<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1607-050X</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Desacatos]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Desacatos]]></abbrev-journal-title>
<issn>1607-050X</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1607-050X2000000300003</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El universo mesoamericano: Conceptos integradores]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Mesoamerican universe: Integrating concepts]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Morante López]]></surname>
<given-names><![CDATA[Rubén B.]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Veracruzana Museo de Antropología ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Jalapa Veracruz]]></addr-line>
<country>México</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2000</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2000</year>
</pub-date>
<numero>5</numero>
<fpage>31</fpage>
<lpage>44</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1607-050X2000000300003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1607-050X2000000300003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1607-050X2000000300003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Entre los territorios que hoy conocemos como Mesoamérica y Aridoamérica, se tiende una barrera ecológica. El índice de precipitación disminuye conforme avanzamos hacia el norte; con él decrecen también el verdor de la tierra y la feracidad del suelo; los recursos agrícolas son cada vez menores y el riesgo de perder las cosechas aumenta. Los medios de subsistencia del hombre deben, por tanto, cambiar. La atracción de las riquezas agrícolas por un lado y las fuentes de minerales por otro, son parte de una simbiosis que motiva el intercambio, encuentro y migración de grupos humanos que tienen una distinta manera de ver lo que sucede a su alrededor.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Between the territories we call today Mesoamerica and Aridamerica, there is a huge ecologic barrier. The rainfall diminishes as we go north and together with it the green earth and the feracity of the soil; the agriculture production becomes more and more scarce and the risk of loosing the harvests increases. The subsistence means of man must therefore change. The attraction caused by the agricultural goods and the sources of minerals, are both part of the reasons for exchange, encounters and migrations between human groups with different views on their surroundings.]]></p></abstract>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Saberes y razones</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El universo mesoamericano. Conceptos integradores</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>The Mesoamerican universe. Integrating concepts</b></font></p>         <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><b><font face="verdana" size="2">Rub&eacute;n B. Morante L&oacute;pez</font></b></p>         <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Museo de Antropolog&iacute;a, Universidad Veracruzana.</i></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los territorios que hoy conocemos como Mesoam&eacute;rica y Aridoam&eacute;rica, se tiende una barrera ecol&oacute;gica. El &iacute;ndice de precipitaci&oacute;n disminuye conforme avanzamos hacia el norte; con &eacute;l decrecen tambi&eacute;n el verdor de la tierra y la feracidad del suelo; los recursos agr&iacute;colas son cada vez menores y el riesgo de perder las cosechas aumenta. Los medios de subsistencia del hombre deben, por tanto, cambiar. La atracci&oacute;n de las riquezas agr&iacute;colas por un lado y las fuentes de minerales por otro, son parte de una simbiosis que motiva el intercambio, encuentro y migraci&oacute;n de grupos humanos que tienen una distinta manera de ver lo que sucede a su alrededor.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Between the territories we call today Mesoamerica and Aridamerica, there is a huge ecologic barrier. The rainfall diminishes as we go north and together with it the green earth and the feracity of the soil; the agriculture production becomes more and more scarce and the risk of loosing the harvests increases. The subsistence means of man must therefore change. The attraction caused by the agricultural goods and the sources of minerals, are both part of the reasons for exchange, encounters and migrations between human groups with different views on their surroundings.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los conceptos que se forma un pueblo acerca del mundo responden a la l&oacute;gica de un cierto momento y lugar. La motivaci&oacute;n inicial pudo venir de una curiosidad intelectual innata al hombre, pero lo m&aacute;s probable es que haya respondido a razones de orden pr&aacute;ctico, relacionadas con la supervivencia y el dominio de las fuerzas de la naturaleza. No podemos hablar de una sola manera de ver al mundo, ya que a&uacute;n dentro de un mismo pueblo, de acuerdo con las actividades diarias que desempe&ntilde;a cada individuo, se tiene una visi&oacute;n distinta de la realidad. Antes de entrar al concepto que el hombre prehisp&aacute;nico tuvo de su universo, quisiera dar un ejemplo de c&oacute;mo conviven en Mesoam&eacute;rica dos visiones del mundo que se ven reflejadas en los mitos y objetos que la arqueolog&iacute;a rescata.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>I. N&Oacute;MADAS GUERREROS Y AGRICULTORES SEDENTARIOS</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los territorios que hoy conocemos como Mesoam&eacute;rica y Aridoam&eacute;rica, se tiende una barrera ecol&oacute;gica. El &iacute;ndice de precipitaci&oacute;n disminuye conforme avanzamos hacia el norte; con &eacute;l decrecen tambi&eacute;n el verdor de la tierra y la feracidad del suelo; los recursos agr&iacute;colas son cada vez menores y el riesgo de perder las cosechas aumenta. Los medios de subsistencia del hombre deben, por tanto, cambiar. La atracci&oacute;n de las riquezas agr&iacute;colas por un lado y las fuentes de minerales por otro, son parte de una simbiosis que motiva el intercambio, encuentro y migraci&oacute;n de grupos humanos que tienen una distinta manera de ver lo que sucede a su alrededor.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El norte chichimeca y el sur tolteca</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A los grupos del norte se les llam&oacute; chichimecas o descendientes del perro. Este apelativo no fue necesariamente despectivo, ya que en la &eacute;poca azteca se les reconoci&oacute; como los antepasados de las etnias dominantes, adem&aacute;s de que a los guerreros m&aacute;s valerosos se les daba el t&iacute;tulo de chichimeca. Podemos distinguir a los chichimecas en los c&oacute;dices, ya que aparecen vestidos con pieles, viviendo en cuevas y armados con arco y flechas. Se dedicaban principalmente a la caza y a la recolecci&oacute;n, aunque en algunos casos no podemos descartar la pr&aacute;ctica de una agricultura incipiente. Sus condiciones de vida eran sin duda dif&iacute;ciles: iban de un lado a otro, tratando de obtener aquello que la naturaleza les ofrec&iacute;a en territorios donde el agua escaseaba y el medio ambiente, al igual que otros grupos humanos, eran sumamente agresivos. por temporadas, a trav&eacute;s del largo periodo que comprende la &eacute;poca prehisp&aacute;nica, hubo grupos de cazadores&#45;recolectores que incursionaron en las tierras del sur, donde se dio una mezcla de culturas y cosmovisiones. La manera en que se dan estas incursiones es muy diversa: va desde la invasi&oacute;n y la guerra hasta el refugio y el reclutamiento para la milicia (especie de mercenarios).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Mixcoatl, el cielo, y Chimalma, la Tierra</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para conocer la manera en que se pudieron mezclar y/o complementar dos visiones distintas del mundo, al igual que los aspectos de transculturaci&oacute;n y aculturaci&oacute;n consiguientes, son &uacute;tiles un par de ejemplos. El primero viene de la historia m&iacute;tica de Ce tecpatl Mixcoatl. Se trata de un conquistador que penetra en el Valle de M&eacute;xico en el siglo IX d.C., proveniente del noroeste. Comanda un grupo de guerreros&#45;conquistadores, los cuales ya han pasado por Chicomoztoc, el lugar de donde m&aacute;s tarde saldr&aacute;n varias etnias de habla n&aacute;huatl, incluidos los aztecas. El chichimeca logra vencer a varios pueblos del Valle de M&eacute;xico y del cercano Morelos. Luego se establece en Colhuac&aacute;n, cerca del m&iacute;tico Cerro de la Estrella, sitio ocupado por grupos de origen tolteca, o sea, por agricultores con un alto grado de cultura. All&iacute; tomar&aacute; una mujer huitznahuacana, a cuyo pueblo hab&iacute;a vencido: Chimalma.</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/desacatos/n5/a3ft1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este recorrido por tierras habitadas por culturas aut&oacute;ctonas m&aacute;s avanzadas, lleva a Mixcoatl a buscar una nueva identidad, como se advierte en tres hechos. Primero: el paso de los chichimecas por Chicomoztoc, un lugar que debi&oacute; ser considerado sagrado por los habitantes del centro de M&eacute;xico, al menos desde el cl&aacute;sico tard&iacute;o. Segundo, la elecci&oacute;n del Valle de M&eacute;xico como lugar donde establecerse en forma definitiva. Y tercero, la elecci&oacute;n de su mujer en un pueblo con mayor cultura, con la cual va a engendrar a Ce Acatl Topitzin Quetzalcoatl, quien re&uacute;ne las car&aacute;cter&iacute;sticas culturales de sus padres: por un lado, es un gran guerrero que logra vencer al asesino de su progenitor, y por otro, es el promotor de las artes m&aacute;s refinadas del pueblo tolteca. Esta historia, que parece referirse a personajes de carne y hueso, tiene elementos que hablan de continuas migraciones provenientes del norte, al igual que de las mezclas que se daban en el centro de M&eacute;xico, generalmente despu&eacute;s de que los invasores lograban imponerse a los pueblos sedentarios por medio de las armas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El mito tiene una fuerte presencia en esta historia. <i>Los Anales de Cuauhtitlan</i> dicen que Chimalman, la madre de Quetzalcohuatl, se pre&ntilde;a "porque se trag&oacute; un <i>chalchihuitl".