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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Movimientos indios en América Latina: Los nuevos procesos de construcción nacionalitaria]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The analysis and study of movements carried out by indigenous peoples -that is the native societies and cultures of the American continent- has to some extent emphasized the aspects of juncture and their capacity or incapacity to transform the situations of economic domination and cultural subordination undergone in the different states. In this essay the author seeks to identify these movements insofar as processes of nationality-building, understood as the quest to establish collective subjects that appeal to a shared social identity, based on one's own or on an adopted cultural tradition, and which seek to establish relations on equal terms with the other cultural groups that make up that particular State.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Esquinas</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Movimientos indios en Am&eacute;rica Latina</b><b>. Los nuevos procesos de construcci&oacute;n nacionalitaria<a href="#notas">*</a></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Miguel Alberto Bartolom&eacute;</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Profesor&#45;investigador del Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia de M&eacute;xico.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis y estudio de los movimientos protagonizados por los pueblos ind&iacute;genas, es decir, por las sociedades y culturas originarias del continente americano, ha puesto cierto &eacute;nfasis en sus aspectos coyunturales y en su capacidad o incapacidad para transformar las situaciones de dominaci&oacute;n econ&oacute;mica y subordinaci&oacute;n cultural por las que atraviesan en los distintos estados. En este ensayo el autor pretende caracterizar a dichos movimientos en tanto procesos de construcci&oacute;n nacionalitaria, entendidos como la b&uacute;squeda por constituir sujetos colectivos que apelan a una identidad &nbsp;social compartida, basada en una tradici&oacute;n cultural propia o apropiada, y que pretenden relacionarse en t&eacute;rminos igualitarios con los otros conjuntos culturales que forman parte de un mismo Estado.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">The analysis and study of movements carried out by indigenous peoples &#151;that is the native societies and cultures of the American continent&#151; has to some extent emphasized the aspects of juncture and their capacity or incapacity to transform the situations of economic domination and cultural subordination undergone in the different states. In this essay the author seeks to identify these movements insofar as processes of nationality&#45;building, understood as the quest to establish collective subjects that appeal to a shared social identity, based on one's own or on an adopted cultural tradition, and which seek to establish relations on equal terms with the other cultural groups that make up that particular State.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Alguna vez los hombres son due&ntilde;os de sus destinos. La culpa, querido Bruto, no es de nuestras estrellas, sino de nosotros mismos, si consentimos en ser inferiores</i></font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">William Shakespeare, Julio Cesar, Ac. 1, Esc. 2.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LAS DIN&Aacute;MICAS SOCIALES</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aquellos que cre&iacute;an que la historia humana ten&iacute;a alg&uacute;n tipo de prop&oacute;sito, generalmente coincidente con sus propias voluntades ideol&oacute;gicas y pol&iacute;ticas, suelen desorientarse ante la din&aacute;mica social contempor&aacute;nea. Al igual que lo ha hecho siempre, el mundo est&aacute; cambiando pero no en las direcciones que se hab&iacute;an previsto. El mercantilismo salvaje se expande por el planeta, en el marco de una globalizaci&oacute;n cuya complejidad tecnol&oacute;gica y supuesta universalidad, tienden a hacer olvidar su signo occidentalizante y su naturaleza hegem&oacute;nica. Los aspectos econ&oacute;micos, culturales e ideol&oacute;gicos de la globalizaci&oacute;n, no suponen una participaci&oacute;n equilibrada de los grupos sociales y culturales, que tienen acceso en forma diferencial a este inusitado desarrollo de los sistemas conectivos dentro de los cuales est&aacute;n ahora involucrados. Asistimos a procesos en los cuales muchos de sus protagonistas, incluyendo a la antropolog&iacute;a, encuentran dif&iacute;cil definir el papel que desempe&ntilde;an, de tal manera que todos pareci&eacute;ramos estar condenados a ser arrastrados por un inevitable torrente hist&oacute;rico, olvidando que la historia depende de la voluntad de sus participantes. Como en el caso de todas las grandes transformaciones que ha experimentado la humanidad, la actual es tambi&eacute;n un momento propicio para la reflexi&oacute;n y la acci&oacute;n pol&iacute;ticas, orientadas a imaginar y proponer modelos alternativos de convivencia, ante la r&aacute;pida obsolescencia de los que hasta ahora se han impuesto como realidad constituida. </font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font size="2" face="verdana"><a href="../img/revistas/desacatos/n10/a10i1.jpg" target="_blank">Kikapoo &#47; Archivo INAH, facilitado por el Instituto Estatal de Documentaci&oacute;n de Coahuila</a></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es en este momento y en esta coyuntura de aparente unificaci&oacute;n y homogeneizaci&oacute;n planetaria, que los pueblos indios de la llamada Am&eacute;rica Latina reaparecen con toda su carga de alteridad cultural, en una escena de la que en realidad nunca estuvieron ausentes. No se trata de un nuevo fen&oacute;meno identitario eventualmente provocado por la "modernidad", como lo pretenden algunas propuestas constructivistas a ultranza, sino de la nueva visibilidad de una presencia que hab&iacute;a sido negada por las perspectivas integracionistas de los estados y por la ceguera ontol&oacute;gica de pol&iacute;ticos y cient&iacute;ficos sociales. A partir de la d&eacute;cada de 1960 en el &aacute;mbito andino y mesoamericano y, con mayor dificultad en las tierras bajas sudamericanas, tanto las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas estatales como las propuestas contestatarias trataron de inducir a los ind&iacute;genas a considerarse s&oacute;lo como campesinos, asumiendo que la inserci&oacute;n econ&oacute;mica bastaba para entender sus demandas o definir su proyecto social. Pero las sociedades nativas han demostrado que, a pesar de que muchas fueron colocadas en posici&oacute;n de clases subordinadas por los diferentes marcos estatales, poseen una trayectoria hist&oacute;rica y cultural propias, as&iacute; como una identidad social asumida en t&eacute;rminos &eacute;tnicos, que las diferencian de similares contextos de clase. Resulta contradictorio observar c&oacute;mo aquellos que pretend&iacute;an entenderlos s&oacute;lo como campesinos carenciados, se sorprenden ahora ante las demandas &eacute;tnicas de grupos humanos que hab&iacute;an pretendido definir sin comprender.<sup><a href="#notas">1</a></sup> La renuncia activa a las &oacute;pticas reduccionistas de las d&eacute;cadas pasadas implica recuperar la experiencia acumulada por la tradici&oacute;n intelectual de la que formamos parte, tratando de contribuir con nuestras reflexiones y propuestas a la construcci&oacute;n de sociedades culturalmente plurales y pol&iacute;ticamente igualitarias.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/desacatos/n10/a10i2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis y estudio de los movimientos protagonizados por los pueblos ind&iacute;genas, es decir, por las sociedades y culturas originarias del continente americano, ha puesto cierto &eacute;nfasis en sus aspectos coyunturales y en su capacidad o incapacidad para transformar las situaciones de dominaci&oacute;n econ&oacute;mica y subordinaci&oacute;n cultural por las que atraviesan en los distintos estados.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Pero m&aacute;s all&aacute; del an&aacute;lisis de coyuntura, demasiado ligado a contextos espec&iacute;ficos que pueden hacer perder de vista su legitimidad hist&oacute;rica, su dimensi&oacute;n continental y sus aspectos comunes, pretendo ahora caracterizar a dichos movimientos en tanto <i>procesos de construcci&oacute;n nacionalitaria,<sup><a href="#notas">3</a></sup></i><sup><a href="#notas"></a></sup><i> entendidos como la b&uacute;squeda por constituir sujetos colectivos que apelan a una identidad social compartida, basada en una tradici&oacute;n cultural propia o apropiada</i>, y que pretenden relacionarse en t&eacute;rminos igualitarios con los otros conjuntos culturales que forman parte de un mismo estado. Esta din&aacute;mica social est&aacute; siendo protagonizada por sociedades que, en la mayor parte de los casos, carecen de un aparato pol&iacute;tico unitario propio que incluya a la totalidad de sus miembros. Ello hace a&uacute;n m&aacute;s compleja la tarea de reconstruir o construir un sujeto colectivo basado en una comunidad de comunicaci&oacute;n y de intereses, que permitir&iacute;an constituirlos como pueblos dotados de una identificaci&oacute;n conjunta, en t&eacute;rminos similares a los de las naciones construidas por los estados (M. Bartolom&eacute;, 2001). Sin embargo, una lectura de los actuales procesos &eacute;tnicos en t&eacute;rminos nacionalitarios, destaca que las movilizaciones, m&aacute;s all&aacute; de sus objetivos puntuales, o apelando instrumentalmente a ellos, pretenden que las comunidades etnoculturales se configuren como sujetos pol&iacute;ticos, sin que esto implique la necesaria construcci&oacute;n de un aparato estatal propio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muchos de los grupos etnoling&uuml;&iacute;sticos que protagonizan estos procesos pertenecen a las tradiciones civilizatorias mesoamericana y andina, y est&aacute;n compuestos por una multitud de comunidades agr&iacute;colas d&eacute;bilmente integradas entre s&iacute;, aunque el conjunto de los hablantes puedan sumar millones.<sup><a href="#notas">4</a></sup> Por ello buscan encontrar en las matrices hist&oacute;ricas, ling&uuml;&iacute;sticas y culturales compartidas los referentes comunes que posibiliten la identificaci&oacute;n colectiva. Otro es el caso de las sociedades organizadas en jefaturas, en sistemas segmentarios tribales o en bandas compuestas, que poseen mecanismos generalizados de identificaci&oacute;n, generalmente basados en principios m&iacute;ticos, parentales o de reciprocidad, que aunque no excluyen los conflictos internos, permiten un mayor nivel de reconocimiento de la membres&iacute;a &eacute;tnica. As&iacute; las jefaturas <i>kunas</i> de Panam&aacute; se saben integrantes de un grupo mayor que habita en <i>kuna yala;</i> la parcialidad tribal <i>mbya</i> guaran&iacute; del Paraguay se piensa como tal, pero reconoce tanto la existencia como las diferencias que la re&uacute;nen y separan de las parcialidades <i>Pai Tavyter&aacute;</i> y <i>Av&aacute;&#45;Guaran&iacute;.</i> A su vez, las antiguas bandas de tradici&oacute;n cazadora del chaco argentino y paraguayo, reconocen un cierto parentesco que las une, m&aacute;s all&aacute; de las diferencias ling&uuml;&iacute;sticas, pol&iacute;ticas o hist&oacute;ricas que las separan. Algo similar ocurre con los norte&ntilde;os <i>wicholes, yaquis</i> o <i>seris</i> de M&eacute;xico, cuyos sistemas de intercambio han posibilitado el mantenimiento o desarrollo procesal de identidades compartidas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un elemento a destacar es que en la actualidad las movilizaciones de todas las sociedades nativas, m&aacute;s all&aacute; de los sistemas organizativos preexistentes, se orientan a buscar tanto la inclusi&oacute;n de la mayor parte de los miembros de un mismo grupo etnoling&uuml;&iacute;stico, como a desarrollar alianzas inter&eacute;tnicas intentando generar un incremento de su presencia y fuerza pol&iacute;ticas ante el Estado. Aqu&iacute; cabe destacar la diferencia que existe entre los grupos etnoling&uuml;&iacute;sticos y los &eacute;tnicos en sentido estricto: Los grupos &eacute;tnicos constituyen unidades adscriptivas y, por lo tanto, identitarias, cuyos miembros se reconocen y son reconocidos como tales (F. Barth, 1976), lo que facilita la acci&oacute;n colectiva. En cambio, los grupos etnoling&uuml;&iacute;sticos se corresponder&iacute;an m&aacute;s con lo que A. Smith (1997: 18) denomina <i>categor&iacute;as &eacute;tnicas,</i> es decir, agrupamientos ling&uuml;&iacute;sticos, hist&oacute;ricos o culturales, a veces concebidos como tales s&oacute;lo por ling&uuml;istas o antrop&oacute;logos, cuya conciencia de colectividad puede ser muy tenue o nunca haber existido.