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<publisher-name><![CDATA[Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[De proveedores, amigos, vecinos y barderos: Acerca del trabajo, delito y sociabilidad en jóvenes del Gran Buenos Aires]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Nacional de General Sarmiento  ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article is based on an piece of research among young people from Greater Buenos Aires who commit crimes against property. In the first place, the article analyzes the impact of extended instability and precariousness of labor in the passage from workman's logic to that of the supplier The latter expresses the articulation of different resources which are placed between work and crime, showing the emergence of a segment of population that combines legal and illegal actions in order to survive. Secondly, the paper studies the sociability of these young people, pointing out their particularities in comparison with gangs presented in studies on other latitudes. Lastly, the article is interested in the relationship with neighbors; the dilemmas about stealing or not within the neighborhood, and the neighbors' strategies to make their relationship with these young people normal and foreseeable.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Saberes y razones</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>De proveedores, amigos, vecinos y barderos. Acerca del trabajo, delito y sociabilidad en j&oacute;venes del Gran Buenos Aires<a href="#notas">*</a></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Gabriel Kessler</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Nacional de General Sarmiento&#45;CONICET.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este art&iacute;culo se basa en una investigaci&oacute;n con j&oacute;venes del Gran Buenos Aires que cometieron delitos contra la propiedad. En primer lugar se analiza el impacto de la extensi&oacute;n de la inestabilidad y precariedad laboral en el pasaje de una l&oacute;gica del trabajador a otra del proveedor: &Eacute;sta expresa la articulaci&oacute;n de distintos recursos que se ubican entre el trabajo y el delito, mostrando la emergencia de un segmento de la poblaci&oacute;n que combina acciones legales e ilegales para sobrevivir. En segundo lugar se indaga sobre la sociabilidad de dichos j&oacute;venes, se&ntilde;alando sus particularidades respecto de las&nbsp;bandas presentadas en estudios de otras latitudes. Por &uacute;ltimo, el art&iacute;culo se interesa por la relaci&oacute;n con los vecinos, los dilemas sobre robar o no en el barrio y las estrategias de los mismos vecinos para normalizar y volver previsible la relaci&oacute;n con los j&oacute;venes.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">This article is based on an piece of research among young people from Greater Buenos Aires who commit crimes against property. In the first place, the article analyzes the impact of extended instability and precariousness of labor in the passage from workman's logic to that of the supplier The latter expresses the articulation of different resources which are placed between work and crime, showing the emergence of a segment of population that combines legal and illegal actions in order to survive. Secondly, the paper studies the sociability of these young people, pointing out their particularities in comparison with gangs presented in studies on other latitudes. Lastly, the article is interested in the relationship with neighbors; the dilemmas about stealing or not within the neighborhood, and the neighbors' strategies to make their relationship with these young people normal and foreseeable.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font>	</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Necesit&aacute;s guita &#91;dinero&#93; s&iacute; o s&iacute;, sal&iacute;s a buscar, trat&aacute;s de conseguir trabajo; si no encontr&aacute;s, sal&iacute;s a robar" Lac&oacute;nica, la frase de Lucas presenta tres de los temas que se van a tratar en estas p&aacute;ginas: necesidad, trabajo y delito. Y el orden de enunciaci&oacute;n no es casual: necesidad de dinero, primero b&uacute;squeda de trabajo y, ante su falta, el delito. No es que sean los pasos invariables que realizan los j&oacute;venes en los que se centra esta investigaci&oacute;n, pero s&iacute; marcan el sentido desde donde y hacia donde se producen las transformaciones: del mundo del trabajo, en un corrimiento por fases &#151;con avances y retrocesos&#151; hacia las actividades ilegales; en algunos casos como zona de llegada, en otros volviendo al mercado de trabajo pero tambi&eacute;n constituyendo una zona intermedia en la que se alternan trabajo y delitos contra la propiedad.</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a4f1.jpg"></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este art&iacute;culo se centra, justamente, en la relaci&oacute;n entre crisis del mundo del trabajo y la emergencia de formas de articulaci&oacute;n novedosas entre ocupaciones legales e ilegales. De ning&uacute;n modo sostenemos la causalidad exclusiva del delito a la crisis del trabajo, pero sin duda es la matriz de emergencia del fen&oacute;meno a estudiar, matriz que se centra en las transformaciones de la estructura social en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Al fin de cuentas, los j&oacute;venes de los que hablaremos no han crecido en familias y contextos de sociabilidad que tradicionalmente han delinquido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las entrevistas con los protagonistas de actos ilegales en las que se basa este art&iacute;culo fueron realizadas entre enero y septiembre de 1999 en la ciudad y la provincia de Buenos Aires. Se realizaron aproximadamente un centenar de entrevistas con casi 60 habitantes de estas zonas &#151;en su mayor&iacute;a menores de 30 a&ntilde;os&#151; que hab&iacute;an protagonizado acciones ilegales, en particular contra la propiedad. Elegimos esta franja de edad con el objetivo de captar las nuevas formas de delito. En efecto, la mayor parte de nuestros entrevistados no pose&iacute;a una "carrera delictiva" propiamente dicha, sino que hab&iacute;an incurrido en acciones ilegales en un periodo no mayor al a&ntilde;o y medio previos al momento de la entrevista.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos centramos en hechos en los que real o potencialmente existiera violencia. A los fines de esta investigaci&oacute;n consideramos violencia a la concreci&oacute;n y/o amenaza contra la integridad f&iacute;sica de personas. Hay entonces casos de homicidio o tentativa del mismo, as&iacute; como v&iacute;ctimas con heridas de distinta gravedad. Se excluyeron infracciones tales como posesi&oacute;n de drogas ilegales para consumo personal, carterismo y otros hechos de los que la violencia &#151;tal como se la ha definido&#151; estuviera excluida. Se descartaron casos de violencia sin objetivos de dolo, como la violaci&oacute;n, los cr&iacute;menes pasionales y las diversas manifestaciones de violencia familiar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo se divide en dos partes. En la primera se analiza el impacto de las transformaciones del mundo del trabajo en las acciones delictivas; y en la segunda, intentamos vincular las mismas con distintas formas y escenarios de la sociabilidad de los j&oacute;venes entrevistados.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a4f2.jpg"></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL DEBATE SOBRE DESEMPLEO Y DELITOS CONTRA LA PROPIEDAD</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una controversia a&uacute;n no resuelta en los estudios de los delitos contra la propiedad es su relaci&oacute;n con los problemas en el mercado de trabajo y, m&aacute;s particularmente, con el desempleo. A pesar del peso explicativo otorgado por la opini&oacute;n p&uacute;blica, no hay acuerdo en los trabajos cient&iacute;ficos sobre la validez de tal presuposici&oacute;n, evidenci&aacute;ndose resultados divergentes seg&uacute;n las fuentes, el per&iacute;odo, la regi&oacute;n, el pa&iacute;s y otras variables consideradas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los datos agregados establecieron durante d&eacute;cadas alguna correlaci&oacute;n entre el incremento del desempleo y del delito, pero a finales de la d&eacute;cada de 1980 Chiricos (1987), luego de una exhaustiva revisi&oacute;n de la evidencia emp&iacute;rica, demostr&oacute; que tal relaci&oacute;n positiva era cuestionable. Esto llev&oacute; a que, seg&uacute;n el autor, a mediados de esta d&eacute;cada se generara un "consenso de duda" sobre la existencia de una relaci&oacute;n consistente entre desempleo y crimen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n en Argentina ciertos estudios dan cuenta de una correlaci&oacute;n entre estas dos variables (Kusznir, 1997; Navarro, 1997). Pero a la vez otros, como Pompei (1999) y Cerro y Meloni (1999), adjudican un peso m&aacute;s determinante al aumento de la desigualdad en la distribuci&oacute;n del ingreso. As&iacute;, seg&uacute;n estos &uacute;ltimos, un incremento de 10% en la desigualdad del ingreso aumentar&iacute;a en 3% la tasa de criminalidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La interpretaci&oacute;n econ&oacute;mica del delito suele adolecer de dos errores, uno com&uacute;n a los estudios de todas latitudes y otro de car&aacute;cter local. En general, hay un riesgo de "falacia ecol&oacute;gica", es decir, la extrapolaci&oacute;n de relaciones v&aacute;lidas en un nivel macro para utilizarlas como explicaci&oacute;n de hechos individuales. M&aacute;s concretamente, presuponer que una eventual correlaci&oacute;n entre desempleo y delito en un periodo dado signifique necesariamente que sean los mismos desempleados los que delinquen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para esclarecer la relaci&oacute;n entre los fen&oacute;menos, la interrogante es <i>c&oacute;mo</i> el desempleo originar&iacute;a mayor criminalidad. Si se trata, por ejemplo, de explicar el aumento de la pobreza a partir del desempleo, la causa es la disminuci&oacute;n de los ingresos, el lazo explicativo; pero al intentar elucidar las causas del delito, &iquest;cu&aacute;les son espec&iacute;ficamente los v&iacute;nculos entre uno y otro hecho? Muchas investigaciones muestran que los victimarios tienden a ser j&oacute;venes que a&uacute;n no han entrado al mercado de trabajo ni se lo plantean como opci&oacute;n. Pareciera ser que el debilitamiento del capital social local por causa del desempleo no s&oacute;lo restringe el acceso a oportunidades sino que tambi&eacute;n deteriora los dispositivos de generaci&oacute;n y mantenimiento de normas sociales. Esto favorece la conformaci&oacute;n de pautas alternativas que contribuyen al desarrollo de actividades ilegales. El consenso actual es que la privaci&oacute;n econ&oacute;mica, conjugada con otros problemas locales, coadyuvar&iacute;a al desarrollo de un medio social en el que se produce el aumento del crimen, sin que la experiencia individual de privaci&oacute;n econ&oacute;mica pueda ser considerada la &uacute;nica variable explicativa (v&eacute;ase Sullivan, 1989).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existe tambi&eacute;n un segundo problema, propio de los trabajos locales: no diferenciar las caracter&iacute;sticas del desempleo en Argentina con la situaci&oacute;n de otros pa&iacute;ses. En concreto, la situaci&oacute;n m&aacute;s habitual en el mercado de trabajo argentino no es el desempleo de larga duraci&oacute;n<sup><a href="#notas">1</a></sup> como en el caso europeo, sino la inestabilidad laboral que acarrea consecuencias espec&iacute;ficas, diferentes al desempleo de larga duraci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante todo, &iquest;a qu&eacute; nos referimos cuando hablamos de inestabilidad laboral? O. Altimir y L. Beccaria ( 1999) se&ntilde;alan que la mayor parte de los puestos de trabajo creados en la d&eacute;cada de 1990 corresponden a posiciones precarias, con bajas remuneraciones, sin cobertura social y con una nula protecci&oacute;n al despido. Consecuentemente, su volatilidad es muy alta, implicando una elevada inestabilidad de los ingresos. A estos puestos tienen acceso, sobre todo, aquellas personas con menor nivel educativo y calificaci&oacute;n, m&aacute;s a&uacute;n si son nuevos trabajadores. Del lado de la sociedad se van configurando trayectorias laborales signadas por la inestabilidad: una alta rotaci&oacute;n entre puestos distintos, todos ellos precarios, de corta duraci&oacute;n, poco calificados, intercalados por periodos de desempleo, subempleo y aun de salida del mundo laboral como producto del desaliento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo sucede como si los distintos problemas del mercado de trabajo estudiados en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas &#151;desempleo, subempleo, rotaci&oacute;n laboral, informalidad, desaliento&#151; se hubieran ido acoplando hasta llegar a conformar lo que llamamos <i>trayectorias inestables.Una</i> novedad de la d&eacute;cada de 1990 es la extensi&oacute;n y normalizaci&oacute;n de un tipo de relaci&oacute;n particular con el mundo del trabajo, cuyas consecuencias son diferentes de aquellas propias a la situaci&oacute;n de pobreza o de desempleo.<sup><a href="#notas">2</a></sup> En las pr&oacute;ximas p&aacute;ginas intentaremos mostrar c&oacute;mo la inestabilidad laboral est&aacute; en la base de la configuraci&oacute;n que adquieren algunas actividades delictivas actualmente, en particular la alternancia o articulaci&oacute;n entre ocupaciones legales y acciones ilegales.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>DE TRABAJADORES A PROVEEDORES</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La casi totalidad de los entrevistados hab&iacute;a trabajado alguna vez, ya sea antes o durante la realizaci&oacute;n de actividades ilegales.<sup><a href="#notas">3</a></sup> No se trata entonces de una poblaci&oacute;n dedicada al delito a tiempo completo, sino que combina &#151;en un mismo momento o seg&uacute;n el periodo&#151; actividades ilegales con otras legales. &iquest;De qu&eacute; ocupaciones hablamos? Fueron cadetes, repartidores, trabajadores de limpieza y mantenimiento, empleados de peque&ntilde;os comercios, fleteros, cuidadoras de ni&ntilde;os, lavadores de autos, entre otras ocupaciones corrientes en j&oacute;venes de bajas calificaciones. Pero lo sorprendente es lo sucedido con los ingresos y la duraci&oacute;n de los trabajos. En los 11 casos para los que fue posible comparar las tres &uacute;ltimas ocupaciones, los ingresos promedio de las primeras fueron de 400 pesos,<sup><a href="#notas">4</a></sup> 301 de las segundas y 299 de las terceras. Esta evoluci&oacute;n descendente de las remuneraciones es consistente con el aumento de la desigualdad en la distribuci&oacute;n del ingreso en desmedro de los puestos menos calificados. Tambi&eacute;n la duraci&oacute;n de las ocupaciones fue disminuyendo: en las primeras el promedio fue de 20 meses, mientras que en las segundas y terceras &eacute;ste descendi&oacute; a diez meses.