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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Reforma versus revolución: Consideraciones desde la teoría del Estado y de la Constitución sobre los límites materiales a la revisión constitucional]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Ruip&eacute;rez Alamillo, Javier, <i>Reforma</i> versus <i>revoluci&oacute;n. Consideraciones desde la teor&iacute;a del Estado y de la Constituci&oacute;n sobre los l&iacute;mites materiales a la revisi&oacute;n constitucional</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>V&iacute;ctor Alejandro Wong Meraz<sup>*</sup></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 2013.<sup><a href="#notas">*</a></sup></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><i>*   </i></sup><i>Doctor en derecho constitucional por la Universidad Complutense de Madrid, miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>I. Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El presente trabajo consta de seis cap&iacute;tulos y de una nota aclaratoria. Para el an&aacute;lisis de esta obra, la estructura ser&aacute; la siguiente: primero iniciaremos con la b&uacute;squeda de trabajos espa&ntilde;oles que tengan cierta relaci&oacute;n con la obra de nuestro autor. Posteriormente, analizaremos el t&iacute;tulo, pero lo haremos en un orden invertido, ya que comenzaremos con el vocablo <i>revoluci&oacute;n</i>, para despu&eacute;s seguir con el de <i>versus</i> y finalizar con el de <i>reforma.</i> Para culminar este estudio cr&iacute;tico nos adentraremos en los diversos cap&iacute;tulos de la monograf&iacute;a y en sus respectivas conclusiones.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>II. An&aacute;lisis del t&iacute;tulo de la obra</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En relaci&oacute;n al t&iacute;tulo, encontramos algunos libros en la literatura espa&ntilde;ola con cierta correlaci&oacute;n al antes citado, entre los que podemos resaltar <i>El derecho de revoluci&oacute;n y la revoluci&oacute;n conforme a derecho</i>,<sup><a href="#notas">1</a></sup> de Recaredo Fern&aacute;ndez de Velasco y Calvo. Este autor parte de la idea de que la revoluci&oacute;n se realiza como un acto mec&aacute;nico de fuerza llevado a cabo para derrocar el poder oficial del Estado.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Tambi&eacute;n analiza la posibilidad de compaginar las palabras evoluci&oacute;n y revoluci&oacute;n, que por lo general se yuxtaponen.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este autor llega a la conclusi&oacute;n de que:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">el objeto del derecho es condicionar la vida social dentro del Estado, y si la revoluci&oacute;n tiende a restringir al Estado para la mejor y m&aacute;s exacta y m&aacute;s fecunda y &uacute;til efectividad de sus fines; y como quiera que sin ella la soberan&iacute;a hubiera seguido olvidada, y el derecho infringido, y el poder en vez de garant&iacute;a de la ley se hubiera aplicado como fuerza sancionadora de la voluntad de un hombre&#8230; la revoluci&oacute;n es un derecho para el derecho, es decir, un derecho que se ejercita para la garant&iacute;a del derecho sobre qu&eacute; se debe construir el Estado. Y es precisamente en ese momento como se origina el derecho de revoluci&oacute;n y c&oacute;mo la revoluci&oacute;n se hace conforme a derecho.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para finalizar, Fern&aacute;ndez Velasco afirma que la revoluci&oacute;n es la fuerza al servicio del derecho enfrente de la fuerza.<sup><a href="#notas">4</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra obra dentro de la literatura Ib&eacute;rica es <i>El derecho de revoluci&oacute;n</i>,<sup><a href="#notas">5</a></sup> de Ignacio Mar&iacute;a de Lojendio. El autor afirma que el derecho de revoluci&oacute;n es un derecho imperativo y excepcional de la vida colectiva, destinado a rescatar la normalidad del curso de la existencia nacional, el fin natural de la agrupaci&oacute;n pol&iacute;tica y el orden normativo de justicia.<sup><a href="#notas">6</a></sup> El autor hace hincapi&eacute; de que es un "derecho excepcional" en su aplicaci&oacute;n violenta; ya que se encuentra una situaci&oacute;n que se pudiera catalogar como "anormal" la cual determina esa reacci&oacute;n revolucionaria. De Lojendio es muy categ&oacute;rico al establecer que es menester que esta situaci&oacute;n anormal afecte a toda la naci&oacute;n, de no ser as&iacute; entonces no es justa. En el caso en que se llegara un problema parcial de casta o de inter&eacute;s, entonces ya no es una revoluci&oacute;n, sino un crimen o delito. Por esta raz&oacute;n, el car&aacute;cter de "revoluci&oacute;n nacional" es siempre una garant&iacute;a de legitimidad.