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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Gangs have been proliferating all over the world. Their way of inhabiting the locality, by exercising crude violence, has placed them at the core of concern about safety in cities.There is no doubt that gangs take to criminality and commit acts of violence. However; the ways of seeing and dealing with urban conflict cannot disregard the other actors participating in the sidewalk war: neighbors organized in urban defense; crackdown operations, armed actors, criminals and even the police.This other side, where the very foundations of institutionality are involved, is often forgotten. By looking at three Colombian cities, this article seeks to understand the role and means of operation of two of the actors of conflictiveness in the city: neighbors and crackdown operations.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Saberes y razones</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Pandillas y conflicto urbano en Colombia</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Carlos Mario Perea Restrepo</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Nacional de Colombia.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las pandillas proliferan en todo el mundo. Su forma de habitar la localidad, a trav&eacute;s del ejercicio de una cruda transgresi&oacute;n violenta, las ha puesto en el centro de la preocupaci&oacute;n sobre la seguridad en la ciudad. La pandilla acude a la criminalidad y administra la violencia, no cabe duda. No obstante, la mirada y la tramitaci&oacute;n del conflicto urbano no pueden desconocer a los otros actores part&iacute;cipes de las guerras de pavimento: los vecinos organizados en defensas urbanas, las operaciones de limpieza, los actores armados, la delincuencia y hasta la polic&iacute;a. Esta otra cara, donde queda comprometido el fundamento mismo de la institucionalidad, suele ser olvidada. Mediante la mirada a tres ciudades colombianas, el art&iacute;culo aborda entonces el papel y las formas de operaci&oacute;n de dos de estos otros actores de la conflictividad urbana: los vecinos y las operaciones de limpieza.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gangs have been proliferating all over the world. Their way of inhabiting the locality, by exercising crude violence, has placed them at the core of concern about safety in cities.There is no doubt that gangs take to criminality and commit acts of violence. However; the ways of seeing and dealing with urban conflict cannot disregard the other actors participating in the sidewalk war: neighbors organized in urban defense; crackdown operations, armed actors, criminals and even the police.This other side, where the very foundations of institutionality are involved, is often forgotten. By looking at three Colombian cities, this article seeks to understand the role and means of operation of two of the actors of conflictiveness in the city: neighbors and crackdown operations.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como sucede con varias expresiones de identidad, en particular entre los j&oacute;venes, la pandilla se desparrama por el planeta. La adoptan multiplicidad de muchachos en pa&iacute;ses centrales y perif&eacute;ricos, ricos y pobres, grandes y peque&ntilde;os. Salta por encima de la riqueza y la penuria, del bienestar econ&oacute;mico y el atraso industrial implant&aacute;ndose en la barriada de Latinoam&eacute;rica y &Aacute;frica, pero igual prolifera hacia el norte en la metr&oacute;poli industrializada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su n&uacute;cleo duro la acompa&ntilde;a, brinca del rinc&oacute;n de aqu&iacute; al de all&aacute; lejos; mas su fisonom&iacute;a particular se cincela en funci&oacute;n del conflicto nacional y urbano donde nace y crece.<sup><a href="#notas">1</a></sup> En las naciones industrializadas la pandilla se caracteriza por el antagonismo entre la abundancia y la injusticia mundial, vestido de racismo y xenofobia. En Europa y Estados Unidos, las pandillas suelen arroparse con el signo &eacute;tnico, unas conformadas por inmigrantes; otras, por "blancos" dispuestos a hacer valer su pretendida supremac&iacute;a racial.<sup><a href="#notas">2</a></sup> En Sud&aacute;frica se revisten de su pasado reciente, la renovada emergencia de la criminalidad despu&eacute;s de la ca&iacute;da del <i>apartheid</i> y el inicio de un gobierno aut&oacute;nomo.<sup><a href="#notas">3</a></sup> En Latinoam&eacute;rica, por su parte, se riegan ligadas al incremento de la exclusi&oacute;n y la miseria. En Centroam&eacute;rica abundan con prominente fuerza en El Salvador,<sup><a href="#notas">4</a></sup> mientras otro tanto sucede en M&eacute;xico<sup><a href="#notas">5</a></sup> y en algunos pa&iacute;ses de Sudam&eacute;rica.<sup><a href="#notas">6</a></sup> En Colombia, nuestro pa&iacute;s de inter&eacute;s, se difunden en ciudades grandes y peque&ntilde;as, disparadas por la creciente pobreza y el inclemente conflicto interno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pretendemos acercarnos a la realidad pandillera de tres ciudades colombianas: Barranquilla, Neiva y Bogot&aacute;. Neiva es una ciudad peque&ntilde;a, apenas si llega a los 300 000 habitantes. Su importancia estrat&eacute;gica es notable, no s&oacute;lo por su condici&oacute;n de centro cultural y econ&oacute;mico de la regi&oacute;n suroriental sino por su ubicaci&oacute;n respecto a la zona de los llanos y la selva, enclave donde se libra una decisiva batalla del conflicto armado. Con raz&oacute;n la gente le llama "la puerta del sur". Con 1 200 000 personas, Barranquilla posee el t&iacute;tulo de cuarta ciudad nacional y primera de la costa del Caribe. Pese a su postrada econom&iacute;a no abandona a&uacute;n su papel de polo de atracci&oacute;n para las migraciones internas del &aacute;rea costera. Por &uacute;ltimo Bogot&aacute;, capital y centro de la actividad nacional, poblada con algo m&aacute;s de seis millones de almas, contin&uacute;a en la espiral de concentraci&oacute;n de los recursos nacionales dando al traste con el singular crecimiento de varias ciudades que caracteriz&oacute; al pa&iacute;s.<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las tres ciudades las pandillas proliferan. As&iacute; sucede en Barranquilla. En una zona del suroccidente de la ciudad se estableci&oacute; la existencia de 44 bandas activas.<sup><a href="#notas">8</a></sup> Tal cantidad, al lado de otras 22 inactivas en el momento de la contabilizaci&oacute;n, pone bien en claro la fuerza de la presencia pandillera en la capital del Caribe. S&oacute;lo un barrio estrat&eacute;gico por su antig&uuml;edad y tama&ntilde;o, habitado por 48 000 personas, registr&oacute; 11 pandillas. Los reportes oficiales confirman la situaci&oacute;n, 46% de los hogares barranquilleros experimenta el acoso pandillero como un problema cercano a su sitio de vivienda.<sup><a href="#notas">9</a></sup> En Neiva sucede otro tanto. En el suroriente se contabiliz&oacute; un total de 25 <i>parches.</i> Por su parte, en Bogot&aacute; el cuadro es similar; en el &aacute;rea delimitada en el suroriente se identificaron 45 pandillas. Los registros oficiales tambi&eacute;n lo corroboran, 54% de los hogares bogotanos reconoce en las pandillas un problema vivido en carne propia.<sup><a href="#notas">10</a></sup></font></p>   	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a2f1.jpg"></font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No s&oacute;lo por su cantidad sino tambi&eacute;n por su manera de habitar el barrio, el pandillero no pasa inadvertido. Todo lo contrario, impone su ley torn&aacute;ndose notorio, remarcando a cada instante su determinaci&oacute;n violenta. En este empe&ntilde;o construye un poder socialmente eficaz, ejerce un dominio sobre la esfera p&uacute;blica local desatando un conflicto con diversos actores. Los muchachos neivanos lo dir&aacute;n: "Los enemigos del parche son la ley, el vecino sapo, los paracos y algunos parches"<sup><a href="#notas">11</a></sup> El espectro es extenso, va de la polic&iacute;a a los grupos armados pasando por los vecinos y otras pandillas.</font></p>   	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a2f2.jpg"></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dicho en breve, la transgresi&oacute;n pandillera cobra vida dentro de las guerras de pavimento, enfrentamientos violentos escenificados en el asfalto de las calles de la ciudad. La visagra de tales hostilidades se arma de m&uacute;ltiples articulaciones, en parte ligadas a los conflictos nacionales, en parte remitidas a las gram&aacute;ticas de la vida diaria en el vecindario. El sostenido uso de la transgresi&oacute;n violenta por parte de la pandilla aviva a sus contradictores. Los vecinos reclaman la restituci&oacute;n de la convivencia, mientras que las operaciones de limpieza intentan imponer un orden mediante el asesinato descarnado; otras pandillas se trastocan en enemigos irreconciliables, tantas veces hasta el exterminio; la polic&iacute;a se convierte en portadora del rechazo visceral producido por el afuera pandillero, al tanto que guerrillas y paramilitares se entrecruzan con los <i>parceros</i> en caminos parad&oacute;jicos, unas veces como part&iacute;cipes del intento de imponer una "legalidad"; otras, hermanados con la rebeli&oacute;n pandillera. Las fuerzas van y vienen, absorbidas en una espiral donde el pandillero opera como un centro de reciclamiento del conflicto urbano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estas p&aacute;ginas nos ocuparemos de este conflicto. Los pandilleros se convirtieron en centro de la inseguridad, se los estigmatiza y persigue bajo el pretexto de su protagonismo violento. No cabe duda, la pandilla es capaz de sevicias sin cuento; mas el intento de depositar en ella la creciente criminalidad no es sino un estigma encaminado a aliviar el miedo que se ha apoderado de la conciencia ciudadana en la ciudad. As&iacute; es; en Colombia, naci&oacute;n de la ilegalidad y la violencia, la pandilla nace y se alimenta de una trama sostenida por un abigarrado elenco de actores. Los pandilleros delinquen, pero lo hacen mediante pr&aacute;cticas que est&aacute;n lejos de agotar el crimen, y violentan, pero con id&eacute;ntica intensidad a la de sus adultos inmediatos.<sup><a href="#notas">12</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos ocuparemos entonces del otro lado del conflicto, el que siempre aparece soslayado y encubierto:<sup><a href="#notas">13</a></sup> el de los adversarios de la pandilla, en particular los vecinos, con sus variadas formas de defensa, y las operaciones de limpieza con sus estrategias siniestras. Seguiremos un recorrido en tres pasos. En un primer momento se considerar&aacute; la naturaleza local de la pandilla, origen del enfrentamiento; despu&eacute;s se mirar&aacute;n las reacciones de los vecinos; luego, las acciones de las operaciones de limpieza. La pandilla es un actor del conflicto urbano contempor&aacute;neo. Para entenderla, no obstante, no se puede hacer al margen de los personajes que se le oponen, personajes investidos con la complicidad del Estado y sus organismos de seguridad.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LOCALIDAD Y PODER</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pandilla es local, es una estructura afectiva construida en el intercambio diario. Asumiendo el poder como el dominio ejercido por un actor sobre la circulaci&oacute;n de bienes estrat&eacute;gicos para la vida de un colectivo &#151;sean bienes materiales o simb&oacute;licos&#151;, el mando pandillero arranca de su condici&oacute;n territorial. Su identidad se afirma desde un espacio geogr&aacute;ficamente circunscrito. Una gran cantidad de agrupaciones barriales portan consigo el marbete comunitario, lo cual significa la pretensi&oacute;n de incidir sobre la vida local a partir de la consideraci&oacute;n de un espacio, sea la <i>cuadra,</i> el <i>barrio</i> o la <i>zona.