</i> Esta concepci&oacute;n milagrosa, como advierte Pi&ntilde;a Chan (1986, 89), se relaciona con el nacimiento de Huitzilopochtli, cuya madre Coatlicue tambi&eacute;n se pre&ntilde;a en un acto m&aacute;gico. Mixcoatl es la serpiente de nubes, el representante masculino y celeste, el n&oacute;mada cazador y conquistador, identificado con el sol, gran guerrero del cielo, el que se halla en continuo movimiento, el que fecunda la tierra. Chimalma, "escudo que yace", es la representante femenina, sedentaria y campesina, identificada con la tierra, quien espera del cielo el rayo fecundador, la lluvia fertilizadora. Quetzalcoatl ser&aacute; el h&eacute;roe m&iacute;tico, el guerrero y el hombre sabio, el s&iacute;mbolo de la fusi&oacute;n de dos culturas, de dos comovisiones opuestas y a la vez complementarias: la del norte y la del sur, la n&oacute;mada y la sedentaria, la militar y la campesina.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La guerra&#45;agricultura y los templos gemelos</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siglos despu&eacute;s los aztecas llegan al Valle de M&eacute;xico y se establecen siguiendo el esquema de los chichimecas de Mixcoatl: conquistan los pueblos agr&iacute;colas, establecen alianzas matrimoniales con los pueblos conquistados y dominan el espacio vital. El Templo Mayor de M&eacute;xico&#45;Tenochtitlan es un ejemplo concreto de la fusi&oacute;n cultural que logran los aztecas, pero que ya hab&iacute;a tenido su antecedente en Tenayuca, cuando Xolotl y Nopaltzin ocupan este sitio luego de aculturarse en Tula Xicotitlan.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el espacio de los templos gemelos de Tenayuca (y sobre todo del Templo Mayor de M&eacute;xico&#45;Tenochtitlan) conviven las cosmovisiones del norte con las del sur. En Tenayuca la gran pir&aacute;mide se rodea de dos tipos de serpientes distintas, opuestas y complementarias: una de fuego, celeste y solar, y otra de agua, agr&iacute;cola y terrestre. En el Templo Mayor de M&eacute;xico&#45;Tenochtitlan el dios tribal Huitzilopochtli, celeste y guerrero, que hab&iacute;a guiado a los aztecas desde la m&iacute;tica Chicomoztoc, convive con Tlaloc, el dios terrestre y acu&aacute;tico de los pueblos agr&iacute;colas de la Cuenca de M&eacute;xico. Al lado de los esquemas m&iacute;ticos de fusi&oacute;n cultural e ideol&oacute;gica entre dos pueblos con modos diferentes de ver al mundo, se dan dos modos distintos de producci&oacute;n de satisfactores: uno fundado en la agricultura y otro basado en la guerra. El ma&iacute;z y el tributo ser&aacute;n la base econ&oacute;mica sobre la que el pueblo mexica se establece, crece y domina gran parte de Mesoam&eacute;rica. Al menos otros dos pueblos del norte, liderados por Mixcoatl primero y por Xolotl despu&eacute;s, hab&iacute;an adoptado siglos antes una misma estrategia productiva, ideol&oacute;gica y social.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Cosmovisi&oacute;n en equilibrio</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por supuesto que hay toda una gama de tonalidades entre estas dos visiones del mundo, la del hombre que permanece quieto mientras el universo se mueve en torno suyo, y la del individuo que se traslada a trav&eacute;s de una superficie terrestre est&aacute;tica. En el pensamiento de los pueblos mesoamericanos m&aacute;s antiguos, nos dice Florescano (1993, 27), la civilizaci&oacute;n naci&oacute; con la agricultura y el ma&iacute;z. Notamos aqu&iacute; la divisi&oacute;n entre grupos agr&iacute;colas&#45;civilizados y n&oacute;madas&#45;b&aacute;rbaros. Si bien durante el cl&aacute;sico parece haber un predominio de la ideolog&iacute;a de los pueblos agr&iacute;colas, para el postcl&aacute;sico, cuando se encuentran dos modos de producci&oacute;n con distintas maneras de ver el mundo, no parece dominar alguna de ellas. Creemos que ello obedece a dos factores. El primero es que los guerreros n&oacute;madas no abatieron a los agricultores, sino que se fundieron con ellos. Y el segundo es que, por encima de una serie de variantes y matices, en la cosmovisi&oacute;n prehisp&aacute;nica prevalece una noci&oacute;n primaria extraordinariamente resistente a los cambios que se dan en el tiempo y en el espacio. Este n&uacute;cleo duro o profundo, como le llaman Florescano (1993) y L&oacute;pez Austin (1994), tiene que ver con una serie de ideas acerca del universo, que trataremos de presentar enseguida.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;	</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>II. EL UNIVERSO MESOAMERICANO</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con la tradici&oacute;n, los conocimientos del hombre prehisp&aacute;nico, inseparables de su religi&oacute;n, se derivaron de las ense&ntilde;anzas de Quetzalcoatl, Cipactonatl y Oxomoco. Los dos primeros son los inventores y patronos del calendario, mientras que la tercera es la echadora de suertes, acaso relacionada con Tlazolteotl, diosa a su vez vinculada con los partos y la medicina. o sea, que eran al mismo tiempo sacerdotes y astr&oacute;nomos, astr&oacute;logos y magos, curanderos y matem&aacute;ticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El pueblo mesoamericano entreteji&oacute; todo un sistema conceptual alrededor del mundo que habitaba. Las estrellas, monta&ntilde;as, r&iacute;os, lagos, animales y plantas fueron ocupando un lugar dentro de un cosmos cuya complejidad fue increment&aacute;ndose al poblarse de fuerzas sobrenaturales, que unas veces luchaban en favor de los seres humanos y otras en su contra. Las fuerzas de la naturaleza se mov&iacute;an de modo caprichoso y el hombre trataba de entenderlas e interpretarlas ya sea como movimientos m&aacute;gicos o como un designio divino. No podemos descartar aqu&iacute; la presencia de un conocimiento exacto y de un sistema clasificatorio, porque en el pensamiento del hombre mesoamericano convivi&oacute; la ciencia con la magia y la religi&oacute;n.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La imagen del universo</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La imagen del mundo se concibi&oacute; como un inmenso lagarto o <i>cipactli, </i>que se encontraba flotando sobre el gran oc&eacute;ano, el <i>Cemanahuac.</i> Las protuberancias de la piel de este monstruo terrestre, tambi&eacute;n llamado Tlaltecuhtli, eran las monta&ntilde;as; los orificios de su cuerpo, las grutas, y su pelambre, la vegetaci&oacute;n de la tierra. En el horizonte, las aguas saladas de los mares se un&iacute;an al agua celeste o <i>ilhuicatl.</i> La piel del monstruo serv&iacute;a para filtrar el agua salobre del mar y as&iacute; permitir que la vida prosperara con el agua dulce. Para crear este mundo fue necesario que los dioses Tezcatlipoca y Quetzalcoatl partieran en dos al <i>cipactli</i> y luego lo extendieran sobre el mar. A su vez, para que el firmamento permaneciese en su sitio, cuatro portadores debieron sostenerlo en las esquinas del mundo.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta imagen, que proviene de la mitolog&iacute;a n&aacute;huatl, tiene su paralelo entre los mayas. Florescano (1993: 26) nos dice que en los tableros del conjunto de la Cruz de Palenque est&aacute; grabado que Hun Nal Ye naci&oacute; junto con el cosmos y que uno de sus primeros actos fue levantar el cielo y construir una casa orientada hacia los cuatro rumbos del universo, en un lugar donde tambi&eacute;n se erigi&oacute; el &aacute;rbol que simboliza los tres niveles del cosmos.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>Los planos del universo</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el hombre prehisp&aacute;nico el cosmos se divid&iacute;a tanto vertical como horizontalmente. El plano horizontal contaba con cuatro sectores y una quinta regi&oacute;n, donde se equilibraban las fuerzas c&oacute;smicas. Era el centro u ombligo, un punto de gran importancia, ya que serv&iacute;a para acceder a los tres planos verticales: el cielo (con sus trece niveles), la tierra y el inframundo (con sus nueve estrados). El mundo inferior se relacionaba tanto con la vida como con la muerte. All&iacute; nac&iacute;a el ma&iacute;z y de all&iacute; ven&iacute;an los hombres, los grupos &eacute;tnicos y sus dioses patronos.</font>	</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este esquema ha permanecido en algunas poblaciones como Zinacant&aacute;n, Chiapas (E.Z. Vogt 1993, 66), donde el mundo se concibe como un diagrama con cinco rumbos. El centro del poblado es el ombligo del cosmos, disposici&oacute;n que se repite en las casas y en las milpas. Lo mismo suced&iacute;a en Tenochtitlan y Teotihuacan. En el mundo prehisp&aacute;nico este esquema se advierte en casi todas las creaciones del hombre, desde el dise&ntilde;o urbano y el trazo de edificios y plazas, hasta las obras de arte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunos c&oacute;dices presentan un conjunto din&aacute;mico donde al espacio cuatripartito del universo mesoamericano se integran otros elementos de la cosmovisi&oacute;n. Especial importancia tienen los s&iacute;mbolos del tiempo, que aparecen a trav&eacute;s de glifos calend&aacute;ricos y numerales. Adem&aacute;s, en algunos de estos libros, se agregan los dioses que reg&iacute;an periodos y rumbos (en parejas o en un total de nueve), los &aacute;rboles c&oacute;smicos y aves. El ejemplo t&iacute;pico lo tenemos en la primera p&aacute;gina del <i>C&oacute;dice F&eacute;jerv&aacute;ry Meyer.</i> En otros c&oacute;dices, como el <i>Mendocino</i> (<a href="#f1">fig. 1</a>), vemos la disposici&oacute;n espacial de M&eacute;xico&#45;Tenochtitlan, junto con otros aspectos sociales y pol&iacute;ticos. El trazo urbano de algunos centros prehisp&aacute;nicos, como reflejo de un ordenamiento c&oacute;smico, es evidente en estos documentos. Advertimos que el centro del espacio ocupado por el <i>altepetl</i> (cerro&#45;agua o poblaci&oacute;n) es considerado el centro del cosmos y simult&aacute;neamente la residencia de los ancestros, el hogar de los dioses fundadores del cosmos.