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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">He venido a contradecir</font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La cosmovisi&oacute;n de los pueblos ind&iacute;genas actuales</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Carlos Montemayor</b></font><a href="#nota">*</a></p>         <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los ensayos aqu&iacute; reunidos, particularmente los que se refieren a los nahuas de Chicontepec y a los lacandones, ejemplifican las limitaciones y los aciertos de una etnolog&iacute;a que, aparentemente con elementos cient&iacute;ficos, se gu&iacute;a con esquemas prejuiciosos de la cultura occidental. En esta inercia asoma, como distintas modalidades de un mismo prejuicio, la desatenci&oacute;n al discurso en lenguas ind&iacute;genas, el inter&eacute;s por los ritos y no por el rezo que los acompa&ntilde;a o que los sustenta, la vaguedad de t&eacute;rminos como <i>mitolog&iacute;a, m&iacute;tico, &eacute;pocas m&iacute;ticas</i> y, sobre todo, el sentimiento de superioridad sobre los colaboradores y oficiantes ind&iacute;genas que s&oacute;lo quedan convertidos en informantes. Los aciertos, por otra parte, en los ensayos de Rub&eacute;n Morante y de Johannes Neurath, son notables en la medida que se asientan en referentes concretos arqueol&oacute;gicos, rituales o de dise&ntilde;os en papel o en tela. Cuando su an&aacute;lisis tiene un sustento concreto, identificable como documento gr&aacute;fico, ritual o verbal, aseguran su sentido interpretativo y su contribuci&oacute;n al tema que los autores de estos ensayos llaman ambiciosamente "la cosmovisi&oacute;n" de los pueblos ind&iacute;genas.</font> </p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/desacatos/n5/a7ft1.jpg"></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No quiero objetar la ambici&oacute;n de estos ensayistas ante su tema. S&oacute;lo aclaro que los ensayos son acercamientos a referentes concretos de algunos pueblos ind&iacute;genas concretos. Se proponen inferir datos de una "cosmovisi&oacute;n" ind&iacute;gena sin aclarar fuentes, veh&iacute;culos de transmisi&oacute;n o l&iacute;mites posibles de la informaci&oacute;n que portan esos referentes. No sabemos de fechas y ubicaci&oacute;n de comunidades; sabemos de ritos y ceremonias, pero no de oficiantes ni de dise&ntilde;adores. Por tanto, ignoramos si buscan inferir una cosmovisi&oacute;n de "hoy", de un pasado inmediato o de una tradici&oacute;n milenaria prehisp&aacute;nica. El primer ajuste necesario es &eacute;ste: los ensayos de estos autores no son acercamientos a la cosmovisi&oacute;n ind&iacute;gena tal cual. No hay acercamiento directo a la cosmovisi&oacute;n de ninguna cultura, sino acercamientos a ciertos referentes documentales, arqueol&oacute;gicos o rituales. En la medida que el investigador aclare y sopese los referentes concretos de su an&aacute;lisis, aclarar&iacute;a los l&iacute;mites de sus datos e inferencias, y sobre todo, acotar&iacute;a variables del campo sem&aacute;ntico que se propone designar como la "cosmovisi&oacute;n" de ciertos pueblos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No suele reconocerse la brecha que se abre entre las comunidades ind&iacute;genas y los etn&oacute;logos a partir del fetiche de la ciencia. Esta actitud marca una distancia entre el investigador cient&iacute;fico y la realidad humana que se propone observar: raras veces se plantea la interrogante de c&oacute;mo observa, desde qu&eacute; conjunto de referentes culturales investiga, y mucho menos, c&oacute;mo afectan a sus observaciones el caudal de prejuicios que lo obsesiona o lo gu&iacute;a inadvertidamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las se&ntilde;ales m&aacute;s arrogantes de este sentimiento de superioridad racial o cultural del investigador se revela en el concepto de <i>informante. </i>Todo lo que los investigadores han "descubierto para la ciencia" ha sido gracias al conocimiento que con ellos compartieron uno, pocos o muchos integrantes de las comunidades ind&iacute;genas. De ellos aprenden costumbres y tradiciones; de ellos se valen como int&eacute;rpretes en lenguas ind&iacute;genas; ellos son sus gu&iacute;as en los territorios recorridos; por ellos entran en contacto con familias, vecinos, lugare&ntilde;os, curanderos, artesanos, cargadores. Sin ellos ninguna investigaci&oacute;n ser&iacute;a posible. Pero en vez de reconocerlos como amigos, como gu&iacute;as, como colaboradores, como instructores, los consideran <i>informantes</i>, ayudantes menores de una ciencia que s&oacute;lo los occidentales dominan y gracias a la cual el conocimiento que ellos y sus propias comunidades poseen deja de pertenecerles y pasa a un nuevo due&ntilde;o. Por el m&eacute;todo de la ciencia occidental, el pensamiento que comparten los ind&iacute;genas se convierte en informaci&oacute;n &uacute;til para el "blanco", que se tranforma en el verdadero conocedor. &iquest;No es un acto de alta magia?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pocos son los investigadores que toman en cuenta estas variables del condicionamiento cultural propio. Uno de ellos, Fran&ccedil;ois Lartigue, expres&oacute; con claridad:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a mis colegas, me parece que los que participan de la posici&oacute;n antes mencionada, los que se niegan &#45;los hay&#45; al trabajo de campo prolongado y repetido, los que no hacen el esfuerzo de enunciar sus experiencias concretas y personales antes de describir y analizar su objeto de estudio, caen en diversos grados &#45;hablen o no de compromiso pol&iacute;tico o humanista&#45; en la ilusi&oacute;n dentista, que consiste en creer que las funciones, estructuras, valores, instituciones, los hechos mismos, existen fuera, por encima o por debajo de los acontecimientos reales en medio de los cuales el antrop&oacute;logo es elemento b&aacute;sico de modificad&oacute;n.<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otros, sin se&ntilde;alar el condicionamiento cultural del observador occidental, aportan, sin embargo, un gran avance al conceder un dinamismo que hace cuarenta a&ntilde;os quiz&aacute;s era inconcebible:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El consenso que existe entre los antrop&oacute;logos sobre el hecho de que las sociedades en peque&ntilde;a escala no pueden ser descritas como homog&eacute;neas en lo ideol&oacute;gico, representa un gran avance con respecto a la perspectiva que dominaba anteriormente y que planteaba la homogeneidad no s&oacute;lo como caracter&iacute;stica de estas sociedades, sino como necesaria para su existencia. No obstante, el simple hecho de reconocer la diversidad ideol&oacute;gica o, como se hace en muchos estudios de variaci&oacute;n intracultural, asociarla a las divisiones de la sociedad, es insuficiente.<sup><a href="#nota">2</a></sup></font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En consonancia con esto, William L. Merrit puede aclarar, a prop&oacute;sito de su trabajo entre los tarahumaras, que</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2"> mi objetivo... es explorar la cultura y sociedad rar&aacute;muris por medio del entendimiento que ellos tienen de s&iacute; mismos y de su mundo. Adopto este enfoque porque estoy convencido de que la acci&oacute;n humana debe ser un elemento central en el an&aacute;lisis social y cultural. Para determinar la naturaleza de tal acci&oacute;n se requiere como primer paso comprender los modelos del mundo en t&eacute;rminos de los cuales operan los miembros de una sociedad, lo que Hallowell llam&oacute; su "ambiente de conducta culturalmente constituido". Mi intenci&oacute;n, sin embargo, no es buscar interconexiones entre ideas y conductas en un nivel abstracto. En lugar de esto, quiero lograr una descripci&oacute;n m&aacute;s realista de la relaci&oacute;n entre el conocimiento y la pr&aacute;ctica, examinando el conocimiento rar&aacute;muri tal y como aparece en los contextos de la vida cotidiana...