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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font size="4" face="verdana">Saberes y razones</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Tres art&iacute;culos sobre familia y sus contextos</b></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Elena Azaola*</b></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* CIESAS/M&eacute;xico.</i></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El objetivo de este trabajo consiste en formular algunos comentarios sobre los tres textos que aparecen en este segundo volumen de <i>Desacatos</i> y que, en diferentes formas, se ocupan de cambios al interior de las familias en distintas sociedades y momentos hist&oacute;ricos. Salvo esta referencia vaga y general, los textos tienen muy poco en com&uacute;n por lo que me ocupar&eacute; de ellos de manera independiente, sin seguir un orden espec&iacute;fico. Advierto que quienes seleccionaron estos textos y me pidieron comentarlos, me solicitaron polemizar con los autores, de manera que he intentado hacerlo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>1. Las parejas que viven aparte en los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos.</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer t&eacute;rmino, me ocupar&eacute; del texto de Jan Trost e Irene Levin sobre las parejas sin un domicilio com&uacute;n, seg&uacute;n la acepci&oacute;n en el t&iacute;tulo, o de aquellos que viven juntos aparte, seg&uacute;n la que se emplea a lo largo del trabajo. De acuerdo con los autores, uno de los prop&oacute;sitos de su trabajo consiste en mostrar que este tipo de relaciones es, en algunos pa&iacute;ses (los que no especifican), una instituci&oacute;n social paralela</font> <font face="verdana" size="2">al matrimonio o la cohabitaci&oacute;n. El criterio que proponen para distinguirla de la cohabitaci&oacute;n (concubinato en M&eacute;xico) es que se trate de una pareja, que se definen a s&iacute; mismos y son identificados por otros como tal, pero que no comparten el mismo domicilio sino que cada quien conserva el suyo propio.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los autores se refieren a los datos obtenidos a trav&eacute;s de la aplicaci&oacute;n de dos encuestas a muestras representativas de la poblaci&oacute;n sueca de 18 a 74 a&ntilde;os de edad, levantadas en 1993 y 1998, respectivamente. De acuerdo con los resultados de estas encuestas, los autores concluyen que 2% de la poblaci&oacute;n de Suecia en 1993 y 4% en 1998, viv&iacute;a en relaciones de pareja manteniendo cada quien un domicilio independiente. Sin embargo, los autores no hacen menci&oacute;n de haber empleado procedimiento alguno para desechar aquellos casos en que los dos miembros de la pareja pudieron haber sido encuestados, en cuyo caso las cifras de 60&#45;000 parejas viviendo en este tipo de relaciones en 1993 y 125&#45;000 para 1998, podr&iacute;an haber sido sobrestimadas. Tampoco refieren si ser&iacute;a posible que un individuo formara parte de m&aacute;s de una de estas parejas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otras imprecisiones sobre estos datos se refieren a la proporci&oacute;n de parejas que viven en este tipo de relaci&oacute;n y pertenecen al mismo sexo, ya que se&ntilde;alan que "algunas" tienen esta caracter&iacute;stica, si bien "la mayor&iacute;a" son</font> <font face="verdana" size="2">parejas integradas por individuos del sexo opuesto. Lo mismo ocurre al intentar comparar los datos obtenidos en Suecia con los de otros pa&iacute;ses, pues queda claro que los que se citan sobre Francia, Alemania y Noruega no necesariamente se refieren al mismo fen&oacute;meno ni fueron obtenidos mediante procedimientos similares o aplicados al mismo tipo o grupo de poblaci&oacute;n, por lo que dif&iacute;cilmente son comparables. Tampoco resulta claro el criterio que habr&iacute;a que seguir para que el fen&oacute;meno que describen no perdiera su especificidad, pues se&ntilde;alan que ellos han podido identificar "algunas" variedades de parejas que viven juntos aparte, pero que podr&iacute;a haber "otras".