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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Saberes y razones</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>COMENTARIO</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El norte ind&iacute;gena colonial: entre la autonom&iacute;a y la interculturalidad</b></font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Juan Luis Sariego Rodr&iacute;guez</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>ENAH Unidad Chihuahua.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="left"><font face="verdana" size="2"><b>I</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque quienes leen regularmente la revista <i>Desacatos</i> est&aacute;n ya acostumbrados a encontrar en sus p&aacute;ginas temas, enfoques y debates novedosos de la antropolog&iacute;a social contempor&aacute;nea, sin duda se sorprender&aacute;n de que el cuerpo central de los art&iacute;culos de este n&uacute;mero 10 tenga como eje de referencia espacial el norte de M&eacute;xico. Se trata, en efecto, de una regi&oacute;n cultural del pa&iacute;s que suele ser marginal en los debates acad&eacute;micos y en el quehacer institucional de la antropolog&iacute;a mexicana, centrada desde sus tiempos de origen en el &aacute;rea mesoamericana. Y sin embargo, la historia y el presente de las sociedades norte&ntilde;as, por sus particularidades, ofrecen al an&aacute;lisis antropol&oacute;gico una enorme riqueza y complejidad cultural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los ensayos que comentamos son un buen ejemplo. Aunque se ubican en contextos diferentes, en todos ellos subyacen algunas preguntas comunes: &iquest;en qu&eacute; forma la conquista y colonizaci&oacute;n espa&ntilde;olas provocaron entre los grupos ind&iacute;genas del norte de M&eacute;xico un reacomodo territorial, una redefinici&oacute;n de los patrones de subsistencia, una reorganizaci&oacute;n social y, en definitiva, una reformulaci&oacute;n de la identidad &eacute;tnica? &iquest;Cu&aacute;les fueron las modalidades de resistencia, asimilaci&oacute;n, mestizaje y exterminio de estos grupos &eacute;tnicos frente a la cruzada espiritual, la guerra de conquista y la expansi&oacute;n econ&oacute;mica de instituciones como los pueblos de misi&oacute;n, las haciendas, los presidios, la encomienda y el repartimiento? &iquest;Cu&aacute;l fue, en fin, el perfil de la identidad y la autonom&iacute;a con el que estos grupos tuvieron acceso, en los albores del siglo XIX, a la modernidad del M&eacute;xico independiente?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ineludiblemente, todas estas preguntas nos remiten a un tema de fondo sobre el que la historiograf&iacute;a y la antropolog&iacute;a mexicanas tienen a&uacute;n mucho por investigar. Me refiero, en particular, a la definici&oacute;n cultural del norte prehisp&aacute;nico y de las sociedades que lo poblaron antes de la Conquista. Porque, a decir verdad, esa tendencia de la historiograf&iacute;a tradicional a proyectar y generalizar, en forma anal&oacute;gica, datos e interpretaciones surgidos en el contexto mesoamericano m&aacute;s all&aacute; de sus cambiantes fronteras, para tratar de justificar as&iacute; una matriz civilizatoria homog&eacute;nea, pre&aacute;mbulo del surgimiento de la naci&oacute;n, desde&ntilde;a sin raz&oacute;n muchas evidencias arqueol&oacute;gicas, hist&oacute;ricas y etnogr&aacute;ficas. Por otro lado, la &oacute;ptica tradicional tan recurrente de encasillar las culturas prehisp&aacute;nicas del norte de M&eacute;xico en la burda ecuaci&oacute;n de "civilizaci&oacute;n <i>versus</i> barbarie" &#151;contra la que justificadamente reacciona en su art&iacute;culo Cecilia Sheridan&#151;, s&oacute;lo sirve para calificar, desde una posici&oacute;n etnoc&eacute;ntrica, fen&oacute;menos culturales diferentes a los de otras &aacute;reas de M&eacute;xico. </font></p> 	    <p align="center"><font size="2" face="verdana"><a href="../img/revistas/desacatos/n10/a8i1.jpg" target="_blank">Petrograbado &quot;El Pelillal&quot;, municipio de Ramos Arizpe, Coahuila &#47; Foto de Jan Kuijt</a></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s all&aacute; de