medios de comunicaci&oacute;n masiva."<sup><a href="#notas">19</a></sup> Los medios de comunicaci&oacute;n merecer&iacute;an un estudio aparte en su relaci&oacute;n con la creaci&oacute;n y asimilaci&oacute;n social de estereotipos... adem&aacute;s de ser un jugoso negocio empresarial.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La exhibici&oacute;n en pel&iacute;culas y programas televisivos de los j&oacute;venes como violentos, pandilleros, ladrones o de plano criminales cre&oacute; todo un nuevo mercado en el que la imagen de los j&oacute;venes no s&oacute;lo estaba destinada al p&uacute;blico consumidor sino que, al mismo tiempo, fue una especie de escuela en la que se le mostraba a los j&oacute;venes c&oacute;mo deb&iacute;an vestir, comportarse y actuar para poder expresar abiertamente su "rechazo social", su rebeld&iacute;a, su insatisfacci&oacute;n adolescente o su inconformidad con el sistema. "La juventud, es el divino tesoro de sexo, drogas y rocan&#45;rol que el cine no s&oacute;lo convirti&oacute; en una receta de explotaci&oacute;n barata en donde cab&iacute;a pr&aacute;cticamente de todo: desde <i>El salvaje</i> (1954), <i>Rebelde sin causa</i> (1955), <i>Semilla de maldad</i> (1955), <i>Nacidos para perder</i> (1967), <i>Easy Rider</i> (1969), hasta <i>Naranja mec&aacute;nica</i> (1971), <i>Fiebre del s&aacute;bado por la noche</i> (1977), <i>Los guerreros</i> (1979) &#151;que son considerados los "padres" de las bandas de la d&eacute;cada de 1980 en la ciudad de M&eacute;xico&#151;, <i>La ley de la calle</i> (1981), <i>El odio</i> (1994) o <i>Trainspoting</i> (1996), y muchas m&aacute;s, lo que cre&oacute; toda una mitolog&iacute;a sobre una generaci&oacute;n rebelde, por naturaleza ensimismada en sus conflictos generacionales y derrotada de antemano por sus vicios."<sup><a href="#notas">20</a></sup> Puede decirse que ya para el final de los a&ntilde;os sesenta, la teor&iacute;a de la desviaci&oacute;n social hab&iacute;a adquirido su carta de naturalizaci&oacute;n en las instituciones acad&eacute;micas y en las agencias gubernamentales encargadas de formular y aplicar las pol&iacute;ticas de desarrollo social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso de M&eacute;xico, parece oportuno se&ntilde;alar un cierto paralelismo entre los enfoques anal&iacute;ticos de la juventud y la formulaci&oacute;n de la pol&iacute;tica gubernamental dedicada a la "atenci&oacute;n de la juventud" (cuyos or&iacute;genes datan de la &eacute;poca cardenista, en 1939) y que podr&iacute;a resumirse en cuatro lineamientos b&aacute;sicos: 1) mantener a los j&oacute;venes ocupados y entretenerlos creativamente (capacitaci&oacute;n, promoci&oacute;n, uso del tiempo libre); 2) llevar un control social de los j&oacute;venes movilizados (cooptaci&oacute;n de grupos de l&iacute;deres de izquierda, guerrilleros, pandillas, bandas y todos los que representen un peligro real o potencial); 3) la captaci&oacute;n pol&iacute;tica (incorporarlos al partido oficial y a la direcci&oacute;n pol&iacute;tica de diversos frentes y movimientos sociales); 4) la institucionalizaci&oacute;n de los apoyos (programas de combate a la pobreza, de inserci&oacute;n laboral para excluidos, de prevenci&oacute;n del delito, contra la f&aacute;rmacodependencia, de educaci&oacute;n abierta, etc.).<sup><a href="#notas">21</a></sup> Esto es, funcionalmente los j&oacute;venes eran "controlables" si se les incorporaba en forma individual y se intentaba evitar la creaci&oacute;n de agrupaciones de mayor alcance, sobre todo si &eacute;stas pretend&iacute;an ser "independientes". Pero en realidad no se trata de un problema individual ya que "la vida colectiva requiere certidumbre y, en particular, certidumbre precisamente acerca de lo colectivo".<sup><a href="#notas">22</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a6f5.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo esto permiti&oacute; consolidar una idea m&aacute;s o menos clara y com&uacute;n en los pa&iacute;ses occidentales: las conductas an&oacute;micas juveniles correspond&iacute;an a una visible y ostensible desviaci&oacute;n social y el origen de la misma estaba en los individuos y en la familia, con lo cual, simult&aacute;neamente, se eliminaba casi por completo el derecho a la cr&iacute;tica, a la organizaci&oacute;n colectiva de "los desviados", al ejercicio de la libertad de asociaci&oacute;n, para dejar la resoluci&oacute;n de sus problemas en manos de las pol&iacute;ticas asistenciales del Estado y de los especialistas.</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La resistencia juvenil, tratada como desviaci&oacute;n social, abarca tanto las manifestaciones de la clase media radical y a las pandillas influidas por el jipismo de los a&ntilde;os sesenta&#45;setenta, como a las expresiones pandilleriles nacidas entre los j&oacute;venes desocupados, subocupados u ocupados discriminativamente, asentados en las barriadas decadentes que ocupan el 50% del territorio urbano. Desde esta perspectiva te&oacute;rica, no se aspira a comprender el fen&oacute;meno juvenil sino a descalificarlo globalmente de antemano. Es as&iacute; como las ciencias sociales oficiales juegan el doble papel de contenedoras de las manifestaciones cr&iacute;ticas de los j&oacute;venes y de justificadoras de las medidas de control social del Estado&#45;empresa privada sobre esos mismos sujetos.<sup><a href="#notas">23</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a6f6.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero para principios de la d&eacute;cada de 1970 el fen&oacute;meno de las pandillas y las bandas juveniles explota y empieza a aparecer lentamente en la vida cotidiana de pr&aacute;cticamente todas las ciudades del mundo, con una nueva generaci&oacute;n de j&oacute;venes rechazados o auto rechazados y auto devaluados, retando abiertamente al sistema, a sus s&iacute;mbolos, a las viejas creencias. Junto con estas agrupaciones aparece toda una corriente de pensamiento descontenta con el papel conservador que hab&iacute;an venido construyendo las instituciones. Diversos autores se&ntilde;alan simb&oacute;licamente el a&ntilde;o de 1968 como el punto de partida de esta corriente reformista, encargada de relativizar el valor de las normas legales al modificar la apariencia objetiva y cient&iacute;fica del conocimiento, para introducir una propuesta mucho m&aacute;s abierta y libre que devolv&iacute;a a los sujetos su papel como nuevos actores sociales y en la cual la revaloraci&oacute;n cultural de los grupos empez&oacute; a desempe&ntilde;ar un papel determinante.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un autor como C. W. Mills,<sup><a href="#notas">24</a></sup> considerado por muchos como el fundador de la sociolog&iacute;a radical estadounidense, describ&iacute;a a los pat&oacute;logos sociales como "guardafronteras del sistema capitalista" puesto que pretend&iacute;an separar y apartar los factores econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos, sociales, culturales e hist&oacute;ricos de los "desviados sociales", lo cual es un absurdo ya que, finalmente, estos elementos conforman el gran marco de referencia que le da cierto significado a esa desviaci&oacute;n. Desde la psicolog&iacute;a tambi&eacute;n se hicieron propuestas en este sentido, pero ciencias como la antipsiquiatr&iacute;a o la llamada psiquiatr&iacute;a democr&aacute;tica, han demostrado que el uso de muchos conceptos asociados a la locura ha servido para aislar y vigilar diversas manifestaciones de rechazo y desacuerdo social.