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<publisher-name><![CDATA[Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los derechos reproductivos y los hombres: El debate pendiente]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The recent boom in studies on masculinity in Mexico has led to key themes in feminist discourse, such as reproduction rights, now becoming a matter for reflection in the case of males. However, it is necessary to consider the coordinates of a generic order which provides the means of identifying the characteristics of these masculine rights by virtue of biological differences, asymmetry of power regarding women, and according to social position of each at the material and symbolic level.Although the topic is just starting to be debated in Mexico, an in-depth analysis is lacking on what it means to incorporate the subject of reproduction rights into the debate on masculinity and men. The few efforts which exist often stem from a restricted conception of reproduction rights, mechanically shifting women's demands to men; they do not take into account the fact that the reproduction processes take place in women's bodies, they omit the impact of the positions of power between men and women.They propose a voluntaristic vision of males and are not aware of the role of institutions in these processes.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Esquinas</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Los derechos reproductivos y los hombres. El debate pendiente</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Elsa S. Guevara Ruise&ntilde;or</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>UNAM Zaragoza.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El reciente auge en los estudios de la masculinidad en M&eacute;xico, ha dado como consecuencia que temas claves dentro del discurso feminista como el de los derechos reproductivos sean ahora motivo de reflexi&oacute;n para el caso de los varones; sin embargo, hace falta considerar las coordenadas de un orden gen&eacute;rico que permita identificar cu&aacute;les caracter&iacute;sticas adquieren estos derechos en los varones en virtud de la diferencia biol&oacute;gica, de las asimetr&iacute;as de poder con respecto a las mujeres y en funci&oacute;n de la posici&oacute;n social de unos y otras en el plano material y simb&oacute;lico. Si bien en nuestro pa&iacute;s el tema apenas empieza a ser debatido, ha faltado un an&aacute;lisis de fondo sobre lo que significa incorporar el tema de los derechos reproductivos al debate sobre las masculinidades y los hombres. Los pocos esfuerzos que existen parten con frecuencia de una concepci&oacute;n restringida de derechos reproductivos, trasladan mec&aacute;nicamente a los hombres las demandas de las mujeres, no toman en cuenta que los procesos reproductivos se gestan en los cuerpos de las mujeres, omiten el impacto de las posiciones de poder entre hombres y mujeres, plantean una visi&oacute;n voluntarista de los varones y desconocen el papel de las instituciones en estos procesos.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">The recent boom in studies on masculinity in Mexico has led to key themes in feminist discourse, such as reproduction rights, now becoming a matter for reflection in the case of males. However, it is necessary to consider the coordinates of a generic order which provides the means of identifying the characteristics of these masculine rights by virtue of biological differences, asymmetry of power regarding women, and according to social position of each at the material and symbolic level.Although the topic is just starting to be debated in Mexico, an in&#45;depth analysis is lacking on what it means to incorporate the subject of reproduction rights into the debate on masculinity and men. The few efforts which exist often stem from a restricted conception of reproduction rights, mechanically shifting women's demands to men; they do not take into account the fact that the reproduction processes take place in women's bodies, they omit the impact of the positions of power between men and women.They propose a voluntaristic vision of males and are not aware of the role of institutions in these processes.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El reciente auge en los estudios de la masculinidad en M&eacute;xico, ha tra&iacute;do como consecuencia que temas claves dentro del discurso feminista como el de los derechos reproductivos sean ahora motivo de reflexi&oacute;n para el caso de los varones. Si los derechos reproductivos son parte constitutiva de los derechos humanos, se dice, entonces no se debe hablar s&oacute;lo de aquellos que competen a las mujeres sino tambi&eacute;n a los hombres. Esta observaci&oacute;n, incuestionable de principio, obliga a considerar la relaci&oacute;n entre distintos sujetos de derecho y los dilemas que suponen las prerrogativas de que goza cada uno, pues si bien no existe duda de que en la relaci&oacute;n entre los individuos y el Estado, u otras instancias de regulaci&oacute;n social como el mercado o la Iglesia, los hombres pueden sustentar sus demandas en los mismos principios que las mujeres, tambi&eacute;n es necesario considerar las coordenadas de un orden gen&eacute;rico que permita identificar cu&aacute;les caracter&iacute;sticas adquieren estos derechos en los varones, en virtud de la diferencia biol&oacute;gica, de las asimetr&iacute;as de poder con respecto a las mujeres y en funci&oacute;n de la posici&oacute;n social de unos y otras en el plano material y simb&oacute;lico. Adem&aacute;s lleva a pensar c&oacute;mo es posible ejercerlos sin que esto se constituya en un contrapeso a los derechos de las mujeres, en especial si consideramos que hasta ahora los movimientos pro&#45;derechos de los hombres en pa&iacute;ses como Estados Unidos son altamente conservadores, de tal modo que han utilizado el tema de los derechos como una estrategia pol&iacute;tica para revertir los avances logrados por las mujeres en este &aacute;mbito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En nuestro pa&iacute;s el tema apenas empieza a ser debatido, pero ocurre en un contexto marcado por el avance de los grupos conservadores<sup><a href="#notas">1</a></sup> quienes siempre se han opuesto a la libre determinaci&oacute;n de las personas para decidir sobre sus procesos reproductivos. Sin embargo, recientemente empiezan a utilizar el discurso de los derechos para reclamar la paternidad de los hombres en los casos en que las mujeres decidan abortar o bien para defender el orden patriarcal de la familia, incluso se han planteado campa&ntilde;as de paternidad para contrarrestar las demandas de despenalizaci&oacute;n del aborto. As&iacute;, hablar de los derechos reproductivos de los hombres puede abonar el terreno de la intolerancia si no se aborda el tema con la rigurosidad te&oacute;rica que requiere y se toma en cuenta el potencial pol&iacute;tico de estos conceptos. Para ello es necesario abrir el debate sobre los diferentes v&iacute;nculos presentes en el tema de los derechos reproductivos y los hombres, puesto que &eacute;ste no es s&oacute;lo un asunto de inclusi&oacute;n sino que involucra importantes coordenadas &eacute;ticas y pol&iacute;ticas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien tanto en la academia como en las ONG de hombres y mujeres hay amplias coincidencias respecto a reivindicar el derecho de las mujeres para decidir sobre sus procesos reproductivos, ha faltado un an&aacute;lisis de fondo sobre lo que significa incorporar el tema de los derechos reproductivos al debate sobre las masculinidades y los hombres. Los pocos esfuerzos que existen parten con frecuencia de una concepci&oacute;n restringida de derechos reproductivos, trasladan mec&aacute;nicamente a los hombres las demandas de las mujeres, no toman en cuenta que los procesos reproductivos se gestan en los cuerpos de las mujeres, omiten el impacto de las posiciones de poder entre hombres y mujeres, plantean una visi&oacute;n voluntarista de los varones, desconocen el papel de las instituciones como la Iglesia, la familia o el mercado para limitar el ejercicio de los derechos reproductivos e ignoran las dimensiones &eacute;ticas y pol&iacute;ticas que subyacen a estos procesos. Adem&aacute;s, es frecuente encontrar una confusi&oacute;n respecto al &aacute;mbito propio de los derechos reproductivos en los hombres. As&iacute; en ocasiones se encuentran diluidos en demandas m&aacute;s amplias sobre salud reproductiva, confundidos con los derechos sexuales, circunscritos a &aacute;mbitos muy reducidos como el de la coitalidad o remitidos a espacios que borran de la agenda a las mujeres, como ciertas propuestas sobre paternidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello, la reflexi&oacute;n sobre el tema requiere abordar cuando menos tres puntos claves en el debate: por una parte, precisar los alcances y significados del concepto de derechos reproductivos por la otra, destacar la importancia de considerar las pr&aacute;cticas sexuales y reproductivas de los hombres como factores claves para obstaculizar o facilitar el ejercicio de los derechos reproductivos de las mujeres y, finalmente, identificar cu&aacute;les son los ejes de an&aacute;lisis que deben tomarse en cuenta cuando se habla de los hombres como titulares de sus propios derechos reproductivos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LOS DERECHOS REPRODUCTIVOS. LOS PROBLEMAS DE INTERPRETACI&Oacute;N</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Precisar conceptualmente lo que significa hablar de derechos reproductivos no es s&oacute;lo una exigencia acad&eacute;mica, es tambi&eacute;n un recurso fundamental en la arena pol&iacute;tica donde la disputa por los significados se vuelve parte central de las batallas en los procesos de legitimaci&oacute;n. Con frecuencia se vac&iacute;a de contenido a conceptos claves, se silencia ciertos componentes, se simplifican sus alcances o se les subsume bajo otros conceptos considerados "pol&iacute;ticamente m&aacute;s correctos" a fin de limar sus aristas m&aacute;s filosas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia del concepto de salud reproductiva que surge en la convergencia de los aparatos institucionales y los movimientos de mujeres, el concepto de derechos reproductivos se ubica en el marco no institucional que inicia en la lucha por el aborto y la anticoncepci&oacute;n en los pa&iacute;ses desarrollados, cuya primera instancia de legitimaci&oacute;n fue un encuentro internacional feminista relativamente marginal realizado en Amsterdam en 1984.