estos prejuicios, lo cierto es que &#151;y en ello coinciden todos los ensayos que comentamos&#151; las etnias norte&ntilde;as desarrollaron y a&uacute;n conservan rasgos culturales y formas de vida social muy distintos de los de sus contempor&aacute;neos mesoamericanos. Por razones derivadas de los condicionantes del clima y del h&aacute;bitat que poblaron, pero tambi&eacute;n por su propia idiosincrasia, estos grupos, aunque practicaron en forma desigual la agricultura, no dependieron de ella sino que recurrieron a la recolecci&oacute;n de plantas, frutas y ra&iacute;ces, la caza y la pesca, todo ello en el marco de formas de intercambio muy restringidas. Sus patrones de asentamiento distaron mucho de asemejarse al modelo de comunidades compactas y ciudades mercado mesoamericanas, predominando m&aacute;s bien la dispersi&oacute;n en peque&ntilde;os n&uacute;cleos familiares dispersos, la movilidad estacional y el nomadismo a lo largo de extensos territorios, pr&aacute;cticas que en buena medida a&uacute;n perduran. A pesar de sus marcadas diferenciaciones internas, puede decirse de todos ellos que practicaron formas de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica nucleares y aut&oacute;nomas, ajenas por completo al modelo del estado teocr&aacute;tico o militar mesoamericano.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todos estos elementos ayudan a entender algunas de las caracter&iacute;sticas distintivas del proceso de conquista del norte de M&eacute;xico al que nos remiten los ensayos comentados. En particular, es importante subrayar que dada la dispersi&oacute;n y movilidad geogr&aacute;ficas de los nativos, los nuevos espacios colonizados fueron creados de la nada con vistas a fijar y reducir bajo la tutela del gobierno virreinal y de la iglesia a la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena. Sin embargo, en muchas y vastas regiones del norte de M&eacute;xico, la ocupaci&oacute;n espa&ntilde;ola fue s&oacute;lo nuclear, intermitente y desigual, cubriendo b&aacute;sicamente algunos polos y corredores geogr&aacute;ficos articulados en torno al comercio entre enclaves mineros, haciendas agro&#45;ganaderas, misiones, ciudades y presidios, sin que ello implicara un control sostenido y articulado sobre las poblaciones ind&iacute;genas, dispersas, n&oacute;madas y siempre proclives a la rebeli&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De entre todos estos tipos de asentamientos coloniales, sin duda fueron los Reales de minas los espacios m&aacute;s densos y m&aacute;s propicios tanto para el mestizaje cultural como para el conflicto inter&eacute;tnico. Dispersos en medio de territorios serranos, estos centros operaron como espacios articuladores de las actividades econ&oacute;micas del entorno circundante de haciendas, presidios y asentamientos ind&iacute;genas y fueron la imagen m&aacute;s viva de la presencia y el modo de vida de los espa&ntilde;oles. En contraste con la relevancia que la historiograf&iacute;a mesoamericanista ha otorgado a las instituciones agrarias, en el norte de M&eacute;xico, la importancia estrat&eacute;gica de la matriz minera en la estructuraci&oacute;n y ordenamiento del territorio, la red de comunicaciones, la din&aacute;mica del poblamiento, la migraci&oacute;n, el mestizaje, la urbanizaci&oacute;n, el patrimonio arquitect&oacute;nico y art&iacute;stico y, en general, las tradiciones y formas de vida est&aacute;n fuera de toda duda.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>II</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun cuando podamos hablar de una cierta caracterizaci&oacute;n general del norte colonial, una lectura comparada de los diferentes ensayos que integran este n&uacute;mero de la revista permite sopesar hasta qu&eacute; punto los contextos y las reacciones frente a la presencia occidental fueron diferenciadas entre los distintos grupos &eacute;tnicos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Escritos con enfoques originales, los ensayos se refieren a diferentes &aacute;reas del norte. As&iacute;, mientras Cecilia Sheridan aborda el tema de la redefinici&oacute;n de las identidades y fronteras &eacute;tnicas entre los grupos