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<publisher-name><![CDATA[Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los pueblos yaquis y los circuitos económicos de Sonora a principios del siglo XIX]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[A series of transformations took place in the provinces of Sonora, Ostimuri and Sinaloa during the early 19th century.These were the result of several economic and political changes undergone in New Spain, stemming from the development of regional historical processes: the consolidation of regional elites, changes in ownership of the land, conflicts between social groups and the war of Independence. All this led to shifts in the control over local political power.The Indian peoples of these regions were not exempt from such changes. Undoubtedly, the transformations that most affected them were the material progress of the Spanish landowners living in the provinces and the expulsion of the Jesuits.The author analyzes how both events combined and modified the structure of the indigenous societies, though in different ways and at different times.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Saberes y razones</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Los pueblos yaquis y los circuitos econ&oacute;micos de Sonora a principios del siglo XIX<a href="#notas">*</a></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>H&eacute;ctor Cuauht&eacute;moc Hern&aacute;ndez Silva</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>UAM Azcapotzalco.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante las primeras d&eacute;cadas del siglo XIX en las provincias de Sonora, Ostimuri y Sinaloa se dio una serie de transformaciones a consecuencia de los cambios econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos sufridos en Nueva Espa&ntilde;a por el desarrollo de los procesos hist&oacute;ricos regionales &#151;consolidaci&oacute;n de elites regionales, variaciones en la propiedad de la tierra, pugnas entre los grupos sociales y guerra de independencia&#151;, que trajeron como resultado modificaciones en los circuitos mercantiles y en el control del poder pol&iacute;tico local. Los pueblos indios de aquellas regiones no fueron ajenos a estos cambios. Sin duda alguna, lo que m&aacute;s afect&oacute; a estos grupos fue el progreso material de los propietarios espa&ntilde;oles establecidos en las provincias y la expulsi&oacute;n de los jesuitas. El autor analiza c&oacute;mo ambos acontecimientos se combinaron y modificaron las estructuras de las sociedades ind&iacute;genas, aunque de diferentes maneras y en distintos tiempos.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A series of transformations took place in the provinces of Sonora, Ostimuri and Sinaloa during the early 19th century.These were the result of several economic and political changes undergone in New Spain, stemming from the development of regional historical processes: the consolidation of regional elites, changes in ownership of the land, conflicts between social groups and the war of Independence. All this led to shifts in the control over local political power.The Indian peoples of these regions were not exempt from such changes. Undoubtedly, the transformations that most affected them were the material progress of the Spanish landowners living in the provinces and the expulsion of the Jesuits.The author analyzes how both events combined and modified the structure of the indigenous societies, though in different ways and at different times.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante las primeras d&eacute;cadas del siglo XIX en las provincias de Sonora, Ostimuri y Sinaloa se dio una serie de transformaciones a consecuencia de los cambios econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos sufridos en Nueva Espa&ntilde;a por el desarrollo de los procesos hist&oacute;ricos regionales (consolidaci&oacute;n de elites regionales, variaciones en la propiedad de la tierra, pugnas entre los grupos sociales y guerra de independencia), que trajeron como resultado modificaciones en los circuitos mercantiles y en el control del poder pol&iacute;tico local.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los pueblos indios de aquellas regiones no fueron ajenos a estos cambios. Sin duda alguna, lo que m&aacute;s afect&oacute; a estos grupos fue el progreso material de los propietarios espa&ntilde;oles establecidos en las provincias y la expulsi&oacute;n de los jesuitas. Ambos acontecimientos se combinaron y modificaron las estructuras de las sociedades ind&iacute;genas, aunque de diferentes maneras y en distintos tiempos; por ejemplo, durante el &uacute;ltimo tercio del siglo XVII los pimas y &oacute;patas sufrieron el embate de las elites regionales sobre sus tierras. Otros, como los yaquis, aprovecharon el momento para consolidar la autogesti&oacute;n en sus pueblos, para ello los l&iacute;deres tomaron el control pol&iacute;tico de las localidades y administraron la contribuci&oacute;n yaqui en la producci&oacute;n de bienes de consumo, lo mismo que su participaci&oacute;n como fuerza de trabajo libre e itinerante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La salida de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s fue uno de los acontecimientos m&aacute;s trascendentales para el desarrollo posterior de los pueblos indios de Sonora. Hay que recordar que la Corona espa&ntilde;ola encomend&oacute; a esta orden la labor evangelizadora en los territorios que actualmente ocupan los estados de Sinaloa, Sonora y Baja California, norte y sur. La presencia y control que lograron los ignacianos en esta &aacute;rea hab&iacute;a afectado al poder de las dirigencias pol&iacute;ticas aut&oacute;ctonas. Con su expulsi&oacute;n y el lento e ineficaz relevo religioso organizado por la Iglesia cat&oacute;lica, los jefes ind&iacute;genas del territorio yaqui recuperaron su autoridad pol&iacute;tico&#45;militar, posesion&aacute;ndose adem&aacute;s de la actividad administradora que ten&iacute;an los jesuitas. </font></p> 	    <p align="center"><font size="2" face="verdana"><a href="../img/revistas/desacatos/n10/a6i1.jpg" target="_blank">Sembradores, Vega Larga &#47; Fondo Azocena</a></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/desacatos/n10/a6i2.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este suceso pol&iacute;tico tuvo tambi&eacute;n su secuela en la vida econ&oacute;mica de los pueblos indios. Ya sin la vigilancia de los religiosos ni las obligaciones productivas que les acarreaba el formar parte del sistema jesuita de misiones (por ejemplo, la producci&oacute;n de excedentes alimentarios para el auxilio y sost&eacute;n de las misiones pobres de la pen&iacute;nsula de California), los pueblos indios, en especial los yaquis, tuvieron la posibilidad de moverse libremente fuera de sus espacios &eacute;tnicos, as&iacute; como de modificar la producci&oacute;n y distribuci&oacute;n de alimentos y bastimentos para el uso propio y para lo que demandaban los mercados regionales.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historiograf&iacute;a econ&oacute;mica de los indios del noroeste ha centrado su atenci&oacute;n en los cambios que sufri&oacute; la propiedad de la tierra de sus pueblos y en la actividad de los ind&iacute;genas como fuerza de trabajo. Poca atenci&oacute;n ha merecido la actividad de estos pueblos como productores y recolectores de bienes de consumo. En este trabajo se realiza un primer acercamiento a esta tem&aacute;tica, para as&iacute; contribuir a la conformaci&oacute;n de un panorama mucho m&aacute;s completo e integral del sistema econ&oacute;mico que se fue construyendo en aquel momento. Se toma como punto de partida para ello a los pueblos yaquis y como puntos de referencia documental los datos proporcionados al respecto en informes, noticias estad&iacute;sticas y testimonios escritos de la &eacute;poca. Su prop&oacute;sito es insertar la doble participaci&oacute;n de los yaquis en la econom&iacute;a de aquella &aacute;rea (como productores y como trabajadores), en la serie de transformaciones que vivieron las provincias de Sonora y Ostimuri en los sesenta a&ntilde;os que corren desde 1767,en que fueron expulsados los jesuitas, hasta 1827, en que la rebeli&oacute;n yaqui dirigida por Juan Banderas logr&oacute; hacer valer sus pretensiones. Para ello, se analizar&aacute; el papel de los yaquis como fuerza de trabajo, lo mismo que como productores y distribuidores de bienes de consumo, se&ntilde;alando, primero, los cambios sucedidos en Sonora y Ostimuri a finales del siglo XVIII, para luego mostrar el avance y consolidaci&oacute;n regional de las elites espa&ntilde;olas. Con ello se ver&aacute; la forma en la que se fue integrando el nuevo sistema econ&oacute;mico provincial, la importancia que ten&iacute;a este grupo ind&iacute;gena en la econom&iacute;a del noroeste, as&iacute; como las bases materiales en que fundaban su presencia provincial, lo cual explica la trascendencia de sus rebeliones.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>1. LA SECULARIZACI&Oacute;N DE MISIONES</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La expulsi&oacute;n de los jesuitas tuvo importantes consecuencias en Sonora, pero &eacute;stas afectaron de diversa forma a los grupos sociales y a las &aacute;reas productivas provinciales. No es lo mismo hablar de los efectos que provoc&oacute; la medida en Ostimuri que en la Pimer&iacute;a o en el valle del r&iacute;o Sonora. Tampoco lo que signific&oacute; para los colonos, la administraci&oacute;n espa&ntilde;ola territorial o los ind&iacute;genas. Por ejemplo, para las autoridades eclesi&aacute;sticas represent&oacute; la posibilidad de secularizar dichas misiones y controlar sus territorios. Para los ind&iacute;genas, en cambio, constituy&oacute; la oportunidad de liberarse del control jesuita sobre sus comunidades, de la carga de trabajo que representaba la producci&oacute;n de excedentes para otras misiones (como las de Baja California), y la libertad de movimiento fuera de los pueblos de misi&oacute;n para laborar en reales, haciendas y ranchos, sin tener que pedir autorizaci&oacute;n. Para las autoridades de las provincias signific&oacute; el fin de los constantes enfrentamientos con los jesuitas, as&iacute; como la posibilidad de extender su jurisdicci&oacute;n sobre los pueblos ind&iacute;genas. A los colonos les dio la oportunidad de continuar el proceso de privatizaci&oacute;n y acaparamiento de las tierras productivas y la libre utilizaci&oacute;n y explotaci&oacute;n de la fuerza de trabajo ind&iacute;gena, sin la molesta presencia de los misioneros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El grado en que cada uno de estos grupos logr&oacute; alcanzar sus prop&oacute;sitos, dependi&oacute; del balance de fuerzas que ten&iacute;an &eacute;stos en las &aacute;reas afectadas. Esto fue lo que hizo la diferencia. El &eacute;xito de sus intenciones se supedit&oacute; a la presi&oacute;n que ejercieron sobre las autoridades espa&ntilde;olas y a la hegemon&iacute;a alcanzada sobre los otros grupos sociales. La salida de los jesuitas abri&oacute; la posibilidad para la secularizaci&oacute;n de los pueblos misionales. Colonos, autoridades provinciales y episcopales movieron todas las influencias a su alcance para que esto se llevara a cabo. Sin embargo, los franciscanos llegaron a tomar el control de algunas de las misiones que dejaban los ignacianos y s&oacute;lo se logr&oacute; la secularizaci&oacute;n de las misiones de los r&iacute;os Fuerte, Mayo y Yaqui, gracias a los afanes obstinados del obispo de Durango, Pedro Tamar&oacute;n y Romeral, y al apoyo del visitador Jos&eacute; de G&aacute;lvez.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Ostimuri, las misiones del Yaqui y el Mayo fueron secularizadas desde 1768. Estas dos naciones ind&iacute;genas eran las principales proveedoras de fuerza de trabajo para las minas, haciendas y ranchos de las tres provincias. Las tierras feraces de sus valles eran codiciadas por rancheros y hacendados espa&ntilde;oles. Pero la extinci&oacute;n del r&eacute;gimen misional no signific&oacute; el traspaso de tierras ind&iacute;genas a manos espa&ntilde;olas, ni el cambio del r&eacute;gimen de propiedad de la misma. En el Yaqui la mayor&iacute;a de los pueblos mantuvieron la organizaci&oacute;n comunal que los jesuitas hab&iacute;an impuesto, pero ya sin las restricciones de control de movimiento. La labor desarrollada por el cura Francisco Joaqu&iacute;n Valdez en el Yaqui fue un factor que coadyuv&oacute; a la permanencia de tal organizaci&oacute;n.<sup><a href="#notas">3</a></sup> Los yaquis no s&oacute;lo mantuvieron el r&eacute;gimen administrativo de los tiempos de la misi&oacute;n, sino tambi&eacute;n la propiedad comunal de la tierra y recuperaron su autonom&iacute;a pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su deplorable visita a Sonora, G&aacute;lvez trat&oacute; de transformar el r&eacute;gimen de propiedad en las naciones del Yaqui y el Mayo por medio de un decreto que no tuvo efecto, como muchos de los que gustaba dictar a diestra y siniestra.