<sup><a href="#nota">3</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/desacatos/n5/a7ft2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muy &uacute;til ser&iacute;a agregar a este planteamiento, indudablemente enriquecedor para la tradici&oacute;n del discurso antropol&oacute;gico, las analog&iacute;as con las culturas que portan los etn&oacute;logos y desde cuyo condicionamiento se ven limitados sus registros, y ampliar las observaciones al comportamiento alterado o normal que presentan los protagonistas de encuentros as&iacute;, aceptando que en ese proceso los observadores son tambi&eacute;n observados y los tradicionalmente observados son, por tanto, igualmente observadores. Esta experiencia, que he sentido en muchas regiones ind&iacute;genas de M&eacute;xico y en otras zonas del mundo, pude experimentarla tambi&eacute;n con la lectura de un libro del escritor tzotzil Jacinto Arias, <i>El mundo numinoso de los mayas, </i>sobre todo en la parte en que compara las concepciones ind&iacute;genas y occidentales del bautismo y de la misa,<sup><a href="#nota">4</a></sup> que comentar&eacute; m&aacute;s adelante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto es, sin embargo, un punto inicial para entrar en otro territorio de conocimiento. En el universo en que nosotros vivimos todo es natural: las ideas sobre la libertad, los derechos pol&iacute;ticos, la educaci&oacute;n, la ciencia, las barreras del mundo invisible que el cristianismo describe o cataloga, la presencia misma de Dios. En la otra cultura, todo es tambi&eacute;n l&oacute;gico y natural, incluso la opini&oacute;n que tienen sobre los que no formamos parte de sus comunidades.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para los que pertenecemos a la tradici&oacute;n judeocristiana, el mundo est&aacute; al servicio nuestro; para los indios de todo el continente, en cambio, la tierra est&aacute; viva, es un ser vivo, y de esa condici&oacute;n se derivan muchos compromisos para el hombre, que est&aacute; al servicio del mundo. Para los pueblos ind&iacute;genas su relaci&oacute;n con la tierra es muy precisa: ayudar en su conservaci&oacute;n, en su vida. Su destino est&aacute; ligado a los astros, no en el contexto de la fatalidad de la astrolog&iacute;a occidental, sino por un compromiso de acci&oacute;n con ellos. El pueblo ind&iacute;gena est&aacute; obligado a cumplir con esta alta responsabilidad. En occidente, la grandeza del destino es la trascendencia individual; entre los ind&iacute;genas, su continuidad como pueblo representa la conservaci&oacute;n del mundo. Su relaci&oacute;n con la naturaleza es por ello distinta. Pueden distinguir muchos elementos que nuestros ojos no ven. No se trata solamente de identificar huellas, se&ntilde;ales atmosf&eacute;ricas o peligros. Se refiere tambi&eacute;n a muchas expresiones que en su lengua, en su forma cotidiana de decir, revelan la vitalidad que ellos se comprometen a conservar. Nada est&aacute; desligado en la naturaleza, todo est&aacute; unido. </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello sorprende que, en t&eacute;rminos generales, los autores de estos ensayos olviden que las culturas ind&iacute;genas de M&eacute;xico permanecen vivas entre otras causas por el soporte esencial del idioma, por la funci&oacute;n que desempe&ntilde;a en la ritualizaci&oacute;n de la vida civil, agr&iacute;cola y religiosa. Desconocen o, al menos, pasan por alto, que el uso ritual de la lengua aun en comunidades donde el biling&uuml;ismo se acrecienta, supone cierto <i>arte de composici&oacute;n</i> o <i>arte de la lengua</i>. Este arte de composici&oacute;n en las culturas ind&iacute;genas tiene varias funciones precisas, particularmente la de conservar conocimientos ancestrales a trav&eacute;s de cantos, rezos, conjuros, discursos o relatos. La tradici&oacute;n oral, entendida como arte de composici&oacute;n, transmite y refleja no solamente los cambios que las culturas ind&iacute;genas han experimentado durante la colonia y el M&eacute;xico independiente, sino la persistencia del mundo religioso y art&iacute;stico prehisp&aacute;nico. He explicado ya en varios momentos que la elaboraci&oacute;n formularia, el ep&iacute;teto ceremonial y la l&iacute;nea tonal son la base compositiva de estas formas tradicionales. La inercia etnogr&aacute;fica pierde de vista los distintos desarrollos estil&iacute;sticos de las plegarias, cantos y narraciones en las lenguas ind&iacute;genas y la importancia que tienen actualmente para conservar en las comunidades lo que algunos autores de estos ensayos llaman la memoria hist&oacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Particularmente Enrique Florescano, en su ensayo "La visi&oacute;n del cosmos en los ind&iacute;genas actuales", se propuso discernir los medios o mecanismos que los pueblos ind&iacute;genas emplearon para transmitir su memoria hist&oacute;rica de una generaci&oacute;n a otra. Pero se qued&oacute; a mitad de camino en esta tarea, pues desconoce en realidad los "mecanismos" de la tradici&oacute;n oral. Aunque la menciona como parte del conocimiento en que se asienta la memoria hist&oacute;rica, su desconocimiento lo lleva a confundir y a reducir esa vitalidad social y ling&uuml;&iacute;stica con el conjunto de materiales rescatados o recolectados por antrop&oacute;logos de labios de "informantes".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El conocimiento de la tradici&oacute;n oral y los procesos formularios ha tenido un notable avance en el siglo XX desde la aparici&oacute;n, en 1928, de una obra esencial de Milman Parry, y despu&eacute;s con las aportaciones de diversos homeristas e investigadores de la tradici&oacute;n oral entre los trovadores yugoslavos y rusos,<sup><a href="#nota">5</a></sup> hechos desconocidos a menudo por los antrop&oacute;logos y ling&uuml;istas de las culturas ind&iacute;genas de M&eacute;xico, no s&oacute;lo por los autores de los presentes ensayos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el campo del cuento de tradici&oacute;n oral indoeuropeo los m&eacute;todos de estudio y las investigaciones han alcanzado tambi&eacute;n notables avances, no siempre aprovechados por los antrop&oacute;logos, historiadores y estudiosos de las culturas ind&iacute;genas de M&eacute;xico. Desde finales del siglo XIX, Kaarle Krohn inici&oacute; en Finlandia el llamado <i>m&eacute;todo hist&oacute;rico geogr&aacute;fico,</i>  que ha proporcionado invaluables aportaciones al estudio del cuento popular indoeuropeo de tradici&oacute;n oral. Con &eacute;l y con su disc&iacute;pulo Antti Aarne se inici&oacute; tambi&eacute;n la tipificaci&oacute;n tem&aacute;tica y la identificaci&oacute;n de motivos y elementos de composici&oacute;n de los cuentos tradicionales, tarea que Stith Thompsom culmin&oacute; a mediados del siglo XX.