del noroeste novohispano (Coahuila, Nuevo Le&oacute;n y ciertas regiones de Tamaulipas y Texas), Susan M. Deeds se centra en la Nueva Vizcaya y m&aacute;s en particular en el &aacute;rea del norte de Durango, Parral y Cusihuiriachi, zona de implantaciones mineras. Por su parte, Cynthya Radding y H&eacute;ctor Cuauht&eacute;moc Hern&aacute;ndez ofrecen sendas explicaciones acerca de la manera en que el sistema de los pueblos de misi&oacute;n y su posterior secularizaci&oacute;n, a ra&iacute;z de la expulsi&oacute;n de los jesuitas en 1767, impactaron las formas de subsistencia y gobierno de los yaquis de Sonora. Radding compara adem&aacute;s el caso sonorense con el de otro pueblo tribal enclavado en las fronteras coloniales hisp&aacute;nicas, los indios chiquitos, asentados en las tierras bajas tropicales del oriente de Bolivia. Finalmente, Robert H. Jackson presenta una pormenorizada etnograf&iacute;a del pueblo chumash que, bajo la dominaci&oacute;n espa&ntilde;ola, habit&oacute; la zona costera y las islas del actual territorio californiano estadounidense. El autor propone tambi&eacute;n una explicaci&oacute;n sobre las causas que originaron el levantamiento en las misiones de los chumash en 1824. </font></p> 	    <p align="center"><font size="2" face="verdana"><a href="../img/revistas/desacatos/n10/a8i2.jpg" target="_blank">Peones / Fondo Rodr&iacute;guez Triana</a></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero no s&oacute;lo las regiones y &aacute;reas &eacute;tnicas analizadas son distintas; tambi&eacute;n los enfoques y puntos de partida difieren. Sheridan parte de una cr&iacute;tica sistem&aacute;tica de los postulados de la historiograf&iacute;a tradicional <i>norestense</i> que, argumentando imprecisiones, discontinuidades y denominaciones cambiantes en las fuentes, ha sido incapaz de trazar un perfil riguroso de las fronteras e identidades de los numerosos grupos tribales que poblaron esa regi&oacute;n, limit&aacute;ndose a encuadrarlos en la &oacute;ptica de la oposici&oacute;n civilizados&#45;salvajes. Frente a esta limitada v&iacute;a, la autora ensaya una interpretaci&oacute;n que trata de articular tres nociones: territorio, identidad y frontera. La presi&oacute;n b&eacute;lica en forma de guerra ofensiva prolongada que se extendi&oacute; en los territorios del noreste de la Nueva Espa&ntilde;a habr&iacute;a provocado una persistente movilidad territorial ind&iacute;gena, en especial entre quienes se resistieron a la reducci&oacute;n y al trabajo forzado en minas, haciendas y pueblos de misi&oacute;n y ello habr&iacute;a desencadenado, en medio de un espacio de fronteras imaginadas, permeables y cambiantes, no s&oacute;lo una intensa movilidad y adaptaci&oacute;n a nuevos territorios y nichos ecol&oacute;gicos, sino tambi&eacute;n un sinn&uacute;mero de fusiones y fisiones entre los diferentes n&uacute;cleos tribales perseguidos. Esta situaci&oacute;n de acoso e inestabilidad socioterritorial ser&iacute;a el origen de las mutantes identificaciones, propias o adscritas con que fueron designados los indios del noreste en los tiempos coloniales y revelar&iacute;a las estrategias de su sobrevivencia y resistencia en condiciones de acoso b&eacute;lico. Todo ello explicar&iacute;a que, al final del periodo colonial, y salvo contadas excepciones, los grupos aut&oacute;ctonos desaparecieron de la faz de esos territorios des&eacute;rticos de la Nueva Espa&ntilde;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No cabe duda que la propuesta de Sheridan supera con amplitud los l&iacute;mites etnoc&eacute;ntricos de la historiograf&iacute;a cl&aacute;sica, puesto que introduce en el an&aacute;lisis un conjunto de categor&iacute;as m&aacute;s din&aacute;micas y acordes con la etnograf&iacute;a de la diversidad nativa. Respalda sus afirmaciones el an&aacute;lisis detallado de una amplia base de datos y de una serie de casos espec&iacute;ficos sobre los que Sheridan ha venido trabajando y publicando en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Pero si a lo largo del art&iacute;culo se logran dilucidar las causas, contenidos y efectos del desencuentro entre colonizados y colonizadores, en cambio son reducidas las