<sup><a href="#notas">25</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta forma la descripci&oacute;n simplista de las pandillas y bandas juveniles como meros sujetos aislados, desadaptados, inmaduros o enfermos aparec&iacute;a expuesta como un mecanismo de control ideol&oacute;gico del Estado y las clases dominantes. La aparici&oacute;n de visiones m&aacute;s abiertas, menos r&iacute;gidas, ligadas a la interpretaci&oacute;n hist&oacute;rica de los sujetos y al respeto de las identidades sociales ha permitido ampliar la visi&oacute;n que se ha tenido de estos grupos, e incluso ha favorecido su autopercepci&oacute;n como formas de resistencia y reagrupamiento civil para enfrentar una realidad opresora y poco comprensiva. Un ejemplo de ello es Foucault,<sup><a href="#notas">26</a></sup> quien despoja a la teor&iacute;a criminol&oacute;gica de su pretendida racionalidad universal y exhibe claramente su papel como controladora y supervisora del comportamiento de la sociedad. Dice G&oacute;mezjara:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mientras en la esclavitud el que infringe la norma es convertido en esclavo, en el feudalismo es castigado f&iacute;sicamente porque el cuerpo es el bien m&aacute;s accesible dada la escasez de moneda y producci&oacute;n. Bajo el capitalismo el que viola la ley es creado, recreado, manejado y utilizado por el sistema. No es ajeno ni desviado. Por el contrario: es premeditadamente confeccionado para apuntalar el funcionamiento social en general. Sirve para que la poblaci&oacute;n crea que es el origen de los males sociales: objeto sobre los cuales las clases populares vierten su hostilidad y desconfianza, dejando intacta la imagen del poder. Se utiliza para mantener el control de actividades p&uacute;blicamente ilegales pero econ&oacute;micamente muy redituables como el narcotr&aacute;fico, la prostituci&oacute;n, el contrabando; aparece como proveedor de los cuerpos policiales y viceversa (polic&iacute;as&#45;delincuentes). Justifica los grandes presupuestos policiaco militares y los proyectos de control personal (tarjeta de identidad, filiaci&oacute;n de empleados p&uacute;blicos).<sup><a href="#notas">27</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy estamos frente a una realidad indiscutible, los j&oacute;venes cada vez m&aacute;s se agrupan alrededor de sus intereses colectivos: la cultura, sus creencias, sus im&aacute;genes contestatarias, su percepci&oacute;n auto devaluatoria, el uso del tiempo libre, el consumo o bien su rechazo a la globalizaci&oacute;n y al sistema en general, los cuales podr&iacute;an ser apenas algunos ejemplos de las v&iacute;as a trav&eacute;s de las cuales la juventud contempor&aacute;nea va conformando su actual identidad hist&oacute;rica. Pero paralelamente y frente al alarmante aumento de la delincuencia y la violencia social, hay otros j&oacute;venes que se han ligado a la delincuencia y a los grupos criminales organizados &#151;los sicarios colombianos, las maras de El Salvador, las pandillas de Los &Aacute;ngeles, Nueva York o Chicago y muchos m&aacute;s&#151;, cuya imagen no siempre se distingue de los otros y que sirve para recrear una percepci&oacute;n social negativa de los j&oacute;venes en general, frenando su desarrollo generacional como actores estrat&eacute;gicos del cambio social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello y pese a todo, se deben distinguir claramente dos tipos de grupos juveniles, muy diferentes entre s&iacute; y con objetivos de vida diametralmente opuestos: las bandas o tribus o colectivos &#151;reunidos a partir de distintas interpretaciones culturales que generan y reproducen patrones visibles de comportamiento com&uacute;n&#151;; y los pandilleros &#151;que siempre han existido y que est&aacute;n directamente conectados a la delincuencia y al crimen organizado&#151; que pueden jugar un papel determinante en la "contaminaci&oacute;n" de otros j&oacute;venes habitantes de sus barrios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En entrevistas con j&oacute;venes, con sus familias, con educadores y agrupaciones que trabajan en estrecho contacto con ellos se dan testimonios de la importaci&oacute;n y adopci&oacute;n de la cultura del pandillerismo entre las bandas: su vestimenta, tatuajes, s&iacute;mbolos corporales, lenguajes, el <i>graffiti,</i> la m&uacute;sica, cultura que va ligada a un creciente clima de inseguridad, de portaci&oacute;n de armas, de delincuencia y de violencia, clima que los pandilleros generan y que acent&uacute;an en cambios significativos en el comportamiento de los menores en sus familias, en sus barrios y hasta en sus escuelas. Separarlos e identificarlos no es sencillo pero deber&iacute;a ser, sin duda, uno de los objetivos actuales de la investigaci&oacute;n social a este respecto.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>VIOLENCIA: V&Iacute;CTIMAS Y VICTIMARIOS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El mundo atraviesa por momentos muy crudos y la violencia es uno de los reflejos m&aacute;s dram&aacute;ticos de los procesos de globalizaci&oacute;n. La violencia se ha convertido en un lugar com&uacute;n en nuestras sociedades y &eacute;sta se ha incrementado sin precedentes durante los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os, en los cuales hemos sobrepasado su percepci&oacute;n frente a cualquier experiencia anterior de la humanidad. Una vez que el mundo se ha vuelto m&aacute;s peque&ntilde;o, con el fin de la guerra fr&iacute;a, la ca&iacute;da del muro, la aparici&oacute;n de internet y el desplome de mitos e identidades impuestas a la fuerza, el hombre voltea la mirada sobre s&iacute; mismo y se descubre esclavo de sus propios errores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todas las formas de injusticia inimaginables, las guerras, la lucha por el poder econ&oacute;mico, la impunidad, la corrupci&oacute;n, el terrorismo, el racismo, el hambre, la pobreza, la miseria extrema, aparecen cotidianamente en las noticias y, por consiguiente, en la construcci&oacute;n de la historia contempor&aacute;nea a trav&eacute;s del cine, la radio y la televisi&oacute;n, que se han erigido en los principales medios de educaci&oacute;n, culturizaci&oacute;n y mediatizaci&oacute;n de los pueblos. La constante y permanente repetici&oacute;n de muchas y muy distintas situaciones de violencia en nuestra vida diaria nos ha desensibilizado ante lo que representa el dolor y el sufrimiento humano, ocultos detr&aacute;s de una enorme m&aacute;scara publicitaria que alienta la exhibici&oacute;n de programas b&eacute;licos y amarillistas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los efectos de esta p&eacute;rdida de sensibilidad van acompa&ntilde;ados de otros fen&oacute;menos de tipo econ&oacute;mico estructural: los bajos salarios, el desempleo, la proliferaci&oacute;n de la informalidad, el narcotr&aacute;fico, las bajas tasas de crecimiento econ&oacute;mico y la p&eacute;rdida de confianza en las instituciones. Por ello no es exagerado decir que los or&iacute;genes de una gran parte de la violencia presente en nuestra sociedad se localizan en el pobre desarrollo econ&oacute;mico de las ciudades, donde se concentra 75% de la poblaci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, mientras los procesos de globalizaci&oacute;n de los mercados van ahondando cada vez m&aacute;s las diferencias entre los estratos sociales m&aacute;s ricos (pocos) y los m&aacute;s pobres (muchos), la violencia se va arraigando y multiplicando en las formas m&aacute;s insospechadas, principalmente entre los j&oacute;venes, que la reciben como ense&ntilde;anza diaria y en forma natural, ante la aparente modificaci&oacute;n de los valores tradicionales que se ten&iacute;an respecto a la vida, al trabajo, a la familia y a la sociedad en su conjunto. El dinero se ha convertido en el valor esencial de nuestra sociedad y no tener acceso a &eacute;l, o tener un acceso muy limitado, propicia el aislamiento, la frustraci&oacute;n, la exclusi&oacute;n y la soledad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es justamente en esta perspectiva econ&oacute;mico&#45;emocional donde podemos encontrar una de las fuentes principales por las que se desarrolla el creciente clima de violencia. La desvalorizaci&oacute;n de la sociedad familiar defrauda a muchos j&oacute;venes ante la ausencia, en numerosos casos, de un ambiente feliz al cual justificadamente sienten que tienen derecho. Los j&oacute;venes toman sus propias decisiones, pero claramente est&aacute;n influidos por aquellos con quienes se relacionan y as&iacute;, mientras para algunos la base de relaci&oacute;n es la familia, un club deportivo o la escuela, para otros s&oacute;lo est&aacute; la calle, la esquina, la pandilla, el <i>ghetto,</i> o sea, el inframundo de la exclusi&oacute;n social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya es mucho lo que se ha escrito sobre el comportamiento de los j&oacute;venes desde muy distintas disciplinas, sin embargo, para contextualizar a este grupo en especial, suponemos en un principio que "en el interior del universo social y territorial de las clases populares, su juventud ha adquirido nuevos modos de vida y nuevas expresiones en varios niveles. La escuela, instituci&oacute;n que con anterioridad generaba expectativas de movilidad social ascendente demuestra hoy, en los hechos, una limitada capacidad para lograr este objetivo. El mundo del trabajo, por su parte, ya no ofrece un amplio abanico de opciones ocupacionales sino que, por el contrario, presenta fuertes barreras para que un joven con escasa o nula calificaci&oacute;n manual u ocupacional dispute un lugar en un mercado restringido por las crisis recurrentes. Por su parte, la cultura, los valores, los comportamientos tradicionales de la sociedad ya no son los suyos, ya no los incorporan tal como lo hicieron las generaciones anteriores. La familia parece debilitarse frente a la imposibilidad de ofrecer a sus miembros j&oacute;venes un espacio de socializaci&oacute;n primaria fuerte, contenedor, capaz de orientar, como lo hizo tradicionalmente, una de las etapas m&aacute;s dif&iacute;ciles del ser humano: la juventud".