</font></p> 	    <p align="center"><a name="f1"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/desacatos/n5/a3f1.jpg"></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde &eacute;pocas muy tempranas (Precl&aacute;sico Inferior, 900&#45;1200 a.C.) encontramos esquemas que nos muestran la divisi&oacute;n cuatripartita del cosmos, bajo la forma de im&aacute;genes cruciformes (<a href="#f2">fig. 2</a>). Es interesante observar que tales esquemas se presentan en todas las culturas mesoamericanas e incluso hoy los encontramos en m&uacute;ltiples dise&ntilde;os ind&iacute;genas. Las cruces, en todas sus formas y contextos, son una manera de expresar esta concepci&oacute;n del espacio. La cruz de Quetzalcoatl, la cruz de Dainz&uacute;, Oaxaca, las cruces de Palenque y Xochicalco, son algunos ejemplos que expresan la importancia de este concepto. Los esquemas se&ntilde;alan con sus brazos un rumbo cardinal, un espacio que domina ciertos periodos y augurios. Las cruces punteadas que aparecen en Teotihuacan, Tepeapulco, Monte Alb&aacute;n, R&iacute;o Verde, Chalchihuites, Uaxact&uacute;n y otros puntos de Mesoam&eacute;rica (<a href="#f3">fig. 3</a>) se hicieron al menos desde el periodo cl&aacute;sico y representan un sistema de c&oacute;mputo de d&iacute;as que pudo predecir acontecimientos astron&oacute;micos y auxiliar en ajustes calend&aacute;ricos.</font></p> 	    <p align="center"><a name="f2"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/desacatos/n5/a3f2.jpg"></p> 	    <p align="center"><a name="f3"></a></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="../img/revistas/desacatos/n5/a3f3.jpg"></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>III. LOS TRES PLANOS DEL ESPACIO VERTICAL</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el punto anterior hemos visto los rumbos o esquinas del universo prehisp&aacute;nico. Queda ahora por tratar un asunto de medular importancia: los planos del espacio vertical.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El plano celeste</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de que el pueblo mesoamericano no tuvo una visi&oacute;n helioc&eacute;ntrica del universo, el sol ocupaba un lugar central en su cosmogon&iacute;a. Cuando los tlatelolcas hablaron a sahag&uacute;n de este astro, le mencionaron sus caracter&iacute;sticas m&aacute;s obvias, como que resplandece, calienta, tuesta y hace sudar. Pero tambi&eacute;n hablaron de otros aspectos que les intrigaban profundamente, y que eran la base de la predicci&oacute;n de los acontecimientos para ese d&iacute;a: "A veces cuando sale el sol, parece de color de sangre, otras veces parece blanquecino, y a las veces, sale de color enfermizo..." En ocasiones les atemorizaba porque "cuando se eclipsa el sol, aparece colorado, parece que se desasosiega o que se turba, se remece o revuelve, y amarillece mucho". Entonces: "...las mujeres lloran a voces y los hombres dan gritos hiriendo las bocas con las manos..."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Sol ocupaba un papel central, insistimos, por su relaci&oacute;n con el tiempo. La mec&aacute;nica celeste determina los ciclos b&aacute;sicos de nuestra existencia: el d&iacute;a y la noche, el clima, la &eacute;poca de lluvias, la sequ&iacute;a, las mareas... La divisi&oacute;n del ciclo primario, a partir de la salida y la puesta del sol, est&aacute; ligada al metabolismo e indica periodos de descanso y vigilia. Desde siempre ha sido un deseo humano no s&oacute;lo predecir, sino controlar el caprichoso comportamiento de los fen&oacute;menos naturales. Ello motiv&oacute; que se demandase ante ciertos miembros o grupos de cada pueblo, una explicaci&oacute;n acerca de las condiciones materiales sobre las que se desarrolla la vida. Hombres sabios determinaron los intervalos del tiempo: el a&ntilde;o y las estaciones, las semanas y los meses. Para ello observaron pacientemente el Sol y la Luna y en estas observaciones hallaron la m&aacute;s firme plataforma para conocer y anticipar etapas y ciclos en la naturaleza, para medir el tiempo y elaborar un calendario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El s&iacute;mbolo al cual Joralemon (1990, 13) llama <i>bandas cruzadas, que</i> aparece entre los olmecas desde el Precl&aacute;sico Inferior (1200 a.C.), fue llamado en 1656 por Jacinto de la Serna "de los cuatro movimientos del Sol". M&aacute;s tarde muchos autores coincidir&aacute;n en esta idea (Le&oacute;n y Gama, Chavero y Paso y Troncoso en el siglo XIX, y en &eacute;pocas m&aacute;s recientes, Franz Tichy y Ulrich K&ouml;hler). Algunos de ellos tambi&eacute;n coinciden en que las bandas cruzadas se convertir&aacute;n en el s&iacute;mbolo <i>ollin</i> (<a href="#f4">fig. 4</a>) que es un d&iacute;a del calendario, a la vez que el nombre del Sol actual <i>(Naolin).</i></font></p> 	    <p align="center"><a name="f4"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/desacatos/n5/a3f4.jpg"></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La importancia del Sol en la cosmovisi&oacute;n prehisp&aacute;nica se observa en m&uacute;ltiples mitos y rituales. El pueblo azteca fue quiz&aacute; el mayor adorador del Sol, con quien se identificaron y al que llamaron Tonatiuh, "el resplandeciente ni&ntilde;o precioso", o Xiuhpiltontli, "el ni&ntilde;o turquesa". Era para ellos el &aacute;guila que asciende por las ma&ntilde;anas, cuando lo nombran Cuauhtlehuanitl, y que desciende por las tardes, cuando lo conoc&iacute;an como Cuauhtemoc (Caso, 1981, 47).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Sol ten&iacute;a un car&aacute;cter eminentemente guerrero y se hac&iacute;a acompa&ntilde;ar desde el amanecer hasta el cenit por el alma de los guerreros muertos en combate. Al culminar su camino en lo m&aacute;s alto del cielo, el astro cambiaba su guardia, para hacerse acompa&ntilde;ar por las mujeres guerreras, las <i>Cihuateo</i>, muertas en la batalla del parto. Con ellas llegaba en el ocaso hasta la boca de una cueva profunda, que era como el hocico de una serpiente que lo engull&iacute;a en el occidente. En su tr&aacute;nsito hacia el nuevo d&iacute;a libraba grandes batallas contra los astros de la noche, mientras en la Tierra reinaba el jaguar, de piel moteada, como el cielo estrellado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los sacrificios humanos se justificaban porque le brindaban alimento al Sol en su continua lucha a trav&eacute;s del firmamento. Como sabemos, esta explicaci&oacute;n ten&iacute;a un trasfondo pol&iacute;tico. La Triple Alianza era la encargada de alimentar al Sol con la sangre de los prisioneros. Este papel del pueblo azteca no s&oacute;lo lo legitimaba como mantenedor del cosmos, sino que justificaba sus guerras y sacrificios. En realidad, al cumplir esas funciones trataban de atemorizar a sus enemigos y evitar las rebeliones de las regiones sojuzgadas. Por esa raz&oacute;n invitaban a los caciques de las provincias conquistadas a observar los rituales m&aacute;s sangrientos, como el de la lucha gladiatoria, que terminaba con el desollamiento de los cautivos. &Eacute;stas y otras ceremonias religiosas eran una manipulaci&oacute;n ideol&oacute;gica de los ritos, cuyo fin &uacute;ltimo era asegurar los tributos y dependencias que sustentaban la vida material del imperio (J. Broda, 1989, 453).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los informantes de Sahag&uacute;n se refieren a la Luna de este modo: "Dicen que los dioses se burlaron de ella y di&eacute;ronle con un conejo en la cara... y con esto le oscurecieron la cara como con un cardenal." Las diversas fases de este astro las conoc&iacute;an muy bien, pues dec&iacute;an que nace "como un arquito de alambre delgado, a&uacute;n no resplandece y poco a poco va creciendo; a los quince d&iacute;as es llena y ...nace por el oriente... muy redonda y colorada, y cuando va subiendo se pone blanca o resplandeciente..."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luego del Sol, la Luna tuvo la mayor importancia para el hombre mesoamericano. Si el Sol es masculino, la Luna es femenina y como tal se relaciona con la fertilidad y con la mayor&iacute;a de las diosas. La Luna brilla por la noche, por lo cual se vincula a la tierra y el inframundo, el lugar donde germinan las plantas. Los 29 d&iacute;as que emplea para completar un ciclo son semejantes a los ciclos menstruales de la mujer, y luego de nueve periodos, el n&uacute;mero de los se&ntilde;ores de la noche, el ser humano terminaba su desarrollo en el vientre materno, y por esta raz&oacute;n la luna era la diosa de las parteras. Asimismo, nueve periodos lunares es lo que dura el ciclo del ma&iacute;z, desde que se prepara la tierra para sembrar la semilla hasta que se recoge la cosecha. La Luna tambi&eacute;n se relaciona con los dioses del pulque y sirve de modelo para la nariguera <i>&#45;yacameztli&#45;</i> que identifica a Tlazolteotl, diosa terrestre, comedora de inmundicias, pero tambi&eacute;n hembra tel&uacute;rica, propiciadora de la fertilidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre las estrellas, la de mayor importancia fue la Huei Citlalin o Citlapolueycitlalin, Venus, la Gran Estrella (en realidad, un planeta). El hombre prehisp&aacute;nico supo que las dos estrellas m&aacute;s grandes del firmamento, la que en una &eacute;poca del a&ntilde;o aparec&iacute;a por la ma&ntilde;ana en el oriente y la que luego aparec&iacute;a por la tarde en el poniente, eran un mismo cuerpo celeste. Estos conocimientos astron&oacute;micos avanzados se interpretaron tambi&eacute;n con met&aacute;foras religiosas y hechos m&aacute;gicos. Como estrella de la ma&ntilde;ana, se le llam&oacute; Tlahuizcalpantecuhtli y como estrella de la tarde Xolotl, los gemelos divinos que se re&uacute;nen en Quetzalcoatl. Xolotl es representado como el perro que acompa&ntilde;a al Sol en su viaje por el inframundo, y por eso se consideraba que el perro era el encargado de transportar el alma de los muertos en su viaje hacia el Mictlan, donde ayudaba a cruzar un r&iacute;o caudaloso. Xolotl es tambi&eacute;n el maguey gemelo, el maguey cuate, aspecto que lo relaciona con la Luna, con la cual aparece a veces en el cielo nocturno. Seg&uacute;n Jacinto de la Serna, el signo 9 Izcuintli o 9 Perro se aplic&oacute; a los hechiceros que se transfiguraban en animales, hoy conocidos como nahuales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sahag&uacute;n reporta otras estrellas: las <i>mamalhuatzi</i> o <i>mastalejos</i>, o sea la constelaci&oacute;n de Taurus. A este grupo de estrellas se le hac&iacute;an ceremonias cuando nuevamente iban a aparecer por el oriente, en lo que los astr&oacute;nomos conocen como salida hel&iacute;aca y que hoy sabemos que se da en junio, al inicio de la &eacute;poca de lluvias. Sahag&uacute;n explica </font><font face="verdana" size="2">que serv&iacute;an para predecir el futuro, pues dec&iacute;an: "...ya ha salido Yoaltecutli y Yacahuiztli: &iquest;qu&eacute; acontecer&aacute; esta noche, o qu&eacute; fin tendr&aacute;, pr&oacute;spero o adverso? En ese momento ofrec&iacute;an incienso tres veces, una para cada estrella de esta constelaci&oacute;n." En cambio, los cometas o <i>citlalin popoca</i>, estrellas humeantes, eran motivo de premoniciones funestas, como "...la muerte de alg&uacute;n pr&iacute;ncipe o rey, o de guerra o de hambre". Cre&iacute;an que los cometas y las estrellas tiraban saetas y por ello eran temidos como guerreros celestes.