<sup><a href="#notas">2</a></sup> El concepto fue refinado en colaboraci&oacute;n con activistas e investigadores en el campo de los derechos humanos en los siguientes a&ntilde;os, legitimado en Viena en 1993 y retomado en las conferencias subsecuentes de las Naciones Unidas. Sin embargo, las ideas de integridad corporal y autodeterminaci&oacute;n sexual datan de 1830 cuando en c&iacute;rculos feministas y socialistas en Inglaterra se defend&iacute;a el reconocimiento de las mujeres como agentes morales con proyectos y objetivos propios. El potencial pol&iacute;tico de este concepto se encuentra en su car&aacute;cter subversivo respecto a las asimetr&iacute;as de poder, presentes tanto en las relaciones entre individuos como entre individuos e instituciones, puesto que tener derechos presume siempre un reequilibrio en las relaciones de poder y un horizonte que apunta hacia la justicia y el empoderamiento (Correa, 1996).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/desacatos/n11/a7i1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En M&eacute;xico el concepto de derechos reproductivos es reciente, pero las premisas que dan contenido a este concepto datan de mucho tiempo atr&aacute;s cuando las mujeres empiezan a reclamar derechos civiles y pol&iacute;ticos que les permitieran tomar decisiones sobre sus procesos reproductivos al considerar que en ello estaba en juego su salud y su vida. La mortalidad materna, la morbilidad y da&ntilde;os generados por los abortos clandestinos y los embarazos no deseados en adolescentes, fueron en las d&eacute;cadas de los veinte y los treinta los argumentos centrales de los movimientos feministas y de izquierda para que el Estado reconociera el peso que tienen los procesos reproductivos en la salud de las mujeres. De igual manera, las demandas por el acceso a los m&eacute;todos anticonceptivos y la despenalizaci&oacute;n del aborto en la d&eacute;cada de los setenta estaban ligadas a la idea de integridad corporal y libre autodeterminaci&oacute;n. Cuando las mujeres exig&iacute;an "anticonceptivos para no abortar", "aborto gratuito para no morir" y reclamaban la maternidad libre y voluntaria, lo hac&iacute;an considerando el derecho de las mujeres a no sufrir da&ntilde;os a su salud ni arriesgar su vida para que la maternidad fuera una opci&oacute;n y no un destino, pero tambi&eacute;n estaba presente el rechazo a los embarazos impuestos mediante la violencia f&iacute;sica y sexual que viv&iacute;an las mujeres en su vida cotidiana y a las pol&iacute;ticas poblacionistas que hac&iacute;an de la maternidad la &uacute;nica forma de reconocimiento de las mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la consolidaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas orientadas a regular la fertilidad en la d&eacute;cada de los ochenta, nuevamente el sentido de la libre determinaci&oacute;n e integridad corporal cobran vida en las denuncias sobre esterilizaciones forzadas, en el rechazo a m&eacute;todos de planificaci&oacute;n familiar lesivos a la salud y en las pol&iacute;ticas de poblaci&oacute;n que no tomaban en cuenta las necesidades e intereses de las mujeres. Finalmente, en 1994 en la Conferencia Internacional sobre Poblaci&oacute;n y Desarrollo, los derechos reproductivos se legitiman institucionalmente y el concepto se extiende m&aacute;s all&aacute; de los c&iacute;rculos feministas. Se reconoce el derecho de los individuos y las parejas de decidir de manera libre y responsable sobre el n&uacute;mero y espaciamiento de sus hijos y se acepta la libertad de elecci&oacute;n en el marco m&aacute;s amplio del ejercicio de la ciudadan&iacute;a y los derechos humanos. Sin embargo, esta institucionalizaci&oacute;n<sup><a href="#notas">3</a></sup> signific&oacute; tambi&eacute;n una despolitizaci&oacute;n del concepto, hizo a un lado sus componentes m&aacute;s radicales y redujo su contenido a la decisi&oacute;n de c&oacute;mo y cu&aacute;ndo tener hijos/as. </font></p> 	    <p align="center"><font size="2" face="verdana"><a href="../img/revistas/desacatos/n11/a7i2.jpg" target="_blank">Costa Chica, Oaxaca, 2000 &#47; Roxana Acevedo</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En realidad su contenido &eacute;tico es bastante m&aacute;s amplio y profundo, Correa y Petchesky (1994) se&ntilde;alan cuatro principios fundamentales: integridad corporal, autodeterminaci&oacute;n, igualdad y diversidad. Integridad corporal incluye el derecho de las personas a no ser alienadas de su capacidad sexual y reproductiva, a mantener la integridad f&iacute;sica de su persona; al mismo tiempo, implica derechos afirmativos para disfrutar plenamente de su cuerpo. La autodeterminaci&oacute;n se refiere a la capacidad para decidir de manera libre e informada sobre el ejercicio de su sexualidad y sus opciones reproductivas; implica el respeto por la manera en que las personas toman decisiones, los valores que tienen peso para ellas/ellos y las redes que representan sus n&uacute;cleos de apoyo e interdependencia. La igualdad se basa en el principio de justicia en t&eacute;rminos del derecho de todos lo individuos a recibir beneficios comparables considerando los casos similares de manera an&aacute;loga y los casos diferentes con el reconocimiento de sus particularidades. La diversidad se refiere al respeto por las diferencias en valores, cultura, religi&oacute;n u orientaci&oacute;n sexual, y al mismo tiempo se reconoce la universalidad de los derechos sexuales y reproductivos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero no es suficiente su declaraci&oacute;n formal, el ejercicio de derechos requiere adem&aacute;s de condiciones posibilitadoras en t&eacute;rminos de recursos y poder. Poder para tomar decisiones bien fundamentadas e informadas acerca de la fertilidad, crianza de los hijos e hijas, salud ginecol&oacute;gica y actividad sexual; recursos para tomar estas decisiones de forma segura y efectiva, y condiciones para que esto ocurra (Correa y Petchesky, 1994). Es decir, requiere condiciones materiales (de infraestructura y servicios m&eacute;dicos humanitarios), pol&iacute;ticas (de acceso a la educaci&oacute;n, al salario, a la toma de decisiones), &eacute;tico&#45;culturales (tolerancia, respeto a la diversidad y reconocimiento de las mujeres como agentes morales), personales (empoderamiento y conciencia de derechos) y de relaci&oacute;n (v&iacute;nculos amorosos, relaciones solidarias, redes de apoyo) que equilibren las asimetr&iacute;as en el acceso a poderes y recursos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por todo esto, no es casual que para las feministas el tema de los derechos reproductivos cristalice de muchas maneras toda la cuesti&oacute;n de los derechos humanos sobre sus propios cuerpos, en la medida en que sobre los cuerpos de las mujeres recae la disputa pol&iacute;tica del orden moral, de las pol&iacute;ticas de poblaci&oacute;n y las consideraciones mercadot&eacute;cnicas presentes en las tecnolog&iacute;as reproductivas y anticonceptivas. En el &aacute;rea de la reproducci&oacute;n es donde los cuerpos de las mujeres difieren m&aacute;s significativamente de los hombres, porque estos procesos viven simb&oacute;licamente en el cuerpo de las mujeres y biol&oacute;gicamente son inseparables de sus probabilidades de enfermar o morir, pero adem&aacute;s porque en los intentos oficiales de establecer el control sobre los cuerpos de las mujeres est&aacute;n en juego los intereses patriarcales y los capitalistas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La batalla internacional por el cuerpo de las mujeres ha implicado una estrategia diferente para las mujeres de los pa&iacute;ses industrializados y para las mujeres de los pa&iacute;ses pobres. Mientras por un lado se trata de desalentar a las mujeres pobres del hemisferio sur a no reproducirse (para no criar m&aacute;s pobres que alg&uacute;n d&iacute;a podr&iacute;an llegar a reclamar una participaci&oacute;n de la riqueza que se les ha robado); por otro lado, a las mujeres de clase media, sobre todo las del norte, se las alienta a procrear porque incrementan la demanda de consumo que rige la