</i> El pandillero participa de este signo pero desde el horizonte opuesto. Su norte no es alguna imagen de la vida buena &#151;como sucede entre los grupos comunitarios&#151;, sino un territorio delimitado por la materialidad de estas y aquellas cuadras: el grupo manda de esta calle a la de m&aacute;s all&aacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dentro de tal territorio se establece un orden al imponer potestad sobre bienes all&iacute; existentes, siguiendo una doble ruta. De un lado, hacia fuera, se impide la circulaci&oacute;n de cualquier "extra&ntilde;o", en particular los miembros de otras pandillas, en general los vecinos impedidos para caminar la calle despu&eacute;s de determinada hora. Quien recorre el &aacute;rea lo hace con la anuencia del <i>parche,</i> so pena de soportar el castigo que trae la violaci&oacute;n de una regla por todos conocida. Del otro, hacia dentro, la pandilla controla intercambios estrat&eacute;gicos. Interfiere la libre circulaci&oacute;n de los comercios: entorpecen la compra en los negocios de quienes tienen alguna desavenencia con el <i>parche,</i> los camiones repartidores se abstienen de entrar en zonas reputadas como peligrosas, las tiendas suelen convertirse en blanco de asaltos espor&aacute;dicos. La interferencia no es s&oacute;lo comercial, se extiende hacia la intimidad de la elecci&oacute;n amorosa: las mujeres del territorio se asumen como "propiedad" indiscutida, impedidas para trabar v&iacute;nculo con hombres de pandillas enemigas y en el peor de los casos con "desconocidos". Las fiestas y la ocupaci&oacute;n de calles y espacios comunales caen bajo el juicio de su mirada vigilante. Las instituciones operan en funci&oacute;n de sus pr&aacute;cticas, incluso los organismos de seguridad median su presencia en funci&oacute;n de la peligrosidad de la pandilla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El territorio se acota, tanto el vecindario como los enemigos conocen sus l&iacute;mites precisos. An&iacute;bal, un pandillero barranquillero, lo cuenta: "Cuando iba llegando a mi casa los negros estaban ah&iacute;, uno me llam&oacute; dici&eacute;ndome 'estoy en tu territorio, si me pisas aqu&iacute; te mato'" Las maneras como se establecen los l&iacute;mites no siguen una pauta fija. Cada grupo busca su rinc&oacute;n, "los de all&iacute; tienen su plazoleta, los de esa calle en la esquina, los de ac&aacute; en el billar". Desde el <i>parche,</i> el lugar de encuentro y reuni&oacute;n, el se&ntilde;or&iacute;o se extiende sobre un pu&ntilde;ado de cuadras. Hace un tiempo se pose&iacute;an espacios extensos, en ocasiones hasta barrios enteros. La creciente fragmentaci&oacute;n de las pandillas, en particular en las ciudades grandes, se tradujo en su proliferaci&oacute;n y por lo tanto en la reducci&oacute;n de las &aacute;reas susceptibles de control. "El territorio m&iacute;o era como de cinco cuadras", dice An&iacute;bal, haciendo eco a la afirmaci&oacute;n escuchada de manera corriente. En efecto, por lo general, el territorio no sobrepasa unas cuantas cuadras pues de este lado est&aacute; otra pandilla y m&aacute;s all&aacute; la siguiente.<sup><a href="#notas">14</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Casi siempre la colonizaci&oacute;n del espacio se hace a partir de la agregaci&oacute;n de muchachos que viven en las cuadras objeto de dominio; pero no es el &uacute;nico caso, en oportunidades se juntan j&oacute;venes de cuadras inconexas. Sin embargo, la pertenencia barrial es clave; finalmente el territorio es arraigo, lugar donde se nace, se crece y se arma la experiencia. En medio de enormes tensiones, incluso los vecinos reconocen dicha condici&oacute;n: "Cada uno tiene su territorio, si ellos vienen a parcharse aqu&iacute; la gente no los deja porque les echa la polic&iacute;a." All&iacute; se ancla la "legitimidad" de la ley pandillera, en el <i>yo soy de ah&iacute;</i> invocado con frecuencia. La pertenencia a ese peque&ntilde;o rinc&oacute;n del mundo permite que el pandillo se abrogue el derecho de imponer su min&uacute;sculo proyecto de orden. En palabras de uno, "los Nazi, los que viven dos cuadras m&aacute;s adelante, no pueden pasar a estos lados ni nosotros a aqu&eacute;llos porque se forma la berraca". La ley es inquebrantable, adquiere el estatuto de canon inviolable pues "nunca nos dejamos sabotear el territorio porque pa' nosotros era sagrado".<sup><a href="#notas">15</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ciertamente <i>el territorio </i>&#91;<i>es</i>&#93;<i> sagrado.</i> Puesto que ah&iacute; <i>parchan,</i> el vecindario es el teatro donde se pasa el tiempo, trastocado en epicentro de poder. Si all&iacute; se despliega la ley pandillera, ah&iacute; mismo surgen algunos de sus m&aacute;s ac&eacute;rrimos contrincantes, las otras pandillas y los vecinos. Pero no faltar&aacute;n otros actores conectados a los vecinos y las instituciones, como las operaciones de limpieza. Nos ocuparemos, uno a uno, de estos dos archienemigos de la pandilla.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>VECINOS Y DEFENSAS URBANAS</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El v&iacute;nculo del pandillo con la comunidad es problem&aacute;tico. Con frecuencia se le escucha decir que "no robamos en el barrio, vamos por all&aacute; a otro lado". En ocasiones la m&aacute;xima de cuidado con los vecinos se cumple, se abstienen de asaltar a la gente que circula por las calles pr&oacute;ximas. En tales casos la pandilla deriva en agente protector, en especial cuando hace de custodio frente a las correr&iacute;as de las pandillas de otros lados. "Nosotros mismos somos autodefensas porque defendemos el barrio cuando vienen a joderlo otros", dice un currambero. El papel de gendarme comunitario, no obstante, no suprime las tensiones. Por definici&oacute;n la pandilla es un <i>parche,</i> un agregado inc&oacute;modo cuya presencia se verifica a fuerza de la notoriedad de su exceso: la palabra con la que se autoreconoce, el <i>parche,</i> no es gratuita. Ya su sola permanencia sostenida en la esquina, frente a la casa o la tienda, echa por tierra cualquier pretensi&oacute;n de intimidad de las gentes de la vecindad. Su escenario natural es la calle, de frente al otro, lugar donde discurre una vida sazonada con m&aacute;s de una euforia. Un d&iacute;a cualquiera las fiestas con gran algarab&iacute;a pueden prolongarse hasta altas horas de la noche, en especial cuando se corona un buen <i>trabajo:</i> "Cuando lo pegamos firme nos hacemos el fiesto en el barrio, porque no nos vamos a ir pa' otro barrio. Se forman los problemas porque hay harto agite."<sup><a href="#notas">16</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El conflicto con el vecindario es inevitable, forma parte de la gram&aacute;tica pandillera. Mas la situaci&oacute;n se pone a otro precio cuando cunde el <i>desmadre.</i> Los asaltos, sean de los pandilleros del barrio o de zonas aleda&ntilde;as, cortan el acceso a servicios claves como el transporte p&uacute;blico o el suministro de bienes de consumo b&aacute;sico como la leche, las gaseosas, la cerveza: "Estamos desesperados porque los colectivos no suben hasta ac&aacute; debido a la delincuencia, cada noche atracan cuatro o cinco", denuncia una edil de Neiva. Los excesos pueden llegar a extremos intolerables: "Se emborrachaban y empezaban a hacer tiros, todos con su rev&oacute;lver lo explotaban a la hora que fuera." Las an&eacute;cdotas de golpizas y asesinatos, de violaciones y acosos aparecen de continuo en las narraciones de la gente, junto a los temores de los padres que ven en la pandilla la perdici&oacute;n de sus hijos, ni&ntilde;os y j&oacute;venes que por su corta edad son presas f&aacute;ciles del juego de luces desplegado por el poder <i>parcero.</i><sup><a href="#notas">17</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pandilla provoca el desgarramiento de la pertenencia comunitaria y su potente imaginer&iacute;a popular de la convivencia. Un l&iacute;der comunal de Barranquilla lo dir&aacute;: "Una cosa es que venga un desconocido a hacer da&ntilde;o aqu&iacute; y otra que al tipo que todo el mundo conoce hay que cerrarle la puerta porque lleg&oacute;."<sup><a href="#notas">18</a></sup> La disyuntiva es terminante, el <i>tipo que todo el mundo conoce</i> porque forma parte de la <i>comunidad</i> se vuelve un dolor de cabeza insoportable: la tensi&oacute;n sube hasta generar diversas iniciativas encaminadas a emplazar la desaz&oacute;n. Algunas, ciertamente las menos, pasan por una acci&oacute;n individual. Otras, la gran mayor&iacute;a, congregan las energ&iacute;as colectivas bajo la forma de pr&aacute;cticas donde se combina una variopinta gama de estrategias legales e ilegales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Unos vecinos, fastidiados con la vocingler&iacute;a, intentan soluciones particulares. Algunos deciden quebrar el c&oacute;digo espacial sobre el que se asienta el <i>parche:</i> "Se parchaban en la esquina hasta que el cucho los desterr&oacute;. A un and&eacute;n le echaba aceite y el otro lo tumb&oacute;, donde nos parch&aacute;bamos a jugar domin&oacute;. Era mucha risa y recocha, el cucho dec&iacute;a que ya no pod&iacute;a ni ver un noticiero." Aunque es poco frecuente, se llega a escuchar la historia de moradores que se llenan de arrestos, toman un arma y salen a liquidar a cuanto <i>pelao</i> se encuentre en las esquinas: "Hab&iacute;a un cucho que sal&iacute;a s&oacute;lo con su fierro y al que encontrara metiendo bareta lo tumbaba, un cucho de 50 a&ntilde;os", cuenta uno. "Aqu&iacute; en el barrio hay persecuci&oacute;n de vecinos. Uno estaba ah&iacute; y le daban plomo, hay mucha gente armada. Se da el caso de que pelados se den plomo con un se&ntilde;or del barrio", agrega otro.<sup><a href="#notas">19</a></sup> Algunos pescan en el r&iacute;o revuelto de un s&oacute;rdido mercado de la muerte, vecinos ardidos que, impedidos para emprender una venganza por su propia mano, contratan un sicario que sane la p&eacute;rdida de un ser querido, la violaci&oacute;n o embarazo de una hija o cualquier otra afrenta. Sea cual sea la modalidad, tales estrategias individuales son poco corrientes. Hay que refrescarlo, la pandilla administra un terror que pocos pueden desafiar de manera personal y directa.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a2f3.jpg"></font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las pr&aacute;cticas colectivas son las m&aacute;s comunes, las adoptan vecinos de una y otra ciudad. Las hay de dos tipos. En un polo est&aacute;n aquellas que pasan por los canales instituidos de tramitaci&oacute;n del conflicto: van de la denuncia judicial y la presi&oacute;n sobre las autoridades a fin de que tome cartas decididas en el asunto, a la constituci&oacute;n de destacamentos de vigilancia en connivencia con los cuerpos de seguridad del Estado. Mientras tanto, en el otro polo caen las pr&aacute;cticas situadas al margen del procedimiento sancionado, aunque en su gran mayor&iacute;a avaladas por la complicidad del Estado y sus agentes: desde cuerpos de autodefensa con acciones punitivas sobre los pandillos, que pueden ser de los mismos vecinos o de agentes externos contratados para el efecto, hasta las infaustas operaciones de limpieza.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De continuo, las autoridades de la ciudad y la polic&iacute;a reciben quejas de los vecinos. Adoptan la forma de memoriales firmados por los habitantes de un sector, generalmente movilizados por los moradores inmediatos al <i>parche:</i> "El pueblo no lo quer&iacute;a, ten&iacute;a muchas denuncias y firmas del barrio", se cuenta de un grupo en dificultades con los habitantes de la calle donde se paraba. El intento de contenci&oacute;n de la pandilla suele comenzar con alguna medida dentro del mismo barrio, como ha sido el caso de la instalaci&oacute;n de alarmas en las casas a fin de alertar sobre cualquier anomal&iacute;a: "En el barrio hay alarmas comunitarias. Eso no sirve, cada rato se la escucha y nunca cogen a nadie. Al principio uno le com&iacute;a, cre&iacute;a que todo el mundo lo va a linchar pero no, puro azare." Medidas como &eacute;stas resultan ineficaces &#151;el pandillo lo dice&#151;, estrelladas contra la realidad de muchachos que conocen el barrio y sus intimidades. Entonces se acude a las gestiones ante el Estado, muchas veces con las personas encargadas de la seguridad ciudadana: "Al inicio de a&ntilde;o tuvimos varias reuniones con la secretaria de gobierno y con el comandante de la polic&iacute;a comunitaria. Les dijimos que no ten&iacute;amos nada m&aacute;s que hacer."