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Sin embargo, la historia, la proximidad ling&uuml;&iacute;stica o los rasgos culturales compartidos pueden constituirse como referentes fundamentales del proceso de construcci&oacute;n de una colectividad identitaria y eventualmente orientar las conductas pol&iacute;ticas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La actual globalizaci&oacute;n aspira a un supuesto universalismo, ahora no s&oacute;lo propuesto por los estados sino tambi&eacute;n por las corporaciones transnacionales que buscan un mercado homog&eacute;neo de consumidores. Pero el aumento de los contrastes inter&eacute;tnicos que ponen frente a frente a culturas diferenciadas, a pesar de buscar homogeneizar, genera un incremento de las identidades que se confrontan entre s&iacute;. Ante estas fuerzas de la pol&iacute;tica cultural y del mercado, los movimientos ind&iacute;genas aparecen como la expresi&oacute;n contestataria no s&oacute;lo de sujetos pol&iacute;ticos, sino tambi&eacute;n de alteridades culturales que buscan una ubicaci&oacute;n dentro de contextos estatales y globales, que con gran dificultad comienzan a reconocer su derecho a la existencia. Esta presencia replantea no s&oacute;lo la actual organizaci&oacute;n formal de los estados, sino tambi&eacute;n la imposici&oacute;n cultural y la misma propuesta pol&iacute;tica y social implicadas en su construcci&oacute;n hist&oacute;rica. Y es que la vigencia del pluralismo cultural cuestiona radicalmente el proyecto uninacional de los estados, que se ve confrontado con la presencia de los proyectos nacionalitarios alternativos que asumen las minor&iacute;as &eacute;tnicas. Tratar&eacute; entonces, en las p&aacute;ginas siguientes, de justificar estas aseveraciones.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>PROCESOS DE LA GUERRA FR&Iacute;A</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como todos, el siglo XX estuvo signado por importantes transformaciones en los sistemas sociales y en las estructuras productivas de Am&eacute;rica Latina. En un ensayo anterior he comentado que hacia la mitad del siglo XX el industrialismo basado en la sustituci&oacute;n de importaciones aument&oacute; los desniveles econ&oacute;micos regionales locales por el desequilibro en la distribuci&oacute;n de la tecnolog&iacute;a y los ingresos. A su vez, el desarrollismo imperante supuso una nueva expansi&oacute;n hacia las fronteras interiores, es decir, aquellas &aacute;reas que hab&iacute;an permanecido un tanto al margen de los procesos econ&oacute;micos dominantes y que entonces fueron vistas como potenciales fuentes de nuevos recursos (M. Bartolom&eacute;, 1979). De hecho, fue en esta &eacute;poca que comenzaron a surgir los primeros movimientos ind&iacute;genas amaz&oacute;nicos como respuesta a la nueva expansi&oacute;n criolla. La selvas tropicales de Per&uacute;, Bolivia, Brasil, Ecuador, Colombia, las Guyanas y Venezuela, fueron objeto de una invasi&oacute;n de colonos, ganaderos y frentes extractivos de recursos, orientada por el mito del "gran vac&iacute;o amaz&oacute;nico" en Per&uacute; (R. Chase Smith, 1983), que en Venezuela se denominaba como &aacute;rea marginal/fronteriza (N. Arvelo&#45;Jim&eacute;nez, 2001), y en Brasil como la "frontera interna". Las &aacute;reas ind&iacute;genas andinas, mesoamericanas, patag&oacute;nicas y chaque&ntilde;as, sufrieron el impacto de la oferta desarrollista que reclut&oacute; masivos contingentes de mano de obra, a la vez que gener&oacute; grandes obras de infraestructura (represas, carreteras) que afectaron negativamente a las poblaciones locales (M. Bartolom&eacute;, 1992), A su vez, la asim&eacute;trica dicotom&iacute;a econ&oacute;mica rural&#45;urbana se hizo a&uacute;n m&aacute;s visible, al tiempo que fue permeada por las migraciones campesinas e ind&iacute;genas en b&uacute;squeda de las oportunidades laborales que te&oacute;ricamente se ofrec&iacute;an. Se fue incrementando as&iacute; para los pueblos nativos la conciencia de que estaban incluidos dentro de formaciones estatales que no los representaban y que, en realidad, los consideraba como un obst&aacute;culo para alcanzar la dorada meta del desarrollo, entendido no s&oacute;lo como objetivo econ&oacute;mico, sino tambi&eacute;n como concreci&oacute;n local del proceso de occidentalizaci&oacute;n planetaria.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, desde los fines de la Segunda Guerra Mundial, cuando el mundo qued&oacute; aparentemente dividido en dos bloques irreconciliables, las consecuencias de este s&oacute;rdido conflicto comenzaron a hacerse sentir en las sociedades nativas. Los pa&iacute;ses del llamado tercer mundo empezaron a ser utilizados como piezas en una vasta partida de ajedrez cuyo resultado final parec&iacute;a ser la guerra termonuclear. Las llamadas "fronteras interiores", aquellas &aacute;reas marginales a las expansiones y los controles estatales, pasaron a ser percibidas como espacios ambiguos donde se pod&iacute;an producir eventuales confrontaciones entre las perspectivas hegem&oacute;nicas. Y de hecho se produjeron. Estos espacios, muchas veces poblados por pueblos ind&iacute;genas o un pobre campesinado, con frecuencia sometidos a los m&aacute;s b&aacute;rbaros mecanismos de explotaci&oacute;n neocolonial, constitu&iacute;an (y constituyen) un reservorio de profundo descontento social y pol&iacute;tico. En ellos fijaron su acci&oacute;n tanto las fuerzas armadas estatales orientadas por las doctrinas de "seguridad interior", as&iacute; como algunos de los movimientos contestatarios de la &eacute;poca, intentando que las culturas locales participaran como peones en esa perversa partida de ajedrez que llevaba a la humanidad hacia el abismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un ejemplo de lo anterior es que algunos grupos, como los <i>ach&eacute;&#45;guayak&iacute;</i> del Paraguay, cazadores y recolectores entonces de muy reciente contacto, fueron utilizados en la d&eacute;cada de 1960 como gu&iacute;as por las tropas paraguayas que reprimieron la insurgencia guerrillera en las selvas orientales. En Argentina sectores de los pueblos chaque&ntilde;os de tradici&oacute;n cazadora, entre ellos los <i>wichi,</i> intentaron ser reclutados por los movimientos contestatarios, haci&eacute;ndose destinatarios de la represi&oacute;n cuya crueldad tipificaba a la dictadura militar instaurada en 1976. Cientos de <i>mapuches</i> chilenos debieron, al igual que miles de sus compatriotas, aceptar el exilio impuesto por el r&eacute;gimen militar, que desde 1973 ensangrent&oacute; a su pa&iacute;s enarbolando la alineaci&oacute;n con un occidentalismo fundamentalista. En todos los pa&iacute;ses del &aacute;rea amaz&oacute;nica, la geopol&iacute;tica imperante pretendi&oacute; considerar a los pueblos ind&iacute;genas que habitaban las fronteras estatales, como eventuales part&iacute;cipes de los conflictos internos. En las regiones andinas del Per&uacute;, la violencia mesi&aacute;nica de Sendero Luminoso ofreci&oacute; contradictoriamente un inusual acceso a la vida pol&iacute;tica a los <i>quechuas,</i> quienes hab&iacute;an carecido de opciones propias de participaci&oacute;n en la toma de decisiones estatales. En la amazonia peruana, algunos pueblos como los <i>ash&aacute;ninka</i> fueron reclutados como combatientes por la guerrilla local en 1965, proceso favorecido por la identificaci&oacute;n de un jefe rebelde con el h&eacute;roe mesi&aacute;nico hist&oacute;rico Juan Santos Atahualpa (M. Brown y E. Fern&aacute;ndez, 1991), aunque m&aacute;s tarde debieron combatir a la guerrilla senderista con el dram&aacute;tico saldo de 3 500 muertos (R. Montoya, 1998).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo que ata&ntilde;e a Am&eacute;rica Central, poco es lo que se puede a&ntilde;adir respecto a la guerra interna de Guatemala,<sup><a href="#notas">6</a></sup> cuyos aspectos inter&eacute;tnicos son de sobra conocidos y que implicaron un cr&iacute;tico costo para la poblaci&oacute;n nativa no combatiente, pero que era considerada "el agua del pez guerrillero", de acuerdo a los modelos de contrainsurgencia derivados de la experiencia estadounidense en Vietnam. A su vez, los <i>nahuas pilpiles</i> de Nicaragua pelearon con denuedo a favor de la insurrecci&oacute;n sandinista, aunque poco despu&eacute;s los <i>m&iacute;skitos, sumos</i> y <i>ramas</i> de la costa atl&aacute;ntica, combatieron al mismo ej&eacute;rcito insurgente que se supon&iacute;a que los hab&iacute;a liberado. La situaci&oacute;n global fue de tal naturaleza en esta &eacute;poca, que se puede proponer que, con algunas excepciones, los ej&eacute;rcitos latinoamericanos constituyeron la instituci&oacute;n estatal que con m&aacute;s frecuencia interactu&oacute; con los ind&iacute;genas, hasta el punto que muchos llegaron a identificar a los militares con el Estado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hecho es que, si los siglos XIX y XX estuvieron signados por la expansi&oacute;n de las sociedades criollas sobre las tierras ind&iacute;genas, el siglo XX ofert&oacute; tambi&eacute;n el fallido desarrollismo y despu&eacute;s la conflictividad pol&iacute;tica de los estados, involucrados en las disputas hegem&oacute;nicas y en sus propios procesos de democratizaci&oacute;n. Cabe se&ntilde;alar, sin embargo, que la gran difusi&oacute;n de las pol&iacute;ticas educativas en la misma &eacute;poca alfabetiz&oacute; a un creciente grupo de nativos, permiti&eacute;ndoles tener acceso a un mejor conocimiento de sus contextos hist&oacute;ricos y sociales. A su vez, la globalizaci&oacute;n comunicativa de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas hizo que los sucesos locales fueran cada vez m&aacute;s conocidos en el &aacute;mbito global, provocando repercusiones en lugares diferentes o muy distantes a los de su surgimiento. La generalizaci&oacute;n de las organizaciones y pol&iacute;ticas defensoras de los derechos humanos, les ofreci&oacute; la posibilidad de contar con un foro internacional ante el cual argumentar las violaciones a los mismos, a la vez que plantear sus derechos individuales como derechos colectivos (R. Stavenhagen, 1998). Por otra parte, la participaci&oacute;n en organizaciones de productores y la defensa de los derechos sobre recursos naturales o sus tierras de labor, aument&oacute; de manera exponencial el conocimiento ind&iacute;gena sobre las l&oacute;gicas estatales y las posibilidades de actuar respecto a &eacute;stas. Esto gener&oacute; una nueva forma de pensarse a s&iacute; mismos en t&eacute;rminos de conjuntos &eacute;tnicos, que padec&iacute;an similares problemas fundados en esa misma condici&oacute;n &eacute;tnica. Asimismo, los partidos pol&iacute;ticos, las iglesias, las organizaciones ambientalistas, los grupos defensores de los derechos humanos, los narcotraficantes<sup><a href="#notas">7</a></sup> y distintas organizaciones no gubernamentales enfocaron su acci&oacute;n en los pueblos nativos.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, hartos ya de esta situaci&oacute;n, una de las decanas de las organizaciones etnopol&iacute;ticas en Am&eacute;rica Latina, el Consejo Regional Ind&iacute;gena del Cauca (CRIC) de Colombia, se&ntilde;ala en el llamado <i>Documento de Jambal&oacute;</i> las siguientes consideraciones cr&iacute;ticas (CRIC, 2000):</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...En el pasado y a&uacute;n en el presente, hemos sido v&iacute;ctimas de una guerra que no es nuestra, no la entendemos ni la apoyamos... Constantemente hemos sido se&ntilde;alados de pertenecer a la guerrilla, al ejercito, al narcotr&aacute;fico o a los paramilitares. Siendo v&iacute;ctimas de constantes invasiones ideol&oacute;gicas (religiones, partidos pol&iacute;ticos de derecha y de izquierda, instituciones de gobierno y privadas, ONGs, entre otras) que confunden a nuestras comunidades...