acumulaci&oacute;n del capital. El manejo oficial de los programas de poblaci&oacute;n, al enfatizar la planificaci&oacute;n familiar como estrategia en las pol&iacute;ticas de desarrollo, ha representado m&aacute;s una transgresi&oacute;n que un intento de fortalecer la autonom&iacute;a de las mujeres. Centrarse en la sobrepoblaci&oacute;n como causa del subdesarrollo ha sido una manera de tender un velo sobre la distribuci&oacute;n desigual de la riqueza por parte del sistema mundial y sobre la explotaci&oacute;n inhumana de la fuerza de trabajo (Kabeer, 1998). Conculcados por la religi&oacute;n, acotados por las pol&iacute;ticas poblacionales y disputados en los espacios de la intimidad, los derechos de las mujeres sobre su cuerpo y sus opciones reproductivas son un dique a los excesos de los micro y macropoderes, por ello resultan centrales para su sentimiento de individualidad y para definir un proyecto aut&oacute;nomo de vida. Las enormes dificultades que ello enfrenta tienen como base el foco de poder que representa el cuerpo como terreno de estos derechos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Eacute;ste es el punto clave cuando se aborda el tema de los derechos reproductivos y los hombres, porque en su caso el cuerpo no es motivo de disputa ni mueren por evitar un embarazo ni las pr&aacute;cticas sexuales forzadas tienen efectos reproductivos en sus cuerpos, y adem&aacute;s pueden evadir las consecuencias de sus pr&aacute;cticas sexuales, no as&iacute; las mujeres. Pero no es s&oacute;lo el cuerpo anat&oacute;mico lo que est&aacute; en juego sino la historia inscrita en el cuerpo. Ellos como grupo y como individuos participan en el mantenimiento de este orden social y se benefician voluntaria o involuntariamente de &eacute;l. Por ejemplo, en las familias organizadas patriarcalmente los miembros masculinos mayores cosechan los beneficios de familias numerosas, mientras que las mujeres en edad reproductiva cargan con los costos en forma de altas tasas de morbilidad y mortalidad materna. Tambi&eacute;n la industria farmac&eacute;utica y los pol&iacute;ticas de planificaci&oacute;n familiar han concentrado sus esfuerzos en programas dirigidos a las mujeres, pese a que los m&eacute;todos masculinos suelen ser m&aacute;s baratos, m&aacute;s seguros y m&aacute;s simples. Incluso las nociones de riesgo y seguridad se aplican a la probabilidad de embarazo asociado a fallas de los anticonceptivos y no con los efectos que estos tienen en la salud de las mujeres. Finalmente, pese a que hombres y mujeres son copart&iacute;cipes en la reproducci&oacute;n, los riesgos y responsabilidades, tanto de la anticoncepci&oacute;n como del embarazo, aborto, parto y cuidado de la prole, recaen predominantemente en las mujeres.<sup><a href="#notas">4</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En gran medida tanto las fallas en las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas como los factores estructurales del orden gen&eacute;rico han contribuido a mantener esta situaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n las pr&aacute;cticas cotidianas de los hombres mismos y los beneficios que obtienen de la desigual distribuci&oacute;n de poderes y recursos. Por esto no es de extra&ntilde;arse que los esfuerzos por modificar el panorama de la salud reproductiva hayan destacado el papel de los hombres como obst&aacute;culos o facilitadores de los derechos reproductivos de las mujeres. No obstante, esto no significa negar a los hombres necesidades e intereses propios. De acuerdo con documentos de Naciones Unidas, la participaci&oacute;n masculina vinculada a la salud reproductiva es un t&eacute;rmino "sombrilla" para abarcar los diferentes caminos en los cuales los hombres se relacionan con los problemas y los programas de salud reproductiva. Por un lado se considera la forma en que los hombres aceptan y brindan apoyo a las necesidades, elecciones y derechos en salud reproductiva de sus compa&ntilde;eras, y por el otro, se trata de analizar el propio comportamiento sexual y reproductivo de los hombres (FASyDR&#45;FNUAP, 1998). Con ello se pretende disminuir los riesgos en la salud de las mujeres, aumentar la participaci&oacute;n de los varones en el cuidado de su propia salud y promover relaciones m&aacute;s equitativas y solidarias entre unos y otras.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/desacatos/n11/a7i3.jpg"></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LOS HOMBRES Y LOS DERECHOS REPRODUCTIVOS DE LAS MUJERES</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el esfuerzo por mejorar la salud reproductiva y el bienestar de las mujeres, los ni&ntilde;os y los hombres mismos, se hizo cada vez m&aacute;s evidente que no era posible avanzar sin incorporar a los hombres a los programas y pol&iacute;ticas p&uacute;blicas relacionadas con la reproducci&oacute;n y la sexualidad. Las mujeres pod&iacute;an reclamar sus derechos frente al Estado, los gobiernos pod&iacute;an instrumentar pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, pero mientras no se politizara la vida privada y se equilibraran las relaciones de poder en los espacios de la intimidad, los programas seguir&iacute;an fracasando puesto que las pr&aacute;cticas, actitudes y decisiones de los hombres tienen un efecto determinante en la salud de las mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los hombres tienen m&aacute;s parejas sexuales (hetero, homo y bisexuales), inician m&aacute;s tempranamente su vida sexual, tienen relaciones extramaritales con m&aacute;s frecuencia, tienen m&aacute;s pr&aacute;cticas desprotegidas, son asintom&aacute;ticos respecto a ciertos agentes infecciosos como el virus de papiloma humano y mantienen una vida reproductiva durante m&aacute;s a&ntilde;os.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Todo ello pone en riesgo a las mujeres de contraer enfermedades sexualmente transmisibles o de infectarse de VIH/sida, aumenta sus probabilidades de enfermar de c&aacute;ncer c&eacute;rvico&#45;uterino, de vivir embarazos no deseados y de procrear en condiciones de riesgo. A su vez, la violencia f&iacute;sica, sexual y emocional que viven las mujeres, ejercida en su mayor parte por los hombres, limita sus posibilidades de tomar decisiones que les permitan protegerse de contagios o embarazos no deseados.<sup><a href="#notas">6</a></sup> Por lo general, los hombres se involucran en la sexualidad y la reproducci&oacute;n desde una posici&oacute;n de control y dominio asumido por ellos como natural y compartido muchas veces por sus parejas. Sus intereses y deseos son cruciales en las decisiones de las mujeres sobre el aborto, el uso de m&eacute;todos anticonceptivos y el n&uacute;mero de hijos. Adem&aacute;s, la falta de apoyo y responsabilidad de los hombres ante un aborto inducido, aumenta el riesgo de morbilidad y mortalidad en las mujeres y las coloca en una situaci&oacute;n de mayor vulnerabilidad f&iacute;sica y emocional.<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, los hombres tambi&eacute;n facilitan el ejercicio de los derechos reproductivos de las mujeres. Cuando reconocen a sus compa&ntilde;eras como agentes morales capaces de tomar decisiones, apoyan las decisiones de ellas, comparten responsabilidades y promueven condiciones que facilitan el ejercicio de los derechos de sus parejas, la salud reproductiva de las mujeres y sus familias tiende a mejorar. De hecho se&ntilde;ala HERA (1998), la participaci&oacute;n responsable de los hombres fortalece a la sociedad en su conjunto.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Que los hombres act&uacute;en de una u otra manera no es un asunto de voluntad personal, no existe una malquerencia expl&iacute;cita en sus pr&aacute;cticas ni su conducta opera siempre en el plano de las intenciones conscientes, ellos como varones forman parte de una sociedad donde ocupan una posici&oacute;n de privilegio y desde esa posici&oacute;n perciben el mundo y se relacionan con las mujeres. Es, como dice Bourdieu (2000), desde la objetividad de las estructuras sociales y la subjetividad de los esquemas cognitivos que se construye la dominaci&oacute;n. Esto es, las estructuras de dominaci&oacute;n son el producto de un trabajo continuo de reproducci&oacute;n al que contribuyen los agentes singulares (entre los que est&aacute;n los hombres con armas, la violencia f&iacute;sica y la violencia simb&oacute;lica), las instituciones como la familia, Iglesia, escuela, Estado y las mujeres mismas como reproductoras de un orden que las limita en todos los espacios sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La objetividad del orden social se imprime insensiblemente en el orden de los cuerpos mediante los esquemas de percepci&oacute;n y apreciaci&oacute;n que lleva a aceptar como evidente, natural y obvias las prescripciones m&aacute;s arbitrarias. La estructura impone sus coerciones tanto a quienes se benefician de ella como a quienes sufren sus consecuencias, no tanto por las sanciones institucionales sino porque engendra pr&aacute;cticas perfectamente ajustadas a ese orden y por tanto percibidas y valoradas por quien las lleva a cabo, y tambi&eacute;n por los dem&aacute;s, como justas, correctas, h&aacute;biles y adecuadas. Cada cual encuentra en el comportamiento de sus iguales la ratificaci&oacute;n y legitimaci&oacute;n de su propio comportamiento que, por ser fruto de las mismas condiciones de existencia y unos mismos condicionamientos, produce comportamientos adaptados a las condiciones objetivas. El <i>habitus</i> como sistema de disposiciones a ser y hacer, es una potencialidad, un deseo de ser que, en cierto modo trata de crear las condiciones de su realizaci&oacute;n y por lo tanto, de imponer las condiciones m&aacute;s favorables para la realizaci&oacute;n de las urgencias, los gustos, los afectos (Bourdieu, 1999).