<sup><a href="#notas">7</a></sup> Para este autor, la revoluci&oacute;n tiene que ganar su legitimidad cada d&iacute;a en el ejercicio, y establecer, a este fin, un orden normativo y pol&iacute;tico que sea justo y justificado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un estudio distinto en relaci&oacute;n a este tema, lo encontramos en el libro <i>La tradici&oacute;n espa&ntilde;ola y la revoluci&oacute;n</i>, de Joaqu&iacute;n de Encinas. El autor afirma que desde la entrada de los Borbones en Espa&ntilde;a, se inicia un cambio en la direcci&oacute;n pol&iacute;tica y en la estructura social espa&ntilde;ola, que habr&iacute;a de tener su consagraci&oacute;n oficial con las Cortes de C&aacute;diz (1812). Para De Encinas, la Casa de Borb&oacute;n significa, a grandes rasgos, la ant&iacute;tesis o, cuando menos, un notable desv&iacute;o de la pol&iacute;tica y de la estructura social espa&ntilde;ola que, durante la monarqu&iacute;a de la Casa de Austria, se llevara a cabo. De esta, su fin principal era la defensa del catolicismo, por la cual, bajo una perspectiva espiritualista, se realizaron las m&aacute;s grandes haza&ntilde;as. Por su parte, la Casa de Borb&oacute;n se encamina hacia una pol&iacute;tica de mayor control o centralizaci&oacute;n, con el af&aacute;n de proteger el progreso material, incluso a costa del catolicismo en Espa&ntilde;a.<sup><a href="#notas">8</a></sup> En esta misma l&iacute;nea, el autor se pregunta &#191;s&iacute; en realidad la Constituci&oacute;n de C&aacute;diz era innovadora o m&aacute;s bien tradicionalista? Para contestar su inc&oacute;gnita, De Encinas se adentra en el pensamiento del liberalismo espa&ntilde;ol, hasta llegar a la famosa y alabada Generaci&oacute;n del 98.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Posteriormente, la obra se centra en el tradicionalismo espa&ntilde;ol de principios de los siglos XIX y XX. Establece que para los tradicionalistas del segundo tercio de siglo estaba reservado sistem&aacute;ticamente el desarrollo de los postulados pol&iacute;ticos y sociales cristianos. Los tradicionalistas del primer tercio de siglo se concretaron a la defensa de los principios sociales cristianos, en la medida en que eran atacados por el liberalismo. La agitaci&oacute;n pol&iacute;tica de principios del siglo XIV propici&oacute; una deficiencia en el n&uacute;mero y en la calidad de los escritos, por esto, resume el autor, es que la defensa por las armas y la inquietud pol&iacute;tica provocaron la disminuci&oacute;n de fuerzas y de tiempo para la justificaci&oacute;n cient&iacute;fica de los principios cat&oacute;lico&#45;sociales.<sup><a href="#notas">9</a></sup> Sin embargo, ya se encuentran en estos escritos los principales elementos de doctrina social, que posteriormente desarrollaran Balmes, Aparisi y Guijarro, Donoso Cort&eacute;s y V&aacute;zquez de Mella.<sup><a href="#notas">10</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para de Encinas, los liberales y tradicionalistas coinciden en el punto de partida: ambas partes creen representar la "Espa&ntilde;a real", donde pretenden dar un sentido hist&oacute;rico de Espa&ntilde;a a trav&eacute;s de la marcha pol&iacute;tica espa&ntilde;ola de los siglos anteriores. Esto lo lleva a la conclusi&oacute;n de que los liberales y los tradicionalistas de la Espa&ntilde;a del siglo XIX no se distancian tanto entre s&iacute;, en cuanto al intento pol&iacute;tico, y de que no se puede valorar el programa pol&iacute;tico por los desastres de la pol&iacute;tica liberal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, donde se diferencian radicalmente tradicionalistas y liberales es en los presupuestos filos&oacute;ficos y religiosos.<sup><a href="#notas">11</a></sup> Mientras los liberales, en todas sus etapas, no hicieron m&aacute;s que tomar la literatura antirreligiosa y el enciclopedismo franc&eacute;s y traducirlo en leyes. Los tradicionalistas ubican m&aacute;s su pensamiento "en lo espa&ntilde;ol", con una mentalidad cat&oacute;lica y una filosof&iacute;a escol&aacute;stica.<sup><a href="#notas">12</a></sup> Entre estos &uacute;ltimos, De Encinas destaca a Donoso Cort&eacute;s, quien hizo "la traducci&oacute;n en prosa pol&iacute;tica del teatro cl&aacute;sico espa&ntilde;ol, de la mentalidad de un Calder&oacute;n, de un Tirso de Molina, de un Lope de Vega. Donoso es el &uacute;nico que &#151;considerando el &aacute;mbito de su pensamiento&#151; no tiene apenas nada de com&uacute;n con el liberalismo, precisamente porque su pensamiento se desenvuelve en una esfera de sobrenaturalismo, que el liberalismo empieza por no reconocer. Pero precisamente esta posici&oacute;n radicalmente teol&oacute;gica le distingue de los dem&aacute;s tradicionalistas".<sup><a href="#notas">13</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez que hemos visto algunas de las obras que se asemejan, podemos encontrar una diferencia sustancial entre estos y el libro de Ruip&eacute;rez, y se encuentra en relaci&oacute;n a la figura de la revoluci&oacute;n. Los primeros parten de la idea de revoluci&oacute;n desde lo pol&iacute;tico&#45;hist&oacute;rico y su impacto jur&iacute;dico, o mejor dicho la ruptura de lo jur&iacute;dico; y la obra de Ruip&eacute;rez se hace desde lo jur&iacute;dico&#45;pol&iacute;tico para la defensa de la Constituci&oacute;n y as&iacute; evitar la revoluci&oacute;n. En este sentido, estoy de acuerdo con Ruip&eacute;rez, ya que el constitucionalista tiene que velar por la defensa y protecci&oacute;n de la norma constitucional, y cuando existen cambios, que estos se encaucen a trav&eacute;s de la reforma y as&iacute; tratar de evitar por cualquier motivo lo que ser&iacute;a una revoluci&oacute;n. En otras palabras, la reforma constitucional es el m&aacute;ximo mecanismo de defensa y protecci&oacute;n con el objetivo de tener vigente una Constituci&oacute;n.