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</front><body><![CDATA[ 
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Saberes y razones</font></p>
    <p align="center">&nbsp;</p>
	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El desacato de criticar</b></font></p>
    <p align="center">&nbsp;</p>

	    <p align="center"><b><font face="verdana" size="2">Marta Lamas*</font></b></p>
    <p align="center">&nbsp;</p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*Doctora en antropolog&iacute;a, fundadora y directora de la revista Debate Feminista, directora de Grupo de Informaci&oacute;n en Reproducci&oacute;n Elegida, A.C. (GIRE).</i></font></p>
    <p align="justify">&nbsp;</p>
	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Una de las formas de manifestaci&oacute;n del amor, el amor sexual, nos ha procurado la experiencia m&aacute;s intensa de sensaci&oacute;n placentera avasalladora, d&aacute;ndonos as&iacute; el arquetipo para nuestra aspiraci&oacute;n a la dicha. Nada m&aacute;s natural que obstinarnos en buscar la dicha por el mismo camino siguiendo el cual una vez la hallamos.</i></font></p>
	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font face="verdana" size="2">S. FREUD</font></p>
    <p align="right">&nbsp;</p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi lectura de este conjunto de trabajos sobre sexualidad estuvo marcada por el entusiasmo <i>a priori</i> que tengo por un tema todav&iacute;a escasamente tratado en el &aacute;mbito antropol&oacute;gico.<sup><a href="#nota">1</a></sup> Le agradezco a Margarita Dalton la invitaci&oacute;n a hacer un comentario pues, adem&aacute;s, disfrut&eacute; al encontrarle cierta legitimaci&oacute;n acad&eacute;mica a mi a&ntilde;ejo vicio de lectora morbosa. Pero quiero transformar la incitaci&oacute;n que me hizo Dalton a ser "muy cr&iacute;tica y crear pol&eacute;mica" y m&aacute;s bien compartir con ustedes ciertas consideraciones sobre los desaf&iacute;os para abordar investigaciones y reflexiones relativas a la sexualidad humana.</font></p>
	    <p align="center"><img src="../img/revistas/desacatos/n6/a7f1.jpg"></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los art&iacute;culos que aqu&iacute; aparecen publicados representan en cierto sentido la vanguardia de la investigaci&oacute;n antropol&oacute;gica sobre sexualidad en nuestro pa&iacute;s. Ante el fr&iacute;o desinter&eacute;s que priva en nuestro medio por temas relativos a la sexualidad, un m&eacute;rito indudable de les autores<sup><a href="#nota">2</a></sup> radica en su voluntad de indagar, a pesar de lo inc&oacute;modo que todav&iacute;a resulta el tema. Es significativo que se publiquen en una revista con el nombre de <i>Desacatos</i>,y tambi&eacute;n que yo sienta que cometo un desacato, pues son investigadores que est&aacute;n abriendo brecha. Con el respeto que me merecen voy a hacer un comentario general, en vez de tratar a cada ensayo por separado, he preferido centrarme en cuestiones de &iacute;ndole te&oacute;rica. Probablemente la ausencia de un espacio de debate sobre la sexualidad humana hace que, no obstante el valor que tienen estos trabajos, tengan tambi&eacute;n algunas omisiones que no me es posible ignorar. Voy, por lo tanto, a se&ntilde;alar algunas cuestiones que me hubiera gustado que les autores trataran o profundizaran m&aacute;s.</font></p>
	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="../img/revistas/desacatos/n6/a7f2.jpg" target="_blank">Foto 2</a></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estudio de la sexualidad humana es una tarea compleja. Dos razones de tal complejidad me parecen apasionantes: porque el an&aacute;lisis del deseo sexual se vuelve un territorio privilegiado de la interrogaci&oacute;n sobre el sujeto y tambi&eacute;n porque es un gran desaf&iacute;o intelectual intentar esclarecer los procesos ps&iacute;quicos y culturales mediante los cuales las personas nos convertimos en heterosexuales y homosexuales, en bisexuales, transexuales y transg&eacute;neros, dentro de un esquema que postula la complementariedad de los sexos y la normatividad de la heterosexualidad.</font>	</p>
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello la sexualidad es m&aacute;s que un proceso que articula cuerpos y pr&aacute;cticas: expresa imaginarios y los vincula con lo simb&oacute;lico. Los encuentros er&oacute;ticos de cuerpos sexuados y con inconsciente recrean formas diversas de recepci&oacute;n del mandato de la cultura en la psique individual: aceptaci&oacute;n, resistencia, transgresi&oacute;n. La manera en que el sujeto como un ser sexuado y hablante asume, inconsciente e imaginariamente, su sexuaci&oacute;n, es especialmente relevante en la formaci&oacute;n de su orientaci&oacute;n sexual.<sup><a href="#nota">3</a></sup></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el &aacute;mbito de los estudiosos de la sexualidad humana un tema central es: qu&eacute; determina la orientaci&oacute;n sexual. B&aacute;sicamente<sup><a href="#nota">4</a></sup> hay dos cuerpos, por lo tanto la gran interrogante es, al margen de las valoraciones culturales que se puedan dar, &iquest;por qu&eacute; unas personas se erotizan con cuerpos iguales a los suyos, y otras con cuerpos diferentes? Desde hace unos veinte a&ntilde;os se ha perfilado un debate entre dos posiciones encontradas: la de quienes consideran que la orientaci&oacute;n sexual est&aacute; determinada y de quienes sostienen que la orientaci&oacute;n sexual de una persona no es intr&iacute;nseca, sino que es relacional y est&aacute; marcada social e hist&oacute;ricamente. A esta contraposici&oacute;n, que reproduce otra oposici&oacute;n cl&aacute;sica en antropolog&iacute;a (la de naturaleza <i>versus</i> cultura), se le han puesto las etiquetas de "esencialistas" y "constructivistas". El debate a su vez se ha desdoblado en posturas entre los voluntaristas y los deterministas, que plantean cuestiones antag&oacute;nicas en torno a la posibilidad de transformar a voluntad la orientaci&oacute;n sexual o que las personas decidan en qu&eacute; categor&iacute;a sexual se encuentran.<sup><a href="#nota">5</a></sup></font>	</p>
