<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1607-050X</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Desacatos]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Desacatos]]></abbrev-journal-title>
<issn>1607-050X</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1607-050X2000000100007</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Deudas, drogas, fiado y prestado en las tiendas de abarrotes rurales]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Villarreal]]></surname>
<given-names><![CDATA[Magdalena]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social de Occidente  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Guadalajara Jalisco]]></addr-line>
<country>México</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2000</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2000</year>
</pub-date>
<numero>3</numero>
<fpage>69</fpage>
<lpage>87</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1607-050X2000000100007&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1607-050X2000000100007&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1607-050X2000000100007&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Esquinas</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Deudas, drogas, fiado y prestado en las tiendas de abarrotes rurales</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><b><font face="verdana" size="2">Magdalena Villarreal*</font></b></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* CIESAS/Occidente.</i></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;	</p> 	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>No f&iacute;o    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	</i></font><font face="verdana" size="2"><i>porque fiando considero    <br> que voy perdiendo un amigo    <br> y ganando un enemigo    <br> a costa de mi dinero</i></font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>No est&aacute; el que f&iacute;a    <br> sali&oacute; a partirle la madre    <br> a uno que le deb&iacute;a</i></font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Hoy no f&iacute;o,    <br> ma&ntilde;ana s&iacute;. <sup><a href="#nota">1</a></sup></i></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gran cantidad de comercios rurales ostentan letreros como &eacute;stos, pero la mayor&iacute;a siguen "fiando", al igual que los vendedores ambulantes, los distribuidores de fertilizantes y las tiendas de muebles, ropa y utensilios de cocina. El mecanismo de pago diferido o "fiado" es s&oacute;lo uno de los dispositivos de deuda y cr&eacute;dito que sostienen a las vulnerables econom&iacute;as familiares. Se suman adem&aacute;s los pr&eacute;stamos de cajas de ahorro, de la banca, y de prestamistas o usureros; las tandas, cundinas o rifas, y los "apoyos" gubernamentales y no gubernamentales orientados a grupos de menores ingresos, entre otros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La relevancia de dichos sistemas no radica &uacute;nicamente en sus funciones econ&oacute;micas y financieras, sino en las maneras en que inciden en la construcci&oacute;n de relaciones sociales, en el forjamiento y reproducci&oacute;n de normas, procedimientos y orden social, en la negociaci&oacute;n de identidades que implican exclusi&oacute;n, conflictos y diferencia social, pero tambi&eacute;n ajuste, adaptaciones y ayuda mutua.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este art&iacute;culo se aborda el espacio simb&oacute;lico y social creado en la interacci&oacute;n entre pobladores rurales y tenderos, basado en informaci&oacute;n etnogr&aacute;fica de tres poblados del occidente de M&eacute;xico: Nuevo Nahuapa y Ayuquila en Jalisco y Carrillo Puerto en Nayarit.<sup><a href="#nota">2</a></sup> T&iacute;picamente hay cuando menos un negocio de abarrotes en peque&ntilde;o en cada dos calles, pero no es poco frecuente encontrar dos o m&aacute;s en una misma calle, o un comercio de abarrotes frente al otro. Las mujeres y los ni&ntilde;os visitan estos establecimientos varias veces al d&iacute;a (generalmente antes de cada comida) para adquirir mandado, y los hombres se re&uacute;nen afuera de ellos a fumar, tomar cerveza o alcohol o simplemente a charlar. Es com&uacute;n que las mercanc&iacute;as se obtengan fiadas, pagando al tendero al final de la semana o cuando los miembros de las familias reciben sus rayas. En ocasiones las mujeres obtienen cr&eacute;dito de las cajas populares para pagar deudas a los tenderos o a los vendedores ambulantes. Explican que cuando entran los recursos a sus hogares, &eacute;stos ya est&aacute;n destinados a pagar en las tiendas, a los prestamistas, a las cajas populares o a sus parientes. Pagan un poco aqu&iacute; y all&aacute;, y afirman que frecuentemente no les queda para comer, pero cuando menos les permite dejar abierta la posibilidad de adquirir cr&eacute;dito, puesto que han mostrado disposici&oacute;n para pagar.</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="/img/revistas/desacatos/n3/a7f1.jpg" target="_blank">Foto 1</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nuestro reto es identificar diversos patrones de pr&aacute;cticas organizativas tomando en cuenta los procedimientos, normas y marcos de conocimiento que inciden en tales relaciones, particularmente con respecto a la deuda. </font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Las deudas, las drogas y las ayudas</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los resultados de m&uacute;ltiples investigaciones sobre pobreza coinciden en que un porcentaje importante de los habitantes rurales se mantiene con la cuarta parte de lo que se ha calculado como el nivel m&iacute;nimo requerido para subsistir.<sup><a href="#nota">3</a></sup> En otras palabras, los pobladores rurales de m&aacute;s bajos ingresos sobreviven sin contar con los medios materiales para hacerlo. &iquest;C&oacute;mo ajustan sus medios para arregl&aacute;rselas?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los pobladores rurales tienden a responder a esta pregunta con lo que se puede leer como evasivas y expresiones estereotipadas. Entre las frases m&aacute;s comunes nos topamos con respuestas tales como "haciendo maromas", "enga&ntilde;ando al est&oacute;mago", "con lo que la providencia nos depare", "endeud&aacute;ndose aqu&iacute; y de all&aacute;" y "aguant&aacute;ndose uno hasta que pase la mala racha".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, la evasividad y ambig&uuml;edad manifiestas en estas respuestas no son m&aacute;s que un reflejo de la imprecisi&oacute;n y las contradicciones que caracterizan tanto los mecanismos de sobrevivencia como las metas inmediatas que esta gente se plantea. Las "maromas" a las que se alude, entonces, se vuelven indispensables en el proceso. Aunque la gente hace clara referencia a modelos econ&oacute;micos y relaciones sociales ideales, sus pr&aacute;cticas frecuentemente revelan lo desbarajustado de los procesos socioecon&oacute;micos dentro de los cuales se forjan sus vidas. &iquest;C&oacute;mo, entonces, dar cuenta de los aspectos organizativos y ordenadores &#151;frecuentemente borrosos e inconsistentes&#151; que intervienen en el uso y distribuci&oacute;n de los recursos escasos?</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este art&iacute;culo no puedo aspirar a presentar un panorama completo de los mecanismos por medio de los cuales los pobladores rurales logran sobrevivir. M&aacute;s bien el enfoque est&aacute; en los medios no&#45;materiales, en el uso de recursos tales como el tiempo, los v&iacute;nculos sociales y las formas de identificaci&oacute;n. Mi argumento sigue el de muchos otros autores,<sup><a href="#nota">4</a></sup> quienes explican que la vida econ&oacute;mica est&aacute; &iacute;ntimamente relacionada con normas sociales y culturales, con interpretaciones y formas de valoraci&oacute;n. Aqu&iacute;, las negociaciones en torno a significados y valores &#151;los cuales implican tanto formas mercantiles como no&#45;mercantiles&#151;,<sup><a href="#nota">5</a></sup> la naturaleza social de los c&aacute;lculos en los cuales se atribuye valor a objetos existentes y no existentes, pero tambi&eacute;n las identidades &#151;es decir, qui&eacute;n eres, qui&eacute;n ser&aacute;s y en qui&eacute;n te convertir&aacute;s&#151; son centrales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La expresi&oacute;n "mala racha" es com&uacute;nmente usada en el M&eacute;xico rural. Bajo esta noci&oacute;n subyace un concepto de infortunio y mala suerte que sobreviene temporalmente en la forma de enfermedad, una muerte, una mala cosecha, falta de empleo y otras calamidades. Sin embargo, hay un elemento de esperanza implicada en tal noci&oacute;n. De alguna manera se espera que la situaci&oacute;n adversa cambie. Pero la fe en "lo que la providencia nos depare" no es s&oacute;lo un principio religioso, es tambi&eacute;n un estilo de vida y una pr&aacute;ctica organizativa que involucra procesos de redistribuci&oacute;n de recursos en los cuales el tiempo es en s&iacute; mismo un recurso. El tiempo no es un marco evolutivo externo dentro del cual se dan las relaciones sociales, sino que es tambi&eacute;n construido, se le da significado y se le utiliza. Las identidades tambi&eacute;n se construyen con relaci&oacute;n al tiempo, y esto se relaciona &iacute;ntimamente con los tipos de v&iacute;nculos que se establecen, con los compromisos y obligaciones que se adquieren y las relaciones de poder que entran en juego en la interacci&oacute;n entre clientes y tenderos que se manifiestan de manera aguda en las situaciones de deuda.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La deuda es una de las maneras m&aacute;s comunes en que se enfrenta la pobreza y la escasez en la vida cotidiana, y algunos hogares basan hasta 50% de su consumo cotidiano en diversas formas de deuda. Sea &eacute;sta monetaria o no&#45;monetaria, la deuda constituye una soluci&oacute;n moment&aacute;nea para las necesidades del hoy con la expectativa de que el ma&ntilde;ana ser&aacute; mejor. Es una manera de salir de las "malas rachas", de las que se habla con tanta frecuencia en el campo.