<sup><a href="#notas">4</a></sup> En realidad, pese a los esfuerzos y medidas dictadas por las autoridades hisp&aacute;nicas la situaci&oacute;n no cambi&oacute; y las naciones ind&iacute;genas del Yaqui y el Mayo mantuvieron su r&eacute;gimen de propiedad comunal, su organizaci&oacute;n pol&iacute;tica aut&oacute;noma y continuaron sin tributar.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La liberaci&oacute;n de la fuerza de trabajo ind&iacute;gena fue de mayor importancia en la provincia de Ostimuri, sobre todo entre los yaquis. Fuera del control de los misioneros, los ind&iacute;genas tuvieron mayor libertad de movimiento fuera de sus comunidades y para contratarse en las minas, haciendas y ranchos de los colonos, o dedicarse a las actividades de gambusinaje y arrier&iacute;a.<sup><a href="#notas">6</a></sup> La utilizaci&oacute;n de la mano de obra ind&iacute;gena por los colonos no era cosa nueva. Desde el siglo XVII fue una de las principales causas de enfrentamiento entre los misioneros, autoridades y colonos. Los ind&iacute;genas aceptaron el r&eacute;gimen misional, pero se mostraron reacios a tolerar las restricciones de movilidad que les impon&iacute;an los jesuitas. Una de las causas principales que desencadenaron la rebeli&oacute;n yaqui de 1740, fue el descontento de los yaquis al sistema administrativo de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s por la sujeci&oacute;n a que les obligaba.<sup><a href="#notas">7</a></sup> En Sonora, las sociedades ind&iacute;genas sedentarias no fueron refractarias a aceptar la convivencia y relaci&oacute;n con la sociedad espa&ntilde;ola, pero siempre antepusieron el respeto y reconocimiento de sus formas de organizaci&oacute;n internas. La autonom&iacute;a fue el precepto que sostuvieron en su lucha por conservar la identidad y lograr la supervivencia. La secularizaci&oacute;n de misiones en Ostimuri provoc&oacute; la liberaci&oacute;n de la mano de obra ind&iacute;gena pero no el traspaso de tierras, cambios en la forma de propiedad o el resquebrajamiento de las formas de vida y proyecto de sociedad de yaquis y mayos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En donde s&iacute; tuvo efectos inmediatos la pol&iacute;tica de secularizaci&oacute;n de misiones fue en la zona de los r&iacute;os Sonora y Oposura. Arizpe se seculariz&oacute; en 1776, al ser nombrada capital de la reci&eacute;n creada Comandancia General de las Provincias Internas.<sup><a href="#notas">8</a></sup> Para 1793, las misiones de Ures, Bavi&aacute;cora, Aconchi, Hu&eacute;pac, Sinoquipe, Ban&aacute;michi, Onavas, M&aacute;tape, N&aacute;cori y Oposura estaban tambi&eacute;n secularizadas.<sup><a href="#notas">9</a></sup> Los ind&iacute;genas establecidos en estos pueblos vieron aumentar el asedio de los colonos a sus tierras, hostigamiento que se remontaba a los primeros a&ntilde;os del siglo XVIII, si no es que al anterior.<sup><a href="#notas">10</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El avance de la secularizaci&oacute;n en aquella &aacute;rea se explica m&aacute;s por el grado de consolidaci&oacute;n que hab&iacute;a logrado la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola establecida all&iacute; desde el siglo XVII, que por el &eacute;xito del proyecto eclesi&aacute;stico del obispo o la salida de los jesuitas. En esta zona del r&iacute;o Sonora se desarrollar&iacute;an los cambios econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos y sociales que transformar&iacute;an la historia de la provincia. Este suceso complet&oacute; la secularizaci&oacute;n de las principales misiones de Sonora y aceler&oacute; el proceso de privatizaci&oacute;n de la tierra en algunas de sus regiones.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los conflictos entre los grupos sociales, la secularizaci&oacute;n de misiones, el avance de la privatizaci&oacute;n de la tierra, la lucha por la tierra, el aumento de la poblaci&oacute;n civil, fueron elementos que estuvieron presentes en todos los momentos de la historia sonorense, con distinta intensidad, seg&uacute;n las fuerzas de los diversos grupos que compon&iacute;an a la sociedad sonorense. Es necesario abundar sobre estos problemas en forma detenida. As&iacute; se ver&aacute; a la misi&oacute;n como un elemento integrado a un sistema socioecon&oacute;mico y pol&iacute;tico mucho m&aacute;s complejo y al proceso hist&oacute;rico sonorense, durante la &eacute;poca novohispana, de una manera m&aacute;s profunda. </font></p> 	    <p align="center"><font size="2" face="verdana"><a href="../img/revistas/desacatos/n10/a6i3.jpg" target="_blank">Frente a la hacienda Lequeitio &#47; Fondo Azocena</a></font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>2. EL PROCESO DE PRIVATIZACI&Oacute;N DE LA TIERRA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un territorio formado por grandes zonas des&eacute;rticas, pocos r&iacute;os caudalosos y permanentes, y una gran poblaci&oacute;n ind&iacute;gena de diversas naciones, la lucha por la tenencia de la tierra propicia para las actividades agr&iacute;colas y ganaderas se inici&oacute; desde los primeros a&ntilde;os de contacto. Las caracter&iacute;sticas ecol&oacute;gicas de Sonora y la tecnolog&iacute;a agr&iacute;cola utilizada en la &eacute;poca colonial no permitieron el desarrollo de la agricultura m&aacute;s que en los oasis agrarios salpicados dentro del desierto sonorense. Al igual que hab&iacute;an hecho los ind&iacute;genas desde la &eacute;poca prehisp&aacute;nica, los colonos aprovecharon el sistema hidrol&oacute;gico de Sonora y Ostimuri para fundar sus asentamientos cerca de los r&iacute;os y en los ancones (espacios f&eacute;rtiles comprendidos entre dos colinas).<sup><a href="#notas">11</a></sup> Desde el siglo XVII, la lucha por los espacios f&eacute;rtiles fue una constante de la historia sonorense. Las tierras ba&ntilde;adas por el r&iacute;o Sonora siempre fueron motivo de disputa entre ind&iacute;genas, misioneros y colonos.<sup><a href="#notas">12</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los misioneros llegaron a este territorio en la d&eacute;cada de los treinta del siglo XVII. Para 1638, ante el n&uacute;mero respetable de ind&iacute;genas &oacute;patas, pimas y eudeves por evangelizar, los jesuitas solicitaron la erecci&oacute;n de un nuevo rectorado cuya cabecera fue Bavi&aacute;cora y que comprendi&oacute; las misiones de Aconchi, Ban&aacute;michi, Sinoquipe y Nacameri.<sup><a href="#notas">13</a></sup> La misi&oacute;n de Ures se fund&oacute; en 1644 y la de Arizpe en 1646.<sup><a href="#notas">14</a></sup> Las fundaciones misionales en los nuevos territorios coloniales corr&iacute;an a la par que las empresas colonizadoras. En 1637, el capit&aacute;n Pedro de Perea celebr&oacute; capitulaciones con el virrey duque de Escalona, para colonizar y gobernar los territorios ubicados al norte del r&iacute;o Yaqui. No sin dejar de tener problemas con los jesuitas ya establecidos en el Valle de Sonora, Perea y los colonizadores que le acompa&ntilde;aron se situaron en los lugares f&eacute;rtiles de Tuape y sus alrededores, provocando el descontento de los ind&iacute;genas que ve&iacute;an, por primera vez, usurpadas sus tierras. Perea fue sepultado en Ban&aacute;michi en 1644. Su familia y varios de los colonos se quedaron en territorio sonorense, convirti&eacute;ndose en la ra&iacute;z de las fundaciones civiles del r&iacute;o Sonora.<sup><a href="#notas">15</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A principios del siglo XVIII, la ocupaci&oacute;n de tierras por colonos en el r&iacute;o Sonora era ya causa de alarma entre los misioneros. En 1722, el padre Genovesse denunci&oacute; que en las laderas del r&iacute;o, los peque&ntilde;os espacios de tierra aptos para la agricultura estaban en manos de los colonos espa&ntilde;oles. El &aacute;rea en conflicto la describi&oacute; el jesuita de la siguiente manera:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este r&iacute;o de Sonora, que corre de norte a sur, es el m&aacute;s ping&uuml;e y m&aacute;s apetecido por los pedazos de tierra que tiene; pues con evidencia palmar har&eacute; demostraci&oacute;n que poco tenemos en &eacute;l y lo mucho que se han usurpado los vecinos. Desde lo que llaman "de Mas&oacute;n" hasta el real de Motepori hay 16 leguas por la vega del r&iacute;o, que por estar oprimido de montes y sierras por el oriente y poniente, son pocos los pedazos de tierra que se pueden sembrar.<sup><a href="#notas">16</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El documento de Genovesse revela que las tierras del r&iacute;o Sonora no s&oacute;lo estaban habitadas por los pueblos de misi&oacute;n, sino tambi&eacute;n por reales de minas y asentamientos de colonos espa&ntilde;oles. En las 16 leguas de que habla el misionero exist&iacute;an 14 ranchos, once labores, dos reales de minas (el de la Concepci&oacute;n y Motepori),<sup><a href="#notas">17</a></sup> ocho haciendas de beneficio de plata, un valle de vecindad (Valle de Sonora) y s&oacute;lo cuatro pueblos de misi&oacute;n.<sup><a href="#notas">18</a></sup> Esta colonizaci&oacute;n tambi&eacute;n ten&iacute;a lugar en las mismas fechas, seg&uacute;n el testimonio de Genovesse, en los valles de Opodepe y de Oposura. Por ello el misionero mostr&oacute; su malestar:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;A d&oacute;nde vamos a parar con tanta falsedad, tanta mentira, tanta ponderaci&oacute;n que los padres lo tienen todo y que los vecinos no tienen donde sembrar un grano? &iquest;C&oacute;mo se atreven estos hombres, con tanto descaro, a enga&ntilde;ar con falsos informes a tan graves tribunales?<sup><a href="#notas">19</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El proceso de privatizaci&oacute;n de las tierras del r&iacute;o Sonora continu&oacute; a lo largo del siglo XVIII, a pesar del freno que representaba la presencia jesuita. Junto con el &aacute;rea dominada por &Aacute;lamos y la controlada por Culiac&aacute;n, el r&iacute;o Sonora fue de las que tuvo en el periodo de 1740 a 1769 un buen n&uacute;mero de denuncios de espa&ntilde;oles civiles para adjudicarse tierras en propiedad privada.<sup><a href="#notas">20</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el &uacute;ltimo tercio del siglo XVIII se inici&oacute; la secularizaci&oacute;n de las misiones de Sonora y Ostimuri. Esta &uacute;ltima provincia fue la primera en recibir los embates de tal medida, a causa del inter&eacute;s que demostr&oacute; el obispo de Durango, Pedro Tamar&oacute;n y Romeral, por controlar a la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena del Yaqui y el Mayo. Por sus continuos viajes pastorales, el obispo sab&iacute;a de la importancia de tener bajo su f&eacute;rula a la gran poblaci&oacute;n cah&iacute;ta establecida en Ostimuri.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al conocer el decreto de expulsi&oacute;n de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, se comunic&oacute; con el virrey marqu&eacute;s de Croix para solicitar que los pueblos de misi&oacute;n pasaran a ser administrados por cl&eacute;rigos, con el deseo de que los bienes temporales pasaran a engrosar los caudales del obispado a su cargo. Pretend&iacute;a apoderarse de aquellas con mayor vecindario. Al conocer la decisi&oacute;n virreinal de reemplazar a los jesuitas con franciscanos, el obispo se contrari&oacute; y amenaz&oacute; con no expedir nombramientos de vicarios a los nuevos frailes. Decidi&oacute; atravesar la Sierra Madre para distribuir personalmente entre sus cl&eacute;rigos las misiones abandonadas. Todo el a&ntilde;o de 1768, hasta el momento de su muerte, Tamar&oacute;n y Romeral se la pas&oacute; luchando por conseguir la adjudicaci&oacute;n de dichos pueblos.<sup><a href="#notas">2</a>1</sup> Logr&oacute; colocar padres en los poblados de los r&iacute;os Fuerte, Mayo y Yaqui.<sup><a href="#notas">22</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de la secularizaci&oacute;n impuesta y de los intentos del visitador G&aacute;lvez por cambiar el r&eacute;gimen de propiedad de la tierra en Ostimuri, no se modific&oacute; la estructura econ&oacute;mica y social de esta provincia. El problema no derivaba de los testarudos jesuitas, sino los ind&iacute;genas resueltos a defender sus formas y proyecto de vida. A las oligarqu&iacute;as sonorenses les cost&oacute; todo el siglo XIX resolver este conflicto. En donde tuvo mayor &eacute;xito la pol&iacute;tica de secularizaci&oacute;n fue en el &aacute;rea del r&iacute;o Sonora. Para 1793, Ures, Arizpe, Aconchi, Ban&aacute;michi, Onavas y M&aacute;tape estaban ya convertidas en parroquias. A diferencia de lo sucedido en Ostimuri, en el r&iacute;o Sonora el proceso de secularizaci&oacute;n aceler&oacute; la venta, denuncia y despojo de tierras. Si antes de 1769 el mayor n&uacute;mero de denuncios de tierras se efectu&oacute; en las zonas de &Aacute;lamos y Sinaloa, para principios del siglo XIX la situaci&oacute;n hab&iacute;a cambiado y las &aacute;reas de Ures y Pitic fueron las que tuvieron mayor n&uacute;mero de pedimentos.