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, una conceptualizaci&oacute;n m&aacute;s completa y compleja sobre los seres humanos conduce a incursionar en cuestiones fundamentales como la existencia de una realidad ps&iacute;quica y a reconocer la estructuraci&oacute;n inconsciente del deseo como un aspecto en la formaci&oacute;n de la orientaci&oacute;n sexual del sujeto. La teor&iacute;a psicoanal&iacute;tica ofrece el recuento m&aacute;s complejo y detallado, hasta el momento, de la constituci&oacute;n de la subjetividad y de la sexualidad, as&iacute; como del proceso mediante el cual el sujeto resiste o se somete al c&oacute;digo cultural. El amplio y complejo panorama de fantas&iacute;as, deseos e identificaciones detectado por el psicoan&aacute;lisis describe la necesidad humana de tener una identidad sexual y tambi&eacute;n muestra que las formas que esa identidad toma jam&aacute;s son fijas. Pero si bien la perspectiva psicoanal&iacute;tica sirve para descifrar el intrincado proceso de resistencia y asimilaci&oacute;n del sujeto ante fuerzas culturales y ps&iacute;quicas, tambi&eacute;n alude a cuestiones estructurales y transhist&oacute;ricas o transculturales. Esta "doble" vertiente del psicoan&aacute;lisis complica su ubicaci&oacute;n en cualquiera de los dos lados del debate entre "esencialistas" y "constructivistas". Hay quienes consideran que el psicoan&aacute;lisis es esencialista, mientras que much&iacute;simos constructivistas citan a Freud para avalar sus planteamientos.</font></p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tendencia del constructivismo social la impulsaron fundamentalmente autores ingleses que, por razones ling&uuml;&iacute;sticas y geogr&aacute;ficas, estaban situados de manera privilegiada entre la cultura estadounidense y la francesa. De ah&iacute; que, por un lado, tomaran elementos de la teor&iacute;a norteamericana del "etiquetamiento" <i>(labeling theory),</i><sup><a href="#nota">6</a></sup> cuya idea central es que la respuesta social ante las llamadas desviaciones afecta profundamente la manera en que las personas se perciben a s&iacute; mismas, y por el otro lado, retoman elementos del postestructuralismo franc&eacute;s. La influencia del movimiento de liberaci&oacute;n gay estadounidense y el impacto intelectual de la publicaci&oacute;n, en 1976, del primer volumen de <i>La historia de la sexualidad,</i> de Michel Foucault, enmarcan la consolidaci&oacute;n de la corriente brit&aacute;nica del constructivismo social. sus m&aacute;s conocidos representantes son Jeffrey Weeks, cuya provocadora declaraci&oacute;n, "Identity is not a destiny but a choice"<sup><a href="#nota">7</a></sup> ("La identidad no es un destino sino una decisi&oacute;n" se volvi&oacute; un <i>slogan</i> del movimiento gay), y Ken Plummer, autor de varios libros sobre homosexualidad y editor del <i>journal</i> acad&eacute;mico <i>Sexualities.</i><sup><a href="#nota">8</a></sup> Ambos, y muchos m&aacute;s que siguieron sus ense&ntilde;anzas, utilizaron a Foucault como la base de sus teorizaciones. Aunque Foucault es un ejemplo brillante de la nueva historia cultural, e indudablemente desarrolla conceptos &uacute;tiles para el estudio de la sexualidad (m&aacute;s en su fase de "arquelog&iacute;a" que en la de "genealog&iacute;a") como sus <i>coupures</i> (quiebres), una gran limitaci&oacute;n de su pensamiento radica en su ceguera ante la diferencia sexual.<sup><a href="#nota">9</a></sup> La mayor&iacute;a de los constructivistas consagraron el segundo cap&iacute;tulo ("La implantaci&oacute;n perversa") del primer volumen del trabajo de Foucault como la principal referencia te&oacute;rica sobre la que "construyeron" un nuevo discurso, liberador y radical, respecto a la sexualidad humana.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien la perspectiva del construccionismo social tuvo el m&eacute;rito de incorporar el tema de la maleabilidad cultural y del cambio hist&oacute;rico al estudio de la sexualidad humana, r&aacute;pidamente se convirti&oacute; en la perspectiva que adoptaron los intelectuales org&aacute;nicos del movimiento l&eacute;sbico/gay, y su influencia creci&oacute; hasta convertirse en Estados Unidos en el discurso oficial gay sobre la sexualidad. El constructivismo, como postura "politically correct",<sup><a href="#nota">10</a></sup> volvi&oacute; al t&eacute;rmino <i>homosexual</i> en un adjetivo que s&oacute;lo se deb&iacute;a utilizar para designar ciertos actos o pr&aacute;cticas, y jam&aacute;s como un sustantivo para designar a cierto tipo de personas, por ejemplo: "ese homosexual a quien quiero tanto".</font>	</p>