</font>	</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En t&eacute;rminos generales, podemos identificar cuatro tipos de escenarios donde se manifiestan relaciones de deuda y cr&eacute;dito en el M&eacute;xico rural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. La primera tiene que ver con las pr&aacute;cticas de prestamistas y usureros que tradicionalmente han sido llevadas a cabo por terratenientes y caciques. Los caciques amasaron poder en la localidad y la regi&oacute;n al controlar tierra y redes pol&iacute;ticas. Los pr&eacute;stamos frecuentemente se cubr&iacute;an en especie, ya fuera con ma&iacute;z o con trabajo. Sin embargo, el rentar tierra se ha convertido en menos rentable, y con las crisis, muchos terratenientes y prestamistas quebraron. Las historias de c&oacute;mo su ambici&oacute;n los llev&oacute; a cobrar intereses excesivos sin tomar en cuenta la situaci&oacute;n de sus v&iacute;ctimas han sido crecientemente suplantadas por expresiones de l&aacute;stima hacia ellos y de condena a las actitudes ego&iacute;stas y taca&ntilde;as de parte de quienes no prestan dinero. Con el incremento en la necesidad de efectivo, el papel que jugaban caciques y terratenientes se ha ido resignificando. Los peque&ntilde;os prestamistas &#151;incluyendo a mujeres que reciben remesas de sus hijos en los Estados Unidos o maestros que han logrado ahorrar una parte de sus modestos ingresos&#151; han venido a suplantar a los t&iacute;picos usureros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La gente a&uacute;n recurre a patrones y jefes para solicitar pr&eacute;stamos a cambio de trabajo. Con frecuencia se solicitan pagos adelantados, a saldarse con trabajo. Aunque el pago adelantado es costoso, est&aacute;n dispuestos a pagar el precio dada la urgencia de su necesidad de efectivo. As&iacute;, el trabajador se compromete con el patr&oacute;n a proporcionar sus servicios, independientemente de las condiciones laborales y el pago. Esto implica una limitaci&oacute;n de sus opciones de empleo y un mayor control del jefe sobre el tiempo de su empleado, aunque el grado al cual los asalariados pueden negociar los t&eacute;rminos de la relaci&oacute;n var&iacute;an. Un empleado puede tratar de pagar el pr&eacute;stamo r&aacute;pidamente de tal manera que quede en libertad para acceder a otras opciones de trabajo, o puede preferir pagar lentamente y as&iacute; asegurarse una fuente de empleo por un per&iacute;odo m&aacute;s largo. En algunos casos, los t&eacute;rminos de pago del pr&eacute;stamo permanecen ambiguos: el patr&oacute;n no especifica si cobrar&aacute; intereses ni el plazo para pagar. Esto le proporciona un lapso de tiempo para juzgar la habilidad y grado de compromiso del trabajador antes de tomar una decisi&oacute;n definitiva sobre el pago. Generalmente el trabajador tampoco presiona para clarificar los t&eacute;rminos, con la esperanza de ganar su buena voluntad y negociar incluso el perd&oacute;n de la deuda. Mientras tanto, buscar&aacute; pistas en la actitud del patr&oacute;n, o en sus respuestas a otros casos de pr&eacute;stamo para anticipar la direcci&oacute;n que tomar&aacute; y actuar en concordancia. Si se espera un trato gravoso, el trabajador intentar&aacute; liquidar la deuda r&aacute;pidamente para salir de la situaci&oacute;n, lo cual no siempre es f&aacute;cil ni posible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muchos toman la decisi&oacute;n de emigrar a Estados Unidos para pagar deudas adquiridas a ra&iacute;z de la enfermedad o muerte de un miembro de la familia, o tras una cosecha mal lograda.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Los parientes y amigos son una fuente com&uacute;n de pr&eacute;stamos. Se considera una obligaci&oacute;n moral el ayudar a familiares y amigos cercanos en necesidad y generalmente no se cobran intereses. Sin embargo, aunque es menos humillante y m&aacute;s seguro pedir pr&eacute;stamos a la familia, no siempre se recurre a ella, dado que se considera que puede contaminar las relaciones entre ellos y llevar a fisuras y conflictos. Una estrategia para desanimar las solicitudes de pr&eacute;stamos recurrentes es proporcionar el dinero como regalo en lugar de concederlo como pr&eacute;stamo. De esta manera el donador cuenta con mayor libertad para decidir sobre la cantidad que otorgar&aacute;, y el solicitante se ver&aacute; moralmente obligado a no solicitar de nuevo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las tandas, cundinas o rifas son una pr&aacute;ctica com&uacute;n entre amigos y familiares. Implican conocimiento sobre la confiabilidad de las personas, aunque se requiere una fuente de ingreso segura, y esto no siempre es posible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. Los programas crediticios gubernamentales y no gubernamentales han apoyado desde el establecimiento de peque&ntilde;as empresas y cajas de ahorro hasta la compra de implementos e insumos para la producci&oacute;n agr&iacute;cola. Con la introducci&oacute;n de sistemas crediticios gubernamentales para la producci&oacute;n agr&iacute;cola v&iacute;a BANRURAL, FIRA, FIRCO, etc, los productores han obtenido acceso a subsidios y a un uso m&aacute;s intensivo de algunas innovaciones tecnol&oacute;gicas, tales como fertilizantes e implementos modernos. Sin embargo, esto result&oacute; un arma de doble filo, puesto que indujo a los productores a adquirir deudas que no necesariamente fueron cubiertas con las cosechas, adem&aacute;s de la corrupci&oacute;n e ineficiencia que no dejaron de presentarse. Los sistemas crediticios gubernamentales inevitablemente involucraron una serie de pr&aacute;cticas informales en su implementaci&oacute;n: se establecieron relaciones clientelistas de doble v&iacute;a, involucrando, por un lado, la utilizaci&oacute;n de recursos gubernamentales para ejercer poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico por parte de funcionarios de gobierno, pero por otro, los l&iacute;deres locales tambi&eacute;n "amarraron" a los funcionarios a garantizar su apoyo y mejores facilidades credicticias y de subsidios. Esto se vio favorecido por la pr&aacute;ctica &#151;com&uacute;n en las &aacute;reas rurales mexicanas&#151; de organizar comidas para los funcionarios e invitarlos a beber para ganar su buena voluntad y resolver problemas burocr&aacute;ticos cuando requer&iacute;an cr&eacute;dito u otros servicios gubernamentales. El costo era soportado por todos los miembros del grupo o comunidad, pero de esta manera se aseguraban alianzas y lealtades personales o grupales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El acceso a los sistemas crediticios bancarios ahora est&aacute; severamente restringido, pero han surgido una multiplicidad de cooperativas de cr&eacute;dito y ahorro, promovidas por programas de compensaci&oacute;n social gubernamentales, organizaciones asistenciales y organizaciones civiles. Proveen fuentes de financiamiento con muy bajos intereses y sin muchos prerrequisitos, una buena parte de los cuales, sin embargo, se canalizan a cubrir las emergencias familiares y las necesidades de consumo cotidiano m&aacute;s que ser invertidas en la producci&oacute;n agropecuaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. Los sistemas crediticios con tiendas o vendedores ambulantes tambi&eacute;n son una pr&aacute;ctica com&uacute;n. Las grandes tiendas pueden pagar cobradores especiales para recuperar deudas retrasadas, las cuales se han incrementado con las crisis econ&oacute;micas. Uno de los sistemas crediticios que ha persistido a trav&eacute;s de las d&eacute;cadas es el que se lleva a cabo con los peque&ntilde;os negocios de abarrotes. Aqu&iacute; el arreglo m&aacute;s com&uacute;n es el pago diferido o "fiado", donde, como mencion&eacute;, los clientes pueden llevarse las mercanc&iacute;as y otros bienes de consumo y pagar al recibir sus rayas u otras formas de ingreso. El tendero, a su vez, retrasa el pago a los proveedores para surtir la tienda. El sistema es indispensable para que cada uno mantenga &#151;y si es posible incremente&#151; sus clientes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, el sistema es precario, y durante un per&iacute;odo de tres a&ntilde;os pudimos observar c&oacute;mo algunas tiendas se vieron obligadas a cerrar, y a sus due&ntilde;os teniendo que buscar maneras de cubrir sus propias deudas. Se abrieron nuevos comercios con las remesas de Estados Unidos o una buena cosecha, muchos de los cuales s&oacute;lo permanecieron algunos meses.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con los cambios acelerados que se viven actualmente en el agro, las relaciones de deuda parecen haberse incrementado &#151;o cuando menos relocalizado. Pero sobre todo, su relevancia econ&oacute;mica y social se hace cada vez m&aacute;s evidente y los marcos sociales en las que se basan parecen cambiar significados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque involucrarse en deuda monetaria casi nunca es reconocido como un procedimiento ideal o moralmente correcto, es una pr&aacute;ctica recurrente. Como tal, constantemente es reiventada y resignificada para legitimar su uso. En el proceso, una "mala racha" puede pasar temporalmente, pero los compromisos y las obligaciones permanecen, llevando a la reproducci&oacute;n de vulnerabilidades y formas de exclusi&oacute;n. Esto no quiere decir que la deuda siempre lleva a la exclusi&oacute;n y la falta de poder. Afirmar esto ser&iacute;a una tergiversaci&oacute;n de su naturaleza y su operaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La deuda es frecuentemente identificada como un riesgo moral, morosidad, fraude y comportamiento imprudente o ilegal. Pero en los poblados rurales del Occidente de M&eacute;xico, la gente utiliza varios t&eacute;rminos para referirse a la deuda. Aunque las implicaciones de cada vocablo y sus significados precisos var&iacute;an en diferentes regiones y en distintos contextos, es interesante distinguirlos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El <i>pr&eacute;stamo,</i> por ejemplo, puede referirse a una financiaci&oacute;n formal del banco o de un prestamista, as&iacute; como a pr&eacute;stamos informales de amigos y parientes. Su uso generalmente sugiere disponibilidad a pagar dentro de un per&iacute;odo de tiempo corto sin implicar demasiado esfuerzo. Un pr&eacute;stamo es un favor. La gente se siente agradecida de obtener pr&eacute;stamos en momentos de dificultad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La <i>deuda,</i> por otro lado, se puede referir a un saldo establecido tanto en efectivo como en especie (tal como un favor que debe ser pagado). Hay m&aacute;s compromiso implicado en el t&eacute;rmino. Una deuda no debe ser olvidada. El t&eacute;rmino <i>compromiso</i> tambi&eacute;n es usado de esta manera: una deuda que implica un grado de presi&oacute;n. Pero tener una <i>droga</i> es m&aacute;s fuerte. Se siente el peso de la deuda y se lucha por liquidarla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El <i>cr&eacute;dito</i> se usa habitualmente para relaciones m&aacute;s formales con bancos u otras instituciones. Frecuentemente se presupone una noci&oacute;n de derechos. Se tiene el derecho a recibir ciertos fondos y se reconoce la obligaci&oacute;n de pagar una tasa de inter&eacute;s. El cr&eacute;dito tambi&eacute;n puede referirse a la potencialidad de adquirir una deuda. Tener cr&eacute;dito en una tienda o el banco significa que se puede obtener un pr&eacute;stamo si se requiere. Una <i>ayuda</i> tambi&eacute;n se puede referir a cr&eacute;dito de un banco, pero con frecuencia es utilizado con referencia a los apoyos gubernamentales o de instituciones asistenciales. Se proporciona con el prop&oacute;sito espec&iacute;fico de ayudar y puede o no ser sufragada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, <i>fiado</i> es pago diferido, se usa con referencia a mercanc&iacute;as que no se liquidan inmediatamente, particularmente en comercios locales o a vendedores ambulantes, pero tambi&eacute;n en tiendas regionales que expenden fertilizantes y otros insumos agr&iacute;colas, por ejemplo, donde el cliente es conocido y confiable. La deuda debe ser liquidada a corto plazo. Es interesante hacer notar que el t&eacute;rmino "fiado" es utilizado para negociaciones en peque&ntilde;o. A pesar de ser un mecanismo recurrente en la mayor&iacute;a de las relaciones comerciales, en los grandes establecimientos o en otros momentos y espacios de las cadenas de comercializaci&oacute;n de agroproductos, se habla m&aacute;s bien de <i>pago diferido</i> o de cr&eacute;dito.