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, cuando un hombre y una mujer establecen relaciones en los espacios de la sexualidad er&oacute;tica y reproductiva, lo hacen desde sus respectivas posiciones sociales y sus espec&iacute;ficas condiciones vitales, toda la estructura social est&aacute; presente en el n&uacute;cleo de la interacci&oacute;n. Las imposiciones, acuerdos, pactos o posibilidades de negociaci&oacute;n no ocurren en un vac&iacute;o social, est&aacute;n determinados por el conjunto de capitales culturales y simb&oacute;licos con que cuente cada uno/a y por los poderes estructurales y coyunturales que entran en juego en un momento determinado. En general, las asimetr&iacute;as de poder son la constante cuando se negocia en los terrenos de la sexualidad y la reproducci&oacute;n, y suelen ser los hombres los que deciden qu&eacute; se negocia y qu&eacute; no entra en la negociaci&oacute;n. Los poderes de las mujeres dependen en mucho de su estatuto conyugal, de la calidad del v&iacute;nculo amoroso y de sus propias posibilidades de autonom&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por todo esto es que se ha enfatizado el car&aacute;cter empoderador de los derechos reproductivos en el caso de las mujeres a fin de reequilibrar las relaciones de poder. Por eso mismo resulta inadecuado hablar de los hombres "como seres que se reproducen" no s&oacute;lo porque se niega el hecho biol&oacute;gico de que no existe ni remotamente la posibilidad de que un hombre se reproduzca sin que participe el cuerpo de una mujer, sino adem&aacute;s porque se borra de un plumazo el sentido &eacute;tico del concepto de responsabilidad<sup><a href="#notas">8</a></sup> que debiera ser al fin y al cabo el principio rector de las relaciones humanas, adem&aacute;s de que &eacute;ste es indisociable del concepto de derechos. Por esto tambi&eacute;n resulta inadmisible que, en una traducci&oacute;n mec&aacute;nica de las categor&iacute;as aplicadas a las mujeres, se pretenda identificar los derechos reproductivos de los hombres haciendo alusi&oacute;n a aquello que "les desagrada o los incomoda"<sup><a href="#notas">9</a></sup> sin tomar en cuenta la posici&oacute;n que ellos ocupan en la red de relaciones sociales.<sup><a href="#notas">10</a></sup> Baste un bot&oacute;n de muestra en la voz misma de los hombres sobre una situaci&oacute;n que le desagrada en una experiencia de aborto inducido:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...mira ella me dijo que se cuidaba y a la mera hora me sale con que est&aacute; embarazada y que era "nuestro" problema, entonces yo le dije "f&iacute;jate que no" (...) si hubiera sido una mujer con un menor nivel cultural o que ella no tuviera claridad de lo que estaba haciendo, bueno, pero as&iacute; no. Ella no ten&iacute;a por qu&eacute; haberme metido en este l&iacute;o. Finalmente decidi&oacute; que era algo que no quer&iacute;a vivir, pero que el responsable de eso era "yo" porque la hab&iacute;a embarazado. &iexcl;Deb&iacute; haberla mandado a la chingada! &#91;&iquest;T&uacute; que hiciste una vez que se tom&oacute; la decisi&oacute;n del aborto?&#93; Nada, si era su asunto que ella lo resolviera &#91;&iquest;C&oacute;mo te sentiste?&#93; Yo ten&iacute;a otras cosas que hacer, no pensaba mucho en eso (Guevara, 2001).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La voz de este hombre que no ejerce violencia f&iacute;sica y "s&oacute;lo" se desatiende del asunto, muestra que aquello que les incomoda como varones a&uacute;n cuando puede estar vinculado a sus derechos reproductivos, se encuentra directamente relacionado con sus posibilidades de ejercicio del poder. Tambi&eacute;n muestra los l&iacute;mites que marca el cuerpo a los poderes de uno y otra, mientras &eacute;l puede "hacer otras cosas" ella tiene que enfrentar las consecuencias, le guste o no.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto no significa que la dominaci&oacute;n sea un destino ineludible ni que los derechos de unos y otras representen una suma cero. Los hombres, como todos los seres humanos, responden a sus condiciones y si &eacute;stas cambian se ven obligados a modificar sus pr&aacute;cticas. No existe un instinto infalible de dominaci&oacute;n o ejercicio del poder, y los esquemas de percepci&oacute;n, de acci&oacute;n y de relaci&oacute;n con que act&uacute;an los hombres no son siempre coherentes y tienen diversos grados de contradicci&oacute;n, incertidumbre e incomodidad con las posiciones que ocupan. Adem&aacute;s, las transformaciones estructurales han modificado las instituciones mismas y el lugar que ocupan los individuos dentro de ellas, esto ha obligado a un reacomodo de poderes en los espacios p&uacute;blico y privado e impulsado distintas formas de relaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/desacatos/n11/a7i4.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, existen situaciones para los hombres en que la salud y la vida de sus compa&ntilde;eras es tan importante como su propia salud y su propia vida, situaciones en las que la responsabilidad compartida disminuye las asimetr&iacute;as y situaciones en las que las mujeres pueden contar con m&aacute;s poderes y recursos para protegerse y negociar. En estos casos los derechos reproductivos de las mujeres se colocan en primer plano, y muchos hombres agradecen que as&iacute; sea. Ellos como varones no viven los procesos reproductivos en sus cuerpos, pero en ocasiones el lazo que los une con su compa&ntilde;era puede tener una enorme fuerza simb&oacute;lica. Es la calidad de este v&iacute;nculo lo que, algunas veces, hace inseparables los derechos de unos y otras.<sup><a href="#notas">11</a></sup> De igual manera, cuando la acci&oacute;n social de los hombres, como individuos y como entidades colectivas, se comprometen con un pr&aacute;ctica pol&iacute;tica orientada a reequilibrar los poderes y a revisar su participaci&oacute;n en el mantenimiento de las estructuras de dominaci&oacute;n, se pueden crear espacios de solidaridad, de alianzas y complicidades con las mujeres que permite enfrentar de manera conjunta los poderes del Estado, del mercado o de los fundamentalismos religiosos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ocasiones se olvida que el concepto de hombres o masculinidad no es una mera referencia demogr&aacute;fica a una poblaci&oacute;n ni se trata s&oacute;lo de estereotipos sino que, en el marco de la perspectiva de g&eacute;nero, representa una categor&iacute;a de an&aacute;lisis con un profundo sentido pol&iacute;tico. Por ello no debemos preguntarnos tanto por los atributos personales como por el tipo de configuraci&oacute;n social que hace posible ciertas posiciones de poder y ciertas pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas. En el caso de los derechos reproductivos es fundamental definir a los hombres y mujeres por su posici&oacute;n dentro de la red de relaciones sociales, porque las reivindicaciones pol&iacute;ticas de g&eacute;nero tienen sentido no sobre la idea de que las capacidades innatas de unos u otras han sido obstruidas sino, como se&ntilde;ala Alcoff (1989), porque la posici&oacute;n que ocupan las mujeres dentro de la red carece de poder y movilidad y es necesario modificarla. Precisamente &eacute;ste es el punto medular en el &aacute;mbito de los derechos reproductivos, pues la noci&oacute;n de derechos parte de una perspectiva emancipatoria que se mueve en distintos frentes de disputa te&oacute;rica y pol&iacute;tica. Es en estos frentes donde habr&iacute;a que buscar el sentido de los derechos reproductivos de los hombres.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/desacatos/n11/a7i5.jpg"></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LOS DERECHOS REPRODUCTIVOS DE LOS HOMBRES, LAS OTRAS INTERROGANTES</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dos elementos son fundamentales en la conceptualizaci&oacute;n de los derechos reproductivos: la premisa de indivisibilidad de los derechos humanos y la noci&oacute;n de un ambiente favorable para el ejercicio de estos derechos (Correa, 1996). Con base en ello se puede decir que los hombres, en su mayor&iacute;a, tienen garantizados sus derechos pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y sociales y por tanto, sus derechos reproductivos, adem&aacute;s de que en general cuentan con las condiciones, en t&eacute;rminos de poderes y recursos, para el ejercicio de estos derechos. No obstante, las relaciones de g&eacute;nero est&aacute;n inmersas en otras formas de desigualdad social y los poderes est&aacute;n distribuidos en distintos campos sociales, de manera que muchos hombres ya sea por su condici&oacute;n de clase, de etnia, de edad o de orientaci&oacute;n sexual, tambi&eacute;n se encuentran en posiciones de desventaja para el ejercicio de sus derechos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es frecuente que en raz&oacute;n de su edad, de su residencia en una zona rural o marginal, que por su condici&oacute;n de migrantes o de ind&iacute;genas, o en raz&oacute;n de los sesgos de g&eacute;nero presentes en las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, muchos hombres no tengan acceso a la informaci&oacute;n y a la educaci&oacute;n sexual, a los medios para protegerse de embarazos no deseados o de contagio de ATS/sida, y tampoco a servicios de salud para la detecci&oacute;n y atenci&oacute;n a sus procesos reproductivos. M&aacute;s a&uacute;n, existen denuncias sobre esterilizaciones forzadas en ind&iacute;genas quienes han sido vasectomizados con enga&ntilde;os y en flagrante violaci&oacute;n a la normatividad establecida en las instituciones de salud.