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El plano terrestre</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun cuando los fen&oacute;menos naturales se atribu&iacute;an a fuerzas m&iacute;ticas, por lo regular fueron sometidos a una observaci&oacute;n cuidadosa del entorno y registrados en la memoria mediante documentos. La gran cr&oacute;nica elaborada por Bernardino de Sahag&uacute;n recogi&oacute; algunos ejemplos de esta tradici&oacute;n. En el mito, Ehecatl, el dios del viento, se relaciona con Quetzalcoatl, con la agricultura y el ma&iacute;z, ya que barre los campos antes de que sean sembrados. &Eacute;l env&iacute;a los vientos a los cuatro rumbos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El origen de los vientos, como bien sabemos hoy d&iacute;a, da pie a predecir el clima. En la &eacute;poca prehisp&aacute;nica prosperaron ideas semejantes. Al viento del este lo consideraban bueno, ya que ven&iacute;a de la regi&oacute;n del <i>Tlalocan</i> o para&iacute;so. Le llamaron Tlalocayotl y, como sabemos hoy, estos vientos son los que traen la humedad al Valle de M&eacute;xico, o sea que tienen gran importancia para la agricultura. El Mictlanpaehecatl o viento del norte era muy temido, pues con &eacute;l llegaban las heladas. El viento de occidente era considerado muy fr&iacute;o, pero no tan da&ntilde;ino. Ven&iacute;a de la regi&oacute;n de las mujeres diosas y lo conocieron como Cihuatlampaehecatl o Cihuatecayotl. Al viento del sur se le llam&oacute; Huitztlampaehecatl y era considerado tan maligno como el del norte, acaso porque observaron que tra&iacute;a prolongadas sequ&iacute;as. O sea que vientos, humedad y temperatura estaban &iacute;ntimamente relacionados y en este caso tenemos un cierto conocimiento de meteorolog&iacute;a, ligado a la cosmovisi&oacute;n. Las nubes, lluvias, nevadas y heladas, al igual que los rayos, se atribu&iacute;an a Tlaloc y a sus m&uacute;ltiples ministros que habitaban en los cerros y las cuevas: los <i>tlaloques.</i></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El plano inferior</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los guardianes de los montes y los enanos ayudantes del Dios de la Lluvia y el Viento viv&iacute;an en los cerros y las cuevas. Eran cuatro y pueden tener su origen en los personajes que vemos en algunas esculturas olmecas: hoy son conocidos como <i>chaneques</i> en Los Tuxtlas, Veracruz.</font>	</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n recibieron el nombre de <i>chaques</i> entre los mayas, <i>tlaloques</i> o <i>tepictoton</i> en el M&eacute;xico central, <i>zakikoxoles</i> por los antiguos cakchiqueles y <i>aluxes</i> por los mayas. Estos duendes cumpl&iacute;an funciones similares en los distintos relatos prehisp&aacute;nicos. En Manat&iacute;, Veracruz, Ponciano Ortiz (1997) reporta el descubrimiento de bustos de madera asociados a b&aacute;culos, hachas de piedra verde y restos de infantes que posiblemente representen a los <i>tlaloques, chaneques</i> o enanos propiciadores de las lluvias. El bast&oacute;n con que se les entierra es similar al que estos <i>tlaloques</i> empleaban para golpear las nubes, seg&uacute;n las leyendas nahuas. Sus hachas nos recuerdan a las que portan los chaques en los c&oacute;dices mayas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Chalcatzingo, Morelos, el relieve conocido como "El Rey" (<a href="#f5">fig. 5</a>) muestra a un individuo de alto rango en el interior de una cueva representada con las fauces de un jaguar. Estas fauces tambi&eacute;n se observan en algunos tronos&#45;altares olmecas de Veracruz y Tabasco; de ellos emergen personajes con infantes en los brazos o sosteniendo con cuerdas a otros hombres, a manera de cord&oacute;n umbilical que une a los miembros de una etnia rectora. Lo mismo veremos en el Postcl&aacute;sico (Doris Heyden, 1985), donde el origen de los grupos &eacute;tnicos se remite a las cuevas, de cuyo interior, equiparado a una matriz materna, parece emanar su leg&iacute;timo derecho a gobernar. El dios que representa el interior de los cerros es Tepeyolohtli, cuya imagen es la del jaguar, felino que desde los olmecas ser&aacute; s&iacute;mbolo de poder en Mesoam&eacute;rica, junto con la estera.</font></p> 	    <p align="center"><a name="f5"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/desacatos/n5/a3f5.jpg"></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>IV. LA INTEGRACI&Oacute;N DEL ESPACIO VERTICAL A TRAV&Eacute;S DEL TIEMPO Y EL MA&Iacute;Z</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La planta del ma&iacute;z, como poste c&oacute;smico esencial, vinculaba los tres espacios del universo. Lo vemos claramente en la l&aacute;pida de la tumba del rey Pacal de Palenque cuando el ave celeste se posa sobre una planta de ma&iacute;z cuyas ra&iacute;ces salen del monstruo de la tierra. A trav&eacute;s de su tallo fluye el tiempo en forma de cuerpos serpentinos (<a href="#f6">fig. 6</a>). El simbolismo de este relieve va a&uacute;n m&aacute;s all&aacute;, pues su forma de cruz se&ntilde;ala los cuatro puntos del cosmos.</font></p> 	    <p align="center"><a name="f6"></a></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="../img/revistas/desacatos/n5/a3f6.jpg"></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"> <b>La cruz&#45;ma&iacute;z como s&iacute;ntesis c&oacute;smica</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La expectativa de tener buenas lluvias durante la &eacute;poca de siembra estaba entonces vinculada con los cambios clim&aacute;tico y a su vez los nombres calend&aacute; ricos de los meses deb&iacute;an estar acordes con los ritos, y paralelamente &eacute;stos deb&iacute;an seguir al ciclo a gr&iacute;cola. <i>Xopan </i> la primera mitad del a&ntilde;o, era la &eacute;poca cr&iacute;tica para la agricultura de temporal, la &eacute;poca dedicada a las deidades femeninas asociadas con la tierra y la vegetaci&oacute;n, la regi&oacute;n oscura de los muertos y el inframundo, vinculada con la Luna, Venus y las Pl&eacute;yades.</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/desacatos/n5/a3ft2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Relatos como la <i>Leyenda de los Soles</i> y el <i>Popol Vuh</i> narran la manera en que la planta de ma&iacute;z se convierte en el eje del universo al vincular sus tres planos y sus cuatro rumbos. El <i>Popol Vuh</i> habla de los hombres&#45;ma&iacute;z verdaderos, que emergen del <i>Xibalba</i>&#45;inframundo, despu&eacute;s de derrotar a los moradores de esa regi&oacute;n. En la <i>Leyenda de los Soles</i> es Quetzalcoatl quien desciende al mundo inferior para tomar los granos de ma&iacute;z que reten&iacute;an las hormigas. En otros casos el h&eacute;roe es la hormiga, que va al interior del cerro de los mantenimientos a traer el ma&iacute;z para d&aacute;rselo al hombre. La hormiga agr&iacute;cola <i>(Pogonomyrmex barbatus)</i> nativa de M&eacute;xico, conocida en Chiapas como zompopo, lleva granos de ma&iacute;z y otras gram&iacute;neas a su hormiguero. Si los granos germinan los sacan, deposit&aacute;ndolos cerca del mont&iacute;culo del hormiguero. Ah&iacute;, m&aacute;s tarde, si las condiciones son propicias, se desarrolla una nueva planta. &iquest;Acaso el mito del origen del ma&iacute;z en  la <i>Leyenda de los Soles</i> se deriv&oacute; de una observaci&oacute;n de los h&aacute;bitos de estas hormigas? Los zoques, estrechamente relacionados con los olmecas, tienen una leyenda que habla del Cerro Santo de donde <i>nuku</i>, la hormiga chicatana, sacaba el ma&iacute;z por un hoyito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los colores del ma&iacute;z, <i>xiuhtotlaolli, iztactlaolli</i> o <i>coztictlaolli, yauhtlaolli</i> y <i>matlactlaolli</i>, aparecen en relaci&oacute;n con los cuatro colores de los rumbos cardinales: rojo, blanco o amarillo, negro y azul. Ello vincula al ma&iacute;z con los dioses de la noche, las monta&ntilde;as y las cuevas, que a su vez pod&iacute;an desdoblarse en los se&ntilde;ores de los cuatro rumbos del universo y el centro. Tal es el caso de Quetzalcoatl, Tlaloc, Yohualtecuhtli, Tezcatlipoca, Tepeyolohtli y Tonacatecuhtli. El primero de ellos ha sido considerado por Florescano (1993, 31) como el dios original del ma&iacute;z, que tuvo a su paralelo maya en Hun Nal Ye.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cosmovisi&oacute;n mesoamericana se fue construyendo durante milenios en torno a la planta por excelencia: el ma&iacute;z, el cual muchas veces se sembraba junto con el frijol. Los tiempos y los actores de los mitos se entretejen con el ciclo agr&iacute;cola del ma&iacute;z. El mismo calendario sagrado parece regirse por el desarrollo de la planta, sujeto a su vez a los periodos de la naturaleza, regulados por el movimiento terrestre, que bajo la visi&oacute;n geoc&eacute;ntrica de las culturas primitivas se interpreta como un movimiento de los astros. Cada etapa en el ciclo de vida del ma&iacute;z es regida por un dios distinto: Tlaloc y Chalchiuhtlicue dominan el momento de preparar los campos para la siembra, Xilonen es la diosa de la mazorca tierna; Chicomecoatl, el dios del ma&iacute;z maduro; Centeotl, Centeocihuatl o Imatecuhtli son dioses de la semilla seca, y Tezcatlipoca, de la cosecha.