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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Esquinas</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Las vicisitudes de La Internacional Comunista<a href="#notas">*</a></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Daniela Spenser</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>CIESAS</i>.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">POR INICIATIVA de Vladimir Ilich Lenin, la Tercera Internacional o Internacional Comunista se fund&oacute; en 1919 para que bajo el liderazgo de los bolcheviques promoviera la revoluci&oacute;n mundial.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Despu&eacute;s de m&uacute;ltiples cambios de objetivos y formas de organizaci&oacute;n Josef Visarionovich Stalin la disolvi&oacute; durante la Segunda Guerra Mundial. En la lucha por preservar la seguridad de la URSS el dirigente ruso necesitaba demostrar a sus aliados en el combate total contra el nazifascismo que el gobierno de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica se disociaba de una organizaci&oacute;n cuyo objetivo hab&iacute;a sido derrocar el r&eacute;gimen burgu&eacute;s y el sistema capitalista. En la comunicaci&oacute;n
oficial a los partidos comunistas nacionales el vocero de Stalin en el Komintern, Georgi Dimitrov, aleg&oacute; que la organizaci&oacute;n internacional fue disuelta para otorgarles a los partidos una autonom&iacute;a y fortaleza mayores.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n7/a9f1.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n7/a9f2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde sus or&iacute;genes, el Komintern ha sido estudiado por amigos y enemigos, ha sido objeto de innumerables estudios acad&eacute;micos y sujeto al escrutinio de las agencias de inteligencia del mundo entero. Si bien los estudios sobre la Internacional Comunista nunca han dejado de producirse, a partir de los a&ntilde;os ochenta se han multiplicado fuera y dentro de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Desde la apertura de los archivos sovi&eacute;ticos en los a&ntilde;os noventa, la misma producci&oacute;n se ha enriquecido historiogr&aacute;fica y metodol&oacute;gicamente, aunque no han faltado publicaciones pol&eacute;micas y controvertidas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A continuaci&oacute;n presentar&eacute; algunos de los recientes debates y enfoques sobre la Internacional Comunista que han surgido a ra&iacute;z de la apertura de los archivos. El acceso a los nuevos documentos estimul&oacute; una cr&iacute;tica de la historiograf&iacute;a creada durante el periodo de la guerra fr&iacute;a as&iacute; como de la literatura revisionista que surgi&oacute; en reacci&oacute;n a la literatura anticomunista.<sup><a href="#notas">3</a></sup> Adem&aacute;s, se&ntilde;alar&eacute; algunos de los temas que han sido repensados gracias a la discusi&oacute;n suscitada a la luz de los nuevos documentos. En la &uacute;ltima parte del art&iacute;culo me centrar&eacute; en la revisi&oacute;n historiogr&aacute;fica y en el debate
sobre la trayectoria del Komintern como el partido de la revoluci&oacute;n mundial primero, que despu&eacute;s de que la revoluci&oacute;n hab&iacute;a sido "traicionada",<sup><a href="#notas">4</a></sup> pospuesta o abandonada, se transform&oacute; en uno de los instrumentos de la pol&iacute;tica exterior del estado sovi&eacute;tico.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL KOMINTERN Y LA APERTURA IDEOL&Oacute;GICA EN LA UNI&Oacute;N SOVI&Eacute;TICA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La apertura ideol&oacute;gica y la transparencia de informaci&oacute;n (<i>glasnost</i>) &#45;promovidas desde 1985 por el secretario general del Partido Comunista Mijail Gorbachov en la URSS&#45; dieron luz a nuevos estudios sobre el Komintern; sin ellas hubieran seguido guardados bajo llave o nunca escritos. Cuando solamente algunos historiadores, como el director del Instituto del marxismo&#45;leninismo del Comit&eacute; Central del Partido Comunista de la URSS, Fridrij Firsov y sus colaboradores, pod&iacute;an consultar los archivos del Komintern, exist&iacute;a todav&iacute;a la esperanza de que la Internacional, como la organizaci&oacute;n mundial de los trabajadores, pod&iacute;a ser reivindicada. Era cierto que los archivos revelaban
las atrocidades que Stalin hab&iacute;a cometido en contra de los colaboradores cercanos de Lenin desde mediados de los a&ntilde;os veinte, en contra de las direcciones enteras de los partidos comunistas nacionales, como fue el caso del partido polaco en los a&ntilde;os treinta, las imposiciones de t&aacute;cticas que a la postre demostraron ser desastrosas como la lucha contra los socialdem&oacute;cratas a principios de los a&ntilde;os treinta en Alemania cuando el nacionalsocialismo demostraba su lado tenebroso. Pero los estudiosos como Firsov consideraron estos hechos como errores que no deslegitimaban el movimiento comunista y su organizaci&oacute;n, el Komintern. Por lo menos en 1989, Firsov todav&iacute;a cre&iacute;a que el estudio "de la experiencia hist&oacute;rica y la recuperaci&oacute;n
de la verdad hist&oacute;rica ayudar&iacute;an a desarraigar completamente el estalinismo y a restaurar y desarrollar mejor el concepto de Lenin del movimiento comunista. Sin duda, la apertura de los archivos del Komintern contribuir&aacute; a ese objetivo".<sup><a href="#notas">5</a></sup> De acuerdo con las ideas que subyac&iacute;an al proyecto de <i>perestroika</i> (reconstrucci&oacute;n) antes de que la URSS desapareciera y el Partido Comunista fuera temporalmente ilegalizado en 1991, los intelectuales en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, como Firsov, cre&iacute;an en la posibilidad de democratizar el sistema sovi&eacute;tico. Fue esta esperanza la que influy&oacute; sobre el retraso de la investigaci&oacute;n cr&iacute;tica y a fondo de la historia del Komintern. Sin embargo, durante
los a&ntilde;os de la <i>perestroika</i> tuvo lugar una interacci&oacute;n entre el discurso acad&eacute;mico y el p&uacute;blico que permiti&oacute; sacudir algunas de las tanto tiempo acariciadas verdades sin que el r&eacute;gimen abandonara las interpretaciones centrales del pasado sovi&eacute;tico como su adhesi&oacute;n a las ense&ntilde;anzas de Lenin y el leninismo.<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ambiente intelectual en la URSS cambi&oacute; cuando el sistema sovi&eacute;tico se desmoron&oacute; y hac&iacute;a falta una explicaci&oacute;n de su abigarrado pasado y su progresivo debilitamiento. Inicialmente al menos surgi&oacute; la tendencia de buscar a los culpables del descalabro pol&iacute;tico del coloso del este, empezando por el enjuiciamiento del Partido Comunista de la URSS. En 1991 Boris Yeltsin, el nuevo presidente, mand&oacute; abrir los archivos del Comit&eacute; Central del PCUS para que los archivistas sacaran a la luz p&uacute;blica los documentos que pusieran en evidencia que el partido era una organizaci&oacute;n criminal y deb&iacute;a ser puesta fuera de la ley. Aunque este arranque de apertura de los archivos tuvo
como consecuencia la aparici&oacute;n de documentos jam&aacute;s vistos, no se trataba de una investigaci&oacute;n sistem&aacute;tica. Una vez reemplazado el inicial estado de &aacute;nimo por la urgencia de la institucionalizaci&oacute;n del nuevo r&eacute;gimen postsovi&eacute;tico, los archivos del Comit&eacute; Central del PCUS volvieron a cerrarse.<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia de la interpretaci&oacute;n pol&iacute;tica de la historia de la URSS, la nueva rendici&oacute;n de la historia del Komintern recibi&oacute; un empuje sin precedentes en 1991, cuando los archivos que conten&iacute;an los distintos fondos relativos a las actividades del Komintern se abrieron al p&uacute;blico en general. A partir de entonces, los historiadores pod&iacute;an examinar las estructuras de los &oacute;rganos p&uacute;blicos y algunos secretos de la Tercera Internacional y de los fondos de los partidos comunistas nacionales. Acervos como los archivos del KGB y los personales de los altos funcionarios del Estado y del partido sovi&eacute;tico permanecieron, salvo contadas excepciones, cerrados. No obstante, y despu&eacute;s
de haber superado la tradicional desconfianza hacia el poder, los historiadores sovi&eacute;ticos eran los primeros en empezar a develar la compleja historia que en gran parte hab&iacute;a sido oculta. En b&uacute;squeda de la verdad hist&oacute;rica y sin preparaci&oacute;n metodol&oacute;gica para digerir la avalancha de tanta informaci&oacute;n, algunos historiadores y periodistas sucumbieron a confiar ingenuamente en los hechos hist&oacute;ricos como la fuente de la verdad sin someter los documentos a una interpretaci&oacute;n cr&iacute;tica.<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LOS NUEVOS ENFOQUES</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n la l&iacute;nea oficial sovi&eacute;tica hasta antes de la &eacute;poca de glasnost y de la apertura de los archivos, el Komintern era una organizaci&oacute;n que hab&iacute;a rendido grandes servicios al establecimiento y la consolidaci&oacute;n de los partidos comunistas, a la convocaci&oacute;n de las fuerzas revolucionarias del mundo, a la movilizaci&oacute;n para la lucha contra el fascismo, la guerra y en favor de la paz, de la independencia y del socialismo. Presentaba al Komintern como el modelo de una organizaci&oacute;n que serv&iacute;a al pueblo trabajador y hac&iacute;a avanzar las ideas del marxismo&#45;leninismo. Esta versi&oacute;n destacaba las virtudes de la multiclasista alianza antifascista del frente popular
de los a&ntilde;os 1934&#45;1939, mientras que apenas mencionaba el papel primordial de Stalin en la gradual p&eacute;rdida de la vitalidad y la autonom&iacute;a del Komintern frente a los aparatos del partido y del estado sovi&eacute;ticos. Dejaba del lado la influencia de Stalin en la conversi&oacute;n del Komintern en un brazo de la pol&iacute;tica interna y exterior de la URSS. Las purgas de los dirigentes bolcheviques promovidas por Stalin en los aparatos del Komintern y en las direcciones de los partidos comunistas durante los a&ntilde;os veinte y treinta no merec&iacute;an sino una menci&oacute;n de paso. El pacto de no agresi&oacute;n entre Stalin y Hitler, firmado en 1939, no figuraba como un hecho de importancia. Es cierto que la versi&oacute;n oficial de la historia del Komintern