</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, en la &uacute;ltima d&eacute;cada el neoliberalismo y su frenes&iacute; mercantil, afectaron a nivel econ&oacute;mico a cada vez m&aacute;s regiones ind&iacute;genas, determinando el desarrollo de movilizaciones de autodefensa. A su vez, para la misma &eacute;poca, muchos de los estados liberalizaron sus estructuras pol&iacute;ticas, desarrollando nuevas legislaciones que reconocen la presencia ind&iacute;gena y que eventualmente posibilitan su participaci&oacute;n en las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que los afectan. El resultado global de todos estos procesos, fue el incremento de la voluntad y capacidad de acci&oacute;n pol&iacute;tica compartida, en parte por poblaciones que hasta entonces hab&iacute;an sido percibidas como sujetos pasivos de determinaciones externas, a pesar de contar con una dilatada trayectoria de resistencia &eacute;tnica. Este conjunto de factores influy&oacute; de manera crucial en las poblaciones nativas,<sup><a href="#notas">8</a></sup> quienes tuvieron acceso en pocos a&ntilde;os a una m&aacute;s clara percepci&oacute;n de su inserci&oacute;n en los contextos inter&eacute;tnicos regionales y estatales, favoreciendo de esta manera el desarrollo de respuestas y demandas pol&iacute;ticas, inicialmente guiadas hacia cuestiones puntuales, pero posteriormente orientadas a afirmar su condici&oacute;n de pueblos oprimidos y a proponer sus propias perspectivas de un futuro aut&oacute;nomo. Tal como lo hemos destacado en otra oportunidad, los factores contextuales son determinantes para el surgimiento de las movilizaciones, pero en su transcurso los factores culturales se comportan de manera dominante (M. Bartolom&eacute; y A. Barabas, 1977). </font></p> 	    <p align="center"><font size="2" face="verdana"><a href="../img/revistas/desacatos/n10/a10i3.jpg" target="_blank">Archivo Purcell, Saltillo</a></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se desarroll&oacute; de esta manera una nueva conciencia del "s&iacute; en situaci&oacute;n", que se manifiesta tanto a nivel ideol&oacute;gico en t&eacute;rminos de la b&uacute;squeda de una nueva asunci&oacute;n identitaria que se deb&iacute;a explicitar ante el exterior, como en la vertebraci&oacute;n de un nuevo tipo de acci&oacute;n pol&iacute;tica orientada a transformar los sistemas inter&eacute;tnicos dentro de los cuales han estado hist&oacute;ricamente incluidos. Se trat&oacute;, en s&iacute;ntesis, <i>no de una nueva forma del ser, sino de una nueva forma en que ese ser social se pod&iacute;a pensar a s&iacute; mismo.</i> En muy poco tiempo, lo que a partir de la d&eacute;cada de 1960 se hab&iacute;a inicialmente manifestado como la movilizaci&oacute;n circunscripta de algunos grupos &eacute;tnicos en diferentes pa&iacute;ses, pas&oacute; a constituirse en un proceso continental influido y condicionado por los distintos contextos regionales, pero cada vez m&aacute;s vinculado entre s&iacute;; una de cuyas caracter&iacute;sticas generalizables radica en el rechazo de que las identidades &eacute;tnicas nativas sean absorbidas por las identidades alternativas propuestas por los estados.<sup><a href="#notas">9</a></sup> Es decir, que la afirmaci&oacute;n de la cultura e identidad propias constituye un elemento recurrente, lo que les otorga singularidad respecto del vasto espectro de los nuevos movimientos sociales contempor&aacute;neos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todav&iacute;a en el a&ntilde;o 2000, demostrando su incapacidad para renunciar a la doctrina de la seguridad nacional basada en la hip&oacute;tesis b&eacute;lica del conflicto interno, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, en su reporte proyectivo sobre los siguientes 15 a&ntilde;os, informaba respecto a los riesgos involucrados en los movimientos ind&iacute;genas. Esta guardiana de la democracia internacional se&ntilde;alaba que uno de los principales retos que afrontar&iacute;an los gobiernos latinoamericanos en los pr&oacute;ximos 15 a&ntilde;os estar&iacute;an representados por los movimientos ind&iacute;genas. As&iacute; destacan que "...tales movimientos se incrementar&aacute;n, facilitados por redes transnacionales de activistas de derechos humanos y grupos ecologistas bien financiados. La tensi&oacute;n se incrementar&aacute; en un &aacute;rea que va desde M&eacute;xico hacia la regi&oacute;n amaz&oacute;nica." (CIA, 2000: 31). El mismo documento se&ntilde;ala que los estados de lento crecimiento econ&oacute;mico y alta concentraci&oacute;n del poder en una elite reducida, aumentar&aacute;n su discriminaci&oacute;n respecto a las comunidades minoritarias, lo que ser&iacute;a el caso de India, Rusia y China, pero tambi&eacute;n del Brasil. Si alguna duda le cabe a la reflexi&oacute;n social contempor&aacute;nea respecto a la importancia de los movimientos ind&iacute;genas, tal vez el inter&eacute;s que despiertan en la CIA ayude a convencerla de su trascendencia.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL RESURGIMIENTO INDIO</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es as&iacute; que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas asistimos a un proceso que a las ciencias sociales le ha costado mucho reconocer, ya que lo hab&iacute;a considerado demasiado comprometedor para tratarlo de manera acad&eacute;mica, o pol&iacute;ticamente poco relevante para contribuir a la transformaci&oacute;n de nuestras sociedades. La emergencia y multiplicaci&oacute;n de organizaciones, federaciones, movimientos y agrupaciones etnopol&iacute;ticas de las etnias nativas,<sup><a href="#notas">10</a></sup> que desde hace a&ntilde;os disputan un espacio pol&iacute;tico, cultural y territorial propio dentro del &aacute;mbito de los estados&#45;nacionales, no constituye un proceso que s&oacute;lo puede ser juzgado en t&eacute;rminos valorativos, sino un hecho social concreto sobre el que se debe proyectar la reflexi&oacute;n social contempor&aacute;nea. Se trata de una demanda generalizada, que progresivamente va incorporando a m&aacute;s y m&aacute;s contingentes humanos pertenecientes a los casi 50 millones de sobrevivientes del dilatado proceso colonial y neocolonial.<sup><a href="#notas">11</a></sup> De las m&uacute;ltiples posibilidades anal&iacute;ticas que ofrecen, lo que aqu&iacute; me importa destacar es su car&aacute;cter de procesos constructores de nuevos tipos de sujetos colectivos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta emergencia contempor&aacute;nea no es un fen&oacute;meno nuevo, sino la expresi&oacute;n reestructurada de la misma lucha centenaria que han llevado a cabo las etnias ind&iacute;genas, pero que ahora se expresa a trav&eacute;s de un nuevo tipo de discurso y de acci&oacute;n. Se trata de una reelaborada praxis etnopol&iacute;tica, que se ha adaptado a las cambiantes circunstancias por las que atraviesan los sistemas inter&eacute;tnicos locales, regionales y continentales, tratando de manifestarse en t&eacute;rminos que sean comprensibles dentro de los par&aacute;metros impuestos por el logos dominante. Pero sus antecedentes se hunden en los siglos, donde los encontramos en forma de movimientos socio&#45;religiosos de liberaci&oacute;n, rebeliones armadas, migraciones mesi&aacute;nicas, etc&eacute;tera (A. Barabas, 1989). Incluso &eacute;stas s&oacute;lo delimitan las &eacute;pocas de eclosi&oacute;n; los momentos en los cuales la etnicidad desemboc&oacute; en estallidos totalizadores. Mucho menos evidentes para los observadores externos son los siglos de resistencia aparentemente pasiva, las generaciones en las cuales la identidad &eacute;tnica de millones de personas se vio obligada a refugiarse en el marco de lo cotidiano, en el seno de &aacute;mbitos exclusivos que mantuvieron su conciencia social espec&iacute;fica &#151;en este caso &eacute;tnica&#151;, lo m&aacute;s lejos posible de las pretensiones hegem&oacute;nicas de los aparatos coloniales y neocoloniales. Se fue configurando as&iacute; lo que alguna vez denominara como una "cultura de resistencia", que busc&oacute; y logr&oacute; mantener la identidad social distintiva de sus miembros (si se quiere transfigurada, pero b&aacute;sicamente propia) hasta nuestros d&iacute;as (M. Bartolom&eacute;, 1988).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, tampoco debemos sobrevalorar la capacidad de resistencia de las poblaciones indias. Muchos proyectos sociales y culturales han desaparecido para siempre. Centenares de culturas concretas que testimoniaban formas singulares de los m&uacute;ltiples rostros de la humanidad se han perdido irremediablemente. Y, m&aacute;s all&aacute; de la extinci&oacute;n f&iacute;sica, millones de hombres y mujeres inhabilitados para ejercer su identidad, fueron coercitivamente descaracterizados, alienados hasta el punto de verse obligados a renunciar a s&iacute; mismos, en aras de su integraci&oacute;n a los modelos de identidad alternativa que les propon&iacute;an las sociedades dominantes. Mestizos ideol&oacute;gicos, despose&iacute;dos de sus propios rostros y obligados a transformarse en una versi&oacute;n subalterna del mundo de los propietarios de los estados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este mecanismo de mestizaje no biol&oacute;gico que parec&iacute;a ser irreversible en algunos &aacute;mbitos &eacute;tnicos, muestra ahora ciertas tendencias en sentido inverso; ello se expresa en los intentos de reconstruir las casi perdidas o muchas veces imaginadas identidades precoloniales, a&uacute;n cuando puedan carecer del sustento que les proporcionaba la lengua propia.<sup><a href="#notas">12</a></sup> Se trata de procesos algunos de los cuales pueden ser considerados de etnog&eacute;nesis en sentido estricto (A. P&eacute;rez, 2001), no aplic&aacute;ndolo al resurgimiento de una etnia preexistente aunque desvitalizada, sino a la construcci&oacute;n de una identificaci&oacute;n &eacute;tnica efectuada por un grupo humano, cuyo origen y cultura compartida pueden ser s&oacute;lo un dato del pasado, real o imaginario, pero que se asume como referente fundamental en la configuraci&oacute;n de una comunidad identitaria. A ello contribuye tanto la posible vigencia de una tradici&oacute;n oral como la informaci&oacute;n proporcionada por la antropolog&iacute;a y la historia, que se esgrimen como una argumentaci&oacute;n clave para fundar la legitimidad de la colectividad que se asume en t&eacute;rminos &eacute;tnicos. En algunos casos esta etnog&eacute;nesis responde a intereses instrumentales, cuando de ella se puede esperar la posible obtenci&oacute;n de recursos, tales como el derecho a la tierra. Pero en otros casos se trata de conglomerados sociales heterog&eacute;neos, unificados por sus posiciones econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y culturales subalternas, que a trav&eacute;s de la etnog&eacute;nesis tratan de aspirar a una cierta dignidad y reconocimiento, por parte de una sociedad nacional que los ignora. S&oacute;lo el futuro inmediato podr&aacute; arrojar luz sobre el resultado de estos procesos contempor&aacute;neos, pero el hecho a destacar es que los indios identitarios, en toda Am&eacute;rica Latina, son en realidad muchos m&aacute;s que los que proponen los censos estatales que recurren exclusivamente al indicador ling&uuml;&iacute;stico.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LOS MOVIMIENTOS ETNOPOL&Iacute;TICOS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las caracter&iacute;sticas actuales de las movilizaciones indias en cada &aacute;mbito local responden a muy variadas situaciones econ&oacute;micas, sociales y culturales. Las modalidades de la acci&oacute;n de las organizaciones responden no s&oacute;lo a los contextos estatales en los cuales se desarrolla, sino tambi&eacute;n a la propia l&oacute;gica y coyuntura pol&iacute;tica de los distintos pueblos. Algunas movilizaciones provienen de los sistemas pol&iacute;ticos tradicionales (propios o apropiados), que a&uacute;n gu&iacute;an y norman la vida colectiva; pero otras se han estructurado como nuevos movimientos sociales a los que denominamos etnopol&iacute;ticos para diferenciarlos de los anteriores. Si bien ambos tipos responden a la misma necesidad de enfrentarse o articularse con el Estado en defensa de sus derechos, su estructuraci&oacute;n responde a distintas coyunturas. En los pueblos que han logrado conservar en alguna medida los sistemas propios, la caracter&iacute;stica que asume la lucha se basa en su espec&iacute;fica l&oacute;gica pol&iacute;tica, la que a pesar de su legitimidad en ocasiones supone un factor adicional de incomprensi&oacute;n con la intolerante l&oacute;gica de los estados. As&iacute;, por ejemplo, las complejas argumentaciones provenientes de su cosmolog&iacute;a que esgrimen los guaran&iacute;es del Paraguay para fundamentar reivindicaciones sociales o territoriales, resultan incomprensibles para sus seculares interlocutores estatales.<sup><a href="#notas">13</a></sup> M&aacute;s entendibles para el estado son las organizaciones etnopol&iacute;ticas que, aunque se basan en la filiaci&oacute;n &eacute;tnica, recurren en sus demandas a un lenguaje pol&iacute;tico estructurado de acuerdo con la l&oacute;gica dominante. Dicha l&oacute;gica est&aacute; orientada por una te&oacute;rica noci&oacute;n de "democracia representativa", y aunque &eacute;sta pueda no formar parte de la experiencia pol&iacute;tica ind&iacute;gena, se supone que deben comportarse de acuerdo con sus t&eacute;rminos para negociar con el estado.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/desacatos/n10/a10i4.