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al se&ntilde;alar los solsticios, las bandas cruzadas indican el <i>xihuitl, a&ntilde;o</i> agr&iacute;cola prehisp&aacute;nico, ya que el regreso del Sol a los puntos solsticiales completaba el ciclo de 365 d&iacute;as. La voz <i>xihuitl</i> se relaciona con el s&iacute;mbolo del "brote de ma&iacute;z": <i>xiuhyoa</i> refiere a la formaci&oacute;n de la planta de ma&iacute;z y <i>xiuhyotia</i> significa el brotar de los reto&ntilde;os. El esquema espacial formado por cinco puntos est&aacute;, sin duda, relacionado con la idea de los rumbos del universo y el centro. Tal vez su primera representaci&oacute;n se encuentre entre los olmecas del Precl&aacute;sico Inferior, y se advierte tambi&eacute;n en Monte Alb&aacute;n.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Coatl, el tiempo; Cuauhtli&#45;Tepetl, el espacio</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el centro de M&eacute;xico, los sitios sagrados se disponen en relaci&oacute;n con los puntos significativos del paisaje, la pir&aacute;mide se convierte en el cerro sagrado y el templo en la cueva que engulle al sacerdote durante los rituales que reviven el tiempo c&oacute;smico de la creaci&oacute;n del hombre y el ma&iacute;z. La monta&ntilde;a guarda en su interior el ma&iacute;z, el agua&#45;turquesa, o sea todas las riquezas. Al entrar al templo el sacerdote reproduce el mito de la creaci&oacute;n del hombre y el ma&iacute;z. En ese espacio infraterreno el tiempo se maneja en otra dimensi&oacute;n. En la sierra n&aacute;huatl de Zongolica (Veracruz) se cree que al entrar a las cuevas se pierde la noci&oacute;n del tiempo, pues al salir una persona puede creer que han pasado "...hasta siete a&ntilde;os" (M. &Aacute;ngel Tepole, informante). Los mascarones que comienzan a aparecer en los templos mayas desde el Precl&aacute;sico son las ventanas del inframundo: las fauces del monstruo terrestre cuyo cuerpo serpentino representa una cueva.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los subterr&aacute;neos de algunas estructuras, como la de Oxkintok, Yucat&aacute;n, se construyeron t&uacute;neles que simulan caminos que unen el mundo de los vivos con el de los ancestros. Son las fauces del monstruo de la tierra que engullen a Pacal en Palenque, desde cuyo sarc&oacute;fago ascend&iacute;a una serpiente de estuco como lazo m&aacute;gico entre la tumba y el templo (A. Ruz, 1969: 42). En Yaxun&aacute;, Yucat&aacute;n, hay un tipo de subterr&aacute;neos estudiado por Freidel y Suhler (1998: 31), quienes les llaman est&oacute;magos&#45;t&uacute;neles, serpientes&#45;monta&ntilde;a y corredores serpentinos que forman una figura cuadrifoliada a trav&eacute;s de la cual el gobernante ten&iacute;a contacto con sus ancestros y emerg&iacute;a como el ma&iacute;z, legitimando as&iacute; su poder. De acuerdo con Juan A. Vald&eacute;s (1993, 157), tales monstruos se ven en el cintur&oacute;n de los gobernantes y representan al <i>Ahau</i> (se&ntilde;or), al dios solar o al dios jaguar del inframundo. En el llamado Calendario Azteca dos serpientes transportan al Sol por un firmamento donde aparecen los veinte d&iacute;as del calendario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las bandas cruzadas son una constante que simboliza el d&iacute;a (ollin) en casi todos los calendarios del centro de M&eacute;xico y Oaxaca. Se presentan en algunos casos como un entrelazamiento o como dos cuerpos serpentinos, lo que da movilidad al signo, haci&eacute;ndolo parecer un ocho acostado y denominando al d&iacute;a "serpiente", Coatl. En estos casos, al parecer, se mezclan dos emblemas c&oacute;smicos: "bandas cruzadas" y ollin, dif&iacute;cil de separar porque uno antecede al otro. Entre los mayas encontraremos el signo de <i>Kinh</i> (<a href="#f7">fig. 7</a>). Dice Le&oacute;n Portilla (1986: 110) que la cronovisi&oacute;n de los antiguos astr&oacute;nomos y sabios era una concepci&oacute;n integral del "universo en que lo espacial, lo viviente y lo humano derivan su ser de la atm&oacute;sfera siempre cambiante de <i>Kinh, el</i> tiempo c&iacute;clico,suma de rostros de la divinidad".</font></p> 	    <p align="center"><font size="2" face="verdana"><a name="f7"></a></font></p> 	    <p align="center"><font size="2" face="verdana"><img src="../img/revistas/desacatos/n5/a3f7.jpg"></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chicomoztoc, Coatepetl y Tlilan Tlapallan &#45;la regi&oacute;n del negro y del rojo (oriente)&#45; tienen en su top&oacute;nimo a la serpiente: el tiempo. Coatl es la dualidad y aqu&iacute; advertimos una concepci&oacute;n bipolar, que convive y que acaso engloba la visi&oacute;n cuatripartita del cosmos, los "...dos grandes conjuntos de fuerzas opuestas..." a que se refiere L&oacute;pez Austin (1994: 224) y que est&aacute;n sintetizados en los conceptos de <i>Tamoanchan</i> y <i>Tlalocan, </i>el primero como el punto donde se conectan las fuerzas celestes y terrestres. "Tamoanchan es uno, cuatro y cinco al mismo tiempo... es doble s&iacute;ntesis: de la horizontalidad del cosmos, como &aacute;rbol de cuatro colores, y de la verticalidad del cosmos, como &aacute;rbol de dos ramales..." <i>(Ib.,</i> p. 225). &Aacute;rbol <i>(cuauhtli)</i> que junto con el cerro <i>(t&eacute;petl)</i> sostendr&aacute; el cielo y hundir&aacute; sus ra&iacute;ces en el inframundo.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Tiempo, calendario y destino</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si el tiempo es sustancia m&aacute;gica que desciende de los cielos a la tierra y que desaparece en el inframundo, el mismo calendario deb&iacute;a ser inventado por los dioses para regir la vida del hombre, para determinar las cargas que el destino deparaba a todo lo existente. Los sacerdotes zapotecos, junto con su libro adivinatorio, manejaban el sistema de echar suertes con granos de ma&iacute;z, que en total son 13, un n&uacute;mero clave en la calend&aacute;rica zapoteca, ya que tambi&eacute;n son 13 los dioses y los d&iacute;as de la semana en el <i>piye</i> (calendario de 260 d&iacute;as).</font></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/desacatos/n5/a3ft3.jpg"></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los calendarios de toda Mesoam&eacute;rica hubo dos cuentas. Una es de 365 d&iacute;as, inspirada en los movimientos solares <i>(xiuhmolpilli)</i> y que se conoce como calendario civil o agr&iacute;cola. La otra cuenta sagrada era el periodo de 260 d&iacute;as. Estos calendarios operaban simult&aacute;neamente en un periodo de 52 <i>xihuitls</i> y, al igual que los meses divididos en veintenas, son los rasgos m&aacute;s caracter&iacute;sticos del almanaque prehisp&aacute;nico.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ciclo m&aacute;s complejo era el <i>tonalpohualli</i>, y para manejarlo los sacerdotes se auxiliaban del <i>tonalamatl</i>, libro donde se representaba el universo mediante esquemas c&oacute;smicos integradores que serv&iacute;an para el vaticinio. Son libros que tratan de los diferentes periodos y sus divisiones seg&uacute;n las deidades que los reg&iacute;an. La informaci&oacute;n calend&aacute;rica constituye la columna vertebral de estos c&oacute;dices: establece un orden dentro del documento y puede aceptar m&uacute;ltiples lecturas. Tanto el numeral como el s&iacute;mbolo del periodo calend&aacute;rico tienen un significado que va m&aacute;s all&aacute; de la simple fecha que representan. Marcan periodos calculados de acuerdo con cuidadosas observaciones celestes a trav&eacute;s de varias generaciones de astr&oacute;nomos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cada d&iacute;a ten&iacute;a dos acompa&ntilde;antes: uno comenzaba su viaje a media noche con un s&iacute;mbolo cargado de augurios; el otro lo sustitu&iacute;a a medio d&iacute;a y viajaba hasta la media noche. El segundo era generalmente un vol&aacute;til <i>iquechol</i>, el primero era su cargador <i>imamal</i>. Ellos tambi&eacute;n cargaban el a&ntilde;o y con su carga llevaban los augurios. Caso (1967, 112) les llama los "acompa&ntilde;ados" y a los vol&aacute;tiles los nombra "se&ntilde;ores del d&iacute;a". Los dioses son figuras centrales en los calendarios o <i>tonalamatl</i>; los m&aacute;s importantes son los nueve relacionados con los se&ntilde;ores de la noche, que aunque var&iacute;an ligeramente de un documento a otro, diremos que son Xiuhtecuhtli, Iztli, Pilzintecuhtli, Centeotl, Mictlantecuhtli, Chalchiuhtlicue, Tlazolteotl, Tepeyolohtli y Tlaloc.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>V. LOS CONCEPTOS INTEGRADORES EN LA COSMOVISI&Oacute;N MESOAMERICANA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal vez nunca sepamos con exactitud hasta qu&eacute; punto se modificaron las leyendas, qu&eacute; mitos se mezclaron entre s&iacute;, qu&eacute; elementos se les incorporaron y cu&aacute;les se perdieron. De lo que no dudamos es de que el pueblo olmeca de San Lorenzo, desde mil a&ntilde;os a.C., tuvo una compleja religi&oacute;n que trataba de explicar los or&iacute;genes del mundo partiendo del interior de la tierra (el inframundo) y la monta&ntilde;a sagrada, habitada por la hormiga que guardaba los huesos y granos molidos. Estos elementos vitales de la creaci&oacute;n del cosmos fueron comunes en los pueblos de Mesoam&eacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los conceptos c&oacute;smicos medulares nacen desde &eacute;pocas muy tempranas en las culturas prehisp&aacute;nicas. Las similitudes que aparecen en &eacute;pocas posteriores entre diversas regiones indican un mismo origen y la existencia de contactos frecuentes que mantuvieron viva una tradici&oacute;n. Las variantes regionales enriquecen un mosaico integrado por ideas b&aacute;sicas compartidas. Entre los elementos compartidos tenemos los esquemas cuatripartitos, los ejes bipolares, la integraci&oacute;n del tiempo y el espacio y los mitos acerca del origen del hombre y el ma&iacute;z.