<sup><a href="#nota">6</a></sup></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="../img/revistas/desacatos/n5/a7ft3.jpg"></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muchos de los actuales relatos de tradici&oacute;n oral en las culturas ind&iacute;genas de M&eacute;xico pertenecen a la tradici&oacute;n indoeuropea. Pero muchos otros no. Son tan abundantes los relatos conocidos ahora en lenguas ind&iacute;genas que exigen planteamientos muy diferentes a los que encabezaron en su momento Franz Boas y Paul Radin. Por un lado, no necesitamos de nuevas clasificaciones para ordenar o analizar los cuentos populares de tradici&oacute;n indoeuropea incorporados en las lenguas ind&iacute;genas de M&eacute;xico, simplemente porque ya se cuenta con una amplia categorizaci&oacute;n y con estudios sistem&aacute;ticos de fondo en el campo indoeuropeo. Lo que necesitamos ahora son criterios de clasificaci&oacute;n que nos ayuden a distinguir los sustratos o fuentes culturales diversas en los cuentos populares ind&iacute;genas. Pero esto s&oacute;lo ser&aacute; posible con un m&eacute;todo que nos ayude a ver los cuentos de tradici&oacute;n oral como objetos verbales analizables desde una perspectiva compositiva o formal que asegure su descripci&oacute;n, identificaci&oacute;n y comparaci&oacute;n clara, cosa que no han advertido ni imaginado los autores de estos ensayos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El conocimiento de los relatos suele estar ligado a la funci&oacute;n que como curandero, sacerdote o autoridad tradicional ha tenido el narrador o alguno de sus parientes cercanos, narrador u oficiante que estos autores s&oacute;lo llaman, si alguna vez se acuerdan de &eacute;l, <i>informante.</i> En reuniones comunitarias o en festividades anuales se relatan las historias sobre el santo patrono o sobre el origen del pueblo y, generalmente, aunque se escuchen en reuniones familiares, no tienen como fin primordial la diversi&oacute;n, sino el fortalecimiento de tradiciones, creencias o datos religiosos y geogr&aacute;ficos. Esta "informaci&oacute;n" que los cuentos conservan o fortalecen es precisamente el rasgo que nos persuade a eliminar de nuestro an&aacute;lisis la idea de narradores caprichosos o casuales. No todos los relatos, discursos, sermones o cantos son siempre expuestos de la misma manera y con el mismo nivel formal. Por ello, las comunidades ind&iacute;genas consideran que s&oacute;lo algunos relatores "conocen" las historias tradicionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Walter S. Miller se&ntilde;al&oacute;, hacia 1955, que entre los mixes de Camotl&aacute;n se criticaba severamente a Camilo Miraflores que cambiara el orden en los relatos, pues</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Les parec&iacute;a que esto era una falta imperdonable, porque el cuento debe narrarse del mismo modo que lo han hecho siempre sus antepasados</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">y agreg&oacute; que no todos eran expertos en narrar cuentos, particularmente los j&oacute;venes, pero que entre los pocos que s&iacute; lo eran</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">existe el sentir, id&eacute;ntico al de los popoluca, de que los cuentos deben narrarse tal como siempre se han narrado...</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el mixe, narrar el episodio tres antes del episodio dos en el cuento del tigre y el tlacuache, por ejemplo, ser&iacute;a tan absurdo como para el historiador situar cronol&oacute;gicamente las reformas de Benito Ju&aacute;rez antes de la Revoluci&oacute;n de Independencia.<sup><a href="#nota">7</a></sup></font></p> </blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute;s la historia no sea el mejor ejemplo para entender las narraciones tradicionales en las lenguas ind&iacute;genas de M&eacute;xico. Ser&iacute;a m&aacute;s &uacute;til compararlas con un evangelio como el de San Lucas, que se propuso ordenar la tradici&oacute;n oral de las primeras generaciones de cristianos.<sup><a href="#nota">8</a></sup> La secuencia es significativa y no podr&iacute;a ponerse un episodio (digamos la &uacute;ltima cena) antes de otro (digamos las tentaciones en el desierto). La pasi&oacute;n de Cristo exige un orden en peripecias y personajes; de otro modo, la narraci&oacute;n estar&iacute;a "incompleta" o "equivocada". De manera semejante, la tradici&oacute;n oral de los pueblos ind&iacute;genas de M&eacute;xico, quiz&aacute;s "puesta en orden" en c&oacute;dices ahora destruidos o desaparecidos, es una especie de dep&oacute;sito de informaci&oacute;n m&aacute;s amplio que el recuerdo de un narrador particular.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, ahora sabemos que no todo en la tradici&oacute;n oral ha tenido que ser siempre oral. A menudo un relato tradicional puede convertirse en una obra literaria y extenderse en su forma escrita por pa&iacute;ses y continentes y despu&eacute;s retornar a la oralidad, habi&eacute;ndose olvidado ya su etapa escrita. En otras ocasiones, un texto literario puede introducirse en la oralidad y mantenerse as&iacute;, desprendido de su origen escrito. Estas etapas de alternancia entre la oralidad iletrada y la escritura art&iacute;stica se han presentado con las f&aacute;bulas de Esopo, las obras de Homero, los cuentos de los hermanos Grimm y de Perrault, los relatos de la India que a trav&eacute;s del budismo, el Islam o las <i>Mil y una noches</i> llegaron al Extremo Oriente y a Europa, y los relatos de la <i>Biblia</i> que el cristianismo ha transportado a gran parte del mundo.</font></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/desacatos/n5/a7ft4.jpg"></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso de las lenguas ind&iacute;genas de M&eacute;xico, la tradici&oacute;n oral tiene como fuentes a la literatura europea difundida a trav&eacute;s de la cristianizaci&oacute;n, a la tradici&oacute;n oral espa&ntilde;ola misma y a la tradici&oacute;n oral que portaban los esclavos provenientes de &Aacute;frica. Tambi&eacute;n podemos suponer otra fuente escrita: los c&oacute;dices, libros o documentos lapidarios que conservaban la memoria de las civilizaciones prehisp&aacute;nicas, ahora en gran parte destruidos. Tambi&eacute;n, por supuesto, la propia tradici&oacute;n popular prehisp&aacute;nica. Hay, pues, al menos dos tipos de fuentes escritas y orales en el origen de las lenguas de M&eacute;xico: las que llegan de Europa y de &Aacute;frica con la Conquista y las que se mantienen desde el sedimento cultural prehisp&aacute;nico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De aqu&iacute; se deriva la importancia de aclarar la naturaleza, ubicaci&oacute;n, fuente personal y tiempo de aparici&oacute;n o de "recolecci&oacute;n" de los relatos, rezos o cantos empleados como base de an&aacute;lisis para conocer lo que estos autores llaman "cosmovisi&oacute;n" de los pueblos ind&iacute;genas actuales. Ninguno de ellos ha reparado en la importancia metodol&oacute;gica de la fundamentaci&oacute;n concreta de la lengua, el relato y el narrador. Su ingenuidad los lleva a desconocer los cuerpos textuales y la funci&oacute;n ritual precisa del oficiante o "informante", concepto que precisamente refleja su insuficiente metodolog&iacute;a y su inadvertido prejuicio cultural.</font>	</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde finales del siglo pasado, hab&iacute;amos dicho, comenz&oacute; un gran esfuerzo por deslindar los posibles <i>ejemplos</i> de relato tradicional y los <i>motivos</i> o <i>episodios</i> de que se componen. El mayor avance en este deslinde tuvo lugar en Finlandia, con Kaarle Krohn y su disc&iacute;pulo Antti Aarne, que perfeccionaron un m&eacute;todo que sirvi&oacute; para elaborar una clasificaci&oacute;n de <i>cuentos tipo</i> que a la muerte de Aarne complet&oacute; Stith Thompson en una indispensable obra.