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cada uno de los vocablos tiene distintas implicaciones en t&eacute;rminos del tipo de compromiso que se adquiere y la naturaleza de las relaciones que se involucran. Adem&aacute;s, la elecci&oacute;n de uno u otro t&eacute;rmino est&aacute; &iacute;ntimamente relacionada con el <i>status</i> de los actores implicados. As&iacute;, se habla de la deuda como un favor, un derecho o una presi&oacute;n, puede ser una estrategia o un dispositivo de emergencia. Dentro de una y la misma relaci&oacute;n monetaria, la deuda puede ser concebida como un recurso, como riqueza virtual, como un compromiso o parte de la maquinaria de la reproducci&oacute;n de vulnerabilidad y subordinaci&oacute;n. Que la riqueza sea virtual o real es un asunto ambiguo hasta en tanto un evento dr&aacute;stico precipite la necesidad de definir su naturaleza. En t&eacute;rminos econ&oacute;micos, tal vez se podr&iacute;a discutir esto en t&eacute;rminos de solvencia y fluidez. Y &#151;como lo demuestran los eventos en el escenario m&aacute;s amplio de la econom&iacute;a mexicana&#151; el veredicto de solvencia o insolvencia se puede basar en elementos no&#45;financieros. Esto es, los juegos pol&iacute;ticos, el <i>bluff</i> y la negociaci&oacute;n de intereses tienen mucho que ver con tales veredictos. La cantidad de deuda o la acumulaci&oacute;n de riqueza real no son los &uacute;nicos elementos que determinan si un pa&iacute;s, una empresa o un individuo se declarar&aacute; solvente o insolvente. M&aacute;s bien, pareciera que tales decisiones tienen mucho que ver con especulaciones, con predicciones del futuro basadas en un conocimiento imperfecto.<sup><a href="#nota">6</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es esta la idea que quiero enfatizar al hablar de un proceso de "canje" de identidades, sobre lo cual abundar&eacute; enseguida, pero antes, quisiera introducir al lector al escenario de los peque&ntilde;os negocios de abarrotes y los tenderos.</font></p> 	    <p align="center"><img src="/img/revistas/desacatos/n3/a7f2.jpg"></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Las tiendas y los tenderos</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tras el viejo mostrador de madera est&aacute; la hija de Micaela.<sup><a href="#nota">7</a></sup> Ella atiende el peque&ntilde;o negocio de abarrotes de su madre en las tardes, despu&eacute;s de la escuela, mientras Micaela hace el quehacer de la casa. La muchacha dibuja despreocupadamente figuritas sin sentido en los m&aacute;rgenes de la libreta &#151;sucia por la manipulaci&oacute;n con dedos grasosos de la que ha sido objeto&#151; en donde se anotan las deudas de quienes llevan mercanc&iacute;as fiadas. En ocasiones son s&oacute;lo n&uacute;meros, sumas cuyos significados &uacute;nicamente ella y su madre podr&aacute;n precisar, recordando con exactitud a qu&eacute; cliente y qu&eacute; mercanc&iacute;a se refieren. A veces hay nombres o apodos &#151;Chico, G&uuml;era, Gordo. Tampoco se sigue un estricto orden diacr&oacute;nico. Se agregan n&uacute;meros a cuentas pasadas, pero una misma persona puede tener cuentas en distintas hojas. La libreta de ninguna manera suple a la memoria, aunque su importancia como registro es fundamental.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los anaqueles medio vac&iacute;os ostentan, entre otras mercanc&iacute;as, bolsas de detergente, cloro, papel sanitario, barras de jab&oacute;n rosas, blancas y amarillas, latas de at&uacute;n, sardinas y chiles, caf&eacute;, maizena de sabores, aceite vegetal, sal y una variedad de galletas de diversas marcas envueltas en papel celof&aacute;n. Una capa de polvo cubre los art&iacute;culos de menos uso. Sobre el mostrador, un cart&oacute;n con quesos frescos se conserva cubierto con un lienzo para mantener alejadas a las moscas, al igual que la canasta de pan dulce que se localiza a un lado. Tambi&eacute;n sobre el mostrador una variedad de dulces, chicles y chocolates &#151;junto a una cajita con bater&iacute;as y algunos juguetes peque&ntilde;os&#151; permanecen a la vista de los clientes. Las aspirinas, el aceite de oliva embotellado en frasquitos de pl&aacute;stico verdes para uso medicinal, el jarabe para la tos, clorafenicol para las infecciones de ojos y los alka seltzers se encuentran en cajas en uno de los anaqueles, junto con las vacunas para vacas y pollos y pomada medicinal para el ganado &#151;que tambi&eacute;n es utilizada para la gente en la regi&oacute;n. No muy lejos est&aacute;n las cajas de botones, hilos de colores fosforescentes, agujas y retazos de tela blanca estampada con patrones para el bordado. Cerca de la puerta, sellando ostentosamente el contraste con su entorno inmediato, dos refrigeradores modernos con puertas de vidrio albergan refrescos y algunas cervezas. Tras la puerta que comunica con la habitaci&oacute;n, se vislumbran cartones de cerveza con botellas vac&iacute;as. En el piso, Micaela tiene un bote de petr&oacute;leo &#151;el cual la gente a&uacute;n utiliza aunque la mayor&iacute;a recurre al gas butano&#151; un costal de nailon con az&uacute;car, otro con frijol y otro con ma&iacute;z &#151;s&oacute;lo uno, a diferencia de los varios sacos que Micaela apartaba para vender antes que se instalara la tortiller&iacute;a, cuando su marido era uno de los caciques de la regi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Carrillo Puerto, donde se sit&uacute;a la tienda de Micaela, es un pueblito pintoresco de 1 200 habitantes localizado en el valle costero del estado de Nayarit. Fue fundado durante el per&iacute;odo cardenista por un grupo conformado por agraristas, pero tambi&eacute;n inclu&iacute;a a algunos terratenientes (grandes y medianos) quienes encontraron la manera de proteger cuando menos parte de su tierra de la expropiaci&oacute;n hecha por el Departamento de Asuntos Agrarios. Su petici&oacute;n fue aceptada, en parte debido a que algunos de los miembros del grupo manten&iacute;an buenas relaciones con ciertos funcionarios. El ejido creci&oacute; a 160 miembros, incluyendo los hijos de los ejidatarios originales y algunos avecindados. Hasta principios de los ochenta, tres de las familias fundadoras &#151;incluyendo la de Micaela&#151; manten&iacute;an el control del ejido. En ese tiempo la plaza principal &#151;frente a su tienda&#151; se usaba como patio para extender toneladas de ma&iacute;z al sol a secar &#151;la mayor parte producto del trabajo de peque&ntilde;os y medianos productores que estaban endeudados con Javier, el esposo de Micaela, y se ve&iacute;an obligados a ceder un tercio, o a veces la mitad de su cosecha. Con la introducci&oacute;n de sistemas de cr&eacute;dito del BANRURAL, Javier perdi&oacute; gran parte de su clientela. Pero muchos productores a&uacute;n ven&iacute;an a solicitarle pr&eacute;stamos cuando pasaban por las "malas rachas" y hab&iacute;a muchos otros de pueblos circunvecinos que todav&iacute;a no ten&iacute;an acceso a cr&eacute;dito gubernamental pues se encontraban luchando por regularizar su tierra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, los servicios educativos que se ofrecieron a la poblaci&oacute;n tambi&eacute;n repercutieron en las empresas de Javier. Llevaron, por ejemplo, a que muy pronto los j&oacute;venes empezaran a emigrar para ir a estudiar &#151;la mayor&iacute;a en la normal de Atequiza, otros a Tepic y algunos a Chapingo. Muchos se casaron y se quedaron a vivir en las ciudades.<sup><a href="#nota">8</a></sup> Sin embargo, hay un fuerte sentido del deber en Carrillo Puerto, y com&uacute;nmente los j&oacute;venes emigrantes apoyan a los padres que permanecen en el pueblo. Adem&aacute;s, Carrillo Puerto cuenta con un n&uacute;mero significativo de profesionistas que trabajan como agr&oacute;nomos y secretarias, pero sobre todo maestros, quienes &#151;gracias a un profesor local que obtuvo un buen puesto en la Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica&#151; no batallan en conseguir plazas. As&iacute;, un porcentaje importante de quienes permanecen en el pueblo tiende a recibir, de una manera u otra, un ingreso fijo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunado a esto, quienes lograron acumular un peque&ntilde;o capital empezaron a poner sus propios negocios de abarrotes, adem&aacute;s de que se estableci&oacute; una tienda CONASUPO en el pueblo, por lo que la tienda de Micaela perdi&oacute; mucha clientela. Se hac&iacute;a cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil pagar los impuestos. Finalmente, la crisis golpe&oacute; a Javier y a otros peque&ntilde;os y medianos empresarios en el campo. El precio del ma&iacute;z se hab&iacute;a mantenido bajo control, mientras que el costo de los insumos agr&iacute;colas sub&iacute;a. A mediados de los ochenta Javier era considerado un "cacique venido a menos". Sus vecinos comentan que Javier no supo manejar su capital. Empez&oacute; a tomar fuertemente, compraba veh&iacute;culos del a&ntilde;o y se gastaba el dinero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, al morir Javier a finales de los ochenta, Micaela no se dio por vencida. A&uacute;n contaba con un numero importante de "clientes atados" quienes le deb&iacute;an dinero y por lo tanto estaban moralmente obligados a continuar consumiendo en su tienda. Aunque la mayor&iacute;a de las tiendas del pueblo tambi&eacute;n funcionaban con el sistema de fiado, esto mermaba sus posibilidades de surtir el negocio de acuerdo a las demandas de sus clientes. Pero Micaela era adem&aacute;s prestamista, as&iacute; que pod&iacute;a agregar clientes a su lista y ejercer cierta presi&oacute;n sobre ellos para que le fueran leales. Adem&aacute;s organiz&oacute; cundinas,<sup><a href="#nota">9</a></sup> de tal manera que sus clientes m&aacute;s confiables pudieran adquirir sus mercanc&iacute;as mensualmente y pagar en peque&ntilde;as sumas semanales. Tal mecanismo fue dise&ntilde;ado por Asunci&oacute;n, quien, junto con su esposo atend&iacute;a la tienda CONASUPO, pero no pod&iacute;a "dar fiado" de acuerdo a los reglamentos gubernamentales. Micaela pronto retom&oacute; el sistema para no mermar sus reservas. Sin embargo, las ganancias totales de la tienda no ascienden a m&aacute;s de 4 000 pesos, lo cual es menor al sueldo devengado en promedio por un maestro en Carrillo Puerto.