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>III. Conceptos que conforman el t&iacute;tulo de la monograf&iacute;a</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el proceso preestablecido para el an&aacute;lisis de este libro, ahora nos adentraremos en los conceptos que utiliza para darle nombre a esta monograf&iacute;a, pero con la aclaraci&oacute;n de que lo haremos con los vocablos invertidos, as&iacute; que empezaremos por la palabra <i>revoluci&oacute;n</i>, luego <i>versus</i>, para finalizar el an&aacute;lisis del nombre con el t&eacute;rmino <i>reforma</i>.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. <i>Revoluci&oacute;n</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Curiosamente, la primera vez que se utiliza la palabra revoluci&oacute;n, no es para definir una cuesti&oacute;n pol&iacute;tica o relacionado con los seres humanos o con la tierra, sino para hacer una descripci&oacute;n de los movimientos en el mundo exterior, y es en la obra del astr&oacute;nomo prusiano Nicol&aacute;s Cop&eacute;rnico <i>De Revolutionibus orbus coelestiums</i> (De las revoluciones de los cuerpos celestes) publicado en 1543.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Hannah Arendt, la primera vez que se utiliza la palabra revoluci&oacute;n en un contexto pol&iacute;tico es en Inglaterra; sin embargo, hay que hacer la anotaci&oacute;n que no se conceptualiza de esta manera el movimiento de Cromwell de 1649, sino al contrario en 1660, tras el derrocamiento del <i>Rump Parlament</i>, y con ocasi&oacute;n de la restauraci&oacute;n de la monarqu&iacute;a. Al igual que en 1688, cuando los Estuardo fueron expulsados, y la corona fue transferida a Guillermo y Mar&iacute;a, y la famosa "Revoluci&oacute;n gloriosa", es cuando se introduce en nuestro lenguaje pol&iacute;tico la palabra revoluci&oacute;n. Sin embargo, lo parad&oacute;jico es que se tom&oacute; esta figura para poder restaurar del poder mon&aacute;rquico a su gloria y virtud primitivas.<sup><a href="#notas">14</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las revoluciones, cualquiera que sea el modo en que las definamos, no son simples cambios. En este sentido, solamente podemos entender el concepto de revoluci&oacute;n si est&aacute; presente la idea de libertad. Por tal motivo, las revoluciones son algo m&aacute;s que insurrecciones victoriosas, y no podemos llamar revoluci&oacute;n a cualquier golpe de Estado, ni identificar a esta con toda guerra civil. Lo que estos &uacute;ltimos tienen en com&uacute;n con las revoluciones, es que se realizan mediante la violencia, raz&oacute;n por la cual a menudo se asemejan con ella. Pero ni la violencia, ni el cambio pueden servir para describir el fen&oacute;meno de la revoluci&oacute;n. En este sentido coincidimos con Arendt, al establecer categ&oacute;ricamente que solo cuando el cambio se produce en el sentido de dar un nuevo origen, cuando la violencia es utilizada para constituir una forma completamente diferente de gobierno o sistema jur&iacute;dico, para dar lugar a la formaci&oacute;n de un cuerpo pol&iacute;tico nuevo, cuando la liberaci&oacute;n de la opresi&oacute;n conduce, al menos, a la constituci&oacute;n de la libertad, solo entonces podemos hablar de revoluci&oacute;n.<sup><a href="#notas">15</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es la idea de libertad la que va a ser el motor impulsor de la revoluci&oacute;n, en este sentido citamos las manifestaciones de Benjam&iacute;n Franklin: "Donde hay libertad, all&iacute; est&aacute; mi patria", y la contestaci&oacute;n de Paine: "Donde no hay libertad, all&iacute; est&aacute; la m&iacute;a", que representan las expresiones m&aacute;s humanitarias del siglo XVIII.<sup><a href="#notas">16</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Arendt, la figura relevante en la historia de la revoluci&oacute;n es Nicol&aacute;s Maquiavelo, ya que fue el primero en meditar sobre la posibilidad de fundar un cuerpo pol&iacute;tico permanente, duradero y perdurable, con leyes y principios de acci&oacute;n que eran independientes de la doctrina eclesi&aacute;stica y de las normas morales que trascienden la esfera de los asuntos humanos, en general.<sup><a href="#notas">17</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con Maquiavelo se inicia el pensamiento pol&iacute;tico moderno; tanto en <i>El Pr&iacute;ncipe</i> como en <i>Los discursos de la primera d&eacute;cada de Tito Livio</i>, se aborda el tema de las formas de gobierno. La formaci&oacute;n de los Estados modernos acontece mediante transformaciones que se llevan a cabo dentro de los mismos, a consecuencia de movimientos revolucionarios, por la separaci&oacute;n y formaci&oacute;n de nuevos Estados con una pluralidad de pueblos que antes formaban una unidad, y a la inversa, pueblos separados entre los que exist&iacute;a afinidad y que logran construir una unidad pol&iacute;tica de Estado como cimiento de la nueva estructura de la realidad pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En oposici&oacute;n al hombre medieval, el hombre moderno prefiri&oacute; someterse al poder influenciable e impersonal de la ley, antes que al poder de una persona. El ideal de la impersonalidad y objetividad se presenta en el mundo moderno como el principio estructurador del Estado, nos creemos libres cuando estamos sometidos a una ley que se burla de cualquier acto nuestro de arbitrio u oposici&oacute;n.