<sup><a href="#nota">9</a></sup> Llaman <i>cuento tipo</i> a un relato tradicional que tiene existencia independiente y que puede narrarse como un todo completo sin que su sentido dependa de otra historia. Puede consistir de un solo <i>motivo</i> o de varios. Un <i>motivo</i> es el elemento m&aacute;s peque&ntilde;o que tiene, en un cuento, la capacidad de persistir en la tradici&oacute;n. Los <i>motivos</i> son de tres categor&iacute;as: personajes del relato (que van desde seres maravillosos hasta hu&eacute;rfanos y madrastras), objetos o creencias que intervienen en la acci&oacute;n del relato (que van desde lugares y objetos m&aacute;gicos hasta creencias o costumbres) y episodios o cadenas de episodios que pueden fungir, en ocasiones por s&iacute; mismos, como verdaderos <i>cuentos tipo</i> y bajo cuya trama los dem&aacute;s elementos parecen aglutinarse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, en estas clasificaciones, la idea de lo prodigioso, de seres m&aacute;gicos y de transformaciones de lugares o fuerzas naturales (&iquest;le llamar&iacute;an en estos cuentos nuestros antrop&oacute;logos "mitemas"?) est&aacute; determinada por el universo cultural que comparte el mundo indoeuropeo y que el budismo y el Islam han ido enriqueciendo como puente entre el Extremo Oriente y Occidente. En el caso de los cuentos de tradici&oacute;n oral en las lenguas ind&iacute;genas de M&eacute;xico, en cambio, en ocasiones la clasificaci&oacute;n es muy elemental. Una,<sup><a href="#nota">10</a></sup> que no alcanza ni siquiera a esbozarse en los ensayistas invitados en este n&uacute;mero de <i>Desacatos</i>, distingue entre <i>mitos</i> (narraci&oacute;n relacionada con los or&iacute;genes y la cosmovisi&oacute;n), <i>leyendas</i> (relatos que parten de un hecho hist&oacute;rico), <i>cuentos</i> (relatos con evidente ficci&oacute;n), <i>memoratas</i> (experiencias personales) y <i>creencias</i> (el conjunto de ideas que sostiene un grupo determinado sobre acontecimientos que no tienen una explicaci&oacute;n l&oacute;gica). Una clasificaci&oacute;n as&iacute; no basta para destacar los distintos estratos culturales de la tradici&oacute;n oral en los pueblos ind&iacute;genas de M&eacute;xico, ni para aplicarla, evidentemente, a los cuentos indoeuropeos arraigados ya en esos pueblos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para intentar una clasificaci&oacute;n m&aacute;s &uacute;til debemos recalcar que, por lo menos en nuestros d&iacute;as, los cuentos no son independientes de la informaci&oacute;n cultural o hist&oacute;rica de los pueblos mismos. El lector contempor&aacute;neo mantiene presente durante la lectura de un libro de relatos que est&aacute; leyendo algo que no se corresponde necesariamente con la realidad. En el caso de las lenguas ind&iacute;genas de M&eacute;xico el narrador est&aacute; refiriendo a su auditorio un relato sobre la realidad m&aacute;s profunda de la comunidad: sobre la historia, la geograf&iacute;a, la religi&oacute;n o su tradici&oacute;n cultural. Ciertamente que los relatos se nos presentan con una composici&oacute;n formal menos especializada que los rezos o los discursos ceremoniales,<sup><a href="#nota">11</a></sup> pero tambi&eacute;n de su composici&oacute;n formal depender&aacute; su transmisi&oacute;n, particularmente cuando el narrador es un sacerdote o una autoridad tradicional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Mesoam&eacute;rica hab&iacute;a una muy elaborada visi&oacute;n cient&iacute;fica y art&iacute;stica y una cultura tanto o m&aacute;s avanzada y vieja que la europea. Gran parte del cuento de tradici&oacute;n oral en las lenguas de M&eacute;xico tiene contacto a&uacute;n con ese universo cultural. Las fuentes de la tradici&oacute;n oral de los pueblos ind&iacute;genas no son "primitivas": son al menos la tradici&oacute;n escrita y oral espa&ntilde;ola y la tradici&oacute;n <i>escrita</i> y oral de la civilizaci&oacute;n prehisp&aacute;nica. No podemos partir de una idea simplista de que se trata de la oralidad de un pueblo primitivo, pero tampoco de que la tradici&oacute;n es todo lo que indiferenciadamente se mantenga en la memoria oral sin relaci&oacute;n con la escritura. Estamos ante una tradici&oacute;n oral que contiene varios estratos culturales que debemos distinguir.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las clasificaciones de los cuentos populares indoeuropeos en <i>M&auml;rchen, Novella, Sagen, Mitos</i> o <i>Cuentos de animales,</i>  tienen supuestos y prop&oacute;sitos muy claros. Primero, no postulan que los cuentos sean intr&iacute;nsecamente esto o aquello, sino que por contener cierta informaci&oacute;n se les debe incluir en una u otra clase. Esta "informaci&oacute;n" se refiere a los <i>personajes</i> y a las <i>peripecias</i> de los cuentos. El criterio de clasificaci&oacute;n es constante: atiende siempre a la <i>clase</i> de personajes o a la clase de motivos, y los reconoce (o postula), adem&aacute;s, como unidades independientes. Pero supone, tambi&eacute;n, que todas las historias pertenecen al mismo universo cultural: el indoeuropeo, desde la "India a Irlanda".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cambio, los autores de estos ensayos s&oacute;lo hablan de mitos y &eacute;pocas m&iacute;ticas sin aclarar la naturaleza de los relatos o plegarias concretas de donde extraen o infieren la informaci&oacute;n "m&iacute;tica" a partir de la cual intentan construir o imaginar la "cosmovisi&oacute;n" de los "pueblos ind&iacute;genas actuales". El ensayo de Marie&#45;Odile Marion Singer, "Bajo la sombra de la gran ceiba: la cosmovisi&oacute;n de los lacandones", es el m&aacute;s vago y lleno de generalizaciones, sin mostrar en qu&eacute; textos concretos, rituales, &eacute;pocas y oficiantes se apoya para hablar tan imprecisamente de mitolog&iacute;as y llegar a confundir entre tantas &eacute;pocas m&iacute;ticas de los lacandones una destrucci&oacute;n apocal&iacute;ptica. &iquest;Los mitos del <i>Apocalipsis</i> de San Juan encontraron acomodo en la &eacute;poca m&iacute;tica de los lacandones? &iquest;O se trata de un sincretismo de la antrop&oacute;loga?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay una menci&oacute;n concreta al final del texto a Chan K'in. Asombra que no haya comentado ni aludido en ninguna parte de su ensayo a un cuerpo documental de excepcional relevancia para acercarse, como dicen los autores de estos ensayos, a la "cosmovisi&oacute;n" de los pueblos ind&iacute;genas: la historia de la creaci&oacute;n del mundo y del nacimiento de los lacandones narrada precisamente por Chan K'in y redactada (no recolectada, recogida o rescatada, sino redactada) en lengua lacandona, con singular y encomiable cuidado y respeto, por Robert D. Bruce. <i>El libro de Chan K'in</i> fue publicado en 1974 por el INAH y constituye un documento excepcional para entender, a trav&eacute;s de un maestro ind&iacute;gena, c&oacute;mo son los mecanismos de conservaci&oacute;n de la memoria hist&oacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el an&aacute;lisis de Johannes Neurath, por otra parte, hay grandes aciertos, particularmente por el an&aacute;lisis sistem&aacute;tico de ciertos ritos y dibujos concretos; es incompleto, en cambio, cuando a los relatos de tradici&oacute;n oral no les da la misma importancia que a los ritos y dibujos. La conclusi&oacute;n con que cierra su ensayo es estupenda:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De modo que lo que denominamos "la cosmovisi&oacute;n huichola" resulta ser como una cortina invisible que separa a los no iniciados de los iniciados: es inaccesible para los primeros, y es una realidad ya adquirida o superada por los otros. Los objetos rituales conocidos como nierika, "espejos", son tablas con agujeros para ver el mundo de los dioses. O se perciben los reflejos, o se pasa al otro lado.