<sup><a href="#notas">28</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los j&oacute;venes que crecen en familias donde hay abusos y maltrato, o bien sufren de los diferentes comportamientos violentos de sus seres m&aacute;s allegados, aprenden desde peque&ntilde;os a responder en la misma forma cuando tienen que enfrentar alguna situaci&oacute;n de enojo o frustraci&oacute;n. Pero aquellos que nacen ya de por s&iacute; en condiciones econ&oacute;micas adversas, enfrentan desde el inicio de sus vidas una doble lucha: primero contra la pobreza y su medio ambiente, y despu&eacute;s contra una sociedad que no ha acabado de establecer reglas claras y un estado de derecho que faciliten y apoyen el desarrollo y la igualdad de los individuos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La violencia existe con distintos niveles en todos los pa&iacute;ses del mundo, es una condici&oacute;n humana de la que no se puede huir ni esconder, y se presenta de muy diversas formas y con particularidades muy concretas. As&iacute;, podemos encontrar muchos tipos de violencia. Lo que en ciertos pa&iacute;ses puede ser considerado como "normal" &#151;desde las peleas de gallos, las corridas de toros, la lapidaci&oacute;n, la pena de muerte, el derecho a la venganza o la muerte por inanici&oacute;n&#151; en otros, esas manifestaciones son temas de verdadero esc&aacute;ndalo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a6f7.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, la violencia es innata al ser humano y el hombre, en su primitivismo, ha utilizado la violencia para todo: para conquistar territorio, defenderlo, ganar dinero, imponer una ideolog&iacute;a, obtener prestigio y poder, y despu&eacute;s de esta cuantios&iacute;sima inversi&oacute;n de violencia, hoy se desenvuelve en un mundo cada vez m&aacute;s devastado, donde la geograf&iacute;a impuesta parece desmoronarse poco a poco, dando pie a nuevas luchas, cada vez m&aacute;s violentas. Pero hay otros tipos de violencia, como aquella que resulta de las apremiantes necesidades econ&oacute;micas de la poblaci&oacute;n, o del fanatismo religioso, o de la b&uacute;squeda de identidad por la sentida destrucci&oacute;n de los valores culturales y tradiciones de alg&uacute;n grupo social o de una etnia. Entre todos estos tipos, hay uno en especial que gira alrededor del fantasma de los llamados "barrios bajos", empotrados en ciudades perdidas, en callampas, en los tugurios marginales de las periferias urbanas y en el cual la pobreza aparece a cada paso. El mundo actual presenta una estad&iacute;stica brutal: 80% de la poblaci&oacute;n mundial es pobre y un alto porcentaje de &eacute;sta vive en condiciones de extrema pobreza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hambre provoca ira, sin duda, y la miseria de los pueblos exacerba esta situaci&oacute;n. Cada d&iacute;a mueren cientos y miles de personas en ri&ntilde;as callejeras, asaltos y violaciones, principalmente hombres y mujeres de las zonas marginales. Pero esto, de ser tan cotidiano, casi pasa desapercibido, como si estuviera lo suficientemente "lejos" de nuestras vidas. Se dice que es l&oacute;gico que las situaciones de violencia se agraven con la pobreza, y que los jefes de familia que se encuentran sin haber terminado siquiera la escuela primaria, desempleados, o que viven "de milagro" gracias a la informalidad econ&oacute;mica, sean m&aacute;s propensos a tener hijos delincuentes, pero &eacute;sta es s&oacute;lo una de las caras del problema. Entre los distintos tipos de violencia que pueden generarse en las sociedades existen verdaderos abismos que separan una l&oacute;gica de otra: est&aacute; la violencia como forma de protesta, como mecanismo de defensa, la violencia exhibicionista, la pol&iacute;tica y muchas m&aacute;s, lo cierto es que dentro de este clima violento, los j&oacute;venes ocupan un lugar sobresaliente en las estad&iacute;sticas oficiales y en la imagen que se presenta de ellos en los medios masivos de comunicaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se dice que la violencia juvenil expresada en la delincuencia es una de las formas de violencia m&aacute;s evidente en la sociedad. "A escala mundial, los medios de comunicaci&oacute;n, sean impresos o electr&oacute;nicos, a diario nos dan cuenta sobre la violencia en j&oacute;venes que se manifiesta de la m&aacute;s variada forma, ya sea en la calle, en la escuela o dentro del propio hogar. En casi todos los pa&iacute;ses, los adolescentes y los adultos j&oacute;venes son tanto las principales v&iacute;ctimas como los principales generadores de la delincuencia."<sup><a href="#notas">29</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a6f8.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Encuesta Nacional de Inseguridad realizada por el Instituto Ciudadano de Estudios Sobre la Inseguridad (ICESI) en el 2002<sup><a href="#notas">30</a></sup> mostr&oacute; que 54.3% de los delincuentes cuenta entre 16 y 25 a&ntilde;os de edad, es decir, que m&aacute;s de la mitad de los delincuentes son j&oacute;venes. Solamente 3% son ni&ntilde;os menores de 15 a&ntilde;os. Estos datos demuestran que los j&oacute;venes recurren a la delincuencia, siendo el robo o el asalto el delito en que m&aacute;s incurren (58.2% de los casos), utilizando para la perpetraci&oacute;n del hecho delictivo navaja o cuchillo en la mayor&iacute;a de los casos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los j&oacute;venes de los sectores populares en M&eacute;xico son v&iacute;ctimas de un modelo social que conduce a la violencia, no s&oacute;lo por los estigmas tradicionales que ligan a los j&oacute;venes con la violencia, la delincuencia, el consumo de drogas y el alcohol ("se estima que en nuestro pa&iacute;s hay 3 millones 241 mil consumidores de alcohol, cigarro y drogas il&iacute;citas"),<sup><a href="#notas">31</a></sup> sino tambi&eacute;n al influir otros elementos valorativos presentes de muy diversas formas: el odio, el sentimiento de olvido y abandono, el rechazo, el resentimiento social, la venganza y muchos m&aacute;s que parten del sentimiento de los j&oacute;venes hacia la sociedad &#151;y muy particularmente hacia las instituciones&#151;, como de &eacute;stas hacia los j&oacute;venes. Por ello, no se debe olvidar el verdadero origen que tiene esta situaci&oacute;n y que no es otro que la conformaci&oacute;n hist&oacute;rica del sistema pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y social, en el cual los j&oacute;venes han desempe&ntilde;ado y desempe&ntilde;an actualmente un papel muy secundario y de muy bajo perfil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Diversos especialistas en la atenci&oacute;n a los j&oacute;venes coinciden en que la principal causa que permite explicar la delincuencia juvenil tiene que ver con los bajos niveles de la calidad de vida en M&eacute;xico. Si se hiciera una comparaci&oacute;n entre las estrategias y pol&iacute;ticas p&uacute;blicas desarrolladas de manera permanente para los j&oacute;venes en los pa&iacute;ses industrializados, frente a los magros avances de las pol&iacute;ticas nacionales para la juventud, podr&iacute;amos entender por qu&eacute;, en una encuesta reciente realizada por el Instituto Nacional de la Juventud, m&aacute;s de 90% de los j&oacute;venes entrevistados en todo el pa&iacute;s dijeron no saber o conocer muy superficialmente la existencia de dicho instituto y mucho menos estar enterados de las actividades que desarrolla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como comenta la doctora Elena Azaola, consejera de la Comisi&oacute;n de Derechos Humanos del D. F.:"Qu&eacute; se puede esperar de un pa&iacute;s donde s&oacute;lo 17% de los j&oacute;venes puede acceder a la universidad, de una ciudad en la que 24% de la poblaci&oacute;n joven no estudia ni trabaja." Sostiene que desde 1995, la juventud mexicana no tiene m&aacute;s referentes que la crisis econ&oacute;mica, la corrupci&oacute;n, la violencia, los cr&iacute;menes, y si a eso se agrega el desgaste del tejido social o la patolog&iacute;a de los v&iacute;nculos sociales, la situaci&oacute;n resulta peor. "De verdad, es grave, terrible, la p&eacute;rdida de calidad de vida en el pa&iacute;s."