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El acierto indudable de los constructivistas ha sido preguntarse sobre c&oacute;mo se da el cambio hist&oacute;rico en las pautas de conducta sexual, a partir de pensar que los seres humanos estamos inmersos en un proceso din&aacute;mico de evoluci&oacute;n cultural y que este hecho deber&iacute;a seguro impactar a las conductas y reglas sexuales. Su error fundamental ha sido su incomprensi&oacute;n de que la conducta sexual tiene tambi&eacute;n determinaciones ps&iacute;quicas, cuyo peso es sustantivo.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De los cinco trabajos que aqu&iacute; se publican, tres se refieren exclusivamente a cuestiones de identidad/orientaci&oacute;n homosexual. Me hubiera gustado que Guillermo N&uacute;&ntilde;ez, Porfirio Miguel Hern&aacute;ndez Cabrera y C&eacute;sar Octavio Gonz&aacute;lez P&eacute;rez se ubicaran m&aacute;s claramente ante esta controversia: &iquest;qu&eacute; determina la orientaci&oacute;n sexual? Intentar responder a esta interrogante obliga a distinguir entre las pr&aacute;cticas sexuales, la pulsi&oacute;n y el deseo, y tal distinci&oacute;n nos ubica en un complejo panorama, donde las identidades y las valoraciones culturales se mezclan con la represi&oacute;n y el voluntarismo. Tomo un ejemplo elocuente: "No nacimos ni nos hicimos, s&oacute;lo lo decidimos" Esta es la leyenda de la manta con la que el grupo Unigay particip&oacute; en la XX Marcha del Orgullo L&eacute;sbico, Gay, Bisexual y Transgen&eacute;rico el 27 de junio de 1998. La frase es un indicador muy significativo de c&oacute;mo se concibe el ser gay, que condensa la actitud generalizada de hablar, por ejemplo, de "preferencia" sexual. Esta mistificaci&oacute;n voluntarista sobre lo que es la orientaci&oacute;n sexual abre un flanco muy riesgoso, tanto en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos como personales. No s&oacute;lo me impact&oacute; leer la frase, sino que tambi&eacute;n me sorprendi&oacute; que Porfirio Hern&aacute;ndez Cabrera no la comente ni cuestione. La concepci&oacute;n impl&iacute;cita &#151;la orientaci&oacute;n sexual como una decisi&oacute;n&#151; confunde pr&aacute;cticas con deseo. Claro que podemos "decidir" tener una relaci&oacute;n homosexual; "decisiones" de ese tipo surgen por curiosidad, por privaci&oacute;n (como en las c&aacute;rceles y conventos), por desaf&iacute;os, por mil y otras causas. Pero una cosa es "decidir" con qu&eacute; tipo de cuerpo tienes relaciones sexuales o er&oacute;ticas, y otra muy distinta es qui&eacute;n te despierta deseo. Tambi&eacute;n hay muchas personas homosexuales que "deciden" casarse y tener hijos. Pero la cuesti&oacute;n &aacute;lgida de expresar un deseo distinto al que la cultura valida como "natural" o "normal" remite a la imposibilidad de cambiar a voluntad el deseo.</font></p>
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Preguntarse por la identidad <i>gay</i> es m&aacute;s que averiguar qu&eacute; pasa con un n&uacute;mero cada vez mayor de personas cuyas experiencias de vida no se ajustan a la heteronormatividad imperante. Si bien comparto totalmente la opini&oacute;n de Gonz&aacute;lez P&eacute;rez sobre Bourdieu como un autor fundamental para trabajar el tema de la identidad gay, me hubiera gustado que ampliara su reflexi&oacute;n m&aacute;s all&aacute; del concepto de campo social y que incorporara el concepto de <i>habitus</i>, que articula mejor otros elementos de la teor&iacute;a de Bourdieu. La profunda reflexi&oacute;n que Bourdieu despliega a lo largo de treinta a&ntilde;os de trabajos reconstruye lo m&aacute;s cuidadosamente posible c&oacute;mo los sujetos aprehenden y vuelven subjetivas relaciones sociales e hist&oacute;ricas.</font></p>
	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="../img/revistas/desacatos/n6/a7f3.jpg" target="_blank">Foto 3</a></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El concepto de <i>habitus</i> se refiere a "sistemas perdurables y transponibles de esquemas de percepci&oacute;n, apreciaci&oacute;n y acci&oacute;n, resultantes de la instituci&oacute;n de lo social en los cuerpos" (Bourdieu, 1995: 87). La cultura, el </font><font face="verdana" size="2">lenguaje, la crianza, inculcan en las personas ciertas normas y valores profundamente t&aacute;citos, que se consideran "naturales". El <i>habitus</i> reproduce estas disposiciones estructuradas de manera no consciente, regulando y armonizando las acciones.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bourdieu se&ntilde;ala que entre los esquemas de "pensamiento impensado" est&aacute; la heteronormatividad de la vida sexual. Encarar de manera cr&iacute;tica la problem&aacute;tica que Guillermo N&uacute;&ntilde;ez se&ntilde;ala como "complejos procesos de negociaci&oacute;n, acomodamiento, resistencia y subversi&oacute;n de las identidades sexuales" conduce a revisar tanto los efectos consistentes de la simbolizaci&oacute;n y el condicionamiento en los cuerpos de las personas, como las fugas, resistencias y rupturas que los sujetos llevan a cabo frente a la imposici&oacute;n cultural del <i>g&eacute;nero,</i> que inculca la heteronormatividad de la vida sexual.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El deseo humano no tiene m&aacute;s l&iacute;mite que el que la cultura logra imponerle y existen b&aacute;sicamente dos cuerpos en los que encauzar la pasi&oacute;n, por eso hay dos formas de estructuraci&oacute;n ps&iacute;quica &#151;heterosexualidad y homosexualidad&#151; y tambi&eacute;n por eso existe la pr&aacute;ctica de la bisexualidad y las vivencias de los transg&eacute;neros y transexuales. Para registrar las formas en que el cuerpo es percibido por un entorno perceptivo estructurado por el g&eacute;nero es primordial el concepto clave de <i>habitus,</i> entendido como una "subjetividad socializada", o como el conjunto de relaciones hist&oacute;ricas "depositadas" en los cuerpos individuales en forma de esquemas mentales y corporales de percepci&oacute;n, apreciaci&oacute;n y acci&oacute;n.