<sup><a href="#notas">12</a></sup> A pesar de ello, se puede decir que en estos casos no es tanto su condici&oacute;n de hombre lo que limita u obstruye el ejercicio de sus derechos reproductivos, sino su pertenencia a sectores sociales que han sido excluidos de los derechos m&aacute;s elementales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cambio existen otros casos, donde precisamente su condici&oacute;n de hombre es el n&uacute;cleo de la discusi&oacute;n respecto a las posibilidades de reconocimiento a sus derechos reproductivos. Es el caso de los varones homosexuales, de quienes se encuentran infectados con VIH/sida y los hombres con discapacidad mental. En estos sectores, el punto central es que al negarles el estatuto de hombres se les niega tambi&eacute;n el estatuto de personas y la posibilidad de tener derechos. Estos presupuestos no son expl&iacute;citamente enunciados sino que se encuentran ocultos en los estigmas y en una moral social que justifica con los argumentos m&aacute;s falaces la discriminaci&oacute;n y la exclusi&oacute;n de que son objeto. Incluso, las violaciones no s&oacute;lo se circunscriben al acceso a la informaci&oacute;n o a los servicios de salud, sino al m&aacute;s elemental derecho de procrear o no. Cuando se trata de hombres infectados o de varones con discapacitada mental, existen argumentos &eacute;ticos en el sentido de que el ejercicio de su derecho a procrear puede afectar derechos fundamentales de terceros (de la pareja o hijos/as), pero en el caso de los varones homosexuales ni siquiera existen argumentos &eacute;ticos, es s&oacute;lo el peso de la intolerancia, de una moral social discriminatoria y una jurisprudencia hom&oacute;foba que los desconoce como personas y les niega sus posibilidades de existir con derechos plenos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante esta situaci&oacute;n es dif&iacute;cil entender por qu&eacute; raz&oacute;n en los debates sobre los derechos reproductivos de los hombres hay una ausencia notable de reflexi&oacute;n sobre estos temas, y a veces ni siquiera una menci&oacute;n a estos casos. Ni la violaci&oacute;n a los derechos reproductivos de los ind&iacute;genas, ni las formas que los hombres homosexuales negocian o no con las mujeres con quienes procrean, ni los debates legislativos sobre los derechos reproductivos en las parejas homosexuales, nada de esto ocupa a quienes escriben sobre el tema. Al parecer los atentados a la dignidad y los derechos humanos de los varones que se encuentran en condiciones estructurales de desventaja, no es una preocupaci&oacute;n central en la agenda pol&iacute;tica y la reflexi&oacute;n te&oacute;rica que realizan los hombres sobre el tema. &iquest;Por qu&eacute;?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta ahora, el debate que han impulsado los varones en el plano nacional e internacional sobre sus derechos reproductivos, ha sucedido principalmente en tres frentes de disputa pol&iacute;tica: a&#93; Los que se vinculan a las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en salud reproductiva por las omisiones y fallas que presentan para incorporar a los hombres en sus programas y propuestas; b&#93; Las que se sit&uacute;an en el &aacute;mbito de las condiciones laborales que limitan su participaci&oacute;n, responsabilidad y disfrute en sus procesos reproductivos; y c&#93; las disputas que se han dado desde la academia o las organizaciones civiles por la titularidad de los derechos reproductivos de los hombres frente a las mujeres.<sup><a href="#notas">13</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el primer caso se trata de una reivindicaci&oacute;n colectiva hacia los gobiernos por parte de amplios sectores de la poblaci&oacute;n interesados en promover la participaci&oacute;n responsable de los hombres en el &aacute;mbito de la salud reproductiva y el ejercicio de los derechos reproductivos. Se trata de demandas orientadas al dise&ntilde;o de servicios de salud reproductiva para los hombres, del entrenamiento a prestadores de servicios para una adecuada atenci&oacute;n a sus necesidades, estrategias de educaci&oacute;n a la comunidad, recursos de comunicaci&oacute;n e informaci&oacute;n dirigidas a los hombres a fin de promover el cuidado en su salud, as&iacute; como su participaci&oacute;n responsable en la prevenci&oacute;n de enfermedades de transmisi&oacute;n sexual, el uso de medidas anticonceptivas y el apoyo a sus parejas en la planificaci&oacute;n familiar, el embarazo y parto. Investigadores como Wegner <i>et al.</i> (1998) se&ntilde;alan que aun cuando se asume casi autom&aacute;ticamente que los hombres no est&aacute;n interesados en participar de manera responsable, los estudios consultados por estos autores muestran que existe un genuino inter&eacute;s tanto por parte de los hombres como de sus compa&ntilde;eras de ser tomados en cuenta en las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. En este marco, de relaci&oacute;n entre los individuos frente al Estado, los derechos reproductivos de los hombres tienen el mismo sentido que en el caso de las mujeres: la posibilidad de tomar decisiones aut&oacute;nomas, asumir responsabilidades y superar necesidades.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto a las demandas sobre las condiciones laborales, el frente de disputa se encuentra en las relaciones entre el individuo y las instancias de regulaci&oacute;n social como el mercado y el Estado que limitan el derecho de los hombres a participar y apoyar los procesos de gestaci&oacute;n, parto y crianza de los hijos/as. En este caso la reivindicaci&oacute;n de los derechos se dirige a obtener respuestas a necesidades no reconocidas de los hombres e impulsar los cambios legales que ello requiere.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a la disputa que enfrentan los hombres por la titularidad de sus derechos frente a las mujeres, el panorama se modifica sustancialmente porque ya no se trata de la relaci&oacute;n entre los individuos y las instancias de regulaci&oacute;n social, la disputa se sit&uacute;a en el terreno de los derechos de un individuo frente a otro y de los mecanismo institucionales, simb&oacute;licos y materiales con que cuenta cada uno para defender sus derechos. Aqu&iacute; el concepto de los derechos reproductivos en los hombres pierde su sentido de empoderamiento y el objetivo pol&iacute;tico apunta en contra de las mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los dos primeros casos existe un amplio consenso entre los grupos feministas, organismos multilaterales y grupos de hombres por apoyar estas demandas. Gloria Careaga (1999) se&ntilde;ala que en el proceso de cabildeo del Programa de Acci&oacute;n de El Cairo, la adhesi&oacute;n de los grupos de hombres de la Uni&oacute;n Europea reforz&oacute; la demanda de que la perspectiva de g&eacute;nero fuera contemplada como un cap&iacute;tulo especial. La propuesta que ellos plantearon, dice Careaga, se insertaba de manera muy precisa en modificar las relaciones de inequidad y en que reconoc&iacute;a esta inequidad como consecuencia de las diferencias biol&oacute;gicas y las limitaciones sociales impuestas hacia las mujeres en los procesos reproductivos. Esto es, su propuesta se sustentaba en el reconocimiento de la responsabilidad paterna en la crianza de la descendencia y en la necesidad de reconocer su papel en la reproducci&oacute;n, donde inclu&iacute;an la revisi&oacute;n de las leyes laborales que les permitieran asumir estas responsabilidades por igual con las mujeres, pero sobre todo revisar su participaci&oacute;n en las estructuras de poder y comprometerse con impulsar la participaci&oacute;n de las mujeres en todas las esferas de la vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas demandas de los hombres son perfectamente coincidentes con los proyectos pol&iacute;ticos del feminismo y sobre este &aacute;mbito no existe contraposici&oacute;n de intereses con las mujeres, hay un objetivo com&uacute;n y un esfuerzo conjunto por modificar las estructuras de inequidad. Desafortunadamente no ocurre as&iacute; en el tercer frente de disputa que han impulsado algunos hombres. Aqu&iacute; se ubican desde los movimientos m&aacute;s conservadores como los promovidos por los grupos Pro Vida o los grupos parlamentarios del PAN, hasta algunas propuestas desde la academia o las organizaciones civiles sobre los derechos reproductivos de los varones.