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del material cualitativo recabado en diversas entrevistas efectuadas a integrantes de este tipo de parejas en Suecia, los autores distinguen dos subgrupos: a) aquellos que habr&iacute;an deseado vivir juntos si diversas circunstancias se lo hubieran permitido y, b) aquellos que desean permanecer como pareja sin vivir juntos. Sin embargo en otro momento se refieren a lo que podr&iacute;a ser un tercer tipo que ser&iacute;an aquellos que viven juntos aparte como una transici&oacute;n hacia el divorcio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dado que, a diferencia de los autores, considero que su estudio muestra que no se trata de una instituci&oacute;n plenamente reconocida y paralela al matrimonio y a la cohabitaci&oacute;n, sino m&aacute;s bien de un fen&oacute;meno relativamente reciente y cuyos contornos apenas comienzan a ser delineados, quisiera esbozar algunas de las reflexiones y cuestionamientos que la lectura de este material me sugiere.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si pensamos que una de las razones que con mayor frecuencia expresaron los entrevistados para mantener un domicilio propio y diferente al de su pareja, es que uno, o los dos, no deseaban que nadie se mudara a sus casas "por el bienestar de sus hijos", uno se pregunta: &iquest;esto quiere decir que las parejas son percibidas como un riesgo para los hijos?,</font> <font face="verdana" size="2">&iquest;qu&eacute; clase de riesgo?, &iquest;implicar&iacute;a que los padres tendr&iacute;an ahora una mayor dependencia de sus hijos?, &iquest;qu&eacute; cambios habr&iacute;a en la correlaci&oacute;n de fuerzas en las familias?, &iquest;qu&eacute; cambio habr&iacute;a en el papel socialmente asignado a los hijos?, y, de ser as&iacute;, &iquest;c&oacute;mo explicar este cambio? y, &iquest;qu&eacute; implicaciones sociales tendr&iacute;a?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, y dado que otra de las razones expresadas para vivir aparte habr&iacute;a sido que uno o ambos integrantes de la pareja hab&iacute;an resuelto hacerse cargo de ascendientes, cabe preguntarse: &iquest;ser&aacute; que la incorporaci&oacute;n de unos miembros de la familia requiera la expulsi&oacute;n de otros? &iquest;por qu&eacute; se elige expulsar a la pareja?, &iquest;qu&eacute; implicaciones y significado social tiene la exclusi&oacute;n de la pareja?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es posible que las preguntas anteriores tengan como trasfondo un referente cultural distinto al que los autores describen, es decir, el de las familias extensas que son comunes en las sociedades subdesarrolladas. Sin embargo, ni este tema ni las interrogantes que hemos planteado se hacen presentes en el texto, quiz&aacute;s porque, como se sugiere en el t&iacute;tulo de estos comentarios, se trata de un texto en el que, si bien no se carece del todo de un contexto, tampoco hay una reflexi&oacute;n que permita ubicar el fen&oacute;meno que se describe dentro del contexto social espec&iacute;fico que lo ha hecho posible. &iquest;Qu&eacute; cambios han ocurrido en esa sociedad que puedan dar cuenta de los cambios en el comportamiento de las parejas? &iquest;se trata de un fen&oacute;meno reconocido en todos los pa&iacute;ses de Europa Occidental, en los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos o solamente en algunos? &iquest;cu&aacute;l es el sentido que socialmente se da a estos cambios? &iquest;qu&eacute; consecuencias se piensa que tendr&aacute;n tanto para las familias como para el conjunto social?, &iquest;se trata de un fen&oacute;meno regulado/no regulado por el Estado?</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Poder visualizar el fen&oacute;meno desde esta perspectiva no carece de importancia si, como sugieren los autores, uno de los sentidos</font> <font face="verdana" size="2">sociales que se le ha comenzado a atribuir es el de la individualizaci&oacute;n y el del alto valor que se confiere a la independencia del individuo, m&aacute;s a&uacute;n cuando apuntan que comportamientos de esta clase eran impensables hace 50 a&ntilde;os. Si el sentido que se le atribuye es el de una mayor necesidad de preservar la independencia del individuo, &iquest;cabr&iacute;a pensar que vivir en pareja bajo un mismo techo se concibe, desde esta perspectiva, como una amenaza para la individualidad?, &iquest;que el ideal al que apunta este cambio es que cada quien viva solo en su casa? &iquest;Cabr&iacute;a, en el extremo, interpretar este cambio como un signo de la incapacidad del hombre para convivir con su especie?