<sup><a href="#notas">23</a></sup> Las &aacute;reas de Ures y San Miguel Horcasitas se perfilaron desde 1790 como centros agropecuarios de importancia y el mayor n&uacute;mero de denuncios se realizaron en estas tierras.<sup><a href="#notas">24</a></sup> Durante este periodo, en el r&iacute;o Sonora se realizaron poco m&aacute;s del 50 por ciento de peticiones. A partir de 1800, el territorio de Pitic vio aumentar las solicitudes de tierras.<sup><a href="#notas">25</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s que la secularizaci&oacute;n de las misiones, el factor de primera importancia en el proceso de privatizaci&oacute;n de la tierra en el r&iacute;o Sonora fue la preexistencia de poblaci&oacute;n civil asentada en sus riberas y el afianzamiento que hab&iacute;a logrado &eacute;sta para finales del siglo XVIII. La secularizaci&oacute;n de misiones en el r&iacute;o Sonora tan s&oacute;lo acentu&oacute; la tendencia ascendente del proceso de privatizaci&oacute;n que se hab&iacute;a iniciado desde el siglo XVII.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De la misma forma, el deterioro de la producci&oacute;n comunal de alimentos en las misiones no fue resultado de la secularizaci&oacute;n. En 1793 el padre Barbastro afirm&oacute; que desde ocho a&ntilde;os a esa fecha se percib&iacute;a la declinaci&oacute;n de las misiones, a causa de que "ya no pueden expender sus semillas" por los ciclos de decadencia en los reales mineros, sobre todo el de Cieneguilla, pero m&aacute;s que nada por la multiplicaci&oacute;n de las actividades agropecuarias por parte de los colonos.<sup><a href="#notas">26</a></sup> El desarrollo agropecuario de Ures, Horcasitas y Pitic, la apertura del puerto de Guaymas y la importancia que iba adquiriendo Pitic como el centro comercial de mayor influencia en el interior de Sonora, fueron factores de m&aacute;s trascendencia en el aumento de demanda de tierras en esta zona y en el control que empezaron a tener los colonos sobre la producci&oacute;n y comercializaci&oacute;n de bastimentos.<sup><a href="#notas">27</a></sup> La adquisici&oacute;n de tierras mediante denuncios ante el estado colonial se constituy&oacute; en un factor de acumulaci&oacute;n y negocio importante a partir de la segunda d&eacute;cada del siglo XIX para un determinado grupo de propietarios. La importancia del &aacute;rea del r&iacute;o Sonora en el proceso hist&oacute;rico sonorense durante el siglo XIX y el actual, tuvo como fundamento la apropiaci&oacute;n de la tierra por parte de los colonos mediante el proceso de privatizaci&oacute;n de la misma. De 1740 a 1860,en los distritos de Guaymas, Pitic (Hermosillo) y Ures se realiz&oacute; el 47 por ciento de los denuncios de tierras que se hicieron en Sonora, convirti&eacute;ndose en la zona con m&aacute;s movimiento durante todo ese lapso.<sup><a href="#notas">28</a></sup> Para principios del siglo XIX se comenzaron a esbozar en Sonora los cambios que transformaron su estructura econ&oacute;mica, pol&iacute;tica y social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta panor&aacute;mica sobre la ocupaci&oacute;n civil de las tierras f&eacute;rtiles del r&iacute;o Sonora desde el siglo XVII muestra claramente que no s&oacute;lo fueron los decretos de G&aacute;lvez ni la pol&iacute;tica borb&oacute;nica los que provocaron el desarrollo hist&oacute;rico sonorense, y que tampoco la expulsi&oacute;n de los jesuitas en 1767 y la secularizaci&oacute;n de misiones iniciaron el proceso de privatizaci&oacute;n de la tierra y que nunca lo completaron. Tan s&oacute;lo fueron otros momentos de un largo proceso iniciado en el siglo XVII y que llegar&iacute;a a mediados del siglo presente con la repartici&oacute;n ejidal del Yaqui y el Mayo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>3. LA ECONOM&Iacute;A SONORENSE A PRINCIPIOS DEL SIGLO</b> <b>XIX</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante las dos primeras d&eacute;cadas del siglo XIX la provincia de Sonora sufri&oacute; cambios que transformaron su estructura econ&oacute;mica, social, pol&iacute;tica y espacial. Los procesos vividos durante estos veinte a&ntilde;os transfiguraron su rostro y fueron el germen de los conflictos por los que atraves&oacute; la entidad a lo largo del siglo XIX. El proceso de privatizaci&oacute;n de la tierra se aceler&oacute; y en algunas partes, como en el caso del r&iacute;o Sonora, se consolid&oacute;. Para los colonos espa&ntilde;oles, la agricultura y ganader&iacute;a pasaron a tener igual importancia que la miner&iacute;a, con lo cual llegaron a controlar la producci&oacute;n y comercializaci&oacute;n de bastimentos en Sonora. El comercio provincial logr&oacute; separarse del control y dominio de los grandes almaceneros de la Ciudad de M&eacute;xico. Se crearon nuevos circuitos mercantiles regionales que se fortalecieron con la apertura del puerto de Guaymas al comercio internacional y al de cabotaje. La bonanza minera, la prosperidad agropecuaria y el florecimiento del comercio se conjuntaron para transformar a la provincia de Sonora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los pueblos yaquis no fueron ajenos a estos cambios y su econom&iacute;a se adecu&oacute; a las nuevas circunstancias. Aunque se cuenta con poca documentaci&oacute;n para seguir estas mutaciones, es posible presentar un panorama general de ellas por medio de los informes dispersos que durante las tres primeras d&eacute;cadas de la centuria decimon&oacute;nica diversas autoridades pol&iacute;ticas y eclesi&aacute;sticas apuntaron al respecto. Antes de presentar la revisi&oacute;n que compete, es necesario dar una idea de los cambios econ&oacute;micos regionales en los que se insertan estas acciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como producto del desarrollo econ&oacute;mico se formaron o afianzaron centros de poblaci&oacute;n que dieron una nueva configuraci&oacute;n regional a Sonora y que a su alrededor pudieron dominar un espacio territorial a trav&eacute;s de redes econ&oacute;micas, sociales y pol&iacute;ticas. Para inicios del M&eacute;xico independiente, Sonora era una entidad hist&oacute;rica distinta a la que hab&iacute;a existido durante la mayor parte del periodo novohispano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los acontecimientos distintivos de este periodo fue la preponderancia que adquiri&oacute; la poblaci&oacute;n civil dentro de la provincia de Sonora. Despu&eacute;s de un largo proceso de lucha contra el poder misional, los colonos afianzaron su presencia acelerando el proceso de privatizaci&oacute;n de la tierra. Esto ocasion&oacute; que en algunas &aacute;reas se relegara la importancia de las comunidades ind&iacute;genas en la producci&oacute;n de bastimentos y que las haciendas y ranchos se convirtieran en los principales centros de producci&oacute;n agropecuaria. La poblaci&oacute;n civil se convirti&oacute; as&iacute; en la fuerza econ&oacute;mica hegem&oacute;nica de la provincia. Los propietarios particulares de tierras no s&oacute;lo dominaron la producci&oacute;n de alimentos, sino que por medio del rescate (acopio de productos por compra o coacci&oacute;n) y la comercializaci&oacute;n controlaron su abasto. Al finalizar las dos primeras d&eacute;cadas del siglo XIX, la poblaci&oacute;n civil tuvo el control de la econom&iacute;a sonorense. Los pueblos ind&iacute;genas hab&iacute;an sido relegados como productores principales de bastimentos y los colonos se convirtieron en el grupo hegem&oacute;nico. Sin embargo, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante, no por ello su contribuci&oacute;n dej&oacute; de ser importante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para 1804, la poblaci&oacute;n civil se hab&iacute;a desplazado de los reales mineros a los valles centrales de la provincia, lugares en donde desarrollaron centros de poblaci&oacute;n ligados a las actividades agropecuarias.<sup><a href="#notas">29</a></sup> Esto ocasion&oacute; cambios en la estructura econ&oacute;mica regional y una redefinici&oacute;n jer&aacute;rquica entre sus regiones, el eclipse de algunas y el repunte o nacimiento de otras, lo cual ocasion&oacute; una nueva organizaci&oacute;n del espacio econ&oacute;mico sonorense y el encumbramiento de los grupos econ&oacute;micos que dirigieron estos cambios y se beneficiaron de ellos: las elites regionales.<sup><a href="#notas">30</a></sup> Los valles cercanos a los r&iacute;os fueron siempre un atractivo para la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola. Estos eran ocupados por las sociedades ind&iacute;genas m&aacute;s numerosas de la provincia (&oacute;patas, pimas, yaquis y mayos). Si en la &eacute;poca colonial los misioneros controlaron los valles y los colonos las sierras, ahora estos &uacute;ltimos se apoderaron de las m&aacute;rgenes de los r&iacute;os. Las unidades productivas principales ya no fueron los pueblos de misi&oacute;n y las rancher&iacute;as ind&iacute;genas, sino las haciendas, ranchos y labores de los colonos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los reales mineros no perdieron su importancia. Es m&aacute;s, por la bonanza que vivieron en las dos primeras d&eacute;cadas del siglo XIX, fueron los centros de poblaci&oacute;n con mayor n&uacute;mero de habitantes en determinados momentos. Al descubrirse en 1803 los nuevos placeres de San Francisco de As&iacute;s, cerca de Cieneguilla, acudieron m&aacute;s de 3 000 personas a trabajar. En 1805 contaba ya con una poblaci&oacute;n cercana a los cinco mil habitantes. Sin embargo, para abril de 1807 s&oacute;lo hab&iacute;a 1 500 habitantes. La gran mayor&iacute;a se hab&iacute;a trasladado a laborar en los nuevos placeres descubiertos ahora junto al r&iacute;o de los Mulatos, cerca de la Sierra Madre que separaba a Sonora de Nueva Vizcaya, y que, inmediatamente, cont&oacute; con una poblaci&oacute;n de 2 000 almas.<sup><a href="#notas">31</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta inestabilidad poblacional de los reales mineros fue una constante en la historia sonorense.<sup><a href="#notas">32</a></sup> Las razones de esta movilidad eran la debilidad del sistema de financiamiento o av&iacute;o para la miner&iacute;a, que provocaba la explotaci&oacute;n &uacute;nicamente de los yacimientos superficiales por el ahorro que significaba al no requerir altos capitales y grandes costos para su manutenci&oacute;n, factores de racionalidad econ&oacute;mica que se conjuntaron con la codicia y ambici&oacute;n de mineros y gambusinos dispuestos a invertir lo menos posible para acrecentar las ganancias sacadas de las minas y placeres descubiertos. La riqueza mineral que guardaban las entra&ntilde;as de Sonora permit&iacute;a esto. Al decaer la explotaci&oacute;n de un sitio, siempre hab&iacute;a un nuevo placer o mina reci&eacute;n descubierta en donde aprovechar la bonanza de sus primeros momentos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El nomadismo caracter&iacute;stico de la miner&iacute;a sonorense impidi&oacute; la posibilidad de que alguno de los reales mineros se convirtiera en centro nuclear de un espacio econ&oacute;mico articulado, como fueron los casos de Guanajuato y Zacatecas en Nueva Espa&ntilde;a o Potos&iacute; en Per&uacute;.<sup><a href="#notas">33</a></sup> San Juan Bautista, Motepore, Cieneguilla, San Antonio de la Huerta, San Ildefonso de Ostimuri, R&iacute;o Chico o Baroyeca, principales centros mineros de Sonora y Ostimuri, no lograron convertirse en poblaciones estables y promotoras del desarrollo econ&oacute;mico de las provincias. Tan s&oacute;lo el real de &Aacute;lamos, perteneciente a la Provincia de Sinaloa, logr&oacute; convertirse en asentamiento estable y centro de arrastre econ&oacute;mico regional.<sup><a href="#notas">34</a></sup> Los reales mineros fueron centros ef&iacute;meros que concentraron a su alrededor una importante actividad econ&oacute;mica y grandes n&uacute;cleos de poblaci&oacute;n por periodos de tiempo cortos.<sup><a href="#notas">35</a></sup> A pesar de lo anterior, no dejaron de ser elementos de arrastre del espacio econ&oacute;mico sonorense. La aparici&oacute;n sucesiva de reales a trav&eacute;s de la historia de Sonora, con sus ciclos de bonanza y decadencia, contribuy&oacute; a formar los peque&ntilde;os pero importantes centros que garantizaron la existencia de plata circulante, ya en moneda o en pasta, que impulsaron el intercambio comercial intrarregional y la expansi&oacute;n de los circuitos mercantiles de la provincia hacia otros centros novohispanos e internacionales. Por la necesidad de requerimientos para la alimentaci&oacute;n y vestido de sus habitantes y los insumos para la actividad minera, esos reales impulsaron la circulaci&oacute;n de capitales comerciales hacia las actividades productivas, por medio de la habilitaci&oacute;n y cr&eacute;ditos, lo mismo que la actividad econ&oacute;mica de los indios para surtir efectos necesarios para el desarrollo minero. Los centros mineros generaron el desarrollo de las actividades agropecuarias por las necesidades de abasto de sus pobladores n&oacute;madas. En fin, al igual que en otras zonas de Nueva Espa&ntilde;a, la miner&iacute;a sonorense fue el motor del desarrollo econ&oacute;mico provincial.