<sup><a href="#notas">18</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el Estado moderno, no solo se produjo una nueva ordenaci&oacute;n de los espacios pol&iacute;ticos que daba al traste con la configuraci&oacute;n poli&aacute;rquica en la que montaba su estructura el imperio medieval, adem&aacute;s, surgi&oacute; un nuevo entendimiento de la propia organizaci&oacute;n pol&iacute;tica y de sus criterios legitimadores. A diferencia del resto de las comunidades pol&iacute;ticas que le precedieron en la historia, se concibi&oacute; el Estado moderno no como una gestaci&oacute;n misteriosa de los dioses; sino como una creaci&oacute;n racional de los hombres, en la cual la voluntad del pueblo se expresaba y se conjugaba en la propia voluntad del poder.<sup><a href="#notas">19</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La unidad del Estado, su organizaci&oacute;n conforme a la Constituci&oacute;n y su autolimitaci&oacute;n frente al individuo, son los caracteres esenciales de lo que denominamos el Estado moderno, y lo que lo separa de todas las formas que el Estado ha revestido en el pasado.<sup><a href="#notas">20</a></sup> Las teor&iacute;as pol&iacute;ticas de la &eacute;poca moderna contienen, en mayor o menor medida, la tendencia de concebir al Estado como una unidad.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La soberan&iacute;a se afirm&oacute; como respuesta a una nueva organizaci&oacute;n del poder y a las relaciones entre sus aspectos jur&iacute;dicos y pol&iacute;ticos. El t&eacute;rmino de soberan&iacute;a se afirma en la modernidad con la aparici&oacute;n del Estado, poder superior, aut&oacute;nomo e independiente que re&uacute;ne en sus manos el derecho a decidir sobre las cuestiones pol&iacute;ticas fundamentales.<sup><a href="#notas">21</a></sup> La idea de soberan&iacute;a, que constitu&iacute;a sin duda su nota m&aacute;s caracter&iacute;stica, no se centraba tanto en el hecho de no reconocer otro poder como superior, sino en que se trataba de un poder que ten&iacute;a en el pueblo su &uacute;ltima y definitiva justificaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A ra&iacute;z de un largo proceso de desacralizaci&oacute;n de la vida p&uacute;blica, tenemos como consecuencia el Estado, que es una creaci&oacute;n de los individuos y no de la divinidad, es la constituci&oacute;n aut&oacute;noma del universo pol&iacute;tico&#45;moral respecto de la teolog&iacute;a; el derecho natural comienza a liberarse de sus presupuestos dogm&aacute;tico&#45;religiosos y se funda sobre la naturaleza &eacute;tica&#45;racional.<sup><a href="#notas">22</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Maquiavelo fue el encargado de perpetuar te&oacute;ricamente el nuevo modelo de Estado y del pr&iacute;ncipe rector del mismo. Con &eacute;l, la pol&iacute;tica se convierte en un c&aacute;lculo racional que se mide por los resultados positivos que puedan obtenerse. El Estado es, desde estos momentos, el poder por el poder, la realidad &uacute;ltima, algo que se justifica en s&iacute; mismo, desligado totalmente de la moral cristiana y de la religi&oacute;n. El autor florentino establece, en el momento que la situaci&oacute;n est&aacute; tan corrompida, que las leyes no bastan para frenar dicha perversi&oacute;n, es preciso ordenar, junto con las leyes, a trav&eacute;s del surgimiento de alguna fuerza superior, con autoridad absoluta y extraordinaria, que limite o frene la excesiva ambici&oacute;n y corruptela de los poderosos.<sup><a href="#notas">23</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El pr&iacute;ncipe, una vez que se ha liberado de esos poderes, supra&#45;poderes, debe proponerse monopolizar la fuerza y el derecho. El pr&iacute;ncipe tiene el poder constituyente,<sup><a href="#notas">24</a></sup> y el poder supremo y &uacute;nico; el legislador es quien crea el ordenamiento jur&iacute;dico del Estado, que posee el poder directo o de gobierno. Es decir, posee el poder absoluto fundamentado en una raz&oacute;n de Estado, que est&aacute; dirigida a mantener el orden social entre los s&uacute;bditos y a buscar su bienestar material. En este sentido, el poder constituyente, como poder omnipotente, es en efecto la revoluci&oacute;n misma,<sup><a href="#notas">25</a></sup> con una fuerza impetuosa y expansiva, con un concepto ligado a la preconstituci&oacute;n social de la totalidad misma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El poder constituyente se presenta como distensi&oacute;n revolucionaria de la capacidad humana de construir la historia, como acto de procedimiento absoluto. El proceso movido por el poder constituyente, es el de hacerlo absoluto e ilimitado,<sup><a href="#notas">26</a></sup> y en el que la revoluci&oacute;n se debe consolidar con la