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me hubiera gustado que, por ejemplo, Patricia Ponce lo incorporara a su trabajo, en vez de s&oacute;lo afirmar que "la sociedad local prefiere el modelo tradicional heterosexual: hombre&#45;mujer", afirmaci&oacute;n que no da cuenta de los mecanismos de retransmisi&oacute;n por los cuales las estructuras mentales de las personas toman forma ("se encarnan") en la actividad de la sociedad. El <i>habitus</i> es sumamente &uacute;til para reflexionar sobre la dominaci&oacute;n de la ideolog&iacute;a heterosexista, de las personas heterosexuales sobre las personas homosexuales, lesbianas, gays, transexuales o <i>queers</i> (o sea, las personas que no asumen los <i>habitus</i> femeninos y masculinos que corresponden a la prescripci&oacute;n de g&eacute;nero en materia de sexualidad y afectividad).</font></p>
	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="../img/revistas/desacatos/n6/a7f4.jpg" target="_blank">Foto 4</a></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n me hubiera gustado que Gonz&aacute;lez P&eacute;rez reconociera que la <i>violencia simb&oacute;lica</i> es un mecanismo opresor sumamente eficaz precisamente por la introyecci&oacute;n que las personas hacen del <i>g&eacute;nero</i>. La definici&oacute;n que consigna Gonz&aacute;lez P&eacute;rez<sup><a href="#nota">11</a></sup> deja fuera lo esencial de la<i>violencia simb&oacute;lica</i>, que es la parte de introyeccci&oacute;n y aceptaci&oacute;n de las personas violentadas, en el sentido de Gramsci de hegemon&iacute;a: dominaci&oacute;n con consentimiento. <i>Violencia simb&oacute;lica</i> es un concepto que Bourdieu ha trabajado y retrabajado en varios de sus textos, pues es uno de los hilos conductores de su reflexi&oacute;n. su ensayo cl&aacute;sico dedicado al concepto<sup><a href="#nota">12</a></sup> define violencia simb&oacute;lica como aquella que se ejerce sobre un agente social con su complicidad o consentimiento. Por eso Bourdieu afirma que no se puede comprender la violencia simb&oacute;lica a menos que se abandone totalmente la oposici&oacute;n escol&aacute;stica entre coerci&oacute;n y consentimiento, imposici&oacute;n externa e impulso interno.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El punto es c&oacute;mo las personas dominadas aplican &#151;a la relaci&oacute;n de dominaci&oacute;n en la que se encuentran atrapadas y a las personas a trav&eacute;s de las cuales esta relaci&oacute;n se realiza&#151; esquemas no pensados de pensamiento producto de la encarnaci&oacute;n de esta relaci&oacute;n de poder y que por lo tanto las llevan a construir esta relaci&oacute;n desde el punto de vista del dominante como natural.<sup><a href="#nota">13</a></sup></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La complejidad de las teorizaciones de Bourdieu tiene, adem&aacute;s, un elemento extra, que tambi&eacute;n me hubiera gustado encontrar en estos trabajos: la autorreflexi&oacute;n del investigador. De los cinco art&iacute;culos, cuatro (N&uacute;&ntilde;ez, Hern&aacute;ndez Cabrera, Rodr&iacute;guez y Ponce) se nutren de un original trabajo de campo. La <i>etnograf&iacute;a</i> es tanto una forma particular de investigaci&oacute;n como el producto escrito de una investigaci&oacute;n de campo. A diferencia de mucha de la investigaci&oacute;n en ciencias sociales, hecha para probar marcos te&oacute;ricos o hip&oacute;tesis, la etnograf&iacute;a es una v&iacute;a fecunda para registrar la infinita combinaci&oacute;n de expresiones individuales que se encuentran en el comportamiento social de las personas y que se reflejan en los arreglos sociales, las relaciones de parentesco, las costumbres sexuales, las concepciones religiosas, las pr&aacute;cticas de la vida cotidiana, etc&eacute;tera. Los cuatro trabajos de corte etnogr&aacute;fico ofrecen materiales in&eacute;ditos, que ayudan a ir armando el complejo rompecabezas sobre las pr&aacute;cticas y vivencias de la sexualidad entre los mexicanos, pero ninguno de los cuatro tiene una perspectiva autorreflexiva.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La reflexividad implica la autorreflexi&oacute;n de quien investiga sobre las formas en que los productos de la investigaci&oacute;n son afectados por el personal que investiga y por los procesos de investigaci&oacute;n. El trabajo de campo etnogr&aacute;fico se realiza en un contexto relacional, lo cual requiere sistematizar una serie de vivencias y de intercambios personales intensos. "Leer" las expresiones de los informantes en busca de lo que revelan de la cultura de un grupo es una tarea que est&aacute; sesgada por el posicionamiento de quien investiga. Antes, con la intenci&oacute;n de garantizar una cierta objetividad, quien investigaba trataba de reducir o controlar los efectos que produc&iacute;a: desde intentar mantener a distancia la interacci&oacute;n, "borrar" al investigador (ocultar su identidad y su ideolog&iacute;a) y hacerlo pasar desapercibido, hasta cuestiones formales como estructurar las entrevistas al m&aacute;ximo para que la subjetividad de quien las aplicara no afectara. Hoy se elige la reflexividad, lo que requiere asumir un proceso autorreferencial y detectar as&iacute; los elementos que influyen.