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, las mismas caracter&iacute;sticas inestables y ef&iacute;meras de los reales mineros no les permitieron ser la base de los grandes centros de poblaci&oacute;n de Sonora y n&uacute;cleos ordenadores del desarrollo econ&oacute;mico. Los centros comerciales y de almacenaje de las regiones agropecuarias fueron quienes se transformaron en los rectores de la econom&iacute;a sonorense.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta 1750 no exist&iacute;a en toda Sonora un poblado que mereciera el m&iacute;nimo nombre de villa. Rafael Rodr&iacute;guez Gallardo, visitador real en Sonora, decidi&oacute; fundar en 1749 San Miguel Horcasitas, en las riberas del R&iacute;o San Miguel, para dar impulso a la poblaci&oacute;n civil de los valles controlados por los misioneros.<sup><a href="#notas">36</a></sup> Para principios del siglo XIX, Horcasitas, al igual que Ures y Pitic, se hab&iacute;a transmutado en uno de los centros agr&iacute;colas m&aacute;s importantes de la parte central de la provincia. El proceso de privatizaci&oacute;n de la tierra en los valles regados por los r&iacute;os Sonora y San Miguel dio origen a que un buen n&uacute;mero de colonos se convirtieran en peque&ntilde;os propietarios dedicados a la agricultura y ganader&iacute;a comerciales. Para 1804, seg&uacute;n los informes de los subdelegados, la mayor parte de la producci&oacute;n agropecuaria de la provincia se realizaba en estos valles. En Horcasitas se combinaban las tareas agr&iacute;colas con la miner&iacute;a. En la antigua misi&oacute;n de Ures se dedicaban al cultivo y agroindustria del trigo, lo mismo que a la ganader&iacute;a. El presidio de Pitic se distingu&iacute;a por sus huertos, labores e importancia comercial, as&iacute; como por ser sede de las fuerzas presidiales.<sup><a href="#notas">37</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los pueblos del r&iacute;o Sonora se convirtieron en los principales productores de trigo en la provincia, lo que habla del desarrollo productivo alcanzado y de que estos poblados albergaron a la mayor parte de la poblaci&oacute;n civil de la provincia. Los alimentos de trigo eran caracter&iacute;sticos de la dieta cotidiana de los colonos. De los datos que ofrecen los informes distritales de 1804 sobre producci&oacute;n de trigo, se tiene que de las 36 500 fanegas de este producto se&ntilde;aladas en los informes, 25 400 se produc&iacute;an en el r&iacute;o Sonora, es decir, casi el 70 por ciento de lo asentado en los informes. Las haciendas y ranchos del r&iacute;o Sonora hab&iacute;an desplazado dentro de la provincia a las comunidades ind&iacute;genas en el abasto y producci&oacute;n de trigo. En cambio, la producci&oacute;n de ma&iacute;z, base de la manutenci&oacute;n ind&iacute;gena, qued&oacute; concentrada en Ostimuri, provincia formada en su mayor&iacute;a por pueblos de indios.<sup><a href="#notas">38</a></sup> Estas cifras muestran no s&oacute;lo la prosperidad agr&iacute;cola alcanzada por los propietarios civiles, sino tambi&eacute;n c&oacute;mo los indios, con la secularizaci&oacute;n de misiones en Ostimuri, hab&iacute;an cambiado sus cultivos hacia la producci&oacute;n de su alimento principal y a sostener el abasto de ma&iacute;z para cubrir las necesidades de los colonos y a&uacute;n de los poblados de Baja California.<sup><a href="#notas">39</a></sup></font></p> 	    <p align="center"><font size="2" face="verdana"><a href="../img/revistas/desacatos/n10/a6i4.jpg" target="_blank">F&aacute;brica de costales de algod&oacute;n &#47; Fondo Azocena</a></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estos centros agropecuarios se desarroll&oacute; una actividad mercantil inusitada. La producci&oacute;n agropecuaria fue acompa&ntilde;ada y apoyada a su vez por inversiones y financiamientos que permitieron su expansi&oacute;n. Los r&iacute;os fueron desangrados por medio de canales que regaban los campos de cultivo; se construyeron sistemas de presas que permitieron el almacenamiento de aguas para los periodos de sequ&iacute;a. Se fabricaron molinos para transformar al trigo en harinas para comercializar. Por el sistema de medieros y arrendamientos se pusieron a trabajar tierras que hab&iacute;an permanecido inertes. Tiendas comerciales aparecieron para proveer a estos grupos empresariales de herramientas y productos necesarios para sus labores y su nueva posici&oacute;n social. En el &aacute;rea agr&iacute;cola de Horcasitas, Pitic y Ures, el desarrollo de la producci&oacute;n agropecuaria de los colonos y el sistema de rescate se hab&iacute;an consolidado desde los a&ntilde;os ochenta y el acopio del producto lo realizaban agricultores que vend&iacute;an parte de sus cosechas a distintos precios, seg&uacute;n su calidad. Los reales mineros se beneficiaron de este desarrollo de la agricultura, ganader&iacute;a y agroindustria. No s&oacute;lo aseguraron el bastimento de sus habitantes y el suministro de utensilios y pertrechos para el trabajo productivo, sino que la prosperidad econ&oacute;mica del sector agropecuario proporcion&oacute; apoyo para aviar la producci&oacute;n minera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La nueva estructura de Sonora que empezaba a dibujarse en las primeras d&eacute;cadas del siglo XIX, ocasion&oacute; problemas, sobre todo en los circuitos de abasto de alimentos. Los comerciantes estaban acostumbrados a cubrir primero las demandas de los reales mineros. La aparici&oacute;n de centros de poblaci&oacute;n estables y la apertura de actividades comerciales en Guaymas y Pitic, trastocaron las redes de distribuci&oacute;n de bastimentos. En algunas ocasiones, la demanda de harinas de las embarcaciones que llegaban a Guaymas provoc&oacute; que varios poblados y reales comenzaran a sufrir escasez de subsistencias. En 1807, el denunciante de una mina cercana a Oquitoa se quej&oacute; de la carest&iacute;a de bastimentos y &uacute;tiles necesarios para el labor&iacute;o.<sup><a href="#notas">40</a></sup> Para 1812, los principales de Arizpe denunciaban la escasez de granos en la regi&oacute;n.<sup><a href="#notas">41</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los colonos espa&ntilde;oles, que en el siglo XVII y gran parte del XVIII fueron un grupo reducido en n&uacute;mero y con un papel secundario en la actividad econ&oacute;mica de la provincia, con el impulso de los procesos y mecanismos aludidos se convirtieron, para principios del siglo XIX,en los principales productores agr&iacute;colas y ganaderos, desplazando con ello a los pueblos ind&iacute;genas. Gracias a estos cambios en Sonora se produjo, al igual que en otras partes de Nueva Espa&ntilde;a, uno de los fen&oacute;menos hist&oacute;ricos de m&aacute;s trascendencia para el periodo del M&eacute;xico independiente: el ascenso de las elites regionales y provinciales. Los caudales obtenidos en la actividad productiva financiaron otras empresas en esta esfera y la comercial. Los capitales estaban invertidos en diversas ramas econ&oacute;micas y ten&iacute;an un mutuo enlace, al igual que en otras partes de Nueva Espa&ntilde;a.<sup><a href="#notas">42</a></sup> La dependencia y conexi&oacute;n entre las diferentes actividades econ&oacute;micas le dio un valor estrat&eacute;gico al cr&eacute;dito y a otros mecanismos econ&oacute;micos de control como el acaparamiento de alimentos por medio del rescate de granos y semillas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El control y acopio de los productos agr&iacute;colas se realiz&oacute; por medio del sistema de rescate que consisti&oacute; en la compra y recolecci&oacute;n de cosechas y excedentes agr&iacute;colas de los colonos y comunidades ind&iacute;genas. Despu&eacute;s de acaparar granos, semillas y productos frutales, los compradores especulaban con los productos y obten&iacute;an jugosos dividendos con su venta. Existen testimonios sobre este procedimiento desde principios del siglo XVIII, lo mismo que de las fruct&iacute;feras ganancias que dejaba a los colonos. En 1722, mientras que el precio de la fanega de ma&iacute;z en las misiones era de 4 pesos, en manos de los rescatadores seculares sub&iacute;a a 12 pesos y el tra&iacute;do del exterior fluctuaba entre los 8 y 10 pesos.<sup><a href="#notas">43</a></sup> El rescate en las comunidades ind&iacute;genas se realizaba mediante la compra del grano en tiempos de cosecha. Los misioneros procuraban que &eacute;stos no se deshicieran de todos sus bastimentos y guardaran para el sustento futuro y que no compraran objetos "superfluos" (listones, trompetas), ofrecidos a cambio de sus cosechas.<sup><a href="#notas">44</a></sup> La lucha de los misioneros era doble: contra los mercaderes voraces y contra los ind&iacute;genas que se negaban a seguir los preceptos de sobriedad y prevenci&oacute;n que inculcaban los jesuitas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para fines del siglo XVIII, con el desarrollo de la producci&oacute;n comercial agropecuaria de los colonos, la secularizaci&oacute;n de las misiones del Yaqui y el Mayo y la decadencia del sistema de trabajo misional, las comunidades ind&iacute;genas perdieron la primac&iacute;a en la producci&oacute;n de excedentes de trigo para la poblaci&oacute;n civil. El avance de la agricultura y ganader&iacute;a de los colonos corri&oacute; al mismo ritmo que la reorganizaci&oacute;n de los pueblos ind&iacute;genas hacia un sistema dirigido m&aacute;s a la autosubsistencia que a la producci&oacute;n de excedentes. Ahora s&oacute;lo hab&iacute;a abundantes cosechas de ma&iacute;z, producto que despreciaba el colono pero que era la base alimenticia de los pueblos ind&iacute;genas. Los crecidos ganados de los pueblos de misi&oacute;n quedaron como cosa del pasado. En el Yaqui, para la primera d&eacute;cada del XIX, a pesar de que se mantuvieron las formas de organizaci&oacute;n misional despu&eacute;s de la secularizaci&oacute;n, la riqueza econ&oacute;mica se hab&iacute;a reducido.<sup><a href="#notas">45</a></sup></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>4. LOS NUEVOS CIRCUITOS MERCANTILES EN SONORA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La expansi&oacute;n territorial de la sociedad colonial novohispana fue radial y graduada. La Ciudad de M&eacute;xico control&oacute; las conquistas que sometieron y agregaron territorios a lo largo de tres siglos de dominaci&oacute;n colonial. Las tierras incorporadas al final quedaron muy alejadas del n&uacute;cleo rector y las sociedades coloniales establecidas adquirieron distintos ritmos de afianzamiento. La gran distancia que separaba a Sonora y Ostimuri de la Ciudad de M&eacute;xico no era lo &uacute;nico que afectaba su desarrollo, sino tambi&eacute;n los tiempos en que inici&oacute; y se robusteci&oacute; la ocupaci&oacute;n espa&ntilde;ola.<sup><a href="#notas">46</a></sup> Las caracter&iacute;sticas del territorio y de las comunidades ind&iacute;genas establecidas, les dieron tambi&eacute;n un tinte peculiar a Sonora y Ostimuri. Separadas estas provincias del resto de Nueva Espa&ntilde;a por la Sierra Madre Occidental, fueron consideradas como "apartada&#91;s&#93; de todo el mundo".<sup><a href="#notas">47</a></sup> Con grandes desiertos y serran&iacute;as, r&iacute;os temporales poco caudalosos, con excepci&oacute;n del Yaqui y del Mayo, y habitadas por diversas naciones ind&iacute;genas independientes y belicosas, los asentamientos coloniales se fijaron en las orillas de los r&iacute;os y cerca de los placeres de oro y minas de plata, sin adentrarse a todo su territorio y siempre en constante alerta de posibles ataques de los ind&iacute;genas, n&oacute;madas o sedentarios.<sup><a href="#notas">48</a></sup> En una sociedad con tales particularidades y donde casi todos los grupos sociales se dedicaron a la agricultura, ganader&iacute;a y extracci&oacute;n de metales, el artesanado brill&oacute; por su ausencia. Jos&eacute; Miranda, glosando varios documentos, dice que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los lamentos sobre tal penuria resonaban frecuentemente en los escritos de la &eacute;poca: "Se carece de las artes, manufacturas y oficios que se necesitan; esto precisa traer de los territorios externos del reino hasta los g&eacute;neros m&aacute;s groseros" &#151;hac&iacute;a notar quejumbrosamente un gobernador de Sonora. "Faltan oficiales de todo; es necesario importar hechos los zapatos" &#151;advert&iacute;a otro importante funcionario... Y el mitrado de Sonora comunicaba en igual tono: "Parece incre&iacute;ble que hasta el a&ntilde;o de 1783... no se conoc&iacute;a en todos estos pueblos un solo artesano para aquellos casos que son de primera necesidad."<sup><a href="#notas">49</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta realidad provoc&oacute; que la mayor&iacute;a de las manufacturas para las actividades productivas y la vida diaria se importaran del exterior. La lejan&iacute;a del centro distribuidor y los obst&aacute;culos a su traslado encarecieron las mercanc&iacute;as. A esto se agreg&oacute; la voracidad de los mercaderes sonorenses, raz&oacute;n por la que el costo final de los productos fue excesivo e insoportable para la mayor&iacute;a. El comerciante en Sonora se convirti&oacute; en un elemento de primera importancia para el desarrollo econ&oacute;mico de la provincia. La historiograf&iacute;a mexicanista de los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os ha demostrado la importancia del capital mercantil en el conjunto de la econom&iacute;a novohispana.