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, &iquest;cu&aacute;l es la relaci&oacute;n entre la inestabilidad y el delito? Ante todo, se trata de un problema que tiene m&aacute;s de una d&eacute;cada de existencia, que ya fue experimentado por los padres de nuestros entrevistados; se trata de una segunda generaci&oacute;n con inserci&oacute;n inestable. Sus padres, en general j&oacute;venes, ingresaron al mercado de trabajo a mediados de la d&eacute;cada de 1980, manifestando biograf&iacute;as laborales signadas por la inestabilidad. Ello explica que en las entrevistas fuera habitual la dificultad para responder a una pregunta tan tradicionalmente simple como &iquest;de qu&eacute; trabajan tus padres? Rara vez se escuchaba la respuesta esperada (es <i>obrero, comerciante</i>...) sino que luego de titubear describ&iacute;an lo que sus padres estaban o hab&iacute;an estado recientemente haciendo (<i>creo que andaba repartiendo unos cajones de algo</i>...).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, la inestabilidad laboral se naturaliza a medida que la imagen del trabajo como situaci&oacute;n estable va desdibuj&aacute;ndose de la experiencia transmitida por sus padres y otros adultos de su entorno. Los j&oacute;venes ven frente a ellos un horizonte de precariedad duradera en el que es imposible vislumbrar alg&uacute;n atisbo de "carrera laboral". Sin disimular la amargura, un joven nos dec&iacute;a: "&iquest;Qu&eacute; te parece que puedo esperar? Como m&aacute;ximo, un laburito &#91;trabajito&#93; de 180 mangos &#91;pesos&#93; durante tres meses. Despu&eacute;s, nada durante un tiempo. Otro laburito de 180, 200 mangos por un tiempo. Despu&eacute;s nada de nuevo... y as&iacute; siempre" Imaginan &#151;en el mejor de los casos&#151; una trayectoria laboral conformada por una sucesi&oacute;n de puestos de baja calificaci&oacute;n y bajos ingresos, todos inestables, interrumpidos por periodos de desempleo. A su vez, los j&oacute;venes sin calificaciones se enfrentan a una creciente devaluaci&oacute;n de credenciales y a una recalificaci&oacute;n de puestos de trabajos, por lo que ocupaciones a las que ten&iacute;an acceso en el pasado, en un contexto de alto desempleo, son ocupadas por individuos m&aacute;s calificados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si la inestabilidad laboral dificulta imaginar alguna movilidad ascendente futura, en el presente lleva a que el trabajo se transforme en un recurso m&aacute;s de obtenci&oacute;n de ingresos entre otros: el pedido en la v&iacute;a p&uacute;blica, el "apriete",<sup><a href="#notas">5</a></sup> el "peaje"<sup><a href="#notas">6</a></sup> y el robo; pudiendo recurrir a unos u otros seg&uacute;n la oportunidad y el momento. Nuestros entrevistados combinan de diferentes formas trabajo y robo. Algunos alternan entre puestos precarios y, cuando escasean, perpetran acciones delictivas para m&aacute;s tarde volver a trabajar. Otros mantienen una tarea principal &#151;en algunos casos el robo, en otros el trabajo&#151; y realizan la actividad complementaria para completar sus ingresos. En ciertos casos salen a robar los fines de semana con los mismos compa&ntilde;eros del trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando combinan trabajo y robo tienden a establecer el r&eacute;gimen de las "dos platas": el dinero dif&iacute;cil que se gana dif&iacute;cilmente, en el trabajo, y que costea rubros importantes (ayuda en la casa, transporte, etc.) y la "otra plata" que se obtiene m&aacute;s f&aacute;cilmente en un delito y de la misma manera se gasta: en salidas, cerveza, zapatillas de marca, regalos, etc. Fernando mantiene este r&eacute;gimen desde que comenz&oacute; a trabajar, apenas adolescente, hace casi una d&eacute;cada. Al principio, hac&iacute;a peque&ntilde;os servicios a familiares y vecinos de lunes a viernes por pocas monedas y el fin de semana robaba con un grupo m&aacute;s o menos fijo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">y... algo hac&iacute;a, con mi t&iacute;o. Le daba una mano... le pintaba las cosas... le cortaba el pasto a mi otro t&iacute;o... qu&eacute; s&eacute; yo... plata siempre ten&iacute;a. Aguantabas hasta el fin de semana con eso, y despu&eacute;s... ten&iacute;a la otra plata.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta doble ocupaci&oacute;n contin&uacute;a a lo largo de los a&ntilde;os:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Trabaj&eacute; un tiempo en panader&iacute;a despu&eacute;s, ah&iacute; me acostumbr&eacute; a trabajar, como panadero m&aacute;s que nada. Estaba con gente grande, gente que andaba robando bien y a veces sal&iacute;a a robar con ellos y ganaba muy buena plata, muy buena plata... hac&iacute;a la diferencia...</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;A que te dedicabas en ese entonces?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"> A las dos cosas, robaba y trabajaba. Hac&iacute;a una changa &#91;trabajo de corta duraci&oacute;n&#93;, pero s&iacute; era preferible robar antes que hacer una changa, la changa no te la pagaban nada y robando ten&iacute;a m&aacute;s plata.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Hiciste esto en forma paralela?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&iacute;, pareja. Seis a&ntilde;os. Digamos, seis meses bien y seis meses mal. Seis meses derecho y seis meses izquierda.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo pensar este pasaje del trabajo a su combinaci&oacute;n con otras actividades? &iquest;C&oacute;mo el <i>pasaje de una l&oacute;gica del trabajador a una l&oacute;gica de proveedor?</i> La diferencia se ubica en la fuente de legitimidad de los recursos obtenidos. En la l&oacute;gica del trabajador, &eacute;sta reside en el <i>origen</i> del dinero: fruto del trabajo honesto en una ocupaci&oacute;n respetable y reconocida socialmente. A pesar de su simpleza constituye uno de los pilares sobre el que se edificaba la cultura de los sectores populares. Ese trabajo honesto y reconocido era la matriz com&uacute;n de una imagen de familia respetable cuyo jefe proveedor ten&iacute;a un lugar leg&iacute;timo entre los adultos de los barrios populares.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la l&oacute;gica de la provisi&oacute;n, en cambio, la legitimidad ya no se encuentra en el <i>origen</i> del dinero, sino en su <i>utilizaci&oacute;n</i> para satisfacer necesidades. O sea, cualquier recurso provisto por alguna acci&oacute;n es leg&iacute;timo si permite cubrir una necesidad. &Eacute;stas no se restringen a aquellas consideradas com&uacute;nmente como b&aacute;sicas (por ejemplo, la comida), sino que incluyen a todas las as&iacute; definidas por los mismos individuos: necesidad puede ser ayudar a la madre, pagar un impuesto, pero tambi&eacute;n, comprarse ropa, cerveza, marihuana, festejarle un cumplea&ntilde;os a un amigo y hasta realizar un viaje para conocer las cataratas del Iguaz&uacute;. Dante se encuentra entre los primeros casos y nos cuenta lo siguiente:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A mi casa la llevaba. Yo le daba a mi vieja. A veces mi pap&aacute; necesitaba para repuestos, as&iacute;... y le daba. Despu&eacute;s le daba a mi vieja, a mi mam&aacute;. O sea que yo, con la plata, no soy... no me gusta tener plata y ver necesidad en mi casa y hacerme el tonto. Yo les daba.</font></p> </blockquote>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a4f3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Mart&iacute;n y Miguel, en cambio, el robo responde a otro tipo de necesidades:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estaba en la esquina ah&iacute;, porque era el cumplea&ntilde;os de un pibe, y nos reunimos todos los pibes para conseguir plata, y yo dije, bueno, vamos a tener que ir a robar. Y salimos y fuimos a robar. Y entramos a una casa y sacamos dos motos. Dos motos y nos fuimos. Despu&eacute;s las vendimos y ten&iacute;amos para hacer el cumplea&ntilde;os. (Mart&iacute;n)</font></p>        	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y bueno, hab&iacute;a problemas en mi casa, con mi pap&aacute; y mi mam&aacute;. Discut&iacute;an mucho, y yo no les quer&iacute;a pedir m&aacute;s plata a ellos, porque ellos trabajaban los dos, y quer&iacute;an poner en la casa, hacer la casa bien, y yo quer&iacute;a comprarme ropa, quer&iacute;a ir a bailar, y todo eso. Y no se pod&iacute;a. Entonces yo estaba en la esquina con mis amigos, y faltaba uno para ir a laburar, como decimos nosotros, y bueno. fui a robar. Entonces ten&iacute;a plata, me compraba lo que yo quer&iacute;a y bueno. la vez que tuve que perder, perd&iacute;. (Miguel)</font></p> </blockquote>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a4f4.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De los testimonios pueden deducirse los criterios de legitimidad de la provisi&oacute;n. Todo acto que proporciona recursos para satisfacer necesidades es leg&iacute;timo sin que la diferencia entre legalidad o ilegalidad de la acci&oacute;n sea relevante. M&aacute;s a&uacute;n, legitimidad y legalidad se desacoplan al punto que es m&aacute;s leg&iacute;tima una conducta ilegal proveedora que una legal que no lo es, como lo ilustra el relato de Omar. Vive con su madre y dos hermanos mayores. Uno trabaja en un aserradero, el otro en una obra, mientras que Omar se dedica a robos a mano armada en supermercados. Pas&oacute; un largo rato de la entrevista critic&aacute;ndolos duramente porque "ellos comen de arriba. Mi mam&aacute; trabaja, va a cumplir 60 a&ntilde;os y trabaja. Entonces yo sal&iacute;a a robar y pon&iacute;a el pecho para traer la plata para los gastos, para la comida, la luz, los impuestos..., mientras ellos se gastaban el dinero en sus cosas".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La interrogante que surge en este punto es si la posibilidad de articular leg&iacute;timamente el trabajo con otras fuentes de ingresos va desdibujando sus diferencias con el robo. No nos atrever&iacute;amos a afirmarlo, pero lo cierto es que se establece una relaci&oacute;n exclusivamente instrumental con el trabajo. Pierde su lugar central como base para la construcci&oacute;n identitaria individual y para la formaci&oacute;n de un entramado de lazos entre pares. El trabajo &#151;o estos trabajos&#151; no llegan a constituir la base de alg&uacute;n tipo de experiencia subjetiva, ya se trate del deseo de integraci&oacute;n plena y movilidad ascendente tanto como las distintas formas de resistencia a la explotaci&oacute;n que conoci&oacute; la historia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El desdibujamiento entra ambas acciones contribuye tambi&eacute;n a que no se orienten hacia un proyecto de carrera delictiva a tiempo completo como en los profesionales de vieja data. A. Isla (2002) y D. Miguez (2002) se&ntilde;alan en esta delincuencia profesional la idea de una carrera con fases de formaci&oacute;n por etapas. Los profesionales de vieja data hablan de sus acciones como de un trabajo y, m&aacute;s a&uacute;n, describen un campo profesional jerarquizado seg&uacute;n las t&eacute;cnicas y conocimientos. Miguez transcribe un fragmento de entrevista donde se revela este complejo entramado de jerarqu&iacute;as. "El que est&aacute; arriba de todo es el chorro de ca&ntilde;o &#91;asaltante&#93;, el viol&iacute;n &#91;violador&#93; no tiene derecho a nada, el 'transa' &#91;traficante de droga&#93; no est&aacute; mal visto, pero tiene que proveer y est&aacute; por debajo del chorro, despu&eacute;s est&aacute;n los giles o perejiles y los cachivaches" (p. 13). Las categor&iacute;as m&aacute;s bajas de la escala &#151;perejiles, cachivaches y violadores&#151; se caracterizan por su baja profesionalidad. Los perejiles son quienes cometen un delito por alguna situaci&oacute;n coyuntural &#151;por ejemplo, un homicidio por razones emocionales, no enmarcada en una pr&aacute;ctica laboral&#151;. Por su parte, los cachivaches son quienes hacen del delito una pr&aacute;ctica recurrente pero desconociendo los c&oacute;digos que la regulan, atacando mujeres, ancianos o usando indiscriminadamente la violencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nuestros entrevistados posiblemente ser&iacute;an considerados como "cachivaches" por este profesional. &iquest;Por qu&eacute; esta desprofesionalizaci&oacute;n de la actividad? Una primera observaci&oacute;n es que la carrera delictiva de anta&ntilde;o entra en crisis simult&aacute;neamente con la carrera profesional <i>legal.</i> Desde esta &oacute;ptica, en los trabajos sobre "carreras desviadas" (Becker, 1963) escritas en los a&ntilde;os de oro del capitalismo, aparece un isomorfismo entre ambos tipos de carrera: la delictiva era un horizonte certero cuando la legal tambi&eacute;n lo era. Ambas se recortan en simetr&iacute;a, con reglas similares m&aacute;s all&aacute; de que se trate de campos opuestos. Pensando en nuestro caso: en las etapas de hegemon&iacute;a del trabajo estable, a tiempo completo, la idea de carrera como una trayectoria predeterminada, que excluye otras opciones, es altamente factible. En cambio, cuando el horizonte de carrera laboral cae, la posibilidad de articular unas y otras formas de acceso a recursos se abre como posibilidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No se trata s&oacute;lo de la inestabilidad de los ingresos, sino que cuando se ahonda en sus experiencias laborales, es evidente que &eacute;stas no podr&iacute;an haber generado el tipo de socializaci&oacute;n tradicionalmente asociada al trabajo. En efecto, se trata de pasajes cortos por ocupaciones diversas, que no los califican en un oficio o actividad determinada. Por un lado, la inestabilidad atenta contra la generaci&oacute;n de una identidad laboral de alg&uacute;n tipo: de oficio, sindical o a&uacute;n de pertenencia a una empresa. Por otro, se ha ido perdiendo el papel formativo de los espacios de trabajo para los excluidos del sistema educativo secundario o terciario. No se trata s&oacute;lo de la deserci&oacute;n escolar, ya que muchos de estos j&oacute;venes en otras generaciones no hubieran tampoco ingresado al secundario, sino que la alternativa de capacitaci&oacute;n en el trabajo es impracticable si no se tiene acceso a puestos con un m&iacute;nimo de estabilidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Federico, por ejemplo, sin haber comenzado el secundario, realiz&oacute; distintos trabajos de poca calificaci&oacute;n. Por ejemplo, fue ayudante de un jardinero, alba&ntilde;il o carpintero por periodos tan cortos que resultaron insuficientes para aprender el oficio y establecer lazos duraderos. Tan es as&iacute; que no registra ning&uacute;n aprendizaje en alguno de ellos:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;En alguno de los trabajos pudiste aprender cosas?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No s&eacute;, que s&eacute; yo. Yo necesitaba y fui y labur&eacute;.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y cu&aacute;ndo empezaste a robar?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si uno busca laburo y no encuentra....