<sup><a href="#notas">20</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a2f4.jpg"></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante la prolongaci&oacute;n de la situaci&oacute;n &#151;el ciclo se reproduce una y otra vez, de una ciudad a otra&#151;, los vecinos impotentes optan por una medida radical, la realizaci&oacute;n de un paro c&iacute;vico contra la inseguridad y sus principales auspiciadores locales, las pandillas. Fue el caso de Neiva, donde los vecinos de la comuna tomaron las calles protestando contra la indolencia de las autoridades ante el grave problema de la convivencia local. Como acontece casi siempre ante tales reclamos, reconocidos pol&iacute;ticos de la ciudad se desplazaron presurosos a firmar un acuerdo con el compromiso de contener la zozobra. Pasado un corto tiempo los habitantes del barrio ven el fracaso de su protesta, la polic&iacute;a no emprendi&oacute; ninguna acci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de un periodo de sostenido asedio a las pandillas. La intranquilidad sigue y se vuelve a plantear el tema de un nuevo paro c&iacute;vico: "Estamos preocupados porque se hizo un paro c&iacute;vico, tocar&aacute; volver a hacerlo. La polic&iacute;a sabe donde est&aacute;n ellos pero les falta estrategia." El nuevo paro no se efectu&oacute;, pese a que se le comenta con insistencia, en parte porque los l&iacute;deres comunales presionaron al Concejo de la ciudad para que los recibiera con el fin de discutir la situaci&oacute;n de la zona, con especial &eacute;nfasis en la inseguridad y las pandillas.<sup><a href="#notas">21</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante este incesante ir y venir, con resultados tan precarios, el vecindario decide convertirse en agente activo del problema. En una de sus formas se arma un dispositivo de vigilancia en v&iacute;nculo directo con la polic&iacute;a. Aprovechando la proximidad con alg&uacute;n miembro de los cuerpos de seguridad un grupo hace rondas por las calles dotados de un radio conectado a la estaci&oacute;n m&aacute;s cercana: "Constituimos un comit&eacute; de vigilancia privada, ellos ten&iacute;an armas de fuego y nosotros nada. Un sargento del Bosque nos facilit&oacute; unos radios, cuando empez&aacute;bamos a notar algo llam&aacute;bamos y ven&iacute;a la patrulla." Junto a la modalidad de un organismo privado han comenzado a proliferar las polic&iacute;as comunitarias, tambi&eacute;n llamadas c&iacute;vicas. En las tres ciudades multitud de experiencias aparecen en uno y otro barrio, promovidas y respaldadas por las respectivas oficinas municipales de polic&iacute;a comunitaria. Los vecinos toman la iniciativa &#151;o los promotores institucionales los animan&#151;, despu&eacute;s de lo cual viene el proceso de entrenamiento, organizaci&oacute;n y dotaci&oacute;n de los instrumentos para actuar como ap&eacute;ndices informativos del cuerpo policial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La polic&iacute;a comunitaria forma parte de la gran cantidad de esfuerzos descargados sobre los sectores populares ante la imposibilidad de resolver desaf&iacute;os primordiales de la vida colectiva. El Estado, impedido para encararlos, traslada parte de la carga sobre los hombros de la participaci&oacute;n popular. La lista es interminable, pasa por soluciones de vivienda; arreglo de bienes de consumo colectivo como calles, alumbrado y parques; construcci&oacute;n de puestos de salud y escuelas; creaci&oacute;n de centros de atenci&oacute;n a los menores; desarrollo de actividades culturales y, naturalmente ahora, esquemas contra los atentados a la convivencia. En cada caso, con proporciones variables de uno a otro, la comunidad pone una parte y el Estado otra. La polic&iacute;a c&iacute;vica se apoltrona en esta vieja tradici&oacute;n de intercambio entre el Estado y las barriadas, agenciada sobre la promesa de una tranquilidad asegurada por la vigilancia vecinal, de un lado, y la pronta y eficaz presencia policial del otro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En medio de este cuadro de intercambios entre el Estado y los sectores populares las polic&iacute;as comunitarias son, no obstante, un caso especial. En otros tantos programas aflora el conflicto, sea por la presencia de aspiraciones encontradas, sea por el intento de apropiaci&oacute;n de recursos o cualquier otro motivo que trabe en contradicci&oacute;n intereses antag&oacute;nicos. De manera distinta la participaci&oacute;n en la vigilancia, por definici&oacute;n, pone en juego un potencial de elevada conflictividad: opera sobre acontec&iacute;mientos en extremo delicados, los delitos contra el patrimonio y su sentido de la propiedad privada, los delitos contra la vida y su sentimiento de vulnerabilidad de la integridad. En tales condiciones, desde una de sus aristas, la polic&iacute;a comunitaria compromete el imaginario comunal en aras del bien com&uacute;n, un vivo sentir ligado a una ancestral tradici&oacute;n popular: "Nos toca tomar conciencia para formar un movimiento c&iacute;vico que acoja todos los grupos comunitarios. Solos no vamos a ser capaces de nada", dice una de las iniciadoras de la vigilancia local. Empero, desde otro &aacute;ngulo, el imaginario se ve jalado por la fidelidad hacia las personas del n&uacute;cleo comunal y familiar, otro sentir de gran val&iacute;a. Como dice un pandillero: "Hay gente que dice que nos dejen tranquilos, que antes nosotros cuidamos esos callejones oscuros" La contradicci&oacute;n se va al extremo cuando entran en pugna sentimientos familiares: "Hay gente que desafortunadamente su hijo es drogadicto. Vienen los problemas porque si mi hijo est&aacute; haciendo da&ntilde;o a la sociedad y no lo divulgo estoy siendo c&oacute;mplice. Esa es la debilidad, eso acab&oacute; con la polic&iacute;a c&iacute;vica." En efecto, el traspaso de funciones policiales al interior del barrio enfrenta a los vecinos ante la compleja tramitaci&oacute;n de hechos violentos. M&aacute;s a&uacute;n, la transgresi&oacute;n pandillera arrincona al vecindario. Amenaza a quienes forman parte de las polic&iacute;as barriales, "a uno de los compa&ntilde;eros quisieron atacarlo", evidenciando la dificultad de combatir a unos muchachos conocedores del barrio y sus secretos: "Ten&iacute;an claves como un silbido para informarse que ven&iacute;a la polic&iacute;a. Se esfumaban, como estos patios estaban sin cercar se met&iacute;an por un lado y sal&iacute;an a la otra calle." Y para el pandillo, por su parte, los grupos de vigilancia no hacen sino exacerbar su ansia de poder: "Armaron una vez la polic&iacute;a c&iacute;vica pero no sirvi&oacute; pa' nada. No se met&iacute;an con nosotros porque saben que tienen hermanos, familiares, hijos."<sup><a href="#notas">22</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tr&aacute;mite violento est&aacute; a la mano: "Los da&ntilde;os que estaban produciendo her&iacute;an mucho a las familias hasta que hubo gente que dijo 'esto no puede ser m&aacute;s, que los maten'. Y a todos los han matado, la inseguridad se acab&oacute;", cuenta un l&iacute;der comunal barranquillero.<sup><a href="#notas">23</a></sup> Si el tr&aacute;mite legal ante el Estado resulta infructuoso queda abierto el camino a la organizaci&oacute;n de destacamentos de defensa. El calificativo posee en Colombia un largo y atormentado historial. Las autodefensas se remontan a la violencia de mediados del siglo XX, cuando los campesinos se organizaron en grupos armados dispuestos a defender a su gente y sus haberes del hostigamiento militar de diversos adversarios.<sup><a href="#notas">24</a></sup> Incluso el m&aacute;s remoto origen de la guerrilla de las FARC se entrelaza con tales movilizaciones.<sup><a href="#notas">25</a></sup> A&ntilde;os despu&eacute;s vuelven a tener remarcada presencia, esta vez como abanderadas de la protecci&oacute;n frente a los desmanes guerrilleros; no en vano el paramilitarismo toma el nombre de autodefensas unidas de Colombia.<sup><a href="#notas">26</a></sup> Frente a esta sinuosa trayectoria el Estado se comporta de manera ambivalente. Hasta la d&eacute;cada de 1980 les dio carta de ciudadan&iacute;a mediante un reconocimiento legal que sirvi&oacute; de paraguas al crecimiento paramilitar; pero una vez que &eacute;ste creci&oacute; y adquiri&oacute; una impensada autonom&iacute;a, se modific&oacute; la ley que las amparaba convirti&eacute;ndolas en organizaciones ilegales.<sup><a href="#notas">27</a></sup> El t&eacute;rmino de autodefensa es pues problem&aacute;tico y no es empleado en las ciudades. All&iacute; son variados los nombres que describen la misma experiencia de autoprotecci&oacute;n. El m&aacute;s reconocido es, sin duda, el proyecto antioque&ntilde;o de las milicias populares, una organizaci&oacute;n que lleg&oacute; a pactos con el gobierno y la posterior constituci&oacute;n de empresas legales de vigilancia y control local.<sup><a href="#notas">28</a></sup> En las ciudades de nuestro inter&eacute;s adopta nominativos como <i>encapuchados, cuchos, comit&eacute;s de vigilancia.</i> En estas condiciones el t&eacute;rmino de defensa urbana resulta conveniente: apuntala la acci&oacute;n de unos vecinos que se arman dispuestos a proteger lo que consideran suyo. Se diferencian de las polic&iacute;as comunitarias en que cortan su dependencia con los cuerpos formales de seguridad &#151;aunque entre sus filas militen agentes del Estado, activos o retirados&#151;, medida necesaria porque su &aacute;nimo es aplicar justicia por cuenta propia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La defensa urbana es, entonces, un destacamento ya no de simple vigilancia sino, adem&aacute;s, de impartici&oacute;n de justicia. Se arman y se organizan de manera independiente y salen a patrullar el barrio. Los hay de dos clases, uno formado por los mismos vecinos y otro armado con agentes externos. En el primero, los vecinos pueden participar como ejecutores directos de los ajusticiamientos: "Hay veces que hacen autolimpiezas los mismos del barrio, los cuchos salen con sus m&aacute;scaras a tumbar hasta los del frente de la casa." No obstante, su forma m&aacute;s extendida es el hostigamiento a los <i>parches</i> mediante la golpiza severa. Sus armas usuales son objetos contundentes como palos o tubos, aunque algunos portan pistolas para protegerse en un medio donde las armas letales circulan con facilidad. Aparecen de manera espor&aacute;dica, en las coyunturas de expoliaci&oacute;n pandillera. A veces, las menos frecuentes, la justicia vecinal deriva en organizaciones estables empe&ntilde;adas en "sanear" el barrio. La m&aacute;s memorable de Bogot&aacute;, los <i>encapuchados,</i> se convirti&oacute; en un grupo de vigilancia y castigo dedicada a propinar duras muendas a los j&oacute;venes sorprendidos en caminadas nocturnas.<sup><a href="#notas">29</a></sup> Sus rondas se cumplieron hasta que su violencia indiscriminada les quit&oacute; el apoyo de la gente, forzando su disoluci&oacute;n: "Entre los encapuchados hab&iacute;an unos polic&iacute;as adem&aacute;s de la gente del barrio. Esos ca&iacute;an hasta los sanos, apenas por ir fumando o borrachos."