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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Matheus Fern&aacute;ndez, Juan Miguel, <i>La disciplina parlamentaria</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Miluska Orbegoso Silva<sup>*</sup></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Zaragoza, Fundaci&oacute;n &#8220;Manuel Gim&eacute;nez Abad&#8221;, 2013, 458 pp.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><i>* </i></sup><i>Maestra en derecho y doctoranda de derecho constitucional en la Universidad de Navarra, Espa&ntilde;a; profesora de Derecho constitucional en la Universidad Panamericana, M&eacute;xico.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra que comentamos, como su t&iacute;tulo lo indica, trata sobre la disciplina parlamentaria, materia muchas veces poco conocida y a la que la doctrina no se ha dedicado exhaustivamente. Es una rama del derecho constitucional que estudia la forma en que los parlamentarios ejecutan su funci&oacute;n de representaci&oacute;n, la cual materializa el encargo que desde la Constituci&oacute;n se les ha encomendado, y la forma en que se pueden corregir las desviaciones que se presenten en su ejercicio. En ese sentido, el libro titulado <i>La disciplina parlamentaria</i> es una obra que contiene un tema novedoso, desconocido, y que pasa inadvertido, pero clave para el correcto funcionamiento de la representaci&oacute;n. El estudio realizado por el profesor venezolano Juan Miguel Matheus resulta, en este sentido, una gu&iacute;a o manual de los or&iacute;genes, fundamentos y retos del tema en cuesti&oacute;n, un an&aacute;lisis profundo de la materia que no se encuentra en ninguna otra obra, al menos de habla hispana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la finalidad de fundamentar a&uacute;n m&aacute;s la importancia de la materia que se desarrolla en la obra que buscamos rese&ntilde;ar, hemos de realizar algunas consideraciones previas. Somos de la idea que la democracia hoy en d&iacute;a se garantiza a trav&eacute;s de los parlamentos; la democracia hace referencia al origen popular del poder y &#8220;significa la juridificaci&oacute;n del poder constituyente, de la soberan&iacute;a, o lo que es igual, la atribuci&oacute;n jur&iacute;dica al pueblo de la capacidad de disponer de la Constituci&oacute;n misma, sin l&iacute;mite material alguno&#8221;;<sup><a href="#notas">1</a></sup> es decir, consiste en sostener que el poder reside en el pueblo. Ello se consigue a partir de la superaci&oacute;n de dogmas propios de la etapa liberal cuando el sufragio era restringido y exist&iacute;a una depreciaci&oacute;n individualista del derecho de asociaci&oacute;n.<sup><a href="#notas">2</a></sup> La Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola, en el art&iacute;culo 1.1, establece en este sentido el principio democr&aacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que busca la disciplina parlamentaria es corregir la mala <i>praxis</i>, por decirlo de alguna manera, de la forma en que materialmente se ejerce la democracia en los parlamentos, mediante el debate y votaci&oacute;n de los temas que interesan a la poblaci&oacute;n, y que en buena medida depende de la forma en que los parlamentarios, senadores y diputados, ejercen este encargo. De esta manera, una buena parte del ejercicio de la democracia real descansa en una adecuada disciplina parlamentaria, resultando necesario un estudio pormenorizado del tema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por disciplina parlamentaria se pueden entender distintas cosas, lo cual es abordado por el autor; sin embargo, &eacute;l se centra en la disciplina en un sentido m&aacute;s estricto. En ese orden de ideas, la obra en comento se ha dividido en dos partes y cuatro cap&iacute;tulos. Una parte dedicada a la disciplina parlamentaria como arte o ciencia del buen gobierno de las asambleas pol&iacute;ticas, y una segunda dedicada al estudio de la disciplina parlamentaria en el ordenamiento jur&iacute;dico espa&ntilde;ol.