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Identidades "al canje": otras divisas en las transacciones de peque&ntilde;os comercios</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Historias como la de Micaela y su tienda no son poco comunes en el Occidente de M&eacute;xico. Establecer peque&ntilde;os negocios de abarrotes ha sido una pr&aacute;ctica com&uacute;n entre quienes han logrado acumular algo de capital, pero sostenerlas en tiempos de cambios sociales y econ&oacute;micos es un asunto diferente. Una condici&oacute;n es mantener el flujo de efectivo en movimiento, para lo cual se requieren ciertas previsiones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Primero, es poco frecuente que los arreglos crediticios de dichos negocios se hagan abiertamente. Los tenderos tienden a negar que permiten los pagos diferidos, en parte como un mecanismo de control para decidir en qui&eacute;n pueden confiar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Segundo, se requieren dispositivos morales y sociales de aval para garantizar el pago. Para ser juzgado como digno de confianza, no es suficiente que se posea ganado o tierra. Generalmente el tendero necesita una historia para identificar a la persona, saber un poco de sus patrones de comportamiento o asociarlo a redes conocidas que lo respalden. Se necesitan habilidades para lo que ellos llaman <i>"tantear"</i> a la persona, prever su futuro en t&eacute;rminos del ingreso que podr&aacute; recibir. Aqu&iacute; se atribuyen valores diferenciales al trabajo en cada localidad. No es lo mismo trabajar para una compa&ntilde;&iacute;a jitomatera, donde el pago es recibido cada semana, que ser cortador de hoja, donde el trabajo es mucho m&aacute;s pesado y la probabilidad de que el jornalero desista del empleo es mayor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tercero, poseer peque&ntilde;os objetos de valor es un bien que puede ser intercambiado con cierta facilidad. El ma&iacute;z que una familia separa para sobrevivir la temporada de secas frecuentemente se utiliza para cambiar por mercanc&iacute;as o para pagar deudas. Frecuentemente se paga a un precio menor que el que rige en el mercado. Bienes mayores tales como tierra, ganado o un veh&iacute;culo son importantes, no solo por su valor de intercambio, sino porque hablan de la persona, quien se considera "de recursos" y puede tener acceso a efectivo.</font>	</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, quien es identificado como productor rico, empresario exitoso, comerciante honesto o buen trabajador podr&aacute; acceder a pr&eacute;stamos con mayor facilidad y con toda probabilidad se beneficiar&aacute; de mayor tolerancia en cuanto a pagos diferidos. Por el contrario, ser tildado de borracho, deshonesto o muy pobre puede implicar la negaci&oacute;n de cr&eacute;dito. La identidad, entonces, es un efecto que puede ser traducido como recurso &#151;o como lastre. Constituye un elemento "canjeable" en las transacciones que involucran deuda. La definici&oacute;n de solvencia y las connotaciones asociadas a un comportamiento particular vienen a formar parte de la negociaci&oacute;n. Los valores monetarios se redefinen dentro de tales negociaciones, y lo que uno pudiera juzgar como valores dis&iacute;miles frecuentemente se hacen equivalentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto apunta a la noci&oacute;n de capital social, la cual ha sido utilizada para designar los elementos sociales y simb&oacute;licos que llegan a formar parte de las transacciones econ&oacute;micas. Sin embargo, como argumentamos en otra parte,<sup><a href="#nota">10</a></sup> el capital social es com&uacute;nmente descrito como una serie de recursos sociales externos a la relaci&oacute;n de intercambio. Se visualizan como recursos a ser movilizados, acumulados o almacenados, y por lo tanto conceptualizados como separados de las acciones sociales mismas. El problema con esta conceptualizaci&oacute;n es que hay una tendencia a atribuir valores monetarios fijos a los efectos sociales, mientras que el punto cr&iacute;tico reside en los procesos de negociaci&oacute;n y creaci&oacute;n de valor, independientemente de que haya o no un discurso monetario que enmarque los intercambios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una perspectiva alternativa es identificar los efectos sociales y los recursos como divisas, a las cuales se les atribuye situacionalmente el valor de intercambio, o que "vienen a complementar, entretejerse con y resignificar los valores en la transacci&oacute;n. La coexistencia e interjuego de diferentes divisas en el proceso de intercambio permite que tales componentes sean tratados como integrales a la negociaci&oacute;n y creaci&oacute;n del valor".<sup><a href="#nota">11</a></sup> Las diferentes divisas no se circunscriben a valores no monetarios. Zelizer (1994) argumenta convincentemente que los dineros se diferencian seg&uacute;n los destinos que se les atribuya &#151;tales como dinero para la iglesia, dinero de la escuela, dinero para obras de caridad, etc. De igual manera, la fuente de donde provienen los dineros implica una significaci&oacute;n y un valor diferenciado: en el agro com&uacute;nmente es causa de reproche moral utilizar el dinero producto de la venta de leche en cervezas, mientras que puede ser leg&iacute;timo "derrochar" una parte de los fondos obtenidos de la venta de un becerro. As&iacute;, los dineros se transforman para adecuarse a una variedad de valores y relaciones sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El argumento de Zelizer es relevante para comprender c&oacute;mo se adjudican propiedades sociales y econ&oacute;micas diferenciadas a valoraciones monetarias similares. Muestra tambi&eacute;n c&oacute;mo las recompensas monetarias y sociales diferenciadas pueden ser juzgadas equivalentes. Las incompatibilidades llevan a contiendas sobre la relevancia de valores sociales particulares frente a otros y revelan las racionalidades de valoraci&oacute;n diferentes que frecuentemente forjan relaciones e intercambios desiguales y jer&aacute;rquicos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ejemplo, en Ayuquila, un peque&ntilde;o poblado de 724 habitantes localizado dentro de un distrito de irrigaci&oacute;n en Jalisco, Benita se encontraba muy endeudada. Vive en las afueras de poblado con su pareja y los tres v&aacute;stagos de su hija. Su hija hab&iacute;a dejado a su marido recientemente &#151;para el disgusto de Benita, puesto que el hombre era buen proveedor&#151; y emigr&oacute; a los Estados Unidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El viaje a los Estados Unidos implic&oacute; una inversi&oacute;n pesada y Benita se hab&iacute;a visto obligada a pedir dinero prestado a su madre para poder financiarlo. No fue f&aacute;cil, puesto que sus relaciones con su madre no eran muy buenas. Su madre, que es viuda, hab&iacute;a dado el ganado al partido (arreglo mediante el cual quien se encarga del ganado se queda con la mitad de las cr&iacute;as) a su cu&ntilde;ada en lugar de permitir que el marido de Benita se hiciera cargo. Benita se sinti&oacute; muy ofendida, pero escondi&oacute; su orgullo y pidi&oacute; un pr&eacute;stamo. Su madre se lo concedi&oacute; de mala gana, puesto que ten&iacute;a dudas de que su hija pagara. Benita insisti&oacute; en que era un pr&eacute;stamo &#151;su hija pronto encontrar&iacute;a trabajo en los Estados Unidos y le enviar&iacute;a el dinero para pagar los gastos de sus hijos. Comenta que hab&iacute;a hecho c&aacute;lculos de que podr&iacute;a manejarse con los ni&ntilde;os de una manera u otra, "enga&ntilde;ar&iacute;an al est&oacute;mago" con plantas silvestres y tomando t&eacute; de zacate, y el dinero pod&iacute;a ser usado para pagar a su madre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El marido de Benita no posee tierra, sino que siembra coamiles en el cerro para producir ma&iacute;z. El acuerdo es que puede usar la tierra a cambio de dejar las pasturas. Se queda con el ma&iacute;z, y el due&ntilde;o de la tierra con el forraje. Este a&ntilde;o, sin embargo, hab&iacute;a habido una plaga en las plantas y la cosecha fue muy mala. A pesar del hecho de que se le dificulta caminar por sus v&aacute;rices inflamadas, Benita acompa&ntilde;&oacute; a su esposo a repepenar (recoger el ma&iacute;z sobrante de las parcelas de los productores) y hab&iacute;an cosechado ma&iacute;z suficiente para aguantar cuando menos dos meses. Sin embargo, Benita hab&iacute;a tenido que desgranar algunos kilos y llevarlos a la tienda para intecambiarlos por az&uacute;car, caf&eacute; y otros indispensables. No pod&iacute;a ir a la tienda que estaba m&aacute;s cerca de su casa, puesto que les deb&iacute;a demasiado. Hab&iacute;a tratado de pagarles parte de la deuda con ma&iacute;z, pero la tendera se rehus&oacute;. Dijo que no era suficiente para cubrir el saldo, pero implic&oacute; que no la quer&iacute;a como cliente. Adem&aacute;s la acus&oacute; de comprar en otras tiendas. Para la tendera, el dinero de Benita estaba "contaminado": se sospechaba que su madre le hab&iacute;a "puesto un mal" a una muchacha en el pueblo, sobrina de la tendera. Era mejor no tenerla como cliente, y una deuda no pagada era buena excusa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El caso de Benita es ilustrativo de las divisas diferenciales implicadas en las transacciones econ&oacute;micas y los circuitos de deuda. Puesto que el ma&iacute;z es un