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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Testimonios</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Bailes de negros</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Gonzalo Aguirre Beltr&aacute;n</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>En el campo de la etnohistoria en M&eacute;xico, es    <br> 	sin duda la figura de Gonzalo Aguirre Beltr&aacute;n    <br> 	una de las que se destaca como pionero en    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	esta disciplina. Desde 1942 inicia sus estudios    <br> 	en el Archivo General de la Naci&oacute;n sobre los    <br> 	pobladores de origen africano que se encuentran    <br> 	en M&eacute;xico, y constata la informaci&oacute;n de    <br> 	los archivos con la realidad de los pueblos    <br> 	de origen africano que se encuentran en las    <br> 	costas de M&eacute;xico. Su labor va m&aacute;s all&aacute; del    <br> 	trabajo exclusivo del archivo, como &eacute;l mismo    <br> 	se&ntilde;ala: "El an&aacute;lisis hist&oacute;rico complementado    <br> 	por el trabajo de campo antropol&oacute;gico da    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	su figura al estudio etnohist&oacute;rico, m&eacute;todo    <br> 	de investigaci&oacute;n que ilumina el examen de    <br> 	los problemas del pasado y presente."</i><sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">NO SIEMPRE es posible demostrar con suficiente evidencia el origen de rasgos y complejos culturales que hoy son parte consustancial de los patrones de comportamiento habituales en los mexicanos o en una porci&oacute;n de ellos. Es sabido que en nuestro pa&iacute;s concurrieron, desde los a&ntilde;os del descubrimiento y conquista de la Tierra Firme, dos grupos de poblaci&oacute;n bien identificados por participar en sistemas de vida que difer&iacute;an considerablemente entre s&iacute;: los espa&ntilde;oles y los indios. Con cierta raz&oacute;n, ambos grupos fueron objetivados en categor&iacute;as sociales &uacute;nicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la designaci&oacute;n de espa&ntilde;oles se comprend&iacute;an, por supuesto, a los que en la actualidad componen las variadas nacionalidades del Estado espa&ntilde;ol: castellanos, vascos, catalanes, gallegos, etc&eacute;tera; pero tambi&eacute;n eran portugueses de la propia Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica, n&oacute;rdicos de los Pa&iacute;ses Bajos, alemanes del B&aacute;ltico, italianos y griegos del Mediterr&aacute;neo. No obstante que hablaban lenguas que no permit&iacute;an el entendimiento com&uacute;n y que en su modo de ser expresaban las peculiaridades que les daba una identidad nacional, todos quedaban incluidos en el &aacute;mbito de la cultura occidental, compart&iacute;an un estilo de vida general y representaban una etapa
de civilizaci&oacute;n urbana muy semejante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las divergencias en la categor&iacute;a social india eran claramente mayores. En ella se inclu&iacute;an, tanto las bandas recolectoras cazadoras de los semidesiertos del norte del pa&iacute;s, cuanto los pueblos agr&iacute;colas del centro y sur, entre los cuales algunos, como los nahuas del valle de M&eacute;xico, los mayas del procurrente yucateco, los zapotecas y mixtecas de Oaxaca, los totonacas de Veracruz, hab&iacute;an alcanzado elevados niveles de eficiencia en muy diversos aspectos de su civilizaci&oacute;n. La dispersi&oacute;n idiom&aacute;tica, que hab&iacute;a producido m&aacute;s de un centenar de lenguas y un crecido guarismo de dialectos, y las formas de obtener las subsistencias ya mencionadas, separaban a los componentes de
esta categor&iacute;a social; pero todos eran americanos, es decir, gente sentida como radicalmente distinta por sus conquistadores, especialmente en lo que concierne a civilidad y polic&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de la clara participaci&oacute;n que desde un principio puso aparte a las dos categor&iacute;as que nos ocupan, los etn&oacute;logos que en el presente estudian a las comunidades que descienden directamente de los grupos &eacute;tnicos americanos, encuentran a menudo dif&iacute;cil la determinaci&oacute;n de los rasgos nativos y extranjeros. En muchas de esas comunidades, si hemos de creer a los antrop&oacute;logos difusionistas, con excepci&oacute;n del habla y unas pocas cosas m&aacute;s, todos los rasgos culturales son de procedencia occidental. Seg&uacute;n ello, la contribuci&oacute;n que los indios actuales pueden dar a la formaci&oacute;n de la cultura nacional es despreciable. Otros especialistas en ciencias sociales y en humanidades,