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dentro de la primera parte del libro <i>La disciplina parlamentaria</i>, se encuentran los cap&iacute;tulos I y II, en los cuales se realiza un an&aacute;lisis org&aacute;nico de la Constituci&oacute;n. En el cap&iacute;tulo I, &#8220;La disciplina parlamentaria como arte o ciencia del buen gobierno de las asambleas pol&iacute;ticas&#8221;, el profesor Matheus realiza un desarrollo de los principios liberales que gu&iacute;an la actuaci&oacute;n del parlamento; &eacute;stos son: recta raz&oacute;n, libertad pol&iacute;tica, discusi&oacute;n, publicidad y representaci&oacute;n; sobre todo el de representaci&oacute;n pol&iacute;tica, que es una concreci&oacute;n del gobierno representativo, que conforme a lo se&ntilde;alado por John Stuart Mill<sup><a href="#notas">3</a></sup> es el gobierno que el pueblo se da a s&iacute; mismo a trav&eacute;s de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica. El autor realiza un estudio de c&oacute;mo se entend&iacute;a la disciplina parlamentaria en la etapa liberal, donde &eacute;sta depend&iacute;a de la libertad del parlamento, seg&uacute;n Burke, y su finalidad era ser la fiel expresi&oacute;n de la voluntad popular, seg&uacute;n Bentham.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo II, &#8220;Fundamentos hist&oacute;rico&#45;funcionales de las sanciones parlamentarias&#8221;, se realiza un interesante estudio de los or&iacute;genes de la disciplina parlamentaria, el cual se denomina como un sistema jur&iacute;dico sancionador de tradici&oacute;n anglosajona, en el que las c&aacute;maras tienen un orden preestablecido para cumplir sus funciones. Asimismo, una de las ideas m&aacute;s interesantes del cap&iacute;tulo II es la del pluralismo que representan los parlamentos. Como se sabe, el concepto de democracia se encuentra vinculado con la idea de una sociedad plural, una sociedad conformada por miembros distintos entre s&iacute;. Implica una peculiar concepci&oacute;n pluralista de la sociedad, pues &#8220;supone la comprensi&oacute;n de la sociedad&#8230; como trama plural en la que interaccionan los distintos grupos sociales, reconociendo as&iacute; su autonom&iacute;a y la legitimidad de su propia diversidad&#8221;,<sup><a href="#notas">4</a></sup> y ello es representado en los parlamentos y los grupos pol&iacute;ticos que lo conforman. De esta forma, no es de sorprender el enfrentamiento que se presenta siempre en los parlamentos, el cual es algo natural, y las reglas procedimentales que en ellos se siguen no son m&aacute;s que &#8220;una lectura realista de la condici&oacute;n humana&#8221;.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Los parlamentarios son personas que representan distintas posturas sociales, y, obviamente, en la defensa de la postura se generan debates.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El procedimiento, en este sentido, se torna en la forma de encauzar las opiniones y el debate, sobre todo en parlamentos de gran n&uacute;mero de miembros, a fin de llegar a una voluntad unitaria; es decir, que las reglas sobre la deliberaci&oacute;n tienen por finalidad gobernar los procedimientos mediante los cuales se toman decisiones legislativas. &#8220;S&oacute;lo mediante un debate libre y racional se puede descubrir la voluntad de una asamblea legislativa&#8221; (p. 72).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En vista de ello, resulta necesario un mecanismo para hacer cumplir las exigencias de orden recogidas en el procedimiento, y esto se alcanza mediante del poder sancionador. Su origen proviene de la pr&aacute;ctica parlamentaria, y, conforme se&ntilde;ala el autor, no fue estudiado dogm&aacute;ticamente sino hasta el siglo XIX, con la publicaci&oacute;n de la obra de sir Erskine May, <i>Treatise on the Law, Privileges, Proceedings and Usage of Parliament</i> de 1844.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la tradici&oacute;n anglosajona, conforme a lo se&ntilde;alado por Thomas Jefferson<sup><a href="#notas">6</a></sup> se entiende el origen de este poder en la propia preservaci&oacute;n del funcionario p&uacute;blico para cumplir cabalmente con su funci&oacute;n, lo cual se equipara con el natural derecho que posee todo hombre a la autodefensa. Ello tiene tres fundamentos: su car&aacute;cter inherente, lo cual supone la no exigencia de su reconocimiento constitucional, como sucede en Inglaterra; su funci&oacute;n de autopreservaci&oacute;n del propio parlamento, de la honorabilidad de sus miembros (autopreservaci&oacute;n institucional), y no de la sola sanci&oacute;n de miembros y terceros, sino de garant&iacute;a de su propio funcionamiento (autopreservaci&oacute;n funcional), y la relaci&oacute;n que existe entre estos poderes y los privilegios constitucionales de las c&aacute;maras legislativas; esto es, inviolabilidad, inmunidad, y donde la disciplina parlamentaria sirve para garantizar a los primeros, se encuentra subordinada a ellos, como una suerte de arma defensiva ante la violaci&oacute;n de sus propios privilegios.