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este &uacute;ltimo sentido abona el material de algunas entrevistas en las que pareciera que los sujetos habr&iacute;an externado su convicci&oacute;n acerca de que preservar una relaci&oacute;n depende de poder mantenerse a distancia. De igual forma, los entrevistados parecen haber identificado a la rutina y la convivencia cotidianas como las principales amenazas para sostener su relaci&oacute;n de pareja. Es tambi&eacute;n interesante que los entrevistados hubieran referido la dificultad para desprenderse de ciertas cosas: el mobiliario, los objetos y los recuerdos a ellos asociados, como los obst&aacute;culos que les imped&iacute;an mudarse con su pareja.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si estos fen&oacute;menos se colocaran, de nueva cuenta, desde la &oacute;ptica de los pa&iacute;ses subdesarrollados, es posible que fueran vistos como menos universales de lo que los autores suponen y m&aacute;s como propios de una sociedad que ha alcanzado los m&aacute;s altos niveles de bienestar socioecon&oacute;mico. Es decir, desde esta perspectiva probablemente sorprender&iacute;a que hubiera pa&iacute;ses que no s&oacute;lo tienen lo suficiente para asegurar una vivienda a cada familia sino que parecen inclinados a dotar a cada individuo de un espacio propio, a fin de poderlo resguardar de lo que consideran como una amenaza para su individualidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro de los factores que tambi&eacute;n se insin&uacute;a</font> <font face="verdana" size="2">como motor de las transformaciones en las parejas, es el cambio que ha tenido lugar en el papel de la mujer como consecuencia de las pol&iacute;ticas que se han implementado para reducir la desigualdad entre los g&eacute;neros y cuyos logros son mayores en los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos en relaci&oacute;n con los de cualquier otro. No obstante que los autores lo mencionan, no ponderan el peso de este factor ni analizan su significado para el fen&oacute;meno que los ocupa. Parecieran considerar que este cambio en la posici&oacute;n de la mujer ser&iacute;a un fen&oacute;meno bastante m&aacute;s generalizado de lo que en realidad es, pues refieren que el papel de la mujer como ama de casa ha pasado a ser una referencia hist&oacute;rica, se&ntilde;alamiento que quiz&aacute;s deja traslucir una visi&oacute;n etnocentrista de este fen&oacute;meno.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El aburrimiento en general, y en particular con respecto a la rutina y a la convivencia cotidianas, es otro de los temas que aparece con frecuencia as&iacute; como su contraparte, esto es, la manifestaci&oacute;n del deseo de los entrevistados de que su pareja quede fuera de ese &aacute;mbito y forme parte m&aacute;s bien de lo no cotidiano, lo no ordinario, lo festivo o lo fuera de lo com&uacute;n. &iquest;Significar&aacute; esto que las parejas pasar&aacute;n a formar parte de la esfera del entretenimiento mientras que los asuntos ordinarios del hogar tender&aacute;n a ser de competencia individual? Y, de ser as&iacute;, &iquest;qu&eacute; implicaciones sociales tendr&iacute;a este cambio?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la &uacute;ltima parte los autores reflexionan sobre las parejas que viven juntas aparte como una instituci&oacute;n y parecen modificar su punto de vista, ya que si al comienzo la hab&iacute;an propuesto como una instituci&oacute;n en paralelo al matrimonio y la cohabitaci&oacute;n, en las reflexiones finales parecen ubicarla como una instituci&oacute;n que casi tender&aacute; a sustituir a las otras o como la forma en que las otras evolucionar&aacute;n. Aunque en esta parte se clarifican muchas de las referencias del contexto social que se echaban de menos en las otras, subsiste la pregunta de si el fen&oacute;meno que los autores describen es el mismo que se ha</font> <font face="verdana" size="2">descrito en otros pa&iacute;ses de Europa Occidental y si los cambios que han tenido lugar en las parejas de los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos ser&aacute;n m&aacute;s o menos generalizables o indicativos de los que han ocurrido o se hallan en curso en otros pa&iacute;ses.