era cr&iacute;tica de las t&aacute;cticas sectarias de finales de los a&ntilde;os veinte conocidas como "clase contra clase" y "el social&#45;fascismo", t&aacute;cticas que hab&iacute;an separado a los comunistas de los socialdem&oacute;cratas y debilitado su lucha com&uacute;n contra el fascismo. Sin embargo, despu&eacute;s de haber hecho el balance, los historiadores sovi&eacute;ticos presentaban el legado hist&oacute;rico del Komintern como positivo en &aacute;reas como el internacionalismo proletario, la lucha revolucionaria, la unidad obrera, la lucha por la liberaci&oacute;n nacional, por la democracia y el socialismo, todo ello de acuerdo con los principios revolucionarios marxista&#45;leninistas.<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A medida que cambiaba el ambiente pol&iacute;tico e ideol&oacute;gico de la URSS en los a&ntilde;os ochenta, los historiadores sovi&eacute;ticos no s&oacute;lo incorporaban nuevos temas al estudio sobre el comunismo internacional, sino que modificaban el &eacute;nfasis en sus estudios respecto a los historiadores de la &eacute;poca anterior. La libertad de expresi&oacute;n y la p&eacute;rdida del temor a la persecuci&oacute;n abrieron la posibilidad tambi&eacute;n para que los autores no acad&eacute;micos publicaran libros que recog&iacute;an las experiencias y los recuerdos de los protagonistas de la historia y de las v&iacute;ctimas del r&eacute;gimen sovi&eacute;tico. De hecho, la memoria colectiva se convirti&oacute; en una fuerza poderosa
que contribuy&oacute; al derrumbe del r&eacute;gimen sovi&eacute;tico, pues el recuerdo sistematizado del pasado fortaleci&oacute; a la oposici&oacute;n pol&iacute;tica. Los textos que surgieron de este movimiento de derechos humanos, llamado <i>Memorial,</i> conservan un innegable inter&eacute;s historiogr&aacute;fico pues reflejan c&oacute;mo los grandes procesos en contra de las oposiciones y las pol&iacute;ticas del estado se viv&iacute;an en la cotidianidad de los hombres y las mujeres, las familias y los grupos sociales que se sustra&iacute;an al poder del estado.<sup><a href="#notas">10</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los personajes de la Revoluci&oacute;n bolchevique que en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica estaba fuera de la discusi&oacute;n cr&iacute;tica hasta entonces era Vladimir Ilich Lenin. De repente, Lenin fue incluido como tema de estudio y de pol&eacute;mica. Inicialmente, los historiadores se limitaron a deslindar la fase leninista del Komintern de la estalinista lo cual los llev&oacute; a concluir que Lenin jug&oacute; un papel constructivo en los primeros a&ntilde;os de la existencia del Komintern, mientras que al asumir Stalin el liderazgo del partido en los a&ntilde;os veinte, distorsion&oacute; sus ense&ntilde;anzas e ideas pol&iacute;ticas. En estos estudios Lenin fue descrito como sensible a las condiciones y tradiciones nacionales,
y el Komintern de su creaci&oacute;n fue caracterizado como una organizaci&oacute;n en la que la toma de las decisiones era colectiva y flexible en el esp&iacute;ritu del centralismo democr&aacute;tico.<sup><a href="#notas">11</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, al avanzar el estudio de los documentos, sobre todo de los aparatos de la direcci&oacute;n del estado, del partido y del Komintern, los historiadores pusieron en duda el esp&iacute;ritu democr&aacute;tico de la Internacional aun bajo el liderazgo de Lenin. Citando una carta de Clara Zetkin, la edec&aacute;n del comunismo alem&aacute;n, acerca de la actitud altiva e intervencionista del Comit&eacute; Ejecutivo del Komintern hacia los partidos extranjeros, el mismo Firsov lleg&oacute; a cuestionar el funcionamiento democr&aacute;tico del Komintern aun en su primera fase. El estudioso ruso argument&oacute; que de esta actitud a las directivas de Stalin hab&iacute;a s&oacute;lo un paso. Sin mencionar el nombre de Lenin, los historiadores
como Firsov admitieron que desde el principio el Komintern estaba centralizado e interfer&iacute;a en la vida interna de los partidos. A su vez, los periodistas que basaban sus art&iacute;culos en los documentos de los archivos, como por ejemplo los decretos tempranos del gobierno sovi&eacute;tico y los escritos del propio Lenin como los llamados al uso de la coerci&oacute;n y terror contra los campesinos ricos considerados "enemigos del pueblo", exhortaban a los lectores a romper con los esquemas ortodoxos de pensar.<sup><a href="#notas">12</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n7/a9f3.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n7/a9f4.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La t&aacute;ctica de frente unido que Lenin adopt&oacute; en 1921 ha provocado uno de los debates m&aacute;s pol&eacute;micos. Tradicionalmente los historiadores rusos interpretaban su adopci&oacute;n como el medio para forjar la unidad de la clase trabajadora comunista y socialdem&oacute;crata, revolucionaria y reformista, y para responder a las necesidades obreras por alcanzar mejor&iacute;as materiales ante los ataques de los empleadores, del fascismo y de una futura e inevitable guerra. Los historiadores citaban este proceder de Lenin como un ejemplo del pluralismo en su pensamiento y como el correctivo al pensamiento sectario que sigui&oacute; tras la toma del poder en 1917 que propagaba la teor&iacute;a de la ofensiva total al capitalismo
Sin embargo, poco a poco el papel de Lenin y de la t&aacute;ctica del frente unido, como la flexibilizaci&oacute;n de las posturas iniciales del dirigente bolchevique, se empezaron a ver m&aacute;s bien como la continuaci&oacute;n de su lucha ideol&oacute;gica contra el "social&#45;reformismo" y como parte de la estrategia del Komintern por alcanzar la revoluci&oacute;n mundial por otros medios.<sup><a href="#notas">13</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunado a lo anterior, los mismos historiadores rusos reconocieron que la posici&oacute;n de los bolcheviques en torno a la pol&iacute;tica del frente unido no era homog&eacute;nea. Lenin, entre otros, cre&iacute;a en su viabilidad como el camino para atraer a los obreros al comunismo y consideraba la alianza con los dirigentes socialdem&oacute;cratas como una necesidad. Otros dirigentes eran m&aacute;s pesimistas acerca de los resultados de una alianza de compromiso y concluyeron que si la t&aacute;ctica del frente unido no dio los frutos esperados fue porque los comunistas, como Lenin, sobrestimaron la inminencia del colapso de los partidos socialdem&oacute;cratas y subestimaron la influencia de estos partidos entre los obreros europeos. Estos
argumentos a favor y en contra de la t&aacute;ctica del frente unido como un proceso democratizador al interior de las filas comunistas contribuyeron a que la discusi&oacute;n se abriera a interpretaciones alternativas y la historia se volviera m&aacute;s compleja. La visi&oacute;n maniquea, la divisi&oacute;n entre h&eacute;roes y villanos y la separaci&oacute;n n&iacute;tida entre la historia definida por la direcci&oacute;n leninista como opuesta radicalmente a la estalinista si bien no fue eliminada del todo qued&oacute; en entredicho.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los a&ntilde;os noventa los historiadores rusos llevaron la interpretaci&oacute;n del Komintern m&aacute;s lejos a&uacute;n y adoptaron la explicaci&oacute;n del fracaso del frente unido como consecuencia de la subordinaci&oacute;n del Komintern a los intereses de la seguridad del estado y como una t&aacute;ctica que fue dise&ntilde;ada para derrotar el reformismo y no para colaborar con &eacute;l. Esta interpretaci&oacute;n se parec&iacute;a m&aacute;s a la posici&oacute;n monol&iacute;tica que en las d&eacute;cadas anteriores hab&iacute;an propalado los estudiosos empapados en los paradigmas de la guerra fr&iacute;a.<sup><a href="#notas">14</a></sup> Sin embargo, la interpretaci&oacute;n de los procesos hist&oacute;ricos del comunismo nacional
e internacional apenas empezaba.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien la apertura de los archivos del Komintern era el primer paso necesario para entender mejor el devenir de los partidos comunistas, a su vez la historia de los partidos era una de las claves para comprender la historia del Komintern en su totalidad, pues los partidos eran considerados como las secciones nacionales de la Tercera Internacional. Este nuevo impulso dado al estudio de la Internacional Comunista atrajo en los a&ntilde;os noventa a decenas de historiadores y cient&iacute;ficos sociales rusos y extranjeros a Mosc&uacute; para emprender el tanto tiempo postergado estudio de las trayectorias de los partidos comunistas nacionales, de los movimientos sociales que los partidos se propusieron dirigir y de las relaciones de aquellos
partidos con los diversos aparatos del Komintern.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA CR&Iacute;TICA DEL REVISIONISMO OCCIDENTAL</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Igual que los sovi&eacute;ticos, los estudiosos del comunismo en las universidades europeas y norteamericanas reorientaron en los a&ntilde;os ochenta los enfoques sobre el Komintern y sus enlaces con el mundo exterior. En respuesta a la historiograf&iacute;a de la guerra fr&iacute;a por un lado, y de la ortodoxia comunista de los voceros partidistas por el otro lado, a finales de los a&ntilde;os setenta surgi&oacute; la corriente revisionista. Su caracter&iacute;stica principal era el esfuerzo por recuperar la historia de los hombres y las mujeres militantes que no figuraban en los anales de la historia oficial ni se mimetizaban con los aparatos de los partidos. Era una historia que trataba de desideologizar la narrativa y el an&aacute;lisis,