<sup><a href="#notas">32</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, la participaci&oacute;n de adolescentes y j&oacute;venes se ha vuelto muy importante para el &eacute;xito o fracaso de ciertas operaciones delictivas, prueba de ello es que 3% de los menores que viven en las principales ciudades del pa&iacute;s est&aacute;n unidos al crimen organizado, como el robo de veh&iacute;culos, asaltos, prostituci&oacute;n infantil, etc., organiz&aacute;ndose en bandas o pandillas.<sup><a href="#notas">33</a></sup> Por ejemplo, en la ciudad de M&eacute;xico se dice que existen alrededor de 351 "pandillas de delincuentes", muchas de las cuales han incorporado a sus filas menores de edad, adolescentes y j&oacute;venes,<sup><a href="#notas">34</a></sup> a lo cual habr&iacute;a que contraponer un dato significativo y esperanzador: en 1988, en el <i>Diagn&oacute;stico de bandas,</i> realizado en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, se hablaba de la presencia de poco m&aacute;s de 1 500 "bandas de j&oacute;venes" que se agrupaban en torno a su cultura y al uso colectivo de su tiempo libre sin que necesariamente estuvieran ligadas a la delincuencia.<sup><a href="#notas">35</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute; hay que hacer una acotaci&oacute;n importante sobre un problema que lleg&oacute; a ser muy frecuente durante el apogeo del fen&oacute;meno de los llamados "chavos banda" en la d&eacute;cada de 1980, y es que el <i>C&oacute;digo penal federal</i> establece en su libro II, t&iacute;tulo IV, referido a los delitos contra la seguridad p&uacute;blica, en su cap&iacute;tulo IV: "Asociaciones delictuosas" y espec&iacute;ficamente en el art&iacute;culo 164, que ser&aacute; delincuente "&#91;el&#93; que forme parte de una asociaci&oacute;n o banda de tres o m&aacute;s personas con prop&oacute;sito de delinquir, y se le impondr&aacute; prisi&oacute;n de cinco a diez a&ntilde;os y de cien a trescientos d&iacute;as de multa...", y, un poco m&aacute;s adelante, en el art&iacute;culo 164bis explica: "Cuando se cometa alg&uacute;n delito por pandilla, se aplicar&aacute; a los que intervengan en su comisi&oacute;n hasta una mitad m&aacute;s de las penas que les correspondan por el o los delitos cometidos. Se entiende por pandilla, para los efectos de esta disposici&oacute;n, la reuni&oacute;n habitual, ocasional o transitoria, de tres o m&aacute;s personas que sin estar organizadas con fines delictuosos, cometen en com&uacute;n alg&uacute;n delito..."<sup><a href="#notas">36</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y esto result&oacute; ser muy significativo, ya que la diferencia sem&aacute;ntica que hac&iacute;an los polic&iacute;as &#151;fundament&aacute;ndose en el <i>C&oacute;digo penal,</i> que define: "banda" (delincuentes) y "pandilla" (grupos de reuni&oacute;n habitual, ocasional o transitoria... sin estar organizados con fines delictuosos)&#151;, eran entendidos exactamente de manera opuesta entre los j&oacute;venes (banda es recreaci&oacute;n; pandilla es delincuencia), por lo que al momento de ser detenidos por la polic&iacute;a y decir que "estaban con su banda" eran de inmediato remitidos a los juzgados por "asociaci&oacute;n delictuosa", aunque &#151;hay que aclararlo&#151; &eacute;sta s&oacute;lo era una estrategia cotidiana que serv&iacute;a para extorsionar con mayores cantidades de dinero a estos j&oacute;venes y a sus pobres familias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de que el sistema penal en M&eacute;xico no es eficiente y que se sabe de la existencia de una "cifra negra" que revela que la mayor&iacute;a de los delitos no son nunca denunciados, las cifras existentes demuestran que la mayor parte de los delincuentes consignados son j&oacute;venes. En este sentido, la <i>Encuesta nacional sobre inseguridad</i> mostr&oacute; tambi&eacute;n que 37.6% de las v&iacute;ctimas report&oacute; el delito, de este porcentaje, 77.5% levant&oacute; un acta ante el Ministerio P&uacute;blico y s&oacute;lo en 13.3% de los casos se consign&oacute; al delincuente. De estos casos consignados 53.7% eran j&oacute;venes de 16 a 25 a&ntilde;os.<sup><a href="#notas">37</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este mismo sentido, una investigaci&oacute;n period&iacute;stica publicada por la revista <i>Proceso</i><sup><a href="#notas">38</a></sup> revela que 60% de la poblaci&oacute;n penitenciaria sentenciada en los centros de reclusi&oacute;n del Distrito Federal es catalogada como joven, con un rango de edad de entre 15 y 29 a&ntilde;os, y que los 134 centros de readaptaci&oacute;n social juveniles en el pa&iacute;s (correccional, tutelar y centros de diagn&oacute;stico) ten&iacute;an una poblaci&oacute;n de 2 879 menores de 18 a&ntilde;os reportados hasta el a&ntilde;o 2001. En estos sitios, la problem&aacute;tica de los j&oacute;venes se complica, ya que los centros de readaptaci&oacute;n social se han transformado en aut&eacute;nticas escuelas del crimen, donde los adolescentes consignados por un delito menor aprenden nuevas estrategias para delinquir, con lo cual aumenta su riesgo de reincidir con delitos mayores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al tratar a la delincuencia como uno de los puntos m&aacute;s importantes relacionados con la violencia juvenil, es f&aacute;cil darse cuenta del rumbo que puede tomar esta problem&aacute;tica si no se establecen medidas de contenci&oacute;n. Por ello, la primera medida en este sentido deber&iacute;a ser la apertura de nuevos espacios de interacci&oacute;n y trabajo "con" los j&oacute;venes &#151;no "para" o "de" los j&oacute;venes&#151; que permitan empezar a generar una confianza hoy pr&aacute;cticamente inexistente. En la primera <i>Encuesta nacional de la juventud</i> realizada en 2000, 89.5% de los j&oacute;venes confes&oacute; no tener ning&uacute;n tipo de confianza en los pol&iacute;ticos. Pero en esos mismos datos aparece que s&iacute; tienen confianza en los maestros, los padres de familia, los amigos, por lo cual no se trata de una puerta totalmente cerrada o de un abismo insalvable. La segunda prevenci&oacute;n deber&iacute;a ser el fortalecer su autoestima y destacar la importancia de su participaci&oacute;n ciudadana, para que se perciban a s&iacute; mismos como actores estrat&eacute;gicos y protagonistas de su proceso de desarrollo. Si bien es cierto que los j&oacute;venes tienen la fortaleza y energ&iacute;a para violentar, tambi&eacute;n lo es que en su mayor&iacute;a desean ser &uacute;tiles, experimentar con nuevas cosas y tener una visibilidad que les permita ser reconocidos por los otros individuos. Todo ello apunta a un objetivo com&uacute;n: enfrentar los estigmas que han propiciado su exclusi&oacute;n y que los transforman en v&iacute;ctimas y victimarios simult&aacute;neamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La sociedad de la exclusi&oacute;n se ha venido apoderando de nuestras ciudades y est&aacute; cada vez m&aacute;s presente en nuestras vidas. Los efectos de la inconmensurable brecha econ&oacute;mica existente entre ricos y pobres puede verse en todas las sociedades del Tercer Mundo. Los pa&iacute;ses as&iacute; catalogados atraviesan por una crisis recurrente que mantiene separados a los