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cosmovisi&oacute;n prehisp&aacute;nica queda pre&ntilde;ada desde su origen de una serie de caracter&iacute;sticas de las cuales jam&aacute;s podr&aacute; desprenderse. Se unifica en los mitos en torno al origen&#45;ma&iacute;z, un eje sobre el que seguir&aacute; girando, porque las plantas, como el hombre, vendr&aacute;n del inframundo, del interior de las monta&ntilde;as sagradas, de las cuevas&#45;santuario donde los dioses guardan los m&aacute;s preciados tesoros: el agua y la tierra f&eacute;rtil. &Eacute;ste es el centro del universo, el punto que equilibra y concentra las fuerzas de los cuatro rumbos, las cuatro direcciones, las cuatro &eacute;pocas, los cuatro colores, los cuatro desdoblamientos de los dioses tel&uacute;ricos. Los astros aparecen y desaparecen en este esquema donde el sol, como rector del tiempo, dirige el destino del hombre y le impone su ritmo al mundo en su totalidad.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alcina F., Jos&eacute;, 1993, <i>Calendario y religi&oacute;n entre los zapotecas,</i> UNAM, IIH, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642201&pid=S1607-050X200000030000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">B&aacute;ez&#45;Jorge, F&eacute;lix, 1991, "Homshuk y el simbolismo de la ovog&eacute;nesis en Mesoam&eacute;rica (reflexiones en torno a los radicalismos difusionistas)", en <i>La Palabra y el Hombre,</i>  revista de la Universidad Veracruzana, Xalapa, M&eacute;xico, n&uacute;m. 80.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642203&pid=S1607-050X200000030000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Berlo, Janet C., 1992, "Icons and Ideologies at Teotihuacan: The Great Goddess Reconsidered", en Janet C. Berlo (ed.), <i>Art Ideology and the City of Teotihuacan</i>, Dumbarton Oaks Research Library, Washington D.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642205&pid=S1607-050X200000030000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Beverido Pereau, Francisco, 1996, <em>Est&eacute;tica olmeca</em>, Universidad Veracruzana, Xalapa, Veracruz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642207&pid=S1607-050X200000030000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Broda, Johanna, 1983, "Ciclos agr&iacute;colas en el culto: un problema de la correlaci&oacute;n del calendario mexica", en A.F. Aveni y G. Brotherton (eds.), <i>Calendars of Mesoamerica and Peru: Native American Computations of Time</i>, Oxford BAR International Series 174, Oxford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642209&pid=S1607-050X200000030000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;,&nbsp;1986, "La expansi&oacute;n mexica y los sacrificios del Templo Mayor", en Brambila y P&eacute;rez&#45;Rocha (comps.), <i>Mesoam&eacute;rica y el centro de M&eacute;xico,</i> pp. 433&#45;76, Monjarr&aacute;s, INAH, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642211&pid=S1607-050X200000030000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font>	</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Caso, Alfonso, 1967, <i>Los calendarios prehisp&aacute;nicos,</i> UNAM, IIH, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642213&pid=S1607-050X200000030000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Castro, Marcia, 1982, "Tigrillo olmeca de Matacanela, Veracruz", en <i>Revista Mexicana de Estudios Antropol&oacute;gicos,</i> t. XXVIII, 49&#45;58, Sociedad Mexicana de Antropolog&iacute;a, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642215&pid=S1607-050X200000030000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Covarrubias, Miguel, 1961, <i>Arte ind&iacute;gena de M&eacute;xico y Centroam&eacute;rica,</i> UNAM, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642217&pid=S1607-050X200000030000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cyphers, Ann, 1995 , "Las cabezas colosales", en <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana,</i> vol. II, n&uacute;m. 12, pp. 43&#45;7, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642219&pid=S1607-050X200000030000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">De la Fuente, Beatriz, 1995, "El arte olmeca", en <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana,</i> vol. II, n&uacute;m. 12, pp. 18&#45;37, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642221&pid=S1607-050X200000030000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estrada, M. Agust&iacute;n (trad.), 1973, <i>Popol Vuh</i>, Edit. Jos&eacute; Pineda, Guatemala, C.A.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642223&pid=S1607-050X200000030000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Florescano Mayet, Enrique, 1993, "Nueva imagen de Quetzalcoatl", en <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana</i>, n&uacute;m.4, octubre&#45;noviembre, pp. 26&#45;32, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642225&pid=S1607-050X200000030000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Freidel, David y Suhler, Charles, 1998, "Visiones serpentinas y laberintos mayas", en <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana</i>, vol. VI, n&uacute;m. 34, Ra&iacute;ces, pp. 28&#45;37, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642227&pid=S1607-050X200000030000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Heyden, Doris, 1985, <i>Mitolog&iacute;a y simbolismo de la flora en el M&eacute;xico prehisp&aacute;nico,</i> IIA, UNAM, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642229&pid=S1607-050X200000030000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Joralemon, Peter, 1990, <i>Un estudio en iconograf&iacute;a olmeca,</i> Textos Universitarios, Universidad Veracruzana, Jalapa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642231&pid=S1607-050X200000030000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Klein, Cecilia, 1982, "Woven Heaven, Tangled Earth: A weavers Paradigm of the Mesoamerican Cosmos", en Aveni y Urton (eds.), <i>Etnoastronomy and archaeoastronomy in the American Tropics,</i> Annals of the New York Academy of Sciences, vol. 385, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642233&pid=S1607-050X200000030000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Koller, Ulrich, 1982, "The day sign Ollin", en Aveni y Urton (eds.), <i>Etnoastronomy and archaeoastronomy in the American</i> Tropics, Annals of the New York Academy of Sciences, vol. 385, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642235&pid=S1607-050X200000030000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Le&oacute;n Portilla, Miguel, 1986, <i>Tiempo y realidad en el pensamiento maya,</i> UNAM, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642237&pid=S1607-050X200000030000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">L&oacute;pez Austin, Alfredo, 1994, <i>Tamoanchan y Tlalocan</i>, FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642239&pid=S1607-050X200000030000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Medell&iacute;n Zenil, Alfonso, 1983, <i>Obras maestras del Museo de Xalapa</i>, Miguel Galas, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642241&pid=S1607-050X200000030000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Molina, Fray Alonso de, 1992, <i>Vocabulario de la lengua castellana y mexicana</i>, Porr&uacute;a, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642243&pid=S1607-050X200000030000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Morante, L. Rub&eacute;n, 1996, "El descenso al inframundo en Teotihuacan" en <i>Estudios de Cultura N&aacute;huatl, vol.</i> XXVI, pp. 99&#45;115, UNAM, IIH, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642245&pid=S1607-050X200000030000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;,&nbsp;1997, "&iquest;El &aacute;baco teotihuacano?", en <i>Estudios de Cultura N&aacute;huatl</i>, vol. XXVII, pp. 419&#45;433, M&eacute;xico, UNAM, IIH.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642247&pid=S1607-050X200000030000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Morley, Sylvanus G., 1956, <i>La civilizaci&oacute;n maya,</i> FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642249&pid=S1607-050X200000030000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ortiz, P. y Rodr&iacute;guez M., 1997, "Las ofrendas de el Manat&iacute;, Veracruz. &iquest;Religi&oacute;n o magia?", en Sara Ladr&oacute;n de Guevara y Sergio V&aacute;squez (coords.), <i>Memoria del Coloquio: Arqueolog&iacute;a del centro y sur de Veracruz,</i> Universidad Veracruzana, Xalapa, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642251&pid=S1607-050X200000030000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"> Pascual, Arturo, 1990, <i>Iconograf&iacute;a arqueol&oacute;gica de El Taj&iacute;n, </i>UNAM, IIE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642253&pid=S1607-050X200000030000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Paso y Troncoso, Francisco, 1988, <i>La bot&aacute;nica entre los nahuas y otros estudios,</i> Pilar Maynez (comentarios), SEP, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642255&pid=S1607-050X200000030000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pasztory Esther, 1973, "The Xochicalco Stelae and a Middle Classic Deity Triad in Mesoamerica", en <i>Actas del XXIII Congreso Internacional de Historia del Arte</i>, vol.I, pp. 185&#45;215, Granada, Espa&ntilde;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642257&pid=S1607-050X200000030000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pi&ntilde;a Chan, Rom&aacute;n, 1986, <i>Historia, arqueolog&iacute;a y arte prehisp&aacute;nico,</i> FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642259&pid=S1607-050X200000030000300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;,&nbsp;1977, <i>Quetzalcoatl; serpiente emplumada,</i> SEP/FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642261&pid=S1607-050X200000030000300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recinos, Adri&aacute;n (trad. y notas), 1984, <i>Popol Vuh,</i> SEP/FCE M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642263&pid=S1607-050X200000030000300032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruz L., Alberto, 1969, <i>Palenque: gu&iacute;a oficial,</i> lNAH, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642265&pid=S1607-050X200000030000300033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"> Sahag&uacute;n, Fray Bernardino de, 1946, <i>Historia general de las cosas de la Nueva Espa&ntilde;a,</i> 3 vols,. Edit. Nueva Espa&ntilde;a, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642267&pid=S1607-050X200000030000300034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&eacute;journ&eacute;, Laurette, 1957, <i>Pensamiento y religi&oacute;n en el M&eacute;xico antiguo,</i> FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642269&pid=S1607-050X200000030000300035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seler, Eduardo, 1988, <i>C&oacute;dice Borgia,</i> 3 vols., FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642271&pid=S1607-050X200000030000300036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sim&eacute;on, Remi, 1984, <i>Diccionario de la lengua n&aacute;huatl o mexicana</i>, Siglo XXI Editores, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642273&pid=S1607-050X200000030000300037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sprajc, Iv&aacute;n, 1996, <i>Venus, lluvia, ma&iacute;z,</i> INAH, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642275&pid=S1607-050X200000030000300038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Taube. Karl A., 1992, "The Iconography of Mirrors at Teotihuacan", en Janet C. Berlo (ed.), <i>Art Ideology and the City of Teotihuacan</i>, Dumbarton Oaks Research Library, Washington, D.