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La legitimidad interior y la b&uacute;squeda por una representatividad de estas organizaciones, generalmente supone un esfuerzo adicional de sus protagonistas para no desvirtuar la propia experiencia pol&iacute;tica, generalmente basada en la asamblea y en el consenso. Muchos de sus l&iacute;deres no son gu&iacute;as o autoridades tradicionales de los pueblos, sino miembros de una creciente intelectualidad ind&iacute;gena, portadores de lenguajes e ideas innovadoras, que incluso pueden entrar en contradicci&oacute;n con las perspectivas locales.<sup><a href="#notas">14</a></sup> Resulta frecuente en estos casos que la atribuida o auto atribuida "representaci&oacute;n democr&aacute;tica", adquiera el car&aacute;cter de una mediaci&oacute;n intercultural, cuyos protagonistas asumen dicho papel por su capacidad de manejar la lengua y los c&oacute;digos de sus interlocutores, m&aacute;s que por su participaci&oacute;n en las l&oacute;gicas y tradiciones de su propia cultura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El contexto anterior influye en la capacidad convocatoria y movilizadora de las organizaciones contempor&aacute;neas. En algunos pa&iacute;ses la configuraci&oacute;n de los movimientos responde a una redimensionalizaci&oacute;n y refuncionalizaci&oacute;n de la propia tradici&oacute;n pol&iacute;tica, en cuyo caso su gesti&oacute;n depender&aacute; de la adecuaci&oacute;n de sus instituciones a la articulaci&oacute;n intercultural.<sup><a href="#notas">15</a></sup> Pero en muchos otros casos se trata de organizaciones de nuevo tipo (federaciones, confederaciones, asociaciones, etc&eacute;tera), que suelen ser lideradas por intelectuales ind&iacute;genas no&#45;tradicionales y cuya organicidad puede ser a veces discutible.<sup><a href="#notas">16</a></sup> En ciertos casos instituciones externas tanto estatales como partidarias, misionales o contestatarias han sido corresponsables de la estructuraci&oacute;n de las organizaciones.<sup><a href="#notas">17</a></sup> Aunque no necesariamente sus motivaciones fueran espurias o manipulatorias, al no surgir de las bases &eacute;tnicas y no responder a la experiencia pol&iacute;tica local, su capacidad de convocatoria se ha visto inicialmente condicionada por sus or&iacute;genes. Incluso algunos estados han pretendido controlar y dirigir las organizaciones indias, dentro de una l&oacute;gica corporativa que les hace creer que la cuesti&oacute;n se resuelve coyunturalmente con manipular la movilizaci&oacute;n, pretendiendo realizar un manejo gerencial de la etnicidad. Se ha desarrollado de esta manera un sector &eacute;tnico de interlocuci&oacute;n con los estados, que no siempre responde a las expectativas de sus pueblos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No pretendo con estas observaciones negar la legitimidad o vigencia de las organizaciones etnopol&iacute;ticas, sino entender y no mitificar su real dimensi&oacute;n. Trato de se&ntilde;alar el car&aacute;cter extraordinariamente complejo de su formulaci&oacute;n actual, la que se encuentra sometida a las m&aacute;s duras pruebas. Por una parte, son objeto de las acciones represivas o manipulatorias de los estados, los partidos, las iglesias y otros movimientos, frente a los que deben defender su especificidad y mantener una distancia cr&iacute;tica; por otra, deben mantener o reformular su legitimidad respecto de las mismas poblaciones de las cuales emergen, muchas veces divididas por los faccionalismos internos. Las organizaciones y los l&iacute;deres de ellas emanados deben asumir el desaf&iacute;o de hacer compatible su liderazgo con los sistemas pol&iacute;ticos tradicionales, en cuyo marco generalmente no est&aacute;n elaboradas. Se trata de un largo y riesgoso proceso de adaptaci&oacute;n estrat&eacute;gica de la vida pol&iacute;tica para adecuarse al cambiante contexto nacional e internacional en el que transcurre su acci&oacute;n. Y si lo califico de riesgoso es porque en su transcurso se puede perder la especificidad que se pretende preservar, al verse obligados a expresarse y actuar en t&eacute;rminos de un pensamiento categorizador y de una l&oacute;gica pol&iacute;tica que no por conocidos dejan de ser ajenos.<sup><a href="#notas">18</a></sup> Pero sin una adecuaci&oacute;n tanto a las cambiantes coyunturas externas e internas como a las propias tradiciones, la nueva intelectualidad ind&iacute;gena corre el riesgo de desempe&ntilde;arse exclusivamente como intermediaria entre dos mundos, sin encontrar verdadero eco en sus grupos de procedencia, perdiendo as&iacute; la organicidad de la que se la supone portadora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un complejo e interesante proceso reciente ser&iacute;a el protagonizado por algunos de los grupos ind&iacute;genas de M&eacute;xico, en los que se advierte una incorporaci&oacute;n de sus organizaciones etnopol&iacute;ticas en el seno de la vida comunitaria, hasta hacerlas compatibles con los sistemas pol&iacute;ticos preexistentes. As&iacute; se puede proponer que en la actualidad, y en muchos casos, las organizaciones han pasado a integrar las estructuras sociales comunitarias locales, en la medida en que est&aacute;n definitivamente condicionadas por las mismas l&oacute;gicas pol&iacute;ticas de raigambre parental que gu&iacute;an otros aspectos de la vida colectiva.<sup><a href="#notas">19</a></sup> En estos casos las nuevas organizaciones pasan a integrar los sistemas pol&iacute;tico&#45;parentales, desarrollando as&iacute; una definida base social en la cual apoyarse y a la que deben una nueva organicidad. Han logrado de esta manera una compatibilidad entre los viejos y los nuevos sistemas, demostrando la flexibilidad de las instituciones tradicionales para adaptarse a los cambios por los que atraviesan. Dentro de esta misma proyecci&oacute;n de la l&oacute;gica pol&iacute;tica propia, pero a nivel regional, un reciente y excepcional ensayo de Nelly Arvelo&#45;Jim&eacute;nez (2001) demuestra c&oacute;mo la organizaci&oacute;n multi&eacute;tnica ind&iacute;gena del Amazonas venezolano, se basa en lo que ella caracteriza como un hist&oacute;rico Sistema de Interdependencia Regional Horizontal del Orinoco (SIRO), que vinculaba y vincula a nivel parental, comercial, social, ceremonial y pol&iacute;tico a distintos grupos cuya articulaci&oacute;n no es muy visible a nivel externo, pero que sustenta las movilizaciones actuales. M&aacute;s investigaciones en esta l&iacute;nea, podr&aacute;n tal vez exhibir que muchas de las organizaciones contempor&aacute;neas se est&aacute;n estructurando sobre la base de antiguos sistemas nativos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siguiendo esta misma l&iacute;nea de reflexi&oacute;n cr&iacute;tica y manteniendo lo asentado en los p&aacute;rrafos anteriores, habr&iacute;a que analizar las pretensiones continentalistas de los sectores, tanto ind&iacute;genas como no&#45;ind&iacute;genas, que proponen la existencia de un movimiento panindio en el &aacute;mbito latinoamericano.<sup><a href="#notas">20</a></sup> Creo que hay que diferenciar las leg&iacute;timas utop&iacute;as de los intelectuales indios, de la real estructuraci&oacute;n de un movimiento ind&iacute;gena en el &aacute;mbito continental. La multiplicaci&oacute;n de congresos y reuniones, as&iacute; como la apertura de algunos foros internacionales, podr&iacute;a brindar la imagen de que asistimos a la vertebraci&oacute;n de un proceso, cuya din&aacute;mica expansiva ha superado definitivamente las arbitrarias barreras impuestas por las fronteras de los estados nacionales. Pero la realidad es mucho m&aacute;s modesta en el momento actual, si bien presenta amplias expectativas abiertas hacia el futuro. Resulta innegable la riqueza de dichas reuniones, que han proporcionado a los protagonistas una visi&oacute;n m&aacute;s clara de la problem&aacute;tica de sus pueblos a nivel comparativo internacional y han fomentado ese emergente esp&iacute;ritu panindianista, pero ser&iacute;a apresurado considerarlas como cristalizaciones de una a&uacute;n inexistente estructuraci&oacute;n pol&iacute;tica e identitaria compartida, la que s&oacute;lo se hace visible a trav&eacute;s de una &oacute;ptica en exceso optimista. Incluso se puede confirmar que en varios de los pa&iacute;ses donde existen organizaciones o federaciones con pretensiones panregionales, gran parte de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena desconoce su existencia.<sup><a href="#notas">21</a></sup> Si bien cabe destacar que esas mismas federaciones dinamizaron a nivel pol&iacute;tico la identidad de muchos grupos. Y es que uno de los mayores obst&aacute;culos a los que se enfrentan los pueblos indios radica en la actual fragmentaci&oacute;n de las filiaciones identitarias abarcativas, resultante de los procesos coloniales y neocoloniales. De la misma manera, la autonom&iacute;a exclusivista de las comunidades locales, que les ha permitido resistir durante cinco siglos, en muchas ocasiones constituye un obst&aacute;culo a superar para las movilizaciones colectivas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un componente cr&iacute;tico de este complejo proceso es que hasta hace poco tiempo los ind&iacute;genas se encontraban solos, ya que incluso aquellos sectores que proponen una profunda transformaci&oacute;n econ&oacute;mica y pol&iacute;tica de sus sociedades, no hab&iacute;an sabido comprender (quiz&aacute;s muchos a&uacute;n no lo logran) las luchas y demandas &eacute;tnicas. Si alguna duda cabe respecto de las aseveraciones anteriores, debemos recordar que no resultan desconocidas las barreras de incomprensi&oacute;n que enfrentaron a los movimientos &eacute;tnicos y a las izquierdas nacionales en los distintos pa&iacute;ses latinoamericanos durante la d&eacute;cada de los a&ntilde;os setenta.<sup><a href="#notas">22</a></sup></font></p> 	    <p align="center"><font size="2" face="verdana"><a href="../img/revistas/desacatos/n10/a10i5.jpg" target="_blank">Kikapoo &#47; Archivo INAH, facilitado por el Instituto Estatal de Documentaci&oacute;n de Coahuila</a></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta fue la &eacute;poca en la que las perspectivas dogm&aacute;ticas minusvaloraban la cuesti&oacute;n &eacute;tnica, por considerarla una "contradicci&oacute;n secundaria", a la que se pretend&iacute;a incluir dentro de la problem&aacute;tica global del campesinado. Incluso la literatura emergente de los movimientos de liberaci&oacute;n nacional de los pa&iacute;ses colonizados, tales como las obras del tunecino Albert Memmi (1969) o del argelino Frantz Fanon (1973) entre otros, que tanto ayudan a comprender las luchas &eacute;tnicas pasadas y presentes, fueron casi ignoradas por las comunidades acad&eacute;micas debido a sus desconcertantes planteos &eacute;tnicos formulados en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos.<sup><a href="#notas">23</a></sup> Con mayor claridad que la que yo quiz&aacute;s pueda lograr, las palabras del l&iacute;der mapuche chileno Pedro Cayuqueo, demuestran la minusvaloraci&oacute;n de la que son objeto por los estados y la incomprensi&oacute;n de la izquierda (en Colectivo Flores Mag&oacute;n, 1999):</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">...en el fondo el discurso del gobierno tambi&eacute;n viene a demostrar una vez m&aacute;s que el racismo y la discriminaci&oacute;n del huinka para con nuestra gente no ha desaparecido. Ellos no conciben que los mapuche seamos capaces de organizarnos y pelear por nosotros mismos, es decir, sin tener que responder a tal o cual estructura o partido pol&iacute;tico, los cuales por lo dem&aacute;s s&oacute;lo nos han utilizado...</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hacia mediados de los a&ntilde;os ochentas la perspectiva clasista excluyente comenz&oacute; a transformarse, ante la evidencia de las movilizaciones y demandas &eacute;tnicas en todo el mundo, lo que cuestionaba radicalmente el papel secundario que la teor&iacute;a vigente le hab&iacute;a asignado. Proceso en el que tambi&eacute;n influy&oacute; la ca&iacute;da del bloque socialista, lo que transfiri&oacute; la esperanza del cambio hacia otras alternativas posibles. Pero cabe destacar que, hasta el presente, se tiende a valorar m&aacute;s el potencial pol&iacute;tico de la etnicidad, de la identidad &eacute;tnica en acci&oacute;n, que el aspecto cultural que la define y que es el que le otorga especificidad respecto a otros tipos de movimientos sociales. Especificidad que demuestra la emergencia de un nuevo tipo de sujeto colectivo, definido por su diferencia cultural respecto al grupo que se desempe&ntilde;a como nacionalidad dominante y propietaria del Estado.