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&oacute;lo cabe esperar que estas reflexiones resulten tan &uacute;tiles a los autores como su estudio lo ha sido para quien, desde un distinto contexto social, ha formulado estas observaciones. Por otra parte, y para concluir mis comentarios sobre este trabajo, no puedo dejar de mencionar que su lectura tambi&eacute;n me hizo pensar en la manera como los cambios a que se refiere habr&iacute;an logrado modificar lo que en mi infancia se consideraba el relato obligado de toda historia que tuviera un final feliz. Si en aquel entonces el gui&oacute;n, m&aacute;s o menos, deb&iacute;a concluir con que &iexcl;se casaron y vivieron juntos muchos a&ntilde;os y tuvieron muchos hijos!, al parecer hoy en d&iacute;a una versi&oacute;n m&aacute;s actualizada de un final feliz deber&iacute;a decir que ni se casaron, ni vivieron juntos, ni tuvieron muchos hijos, aunque s&iacute; vivieron muchos a&ntilde;os.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>2. Hacia un concepto relacional de generaci&oacute;n</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siguiente texto que nos toca comentar es el de Pier Paolo Donati, intitulado Familia y generaciones". Se trata de un trabajo cuyo principal aporte consiste, a mi manera de ver, en que logra sintetizar y sistematizar las propuestas de diferentes corrientes de pensamiento que durante el &uacute;ltimo siglo se han ocupado del concepto de generaci&oacute;n, al tiempo que logra argumentar en torno a la necesidad de proponer una diferente manera de pensar dicho concepto, particularmente en la sociedad occidental actual.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de un recorrido puntual a trav&eacute;s de dos grandes l&iacute;neas interpretativas, &#151;i.e. generaci&oacute;n como grupo de edad y generaci&oacute;n como</font> <font face="verdana" size="2">descendencia parental&#45;familiar&#151;, el autor se pronuncia, junto con otros, por un concepto de generaci&oacute;n que no se confunda con el de cohorte y que logre conjugar el tiempo individual con el familiar y el social. De este modo encuentra que si bajo la primera acepci&oacute;n se privilegia el car&aacute;cter hist&oacute;rico y, dir&iacute;amos, biol&oacute;gico de la generaci&oacute;n, y en la segunda destaca el orden de la descendencia de acuerdo con el rango de los individuos dentro de las familias, se requiere de una tercera capaz de dar cuenta de su dimensi&oacute;n sociol&oacute;gica. De ah&iacute; que proponga que una generaci&oacute;n en sentido sociol&oacute;gico ser&iacute;a el conjunto de aquellos que comparten una posici&oacute;n respecto a las relaciones de descendencia, relaciones que estar&iacute;an mediadas y reguladas desde la sociedad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien el texto se mueve en el nivel de la discusi&oacute;n te&oacute;rica del concepto de generaci&oacute;n, es interesante hacer notar que de tanto en tanto lo que se revela como referente impl&iacute;cito, como contexto social de referencia no objetivado, es lo que ocurre en las generaciones de las sociedades occidentales desarrolladas. As&iacute;, por ejemplo, el autor refiere que las generaciones se han visto constre&ntilde;idas a su acepci&oacute;n como grupo de edad debido a los cambios demogr&aacute;ficos caracterizados por la notable baja en la fecundidad y el n&uacute;mero limitado de sujetos que conforman tales grupos debido a la escasez de hermanos y primos dentro del mismo grupo de descendencia. Como sabemos, esta observaci&oacute;n no ser&iacute;a v&aacute;lida para sociedades subdesarrolladas que todav&iacute;a cuentan con elevadas tasas de fecundidad y en las cuales la familia extensa sigue teniendo un peso relativamente importante, lo que hace que los grupos de descendencia probablemente jueguen en ellas un papel distinto al