que se ocupan de investigar a grupos de poblaci&oacute;n nacional, tienen dificultades parecidas cuando siguen el rastro a un elemento cultural cualquiera para descubrir su forma pr&iacute;stina. Desde luego, hay rasgos cuya calificaci&oacute;n como americanos u occidentales es obvia: objetos, t&eacute;cnicas, alimentos, vestidos, viviendas. Pero en otros apartados de la cultura, como los ubicados en los dominios del arte, la religi&oacute;n y la medicina, las cosas son diametralmente opuestas. No hay seguridad alguna para definir la procedencia cultural. Por ejemplo, la creencia en el susto, tan importante en la medicina popular, bien puede proceder del pensamiento m&aacute;gico cristiano sobre el <i>esp&iacute;ritu</i> o del concepto nahua del <i>tonalli.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La dicotom&iacute;a arriba establecida, con todo y las dificultades graves que a veces confronta, s&oacute;lo exige la elecci&oacute;n entre los componentes de dos grandes sistemas culturales, el occidental y el americano. Un objeto o una idea s&oacute;lo pueden ser espa&ntilde;oles o indios, con ello la pesquisa queda restringida dentro de una jurisdicci&oacute;n relativamente reducida; la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica, en un caso, la superficie patria, en el otro. A decir verdad, esta limitaci&oacute;n no tiene en cuenta la participaci&oacute;n en la poblaci&oacute;n colonial de gente distinta a la mencionada. Se sabe que M&eacute;xico recibi&oacute; inmigraci&oacute;n negra que vino de &Aacute;frica y el Asia que fue introducida por el
puerto de Acapulco; pero jam&aacute;s se da beligerancia a esta gente, es juicio com&uacute;n que pas&oacute; sin dejar huella.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n7/a10f1.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El n&uacute;mero de asi&aacute;ticos forzosamente inmigrados a Nueva Espa&ntilde;a parece haber sido corto y su influencia reducida al <i>hinterland</i> del puerto de entrada; pero en lo que concierne al negro las cosas son indudablemente distintas. Los estudios llevados a cabo sobre el n&uacute;mero de los que migraron al pa&iacute;s, la proporci&oacute;n en cuanto a edad y sexo de los esclavos, la procedencia tribal de los mismos, su distribuci&oacute;n geogr&aacute;fica en la extensi&oacute;n del territorio colonial. Los a&ntilde;os en que se introdujo, el trato que se les dio y otros pormenores m&aacute;s, han permitido un conocimiento suficiente de este grupo racial para afirmar, sin temor a dudas, su importancia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque estos estudios representan tan s&oacute;lo un punto de partida para investigaciones posteriores, que les afinen y den profundidad que requieren, el mundo acad&eacute;mico de M&eacute;xico se encuentra poco interesado en esta l&iacute;nea de pesquisa. La importancia que entre nosotros tiene el indio y lo indio nos lleva a ignorar cualquier otra contribuci&oacute;n a la cultura nacional, a m&aacute;s de la occidental, y esto reza particularmente con el negro. Durante el siglo pasado y principios del presente nuestros pensadores llegaron a travesear con ideas racistas en las que excluyen al indio pero no al negro. Se rehusa la contribuci&oacute;n cultural africana o simplemente no se reconoce.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que antecede coloca al afromexicanista en una posici&oacute;n muy particular. Si trata de calificar como africano un rasgo o un complejo cultural, presente en nuestro estilo de vida, se encuentra obligado a ofrecer una evidencia incontrovertible que muy a menudo es imposible encontrar; los paralelismos entre costumbres africanas y americanas le inducen a error, y el proceso de aculturaci&oacute;n que oper&oacute; y sigue operando incansable borra los perfiles acusados de los elementos originales hasta volverlos irreconocibles. Todo lo anterior viene a cuento porque el presente trabajo pretende se&ntilde;alar una influencia africana en los bailes populares de M&eacute;xico con base en la documentaci&oacute;n colonial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otro lugar hemos narrado con toda minuciosidad los lugares tan diversos de donde fueron arrancados los negros por los tratantes de esclavos (Aguirre Beltr&aacute;n, 1946); as&iacute; pues, baste decir aqu&iacute; que la mayor&iacute;a procedi&oacute;, seg&uacute;n las &eacute;pocas, de las &aacute;reas culturales de la Costa de Guinea y del Congo, seg&uacute;n lo formula Herskovits (1924: 56&#45;63). La limitaci&oacute;n geogr&aacute;fica cultural del territorio africano en que tuvieron su origen la mayor suma de negros significa s&oacute;lo similitud de formas de vida, pero en modo alguno de comunidades de habla. Los idiomas bant&uacute;s y los que permit&iacute;an la comunicaci&oacute;n entre los <i>verdaderos negros</i> eran muchos; tantos