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA CONSTRUCCI&Oacute;N NACIONALITARIA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de los complejos problemas que enfrentan, y sea cual sea su etapa actual, resulta indudable que asistimos a un proceso de resurgimiento &eacute;tnico, el que ahora se expresa en t&eacute;rminos de afirmaci&oacute;n nacionalitaria de los pueblos indios, que reclaman su reconocimiento como sujetos colectivos por parte de los estados. La construcci&oacute;n nacionalitaria supone la configuraci&oacute;n de una comunidad de comunicaci&oacute;n que posibilite la identificaci&oacute;n &eacute;tnica y el desarrollo de proyectos y conductas compartidas, ya que, como he se&ntilde;alado, por lo general los grandes grupos etnoling&uuml;&iacute;sticos carecen de la perspectiva global de s&iacute; mismos que les permita asumirse como miembros de una vasta colectividad inclusiva. Con frecuencia, y como resultado de los procesos hist&oacute;ricos de fragmentaci&oacute;n pol&iacute;tica, las identidades &eacute;tnicas actuales se manifiestan con frecuencia como identidades locales, circunscriptas a las redes sociales definidas por la convivencia, configurando <i>identidades residenciales</i> (M. Bartolom&eacute;, 1997). Por otra parte, el proceso por el que atraviesan las etnias es diferente al de las naciones&#45;estado, en las que los estados construyen la unidad cultural e identitaria de la poblaci&oacute;n. Precisamente uno de los objetivos de los movimientos etnopol&iacute;ticos, supone reconstruir o construir una identificaci&oacute;n colectiva que posibilite una m&aacute;s definida presencia pol&iacute;tica en relaci&oacute;n con los estados. Por ello la tendencia actual en pa&iacute;ses como M&eacute;xico, Paraguay o Bolivia, no se orienta tanto a proponer federaciones nacionales o internacionales de dudosa representatividad, sino a desarrollar la conciencia pol&iacute;tica de la filiaci&oacute;n &eacute;tnica en los &aacute;mbitos locales. No se pretende conquistar el poder del Estado, sino construir un poder local basado en la autodeterminaci&oacute;n comunitaria. Es as&iacute;, por ejemplo, que la tradicional lucha por la tierra, entendida como medio de producci&oacute;n, est&aacute; siendo reemplazada por una demanda de territorios, de restituci&oacute;n o construcci&oacute;n de &aacute;mbitos propios para la reproducci&oacute;n cultural y la autonom&iacute;a pol&iacute;tica. Es decir que se busca construir el sujeto colectivo m&aacute;s que actuar en su nombre, desarrollar el Pueblo antes que dotarlo de representantes. Dicho fen&oacute;meno, cuya dimensi&oacute;n hist&oacute;rica fuera explorada por Anouar Abdel Malek (1973), tender&iacute;a a posibilitar que las sociedades culturalmente subordinadas entren en interacci&oacute;n dial&eacute;ctica con la civilizaci&oacute;n hegem&oacute;nica, que se expresa de diferentes maneras a trav&eacute;s de los distintos marcos estatales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si quisi&eacute;ramos sintetizar conceptualmente este proceso podr&iacute;amos entenderlo como una transformaci&oacute;n cualitativa de las comunidades etnoculturales, que ahora constituyen <i>naciones en s&iacute;,</i> en tanto colectividades culturalmente diferenciadas de la dominante, pero que buscan constituirse en <i>naciones para s&iacute;,</i> en la medida en que generan una conciencia conjunta de esa diferencia y la asumen no s&oacute;lo como una realidad del presente sino tambi&eacute;n como un proyecto de futuro (M. Bartolom&eacute;, 1979b). Es decir, que la comunidad cultural trata de construirse como una comunidad identitaria y con conciencia de s&iacute; a trav&eacute;s de la acci&oacute;n pol&iacute;tica compartida. Esta situaci&oacute;n no representa necesariamente un riesgo para la integridad de los estados, ya que el <i>nacionalismo c&iacute;vico</i> que expresa la membres&iacute;a con una ciudadan&iacute;a de pleno derecho, no se excluye con el <i>nacionalismo &eacute;tnico</i> que expresa la filiaci&oacute;n adscriptiva de ese mismo ciudadano. Al respecto E. Gellner (1991) propon&iacute;a que el nacionalismo c&iacute;vico ser&iacute;a de base racional y el &eacute;tnico de naturaleza afectiva, sin embargo esto representa una falsa dicotom&iacute;a, ya que las membres&iacute;as a los estados&#45;naci&oacute;n se originan en la acci&oacute;n de los aparatos ideol&oacute;gicos de los estados y no en una elecci&oacute;n racional de sus miembros. A su vez, y sin negar la profunda afectividad que caracteriza a las lealtades &eacute;tnicas, &eacute;stas pueden dar lugar a elecciones racionales, en el sentido weberiano de eficacia para obtenci&oacute;n de fines, por lo que, al igual que en otros aspectos de la vida, la afectividad &eacute;tnica no excluye la racionalidad c&iacute;vica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute; cabe realizar una breve reflexi&oacute;n respecto a la relaci&oacute;n posible entre los conceptos de "naci&oacute;n" y el de "pueblo", m&aacute;s all&aacute; de su uso popular en el cual son utilizados casi como sin&oacute;nimos.<sup><a href="#notas">24</a></sup> Las tradicionales definiciones de "pueblo", incluidas las filos&oacute;ficas, pecan de occidentalismo al pretender entenderlo como "una comunidad humana caracterizada por la voluntad de los individuos que la componen para vivir bajo el mismo orden jur&iacute;dico" (N. Abbagnano, 1982: 972). Dentro de esa perspectiva no existir&iacute;a ninguna diferencia entre el pueblo y las naciones construidas por los estados, cuyo aparato pol&iacute;tico les otorga una legislaci&oacute;n compartida. Desde el punto de vista del derecho internacional, las Naciones Unidas identificaron en 1954 a <i>pueblo</i> con "minor&iacute;a", conceptualiz&aacute;ndolas como "grupos no dominantes que poseen y desean conservar tradiciones &eacute;tnicas, ling&uuml;&iacute;sticas o religiosas, marcadamente diferentes del resto de la poblaci&oacute;n". A su vez, el famoso y poco cumplido Convenio 169 de la Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo (1989), se refiere expl&iacute;citamente a los grupos ind&iacute;genas como "pueblos" que viven en pa&iacute;ses, y que son sujetos de derechos colectivos, incluyendo el derecho a un territorio propio (B. Clavero, 1994). Como bien lo ha destacado L. Villoro (1998: 84), el uso del concepto pueblo por parte de las Naciones Unidas, se debe a la necesidad de legitimar a los estados emergentes de la descolonizaci&oacute;n de posguerra, por lo que se suele identificar pueblo con Estado. El mismo autor trata de sintetizar el concepto jur&iacute;dico y antropol&oacute;gico de pueblo, entendi&eacute;ndolo como una colectividad con unidad de cultura, conciencia de formar parte de una colectividad, poseedora de un proyecto compartido y asentada en un territorio espec&iacute;fico. Se supone que cualquier colectividad que cumpla con estos criterios podr&iacute;a ser aceptada como Pueblo con derecho a la autodeterminaci&oacute;n, de acuerdo con los art&iacute;culos 1 y 55 de la Carta de las Naciones Unidas. Las movilizaciones a las que me refiero en estas p&aacute;ginas, tratan precisamente de constituir a sus miembros en colectividades, es decir, en pueblos dotados de una conciencia y de un proyecto colectivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es mi intenci&oacute;n introducirme en el pantanoso &aacute;mbito de las definiciones jur&iacute;dicas,<sup><a href="#notas">25</a></sup> ya que aqu&iacute; me interesa dar cuenta del proceso de construcci&oacute;n de estos sujetos colectivos, en el cual aparece un factor constante que ayuda a entenderlos; no tienen y eventualmente no buscan un estado propio. Por lo tanto se puede proponer con legitimidad, que <i>los procesos de construcci&oacute;n nacionalitaria de las colectividades &eacute;tnicas tienden a desarrollar sujetos colectivos</i> a los que podemos llamar <i>pueblos indios, entendi&eacute;ndolos como naciones sin estado.</i> Es decir, colectividades humanas que comparten una cultura o una identidad distintiva, que tienen o pueden llegar a tener organizaciones pol&iacute;ticas propias, pero cuya vida social transcurre en el seno de un aparato estatal abarcativo, en el cual aspiran a tener participaci&oacute;n, y con el cual se ven obligados a mantener un constante proceso de negociaci&oacute;n para lograr sus propios fines. Ya sea en una estructura pol&iacute;tica participativa o en un r&eacute;gimen jur&iacute;dico auton&oacute;mico, la negociaci&oacute;n ser&aacute; la clave para el desarrollo de los futuros sistemas inter&eacute;tnicos m&aacute;s igualitarios que los actuales. </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El proceso de construcci&oacute;n nacional por parte de las etnias, puede ser objeto de varias perspectivas anal&iacute;ticas en el caso de las formaciones etnosociales de nuestro &aacute;mbito de referencia. En primer lugar, nos encontramos ante una redimensionalizaci&oacute;n de potenciales pol&iacute;ticos y culturales bloqueados durante siglos. Ello supone un acceso masivo al proceso de recomposici&oacute;n, no s&oacute;lo pol&iacute;tica sino tambi&eacute;n cultural de los estados&#45;nacionales actuales, por parte de cientos de tradiciones no&#45;occidentales encarnadas en millones de actores sociales concretos. Presencia f&iacute;sica, ling&uuml;&iacute;stica y cultural que ya no soporta la negaci&oacute;n de la que ha sido y todav&iacute;a sigue siendo objeto. Y si hablo de una recomposici&oacute;n de los estados&#45;nacionales, se debe a que la emergencia pol&iacute;tica y cultural india destaca el car&aacute;cter expropiatorio de los estados uninacionales construidos sobre formaciones multi&eacute;tnicas, a la vez que manifiesta la necesidad de una redefinici&oacute;n de las comunidades estatales de acuerdo con su multietnicidad. Ello propone que un estado pluri&eacute;tnico tarde o temprano deber&aacute; asumirse en t&eacute;rminos multinacionales. Esto es particularmente cr&iacute;tico en aquellos pa&iacute;ses donde la presencia de los grupos ind&iacute;genas constituye una mayor&iacute;a num&eacute;rica (como Bolivia o Guatemala) a pesar de estar ubicados en posici&oacute;n de minor&iacute;as sociol&oacute;gicas. Pero tambi&eacute;n cuestiona la composici&oacute;n de otros estados donde la poblaci&oacute;n nativa, aunque minoritaria, conserva una presencia regional e incluso microrregional que intentan afirmar y defender. Se trata del resurgimiento pol&iacute;tico y de un nuevo protagonismo hist&oacute;rico de aquellas culturas a las que la tradici&oacute;n occidentaloc&eacute;ntrica hab&iacute;a calificado como "pueblos sin historia" (R. Rosdolsky, 1980).</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/desacatos/n10/a10i6.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La conquista del reconocimiento estatal de una condici&oacute;n de pueblo, que respete a las colectividades diferenciadas, es un acto de afirmaci&oacute;n pol&iacute;tica, en tanto expresi&oacute;n de las culturas que buscan su construcci&oacute;n nacionalitaria. Este proceso no debe ser confundido con el nacionalismo reificante de los Estados nacionales, ya que no pretende constituirse en un acto de hegemon&iacute;a sino de afirmaci&oacute;n existencial. La construcci&oacute;n de un "nacionalismo indio", si bien requiere de un cierto etnocentrismo para consolidarse, superando los estigmas adjudicados a la condici&oacute;n &eacute;tnica y generando una percepci&oacute;n positivamente valorada de la propia identidad, se diferencia de los nacionalismos estatales en que no aspira a dominar sino b&aacute;sicamente a existir. Esta afirmaci&oacute;n existencial es tambi&eacute;n, pero no solamente, un medio para obtener fines, ya que una nueva presencia en la historia supone simult&aacute;neamente un acceso a los recursos de los que han sido hist&oacute;ricamente despojados. Por otra parte, se orienta a ser m&aacute;s polic&eacute;ntrico que etnoc&eacute;ntrico, puesto no necesariamente se alimenta de una tradici&oacute;n cultural exclusiva, inmerso como est&aacute; en un marco estatal globalizado y articulado durante siglos a la sociedad nacional. Se trata de la b&uacute;squeda de reconocimiento para otra forma de tener acceso a la historia, lo que puede ser entendido en t&eacute;rminos del deseo de un nuevo tipo de protagonismo, ya no como objetos de procesos compulsivos sino como sujetos colectivos activos, miembros de <i>ciudadan&iacute;as diferenciadas</i> de la dominante dentro de un mismo marco estatal, pero dotados de un pasado y un presente propios y por lo tanto de sus propios futuros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para los pueblos ind&iacute;genas esta construcci&oacute;n nacionalitaria no puede seguir la misma l&oacute;gica constitutiva que la de las naciones creadas por los estados, bajo el riesgo de perder una parte substancial de todo aquello que otorga sentido a sus movilizaciones. La heterogeneidad interior de cada uno de los grupos etnoling&uuml;&iacute;sticos, configurados por comunidades similares pero a la vez diferenciadas entre s&iacute;, no puede asumir la homogeneizaci&oacute;n cultural de sus componentes para crear un sujeto colectivo &uacute;nico, lo que s&oacute;lo se lograr&iacute;a por medio de la represi&oacute;n de las diferencias internas.