<sup><a href="#notas">30</a></sup> Caminaban el vecindario de las diez de la noche en adelante. Constituidos por algo as&iacute; como sesenta miembros se repart&iacute;an en grupos asignados a distintos puntos del barrio. Conocedores del vecindario y sus intrincados recovecos arrinconaron a los <i>parceros,</i> hasta que el embelezo de la justicia los llev&oacute; a cometer toda clase de abusos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo tipo de defensa urbana, en forma distinta, se organiza como un servicio de seguridad privado conformado por personas extra&ntilde;as que cobran una paga por su trabajo. El m&aacute;s famoso es el de los conocidos Mesas en Barranquilla, una forma hoy extendida entre los barrios populares de la ciudad coste&ntilde;a. El rasgo que los caracteriza es una desembozada determinaci&oacute;n de matar, cumplida sin el menor miramiento. Armados con pistolas y rev&oacute;lveres, est&aacute;n siempre firmes en la resoluci&oacute;n de ultimar a todo aquel sorprendido en la m&aacute;s leve infracci&oacute;n. Aplican la misma norma del terror pandillero, de ah&iacute; que los <i>parceros</i> les guardan respeto: "No nos gusta boletearnos por ah&iacute; porque al que vean los Mesa robando le van dando candela de una." Por supuesto, ante tal decisi&oacute;n violenta no faltan enfrentamientos cruzados: "Varias veces nos hemos enfrentado con ellos, uno de nosotros se baj&oacute; a uno. Dejaron de meterse por all&aacute;" Nacieron en el barrio La Chinita, ubicado en un sector popular de otra comuna de la ciudad, en la casa de una familia de apellido Mesa decidida a "limpiar" el barrio de maleantes y pandilleros. Su ferocidad result&oacute; proverbial, en el sector donde operaron amain&oacute; de manera considerable la criminalidad, permitiendo que la acci&oacute;n inicial se prolongara luego en el cobro de un impuesto a los vecinos con la contraprestaci&oacute;n de una vigilancia permanente del sector. En la zona de nuestro inter&eacute;s la modalidad de vigilantes privados con total determinaci&oacute;n de usar sus armas aparece, al comienzo, bajo la forma de acompa&ntilde;antes de los transportes privados como colectivos y camiones de empresas: "Los Mesa escoltan los buses, el carro de la leche, la coca cola, la postob&oacute;n, al de la carne, al del pan." Los atracos a estos veh&iacute;culos, antes permanentes, casi desaparecieron. Pasado alg&uacute;n tiempo el servicio de vigilancia se extendi&oacute; a las calles del barrio, al principio s&oacute;lo durante las noches y luego a lo largo del d&iacute;a. Hoy casi todos los barrios del sur cuentan con sus Mesa, personajes que se desplazan todo el d&iacute;a en una moto pasando a recibir su pago el d&iacute;a s&aacute;bado. Un pastor evang&eacute;lico lo cuenta: "Anteriormente no pod&iacute;a entrar un polic&iacute;a. Los Mesas son un grupo de limpieza que patrullan a toda hora. Todas las tiendas del sur les pagan 2 000 pesos semanales. Si alguien se quiere afiliar simplemente habla con ellos y da una cuota. En la actualidad es dif&iacute;cil escuchar que atracaron una tienda"<sup><a href="#notas">31</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su funci&oacute;n es no s&oacute;lo preventiva &#151;una imagen legitimada a costa de un sinn&uacute;mero de muertes&#151;, sino tambi&eacute;n investigativa: "Impiden los atracos pero si los hacen investigan qui&eacute;nes lo hicieron y si los pillan los matan" Su justicia arbitraria y sanguinaria les ha creado toda clase de animadversiones. Como suele suceder en estas justicias privadas abundan las an&eacute;cdotas de inocentes ca&iacute;dos bajo su ley implacable: "Quien cogen mal puesto lo matan. Con ellos se ha reducido la delincuencia pero han matado pelados que no son rateros. Es una injusticia porque antes de matar se debe practicar un proceso, ellos toman la justicia por las manos." Al mirar de algunos son un grupo de mercenarios sin ninguna conciencia de la vida local: "Para m&iacute; es una cuadrilla de extorsionistas porque cuidan los tenderos que les pagan pero no la casa del lado, es una especie de paramilitarismo." Una vez sentenciado alguien, su persecuci&oacute;n no tiene reparos: "Los Mesa nunca me lograron agarrar. Me persegu&iacute;an y me les escond&iacute;a. Cuando supieron d&oacute;nde viv&iacute;a no sal&iacute;an del pedazo busc&aacute;ndome, no pod&iacute;a salir de la casa." El resultado de un actor con tanta contundencia ha venido a ser el repliegue de los pandillos, forz&aacute;ndolos a desplazarse en sus actividades: "Ya no nos metemos con nadie, nos vamos a atracar y pelear lejos" Y gran paradoja, el mercadeo de la muerte ha llevado a que muchos <i>parceros</i> terminen enlistados entre los Mesa atra&iacute;dos por el salario: "Muchos han dejado de trabajar pa' irse con los Mesa porque les pagan m&aacute;s"<sup><a href="#notas">32</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a2f5.jpg"></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a2f6.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El conflicto entre los pandilleros y los vecinos adquiere proporciones dram&aacute;ticas. Los moradores del barrio reaccionan con una variedad de estrategias, unas individuales y otras colectivas, desperdigadas entre la presi&oacute;n a las autoridades, las vigilancias comunitarias y las defensas en abierto pugilato con los <i>parceros.</i> En las tres ciudades, una y otra modalidad de respuesta vecinal han estado presente. S&oacute;lo en contadas ocasiones el proceso sigue la direcci&oacute;n lineal de la narraci&oacute;n anterior. Acontece m&aacute;s bien que las distintas respuestas defensivas del vecindario se combinan en el tiempo y la distancia. Mientras que en Barranquilla hoy dominan los Mesa, en Bogot&aacute; se han extendido las polic&iacute;as c&iacute;vicas, claro, gracias a las campa&ntilde;as de exterminio que le preceden o a la siempre acechante posibilidad de nuevos asesinatos. El espectro de la muerte est&aacute; presente, aparece sin titubeos en las defensas contratadas como los Mesa, pero su expresi&oacute;n m&aacute;s cruda y desgarradora adquiere forma en las operaciones de limpieza.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>OPERACIONES DE LIMPIEZA</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tramitaci&oacute;n sangrienta del conflicto local con la pandilla adquiere expresi&oacute;n, en su forma m&aacute;s brutal, en las operaciones de limpieza, ese horripilante nombre endosado al sistem&aacute;tico asesinato de cualquier minor&iacute;a reputada de "indeseable". Los j&oacute;venes de las barriadas populares ser&aacute;n un blanco predilecto de la matanza: en nombre de la eliminaci&oacute;n de los <i>parches</i> se entronizar&aacute;n una serie de pr&aacute;cticas encaminadas a eliminarlos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde finales de la d&eacute;cada de 1970 comenz&oacute; a circular la noticia de asesinatos m&uacute;ltiples en las calles de las ciudades. La pr&aacute;ctica de masacres horrendas, en las que se descuartizaba a grupos de gente, es un viejo y conocido procedimiento de "lucha" en Colombia; las matanzas de mediados de siglo con su desbordada sevicia lo atestiguan.<sup><a href="#notas">33</a></sup> En tiempos cercanos la modalidad ha hallado m&aacute;s de un confeso seguidor, en particular en el delirio paramilitar c&iacute;nicamente justificado en el h&aacute;bito de masacrar poblaciones completas bajo el argumento de eliminar las bases sociales de sus enemigos. As&iacute; las cosas, las masacres iniciadas a finales de la d&eacute;cada de 1970 se inscriben en una modalidad de probada trayectoria; sus ejecutorias, empero, participan de una doble condici&oacute;n que les proporciona enorme singularidad. Por una parte, tienen asiento en la ciudad, su escenario es la calle y no la vereda rural; por otra, sus v&iacute;ctimas est&aacute;n investidas de nueva identidad, se trata de homosexuales, trabajadoras sexuales, habitantes de la calle, ladrones. La ense&ntilde;a pol&iacute;tica se refunde, reemplazada por la consigna puritana de quienes se sienten llamados a restituir el orden perdido decretando la muerte de aquellos juzgados "indeseables". Como acontece siempre con estos agentes privados, reivindicados en el papel mesi&aacute;nico de "&aacute;ngeles guardianes", estalla en pedazos la frontera entre sujetos diferentes y seres peligrosos, lo uno reducido y aplastado en lo otro. Una vez comenzada la pr&aacute;ctica en una atribulada capital paisa, y para desgracia de la maltrecha identidad &eacute;tica colombiana, el remedo de la crueldad generaliz&oacute; estas masacres en las ciudades del pa&iacute;s.<sup><a href="#notas">34</a></sup> Breve tiempo despu&eacute;s los pandilleros entraron a formar parte del desfile luctuoso, una vez incorporados se convirtieron en el objetivo m&aacute;s destacado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La <i>limpia,</i> as&iacute; se le conoce coloquialmente en los barrios. Su s&oacute;lo nombre espeluzna. Declara sin ambages la intenci&oacute;n de quien se presume due&ntilde;o del prurito de se&ntilde;alar lo impuro, de aislarlo y neutralizarlo; un poder por nadie conferido, pero asumido hasta el asesinato sin f&oacute;rmula de juicio. La <i>limpieza</i> pone su dedo acusatorio sobre aquel que estima fuera del curso de la vida y, sin m&aacute;s, lo arrincona y desaparece. Es la parodia de la cacer&iacute;a urbana, resonancia de los m&aacute;s brutales exterminios. El "limpiador" es un criado d&oacute;cil. Cumple su tarea animado por el sue&ntilde;o in&uacute;til de una ciudad liberada de disidencias, cuando en realidad no es sino el lacayo de la extravagancia clasista obsesionada con suprimir la pobreza eliminando lo "estorboso y feo". Chata y oscura extravagancia clasista: la totalidad de sus v&iacute;ctimas son miembros de los sectores populares, jam&aacute;s se ha emprendido nada parecido contra ladrones de cuello blanco, multimillonarios desfalcadores de las arcas estatales. La gente sabe de qu&eacute; se trata: "Dec&iacute;an que la limpieza era pa' acabar con la escoria de la sociedad"<sup><a href="#notas">35</a></sup> La tal "terap&eacute;utica" pone bien en claro el absurdo de la sociedad contempor&aacute;nea frente a su conflicto: como lo evidencian los pandilleros, los dispositivos culturales provocan exclusiones frente a las que desaparece cualquier alternativa distinta a la del asesinato y la muerte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda, la <i>limpieza</i> mueve terrores profundos. Sus formas de hostigamiento, que invitan al sepelio de los futuros sentenciados mediante carteles colgados en los postes de las calles, as&iacute; como sus fulminantes formas de operaci&oacute;n, le granjearon el lugar de enemigo feroz de las pandillas: "Dur&oacute; un tiempo que uno ve&iacute;a los avisos que invitaban al propio entierro, '&iquest;c&oacute;mo as&iacute;, no me he muerto y est&aacute;n invitando al sepelio m&iacute;o?'" En Bogot&aacute;, su incursi&oacute;n es la responsable del cambio operado en las pandillas hacia mediados de la d&eacute;cada de 1980, barriendo de tajo los antiguos parches con sus ritos y emblemas. Hoy los <i>parceros</i> no se pueden dejar identificar con claridad. Aunque su presencia local pasa por el exceso y la exposici&oacute;n p&uacute;blica, los tatuajes, los nombres y s&iacute;mbolos distintivos, las grandes agrupaciones y el amplio poder territorial de las pandillas anteriores desaparecieron. No hacerlo implica caer en la necedad de exponerse a la <i>limpia:</i> "Las pandillas de antes las tumb&oacute; la sociedad cuando decidieron hacer sus famosas limpiezas sociales, matar j&oacute;venes por estar en un grupo." Como se cuenta tambi&eacute;n en Barranquilla, "conoc&iacute; un muchacho que se pon&iacute;a una plancha caliente para borrarse el tatuaje porque lo andaba buscando la limpieza."<sup><a href="#notas">36</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las tres ciudades las operaciones tienen presencia. Lo acabamos de o&iacute;r en Barranquilla y Bogot&aacute;, igual se da en Neiva. "Me da miedo venirme de madrugada porque est&aacute; dando mucho la Mano Negra, desapareciendo gente." Los datos poco aclaran, se dispone tan s&oacute;lo de la referencia de 42% de pandillos asesinados por la limpieza en Neiva.<sup><a href="#notas">37</a></sup> A pesar de sus actuaciones, desde hace algo m&aacute;s de dos d&eacute;cadas, sus acciones permanecen recubiertas de un halo de misterio y un manto de impunidad. Su "invisibilidad" las convierte en suceso del orden de lo innombrable: los textos sobre la inseguridad y las acciones para contenerla ni siquiera las mencionan, haciendo caso omiso de una de sus estrategias preferidas, la masacre.<sup><a href="#notas">38</a></sup> En Bogot&aacute;, entre 1990 y 1996, la polic&iacute;a report&oacute; la existencia de 26 homicidios colectivos con un saldo de 129 v&iacute;ctimas; en la localidad de San Crist&oacute;bal en particular, zona de nuestra indagaci&oacute;n en la capital, un estudio especializado menciona nada m&aacute;s tres masacres, mientras Medicina Legal habla de cinco.<sup><a href="#notas">39</a></sup> Los datos resultan poco cre&iacute;bles, reducidos en comparaci&oacute;n con las historias desperdigadas entre los barrios. Los recuerdos, por cientos, los desmentir&iacute;an. Es cierto que la memoria, tan fr&aacute;gil e interesada, est&aacute; plagada de trampas; mas las an&eacute;cdotas pululan con tal fuerza que resultar&iacute;a necio no otorgarles una escucha: "Mataron como unos doce manes, otra vez mataron como a cinco, quedaron botados a las dos de la ma&ntilde;ana", se habla en Bogot&aacute;. "El a&ntilde;o pasado resultaron hartos muertos. Hubo como cinco, los dejaban en la calle o aparec&iacute;an en el hueco", se cuenta en Neiva.<sup><a href="#notas">40</a></sup> Entretanto, en Barranquilla ven&iacute;an disminuyendo sin desaparecer del todo; la sostenida presencia de los Mesa las hab&iacute;a vuelto redundantes.