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pudo haber acotado con m&aacute;s precisi&oacute;n la frase "una aproximaci&oacute;n a la cosmovisi&oacute;n huichola". Pudo haber explicado que se trataba de la <i>cosmovisi&oacute;n</i> a partir "de tales ritos, dibujos o relatos de tales comunidades y oficiantes". As&iacute; ser&iacute;a evidente lo que en el fondo ocurre: Neurath est&aacute; analizando ciertos documentos o referentes concretos de ciertos huicholes concretos, no la "cosmovisi&oacute;n" del universo cultural huichol m&aacute;s all&aacute; y por encima o independientemente de sus "informantes" an&oacute;nimos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay que agradecerle que aclare al menos que sus "informantes no son tan <i>naif</i> como para no distinguir entre el fuego y un abuelo". Sin embargo, no parece importarle mucho ciertos datos de los verdaderos conocedores de la tradici&oacute;n huichola. Por ejemplo, los <i>kawiteruteixi</i> son, en realidad, los narradores. No se conforma con traducir <i>kawitu</i> como narraci&oacute;n, relato o cuento, incluso historia; prefiere usar, por prejuicios, el t&eacute;rmino <i>mito. El mara'kame</i> es, tambi&eacute;n etimol&oacute;gicamente, el <i>cantor</i>. La misma lengua nos indica que conviene escuchar a los narradores y a los cantores. Pero preferimos escucharnos a nosotros mismos y tomarlos como ayudantes de nuestras preocupaciones cient&iacute;ficas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se&ntilde;ala que una versi&oacute;n extensa del "mito" del tukipa huichol forma parte del canto de la fiesta del peyote y que se ejecuta durante tres noches consecutivas. Afirma que no le era posible presentar el texto completo pero que ciertos "mitemas" son especialmente importantes y merecen un trato privilegiado. Primero, ser&iacute;a estupendo que presentara el texto completo en otro ensayo y lo analizara minuciosamente. Segundo, no explica por qu&eacute; son importantes ciertos "mitemas". &iquest;Importantes seg&uacute;n &eacute;l o importantes seg&uacute;n el oficiante o los asistentes? Documentos as&iacute; son &uacute;tiles para cotejarlos con otros relatos, rezos y comentarios de oficiantes en diferentes regiones y &eacute;pocas. As&iacute; entender&iacute;amos que estudiar la cosmovisi&oacute;n huichola es, en realidad, estudiarla a partir de documentos concretos y oficiantes concretos, pues no es lo mismo, por ejemplo, estudiar la cosmovisi&oacute;n b&iacute;blica a trav&eacute;s del Talmud, Santo Tom&aacute;s de Aquino o el Catecismo del Padre Ripalda.</font></p> 	    <p align="center"><font size="2" face="verdana"><img src="../img/revistas/desacatos/n5/a7ft5.jpg"></font> </p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n debemos considerar estupendo el material de Rub&eacute;n B. Morantes L&oacute;pez, "El universo mesoamericano. Conceptos integradores", por su ajuste sistem&aacute;tico a referentes arqueol&oacute;gicos o documentales concretos. Cuando se aparta de ellos, comete graves equivocaciones, pues generaliza sin sentido. Afirm&oacute;, por ejemplo:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los guardianes de los montes y los enanos ayudantes del dios de la lluvia y el viento viv&iacute;an en los cerros y las cuevas. Eran cuatro esculturas olmecas, hoy son conocidos como <i>chaneques</i> en Los Tuxtlas, Veracruz. Tambi&eacute;n recibieron el nombre de <i>chaques</i> entre los mayas, <i>tlaloques</i> o <i>tepictoton</i> en el M&eacute;xico central, <i>zakikoxoles</i> por los antiguos cakchiqueles y <i>alux</i> por los mayas.</font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De todas los entidades invisibles del mundo maya, s&oacute;lo el <i>alux</i> es una criatura de barro formada por el hombre a partir de importantes elementos ceremoniales: el <i>saka',</i> la miel y la sangre. El conocimiento para formar un alux lo poseen los <i>jmeno'ob</i> o sacerdotes tradicionales mayas y ellos deben ense&ntilde;arlo al campesino que desee cuidar su milpa mediante un alux, al que debe destruir cuando cumpla su cometido. Muchos aluxes que no fueron destruidos siguen al cuidado de sus terrenos atacando o tratando de disuadir a los que ahora los habitan o trabajan. Los aluxes y los chaques nada tienen en com&uacute;n con los enanos de Morantes L&oacute;pez.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los <i>Due&ntilde;os, Se&ntilde;ores</i> o <i>Guardianes</i> de un sitio, un monte, una especie animal, un r&iacute;o, la lluvia o el trueno, ll&aacute;mense <i>Yum</i> o <i>Kan&aacute;n, Yajval, Chik&oacute;n</i> o <i>Chaneque, </i>siguen siendo entidades constantes en las comunidades ind&iacute;genas y a menudo muchos relatos describen la manera de entrar en contacto con ellos y la forma en que algunos campesinos se ponen a su servicio inadvertidamente o forzados a ello. En estos cuentos, la influencia cristiana es muy fuerte porque se descalifica al <i>Se&ntilde;or</i> o <i>Due&ntilde;o</i> y el motivo epis&oacute;dico puede confundirse entonces con el "pacto con el diablo" de los cuentos europeos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los cuentos catalogados en la clasificaci&oacute;n de Aarn Thompson como tipos 314, 400, 502, 756b y 810, el h&eacute;roe entra a trabajar al servicio del Diablo. Las aventuras, riesgos o beneficios que adquiere el siervo son diversos pero siempre a partir de la huida, el enga&ntilde;o, la ayuda de animales o de personas hechizadas. S&oacute;lo en los cuentos catalogados como tipos 475, 821A y B y 361 &#45;este &uacute;ltimo acaso m&aacute;s difundido como <i>Piel de Oso&#45;</i> el diablo ayuda a quienes hacen un trato con &eacute;l, los enriquece y les "salva la vida", pero se lleva a otros en su lugar. El <i>motivo epis&oacute;dico</i> europeo "entrar al servicio del Diablo", pues, podr&iacute;a conducirnos a una equivocaci&oacute;n: creer que se trata del mismo "servicio" al que entran los campesinos en relatos ind&iacute;genas con entidades guardianas que el cristianismo ha investido como demonios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es el caso del <i>Yajval Balamil</i> (o <i>Se&ntilde;or del predio</i> o <i>la tierra)</i> que tiene aspecto de ladino, mencionado al paso por Enrique Florescano en su ensayo "La visi&oacute;n del cosmos de los ind&iacute;genas actuales". Aqu&iacute; la superposici&oacute;n cristiana opera fundamentalmente en los inicios de los relatos sobre este personaje, pero la entidad es propiamente ind&iacute;gena. Pero hay una superposici&oacute;n adicional en los relatos de este tipo en el estado de Chiapas: el del finquero o hacendado que explota a los jornaleros indios durante largas temporadas al cabo de las cuales les da su "paga". A la confusi&oacute;n del <i>Yajval</i> con el hacendado explotador y con el demonio se liga otra superposici&oacute;n: el <i>Yajval</i> pertenece a un mundo invisible que es una r&eacute;plica del mundo visible. Como algunos "due&ntilde;os" de la posible tradici&oacute;n prehisp&aacute;nica eran quiz&aacute;s vengativos e infling&iacute;an castigos a quienes profanaban sus territorios, la superposici&oacute;n cristiana del demonio y del finquero ha producido en Chiapas un pavor ante estas entidades que no equivale al temor reverencial que se les tiene en otras zonas ind&iacute;genas, incluso en los casos en que cazadores desafortunados tienen que experimentar las reprimendas de los <i>Due&ntilde;os</i> de los animales. Es decir, la "informaci&oacute;n" susceptible de analizar o de inferir para estudios de "cosmovisi&oacute;n" o de