<sup><a href="#notas">26</a></sup> Precisamente uno de los componentes m&aacute;s creativos de las culturas nativas radica en la diversidad interior que alimenta su propia din&aacute;mica social. La investigaci&oacute;n etnogr&aacute;fica ha demostrado que no hay una forma est&aacute;ndar de ser <i>nahua, maya, guaran&iacute;, mapuche</i> o <i>maquiritare.</i> El derecho a la diferencia no s&oacute;lo alude a la posibilidad de la reproducci&oacute;n de la cultura <i>aymara</i> de Bolivia o <i>ayoreo</i> del Paraguay, sino tambi&eacute;n a la reproducci&oacute;n de las diferencias ling&uuml;&iacute;sticas y culturales internas de cada una de esas culturas. Conseguir una presencia pol&iacute;tica unitaria a cambio de perder la singularidad, es una propuesta similar a la que efect&uacute;an los estados, que ofrecen la integraci&oacute;n con la condici&oacute;n de que se renuncie a la especificidad y a la diferencia. En este sentido estar&iacute;amos ante un nuevo tipo de comunidad nacional, a la que podr&iacute;amos con mayor justicia llamar pueblo, que respeta su heterogeneidad interior y diferente, por lo tanto, al modelo homog&eacute;neo generado por los estados, cuya inspiraci&oacute;n decimon&oacute;nica les hace asumir que hay que abolir la diferencia cultural para lograr la igualdad ciudadana. El reto para los grupos etnoling&uuml;&iacute;sticos supone &#151;&iexcl;entre tantas otras cosas!&#151;, lograr constituirse como colectividades identitarias, sin renunciar a sus m&uacute;ltiples autonom&iacute;as comunitarias. Es esta indudablemente una apelaci&oacute;n a la imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica de los protagonistas de los procesos de construcci&oacute;n nacionalitaria de los Pueblos Indios, y es que sin imaginaci&oacute;n no se puede enfrentar el presente y sin utop&iacute;as no se puede pensar el futuro.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Abbagnano, Nicola, 1982, <i>Diccionario de filosof&iacute;a,</i> FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651544&pid=S1607-050X200200020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Abdel Malek, Anouar, 1973, <i>La dial&eacute;ctica social,</i> Siglo XXI Editores, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651546&pid=S1607-050X200200020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Agostinho da Silva, Pedro (coord.), 1988, "O &iacute;ndio na Bah&iacute;a", en <i>Cultura,</i> a&ntilde;o 1, n&uacute;m. 1, Funda&#231;&#227;o Cultural do Estado da Bahia, Brasil.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651548&pid=S1607-050X200200020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Albo, Xavier, 1997, "El resurgir ind&iacute;gena en un mundo excluyente", en M. Guti&eacute;rrez Est&eacute;vez (comp.), <i>Identidades &eacute;tnicas,</i> Casa de Am&eacute;rica, Madrid, Espa&ntilde;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651550&pid=S1607-050X200200020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Arvelo&#45;Jim&eacute;nez, Nelly, 2001, <i>Movimientos etnopol&iacute;ticos contempor&aacute;neos y sus ra&iacute;ces organizacionales en el sistema de interdependencia regional del Orinoco,</i> serie Antropolog&iacute;a, n&uacute;m. 309, Universidade de Brasilia, Brasil.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651552&pid=S1607-050X200200020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barabas, Alicia, 1989, <i>Utop&iacute;as indias: movimientos sociorreligiosos en M&eacute;xico,</i> Grijalbo, col. Enlace, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651554&pid=S1607-050X200200020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barre, Marie&#45;Chantal, 1983, <i>Ideolog&iacute;as indigenistas y movimientos indios,</i> col. Antropolog&iacute;a, Siglo XXI Editores, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651556&pid=S1607-050X200200020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barrios de Ch&uacute;ngara, Domitila, 1989, "Pueblos ind&iacute;genas, opresi&oacute;n y coca", en <i>Autodesarrollo ind&iacute;gena en las Am&eacute;ricas,</i> documento 10, IWGIA, Copenhagen, Dinamarca.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651558&pid=S1607-050X200200020001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barth, Fredrik (comp.), 1976, <i>Los grupos &eacute;tnicos y sus fronteras,</i> FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651560&pid=S1607-050X200200020001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bartolom&eacute;, Miguel, 1979a, "Conciencia &eacute;tnica y autogesti&oacute;n ind&iacute;gena", en <i>Indianidad y descolonizaci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina,</i> Nueva Imagen, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651562&pid=S1607-050X200200020001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1979b, "Las nacionalidades ind&iacute;genas emergentes en M&eacute;xico", en <i>Revista Mexicana de Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales,</i> a&ntilde;o XXV, n&uacute;m. 97, FCPS&#45;UNAM, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651564&pid=S1607-050X200200020001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1988, <i>La din&aacute;mica social de los mayas de Yucat&aacute;n: pasado y presente de la situaci&oacute;n colonial</i>, serie de Antropolog&iacute;a Social, n&uacute;m. 80, Instituto Nacional Indigenista, M&eacute;xico (2a. ed., Presencias, n&uacute;m. 61,1992).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651566&pid=S1607-050X200200020001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1992, "Presas y relocalizaciones de ind&iacute;genas en Am&eacute;rica Latina", en <i>Alteridades,</i> a&ntilde;o 2, n&uacute;m. 4, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651568&pid=S1607-050X200200020001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1997, <i>Gente de costumbre y gente de raz&oacute;n: las identi</i><i>dades &eacute;tnicas en M&eacute;xico,</i> Siglo XXI Editores, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651570&pid=S1607-050X200200020001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2000, <i>El encuentro de la gente y los insensatos: la sedentarizacion de los cazadores ayoreo en el Paraguay, </i>Instituto Indigenista Interamericano&#45;Centro de Estudios Antropol&oacute;gicos del Paraguay, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651572&pid=S1607-050X200200020001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2001, "Etnias y naciones: la construcci&oacute;n civilizatoria en Am&eacute;rica Latina", en Leticia Reyna (coord.), <i>Los retos de la etnicidad en los estados&#45;naci&oacute;n del siglo</i> <i>XXI,</i> CIESAS&#45;INI&#45;Porr&uacute;a, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651574&pid=S1607-050X200200020001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bartolom&eacute;, Miguel y Alicia Barabas, 1977, <i>La resistencia maya: relaciones inter&eacute;tnicas en el oriente de la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n,</i> serie Cient&iacute;fica, n&uacute;m. 53, INAH, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651576&pid=S1607-050X200200020001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1996, <i>La pluralidad en peligro: procesos de extinci&oacute;n y transfiguraci&oacute;n cultural en Oaxaca,</i> col. Regiones, INAH, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651578&pid=S1607-050X200200020001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1998,"Recursos culturales y autonom&iacute;a &eacute;tnica: la democracia participativa de los kuna de Panam&aacute;", en <i>Acta Americana,</i> vol. 6, n&uacute;m. 1, <i>Journal of The Swedish Americanist Society,</i> Uppsala University, Suecia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651580&pid=S1607-050X200200020001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (coords.), 1998, <i>Autonom&iacute;as &eacute;tnicas y Estados naciona</i><i>les,</i> INAH, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651582&pid=S1607-050X200200020001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bonfil Batalla, Guillermo (comp.), 1981, <i>Utop&iacute;a y revoluci&oacute;n: el pensamiento pol&iacute;tico contempor&aacute;neo de los indios en Am&eacute;rica Latina,</i> Nueva Imagen, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651584&pid=S1607-050X200200020001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Brown, Michel y Eduardo Fern&aacute;ndez, 1991, <i>War of the Shadows: the Struggle for Utopia in the Peruanian Amazon,</i> University of California Press, Berkeley.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651586&pid=S1607-050X200200020001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Central Imtelligence Agency (CIA), 2000, <i>Global Trends 2015. A dialogue About the Future With Nongovernment Experts,</i> CIA Eds., Washington.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651588&pid=S1607-050X200200020001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Clavero, Bartolom&eacute;, 1994, <i>Derecho ind&iacute;gena y cultura constitucional en Am&eacute;rica,</i> Siglo XXI Editores, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651590&pid=S1607-050X200200020001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CRIC, 2000, <i>Documento de Jambal&oacute;,</i> Consejo Regional Ind&iacute;gena del Cauca&#45;Junta Directiva Regional de Cabildos, documento multicopiado, Jambal&oacute;, Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651592&pid=S1607-050X200200020001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cruz Lorenzo, Tom&aacute;s, 1988, "Cuando la mariguana nos trajo oro, luz y terror", en <i>El Medio Milenio,</i> n&uacute;m. 4, Oaxaca, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651594&pid=S1607-050X200200020001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Colectivo Flores Mag&oacute;n, 1999, <i>La izquierda revolucionaria y los pueblos ind&iacute;genas: lecciones de una muerte anunciada,</i> documento de &Ntilde;uque Map&uacute;, Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651596&pid=S1607-050X200200020001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CSUTCB, 2001, <i>Historia de los movimientos ind&iacute;genas en Bolivia,</i> Confederaci&oacute;n Sindical &Uacute;nica de Trabajadores Campesinos de Bolivia, Pueblo Indio, p&aacute;gina web, La Paz, Bolivia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651598&pid=S1607-050X200200020001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chase Smith, Richard, 1983, <i>Las comunidades nativas y el mito del gran vac&iacute;o amaz&oacute;nico,</i> documentos AIDESEP&#45;Cultural Survival, Lima, Per&uacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651600&pid=S1607-050X200200020001000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ericksen, Thomas Hylland, 1993, <i>Ethnicity &amp; Nationalism: Anthropological Perspectives,</i> Pluto Press, Chicago.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651602&pid=S1607-050X200200020001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fanon, Frantz, 1973, <i>Los condenados de la tierra,</i> FCE, M&eacute;xico (1a. ed., 1961).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651604&pid=S1607-050X200200020001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gellner, Ernst, 1991, <i>Naciones y nacionalismo,</i> Alianza Editorial, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651606&pid=S1607-050X200200020001000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gonz&aacute;lez Casanova, Pablo y Marcos Roitman Rosenmann (coords.), 1996, <i>Democracia y Estado multi&eacute;tnico en Am&eacute;rica Latina,</i> CIICH&#45;UNAM, Jornada Ediciones, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651608&pid=S1607-050X200200020001000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Le Bot, Yvon, 1992, <i>La guerra en tierra maya,</i> Karthala Ediciones, Par&iacute;s, Francia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651610&pid=S1607-050X200200020001000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Maldonado, Benjam&iacute;n, 2001, <i>Alianzas parentales, dones y comunidad en la lucha etnopol&iacute;tica en Oaxaca,</i> mecanoescrito, proyecto Etnografia, Centro INAH Oaxaca.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651612&pid=S1607-050X200200020001000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Memmi, Albert, 1969, <i>Retrato del colonizado,</i> Ed. de La Flor, Buenos Aires, Argentina.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651614&pid=S1607-050X200200020001000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Montoya Rojas, Rodrigo, 1998, <i>Movimientos ind&iacute;genas en Am&eacute;rica del Sur: potencialidades y l&iacute;mites,</i> Ciberayllu, Lima, Per&uacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651616&pid=S1607-050X200200020001000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ortolan Matos, Mar&iacute;a Helena, 1999, "O movimiento panind&iacute;gena no Brasil", en <i>P&oacute;s: Revista Brasiliense de P&oacute;s&#45;Gradua</i>&#231;&#227;<i>o em Ciencias Sociais,</i> a&ntilde;o 3, n&uacute;m. 1, Brasilia, Brasil.