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la segunda parte del libro<i>,</i> ya en el cap&iacute;tulo III, &#8220;El concepto constitucional de la disciplina parlamentaria&#8221;, apartado que cobra sentido en s&iacute; mismo, pues la potestad sancionadora de las c&aacute;maras y el derecho parlamentario se incardinan en la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola. Se trata del cap&iacute;tulo m&aacute;s extenso de la obra y donde se centra el coraz&oacute;n de la misma, con un estudio exhaustivo de la posici&oacute;n de la disciplina parlamentaria en la Constituci&oacute;n y de las exigencias que se desprenden de &eacute;sta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor inicia el an&aacute;lisis de esta materia realizando una reflexi&oacute;n importante referida a la carencia de inter&eacute;s sobre el estudio de la disciplina parlamentaria en Espa&ntilde;a, pese a que &eacute;sta se verifica en la actuaci&oacute;n del parlamento, en la jurisprudencia y en la doctrina. La raz&oacute;n de ello es que, en general, los reglamentos de las Cortes Generales y parlamentos auton&oacute;micos se cumplen con mucha eficacia, sancionan, limitan des&oacute;rdenes y preservan el funcionamiento frente a los ataques en el recinto parlamentario (p. 122), llevando a una <i>normalidad</i> de la disciplina parlamentaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, el autor realiza un interesante an&aacute;lisis de la relaci&oacute;n entre el principio de legalidad recogido en el art&iacute;culo 25.1, CE, y las cl&aacute;sicas potestades punitivas del Estado. Con la penal, que son la m&aacute;s lesivas para la libertad; con la potestad administrativa sancionadora, y con la potestad disciplinaria. De igual manera, podemos encontrar un estudio de los elementos que conforman la potestad sancionadora de las c&aacute;maras: el normativo, que obedece a las fuentes de donde mana la disciplina parlamentaria, principios generales, costumbre parlamentaria, jurisprudencia constitucional; el org&aacute;nico, el cual es aportado por las propias c&aacute;maras, as&iacute; como por sus &oacute;rganos de gobierno; el subjetivo, que se refiere a los destinatarios de la disciplina parlamentaria, senadores y diputados, los funcionarios de la administraci&oacute;n parlamentaria, y los terceros, que ocasionalmente interact&uacute;an con las c&aacute;maras, miembros del gobierno y dem&aacute;s altos funcionarios del Estado; el material, referido a los actos o conductas que los reglamentos de las c&aacute;maras tipifican como antijur&iacute;dicos y violatorios del orden parlamentario, y el teleol&oacute;gico, el cual coincide con la necesidad de que debe imperar en todo momento y para toda ocasi&oacute;n el orden parlamentario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ese sentido, una de las caracter&iacute;sticas importantes a resaltar de las sanciones parlamentarias es que, a diferencia de otras, su finalidad no es el inter&eacute;s general, sino que son autoprotectivas, pues buscan la buena marcha de la actividad parlamentaria <i>per se.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este orden de ideas, la pregunta que podr&iacute;a saltar a la palestra es qu&eacute; se busca proteger en concreto con la disciplina parlamentaria, si hay algo detr&aacute;s del buen orden de las c&aacute;maras. El autor diferencia, en este sentido, entre los bienes jur&iacute;dicos infravalentes, que son aquellos que representan el objetivo directo, y que son la tutela del ejercicio del cargo parlamentario, la libre deliberaci&oacute;n parlamentaria y dominio p&uacute;blico. Y los bienes jur&iacute;dicos supravalentes, a los cuales se ordenan todas las medidas sancionadoras y persuasivas de la disciplina parlamentaria: el orden parlamentario, el correcto funcionamiento de las c&aacute;maras y la honorabilidad y buena imagen del parlamento frente a la opini&oacute;n p&uacute;blica y dem&aacute;s poderes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al respecto, conviene detenernos en las sanciones a senadores y diputados. &Eacute;stos, como bien se&ntilde;ala en autor, no son funcionarios administrativos del parlamento que se encuentran sometidos a relaciones especiales de sujeci&oacute;n, sino que son los representantes