</font></p> </blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su lac&oacute;nico testimonio muestra una relaci&oacute;n tan instrumental con un trabajo precario, carente de otro contenido que no sea la provisi&oacute;n, que f&aacute;cilmente en caso de escasear puede ser sustituido por el delito. Para otros, como Marcela, el pasaje por el mundo del trabajo no s&oacute;lo no los ha calificado sino que produjo un aprendizaje negativo:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo era re&#45;bueno, porque la pasaba re&#45;bien ah&iacute;, pero despu&eacute;s cuando me di cuenta que esta se&ntilde;ora se fue descontando de cosas que ni siquiera me las dio, me dio bronca porque no me pag&oacute; todo el sueldo. Cuando yo se la cuid&eacute; &#91;a la hija&#93; mejor que a mi hermano. Me dio mucha bronca &#91;enojo&#93;.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y qu&eacute; cosas podr&iacute;as decir que aprendiste ah&iacute;?</i> Aprend&iacute; a no confiar en la gente, en que te hace regalitos y despu&eacute;s no s&eacute;, despu&eacute;s por atr&aacute;s te clavan el cuchillo, no te pagan. No conf&iacute;o en nadie. En cuanto as&iacute;, trabajo, no conf&iacute;o en nadie; debe ser por eso que no consigo trabajo</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n la alta rotaci&oacute;n laboral dificulta la generaci&oacute;n de lazos con los compa&ntilde;eros; es poco probable la conformaci&oacute;n de v&iacute;nculos duraderos en grupos laborales en los que todos son inestables. La precariedad es una caracter&iacute;stica com&uacute;n de sus ocupaciones y del tipo de delito que realizan, como se desprende de relatos donde ambas actividades presentan rasgos compartidos. Muchas de sus ocupaciones son informales, con escasas barreras de acceso a la actividad &#151;como la venta en la v&iacute;a p&uacute;blica o transportes&#151; y poca necesidad de planificaci&oacute;n. Algo similar a cuando describen sus robos "al voleo": salen a la calle, sin precisar la elecci&oacute;n de la v&iacute;ctima ni la estrategia. En segundo lugar, realizan tareas con bajo requerimiento de calificaci&oacute;n y de capital inicial. Tambi&eacute;n sus escasas calificaciones y poco capital social los limitan a delitos tan precarios: no saben manejar armas, no saben conducir, no tienen mucha informaci&oacute;n ni contactos. Son concientes que para robar en otros niveles "hay que tener relaciones, amigos jueces, departamentos para quedarse, gente en los bancos.", en suma, una dotaci&oacute;n de capitales de la que carecen. Por &uacute;ltimo, ambas actividades se asemejan cuando se analiza la obtenci&oacute;n de ingresos en las historias laborales. En particular, cuando realizan acciones por cuenta propia &#151;por ejemplo, ventas callejeras&#151; describen la obtenci&oacute;n de ingresos muy magros, discontinuos, sin posibilidad de previsi&oacute;n sobre el monto. Algo similar se&ntilde;alan respecto de sus actividades delictivas: salen a ver qu&eacute; pasa, a obtener de distintas v&iacute;ctimas peque&ntilde;as cantidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumen, todos los aspectos calificantes y socializantes del mundo laboral est&aacute;n restringidos por la calidad de los empleos a los que tienen acceso. Desprovisto de sus atributos tradicionales, el trabajo se reviste de un sentido meramente instrumental, acerc&aacute;ndose a las restantes formas de provisi&oacute;n. En esa mutaci&oacute;n, la ley como frontera entre el tipo de acto a realizar se desdibuja, constituyendo sin duda una de las consecuencias m&aacute;s crudas del eclipsamiento del trabajo como experiencia central de la subjetividad.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LAS FORMAS DE LA SOCIABILIDAD: AMIGOS, CONOCIDOS Y VECINOS</b></font></p>  	    <p><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n se establece entre la l&oacute;gica de provisi&oacute;n y las formas de sociabilidad de los j&oacute;venes? &iquest;Qu&eacute; similitudes y diferencias con los casos estudiados en otros pa&iacute;ses y periodos? Estas preguntas se insertan en el cruce de dos problem&aacute;ticas contiguas: las bandas de j&oacute;venes y la subcultura juvenil. En efecto, las conductas delictivas en los j&oacute;venes han sido relacionadas en general con una afiliaci&oacute;n por "asociaci&oacute;n diferencial", presuponiendo un medio que permita un aprendizaje de t&eacute;cnicas tanto como un sost&eacute;n normativo y relacional. Y si ciertamente, para nuestros entrevistados, el robo raramente se encara en solitario, esto no debe llevar a pensar inmediatamente en la conformaci&oacute;n de bandas profesionalmente organizadas o en pandillas al estilo de las estudiadas en Estados Unidos, sino que sus relaciones adquieren rasgos particulares indisociables del contexto general y de los requerimientos de las acciones que realizan.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo del siglo XX, la forma en que se plantean las interrogantes sobre formas de sociabilidad de estos grupos de j&oacute;venes son inseparables de ciertos rasgos de la vida econ&oacute;mico&#45;social de cada periodo. Bien marcados por las preocupaciones de cada &eacute;poca, los estudios pueden dividirse en tres periodos con sus respectivas preocupaciones centrales. En el auge de la primera etapa de la Escuela de Chicago, el crecimiento urbano de las primeras d&eacute;cadas del siglo XX transform&oacute; el temor al "desorden" en preocupaci&oacute;n sociol&oacute;gica central. Luego, en la posguerra, el capitalismo triunfante se preocup&oacute; sobre todo por aquellos que carec&iacute;an de los medios leg&iacute;timos para tener acceso a los logros y valores de las clases medias en ascenso. Los trabajos dialogaron &#151;a favor o cr&iacute;ticamente&#151; con el desajuste entre medios leg&iacute;timos y fines deseables, como sucede con la visi&oacute;n mertoniana de la anomia. Finalmente, la descomposici&oacute;n de ese mundo replantea con nuevas coordenadas conceptuales la preocupaci&oacute;n por el desorden y la desorganizaci&oacute;n social de principios de siglo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para la Escuela de Chicago, en un contexto de desintegraci&oacute;n social las pandillas aseguran la integraci&oacute;n.<sup><a href="#notas">7</a></sup> En el trabajo pionero de F. Trasher (1927) la banda es una instituci&oacute;n natural, como la familia, que act&uacute;a como remedio &#151;aunque imperfecto&#151; de la desorganizaci&oacute;n reinante. El delito es parte de las actividades grupales pero no su raz&oacute;n de ser, m&aacute;s bien se trata de una forma de organizaci&oacute;n en un contexto caracterizado por el desorden, por lo que requiere como contrapeso una f&eacute;rrea codificaci&oacute;n y la existencia de tensas rivalidades que definen el adentro&#45;afuera en particular entre grupos inmigrantes rivales enfrentados por el control de un territorio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el optimismo reinante de la posguerra, el funcionalismo se centra en aquellos grupos todav&iacute;a no integrados a la estructura cultural. Una de las formas de reacci&oacute;n a la anomia que estudia R. Merton (1949 ), la "innovaci&oacute;n", en tanto construcci&oacute;n de medios ileg&iacute;timos para tener acceso a fines dados est&aacute; en el origen de una corriente de trabajos que consideran a las bandas como formas de resoluci&oacute;n colectiva a la frustraci&oacute;n de no poder tener acceso a los objetivos de un capitalismo triunfante. Las bandas son formas organizadas de respuesta a la anomia. En este punto se articulan sociabilidad y subcultura, porque en el contexto de una concepci&oacute;n funcionalista de la cultura, la dificultad de alcanzar los logros sociales por medios leg&iacute;timos es comprendida a partir de la generaci&oacute;n de subculturas. Es decir, &eacute;stas son vistas como respuestas colectivas a las frustraciones de la estructura (Cloward y Ohlin, 1960).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las reacciones a los supuestos fundantes &#151;y a las imprecisiones&#151; de la anomia mertoniana no se hicieron esperar. Al fin y al cabo, &iquest;por qu&eacute; suponer que todos los grupos y todas las sociedades comparten el af&aacute;n por el logro y &eacute;xito individual de una clase media estadounidense a veces m&aacute;s caricaturizada que conocida? Por ejemplo, los trabajos ingleses sobre pandillas mostraron que una fuerte identidad de clase y un menor apego nacional a los valores del logro individual plantean el problema en t&eacute;rminos diferentes al de la anomia, al punto tal que para Elias y Scotson (1965), en su estudio sobre el grupo de marginales que habitan en las inmediaciones aburridamente respetables de Winston Parva, los delitos como las peleas en los cines, las borracheras y una vida sexual m&aacute;s relajada constitu&iacute;an la respuesta hedonista a la tediosamente ordenada vida de un suburbio obrero en v&iacute;as de aburguesamiento. As&iacute;, la respetabilidad del pueblo generaba la desviaci&oacute;n de los otros grupos m&aacute;s que por no poder compartir sus logros, por un intento mutuo de diferenciaci&oacute;n de dos identidades definidas por oposici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro supuesto que se mostr&oacute; discutible fue la adjudicaci&oacute;n de conductas desviadas a sujetos... desviados. El primer problema que se se&ntilde;al&oacute; fue que casi por antonomasia los sujetos desviados proven&iacute;an de clases bajas, por lo cual una supuesta cultura propia fue acusada m&aacute;s o menos veladamente de transmitir valores indeseables. Prejuicios que se alimentaban en errores metodol&oacute;gicos. En efecto, no hace falta decir que la prevalencia de la delincuencia estaba lejos de ser general en ning&uacute;n sector de la sociedad. En los estudios de la &eacute;poca s&oacute;lo una minor&iacute;a desembocaba en una delincuencia grave y de ellos s&oacute;lo una parte lo hac&iacute;a a trav&eacute;s de pandillas. Por otro lado, las otras opciones abiertas a los j&oacute;venes, la adaptaci&oacute;n a los valores de logros a trav&eacute;s de la universidad y las cl&aacute;sicas "barras de la esquina" respetables nunca fueron exitosamente diferenciadas de la opci&oacute;n delincuente. La pregunta de por qu&eacute; algunos j&oacute;venes optaban por un camino y no por otro permanec&iacute;a sin respuesta, dando lugar a acusaciones, como las de D. Matza (1964), de sobrepredicci&oacute;n delincuente. Respecto de los prejuicios, es imposible no sentir al leer muchos de estos trabajos estadounidenses las f&eacute;rreas creencias sobre lo potencialmente negativo y asocial de las culturas de los sectores populares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema siguiente fue la demarcaci&oacute;n de una oposici&oacute;n cerrada entre grupos desviados y no desviados. En este caso, los trabajos de Matza son una excepci&oacute;n. En <i>Drift and Delinquency</i> (1964) este autor describe la aparici&oacute;n de estos comportamientos en parte de la etapa adolescente y desarrolla la manera en que luego las reglas se siguen violando en diferentes situaciones, como parte de la vida cotidiana. Aun H. Becker (1959), en su famoso estudio de carreras de desviaci&oacute;n ascendente, nos persuade de prestar atenci&oacute;n a aquellos que mantienen un v&iacute;nculo m&aacute;s ef&iacute;mero con la desviaci&oacute;n. Los trabajos m&aacute;s recientes sobre trayectorias delictivas les dan la raz&oacute;n: ellos muestran que el delito se concentra en edades de la adolescencia temprana para un posterior desistimiento, al punto que s&oacute;lo una peque&ntilde;a minor&iacute;a de los que cometen delitos en la adolescencia entablar&aacute;n una carrera delictiva en la adultez. Otra l&iacute;nea que indica esto son los trabajos sobre delitos de "cuello blanco", donde la desviaci&oacute;n no tiene que ver necesariamente con la falta de medios para llegar a fines leg&iacute;timos, sino m&aacute;s bien con la ilimitaci&oacute;n de los fines. D. Sutherland (1949) advierte sobre las particularidades del criminal de cuello blanco. En efecto, cuanta m&aacute;s educaci&oacute;n posea y mayor conocimiento de los vericuetos de las empresas o sector p&uacute;blico, mayor ser&aacute; su potencial como delincuente. Dicho en t&eacute;rminos mertonianos, cuanto m&aacute;s acceso a medios leg&iacute;timos, m&aacute;s posibilidad de violarlos. Ya tempranamente, estos trabajos ayudan a situar el problema de la desviaci&oacute;n en las &eacute;lites a fin de morigerar una mirada que dif&iacute;cilmente evita la estigmatizaci&oacute;n y la sospecha sobre las clases populares.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a4f5.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el marco de la crisis del mundo del trabajo y de la "nueva cuesti&oacute;n social" el tema cobra nueva actualidad. Los resultados, sin embargo, difieren entre s&iacute;. En <i>In the Search of Respect,</i> un excelente estudio sobre las bandas de revendedores de crack en Harlem, P. Bourgois (1995) encuentra que las bandas son una fuente de recursos en un universo territorial acotado y controlado, al mismo tiempo que una forma de asegurar un respeto e identidad. Es claramente una contracultura, pues expresa valores propios, opuestos a un universo cultural que los excluye. La alt&iacute;sima violencia reinante y las violaciones colectivas tienen, en este sentido, un efecto de fijaci&oacute;n de una contracultura alternativa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Distinto es lo que muestra F. Dubet (1987) para el caso franc&eacute;s, en su gran trabajo de <i>La gal&egrave;re.</i> No se trata de pandillas ni de grupos que expresan una contracultura; m&aacute;s bien asistimos a la emergencia de formas de sociabilidad ligadas a la desorganizaci&oacute;n de valores y sentidos de la comunidad obrera. La <i>gal&egrave;re</i> es una experiencia que articula una triple l&oacute;gica: la <i>anomia</i> en un universo sin regulaci&oacute;n ni reglas, la sensaci&oacute;n de <i>exclusi&oacute;n</i> de una escolaridad que garantiza el acceso al trabajo y la <i>rabia</i> ante una dominaci&oacute;n a la que no se le encuentra el sentido. Si bien en la <i>gal&egrave;re</i> algunos delitos menores contra la propiedad no est&aacute;n excluidos, su rasgo saliente son las "incivilidades" (<i>incivilit&eacute;s</i>): actos de vandalismo contra los signos del Estado o los &iacute;conos de un h&aacute;bitat gris que incluye y excluye a los j&oacute;venes al mismo tiempo. Es una experiencia colectiva de sociabilidad no regulada, que se autodestruye por el efecto mismo de dicha desorganizaci&oacute;n.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LAS FORMAS DE LA SOCIABILIDAD:</b> <b>ENTRE BARDEROS Y PROVEEDORES</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo caracterizar el tipo de sociabilidad que muestran nuestros entrevistados? &iquest;Estamos frente a un universo de pandillas y bandas? &iquest;Se han socializado al interior de subculturas particulares? En primer lugar, para la mayor&iacute;a, el robo raramente es una actividad que se lleva a cabo en solitario. Ante todo es necesario establecer una divisi&oacute;n entre aquellos j&oacute;venes que describimos en el punto anterior y que llamaremos <i>proveedores</i> y <i>barderos.