que desempe&ntilde;an dentro de las sociedades occidentales m&aacute;s desarrolladas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, el autor no aborda este tipo de cuestiones y deja al lector con la pregunta sobre el referente social en el que cabr&iacute;a situar</font> <font face="verdana" size="2">las generaciones que describe, salvo cuando por alg&uacute;n descuido el tel&oacute;n se levanta y se descubre que el escenario en el que la trama tiene lugar es el de las sociedades occidentales desarrolladas. Un descuido de esta clase ocurre, por ejemplo, cuando el autor se&ntilde;ala que no hay que exagerar el peso de las familias constituidas por uno solo de los padres ya que, en Italia, s&oacute;lo 4.5% de los hijos de entre 0 y 14 a&ntilde;os viven en familias de este tipo. Antes de este desliz, que ocurre al final del texto, nada nos hab&iacute;a indicado, a no ser el apellido del autor, que tuviera como referente social a las familias italianas o a las de las sociedades occidentales desarrolladas pues enseguida del dato que acabamos de referir apunta que el tipo de familia se&ntilde;alado no alcanza en Italia las dram&aacute;ticas cifras que tiene en otros pa&iacute;ses europeos como Dinamarca, Reino Unido o Francia. Aqu&iacute; el autor omite analizar los factores que podr&iacute;an explicar estas diferencias y prefiere dejar que otra vez caiga el tel&oacute;n, encubra el escenario, y ello le permita volver al plano te&oacute;rico donde quiz&aacute;s las contradicciones son menos agudas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, la propuesta que formula el autor para pensar las generaciones en un sentido relacional, resulta convincente puesto que permite captar su doble dimensi&oacute;n; esto es, en tanto que producto de la familia nuclear y en tanto que expresi&oacute;n de su posici&oacute;n en la esfera social. Coincidimos tambi&eacute;n con el autor en que las relaciones entre las familias nucleares son objeto de creciente inter&eacute;s y regulaci&oacute;n por parte del Estado y que este factor imprime un cierto car&aacute;cter, un sello que de alguna manera pasa a ser un elemento importante para distinguir a una generaci&oacute;n de otras. Nos parece, as&iacute;, que una de las tesis centrales del autor es que, dado que las familias se han nuclearizado, las generaciones que nacen en ellas son cada vez m&aacute;s definidas desde la esfera p&uacute;blica, tesis</font> <font face="verdana" size="2">que, como hemos acotado, nos parece v&aacute;lida dentro del contexto social de referencia que el autor omite especificar.</font></p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/desacatos/n2/a6i1.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta tambi&eacute;n interesante la conjugaci&oacute;n y la interrelaci&oacute;n que propone entre la edad biol&oacute;gica y la edad social. La generaci&oacute;n, nos dice el autor en una de las partes m&aacute;s ricas y sugerentes de su texto, es la relaci&oacute;n entre descendencia familiar y edad social. M&aacute;s adelante el autor se refiere al llamado nuevo pacto generacional que, desde mi punto de vista, tambi&eacute;n convendr&iacute;a ubicar socialmente. Es decir, pienso que los rasgos que el autor atribuye a las generaciones no son v&aacute;lidos de manera indiscriminada aun dentro de las sociedades occidentales desarrolladas. &iquest;Podr&iacute;a hablarse, por ejemplo, de un pacto entre gene</font><font face="verdana" size="2">raciones en la sociedad norteamericana o, m&aacute;s bien, de un nuevo desencuentro e incluso de una guerra entre generaciones? A mi modo de ver es esta &uacute;ltima la que est&aacute; detr&aacute;s del alto &iacute;ndice de violencia entre los adolescentes norteamericanos, si bien de manera parad&oacute;jica encuentra sus v&iacute;ctimas entre los miembros del mismo grupo generacional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De igual modo, el autor describe algunos de los rasgos de los adolescentes como si estos pudieran generalizarse o ser v&aacute;lidos de la misma manera para los de una que de otra sociedad. As&iacute;, cuando hace referencia a las modalidades de socializaci&oacute;n de los adolescentes, de las que dice que cada vez reflejan