pensamiento religioso, no puede ser independiente del relato o plegaria concretos de un narrador u oficiante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como no puede Enrique Florescano apoyarse plenamente en la tradici&oacute;n oral, parte, por lo tanto, de un supuesto muy extendido y poco estudiado en los rezos mismos: el sincretismo. Si le interesara discernir los medios o mecanismos mediante los cuales se conserva una cosmovisi&oacute;n secular o milenaria, hubiera analizado los ritos y rezos de muchas ceremonias agr&iacute;colas en varias lenguas y no solamente el ritual visible de la Santa Cruz. A partir del estudio concreto de las plegarias en lenguas ind&iacute;genas se descubre que el t&eacute;rmino sincretismo es una noci&oacute;n vaga y un tanto perezosa para entender a fondo esos "mecanismos"de preservaci&oacute;n. Florescano describe con entusiasmo las celebraciones desde "afuera", desde "lo que se ve", y pasa por alto los himnos religiosos, peticiones y plegarias de los rezanderos. No los oye, no los sugiere incluso como elemento b&aacute;sico para entender un "mecanismo" esencial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El rezo del sacerdote maya durante las ceremonias agr&iacute;colas en la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n es un ejemplo singular. Las ceremonias agr&iacute;colas en esta regi&oacute;n se distinguen habitualmente por la funci&oacute;n que desempe&ntilde;an: son de <i>Lol Corral</i> cuando se procura la bendici&oacute;n de una parcela o de un corral; de <i>Wajil Rool</i> cuando los campesinos ofrendan panes de ma&iacute;z a las entidades invisibles como agradecimiento por las cosechas o d&aacute;divas recibidas; de <i>Ch'a'a chaak</i> cuando fundamentalmente se trata de una petici&oacute;n de lluvias, o de <i>Jedz Lu'um</i> cuando se desea iniciar nuevas tareas en un terreno. Algunos de los rezos ceremoniales acusan un mayor grado de entonaci&oacute;n y de l&iacute;nea mel&oacute;dica; otros obedecen a un recitado m&aacute;s pros&iacute;stico y de una rapidez inusual. Estos rezos no contienen referencias morales ni buscan una transmisi&oacute;n doctrinal; no necesariamente son comprendidos por los concurrentes, pues se trata de instrumentos sagrados que s&oacute;lo se dirigen a entidades espirituales; su efectividad depende de la actitud de esas entidades y de la sabidur&iacute;a del oficiante. Los rezos deben ser efectivos independientemente de que se les entienda o no, pues son la comunicaci&oacute;n con entidades invisibles, rasgo que advirti&oacute; entre los huicholes, sin detenerse en su importancia, Johannes Neurath.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los rezos mayas contienen un amplio n&uacute;mero de voces y de giros arcaicos. Estas voces antiguas realzan la delicadeza, la elegancia que se requiere para hablar con las entidades celestes, pero particularmente con las altas dignidades a quienes llaman con veneraci&oacute;n <i>Kichkelem (hermoso, bello).</i> Esta idea de belleza en la divinidad marca una orientaci&oacute;n distinta a la judeocristiana: no se dirigen a las entidades invisibles como las todopoderosas, temibles, justicieras deidades que conviene temer, sino como entidades <i>hermosas</i> a quienes se les suplica suavemente, tambi&eacute;n con delicadeza y belleza. Por ello podr&iacute;a resultar parad&oacute;jico que en estas plegarias tradicionales se inserten listados de santos cat&oacute;licos e incluso oraciones como el Padre Nuestro o el Ave Mar&iacute;a. Los oficiantes mismos no ven il&oacute;gica esta forma de ensamblaje. &iquest;C&oacute;mo pueden estas inserciones reafirmar contenidos religiosos prehisp&aacute;nicos?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para explicarlo recordemos algunas observaciones del escritor tzotzil Jacinto Arias acerca del significado del bautismo y la misa entre los tzotziles de San Pedro Chenalh&oacute;.<sup><a href="#nota">12</a></sup> Ambos ritos tienen su significado primordial, tanto para cat&oacute;licos como para tzotziles, en el mundo "invisible". Para el cat&oacute;lico se trata de un sacramento o poder que limpia a los ni&ntilde;os del pecado original y que asegura su entrada, en caso de fallecimiento, en el "cielo" y no en el "limbo"; es decir, los efectos del sacramento tienen lugar en el mundo invisible del cat&oacute;lico, no en el cotidiano.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el tzotzil el bautismo es tambi&eacute;n poderoso, o puede serlo, en su propio mundo invisible. Pero tales efectos son as&iacute;:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El lector debe recordar que el alma es separable y no mora en el cuerpo de manera inmediata, sino que entra en &eacute;l paulatinamente, a medida que el ni&ntilde;o crece y adquiere educaci&oacute;n y sabidur&iacute;a. Por ese motivo, la madre de un ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido toma precauciones a fin de evitar cualquier peligro que pudiera causar la p&eacute;rdida del alma de su hijo... La idea que evoca esas precauciones es que el alma del ni&ntilde;o todav&iacute;a no se halla totalmente fija a su cuerpo; est&aacute; cerca de &eacute;l pero no firmemente sujeta. Se ha encontrado que el bautizo es apropiado para corregir esos defectos. Gracias a dicha ceremonia, el ni&ntilde;o quedar&aacute; poderosamente protegido contra las enfermedades; al entrar su alma en el cuerpo (merced al rito del bautizo), pasa a estar mejor dotado para resistir los ataques peligrosos en contra de su persona... Para los nativos, otro significado del bautizo consiste en que el ni&ntilde;o necesita el apoyo y la protecci&oacute;n de sus mayores en el mundo visible para que ese mismo apoyo y esa misma protecci&oacute;n puedan existir en su morada invisible. La idea y la funci&oacute;n del bautizo propician igualmente la creencia general en los protectores&#45;defensores <i>(jpetum&#45;jkuchum).</i> De ah&iacute; el t&eacute;rmino <i>petumajel</i>, que denota el acto de abrazar al ni&ntilde;o y es una expresi&oacute;n com&uacute;n en algunas comunidades para describir el rito cat&oacute;lico de que se trata.<sup><a href="#nota">13</a></sup></font></p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es decir, las acciones en el mundo invisible funcionan en t&eacute;rminos m&aacute;s pragm&aacute;ticos: el cristiano espera que estos efectos tengan lugar en cierta dimensi&oacute;n espiritual que forma parte de su mundo invisible; el tzotzil espera, en cambio, que tengan lugar en su mundo invisible inmerso ya en el visible, y que incluso opere en el visible: por ejemplo, en la salud del ni&ntilde;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a la misa, Jacinto Arias explica que los tzotziles de San Pedro Chenalh&oacute; consideran que el rito act&uacute;a sobre las poderosas entidades invisibles de los ladinos:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; significa la misa para los tzotziles y los tzeltales? Una vez m&aacute;s se debe recordar que el esfuerzo comunal se orienta hacia el mantenimiento de la armon&iacute;a tanto en el mundo visible como en el invisible. Llevar a un sacerdote en alguna ocasi&oacute;n importante a dar misa en la iglesia constituye una de las obligaciones de la comunidad hacia los santos y otros poderosos seres invisibles; es a la vez una ofrenda y un pago por la labor que &eacute;stos han emprendido en el mundo invisible. Dicha obligaci&oacute;n se debe cumplir o, de otra manera, los poderosos seres invisibles castigar&iacute;an a la comunidad llev&aacute;ndole enfermedades, sequ&iacute;as u otras calamidades que romper&iacute;an el equilibrio ideal en el orden social y moral visible.