</i> Para estos &uacute;ltimos, el delito es parte de actividades grupales caracterizadas por el "bardo". &iquest;Qu&eacute; entendemos por bardo? Es una disrupci&oacute;n de las reglas de convivencia comunitaria, tanto de tipo delictivo como no delictivo. El bardo es una serie de actividades grupales que va mucho m&aacute;s all&aacute; de las acciones en conflicto con la ley. Por ejemplo, poner m&uacute;sica fuerte a la hora de la siesta, sentarse en una esquina y molestar (bardear) a los vecinos que pasan, es una forma de bardo; robar en grupo es otra. A diferencia de los proveedores, que suponen relaciones establecidas casi exclusivamente entre hombres, los grupos de barderos pueden ser mixtos.</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a4f6.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, el bardo tiene un parecido de familia con la "deriva" de D. Matza y concentra todos los elementos de divertimento tradicionalmente ligados al delito juvenil. En efecto, la literatura se&ntilde;ala tres tipos de relaciones entre delito y diversi&oacute;n, en realidad usando el t&eacute;rmino dif&iacute;cilmente traducible de <i>excitement.</i> Para algunos, la delincuencia provee los medios para comprar diversi&oacute;n, para otros, como para D. Matza, la acci&oacute;n misma provoca <i>excitement</i> y, por &uacute;ltimo, las acciones contra la ley son, en realidad, una suerte de subproducto no necesariamente buscado, de acciones que son en s&iacute; mismas divertidas o excitantes (vandalismo, rotura de bienes colectivos, molestar a personas, entre otras). Por otro lado, el bardo se asemeja a la <i>gal&egrave;re</i> en la presencia de un universo desregulado y an&oacute;mico, aunque no aparezca en &eacute;l tan expl&iacute;citamente el contenido de rabia y exclusi&oacute;n, as&iacute; como tampoco una referencia pol&iacute;tica tan directa, mientras que las <i>incivilit&eacute;s</i> tienen como objeto &iacute;conos o instituciones que representan al Estado</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los <i>barderos</i> es dif&iacute;cil se&ntilde;alar una motivaci&oacute;n individual como la que aparece en los proveedores. El robo es parte de una actividad grupal y es tan importante lo obtenido como el goce de la acci&oacute;n misma. Deciden y realizan sus acciones en grupo y, sobre todo, el bot&iacute;n se utiliza colectivamente en salidas, comida, bebidas o drogas. No s&oacute;lo hay una escasa o nula planificaci&oacute;n de los robos (un rasgo que compartir&iacute;an con los otros), sino que aqu&eacute;llos no son pensados dentro de una estrategia de obtenci&oacute;n de ingresos. M&aacute;s bien responden a una din&aacute;mica grupal que siempre va decidi&eacute;ndose en el curso de la acci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, &iquest;una forma de robo excluye a la otra? En general unos y otros se diferencian y se reconocen como distintos. Es probable que algunos que comienzan como barderos, si perduran en la senda, tiendan a asumir caracter&iacute;sticas de los proveedores; es m&aacute;s extra&ntilde;o, en cambio, que los que comiencen en una variante de provisi&oacute;n pasen al bardo. A su vez, los proveedores que vislumbran alg&uacute;n intento de profesionalizaci&oacute;n critican fuertemente e intentan diferenciarse de los barderos, por su falta de profesionalismo y su tendencia al uso indiscriminado de la violencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s all&aacute; de las diferencias que podemos encontrar entre ambos tipo de actividad, existen dos elementos comunes a ambas. En primer lugar, en ning&uacute;n caso la experiencia del robo grupal determina la constituci&oacute;n de pandillas como aparece en los estudios citados del primer y segundo periodo. Ninguno de los rasgos t&iacute;picos de las <i>gangs</i> &#151;una fuerte cohesi&oacute;n identitaria, formas de socializaci&oacute;n diferencial, un anclaje territorial y una apropiaci&oacute;n del territorio bien definidos, la existencia de liderazgos fuertes, jerarqu&iacute;as y un complejo sistema de reglas internas, que incluye el cumplimiento de ritos de iniciaci&oacute;n y pasaje&#151; surgen como caracter&iacute;sticos de los grupos conformados por los j&oacute;venes entrevistados en este estudio. M&aacute;s a&uacute;n, si adoptamos la "definici&oacute;n minimalista" de F. Dubet (1991), esto es que existe una banda cuando los actores del grupo se definen como pertenecientes a ella, no habr&iacute;a ninguna banda constituida en nuestro universo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Cu&aacute;les son las caracter&iacute;sticas de estas relaciones? Por un lado, la realizaci&oacute;n de actividades delictivas en com&uacute;n no conducen a la conformaci&oacute;n de un colectivo cerrado, con claros criterios de exclusi&oacute;n de los otros. Esto permite tanto que los j&oacute;venes participen simult&aacute;neamente en c&iacute;rculos diversos, alternando entre grupos que desarrollan actividades diferentes (ilegales o no), como la convivencia dentro de un mismo c&iacute;rculo de miembros que participan de acciones delictivas junto a otros que no lo hacen. En cierto modo, una aproximaci&oacute;n con la pluripertenencia a tribus con v&iacute;nculos diversos que se&ntilde;ala M. Maffesoli (1990).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Pero por qu&eacute; no aparece esta separaci&oacute;n? Las actividades delictivas no siguen un criterio de exclusividad. No hay una exigencia de construcci&oacute;n de contracultura o subcultura para legitimar el robo, porque la l&oacute;gica de la provisi&oacute;n hace posible que &eacute;sta conviva con otras. Pareciera que esta l&oacute;gica est&aacute; legitimada aun entre quienes no la practican. Y si tiene cercan&iacute;a con la innovaci&oacute;n mertoniana, el punto de quiebre es que la ilegitimidad de los medios ya no lo es tal: ser&aacute;n ilegales pero no necesariamente ileg&iacute;timos. No se precisa de un grupo bien definido, como soporte normativo y relacional, lo alcanza con un marco de sociabilidad m&aacute;s amplio, menos definido que permite la convivencia entre l&oacute;gicas de acci&oacute;n diferentes pero no mutuamente excluyentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La consecuencia de lo anterior es que el robo no aparece como un criterio de separaci&oacute;n fuerte dentro de un colectivo. En contraposici&oacute;n, el consumo sistem&aacute;tico (y la venta) de drogas produce separaciones y fracturas entre los j&oacute;venes. La l&oacute;gica de provisi&oacute;n puede justificar el robo pero no el consumo de drogas. En parte, esto se explica por los requerimientos de cada una de las acciones. El consumo regular de drogas exige conseguir dinero, ir a comprar, normas de distribuci&oacute;n y otras pr&aacute;cticas que reclaman una organizaci&oacute;n m&aacute;s aceitada &#151;y por lo tanto un grupo m&aacute;s "cerrado"&#151; que la de robos de poca planificaci&oacute;n y magnitud.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, los grupos presentan una escasa o nula regulaci&oacute;n interna, lo cual se refleja a la vez en la ausencia de liderazgos dentro de los mismos. Finalmente, aun cuando el &aacute;mbito de acci&oacute;n de los j&oacute;venes suele estar restringido geogr&aacute;ficamente de manera inequ&iacute;voca, esta limitaci&oacute;n nunca se traduce en una apropiaci&oacute;n fuerte del territorio, ni en un sentido de pertenencia local.<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luego de analizar los puntos en com&uacute;n, centr&eacute;monos ahora en las diferencias entre proveedores y barderos. Trataremos en primer lugar el tipo de relaciones que se tejen entre quienes asumen el robo como una forma de provisi&oacute;n. En relaci&oacute;n con la conformaci&oacute;n de los grupos, es la alternancia de acciones propia de la <i>l&oacute;gica del proveedor</i> la que permite que aqu&eacute;llos no sean estables, pero tambi&eacute;n incide en ello el hecho de que la realizaci&oacute;n de actividades delictivas no requiera un alto nivel de planificaci&oacute;n previa ni un "resguardo" posterior, como sucede en el "crimen profesional". As&iacute;, mientras en el bardo todas las acciones se realizan en grupo, entre los trabajadores la selecci&oacute;n es eminentemente instrumental y, en varios casos, ni siquiera roban grupalmente sino que las relaciones ayudan en la preparaci&oacute;n de la acci&oacute;n. Como cuenta Federico:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;<i>Te acord&aacute;s el primero c&oacute;mo fue</i>?</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estaba re&#45;nervioso. Porque nunca hab&iacute;a robado.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hab&iacute;a unas personas y me mand&eacute;. Cac&eacute; una plata, cincuenta y algo de pesos, y me fui a la mierda.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;<i>D&oacute;nde fue</i>?</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">All&aacute; lejos.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;<i>C&oacute;mo conseguiste el arma</i>?</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por un amigo. Me la vendi&oacute; a 35 pesos. A m&iacute; me dijeron que &eacute;l me la pod&iacute;a conseguir, entonces yo fui y habl&eacute; con &eacute;l y &eacute;l dijo que s&iacute; y me la trajo.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;<i>C&oacute;mo fue</i>?, &iquest;<i>a vos se te ocurri&oacute; un almac&eacute;n o planeaste antes</i>? &iquest;<i>Dijiste a ese almac&eacute;n voy a ir</i>?, &iquest;<i>c&oacute;mo fue</i>?</font></p> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Voy a ir a ese almac&eacute;n &#91;tienda de alimentos&#93;. Yo lo mir&eacute; al almac&eacute;n, lo observ&eacute; un poco, que se yo. Una semana. Pasaba por ah&iacute; a ver si hab&iacute;a movimiento por ah&iacute;. Y vi que no hab&iacute;a casi nada de movimiento, as&iacute;, mucha gente por afuera... y no pasaba nadie y fui y entr&eacute;. Me qued&eacute; sentado adelante un rato, y me decid&iacute;, fui, entr&eacute; y saqu&eacute;... Estaba el due&ntilde;o nom&aacute;s, el que atend&iacute;a. Y entr&eacute;, saqu&eacute; eso y despu&eacute;s cort&eacute; por la esquina as&iacute;, y despu&eacute;s me perd&iacute;.</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s que una pandilla que, como las estudiadas por Trasher (1927), serv&iacute;an de marco colectivo para una estrategia mertoniana de innovaci&oacute;n, en este caso hay una red de relaciones &#151;el amigo que le brinda el arma&#151; que facilita la acci&oacute;n pero no necesariamente es su matriz de origen imprescindible&#151;. En ocasiones, la importancia del grupo de amigos o conocidos es a&uacute;n mayor, influencia que es se&ntilde;alada tanto cuando describen los contextos en los cuales comienzan a robar como cuando indican las dificultades que encuentran para dejar de hacerlo. El delito se inscribe en una red de relaciones en ambos sentidos: es necesario pertenecer a &eacute;l para cometerlo y bastar&iacute;a mantenerse alejado para evitarlo. As&iacute; se desprende del relato de Gerardo, quien afirma la necesidad de romper con v&iacute;nculos anteriores como requisito para "enderazarse".</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Y cuando vos saliste, esa vez que fuiste al taxi, &iquest;lo planeaste desde antes...?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No, lo ten&iacute;a pensado, lo ten&iacute;a planeado de antes, pero no ten&iacute;a un empuj&oacute;n. Entonces pas&oacute; un chico, otro m&aacute;s, que no tiene problemas con nada... &eacute;l es adicto a la droga... y fuimos a tomar dos cervezas, tomar, tomar, tomar... pastillas ac&aacute;, pastillas all&aacute;, nos quedamos sin un peso y dice vamos a chorear &#91;robar&#93; y dale, agarramos a un taxista, es f&aacute;cil con un rev&oacute;lver de juguete.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ciertamente encontramos casos de acciones realizadas al interior de grupos estables, pero que ya estaban constituidos de antemano. Mosca y Luisito, por ejemplo, formaban parte de una suerte de familia con lazos horizontales de varios a&ntilde;os de itinerancia. Desde ni&ntilde;os viv&iacute;an en la calle y sus peque&ntilde;os hurtos se inscrib&iacute;an dentro de un repertorio de estrategias de supervivencia con algunas caracter&iacute;sticas de subcultura. El grupo se asemeja en parte a las pandillas de los estudios de la Escuela de Chicago, en cuanto ha actuado como factor de integraci&oacute;n en un contexto de fuerte desorganizaci&oacute;n, en concreto la ausencia de familia. Al igual que en estos estudios, el universo normativo interno es muy fuerte. Cuentan de este modo la planificaci&oacute;n de acciones previas a cada salida:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;C&oacute;mo decid&iacute;an que hacer?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No, se charlaba. Lo habl&aacute;bamos. Como si fu&eacute;ramos hermanos. Lo habl&aacute;bamos. Esta noche vamos para ac&aacute;, o vamos para all&aacute; y listo. Y ya &iacute;bamos decididos adonde &iacute;bamos y listo.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Diferente es la situaci&oacute;n entre los barderos. Mientras que entre los proveedores se selecciona a los compa&ntilde;eros en pos de un objetivo instrumental, entre los barderos el grupo pre&#45;existe a los individuos, llevando tanto a borrar las diferencias entre los miembros en cuanto a iniciativas y responsabilidades como a establecer una continuidad entre las actividades delictivas y las restantes. Para un observador externo hay un grupo, pero no para ellos; es una suerte de grupo sin conciencia de tal. No hay tampoco, como en el caso de Mosca y Luisito, un intento de imponer socializaci&oacute;n ante el desorden; por el contrario, el grupo es el actor de un divertimento de car&aacute;cter tanto expresivo como instrumental. Alejo resume en su descripci&oacute;n el lugar del grupo entre los barderos:</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...bueno, algunos s&iacute;, algunos tienen la man&iacute;a que todav&iacute;a siguen afanando &#91;robando&#93; y todo, como ya te dije. Pero en m&iacute; no. Estaba ah&iacute;... estaba ah&iacute;... yo que s&eacute;, m&aacute;s de robarme un disco en una fiesta no creo que haya hecho, pero estaba ah&iacute;. Yo creo que el d&iacute;a ese que voy preso fue porque bueno, los &uacute;nicos cuatro que estabamos ah&iacute;, fuimos los cuatro, si hab&iacute;a un quinto... tambi&eacute;n. Yo, lo que recuerdo claro es que salimos a caminar, que est&aacute;bamos locos, locos...</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&iacute;, y ah&iacute; no pod&iacute;amos estar, porque est&aacute;bamos... muy, muy... y salimos a caminar, hinchando por todos lados, y yo recuerdo que hab&iacute;amos dicho vamos y afanamos algo, pero yo en toda esa locura... Yo recuerdo que dijeron que iban a afanar, pero no lo pens&eacute; tampoco. Y bueno... lo afanaron.</font></p> </blockquote>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a4f7.