menos los c&aacute;nones de una cultura tradicional y se asemejan m&aacute;s a una realidad virtual, o a los relatos de los adolescentes, de los que refiere que no tienen ya la estructura narrativa de tipo hist&oacute;rico sino otra m&aacute;s parecida a la de las im&aacute;genes o <i>spots</i> de un video o a la de los archivos de una computadora, me pregunto si estos elementos tambi&eacute;n podr&iacute;an dar cuenta de lo que ocurre entre los adolescentes tarahumaras o tzotziles?, &iquest;entre los de la India, Ruanda, Ir&aacute;n o Guatemala?, &iquest;y qu&eacute; decir de los ni&ntilde;os de la calle en M&eacute;xico o en otros pa&iacute;ses?, &iquest;cu&aacute;l ser&aacute; su inserci&oacute;n generacional puesto que se apartan de su familia nuclear y las pol&iacute;ticas reguladoras por parte del Estado son m&aacute;s bien d&eacute;biles y poco consistentes? De aqu&iacute; que insista en la necesidad de ubicar en su contexto social espec&iacute;fico los fen&oacute;menos que constituyen el trasfondo de la discusi&oacute;n te&oacute;rica del autor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta tambi&eacute;n interesante contrastar los puntos de vista de este autor con los de los autores del texto que comentamos en el inciso anterior. A diferencia de Trost y Levin, Donati considera que las relaciones de convivencia o de uni&oacute;n libre son m&aacute;s bien transitorias o son fases de experimentaci&oacute;n encaminadas a constituir un matrimonio o una familia. Asimismo</font> <font face="verdana" size="2">considera que los divorciados tienden a reconstituir una familia y a retomar el ciclo familiar en una diferente fase del curso de su vida individual. Es probable que los distintos puntos de vista reflejen diferencias entre Europa del norte y del sur, aunque no lo sabemos porque en ambos casos los autores han preferido borrar las huellas de sus referentes sociales o dejar de lado el an&aacute;lisis de los mismos, as&iacute; como tampoco intentan comparar sus hallazgos con lo que ocurre en otras sociedades.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un &uacute;ltimo ejemplo de lo que el autor propone y no podr&iacute;a aplicarse indiscriminadamente a lo que refiere como el contexto familiar en la sociedad actual, es cuando se&ntilde;ala que los hijos de familias pobres o marginadas (&iquest;en d&oacute;nde?) tienen un perfil de ciclo de vida generacional semejante al de la sociedad tradicional, es decir, con gran estabilidad y lentitud en los cambios, mientras que los hijos de familias mejor dotadas tienen un ciclo de vida m&aacute;s diferenciado y rico en cambios. Si uno piensa, por ejemplo, en los millones de mexicanos pobres o marginados que han emigrado al otro lado de la frontera norte del pa&iacute;s o que migran temporalmente y en lo que algunos estudiosos han comenzado a denominar las familias transnacionales y en la serie de cambios que ello supone para las nuevas generaciones, uno podr&iacute;a concluir que, para este caso, lo contrario de lo que el autor refiere dar&iacute;a mejor cuenta de la realidad.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font face="verdana" size="2"><b><i>3. Cambios generacionales respecto al cuidado de los padres.</i></b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &uacute;ltimo trabajo que me toca comentar es el de Tamara K. Hareven que aborda desde una</font> <font face="verdana" size="2">perspectiva hist&oacute;rica los patrones de apoyo intergeneracionales desarrollados durante el curso de vida y la manera como dichos patrones se adaptaron o modificaron en el caso concreto que analiza como consecuencia de circunstancias sociales espec&iacute;ficas y claramente ubicadas en su contexto social.