de buscar la diversidad y la autonom&iacute;a de formas de pensar, de actuar y de organizarse de la gente com&uacute;n, independientemente del partido.<sup><a href="#notas">15</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El revisionismo correg&iacute;a, adem&aacute;s, la miop&iacute;a ideologizada de la historiograf&iacute;a que parec&iacute;a estar al servicio del anticomunismo de la guerra fr&iacute;a. Esa corriente consideraba los partidos comunistas nada m&aacute;s que correas de transmisi&oacute;n de los "dictados" de Mosc&uacute; y al comunismo como parte de una conspiraci&oacute;n internacional de la URSS para ocultar su ambici&oacute;n por expandirse m&aacute;s all&aacute; de su esfera de influencia europea. Hecha la cr&iacute;tica, los revisionistas recuperaban la historia aut&oacute;ctona del comunismo nacional, regional y local, pero dejaban del lado la dimensi&oacute;n internacional de esta historia. Retrataban a los activistas en su vida cotidiana,
organizados por el partido pero no siempre subordinados a &eacute;l incondicional y ciegamente, recuperaban la multiplicidad y la polivalencia de las relaciones entre los obreros organizados y los sin organizaci&oacute;n, entre ellos y los dirigentes y con miembros de otros gremios y grupos sociales. Lograron, adem&aacute;s, demostrar las condiciones hist&oacute;ricamente dadas en diferentes pa&iacute;ses que permitieron que los partidos comunistas tendieran a atraer, o a repeler, a los movimientos sociales. Si bien los historiadores revisionistas lograron recuperar la historia olvidada o minimizada por los mismos comunistas, en el proceso de la revisi&oacute;n de las corrientes que criticaban dejaban de lado los enlaces de los comunistas con la URSS y con el &aacute;mbito internacional del
Komintern. Uno de los argumentos para proceder as&iacute; era porque las historias que privilegiaban las relaciones entre los partidos comunistas y la URSS sol&iacute;an ser deterministas y predecibles como si no hubieran existido otras opciones, mediatizadas por la diversidad y las experiencias individuales y colectivas y porque, a final de cuentas, las relaciones con la URSS subsum&iacute;an la dimensi&oacute;n social a la pol&iacute;tica.<sup><a href="#notas">16</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La corriente revisionista recuperaba la diversidad social y cultural de la historia comunista, pero al excluir la dimensi&oacute;n internacional de la tradici&oacute;n comunista, subestimaba la identificaci&oacute;n y la lealtad de los comunistas hacia la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica.<sup><a href="#notas">17</a></sup> As&iacute;, la tarea que se le presentaba a la nueva historia del comunismo ten&iacute;a que volver a hacer la conexi&oacute;n entre la historia del movimiento obrero, el campesino y la cultura de la izquierda local, regional o nacional por un lado, y el &aacute;mbito internacional por el otro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La reconexi&oacute;n entre la historia de los partidos comunistas nacionales y el Komintern y la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica de los a&ntilde;os veinte, treinta y cuarenta se facilit&oacute; con la apertura de los archivos. El acceso a las nuevas fuentes estimul&oacute; una franca explosi&oacute;n de trabajos sobre los v&iacute;nculos y las articulaciones entre la Internacional Comunista y sus secciones nacionales. Los libros que inundaron las bibliotecas y las librer&iacute;as en los a&ntilde;os noventa fueron a menudo resultado de colaboraciones internacionales o colectivas. Los nuevos estudios lograron esclarecer viejas inc&oacute;gnitas como el origen y las circunstancias de importantes tomas de decisi&oacute;n, tanto en el &aacute;mbito
nacional como en Mosc&uacute;, que cambiaban el curso de la historia y las vidas de las personas.<sup><a href="#notas">18</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero as&iacute; como surgieron estudios de alta calidad metodol&oacute;gica, aparecieron en el mercado libros que buscaban resaltar el lado oscuro de la historia comunista. En la primera fase de los nuevos escritos sobre el Komintern hubo quienes se dejaron llevar por lo sensacional de los documentos y los reproduc&iacute;an sin ning&uacute;n enfoque critico hacia las fuentes. El Komintern fue descrito tambi&eacute;n como una banda de aventureros que despu&eacute;s de 1917 hab&iacute;a desviado la historia sovi&eacute;tica de su curso normal. Esta interpretaci&oacute;n se deb&iacute;a a que los mismos documentos se prestaron a la adopci&oacute;n del punto de vista policiaco, pues muchos de los expedientes abiertos a la consulta hab&iacute;an
sido generados con la l&oacute;gica inquisicional y en funci&oacute;n de recoger informaci&oacute;n para monitorear la conducta y el pensamiento de los cuadros comunistas. Adem&aacute;s, los expedientes reflejaban las circunstancias de absoluto secreto en las que hab&iacute;an sido compilados.<sup><a href="#notas">19</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al lado de la lectura policiaca de los documentos, aparecieron estudios que encontraron en los nuevos acervos la confirmaci&oacute;n de las viejas tesis de que de principio a fin la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica y el Komintern manten&iacute;an a los partidos comunistas sometidos ideol&oacute;gica y organizativamente y los partidos serv&iacute;an los intereses sovi&eacute;ticos antes que los intereses nacionales. Esta corriente, desarrollada sobre todo en Estados Unidos, se ha distanciado del macartismo &#45;la persecuci&oacute;n pol&iacute;tica y judicial de comunistas y liberales en los a&ntilde;os cincuenta mediante cargos excesivos, sin prueba y por asociaci&oacute;n&#45; para luego recurrir a los nuevos documentos como prueba de que el senador
Joseph McCarthy exager&oacute; una realidad existente. Los mismos estudiosos del comunismo norteamericano retomaron la pol&eacute;mica con los revisionistas de los a&ntilde;os setenta, que hab&iacute;a terminado en un <i>impasse</i> gracias a la falta de documentos fidedignos. Ahora, con los documentos a la vista, estos estudiosos volvieron a los temas que trataron antes de la apertura de los archivos como por ejemplo los relativos al financiamiento del movimiento comunista en Estados Unidos por parte del Komintern y al espionaje de los comunistas norteamericanos a favor de la URSS. Como dijo uno de los expositores de esta corriente, el debate contin&uacute;a.<sup><a href="#notas">20</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n7/a9f5.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mientras que los historiadores de todo tipo y de varios pa&iacute;ses buscaban nuevos documentos en los archivos sovi&eacute;ticos con las m&aacute;s diversas herramientas conceptuales y metodol&oacute;gicas, un grupo de historiadores franceses public&oacute; <i>El libro negro del comunismo,</i> en el que se propuso hacer una s&iacute;ntesis global del fen&oacute;meno como la historia del terror, an&aacute;loga al totalitarismo de Hitler. El rescate de la memoria del terror era una obligaci&oacute;n moral.<sup><a href="#notas">21</a></sup> As&iacute; como los historiadores que encontraron en los archivos la confirmaci&oacute;n de las tesis elaboradas d&eacute;cadas antes de la apertura de los fondos documentales, los autores de <i>El libro negro
del comunismo</i> &#45;sin haber investigado en los archivos y sin haber esperado los frutos de los estudios de otros&#45; volvieron a rescatar el enfoque totalitario de la historia, planteado despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial por Hannah Arendt y novelado por George Orwell.<sup><a href="#notas">22</a></sup> Seg&uacute;n uno de los cr&iacute;ticos de los autores y del pol&eacute;mico libro: "La base de su comprensi&oacute;n del comunismo era el argumento esencialista de que esta ideolog&iacute;a tan s&oacute;lo podr&iacute;a dar lugar a reg&iacute;menes pol&iacute;ticos represivos donde el poder se concentrara en una pir&aacute;mide vertical con un l&iacute;der en su v&eacute;rtice, cuya fuerza se sustentara en el recurso al terror"<sup><a href="#notas">23</a></sup> As&iacute;, mientras
que los archivos del Komintern permit&iacute;an que la historia se volviera cada vez m&aacute;s compleja y matizada, los autores de <i>El libro negro del comunismo</i> ofrecieron una versi&oacute;n de condena moralista, una historia esquem&aacute;tica, basada en tipolog&iacute;as y clasificaciones del terror en lugar de "profundizar en la comprensi&oacute;n de las diversas causas del comunismo y su evoluci&oacute;n en el siglo XX hasta su extinci&oacute;n".<sup><a href="#notas">24</a></sup> Tambi&eacute;n del otro lado del derribado Muro de Berl&iacute;n quedaba mucho trabajo por hacer.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LOS TEMAS CENTRALES</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre 1919, a&ntilde;o de su fundaci&oacute;n, y 1943, cuando fue disuelta, la Internacional Comunista pas&oacute; por varios cambios ideol&oacute;gicos y etapas organizativas. Su significado ha sido debatido durante d&eacute;cadas, pero los historiadores no pod&iacute;an darle una explicaci&oacute;n fundamentada mientras que los archivos del Komintern permanec&iacute;an inaccesibles. Una vez abiertos, los acervos demostraron que los temas tradicionales segu&iacute;an vigentes pero que hac&iacute;a falta repensarlos a la luz de los nuevos documentos. Los temas relevantes de la historia del Komintern sobre los cuales hab&iacute;a que volver a reflexionar eran, por ejemplo, el significado y la periodizaci&oacute;n de la idea de la revoluci&oacute;n