<sup><a href="#notas">41</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pese a que narraciones de igual tenor se escuchan en las tres ciudades, en ninguna se conoce rostro alguno de sus ejecutores. Se cuenta de la participaci&oacute;n de estos y de los otros, en medio de historias desprovistas de pruebas contundentes. Con todo, en medio de la incertidumbre, es posible detectar la participaci&oacute;n de tres tipos de actores: vecinos del barrio, organismos de seguridad del Estado, sicarios contratados para el efecto &#151;de quienes no alcanzamos a ocuparnos en este art&iacute;culo&#151;. En la pr&aacute;ctica, unos y otros se mezclan en el tiempo y las estrategias.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La participaci&oacute;n de los vecinos, en primer lugar, se produce de varias maneras. Lo hacen como autores intelectuales en complicidad con los escuadrones de seguridad del Estado. En este caso su misi&oacute;n consiste en apoyar la elaboraci&oacute;n de listas mediante la entrega de informaci&oacute;n sobre los parches y sus miembros: "En la limpieza participa la gente del barrio, tiene que hacerlo porque si no los del F2 c&oacute;mo van a saber a qui&eacute;nes hay que tumbar", se&ntilde;ala uno. "La limpieza son la misma comunidad, se organizan en una casa para decidir que acaben &eacute;ste y &eacute;ste 'porque nos est&aacute;n da&ntilde;ando la cuadra' ", ratifica otra. Ah&iacute; no se agota su papel, funcionan tambi&eacute;n como autores intelectuales contratando personas dedicadas al oficio, conectadas en sitios especiales de la ciudad que ofrecen el "servicio": "La comunidad llama gente. Saben qu&eacute; personas lo hacen y pagan para que maten", asevera el primero. "La comunidad va al centro, cogen a un man propio y le dan tanto por tantos muchachos", declara el segundo. La pregunta de qui&eacute;nes son las personas <i>de la comunidad</i> no tiene respuestas inequ&iacute;vocas, con mayor raz&oacute;n en medio de un conflicto de agigantadas proporciones. Sin embargo, casi siempre se se&ntilde;alan los miembros de las juntas de acci&oacute;n comunal. A veces act&uacute;an a t&iacute;tulo propio asumiendo la vocer&iacute;a del vecindario, otras lo hacen en arreglo con vecinos, casi siempre comerciantes con el inter&eacute;s de extirpar los <i>parches</i> que ahuyentan sus clientelas y, claro, con el dinero para sufragar el gasto: "El man de la acci&oacute;n comunal es el que m&aacute;s habla, el m&aacute;s sapo como quien dice", cuentan en Bogot&aacute;. En Neiva se comenta lo mismo: "La junta de acci&oacute;n comunal del barrio son unos sapos, no son sino gonorreas", dice uno. "Se rumora que son los mismos del barrio, los presidentes que contratan matones pa' que limpien", certifica otra.<sup><a href="#notas">42</a></sup></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a2f7.jpg"></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo protagonista de la limpieza son los organismos de seguridad estatales. Su decisivo papel es denunciado sin titubeos, pese a la inexistencia de condenados por ello: "La limpieza la conforman rayas, fuerzas especiales, polic&iacute;as especiales, hasta infiltrados en las pandillas." Resulta imposible establecer los v&iacute;nculos entre unos destacamentos y otros. La polic&iacute;a cumple su misi&oacute;n, sea en la informaci&oacute;n, sea en la ejecuci&oacute;n. Se habla de organismos especializados en la tarea, miembros de distintos cuerpos agrupados para el efecto. Se dice en Bogot&aacute;: "Hasta donde se tuvo entendido la limpieza era el DAS, los llamados Gatos, el F2 y la misma polic&iacute;a." Tambi&eacute;n en Barranquilla: "Dicen que la limpieza eran polic&iacute;as disfrazados con otros de la defensa civil." Lo mismo en Neiva: "Los que hacen eso son la Sijin. Dicen que la Mano Negra viene de Medell&iacute;n, mentiras, son ellos, sino que se cambian, se disfrazan y salen tarde la noche a matar." Los indicios abundan, las pruebas escasean. Las fuentes m&aacute;s fiables provienen tanto de vecinos pertenecientes a los cuerpos de seguridad como de <i>parceros</i> llamados a participar en el <i>trabajito.</i> Los primeros avisan la proximidad de las <i>limpiezas</i>,"gente dentro del DAS informaban cuando iban a salir a hacer limpieza, porque ac&aacute; hay gente que vive en este ambiente y le duele que les da&ntilde;en donde ellos viven". Los pandillos enrolados, por su parte, hablan de la identidad de sus contratantes: "Trabajaba con la misma polic&iacute;a en limpieza de otros barrios. Le dec&iacute;an 'hay un pelado tremendo, anda con armas matando'. Ven&iacute;a y con otros dos muchachos de la banda iban y lo mataban"<sup><a href="#notas">43</a></sup> A pesar de la contundencia de las matanzas y las evidencias de sus ejecutores la impunidad se impone. Hasta donde se tiene noticia no se ha producido ni una sola sanci&oacute;n a los responsables de las muchas incursiones de estas fuerzas: con claridad, el silencio c&oacute;mplice de las autoridades revela su participaci&oacute;n interesada.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a2f8.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las operaciones hacen acto de presencia cada determinado tiempo, con asaltos irregulares y sorpresivos: "La limpieza son por &eacute;pocas, llega a ratos, se pillan que hay hartos chinos, los bajan y se abren." Su car&aacute;cter inesperado es constante de ciudad a ciudad: "Hay temporadas que se escucha que va a hacer limpieza." A veces la polic&iacute;a las anuncia, en parte como forma de prevenci&oacute;n de sus potenciales v&iacute;ctimas, en parte con la pretensi&oacute;n de aplacar los <i>parches:</i> "Cuando los polic&iacute;as hacen raqueta dicen 'est&eacute;n en la juega, no los queremos ver por ac&aacute; porque vamos a hacer limpieza'" El ritmo de sus incursiones no sigue un patr&oacute;n fijo sino que guarda relaci&oacute;n con la temperatura de los <i>parches,</i> concentrando su acci&oacute;n en periodos cortos pero fulminantes y dirigida a las pandillas m&aacute;s <i>ajizosas:</i> "El barrio siempre vive cosas pero hay temporadas m&aacute;s fuertes, en que no se puede llegar despu&eacute;s de las ocho porque se siente el ambiente de las pandillas." Tal parece ser la conexi&oacute;n esencial, aunque las &eacute;pocas de finales de a&ntilde;o suelen ser el momento preferido: "Eso ya estaba fijo, todos los diciembres la limpieza iba y armaban la masacre."<sup><a href="#notas">44</a></sup> Incluso las <i>autolimpiezas,</i> como llam&oacute; un muchacho las defensas conformadas por vecinos, act&uacute;an con la misma l&oacute;gica de reacci&oacute;n al ascenso de la violencia pandillera, con la excepci&oacute;n de las defensas permanentes dedicadas a vigilar noche tras noche.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las listas negras encuentran sus fuentes de informaci&oacute;n en vecinos y registros policiales, aunque tambi&eacute;n se mencionan visitas de miembros de organismos especializados vestidos de civil, quienes hacen en el terreno una labor detectivesca para la ubicaci&oacute;n de los <i>parches</i> y sus ma&ntilde;as: "La limpieza son tombos de particular que llegan y fichan a los pelados" Se mencionan <i>soplones</i> infiltrados en las pandillas. Los anuncios de las limpiezas, presentes en las tres ciudades, unas veces contienen nombres &#151;l&iacute;neas arriba se ley&oacute; a un muchacho bogotano aterrado ante el adelanto en vida de su funeral&#151;, y otras simplemente se limitan a la menci&oacute;n de la acci&oacute;n que se aproxima: "En ning&uacute;n momento dicen usted y usted, dicen solamente cu&iacute;dense que van a hacer limpieza", narra alguna; "han puesto anuncios que van a hacer limpieza pero no nombran a los muchachos".<sup><a href="#notas">45</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existen diversas formas de ejecuci&oacute;n. En una, la m&aacute;s mortal, caen unos sujetos en un veh&iacute;culo <i>rociando</i> a los j&oacute;venes parados en la esquina. En Bogot&aacute; se le puso el apelativo de gato a los veh&iacute;culos empleados en esta ruin faena: "Tarde de noche ve&iacute;amos carros por ah&iacute;, los dichosos gatos los ve&iacute;a uno rondando." En Neiva se emplea el procedimiento: "All&aacute; ven un carro y arrancan a correr porque pasan en camioneta y disparan." Igual se emplean motos, en particular en Neiva, ciudad donde buena parte de la poblaci&oacute;n se desplaza en ellas: "Se escuchaba las motos cuando pasaban y los disparos, pero nadie se asomaba de miedo." El disparo r&aacute;pido no discrimina entre culpables e inocentes, como se repite hasta el cansancio: "Est&aacute;n fichados los que tienen que matar, pero si uno est&aacute; ah&iacute; pasan disparando no importa qui&eacute;n maten." En todas partes abundan las historias de muchachos sanos arrastrados en la desfortuna de estas pr&aacute;cticas: "Llegaron dos camionetas. M&aacute;s nos demoramos en verlas cuando se bajaron un poco de manes de pa&ntilde;o, sacan los tubos y nos enciendan a plomo, a mansalva al que cayera." La <i>rociada</i> no es el &uacute;nico procedimiento, asimismo se estila la ejecuci&oacute;n selectiva buscando las v&iacute;ctimas, lista en mano, apostados en lugares estrat&eacute;gicos del barrio, interrogando a cuanto muchacho se atraviese en el camino: "Estaban en la entrada de Guacamayas, preguntan a los chinos c&oacute;mo se llaman y que muestre los papeles, si es el que buscan lo bajan de una", es un caso en Bogot&aacute;. "Lleg&oacute; un carro, llam&oacute; un parcero, dispar&oacute; y lo dej&oacute; ah&iacute;; al otro d&iacute;a otro parcero y as&iacute;", es otro en Neiva. Igual sucede que la identificaci&oacute;n selectiva no concluye en el asesinato instant&aacute;neo, se prolonga en el paseo fatal por las afueras de la ciudad: "A veces se los llevan y la montan de alegr&iacute;a, los chuzan, les pegan, los pelan, les dan pata, los torturan, los matan. Se los llevan para otra parte y los dejan por all&aacute;." S&oacute;lo un milagro de la vida hace posible la posterior narraci&oacute;n de lo que acontece en un viaje de aqu&eacute;llos: "Nos llevaron pa'l botadero de do&ntilde;a Juana. Estaban encapuchados, sacaron los tubos y dijeron que iban a contar hasta tres. Corr&iacute; y empez&oacute; una balacera ni la berraca hasta que me tir&eacute; en un mont&oacute;n de basura. Me buscaron pero no me encontraron, yo ah&iacute; paralizado hasta las seis de la ma&ntilde;ana. Nunca hab&iacute;a tenido tanto miedo." S&oacute;lo en contadas ocasiones los sentenciados se le fugan a la muerte, la mayor&iacute;a de las veces los cuerpos inertes se convierten en testimonios elocuentes del terror: "A veces aparecen los muertos tirados en el paradero de las Columnas", un paraje de amplia circulaci&oacute;n y populosa concurrencia en el coraz&oacute;n de un barrio en Bogot&aacute;.<sup><a href="#notas">46</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El rasgo caracter&iacute;stico de la limpieza es su anonimato. La capucha se encarga de cubrir la identidad, acompa&ntilde;ada, entre las autodefensas, de ruana y guantes a fin de encubrir el cuerpo del victimario. Sin embargo, su principal enmascaramiento funciona con el asalto sorpresivo que, entre la velocidad, el p&aacute;nico y la amenaza, cubre la cara de sus ejecutores. En m&uacute;ltiples oportunidades la limpieza quiebra la continuidad del <i>parche,</i> "decid&iacute; retirarme cuando empec&eacute; a ver caer compa&ntilde;eros, los mataban las limpiezas". En otros casos lo debilita mediante el emplazamiento de uno de sus momentos predilectos, el de la noche: "Desde ah&iacute; no volv&iacute; a pas&aacute;rmela hasta tarde por ah&iacute;. Eso fue lo &uacute;nico que me hizo reflexionar." No obstante, en el otro extremo, genera una de las tantas espirales violentas que no dejan de sacudir a Colombia: "Los parches se integraron y cuando entraban a hacer limpieza los atacaban. Esperaban el veh&iacute;culo por tal lado, le hac&iacute;an una emboscada para hacerles sentir lo mismo que ellos sent&iacute;an." La presencia de un enemigo com&uacute;n puede hacer ceder rivalidades que de otro modo ser&iacute;an insuperables: "Si a un parche llegaba la limpieza el otro buscaba ayudarlos, as&iacute; no se quisieran como parche, siempre la uni&oacute;n porque somos del Suroriente. Cuando le hac&iacute;an da&ntilde;o a un grupo todos se pon&iacute;an de acuerdo para hacer da&ntilde;o tambi&eacute;n." De buen grado, las correr&iacute;as de las limpiezas derivan en una apuesta donde se juega la astucia y se activa la anhelada adrenalina que tanto excita la actividad pandillera: "Si uno les da la pata lo tumban, siempre y cuando lo encuentren en un lado solo para que lo puedan echar al carro sin que nadie se de cuenta, si los ve alguna persona se azaran."