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651618&pid=S1607-050X200200020001000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;rez, Antonio, 2001, "De la etnoescatolog&iacute;a a la etnog&eacute;nesis: notas sobre las nuevas identidades &eacute;tnicas", en <i>Revista de Antropolog&iacute;a Experimental,</i> n&uacute;m. 1, Universidad de Ja&eacute;n, Espa&ntilde;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651620&pid=S1607-050X200200020001000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ramos, Alcida Rita, 1998, "Convivencia inter&eacute;tnica en el Brasil: los indios y la naci&oacute;n brasile&ntilde;a", en M. Bartolom&eacute; y A. Barabas (eds.), <i>Autonom&iacute;as &eacute;tnicas y Estados nacionales,</i> INAH, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651622&pid=S1607-050X200200020001000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rosdolsky, Roman, 1980, <i>Friedrich Engels y el problema de los "pueblos sin historia",</i> Cuadernos de Pasado y Presente, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651624&pid=S1607-050X200200020001000041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rouland, N., S. Pierre&#45;Caps y J. Poumarede, 1999, <i>Derecho de minor&iacute;as y de pueblos aut&oacute;ctonos,</i> Siglo XXI Editores, M&eacute;xico (1a. ed. en franc&eacute;s, 1996).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651626&pid=S1607-050X200200020001000042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rubio Serrano, Roc&iacute;o, 1997, <i>Gonawindua Tairona</i>, Congreso de Antropolog&iacute;a Colombiana, edici&oacute;n electr&oacute;nica, Bogot&aacute;, Colombia</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651628&pid=S1607-050X200200020001000043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Smith, Anthony, 1997, <i>La identidad nacional,</i> Trama, Madrid, Espa&ntilde;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651629&pid=S1607-050X200200020001000044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Stavenhagen, Rodolfo, 1996, <i>Ethnic Conflict and the Nation&#45;State,</i> Macmillan Press Ltd. United Nation Research Institute for Social Development, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651631&pid=S1607-050X200200020001000045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1997, "Las organizaciones ind&iacute;genas: actores emergentes en Am&eacute;rica Latina", en M. Guti&eacute;rrez Est&eacute;vez (comp.), <i>Identidades &eacute;tnicas, op. cit.</i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1998, "El sistema internacional de los derechos ind&iacute;genas", en M. Bartolom&eacute; y A. Barabas (coords.), <i>Autonom&iacute;as &eacute;tnicas y Estados nacionales,</i> INAH, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651634&pid=S1607-050X200200020001000046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Toqo, 1985, <i>Indiomanual,</i> Instituto de Cultura Ind&iacute;gena, Jujuy, Argentina.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651636&pid=S1607-050X200200020001000047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Villaveces Izquierdo, Santiago, 2001, <i>Por qu&eacute; erradicamos: entre bastiones de poder, cultura y narcotr&aacute;fico, serie Antro</i>polog&iacute;a, n&uacute;m. 308, DA, U. De Brasilia, Brasil.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651638&pid=S1607-050X200200020001000048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Villoro, Luis, 1998, <i>Estado plural, pluralidad de culturas</i>, Paidos&#45;UNAM, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651640&pid=S1607-050X200200020001000049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Zambrano, Carlos Vladimir, 2000, "Mito y etnicidad entre los yanaconas del macizo colombiano", en <i>Mitol&oacute;gicas,</i> vol. XV, CAEA&#45;CONICET, Buenos Aires, Argentina.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651642&pid=S1607-050X200200020001000050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Una reducida versi&oacute;n preliminar de este ensayo fue presentado en la X Reuni&oacute;n de la Federaci&oacute;n Internacional de Estudios sobre Am&eacute;rica Latina y el Caribe (FIELAC), realizada en Mosc&uacute;, Rusia, en julio del 2001. Parte de la informaci&oacute;n etnogr&aacute;fica expuesta proviene de mi experiencia personal, por ello he limitado en lo posible las referencias bibliogr&aacute;ficas locales, mismas que se pueden encontrar en muchas obras sobre las espec&iacute;ficas situaciones de cada grupo &eacute;tnico en cada Estado latinoamericano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup>&nbsp;Quienes durante a&ntilde;os tuvimos que intentar convencer a funcionarios que aplicaban pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y a colegas que hac&iacute;an suyo un dogmatismo economicista que llamaban marxismo, que los ind&iacute;genas exist&iacute;an, basados en nuestra propia convivencia con comunidades &eacute;tnicas, atravesamos una etapa de surrealismo intelectual. Viv&iacute;amos en sociedades que hablaban su propia lengua, practicaban sus propias culturas y que eran minusvaloradas por sus vecinos campesinos no&#45;ind&iacute;genas, sin embargo, al regresar a las ciudades o al entrevistarnos con funcionarios se nos informaba que s&oacute;lo est&aacute;bamos relacion&aacute;ndonos con miembros del campesinado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;Una obra pionera en ese sentido es el libro del recordado Guillermo Bonfil Batalla, <i>Utop&iacute;a y revoluci&oacute;n: el pensamiento pol&iacute;tico de los indios en Am&eacute;rica Latina</i> (1981), que recoge muchos de los documentos y declaraciones de las organizaciones ind&iacute;genas entonces existentes, analizados a partir de la confrontaci&oacute;n de lo que el autor llama la "civilizaci&oacute;n india" y Occidente. El concepto de "civilizaci&oacute;n ind&iacute;gena" constituye una homogeneizaci&oacute;n artificial de las m&uacute;ltiples formaciones culturales y civilizatorias locales, pero busca abordar el tema en t&eacute;rminos de un conflicto entre civilizaciones y no s&oacute;lo en funci&oacute;n del conflicto interclase. Poco despu&eacute;s apareci&oacute; la obra de Marie&#45;Chantal Barre, donde aborda tanto las pol&iacute;ticas indigenistas latinoamericanas, como los movimientos y demandas indias del momento. Si bien este ensayo recoge b&aacute;sicamente las propuestas de antrop&oacute;logos contestatarios y organizaciones ind&iacute;genas de la &eacute;poca, uno de sus m&eacute;ritos consiste en poner de relieve la imposici&oacute;n civilizatoria involucrada en el proceso (1983: 14&#45;15). Ambos libros fueron continuados por una multitud de ensayos en toda Am&eacute;rica Latina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;Aqu&iacute; utilizo el t&eacute;rmino <i>nacionalitario</i> para diferenciar la construcci&oacute;n social y pol&iacute;tica a la que aludo de la ideolog&iacute;a del <i>nacionalismo.</i> Tradicionalmente los conceptos de estado y naci&oacute;n se han tratado de manera casi indiferenciada en la literatura especializada. Aqu&iacute; enfatizo la distinci&oacute;n entre el estado como aparato pol&iacute;tico de una colectividad social y la naci&oacute;n como comunidad cultural que puede o no poseer una organizaci&oacute;n pol&iacute;tica propia. La falta de distinci&oacute;n existente se debe a que los estados han creado sus comunidades culturales&#45;nacionales de acuerdo con una l&oacute;gica homogeneizante, hasta el punto que estado y naci&oacute;n pasaron a ser indentificados como una sola entidad (M. Bartolom&eacute;, 2001).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;La invasi&oacute;n europea cancel&oacute; progresivamente la vida urbana nativa en Am&eacute;rica Latina, pero la migraci&oacute;n rural&#45;urbana iniciada en el siglo XX increment&oacute; de manera notable la presencia ind&iacute;gena en las ciudades, de donde salieron muchos de los cuadros dirigentes de los movimientos etnopol&iacute;ticos. Por otra parte, en algunos pa&iacute;ses, se mantuvieron o desarrollaron peque&ntilde;as ciudades indias como Juchit&aacute;n en M&eacute;xico u Otavalo en Ecuador. A pesar de estos procesos, la mayor parte de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena del subcontinente contin&uacute;a siendo b&aacute;sicamente rural y campesina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Este es el caso de la mayor&iacute;a de las macroetnias y mesoetnias andinas y mesoamericanas que carec&iacute;an de una unidad pol&iacute;tica prehisp&aacute;nica, o cuya integraci&oacute;n era laxa y basada en la interrelaci&oacute;n de una multitud de comunidades articuladas por un poder pol&iacute;tico centralizado, como en el caso del Incario o del llamado Imperio azteca. As&iacute;, por ejemplo, los actuales zapotecos de M&eacute;xico constituyen una unidad s&oacute;lo para los ling&uuml;istas, ya que sus distintas agrupaciones dialectales y regionales no poseen una identificaci&oacute;n compartida a pesar de tener similares referentes culturales. Lo mismo ocurre con las comunidades pertenecientes a la tradici&oacute;n andina, originalmente basada en la autonom&iacute;a de los <i>ayllu,</i> que pueden compartir lengua y cultura, pero que no constituyen una colectividad identitaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Para Yvon Le Bot (1992), la experiencia guerrillera en Am&eacute;rica Latina s&oacute;lo busc&oacute; reclutar a los ind&iacute;genas como combatientes de un nuevo proyecto estatal, la toma del poder por una clase, proyecto que en realidad tambi&eacute;n los exclu&iacute;a, ya que no tomaba en cuenta sus reivindicaciones &eacute;tnicas. El mismo comandante Che Guevara al parecer no logr&oacute; entender esta presencia tanto en Guatemala donde se politiz&oacute;, como en Bolivia donde protagoniz&oacute;, seg&uacute;n el <i>aymara</i> Ramiro Reynaga, una "guerrilla blanca en tierras de indios".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Exponer el conjunto de complejos procesos que el narcotr&aacute;fico genera en los pueblos ind&iacute;genas de Am&eacute;rica Latina, debe ser objeto de una investigaci&oacute;n especial, dif&iacute;cil de proponer dado lo comprometido de la informaci&oacute;n a obtener y utilizar. En algunos casos, como en la regi&oacute;n chatina de M&eacute;xico, la introducci&oacute;n de este nuevo y redituable cultivo comercial produjo inicialmente fondos que, de acuerdo con la tradici&oacute;n local, se dedicaron en parte a obras comunitarias hasta que lleg&oacute; una desproporcionada represi&oacute;n militar (T. Cruz Lorenzo, 1988). En Colombia millares de ind&iacute;genas fueron atrapados entre los intereses de los narcotraficantes, la guerrilla, el ej&eacute;rcito y las instituciones estatales, transformado las estructuras sociales y culturales locales (S. Villaveces Izquierdo, 2001). Conocidas son las frecuentes protestas de los ind&iacute;genas bolivianos, tradicionales productores de coca, ante los intentos gubernamentales por erradicar el cultivo (D. Barrios, 1989). Pero todos estos procesos a&uacute;n no han sido integrados en una visi&oacute;n unitaria que d&eacute; cuenta de la din&aacute;mica de cambios involucrados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> En un reciente ensayo Xavier Alb&oacute; (1997) enumera una serie de factores intervinientes en el proceso de surgimiento de las organizaciones, algunos de los cuales coinciden con los que expongo. El autor se&ntilde;ala, entre otros, la frustraci&oacute;n desarrollista que favoreci&oacute; a los grupos de poder tradicionales, la reacci&oacute;n al hiperclasismo de las izquierdas que no representaron la singularidad de las demandas ind&iacute;genas, la expansi&oacute;n territorial sobre las tierras nativas, la coyuntura ecologista relacionada con la defensa de recursos naturales en tierras ind&iacute;genas y una generalizada globalizaci&oacute;n excluyente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> As&iacute;, por ejemplo, los cazadores y recolectores <i>ayoreode</i> del Paraguay, contactados en la d&eacute;cada de 1960 y sometidos a un compulsivo proceso de sedentarizacion guiado por las misiones religiosas, ya han participado en varios encuentros ind&iacute;genas nacionales, regionales y continentales, que les ha permitido tener acceso a una r&aacute;pida conciencia de sus derechos colectivos y de la naturaleza de su muy reciente inserci&oacute;n dentro del marco de un estado&#45;naci&oacute;n (M. Bartolom&eacute;, 2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Todo listado, aparte de aburrido, es injusto por el riesgo de omitir organizaciones poco conocidas, aunque puedan poseer gran trascendencia local o regional. Pero, entre las