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La antropolog&iacute;a reflexiva<sup><a href="#nota">14</a></sup> insiste en lo dif&iacute;cil que resulta deslindar los procesos que involucran a la subjetividad. Los objetivos de investigaci&oacute;n se construyen no s&oacute;lo insertos en tendencias cognitivas que marcan las interpretaciones intelectuales sino tambi&eacute;n (casi dir&iacute;a fundamentalmente) cruzados por factores subjetivos. Si bien la reflexividad es central para las ciencias sociales, es particularmente importante para la etnograf&iacute;a, donde la relaci&oacute;n entre quien investiga y la persona investigada es a&uacute;n m&aacute;s estrecha. Bourdieu se&ntilde;ala que el trabajo requerido por la objetivaci&oacute;n cient&iacute;fica se acompa&ntilde;a de un trabajo &#151;en el sentido psicoanal&iacute;tico del t&eacute;rmino&#151; acerca del sujeto de la objetivaci&oacute;n. Bourdieu resume su postura se&ntilde;alando que lo m&aacute;s importante no son los resultados propiamente dichos, sino el proceso conforme al cual &eacute;stos son obtenidos. Por eso, para Bourdieu, las teor&iacute;as requieren no un "debate te&oacute;rico" sino una "aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica, capaz de refutarlas o confirmarlas o, mejor a&uacute;n, de especificar y diferenciar su pretensi&oacute;n de generalidad".</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me hubiera encantado encontrarme con un comentario autorreflexivo de Gabriela Rodr&iacute;guez respecto a las entrevistas que hizo y c&oacute;mo se sinti&oacute;. El "olvido" del peso que tiene la subjetividad del investigador me parece que va de la mano con otro olvido, mayor, que es el del pensamiento freudiano. S&oacute;lo Patricia Ponce y Gabriela Rodr&iacute;guez citan a Freud, pero lo hacen como un reconocimiento que no implica realmente incorporar su perspectiva en sus trabajos. Para los tres autores restantes, que se centran en el tema de la identidad gay, existe un olvido total del pensamiento freudiano.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este "olvido" me parece significativo, y lo inscribo dentro de la tendencia cultural de desde&ntilde;ar lo pasado por anticuado y correr tras lo nuevo que Russell Jacoby<sup><a href="#nota">15</a></sup> analiz&oacute; como <i>amnesia social</i>. Freud es "demasiado antiguo para estar de moda y demasiado nuevo para ser un cl&aacute;sico" (Jacoby, p. 10), sin embargo, creo que sus conceptos y reflexiones siguen siendo fundamentales para abordar los fen&oacute;menos que estos autores tratan.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me hubiera gustado que las dos autoras aludieran m&aacute;s claramente al proceso de represi&oacute;n social, y que los tres autores registraran el car&aacute;cter polimorfo y perverso de la libido. Que la libido sea polimorfa y perversa quiere decir que nuestro deseo se desparrama en mil formas y se vierte fuera de los cauces previstos para la reproducci&oacute;n. Me hubiera gustado que Guillermo N&uacute;&ntilde;ez retomara el planteamiento freudiano sobre la inestabilidad de la identidad sexual, impuesta en un sujeto que es fundamentalmente bisexual, pues sus entrevistas confirman ampliamente la tesis de Freud sobre la calidad indiferenciada de la pulsi&oacute;n sexual.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando Ponce describe la vida en Boca del Cielo, o cuando N&uacute;&ntilde;ez entrevista a sus varones homoer&oacute;ticos, no puedo menos que recordar las palabras de Freud: "El sentimiento de dicha provocado por la satisfacci&oacute;n de una pulsi&oacute;n silvestre, no dome&ntilde;ada por el yo, es  incomparablemente m&aacute;s intenso que el obtenido a ra&iacute;z de la saciedad de una pulsi&oacute;n enfrenada. Aqu&iacute; encuentra una explicaci&oacute;n econ&oacute;mica el car&aacute;cter incoercible de los impulsos perversos,<sup><a href="#nota">16</a></sup> y acaso tambi&eacute;n el atractivo de lo prohibido como tal" (Freud, p. 39). &iquest;De qu&eacute;, sino del "car&aacute;cter incoercible" de su deseo, nos hablan los entrevistados por Guillermo N&uacute;&ntilde;ez? &iquest;Y acaso los habitantes de Boca de Cielo, tan bien retratados por Patricia Ponce, no nos muestran el atractivo de lo prohibido como tal?</font></p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me hubiera gustado que la espl&eacute;ndida etnograf&iacute;a de Ponce tuviera un mejor cierre en lo te&oacute;rico, que el trabajo de Rodr&iacute;guez, que tiene el m&eacute;rito de que intenta ampliar el marco conceptual con que se trabaja en etnograf&iacute;a, hubiera hecho m&aacute;s autorreflexi&oacute;n, que el vuelo de p&aacute;jaro que hace Hern&aacute;ndez Cabrera sobre los antecedentes del movimiento gay en M&eacute;xico le hubiera hecho m&aacute;s justicia a los grupos que aparecieron antes de 1978.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Termino con pocas conclusiones. Creer que la orientaci&oacute;n sexual es cuesti&oacute;n de preferencia distorsiona la comprensi&oacute;n del fen&oacute;meno sexual humano. Aunque desde una postura antropol&oacute;gica si algo se puede afirmar hoy es que no hay una sexualidad "natural" (en todo caso, lo "natural" ser&iacute;a, justamente, que existe una diversidad de sexualidades) la interrogante a esclarecer es si no hay una &uacute;nica forma de vivir la sexualidad y existen una multiplicidad y pluralidad de expresiones sexuales, entonces por qu&eacute; nos erotizamos con ciertos cuerpos y con otros no. M&aacute;s all&aacute; de la relaci&oacute;n intersubjetiva (entre dos sujetos), &iquest;por qu&eacute; cuesta tanto trabajo cambiar a voluntad la "orientaci&oacute;n" sexual?