segmentos sociales igual que el agua y el aceite. El futuro de las ciudades es ciertamente previsible si se le mira a trav&eacute;s de la violencia: tendremos una activa sociedad de consumo, organizada alrededor de las grandes firmas corporativas, con una clase media pujante, aunque reducida, encargada de su funcionamiento y que guardar&aacute; celosamente las &uacute;nicas esperanzas y expectativas posibles para continuar la vida en las ciudades. Del otro lado, en los cinturones de miseria, habr&aacute; legiones de desempleados y subempleados, hu&eacute;rfanos de la modernidad y herederos perpetuos de las crisis econ&oacute;micas, enfrentando d&iacute;a con d&iacute;a la violencia que representa el sobrevivir a toda costa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los ni&ntilde;os y j&oacute;venes representan el futuro de la sociedad como se le quiera ver. Ser&aacute;n ellos la mano de obra, los encargados de ofrecer los servicios, los consumidores, los pol&iacute;ticos, la fuerza de la econom&iacute;a y en ellos se concentra la &uacute;nica esperanza posible de cambio y modificaci&oacute;n de los lastres que arrastra nuestra maltrecha realidad. Pero, al menos hasta este momento, no parecen incluir en su horizonte esa amplia gama de posibilidades que permiti&oacute; a otras generaciones mejorar sus condiciones de vida y trabajo y, por el contrario, los j&oacute;venes de los sectores populares parecen estar m&aacute;s lejos del concepto de desarrollo social que de poder desempe&ntilde;ar un papel predominante en el porvenir.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la perspectiva de la administraci&oacute;n p&uacute;blica &#151;cuyo objetivo central declarado es la b&uacute;squeda de la felicidad colectiva&#151;, la meta principal respecto a la violencia debe girar en torno a la clara identificaci&oacute;n, desmitificaci&oacute;n y reorientaci&oacute;n de lo que se ha denominado como "factores de riesgo", ya que mientras el impulso destructivo b&aacute;sico de la rebeld&iacute;a de los j&oacute;venes permanece intacto, los m&eacute;todos de expresi&oacute;n de esa rebeld&iacute;a y las deterioradas condiciones de su entorno son hoy m&aacute;s peligrosas. Actualmente una pistola dice m&aacute;s sobre esta rebeld&iacute;a de lo que pudo haber dicho el pelo largo, un arete en la nariz o un tatuaje hace apenas unos a&ntilde;os. De ah&iacute; la necesidad de realizar esfuerzos multi y transdisciplinarios, que involucren en su concepci&oacute;n y puesta en pr&aacute;ctica a los propios actores sociales, a los j&oacute;venes. Dichos esfuerzos deben concentrarse justamente en atenuar los factores de riesgo &#151;venganza, impunidad, b&uacute;squeda de la identidad extraviada, desesperanza, consumo y tr&aacute;fico de drogas, entre muchos otros&#151; pero, sobre todo, debe combatirse seriamente la pobreza y la miseria extrema. Por ello, los programas de atenci&oacute;n y prevenci&oacute;n de la exclusi&oacute;n social deben empezar desde las edades m&aacute;s tempranas de los sujetos, incluso desde antes de que se inicie la educaci&oacute;n elemental, ya que esperar hasta la adolescencia o hacerlos accesibles solamente a partir de la juventud puede resultar en muchas ocasiones en una acci&oacute;n tard&iacute;a.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a6f9.jpg"></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>&iquest;A D&Oacute;NDE VAMOS?</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya se han mencionado las distintas percepciones que se tienen de los j&oacute;venes, de sus estigmas, de esa permanente idea de etiquetarlos negativamente y del papel que han desempe&ntilde;ado los medios de comunicaci&oacute;n para la construcci&oacute;n de estas im&aacute;genes perversas. Tambi&eacute;n qued&oacute; claro que no todos los j&oacute;venes tienen una actitud positiva y de superaci&oacute;n ante la vida. Aqu&iacute; no hay absolutos ni puede agruparse bajo un mismo color el complejo espectro de grupos que conforman el concepto "juventud".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los j&oacute;venes de los sectores populares, las bandas, las pandillas, han pasado de ser englobados por los conceptos invisibles de la academia a ser reconocidos en las im&aacute;genes ostensibles de los medios, y muchas perspectivas "antisociales" siguen permeando el ambiente en forma creciente. Un <i>graffiti</i> textual de la ciudad de Tijuana hace algunos meses indicaba: "Yo no soy anti&#45;sociedad; la sociedad es anti&#45;yo." Existe ciertamente un sentimiento de indefensi&oacute;n &#151;que no es privativo de los j&oacute;venes&#151;, una realidad cotidiana de todos los ciudadanos frente a los gobiernos, a la impunidad pol&iacute;tica, a sus fracasos para disminuir la delincuencia y la inseguridad, frente a un clima de violencia expansivo con or&iacute;genes diversos, lo cual desemboca en la demanda de acciones puntuales &#151;tambi&eacute;n visibles&#151;, reflejadas en los operativos de control y medidas polic&iacute;acas, principalmente en los barrios populares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata de "un discurso que engendra su propio orden y que se ofrece a s&iacute; mismo como discurso de la certidumbre y que se alimenta precisamente del miedo &#91;al otro especialmente&#93;, de la duda y contribuye a erosionar el v&iacute;nculo social... &#91;por ello habr&iacute;a que&#93; reflexionar en torno a los mecanismos que han convertido a los j&oacute;venes &#91;especialmente de los sectores populares&#93; en los destinatarios del autoritarismo que tiende a fijar en ellos, de manera obsesiva, los miedos, las incomprensiones, las inquietudes que provoca hoy la vulnerabilidad extrema de la sociedad en diversos &oacute;rdenes".<sup><a href="#notas">39</a></sup> &iquest;Existe alguna forma de promover una mejor comprensi&oacute;n de los j&oacute;venes?, &iquest;qui&eacute;nes ser&iacute;an los responsables de esto?, o acaso &iquest;no lo somos todos?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de la ca&oacute;tica situaci&oacute;n existente es preciso mencionar un dato importante: as&iacute; como se dice que los j&oacute;venes delincuentes son minoritarios frente al espectro global de la juventud, de la misma manera las pandillas tambi&eacute;n lo son &#151;socialmente hablando&#151;. Sin embargo, el contexto de esta ventaja relativa est&aacute; inmerso en un entorno de alta peligrosidad que puede quebrantar con cierta facilidad a los j&oacute;venes no pandilleros o no delincuentes, vecinos directos de las zonas consideradas de alta peligrosidad. Entre ellas, y s&oacute;lo para citar algunas de las m&aacute;s visibles, est&aacute;n: el elevado n&uacute;mero de familias pobres, las condiciones de infra subsistencia, la falta de proyectos de naci&oacute;n a largo plazo, la ausencia de una planeaci&oacute;n estrat&eacute;gica frente al futuro previsible, la inexistencia de espacios de socializaci&oacute;n y recreaci&oacute;n de los j&oacute;venes fuera de la escuela, los estigmas negativos diseminados y machacados por los medios de comunicaci&oacute;n, el surgimiento de un discurso autoritario que demanda un mayor control de los gobiernos y que clama por las "operaciones de limpieza", el incremento de la marginalidad y la exclusi&oacute;n social, la desintegraci&oacute;n familiar, el abandono escolar, la falta de empleo, la p&eacute;rdida de credibilidad en las instituciones y la penetraci&oacute;n de la delincuencia organizada en los grupos juveniles. Existen barrios donde la violencia es una forma de vida y los residentes tienen que adoptar esa actitud, si es que desean ser tratados con respeto y no permanecer como simples v&iacute;ctimas, es decir: combatir violencia con violencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En M&eacute;xico existen actualmente alrededor de 30 millones de j&oacute;venes con edades que fluct&uacute;an entre los 12 y los 29 a&ntilde;os, y que representan cerca de 30% de la poblaci&oacute;n total del pa&iacute;s. Sin embargo, y a pesar de la magnitud num&eacute;rica, la pol&iacute;tica, o mejor dicho, las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y privadas que se aplican para su atenci&oacute;n hasta la fecha han tenido una vida fortuita y aventurada y no han logrado integrarse a las demandas que impone la realidad. Por ejemplo, si partimos de la premisa que el desempleo juvenil es igual al del resto de la econom&iacute;a, y que por ende, si se resuelve el problema del desempleo se resuelve el del desempleo juvenil, partimos de una premisa falsa, ya que el desempleo juvenil es un fen&oacute;meno estructural en el que, adem&aacute;s del empleo en s&iacute; mismo, la edad, la falta de experiencia, la capacitaci&oacute;n y la calificaci&oacute;n de la mano de obra s&oacute;lo sirven para apoyar a los j&oacute;venes m&aacute;s integrados, dejando fuera casi autom&aacute;ticamente a la mayor&iacute;a juvenil popular.