<sup><a href="#notas">50</a></sup> El control del dinero, la escasa circulaci&oacute;n de este medio de intercambio mercantil y los largos ciclos de circulaci&oacute;n del capital para el logro de los frutos de sus inversiones, convirtieron a los poseedores de pesos y plata en actores econ&oacute;micos primordiales, gracias a su capacidad para otorgar cr&eacute;dito, recurso b&aacute;sico de la econom&iacute;a e instrumento de dominio regional. La intendencia de Arizpe no fue la excepci&oacute;n a esta tendencia. Sin embargo, un estudio m&aacute;s profundo sobre estos comerciantes en Sonora revela su participaci&oacute;n en la rama productiva y en el financia&#45;miento de diversos sectores de la econom&iacute;a. </font></p> 	    <p align="center"><font size="2" face="verdana"><a href="../img/revistas/desacatos/n10/a6i5.jpg" target="_blank">Acarreo de ma&iacute;z y algod&oacute;n &#47; Fondo Familiar de los Pe&ntilde;a Albores</a></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La trascendencia del comercio exterior en Sonora, Ostimuri y Sinaloa se acrecent&oacute; por las caracter&iacute;sticas geogr&aacute;ficas de estas provincias y las peculiaridades hist&oacute;ricas y sociales del avance espa&ntilde;ol y la colonizaci&oacute;n del noroeste. Provincias dedicadas a las actividades agropecuarias y mineras tuvieron que importar productos que atendieran las necesidades diarias de una poblaci&oacute;n en ascenso. Esta carencia se convirti&oacute; en otra fuente de enriquecimiento para sus grupos econ&oacute;micos. El comercio interior de Sonora se lig&oacute; a la red monop&oacute;lica de los grandes almaceneros novohispanos y sus integrantes se transformaron en habilitados y representantes de los intereses comerciales de aquellos, con lo que acapararon la introducci&oacute;n de mercanc&iacute;as sacando ping&uuml;es ganancias de ello. La Ciudad de M&eacute;xico fue el centro mercantil proveedor de Sonora, Ostimuri y Sinaloa:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta capital dependen los presidios en su av&iacute;o; las misiones en la contribuci&oacute;n de s&iacute;nodos y remisi&oacute;n de lo que los reverendos padres misioneros piden y necesitan; los comerciantes en sus correspondencias, ministraci&oacute;n y surtimiento de sus mercanc&iacute;as. Los almaceneros de esta corte (m&aacute;s que en alguna otra parte del reino), av&iacute;an al cr&eacute;dito aventurando sus intereses.<sup><a href="#notas">51</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sonora era uno de los puntos extremos del circuito mercantil tradicional novohispano, cuyo centro articulador era la Ciudad de M&eacute;xico, por donde pasaban los principales ejes comerciales coloniales. El camino de Tierra Adentro y la v&iacute;a que corr&iacute;a de Guadalajara a Sonora por la costa del Pac&iacute;fico eran las dos principales rutas mercantiles y de comunicaci&oacute;n de estas provincias. La ruta costera ten&iacute;a mayor movimiento porque permit&iacute;a evadir los caminos transitados por los apaches en la Nueva Vizcaya y tocaba las principales poblaciones de la intendencia. Este circuito benefici&oacute; a poblaciones como Rosario, Culiac&aacute;n, &Aacute;lamos y Arizpe, con presencia econ&oacute;mica y que aumentaron su influjo al convertirse en centros distribuidores de sus &aacute;reas respectivas. Desde 1750, la ruta por la costa del Pac&iacute;fico se convirti&oacute; en la v&iacute;a comercial principal del noroeste:<sup><a href="#notas">52</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">los efectos y mercanc&iacute;as que se conducen por la v&iacute;a de Chihuahua vienen exentos de alcabala, no as&iacute; sucede con los que se conducen por el camino de la costa, que es el que con m&aacute;s frecuencia se trafica, bien sea por evitar y huir del riesgo de apaches que infestan el de la Vizcaya, o bien porque los due&ntilde;os de recua viven en las provincias de Sinaloa y Culiac&aacute;n, donde tienen refacci&oacute;n de mulas. Y as&iacute;, trajinan mucho m&aacute;s por esta v&iacute;a.<sup><a href="#notas">53</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La relaci&oacute;n mercantil de dependencia se mantuvo durante la mayor parte de la &eacute;poca novohispana. Pero la supremac&iacute;a de los grandes almaceneros de la Ciudad de M&eacute;xico en Sonora decay&oacute; en los &uacute;ltimos dos decenios del periodo colonial. A consecuencia del desarrollo productivo alcanzado en los valles de los r&iacute;os Sonora y San Miguel se verific&oacute; una actividad mercantil inusitada en los dos primeros decenios del XIX. Gracias a la consolidaci&oacute;n de Horcasitas, Pitic y Ures como centros productores de bastimentos y distribuidores de ellos en los poblados y reales mineros de Sonora, las elites de estas localidades estuvieron en posibilidad de participar de manera directa en las redes mercantiles provinciales y exteriores que se empezaban a dibujar. La independencia comercial alcanzada por algunos poblados de Sonora respecto a los grandes almaceneros de la Ciudad de M&eacute;xico y de sus habilitados de Arizpe, se logr&oacute; gracias a la prosperidad lograda en sus actividades productivas, comerciales y crediticias aut&oacute;nomas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sonora no era una isla. Los acontecimientos internos se ligaron a los sucesos que viv&iacute;a el virreinato novohispano. En el aspecto econ&oacute;mico, la crisis del orden colonial afect&oacute; al eje mercantil colonial tradicional y coadyuv&oacute; a la consolidaci&oacute;n de las nuevas redes mercantiles originadas por los cambios econ&oacute;micos aludidos en los apartados anteriores. Estos fueron acontecimientos de gran trascendencia para el desarrollo hist&oacute;rico posterior de la provincia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los impulsos que favoreci&oacute; el rompimiento de la estructura mercantil tradicional de Sonora en las dos primeras d&eacute;cadas del siglo XIX fue el desarrollo econ&oacute;mico del &aacute;rea de los r&iacute;os Sonora y San Miguel, y el contacto mercantil directo que logr&oacute; establecer con comerciantes extranjeros y de otras regiones novohispanas, gracias al acicate que signific&oacute; el libre comercio en algunas provincias novohispanas. En 1795, con la creaci&oacute;n de los consulados mercantiles de Guadalajara y Veracruz se inici&oacute; la fractura del poder de los grandes almaceneros de la capital novohispana. Los circuitos comerciales tradicionales controlados por el Consulado de la Ciudad de M&eacute;xico vieron menoscabar su dominio sobre la circulaci&oacute;n de mercanc&iacute;as en las provincias de Nueva Espa&ntilde;a. El robustecimiento de la elite tapat&iacute;a y la importancia comercial adquirida por San Blas en la segunda d&eacute;cada del siglo XIX, delinearon un circuito mercantil aut&oacute;nomo en el Pac&iacute;fico y afianzaron el desarrollo econ&oacute;mico de una de las regiones de Sonora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El establecimiento de los nuevos consulados y el desarrollo de circuitos mercantiles independientes en diversas regiones se fortaleci&oacute; con la apertura de nuevos puertos al comercio internacional y de cabotaje. La prosperidad econ&oacute;mica alcanzada en algunas provincias de Nueva Espa&ntilde;a hizo estallar durante las dos primeras d&eacute;cadas del siglo XIX al eje econ&oacute;mico tradicional que hab&iacute;a imperado durante m&aacute;s de doscientos a&ntilde;os. El movimiento mercantil dej&oacute; de ser controlado exclusivamente por los grandes almaceneros de M&eacute;xico. La trascendencia econ&oacute;mica de San Blas rebas&oacute; los l&iacute;mites del espacio econ&oacute;mico que se form&oacute; alrededor del eje econ&oacute;mico regional Tepic&#45;San Blas&#45;Rosario&#45;Durango. Sus naves llegaban por el comercio de cabotaje hasta San Francisco pasando por La Paz y Guaymas en el Golfo de California. Este nuevo circuito mercantil por mar contribuy&oacute; al apuntalamiento del desarrollo econ&oacute;mico que experimentaban diversas regiones de Sonora y Sinaloa. Los puertos de Guaymas y Mazatl&aacute;n se convirtieron en las nuevas puertas que comunicaron a sus provincias con los movimientos econ&oacute;micos novohispano y exterior.<sup><a href="#notas">54</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La prosperidad econ&oacute;mica alcanzada en la regi&oacute;n agr&iacute;cola&#45;ganadera&#45;comercial de la parte baja del r&iacute;o Sonora, provoc&oacute; modificaciones en las redes productivas y comerciales regionales. En el &aacute;rea donde se re&uacute;nen los r&iacute;os San Miguel y Sonora tres poblaciones desplegaron una trama de poder y control en su derredor. Ures, Horcasitas y Pitic vincularon la bonanza productiva con el florecimiento comercial. Estos centros desplegaron su actividad comercial y compitieron con la red que controlaba Arizpe. Su alta productividad agr&iacute;cola y ganadera, su participaci&oacute;n en el comercio, av&iacute;o y rescate de bastimentos para los reales mineros, lo mismo que la apertura del puerto de Guaymas, les dio la oportunidad de desvincularse de los circuitos mercantiles tradicionales y fijar un nuevo mercado para sus productos agropecuarios, sobre todo la harina de trigo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque el puerto de Guaymas fue abierto al comercio oficialmente por las autoridades coloniales hasta el a&ntilde;o de 1814, desde la primera d&eacute;cada empez&oacute; a funcionar de manera espor&aacute;dica como uno de los puntos del comercio de cabotaje que se desarrollaron en el Pac&iacute;fico novohispano y como centro introductor de mercanc&iacute;as il&iacute;citas del exterior.<sup><a href="#notas">55</a></sup> En realidad fue hasta la segunda d&eacute;cada cuando finc&oacute; su importancia comercial. Jos&eacute; Francisco Velasco dej&oacute; el testimonio del momento en que se enlazaron los intereses productivos y comerciales de Pitic, Ures y Horcasitas con el puerto de Guaymas:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El comercio de Hermosillo procede desde el a&ntilde;o de 1811 del puerto de Guaymas, que acab&oacute; el que hac&iacute;a con M&eacute;xico, de donde les mandaban a los mercaderes de Sonora remisiones de efectos por tierra anualmente. Era tan uniforme y rutinero este comercio &#91;con la capital novohispana&#93;, que los mercaderes tan luego como recib&iacute;an sus facturas &#91;que se les anticipaba antes de llegar los arrieros conductores&#93; sab&iacute;an sobre una corta diferencia lo que les dejaba su negocio de utilidad en el a&ntilde;o.<sup><a href="#notas">56</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La fecha de su consolidaci&oacute;n no difiere mucho de la del puerto de San Blas.<sup><a href="#notas">57</a></sup> Las nuevas redes que se esbozaron de 1800 a 1810 en Sonora, se reforzaron y definieron en la siguiente d&eacute;cada, gracias al progreso econ&oacute;mico de las regiones y a la autonom&iacute;a mercantil alcanzada por la apertura comercial en los puertos del Pac&iacute;fico y al estado de guerra que vivieron Espa&ntilde;a y Nueva Espa&ntilde;a. 1810 es una fecha significativa, pues la insurgencia contribuy&oacute; a trastornar los circuitos mercantiles coloniales tradicionales y afianzar a los nuevos. El control econ&oacute;mico que hab&iacute;a ejercido la capital novohispana se vio roto por las continuas batallas y por el bandolerismo que empez&oacute; a proliferar en el centro de Nueva Espa&ntilde;a. Las rutas comerciales y de comunicaci&oacute;n con las provincias m&aacute;s lejanas se hicieron intransitables. Las remesas de ayuda a las provincias no tuvieron la continuidad deseada a causa de la crisis hacendaria del gobierno virreinal por los constantes env&iacute;os de dinero que la metr&oacute;poli exig&iacute;a y por los gastos que se realizaban para hacer frente a la insurgencia. Para 1813, la intendencia de Arizpe pasaba por la mayor crisis financiera de su existencia. No s&oacute;lo falt&oacute; la necesaria ayuda econ&oacute;mica por la que hab&iacute;a podido existir el gobierno de la intendencia; el abasto de azogue comenz&oacute; a fallar, lo mismo que las remesas de productos enviados anualmente por los grandes almaceneros a sus dependientes en Sonora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A consecuencia de los hechos violentos en que se vio envuelto el mundo novohispano, los procesos y tendencias que hab&iacute;an empezado a esbozarse en la provincia de Sonora con el nacer del siglo, se desarrollaron y consolidaron. A pesar de que Sonora nunca fue escenario de combates, las derivaciones econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas provocadas por la guerra insurgente afectaron su estructura y le dieron un nuevo rostro, el mismo con que inici&oacute; su vida independiente. Sin dejar de existir el v&iacute;nculo con los grandes comerciantes de la Ciudad de M&eacute;xico, el estado de guerra que imper&oacute; en el coraz&oacute;n novohispano por la Revoluci&oacute;n de Independencia y las nuevas relaciones comerciales de los mercaderes regionales de Sonora, con la apertura del puerto de Guaymas al comercio, acabaron de romper el yugo ejercido por los aviadores de la Ciudad de M&eacute;xico con sus habilitados sonorenses e iniciaron una nueva articulaci&oacute;n mercantil de las regiones sonorenses entre s&iacute; y con el exterior. Las mismas circunstancias obligaron a las autoridades y a los grupos econ&oacute;micos florecientes a buscar nuevas rutas y alternativas. &Eacute;stas fueron las que se hab&iacute;an esbozado desde principios del siglo XIX. El puerto de Guaymas se consolid&oacute; como la puerta econ&oacute;mica provincial con el exterior.