grano b&aacute;sico, puede ser cambiado al trueque en el pueblo. Su valor monetario, sin embargo, es m&aacute;s bajo al intercambiarse por mercanc&iacute;as en la tienda. Adem&aacute;s, los comerciantes de ma&iacute;z no lo adquieren <i>kileado</i> y Benita no quer&iacute;a deshacerse de todo el ma&iacute;z, sabiendo que le costar&iacute;a m&aacute;s cuando necesitara comprarlo. Por otro lado, frecuentemente no planeaba m&aacute;s all&aacute; de la siguiente comida, pues no sab&iacute;a si alguien le regalar&iacute;a alg&uacute;n platillo o si su esposo traer&iacute;a algo de dinero. Por lo tanto vend&iacute;a s&oacute;lo lo que requer&iacute;a para cubrir sus necesidades m&aacute;s indispensables. Benita pudo haber vendido un kilo o dos a alg&uacute;n vecino, pero esto ten&iacute;a otros costos. Uno, ser&iacute;a visto como un favor que luego requerir&iacute;a pago de una forma u otra, y dos, sus vecinos tendr&iacute;an mayor informaci&oacute;n de sus problemas econ&oacute;micos. Benita era sensible a esto, diciendo que algunos lo tomar&iacute;an bien y la tratar&iacute;an de ayudar pero que otros s&oacute;lo empezar&iacute;an a chismear. Alguien que le tuviera "mala voluntad" por alg&uacute;n motivo podr&iacute;a utilizar esto para diseminar una imagen de Benita como poco confiable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La falta de un ingreso continuo, el bajo <i>status</i> y las asociaciones con brujer&iacute;a se traduc&iacute;an como falta de confiabilidad y por lo tanto minaron el valor del dinero de Benita. Su &uacute;nico recurso era apostarle al ma&ntilde;ana, esperando que su hija le enviara dinero para las necesidades de los ni&ntilde;os o que su esposo encontrara trabajo. Pero tener una hija trabajando en los Estados Unidos era un recurso que podr&iacute;a ser evaluado diferente dentro de varios escenarios. Ten&iacute;a poco valor en la tienda donde se le identificaba con brujer&iacute;a, pero pod&iacute;a usarlo dentro de sus redes familiares, donde hab&iacute;a tambi&eacute;n una obligaci&oacute;n moral a ayudarla, aun cuando hubiera algunos problemas entre ellas. As&iacute;, la coexistencia y el interjuego de diferentes divisas forman parte integral de las transacciones econ&oacute;micas.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Normas y procedimientos</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las relaciones entre los tenderos y sus clientes toman forma a trav&eacute;s de una gama de c&oacute;digos morales y sociales. As&iacute;, a qui&eacute;n se puede recurrir en momentos de necesidad y c&oacute;mo, y qu&eacute; tipo de respuestas, compromisos y obligaciones se derivan de ello pueden variar. Tales c&oacute;digos se establecen en diferentes arenas de interacci&oacute;n. Sin embargo, hay intersecciones, convergencia y conflicto dentro de los dominios espec&iacute;ficos y de acuerdo a circunstancias y eventos particulares. Mostrar disposici&oacute;n a pagar es importante, pero c&oacute;mo se define tal disposici&oacute;n puede variar. Pagar la mitad de la deuda, por ejemplo, puede ser interpretado como buena voluntad en un caso y como resistencia a liquidar la deuda en otro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mostrar lealtad hacia el tendero es crucial. El cliente no debe comprar en otras tiendas locales, especialmente cuando est&aacute; endeudado (aunque tales procedimientos son frecuentes, y las quejas de los tenderos se dejan escuchar). Pero el tendero tambi&eacute;n debe corresponder con obligaciones morales. Se espera un grado de comprensi&oacute;n a la situaci&oacute;n del deudor, y no se debe exigir pago en los casos de enfermedad severa o muerte en la familia del cliente. Com&uacute;nmente se espera que las viudas sean eximidas de sus deudas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ejemplo, en Carrillo Puerto, el marido de Emma muri&oacute; repentinamente al ser arrollado por un tren. Su situaci&oacute;n econ&oacute;mica no era de las m&aacute;s agudas en el pueblo, puesto que su esposo trabajaba de afanador en la escuela secundaria local y aunque su ingreso era bajo, cuando menos representaba una entrada constante. Adem&aacute;s, vend&iacute;a tacos dos noches a la semana frente a la plaza. Emma comenta que no le gusta deber, por lo que s&oacute;lo recurre a adquirir mercanc&iacute;as fiadas cuando no tiene otra opci&oacute;n, aunque s&iacute; recurre con cierta frecuencia a prestamistas. Siempre que le era posible, compraba su mandado en la CONASUPO, donde los costos eran menores pero no pod&iacute;a llevarlos fiados. Para su sorpresa, un d&iacute;a, tras la muerte de su esposo, fue a buscar un art&iacute;culo a la tienda de Micaela y le informaron que ten&iacute;a una deuda pendiente. Le explicaron que antes de que muriera su esposo, el padre de &eacute;ste acostumbraba llevar mercanc&iacute;a fiada y le ped&iacute;a a Micaela que la anotara a nombre de su hijo. Micaela aceptaba, sabiendo que el hijo contaba con un ingreso fijo. Posteriormente Emma descubri&oacute; que su esposo hab&iacute;a pagado las deudas de su padre en varias ocasiones, aunque lo hab&iacute;a amonestado seriamente y este hab&iacute;a prometido no continuar con tales procedimientos. Emma explica que ella confront&oacute; a su suegro con el hecho, y que &eacute;ste acept&oacute; haber sacado mercanc&iacute;a a nombre de su hijo, pero que, ya sea por verg&uuml;enza de haber sido descubierto, o porque de plano no sab&iacute;a cuanto deb&iacute;a, no pudo definirle el monto de la deuda. A sus preguntas, &eacute;l siempre contest&oacute; que no se acordaba. Emma no pod&iacute;a saber si los c&aacute;lculos que hac&iacute;a Micaela eran correctos y su suegro no ten&iacute;a los medios para pagar el saldo. Emma enfrent&oacute; la situaci&oacute;n recurriendo a los c&oacute;digos morales, no tanto en el sentido de que su suegro hab&iacute;a actuado a sus espaldas, sino recurriendo a su identidad como viuda. Se considera injusto cobrar a una viuda las deudas de su difunto esposo. Dio a conocer la situaci&oacute;n entre sus redes sociales y Micaela tuvo que ceder.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los casos de Emma y Benita hablan tambi&eacute;n de procesos locales de redistribuci&oacute;n del ingreso: sea o no voluntario, el ingreso de una familia se desparrama hasta cierto punto hacia las redes de parentesco. Aunque peque&ntilde;as, las cantidades son significativas para sus econom&iacute;as precarias. No nos referimos necesariamente a formas desinteresadas y espont&aacute;neas de solidaridad. La solidaridad es una de las divisas que se entreteje con otras en las transacciones, pero es necesario negociar las maneras en que ser&aacute; evaluada y llevada a cabo. Los parientes y amigos cercanos esperan apoyo por parte de los tenderos en tiempos dif&iacute;ciles, y es embarazoso para estos negarse. Hay un grado al cual se espera que la riqueza sea compartida &#151;al igual que la penuria. Repetidamente entran envidias y resentimientos a los escenarios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque los tenderos no cobran intereses por los pagos diferidos, los clientes frecuentemente se quejan de que aceptan dar fiado a ni&ntilde;os (y en ocasiones a parientes tales como el suegro de Emma), anotando la deuda al nombre de los padres sin su consentimiento. Adem&aacute;s los acusan de no pesar adecuadamente los granos b&aacute;sicos, el az&uacute;car y la manteca, y de cobrarles m&aacute;s de lo que deben. Y es que no se considera apropiado que un cliente haga sus propias anotaciones sobre las mercanc&iacute;as que se ha llevado fiadas. Deben mostrar que conf&iacute;an en los tenderos de la misma manera en que &eacute;stos conf&iacute;an en ellos.</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="/img/revistas/desacatos/n3/a7f3.jpg" target="_blank">Foto 3</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las pautas a seguir y las expectativas en las relaciones entre tenderos y sus clientes var&iacute;an entre los poblados rurales del Occidente de M&eacute;xico. &Eacute;stas se forjan en el contexto de estilos de vida y las pr&aacute;cticas socioecon&oacute;micas. Tanto Carrillo Puerto como Ayuquila son poblados relativamente antiguos, donde los estilos de vida a&uacute;n se relacionan de alguna manera con la ganader&iacute;a. Los tenderos pueden esperar pago inmediato durante la temporada de lluvias, cuando las vacas pastan cerca de los poblados y pueden ser orde&ntilde;adas. Tambi&eacute;n esperan la liquidaci&oacute;n de deudas en diciembre o enero, cuando los becerros han crecido y engordado tras de alimentarse en pastos frescos durante la temporada de lluvias y con los sobrantes de las cosechas de ma&iacute;z.<sup><a href="#nota">12</a></sup> En contraste, Nuevo Nahuapa se fund&oacute; en 1975, cuando los campesinos organizados en una Uni&oacute;n de Ejidos lograron la tierra por la cual hab&iacute;an luchado por m&aacute;s de tres d&eacute;cadas. Inicialmente algunos de los miembros del ejido pose&iacute;an ganado, pero la mayor&iacute;a eran jornaleros buscando asegurar su sobrevivencia de la agricultura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los tres poblados tienen acceso a irrigaci&oacute;n. Ayuquila y Nuevo Nahuapa se localizan en distritos de irrigaci&oacute;n &#151;aunque al segundo no se le permiti&oacute; acceso sino hasta recientemente, en parte debido a su imagen como opositores del gobierno y robatierras&#151; y Carrillo Puerto cuenta con algunos pozos de irrigaci&oacute;n. Se han introducido nuevos cultivos, Ayuquila ahora depende del cultivo de ca&ntilde;a de az&uacute;car y algunas legumbres, y Nuevo Nahuapa del cultivo de ajonjol&iacute;, sorgo y papaya, pero Carrillo Puerto contin&uacute;a con el cultivo de ma&iacute;z y frijol fundamentalmente. La papaya tarda tres a&ntilde;os en producir, pero una vez que empiezan a cosechar, los rendimientos pueden ser bastante buenos. Los tenderos no perdonar&aacute;n a sus clientes si no pagan tras una buena cosecha, y los productores se quejan de que casi no ven sus ganancias. Tan pronto reciben el pago por su cosecha lo deben entregar para cubrir sus m&uacute;ltiples deudas. Calculado en t&eacute;rminos mensuales (aunque se recibe &uacute;nicamente una o dos veces al a&ntilde;o, excepto en el caso de la papaya, donde puede haber varias cosechas en un mismo a&ntilde;o), el rango de ingreso en la agricultura puede abarcar desde 850 hasta 5000 pesos, pero la mayor&iacute;a de los agricultores no obtienen m&aacute;s de 2 000 pesos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De los jornaleros, los tenderos esperan un pago semanal que cubra cuando