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a4f8.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n para Marcela las actividades delictivas surgen como continuaci&oacute;n casi inadvertida de otras realizadas por su grupo de pertenencia:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...No s&eacute;. Empez&oacute;, desde que conoc&iacute; a la chica &eacute;sta que era mi amiga... amiga no, bueno... una conocida, que me present&oacute; a todos los chicos, ah&iacute; empez&oacute;. Empezamos a salir todos juntos. Nos &iacute;bamos a bailar; &iacute;bamos a cumplea&ntilde;os as&iacute;... y de ah&iacute; salt&oacute; el tema de ir a... Empezamos a hablar todos, y salt&oacute; uno y dijo tengo un rev&oacute;lver as&iacute; y as&iacute;... yo tengo esto... podr&iacute;amos salir un d&iacute;a a robar, no s&eacute;... &iquest;Vos qu&eacute; dec&iacute;s? Y yo le dec&iacute;a s&iacute;, todo bien, vamos.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El car&aacute;cter l&uacute;dico como parte central de las actividades aparece en este relato donde cierta teatralidad y un aire carnavalesco es el rasgo distintivo:</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos vest&iacute;amos... no s&eacute;, uno de los chicos se pon&iacute;a gorritas, cambiaba el color del pelo, yo me cambiaba el peinado, trataba de... lo que pasa es que yo me persegu&iacute;a demasiado, entonces... o a veces hab&iacute;a semanas que no sal&iacute;a a ning&uacute;n lado, que me quedaba encerrada en mi casa y no sal&iacute;a a ning&uacute;n lado porque, por el miedo de que la polic&iacute;a no se venga a mi casa. Y pasaba la polic&iacute;a por el frente de mi casa, miraban pero nunca dijeron nada. A lo mejor nunca se dieron cuenta que yo era la que andaba con esa gente.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En muchos casos son pocas las actividades compartidas por el grupo. Juli&aacute;n lo cuenta de la siguiente manera:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y con tus amigos, adem&aacute;s de juntarse a escabiar, qu&eacute; hacen?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fumamos.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Qu&eacute; fuman?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fasos. Marihuana.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y qu&eacute; m&aacute;s hacen?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nada m&aacute;s, fumamos, escabiamos &#91;bebemos&#93;, nada m&aacute;s.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estamos ah&iacute;... no s&eacute;, estamos boludeando, porque estamos medio escabiados &#91;borrachos&#93;.</font></p> </blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De todas maneras, como dijimos, si el grupo est&aacute; presente antes y despu&eacute;s del robo, no por ello da origen a una cohesi&oacute;n identitaria particular, ni cimenta v&iacute;nculos estrechos entre sus miembros. Esta particularidad se observa cuando los entrevistados enfatizan la diferencia entre <i>amigos</i> y <i>conocidos.</i> En el caso de Dante:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Con el grupo de chicos con el que salen a robar. &iquest;d&oacute;nde los conociste?, &iquest;c&oacute;mo se conocieron?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos conocimos... hola, qu&eacute; tal... hola, qu&eacute; tal...; a los que no somos los amigos, hola qu&eacute; tal, c&oacute;mo andas... as&iacute;, vamos a quedarnos ac&aacute;, vamos a salir todos...</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, Horacio afirma:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tengo... ser&aacute;n diez o quince amigos. Los dem&aacute;s son compa&ntilde;eros, que son los que caen presos conmigo, que toman cerveza conmigo, vino, que vamos a bailar... &eacute;sos son compa&ntilde;eros.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumen, por razones distintas tanto para proveedores como barderos, hay una centralidad de las relaciones entre pares para la realizaci&oacute;n de actividades delictivas, pero su realizaci&oacute;n no necesariamente implica una marca identitaria y un criterio de selecci&oacute;n, tal como se&ntilde;alan los trabajos de otras latitudes.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA PLURALIDAD DE GRUPOS DE PERTENENCIA</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dec&iacute;amos que ni los grupos de barderos ni de proveedores exigen en principio exclusividad por lo que la mayor&iacute;a de los j&oacute;venes entrevistados pod&iacute;an mantener relaciones con diversos j&oacute;venes compartiendo actividades diferentes. Tal tolerancia permite tambi&eacute;n que en el mismo grupo coexistan j&oacute;venes que delinquen con otros que no. Para estos &uacute;ltimos, como Santiago, estar en un grupo que roba no tiene un peligro de "contagio":</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y el hecho de que vos no rob&eacute;s con ellos no te afecta en la relaci&oacute;n?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No, no... no me contagian. Por m&aacute;s que ellos roben, yo no les voy a ir a pedir el rev&oacute;lver para robar yo. No es obligaci&oacute;n que yo est&eacute; con ellos porque robe o no robe. Es la misma amistad. Pero si me dicen ven&iacute;, vamos a robar o ten&eacute;me esto que ahora vengo, no. No tengo nada. No, mejor no en eso... Nunca me pidieron de hacer cosas raras. Si no, lo pensar&iacute;a dos veces: si me saldr&iacute;a bien y si me saldr&iacute;a mal tambi&eacute;n. Las dos cosas. Pero por ahora nunca me dijeron nada, entonces mejor sigo haciendo lo m&iacute;o y estoy m&aacute;s tranquilo.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Santiago forma parte de ese grupo sin sentirse presionado, sin temer ser influido por ellos, pero tampoco cuestion&aacute;ndolos. En esa misma direcci&oacute;n, varios entrevistados ya hab&iacute;an dejado de robar sin que por ello hubieran cortados los v&iacute;nculos con quienes antes hab&iacute;an delinquido. Marcela, cuyo relato sobre robo grupal le&iacute;mos m&aacute;s arriba, va paulatinamente dejando de participar de estas acciones sin dejar de compartir otras actividades con sus amigos:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Est&aacute;bamos en la esquina de la casa de alguien, tomando o fumando. Y est&aacute;bamos ah&iacute; contando cuentos, chistes. No sal&iacute;amos a ning&uacute;n lado. Aparte en ese momento yo me hab&iacute;a enterado que estaban buscando a dos pibes y a dos pibas que andaban robando autos, entonces, es como que ya hab&iacute;a hecho los tres robos, entonces ah&iacute; ya... ya estaba un poco m&aacute;s rescatada de todo lo que hab&iacute;a hecho, y no &iacute;bamos a ning&uacute;n lado. Ellos segu&iacute;an robando, pero yo no iba.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar que los lazos en los grupos de barderos son m&aacute;s fuertes que entre proveedores, Marcela puede seguir formando parte del grupo sin robar. Esto muestra que el robo es parte importante pero sin ser la actividad central. Tambi&eacute;n cuando Juli&aacute;n deja de robar esto no parece afectar la relaci&oacute;n con sus amigos:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y afect&oacute; tu amistad con ellos?</i></font></p> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No. Al principio s&iacute;, porque ellos iban a robar y yo no. Y yo no sab&iacute;a qu&eacute; hacer. Y ahora cuando yo estoy ah&iacute; y ellos van a robar yo voy a mi casa, un rato. Y despu&eacute;s reci&eacute;n vuelvo.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ni el grupo parece en estos casos presionar para el robo como tampoco el "rescatado" trata de convencer a los dem&aacute;s. Robar &#151;y dejar de robar&#151; aparece como una decisi&oacute;n en principio individual que no lleva a cuestionar a los dem&aacute;s. Si bien la influencia del grupo, sobre todo en los barderos, es significativa, hay un margen para la decisi&oacute;n individual de robar o dejar de hacerlo. En este orden de cosas, nos pregunt&aacute;bamos sobre la reacci&oacute;n de los amigos que no roban cuando un par comienza a delinquir. En consonancia con lo anterior, los amigos que no roban pueden aceptar &#151;aunque no celebrar&#151; las acciones de sus pares, sin aparentemente condenarlos abiertamente. Carlos y Joaqu&iacute;n nos hablan de la tolerancia de sus amigos:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y tus amigos sab&iacute;an que la plata era de ah&iacute;</i> &#91;de un robo&#93;<i>?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&iacute;.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y qu&eacute; te dec&iacute;an?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nada.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Habl&aacute;s de eso con tus amigos?... &iquest;Qu&eacute; comentan?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nada... "&iquest;qu&eacute; te robaste?"...</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y vos que dec&iacute;s?</i></font></p> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nada. Jodemos.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Joaqu&iacute;n roba para juntar plata e irse de vacaciones con su mejor amigo, que trabaja en Mc Donalds:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Ya este amigo tuyo qu&eacute; le dec&iacute;as?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Le dec&iacute;a que iba con guita &#91;dinero&#93; de un robo. A &eacute;l no le gustaba mucho, pero como &eacute;l se fijaba en m&iacute;, no en lo que yo hac&iacute;a. Aparte, cuando fuimos de vacaciones no es que estuvimos bardeando por la costa ni nada, me iba de vacaciones, estaba tranquilo, sal&iacute;amos, no era que estaba todo el tiempo obsesionado yo. Tampoco todo el tiempo estoy en un lugar y me desubico y robo. Pienso lo que voy a hacer, y cuando necesito plata. Y de vacaciones and&aacute;bamos bien. Al pibe le gusta mi amistad. Como &eacute;l trabaja en Mc Donalds, yo no le pregunto y yo tengo mi plata de otro lado, pero s&iacute;, sabe de d&oacute;nde sale. Pero nos llevamos bien con el pibe.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El testimonio de Joaqu&iacute;n nos lleva a pensar que ambos amigos comparten la l&oacute;gica de la provisi&oacute;n: uno obtiene su dinero del robo, el otro del trabajo y parece haber alg&uacute;n principio de equivalencia m&iacute;nima entre las dos actividades para que no se vea afectado el v&iacute;nculo. En esta relaci&oacute;n el robo no parece te&ntilde;ir la identidad del que lo hace: "&Eacute;l se fijaba en m&iacute;, no en lo que yo hac&iacute;a", afirma Joaqu&iacute;n. Robar no aparece como una conducta desviada o al menos, no al punto de definir a los que lo realizan como sujetos desviados a partir de procesos de etiquetamiento en el sentido se&ntilde;alado por H. Becker (1963). Para este autor, la desviaci&oacute;n es un atributo que depende fundamentalmente del juicio de los dem&aacute;s, de una mayor&iacute;a considerada "normal" de la sociedad que designa como desviado a individuos o grupos que se apartan de las normas por ellos definidas. Los procesos de etiquetamiento siempre, seg&uacute;n Becker, requieren de un "emprendedor moral", un actor que designe a otro como desviado desencadenando el proceso de estigmatizaci&oacute;n. Tal emprendedor no aparece en los grupos de pares y al no estar sometidos a un juicio de desviaci&oacute;n por &eacute;stos, se vuelve m&aacute;s comprensible que no se conformen grupos cerrados, puesto que son en gran medida defensivos frente a los procesos de estigmatizaci&oacute;n. Al no verse inquiridos por sus pares, se vuelve tambi&eacute;n comprensible la poca coacci&oacute;n a elaborar discursos justificatorios de sus acciones, como se&ntilde;alamos en el cap&iacute;tulo anterior.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No debe creerse, sin embargo, que haya una aceptaci&oacute;n total de sus acciones en su entorno, pero s&iacute; que sus relatos describen un contexto de sociabilidad que excede a los grupos de pares con los que delinquen. Establecen una serie de relaciones que participa de la l&oacute;gica de la provisi&oacute;n, de una forma digamos pasiva, en cuanto acepta suspender el juicio moral sobre una infracci&oacute;n sin por ello llevarla a cabo. Hay, claro, casos que muestran la paulatina separaci&oacute;n de grupos de pertenencia. Mara, por ejemplo, relata una pertenencia inicial a dos grupos y un alejamiento paulatino de sus amigas que "no sab&iacute;an".</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y en ese momento no ten&iacute;as otro grupo de amigas, amigos...?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Yo andaba, todav&iacute;a me juntaba con las chicas que iban a la escuela conmigo, pero despu&eacute;s empec&eacute; a cortarlas.</font></p> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y qu&eacute; pas&oacute; ah&iacute;?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nada, que s&eacute; yo... los cort&eacute; a todos, que s&eacute; yo. Yo no iba, no ve&iacute;a a mis compa&ntilde;eras, o ven&iacute;an ellas y yo no quer&iacute;a estar con ellas.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Vos qu&eacute; pensabas?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A mi me dec&iacute;an, vos con esos panchos no te ten&eacute;s que juntar, son todos unos panchos.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Qu&eacute; es ser un pancho?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ser tonto. Un tonto. &iquest;Por qu&eacute;? Porque no se droga, ni nada. Eso me dec&iacute;an y yo bueno... me llenaban la cabeza, y despu&eacute;s ya no.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y tus amigos qu&eacute; te dec&iacute;an?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No. Ellos no me dec&iacute;an, porque ellos no sab&iacute;an nada. Yo me juntaba, y se iban y no les dec&iacute;a nada, por eso no me dec&iacute;an nada ellos.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mara guarda en secreto sus delitos mientras se va apartando del grupo de las chicas, en parte porque supone que ser&aacute; cuestionada. Dicho de otro modo, presupone que no comparten la l&oacute;gica de la provisi&oacute;n y, en ese caso, parece dif&iacute;cil la pluripertenencia. Nicol&aacute;s tambi&eacute;n va separ&aacute;ndose poco a poco de uno de sus grupos, a partir de una oposici&oacute;n entre "buenos" y "malos", que finalmente lo llev&oacute; a optar por uno de ellos.</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Cuando sal&iacute;as a dar una vuelta en el barrio ten&iacute;as tu grupo de amigos?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&iacute;.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;D&oacute;nde paraban?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Par&aacute;bamos en una esquina ah&iacute;. Y yo andaba con el grupito bueno.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y cu&aacute;l era la diferencia con el otro?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos pibitos no hac&iacute;an ninguna, ellos iban a bailar... Despu&eacute;s ya me empec&eacute; a juntar con los otros...