que el castellano se convirti&oacute; en la lengua franca de la esclavon&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La diversidad de origen junto con las condiciones de la esclavitud, esencialmente destructoras de la cultura, propiciaron la integraci&oacute;n de los africanos en la cultura de las minas, los obrajes, las plantaciones y el servicio dom&eacute;stico. La ecolog&iacute;a de las urbes y la de las explotaciones capitalistas ubicadas en el Altiplano eran distintas a las africanas, s&oacute;lo en las costas tropicales del Golfo y el Pac&iacute;fico los negros encontraban algo semejante a su patria; pero ni a&uacute;n en este &uacute;ltimo caso pudo grupo tribal alguno recrear el estilo de vida que hab&iacute;a dejado atr&aacute;s. La destrucci&oacute;n de la cultura original y la adopci&oacute;n de la cultura enajenada del conquistador fue el destino
general del negro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por supuesto, el negro resisti&oacute; hasta donde le alcanzaron las fuerzas la demolici&oacute;n de todo aquello que daba significado a su vida y en no pocas ocasiones se sublev&oacute; contra el amo espa&ntilde;ol o simplemente huy&oacute; a los refugios que le depararon las selvas, los desiertos o las monta&ntilde;as. Ni aun en este caso lleg&oacute; a reconstruir su sistema cultural. Los cimarrones viv&iacute;an en palenques sujetos a un orden social cuya cohesi&oacute;n les permit&iacute;a rechazar con &eacute;xito los ataques de los colonos esclavistas; pero este orden era una reinterpretaci&oacute;n de formas occidentales o americanas. La econom&iacute;a se basaba en la producci&oacute;n del ma&iacute;z conforme a la t&eacute;cnica ind&iacute;gena,
y la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica se configuraba de acuerdo con las normas que los espa&ntilde;oles dieron a la rep&uacute;blica de indios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante todo lo dicho, tanto los negros horros cuanto los esclavos, supieron conservar ciertas expresiones, que actuaron a manera de cemento para mantenerlos unidos: las expresiones est&eacute;ticas. Los domingos y fiestas de guardar eran para los negros, abrumados por el diario trabajo, el tiempo libre en que la sociedad esclav&oacute;crata se ve&iacute;a compelida a permitirles ta&ntilde;er, cantar, bailar y embriagarse. Al trav&eacute;s de estas expresiones la m&uacute;sica, el canto y la danza africanas tend&iacute;an a perdurar. La excitaci&oacute;n dionisiaca que caracteriza muchos de los bailes africanos caus&oacute; profundo recelo y gran temor en los amos (AGN, Reales C&eacute;dulas en Duplicados, 3. 28). A veces quisieron prohibir
las reuniones tumultuosas; pero, ante la imposibilidad de lograrlo, se conformaron con regularlas (AGN, Reales C&eacute;dulas en Duplicados, 103. 93).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El esc&aacute;ndalo que provocaron los bailes de negros no se limit&oacute; a los amos. Se extendi&oacute; a los gobernantes encargados del poder civil y a los eclesi&aacute;sticos que dominaban las conciencias, al comprobar la intromisi&oacute;n de los esclavos en los bailes, y celebraciones de los indios. Los comisarios y familiares del Santo Oficio de la Inquisici&oacute;n, en las denuncias que elevaron a sus superiores dejaron constancia de esta penetraci&oacute;n y de la de opuesto sentido. Los negros, informan, bailan con los indios el <i>nonteleche,</i> representaci&oacute;n de un sacrificio humano, los <i>patoles</i> en las ceremonias de imposici&oacute;n del nombre y los <i>areitos</i> destinados a los dioses indios (AGN, Inquisici&oacute;n,
303. 357; 304. 190; 303. 39).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mutua influencia de una cultura sobre otra tuvo lugar especialmente entre la negra y la blanca. El contacto m&aacute;s frecuente del negro fue sin duda el que tuvo con el amo blanco. Por parte de &eacute;ste hubo un esfuerzo decidido por cristianizar y ladinizar al bozal con el fin de integrarlo a la econom&iacute;a colonial como proletario. El esclavo, a su vez, hizo ostensibles esfuerzos por vestir sus bailes con la indumentaria occidental y la representaci&oacute;n del culto y los santos cat&oacute;licos. Hace trescientos a&ntilde;os, concursos de negros ejecutaban por las calles de las ciudades mexicanas, bailes en cortejo que bien pueden ser el antecedente de los candomb&eacute;s sudamericanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, de mediados del siglo XVII, cuando alcanz&oacute; su &aacute;pex la inmigraci&oacute;n negra a Nueva Espa&ntilde;a, data una denuncia al Santo Oficio en la que se afirma: "fueron 154 <b>i</b> por las calles p&uacute;blicas los negros y mulatos, con toallas al hombro turibulando las im&aacute;genes en esta ciudad; abuso introducido de pocos a&ntilde;os a esta parte en la ciudad de los &Aacute;ngeles" (AGN, Inquisici&oacute;n, 686. 7). El denunciante tem&iacute;a la difusi&oacute;n de la pr&aacute;ctica a los indios que eran m&aacute;s que los negros en la jurisdicci&oacute;n de Puebla. En Guadalajara tambi&eacute;n se ejecutaban estos bailes en que negros y mulatos se agrupaban en <i>naciones,</i> conforme al testimonio de un cl&eacute;rigo.