nacionales, se pueden mencionar a la APA (Asociaci&oacute;n de Pueblos Amerindios de Guyana), la CIDOB (Confederaci&oacute;n Ind&iacute;gena de Bolivia), el CONIVE (Consejo Nacional Indio de Venezuela), la FOAG (Federaci&oacute;n de Organizaciones Amerindias de Guayana Francesa), la OIS (Organizaci&oacute;n Ind&iacute;gena de Surinam), la OPIAC (Organizaci&oacute;n de los Pueblos Ind&iacute;genas de la Amazonia Colombiana), la AIDESEP (Asociaci&oacute;n Inter&eacute;tnica de Desarrollo de la Selva Peruana), la AIRA (Asociaci&oacute;n Ind&iacute;gena de la Rep&uacute;blica Argentina), la CONAIE (Confederaci&oacute;n de Nacionalidades Ind&iacute;genas del Ecuador), el CNI (Congreso Nacional Ind&iacute;gena de M&eacute;xico) y un largo etc&eacute;tera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> La cifra de 41 398 562 ind&iacute;genas ha sido registrada por el Banco Interamericano de Desarrollo en 1991 como dato para el Proyecto de Creaci&oacute;n de Fondo de Desarrollo de los Pueblos Ind&iacute;genas de Am&eacute;rica Latina y el Caribe. A su vez, el Instituto Indigenista Interamericano propon&iacute;a la existencia de 41 977 600 hablantes de lenguas nativas por la misma fecha. De acuerdo con el mismo criterio ling&uuml;&iacute;stico, la cifra actual (2002) ascender&iacute;a a cerca de los 50 millones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup>Existen muchos ejemplos al respecto, entre ellos podemos citar a la poblaci&oacute;n <i>chocholteca, ixcateca</i> o <i>mam</i> de M&eacute;xico (M. Bartolom&eacute; y A. Barabas, 1996); los <i>guan&aacute;</i> y los <i>sanapan&aacute;</i> del Paraguay (observaci&oacute;n personal); los "desquechuizados" <i>coyas</i> del noroeste argentino (Toqo, 1985); los <i>yanaconas</i> de Colombia (C. Zambrano, 2000); los <i>tux&aacute;, patax&oacute;</i> y <i>quirir&iacute;</i> del nordeste brasile&ntilde;o (P. Agostinho da Silva, 1988) o los llamados <i>neo&#45;chaymas, neo&#45;kari&ntilde;as, neo&#45;guyquer&iacute;es</i> de Venezuela (N. Arvelos, 2001). M&aacute;s all&aacute; de las identificaciones que ya no se basan en la lengua, el ensayo de A. P&eacute;rez (2001) documenta la etnog&eacute;nesis, implicada en la reconstrucci&oacute;n de grupos &eacute;tnicos considerados extintos <i>(chaima, bare),</i> que aparece basada en referencias hist&oacute;ricas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Resulta comprensible la desorientaci&oacute;n de las autoridades del Paraguay, cuando los <i>guaran&iacute;</i> Av&aacute;&#45;Kat&uacute;&#45;Et&eacute;, con los que he convivido largamente, ped&iacute;an que los j&oacute;venes sean exceptuados del servicio militar en los siguientes t&eacute;rminos: ".. .vean se&ntilde;ores, ese Gran Padre Nuestro, &eacute;se a quien no vemos y no hab&iacute;amos conocido, es el creador de esta tierra y de los <i>guaran&iacute;.</i> Y ese mismo hab&iacute;a dicho: ustedes quedar&aacute;n sobre esta tierra bendita hasta que llegue nuevamente el d&iacute;a de vuestra ida a la morada nuestra, y he aqu&iacute; el modo de ser divino y el modo de ser virtuoso (fraterno). eso hab&iacute;a sido antes de encontrarnos los progenitores de los hoy paraguayos. es por eso que no queremos que nuestros j&oacute;venes hagan el servicio militar afuera." (Colonia Fortuna, Curuguaty, 1977).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup>&nbsp;Hace pocos a&ntilde;os me toc&oacute; presenciar en la isla de Ustupu, perteneciente a la comarca Kuna del Panam&aacute;, un significativo ejemplo de estos procesos. Durante el transcurso de una asamblea comunitaria hizo uso de la palabra un hombre de mediana edad que hab&iacute;a pasado su juventud en la ciudad de Panam&aacute; como activo militante pol&iacute;tico. A pesar de haber hablado en kuna, al terminar su alocuci&oacute;n fue increpado por uno de los <i>sailas</i> (dirigentes pol&iacute;tico&#45;religiosos), quien le recrimin&oacute; "haber hablado como un <i>waga,</i> como un extranjero, con palabras que eran como un viento sin sabor", aludiendo al lenguaje pol&iacute;tico occidental y desacralizado que hab&iacute;a empleado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup>&nbsp;Un ejemplo exponencial ser&iacute;a el Congreso General de la Cultura del pueblo <i>kuna</i> de Panam&aacute; u <i>Omnaked Nega Tummat,</i> derivado del tradicional Congreso de la Cultura, <i>Omnaked Nega Namakalet, el</i> que se desempe&ntilde;a como una especie de instituci&oacute;n de mediaci&oacute;n o, si se quiere, de ministerio de relaciones exteriores de la comarca de San Blas o Kuna Yala (M. Bartolom&eacute; y A. Barabas, 1998).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup>&nbsp;Este ser&iacute;a el caso de la Asociaci&oacute;n Ind&iacute;gena de la Rep&uacute;blica Argentina, cuyo grupo inicial fue configurado por ind&iacute;genas urbanos, pero que trataron de representar ante el Estado a comunidades &eacute;tnicas que no reconoc&iacute;an su liderazgo. En forma independiente al hecho de que sus motivaciones fueran leg&iacute;timas, su falta de representatividad determin&oacute; una presencia pol&iacute;tica casi nominal, que en la actualidad es reemplazada por los movimientos regionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup>&nbsp;Como el Consejo Indigenista Misionero del Brasil, que influy&oacute; en la organizaci&oacute;n de la ya desaparecida Uni&oacute;n de Naciones Ind&iacute;genas o los salesianos y su participaci&oacute;n en la Federaci&oacute;n Shuar del Ecuador, o como las instituciones estatales que realizaron el intento corporativo por crear el Consejo Supremo de Pueblos Indios de M&eacute;xico, actualmente inexistente y reemplazado por organizaciones aut&oacute;nomas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup>&nbsp;No es infrecuente que los movimientos recurran a modelos de acci&oacute;n pol&iacute;tica proporcionados por la tradici&oacute;n estatal local. As&iacute; en el Paraguay se ha recurrido inicialmente al peticionismo ante el Estado patrimonialista; en M&eacute;xico, tambi&eacute;n de manera inicial, a la inserci&oacute;n corporativa (M. Bartolom&eacute;, 1997); en Brasil, a una organizaci&oacute;n vertical y centralizada (A. Ramos, 1998); en Bolivia, al sindicalismo campesino (CSUTCB, 2001), etc&eacute;tera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup>&nbsp;Este es el caso de los <i>mixes</i> o <i>ayuuk,</i> cuyas organizaciones est&aacute;n estrechamente vinculadas a las autoridades tradicionales, o la de los movimientos de zapotecos y chinantecos que recurren incluso al establecimiento de alianzas basadas en parentescos rituales (compadrazgos) con autoridades nativas e instituciones afines (B. Maldonado, 2002). R. Rubio Serrano (1997) explora este proceso entre los <i>kogui, wiwa</i>s y <i>arhuacos</i> de Colombia, advirtiendo que la organizaci&oacute;n etnopol&iacute;tica se comporta como un "anfibio cultural", en el que la organizaci&oacute;n tradicional imprime su propia l&oacute;gica a este intento de conectar dos mundos sin abolir sus fronteras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> Ello no significa minusvalorar la presencia y acci&oacute;n de organizaciones como la COICA (Coordinadora de las Organizaciones Ind&iacute;genas de la Cuenca Amaz&oacute;nica), creada en 1984 y cuya sede, desde 1992, est&aacute; en Quito. Esta instancia busca vincular a organizaciones nativas de los nueve pa&iacute;ses que poseen parte de la selva amaz&oacute;nica, es decir, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana Francesa, Guyana, Per&uacute;, Surinam y Venezuela, en cuyo &aacute;mbito se ubican unos 400 pueblos nativos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup>&nbsp;Este ser&iacute;a el caso de M&eacute;xico, algunos de cuyos pueblos nativos desconocen no s&oacute;lo la insurgencia india desatada en Chiapas, sino tambi&eacute;n que en el 2001 fueron protagonistas de un intenso debate legislativo para modificar la Constituci&oacute;n. En otros &aacute;mbitos, como Brasil, el panindianismo propuesto por las organizaciones ha sido analizado incluso, en t&eacute;rminos de B. Anderson, como la adscripci&oacute;n a una "comunidad imaginada", que no se corresponde con la experiencia concreta de sus miembros (Mar&iacute;a H. Ortolan Matos, 1999).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup>&nbsp;En esa &eacute;poca, la Federaci&oacute;n Shuar del Ecuador manifest&oacute; su voluntad de no mantener relaciones con los que denominaba "clasistas". La Asociaci&oacute;n Ind&iacute;gena Argentina plante&oacute; la exclusi&oacute;n de colaboradores no ind&iacute;genas, como resultado de su dram&aacute;tica relaci&oacute;n con miembros de la izquierda radical. El Primer Congreso de Movimientos Indios (Cuzco, 1980) afirm&oacute; en su Declaraci&oacute;n final el rechazo a corrientes pol&iacute;ticas europeas y a la izquierda y la derecha percibidas como negadoras del indio. En Bolivia, el movimiento Tupak Katari public&oacute; un manifiesto en 1980 destacando que reducir su lucha a las reivindicaciones de clase la empobrec&iacute;a, y en Colombia, la Confederaci&oacute;n Regional Ind&iacute;gena del Cauca se separ&oacute; del movimiento campesino que hab&iacute;a pretendido coptarla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> De manera contradictoria se apropiaron de estas propuestas &eacute;tnicas algunos miembros de la intelectualidad radical latinoamericana de los a&ntilde;os sesenta y setenta, que pretendieron utilizarlas para comprender sus propias realidades. Al asumir este protagonismo hist&oacute;rico expropiaron, una vez m&aacute;s, contextos y demandas que en realidad se aplicaban mejor a la situaci&oacute;n de las minor&iacute;as nacionales internas de esos mismos pa&iacute;ses, sujetas a relaciones de dominaci&oacute;n neocoloniales mucho m&aacute;s definidas que las que padec&iacute;an sus te&oacute;ricos conciudadanos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> Este es el caso de A. Smith (1997: 13), quien insiste en definir a la naci&oacute;n como ".un grupo humano designado por un gentilicio y que comparte un territorio hist&oacute;rico, recuerdos hist&oacute;ricos y mitos colectivos, una cultura de masas p&uacute;blica, una econom&iacute;a unificada y derechos y deberes legales iguales para todos sus miembros.". La vigencia de una econom&iacute;a unificada y de un sistema jur&iacute;dico compartido presupone la presencia de un aparato pol&iacute;tico abarcativo, es decir, un estado. As&iacute;, la definici&oacute;n de naci&oacute;n de A. Smith reitera la tradicional confusi&oacute;n entre Estado y naci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> Una extensa y prolija obra que expone y analiza los distintos usos jur&iacute;dicos del concepto pueblo referido a las minor&iacute;as &eacute;tnicas o grupos aut&oacute;ctonos de los estados , es el libro de N.Rouland, S. Pierre&#45;Caps y J. Poumarede (1999). Estos autores destacan que, en realidad, se puede en sentido estricto hablar de usos del concepto en la legislaci&oacute;n internacional y no de una definici&oacute;n del mismo, aunque los instrumentos internacionales se refieran a menudo a los "derechos de los pueblos" (:363), pero sin aclarar qu&eacute; se entiende por pueblo, lo que por lo general se asimila a los derechos de las minor&iacute;as.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup> Un buen ejemplo de esta perspectiva plural lo representan los procesos de desarrollo de alfabetos pr&aacute;cticos para la lectoescritura en las lenguas ind&iacute;genas orales de M&eacute;xico, llevados adelante por ling&uuml;istas nativos, que tratan de incorporar los rasgos pertenecientes a la mayor cantidad de variantes posibles de cada una de las lenguas, para tratar de no generar una escritura hegem&oacute;nica.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Miguel Bartolom&eacute;.</b> Licenciado en ciencias antropol&oacute;gicas por la Universidad Nacional de Buenos Aires; maestro y doctor en sociolog&iacute;a por la Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales de la UNAM, M&eacute;xico. Miembro del SNI y de la Academia Mexicana de Ciencias; profesor&#45;investigador titular C del Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, adscrito al Centro INAH&#45;Oaxaca. Es autor, coautor y coordinador de quince libros sobre grupos y procesos &eacute;tnicos en Am&eacute;rica Latina en general y en M&eacute;xico en particular, as&iacute; como de un centenar de ensayos sobre los mismos temas. Ha sido profesor visitante de las siguientes universidades: Leiden (Holanda), Brasilia (Brasil), Bah&iacute;a (Brasil), Florianapolis (Brasil), Tarragona (Espa&ntilde;a), La Plata (Argentina), Salta (Argentina), Misiones (Argentina), Complutense&#45;Casa de Am&eacute;rica (Espa&ntilde;a), ENAH (M&eacute;xico), Yucat&aacute;n (M&eacute;xico) y Oaxaca (M&eacute;xico).</font></p>      ]]></body><back>
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