creaci&oacute;n de un nuevo ordenamiento constitucional. Por tal motivo, las revoluciones, cualquiera que sea el modo en que la definamos, no son simples cambios,<sup><a href="#notas">27</a></sup> sino que los cambios que busca la revoluci&oacute;n es la creaci&oacute;n de un nuevo sistema jur&iacute;dico, o sea de una nueva Constituci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente al Maquiavelo aparentemente mon&aacute;rquico de <i>El Pr&iacute;ncipe</i>, surge as&iacute; el Maquiavelo aparentemente republicano de <i>Los discursos sobre la primera d&eacute;cada de Tito Livio</i>. En realidad se trata de dos simples apariencias, debido a que el problema de la tensi&oacute;n entre monarqu&iacute;a y rep&uacute;blica es para &eacute;l una cuesti&oacute;n menor. Seg&uacute;n Maquiavelo, se debe fundar una rep&uacute;blica donde haya existido o instituido una gran igualdad, y en cambio, establecer un principado donde la desigualdad sea grande, pues de otro modo se har&aacute; algo desproporcionado y poco duradero.<sup><a href="#notas">28</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que no puede olvidarse cuando se refiere al pueblo como manifestaci&oacute;n del poder democr&aacute;tico, o sea, del poder constituyente, pues ya no se invoca al concepto m&iacute;tico y eterno de pueblo como una entidad simb&oacute;lica, sino como ente real. El gran m&eacute;rito del autor florentino fue el hecho de haber sido el primero en percatarse de que para salvar la democracia de la mistificaciones y corrupciones ideol&oacute;gicas, el bien com&uacute;n ten&iacute;a que descender de los cielos metaf&iacute;sicos a la tierra, dejando de ser un reflejo de un orden natural, exterior a los hombres, para pasar a ser una creaci&oacute;n de la voluntad humana.<sup><a href="#notas">29</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por todo lo anterior, Arendt afirma que se puede considerar a Maquiavelo como el padre espiritual de la revoluci&oacute;n;<sup><a href="#notas">30</a></sup> pero como un movimiento en busca de la libertad y que finalice con la elaboraci&oacute;n de un nuevo texto constitucional,<sup><a href="#notas">31</a></sup> solamente si re&uacute;ne estos dos elementos lo podemos considerar como revoluci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, puede afirmarse que la primera vez que se utiliza el concepto de revoluci&oacute;n como lo entendemos &#151;un acto de libertad&#151;, es el 14 de julio de 1789, en Par&iacute;s, cuando Luis XVI es informado por el duque de la Rochefoucauld&#45;Liancourt sobre la toma de la Bastilla, la liberaci&oacute;n de algunos presos y la huida de las tropas reales ante un ataque del pueblo. El famoso di&aacute;logo que se produjo entre el monarca y su mensajero es revelador. Seg&uacute;n se dice, el rey manifest&oacute; "C'est une revolt&eacute;", a lo que Liancourt respondi&oacute;: "Non, Sire, c'est una r&eacute;volution".<sup><a href="#notas">32</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La significaci&oacute;n que se le da, es que este estallido ocurre con tanta fuerza, que escapa a la posibilidad humana de detenerlo, en otras palabras, es rebelde a una integraci&oacute;n total a un sistema jerarquizado de normas y competencias, ya que es de diversa naturaleza que el derecho, y act&uacute;a como un poder omnipotente. La forma de desenvolverse una revoluci&oacute;n resulta impredecible, ya que sigue sus propias reglas, incluso puede devorar a los propios individuos que la han convocado. Por eso tan revelador lo dicho por Vergniaud, orador de la Gironda, al hacer una analog&iacute;a entre la revoluci&oacute;n y Saturno, "La revoluci&oacute;n devorando a sus propios hijos"<sup><a href="#notas">33</a></sup> &#151;y curiosamente por el libro que estamos analizando&#151;, no existe mejor ilustraci&oacute;n que la obra del gran pintor espa&ntilde;ol Goya, <i>Saturno devorando a sus hijos</i>, elaborado en 1819, en la cual se refleja la crueldad, la barbarie, y lo inhumana que puede llegar a ser una revoluci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, es en este movimiento en la que se encuentra la intenci&oacute;n de la creaci&oacute;n de algo nuevo, pero como premisa la liberaci&oacute;n del pueblo o reivindicaci&oacute;n de este. Es aqu&iacute; en donde se produce una simbiosis entre poder constituyente y revoluci&oacute;n, con el objetivo de elaborar un texto democr&aacute;tico que reivindique la dignidad del ser humano. Por eso, la transformaci&oacute;n de los derechos del hombre del 26 de agosto de 1789 en derechos, fue el momento cr&iacute;tico no solo de la Revoluci&oacute;n francesa, sino de todas las revoluciones que iban a seguirla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que debemos tener claro es que no puede existir el derecho a la revoluci&oacute;n, ya que lo que pretende esta es abolir el derecho vigente. La revoluci&oacute;n es por excelencia una figura antijur&iacute;dica, pero es a partir de su resultado que surge un nuevo sistema jur&iacute;dico el cual es denominado Constituci&oacute;n.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. <i>Versus</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora analizaremos la palabra <i>versus</i>, cuyo origen etimol&oacute;gico es el lat&iacute;n, que significa "en direcci&oacute;n" o "hacia".