</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute; vale la pena incorporar la evidencia psicoanal&iacute;tica. Mientras que la antropolog&iacute;a explora la naturaleza simb&oacute;lica de la sexualidad y los efectos que esa valoraci&oacute;n tiene sobre c&oacute;mo los seres humanos organizan sus sistemas jur&iacute;dicos y normativos, el psicoan&aacute;lisis se plantea algo central: la articulaci&oacute;n del deseo con la cultura. Retomo las palabras de Ricoeur: "el objeto mismo del psicoan&aacute;lisis no es la pulsi&oacute;n &#151;quiero decir la pulsi&oacute;n sola, la pulsi&oacute;n desnuda&#151; sino la relaci&oacute;n del ser de deseo con el ser de cultura".<sup><a href="#nota">17</a></sup></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Eacute;se es el quid,creo yo, de la investigaci&oacute;n y reflexi&oacute;n antropol&oacute;gica sobre la sexualidad humana: lo que ocurre en la cultura con el deseo, los deseos. Freud dijo que el ser humano se vuelve neur&oacute;tico porque no puede soportar la medida de frustraci&oacute;n que la sociedad le impone en aras de sus ideales culturales. La neurosis moderna generalizada <i>&#151;el malestar en la cultura&#151;</i> tiene que ver con la represi&oacute;n de la sexualidad. Para Freud, satisfacciones como las del artista o el intelectual o cient&iacute;fico &#151;"m&aacute;s finas y superiores"&#151; no tienen la intensidad que produce saciar mociones pulsionales m&aacute;s groseras, primarias porque "no conmueven nuestra corporeidad".</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Conmover la corporeidad</i> dice Freud, y no se refiere s&oacute;lo a lo anat&oacute;mico. El cuerpo es la envoltura del sujeto, y en &eacute;l se encuentran pulsi&oacute;n y cultura. El cuerpo resulta algo as&iacute; como una bisagra que articula lo social y lo ps&iacute;quico.<sup><a href="#nota">18</a></sup> La comprensi&oacute;n del entramado de esa bisagra ps&iacute;quico/social permite una nueva lectura de las sexualidades, ya que la sexualidad tiene que ver tanto con la simbolizaci&oacute;n social como con la imaginarizaci&oacute;n ps&iacute;quica. Aceptarnos como seres biopsicosociales lleva a conceptualizar al cuerpo reconociendo su entramado de carne, inconsciente y mente. Este hecho biopsicosocial con toda la carga libidinal que conlleva, entra en conflicto con la cultura.</font></p>
	    <p align="center"><img src="../img/revistas/desacatos/n6/a7f5.jpg"></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Freud<sup><a href="#nota">19</a></sup> expresa que: "Algo que es com&uacute;n a ambos sexos ha sido comprimido, en virtud de la diferencia entre los sexos, en una forma de expresi&oacute;n otra". &iquest;Qu&eacute; quiere decir? Que algo que ambos compartimos es forzado a tomar una forma en un sexo y otra en otro. Freud contin&uacute;a: "Lo que en ambos casos cae bajo la represi&oacute;n es lo propio del sexo contrario." Si recontextualizamos el se&ntilde;alamiento de Freud, como hace Stephen Mitchell,<sup><a href="#nota">20</a></sup> de la experiencia humana completa s&oacute;lo conocemos dos deformaciones truncadas. Esto, expresado desde Plat&oacute;n en la nostalgia por esos seres de dos sexos que m&iacute;ticamente fuimos, nos plantea uno de los grandes dilemas de la vida: &iquest;cu&aacute;nto de lo que perdemos de la potencialidad que tenemos del sexo opuesto es una p&eacute;rdida inevitable, consecuencia tr&aacute;gica del autodesarrollo, del proceso de convertirse en sujetos sexuados, y cu&aacute;nto de la p&eacute;rdida se debe a una polarizaci&oacute;n r&iacute;gida de los papeles sexuales?</font></p>
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como reconoce Mar&iacute;a Antonieta Torres Arias: "Hay una pluralidad de respuestas ante lo pulsional que escapa a la simbolizaci&oacute;n y se sit&uacute;a al margen del lenguaje."<sup><a href="#nota">21</a></sup> Tal vez nombrarlas y simbolizarlas sea el desaf&iacute;o para darles un cauce leg&iacute;timo en este nuevo milenio. Por ello la pregunta urgente hoy, que se desprende de este conjunto de trabajos, es: &iquest;qu&eacute; ocurre con nuestra bisexualidad innata? Precisamente para ir aceptando nuestra inefable condici&oacute;n de seres poliformos perversos, y as&iacute; poder darle un estatuto simb&oacute;lico (cultural) distinto, es necesario hacer la labor que los autores aqu&iacute; publicados realizan: explorar las m&uacute;ltiples realidades de pr&aacute;cticas e identidades cambiantes. Por eso,estos trabajos encarnanvarios de los m&eacute;ritos y problemas que enfrentan quienes se dedican a la antropolog&iacute;a para investigar y reflexionar sobre un tema tan fluido como la sexualidad, que se monta sobre la oscura y reprimida pulsi&oacute;n bisexual que todos tenemos.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de tener una sexuaci&oacute;n distinta, el destino infausto que compartimos mujeres y hombres como seres humanos incompletos y escindidos, y la amplia gama de desventuras y goces que vivimos, nos une m&aacute;s que las diferencias que se pretenden establecer con los gastados criterios tradicionales de heterosexual u homosexual, de masculino o femenino, de hombre o mujer. Si, como el psicoan&aacute;lisis sostiene, el conflicto del sujeto consigo mismo no puede ser reducido a ning&uacute;n arreglo social, entonces nos deber&iacute;amos proponer una nueva lectura del significado de los conflictos ligados a la sexuaci&oacute;n, a la diferencia sexual, al g&eacute;nero, a la estructuraci&oacute;n del deseo. Estoy segura que quienes se comprometan con las tareas necesarias para una mejor comprensi&oacute;n de los procesos de construcci&oacute;n del sujeto, sin olvidar ni la materialidad de los cuerpos ni la realidad ps&iacute;quica, se beneficiar&aacute;n de la lectura de este conjunto de trabajos.</font></p>