</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Qu&eacute; pas&oacute; que decidiste juntarte con la mala junta?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No s&eacute;... no s&eacute;... de repente cambi&eacute;.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;C&oacute;mo eran los buenos chicos?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los buenos pibes iban a bailar, ellos no se met&iacute;an con nadie, se iban a acostar temprano...</font></p> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Qu&eacute; es no meterse con nadie?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es que no iban a robar, nada. Y los otros, nada. Los otros sal&iacute;an.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Y estos pibes que dec&iacute;s que es el grupo de los chicos malos, &iquest;c&oacute;mo eran?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se mamaban &#91;emborrachaban&#93;, as&iacute;... Algunos se drogaban.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este caso, la dicotom&iacute;a entre "buenos" y "malos" se transforma en una distinci&oacute;n identitaria en la que el delito no es el &uacute;nico criterio diferenciador y aparece asociado a otras actividades como tomar, drogarse y salir de noche. En suma, un rasgo particular de la sociabilidad de estos j&oacute;venes es una pluripertenencia que muestra que la l&oacute;gica de la provisi&oacute;n est&aacute; extendida m&aacute;s all&aacute; de los que delinquen. Esto por un lado, contribuye a que al interior de contextos de sociabilidad no se generen procesos de etiquetamiento y posterior estigmatizaci&oacute;n de los que delinquen, con una eventual mayor segregaci&oacute;n de los otros j&oacute;venes. En contrapartida, puede pensarse que una cierta aceptaci&oacute;n velada de las acciones les evita la sanci&oacute;n y la presi&oacute;n de sus pares para dejar de robar.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA RELACI&Oacute;N CON LOS VECINOS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo son las relaciones de nuestros entrevistados con sus vecinos? Y m&aacute;s espec&iacute;ficamente, &iquest;qu&eacute; sucede con dichos v&iacute;nculos cuando, como es frecuente, roban en el barrio? En l&iacute;neas generales, los v&iacute;nculos locales se caracterizan por tres rasgos particulares: en primer lugar, las estrategias por parte de los vecinos para intentar minimizar los problemas con los j&oacute;venes; en segundo lugar, los conflictos de virulencia dispar que se producen a pesar de dichas estrategias; y, por &uacute;ltimo, la presencia del "bardo" como forma particular de v&iacute;nculo con los vecinos. Coco sintetiza bien una conflictividad de fondo entre los j&oacute;venes y sus vecinos:</font></p> 	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Con los vecinos, c&oacute;mo te llev&aacute;s?</i></font></p> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Para qu&eacute; le voy a mentir? Re&#45;mal... dicen que yo ando robando, porque ca&iacute; preso y mi vecino el de al lado es justiciero, anda con la polic&iacute;a, todo eso... anda con la polic&iacute;a. Y est&aacute; todo mal. Con una vecina nom&aacute;s me llevo, con una.</font></p> </blockquote>         <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a4f9.jpg"></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los vecinos entrevistados, m&aacute;s que reaccionar violentamente, intentan minimizar los conflictos, en parte adoptando una actitud pasiva frente a los j&oacute;venes, debilit&aacute;ndose a&uacute;n m&aacute;s las relaciones internas ya resquebrajadas. As&iacute;, Carlos considera que si no hay ninguna reacci&oacute;n de parte del barrio es porque los v&iacute;nculos ya se hab&iacute;an deteriorado con anterioridad:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y all&aacute; vos notaste cambios en el vecindario?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&iacute;. Cort&eacute; que me miraban as&iacute;... y uy... mir&aacute; el chab&oacute;n, mir&aacute; el que iba a la iglesia, y ahora anda robando, anda re&#45;drogado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Nunca alg&uacute;n vecino se te acerc&oacute;, te quiso hablar, te dijo algo respecto a esto?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No. Pienso porque no se animaron. No me llevaba mucho ya de antes.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de una actitud m&aacute;s pasiva, es posible contabilizar el repertorio de estrategias barriales para atenuar los conflictos, estrategias que, sin embargo, no se evidencian a primera vista. En efecto, lo primero que se escucha al dialogar con los vecinos es un discurso signado por la estigmatizaci&oacute;n; una supuesta exclusi&oacute;n de la vida barrial de los "j&oacute;venes peligrosos", que llevar&iacute;a a pensar en una ausencia total de relaciones. M&aacute;s tarde, el an&aacute;lisis de las pr&aacute;cticas y de las negociaciones cotidianas entre los actores muestra una realidad distinta. Unos y otros conviven cotidianamente, en muchos casos conocen a los j&oacute;venes desde chicos as&iacute; como a sus familias, por lo que entre los sentimientos encontrados que les generan &#151;miedo, bronca&#151; tambi&eacute;n puede encontrarse el afecto. Por una raz&oacute;n u otra se les hace necesario elaborar estrategias cotidianas: algunas para minimizar el riesgo, como los kiosqueros que les f&iacute;an o regalan cervezas (para as&iacute; asegurarse que no ser&aacute;n v&iacute;ctimas de robos); en otros barrios, donde los j&oacute;venes "cobran peaje", es decir, exigen dinero a los transe&uacute;ntes para dejarlos pasar, los vecinos pagan sin oponer ning&uacute;n tipo de cr&iacute;tica o denuncia. Ciertos vecinos tienen bien identificados a quienes los robaron reiteradas veces y una pregunta que les hac&iacute;amos &#151;y que se hac&iacute;an ellos mismos&#151; es sobre c&oacute;mo se restablece la normalidad en la interacci&oacute;n cara a cara con alguien que los ha robado. As&iacute;, en algunos casos establec&iacute;an ciertas circunstancias atenuantes ("estaban drogados", "no son malos chicos", "no tiene ni padre ni madre que los controle") pero m&aacute;s frecuentemente intentaban mantener una cordialidad distante de car&aacute;cter defensivo ("los saludo de lejos como si nada") pues pensaban que as&iacute; se evitar&iacute;an nuevos ataques.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a4f10.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se desprend&iacute;a del &uacute;ltimo testimonio, el deterioro de la relaci&oacute;n con los adultos es a menudo anterior a los delitos en el barrio, como resultado de acciones "desviadas": borracheras, molestar a los vecinos, etc. Si esto puede ser parte de la explicaci&oacute;n en algunos casos, nuestra hip&oacute;tesis es que en t&eacute;rminos generales tal distanciamiento es el resultado de una ruptura generacional afectada por la crisis de las formas de integraci&oacute;n laboral habituales, una de las consecuencias a nivel local de la descomposici&oacute;n del entramado social popular que se&ntilde;al&aacute;bamos en la introducci&oacute;n. En efecto, tradicionalmente, las nuevas generaciones iban incorpor&aacute;ndose al mundo adulto mediante su inserci&oacute;n en los escalones m&aacute;s bajos de las estructuras productivas existentes, ya sea las f&aacute;bricas, los puestos de aprendices en los oficios o como ayudantes en los comercios barriales. Esto situaba a los ex ni&ntilde;os &#151;ahora j&oacute;venes&#151; como adultos en formaci&oacute;n en una relaci&oacute;n de interdependencia con las generaciones mayores. Tal integraci&oacute;n no exclu&iacute;a de ning&uacute;n modo el conflicto generacional ni las formas de "desviaci&oacute;n permitida" (Hoggart, 1970), pero las resolv&iacute;a dentro de estructuras de relaciones y de sentido compartidas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo esto ha desaparecido y por ende ha ocasionado la crisis de los dispositivos tradicionales de religamiento generacional. Ya no entran a esas f&aacute;bricas ni detectamos en los barrios a j&oacute;venes trabajando en comercios locales y menos en puestos de aprendices de oficios. Esto explica parte de la sensaci&oacute;n de extra&ntilde;eza y ajenidad hacia los adultos, m&aacute;s que de odios o enfrentamientos abiertos, una dificultad para encontrar un lugar desde el cual relacionarse con ellos, puesto que ya no son ni&ntilde;os, pero tampoco son adultos por estar fuera del mundo del trabajo y tampoco son vistos como estudiantes (aunque algunos concurran efectivamente a la escuela), lo que los ubica en una suerte de "tierra de nadie" en la estructura social del lugar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, en ausencia de estas formas de religamiento, encontramos una forma novedosa, una forma de puesta entre par&eacute;ntesis de ese distanciamiento, se trata del <i>bardo</i> del que ya dimos cuenta en cap&iacute;tulos anteriores. Lo hab&iacute;amos definido como una ruptura del orden p&uacute;blico a nivel microsocial, a trav&eacute;s de la transgresi&oacute;n de reglas b&aacute;sicas de convivencia. Ruptura que, por un lado, no tiene la violencia expresiva de las "incivilidades" (<i>incivilit&eacute;s</i>) francesas que describe F. Dubet en <i>La gal&egrave;re,</i> caracterizadas por el ataque a espacios y objetos que representan el Estado. Por otro lado, tampoco llega a conformar movimientos contraculturales en tanto las acciones no pueden ser consideradas como parte de una voluntad de impugnaci&oacute;n de la cultura hegem&oacute;nica. An&iacute;bal describe un ejemplo de bardo en el barrio:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Hay alg&uacute;n lugar donde se junte mucha gente?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Qu&eacute; s&eacute; yo... una cancha o que vayan a jugar, o un club o algo as&iacute;, yo no. Yo me quedo en mi casa. Si no, en el <i>pool</i> siempre nos juntamos ah&iacute;. En la esquina de mi casa est&aacute;. Yo voy y me encuentro. Si no hay nadie, me voy a la casa de otro.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y qu&eacute; hacen ah&iacute;?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Somos barderos, qu&eacute; s&eacute; yo... hacemos de todo. Lo empezamos a delirar al viejo del <i>pool</i>: "este <i>pool</i> es una cagada". Y se recalienta. O si no, si se calienta nos vamos al <i>pool</i> de ac&aacute; de la ruta. Bah, el viejo nos saca. O nos dice que va a llamar a la polic&iacute;a, y cuando nos vamos, al ratito ya pint&oacute; la polic&iacute;a. O agarramos, le damos fuerte a la bocha y salta, porque las bandas est&aacute;n un poco mal. Y saltan para cualquier lado y caen en el piso.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como dec&iacute;amos, una de las formas claves del bardo es la ruptura de reglas de convivencia m&iacute;nimas:</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se calientan conmigo los vecinos. Porque yo estoy con mis amigos ah&iacute; afuera, y saco el parlante, el centro musical afuera y pongo m&uacute;sica, y se calientan que no pueden dormir la siesta, qu&eacute; s&eacute; yo...</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Pero lo sac&aacute;s a la siesta?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A cualquier hora... &iexcl;y si es mi casa! Yo no le doy bola, la mando a la mierda. Bah, le digo eh... si no te gusta c&aacute;mbiate, m&uacute;date. Yo siempre escuch&eacute; as&iacute;... encima estoy con todos mis amigos. Los s&aacute;bados es que m&aacute;s escucho as&iacute;, todo.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El bardo es una manera de estar presente en el barrio, de tener un protagonismo; marca una presencia en el lugar y, a pesar de ser espor&aacute;dico, sin duda construye un tipo de v&iacute;nculo, dado que obliga a alguna reacci&oacute;n por parte de los otros, aunque en muchos casos no haga m&aacute;s que reforzar estrategias de evitamiento y distanciamiento forzado.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>&iquest;ROBAR EN EL BARRIO?</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Robar en el propio barrio es una acci&oacute;n signada por dos elecciones racionales contrapuestas. Por un lado, las investigaciones han demostrado que por una cuesti&oacute;n de econom&iacute;a de desplazamientos, los infractores eligen sus v&iacute;ctimas en las &aacute;reas de proximidad como una forma de disminuir los costos eventuales de sus acciones y obtener r&aacute;pidamente dinero o alg&uacute;n bien. Por otro lado, veremos que la mayor&iacute;a considera que robar a los vecinos tiene consecuencias muy negativas. Robar en el barrio plantea entonces un dilema que en las entrevistas se expresa del siguiente modo: "no robar a los vecinos", hemos visto, se enuncia como una regla a respetar pero que, como toda regla, puede ser violada bajo determinadas circunstancias. Joaqu&iacute;n, por ejemplo, flexibiliza esta norma al punto de reservarla s&oacute;lo para el caso de los vecinos conocidos:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y los vecinos, c&oacute;mo te llevas?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bien. Los vecinos son... buenos. A veces me trato con ellos... no los veo tanto, como no estoy tanto en mi casa, estoy siempre afuera.</font></p> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y a los que le robaban los conoc&iacute;an del barrio?</i> Yo no los conoc&iacute;a. Eran reci&eacute;n llegados.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;C&oacute;mo sab&eacute;s?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No s&eacute;. Yo digo. Yo nunca los hab&iacute;a visto. Si yo lo hab&iacute;a visto, lo conoc&iacute;a, yo no le robaba, que roben los otros.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En parte, como forma de controlar la l&aacute;stima que causa un conocido, no robar a los vecinos se deriva tambi&eacute;n de una primera norma b&aacute;sica de separaci&oacute;n "adentro&#45;afuera". Los "de adentro no deben tocar a los de adentro" es una regla cuya legitimidad, como se&ntilde;ala Marcos, se deriva de todas sus consecuencias negativas.</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez me agarr&oacute; un vecino. Me hizo problema porque rob&eacute; ah&iacute; en el barrio. Ten&iacute;a raz&oacute;n porque en el barrio no se tiene que robar. Te doy un ejemplo cualquiera: en un barrio se ponen a robar veinte pibes todos los d&iacute;as en el barrio, la gente se va a poner de los pelos, porque no es un barrio bac&aacute;n &#91;rico&#93;. Y si fuera bac&aacute;n tambi&eacute;n se pone de los pelos. O va a empezar a los tiros la gente, o se va a llenar de polic&iacute;as, y a la vez se corta un mont&oacute;n de cosas que no son s&oacute;lo... llega la polic&iacute;a... algo ten&eacute;s que hacer. Y m&aacute;s que no s&eacute;, podes llegar a robarle a un vecino que te conoce hace quince a&ntilde;os, y no tiene nada que ver. &iquest;C&oacute;mo haces quedar a tu familia? Vos, si no te importa bueno... pero tu familia... no es muy coherente.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Vos cuando dec&iacute;as que en el barrio no se roba, a d&oacute;nde ibas?