mundial que le daba la raz&oacute;n de ser a la Internacional Comunista, y los nexos y las articulaciones entre los partidos nacionales y la Internacional. Hac&iacute;a falta un examen del seguimiento y la adopci&oacute;n de las l&iacute;neas pol&iacute;ticas que el Komintern formulaba y emit&iacute;a, los partidos comunistas recib&iacute;an y de m&uacute;ltiples maneras adaptaban a las condiciones de cada pa&iacute;s. S&oacute;lo as&iacute; se pod&iacute;an historizar y problematizar los llamados "dictados de Mosc&uacute;".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hab&iacute;a que revisar el tr&aacute;fico de las comunicaciones en la otra direcci&oacute;n, de los partidos a Mosc&uacute;, as&iacute; como los debates que las cartas e informes de los partidos suscitaban en los diferentes &oacute;rganos del Komintern y del Partido Comunista de la URSS. Si bien el estudio de las comunicaciones en las dos direcciones y entre los ramales de la organizaci&oacute;n ayudaba a cuestionar al Komintern como un monolito, con los nuevos documentos los historiadores han podido distinguir entre el discurso y la acci&oacute;n de los partidos, de sus dirigentes y las organizaciones de base. El examen de los desencuentros entre los dirigentes en Mosc&uacute; y los de cada pa&iacute;s ha permitido avanzar en el estudio de
la cultura pol&iacute;tica nacional, regional y local y en desenterrar la historia social del comunismo. Comparados con la adopci&oacute;n de los "dictados de Mosc&uacute;", como el sometimiento de los partidos y dirigentes a la pol&iacute;tica dise&ntilde;ada fuera de la regi&oacute;n de su puesta en pr&aacute;ctica, se ha podido estudiar el progresivo debilitamiento de la autoridad de las dirigencias nacionales frente a la Internacional. En el nexo entre los partidos nacionales, el Komintern y la pol&iacute;tica exterior de la URSS estaba la ra&iacute;z del otro fen&oacute;meno de la historia comunista: la rusificaci&oacute;n del Komintern y la bolchevizaci&oacute;n de los partidos. La dominaci&oacute;n de la Internacional Comunista por el PCUS y la creciente interferencia de la organizaci&oacute;n
internacional en la vida de los partidos ha permitido poner de manifiesto que a medida que el Komintern perd&iacute;a su autonom&iacute;a frente al Partido Comunista de la URSS, los partidos nacionales perd&iacute;an su autonom&iacute;a frente al Komintern.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n7/a9f6.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otros temas centrales de la historia del comunismo internacional revisados desde la apertura de los archivos han sido ligados a las personalidades del partido bolchevique: Lenin, Trotsky, Stalin, Nikolai Bujarin, Christian Rakovsky, Karl Radek y otros.<sup><a href="#notas">25</a></sup> La historia personal de los dirigentes bolcheviques marc&oacute; la historia de los partidos comunistas nacionales en la medida en que los dirigentes de los partidos se identificaban con uno u otro y con las corrientes pol&iacute;ticas y de pensamiento que representaban. La lucha por el poder y por la definici&oacute;n del rumbo del partido que ten&iacute;a lugar en la URSS, sobre todo en los a&ntilde;os veinte, se trasladaba inevitablemente a los partidos nacionales
aunque no necesariamente como su copia al carb&oacute;n. Muchos de los personajes del comunismo sovi&eacute;tico fueron exiliados, desaparecieron en los campos de trabajo forzado o durante los procesos fabricados en su contra en los a&ntilde;os treinta. La persecuci&oacute;n de los dirigentes bolcheviques en la URSS tuvo una r&eacute;plica en los pa&iacute;ses cuyos partidos comunistas formaban parte del Komintern. Nuevamente, los documentos de los archivos sovi&eacute;ticos, y los estudios basados en ellos, nos permiten entender las formas en que estos procesos tuvieron lugar en el &aacute;mbito local y nos permiten describirlos con mayor detalle.<sup><a href="#notas">26</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cambios peri&oacute;dicos de las t&aacute;cticas del Komintern han sido otro de los temas que la apertura de los archivos permiti&oacute; estudiar a fondo. Se ha visto gracias al estudio en los acervos de los partidos comunistas nacionales en el archivo de la Internacional Comunista que no cada partido actu&oacute; de la misma forma ni que los cambios tuvieron el mismo efecto sobre todos los partidos al mismo tiempo. Por principio, el Komintern no reconoc&iacute;a las peculiaridades nacionales ni las ra&iacute;ces culturales de los pueblos y los cambios t&aacute;cticos como la adopci&oacute;n de la alianza multiclasista contra el fascismo en los a&ntilde;os treinta, llamada el frente popular, deb&iacute;a aplicarse por todos los partidos
comunistas. Los estudios recientes proporcionan datos que evidencian que la colaboraci&oacute;n entre los obreros comunistas y socialistas en un frente contra el fascismo data de 1933 cuando Hitler lleg&oacute; al poder en Alemania, dos a&ntilde;os antes de que el Komintern adoptara el frente popular como su t&aacute;ctica general. Entonces, los partidos comunistas como el checoslovaco y el franc&eacute;s adoptaron la pol&iacute;tica aun cuando la respuesta del Komintern fue tacharlos de oportunistas.<sup><a href="#notas">27</a></sup> Cuando finalmente fue adoptada, en Francia, por ejemplo, tuvo un enorme eco en las filas comunistas porque los socialistas y los comunistas hab&iacute;an llegado a la conclusi&oacute;n de tener que cerrar las filas junto con el Partido Radical para hacer frente
al ascenso del fascismo en Europa. En cambio, su adopci&oacute;n tuvo que imponerse en pa&iacute;ses como M&eacute;xico, en donde los comunistas no ve&iacute;an bondad alguna en unirse con un movimiento obrero organizado que consideraban la derivaci&oacute;n de una Confederaci&oacute;n Regional Obrera Mexicana corrupta y subordinada al Estado.<sup><a href="#notas">28</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunado a lo anterior, los nuevos estudios de la trayectoria del Komintern han permitido reemplazar la ahist&oacute;rica noci&oacute;n de que de principio a fin era un brazo internacional del estado sovi&eacute;tico o un monolito dominado por Lenin y luego por Stalin. Uno de los temas que ilumin&oacute; este pasaje de la historia del Komintern era la reconstrucci&oacute;n de sus estructuras y del proceso interno de la toma de las decisiones. El estudio de los debates en el Komintern nos permite afirmar que, al menos en los a&ntilde;os veinte, los asuntos que concern&iacute;an a los partidos comunistas se discut&iacute;an en un ambiente de diversidad de opiniones en los secretariados que eran organismos auxiliares del comit&eacute; ejecutivo del
Komintern encargados de los asuntos de cada regi&oacute;n geogr&aacute;fico&#45;pol&iacute;tica. De Am&eacute;rica Latina estaba encargado primero el secretariado latino y, a partir de 1926, el secretariado latinoamericano. Al abolirse los secretariados a mitad de los a&ntilde;os treinta, seg&uacute;n los estudiosos de los cambios en la estructura de la organizaci&oacute;n, termin&oacute; tambi&eacute;n la discusi&oacute;n hasta extinguirse cualquier intercambio de ideas; de all&iacute; en adelante los dirigentes nacionales eran responsables a un c&iacute;rculo estrecho de funcionarios del Komintern.<sup><a href="#notas">29</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tradicionalmente tambi&eacute;n la historia del Komintern ha sido dividida en n&iacute;tidos segmentos de tiempo que los historiadores transfer&iacute;an casi mec&aacute;nicamente a la historia de los partidos, como si la totalidad fuera la suma de las partes. Los nuevos estudios han demostrado, sin embargo, que los cambios en las estructuras de la Internacional y las formas como se articulaba el Komintern con los partidos no necesariamente correspond&iacute;a a los per&iacute;odos com&uacute;nmente aceptados. Un ejemplo entre varios es el principio y el final de la t&aacute;ctica del frente unido. Oficialmente iniciada en 1921 y suspendida en 1928, en la pr&aacute;ctica ten&iacute;a una fuerza m&aacute;s all&aacute; de lo que pod&iacute;a lograr
una directiva del respetado Komintern. En las tradiciones de las organizaciones obreras la solidaridad de los operarios en las f&aacute;bricas ten&iacute;a ra&iacute;ces profundas que las directivas del Komintern violentaban sin desarraigarlas del todo.<sup><a href="#notas">30</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tampoco parecen precisos los a&ntilde;os 1919 como el a&ntilde;o fundacional del Komintern y 1943 como el a&ntilde;o de su disoluci&oacute;n. Varios estudiosos del tema han se&ntilde;alado que el internacionalismo y la b&uacute;squeda de la revoluci&oacute;n mundial estaban en la agenda de los bolcheviques aun antes de que llegaran al poder. Lenin mismo propuso la idea de fundar la Tercera Internacional en 1914 despu&eacute;s de que los socialdem&oacute;cratas de la Segunda Internacional hab&iacute;an apoyado la agresi&oacute;n b&eacute;lica de sus gobiernos nacionales. Por el otro lado, aunque 1919 es la fecha oficial de su fundaci&oacute;n, no fue sino hasta 1920 cuando aut&eacute;nticas delegaciones extranjeras se reunieron en Rusia Sovi&eacute;tica
para participar en los debates del Komintern. En 1919 la mayor&iacute;a de los participantes eran rusos, bolcheviques originarios de las regiones que hab&iacute;an formado parte del imperio ruso o extranjeros que hab&iacute;an sido prisioneros de guerra y se adhirieron al nuevo gobierno. Los que llegaron de los pa&iacute;ses occidentales porque evadieron el bloqueo de Rusia Sovi&eacute;tica impuesto por las tropas invasoras, no representaban a organizaciones de masas. En cambio, el representante de la Liga Espartaca alemana, quien tuvo el mandato de su organizaci&oacute;n, se opuso a la fundaci&oacute;n del Komintern por aquella raz&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, aunque el a&ntilde;o de 1943 se conoce como el de su disoluci&oacute;n, el Komintern sigui&oacute; funcionando y dirigiendo las actividades de los partidos comunistas de manera encubierta de acuerdo con las necesidades de la pol&iacute;tica sovi&eacute;tica del momento que inclu&iacute;a el apoyo brindado a los guerrilleros comunistas que en los pa&iacute;ses ocupados por Alemania combat&iacute;an al nazismo y luego durante la guerra fr&iacute;a para que la URSS mantuviera apoyos en los pa&iacute;ses que le eran adversos.<sup><a href="#notas">31</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra fecha que entr&oacute; en los anales del comunismo como definitoria es el a&ntilde;o 1928. En el Sexto Congreso del Komintern se present&oacute; a los delegados un panorama de la situaci&oacute;n internacional radicalmente diferente de la que exist&iacute;a hasta entonces y la l&iacute;nea a seguir por los partidos comunistas tuvo que adaptarse a ella. De la estabilizaci&oacute;n del capitalismo y de la coexistencia entre la URSS y los pa&iacute;ses capitalistas, la situaci&oacute;n mundial cambi&oacute;, seg&uacute;n el Komintern, a la crisis del r&eacute;gimen y la pr&oacute;xima confrontaci&oacute;n entre los dos sistemas pol&iacute;ticos. De all&iacute; se deriv&oacute; la perspectiva de la inminencia de la revoluci&oacute;n proletaria