referencias a aquellas modalidades de encuentro y mestizaje cultural que tuvieron lugar entre estos dos sujetos hist&oacute;ricos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun reconociendo los efectos demogr&aacute;ficos que el exterminio b&eacute;lico y las epidemias causaron entre los cazadores&#45;recolectores del noreste novohispano, faltar&iacute;a investigar con m&aacute;s detalle c&oacute;mo operaron y qu&eacute; efectos provocaron las estrategias de asimilaci&oacute;n misionera, de reducci&oacute;n territorial y de fijaci&oacute;n laboral de los nativos. Tambi&eacute;n ser&iacute;a pertinente indagar cu&aacute;les fueron las formas y consecuencias del mestizaje biol&oacute;gico y cultural en aquellos espacios sociales donde la interacci&oacute;n entre ind&iacute;genas y europeos fue m&aacute;s intensa. De igual modo cabr&iacute;a preguntarse, desde una perspectiva comparativa, por qu&eacute; en esta regi&oacute;n, a diferencia de otras &aacute;reas del norte de M&eacute;xico, los grupos tribales no se apropiaron de los sistemas de representaci&oacute;n, gobierno y justicia ind&iacute;genas impuestos por el Estado y la Iglesia, en especial en las demarcaciones misionales. En suma y por encima de las ideolog&iacute;as que desde posiciones variadas han predicado la "pureza de sangre" y la ausencia del mestizaje en el norte de M&eacute;xico, queda a&uacute;n mucho por hacer para construir en los campos de la historiograf&iacute;a y la antropolog&iacute;a un discurso intercultural que desentra&ntilde;e las profundas relaciones entre el norte profundo y el imaginario.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/desacatos/n10/a8i3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su ensayo sobre brujer&iacute;a, g&eacute;nero e inquisici&oacute;n en Nueva Vizcaya, Deeds nos introduce en el complejo mundo de la curander&iacute;a popular, la magia y los rituales sat&aacute;nicos que se difundieron y practicaron entre sectores de la poblaci&oacute;n que residieron en los reales de minas y haciendas de los actuales territorios de Chihuahua, oriente de Sinaloa y Durango. Analiza algunos interesantes expedientes hist&oacute;ricos, entre los que destaca el caso de Antonia de Soto, una esclava mulata quien, tras escaparse de su amo en Durango, confiesa ante el comisario del Santo Oficio en Parral haber ejercido hechicer&iacute;as, ritos sat&aacute;nicos y travestirse para lograr ventajas en situaciones de aventuras, peleas y ri&ntilde;as as&iacute; como para subvertir la dominaci&oacute;n patriarcal. La autora plantea que este conjunto de pr&aacute;cticas simb&oacute;licas circularon de forma sincr&eacute;tica e intercultural entre los diferentes grupos &eacute;tnicos y castas a pesar de los esfuerzos de las autoridades virreinales para evitarlo y en el contexto de una sociedad de frontera sumamente inestable por las continuas rebeliones ind&iacute;genas y la incapacidad del gobierno colonial para ejercer un aut&eacute;ntico control sobre la migraci&oacute;n y las relaciones inter&eacute;tnicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su ensayo, Deeds trata de rastrear el papel de las mujeres de los sectores populares de esta sociedad m&oacute;vil, inestable y vigilada. A pesar de la dificultad para identificar y rastrear las fuentes, la autora argumenta con el examen de varios casos la pertinencia de una nueva corriente de la historiograf&iacute;a colonial que, desde la perspectiva del g&eacute;nero, trata de superar las visiones convencionales y machistas sobre el papel de las mujeres en la sociedad colonial. Desde esta &oacute;ptica, la recurrencia femenina al uso de la curander&iacute;a, la hechicer&iacute;a, el satanismo y el cambio aparente de sexo tendr&iacute;an el car&aacute;cter de pr&aacute;cticas orientadas a subvertir el orden colonial y el sistema patriarcal. Llama la atenci&oacute;n en alguno de los casos analizados el hecho de que estas pr&aacute;cticas se dirijan en contra del clero y tambi&eacute;n es interesante confirmar que estas formas de resistencia combinan elementos simb&oacute;licos propios de mundo ind&iacute;gena y afroamericano con otros que provienen de la picaresca espa&ntilde;ola.