</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa idea de la misa y su funci&oacute;n tiene un paralelo en las ceremonias celebradas en honor de los moradores de los lugares sagrados, por parte de las autoridades civiles, cuando menos dos veces por a&ntilde;o. Dichas ceremonias consisten en visitar las monta&ntilde;as, las cavernas y las fuentes m&aacute;s importantes, donde se dicen oraciones, se toca m&uacute;sica y se sirven bebidas; es una fiesta que ofrecen las personas del mundo visible a los moradores de aquellos lugares, para pedirles lluvia, salud y riqueza en beneficio de toda la comunidad. Esa misma idea se halla presente en la misa ofrecida por el sacerdote. La &uacute;nica diferencia radica en que esta &uacute;ltima es una celebraci&oacute;n en honor de los poderosos seres ladinos invisibles (los santos cat&oacute;licos).</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La misa no tiene por qu&eacute; interpretarse a la manera ladina; la obligaci&oacute;n queda cumplida por el hecho de que el ejecutante ritual comprende lo que hace, de la misma manera que una persona enferma no necesita entender lo que el cham&aacute;n hace y dice en las ceremonias curativas o en las ceremonias celebradas en honor de los lugares sagrados.<sup><a href="#nota">14</a></sup></font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pues bien, regresando a los procedimientos de los rezos mayas, y en general de otros que conozco en diversas zonas del pa&iacute;s, la doble invocaci&oacute;n a entidades ind&iacute;genas y cat&oacute;licas tiene como funci&oacute;n abarcar precisamente todas las posibles entidades del mundo invisible. En el caso de los rezos mayas es por ello muy relevante la diferencia de estilo formulario en cada grupo de entidades. Hay recursos formularios y atribuciones que s&oacute;lo comprenden a ciertas entidades (Dios, la Bendici&oacute;n, la Gracia o el <i>Saka',</i> por ejemplo) y series de ep&iacute;tetos formularios que comprenden a otras ciertas entidades (los Guardianes y entidades del viento y la lluvia de cada punto cardinal, por ejemplo). Sin embargo, los nombres de los santos cat&oacute;licos carecen de ep&iacute;tetos tradicionales mayas, incluyendo la util&iacute;sima y recurrente invocaci&oacute;n a la Trinidad cristiana. Dicho de otra manera, la tradici&oacute;n oral, entendida como la transmisi&oacute;n de un arte de composici&oacute;n, no dispon&iacute;a de f&oacute;rmulas para el santoral cat&oacute;lico: estas otras entidades del mundo invisible son ajenas al modelo original de los <i>payalchio'ob</i> o rezos sacerdotales tradicionales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas <i>payalchi'ob</i> contienen los vestigios m&aacute;s antiguos del arte de la lengua maya fundamentalmente por la conservaci&oacute;n de los nombres de las deidades populares de los tiempos prehisp&aacute;nicos. De ah&iacute; la importancia y solemnidad del rezo; de ah&iacute; la responsabilidad de los <i>jmeno'ob</i> y de que cada uno afirme que &eacute;l reza as&iacute; y no de otro modo, puesto que se trata de una relaci&oacute;n personal con esas esferas a las que solamente se les puede hablar de esa manera venerable y precisa. Hacia el final de las ceremonias, cuando van retirando las im&aacute;genes del altar y se disponen a repartir la ofrenda entre los asistentes, cada <i>jmen</i> afirma que complet&oacute; la <i>Santa Veneraci&oacute;n</i> o <i>Santo Trabajo</i> porque invoc&oacute; a todas las entidades. Algunos he o&iacute;do que en esa fase final afirman que no les podr&aacute;n reprochar nada porque no han pasado a ninguna entidad por alto, que las han invocado a todas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las distinciones formales se&ntilde;aladas a lo largo de diversos an&aacute;lisis me apoyo para afirmar que los <i>payalchi'ob</i> son las m&aacute;s antiguas formas del arte de la lengua maya, presumiblemente prehisp&aacute;nicas, lo que reafirma la necesidad de entender la tradici&oacute;n oral como un arte de la composici&oacute;n, pues s&oacute;lo se mantienen contenidos hist&oacute;ricos y religiosos precisos a trav&eacute;s de veh&iacute;culos formales de la lengua. Tenemos datos de recitado, entonaci&oacute;n y l&iacute;neas mel&oacute;dicas que refuerzan la idea de que los rezos pertenecen a un orden musical y recitativo distinto al occidental, y por tanto, ajeno a la plegaria cat&oacute;lica, al canto gregoriano o a la escala musical occidental. Al integrar invocaciones cristianas como el Padre Nuestro o el Ave Mar&iacute;a (pronunciados &eacute;stos con la entonaci&oacute;n y alargamiento sil&aacute;bico del idioma maya, por cierto), los <i>payalchi'ob</i> quedaron protegidos hist&oacute;ricamente y pudieron preservar as&iacute; un antiqu&iacute;simo conocimiento religioso. Una de las razones posibles de la integraci&oacute;n de ambos tipos de rezos fue el de asegurar la preservaci&oacute;n de los rezos ind&iacute;genas mismos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Enrique Florescano acierta al considerar el cultivo del ma&iacute;z como parte del mecanismo cultural de conservar la memoria hist&oacute;rica. Mucho le ayudar&iacute;a leer el libro <i>La milpa en Muxupip</i>, del escritor maya Santiago Dom&iacute;nguez Ak&eacute;, para entender los mecanismos del cultivo del ma&iacute;z y de la memoria hist&oacute;rica. Mucho le servir&iacute;a a la revista <i>Desacatos</i> invitar a Dom&iacute;nguez Ak&eacute; y a Jacinto Arias, por no hablar de varias decenas de colegas suyos, para comentar sus puntos de vista sobre la cosmovisi&oacute;n de los "ind&iacute;genas actuales".</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>Notas</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Escritor. Entre sus obras publicadas destacan<i> Guerra en el para&iacute;so, Escritores ind&iacute;genas actuales, Situaci&oacute;n actual y perspectivas de la literatura en lenguas ind&iacute;genas, Arte y composici&oacute;n de los rezos sacerdotales mayas y el cuento ind&iacute;gena de tradici&oacute;n oral.</i></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup>&nbsp;Fran&ccedil;ois Lartigue, 1983, <i>Indios y bosques,p.</i> 142, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social, Ediciones de la Casa Chata, SEP, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642964&pid=S1607-050X200000030000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> William Merrit, 1992, <i>Almas rar&aacute;muris</i>, p.273, trad. Lourdes Alverdi, Guillermo Palma y Cecilia Troop, Instituto Nacional Indigenista, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642966&pid=S1607-050X200000030000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> William Merrit, <i>op.</i> rit, p.39.La cita de Irving Hallowell corresponde a <i>Culture and Experience, </i> 1955, pp. 86&#45;89, Philadelphia, University of Pennsylvania Press.