<sup><a href="#notas">47</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata pues de una muerte sin rostro, hundida en el turbio argumento de <i>acabar la escoria de la sociedad</i>. A lo m&aacute;s, los escuadrones de la muerte dejan huellas de su identidad mediante la colocaci&oacute;n de un cartel sobre el cuerpo inerte de la v&iacute;ctima, consignando el nombre de la organizaci&oacute;n o la frase s&iacute;ntesis de su "campa&ntilde;a". Ah&iacute; reside la diferencia entre la operaci&oacute;n de limpieza y el escuadr&oacute;n de la muerte, en la circulaci&oacute;n p&uacute;blica del acto homicida. Sus procedimientos son los mismos, aniquilan sin compasi&oacute;n envueltos en el misterio con el prop&oacute;sito de propalar el terror y el miedo; pero mientras la operaci&oacute;n no reivindica identidad ninguna, el escuadr&oacute;n, a trav&eacute;s de las se&ntilde;as con que marca la v&iacute;ctima, declara la presencia de una voluntad organizada dispuesta a abanderar una cruzada moral. De alguna manera los escuadrones fueron la forma dominante durante los primeros a&ntilde;os de aparici&oacute;n de la pr&aacute;ctica, visibles en resonantes nombres como Kankil, Cali limpia, Fuera basura; a&ntilde;os despu&eacute;s la operaci&oacute;n desprovista de rostredad se vino a convertir en el procedimiento corriente, aplicada en especial a los <i>parceros.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, en el &aacute;mbito de los j&oacute;venes poco aparecen los escuadrones de la muerte. En Neiva se menciona un grupo conocido como Mano Negra, "a veces por ah&iacute; anda la Mano Negra, andan en moto, llegan a matar y uno queda ah&iacute; tirado", pero no se escuch&oacute; nada parecido al comportamiento caracter&iacute;stico de cegar la vida dejando un rastro. En Bogot&aacute; s&iacute; se escuchan algunas narraciones donde muchachos aparec&iacute;an con las manos atadas atr&aacute;s, vencidos con un tiro de gracia y coronados con una frase reivindicando la labor de exterminio. Se cuenta de grupos con trajes distintivos y s&iacute;mbolos especiales, como una marca en la cara: "Todos vest&iacute;an de negro y se pintaban una mano en el lado izquierdo de la cara. Sembraban el terror"<sup><a href="#notas">48</a></sup> En todo caso hoy el escuadr&oacute;n es poco corriente, lo fue tiempo atr&aacute;s, abriendo paso a la forma t&iacute;pica de la operaci&oacute;n de limpieza. El paso del escuadr&oacute;n a la operaci&oacute;n en los barrios populares habla de una mutaci&oacute;n acorde con la creciente degradaci&oacute;n de la guerra en Colombia: la muerte se extiende y generaliza, sin que aparezcan autores reconocidos asumiendo su responsabilidad. Simplemente se perpetra, gesticula desde la contundencia del asesinato y la mutilaci&oacute;n, pero carece de toda habla que la conecte a las tensiones de la cultura y la tramitaci&oacute;n argumentada del conflicto.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>A MODO DE CIERRE</b></font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pandilla es una forma de habitar la ciudad. No desde cualquier lugar, sino desde la ciudad puesta en los l&iacute;mites, entre la pobreza y la marginaci&oacute;n. La pandilla brota de la miseria, no lo hace en ninguna otra condici&oacute;n social. Aunque no faltan los grupos <i>calientes</i> entre sectores medios y altos. "Hay bandas de chinos gomelitos... Les gusta tomar al piso y meter perica... sacan los fierros y se van a hacer sus vueltas", comenta alguno en Neiva.<sup><a href="#notas">49</a></sup> En Bogot&aacute; tambi&eacute;n, de vez en cuando, suena la noticia de muchachos de estrato alto comprometidos en la mezcla de consumos y actividades delictivas. El caso m&aacute;s sonado fue el de una banda barranquillera conformada por muchachos adinerados, dedicados al pillaje, hasta que las autoridades la desmantelaron. De seguro habr&aacute;n m&aacute;s ejemplos de naturaleza similar; con todo, no pasan de ser experiencias aisladas, nada parecido al fen&oacute;meno social que aflora en la mir&iacute;ada de <i>pelados azotando</i> las zonas populares seg&uacute;n revelan los datos de su difusi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los <i>parceros</i> conectan entonces con la desigualdad y la pobreza, un tema al que es preciso retornar m&aacute;s all&aacute; de la visi&oacute;n que le reduce a mero problema t&eacute;cnico, a simple asunto de inversi&oacute;n y gesti&oacute;n econ&oacute;mica. Como nadie m&aacute;s lo hace, la pandilla denuncia la exclusi&oacute;n y se&ntilde;ala la marginaci&oacute;n: su existencia m&aacute;s all&aacute; de los arreglos de la vida colectiva, protagonizada por muchachos de corta edad, ocupados en nada distinto a la esquina, &iquest;no lanza el m&aacute;s devastador interrogante sobre el proyecto cultural que encierra la ciudad? La denuncia pandillera se hace con desparpajo, como una suerte de alarido desenfadado, desprovista de discurso alguno sobre su subversi&oacute;n extrema. Los <i>parceros</i> carecen de narrativas que den cuenta de sus "fugas", de los resortes que las impulsan y las implicaciones que arrastran, limitados a contar una y otra vez sus an&eacute;cdotas a la manera de una aventura incesante. Sin embargo, su actuaci&oacute;n est&aacute; all&iacute;, desafiante, patente en los contingentes de j&oacute;venes embriagados por su oferta de poder.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a2f9.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es un h&eacute;roe urbano, una especie de v&iacute;ctima empujada por los desfavorables engranajes en que el torbellino de la vida lo par&oacute;. Frente al cuadro de la muerte colombiana ser&iacute;a injusto reivindicar cualquier forma de agencia social pre&ntilde;ada de violencia, mucho m&aacute;s si ella se realiza con la inconsciencia propia del peque&ntilde;o poder particular. Con todo, si resulta ileg&iacute;timo el intento de heroizar la pandilla, tambi&eacute;n resulta nefasta la pretensi&oacute;n de achatarla en una empobrecida expresi&oacute;n de la criminalidad. Los <i>parceros</i> delinquen, mantienen diversas formas de hurto y ejercen una violencia tenaz sobre aquel que se interpone en la satisfacci&oacute;n de sus ansias de hedonismo. No obstante, sus abusos econ&oacute;micos est&aacute;n lejos de los propios de la banda profesional y sus violencias se igualan en intensidad con las de otros tantos actores regados aqu&iacute; y all&aacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De manera que ni el h&eacute;roe ni el criminal. Entre uno y otro, m&aacute;s bien, el pandillo se erige en testimonio elocuente del desaf&iacute;o enrostrado por las turbulencias en que nace el siglo XXI: evidencia la mundializaci&oacute;n de los esquemas de identidad y sus armaduras de sentido &#151;el n&uacute;cleo duro de la experiencia pandillera se repite igual en ciudades latinoamericanas, pero tambi&eacute;n lo hace en m&uacute;ltiples rincones del planeta&#151;; mostrando uno m&aacute;s de los rostros apabullantes y siniestros de la globalizaci&oacute;n deja ver la emergencia de renovados actores y su construcci&oacute;n de un lugar en lo p&uacute;blico desde la irreductible afirmaci&oacute;n de un estilo de vida; marca las transformaciones del conflicto, ahora tantas veces envuelto entre las urgencias de la vida puramente local y cotidiana; rotula las tensiones de una era consumida entre la obsesiva b&uacute;squeda de sensualismo y la atribulada fragmentaci&oacute;n institucional. En suma, la pandilla se instituye en sujeto donde hablan las texturas de la ciudad contempor&aacute;nea. S&oacute;lo recorriendo este atajo se revela su alma, m&aacute;s all&aacute; de la horrenda costumbre de resolver el conflicto mediante el procedimiento de la muerte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las pandillas proclaman la precariedad de lo social, denuncian la escisi&oacute;n de las pr&aacute;cticas sociales y las formas de constituci&oacute;n de la identidad: por ello, los pandillos viven en un afuera, remisos a las exigencias de una vida colectiva concebida bajo la r&uacute;brica del tiempo futuro. Para el pandillero, por el contrario, el tiempo se desconecta de cualquier coordenada que est&eacute; un paso m&aacute;s all&aacute; de sus ritmos biol&oacute;gicos y sus afanes sensualistas, lejos de la regularidad social inscrita en las rutinas de estudiar, trabajar, hacer familia. No en vano lo sagrado se le agota en la m&aacute;xima del <i>territorio es sagrado</i> y no gratuitamente su ritualidad est&aacute; en la muerte, en el modo como densifican los sepelios y codifican la fidelidad a sus muertos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Empero, la misma pulverizaci&oacute;n de lo social revelada por el pandillero desde abajo, desde el barrio de miseria, la patentizan desde arriba las defensas urbanas y las operaciones de limpieza. Ya las m&uacute;ltiples formas de movilizaci&oacute;n de los vecinos, desde la queja desesperada hasta la avanzada de los <i>encapuchados,</i> ponen al descubierto la precariedad de la mediaci&oacute;n social en la construcci&oacute;n de la m&aacute;s elemental convivencia. Pero ser&aacute; frente a la operaci&oacute;n de limpieza que lo instituido estalle en pedazos. Ante sus sanguinarios procederes recubiertos de mutismo &#151;el silencio que arrastran sus ejecutores pero tambi&eacute;n el silencio de la autoridad respecto a su actuaci&oacute;n&#151;, la cultura y el s&iacute;mbolo ceden aniquilados ante la abdicaci&oacute;n de un andamiaje institucional que ha renunciado a la fibra m&aacute;s &iacute;ntima de su fundamento.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pandilla y la <i>limpieza</i> son adversarias en las guerras de pavimento, pero id&eacute;nticas y paralelas en sus formas de desciframiento. Ambas se alimentan de una institucionalidad de la que, no obstante, permanecen al margen, convertidas en formas par&aacute;sitas de lo social. Las dos carecen de alg&uacute;n discurso legitimatorio de su existencia y su accionar: son el cuerpo social en marcha desprovisto de signo alguno que no sea su imposici&oacute;n de m&aacute;quina de guerra. Frente a ellas la cultura se detiene vacilante y muda, pese a que ambas develan, como nadie m&aacute;s lo hace, el abismo sobre el que se erige la vida colectiva en la ciudad. Los unos ensa&ntilde;ados con los vecinos, los otros con los j&oacute;venes, arrancan a la convivencia y la justicia su m&aacute;s elemental p&aacute;lpito &eacute;tico. A cambio de ello las hablas de unos y otros se hunden en la administraci&oacute;n del miedo, gozosos de su condici&oacute;n de artefactos de provocaci&oacute;n del p&aacute;nico urbano.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Andrade, Xavier, 1994, "Violencia y vida cotidiana", en Julio Echeverr&iacute;a y Amparo Men&eacute;ndez, <i>Violencia en la regi&oacute;n andina. El caso de Ecuador,</i> Flacso, Quito.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662128&pid=S1607-050X200400010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bourgois, Philippe, 1995, <i>In Search of Respect. Selling Crack in El Barrio,</i> Cambridge University Press, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662130&pid=S1607-050X200400010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Brice&ntilde;o&#45;Le&oacute;n, Roberto, 2003,en <i>Memorias del seminario "J&oacute;venes y polic&iacute;as en Latinoam&eacute;rica",</i> 2 y 3 de diciembre de 2002, CLACSO, Quito, en prensa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662132&pid=S1607-050X200400010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Castillo, H&eacute;ctor, Sergio Zerme&ntilde;o y Alicia Ziccardi, 1988, <i>Juventud popular y bandas en la ciudad de M&eacute;xico,</i> M&eacute;xico, mime&oacute;grafo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662134&pid=S1607-050X200400010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chabedi, Mark, 2002, <i>Destin&#45;LSE. Crisis States Programme's. Second International Wokshop,</i> 23&#45;24 de abril, Bogot&aacute;, mime&oacute;grafo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662136&pid=S1607-050X200400010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Comuna 8, s.f., <i>Informes locales al Concejo de Neiva,</i> mime&oacute;grafo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662138&pid=S1607-050X200400010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DANE, 1993, <i>Encuesta nacional de calidad de vida,</i> Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662140&pid=S1607-050X200400010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1995, <i>Encuesta nacional de calidad de vida,</i> Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662142&pid=S1607-050X200400010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Equipo de Reflexi&oacute;n, Investigaci&oacute;n y Comunicaci&oacute;n (ERIC) de Honduras, Instituto de Encuestas y Sondeo de Opini&oacute;n (IDESO) de Nicaragua, Instituto de Investigaciones Econ&oacute;micas y Sociales (IDIES) de Guatemala e Instituto Universitario de Opini&oacute;n P&uacute;blica (IUDOP) de El Salvador, 2001, <i>Maras y pandillas en Centroam&eacute;rica,</i> Uca, Managua.