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A otro lado. A otra zona que no es mi barrio, donde no me conocen.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En algunos barrios, los vecinos llegan al punto de establecer una complicidad con la polic&iacute;a para el asesinato de j&oacute;venes de la zona. Carlos ha sufrido en carne propia las represalias por robar en el barrio:</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A una casa fue. Entramos y nos vieron todos que entramos por el techo y sacamos todas las cosas, televisores, todo eso. Nos engancharon ah&iacute;... la gente nos enganch&oacute;, no la polic&iacute;a, nos empez&oacute; a correr hasta la casa. Y sab&iacute;an que &eacute;ramos nosotros. Como seis entramos, todos por el techo. Fuimos a la casa porque no hab&iacute;a nadie. El due&ntilde;o se iba de d&iacute;a, y ven&iacute;a de noche. Nosotros entramos a la nochecita, ya oscurec&iacute;a, entramos todos por el techo, abriendo un techo. Porque esos techos son de cart&oacute;n algunos, y rompimos as&iacute;, y entramos justo en la pieza, y todo el techo ah&iacute;, justo fue arriba del ropero y sub&iacute;amos y baj&aacute;bamos con las cosas.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y qu&eacute; se llevaron?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nada. Si los vecinos nos corrieron a los cuetazos. Nos vieron cuando est&aacute;bamos saliendo as&iacute;. Y cuando est&aacute;bamos arriba del techo, nos vio un hombre y empez&oacute; a gritar y sac&oacute; el arma y otro que hab&iacute;a ah&iacute; se anim&oacute; y nos corr&iacute;an. Me quem&eacute; con la gente, porque entramos a robar ah&iacute;. No nos dimos cuenta que nos estaban viendo. Pero despu&eacute;s cuando salimos nos vieron que and&aacute;bamos arriba de los techos sacando las cosas. Se enter&oacute; todo el barrio. A m&iacute; no me hab&iacute;an visto porque estaba encapuchado. Pero despu&eacute;s cuando sal&iacute; corriendo s&iacute;, se me corri&oacute; la capucha para atr&aacute;s y me vieron todos, me corrieron.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y alguien te dijo algo en el barrio?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No te dicen nada. Desconf&iacute;an. Pero la ves a la gente c&oacute;mo te miran. Me miran mal, con cara de estrella, pero no dicen nada.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No robar a los vecinos es parte de la normativa tradicional, como se desprende del relato de Germ&aacute;n, un profesional de vieja data:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y el barrio se prestaba para eso, porque en el barrio no hac&iacute;an nada, tipos tranquilos, disimulaban bien la cosa, hasta que un d&iacute;a apareci&oacute; un patrullero y se los llevaba. Y entonces, mir&aacute; fulano, che... andaba robando. &iexcl;Con raz&oacute;n! Ah&iacute; aparec&iacute;a el famoso "con raz&oacute;n se compr&oacute; una mesa nueva..." Para el barrio &eacute;ramos gente que laburaba. Pod&iacute;a haber una leve sospecha, o pod&iacute;an decir... "pintaban cosas diferentes", decir "voy a comprar el primer traje". Era todo un acontecimiento. Laburando... daba que pensar... laburando no era... Vos mismo lo pensabas de otro si lo ve&iacute;as... Claro. Cuando ve&iacute;as algo extra&ntilde;o en ese momento. hasta de aparecerse con el primer jean. &iquest;Con un jean? Era imposible, &eacute;ste anduvo robando. Parece simpleza, pero te hace sufrir. Fui en ese aspecto bastante cuidadoso de hacer las cosas lo m&aacute;s lejos posible, inclusive buscar para cuando ten&iacute;amos que robar algo para nosotros, cuando est&aacute;bamos faltos de guita, lo que fuera, era gente de San Mart&iacute;n, no era gente de la zona.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No robar en el barrio era parte de un c&oacute;digo que permit&iacute;a mantener una relaci&oacute;n m&aacute;s o menos pac&iacute;fica entre profesionales, vecinos y polic&iacute;as. En efecto, los profesionales robaban fuera del barrio al mismo tiempo que manten&iacute;an a raya a los "antichorros" o "cachivaches", dentro de los que se encontrar&iacute;an nuestros entrevistados, lo cual contentaba a los vecinos y a la polic&iacute;a del lugar, que no se ve&iacute;a afectada por delitos cometidos en otras jurisdicciones. Si bien nuestros entrevistados no han entablado un tipo de carrera estable como Germ&aacute;n, no por ello dejaban de afirmar su adscripci&oacute;n a esta m&aacute;xima. &iquest;Por qu&eacute; entonces, como Carlos, algunos s&iacute; lo hacen? La justificaci&oacute;n m&aacute;s frecuente es la droga: estando drogados no se dan cuenta, violan esta regla primordial y roban a los vecinos, como confiesa Marcos. No interesa aqu&iacute; si efectivamente es cierto, sino que es habitual entre nuestros entrevistados la atribuci&oacute;n a la droga como aquello que explica la transgresi&oacute;n de cualquier normativa:</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Y de tus vecinos qu&eacute; me pod&eacute;s decir? &iquest;C&oacute;mo te llevabas con los vecinos?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con mis vecinos... depende. Con todos no pod&eacute;s estar bien. Yo trataba de quedar bien con todos, pero a la vez, con alguno me zarpaba. Por ah&iacute; un d&iacute;a, medio enfermo le quer&iacute;a robar o lo pasaba. O a veces como ya ten&iacute;a fama me acusaban de algo que hab&iacute;a pasado en el barrio, y quiz&aacute;s yo no hab&iacute;a sido y ten&iacute;a problemas, pero si no... claro, yo sab&iacute;a todas las que pasaban en el barrio.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No s&oacute;lo el temor a las represalias directas desaconseja robar en el barrio, sino que aunque el barrio aparezca como una tercera persona exterior, al mismo tiempo es el &uacute;nico sujeto colectivo del que hablan y cuya mirada se posa sobre ellos. El barrio es posiblemente uno de los pocos &aacute;mbitos donde queda alg&uacute;n sentimiento de pertenencia comunitaria y, por ende, donde el estigma y la sensaci&oacute;n de exclusi&oacute;n es sentida:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Yo cuando ca&iacute;, que viv&iacute;a en Burzaco, nadie sab&iacute;a en lo que andaba. Nadie se daba cuenta. Todos me ve&iacute;an un muchacho trabajador y cuando perd&iacute; nadie lo pod&iacute;a creer. Hasta el d&iacute;a de hoy, hay gente que me ve que voy a buscar a mi hijo y dicen: "&iquest;C&oacute;mo puede ser que un muchacho como usted anduviera en eso?" Gente grande, mayormente. Gente decente, trabajadora.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, no hay una separaci&oacute;n tajante entre victimarios y sus v&iacute;ctimas eventuales, sino que a veces se tejen relaciones de inter&eacute;s mutuo. De los testimonios se desprende que hay vecinos que compran mercader&iacute;a robada, otros que hacen encargos a los chicos, aquellos que "hacen la segunda", es decir que guardan los objetos de ladrones sospechados, como cuenta Pipo:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y mejor me llevaba con pibes... con los pibes que andaban en la misma que yo. Y hab&iacute;a pibes que no andaban en la misma que yo... de cerca de mi casa, de enfrente, que estaba todo bien... porque me hac&iacute;an la segunda... no me dec&iacute;an nada.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Qu&eacute; es hacer la segunda?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Qu&eacute; s&eacute; yo... quiz&aacute;s ten&iacute;a alguna cosa guardada en la casa, por ah&iacute; me la guardaban o no me recriminaban nada. me dec&iacute;an mir&aacute; que pasa esto...</font></p> </blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dado que en general se trata de robos de poca monta, tampoco est&aacute;n conectados con los circuitos extra&#45;barriales de venta de productos robados. As&iacute; es que en ciertos barrios se conforma una franja intermedia, una serie de relaciones entre algunos vecinos y los que roban en las que ambas partes obtienen beneficios; un circuito de reducidores y de clientes locales que hacen pedidos.</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tengo un cliente que "vende" a los repartidores.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Almacenero es?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&iacute;, almacenero. Y est&aacute; enganchado. Terrible. &Eacute;l est&aacute; a una cuadra de la villa, en la San Mart&iacute;n, y claro, o sea, los repartidores todos tienen el mismo d&iacute;a de reparto, y la hora m&aacute;s o menos la misma.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;C&oacute;mo lo sab&eacute;s esto?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y... una porque lo conozco al tipo. Que era flor de p&iacute;caro, y despu&eacute;s los mismos vagos te dicen, lo mandan al frente, no les importa nada.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Qu&eacute; dicen?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Te dicen, que ojo con el gordo, que te manda afanar.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Por qu&eacute; cre&eacute;s que lo hace?, &iquest;para que no lo afanen a &eacute;l, va a comisi&oacute;n?</i></font></p> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y&nbsp;ahora cambi&oacute; el gordo porque lo robaron a &eacute;l. Ahora no los quiere ver a nadie.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&iquest;Pensaba que era su seguro &eacute;se?</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y&nbsp;s&iacute;. Que era el seguro de &eacute;l, pero le sali&oacute; el tiro por la culata. Lo robaron a &eacute;l y andaba amargad&iacute;simo.</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumen, las relaciones de estos j&oacute;venes con su entorno barrial est&aacute;n atravesadas por fuertes tensiones, que no se dejar&iacute;an englobar en un juicio simplista de exclusi&oacute;n barrial sino por m&uacute;ltiples negociaciones que van desde el distanciamiento hasta la obtenci&oacute;n de beneficios compartidos. Nuestros entrevistados reiteran su adhesi&oacute;n &#151;aunque no por ello respetan&#151; a la norma cl&aacute;sica de "no robar en el barrio", basada en la evaluaci&oacute;n del riesgo que implica ser identificable por sus v&iacute;ctimas as&iacute; como por un atisbo de sentimiento de pertenencia a un "nosotros" comunitario, por otro lado, precariamente apropiado en sus representaciones simb&oacute;licas de territorios, actores e instituciones locales. Como tel&oacute;n de fondo aparece la crisis de las formas de religamiento generacional al interior del mundo del trabajo. Y si bien no son los &uacute;nicos en sufrir el desempleo y la precariedad laboral en sus barrios, un rasgo particular es que nunca han efectivamente entrado al mundo laboral y, por ende, no pueden reclamar el estatus de trabajador &#151;que s&iacute; pueden sus mayores, aun cuando actualmente est&eacute;n desocupados o subocupados&#151;, estatus de trabajador que sigue siendo la condici&oacute;n necesaria para la construcci&oacute;n de una reputaci&oacute;n de hombre honesto e integrado. De manera general, pensamos que para estos j&oacute;venes no existe el barrio como instituci&oacute;n socializadora: hay una serie de relaciones m&aacute;s o menos tensas con sus vecinos, interacciones obligadas, estrategias de evitamiento, pero sin que se sienta el peso socializador de las instituciones formales ni de los v&iacute;nculos informales al interior de una comunidad local.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>COMENTARIOS FINALES</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la primera parte de este trabajo reflexionamos sobre la relaci&oacute;n entre inestabilidad laboral y una particular combinaci&oacute;n entre actividades legales e ilegales en los j&oacute;venes entrevistados. Partimos de las transformaciones del mundo del trabajo porque es la matriz a partir de la cual pretendemos comprender las innovaciones en las pr&aacute;cticas y los sentidos de dichas pr&aacute;cticas, lo que llamamos el pasaje de <i>una l&oacute;gica del trabajador a una del proveedor.</i> Pero el impacto de la inestabilidad no se liga s&oacute;lo a la corta duraci&oacute;n de las actividades, sino al tipo de experiencia laboral que estas ocupaciones conllevan. En efecto, se trata por lo general de experiencias laborales desprovistas del contenido socializante &#151;tanto en el polo de la integraci&oacute;n como del conflicto y resistencia a la explotaci&oacute;n&#151; que se atribuy&oacute; tradicionalmente al trabajo. De esta manera, las experiencias del trabajo informal y del tipo de delito que realizan van acerc&aacute;ndose. Y tal aproximaci&oacute;n, contribuye &#151;junto a otros factores&#151; al desdibujamiento de los l&iacute;mites entre lo legal y lo ilegal en tanto frontera relevante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si comenzamos analizando la situaci&oacute;n de los que realizan delitos contra la propiedad asimilables a ocupaciones precarias, ciertamente que otro grupo se recorta en nuestra muestra: los barderos, utilizando su propia tipificaci&oacute;n. Ellos realizan acciones delictivas grupales, pero sin un objetivo central de provisi&oacute;n individual; el bardo &#151;legal o ilegal&#151; implica formas de disrupci&oacute;n de la convivencia comunitaria que dif&iacute;cilmente puedan llegar al grado de contracultura, en tanto movimiento de cuestionamiento expl&iacute;cito de la cultura hegem&oacute;nica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez definidas las caracter&iacute;sticas de los dos grupos, recorrimos las formas de sociabilidad considerando los requerimientos de la configuraci&oacute;n particular de las actividades de ambos. A pesar de las diferencias, un tema central es la ausencia de una cohesi&oacute;n comunitaria, como aparece en la literatura tradicional sobre bandas y <i>gangs.</i> Las acciones delictivas no parecen generar &#151;hasta donde pudimos observar&#151; lazos fuertes ni grupos excluyentes. Por el contrario, delinquir no constituye una frontera para la sociabilidad de estos j&oacute;venes, en ninguno de los dos sentidos posibles: ni los excluye de grupos donde coexisten con otros que no delinquen, ni impide que al interior de camarillas con mayor&iacute;a de infractores, algunos puedan permanecer sin participar de las mismas.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a4f11.