menos parte de sus deudas. Los jornales promedio en Ayuquila y Nahuapa son de 1 200 pesos mensuales. En Carrillo Puerto, donde hay escasez de mano de obra, son de 1 400 pesos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nahuapa, con sus 957 habitantes, se localiza en la carretera que vincula dos ciudades tur&iacute;sticas &#151;Puerto Vallarta y Barra de Navidad&#151;, y sus ingresos crecientemente dependen de quienes se salen a trabajar a ellas. Los tres poblados incluyen inmigrantes que han llegado en la d&eacute;cada pasada en b&uacute;squeda de trabajo, pero el porcentaje es m&aacute;s alto en el caso de Ayuquila, donde la producci&oacute;n de jitomate, mel&oacute;n y ca&ntilde;a de az&uacute;car provee fuentes de empleo. Le sigue Carrillo Puerto, dado que gran parte de las generaciones j&oacute;venes han salido a estudiar y hay, como he mencionado, escasez de mano de obra. Nahuapa, siendo una comunidad m&aacute;s joven, tiene menos inmigrantes. Sin embargo, en los tres casos se enfrentan dificultades en el acceso a pago diferido en los comercios. En Carrillo Puerto, los inmigrantes son ind&iacute;genas coras del norte del estado, y quien los emplea funge de alguna manera como aval &#151;sobre todo moral, aunque se espera que cubra las deudas si el trabajador se va sin liquidarlas. El periodo durante el cual se establece la confianza puede ser de algunos meses &#151;como es el caso de Nahuapa, donde los inmigrantes se mezclan con los locales en distintos tipos de empleo&#151;, o algunos a&ntilde;os &#151;como es el caso de Ayuquila donde los locales casi no conocen a los inmigrantes dado que viven en una colonia un tanto separada del ejido&#151; o nunca &#151;como es frecuentemente el caso de Carrillo Puerto, donde los inmigrantes s&oacute;lo permanecen durante el periodo de trabajo y en ocasiones no regresan.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, el ingreso puede verse agudamente mermado por el precio de los art&iacute;culos de consumo, el cual, en el caso de Nahuapa, es sensiblemente mayor, puesto que las mercanc&iacute;as entran a trav&eacute;s de ciudades tur&iacute;sticas. El ingreso adem&aacute;s se ve disminuido por la ausencia de servicios de salud. Carrillo Puerto cuenta con una peque&ntilde;a cl&iacute;nica equipada con dos doctores (generalmente haciendo su servicio social), Ayuquila tiene un centro de salud atendido por una enfermera y Nahuapa es visitado por una enfermera dos veces a la semana para proporcionar algunos servicios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, existe en los tres poblados un porcentaje de ingreso no registrado que proviene de los emigrantes profesionistas o de quienes ya no viven en el pueblo pero ayudan a sus padres. La emigraci&oacute;n es fuerte en los tres casos, pero 11% de los habitantes de Carrillo Puerto tienen licenciatura, comparado con 2.5% en Ayuquila y s&oacute;lo 0.3% en Nahuapa. Los habitantes de los poblados se enorgullecen de sus profesionistas. Unos pocos trabajan en los pueblos o cerca de &eacute;stos, y la mayor&iacute;a compra su mandado semanalmente en las ciudades medianas m&aacute;s cercanas. Su ingreso mensual cubre un rango de 3 200 a 7 000 pesos, aunque la mayor&iacute;a obtiene 4 200.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los tenderos conocen la situaci&oacute;n econ&oacute;mica de sus clientes, quienes forman parte de redes familiares o de amistades, y las decisiones para conceder o negar el cr&eacute;dito &#151;y exigir pago o no&#151; se basan en este conocimiento, adem&aacute;s de que entran en juego conflictos y resentimientos. Sin embargo, se espera discreci&oacute;n de su parte. Los tenderos no ignoran la din&aacute;mica de murmuraciones y habladur&iacute;as en los c&iacute;rculos sociales locales, y no deben parecer demasiado avaros si quieren mantener sus clientes y sus relaciones sociales. Los <i>boycotts</i> a los tenderos no son poco comunes, por m&aacute;s desorganizados y espont&aacute;neos que &eacute;stos sean.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La econom&iacute;a de los tenderos mismos es generalmente precaria. Si el negocio logra sobrevivir, su ingreso puede ser del rango de 850 a 4 000 pesos mensuales. Se quejan de que su trabajo es esclavizante, puesto que deben abrir muy temprano en la ma&ntilde;ana y cerrar bastante tarde en la noche, y muchas veces abren tambi&eacute;n los domingos. Algunos tenderos complementan su ingreso con trabajo al jornal, otros m&aacute;s exitosos diversifican sus actividades econ&oacute;micas con producci&oacute;n agr&iacute;cola, ganado, la instalaci&oacute;n en su tienda de la caseta telef&oacute;nica del pueblo o comercio a escala mayor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, la precariedad de las econom&iacute;as de los pueblos condiciona las normas y procedimientos que forjan las relaciones entre los tenderos y sus clientes.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Maromas y subterfugios: la cuesti&oacute;n del control</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nadie posee los hilos del control en las relaciones entre los tenderos y sus clientes, aunque &eacute;stos pueden, hasta cierto punto, ser manipulados por muchos. Tanto los tenderos como los clientes necesitan trabajar sus redes, cooperar y construir relaciones de confianza, pero la competencia, la diferenciaci&oacute;n social y la exclusi&oacute;n juegan papeles importantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recurrir al pago diferido se puede relacionar con la inseguridad general en la que vive la gente. Frecuentemente es dif&iacute;cil planear siquiera la siguiente comida, al no saber si llegar&aacute;, de alguna manera u otra, algo de dinero o si alg&uacute;n vecino o familiar compartir&aacute; un platillo. Puede tambi&eacute;n ser una estrategia de g&eacute;nero: las mujeres adquieren abarrotes, pero tambi&eacute;n ropa y zapatos en pagos para obligar a sus maridos a cubrir los gastos del hogar. Explican que con frecuencia sus esposos se resisten a "darles para el chivo", pero con el argumento de que ya se debe, se ven forzados a pagar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El caso de Julia, una joven madre de dos hijos que vive en Nahuapa, es ilustrativo de esta situaci&oacute;n. Julia termin&oacute; su secundaria, pero dej&oacute; los estudios al embarazarse de su primera hija. Ha vivido con Ricardo, el padre de sus dos hijos &#151;en un tejab&aacute;n de l&aacute;mina de cart&oacute;n que ella misma construy&oacute; con la ayuda de su compadre&#151; por m&aacute;s de siete a&ntilde;os, pero no se ha querido casar con &eacute;l, puesto que tienen problemas entre ellos. Cada vez que trata de dejarlo, &eacute;l amenaza con quitarle los hijos. Ella teme que la legalizaci&oacute;n del matrimonio le dar&iacute;a a Ricardo m&aacute;s derecho sobre los hijos. La pareja no tiene tierra y Ricardo no siempre tiene empleo. Cuando s&iacute; lo tiene, gasta la mayor parte del dinero en mujeres y bebida. Julia tiene que depender de lo que le puede extraer a &eacute;l y de lo que recibe ocasionalmente en comida, dinero o ropa de su suegra. Es dif&iacute;cil sacarle dinero a Ricardo. Cuando llega su raya el s&aacute;bado, simplemente dice que el patr&oacute;n no le pag&oacute;. Julia despu&eacute;s se entera por amigas y vecinas que se le vio en alguna cantina, tomando con otras mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Julia dice que cuando ella confronta a Ricardo con la necesidad de dinero para comprar leche para los ni&ntilde;os u otros art&iacute;culos indispensables, la manda a pedir fiado de la tienda de la esquina. Al principio odiaba hacer esto, pero despu&eacute;s decidi&oacute; que era el &uacute;nico juego que pod&iacute;a jugar. Explica que va a la tienda, obtiene lo que necesita &#151;frecuentemente incluyendo una Coca Cola para ella y algunas papitas o dulces para los ni&ntilde;os&#151; y al final de la semana le dice cu&aacute;nto deben. En otros expendios adquiere tambi&eacute;n la leche, el queso, el pan y las tortillas fiadas. El pagar deudas es cuesti&oacute;n de honor para los hombres en el pueblo, y Ricardo no es la excepci&oacute;n. A veces Julia aumenta la cantidad un poco para tener dinero para imprevistos tales como alguna cuota en la escuela de su hija, sabiendo que a Ricardo le dar&aacute; verg&uuml;enza dirigirse directamente a la tendera (puesto que implica el reconocimiento de que necesit&oacute; un pr&eacute;stamo) y enviar&aacute; el dinero con ella.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El caso de Julia confirma nuestro argumento con respecto al entretejimiento de identidades en las cuestiones econ&oacute;micas. Las "maromas" como &eacute;stas no son poco comunes. Proveen un control moment&aacute;neo, una manera de superar un obst&aacute;culo. Emma, de Carrillo Puerto, por ejemplo, utiliz&oacute; su identidad como viuda para cancelar una deuda que para ella era injusta. Benita, de Ayuquila, pudo superar "la mala racha" al "enga&ntilde;ar al est&oacute;mago" como ella dice, y con dinero de "aqu&iacute; y all&aacute;" &#151;en su caso, un pr&eacute;stamo de su madre, una deuda no pagada, y luego dinero que su hija envi&oacute; para cubrir las necesidades de sus hijos. Sin embargo, tuvo sus resacas. Una deuda no pagada signific&oacute; que Benita ya no pudo recurrir a sacar fiado en esa tienda y estar&iacute;a en t&eacute;rminos negativos con las redes sociales del tendero. La identidad de Emma como viuda implicaba exclusi&oacute;n y marginaci&oacute;n en otras esferas de su vida cotidiana, y Julia ten&iacute;a que subordinarse a su esposo y complacerlo en sus deseos para sostener su juego, reforzando as&iacute; su <i>status</i> desigual como mujer. Las batallas continuaban, y fueron enfrentadas con armas igualmente inestables y moment&aacute;neas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto contrasta con el caso de Jaime, de Nuevo Nahuapa, el pueblo en el que vive Julia. Cuando se fund&oacute; el poblado en 1975, todas las familias empezaron con recursos m&aacute;s o menos similares &#151;pr&aacute;cticamente nada excepto una parcela marginada del distrito de riego. Uno o dos ten&iacute;an alg&uacute;n veh&iacute;culo viejo y dos pose&iacute;an ganado. Sin embargo, en 1993 ya se dejaban ver claras diferencias entre las familias. No m&aacute;s de diez de los 150 hab&iacute;an logrado convertirse en alg&uacute;n tipo de empresarios. Algunos hab&iacute;an vendido sus tierras, otros emigraron y el resto se ve&iacute;a en la necesidad de complementar sus actividades agr&iacute;colas con el jornal u otro tipo de trabajo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De los diez, Jaime es con mucho el empresario m&aacute;s exitoso. Para estas fechas (1999) posee un tractor, dos veh&iacute;culos, un peque&ntilde;o hotel, ganado, lotes urbanos y parcelas que ha comprado a sus vecinos, y es accionista en una empacadora recientemente establecida. Es uno de los compradores de papaya mejor conocidos en la regi&oacute;n, y viaja frecuentemente a Tijuana para asegurar sus exportaciones. Por supuesto, cuenta con acceso casi ilimitado a cr&eacute;dito en las tiendas locales. En ocasiones adquiere grandes cantidades de alimentos fiados para llevar a sus trabajadores en el campo sin especificar el plazo para pagar. Al preguntarle c&oacute;mo ha logrado todo esto, sonr&iacute;e y dice: "Nada es m&iacute;o. &iexcl;Lo debo todo!"