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto presenta los resultados de un estudio basado en la reconstrucci&oacute;n de historias de vida con antiguos trabajadores textiles de Manchester, Nueva Hampshire, y dos cohortes de sus hijos adultos. La autora se pregunta por las diferencias que encuentra entre los dos grupos, que pertenecen a una misma generaci&oacute;n, respecto de las actitudes que adoptaron en relaci&oacute;n con el cuidado de sus padres, el origen de estas actitudes y el costo que tuvieron para sus vidas. Destaca el hecho de que estos hijos fueron la primera generaci&oacute;n en experimentar la sobrevivencia de sus padres por encima de los 70 a&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autora divide la generaci&oacute;n de los hijos en dos cohortes: la de quienes nacieron entre 1910 y 1919 y les toc&oacute; madurar durante la crisis econ&oacute;mica del 29, y la de aquellos que nacieron entre 1920 y 1929 y les toc&oacute; madurar durante el curso de la Segunda Guerra Mundial. El estudio refiere detalladamente la manera como unos y otros se ocuparon de sus padres, en su mayor&iacute;a inmigrantes europeos, siendo que los hijos en muchos casos formaron parte de la primera generaci&oacute;n de nacidos en Norteam&eacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de que la autora intenta contrastar los patrones de cuidado que tuvieron los hijos adultos durante la vejez de sus padres, la lectura del material deja la impresi&oacute;n de que son mayores las semejanzas entre una cohorte y otra, en tanto que las diferencias son apenas perceptibles y m&aacute;s bien sutiles. En ambos casos apunta que por lo general fueron las hijas las que cargaron con los m&aacute;s altos costos para sus vidas ya que, aparte de tener un empleo, se hicieron cargo del cuidado de sus padres y de la crianza de sus hijos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En realidad la autora encuentra varias trayectorias en las maneras de asumir el cuidado de los padres, que parecen haber sido empleadas tanto por una cohorte como por otra. Entre estas trayectorias se encuentran: a) la de los hijos, generalmente la hija menor, que permanecieron en el hogar de los padres y m&aacute;s tarde se ocuparon de su cuidado; b) la de los hijos que regresaron a ocuparse de sus padres despu&eacute;s de alg&uacute;n cambio en su situaci&oacute;n de pareja o a causa de la incapacidad o necesidades espec&iacute;ficas de los padres; c) la de las hijas que se ocuparon de los padres sin mudarse a su casa y, d) la de los padres que se mudaron al hogar de los hijos que se hicieron cargo de su cuidado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las instituciones de asilo se usaban m&aacute;s bien para los casos de demencia, par&aacute;lisis o inhabilitaciones severas. Los padres que estaban en estas instituciones en Manchester a menudo eran visitados diariamente por sus hijos. Aun en la d&eacute;cada de los sesenta en que el uso de estas instituciones era ya frecuente, todav&iacute;a se consideraba un estigma para los hijos tener a sus padres en ellas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la segunda parte del texto, la autora reflexiona sobre la ubicaci&oacute;n de las cohortes en el tiempo hist&oacute;rico lo que resulta un interesante ejercicio que permite delinear claramente sus rasgos a diferencia de lo que ocurr&iacute;a en la parte anterior en que sus contornos eran poco claros. As&iacute;, se&ntilde;ala que las actitudes de los hijos respecto al cuidado de sus padres estaban en buena parte relacionadas con las experiencias previas en sus vidas (sus tradiciones &eacute;tnicas y culturales), las que se fueron modificando de acuerdo con cambios hist&oacute;ricos y sociales que afectaron el curso de sus vidas. Entre estos &uacute;ltimos menciona la expansi&oacute;n del estado de bienestar que sustituy&oacute; las antiguas nociones de autosuficiencia de la familia. Muchos de los hijos que se hab&iacute;an ocupado del cuidado de sus padres, no deseaban ser ellos mismos una carga para sus hijos, lo que signific&oacute; un cambio</font> <font face="verdana" size="2">decisivo que se manifest&oacute; en una mayor confianza en la intervenci&oacute;n de las instituciones.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mientras que los hijos pertenecientes a la primera cohorte ten&iacute;an un apego m&aacute;s claro respecto a los valores familiares colectivos y a la ayuda que hab&iacute;a que prestar a los parientes, los hijos de la segunda cohorte mostraban una orientaci&oacute;n m&aacute;s individualista y una mayor ambivalencia en relaci&oacute;n con las obligaciones econ&oacute;micas que les impon&iacute;a el cuidado de los padres. Asimismo la autora refiere que los integrantes de la segunda cohorte se mostraban emocionalmente m&aacute;s distantes de sus padres y expresaban una clara preferencia porque las generaciones vivieran en forma separada.