<sup><a href="#notas">34</a></sup> Sin embargo, la utilizaci&oacute;n inglesa del vocablo transform&oacute; su significado para referirse "frente a" o "contra", haciendo referencia a las confrontaciones con armas entre los duelistas.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. <i>Reforma</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El vocablo <i>reforma</i>, que es proponer algo con la finalidad de innovarlo o mejorarlo, es utilizado aqu&iacute; concretamente para la modificaci&oacute;n de los textos constitucionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el estudio de la reforma constitucional, iniciamos con la idea de Bluntschli de que una Constituci&oacute;n pol&iacute;tica perfecta supone una sociedad perfecta, lo que es realmente imposible. As&iacute;, reconociendo que el Estado es perfectible, debemos desechar las fantas&iacute;as que se olvidan de la realidad, ya que la idea de un ordenamiento constitucional que valga, o sea prototipo para todos los tiempos y lugares,<sup><a href="#notas">35</a></sup> es esencialmente falsa.<sup><a href="#notas">36</a></sup> Los textos constitucionales ser&aacute;n m&aacute;s o menos perfectos, seg&uacute;n los principios que se adopten en armon&iacute;a, necesidades e intereses de cada Estado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debemos aceptar que la Constituci&oacute;n, como toda obra humana, es imperfecta, y que cada d&iacute;a rectifica yerros y realiza nuevas conquistas, por tal motivo, puede mejorarse constantemente a trav&eacute;s de la experiencia y el estudio dirigidos a nuevas realidades. En este sentido, la realidad de un Estado o de una naci&oacute;n se encuentra en transformaci&oacute;n permanente y constante, lo que se debe no solo a la propia din&aacute;mica del conjunto, sino tambi&eacute;n al hecho de que las Constituciones no responden a una situaci&oacute;n de inmovilidad, sino a fines determinados y continuamente renovados, que han de ser tambi&eacute;n constantemente actualizados.<sup><a href="#notas">37</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, Hesse afirma que la Constituci&oacute;n no puede ser inmutable, requiere ser actualizada para estar acorde con la realidad que es din&aacute;mica, ya que no puede ser independiente de las circunstancias hist&oacute;ricas concretas de su tiempo.<sup><a href="#notas">38</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Loewenstein, debe existir un m&eacute;todo, establecido de antemano, para la adaptaci&oacute;n pac&iacute;fica de la Constituci&oacute;n a las cambiantes condiciones sociales y pol&iacute;ticas, a lo que llama el m&eacute;todo racional de la reforma constitucional, para evitar el recurso a la ilegalidad, a la fuerza o a la revoluci&oacute;n.<sup><a href="#notas">39</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El objeto de toda Constituci&oacute;n es la creaci&oacute;n de instituciones para limitar y controlar el poder pol&iacute;tico. Para Loewenstein, el proceso de reforma constitucional es una cuesti&oacute;n de poder pol&iacute;tico, de <i>checks and balances</i> y, por lo tanto, lo que se busca es controlar el poder; y uno de los mecanismos m&aacute;s importantes de control del poder es la reforma constitucional, con lo cual no lo dejan en manos de los que ostentan el poder, personas a los que &eacute;l denomina detentadores del poder sin control.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los primeros en analizar la <i>Verfassungs&auml;nderung</i> o reforma constitucional fue el c&eacute;lebre maestro de la Universidad de Heidelberg, Georg Jellinek. &Eacute;l se refiere a la reforma constitucional como la modificaci&oacute;n de los textos constitucionales producida por actos intencionados. Para Jellinek, la reforma constitucional se da por la intenci&oacute;n que contiene el acto, puesto que la forma en que la Constituci&oacute;n se adecua a su realidad es por medio del procedimiento establecido en ella misma. Esto a diferencia de la <i>Verfassungswandlung</i> o mutaci&oacute;n constitucional, que puede ser una modificaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n carente de intenci&oacute;n para modificarla, ya que tal cambio no se est&aacute; llevando a cabo a trav&eacute;s del mecanismo establecido en la norma fundamental para su adecuaci&oacute;n.<sup><a href="#notas">40</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Pedro de Vega: "La reforma constitucional es una de las m&aacute;s hermosas manifestaciones de su fuerza y de su independencia".<sup><a href="#notas">41</a></sup> Es a trav&eacute;s de este procedimiento que permite a la Constituci&oacute;n estar vigente y afrontar los momentos de crisis y de inestabilidad pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La reforma constitucional es precisamente la instituci&oacute;n que supera la contradicci&oacute;n entre la inclinaci&oacute;n a la permanencia de las Constituciones y las de su adaptaci&oacute;n al cambio social, de manera que este mecanismo se convierte en el eje central que posibilita el dinamismo constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tal motivo, textos constitucionales modernos y democr&aacute;ticos aceptan lo establecido en la Constituci&oacute;n francesa de 1793, en su art&iacute;culo 28: "Un pueblo tiene siempre el derecho de revisar, reformar y cambiar su Constituci&oacute;n. Una generaci&oacute;n no puede someter a sus leyes a las generaciones futuras".