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662144&pid=S1607-050X200400010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Formar Ciudad, 1995, <i>Plan de desarrollo econ&oacute;mico, social y de obras p&uacute;blicas para Santa Fe de Bogot&aacute;.</i> 1995&#45;1998, decreto n&uacute;m. 295, 1 de junio.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662146&pid=S1607-050X200400010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fundaci&oacute;n Social Barranquilla, 1998, <i>Barranquilla: en busca de una segunda oportunidad sobre la tierra,</i> Fundaci&oacute;n Social, Barranquilla.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662148&pid=S1607-050X200400010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Funke, Hajo, 2000, "Desintegraci&oacute;n social, extremismo de derecha y violencia xen&oacute;foba en Alemania", en <i>Globalizaci&oacute;n de la violencia,</i> Colibr&iacute;, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662150&pid=S1607-050X200400010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garc&iacute;a, Carlos Iv&aacute;n, 1998, <i>En alg&uacute;n lugar parcharemos. Normas y valores de los parches de la localidad 11,</i> Observatorio de Cultura Urbana&#45;Tercer Mundo, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662152&pid=S1607-050X200400010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gomezjara, Francisco, <i>et al.,</i> 1987, <i>Las bandas en tiempos de crisis,</i> Nueva Sociolog&iacute;a, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662154&pid=S1607-050X200400010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gonz&aacute;lez&#45;Placencia, Luis, 1999, <i>La inseguridad subjetiva en la Ciudad de M&eacute;xico. Estudio exploratorio acerca de la actitud de los capitalinos frente a la seguridad p&uacute;blica en el Distrito Federal,</i> Fundaci&oacute;n Rafael Preciado Hern&aacute;ndez&#45;Estudios de Seguridad, Justicia y Derechos Humanos, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662156&pid=S1607-050X200400010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gou&euml;set, Vincent, 1998, <i>Bogot&aacute;: Nacimiento de una metr&oacute;poli. La originalidad del proceso de concentraci&oacute;n urbana en Colombia en el siglo XX,</i> Tercer Mundo&#45;Observatorio de Cultura Urbana&#45;Cenac&#45;Ifea&#45;Fedevivienda, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662158&pid=S1607-050X200400010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Homies Unidos&#45;Instituto Universitario de Opini&oacute;n P&uacute;blica&#45;Radda Barnen de Suecia&#45;Save the Children, 1998, <i>Solidaridad y violencia en las pandillas del gran San Salvador,</i> Uca, San Salvador.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662160&pid=S1607-050X200400010000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, 1992&#45;2000.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kennedy, David, Anthony Braga y Anne Piehl, 2003,"Reducing Gun Violence. The Boston Gun Project's Operation Cease Fire", en Mar&iacute;a Victoria Llorente y Mauricio Rubio, <i>Elementos para una criminolog&iacute;a local,</i> Alcald&iacute;a Mayor de Bogot&aacute;, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662163&pid=S1607-050X200400010000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Le&oacute;n, Fabricio, 1984, <i>La banda, el concejo y otros panchos,</i> Grijalbo, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662165&pid=S1607-050X200400010000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Liebel, Manfred, 2002, <i>Pandillas juveniles en Centroam&eacute;rica o la dif&iacute;cil b&uacute;squeda de la justicia en una sociedad violenta,</i> mime&oacute;grafo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662167&pid=S1607-050X200400010000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Medina, Carlos, 1990, <i>Autodefensas, paramilitares y narcotr&aacute;fico en Colombia,</i> Documentos period&iacute;sticos, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662169&pid=S1607-050X200400010000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Monod, Jean, 2002, <i>Los barjots. Etnolog&iacute;a de bandas juveniles,</i> Ariel Social, Barcelona</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662171&pid=S1607-050X200400010000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Observatorio de Cultura Urbana, 1977, <i>Seguridad y violencia en Santaf&eacute; de Bogot&aacute;,</i> Instituto Distrital de Cultura y Turismo, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662172&pid=S1607-050X200400010000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ortiz, Carlos Miguel, 1985, <i>Estado y subversi&oacute;n. La violencia en el Quind&iacute;o, a&ntilde;os 50,</i> Cerec&#45;Cider, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662174&pid=S1607-050X200400010000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Perea, Carlos Mario, 1996, <i>Juventud, cultura y narcotr&aacute;fico. Dos estudios de caso: Tello y Bogot&aacute;,</i> Banco Mundial&#45;Viceministerio de la Juventud, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662176&pid=S1607-050X200400010000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2003, "El que la debe la paga. Pandillas y violencias en Colombia", en <i>Memorias del seminario "J&oacute;venes y polic&iacute;as en Latinoam&eacute;rica",</i> 2 y 3 de diciembre de 2002, CLACSO, Quito, en prensa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662178&pid=S1607-050X200400010000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;rez, Diego, y Marco Ra&uacute;l Mej&iacute;a, 1996, <i>De calles, parches, galladas y escuelas,</i> Centro de Investigaci&oacute;n y Educaci&oacute;n Popular (CINEP), Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662180&pid=S1607-050X200400010000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pizarro, Eduardo, 1996, <i>Insurgencia sin revoluci&oacute;n. La guerrilla en Colombia en una perspectiva comparada,</i> Tercer Mundo&#45;Iepri, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662182&pid=S1607-050X200400010000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por la Bogot&aacute; que queremos, 1998, <i>Plan de desarrollo econ&oacute;mico, social y de obras p&uacute;blicas. 1998&#45;2001,</i> acuerdo n&uacute;m. 06,8 de junio.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662184&pid=S1607-050X200400010000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Reguillo, Rossana, 1995, <i>En la calle otra vez. Las bandas: identidad urbana y usos de la comunicaci&oacute;n,</i> Iteso, Guadalajara.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662186&pid=S1607-050X200400010000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Roch&eacute;, Sebasti&aacute;n, 2003, "La estabilidad del crimen en Francia: Violencia juvenil, respuestas p&uacute;blicas", en Mar&iacute;a Victoria Llorente y Mauricio Rubio, <i>Elementos para una criminolog&iacute;a local,</i> Alcald&iacute;a Mayor de Bogot&aacute;, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662188&pid=S1607-050X200400010000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rojas, Camilo, 1996, <i>La violencia llamada limpieza social,</i> CINEP, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662190&pid=S1607-050X200400010000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rodgers, Dennis, 2000, <i>Living in the Shadow or Death: Violence, Pandillas and Social Disintegration in Contemporary Urban Nicaragua,</i> tesis doctoral, Cambridge, Londres, mime&oacute;grafo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662192&pid=S1607-050X200400010000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2002, "Dying for It: Youth Gangsterism in Urban Nicaragua, 1997&#45;2002", en <i>Destin&#45;LSE. Crisis States Programme's. Second International Wokshop,</i> 23&#45;24 de abril, Bogot&aacute;, mime&oacute;grafo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662194&pid=S1607-050X200400010000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Romero, Mauricio, 2000, "Democratizacion pol&iacute;tica y contrarreforma paramilitar en Colombia", en <i>Violencia colectiva en los pa&iacute;ses andinos,</i> Bulletin de L'Institut Fran&ccedil;ais d'&Eacute;tudes Andines, t. 29, n&uacute;m. 3, 2001, Instituto de Estudios Andinos (Ifea), Lima.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662196&pid=S1607-050X200400010000200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Salazar, Alonso, 1990, <i>No nacimos pa semilla,</i> Regi&oacute;n&#45;CINEP, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662198&pid=S1607-050X200400010000200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; y Ana Mar&iacute;a Jaramillo, 1992, <i>Medell&iacute;n. Las subculturas del narcotr&aacute;fico,</i> CINEP, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662200&pid=S1607-050X200400010000200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Santacruz, Mar&iacute;a, y Concha Alberto, 2001, <i>Barrio adentro. La solidaridad violenta de las pandillas,</i> Instituto Universitario de Opini&oacute;n P&uacute;blica, San Salvador.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662202&pid=S1607-050X200400010000200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Segovia Guillermo, 1994, <i>La violencia en Santaf&eacute; de Bogot&aacute;,</i> Ecoe, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662204&pid=S1607-050X200400010000200039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Subdelegaci&oacute;n de Desarrollo Social, 1987, <i>Informe de investigaci&oacute;n,</i> delegaci&oacute;n &Aacute;lvaro Obreg&oacute;n, M&eacute;xico, mime&oacute;grafo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662206&pid=S1607-050X200400010000200040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">T&eacute;llez, Mireya, 1995, <i>Las milicias populares. Otra expresi&oacute;n de la violencia social en Colombia,</i> Rodr&iacute;guez Quito, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662208&pid=S1607-050X200400010000200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uribe, Mar&iacute;a Victoria, 1990, <i>Matar, rematar y contramatar. Las masacres de la violencia en el Tolima. 1948&#45;1964,</i> CINEP, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662210&pid=S1607-050X200400010000200042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; y Te&oacute;filo Rojas, 1996, <i>Enterrar y callar,</i> Comit&eacute; Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662212&pid=S1607-050X200400010000200043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Urteaga, Maritza, 2000, "Formas de agregaci&oacute;n juvenil", en Jos&eacute; Antonio P&eacute;rez Islas (coord.), <i>J&oacute;venes: una evaluaci&oacute;n del conocimiento. La investigaci&oacute;n sobre juventud en M&eacute;xico, 1986&#45;1999,</i> vol. II, Instituto Mexicano de la Juventud, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662214&pid=S1607-050X200400010000200044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Valenzuela, Jos&eacute;, 1988, <i>&iexcl;A la brava ese!,</i> El Colegio de la Frontera Norte, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662216&pid=S1607-050X200400010000200045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Whyte, William, 1971, <i>La sociedad de las esquinas,</i> Diana, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2662218&pid=S1607-050X200400010000200046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"><b>Notas</b></a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> El n&uacute;cleo duro de la pandilla hace referencia a la mezcla de juventud, tiempo paralelo y territorio dominado: la pandilla es una experiencia juvenil que rompe los ritmos de la vida corriente &#151;se la pasan de d&iacute;a entero en la esquina, ajenos a cualquier actividad socialmente productiva&#151;, sobre la base de dominar un territorio. Tal n&uacute;cleo duro se encuentra regado por el mundo, m&aacute;s la forma e intensidad de su presencia y dominio se modelan en funci&oacute;n del pa&iacute;s y la ciudad donde viven.