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>5. LOS PUEBLOS YAQUIS Y LAS TRANSFORMACIONES ECON&Oacute;MICAS DE SONORA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todos estos cambios afectaron a las sociedades indias establecidas en las provincias de Sonora y Ostimuri. En este apartado tan s&oacute;lo se toca lo referente a los pueblos yaquis, los cuales se encontraban ubicados a las orillas del r&iacute;o Yaqui, corriente permanente de agua localizada en la parte meridional del actual estado de Sonora. Por el desarrollo hist&oacute;rico de los procesos econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos regionales, los pueblos yaquis adquirieron gran importancia, tanto por su situaci&oacute;n estrat&eacute;gica como por la participaci&oacute;n de sus habitantes en las actividades productivas. Estos indios eran due&ntilde;os de un valle f&eacute;rtil para la agricultura y ganader&iacute;a, territorio ecol&oacute;gico que proporcionaba gran cantidad de productos para la vida cotidiana y las actividades econ&oacute;micas. Sus tierras estaban cerca de Guaymas, puerto comercial principal de las dos provincias, y tambi&eacute;n eran el paso obligado para los que ven&iacute;an de &Aacute;lamos y de los pueblos serranos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las caracter&iacute;sticas principales de su territorio fue la productividad de sus tierras, siempre ba&ntilde;adas por las corrientes abundantes y permanentes. El terreno y el caudal eran ricos en recursos naturales que los ind&iacute;genas aprovechaban. Flora, fauna y minerales se daban en proporciones generosas. Sin embargo, ya sin la presencia de los jesuitas, ahora eran ellos quienes marcaban los montos de su producci&oacute;n y &eacute;sta no correspond&iacute;a a las urgencias y ritmos de la econom&iacute;a comercial de los colonos. Se regres&oacute; al cultivo de temporal, ya que la principal atenci&oacute;n ind&iacute;gena era producir lo suficiente para sus necesidades interiores, aunque, por supuesto hab&iacute;a individuos que, al igual que en tiempos coloniales, cultivaban para el mercado. El ma&iacute;z, principal grano que sembraban, a pesar de que no era del gusto de los colonos blancos, era un producto de primera importancia para la manutenci&oacute;n de la mano de obra que laboraba en minas, molinos y otros centros productivos. Aunque la provincia de Ostimuri permaneci&oacute; como primera generadora de este sustento, gran parte de la misma se levantaba de ranchos de colonos, los cuales ten&iacute;an que ocupar parte de sus tierras para ello. Las modificaciones productivas al interior de los pueblos provoc&oacute; que, de manera constante, diversos tratadistas, voceros de los intereses comerciales e integrantes de las mismas elites regionales, pidieran la expropiaci&oacute;n de tierras indias. Uno de los razonamientos que arg&uuml;&iacute;an era la "improductividad" de tierras tan f&eacute;rtiles.<sup><a href="#notas">58</a></sup> </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de la baja producci&oacute;n agr&iacute;cola, la importancia de los yaquis como abastecedores de alimentos y productos no desapareci&oacute;. Si bien el gran comercio de granos estaba en manos de los blancos, estos ind&iacute;genas se dirigieron hacia el comercio hormiga, subterr&aacute;neo, que no se detecta en los documentos hacendarios, pero que es de vital importancia para el desarrollo de la vida cotidiana de la gente menuda. Ya se ha mencionado que la producci&oacute;n comercial agr&iacute;cola de ma&iacute;z, garbanzo y frijol de los indios pasaba a manos de los rescatadores, lo mismo que las frutas de sus huertas. Pero hab&iacute;a otro tipo de abastecimientos que ellos mismos realizaban y comercializaban, a peque&ntilde;a escala, para atender las exigencias de los pobladores sedentarios asentados en los nuevos centros de poblaci&oacute;n estables que se consolidaron en Sonora, como fueron los casos de Ures, Pitic y San Miguel Horcasitas, a donde llevaban los productos que recolectaban, como las ra&iacute;ces comestibles (zayas), quelite, frutos de cactus (pitayas y sahuaros), productos del agave (mezcal tatemado, bebidas embriagantes), semillas de amaranto, frutas de arbusto (garambullo y bachatas), lo mismo que carne producto de la caza de aves, reptiles, ardillas, jabal&iacute;es y venados, y de la ganader&iacute;a (reses, carneros y caballos).<sup><a href="#notas">59</a></sup> </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya con la libertad de movimiento recobrada, los yaquis se extendieron por todas las provincias de su &aacute;rea, para incorporarse a las actividades productivas como fuerza de trabajo pero tambi&eacute;n como peque&ntilde;os productores, transportistas y comerciantes de las mercanc&iacute;as que recolectaban, cazaban y produc&iacute;an. Del unto de sus carneros produc&iacute;an gran cantidad de velas. Aunque la invasi&oacute;n inglesa de telas de algod&oacute;n afect&oacute; a la industria textil ind&iacute;gena, las mantas de lana de los yaquis mantuvieron su prestigio y venta en el mercado. Lo mismo sucedi&oacute; con sus petates, sombreros de palma, escobas y canastos de mimbre y de carrizo. Curt&iacute;an la piel de los animales y explotaban la miel de las colmenas. Tambi&eacute;n prove&iacute;an de a&ntilde;il al mercado, como tinte y como producto medicinal. En este &uacute;ltimo rubro, su prestigio como curanderos s&oacute;lo era comparable al que ten&iacute;an los apaches, por lo cual tambi&eacute;n prove&iacute;an de plantas medicinales, tratamientos y alivio a los habitantes de Sonora.<sup><a href="#notas">60</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso de localidades cercanas al Golfo de California, como lo fueron el puerto y San Jos&eacute; de Guaymas, los indios yaquis, aparte de los productos anteriores mencionados, vend&iacute;an pescados y mariscos, lo mismo que agua potable para beber. Grandes conocedores de los secretos del Mar de Cort&eacute;s, aparte de excelentes pescadores, eran tambi&eacute;n marineros y buzos sacadores de perlas. En algunas de las ocasiones se alquilaban como empleados, pero la mayor&iacute;a de las veces ellos mismos vend&iacute;an el producto de su pesquer&iacute;a en piedras preciosas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eran los arrieros por excelencia. Una buena parte de transporte de mercanc&iacute;as por los nuevos circuitos comerciales del interior se hac&iacute;an en las recuas de las que eran due&ntilde;os. All&iacute; llevaban tanto los productos que ellos mismos mercaban, como los de otros individuos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ellos, junto con los mayos, abastec&iacute;an de sal a los centros mineros y ciudades, llevaban la madera necesaria para la actividad de las minas y en la construcci&oacute;n habitacional y vida diaria. Tambi&eacute;n trasladaban pastura para el ganado.<sup><a href="#notas">61</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al igual que en tiempos coloniales, los yaquis hicieron frente a los nuevos requerimientos productivos por medio de la diversificaci&oacute;n de sus actividades econ&oacute;micas dentro y fuera de sus pueblos. Como se pudo observar, la aportaci&oacute;n de los yaquis al desarrollo econ&oacute;mico de Sonora en la primera mitad del siglo XIX, no s&oacute;lo fue como mano de obra alquilada, actividad magnificada por los tratadistas sonorenses del siglo XIX y retomada por la historiograf&iacute;a del siglo XX, sin darnos cuenta que el ocultamiento de los dem&aacute;s aportes formaba parte de la campa&ntilde;a de desprestigio hacia las formas de vida ind&iacute;genas y a la ambici&oacute;n por apoderarse de los ricos territorios indios, para as&iacute; dejar a &eacute;stos &uacute;nicamente como fuerza de trabajo depauperada. Los yaquis no s&oacute;lo fueron trabajadores (y muy buenos), sino tambi&eacute;n productores a peque&ntilde;a escala, as&iacute; como transportistas, cazadores, pescadores y recolectores de una infinidad de mercanc&iacute;as que vend&iacute;an en los centros de producci&oacute;n en Sonora y en las nuevas localidades urbanas y comerciales que empezaban a desarrollarse en esos territorios.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* En este trabajo se recobra el inter&eacute;s por analizar de una manera m&aacute;s integral y profunda los cambios sucedidos en Sonora a principios del siglo XIX. En la tesis doctoral, <i>Las elites regionales y la formaci&oacute;n del Estado de Sonora, 1790&#45;1831</i> (M&eacute;xico, CEH&#45;Colmex, 1995), abord&eacute; este proceso desarrollando las acciones de los notables; luego, en el libro <i>Insurgencia y autonom&iacute;a. Historia de los pueblos yaquis: 1821&#45;1910</i> (M&eacute;xico, CIESAS/INI, 1996), trat&eacute; este mismo periodo, pero ahora mostrando la actuaci&oacute;n de estos pueblos indios en el problema. Con el presente art&iacute;culo se ubica y establece la inserci&oacute;n y contribuci&oacute;n de los yaquis en las transformaciones econ&oacute;micas que sufri&oacute; el territorio sonorense en dicho periodo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> En el caso de los p&aacute;pagos y los grupos denominados apaches, el &uacute;ltimo intento de expansi&oacute;n espa&ntilde;ola por el septentri&oacute;n, tambi&eacute;n efectuado a finales del XVIII, vino a trastocar el desarrollo de sus pueblos. La crisis del Imperio hisp&aacute;nico, la guerra de independencia y los primeros intentos de organizaci&oacute;n de la nueva naci&oacute;n mexicana, les dieron un peque&ntilde;o respiro que, sin embargo, fue ahogado por el avance territorial de los estadounidenses y su victoria militar sobre M&eacute;xico en 1847.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Las pugnas entre misioneros y el clero secular no pararon all&iacute;. Con la llegada del primer obispo de Sonora y su plan para erigir custodias en la nueva di&oacute;cesis a su cargo, se recrudeci&oacute; el conflicto. El objetivo de la creaci&oacute;n de la Custodia de San Carlos era controlar a los misioneros, pero el plan result&oacute; un fracaso. Para este tema, v&eacute;ase Ignacio del R&iacute;o y Edgardo L&oacute;pez Ma&ntilde;&oacute;n, "La reforma institucional borb&oacute;nica", en <i>Historia general de Sonora,</i> Gobierno del Estado de Sonora, Hermosillo, 1985,t. II, pp. 241&#45;246.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653393&pid=S1607-050X200200020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;En Fernando Ocaranza, <i>Los franciscanos en las Provincias Internas de Sonora y Ostimuri,</i> &#91;s.e.&#93;, M&eacute;xico, 1937, pp. 151&#45;161,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653395&pid=S1607-050X200200020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> se ofrece el mejor acercamiento que se ha hecho, hasta la actualidad, sobre la administraci&oacute;n de los pueblos yaquis despu&eacute;s de la salida de los jesuitas. En el informe del conde de Revillagigedo sobre las misiones se lee que: "No han sido tan graves los males y los des&oacute;rdenes de los pueblos de misi&oacute;n del r&iacute;o Hiaqui, porque sus curas doctrineros tuvieron la felicidad de acertar a contenerlos, distingui&eacute;ndose especialmente el celo, talento, prudencia y conocimientos del Br. D. Francisco Joaqu&iacute;n Vald&eacute;s." Conde de Revillagigedo, <i>Informe sobre las misiones (1793) e Instrucci&oacute;n reservada al marqu&eacute;s de Branciforte (1794),</i> Jus, M&eacute;xico, 1966, p. 38. Evelyn Hu&#45;De Hart, "Rebeli&oacute;n campesina en el noroeste: los indios yaquis de Sonora, 1740&#45;1976", en Fiedrich Katz (comp.), <i>Revuelta, rebeli&oacute;n y revoluci&oacute;n,</i> Era, M&eacute;xico, 1990, p. 148,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653396&pid=S1607-050X200200020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> afirma que despu&eacute;s de la expulsi&oacute;n de los jesuitas, "s&oacute;lo alg&uacute;n sacerdote entraba ocasionalmente en los pueblos yaquis e intentaba ejercer alguna influencia sobre ellos, generalmente con discutibles resultados", pero, sin duda, se trata s&oacute;lo de ignorancia por parte de la autora sobre la actuaci&oacute;n del padre Valdez en el momento de secularizaci&oacute;n de las misiones del Yaqui, lo mismo que su apoyo para que los dirigentes indios recuperaran el control de sus pueblos.