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642277&pid=S1607-050X200000030000300039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tichy, Franz, 1979, "Configuraci&oacute;n y coordinaci&oacute;n sistem&aacute;tica de espacio y tiempo en la visi&oacute;n del mundo en la Am&eacute;rica antigua: &iquest;mito o realidad?", <i>Humboldt, a&ntilde;o</i> 2, n&uacute;m. 69, pp. 42&#45;60, Edit. F. Bruckmann, Munich.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642279&pid=S1607-050X200000030000300040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Valdez, Juan A., 1993, "Los comienzos del arte y la arquitectura maya precl&aacute;sicos", en Richard F. Townsend (ed.), <i>La antigua Am&eacute;rica: el arte de los parajes sagrados,</i> Azabache, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642281&pid=S1607-050X200000030000300041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Velasco Toro, Jos&eacute;, 1991,"Territorialidad e identidad hist&oacute;rica en los zoques de Chiapas", en <i>La Palabra y el Hombre</i>, revista de la Universidad Veracruzana, n&uacute;m. 80, pp. 231&#45;257, Xalapa, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642283&pid=S1607-050X200000030000300042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vel&aacute;zquez, Primo F. (trad.), 1992, <i>C&oacute;dice Chimalpopoca; Anales de Cuauhtitlan y Leyenda de los Soles,</i> IIH, UNAM, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642285&pid=S1607-050X200000030000300043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vogt, Egon Z., 1993, "La persistencia de la tradici&oacute;n maya en Zinacantan", en Richard F. Townsend (ed.), <i>La antigua Am&eacute;rica: el arte de los parajes sagrados</i>, pp. 61&#45;69, Azabache, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2642287&pid=S1607-050X200000030000300044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Alcina F.]]></surname>
<given-names><![CDATA[José]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Calendario y religión entre los zapotecas]]></source>
<year>1993</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[UNAMIIH]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Báez-Jorge]]></surname>
<given-names><![CDATA[Félix]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Homshuk y el simbolismo de la ovogénesis en Mesoamérica (reflexiones en torno a los radicalismos difusionistas)]]></article-title>
<source><![CDATA[La Palabra y el Hombre]]></source>
<year>1991</year>
<volume>80</volume>
<publisher-loc><![CDATA[Xalapa ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Berlo]]></surname>
<given-names><![CDATA[Janet C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Icons and Ideologies at Teotihuacan: The Great Goddess Reconsidered]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Berlo]]></surname>
<given-names><![CDATA[Janet C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Art Ideology and the City of Teotihuacan]]></source>
<year>1992</year>
<publisher-loc><![CDATA[Washington^eD.C D.C]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Dumbarton Oaks Research Library]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Beverido Pereau]]></surname>
<given-names><![CDATA[Francisco]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Estética olmeca]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-loc><![CDATA[Xalapa^eVeracruz Veracruz]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Veracruzana]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Broda]]></surname>
<given-names><![CDATA[Johanna]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ciclos agrícolas en el culto: un problema de la correlación del calendario mexica]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Aveni]]></surname>
<given-names><![CDATA[A.F]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Brotherton]]></surname>
<given-names><![CDATA[G]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Calendars of Mesoamerica and Peru: Native American Computations of Time]]></source>
<year>1983</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Broda]]></surname>
<given-names><![CDATA[Johanna]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La expansión mexica y los sacrificios del Templo Mayor]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Brambila]]></surname>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Pérez-Rocha]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Mesoamérica y el centro de México]]></source>
<year>1986</year>
<page-range>433-76</page-range><publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[MonjarrásINAH]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Caso]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alfonso]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Los calendarios prehispánicos]]></source>
<year>1967</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[UNAMIIH]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Castro]]></surname>
<given-names><![CDATA[Marcia]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Revista Mexicana de Estudios Antropológicos]]></source>
<year>1982</year>
<volume>XXVIII</volume>
<page-range>49-58</page-range><publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Sociedad Mexicana de Antropología]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Covarrubias]]></surname>
<given-names><![CDATA[Miguel]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Arte indígena de México y Centroamérica]]></source>
<year>1961</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[UNAM]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cyphers]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ann]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las cabezas colosales]]></article-title>
<source><![CDATA[Arqueología Mexicana]]></source>
<year>1995</year>
<volume>II</volume>
<numero>12</numero>
<issue>12</issue>
<page-range>43-7</page-range><publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[De la Fuente]]></surname>
<given-names><![CDATA[Beatriz]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El arte olmeca]]></article-title>
<source><![CDATA[Arqueología Mexicana]]></source>
<year>1995</year>
<volume>II</volume>
<numero>12</numero>
<issue>12</issue>
<page-range>18-37</page-range><publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Estrada]]></surname>
<given-names><![CDATA[M. Agustín]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Popol Vuh]]></source>
<year>1973</year>
<publisher-loc><![CDATA[Guatemala ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[José Pineda]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Florescano Mayet]]></surname>
<given-names><![CDATA[Enrique]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Nueva imagen de Quetzalcoatl]]></article-title>
<source><![CDATA[Arqueología Mexicana]]></source>
<year>1993</year>
<numero>4</numero>
<issue>4</issue>
<page-range>26-32</page-range><publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Freidel]]></surname>
<given-names><![CDATA[David]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Suhler]]></surname>
<given-names><![CDATA[Charles]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Visiones serpentinas y laberintos mayas]]></article-title>
<source><![CDATA[Arqueología Mexicana]]></source>
<year>1998</year>
<volume>VI</volume>
<numero>34</numero>
<issue>34</issue>
<page-range>28-37</page-range><publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Raíces]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Heyden]]></surname>
<given-names><![CDATA[Doris]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Mitología y simbolismo de la flora en el México prehispánico]]></source>
<year>1985</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[IIAUNAM]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Joralemon]]></surname>
<given-names><![CDATA[Peter]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Un estudio en iconografía olmeca]]></source>
<year>1990</year>
<publisher-loc><![CDATA[Jalapa ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Veracruzana]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Klein]]></surname>
<given-names><![CDATA[Cecilia]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Woven Heaven, Tangled Earth: A weavers Paradigm of the Mesoamerican Cosmos]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Aveni]]></surname>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Urton]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Etnoastronomy and archaeoastronomy in the American Tropics]]></source>
<year>1982</year>
<publisher-loc><![CDATA[Nueva York ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Koller]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ulrich]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The day sign Ollin]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Aveni]]></surname>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Urton]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Etnoastronomy and archaeoastronomy in the American Tropics]]></source>
<year>1982</year>
<publisher-loc><![CDATA[Nueva York ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[León Portilla]]></surname>
<given-names><![CDATA[Miguel]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Tiempo y realidad en el pensamiento maya]]></source>