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Leyendo este art&iacute;culo uno puede quiz&aacute;s inducir que en la Nueva Vizcaya se conform&oacute; una sociedad relativamente abierta, en la que, por encima de las distinciones entre etnias y castas, se intercambiaron y sincretizaron pr&aacute;cticas culturales procedentes de matrices civilizatorias distintas. Es probable, sin embargo, que este fen&oacute;meno s&oacute;lo tuviera lugar en aquellos espacios en los que las relaciones inter&eacute;tnicas fueron m&aacute;s intensas, es decir, en los Reales y centros mineros. La ubicaci&oacute;n de los casos que menciona Deeds (Parral, Cusihuiriachi, Topia y Urique) comprobar&iacute;an esta hip&oacute;tesis. En cambio, los territorios misionales de mayor concentraci&oacute;n ind&iacute;gena ubicados en el coraz&oacute;n de la Sierra Madre parecen haber permanecido, por lo menos hasta la &eacute;poca de la expulsi&oacute;n de los jesuitas, m&aacute;s cerrados a influencias culturales externas con excepci&oacute;n, claro est&aacute;, de aquellas derivadas de la labor misionera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Creo que, en efecto, las fuentes hist&oacute;ricas sobre las misiones de la Tarahumara insisten en la persistencia y el profundo arraigo de rituales y pr&aacute;cticas curativas y cham&aacute;nicas de ra&iacute;z t&iacute;picamente utoazteca y son raras las referencias a alg&uacute;n tipo de sincretismo con elementos externos al contexto de las misiones. En todo caso, y tal como lo se&ntilde;alan algunos autores, el sincretismo se habr&iacute;a operado a ra&iacute;z de la expulsi&oacute;n de los jesuitas, cuando los rar&aacute;muris o tarahumaras se reapropiaron de varios elementos del dogma y del ritual cat&oacute;lico resignific&aacute;ndolos en su propia matriz cultural.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los ensayos de Radding y Hern&aacute;ndez se ocupan de estudiar, los dos, el impacto de la colonizaci&oacute;n misionera entre los grupos &eacute;tnicos de Sonora. Aunque los autores se ubican en perspectivas anal&iacute;ticas distintas, ambos coinciden en se&ntilde;alar que los yaquis, a los que se refieren m&aacute;s espec&iacute;ficamente, lograron posicionarse en el marco de la sociedad colonial con base en una sabia estrategia que combin&oacute; la b&uacute;squeda de espacios auton&oacute;micos de gobierno y la inserci&oacute;n subordinada al poder del estado virreinal, la iglesia y los colonos mestizos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Radding, quien compara adem&aacute;s el caso de los yaquis con el de los chiquitos bolivianos, insiste en afirmar, inspir&aacute;ndose en la &oacute;ptica de Marshall Sahlins, que ambos grupos no fueron un obst&aacute;culo a la modernidad en el contexto del colonialismo iberoamericano, sino que en el nivel econ&oacute;mico, pol&iacute;tico y desde las formas de autogobierno de sus unidades pol&iacute;tico&#45;&eacute;tnicas, reclamaron al poder colonial su derecho de inclusi&oacute;n, desafiando as&iacute; las formas convencionales del estado&#45;naci&oacute;n colonial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, Hern&aacute;ndez destaca el papel activo que los yaquis desempe&ntilde;aron en el reacomodo de fuerzas que sigui&oacute; a la ruptura del orden colonial. &Eacute;stos no s&oacute;lo rompieron el cerco del control misionero, sino que tambi&eacute;n preservaron sus sistemas de gobierno y justicia aut&oacute;nomos, hicieron valer sus derechos sobre sus territorios y conjugaron sus habilidades productivas aprovechando la liberalizaci&oacute;n del comercio en Sonora al final de la &eacute;poca colonial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las perspectivas de estas dos visiones tienen en com&uacute;n una original forma de explicar la manera como en algunas sociedades ind&iacute;genas del noroeste de M&eacute;xico se pudieron articular la modernidad y la tradici&oacute;n, la defensa de la autonom&iacute;a &eacute;tnica y la inserci&oacute;n en una sociedad pluricultural, la transacci&oacute;n entre la resistencia y la asimilaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ensayo de Jackson nos invita a descubrir la etnohistoria de un grupo &eacute;tnico &#151;los chumash&#151; que habitaron en la regi&oacute;n de Santa B&aacute;rbara (California) El texto resulta sin duda novedoso porque no solemos estar familiarizados con la historia y la etnograf&iacute;a de los grupos &eacute;tnicos que poblaron los confines m&aacute;s lejanos del norte del territorio novohispano.