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;Sa&uacute;l Jer&oacute;nimo Romero, <i>La privatizaci&oacute;n de la tenencia de la tierra en Sonora, 1740&#45;1860,</i> tesis de maestr&iacute;a, M&eacute;xico, UNAM, 1991,pp. 95&#45;99,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653398&pid=S1607-050X200200020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> trabaj&oacute; sobre este particular. Por desgracia, s&oacute;lo se dedic&oacute; a desglosar las instrucciones dictadas por el visitador y no a se&ntilde;alar si tuvieron efecto en la realidad. Ignacio del R&iacute;o, "El noroeste novohispano y la nueva pol&iacute;tica imperial espa&ntilde;ola", en <i>Historia general de Sonora</i>, Hermosillo, Gobierno del Estado de Sonora, 1985, p. 217,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653399&pid=S1607-050X200200020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> reproduce una Representaci&oacute;n de los indios del r&iacute;o Mayo, firmada en Cuirimpo, el 14 de mayo de 1769 y que dirigen a G&aacute;lvez. En ella solicitan curas p&aacute;rrocos, ser tributarios y que se les asignen tierras a sus pobladores. Este documento viene acompa&ntilde;ado de un decreto emitido por el visitador en que les concede la erecci&oacute;n de iglesias parroquiales, el reconocimiento como tributarios y la dotaci&oacute;n de tierras a sus naturales. &Eacute;ste bien puede ser el antecedente de las instrucciones que dict&oacute; G&aacute;lvez sobre asignaci&oacute;n de tierras a los pueblos indios en &Aacute;lamos, en junio del mismo a&ntilde;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>&nbsp;Ignacio del R&iacute;o y Edgardo L&oacute;pez Ma&ntilde;&oacute;n, "La reforma institucional borb&oacute;nica", <i>op. cit.,</i> p. 240.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup>&nbsp;Patricia Escand&oacute;n, "Econom&iacute;a y sociedad en Sonora: 1767&#45;1821", en <i>Historia general de Sonora,</i> Gobierno del Estado de Sonora, Hermosillo, 1985,t.II,pp. 262&#45;264.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653402&pid=S1607-050X200200020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> "Copia de la consulta que hace a su majestad don Fernando S&aacute;nchez Salvador de la santa hermandad y capit&aacute;n de caballos corazas de las provincias de Sinaloa, Sonora, costas del mar del Sur y fronteras de la gentilidad, marzo de 1751", en AGN, Historia, v. 16, exp. 3,f. 153174, citado en Sa&uacute;l Jer&oacute;nimo Romero, <i>La privatizaci&oacute;n de la tenencia de la tierra, op. cit.,p.</i> 92. Para un mejor conocimiento de la rebeli&oacute;n yaqui de 1740 v&eacute;ase Luis Navarro Garc&iacute;a, <i>La sublevaci&oacute;n yaqui en 1740,</i> EEHA, Sevilla, 1966, y Evelyn Hu&#45;De Hart, "Rebeli&oacute;n campesina en el noroeste", <i>op. cit.,</i> pp. 136&#45;146.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup>&nbsp;Ignacio del R&iacute;o y Edgardo L&oacute;pez Ma&ntilde;&oacute;n, "La reforma institucional borb&oacute;nica", <i>op. cit.</i> ,pp. 227&#45;228.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup>&nbsp;Conde de Revillagigedo, <i>Informe sobre las misiones (1793), op. cit.,</i> pp. 32&#45;36; tambi&eacute;n v&eacute;ase el "parecer del obispo de Sonora, fray Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Granados", publicado en Lino G&oacute;mez Canedo, <i>Sonora hacia fines del siglo XVIII,</i> Librer&iacute;a Font, Guadalajara, 1971, pp. 106&#45;109.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653406&pid=S1607-050X200200020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> "Informe de Jos&eacute; Mar&iacute;a Genovesse al virrey, 1722", publicado en Luis Gonz&aacute;lez R., <i>Etnolog&iacute;a y misi&oacute;n en la Pimer&iacute;a Alta, 1715&#45;1740,</i> UNAM, M&eacute;xico, 1977,pp.161&#45;163.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Luis Gonz&aacute;lez R., <i>Etnolog&iacute;a y misi&oacute;n en la Pimer&iacute;a Alta, op. cit.,</i> p. 161.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup>&nbsp;Es muy probable que las tierras f&eacute;rtiles del r&iacute;o Sonora formaran parte del "camino del ma&iacute;z" que vislumbr&oacute; Alvar N&uacute;&ntilde;ez Cabeza de Vaca en su traves&iacute;a por tierras sonorenses. Tal vez el Valle de los Corazones mencionado por el n&aacute;ufrago espa&ntilde;ol era el que en tiempos coloniales se llam&oacute; Valle de Sonora. Alvar N&uacute;&ntilde;ez Cabeza de Vaca, <i>Naufragios y comentarios,</i> Historia, 16, Madrid, 1990, pp.123&#45;129.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653410&pid=S1607-050X200200020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup>&nbsp;Francisco R. Almada, <i>Diccionario de historia, geograf&iacute;a y biograf&iacute;a sonorense,</i> Gobierno del Estado de Sonora, Hermosillo, 1990, p. 415.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653412&pid=S1607-050X200200020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> <i>Ibidem, pp.</i> 707 y 67, respectivamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> <i>Ibid.,</i> pp. 494&#45;495.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> "Informe de Jos&eacute; Mar&iacute;a Genovesse al virrey, 1722", <i>op. cit.,</i> p. 161. Los subrayados son m&iacute;os.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup>&nbsp;El real de Motepori fue un poblado que subsisti&oacute; durante todo el siglo XVIII. Fue cuna de algunas de las familias notables de Sonora, como fue el caso de la familia Morales y de los Escalante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> <i>Ibidem</i>, p. 163.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> <i>Ibid.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup>&nbsp;Sa&uacute;l Jer&oacute;nimo Romero, L<i>a privatizaci&oacute;n de la tenencia de la tierra, op. cit.,</i> dice que durante el periodo aludido, "la propiedad comunal es el tipo dominante, sin embargo, la propiedad privada se avizora ya como una tendencia que apunta al crecimiento" (p. 76). En la gr&aacute;fica 11 de su trabajo (p. 80) se ve que las &uacute;nicas zonas de denuncio son las mencionadas en el p&aacute;rrafo.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup>&nbsp;Vito Alessio Robles, "Introducci&oacute;n", Pedro Tamar&oacute;n y Romeral, <i>Demostraci&oacute;n del vast&iacute;simo obispado de la Nueva Vizcaya, 1765,</i> Antigua Librer&iacute;a Robredo, M&eacute;xico, 1937, pp. X&#45;XI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653421&pid=S1607-050X200200020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup>&nbsp;Patricia Escand&oacute;n, "La nueva administraci&oacute;n misional y los pueblos de indios", en <i>Historia general de Sonora,</i> Gobierno del Estado de Sonora, Hermosillo, 1985, p. 257.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653423&pid=S1607-050X200200020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup>&nbsp;Sa&uacute;l Jer&oacute;nimo Romero, <i>La privatizaci&oacute;n de la tenencia de la tierra, op. cit.</i>, pp. 46 y 138. En Guaymas la demanda de tierras aument&oacute; de manera considerable en la segunda d&eacute;cada del siglo XIX, gracias a su afianzamiento como nueva puerta comercial de la provincia y apertura legal decretada en 1814.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> <i>Ibidem</i>, pp. 138&#45;140. De 1790 a 1829 es el distrito con mayor n&uacute;mero de denuncios (24 por ciento del total).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> <i>Ibid.,</i> p. 141.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup> "Informe del padre Francisco Antonio Barbastro", en Lino G&oacute;mez Canedo, <i>Sonora hacia fines del siglo XVIII,</i> Librer&iacute;a Font, Guadalajara, 1971, p. 55.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653428&pid=S1607-050X200200020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup>&nbsp;Es significativo que durante las dos primeras d&eacute;cadas del siglo XIX (cuando aument&oacute; el n&uacute;mero de denuncios en Ures, Pitic y Guaymas), se realizaron el 21 por ciento del total de denuncios efectuados de 1740 a 1859, mientras que en los sesenta a&ntilde;os anteriores (1740&#45;1799) se verificaron &uacute;nicamente el 17 por ciento del total (v&eacute;ase gr&aacute;fica 1). Igual de elocuente es el hecho de que este aumento notable haya iniciado treinta a&ntilde;os despu&eacute;s de la expulsi&oacute;n de los jesuitas y del inicio de la secularizaci&oacute;n de misiones en territorio sonorense. Se nota la correlaci&oacute;n entre la aceleraci&oacute;n del proceso de privatizaci&oacute;n de la tierra y el aumento de denuncios en el r&iacute;o Sonora, si conjuntamos las cifras, tomando como punto de referencia, la fecha de secularizaci&oacute;n de las misiones en dicha &aacute;rea. As&iacute; quedar&iacute;a que de 1740 a 1789 se efectuaron el 10 por ciento de denuncios realizados de 1740 a 1860, y de 1790 a 1819 el 28 por ciento de ellos. Sa&uacute;l Jer&oacute;nimo Romero, <i>La privatizaci&oacute;n de la tenencia de la tierra, op. cit</i>., p.127.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup> Sa&uacute;l Jer&oacute;nimo Romero, <i>La privatizaci&oacute;n de la tenencia de la tierra, op. cit.,</i> p. 43; en la p. 80, el mismo autor menciona que de 1740 a 1769, las zonas con mayor n&uacute;mero de denuncios fueron Sinaloa y &Aacute;lamos, donde el n&uacute;mero de denuncios alcanz&oacute; el porcentaje del 84 por ciento del total registrado, y Pitic tan s&oacute;lo el 13 por ciento del total.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup>&nbsp;Este apartado tiene como fuentes documentales principales los informes econ&oacute;micos que por partidos se recopilaron en la intendencia de Sonora, a principios del siglo XIX por pedimento del consulado de Veracruz. Los informes se localizan en la Biblioteca Nacional de M&eacute;xico, resguardada por la UNAM, en la secci&oacute;n Archivo Franciscano, la cual se citar&aacute; BNMAF. El intendente Alejo Garc&iacute;a Conde mand&oacute; elaborar un resumen de todo ello, el cual ha sido publicado en varias ocasiones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup>&nbsp;Aunque en este apartado s&oacute;lo se presentan los procesos econ&oacute;micos, se considera oportuno definir a estas elites como al grupo de propietarios que pudo concentrar en sus manos el poder econ&oacute;mico y prestigio social dentro de los espacios en que actuaron y dominaron, gracias a la prosperidad que lograron en sus empresas econ&oacute;micas (diversificadas en la producci&oacute;n, financiamiento y comercio), al arma del cr&eacute;dito y a las alianzas sociales, econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y familiares que realizaron entre s&iacute;.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup>&nbsp;Luis Navarro Garc&iacute;a, <i>Las provincias internas en el siglo XIX,</i> EEHA, Sevilla, 1965, pp. 4&#45;7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653434&pid=S1607-050X200200020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup>&nbsp;Patricia Escand&oacute;n, "Econom&iacute;a y sociedad en Sonora", <i>op. cit.,</i> pp. 277&#45;278, da ejemplos de estos desplazamientos de poblaci&oacute;n durante el periodo novohispano.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup>&nbsp;Una cosa es cierta, sin la riqueza minera real de la regi&oacute;n dif&iacute;cilmente hubiera podido existir el nomadismo minero.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup>&nbsp;Carlos Sempat Assadourian, <i>El sistema de la econom&iacute;a colonial,</i> Nueva Imagen, M&eacute;xico, 1983.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653438&pid=S1607-050X200200020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35</sup>&nbsp;Luis Alberto Arrioja D&iacute;az Viruell, <i>Miner&iacute;a y comercio en &Aacute;lamos, 1769&#45;1785,</i> tesis de licenciatura, M&eacute;xico, ENAH, 1999,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653440&pid=S1607-050X200200020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ha realizado un interesante estudio sobre la consolidaci&oacute;n de este poblado como centro minero y de arrastre econ&oacute;mico regional..</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>36</sup> Por ejemplo, en 1806, Cieneguilla contaba con 5 000 personas, 42 tiendas de vianderos, 71 dedicadas al rescate de metales y 27 al comercio. No s&oacute;lo hab&iacute;a operarios y gambusinos, tambi&eacute;n se necesitaban personas que acarrearan agua hacia las zonas de explotaci&oacute;n por no existir en las cercan&iacute;as de ellas. Seg&uacute;n el mismo autor, en el placer de San Francisco de As&iacute;s, cercano a Cieneguilla, se ten&iacute;an que ocupar 200 personas de las 4 500 que hab&iacute;a en 1805, para acarrear agua desde lugares distantes. Luis Navarro Garc&iacute;a, <i>Las provincias internas en el siglo XIX, op. cit</i>., pp.5&#45;6.