del pueblo. Por tanto, la pregunta que podemos hacernos ser&iacute;a cu&aacute;l es el fundamento de las sanciones que le son aplicadas por el presidente del parlamento ante el incumplimiento de sus deberes. Los poderes administrativos del presidente del parlamento deben ser entendidos como poderes disciplinarios, los cuales son definidos como &#8220;aquellas facultades ejercidas por un &oacute;rgano jur&iacute;dicamente competente, sobre sujetos integrados permanentemente en una estructura organizativa, a trav&eacute;s de las cuales se sanciona el incumplimiento de los deberes propios del cargo o funci&oacute;n de dichos sujetos, pues ello menoscaba la organizaci&oacute;n y funcionamiento interiores de las estructura organizativa en cuesti&oacute;n&#8221; (p. 167). Se trata de sanciones que se justifican en la salvaguarda del funcionamiento y organizaci&oacute;n de los parlamentos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El fundamento de las facultades disciplinarias de los presidentes contra los miembros del parlamento no se puede sustentar en una relaci&oacute;n de jerarqu&iacute;a, sino que, como en el caso de las asociaciones civiles, existe tambi&eacute;n un derecho a preservar su existencia institucional, para lo cual pueden reaccionar punitivamente; asimismo, existe, como en los colegios profesionales, un derecho a la defensa &eacute;tica de las c&aacute;maras, pues tienen un deber ajur&iacute;dico y pol&iacute;tico de limpiar su imagen frente a la opini&oacute;n p&uacute;blica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, una cuesti&oacute;n que es analizada en el libro rese&ntilde;ado, y que merece especial atenci&oacute;n, es la vinculaci&oacute;n del principio de legalidad recogido en el art&iacute;culo 25.1, CE, y la disciplina parlamentaria, respecto a si debe verificarse o no en estos casos. Los autores que defienden una disciplina parlamentaria desprovista del principio de legalidad sostienen que de lo contrario se perder&iacute;a la autonom&iacute;a de las c&aacute;maras, que es un principio constitucional conforme al art&iacute;culo 72, CE, pues el Tribunal Constitucional controlar&iacute;a las sanciones disciplinarias de las c&aacute;maras a trav&eacute;s del amparo directo; segundo, que la disciplina parlamentaria es expresi&oacute;n de la capacidad autoorganizativa de las c&aacute;maras, y por &uacute;ltimo, es que si se sometiera al principio de legalidad, la disciplina parlamentaria caer&iacute;a en muchos formalismos, que repercutir&iacute;a en la eficacia de la labor parlamentaria. Ante ello, el autor hace un an&aacute;lisis cr&iacute;tico de cada argumento vertido, resultando especialmente relevante el an&aacute;lisis que realiza de los pronunciamientos del TC espa&ntilde;ol, se&ntilde;alando que las sanciones parlamentarias deben someterse al principio de legalidad, en concreto, a las exigencias de ley cierta y previa; esto es, que la conducta il&iacute;cita sancionada debe encontrar reflejo en el reglamento del parlamento. De esta forma, resulta especialmente relevante un estudio sobre los reglamentos de los parlamentos, y al fin de ello, el autor realiza un estudio de los elementos o criterios que los conforman: de la cualidad relacional del sujeto sancionable, criterio del tiempo reaccional de los &oacute;rganos sancionadores, de la complejidad subsistem&aacute;tica de la disciplina parlamentaria y el condicionamiento rec&iacute;proco entre los criterios de la ordenaci&oacute;n subsistem&aacute;tica de la disciplina parlamentaria (pp. 210&#45;214).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, Fern&aacute;ndez Mathews desarrolla un interesante an&aacute;lisis de las sanciones por incumplimiento de los deberes parlamentarios, las llamadas a la cuesti&oacute;n y al orden. La primera, referida a la solicitud que se le hace al parlamentario de encauzar su intervenci&oacute;n a la tem&aacute;tica debatida; y la segunda, relacionada con la llamada que realiza el presidente para conservar el orden en el recinto parlamentario, las cuales son medidas disuasorias y no sancionadoras, y el orden en el recinto parlamentario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, en el cap&iacute;tulo IV, &#8220;La incidencia de la disciplina parlamentaria en la posici&oacute;n constitucional de senadores y diputados&#8221;, como se&ntilde;ala el autor, se desarrolla un an&aacute;lisis dogm&aacute;tico de la Constituci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se