<sup><a href="#notas">3</a></sup> Y sin embargo, el art&iacute;culo permite encontrar muchas similitudes entre esta sociedad ind&iacute;gena y aquellas otras que se asentaron en el norte de las actuales fronteras de M&eacute;xico. Tambi&eacute;n aqu&iacute; se observa una sociedad recolectora, sin formas de estado, con una notoria dispersi&oacute;n y movilidad geogr&aacute;ficas, dividida en tribus independientes, a quienes los misioneros franciscanos atribuyeron artificialmente, como en otras muchas regiones del norte, el car&aacute;cter de naci&oacute;n ind&iacute;gena.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, es reveladora la interpretaci&oacute;n que el autor plantea para explicar las verdaderas causas de la rebeli&oacute;n de los chumash suscitada en las misiones de Santa In&eacute;s, La Pur&iacute;sima y Santa B&aacute;rbara en febrero de 1824. &Eacute;stos se habr&iacute;an sublevado contra el orden colonial no s&oacute;lo para protestar contra el r&eacute;gimen de reducci&oacute;n y los castigos corporales aplicados por los misioneros ante toda pr&aacute;ctica considerada como id&oacute;latra, sino tambi&eacute;n por encontrar la ineficacia de la medicina occidental en un contexto de epidemias y mortandad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nuevamente se observa en este caso c&oacute;mo los vencidos usan las propias armas de los vencedores criticando en sus propios t&eacute;rminos la l&oacute;gica de la dominaci&oacute;n colonial.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>III</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me atrever&iacute;a a se&ntilde;alar que la pol&eacute;mica que atraviesa y articula este conjunto de ensayos puede quiz&aacute;s resumirse en estos t&eacute;rminos: &iquest;hasta qu&eacute; punto puede considerarse que la sociedades coloniales del norte de M&eacute;xico se configuraron como colectividades abiertas y permeables a la influencia intercultural? O m&aacute;s bien, &iquest;hay que pensar que &eacute;stas operaron como sociedades segmentadas o comunidades aut&aacute;rquicas, con lealtades primarias y cerradas en sus propios c&oacute;digos de identidad?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n, a lo largo de los textos, destacan dos elementos que permiten matizar este debate. El primero se refiere al contexto de contienda b&eacute;lica como un espacio central de desencuentro entre matrices civilizatorias opuestas que fue com&uacute;n en muchas regiones del norte colonial. En algunas de ellas adquiri&oacute; el car&aacute;cter de guerra prolongada; en otras, en cambio, asumi&oacute; la modalidad de rebeli&oacute;n c&iacute;clica. En cualquier caso, resulta inevitable la centralidad de esta categor&iacute;a anal&iacute;tica para explicar la configuraci&oacute;n del norte colonial e incluso los referentes hist&oacute;ricos e ideol&oacute;gicos de las relaciones inter&eacute;tnicas en las sociedades norte&ntilde;as contempor&aacute;neas. Desde muchos discursos, el norte moderno y emprendedor se disocia de su pasado ind&iacute;gena anticivilizatorio. O se erige el mito de los "conquistadores del desierto" &#151;a quienes se atribuye una incuestionable pureza de sangre&#151; sobre las cenizas de un oscuro pasado ind&iacute;gena del que s&oacute;lo es recuperable el valor de los derrotados. Y sin embargo, la presencia viva del norte profundo en sus viejas regiones de refugio o en sus transgredidas fronteras de la migraci&oacute;n globalizada sigue poniendo en duda hoy, en sus propios t&eacute;rminos, a la modernidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Encuentro adem&aacute;s en los textos un segundo elemento definitorio del car&aacute;cter de las sociedades norte&ntilde;as coloniales. &Eacute;stas aparecen en todo momento como grupos humanos en proceso de construcci&oacute;n y autodefinici&oacute;n, envueltos