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente la autora concluye que en realidad ambas cohortes fueron parte de una generaci&oacute;n intermedia que muestra la transici&oacute;n entre el apego a los valores de los padres y la creciente individualizaci&oacute;n en las relaciones familiares, cada vez m&aacute;s inclinadas a apoyarse en las agencias p&uacute;blicas para el cuidado de los mayores. Se refiere, entonces, a la superposici&oacute;n de mapas que se requiere para poder comprender el comportamiento de las generaciones, es decir, a la necesidad de utilizar como coordenadas tanto el mapa de la historia individual familiar, como el de la ubicaci&oacute;n del individuo en su tiempo hist&oacute;rico y social.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabr&iacute;a aqu&iacute; destacar las semejanzas que muestra este &uacute;ltimo planteamiento con la propuesta de Pier Paolo Donati, en el sentido de que ambos nos permiten volver a pensar en el concepto de generaci&oacute;n desde una perspectiva que se propone integrar tanto el polo del individuo como el de la sociedad. Si bien sabemos que no se trata de un problema nuevo para las ciencias sociales, sino de uno que ha recibido toda clase de respuestas, valdr&iacute;a la pena recordar la que, desde principios de los a&ntilde;os treinta, le diera Norbert Elias en su cl&aacute;sico estudio sobre la sociedad cortesana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de recordar que la antinomia individuo/ sociedad es irreal y s&oacute;lo puede explicarse en el contexto de dos tradiciones pol&iacute;tico&#45;filos&oacute;ficas, de las cuales una considera a la sociedad como algo extraindividual, y la otra al individuo como algo extrasocial, Elias advierte tambi&eacute;n que los usos ling&uuml;&iacute;sticos habituales dificultan hablar de individuos que conjuntamente forman sociedades, o de sociedades que est&aacute;n constituidas por individuos, a pesar de que esto es lo que efectivamente ocurre. De este modo, apunta, que "el desarrollo de las posiciones sociales que un individuo recorre desde su infancia, no es &uacute;nico ni irrepetible en el mismo sentido que lo es el individuo que las recorre". Cada posici&oacute;n social, en virtud de su interdependencia de otras posiciones del sistema global al que pertenece, combina con su elasticidad una fuerza propia extraordinariamente grande, si se la compara con la de su detentor individual. "As&iacute; pues, se&ntilde;ala, mientras que el desarrollo personal del detentor adquiere, de esta manera, dentro de ciertos l&iacute;mites, influencia sobre su posici&oacute;n, el desarrollo de la posici&oacute;n social que representa el desenvolvimiento social global al que &eacute;sta pertenece, influye en el progreso personal de quien la detenta." <sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De aqu&iacute; que, a lo largo de estos comentarios, hubi&eacute;ramos insistido en la necesidad de esclarecer el contexto social dentro del cual los fen&oacute;menos que los autores describen, encuentran su sentido. Como dijera Elias, "en tanto no se piense en los sistemas sociales como sistemas de hombres, sigue uno sin pisar tierra al usar este concepto"</font>.</p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font>	</p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup>&nbsp;Al respecto pueden consultarse los textos compilados por Peter M. Ward en: <i>Reducing vulnerability among families in the Mexico and US border region,</i> The University of Texas at Austin, junio 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2637724&pid=S1607-050X199900020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;Norbert Elias, <i>La sociedad cortesana,</i> M&eacute;xico, Fondo</font> <font face="verdana" size="2">de Cultura Econ&oacute;mica, 1982: 31&#45;34.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2637726&pid=S1607-050X199900020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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