"Entre los negros y mulatos de esta tierra se han erigido comunidades, aunque para los Se&ntilde;ores de la ciudad es una l&iacute;cita diversi&oacute;n, para otros y para m&iacute; no lo es" (AGN, Inquisici&oacute;n, 897. 374).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los negros, ciertamente, se hab&iacute;an vuelto cristianos, pero, a su vez hab&iacute;an infiltrado en las ceremonias religiosas un car&aacute;cter festivo y secular que asust&oacute; a los sacerdotes celosos de mantener pr&iacute;stina la doctrina y la liturgia tradicionales (AGN, Inquisici&oacute;n, 612. 6; 677. 39). El 2 de diciembre de 1643 el Santo Oficio prohibi&oacute; los nacimientos, convent&iacute;culos, juntas y oratorios "concurso de gente, bailes y chocolates" (AGN, Inquisici&oacute;n, 728. 261). Los espa&ntilde;oles, negros y mulatos de la ciudad de Puebla en contravenci&oacute;n al edicto siguieron bailando los oratorios. En 1689 fue recordada la interdicci&oacute;n, sin &eacute;xito, en Oaxaca; en 1704, con resultados semejantes
en Guatemala. El a&ntilde;o de 1789, se form&oacute; un expediente en Oaxaca contra negros, mulatos y espa&ntilde;oles "sobre las deshonestidades y abusos introducidos con motivo de los coloquios que hacen en las navidades" (AGN, Inquisici&oacute;n, 1202. 18).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un siglo antes, el comisario del Santo Oficio en Cuernavaca hab&iacute;a excomulgado "a todos cuantos hab&iacute;an asistido en San Antonio Zacatepec a la fiesta y bailes que la gente libre y esclava del Real del dicho Ingenio hab&iacute;an hecho a la Virgen y M&aacute;rtir Santa Catalina" (AGN, Inquisici&oacute;n. 661. 1). Pena tan severa para los devotos cat&oacute;licos del mundo colonial era de suponerse tuviera un efecto determinante en la yugulaci&oacute;n de los bailes de negros, mas todo indica que no fue as&iacute;. En realidad durante el siglo XVII hubo un estira y afloja entre prohibici&oacute;n y licencia, entre cantos y bailes permitidos y condenados, entre operaciones espa&ntilde;ola deliberada y negra espont&aacute;nea, es decir,
se produjo una interacci&oacute;n que vino finalmente a originar el baile y el canto mestizos, pero mestizos principalmente de espa&ntilde;ol y negro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta emergencia tiene lugar a fines del siglo XVIII, precisamente cuando insurgen en los pensadores de la &eacute;poca ideas de patria y nacionalidad. Los bailes, siempre acompa&ntilde;ados por el canto, se difunden por toda la colonia pero en lo particular por los centros de desarrollo capitalista: la ciudad de M&eacute;xico, Puebla, Guanajuato, Morelia, Guadalajara, Pachuca y el puerto de Veracruz. Los giros de la danza son generalmente calificados de licenciosos, y la letra de las canciones de irreverentes, como en efecto lo eran. Parece como si el racionalismo de la Ilustraci&oacute;n hubiese usado el canal de la copla para dar rienda suelta a su anticlericalismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el archivo de la Inquisici&oacute;n numerosos expedientes, de fines del XVIII, informan con amplitud respecto a la aparici&oacute;n sucesiva e inacabable de bailes y cantares. Algunos de ellos los transcribiremos <i>in extenso.</i> En 1767, el comisario del Santo Oficio en Veracruz, dec&iacute;a:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con fecha de 23 de septiembre me ordena Vuestra Se&ntilde;or&iacute;a relacione sobre el baile que llaman el <i>chuchumb&eacute;;</i> las circunstancias con que se bailan y informado por dos sujetos, me dicen que las coplas que remit&iacute; se cantan mientras los otros bailan, o ya sea entre hombres y mujeres, o sea bailando varias mujeres con cuatro hombres, y que el baile es con ademanes, meneos, sarandeos, contrarios todos a la honestidad y mal ejemplo, de los que lo ven como asistentes, por mezclarse manoseos, de tramo en tramo abrazos y dar barriga con barriga, bien que tambi&eacute;n me informan que &eacute;ste se baila en casas ordinarias de mulatos y gente de color quebrado, no en gente seria, ni entre hombres circunspectos y s&iacute;