<year>1986</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[UNAM]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[López Austin]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alfredo]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Tamoanchan y Tlalocan]]></source>
<year>1994</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[FCE]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Medellín Zenil]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alfonso]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Obras maestras del Museo de Xalapa]]></source>
<year>1983</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Miguel Galas]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Molina]]></surname>
<given-names><![CDATA[Fray Alonso de]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Vocabulario de la lengua castellana y mexicana]]></source>
<year>1992</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Porrúa]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Morante]]></surname>
<given-names><![CDATA[L. Rubén]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El descenso al inframundo en Teotihuacan]]></article-title>
<source><![CDATA[Estudios de Cultura Náhuatl]]></source>
<year>1996</year>
<volume>XXVI</volume>
<page-range>99-115</page-range><publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[UNAM, IIH]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Morante]]></surname>
<given-names><![CDATA[L. Rubén]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿El ábaco teotihuacano?]]></article-title>
<source><![CDATA[Estudios de Cultura Náhuatl]]></source>
<year>1997</year>
<volume>XXVII</volume>
<page-range>419-433</page-range><publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[UNAM, IIH]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B25">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Morley]]></surname>
<given-names><![CDATA[Sylvanus G]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La civilización maya]]></source>
<year>1956</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[FCE]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B26">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ortiz]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Rodríguez]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las ofrendas de el Manatí, Veracruz. ¿Religión o magia?]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Ladrón de Guevara]]></surname>
<given-names><![CDATA[Sara]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Vásquez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Sergio]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Memoria del Coloquio: Arqueología del centro y sur de Veracruz]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[Xalapa ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Veracruzana]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B27">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Pascual]]></surname>
<given-names><![CDATA[Arturo]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Iconografía arqueológica de El Tajín]]></source>
<year>1990</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[UNAM, IIE]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B28">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Paso y Troncoso]]></surname>
<given-names><![CDATA[Francisco]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Maynez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Pilar]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La botánica entre los nahuas y otros estudios]]></source>
<year>1988</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[SEP]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B29">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Pasztory]]></surname>
<given-names><![CDATA[Esther]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Xochicalco Stelae and a Middle Classic Deity Triad in Mesoamerica]]></article-title>
<source><![CDATA[Actas del XXIII Congreso Internacional de Historia del Arte]]></source>
<year>1973</year>
<volume>I</volume>
<page-range>185-215</page-range><publisher-loc><![CDATA[Granada ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B30">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Piña Chan]]></surname>
<given-names><![CDATA[Román]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Historia, arqueología y arte prehispánico]]></source>
<year>1986</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[FCE]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B31">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Piña Chan]]></surname>
<given-names><![CDATA[Román]]></given-names>
</name>
</person-group>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Quetzalcoatl; serpiente emplumada]]></source>
<year>1977</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[SEPFCE]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B32">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Recinos]]></surname>
<given-names><![CDATA[Adrián]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Popol Vuh]]></source>
<year>1984</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[SEPFCE]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B33">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ruz L]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alberto]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Palenque: guía oficial]]></source>
<year>1969</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[lNAH]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B34">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sahagún]]></surname>
<given-names><![CDATA[Fray Bernardino de]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Historia general de las cosas de la Nueva España]]></source>
<year>1946</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Nueva España]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B35">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Séjourné]]></surname>
<given-names><![CDATA[Laurette]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Pensamiento y religión en el México antiguo]]></source>
<year>1957</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[FCE]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B36">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Seler]]></surname>
<given-names><![CDATA[Eduardo]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Códice Borgia]]></source>
<year>1988</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[FCE]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B37">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Siméon]]></surname>
<given-names><![CDATA[Remi]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana]]></source>
<year>1984</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Siglo XXI Editores]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B38">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sprajc]]></surname>
<given-names><![CDATA[Iván]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Venus, lluvia, maíz]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[INAH]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B39">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Taube]]></surname>
<given-names><![CDATA[Karl A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Iconography of Mirrors at Teotihuacan]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Berlo]]></surname>
<given-names><![CDATA[Janet C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Art Ideology and the City of Teotihuacan]]></source>
<year>1992</year>
<publisher-loc><![CDATA[Washington^eD.C D.C]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Dumbarton Oaks Research Library]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B40">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Tichy]]></surname>
<given-names><![CDATA[Franz]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Configuración y coordinación sistemática de espacio y tiempo en la visión del mundo en la América antigua: ¿mito o realidad?]]></article-title>
<source><![CDATA[Humboldt]]></source>
<year>1979</year>
<volume>2</volume>
<numero>69</numero>
<issue>69</issue>
<page-range>42-60</page-range><publisher-loc><![CDATA[Munich ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[F. Bruckmann]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B41">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Valdez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Juan A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los comienzos del arte y la arquitectura maya preclásicos]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Townsend]]></surname>
<given-names><![CDATA[Richard F]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La antigua América: el arte de los parajes sagrados]]></source>
<year>1993</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Azabache]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B42">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Velasco Toro]]></surname>
<given-names><![CDATA[José]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Territorialidad e identidad histórica en los zoques de Chiapas]]></article-title>
<source><![CDATA[La Palabra y el Hombre]]></source>
<year>1991</year>
<numero>80</numero>
<issue>80</issue>
<page-range>231-257</page-range><publisher-loc><![CDATA[Xalapa ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B43">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Velázquez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Primo F]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Códice Chimalpopoca; Anales de Cuauhtitlan y Leyenda de los Soles]]></source>
<year>1992</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[IIH, UNAM]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B44">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Vogt]]></surname>
<given-names><![CDATA[Egon Z]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La persistencia de la tradición maya en Zinacantan]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Townsend]]></surname>
<given-names><![CDATA[Richard F]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La antigua América: el arte de los parajes sagrados]]></source>
<year>1993</year>
<page-range>61-69</page-range><publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Azabache]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