<sup><a href="#notas">14</a></sup> &Eacute;stos &uacute;ltimos aun cuando ocupan el espectro pol&iacute;tico opuesto, formalmente apoyan las reivindicaciones feministas y sostienen el principio de la libre elecci&oacute;n, al ignorar las dimensiones &eacute;ticas y pol&iacute;ticas en el an&aacute;lisis de los derechos reproductivos, abren la puerta a las posturas m&aacute;s regresivas y permiten reforzar las estructuras de dominaci&oacute;n que los feminismos debilitaron.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estos casos, el discurso de los derechos, de la igualdad y la democracia, sirven para disputar a las mujeres espacios de legitimaci&oacute;n duramente conseguidos, porque como bien se&ntilde;alaba Weber (1997), la dominaci&oacute;n descansa en el discurso de legitimidad y hacia all&aacute; apuntan estos discursos. En la medida en que la posici&oacute;n de los varones est&aacute; siendo desafiada por el discurso de los derechos de las mujeres, se utilizan las herramientas te&oacute;ricas creadas por las mujeres mismas para recomponer la posici&oacute;n de los hombres bajo el principio de la igualdad. De forma velada se trata de demostrar que los hombres son los grandes "olvidados" en el discurso de los derechos reproductivos, pero los argumentos utilizados m&aacute;s parecen orientados a competir con las mujeres y arrebatarles espacios de legitimaci&oacute;n que a construir relaciones solidarias o desmantelar las estructuras de dominaci&oacute;n. Especialmente parecen dirigidos a recuperar el protagonismo de los hombres al irrumpir en espacios que permiten a las mujeres desafiar los poderes masculinos. Todo ello en un contexto de endurecimiento hacia cualquier forma de autodeterminaci&oacute;n y bajo un discurso que facilita interpretar los actos afirmativos de las mujeres como formas de transgresi&oacute;n, de agresi&oacute;n o desaf&iacute;o a lo que se consideran los "derechos" de los hombres.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/desacatos/n11/a7i6.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es claro que desde la &eacute;tica y la filosof&iacute;a moral, la libertad de elecci&oacute;n y el ejercicio de derechos siempre involucra a otros actores sociales que tambi&eacute;n son sujetos de derecho; &eacute;stos pueden ser otros individuos, la familia, la colectividad o el Estado. Cuando existe incompatibilidad entre los derechos de unos y otros, existen distintas modalidades de negociaci&oacute;n de los derechos y las responsabilidades que se resuelven b&aacute;sicamente por tres caminos: mediante la conciliaci&oacute;n de intereses de todas las partes en una propuesta que permita llegar a orientaciones comunes; mediante al apelaci&oacute;n a los principios &eacute;ticos que permita dirimir las diferencias y otorgar legitimaci&oacute;n a quienes cuentan con menos poder, o mediante la imposici&oacute;n de alguno de los actores sobre el otro u otros con base en discursos que legitiman su poder.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cualquiera de los casos, los poderes de cada uno de los actores definen el marco de negociaci&oacute;n en funci&oacute;n de las opciones que les permiten los sistemas de desigualdad en que se hayan inmersos. M&aacute;s aun cuando se trata del &aacute;mbito reproductivo donde el cuerpo de las mujeres es el terreno en disputa y cuando no puede haber equivalente en la otra parte. Como se&ntilde;ala Macklin (1996), el hecho de que los procesos reproductivos se gesten en los cuerpos de las mujeres, les confiere a ellas el derecho de autodeterminaci&oacute;n sobre sus cuerpos y tal derecho no <i>V</i> 117 tiene contraparte o paralelo en los hombres. No puede apelarse a la equivalencia en este plano, puesto que la &eacute;tica se&ntilde;ala que se debe tratar de manera semejante casos semejantes y de manera diferente los casos diferentes, por ello cuando existen divergencias el principio de libertad individual demanda que prevalezca el derecho de las mujeres. El dilema &eacute;tico consiste precisamente en c&oacute;mo hacer compatible este principio de libertad individual con el derecho de los hombres a vivir su paternidad sin presiones. No obstante, todo derecho supone responsabilidades y el punto de partida en cualquier negociaci&oacute;n debe ser el hecho incontrovertible de que los procesos reproductivos ocurren en el cuerpo de las mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, estas consideraciones son omitidas en el debate sobre el tema, se habla del derecho de los hombres a participar como si ellos no participaran en estas decisiones. De hecho, existen m&uacute;ltiples evidencias de que participan de muy variadas maneras,<sup><a href="#notas">15</a></sup> en algunos casos respetan y apoyan las decisiones de su compa&ntilde;era; en otros, negocian; y en otros m&aacute;s se imponen. La disputa de derechos en este caso adquiere caracter&iacute;sticas muy espec&iacute;ficas porque ocurre en los espacios privados, entre dos personas con derechos y obligaciones no siempre coincidentes, con importantes diferenciales de poder, pero unidos por relaciones er&oacute;ticas, amorosas o institucionales. Y como toda pugna de derechos supone un problema de relaci&oacute;n, la relaci&oacute;n misma se pone a prueba y se redefine en estas disputas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las formas de conexi&oacute;n son vitales para entender los procesos que dan lugar al ejercicio de los derechos en los espacios de la intimidad. Es desde los v&iacute;nculos que se definen los poderes y los mecanismos de negociaci&oacute;n, se establece el tipo de responsabilidad y se fijan los l&iacute;mites de cada uno al interior de la relaci&oacute;n. Cuando hombres y mujeres negocian en el terreno de la reproducci&oacute;n no establecen s&oacute;lo acuerdos coyunturales, de hecho negocian su proyecto de vida, su proyecto de pareja, sus expectativas de paternidad o maternidad y su propia relaci&oacute;n.<sup><a href="#notas">16</a></sup> Pero estas negociaciones no se establecen en un plano de paridad, sino que forman parte de ciertas reglas del juego que legitiman formas veladas de ejercicio del poder presentes en las distintas formas de relaci&oacute;n amorosa.<sup><a href="#notas">17</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia de las mujeres, los hombres tienen muchas m&aacute;s posibilidades de defender sus derechos frente a sus compa&ntilde;eras sexuales y definir su proyecto de vida de acuerdo con sus intereses. Ellos tienen m&aacute;s probabilidades de evitar la paternidad no deseada o de tener acceso a la paternidad si as&iacute; lo desean, pues la posici&oacute;n que ocupan en la sociedad les otorga m&aacute;s poderes dentro y fuera de la relaci&oacute;n les "autoriza" para ejercer sus derechos en todos los terrenos y no les exige requisitos de castidad para tomar decisiones. Si llegaran a vivir pr&aacute;cticas sexuales forzadas, &eacute;stas no tienen efectos reproductivos en sus cuerpos y cuando asumen su responsabilidad en la anticoncepci&oacute;n, tienen mayores garant&iacute;as de que sus pr&aacute;cticas sexuales no tendr&aacute;n consecuencias reproductivas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello, cuando se habla de los derechos reproductivos desde el feminismo se trata de destacar la estrecha articulaci&oacute;n que existe entre las disputas micropol&iacute;ticas de la vida cotidiana y las posiciones que ocupa cada uno en las estructuras e instituciones sociales. Por esta misma raz&oacute;n, la libertad de elecci&oacute;n se incluye en el campo m&aacute;s amplio del ejercicio de la ciudadan&iacute;a, que se entiende no s&oacute;lo como garant&iacute;as legales y beneficios del Estado sino como un espacio de transformaci&oacute;n de las estructuras sociales y las relaciones de g&eacute;nero. Este es el piso en que se han movido las reivindicaciones asociadas a los derechos reproductivos de las mujeres, pero, &iquest;qu&eacute; derechos afirmativos defienden los hombres cuando hablan de sus derechos reproductivos?, &iquest;d&oacute;nde se encuentra el reequilibrio de poder respecto a las mujeres?, &iquest;qu&eacute; papel desempe&ntilde;a el cuerpo de las mujeres ante una disputa de derechos?, &iquest;de qu&eacute; manera vinculan la interdependencia con la autodeterminaci&oacute;n?, &iquest;qu&eacute; factores estructurales limitan sus derechos m&aacute;s all&aacute; de la clase la etnia o la preferencia sexual?, &iquest;c&oacute;mo se pueden desmantelar las estructuras de dominaci&oacute;n sin reconocer las asimetr&iacute;as de poder?, &iquest;d&oacute;nde est&aacute; el compromiso de los varones por revisar su participaci&oacute;n en el mantenimiento de estas estructuras?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No debi&eacute;ramos olvidar que los derechos reproductivos dependen de condiciones a&uacute;n no disponibles para la mayor&iacute;a de los seres humanos, y por tanto, las posibilidades de ejercicio de estos derechos se encuentran inequitativamente distribuidas en raz&oacute;n de distintos ejes de desigualdad social. El avance de los fundamentalismos religiosos, el creciente poder pol&iacute;tico obtenido por la derecha en nuestro pa&iacute;s y el papel cada vez mayor de las corporaciones trasnacionales en los espacios de la reproducci&oacute;n humana, hacen prever condiciones m&aacute;s adversas para el ejercicio de los derechos y apuntan a restringir cada vez m&aacute;s los espacios que hacen posible la libertad de elecci&oacute;n. Por esto, sin una clara definici&oacute;n pol&iacute;tica y un riguroso trabajo te&oacute;rico, los objetivos de justicia y empoderamiento presentes en la noci&oacute;n de derechos reproductivos se perder&aacute;n en un horizonte de indefiniciones que s&oacute;lo servir&aacute; para refuncionalizar el discurso de la opresi&oacute;n.