y los partidos comunistas ten&iacute;an que prepararse para encabezarla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los estudios de esta coyuntura, basados en los nuevos documentos, demuestran una y otra vez que esta lectura de la historia hecha por el Komintern no coincid&iacute;a con la experiencia ni de los partidos comunistas ni de los obreros, y que fue sujeta a arduos debates antes de que los partidos se sometieran a ella. El viraje a "la izquierda", que signific&oacute; el repudio a la socialdemocracia en Europa y a los gobiernos de la peque&ntilde;a burgues&iacute;a en M&eacute;xico, se llev&oacute; a cabo eventualmente, pero no antes de tener que cambiar las direcciones de los partidos y de hacer una limpieza de las oposiciones adentro de las organizaciones.<sup><a href="#notas">32</a></sup> Los cambios en las direcciones de los partidos obedec&iacute;an
a las dificultades de hacer adoptar l&iacute;neas pol&iacute;ticas que no correspond&iacute;an a los momentos hist&oacute;ricos de las secciones nacionales. Para resolver estos desfases en las coyunturas claves, nuevas l&iacute;neas requer&iacute;an de nuevos hombres que el Komintern se encargaba de imponer.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>L</b><b>AS MUTACIONES DE LA IDEA DE LA REVOLUCI&Oacute;N MUNDIAL</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los temas centrales en la historia y la historiograf&iacute;a del Komintern reelaborado despu&eacute;s de la apertura de los archivos rusos es el significado de la idea y la cambiante pr&aacute;ctica de lo que era la misi&oacute;n del Komintern: promover la revoluci&oacute;n mundial. Seg&uacute;n la leyenda negra del comunismo, "&#91;n&#93;ada m&aacute;s acceder al poder, Lenin so&ntilde;&oacute; con extender el ardor revolucionario primero a Europa y luego a todo el mundo".<sup><a href="#notas">33</a></sup> La reciente reflexi&oacute;n sobre la idea de la revoluci&oacute;n mundial no ha cambiado la conclusi&oacute;n de que el prop&oacute;sito original de Lenin era unificar al proletariado de todo el mundo por todos los medios posibles
para conquistar el poder detentado por las burgues&iacute;as, y luego de Stalin de recurrir al movimiento comunista internacional para defender "el socialismo en un solo pa&iacute;s". Sin embargo, en los a&ntilde;os noventa los historiadores se vieron compelidos a volver a historizar y a refinar el an&aacute;lisis del proceso hist&oacute;rico ante la desaparici&oacute;n de los reg&iacute;menes en Europa central, oriental y Rusia que fueron la derivaci&oacute;n de la original revoluci&oacute;n mundial.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n7/a9f7.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente a la historiograf&iacute;a anticomunista, los historiadores nos han recordado que la idea de la revoluci&oacute;n mundial pas&oacute; por una larga gestaci&oacute;n empezando aun antes de la Revoluci&oacute;n francesa y definida a partir de ella como la emancipaci&oacute;n universal de los explotados y la supresi&oacute;n de la propiedad privada para alcanzar la distribuci&oacute;n de los bienes de la naturaleza y del fruto del trabajo por medio de la insurrecci&oacute;n armada.<sup><a href="#notas">34</a></sup> Lejos de ser la ocurrencia de un individuo, la idea de la revoluci&oacute;n mundial era inherente al pensamiento radical decimon&oacute;nico que los bolcheviques adoptaron como suya junto con el an&aacute;lisis clasista de Marx
y Engels y la exhortaci&oacute;n de "proletarios de todos los pa&iacute;ses, un&iacute;os" del <i>Manifiesto comunista</i> (1848).<sup><a href="#notas">35</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los bolcheviques como Lenin y Trotsky consideraron el derrocamiento del Gobierno Provisional en octubre de 1917 como el primer triunfo de la larga trayectoria hacia aquella ineludible revoluci&oacute;n. Sin embargo, no cre&iacute;an posible la consolidaci&oacute;n de la Revoluci&oacute;n bolchevique en Rusia mientras sus enemigos encontraban apoyo en las burgues&iacute;as fuera del pa&iacute;s. Adem&aacute;s era evidente la precariedad de la Revoluci&oacute;n de Octubre en sus primeros a&ntilde;os debido al sitio en que la tuvieron los ej&eacute;rcitos occidentales y de Jap&oacute;n junto con los ej&eacute;rcitos blancos rusos, las distintas oposiciones al nuevo r&eacute;gimen entre los mismos comunistas y otras fracciones socialistas, y entre
los campesinos y obreros no bolcheviques.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estallido de la revoluci&oacute;n en Europa era su esperanza. Visto desde la &oacute;ptica de Rusia Sovi&eacute;tica al fin de la Primera Guerra Mundial en 1918, el escenario europeo era semejante al ruso antes de la revoluci&oacute;n y parec&iacute;a ser un campo f&eacute;rtil para la irrupci&oacute;n de revoluciones similares a la bolchevique. Los imperios alem&aacute;n, austroh&uacute;ngaro y el otomano se desintegraron, y en Alemania y Hungr&iacute;a surgieron islotes revolucionarios que, sin embargo, fueron reprimidos por los herederos republicanos o mon&aacute;rquicos del poder imperial. No obstante esas derrotas, en 1919 la situaci&oacute;n mundial parec&iacute;a confirmar la convergencia entre la teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica
de la revoluci&oacute;n mundial. Los bolcheviques interpretaron el descontento social y las econom&iacute;as en decaimiento en Europa, junto con su convicci&oacute;n que Rusia Sovi&eacute;tica representaba el amanecer ideal de un futuro sin la explotaci&oacute;n capitalista, sin la dominaci&oacute;n de la burgues&iacute;a, la instauraci&oacute;n de la fraternidad y la emancipaci&oacute;n universales, como el inicio de una nueva era. Si bien era evidente que los pa&iacute;ses europeos de la posguerra resintieron los efectos del conflicto b&eacute;lico, los bolcheviques creyeron que el deseo de los pueblos de la paz ir&iacute;a de la mano con la revoluci&oacute;n igual que hab&iacute;a sucedido en Rusia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero la revoluci&oacute;n en los pa&iacute;ses europeos no estall&oacute; debido, en parte, al reordenamiento territorial y pol&iacute;tico seg&uacute;n los principios de la autodeterminaci&oacute;n de los pueblos propuestos por el presidente norteamericano Woodrow Wilson. Despu&eacute;s de la desintegraci&oacute;n de los imperios, las peque&ntilde;as naciones liberadas de la dominaci&oacute;n imperial formaron sus estados con gobiernos constitucionales republicanos o mon&aacute;rquicos, mientras que los obreros alemanes radicales &#45;la esperanza de los bolcheviques entre 1917 y 1919&#45; sufrieron derrotas dobles: por parte del gobierno socialdem&oacute;crata que los reprimi&oacute; y por parte de sus pares que eran adversos a la pol&iacute;tica
insurreccional. As&iacute;, despu&eacute;s de la ofensiva revolucionaria inicial, la revoluci&oacute;n mundial no se produjo, mientras que la rusa logr&oacute; sobrevivir a pesar de los ataques para destruirla.<sup><a href="#notas">36</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La literatura reciente sobre el Komintern, dirigido todav&iacute;a por Lenin antes de que cayera enfermo en 1922,ha adelantado la fecha del cambio de rumbo de la pol&iacute;tica mundial sovi&eacute;tica. Bas&aacute;ndose en los nuevos documentos, algunos historiadores aducen que el mismo Lenin perdi&oacute; la confianza en la viabilidad de la revoluci&oacute;n mundial despu&eacute;s de que Rusia Sovi&eacute;tica firm&oacute; el tratado de paz con Alemania en 1918, fue derrotada en su intento por conquistar Polonia para el r&eacute;gimen comunista en 1920, y cuando en 1921 introdujo la Nueva Pol&iacute;tica Econ&oacute;mica mediante la cual reintrodujo las antes abolidas relaciones de mercado y la peque&ntilde;a propiedad privada.<sup><a href="#notas">37</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A mediados de los a&ntilde;os veinte, la idea y el contenido pol&iacute;tico de la revoluci&oacute;n mundial cambiaron no s&oacute;lo porque la revoluci&oacute;n proletaria no se hab&iacute;a producido en Europa capitalista (ni se producir&iacute;a en China agraria) sino tambi&eacute;n gracias a la influencia de la percepci&oacute;n de un ala del partido bolchevique que la perspectiva para realizarse se alejaba a medida que las econom&iacute;as capitalistas se consolidaban en Europa y Estados Unidos. La nueva orientaci&oacute;n dada a los partidos comunistas &#45;adoptada por el Komintern en 1925&#45; era adaptarse a esta nueva e inesperada realidad. Con la nueva l&iacute;nea la Internacional estrech&oacute; la supervisi&oacute;n de la adopci&oacute;n
de las nuevas t&aacute;cticas para no perder la adhesi&oacute;n de los partidos, los sindicatos y los grupos simpatizantes con la Revoluci&oacute;n bolchevique.<sup><a href="#notas">38</a></sup> "El socialismo en un solo pa&iacute;s" expresaba la confianza de Stalin de que la Revoluci&oacute;n bolchevique pod&iacute;a existir independientemente de la revoluci&oacute;n mundial en los pa&iacute;ses industriales. La revoluci&oacute;n mundial no era insustituible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La crisis econ&oacute;mica mundial que estall&oacute; en 1929 confirm&oacute; y fortaleci&oacute; la convicci&oacute;n de los bolcheviques que el sistema econ&oacute;mico y pol&iacute;tico derivado de la Revoluci&oacute;n de Octubre era superior al "decadente" capitalismo. El viraje que el Komintern implant&oacute; en su seno y extendi&oacute; a los partidos comunistas fue el resultado de la interacci&oacute;n de la percepci&oacute;n de que la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica ser&iacute;a atacada por las potencias capitalistas pero tambi&eacute;n de la lectura marxista de la historia que ense&ntilde;aba que una crisis capitalista era la "partera de la revoluci&oacute;n" mundial. En consecuencia, el viraje del Komintern signific&oacute; no s&oacute;lo