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> En Alemania asume formas neonazis, Funke (2000). En Francia, la pel&iacute;cula <i>El odio</i> retrata los inmigrantes norafricanos. Para una mirada anterior de las pandillas francesas, v&eacute;ase el cl&aacute;sico libro de Monod (2002) y una reciente en Roch&eacute; (2003). Respecto a Estados Unidos, en lo que se refiere a las pandillas de la ciudad de Los &Aacute;ngeles, v&eacute;ase Bourgois (1995) y de Boston, Kennedy, Braga y Piehl (2003). Un cl&aacute;sico de los estudios de la escuela de Chicago, en Whyte (1971).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Chabedi (2002).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Sobre Centroam&eacute;rica hay una rica producci&oacute;n cuyo mejor texto es Equipo de Reflexi&oacute;n y colaboradores (2001), donde se contemplan El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua. Adem&aacute;s, sobre El Salvador v&eacute;ase Homies Unidos y colaboradores (1998) y Santacruz y Concha (2001); sobre Nicaragua, Rodgers (2002 y 2000) y Liebel (2002).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Hacia comienzos del siglo XXI la situaci&oacute;n de M&eacute;xico y sus pandillas se ha transformado de manera notable. Los chavos bandas, como se les llama, dejaron de ser un fen&oacute;meno masivo regado en los barrios populares; ahora se da una compleja conexi&oacute;n entre los j&oacute;venes, la criminalidad organizada y los organismos de seguridad del Estado. Literatura sobre los primeros chavos banda puede verse en Le&oacute;n (1984), Gomezjara <i>et al.</i> (1987), Subdelegaci&oacute;n de Desarrollo Social (1987), Castillo, Zerme&ntilde;o y Ziccardi (1988); una investigaci&oacute;n m&aacute;s reciente es la de Urteaga (2000). Asimismo, est&aacute; el trabajo sobre comunicaci&oacute;n de Reguillo (1991) y el de los pachuchos de Valenzuela (1988).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Sobre Ecuador v&eacute;ase Andrade (1994). Un texto que trata el fen&oacute;meno en varios pa&iacute;ses es el de Brice&ntilde;o&#45;Le&oacute;n (2003), donde se relatan experiencias pandilleras de Brasil, Ecuador, Venezuela, El Salvador y Colombia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Colombia es el pa&iacute;s latinoamericano que goz&oacute; de un desarrollo paralelo de cuatro ciudades, en contraste con el agigantado crecimiento de una sola, como es el caso extremo de la ciudad de M&eacute;xico. Que la tendencia se viene revirtiendo desde los a&ntilde;os 1970, lo muestra la crisis en Medell&iacute;n, Cali y Barranquilla. Una rica discusi&oacute;n al respecto puede verse en Gou&euml;set (1998).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> En las tres ciudades se seleccion&oacute; una zona popular con elevados niveles de conflicto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> DANE (1995).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> DANE (1995).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> <i>Caballo,</i> Neiva, p. 9. Los nombres de los parceros han sido cambiados por razones de seguridad. Las frases entrecomilladas corresponden a textos literales extra&iacute;dos de sus historias de vida. Estas historias no est&aacute;n publicadas pero se encuentran archivadas en la biblioteca del Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia. <i>Parche</i> es la palabra con la que los mismos pandillos designan la pandilla y <i>parcero</i> es el compa&ntilde;ero; <i>sapo</i> es un sopl&oacute;n, un "madrina"; <i>paracos</i> es paramilitares, un ej&eacute;rcito de enorme fuerza en Colombia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Su robo es b&aacute;sicamente el atraco callejero, el saqueo de casas y el asalto a comercios menores; sus relaciones con el crimen organizado son espor&aacute;dicas y no tienen v&iacute;nculo con muchas otras formas, como la criminalidad de cuello blanco. De igual modo entre los a&ntilde;os de 1994 y 2000 en Barranquilla, Neiva y Bogot&aacute; &#151;las tres ciudades de nuestro inter&eacute;s&#151;, los j&oacute;venes de 15 a 24 a&ntilde;os cometieron 32% de los homicidios mientras que los adultos de entre 25 y 34 a&ntilde;os cargaron con 30%. Medicina Legal y Ciencias Forenses.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Este art&iacute;culo forma parte de un libro en marcha. No pretende dar una visi&oacute;n panor&aacute;mica de las pandillas colombianas sino tocar un punto en particular: los enemigos de las pandillas y sus acciones. La importancia pol&iacute;tica de ello est&aacute; fuera de toda duda.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> <i>An&iacute;bal,</i> Barranquilla, p. 8; Oso,Neiva, p. 35.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Oso, Neiva, p. 35; <i>Mechete,</i> Barranquilla, p. 9; <i>An&iacute;bal,</i> Barranquilla, p. 13. La <i>berraca</i> es una pelea fuerte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> La primera y tercera frases son de <i>Gomelo,</i> Neiva, p. 13; la segunda de <i>Mechete,</i> Barranquilla, p. 14. <i>Lo pegamos firme</i> es un buen robo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup><sup></sup><i> Olimpa,</i> Neiva, p. 2; <i>Mundano,</i> Neiva, p. 61. <i>Lo explotaban</i> es disparar el rev&oacute;lver.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> <i>Yepes,</i> Barranquilla, p. 16.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> <i>Mundano, Neiva,</i> p. 58;<i>Richard,</i> Bogot&aacute;,p. 35; <i>Bernardo,</i>Bogot&aacute;, p. 20. <i>Cucho</i> es adulto; <i>recocha</i> es molestar y hacer ruido; <i>fierro</i> es arma de fuego; <i>bareta</i> es marihuana, mota.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> <i>Caballo,</i> Neiva, p. 16; <i>Olimpa,</i> Neiva, p. 16.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Los informes locales ante el Concejo en Comuna 8 (s.f.).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> La primera y la tercera cita son de Olimpa,Neiva, p. 10 y 8; la segunda y la quinta de <i>Gomelo</i>,Neiva,p. 18 y 13; la cuarta de <i>Yepes,</i> Barranquilla, p. 16.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> <i>Yepes,</i> Barranquilla, p. 16.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> Un trabajo sobre diversas facciones armadas durante la violencia de mediados de siglo, entre otras, las autodefensas, v&eacute;ase en Ortiz (1985).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> Pizarro (1996).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup> Sobre la primera formaci&oacute;n de las autodefensas actuales en el Magdalena Medio v&eacute;ase Medina (1990). Una historia reciente puede consultarse en Romero (2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup> Hasta el d&iacute;a de hoy la ley no ha sufrido modificaci&oacute;n legal, pero el tema de su renovada legitimaci&oacute;n ha estado siempre presente, m&aacute;s con el proyecto de ciudadanos informantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup> T&eacute;llez (1995).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup> En Barranquilla tambi&eacute;n hubo encapuchados hacia finales de los a&ntilde;os 1980 y principios de los 1990. En Neiva, igual, proliferaron durante una &eacute;poca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup> <i>Richard,</i> Bogot&aacute;, p. 35; <i>Efra&iacute;n,</i> Bogot&aacute;, p. 12. <i>Tumbar</i> es matar; <i>sano</i> es un joven no metido en nada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup> <i>Mechete,</i> Barranquilla, p. 10 y 11; <i>Faustino,</i> Barranquilla, p. 5. <i>Boletearse</i> es hacerse notorio; <i>dar candela</i> es disparar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup> <i>Faustino</i>,p.5; <i>Pendenciero</i>,pp.12 y 14; An&oacute;nimo por razones de seguridad; <i>Mechete</i>,p. 11; <i>Furtivo</i>,p. 12. Todos son de Barranquilla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup> Sobre las masacres de mediados del siglo XX v&eacute;ase Uribe (1990); sobre las de tiempos recientes, Uribe y Rojas (1998).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup> La ciudad donde primero se escuch&oacute; de los escuadrones de la muerte fue Pereira. V&eacute;ase Rojas (1996).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35</sup> <i>Robin,</i> Bogot&aacute;, p. 18.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>36</sup> <i>Robin,</i> Bogot&aacute;, pp. 38 y 18; <i>Faustino,</i> Barranquilla, p. 2.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>37</sup> No se pudo establecer un dato sistem&aacute;tico en Bogot&aacute; y Barranquilla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>38</sup> Observatorio de Cultura Urbana (1997). Lo mismo sucede en la prensa, donde las operaciones casi ni aparecen. Al respecto v&eacute;ase P&eacute;rez y Mej&iacute;a (1996: 152). La resistencia de la polic&iacute;a de la localidad de Suba a nombrar el hecho aparece en Garc&iacute;a (1998).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>39</sup> En los registros de la Polic&iacute;a Nacional los datos sobre masacres aparecen discriminados apenas desde 1990. El estudio especializado de Rojas (1996: 28) habla a partir de una exploraci&oacute;n de la prensa. Segovia (1994) transcribe varios art&iacute;culos period&iacute;sticos al respecto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>40</sup> <i>Jaime,</i> Bogot&aacute;, p. 12; <i>Eleonora,</i> Neiva, p. 11.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>41</sup> La afirmaci&oacute;n vale para el momento de finalizaci&oacute;n de nuestro trabajo de campo, a comienzos de 2003. La formidable incursi&oacute;n del paramilitarismo en las ciudades, justo de ese momento en adelante, arroja todos los indicios de la reaparici&oacute;n y auge de las operaciones de limpieza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>42</sup> <i>Richard,p.</i> 35; <i>Gladys,p.</i> 12; <i>Hernando,p.</i> 6; <i>Efra&iacute;n,p.</i> 28; <i>Caballo</i>, Neiva, p. 14; <i>Eleonora</i>, Neiva,p. 11.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>43</sup> <i>Yeison,</i> Bogot&aacute;, p. 77; <i>Robin,</i> Bogot&aacute;, p. 24, <i>Faustino,</i> Barranquilla, p. 2; <i>Parcerito</i>,Neiva,p. 12; <i>Pendenciero,</i> Barranquilla, p. 13. <i>Raya</i> es detective estatal; las siglas son cuerpos de seguridad del Estado.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>44</sup> <i>Gertrudis</i>,Neiva,pp. 22 y 14; <i>Tico,</i> Bogot&aacute;, p. 69; <i>Humberto,</i> Bogot&aacute;, p. 35; <i>John,</i> Bogot&aacute;, p. 41.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>45</sup> <i>Tico,</i> Bogot&aacute;, p. 69; <i>Gertrudis,</i> Neiva, p. 14; <i>Eleonora,</i> Neiva, p. 11. <i>Tombo</i> es polic&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>46</sup> <i>Robin,</i> Bogot&aacute;, p. 32; <i>Mundano</i>,Neiva,p. 74; <i>Eleonora</i>,Neiva,p. 11; <i>Niche,</i> Bogot&aacute;, p. 12; <i>Tico,</i> Bogot&aacute;, p. 70; <i>Gertrudis</i>,Neiva,p. 16; <i>Caballo,</i> Neiva, p. 13; <i>Niche,</i> Bogot&aacute;, p. 33; <i>John,</i> Bogot&aacute;, p. 38. <i>Tubo</i> es arma de fuego.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>47</sup> Las dos primeras frases son de <i>Robin,</i> Bogot&aacute;, p. 24; <i>Parcerito,</i> Neiva, p. 12.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>48</sup> <i>Sonrisa,</i> Neiva, p. 12; <i>Bernardo,</i> Bogot&aacute;, p. 35.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>49</sup> <i>Parcerito,Neiva,</i> p.15. <i>Fierro</i> es arma.</font></p>      	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>INFORMACI&Oacute;N SOBRE EL AUTOR</b></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Carlos Mario Perea Restrepo.</b> Historiador, profesor invitado de la Universidad de la Ciudad de M&eacute;xico, profesor asociado del Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia. Autor del libro Porque la sangre es esp&iacute;ritu. Imaginario y discurso pol&iacute;tico en Colombia.</font></p>      ]]></body><back>
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