inicia con un estudio del mandado parlamentario o representativo, el cual se reviste de una caracter&iacute;stica de <i>resistencia</i>, la que se manifiesta a nivel constitucional y reglamentario. A nivel constitucional tiene que ver con el origen popular del poder que afecta a la constituci&oacute;n de las Cortes Generales y dem&aacute;s parlamentos y a su renovaci&oacute;n. Siendo claro que el hecho de que el poder de los parlamentarios provenga del pueblo, lo que lo hace resistente en los t&eacute;rminos que comentamos, en el sentido de que &#8220;lo que ha sido designado por el pueblo s&oacute;lo puede ser removido, de acuerdo con la Constituci&oacute;n, por el pueblo mismo&#8221; (p. 282), aunque, como bien se&ntilde;ala el autor, existan supuestos de anomal&iacute;a donde algunas instituciones del Estado pueden restringir el mandato representativo de diputados y senadores por distintos supuestos; por ejemplo, invalidando la elecci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto a la resistencia reglamentaria, se trata de un supuesto que complementa a la constitucional, y busca crear las condiciones institucionales para que los parlamentarios realicen plenamente sus funciones. Refuerza la resistencia del mandato imperativo, pues la disciplina parlamentaria &#151;contenida materialmente en los reglamentos&#151; ayuda a solventar las situaciones que hagan peligrar la funci&oacute;n parlamentaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta interesante en este sentido el efecto que tienen las sanciones parlamentarias sobre la funci&oacute;n de representaci&oacute;n que cumplen diputados y senadores, las cuales s&oacute;lo son de suspensi&oacute;n y nunca de p&eacute;rdida, pues el origen de ese poder es otorgado por el pueblo. Se trata de un tema de vital importancia, pues la sanci&oacute;n del parlamentario lleva consigo la suspensi&oacute;n total o parcial del cargo, y, de esta forma, se puede poner en riesgo la vigencia del sistema representativo democr&aacute;tico, que, como bien se&ntilde;ala el autor, tiene que ver con la suspensi&oacute;n del derecho fundamental recogido en el art&iacute;culo 23.2, CE, a acceder, ejercer y permanecer en el cargo p&uacute;blico representativo, a un supuesto de suspensi&oacute;n&#45;sanci&oacute;n, en la que no se pierde la titularidad del derecho. En ese sentido, se le puede definir como</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">la privaci&oacute;n temporal del ejercicio de un cargo p&uacute;blico representativo o de alguna de sus facultades o derechos inherentes, ocurrida en observancia de los requisitos constitucionales para la restricci&oacute;n de los derechos fundamentales, que opera como reacci&oacute;n institucional de las c&aacute;maras frente a des&oacute;rdenes e incumplimientos de deberes por parte de diputados o senadores, en procura del recto devenir de la funci&oacute;n parlamentaria (p. 290).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora, para su materializaci&oacute;n se deben verificar evidentemente unos requisitos: la justificaci&oacute;n institucional, que coincide con el juicio de proporcionalidad y la exigencia de reserva de ley, que se cumple cuando la sanci&oacute;n es prevista en los reglamentos. Ahora, que el mandato no se pueda eliminar y s&oacute;lo suspender, se debe al car&aacute;cter constitucional y reglamentariamente resistente que posee. Aunque, y s&oacute;lo a manera de reflexi&oacute;n, podr&iacute;amos afirmar con base en la teor&iacute;a de la representaci&oacute;n, que si un parlamentario es sancionado con la p&eacute;rdida de la calidad de representante, podr&iacute;a tratarse de una decisi&oacute;n del propio sujeto que le dio esa calidad &#151;el pueblo&#151; s&oacute;lo que a trav&eacute;s de sus representantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, respecto al estatuto de los parlamentarios, que se refiere al conjunto de deberes y obligaciones dirigidos al despliegue de la funci&oacute;n parlamentaria, en el libro en comento se realiza un estudio exhaustivo del mismo, resaltando en primer lugar sus tres estratos: constitucional (art&iacute;culos 67.2, 71.4, CE); legal, referido a los derechos y obligaciones reglamentarios; y uno adjetivo, que se refiere a la previsi&oacute;n del art&iacute;culo 42 de la Ley Org&aacute;nica del Tribunal Constitucional, en la que se se&ntilde;ala que los parlamentarios pueden reaccionar jurisdiccionalmente para