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la relaci&oacute;n entre poder y derecho o, lo que es lo mismo, en las democracias constitucionales, la vinculaci&oacute;n entre Estado democr&aacute;tico y Estado de derecho es donde se produce la reforma constitucional, que es la m&aacute;xima expresi&oacute;n de esta relaci&oacute;n, y anuncia la importancia y complejidad del tema de la reforma constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Heller, la reforma constitucional es el lugar donde el elemento pol&iacute;tico y el jur&iacute;dico conviven en el derecho constitucional, y se mezclan con mayor intensidad, adquiriendo la norma producida por la reforma una carga pol&iacute;tica indiscutible, que tiene por finalidad pol&iacute;tica, la preservaci&oacute;n y consolidaci&oacute;n de la continuidad constitucional del poder constituyente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, no se trata de poner al ser un deber ser, sino de descubrir en el ser el querer ser que ha de formar el futuro, el contenido de voluntad de la realidad social concreta que debe considerarse como tendencia v&aacute;lida de la evoluci&oacute;n, como verdadera realidad.<sup><a href="#notas">42</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La reforma constitucional es el mecanismo final, la garant&iacute;a &uacute;ltima de la efectividad constitucional, entendiendo que tal efectividad se realiza en la medida en que el ordenamiento constitucional despliega sus dos caracteres b&aacute;sicos: la normatividad y la supremac&iacute;a. Ya que es a trav&eacute;s de la reforma que se produce el acoplamiento de la norma fundamental con la realidad, y esto impide que la carta magna quede reducida a un conjunto de f&oacute;rmulas sin proyecci&oacute;n hist&oacute;rica y pr&aacute;ctica ninguna. La reforma de la Constituci&oacute;n, lejos de representar un instrumento de deterioro, debe entenderse como su primera y m&aacute;s significativa defensa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es lo que va a permitir que el pueblo y su norma evolucionen dentro del marco del derecho, que el primero se vaya transformando de acuerdo con las normas program&aacute;ticas de la propia Constituci&oacute;n. Es el grado de eficacia y de proyecci&oacute;n hacia el futuro, ya que no ser&iacute;a posible ni deseable realizar el intento de proteger un simple conjunto de manifestaciones, o en otras palabras, una simple hoja de papel.<sup><a href="#notas">43</a></sup></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>IV. Palabras previas de la monograf&iacute;a</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez que hemos realizado el estudio de la primera parte de la obra, nos adentraremos propiamente al libro <i>Reforma versus revoluci&oacute;n. Consideraciones desde la teor&iacute;a del Estado y de la construcci&oacute;n sobre los l&iacute;mites materiales a la revisi&oacute;n constitucional</i>, del profesor Javier Ruip&eacute;rez.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro, desde el t&iacute;tulo <i>Reforma versus revoluci&oacute;n</i>, nos provoca hacer una reflexi&oacute;n, ya que como hemos dicho en l&iacute;neas anteriores, el objetivo principal de la primera es la vigencia de una Constituci&oacute;n como mecanismo de defensa para el acoplamiento de las nuevas realidades; mientras que la segunda lo que pretende es la destrucci&oacute;n de esta, para dar origen a un nuevo ordenamiento constitucional. El hecho de que autor nos haga este planteamiento nos hace imprescindible examinar en torno a la revoluci&oacute;n. En este sentido, el autor inicia con una frase de la figura de la Revoluci&oacute;n francesa, Robespierre: "El secreto de la libertad radica en educar a las personas, mientras que el secreto de la tiran&iacute;a est&aacute; en mantenerlos ignorantes". En este sentido, la perspectiva de comprender que la historia del derecho constitucional no es m&aacute;s que la historia de las transformaciones habidas en el seno de la comunidad pol&iacute;tica para hacer, en cada momento hist&oacute;rico, reales y efectivas las ideas de democracia y libertad. Por tal motivo, es tan reveladora la frase con que inicia su nota aclaratoria, pues es en la Revoluci&oacute;n francesa que se buscan estos ideales. No obstante, la teor&iacute;a de la reforma constitucional acaba coincidiendo con la teor&iacute;a del Estado y de la Constituci&oacute;n misma (p. XIII).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El profesor de la Universidad de la Coru&ntilde;a estructura su monograf&iacute;a con una nota aclaratoria, adem&aacute;s de seis cap&iacute;tulos. Para este an&aacute;lisis, podr&iacute;amos haber dejado fuera la nota aclaratoria, sin embargo desde ese momento el autor nos plantea la premisa que va a seguir para el desarrollo de su trabajo, el objeto del derecho constitucional no es otro que el de hacer comprensibles en t&eacute;rminos jur&iacute;dico&#45;p&uacute;blicos las efectivas relaciones de poder que se verifican en la comunidad pol&iacute;tica.