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alatorre, Javier, 2000, "Incorporaci&oacute;n de los hombres a las acciones de salud sexual y reproductiva. Revisi&oacute;n de las investigaciones, programas y acciones", mecanograma, PUEG, UNAM.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655644&pid=S1607-050X200300010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alcoff, Linda, 1989, "Feminismo cultural <i>versus</i> pos&#45;estructuralismo: la crisis de la identidad en la teor&iacute;a feminista", en <i>Feminaria,</i> n&uacute;m. 4: 1&#45;18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655646&pid=S1607-050X200300010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ballinas, Victor, 2001, "Investigar esterilizaci&oacute;n a mixtecos, insiste la CNDH", en <i>La Jornada,</i> 14 de septiembre, p. 37.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bellinghausen, Hermann, 2000, "Se incrementa represi&oacute;n en Chiapas. La procuradur&iacute;a estatal y Pro Vida allanan cl&iacute;nica para mujeres en aras del derecho a la vida", en <i>La Jornada,</i> 20 de octubre, p. 14.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bourdieu, Pierre, 1999, <i>Meditaciones pascalianas,</i> Anagrama, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655650&pid=S1607-050X200300010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2000, <i>La dominaci&oacute;n masculina,</i> Anagrama, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655652&pid=S1607-050X200300010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Careaga, Gloria, 1999, "Pol&iacute;ticas internacionales respecto a la participaci&oacute;n del hombre en la salud sexual y reproductiva", Encuentro Nacional Los Varones Frente a la Salud Sexual y Reproductiva, Secretar&iacute;a de Salud&#45;Conapo&#45;Pueg&#45;AVSC International, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655654&pid=S1607-050X200300010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cervantes, Alejandro, 1996, "De mujeres m&eacute;dicos y bur&oacute;cratas: Pol&iacute;ticas de poblaci&oacute;n y derechos humanos en M&eacute;xico", en Careaga G., Figueroa J.G. y Mej&iacute;a M.C., <i>&Eacute;tica y salud reproductiva,</i> Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a&#45;PUEG, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655656&pid=S1607-050X200300010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conapo, 2000, <i>Infecundidad y la planificaci&oacute;n familiar, Con</i>sejo Nacional de Poblaci&oacute;n, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655658&pid=S1607-050X200300010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Correa, Sonia, 1996, "Salud reproductiva, g&eacute;nero y sexualidad. Legitimaci&oacute;n y nuevas interrogantes", Seminario Internacional sobre Avances en Salud Reproductiva y Sexualidad, Colmex, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655660&pid=S1607-050X200300010000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; y Petchesky, Rosalind, 1994, "Reproductive and Sexual Rights: a Feminist Perspective", en Sen, G., A. Germaine y L. Chen, <i>Populations Policies Re&#45;Considered: Health, Empowerment and Rights,</i> Harvard School of Public Health, Boston.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655662&pid=S1607-050X200300010000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">De la Pe&ntilde;a, Ricardo, 2001, "El nuevo orden sexual", Encuesta Metropolitana sobre Actitudes y Pr&aacute;cticas Sexuales, revista <i>Nexos,</i> agosto, n&uacute;m. 284: 58&#45;74.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655664&pid=S1607-050X200300010000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durand, Teresa y Mar&iacute;a Alicia Gutierrez, 1998, "Tras las huellas de un porvenir incierto: del aborto a los derechos sexuales y reproductivos", en AEPA&#45;CEDES&#45;CENEP, <i>Avances en investigaci&oacute;n social en salud reproductiva y sexualidad,</i> Buenos Aires, Argentina.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655666&pid=S1607-050X200300010000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Encuesta Nacional de Juventud, 2000, <i>Resultados preliminares, 2000,</i> Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica, Instituto Mexicano de la Juventud, Centro de Investigaciones y Estudios sobre Juventud, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655668&pid=S1607-050X200300010000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">FASyDR&#45;FNUAP, 1998, <i>Participaci&oacute;n y responsabilidad masculina en la sexualidad, reproducci&oacute;n y crianza,</i> Foro Abierto de Salud y Derechos Reproductivos, Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655670&pid=S1607-050X200300010000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guevara R., Elsa, 1998, "Amor y pareja en la responsabilidad de los hombres frente al aborto", en AEPA&#45;CEDES&#45;CENEP, <i>Avances en investigaci&oacute;n social en salud reproductiva y sexualidad,</i> Buenos Aires, Argentina.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655672&pid=S1607-050X200300010000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1999, "La corresponsabilidad &eacute;tica de los varones frente al aborto", ponencia presentada en 1as. Jornadas Australes Interdisciplinarias sobre Mujer y Desarrollo, Facultad de Medicina, Universidad Austral de Chile, Valdivia, Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655674&pid=S1607-050X200300010000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2001, "La experiencia del aborto en los hombres y los derechos reproductivos", en <i>Revista de Estudios de G&eacute;nero La Ventana,</i> n&uacute;m. 14, vol. II: 242&#45;266, Universidad de Guadalajara, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655676&pid=S1607-050X200300010000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HERA, 1998, "Men's role and responsability for sexual and reproductive rights and health", en <i>Action Sheets,</i> Health Empowerment Rights and Accountability, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655678&pid=S1607-050X200300010000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kabeer, Naila, 1998, <i>Realidades trastocadas: las jerarqu&iacute;as de g&eacute;nero en el pensamiento del desarrollo,</i> M&eacute;xico: PUEG&#45;Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655680&pid=S1607-050X200300010000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Liguori, Ana Luisa, 1989, "Pol&iacute;ticas en salud: mujer y sida", en Tapia E. y P. Mercado, <i>Mujeres y pol&iacute;ticas p&uacute;blicas,</i> Fundaci&oacute;n Friedrich Ebert, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655682&pid=S1607-050X200300010000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Macklin, Ruth, 1996, "&Eacute;tica y reproducci&oacute;n humana: Perspectivas internacionales", en Careaga G., Figueroa J.G. y Mej&iacute;a M.C., <i>&Eacute;tica y salud reproductiva,</i> Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a&#45;PUEG, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655684&pid=S1607-050X200300010000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mej&iacute;a Ma. Consuelo, 1999, "Cairo +5. &iquest;El consenso de El Cairo en riesgo?", en <i>Conciencia Latinoamericana,</i> vol. XI, n&uacute;m. 2: 2&#45;4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655686&pid=S1607-050X200300010000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&aacute;nchez V&aacute;zquez, Adolfo, 1982, <i>&Eacute;tica,</i> Grijalbo, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655688&pid=S1607-050X200300010000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tolbert, K. Ehernfeld, N. y Lamas, M., 1996, "El aborto en M&eacute;xico: un fen&oacute;meno escondido en proceso de descubrimiento", en Langer, A. y Tobert, K., <i>Mujer: sexualidad y salud reproductiva en M&eacute;xico,</i> Population Council, Oficina Regional para Am&eacute;rica Latina, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655690&pid=S1607-050X200300010000700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Weber, Max, 1997, <i>Ensayos sobre metodolog&iacute;a sociol&oacute;gica,</i> Amorrortu, Argentina.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655692&pid=S1607-050X200300010000700024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wegner, Mary, Evelyn Landry, David Wilkinson y Joanne Tzanis, 1998, "Men as partners in reproductive health: From issues to action", en <i>International Family Planning Perspectives,</i> vol. 24, n&uacute;m. 1: 38&#45;42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655694&pid=S1607-050X200300010000700025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* El presente trabajo responde al art&iacute;culo "Varones, reproducci&oacute;n y derechos: &iquest;podemos combinar estos t&eacute;rminos?", de Juan Guillermo Figueroa Perea, publicado en <i>Desacatos,</i> n&uacute;m. 6, Sexualidades, 2001.