</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y en efecto, pude ser testigo de la manera en que lleva a cabo algunas de sus transacciones. Una tarde vendi&oacute; el tractor para pagar una deuda, pero tres semanas despu&eacute;s ya hab&iacute;a adquirido otro a cr&eacute;dito. Vendi&oacute; un pedazo de tierra cuando llegaron a ofrecerle una papayera lista para cosecharse &#151;el due&ntilde;o no pod&iacute;a cubrir el costo que implicaba el corte. Sus negociaciones no siempre eran ventajosas, pod&iacute;a, por ejemplo vender un pedazo de tierra a un precio menor del cual lo adquiri&oacute;, pero explica que en ocasiones necesita el efectivo y renunciar a una peque&ntilde;a suma le puede proporcionar la oportunidad de hacer m&aacute;s dinero si est&aacute; dispuesto a negociar. Jaime depende fuertemente en sus redes y en la manipulaci&oacute;n de su identidad. Sus transacciones econ&oacute;micas se llevan a cabo con una fuerte dosis de "divisas sociales" que aumentan sus relaciones de confianza. En las tiendas locales, por ejemplo, frecuentemente intercambia el favor de hab&eacute;rsele permitido un pago diferido con otros favores, tales como contactos con un distribuidor, el uso de un veh&iacute;culo, o simplemente amistad, invitaci&oacute;n a fiestas y algunas papayas como regalo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al hablar con Jaime, uno se queda con la idea de que la frontera entre los n&uacute;meros negros y rojos es borrosa. Su capacidad de adquirir deudas y cr&eacute;ditos nuevos se convierte en parte de sus activos. Por supuesto que puede haber resacas tambi&eacute;n, puesto que su riqueza, como la de muchos otros comerciantes, due&ntilde;os de compa&ntilde;&iacute;as y grandes inversionistas existe en tanto no se presente un evento que precipite la necesidad de definirlo de manera diferente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jaime no es un individuo aislado, capaz de ejercer control sobre ciertos procesos econ&oacute;micos, es una persona inserta en redes de relaciones sociales dentro de las cuales se colocan, negocian y legitimizan limitaciones. Se establecen y etiquetan ciertos modelos y la gente act&uacute;a en concordancia con las definiciones que se han atribuido a tales etiquetas.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Para concluir</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las redes de relaciones sociales cubren no s&oacute;lo las asociaciones entre gente, sino entre gente, objetos e interpretaciones de los objetos, de la gente y de sus relaciones. Por esto nuestra insistencia en la relevancia de la negociaci&oacute;n de identidad y de las divisas diferenciales por medio de las cuales se establecen e impugnan las equivalencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tales negociaciones, sin embargo, no se circunscriben a los dominios de interacci&oacute;n locales. Hay procesos m&aacute;s amplios que cruzan tales dominios, procesos que se forjan, organizan y negocian dentro de campos de interacci&oacute;n m&aacute;s amplios. El acceso al dinero, por ejemplo, no puede ser comprendido sin hacer referencia al campo de las operaciones financieras y los sistemas monetarios; los precios locales est&aacute;n incrustados en el escenario mayor de los mercados y sus mecanismos de operaci&oacute;n; y las diferencias de g&eacute;nero locales no est&aacute;n desvinculadas de procesos m&aacute;s amplios de demarcaci&oacute;n social. Tales campos han sido objeto de escrutinio por acad&eacute;micos y contamos con una gama de an&aacute;lisis profundos que nos proporcionan informaci&oacute;n con respecto a sus din&aacute;micas y comportamiento. Pero el an&aacute;lisis de campos espec&iacute;ficos en aislamiento no nos ayuda a entender las maneras heterog&eacute;neas en que la gente se las arregla en la vida cotidiana, los significados diferenciales que se atribuyen a tales procesos y las maneras en que respiran, interact&uacute;an y cambian dentro de dominios de interacci&oacute;n espec&iacute;ficos.</font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alarc&oacute;n G. D., 1994, "La evoluci&oacute;n de la pobreza en M&eacute;xico en la d&eacute;cada de los ochenta" en <i>La pobreza: aspectos te&oacute;ricos, metodol&oacute;gicos y emp&iacute;ricos,</i> El Colegio de la Frontera Norte, M&eacute;xico, vol. 6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2639080&pid=S1607-050X200000010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bolvinik, J., 1994, <i>Pobreza y estratificaci&oacute;n social en M&eacute;xico,</i> INEGI/El Colegio de M&eacute;xico/ Instituto de Investigaciones Sociales&#45;UNAM, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2639082&pid=S1607-050X200000010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Comisi&oacute;n Econ&oacute;mica para Am&eacute;rica Latina (CEPAL), 1990, <i>Magnitud de la pobreza en Am&eacute;rica Latina en los a&ntilde;os ochenta,</i> CEPAL, C/L 533, Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2639084&pid=S1607-050X200000010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chamoux, M.N., Dehouve, D., Gouy&#45;Gilbert C., </font><font face="verdana" size="2">Pepin&#45;Lehalleur M., 1993, <i>Prestar y pedir prestado. Relaciones sociales y cr&eacute;dito en M&eacute;xico del siglo XVI al XX. CIESAS, M&eacute;xico, D.F.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2639086&pid=S1607-050X200000010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Godelier, Maurice, 1996, <i>The enigma of the Gift,</i> Polity Press, Reino Unido.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2639088&pid=S1607-050X200000010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gonz&aacute;lez de la Rocha, Mercedes, 1986, <i>Los recursos de la pobreza: familias de bajos ingresos de Guadalajara,</i> El Colegio de Jalisco&#45;CIESAS&#45;SPP, Guadalajara.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2639090&pid=S1607-050X200000010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gonz&aacute;lez de la Rocha, M. y Escobar Latap&iacute; A., 1991, <i>Social Responses to Mexico's Economic Crisis of the 1980's.</i> Center for US Mexican Studies. University of California, San Diego.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2639092&pid=S1607-050X200000010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Levy, Santiago, 1994, "La pobreza en M&eacute;xico" en V&eacute;lez, F. (comp.), <i>La pobreza en M&eacute;xico: causas y pol&iacute;ticas para combatirla,</i> ITAM, M&eacute;xico, D.F.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2639094&pid=S1607-050X200000010000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Long, Norman, 1986, <i>The Commoditization Debate.</i> Wageningen Agricultural University, Wagenigen, Holanda.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2639096&pid=S1607-050X200000010000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, 1998, "Cambio rural, neoliberalismo y mercantilizaci&oacute;n. El valor social desde una perspectiva centrada en el actor", en Zendejas y De Vries, <i>Las disputas por el M&eacute;xico rural,</i> vol I, El Colegio de Michoac&aacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2639098&pid=S1607-050X200000010000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Long, N. y Magdalena Villarreal, 1998, "Small Product, Big Issues: Value contestations and cultural identities in cross&#45;border commodity networks", en <i>Development and Change,</i> vol. 29. num. 4, octubre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2639100&pid=S1607-050X200000010000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Long, N., Villarreal M. y Barros M., 1999, "Webs of commitments and debts: the significance of money and other currencies in cross&#45;border commodity networks", ponencia presentada en la conferencia auspiciada por WUTRO: Com&#45;modification and Identities. Amsterdam. Junio 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2639102&pid=S1607-050X200000010000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mansell Carstens, C., 1995, <i>Las finanzas populares en M&eacute;xico. El redescubrimiento de un sistema financiero olvidado,</i> ITAM&#45;Milenio&#45;CEMLA, M&eacute;xico. D.F.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2639104&pid=S1607-050X200000010000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mauss, M., 1996, (1950), <i>The Gift: The Form and Reason for Exchange in Archaic Societies.</i> Routledge, Reino Unido.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2639106&pid=S1607-050X200000010000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Parry, J. y Bloch, M., 1995 (1989), <i>Money and the morality of exchange,</i> Cambridge, Reino Unido.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2639108&pid=S1607-050X200000010000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Selizer, V., 1997, <i>The social meaning of money: Pin money, paychecks, poor relief and other currencies, </i>Princeton University Press, Princeton.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2639110&pid=S1607-050X200000010000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Soros, George, 1999, <i>La crisis del capitalismo global: la sociedad abierta en peligro,</i> Plaza Jan&eacute;s, M&eacute;xico, D. F.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2639112&pid=S1607-050X200000010000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Villarreal, Magdalena, 1997, "Las hijas de vecino ante la crisis en el agro" en Valencia Lomel&iacute;, E., <i>A dos a&ntilde;os: &iquest;Bienestar para la familia?</i> Red Observatorio Social, Guadalajara.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2639114&pid=S1607-050X200000010000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Agradezco a Gonzalo Chapela haberme hecho notar dichos letreros.