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En muchos casos los j&oacute;venes entrevistados pertenecen a varios grupos, compartiendo actividades distintas con cada uno de ellos. Parte de la no exclusividad de los grupos de pares que delinquen se explica por la misma alternancia de acciones en pos de recursos que implica la l&oacute;gica de la provisi&oacute;n. Tambi&eacute;n la poca planificaci&oacute;n de las acciones contribuye a la no necesariedad de un trabajo previo de los grupos. Sin embargo, no creemos que esto alcance como explicaci&oacute;n plausible. Es necesario preguntarse sobre una cierta aceptaci&oacute;n no estigmatizante de los delitos contra la propiedad al interior de sus tramas de sociabilidad, definidas en la l&oacute;gica de la provisi&oacute;n. De hecho, mucho menos aceptable y excluyente resulta el consumo de drogas entre los no consumidores. En la aceptaci&oacute;n mayor de una actividad frente a la otra aparece, en forma no siempre expl&iacute;cita, la falta de trabajo como factor atenuante de un juicio condenatorio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, nos centramos en las relaciones de estos j&oacute;venes con su entorno barrial, lazos atravesados por fuertes tensiones. Por un lado, nuestros entrevistados reiteran su adhesi&oacute;n a una norma cl&aacute;sica de "no robar en el barrio": en la base est&aacute; la evaluaci&oacute;n de riesgo que implica ser identificable por sus v&iacute;ctimas as&iacute; como un leve sentimiento de pertenencia a un "nosotros" comunitario. Como otras normas, &eacute;sta tampoco se respeta en demas&iacute;a. Sin embargo, la mirada del barrio importa, es el &uacute;nico sujeto colectivo del que dan cuentan en sus relatos. Ahora bien, un cierto distanciamiento y desconocimiento surge cuando hablan de sus vecinos en particular. Nuestra hip&oacute;tesis sobre tal distanciamiento se vincula a la crisis de las formas tradicionales de religamiento generacional al interior del mercado de trabajo. En efecto, la f&aacute;brica, el comercio del barrio, la tarea de los aprendices en los oficios era la v&iacute;a de incorporaci&oacute;n de los j&oacute;venes a la vida adulta, la forma de religamiento generacional que ha entrado en crisis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De parte de los vecinos, m&aacute;s all&aacute; de un primer discurso que pueda hacer pensar en una estigmatizaci&oacute;n y exclusi&oacute;n de estos j&oacute;venes, en realidad, aparecen distintas formas de negociaci&oacute;n: tanto para minimizar los riesgos, para garantizar formas de convivencia y, en algunos casos, para aprovechar algunos de los bienes producto del delito. De cualquier forma, no puede hablarse de exclusi&oacute;n en el sentido de una ruptura total de lazos con sus vecinos, sino m&aacute;s bien se plantea la necesidad de analizar las distintas estrategias de negociaci&oacute;n entre los j&oacute;venes y sus vecinos.</font></p> 	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Altimir, O. y L. Beccaria, 1999, <i>El mercado de trabajo bajo el nuevo r&eacute;gimen econ&oacute;mico en la Argentina,</i> CEPAL (serie Reformas Econ&oacute;micas, n&uacute;m 28), Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2698963&pid=S1607-050X200400010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Beccaria, L. y G. Kessler, 1999, "Heterogeneidad social y fuentes de desventajas: el caso argentino", ponencia presentada en la Reuni&oacute;n de la Red de Econom&iacute;a Social, Lima.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Becker, H., 1963, <i>Outsiders. Studies in the Sociology of Deviance,</i> The Free Press, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2698966&pid=S1607-050X200400010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Becker, G., 1968, "Crime and Punishment: An Economic Approach", <i>Journal of Political Economy,</i> vol. 4, pp. 169&#45;217.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2698968&pid=S1607-050X200400010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bourgois, P., 1995, <i>In Search of Respect. Selling Crack in El Barrio,</i> Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2698970&pid=S1607-050X200400010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cambiasso, N. y A. Grieco y Bavio, 1999, <i>D&iacute;as felices. Los usos del orden: de la Escuela de Chicago al funcionalismo,</i> Eudeba, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2698972&pid=S1607-050X200400010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Castel, R., 1995, <i>Las metamorfosis de la cuesti&oacute;n social,</i> Paid&oacute;s, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2698974&pid=S1607-050X200400010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cerro, A. y O. Meloni, 1999, <i>An&aacute;lisis econ&oacute;mico de las pol&iacute;ticas de prevenci&oacute;n y represi&oacute;n del delito en la Argentina,</i> EUDECOR, C&oacute;rdoba.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2698976&pid=S1607-050X200400010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chiricos, T. G., 1987, "Rates of Crime and Unemployment: an Analysis of Aggregate Research Evidence", <i>Social Problems,</i> n&uacute;m. 34,pp. 187&#45;212.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2698978&pid=S1607-050X200400010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cloward, R. A. y L. E. Ohlin, 1960, <i>Delinquency and Opportunity,</i> The Free Press, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2698980&pid=S1607-050X200400010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Downes, D. y P.Rock, 1998, <i>Understanding Deviance,</i> Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2698982&pid=S1607-050X200400010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dubet, F., 1991, "Les bandes, de quoi parle&#45;t&#45;on?", en <i>L'actualit&eacute; des bandes,</i> CRIV, Vaucresson.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2698984&pid=S1607-050X200400010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dubet, F., 1987, <i>La gal&egrave;re, jeunes en survie,</i> Fayard, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2698986&pid=S1607-050X200400010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Elias, N. y J. L. Scotson, 1965, <i>The Established and the Outsiders,</i> Sage, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2698988&pid=S1607-050X200400010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Freeman, R. B., 1983, "Crime and Unemployment", en J. Q. Wilson (ed.), <i>Crime and Public Policy,</i> ICS Press, San Francisco.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2698990&pid=S1607-050X200400010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gillispie, R. W., 1978, "Economic Factors in Crime and Delinquency: a Critical Review of the Empirical Evidence", en <i>House of Representatives, Unemployment and Crime: Hearings Before the Subcommittee on Crime of the Committee on the Judiciary,</i> Government Printing Office, Washington.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2698992&pid=S1607-050X200400010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Golbert, L. y G. Kessler, 2001, "Cohesi&oacute;n social y violencia urbana. Un estudio exploratorio de la Argentina a fines de los noventa", en C. Vaitsos (comp.), <i>Cohesi&oacute;n social y gobernabilidad econ&oacute;mica en la Argentina,</i> PNUD&#45;Eudeba, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2698994&pid=S1607-050X200400010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoggart, R., 1970 (ed. original en ingl&eacute;s, 1957), <i>La culture du pauvre,</i> Editions de Minuit, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2698996&pid=S1607-050X200400010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Isla, A., 2002, "De la mala vida", en S. Gayol y G. Kessler (comps.), <i>Violencias, delitos y justicias en la Argentina,</i> UNGS&#45;Manantial, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2698998&pid=S1607-050X200400010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jelin, Elizabeth <i>et al.,</i> 1996, <i>Vida cotidiana y control institucional en la Argentina de los noventa,</i> Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2699000&pid=S1607-050X200400010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kusznir, J. C., 1997, "En busca de la seguridad p&eacute;rdida", <i>Novedades Econ&oacute;micas,</i> abril, pp. 38&#45;52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2699002&pid=S1607-050X200400010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lepoutre, D., 1997, <i>Coeur de banlieue. Codes, rites, langages,</i> Odile Jacob, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2699004&pid=S1607-050X200400010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">L&oacute;pez, N., 1999, <i>Variable de ajuste. El rol de los adolescentes en la relaci&oacute;n de las familias con el mercado de trabajo,</i> in&eacute;dito.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2699006&pid=S1607-050X200400010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Maffesoli, M., 1990, <i>El tiempo de las tribus,</i> Icaria, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2699008&pid=S1607-050X200400010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Matza, D., 1964, <i>Delinquency and Drift,</i> Wiley, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2699010&pid=S1607-050X200400010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Merton, R. K., 1949, <i>Social Theory and Social Structure,</i> The Free Press, Glencoe, ILL.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2699012&pid=S1607-050X200400010000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Miguez, D., 2002, "Los pibes chorros", en S. Gayol y G. Kessler (comps.), <i>Violencias, delitos y justicias en la Argentina,</i> UNGS&#45;Manatial, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2699014&pid=S1607-050X200400010000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Miller, W. B., 1958, "Lower Class Culture as a Generation Milieu of Gang Delinquency", <i>Journal of Social Issues,</i> n&uacute;m. 14, pp. 219&#45;236.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2699016&pid=S1607-050X200400010000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Navarro, I., 1997, "En Argentina el crimen paga", <i>Novedades Econ&oacute;micas,</i> abril, pp. 17&#45;28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2699018&pid=S1607-050X200400010000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pompei, E., 1999, "Las consecuencias sociales de la distribuci&oacute;n", <i>Enoikos,</i> abril, pp. 69&#45;79.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2699020&pid=S1607-050X200400010000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sullivan, M., 1989, <i>Getting Paid: Youth Crime and Work in the Inner City,</i> Cornell University Press, Ithaca.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2699022&pid=S1607-050X200400010000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sutherland, E., 1949, <i>White Collar Crime,</i> Holt, Rinehart &amp; Winston, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2699024&pid=S1607-050X200400010000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Trasher, F., 1927, <i>The Gang: a Study ofi 313 Gangs in Chicago,</i> 1<sup>a</sup>. ed., Chicago University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2699026&pid=S1607-050X200400010000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"><b>Notas</b></a></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se agradece la colaboraci&oacute;n de Mariana Luzzi.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Una versi&oacute;n previa de este art&iacute;culo se ha publicado en AA.VV, "Sociedad y sociabilidad en la Argentina de los 90", UNGS&#45;Biblos, Buenos Aires.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> En el caso europeo se considera desempleo de larga duraci&oacute;n a partir de doce meses. En el caso argentino a partir de seis meses.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Como ejemplo de las consecuencias espec&iacute;ficas de la inestabilidad en una investigaci&oacute;n en la que se comparaban datos sobre adolescentes en edad escolar pertenecientes a <i>hogares de ingresos medios cuyos padres ten&iacute;an una ocupaci&oacute;n inestable,</i> la tasa de deserci&oacute;n del secundario era mayor a la de los j&oacute;venes pertenecientes a hogares de <i>ingresos bajos pero estables</i> (Beccaria y Kessler, 1999).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Sobre 55 casos, poseemos datos suficientes de 43 de entre ellos: siete mujeres y 36 hombres; siete tienen entre 13 y 16 a&ntilde;os; 17 entre 17 y 21 a&ntilde;os; seis entre 22 y 30 y el resto por encima de 31 a&ntilde;os. Es decir, 55% son menores de 21 a&ntilde;os. Son solteros 35, cuatro casados y cuatro separados y siete tienen hijos. Si se tiene en cuenta el nivel de escolaridad alcanzado, 12 tienen primaria incompleta, 15 primaria completa, 12 secundaria incompleta (tres de ellos en curso en el momento de la entrevista), uno secundaria completa. Es significativo que 30% tenga primaria incompleta, pues la cobertura de la primaria es pr&aacute;cticamente universal en todo el pa&iacute;s y a&uacute;n en los sectores sociales m&aacute;s desfavorecidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> En el momento del trabajo de campo, un peso argentino equival&iacute;a a un d&oacute;lar estadounidense.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Es una forma de pedido en la v&iacute;a p&uacute;blica en la que hay una velada amenaza de violencia que no llega a concretarse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Su forma m&aacute;s habitual es la de un grupo de j&oacute;venes que bloquea un &aacute;rea de pasaje obligado en la v&iacute;a p&uacute;blica y exige a los transe&uacute;ntes dinero para dejarlos pasar.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Para un an&aacute;lisis muy interesante de las preocupaciones de la Escuela de Chicago v&eacute;ase N. Cambiasso, Grieco y Bavio (1999).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Esta &uacute;ltima caracter&iacute;stica constituir&iacute;a efectivamente una diferencia central con los hallazgos de estudios realizados recientemente en otros pa&iacute;ses; v&eacute;ase P. Bourgois (1995) para el caso americano y Lepoutre (1997) para el caso franc&eacute;s. La &uacute;nica excepci&oacute;n que podr&iacute;amos citar a lo se&ntilde;alado m&aacute;s arriba es el caso de los hinchas de un mismo club de futbol, donde el principal "factor cohesivo" del grupo implica desde el vamos a un anclaje territorial preciso, dado que se trata de clubes con una fuerte inserci&oacute;n local. De todas maneras, dentro de nuestro estudio este es el caso de un solo entrevistado.</font></p>          <p align="justify">&nbsp;</p>      	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>INFORMACI&Oacute;N SOBRE EL AUTOR</b></font></p>      	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Gabriel Kessler.</b> Doctor en sociolog&iacute;a por la &Eacute;cole des Hautes &Eacute;tudes en Sciences Sociales de Par&iacute;s. Profesor de la Universidad Nacional de General Sarmiento, &aacute;rea de sociolog&iacute;a, e investigador del CONICET. En 2003 imparti&oacute; la c&aacute;tedra "Sim&oacute;n Bol&iacute;var" de la Universidad de Par&iacute;s III&#45;Sorbonne Nouvelle. Trabaja sobre la cuesti&oacute;n social argentina y de Am&eacute;rica Latina. Sus publicaciones m&aacute;s recientes son La experiencia escolar fragmentada. Estudiantes y docentes en la escuela media en Buenos Aires, 2002; Sociedad y sociabilidad en la Argentina de los 90,2002; y con Vicente Espinoza, Movilidad social y trayectorias ocupacionales en la Argentina, 2003. Con Sandra Gayol ha compilado Violencias, delitos y justicias en la Argentina, 2002 y Sociolog&iacute;a del delito amateur (en prensa).</font></p>      ]]></body><back>
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