la realizaci&oacute;n de una nueva l&iacute;nea, que requer&iacute;a de nuevos hombres para llevarla a cabo, sino la idea de que la revoluci&oacute;n mundial era impensable sin la defensa de los intereses de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, la "matria" del proletariado mundial.<sup><a href="#notas">39</a></sup> Una de las consecuencias del establecimiento de la nueva l&iacute;nea pol&iacute;tica, que condenaba a la socialdemocracia y a la peque&ntilde;a burgues&iacute;a como las expresiones del fascismo, fue la polarizaci&oacute;n de las ideolog&iacute;as y las organizaciones de trabajadores radicales y reformistas.<sup><a href="#notas">40</a></sup> Frente al ascenso del fascismo sin embargo, la idea de la revoluci&oacute;n volvi&oacute; a adaptarse a las nuevas circunstancias. Poco a poco
la lucha por la revoluci&oacute;n mundial se transfiguraba en la lucha contra el fascismo y el nacionalsocialismo. Aunque todav&iacute;a en 1934 &#45;un a&ntilde;o despu&eacute;s de que Adolf Hitler llegara al poder en Alemania desmantelando los sindicatos como uno de los primeros actos del r&eacute;gimen nacionalsocialista&#45; Stalin declar&oacute; que en la conciencia de las masas alemanas maduraba la idea del asalto revolucionario al poder,<sup><a href="#notas">41</a></sup> en el VII Congreso del Komintern en 1935 la directiva a los partidos comunistas volvi&oacute; a cambiar de la lucha contra la socialdemocracia a la lucha contra el fascismo. A partir de entonces, la revoluci&oacute;n mundial fue un objetivo relegado frente al nazifascismo y su discurso b&eacute;lico, anticomunista, antidemocr&aacute;tico
y antisemita.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cambio radical de l&iacute;nea, de confrontaci&oacute;n entre comunistas y reformistas a la colaboraci&oacute;n en los frentes populares, era al mismo tiempo una admisi&oacute;n que la revoluci&oacute;n mundial dejaba de ser una prioridad, o que era equivalente a la defensa de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica de sus enemigos. Esta pol&iacute;tica se complic&oacute; debido a los procesos fabricados en contra de los dirigentes del PCUS y la desaparici&oacute;n masiva de destacados cuadros del Komintern fue opacada por la Guerra Civil Espa&ntilde;ola y la pol&iacute;tica exterior sovi&eacute;tica que buscaba el <i>statu quo</i> en Europa.<sup><a href="#notas">42</a></sup> La expresi&oacute;n m&aacute;s fehaciente de que cualquier medio era v&aacute;lido
fue exigirles a los partidos comunistas del Komintern que apoyaran el pacto de no&#45;agresi&oacute;n entre Stalin y Hitler en 1939 para poner a la URSS a salvo de la pr&oacute;xima guerra, sin participarles que inclu&iacute;a el reparto de Polonia, la anexi&oacute;n a la URSS de los estados b&aacute;lticos, de Bukovina y Besarrabia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La idea de la revoluci&oacute;n mundial perdi&oacute; en realidad todo sentido durante la Segunda Guerra Mundial. Su partido, el Komintern, perdi&oacute; la raz&oacute;n de ser. En 1943 la Tercera Internacional fue abolida sin la participaci&oacute;n de los partidos comunistas nacionales en esa toma de decisi&oacute;n. De all&iacute; en adelante, la secci&oacute;n para la pol&iacute;tica exterior del PCUS se encarg&oacute; de las relaciones con los partidos comunistas del mundo.<sup><a href="#notas">43</a></sup></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>CONCLUSIONES</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien el renovado inter&eacute;s de los estudiosos rusos en el Komintern fue una de las respuestas al intento de Mijail Gorbachov por reconstruir en la URSS el socialismo realmente existente, la investigaci&oacute;n a fondo de la Tercera Internacional no empez&oacute; sino hasta despu&eacute;s de que este proyecto demostrara su futilidad. Al abrirse los archivos del Komintern, el nuevo inter&eacute;s en el tema ha producido estudios originales en sus enfoques, m&eacute;todos y problemas, al lado de trabajos que buscan arreglar las cuentas con el abigarrado pasado personal y colectivo de sus autores.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1996, los custodios de los archivos cerraron algunos de los acervos del Komintern. De acuerdo con el endurecimiento del gobierno ruso frente a los pa&iacute;ses occidentales, en Rusia se perdi&oacute; el inter&eacute;s en revelar el atribulado pasado de la URSS. Aunado a lo anterior, las cabezas de las instituciones y los archivos se daban cuenta de la avidez de la academia, los medios y las empresas de informaci&oacute;n, occidentales sobre todo, por conocer los archivos y pagar por el acceso a la informaci&oacute;n. De esta manera, mientras que los archivos se cerraban al p&uacute;blico en general, se llevaban a cabo (est&aacute;n llev&aacute;ndose a cabo) proyectos de colaboraci&oacute;n internacional en beneficio acad&eacute;mico y econ&oacute;mico
de las instituciones rusas que carecen de un adecuado financiamiento propio. As&iacute;, por ejemplo, a trav&eacute;s del Consejo de Europa, el Consejo Internacional de Archivos y el Servicio Federal de Archivos Rusos se emprendi&oacute; la digitalizaci&oacute;n de las gu&iacute;as a los acervos del archivo del Komintern. La empresa en inform&aacute;tica Gale Group de Michigan, Estados Unidos, as&iacute; como Chadwyck&#45;Heeley de Gran Breta&ntilde;a, han microfilmado extensamente en el archivo del Comit&eacute; Central del PCUS que est&aacute; cerrado casi en su totalidad al p&uacute;blico. La Biblioteca del Congreso en Washington ha logrado microfilmar la gran parte del archivo del Partido Comunista de Estados Unidos. De esta manera y a pesar de que algunos archivos en Mosc&uacute; dejaron
de ser accesibles, en las bibliotecas existen ya miles de documentos disponibles para su estudio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El comunismo ha sido, sin duda alguna, uno de los fen&oacute;menos m&aacute;s importantes del siglo XX. Es alentador poder constatar que, dada la complejidad del fen&oacute;meno, su estudio apenas ha empezado y no se podr&aacute; conocer en toda su extensi&oacute;n y profundidad hasta que no conozcamos el conjunto de las relaciones entre la organizaci&oacute;n que quer&iacute;a ser mundial y totalizadora, y las experiencias nacionales, regionales y locales que redefin&iacute;an aquel proyecto unificador.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Este ensayo bibliogr&aacute;fico es un avance en el estudio de la Internacional Comunista en M&eacute;xico basado en los archivos rusos. En colaboraci&oacute;n con Rina Ortiz, la autora del ensayo est&aacute; elaborando cuatro vol&uacute;menes de documentos que, bajo el t&iacute;tulo general <i>La Internacional Comunista en M&eacute;xico,</i> profundizar&aacute;n en algunos de los temas aqu&iacute; se&ntilde;alados. Los documentos de la Internacional Comunista se encuentran en el <i>Archivo de la historia sociopol&iacute;tica del gobierno ruso</i> en Mosc&uacute; que la autora examin&oacute; extensamente en 1994.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> La Primera Internacional o la Asociaci&oacute;n Internacional de los Trabajadores fue creada por Karl Marx en 1864 y disuelta en 1876. La Segunda Internacional existi&oacute; entre 1889 y 1914. La Tercera Internacional se conoce tambi&eacute;n como Komintern por la abreviaci&oacute;n rusa de Komunisticheskii Internatsional. En ruso, su g&eacute;nero es masculino, por lo que el sustantivo Komintern debe emplearse como masculino. Sin embargo, en la literatura sobre el tema se emplea tambi&eacute;n como la Comintern, por su asociaci&oacute;n con la Internacional Comunista. Aqu&iacute; emplearemos el g&eacute;nero masculino y la letra inicial K.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Paolo Spriano, <i>Stalinism and the European Communists,</i> Verso, Londres, Inglaterra, 1981,pp. 192&#45;204;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660748&pid=S1607-050X200100020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Alexander Dallin y F. I. Firsov (eds.), <i>Dimitrov &amp; Stalin, 1934&#45;1943. Letters from the Soviet archives,</i> Yale University Press, New Haven, 2001,pp. 237&#45;238.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660749&pid=S1607-050X200100020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Michael Brown, Randy Martin, Frank Rosengarten, George Snedeker (eds.),"New studies in the politics and culture of U.S. communism" en <i>Monthly Review Press,</i> Nueva York, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660751&pid=S1607-050X200100020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;La alusi&oacute;n es al trabajo de Le&oacute;n Trotsky, <i>La revoluci&oacute;n traicionada,</i> publicado en 1937.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660753&pid=S1607-050X200100020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>&nbsp;Fridrij Firsov, "What the Komintern's archives will reveal", en <i>World Marxist Review,</i> vol. 32, enero de 1989, p. 57.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660755&pid=S1607-050X200100020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup>&nbsp;Andreas Langenhol, "History between politics and public: historiography, collective memory, and the archival revolution in Russia", en <i>Kritika,</i> n&uacute;m. 3, vol. 1, verano de 2000,pp. 560&#45;5623.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660757&pid=S1607-050X200100020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup>&nbsp;Patricia Kennedy Grimsted, <i>Archives of Russia five years after: "purveyors of sensations" or "shadows cast to the past"?,</i> International Institute of Social History, Amsterdam, 1997,p. 131.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660759&pid=S1607-050X200100020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Gracias a esta primera, aunque err&aacute;tica apertura de uno de los archivos m&aacute;s resguardados, contamos con un importante acervo que revela, entre otros datos, la periodicidad y los montos de financiamientos otorgados a los partidos comunistas por el PCUS. V&eacute;ase Rossiskii gosudarstvennyi arjiv noveishei istorii, fond 89. Este <i>fond</i> fue microfilmado por la compa&ntilde;&iacute;a Chadwyck&#45;Heeley de Gran Breta&ntilde;a y varias copias est&aacute;n depositadas en las bibliotecas de Estados Unidos. Agradezco