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Estas ideas forman parte de un proyecto de investigaci&oacute;n cuyo objetivo es describir y analizar la operaci&oacute;n de econom&iacute;as de deuda locales en cuatro comunidades de los estados de Jalisco y Nayarit. El proyecto cuenta con apoyo financiero del Centre for Development Research de Copenhague.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Aunque hay debates sobre la manera en que se calculan las l&iacute;neas de pobreza y los &iacute;ndices de marginaci&oacute;n. Bolvinik (1994) afirma que, tomando en cuenta la calidad de vida, casi cuatro quintas partes de la poblaci&oacute;n rural tienen un nivel de vida apenas arriba de la cuarta parte de las normas m&iacute;nimas. El Banco Mundial y la CEPAL hablan de 20 millones de mexicanos en condici&oacute;n de extrema pobreza a inicios de los noventa, Alarc&oacute;n afirma que en 1989, 69.4% de los pobres en M&eacute;xico se localizaba en &aacute;reas rurales y Santiago Levy (1994) afirma que el 37% de la poblaci&oacute;n rural podr&iacute;a clasificarse como extremadamente pobre.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Por ejemplo, Gonz&aacute;lez de la Rocha (1986), Gonz&aacute;lez de la Rocha y Latap&iacute; (1991), Godelier (1996), Mauss (1950), Long (1998, 1986), Parry y Bolch (1989), etc.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> V&eacute;ase Long, 1998, 1986 y Long y Villarreal 1998.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> V&eacute;ase por ejemplo Soros 1999.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Los nombres utilizados en todo el art&iacute;culo son seud&oacute;nimos. Adem&aacute;s, he cambiado algunas de las particularidades de los actores y su negocio para proteger su identidad. Sin embargo, todas las caracter&iacute;sticas atribuidas a ellos son tomadas de casos del mismo poblado en cuesti&oacute;n.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Las parejas j&oacute;venes con muchos hijos tienden a proveer de fuerza de trabajo, a consumir de las tiendas locales y a recurrir a pr&eacute;stamos.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Como se le llama localmente a las contratas, tandas o rifas.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Long, Villarreal y Barros 1999.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup>11</sup> Idem.</i></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Ayuquila es uno de los poblados m&aacute;s antiguos del valle de Autl&aacute;n&#45;El Grullo, construido sobre los restos de una hacienda relativamente pr&oacute;spera que sobrevivi&oacute; hasta los treinta cuando se implementaron las reformas agrarias en la regi&oacute;n. Tanto en Ayuquila como en Carrillo Puerto el ganado contribuy&oacute; a que se amasaran grandes y medianas fortunas, eso es, hasta principios de los noventa cuando los precios cayeron dr&aacute;sticamente.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Alarcón]]></surname>
<given-names><![CDATA[G. D.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La evolución de la pobreza en México en la década de los ochenta]]></article-title>
<source><![CDATA[La pobreza: aspectos teóricos, metodológicos y empíricos]]></source>
<year>1994</year>
<volume>6</volume>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[El Colegio de la Frontera Norte]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bolvinik]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Pobreza y estratificación social en México]]></source>
<year>1994</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[INEGIEl Colegio de MéxicoInstituto de Investigaciones Sociales-UNAM]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<collab>Comisión Económica para América Latina</collab>
<source><![CDATA[Magnitud de la pobreza en América Latina en los años ochenta]]></source>
<year>1990</year>
<publisher-loc><![CDATA[Santiago de Chile ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[CEPAL]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Chamoux]]></surname>
<given-names><![CDATA[M.N.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Dehouve]]></surname>
<given-names><![CDATA[D.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Gouy-Gilbert]]></surname>
<given-names><![CDATA[C.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Pepin-Lehalleur]]></surname>
<given-names><![CDATA[M.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Prestar y pedir prestado. Relaciones sociales y crédito en México del siglo XVI al XX]]></source>
<year>1993</year>
<publisher-loc><![CDATA[México^eD.F. D.F.]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[CIESAS]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Godelier]]></surname>
<given-names><![CDATA[Maurice]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The enigma of the Gift]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-name><![CDATA[Polity Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[González de la Rocha]]></surname>
<given-names><![CDATA[Mercedes]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Los recursos de la pobreza: familias de bajos ingresos de Guadalajara]]></source>
<year>1986</year>
<publisher-loc><![CDATA[Guadalajara ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[El Colegio de JaliscoCIESASSPP]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[González de la Rocha]]></surname>
<given-names><![CDATA[M.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Escobar Latapí]]></surname>
<given-names><![CDATA[A.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Social Responses to Mexico's Economic Crisis of the 1980's]]></source>
<year>1991</year>
<publisher-loc><![CDATA[San Diego ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Center for US Mexican Studies. University of California]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Levy]]></surname>
<given-names><![CDATA[Santiago]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La pobreza en México]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Vélez]]></surname>
<given-names><![CDATA[F.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La pobreza en México: causas y políticas para combatirla]]></source>
<year>1994</year>
<publisher-loc><![CDATA[México^eD.F. D.F.]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[ITAM]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Long]]></surname>
<given-names><![CDATA[Norman]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Commoditization Debate]]></source>
<year>1986</year>
<publisher-loc><![CDATA[Wagenigen ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Wageningen Agricultural University]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Long]]></surname>
<given-names><![CDATA[Norman]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Cambio rural, neoliberalismo y mercantilización. El valor social desde una perspectiva centrada en el actor]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Zendejas]]></surname>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[De Vries]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Las disputas por el México rural]]></source>
<year>1998</year>
<volume>I</volume>
<publisher-name><![CDATA[El Colegio de Michoacán]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Long]]></surname>
<given-names><![CDATA[N.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Villarreal]]></surname>
<given-names><![CDATA[Magdalena]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Small Product, Big Issues: Value contestations and cultural identities in cross-border commodity networks]]></article-title>
<source><![CDATA[Development and Change]]></source>
<year>1998</year>
<volume>29</volume>
<numero>4</numero>
<issue>4</issue>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<nlm-citation citation-type="confpro">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Long]]></surname>
<given-names><![CDATA[N.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Villarreal]]></surname>
<given-names><![CDATA[M.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Barros]]></surname>
<given-names><![CDATA[M.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Webs of commitments and debts: the significance of money and other currencies in cross-border commodity networks]]></article-title>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>1999</year>
<conf-name><![CDATA[ Com-modification and Identities]]></conf-name>
<conf-date>Junio 1999</conf-date>
<conf-loc>Amsterdam </conf-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mansell Carstens]]></surname>
<given-names><![CDATA[C.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Las finanzas populares en México. El redescubrimiento de un sistema financiero olvidado]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[México^eD.F. D.F.]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[ITAMMilenioCEMLA]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mauss]]></surname>
<given-names><![CDATA[M.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Gift: The Form and Reason for Exchange in Archaic Societies]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-name><![CDATA[Routledge]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Parry]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Bloch]]></surname>
<given-names><![CDATA[M.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Money and the morality of exchange]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Selizer]]></surname>
<given-names><![CDATA[V.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The social meaning of money: Pin money, paychecks, poor relief and other currencies]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[Princeton ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Princeton University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Soros]]></surname>
<given-names><![CDATA[George]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La crisis del capitalismo global: la sociedad abierta en peligro]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[México^eD. F. D. F.]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Plaza Janés]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Villarreal]]></surname>
<given-names><![CDATA[Magdalena]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las hijas de vecino ante la crisis en el agro]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Valencia Lomelí]]></surname>
<given-names><![CDATA[E.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[A dos años: ¿Bienestar para la familia?]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[Guadalajara ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Red Observatorio Social]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