ventilar ante el juez constitucional los eventuales perjuicios que haya sufrido en su estatuto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La suspensi&oacute;n&#45;sanci&oacute;n a los parlamentarios no afecta la totalidad del estatuto de diputados y senadores. As&iacute;, todas las prerrogativas constitucionales no se pueden ver afectadas porque forman parte del <i>ius in officium</i> recogido en el art&iacute;culo 23.2, CE. Si sucediera lo contrario se afectar&iacute;a la relaci&oacute;n de representaci&oacute;n entre electorado y representantes. A excepci&oacute;n de la prerrogativa de inviolabilidad, la cual, como se&ntilde;ala el autor, cubre de contenido garantista las opiniones emitidas por los parlamentarios en el ejercicio de sus funciones, se trata de un reforzamiento de la libertad de expresi&oacute;n de los representantes del pueblo. Tiene efectos externos, que son absolutos, en el sentido de que ni los parlamentarios ni las c&aacute;maras lo pueden disponer; mientras que sus efectos internos son limitables. Los efectos externos protegen a la C&aacute;mara, y los internos, a los parlamentarios individualmente; por tanto, si traspasaran el &#8220;decoro parlamentario&#8221; quedar&iacute;a sin efecto, el cual es un criterio discrecional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ese sentido, la disciplina parlamentaria se torna un l&iacute;mite a la inviolabilidad y va en la direcci&oacute;n de la interdicci&oacute;n de la arbitrariedad que propugna el Estado constitucional. Ahora, la protecci&oacute;n de la interdicci&oacute;n, como se sabe, queda protegida funcional y materialmente; esto es, las opiniones que viertan los parlamentarios en el ejercicio de sus funciones. Materialmente, las opiniones se limitan por la expresi&oacute;n anglosajona <i>parliamentary freedom of speech protects words, not acts</i>; mientras que en el &aacute;mbito funcional se entiende por ejercicio de sus funciones, desde un punto de vista espacial, a todo acto realizado por los parlamentarios en el recinto de las c&aacute;maras o de sus dependencias; y desde un punto de vista org&aacute;nico, cuando act&uacute;en bajo la condici&oacute;n de miembros del parlamento leg&iacute;timamente integrados en las sesiones del pleno, de la diputaci&oacute;n permanente, de las comisiones y de los grupos, que fueran convocados reglamentariamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante ello, salta la pregunta sobre la participaci&oacute;n de los parlamentarios fuera de las c&aacute;maras aunque sea de relevancia p&uacute;blica; por ejemplo, cuando son entrevistados por su calidad de parlamentarios. Al respecto, el TC espa&ntilde;ol ha se&ntilde;alado el criterio de &#8220;la regulaci&oacute;n org&aacute;nica de las C&aacute;maras&#8221;,<sup><a href="#notas">7</a></sup> conforme al cual s&oacute;lo cuando los parlamentarios estructurados colegiada y reglamentariamente ejerzan funciones parlamentarias, y s&oacute;lo en esos casos, tienen la garant&iacute;a de la inviolabilidad. Sus mecanismos de l&iacute;mite s&oacute;lo pueden ser las llamadas a la cuesti&oacute;n y al orden.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, tambi&eacute;n se realiza un interesante an&aacute;lisis sobre la posibilidad de afectaci&oacute;n de derechos fundamentales de los parlamentarios por las sanciones, en particular, del de igualdad, libertad ideol&oacute;gica, al honor y a la intimidad personal, as&iacute; como de otros derechos reglamentarios, como el derecho a asistir a las sesiones del pleno y de las comisiones, al voto parlamentario, a recibir asignaciones, entre otros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un &uacute;ltimo problema que se aborda en el libro es el efecto que tiene la sanci&oacute;n de un parlamentario en su grupo, especialmente trat&aacute;ndose de minor&iacute;as. Grupos que, como bien se&ntilde;ala el autor, son la forma en que la Constituci&oacute;n inserta en el Estado a los partidos pol&iacute;ticos, los cuales realizan el pluralismo pol&iacute;tico. Al respecto, resulta interesante el estudio de la teor&iacute;a de E. Stein<sup><a href="#notas">8</a></sup> sobre la regulaci&oacute;n institucional del parlamento, quien se&ntilde;ala que uno de los problemas m&aacute;s latentes de los parlamentos actuales es la protecci&oacute;n de las minor&iacute;as.