	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Ciudad de M&eacute;xico, 15 de mayo del 2001.</i></font></p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a citada</b></font></p>

	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aull Davies, Charlotte, 1999, <i>Reflexive Anthroplogy. A Guide to Researching Selves and</i> Others, Routledge, Lonres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2644953&pid=S1607-050X200100010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>

	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">D. Balbus, Isaac, 1990,"Michel Foucault y el poder del discurso feminista", en Seyla Benhabib y Druucilla Cornell (eds.), <i>Teor&iacute;a feminista y teor&iacute;a cr&iacute;tica</i>, Edicions Alfons El Magnanim, Generalitat Valenciana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2644955&pid=S1607-050X200100010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>

	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Becker, Howard, 1973, <i>Outsiders: Studies in the Sociology of Deviance,</i> Free Press, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2644957&pid=S1607-050X200100010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>

	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bourdieu, Pierre, 1988(a), "Social Space and Symbolic Power", en <i>Sociological Theory,</i> 7, n&uacute;m. 1, junio.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2644959&pid=S1607-050X200100010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1998 (b), <i>La dominaci&oacute;n masculina,</i> Anagrama, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2644961&pid=S1607-050X200100010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>

	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;y Loic J. D. Wacquant, 1995, <i>Respuestas. Por una antropolog&iacute;a reflexiva, Grijalbo,</i> M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2644963&pid=S1607-050X200100010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>

	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dynes, Wayne R., "Wrestling with the Social Boa Constructor", en E. Stein, <i>Forms of Desire</i>, cit.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2644965&pid=S1607-050X200100010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>

	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Freud, Sigmund, 1930, "El malestar en la cultura", en <i>Obras completas, t.</i> XXI, Amorrortu Editores, pp. 65&#45;140.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2644967&pid=S1607-050X200100010000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>

	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1937, "An&aacute;lisis terminable e interminable", en <i>Obras  completas,</i> t. XXIII, Amorrortu Editores, pp. 251&#45;252.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2644969&pid=S1607-050X200100010000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jacoby, Russell, 1984, <i>La amnesia social</i>, Bosch Casa Editorial, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2644971&pid=S1607-050X200100010000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>

	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lemert, Edwin, 1951, <i>Human Deviance, Social Problems and Social</i> Control, McGraw&#45;Hiil, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2644973&pid=S1607-050X200100010000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>

	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mitchell, Stephen, 1996,"Gender and Sexual Orientation", en <i>Gender and Psychoanalysis</i>, vol. 1, n&uacute;m. 1, enero.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2644975&pid=S1607-050X200100010000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>

	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ricoeur, Paul, 1974, "Psicoan&aacute;lisis y cultura", en Varios autores, <i>Sociolog&iacute;a contra psicoan&aacute;lisis,</i> Ediciones Mart&iacute;nez Roca, Barcelona, p. 208.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2644977&pid=S1607-050X200100010000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Sexualities. Studies in Culture and Society, Journal</i> publicado por Sage Publications desde 1998, director Ken Plummer.</font></p>

	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Stein, Edward, 1992, "The Essentials of Constructionism and the Construction of Essentialism", en E. Stein, <i>Forms of Desire. Sexual Orientation and the Social Constructionist Controversy,</i> Routledge, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2644980&pid=S1607-050X200100010000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sterling, Anne Fausto, 1993,"The Five Sexes. Why Male and Female are Not Enough", en <i>The</i> Sciences, marzo/abril.</font></p>

	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Szaz, Thomas, 1975, <i>El mito de la enfermedad mental,</i> Amorrortu Editores, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2644983&pid=S1607-050X200100010000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>

	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vance, Carol, 1991,"Anthropology Rediscovers Sexuality: a Theoretical Comment", en <i>Social Science and Medicine,</i> 33, n&uacute;m. 8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2644985&pid=S1607-050X200100010000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>