soldados, marineros y brosa (AGN, Inquisici&oacute;n, 1057. 20).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n7/a10f2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la ciudad de M&eacute;xico tuvo gran aceptaci&oacute;n, por 1771,101 son llamado <i>saranguandinga,</i> que se bailaba y cantaba en las tepacher&iacute;as de la capital, desde el puente de Santo Domingo hasta el de Amaya y la Pila Seca. Se dec&iacute;a que los cantares eran muy deshonestos y que se bailaba con tanta desenvoltura que "sirve de grande provocaci&oacute;n para excitar la lujuria" (AGN, Inquisici&oacute;n, 1168. 19). En 1778 causaba furor en Guanajuato el <i>Son de los panaderos,</i> en que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Van saliendo cuantos concurren el fandango, pero acompa&ntilde;ados siempre hombre y mujer y qued&aacute;ndose en el puesto que les toca, bailan y cantan, formando al fin porter&iacute;as de monjas, baratillos, fandangos y todo comercio y comunicaci&oacute;n de hombres y mujeres hasta que no queda grande ni chico, y cuanta mezcla hay, sea lo que fuere, que no salga a hacer algo. Se dio principio por un demonio, que ya se fue, en forma de mujer, que vino de Valladolid y dej&oacute; esta mala semilla sembrada (AGN, Inquisici&oacute;n, 1178. 2).</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por el mismo a&ntilde;o de 1778, en Veracruz se bailaba el son llamado <i>maturranga</i> y otros m&aacute;s, seg&uacute;n una delaci&oacute;n que en parte dice:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...por divertirme el d&iacute;a veinte de enero de este a&ntilde;o entr&eacute; a un baile que se ten&iacute;a en el callej&oacute;n que llaman de la Campana, en una casa cuyo due&ntilde;o no conoce, y que est&aacute; poco m&aacute;s adelante de la entrada del dicho callej&oacute;n, y en una pareja de hombre y mujer, que con otra igual hab&iacute;a salido a bailar el son que llaman el <i>pan de manteca</i> observ&eacute; entre ellos movimientos muy lascivos, torpes, provocativos &#91;...&#93; pidi&oacute; tocaran la <i>cosecha</i> que el dicho Tom&aacute;s sali&oacute; a bailar con una mujer y empezaron a bailar con gran deshonestidad &#91;...&#93; pero que hay otro baile llamado <i>sacamand&uacute;</i> el cual siempre que lo ha visto bailar
le ha parecido muy deshonesto, que dicen que lo trajo un negro de la Habana, que estuvo forzado en el castillo de San Juan de Ul&uacute;a (AGN, Inquisici&oacute;n, 1178. 1)</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por 1784, los mulatos de las minas de Pachuca cantaban y bailaban el <i>pan de jarabe</i> y sones como el <i>viaje del arriero</i> y el <i>pan girado</i> (AGN, Inquisici&oacute;n, 1297. 2; 1362. 10). Las coplas que acompa&ntilde;an a todos estos sones fueron recogidas por los comisarios del Santo Oficio. Las que acompa&ntilde;an al <i>chuchumb&eacute;</i> describen la corrupci&oacute;n de cl&eacute;rigos, m&iacute;lites y funcionarios de &eacute;poca y hacen mofa de ello. En cierta forma la cr&iacute;tica que hacen es muy semejante a la de los cantadores de nuestros d&iacute;as y aun los bailes han persistido en algunos lugares sin gran modificaci&oacute;n. El v&iacute;vido relato que el comisario del Santo Oficio en Veracruz hizo del son llamado
<i>el torito</i> bien podr&iacute;a retratar el que se baila hoy d&iacute;a: dice:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tenemos la desgracia de o&iacute;r entre la gente plebeya de esta ciudad y los pueblos comarcanos otro son llamado el <i>torito,</i> deducido del antiqu&iacute;simo <i>tango,</i> que no he visto bailar, pero repetidas veces he o&iacute;do detestar entre las personas que presenci&aacute;ndolo no han podido sacrificar en obsequio de la diversi&oacute;n los remordimientos de su conciencia, ni los sentimientos de la religi&oacute;n. B&aacute;ilase el detestable <i>torito</i> entre un hombre y una mujer, &eacute;sta regularmente es la que sigue el &#45;&nbsp;adem&aacute;n de torear, como el hombre el de embestir, la mujer provoca y el hombre se desordena: el hombre todo se vuelve embestir a la toreadora y la mujer toda se desconcierta o se vuelve