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo antes dicho es importante diferenciar las problem&aacute;ticas existentes en el mundo juvenil. La exclusi&oacute;n se da en el campo de la educaci&oacute;n porque hay una incorporaci&oacute;n segmentada, relacionada directamente con el tipo de servicios educativos que el joven haya adquirido, su grupo de interacci&oacute;n cotidiana y, por consiguiente, con su origen social. La propia l&oacute;gica educativa actual resulta de un modelo pensado para j&oacute;venes integrados, con una base familiar estable; es por ello que creemos que para los j&oacute;venes excluidos de los sectores populares resulta indispensable pensar y trabajar en sus formas de integraci&oacute;n a partir de sus experiencias vitales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otro terreno, podr&iacute;amos decir que los j&oacute;venes tambi&eacute;n se encuentran excluidos del campo de la salud porque, como lo dicen los propios m&eacute;dicos, "son los que menos se enferman", dando prioridad a la atenci&oacute;n de los m&aacute;s vulnerables. Los sistemas actuales de salud p&uacute;blica parecen estar pensados sobre todo para adultos, favoreciendo programas de combate a las enfermedades (c&oacute;lera, difteria, tos ferina, t&eacute;tanos, etc.) que programas de prevenci&oacute;n y promoci&oacute;n de estilos saludables de vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo tocante a la vivienda, por ejemplo, todas las pol&iacute;ticas est&aacute;n pensadas para que el individuo que quiera tener acceso a un lugar donde vivir est&eacute; incorporado previamente al sistema laboral, por eso los j&oacute;venes, generalmente, s&oacute;lo tienen acceso a alg&uacute;n tipo de vivienda cuando se proponen formar una pareja y trabajar, generalmente cuando ya no se consideran j&oacute;venes. Pero &eacute;stos, como grupo social, necesitan de programas de salud preventiva, capacitaci&oacute;n laboral, educaci&oacute;n, empleo y alg&uacute;n tipo de vivienda, sin embargo, en muchos casos son excluidos, y esto hay que subrayarlo: actualmente la exclusi&oacute;n juvenil no es un tema de la agenda p&uacute;blica. Los j&oacute;venes no deben verse s&oacute;lo como usuarios, beneficiarios o simples destinatarios pasivos o receptores de la pol&iacute;tica, sino que deben ampliarse sus habilidades, sus potencialidades, deseos y necesidades con el objeto de transformarlos en actores reales de su propio desarrollo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La juventud de los sectores populares se desenvuelve en un medio caracterizado por la falta de oportunidades de empleo; a pesar de ello, la cultura alternativa que genera "en la esquina", en sus reuniones informales, en el barrio, sirve como producto generador de identidad, y crea medios diversos para expresar sus ideas, preocupaciones, sentimientos, emociones, etc. El joven urbano popular lo mismo lee una revista de modas o deportes que se preocupa por temas pol&iacute;ticos y sociales. Si se revisan con cuidado estos productos, se encuentra una fuerte carga de valores: honestidad, respeto, amistad, confianza en la familia, pero sobre todo en s&iacute; mismo, que se ven reflejados en la cotidianidad de su producci&oacute;n cultural. Al joven urbano popular le preocupa tanto la contaminaci&oacute;n como la inseguridad de su ciudad, lugar con el que establece una intensa relaci&oacute;n de atracci&oacute;n y rechazo a la vez. Por ello, ah&iacute; en el seno de estos sectores se deben valorizar sus formas de expresi&oacute;n, ya que estas colaboran para que, tanto los propios j&oacute;venes como el resto de la sociedad, reconozcan que son capaces de contribuir y de construir soluciones viables para los conflictos sociales y la violencia.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata, en suma, de articular las m&uacute;ltiples experiencias locales basadas en principios comunes, en valores, en respeto a las identidades colectivas. Pensamos, por ejemplo, en los campesinos migrantes a Estados Unidos que encontraron en ese pa&iacute;s una mejor alternativa de vida. Sus hijos y nietos nacieron all&aacute;, se educaron y se formaron de acuerdo con un determinado entorno econ&oacute;mico y social que, en muchos casos, les fue dando cierta identidad, que los catalog&oacute; como "pachuchos", "chicanos", "cholos", asumiendo con ello toda una serie de caracter&iacute;sticas (lenguaje, vestido, formas de actuar, etc.) y estigmas (drogas, armas, tatuajes, etc.), y que al regresar o venir de visita a M&eacute;xico, a sus peque&ntilde;as comunidades rurales, traen consigo toda esa gama de actitudes y valores que los hacen integrarse de una manera deforme y muchas veces maligna con su comunidad local. &iquest;No merece la sociedad local de sus comunidades conocer abiertamente el significado de estas nuevas expresiones?, &iquest;no se puede pensar en espacios estructurados donde trabajar organizadamente con estos grupos?, &iquest;no es posible conjugar los conceptos juventud y cultura con la definici&oacute;n de una pol&iacute;tica social p&uacute;blica que prevea estos escenarios? Esa respuesta es justamente la propuesta final de este trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vivimos actualmente en sociedades permeadas sistem&aacute;ticamente por la informaci&oacute;n (a todos los niveles) y la seducci&oacute;n del consumo, en donde la l&oacute;gica del capital, para obtener lucro o plusval&iacute;a, produce infinidad de mercanc&iacute;as con una obsolescencia programada que no s&oacute;lo desecha productos, sino que desecha tambi&eacute;n personas. Los j&oacute;venes de M&eacute;xico nacen y crecen en medios muy diferentes, con posibilidades de &eacute;xito o fracaso se&ntilde;aladas de antemano, casi desde el momento de nacer. Los j&oacute;venes llevan marcados en la frente, por as&iacute; decirlo, su raza, origen y condici&oacute;n social, por lo que algunas veces puede adivinarse sin muchas dificultades su futuro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy en d&iacute;a la sociedad mexicana es m&aacute;s desigual que antes, m&aacute;s heterog&eacute;nea, cuenta con una riqueza m&aacute;s concentrada y una poblaci&oacute;n m&aacute;s excluida. En las ciudades y el campo hallamos por todos lados mundos distanciados por situaciones sociales tan dis&iacute;miles como las que separan a Ginebra de Calcuta. Hoy la miseria m&aacute;s extrema est&aacute; en las grandes ciudades, muy cerca del coraz&oacute;n de los centros financieros: ah&iacute; est&aacute;n los indigentes, los ni&ntilde;os de la calle, las Mar&iacute;as, los vendechicles, los limpia&#45;vidrios, los payasitos, los ambulantes, los separadores de basura y alimentos, hombres y ni&ntilde;os y j&oacute;venes que no son realmente "otra sociedad" coexistiendo en el mismo pa&iacute;s, sino la cara deforme de una misma moneda, el reverso real de nuestra modernidad. &iquest;Cu&aacute;l puede ser el futuro de los j&oacute;venes de los sectores populares en esta situaci&oacute;n?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las generaciones actuales recibimos un pa&iacute;s por construir y hay problemas espec&iacute;ficos a resolver, como ser&iacute;an las relaciones juventud&#45;escuela, juventud&#45;familia, juventud&#45;instituciones, juventud&#45;empleo, juventud&#45;medios, juventud&#45;delincuencia, etc&eacute;tera. Debemos reforzar las redes de integraci&oacute;n social y apoyar la reconstrucci&oacute;n valorativa de los distintos segmentos sociales, frenar la destrucci&oacute;n psicol&oacute;gica del individuo, recuperar la confianza, fortalecer la autogesti&oacute;n y la autoestima. A&uacute;n quedan muchas cosas que aprender de los j&oacute;venes y de su realidad, por eso es tarea fundamental de toda la sociedad llevar a cabo acciones que garanticen su continuidad y su sano desarrollo, libre de violencia, delincuencia y desigualdad.