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Ya no es s&oacute;lo la jerarqu&iacute;a de la Iglesia cat&oacute;lica que excomulga y condena a las mujeres por ejercer sus derechos reproductivos, ahora tambi&eacute;n los funcionarios de las instituciones de salud, los aparatos judiciales y las c&aacute;maras de representantes son importantes obst&aacute;culos en el ejercicio de estos derechos. As&iacute; ocurri&oacute; en el caso de la ni&ntilde;a Paulina en Baja California, en Chiapas donde los aparatos judiciales se convirtieron en ejecutores de las denuncias de los grupos Pro Vida para allanar la cl&iacute;nica Mary Stopes, detener a la doctora y la enfermera responsables (nota de H. Bellinghausen, 2000,en <i>La Jornada)</i> y en el Distrito Federal donde los representes del PAN se opusieron tajantemente a las modificaciones a la legislaci&oacute;n sobre el aborto. El avance de los fundamentalismos es una tendencia a nivel mundial que pretende, como se&ntilde;ala Mar&iacute;a Consuelo Mej&iacute;a (1999), revertir acuerdos tan importantes como los alcanzados en El Cairo en 1994.Y todo apunta a un endurecimiento cada vez mayor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Si bien la idea de decisi&oacute;n libre y responsable acerca del n&uacute;mero y espaciamiento de los hijos fue declarado por primera vez un derecho humano en 1968 y ratificado en 1969, es hasta el Cuarto Encuentro Internacional de Mujeres y Salud que el concepto de derechos reproductivos es utilizado por primera vez. Ah&iacute;, la International Contraception, Abortion and Sterilisation Campaign, organizadora del evento, se transform&oacute; en la Women's Global Network for Reproductive Rights y el lenguaje de los derechos reproductivos ingres&oacute; as&iacute; al movimiento internacional de mujeres (Durand y Guti&eacute;rrez, 1998).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Que el derecho reproductivo se haya institucionalizado, dice Cervantes (1996), significa que su ejercicio depende de la l&oacute;gica, la estructura, el proceder y la intencionalidad de las instituciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Actualmente s&oacute;lo 7.3% de los varones utiliza alg&uacute;n m&eacute;todo anticonceptivo (Conapo, 2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Los diversos estudios sobre comportamiento sexual en M&eacute;xico dan cuenta de ello; la Encuesta Nacional de Juventud (2000) y la Encuesta Metropolitana sobre Actitudes y Pr&aacute;cticas Sexuales (De la Pe&ntilde;a, 2001) aportan datos concretos al respecto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Una de cada dos mujeres requiere el permiso del esposo para protegerse contra un posible embarazo, mientras que en zonas rurales una de cuatro mujeres no usan ninguna medida anticonceptiva porque se los proh&iacute;be el esposo (Conapo, 2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Sobre la forma en que las pr&aacute;cticas y actitudes de los hombres afectan la salud de las mujeres existen m&uacute;ltiples estudios, pero los trabajos pioneros de Liguori (1989) sobre el contagio de sida en mujeres, el conjunto de investigaciones rese&ntilde;adas por Alatorre (2000) y los datos sobre la participaci&oacute;n de los hombres en el aborto presentadas por Guevara (1998 y 1999) y por Tolbert, Ehrenfeld y Lamas (1996) son contundentes en ese sentido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> La responsabilidad supone siempre el reconocimiento de la existencia del "otro" puesto que implica considerar las consecuencias que tendr&aacute;n las acciones y decisiones propias en otra u otras personas (S&aacute;nchez V&aacute;zquez, 1982). M&aacute;s aun que en el terreno reproductivo no se trata de un otro generalizado y abstracto, sino un otro concreto para quien se tienen sentimientos y con quien se ha compartido experiencias er&oacute;ticas, amorosas o se ha vivido episodios de violencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> V&eacute;ase el art&iacute;culo de Juan Guillermo Figueroa, "Varones, reproducci&oacute;n y derechos. &iquest;Podemos combinar estos t&eacute;rminos?", en <i>Desacatos</i> 6 de esta revista, p&aacute;gina 162.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> En la presentaci&oacute;n del proyecto sobre la forma en que las mujeres se apoderan de la noci&oacute;n de los derechos reproductivos, Rosalind Petchesky (1999) se&ntilde;ala que al socializar aquellas experiencias que les parecen tristes, desagradables o violentas, las mujeres van desarrollando mecanismos para identificar sus derechos reproductivos. Esta idea se aplica mec&aacute;nicamente a los hombres sin considerar las diferencias biol&oacute;gicas, sociales y simb&oacute;licas entre ambos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Por ejemplo, en un estudio realizado con hombres urbanos y profesionistas, que hab&iacute;an vivido cuando menos un aborto inducido, se encontr&oacute; que la experiencia del aborto fue dif&iacute;cil para la mayor&iacute;a de ellos, pero lo fue m&aacute;s cuando manten&iacute;an un fuerte v&iacute;nculo cercano con su compa&ntilde;era. En algunos casos, la falta de condiciones seguras para la realizaci&oacute;n de un aborto fue considerada por ellos como un atentado a su propia seguridad y bienestar (Guevara, 2001).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> El caso m&aacute;s difundido es el de 16 mixtecos a quienes se practic&oacute; la vasectom&iacute;a con enga&ntilde;os, bajo la promesa de entregarles dinero y con amenazas de excluirlos del Progresa y Procampo. Ellos interpusieron una denuncia ante la Comisi&oacute;n de Derechos Humanos de Guerrero, y ante la falta de respuesta la CNDH ha turnado la recomendaci&oacute;n 18/2001. De todo ello da cuenta un reciente reportaje de V&iacute;ctor Ballinas (2001) en <i>La Jornada.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> En nuestro pa&iacute;s es frecuente que los debates acad&eacute;micos sobre los derechos reproductivos de los hombres no se expresen estas disputas de manera abierta, sino que se encuentren encubiertas bajo versiones "neutras" del orden gen&eacute;rico. Es decir, se vac&iacute;a de contenido pol&iacute;tico las reivindicaciones de las mujeres y se abordan las relaciones de g&eacute;nero como si la desigualdad fuera producto de un sistema social abstracto en el que los hombres no tienen responsabilidad alguna y en el que son tan "oprimidos" como las mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Esta postura es muy clara en el caso de los escritos sobre el tema de Juan Guillermo Figueroa como el art&iacute;culo publicado por esta revista en su n&uacute;mero 6 del a&ntilde;o 2001, pero tambi&eacute;n ha sido frecuente escuchar estas consideraciones entre quienes desde la academia o las organizaciones civiles, incluidas algunas mujeres, trabajan el tema de masculinidad y salud reproductiva. Con frecuencia se confunde igualdad con equidad y se habla de las "paternidades forzadas" como muestra de las "violaciones" a los derechos reproductivos de los hombres bajo argumentos totalmente carentes de sustento te&oacute;rico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> El caso del aborto es un buen ejemplo. Tolbert, Ehrenfeld y Lamas (1996) muestran que en Am&eacute;rica Latina entre un 30 y 40% de las mujeres que abortan exponen que la raz&oacute;n por la que no desean el hijo es el rechazo del var&oacute;n al embarazo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Por ello no es posible circunscribir la negociaci&oacute;n en el terreno de la reproducci&oacute;n a la negociaci&oacute;n de la coitalidad, puesto que en las relaciones de la intimidad se negocia mucho m&aacute;s que una pr&aacute;ctica sexual.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Por ejemplo, la evidencia emp&iacute;rica muestra (Guevara, 1999) que cuando los hombres viven un embarazo no deseado en una relaci&oacute;n ocasional o extramarital, la continuaci&oacute;n del embarazo ni siquiera entra en la negociaci&oacute;n, si acaso se negocia el apoyo material que ellos pueden ofrecer para realizar un aborto, pero no su paternidad. Esas son las reglas del juego que ellos establecieron y no est&aacute;n dispuestos a modificar.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Elsa Guevara Ruise&ntilde;or. </b>Profesora de carrera titular "A definitiva" en la carrera de psicolog&iacute;a en el &aacute;rea de psicolog&iacute;a social de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, UNAM, desde 1977. Licenciada en psicolog&iacute;a por la Facultad de Psicolog&iacute;a de la UNAM. Maestr&iacute;a en psicolog&iacute;a social en la misma facultad. Actualmente, doctorante en ciencias pol&iacute;ticas y sociales con orientaci&oacute;n en sociolog&iacute;a en la Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales de la UNAM. Investigadora desde la perspectiva de g&eacute;nero en los temas de sexualidad, relaciones de pareja, salud reproductiva, aborto, masculinidad y j&oacute;venes, autora de diversos art&iacute;culos y ensayos publicados. Fue asesora en g&eacute;nero en la Direcci&oacute;n General de Salud y Poblaci&oacute;n en el Programa Universitario de Estudios de G&eacute;nero, UNAM, de enero de 1999 a enero de 2001. Coordinadora del M&oacute;dulo VI. G&eacute;nero y salud en el diplomado titulado "Relaciones de g&eacute;nero. Construyendo la equidad entre hombres y mujeres", organizado por el PUEG y la Casa de las Humanidades de la UNAM, entre octubre del 2002 y junio del 2003.</font></p>     ]]></body>
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