banderillas para irritar al toro; en los movimientos de torear y en los de embestir uno y otra mutuamente se combaten, y ambos torean y embisten a los espectadores, que siendo por lo com&uacute;n personas tan libertinas y disolutas como los espect&aacute;culos, fomentan con gritos y dichos la desenvoltura y la liviandad de los perniciosos bailadores. Este baile, Ilustr&iacute;simo Se&ntilde;or, no es de aquellos que se ven de tarde en tarde, es bastante frecuente y creo que no hay concurrencia de arpa y guitarra, especialmente en las casas de campo, en las peque&ntilde;as de la ciudad y los pueblos de Medellin, Jamapa y Antigua Veracruz en que no se vea bailar, unas veces con m&aacute;s, otras con menos desenvoltura; pero casi siempre con demasiada disoluci&oacute;n (AGN, Inquisici&oacute;n,
1410. 1).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los documentos, citados en su parte significativa, proceden todos del Archivo General de la Naci&oacute;n, donde est&aacute;n a la disposici&oacute;n del p&uacute;blico lector; pero no son los &uacute;nicos. En los libros de cabildos en los archivos de las catedrales de las di&oacute;cesis principales hay materiales sobre bailes de negros que esperan clasificaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n. El presente trabajo intenta mostrar los antecedentes africanos de la m&uacute;sica, el baile y el canto populares en M&eacute;xico, pero no lo considera una investigaci&oacute;n exhaustiva sino, todo lo contrario, el punto de partida para posteriores estudios en profundidad.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n7/a10f3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, s&oacute;lo toma en cuenta la fase hist&oacute;rica de la pesquisa. Investigaciones sobre la m&uacute;sica, el baile y el canto actuales en la costa del Golfo han sido emprendidas por el Instituto de Antropolog&iacute;a de la Universidad Veracruzana. La complementariedad de ambos enfoques, el hist&oacute;rico y el actual, es la sustancia de los estudios etnohist&oacute;ricos. La productividad de la aproximaci&oacute;n dual est&aacute; fuera de toda duda; al realizarse con rigor cient&iacute;fico demostrar&aacute;, con claridad y mayores razones que las que aqu&iacute; se ofrecen, un aspecto cardinal de la contribuci&oacute;n negra al acervo cultural mexicano.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Aguirre Beltr&aacute;n, Gonzalo, Obra antropol&oacute;gica, vol. XVI, <i>El negro esclavo en Nueva Espa&ntilde;a, la formaci&oacute;n colonial, la medicina popular y otros ensayos,</i> M&eacute;xico, Universidad Veracruzana, Instituto Nacional Indigenista, Gobierno del estado de Veracruz, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social y Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2659952&pid=S1607-050X200100020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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<surname><![CDATA[Aguirre Beltrán]]></surname>
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<source><![CDATA[El negro esclavo en Nueva España, la formación colonial, la medicina popular y otros ensayos]]></source>
<year>1994</year>
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<publisher-name><![CDATA[Universidad VeracruzanaInstituto Nacional IndigenistaGobierno del estado de VeracruzCentro de InvestigacionesEstudios Superiores en Antropología SocialFondo de Cultura Económica]]></publisher-name>
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