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Archundia, M&oacute;nica, 2002, "Sobreviven en la ciudad 351 pandillas juveniles", <i>El Universal,</i> 9 de octubre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663786&pid=S1607-050X200400010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asbury, Herbert, 1927, <i>Gangs of New York,</i> Garden City Publishing Company, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663788&pid=S1607-050X200400010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bauleo, Armando, 1974, <i>Ideolog&iacute;a, grupo y familia,</i> Folios, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663790&pid=S1607-050X200400010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Becker, Howard, 1971, <i>Los extra&ntilde;os: sociolog&iacute;a de la desviaci&oacute;n,</i> TC, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663792&pid=S1607-050X200400010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bergalli, Roberto, 1983, <i>El pensamiento criminol&oacute;gico,</i> Pen&iacute;nsula, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663794&pid=S1607-050X200400010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Castillo Berthier, H&eacute;ctor, 1996, "Cultura y juventud popular en la ciudad de M&eacute;xico", en Rafael Cordera, Jos&eacute; Luis Victoria y Ricardo Becerra (coords.), <i>M&eacute;xico joven: pol&iacute;ticas y propuestas para la discusi&oacute;n,</i> UNAM, M&eacute;xico, pp. 210&#45;219.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663796&pid=S1607-050X200400010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2000, <i>Juventud, cultura y pol&iacute;tica social,</i> Instituto Mexicano de la Juventud, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663798&pid=S1607-050X200400010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2002, "De las bandas a las tribus urbanas", <i>Desacatos,</i> n&uacute;m. 9, CIESAS, M&eacute;xico, pp. 57&#45;71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663800&pid=S1607-050X200400010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, Sergio Zerme&ntilde;o y Alicia Ziccardi, 1989, "Juventud popular y bandas en la ciudad de M&eacute;xico", <i>Presencia,</i> n&uacute;m. 14, R&iacute;o de Janeiro.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663802&pid=S1607-050X200400010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cohen, Albert K., 1955, <i>Delinquent Boys: The Culture of the Gang,</i> Free Press, Illinois.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663804&pid=S1607-050X200400010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Foucault, Michel, 1980, <i>Vigilar y castigar,</i> Siglo XXI, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663806&pid=S1607-050X200400010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Erikson, Erik H., 1985, <i>Sociedad y adolescencia,</i> Siglo XXI, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663808&pid=S1607-050X200400010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Germani, Gino, 1971, <i>Estudios sobre sociolog&iacute;a y psicolog&iacute;a social,</i> Paid&oacute;s, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663810&pid=S1607-050X200400010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gibbons, C., 1969, <i>Delincuentes juveniles y criminales,</i> FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663812&pid=S1607-050X200400010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">G&oacute;mezjara, Francisco A., 1987, "Introducci&oacute;n", en <i>Las bandas en tiempos de crisis,</i> Ediciones Nueva Sociolog&iacute;a, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663814&pid=S1607-050X200400010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ICESI, 2002, <i>Encuesta nacional sobre la inseguridad,</i> M&eacute;xico (realizada del 2 al 24 de marzo).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663816&pid=S1607-050X200400010000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas, 2004, <i>C&oacute;digo penal federal,</i> UNAM, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663818&pid=S1607-050X200400010000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jim&eacute;nez Ornelas, Ren&eacute;, 2003, <i>Delincuencia juvenil y prevenci&oacute;n,</i> IISUNAM, M&eacute;xico, mime&oacute;grafo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663820&pid=S1607-050X200400010000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">"La vida en territorio mara", 2004, <i>La Jornada,</i> suplemento <i>Masiosare,</i> 7 de marzo, pp. 5&#45;9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663822&pid=S1607-050X200400010000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lamnek, Sigfried, 1980, <i>Teor&iacute;as de la criminalidad,</i> Siglo XXI, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663824&pid=S1607-050X200400010000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lechner, Norbert, 1990, <i>Los patios interiores de la democracia. Subjetividad y pol&iacute;tica,</i> FCE, Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663826&pid=S1607-050X200400010000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mart&iacute;n, Claudio, 1985, <i>El fin del manicomio,</i> Nueva Sociolog&iacute;a M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663828&pid=S1607-050X200400010000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Merton, Robert, 1966, <i>Teor&iacute;a y estructuras sociales,</i> FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663830&pid=S1607-050X200400010000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mestre, Esteban, 1976, <i>Diccionario de ciencias sociales,</i> IEP, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663832&pid=S1607-050X200400010000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mills, Wright C., 1964, <i>Poder, pol&iacute;tica, pueblo,</i> FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663834&pid=S1607-050X200400010000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mitter, W., 1975, "Criminalidad juvenil", en <i>Marxismo y Democracia</i> (serie Sociol&oacute;gica, n&uacute;m 3), Rioduero, Madrid, pp. 39&#45;45.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663836&pid=S1607-050X200400010000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Monge, Ra&uacute;l, 2002, "Juventud delincuente, explosivo crecimiento", <i>Proceso,</i> n&uacute;m. 1331, pp. 4&#45;8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663838&pid=S1607-050X200400010000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pearson, Gerald H., 1970, <i>La adolescencia y el conflicto de las generaciones,</i> Siglo Veinte, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663840&pid=S1607-050X200400010000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pitch, Tamar, 1980, <i>Teor&iacute;a de la desviaci&oacute;n social,</i> Nueva Imagen, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663842&pid=S1607-050X200400010000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puffer, Adams J., 1912, <i>The Boy and his Gang,</i> Houghton Mifflin Company, Boston.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663844&pid=S1607-050X200400010000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Reguillo, Rossana, 2003, <i>La construcci&oacute;n del enemigo,</i> Iteso,</font> <font face="verdana" size="2">M&eacute;xico, mime&oacute;grafo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663846&pid=S1607-050X200400010000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sevilla, Ram&oacute;n, 2003, "Engancha crimen organizado a tres de cada 100 menores", <i>Reforma,</i> 6 de noviembre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663848&pid=S1607-050X200400010000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Shaw, C. R., 1930, <i>The Jack&#45;Roller,</i> University of Chicago Press, Chicago.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663850&pid=S1607-050X200400010000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Spranger, E., 1929, <i>Psicolog&iacute;a de la edad juvenil,</i> Revista de Occidente, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663852&pid=S1607-050X200400010000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Thrasher, F., 1927, <i>The Gang,</i> University of Chicago Press, Chicago.