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, el libro culmina con un estudio sobre la naturaleza del acto parlamentario sancionador, del cual es menester resaltar la falta de mecanismos <i>ad intra</i> de las c&aacute;maras para cuestionar la sanci&oacute;n, ante lo cual, creemos, conforme al autor, que se necesitan v&iacute;as o caminos para hacerlo efectivo y que exista una suerte de recurso de reconsideraci&oacute;n, para lo cual el profesor Matheus desarrolla una serie de argumentos. Respecto a los mecanismos <i>ad extra</i>, realiza un estudio del control jurisdiccional de los actos parlamentarios pasando por la tradici&oacute;n anglosajona sobre el car&aacute;cter incontrolable de los actos parlamentarios (<i>the Blackstonian Paradigm</i>), la ant&iacute;tesis de &eacute;ste (<i>the Millian Paradigm</i>) y de la postura estadounidense del conocido <i>judicial review</i> a trav&eacute;s de la controvertida <i>sentencia Powell vs. McCormack,</i> finalizando con el caso espa&ntilde;ol, en el cual se prev&eacute; el recurso de amparo directo, el cual se activa contra actos sin valor de ley que lesionen derechos fundamentales, conforme al art&iacute;culo 42, LOTC.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, luego de repasar a grandes rasgos el contenido del libro <i>La disciplina parlamentaria</i> del profesor Juan Miguel Matheus y de descubrir en &eacute;l una serie de temas que a lo mejor escapaban a nuestros conocimiento o detenimiento en el estudio de esta materia, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que este libro se ha tornado un referente en la materia, un manual que nos introduce en el tema en cuesti&oacute;n y nos hace reflexionar sobre aristas que quiz&aacute; pasaron inadvertidas cuando estudiamos la democracia. Hoy en d&iacute;a, desde nuestro punto de vista la disciplina parlamentaria resulta una herramienta necesaria para el justo desarrollo de la actividad parlamentaria en un Estado democr&aacute;tico y de derecho. Para concluir, no podemos dejar de mencionar que este libro, cuyo origen es una tesis doctoral que el autor elabor&oacute; en la Universidad de Navarra, ha sido acreedor del VII premio &#8220;Manuel Gim&eacute;nez Abad&#8221; para trabajos de investigaci&oacute;n sobre el parlamento en 2013, de modo que su aporte ha sido reconocido en Espa&ntilde;a, y estamos convencidos de que servir&aacute; de gu&iacute;a para los estudios que en otras naciones se realicen sobre el parlamento.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Arag&oacute;n Reyes, Manuel, &#8220;Art&iacute;culo 1&#8221;, en Casas Baamonde, Mar&iacute;a Emilia y Rodr&iacute;guez&#45;Pi&ntilde;ero y Bravo Ferrer, Miguel (dirs.), <i>Comentarios a la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola</i>, Madrid, Fundaci&oacute;n Wolters Kluwer, 2008, p. 29.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2459521&pid=S1405-9193201500010001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> <i>Cfr</i>. Garrorena Morales, &Aacute;ngel, &#8220;Estado democr&aacute;tico&#8221;, en Arag&oacute;n Reyes, Manuel (dir.), <i>Temas b&aacute;sicos de derecho constitucional</i>, Madrid, Civitas&#45;Thomson Reuters, 2011, t. I, p. 109.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2459523&pid=S1405-9193201500010001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Mill, John Stuart, <i>Consideraciones sobre el gobierno representativo</i>, Madrid, Alianza Editorial, 2001, p. 110.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2459525&pid=S1405-9193201500010001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Garrorena Morales, &Aacute;ngel, <i>op. cit</i>., p. 97.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Redlich, Josef, <i>The Procedure of the House of Commons: a Study of its History and Present Form</i>, Londres, 1908, vol. I, p. 63.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2459528&pid=S1405-9193201500010001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Jefferson, Thomas, <i>Manual of Parliamentary Practice</i>, New York, Clark and Maynard Publishers, 1873, p. V.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2459530&pid=S1405-9193201500010001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> STC 51/1981, 10 de abril, FJ 6.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Stein, Ekkeharts, <i>Derecho pol&iacute;tico</i>, Madrid, 1973, pp. 50&#45;54.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2459533&pid=S1405-9193201500010001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
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