en cambiantes y permeables fronteras de identidad. En este conglomerado social se articulan tradiciones y or&iacute;genes civilizatorios diversos entre los que se suscitan en todo tiempo situaciones de conflicto y de consenso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta imagen del M&eacute;xico norte&ntilde;o es tambi&eacute;n la de nuestros d&iacute;as. Numerosos contingentes humanos siguen cruzando sus fronteras en todas sus direcciones y aun sus viejos pobladores siguen colonizando nuevos espacios internos. Costumbres, modos de vida, formas de sobrevivencia, culturas y mentalidades, se transforman y mestizan cada d&iacute;a. Hoy como en el pasado, el norte se proyecta como un territorio intercultural abierto a todo tipo de influencias. </font></p> 	    <p align="center"><font size="2" face="verdana"><a href="../img/revistas/desacatos/n10/a8i4.jpg" target="_blank">San Pedro, Coahuila, 1933 &#47; Archivo Hist&oacute;rico Juan Agust&iacute;n de Espinoza, Fondo Azocena</a></font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Puede verse al respecto la tipolog&iacute;a que establece Spicer para los grupos del Southwest, distinguiendo entre las "poblaciones de rancher&iacute;a", las "poblaciones de aldea", las "bandas" y las "bandas no agr&iacute;colas" (Edward H. Spicer, <i>Cicles of Conquest. The impact of Spain, Mexico and the United States on the Indians of the Southwest, 1533&#45;1960,</i> The University of Arizona Press, Tucson, 1962: 8&#45;15).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653627&pid=S1607-050X200200020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Una de las mejores cr&oacute;nicas sobre las rebeliones y las estrategias culturales de defensa de los rar&aacute;muris es la de Joseph Neumann, editada por Luis Gonz&aacute;lez: <i>Historia de las rebeliones en la Sierra Tarahumara, (1626&#45;1724),</i> Editorial Camino, Chihuahua, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653629&pid=S1607-050X200200020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> En cuanto a la tesis de la "raramurizaci&oacute;n" del dogma y el ritual cat&oacute;lico puede verse el texto de Ricardo Robles, "Los rar&aacute;muri&#45;pag&oacute;tuame", en M. Marzal (ed.), <i>El rostro indio de Dios,</i> Ediciones del Centro de Reflexi&oacute;n Teol&oacute;gica, Universidad Iberoamericana, M&eacute;xico, pp. 23&#45;87.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653630&pid=S1607-050X200200020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Una interesante cr&oacute;nica de la forma como se llev&oacute; a cabo la conversi&oacute;n de los grupos ind&iacute;genas de esas regiones puede verse en el reciente trabajo de Julio C&eacute;sar Montan&eacute;, <i>Fray Pedro Font. Diario &iacute;ntimo y diario de Tom&aacute;s Eixarch,</i> Universidad de Sonora y Plaza y Vald&eacute;s Editores, M&eacute;xico, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653632&pid=S1607-050X200200020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Juan Luis Sariego.</b> Licenciado en filosof&iacute;a y letras por la Universidad de Comillas, Madrid (Espa&ntilde;a), maestro en antropolog&iacute;a social por la Universidad Iberoamericana (Distrito Federal), maestro en ciencias antropol&oacute;gicas y doctor en antropolog&iacute;a por la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, Unidad Iztapalapa. Desde 1988 trabaja como profesor investigador de la ENAH Chihuahua. Entre sus publicaciones destacan: <i>El Estado y la miner&iacute;a mexicana. Pol&iacute;tica, trabajo y sociedad durante el siglo XX</i> (FCE, M&eacute;xico, 1988), <i>Enclaves y minerales en el norte de M&eacute;xico. Historia social de los mineros de Cananea y Nueva Rosita. 1900&#45;1970</i> (Ediciones de la Casa Chata, CIESAS, M&eacute;xico, 1990), <i>Trabajo, territorio y sociedad en Chihuahua durante el siglo XX</i> (t. V de la <i>Historia general de Chihuahua,</i> Chihuahua, 1998), y <i>El indigenismo en la Tarahumara. Identidad, comunidad, relaciones inter&eacute;tnicas y desarrollo en la Sierra de Chihuahua</i> (INI&#45;INAH, M&eacute;xico, 2002).</font></p>      ]]></body><back>
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