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663854&pid=S1607-050X200400010000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Whyte, William Foote, 1943, <i>Street Corner Society: The Social Structure of an Italian Slum,</i> University of Chicago Press, Chicago.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2663856&pid=S1607-050X200400010000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"><b>Notas</b></a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> "La vida en territorio mara", <i>La Jornada,</i> suplemento <i>Masiosare,</i> 7 de marzo de 2004,pp. 5&#45;9.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> J. Adams Puffer, <i>The Boy and his Gang,</i> Houghton Mifflin Company, Boston, 1912.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Herbert Asbury, <i>Gangs of New York,</i> Garden City Publishing Company, Nueva York, 1927.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> F. Thrasher, <i>The Gang,</i> University of Chicago Press, Chicago, 1927.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> C. R. Shaw, <i>The Jack&#45;Roller,</i> University of Chicago Press, Chicago, 1930.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> William Foote Whyte, <i>Street Corner Society: The Social Structure of an Italian Slum,</i> University of Chicago Press, Chicago, 1943.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> E. Spranger, <i>Psicolog&iacute;a de la edad juvenil,</i> Revista de Occidente, Madrid, 1929.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Esteban Mestre, "Pandilla", <i>Diccionario de ciencias sociales,</i> IEP, Madrid, 1976, p. 423.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> H. Gerald Pearson, <i>La adolescencia y el conflicto de las generaciones,</i> Siglo Veinte, Buenos Aires, 1970, pp. 91&#45;99. Citado por Francisco A. G&oacute;mezjara, en la introducci&oacute;n de <i>Las bandas en tiempos de crisis,</i> Ediciones Nueva Sociolog&iacute;a, M&eacute;xico, 1987, p. 9.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Esteban Mestre, <i>op. cit.,</i> p. 424.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Erik H. Erikson, <i>Sociedad y adolescencia,</i> Siglo XXI, M&eacute;xico, 1985.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> G&oacute;mezjara, <i>op. cit.,</i> p. 10.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Albert K. Cohen, <i>Delinquent Boys: The Culture of the Gang,</i> Free Press, Glencoe, Illinois, 1955.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Robert Merton, <i>Teor&iacute;a y estructuras sociales,</i> FCE, M&eacute;xico, 1966.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Tamar Pitch, <i>Teor&iacute;a de la desviaci&oacute;n social,</i> Nueva Imagen, M&eacute;xico, 1980.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Gino Germani, <i>Estudios sobre sociolog&iacute;a y psicolog&iacute;a social,</i> Paid&oacute;s, Buenos Aires, 1971.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Para profundizar la informaci&oacute;n en este sentido se recomienda revisar el libro <i>Delincuentes juveniles y criminales</i> de Don C. Gibbons, FCE, M&eacute;xico, 1969.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> W. Mitter, "Criminalidad juvenil", en <i>Marxismo y Democracia</i> (serie Sociol&oacute;gica, n&uacute;m. 3), Rioduero, Madrid, 1975,pp. 39&#45;45.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> H&eacute;ctor Castillo Berthier, <i>Juventud, cultura y pol&iacute;tica social,</i> Instituto Mexicano de la Juventud, M&eacute;xico, 2000, p. 31.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> H&eacute;ctor Castillo Berthier, <i>op. cit.,</i> 2000, p. 167.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> H&eacute;ctor Castillo Berthier, "Cultura y juventud popular en la ciudad de M&eacute;xico", en Rafael Cordera, Jos&eacute; Luis Victoria y Ricardo Becerra (coords.), <i>M&eacute;xico joven: pol&iacute;ticas y propuestas para la discusi&oacute;n,</i> UNAM, M&eacute;xico, 1996,pp.210&#45;219.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> Norbert Lechner, <i>Los patios interiores de la democracia. Subjetividad y pol&iacute;tica,</i> FCE, Chile, 1990, p. 129.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> G&oacute;mezjara, <i>op. cit.,</i> 1987, p.14.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> C. Wright Mills, <i>Poder, pol&iacute;tica, pueblo,</i> FCE, M&eacute;xico, 1964.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> Claudio Mart&iacute;n, <i>El fin del manicomio,</i> Nueva Sociolog&iacute;a, M&eacute;xico, 1985.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup> Michel Foucault, <i>Vigilar y castigar,</i> Siglo XXI, M&eacute;xico, 1980.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup> Francisco G&oacute;mezjara, op. cit., p. 16.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup> H&eacute;ctor Castillo Berthier, "De las bandas a las tribus urbanas", <i>Desacatos,</i> n&uacute;m. 9, CIESAS, M&eacute;xico, 2002, p. 58.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup> Ren&eacute; Jim&eacute;nez Ornelas, <i>Delincuencia juvenil y prevenci&oacute;n,</i> IISUNAM, M&eacute;xico, 2003, mime&oacute;grafo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup> ICESI, <i>Encuesta nacional sobre la inseguridad,</i> M&eacute;xico, 2002, llevada a cabo del 2 al 24 de marzo de 2002, con un nivel de confianza de 95% y un margen de error de +/&#45; 1%, cuenta con representatividad nacional y estatal con 35 001 cuestionarios realizados.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup> Ram&oacute;n Sevilla, "Engancha crimen organizado a tres de cada 100 menores" <i>Reforma,</i> 6 de noviembre de 2003.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup> E. Azaola, <i>Proceso,</i> 9 de mayo de 2002, citado por Ren&eacute; Jim&eacute;nez, <i>op. cit.,</i> 2003.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup> Ram&oacute;n Sevilla, <i>op. cit.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup> M&oacute;nica Archundia, "Sobreviven en la ciudad 351 pandillas juveniles", <i>El Universal,</i> 9 de octubre de 2002.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35</sup> H&eacute;ctor Castillo Berthier, Sergio Zerme&ntilde;o y Alicia Ziccardi, "Juventud popular y bandas en la ciudad de M&eacute;xico", <i>Presencia,</i> n&uacute;m. 14, R&iacute;o de Janeiro, 1989.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>36</sup> Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas, <i>C&oacute;digo penal federal,</i> UNAM, M&eacute;xico, 2004.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>37</sup> ICESI, <i>op. cit.,</i> 2002.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>38</sup> Ra&uacute;l Monge, "Juventud delincuente, explosivo crecimiento", <i>Proceso,</i> n&uacute;m. 1331, 9 de mayo de 2002,pp. 4&#45;8.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>39</sup> Rossana Reguillo, <i>La construcci&oacute;n del enemigo,</i> Iteso, M&eacute;xico, 2003, mime&oacute;grafo.</font></p>          <p align="justify">&nbsp;</p>      	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>INFORMACI&Oacute;N SOBRE EL AUTOR</b></font></p>      	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>H&eacute;ctor Castillo Berthier.</b> Doctor en sociolog&iacute;a, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, especialista en problemas urbanos como desechos s&oacute;lidos, abasto alimentario, caciquismo, desarrollo social comunitario, cultura y juventud. Ha escrito, entre otros, los libros La sociedad de la basura: caciquismo en la ciudad de M&eacute;xico; El basurero: antropolog&iacute;a de la miseria; Estructura de poder del comercio mayorista de abarrotes en la ciudad de M&eacute;xico y Juventud, cultura y pol&iacute;tica social. Actualmente es director del proyecto "Juventud y cultura popular en la ciudad de M&eacute;xico" (Circo Volador), coordinador de la Unidad de Estudios sobre Juventud en la UNAM y coordinador regional para Am&eacute;rica Central y el Caribe del Proyecto "Norte Sur" con la Escuela Polit&eacute;cnica de Lausana y el Fondo Nacional Suizo para la Investigaci&oacute;n Cient&iacute;fica.</font></p>      ]]></body><back>
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