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Jacinto Arias, 1975, <i>El mundo numinoso de los</i> mayas, trad.Jorge Ferreiro Santana, Col. SepSetenta, n&uacute;m. 188, pp. 69 <i>passim,</i> SEP, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642969&pid=S1607-050X200000030000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Puede verse tambi&eacute;n esta obra en Carlos Montemayor, 1992, <i>Escritores ind&iacute;genas actuales,</i>  t. II, pp. 219&#45;232, Fondo Editorial Tierra Adentro, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642970&pid=S1607-050X200000030000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Aparte de la obra misma de Milman Parry, 1928, <i>L'Epith&eacute;te traditonel dans Hom&eacute;re</i>, Par&iacute;s, pueden consultarse tres excelentes obras que exponen, desarrollan y perfeccionan las valiosas aportaciones de Parry: Albert B. Lord, 1960, <i>The singer of tales,</i>  Harvard University Press;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642972&pid=S1607-050X200000030000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> G.S. Kirk, 1968, <i>Los poemas de Homero,</i>  Paid&oacute;s, Buenos Aires (de esta obra el mismo autor prepar&oacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642973&pid=S1607-050X200000030000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> una versi&oacute;n abreviada, tambi&eacute;n &uacute;til: <i>Homer and the epic</i>,1965, Cambridge University Press);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642974&pid=S1607-050X200000030000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y Carlo Odo Pavese, 1974, <i>Studi sulla tradizione epica rapeodica</i>, Ed. dell' Ateneo, Roma.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642975&pid=S1607-050X200000030000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Sobre distintos aspectos hom&eacute;ricos el lector puede consultar: Fausto Codino, 1976, <i>La questione omerica, </i>Ed. Riuniti, Roma;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642976&pid=S1607-050X200000030000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Masimiliano Marazzi, 1978, <i>La societ&agrave; micenea</i>, Ed. Riuniti, Roma;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642977&pid=S1607-050X200000030000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> John Wrigth, 1978, <i>Essays on the Iliad,</i>  Indiana University Press;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642978&pid=S1607-050X200000030000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> A.B. Pajares, 1979, <i>Fragmentos de &eacute;pica griega arcaica,</i> Gredos, Madrid,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642979&pid=S1607-050X200000030000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y particularmente Carlo Odo Pavese, 1972, <i>Tradizioni e generi poetici della Grecia arcaica, </i> Ed. dell' Ateneo, Roma.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642980&pid=S1607-050X200000030000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Thompson, Stith, 1961, <i>The types of the folktale: A Clasification and Bibliography, Antti Aarne's Verzeichmis der M&auml;rchentypen Translated and Enlarged by Stith</i> Thamoson, Helsinki; Suomalainen Tiedeakatemia;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642982&pid=S1607-050X200000030000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> tambi&eacute;n <i>Motif&#45;Index of Folk&#45;Literature: A Classification of Narrative Elements in Folktale. Ballads, Myths. Fables, Mediaeval Romances Exempla. Jest Books and Local Legends</i>, 6 vols., <i>Folklore Fellows' Communications, </i>106&#45;11, 2d ed. Copenhagen: Rosenkilde and Bagger, 1955&#45;58.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642983&pid=S1607-050X200000030000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> V&eacute;ase tambi&eacute;n, del mismo autor, <i>The Folktale, </i>1977, University of California Press, Berkeley y Los Angeles, California, Estados Unidos, pp. 391,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642984&pid=S1607-050X200000030000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> <i>passim.</i></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup>&nbsp;Walter S. Miller, 1956, <i>Cuentos mixes,</i> p. 10, Instituto Nacional Indigenista, Biblioteca de Folklore Ind&iacute;gena, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642986&pid=S1607-050X200000030000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup>&nbsp;El inicio del Evangelio de San Lucas aclara la intenci&oacute;n de poner en orden la "tradici&oacute;n oral" de los primeros a&ntilde;os del cristianismo: "Habiendo muchos tentado a poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciert&iacute;simas, como nos lo ense&ntilde;aron los que desde el principio lo vieron por sus ojos y fueron ministros de la palabra, me ha parecido tambi&eacute;n a m&iacute;, despu&eacute;s de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escrib&iacute;rtelas por orden...", <i>Evangelio seg&uacute;n San Lucas</i>, I, 1&#45;3, versi&oacute;n de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup>&nbsp;Aarne, Antti y Stith Tompson, 1928, <i>The types of the folktale: a classification and bibliography</i>. FFCommunications, n&uacute;m.74;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642989&pid=S1607-050X200000030000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Stith Thompson, 1955&#45;58, <i>Motif&#45;Index of Folk&#45;Literature: A Classification of Narrative Elements in Folktales, Ballads, Myths, Fables. Mediaeval Romances. Exempla, Jest Books, and Local Legends</i>, 6 vols., 2a. ed., pp. 106&#45;11, FFCommunications, Copenhagen, Rosenkilde and Bagger;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642990&pid=S1607-050X200000030000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> <i>The types of the Folktale: A Classification and Bibliography. Antti Aarne's Verzeichmis der M&auml;rchentypen, translated and Enlarged by Stith Thompson,</i> 1961, Helsinki, Suomalainen Tiedeakatemia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642991&pid=S1607-050X200000030000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Un listado de estos tipos puede consultarse tambi&eacute;n en el ap&eacute;ndice de la obra general de Thompson, "Index of Tale Type", en <i>The folktale, op. cit.,</i> pp. 481&#45;487.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup>&nbsp;Roberto J. Weitlaner, 1977, <i>Relatos, mitos y leyendas de la Chinantla</i>, serie de Antropolog&iacute;a Social, pp. 27&#45;28, Instituto Nacional Indigenista, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642993&pid=S1607-050X200000030000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Para una exposici&oacute;n de los procedimientos de composici&oacute;n formularia en los rezos mayas tradicionales y su aprendizaje y transmisi&oacute;n, v&eacute;ase Carlos Montemayor, 1995, <i>Arte y composici&oacute;n de los rezos sacerdotales mayas</i>, Facultad de Ciencias Antropol&oacute;gicas, Universidad Aut&oacute;noma de Yucat&aacute;n;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642995&pid=S1607-050X200000030000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> o <i>Arte y plegaria en las lenguas ind&iacute;genas de M&eacute;xico,</i> 1999, pp. 90, <i>passim,</i> Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642996&pid=S1607-050X200000030000700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">12 Jacinto  Arias, 1975, <i>El mundo  numinoso de los mayas: estructura y cambios Contempor&aacute;neos</i>, Direcci&oacute;n General de Divulgaci&oacute;n, col. Sepsetenta, SEP,  M&eacute;xico, particularmente la parte III, pp. 69 y ss.; puede  consultarse tambiÃ©n Jacinto Arias, &ldquo;Las creencias cat&oacute;licas entre los tzotziles  y los tzeltales&rdquo;, en Carlos Montemayor, 1992, <i>Los escritores ind&iacute;genas actuales</i>, T. II, pp. 219-232, Fondo Editorial Tierra Adentro, M&eacute;xico,</font>.</p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Jacinto Arias, <i>El mundo.., op.</i> cit.,pp.79&#45;80; cf. tambi&eacute;n Carlos Montemayor, <i>op. cit,</i> pp. 227&#45;228.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Jacinto Arias, <i>op. cit,</i> pp. 82&#45;83; v&eacute;ase tambi&eacute;n Carlos Montemayor, <i>op. cit.,</i> pp. 229&#45;230.</font></p>      ]]></body><back>
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