a Leonora Soroka, archivista de la instituci&oacute;n Hoover en la Universidad de Stanford, por haberme proporcionado las fotocopias del <i>fond</i> relativas a los partidos comunistas de Am&eacute;rica Latina y la informaci&oacute;n sobre su peculiar adquisici&oacute;n.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Kevin McDermott, "Rethinking the Comintern: Soviet historiography, 1987&#45;1991", en <i>Labour History Review,</i> vol. 57, parte 3, invierno de 1992, pp. 37&#45;58.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660761&pid=S1607-050X200100020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Sobre el acceso a los archivos de KGB, llamado el Servicio Ruso de Inteligencia Exterior a partir de 1991, v&eacute;ase Amy Knight, "The selling of the KGB", en <i>The Wilson Quarterly,</i> invierno de 2000, pp. 16&#45;23.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660762&pid=S1607-050X200100020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Knight examina los estudios supuestamente basados en los archivos del KGB, y explica sus limitaciones porque se basan en documentos entregados a los historiadores, en lugar de que los historiadores tengan la libertad de seleccionarlos por su cuenta Una excepci&oacute;n fue Vitali Chentalinski, <i>De los archivos literarios del KGB,</i> Barcelona,
Anaya &amp; Mario Muchnik, 1994. Sobre los archivos, v&eacute;ase adem&aacute;s Diane P. Koenker y Ronald B. Bachman (eds.), <i>Revelations from the Russian Archives. Documents in English Translation,</i> Library of Congress, Washington, 1997, p. XVII y XX.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660763&pid=S1607-050X200100020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> La falta de acceso al acervo de Stalin ha sido quiz&aacute;s la que m&aacute;s ha preocupado a los historiadores y periodistas rusos, quienes ve&iacute;an que "el que controla el pasado, controla el futuro". V&eacute;ase Kennedy Grimsted, <i>Archives of Russia five years later,</i> p. 48; Langenohl, "History between politics and public", pp. 561,567&#45;568.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> McDermott, "Rethinking the Comintern", p. 37.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> V&eacute;ase Edvard Radzinsky, <i>Stalin,</i> Doubleday, Nueva York, 1996;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660766&pid=S1607-050X200100020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Pavel y Anatoli Sudoplatov, <i>Special Tasks. The Memoirs of an Unwanted Witness &#45;a Soviet Spymaster,</i> Little, Brown, Nueva York, 1994;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660767&pid=S1607-050X200100020000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Langenohl, "History between politics and public", pp. 559&#45;560; Veronique Garros, Natalia Korenevskaia y Thomas Lahusen (eds.), <i>Intimacy and terror: Soviet diaries of the 1930s,</i> The New Press, Nueva York, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660768&pid=S1607-050X200100020000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Aunque no se puede generalizar, no hay que desde&ntilde;ar el inter&eacute;s monetario de los autores y de las casas editoriales para que estos libros se escribieran, pues su valor comercial no ha sido nada desde&ntilde;able.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup>&nbsp;Fridrij Firsov, Kirill Shirinia y Valentin Sirotkin, "The Komintern" en <i>Soviet Life,</i> n&uacute;m. 3, marzo de 1989, pp. 19&#45;24;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660770&pid=S1607-050X200100020000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Dmitri Volkogonov, <i>Lenin,</i> Novosti, Mosc&uacute;, 1994.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Koenker y Bachman, <i>Revelations from the Russian archives,</i> p. XVIII.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> McDermott, "Rethinking the Comintern", p. 38.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Daniela Spenser, "Los archivos de la Internacional Comunista en Mosc&uacute;", en <i>Memoria,</i> n&uacute;m. 74, enero&#45;febrero de 1995,pp. 80&#45;83.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660774&pid=S1607-050X200100020000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Maurice Isserman, <i>Which side were you on? The American Communist Party during the Second World War,</i> Wesleyean University Press, Middletown, Connecticut, 1982;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660776&pid=S1607-050X200100020000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Roger Keeran, <i>The Communist Party and the Auto Workers Unions,</i> Bloomington, Indiana, 1980;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660777&pid=S1607-050X200100020000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> a este g&eacute;nero pertenece tambi&eacute;n James Scott, <i>Weapons of the Weak: everyday forms of peasant resistance,</i> Yale University Press, New Haven, 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660778&pid=S1607-050X200100020000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup>&nbsp;Eric Weitz, <i>Popular communism: political strategies and social histories in the formation of the German, French, and Italian communist parties, 1919&#45;1948,</i> Ithaca, Nueva York, Western Occasional Papers, 32, 1992, p. 2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660780&pid=S1607-050X200100020000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup>&nbsp;Geoff Eley, "International Communism in the Hey&#45;Day of Stalin" en <i>New Left Review,</i> n&uacute;m. 157, mayo&#45;junio de 1986,pp. 90&#45;100;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660782&pid=S1607-050X200100020000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Geoff Eley y Ronald Grigor Suny, "University of Michigan Project on International Communism", en <i>International Labor and Working&#45;Class History,</i> 30, oto&ntilde;o de 1986,p. 103;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660783&pid=S1607-050X200100020000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Randi Storch, "Moscow's archives and the new history of the Communist Party of the United States", en <i>Perspectives,</i> vol. 38, n&uacute;m. 7, octubre de 2000,pp, 44&#45;50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660784&pid=S1607-050X200100020000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup>&nbsp;Brigitte Studer, <i>Un parti sous influence. La parti communiste suisse, une section du Comintern 1931&#45;1939,</i> L'Age d'Homme, Lausanne, 1994;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660786&pid=S1607-050X200100020000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Peter Huber, <i>Stalins Schatten in die Schweitz. Schweitzer Kommunisten in Moskau,</i> Chronos&#45;Verlag, Zurich, 1994;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660787&pid=S1607-050X200100020000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Mikhail Narinsky y Jurgen Rojahn (eds.), <i>Centre and Periphery: The History of the Comintern in the Light of New Documents,</i> International Institute of Social History, Amsterdam, 1996;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660788&pid=S1607-050X200100020000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Kevin McDermott y Jeremy Agnew, <i>The Comintern. A History of International Communism from Lenin to Stalin,</i> St. Martin's Press, Nueva York, 1997;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660789&pid=S1607-050X200100020000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Pierre Brou&eacute;, <i>Histoire de l'Internationale Communiste,</i> Fayard, Par&iacute;s, 1997;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660790&pid=S1607-050X200100020000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Tim Rees y Andrew Thorpe (eds.),
<i>International Communism and the Communist International 1919&#45;1943,</i> Manchester University Press, Manchester, 1998;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660791&pid=S1607-050X200100020000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Tauno Saarela y Kimmo Rentola (eds.), <i>Communism. National &amp; International,</i> SHS, Helsinki, 1998;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660792&pid=S1607-050X200100020000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo, <i>Queridos camaradas. La Internacional Comunista y Espa&ntilde;a, 1919&#45;1939,</i> Planeta, Barcelona, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660793&pid=S1607-050X200100020000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup>&nbsp;Brigitte Studer y Berthold Unfried, "At the beginning of a history: visions of the Comintern after the opening of the archives", en <i>International Review of Social History,</i> vol. 42, 1997, pp. 419&#45;446.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660795&pid=S1607-050X200100020000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> John Earl Haynes, "The Cold War Debate Continues" en <i>Journal of Cold War Studies,</i> vol. 2, n&uacute;m. 1, invierno de 2000, pp. 76&#45;115;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660797&pid=S1607-050X200100020000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Harvey Klehr, John Earl Haynes y Fridrij Firsov, <i>The Secret World of American Communism,</i> Yale University Press, New Haven, 1995,pp. 16&#45;19;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660798&pid=S1607-050X200100020000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> John Earl Haynes, Harvey Klehr y Kyrill Anderson, <i>The Soviet World of American Communism,</i> Yale University Press, New Haven, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660799&pid=S1607-050X200100020000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Stephane Courtois <i>et al., El libro negro del comunismo. Cr&iacute;menes, terror y represi&oacute;n,</i> Planeta, Barcelona, 1998, p. 44.