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>37</sup>&nbsp;Rafael Rodr&iacute;guez Gallardo, <i>Informe sobre Sinaloa y Sonora, 1750,</i> AGN, M&eacute;xico, 1975, p. 44.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653443&pid=S1607-050X200200020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Horcasitas fue al mismo tiempo poblaci&oacute;n, presidio y capital de Sonora. Para el tiempo en que el obispo Tamar&oacute;n y Romeral la visit&oacute; en 1760, Horcasitas era una villa agr&iacute;cola pr&oacute;spera que dominaba hasta el Real de San Jos&eacute; de Gracia y la hacienda del Pitic. Pedro Tamar&oacute;n y Romeral, <i>Demostraci&oacute;n del vast&iacute;simo obispado de la Nueva Vizcaya, 1765,</i> Antigua Librer&iacute;a Robredo, M&eacute;xico, 1937, pp. 284&#45;285.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653444&pid=S1607-050X200200020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>38</sup>&nbsp;BNMAF, 37/822.1, para Pitic; 37/822.12, para Bacoachi; 37/822.13, para Arizpe; 31/644.5, para los pueblos del R&iacute;o Sonora.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>39</sup> Los datos para elaborar las gr&aacute;ficas fueron tomados de Patricia Escand&oacute;n, "Econom&iacute;a y sociedad en Sonora", <i>op. cit.</i> ,p. 286, cuya fuente de informaci&oacute;n fueron los informes de los subdelegados de Arizpe, pueblos del r&iacute;o Sonora, Ostimuri, &Aacute;lamos, Cieneguilla, Bavispe, Pitic, Buenavista, Bacoachi, Altar, Tucs&oacute;n, T&uacute;bac y Fronteras (todos estos informes en BNMAF). Hay que hacer notar que en Ostimuri se produc&iacute;a poco m&aacute;s del 75 por ciento del ma&iacute;z y en el r&iacute;o Sonora tan s&oacute;lo el 5 por ciento del total. La producci&oacute;n agr&iacute;cola de los pueblos ind&iacute;genas no decay&oacute; sino tan s&oacute;lo permut&oacute; sus cultivos, preocup&aacute;ndose primero por sus necesidades y luego por las de la poblaci&oacute;n blanca.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>40</sup>&nbsp;El viajero ingl&eacute;s R.W.H. Hardy, en su cr&oacute;nica, <i>Viajes por el interior de M&eacute;xico en 1825, 1826, 1827 y 1828,</i> M&eacute;xico, Trillas, 1997,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653448&pid=S1607-050X200200020000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> se&ntilde;ala los problemas que ocasionaba la falta de abasto de ma&iacute;z en Baja California durante la rebeli&oacute;n yaqui dirigida por Juan Banderas (pp. 194&#45;195), las complicaciones de los comerciantes del puerto de Guaymas, lo mismo que el alza y escasez del grano en la regi&oacute;n de &Aacute;lamos (p. 170).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>41</sup>&nbsp;Lo del caso de Oquitoa en el Archivo General del Poder Judicial del Estado de Sonora (AGPJES), Penal, Hermosillo, leg. 1, exp. 9.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>42</sup>&nbsp;El asunto de Arizpe en la carta de "El cuerpo capitular de Arizpe al intendente Alejo Garc&iacute;a Conde. Arizpe, enero 17 de 1812", en AGN, Operaciones de Guerra, t. 31, exp. 15,f. 111: "hemos acordado sacrificar en beneficio del p&uacute;blico de esta ciudad la cantidad que consideremos necesaria para impedir el hambre que le amenaza. Con este fin nos hemos propuesto comprar y conducir de nuestra cuenta las semillas que forman el alimento principal de estos habitantes, a efecto de prevenir la carest&iacute;a y escasez que nos anuncia el estado en que nos hallamos".</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>43</sup>&nbsp;Una caracter&iacute;stica de los empresarios novohispanos fue la capacidad de interactuar en diversas ramas de la econom&iacute;a, participando en las esferas econ&oacute;micas de la producci&oacute;n, circulaci&oacute;n y financiamiento. John E. Kicza, <i>Empresarios coloniales,</i> FCE, M&eacute;xico, 1986, pp. 42&#45;43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653452&pid=S1607-050X200200020000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>44</sup>&nbsp;El padre Genovesse deja constancia de lo variable que eran los precios en las diversas localidades de Sonora y Ostimuri. En algunas misiones la fanega de ma&iacute;z llegaba a costar hasta 3 pesos, mientras que en lugares poblados por colonos aumentaba, como los casos de Tetuachi (6 pesos) y en el rancho "Los Chinos", ubicado en el r&iacute;o Sonora, en que el precio era de 7 pesos. Por la falta de series de precios y lo fragmentario de la informaci&oacute;n, la historia de los precios en Sonora es un reto por realizar con base en innumerables esfuerzos. Luis Gonz&aacute;lez R., <i>Etnolog&iacute;a y misi&oacute;n en la Pimer&iacute;a Alta, op. cit., p.</i> 165.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>45</sup>&nbsp;Daniel Januske, "Breve informe del estado presente en que se hallan las misiones de esta provincia", en Luis Gonz&aacute;lez R., <i>Etnolog&iacute;a y misi&oacute;n en la Pimer&iacute;a Alta, op. cit.,</i> p. 219.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>46</sup>&nbsp;Jos&eacute; Francisco Velasco, <i>Noticias estad&iacute;sticas de Sonora</i> (1850), Gobierno del Estado de Sonora, Hermosillo, 1985, p. 71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653456&pid=S1607-050X200200020000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> No obstante, Fernando Ocaranza, <i>Los franciscanos en las Provincias Internas, op. cit.,</i> pp. 51&#45;61, da testimonio de que los colonos de Ostimuri s&iacute; deseaban comerciar con los yaquis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>47</sup>&nbsp;Hay que recordar que aunque en el siglo XVI hubo incursiones espa&ntilde;olas dentro del actual territorio sonorense, las misiones jesuitas y los primeros asentamientos civiles se empezaron a consolidar hasta mediados del siglo XVII. Todav&iacute;a, a fines del periodo colonial, una gran parte de Ostimuri y de la Pimer&iacute;a Alta, lo mismo que el territorio costero controlado por los seris, eran &aacute;reas de conflicto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>48</sup>&nbsp;Rafael Rodr&iacute;guez Gallardo, <i>Informe sobre Sinaloa y Sonora, op. cit.,</i> p. 8.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>49</sup>&nbsp;Jos&eacute; Miranda, "Fisonom&iacute;a del noroeste de M&eacute;xico en la &eacute;poca colonial", en <i>Cuadernos Americanos,</i> a&ntilde;o XXI, v. CXXIII (4), 1962, pp. 135&#45;150,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653460&pid=S1607-050X200200020000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ofrece un an&aacute;lisis de las caracter&iacute;sticas principales de Sonora colonial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>50</sup> <i>Ibidem</i>, p. 142.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>51</sup> "Contra la idea antes prevaleciente de que los due&ntilde;os de la tierra eran el grupo econ&oacute;mico dominante del virreinato, estos estudios demostraron que el capital mercantil era el eje director de la econom&iacute;a, y los comerciantes el grupo m&aacute;s poderoso de la sociedad colonial" Enrique Florescano, <i>El nuevo pasado mexicano,</i> Cal y Arena, M&eacute;xico, 1991, pp. 39&#45;40.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653463&pid=S1607-050X200200020000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>52</sup>&nbsp;Rafael Rodr&iacute;guez Gallardo, <i>Informe sobre Sinaloa y Sonora, op. cit.,</i> p. 8.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>53</sup> <i>Ibidem, p.</i> 20. En "Correos. Idea del manejo e historia de esta renta. Itinerario de todos los correos del Departamento de la Administraci&oacute;n de M&eacute;xico", AGN, AHH, 117&#45;25,f.194&#45;200, est&aacute; la ruta que se segu&iacute;a de la Ciudad de M&eacute;xico hasta Arizpe, con la contabilidad de leguas entre las poblaciones que se iban tocando en el trayecto. Se habla de 577 leguas de distancia entre las dos ciudades aqu&iacute; mencionadas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>54</sup>&nbsp;Juan Domingo Vidargas del Moral, <i>Navegaci&oacute;n y comercio en el Golfo de California,</i> tesis de licenciatura, UNAM, M&eacute;xico, 1982, pp. 184&#45;217,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653467&pid=S1607-050X200200020000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> estudia los efectos del comercio en el Golfo de California. Luis Z&uacute;&ntilde;iga S&aacute;nchez, <i>Apuntes para la historia de Mazatl&aacute;n,</i> Mazatl&aacute;n, Talleres de Linotipograf&iacute;a del Pac&iacute;fico, &#91;s.f.&#93;, p. 19, se&ntilde;ala el a&ntilde;o de 1806 como fecha probable del despegue de Mazatl&aacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>55</sup>&nbsp;Juan Domingo Vidargas del Moral, <i>Navegaci&oacute;n y comercio en el golfo de California, op. cit.,</i> p. 245, se&ntilde;ala que existen datos documentales que desde 1799&#45;1800 hab&iacute;a tr&aacute;fico comercial entre San Blas, Sonora y Baja California.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>56</sup>&nbsp;Jos&eacute; Francisco Velasco, <i>Noticias estad&iacute;sticas, op. cit</i>., pp. 64&#45;65.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>57</sup>&nbsp;Araceli Ibarra Bell&oacute;n, <i>El comercio exterior de M&eacute;xico: ruptura y continuidad, 1821&#45;1861,</i> tesis doctoral, El Colegio de M&eacute;xico, M&eacute;xico, 1989, p. 460,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653471&pid=S1607-050X200200020000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> afirma que desde 1812 el comercio de Guadalajara y San Blas no fue tributario del de la Ciudad de M&eacute;xico.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>58</sup> Por ejemplo, Jos&eacute; Francisco Velasco, <i>Noticias estad&iacute;sticas del estado de Sonora (1850),</i> Gobierno del Estado de Sonora, Hermosillo, 1985, p. 69,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653473&pid=S1607-050X200200020000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> dec&iacute;a que hab&iacute;a grandes zonas del r&iacute;o Yaqui, por el rumbo de Soyopa, Buenavista y Onavas que ten&iacute;an "muchas tierras susceptibles de labranza, pero nadie ha hecho diligencias de sacar tomas de aguas para el efecto, as&iacute; es que las siembras est&aacute;n reducidas a temporales" De la misma forma, Ignacio Z&uacute;&ntilde;iga se la pas&oacute; denunciando tal situaci&oacute;n durante la d&eacute;cada de los treinta y pidiendo apoyo para que los especuladores y empresarios pudieran aprovechar la feracidad del terreno yaqui. Ignacio Z&uacute;&ntilde;iga, <i>R&aacute;pida ojeada al estado de Sonora (1835),</i> Gobierno del Estado de Sonora, Hermosillo, 1985, p. 37.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653474&pid=S1607-050X200200020000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Este asunto lo he tratado en el art&iacute;culo "El valle del Yaqui y los proyectos econ&oacute;micos de las elites sonorenses en la primera mitad del siglo XIX", en Antonio Escobar (coord.), <i>Indio, comunidad y naci&oacute;n,</i> CEMCA/ CIESAS/INAH, M&eacute;xico, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2653475&pid=S1607-050X200200020000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>59</sup> "Informe de la provincia de Ostimuri (1804)", BNMAF, 36/819.3,f.7. La mayor&iacute;a de la informaci&oacute;n presentada en este apartado proviene de esta fuente, por lo cual no se cita de manera constante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>60</sup>&nbsp;R.W.H. Hardy, <i>Viajes por el interior de M&eacute;xico, op. cit.,</i> en diversos cap&iacute;tulos ofrece cr&oacute;nicas y comentarios sarc&aacute;sticos de la carencia de facultativos m&eacute;dicos en Sonora, as&iacute; como de los problemas que ten&iacute;an que enfrentar al respecto sus habitantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>61</sup> Luis Alberto Arrioja D&iacute;az Viruell, <i>Miner&iacute;a y comercio en &Aacute;lamos, op. cit</i>., pp.90&#45;93.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>H&eacute;ctor Cuauht&eacute;moc Hern&aacute;ndez Silva. </b>Profesor normalista de educaci&oacute;n b&aacute;sica de 1977 a 1987. Curs&oacute; estudios de licenciatura y posgrado en Historia en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la UNAM de 1977 a 1985. Doctor en Historia por El Colegio de M&eacute;xico en 1995. Especialista en siglo XIX mexicano, ha impartido clases sobre temas hist&oacute;ricos y sociales en la ENAH, UPN, Universidad de Sonora y la UAM, y publicado diversos estudios en varias revistas acad&eacute;micas. Entre sus libros y ediciones se encuentran <i>Insurgencia y autonom&iacute;a. Historia de los pueblos yaquis en el siglo XIX</i> (CIESAS/INI, 1996), y la edici&oacute;n del <i>Diario Hist&oacute;rico de M&eacute;xico, 1822&#45;1848</i> (Colmex/CIESAS, 2001&#45;2002), del licenciado Carlos Mar&iacute;a de Bustamante, en colaboraci&oacute;n con la doctora Josefina Zoraida V&aacute;zquez. En la actualidad es profesor&#45;investigador, titular "C" de la UAM Azcapotzalco y pertenece al Sistema Nacional de Investigadores.</font></p>      ]]></body><back>
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