	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Weeks, Jeffrey, 1987, "Questions of identity", en Pat Caplan (ed.), <i>The Cultural Construction of Sexuality,</i> Tavistock, Londres, p. 47.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2644987&pid=S1607-050X200100010000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>
    <p align="justify">&nbsp;</p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>
	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Nombre ficticio de la localidad donde realic&eacute; el trabajo de campo entre 1998-1999.</font></p>
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Una forma de resistir el androcentrismo del castellano es usar cada vez las y los autores. Comparto con Antonio Alatorre la esperanza de que empecemos a utilizar la "e" como referencia que incluye a ambos sexos.</font></p>
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;Hay un debate, en el que no puedo entrar aqu&iacute;, sobre si se debe hablar de "orientaci&oacute;n" sexual o de "identidad" sexual. En este ensayo los uso de manera indistinta.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;Existen los intersexos, pero en t&eacute;rminos simb&oacute;lico e imaginarios, en nuestra cultura se reconocen s&oacute;lo dos sexos. V&eacute;ase Anne Fausto Sterling, "The Five Sexes. Why Male and Female are Not Enough", en <i>The Sciences,</i> marzo / abril, 1993.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>&nbsp;Curiosamente, no todos los esencialistas son deterministas ni todos los constructivistas sociales son voluntaristas. Una cuidadosa revisi&oacute;n de las posibles combinaciones entre esas cuatro categor&iacute;as (esencialistas, constructivistas, voluntaristas y deterministas) la hace Edward Stein en "The Essentials of Constructionism and the Construction of Essentialism", en la antolog&iacute;a que &eacute;l compila: <i>Forms of Desire. Sexual Orientation and the Social Constructionist Controversy,</i> Routledge, Londres, 1992.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup>&nbsp;Esta complejidad est&aacute; lejos de la declaraci&oacute;n de Weeks en "Questions of Identity", en <i>The Cultural Construction of Sexuality,</i> editado por Pat Caplan, Tavistock, Londres, i987,p. 47.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup>&nbsp;La revista <i>Sexualities,dirigida</i> por Plummer, se ha convertido en una herramienta valiosa de discusi&oacute;n sobre los aspectos culturales de la sexualidad.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup>&nbsp;Esto lo trata Isaac D. Balbus en "Michel Foucault y el poder del discurso feminista", en Seyla Benhabib y Druucilla Cornell (eds.), 1990, <i>Teor&iacute;a feminista y teor&iacute;a cr&iacute;tica,</i> Edicions Alfons El Magnanim, Ge&#45;neralitat Valenciana.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup>&nbsp;Wayne R. Dynes, "Wrestling with the Social Boa Constructor", en E. Stein, <i>Forms ofDesire, op. cit.</i></font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Gonz&aacute;lez P&eacute;rez dice: "Bourdieu define la violencia simb&oacute;lica como toda aquella estrategia que trate de imponer una visi&oacute;n del mundo como la mejor para los 'otros' y que adquiere diferentes matices en nuestra sociedad: la imposici&oacute;n de estigmas, la segregaci&oacute;n, la exclusi&oacute;n f&iacute;sica y legal."</font></p>
        ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup>&nbsp;Pierre Bourdieu, 1988, "Social Space and Symbolic Power", en <i>Sociological Theory,</i> 7, n&uacute;m. 1, junio.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup>&nbsp;En su reciente obra <i>La dominaci&oacute;n masculina,</i> Bourdieu dedica un ap&eacute;ndice a "Algunas cuestiones sobre el movimiento de gays y lesbianas" (p. 143) y destaca precisamente la violencia simb&oacute;lica como un mecanismo opresor sumamente eficaz contra ese colectivo social.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> El sentido de la antropolog&iacute;a reflexiva lo explican Bourdieu y Waquant (1996). Para una referencia m&aacute;s etnogr&aacute;fica v&eacute;ase Aull Davies (1999).</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Russell Jacoby, 1984, <i>La amnesia social,</i> Bosch Casa Editorial, Barcelona.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Hay que entender el sentido en que Freud utiliza el t&eacute;rmino <i>perver</i>so. &Eacute;l define como perversi&oacute;n toda forma de conducta sexual que se desv&iacute;a de la norma cultural de c&oacute;pula genital heterosexual, pero insiste en la perversi&oacute;n polimorfa de toda la sexualidad humana.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup>&nbsp;Paul Ricoeur, 1974,"Psicoan&aacute;lisis y cultura", en Varios autores, <i>Sociolog&iacute;a contra psicoan&aacute;lisis,</i> Ediciones Mart&iacute;nez Roca, Barcelona, p. 208.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup>&nbsp;Claro que cuando se analizan cuestiones que pertenecen a los dos &aacute;mbitos &#151;el social y el ps&iacute;quico&#151; surgen escollos metodol&oacute;gicos sustantivos: hay que distinguir el &aacute;mbito de lo ps&iacute;quico del &aacute;mbito de lo social, y tener presente que el psicoan&aacute;lisis plantea la existencia de una realidad ps&iacute;quica, distinta a la marca implacable de la socializaci&oacute;n.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup>&nbsp;Sigmund Freud, 1937, "An&aacute;lisis terminable e interminable", en <i>Obras completas,</i> t. XXIII, Amorrortu Editores, pp. 251&#45;252.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> Stephen Mitchell, 1996, "Gender and Sexual Orientation", en <i>Gender &amp; Psychoanalysis,</i> vol. 1, num. 1, enero.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Mar&iacute;a Antonieta Torres Arias, 1994, "La homosexualidad a debate", en <i>Debate Feminista,</i> n&uacute;m. 10, M&eacute;xico.</font></p>
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