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660801&pid=S1607-050X200100020000900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup>&nbsp;Hannah Arendt, <i>Origins of totalitarianism,</i> Penguin, Londres, 1958;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660803&pid=S1607-050X200100020000900036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> George Orwell, <i>Animal farm,</i> Penguin, Londres, 1945.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660804&pid=S1607-050X200100020000900037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup>&nbsp;James Hughes, "Los intelectuales franceses y el terror comunista", en <i>Revista de Libros,</i> n&uacute;m. 17, mayo de 1998, p. 4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660806&pid=S1607-050X200100020000900038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup>&nbsp;Ibid., p. 7.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> Neil Harding, <i>Leninism,</i> Duke University Press, Durham, 1996;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660809&pid=S1607-050X200100020000900039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Richard Pipes (ed.), <i>The unknown Lenin,</i> Yale University Press, New Haven, 1996;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660810&pid=S1607-050X200100020000900040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Robert Service, <i>Lenin,</i> 2000; Pierre Brou&eacute;, <i>Rakovsky, ou la revolution dans tous les pays,</i> Fayard, Par&iacute;s, 1996;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660811&pid=S1607-050X200100020000900041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Andrea Graziosi, "G. L. Piatakov (1890&#45;1937): a mirror of Soviet history", en <i>Harvard Ukrainian Studies,</i> vol. XVII, n&uacute;ms. 1&#45;2, junio de 1992; Anna Larina, <i>This I cannot forget. The memoirs of Nikolai Bukharins widow,</i> N.N. Norton, Nueva York, 1994; Amy Knight, <i>Beria. Stalin's first lieutenant,</i> Princeton University Press, Princeton, New Jersey, 1993.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup>&nbsp;Kevin Morgan, <i>Harry Pollitt,</i> Manchester University Press, Manchester, <i>1993;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660813&pid=S1607-050X200100020000900042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --></i> John Callaghan, <i>Rajani Palme Dutt. A study of British Stalinism,</i> Lawrence &amp; Wishart, Londres, 1993;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660814&pid=S1607-050X200100020000900043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Knight, <i>Beria. Stalin's first lieutenant;</i> Lars T. Lih, Oleg V. Naumov y Oleg V. Jlevniuk (eds.), <i>Stalin's letters to Molotov,</i> Yale University Press, New Haven, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660815&pid=S1607-050X200100020000900044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> La identificaci&oacute;n de dirigentes nacionales con los bolcheviques en desgracia como Trotsky ha tenido consecuencias funestas para la vida interna de muchos partidos comunistas, pues tildar a alguien con el ep&iacute;teto de trotskista era suficiente en los a&ntilde;os veinte para que cayera en ostracismo y en los a&ntilde;os treinta para que fuera
liquidado f&iacute;sicamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup>&nbsp;Wolikow, "Aux origines de la galaxie communiste", p. 210.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup>&nbsp;Eric Weitz, <i>Creating German Communism, 1890&#45;1990. From popular protests to socialist state,</i> Princeton University Press, Princeton, New Jersey, 1997;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660818&pid=S1607-050X200100020000900045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> John Santore, "The Comintern's united front initiative of May 1934: French or Soviet inspiration", en <i>Canadian Journal of History / Annales Canadieunes d'Histoire,</i> vol. XVI, n&uacute;m. 3, diciembre de 1981,pp. 405&#45;421.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660819&pid=S1607-050X200100020000900046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Los documentos sobre M&eacute;xico que se publicar&aacute;n en el volumen 3 de la serie <i>La Internacional Comunista en M&eacute;xico</i> en la p. 129 demostrar&aacute;n el nexo entre el acercamiento de Vicente Lombardo Toledano al aparato del Partido Comunista de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica y su compromiso con la pol&iacute;tica del
"frente popular mexicano" y con el presidente C&aacute;rdenas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup>&nbsp;Inessa Iazhborovskaia, "The Logic of the Development of the Organisational Structure and Mechanisms of Administration in the Comintern", en Narinsky y Rojahn, <i>op. cit.,</i> pp. 57&#45;73; Grant Adibekov y Eleonora Shajnazarova, "Reconstruction of the Komintern Organizational Structure", <i>ibid.,</i> pp. 65&#45;73.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup> Kevin Morgan, Harry Pollitt, Edward P. Johanningsmeier, <i>Forging American communism: the life of William Z.Foster,</i> Princeton University Press, Princeton, New Jersey, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660822&pid=S1607-050X200100020000900047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup>&nbsp;Rojahn, "A matter of perspective: some remarks on the periodization of the history of the Communist International" en Narinsky y Rojahn, <i>Centre and periphery</i>, pp., 34&#45;45.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup>&nbsp;Morgan, Harry Pollitt, <i>op.cit.;</i> Ted Morgan, <i>A covert life: Jay Lovestone, communist, anti&#45;communist and a spymaster,</i> Random House, Nueva York, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660825&pid=S1607-050X200100020000900048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> En M&eacute;xico, el cambio de la direcci&oacute;n del partido en 1929 que encabezaba Rafael Carrillo por Hern&aacute;n Laborde se origin&oacute; en la resistencia del primero de abandonar la l&iacute;nea del frente unido y promover la fundaci&oacute;n de la Confederaci&oacute;n Sindical Unitaria de M&eacute;xico (CSUM). Los documentos sobre el tema se presentar&aacute;n en el volumen 3 de la serie <i>La Internacional Comunista en M&eacute;xico.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup>&nbsp;Stephane Courtois y Jean&#45;Louis Panne, "La Komintern en acci&oacute;n", en Courtois <i>et al., El libro negro del comunismo, op. cit.,</i> p. 309.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup>&nbsp;La redefinici&oacute;n del comunismo no era el &uacute;nico legado de la Revoluci&oacute;n francesa; el otro, no menos radical para la &eacute;poca, era el constitucionalismo y la institucionalizaci&oacute;n de la v&iacute;a parlamentaria hacia la superaci&oacute;n del r&eacute;gimen feudal. V&eacute;ase Geoffrey Stern, <i>The rise and decline of International Communism,</i> Edward Elgar, Aldershot, Inglaterra, 1990, pp. 7&#45;8.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35</sup>&nbsp;Eric Hobsbawm, "La revoluci&oacute;n mundial", <i>Historia del siglo XX,</i> cap. 2, Grijalbo Mondadori, Buenos Aires, 1998; Jakov Drabkin, "The idea of the world revolution and its transformations", en Narinsky y Rojahn, <i>op. cit., pp.</i> 46&#45;54; Karl Marx y Friedrich Engels, <i>Manifiesto comunista,</i> Grijalbo, Barcelona, 1998, p. 84.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>36</sup>&nbsp;Hobsbawm, <i>Historia del siglo XX</i>,p. 59&#45;65.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>37</sup>&nbsp;Orlando Figes, <i>A People's Tragedy. The Russian Revolution 1891&#45;1924,</i> Penguin, Nueva York, 1996,p. 550,701,769;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660831&pid=S1607-050X200100020000900049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Pipes (ed.), <i>The unknown Lenin</i>,p. 111.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>38</sup>&nbsp;Jakov Drabkin, "The idea of the world revolution and its transformation", en Narinsky y Rojahn, <i>op. cit.,</i> pp. 46&#45;54; Aldo Agosti, "World revolution and world party of the revolution: evolution of two concepts", trabajo presentado en la conferencia <i>Historia del Comintern a la luz de los nuevos documentos,</i> Mosc&uacute;, 20&#45;22 de octubre, 1994.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>39</sup>&nbsp;Drabkin, "The idea of the world revolution", en Narinsky y Rojahn, <i>op. cit</i>.,p. 52.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>40</sup>&nbsp;Hay que insistir, sin embargo, en que las nuevas relaciones establecidas entre el Komintern y sus secciones no pod&iacute;an ser uniformemente impuestas debido a la diversidad de las situaciones y culturas nacionales.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>41</sup> Richard Grunberger, <i>A social history of the Third Reich,</i> Penguin, Nueva York, 1968,p. 135;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660836&pid=S1607-050X200100020000900050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Drabkin, "The idea of the world revolution", p. 53.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>42</sup>&nbsp;Kevin McDermott, "Stalinist terror in the Komintern: new perspectives", en <i>Journal of Contemporary History,</i> vol. 30,1995, pp. 111&#45;130;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2660838&pid=S1607-050X200100020000900051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Wolikow, "Aux origines de la galaxie communiste", pp. 212&#45;213.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>43</sup>&nbsp;<i>Ibid.,</i> p. 216.</font></p>      ]]></body><back>
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