<sup><a href="#notas">44</a></sup></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>V. Cap&iacute;tulo I. Algunas consideraciones generales sobre los l&iacute;mites a las modificaciones constitucionales</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este apartado, Ruip&eacute;rez se basa en los lineamientos de Heller, y estos complementados por Smend, en la que se considera a estos autores como los que mejor logran la concepci&oacute;n de que el Estado y Constituci&oacute;n son seres din&aacute;micos que se encuentran en constante movimiento (p. 2).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es Heller quien establece que no pueden analizarse por separado lo din&aacute;mico y lo est&aacute;tico, ni la normalidad y normatividad, el ser y el deber ser.<sup><a href="#notas">45</a></sup> La normatividad y la existencia (normalidad) no son para el Estado cosas opuestas, sino condiciones rec&iacute;procas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Heller, son esas relaciones de poder que se encuentran en constante movimiento y cambian a cada momento. No obstante, esto no da lugar a un caos, sino que crean como organizaci&oacute;n y constituci&oacute;n, la unidad y ordenaci&oacute;n del Estado. Toda organizaci&oacute;n humana perdura en cuanto constantemente renace. Su realidad actual consiste en la efectividad presente de la conducta de los miembros ordenada para la acci&oacute;n unitaria.<sup><a href="#notas">46</a></sup> Para este autor, la Constituci&oacute;n permanece a trav&eacute;s del cambio de tiempos y personas gracias a la probabilidad de que en un futuro se pueda volver a repetir la conducta humana que concuerde con ella. Esta posibilidad se confirma, de una parte, en una mera normalidad de hecho, conforme a la Constituci&oacute;n, de la conducta de los miembros, pero adem&aacute;s en una normalidad normada de los mismos, en el mismo sentido. Por tal motivo, una Constituci&oacute;n pol&iacute;tica solo puede concebirse como un ser al que dan forma las normas. Como situaci&oacute;n pol&iacute;tica existencial, como forma y ordenaci&oacute;n concreta. La normalidad tiene que ser siempre reforzada y complementada por la normatividad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, Smend considera que el Estado se encuentra enmarcado dentro de una realidad din&aacute;mica, con factores siempre cambiantes, y ordenamientos en constante flujo. El Estado es real en la medida en que se actualiza o se reproduce continuamente. Este autor denomina la integraci&oacute;n a este proceso cambiante, que es el n&uacute;cleo sustancial de la din&aacute;mica del Estado, en virtud de que este existe &uacute;nicamente a causa de y en la medida en que se encuentra en este proceso de autointegraci&oacute;n, que se desarrolla a partir del individuo y en el propio individuo.<sup><a href="#notas">47</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute; Ruip&eacute;rez resalta la importancia de la doctrina alemana de entreguerras del derecho constitucional, y empieza a encaminar su an&aacute;lisis y discusi&oacute;n a dos de los m&aacute;s grandes exponentes de ese momento y del siglo XX, Kelsen y Heller (posteriormente, en el cap&iacute;tulo V. El problema de los l&iacute;mites materiales a la reforma en el contexto de la teor&iacute;a del Estado y de la Constituci&oacute;n de la &eacute;poca de Weimar. Kelsen <i>versus</i> Heller, har&aacute; un estudio m&aacute;s completo). El profesor de la Universidad de la Coru&ntilde;a, nos va mostrando la tensi&oacute;n que empieza a percibirse entre norma y realidad, los positivistas y los realistas. Aqu&iacute; Ruip&eacute;rez se decanta por Heller, donde resalta la importancia de este autor para el entendimiento de los l&iacute;mites al poder de revisi&oacute;n; entre las obras de este, Ruip&eacute;rez destaca <i>Europa y el fascismo</i> como la obra que mejor puntualiza la atracci&oacute;n que ejerc&iacute;an en los totalitarismos ascendentes las construcciones acr&iacute;ticas y avalorativas del positivismo jur&iacute;dico&#45;formalista, que, partiendo de la ingenua idea kelseniana, el Estado de derecho era posible con independencia del contenido &eacute;tico, pol&iacute;tico y social de que se le dote. Es aqu&iacute; donde Ruip&eacute;rez realiza una exposici&oacute;n contundente de lo que significaba el positivismo jur&iacute;dico y su problema de entendimiento sobre los l&iacute;mites a la reforma jur&iacute;dica (p. 23). Para esto, nuestro autor toma las palabras de Dicey, cuando refiere que estos buscan m&aacute;s explicar lo que la Constituci&oacute;n dice, y dejan a un lado el an&aacute;lisis para comprender lo que la Constituci&oacute;n significa; y toma como ejemplo una cita lapidaria "en ese menesteroso quehacer que ya describi&oacute; Federico de Prusia cuando, dirigi&eacute;ndose a sus generales, les dijo aquello 'vosotros conquistad sin recato, que ya vendr&aacute;n los juristas con argumentos para justificarlos'".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es aqu&iacute; que Ruip&eacute;rez nos empieza adentrar en lo peligroso que puede ser seguir un criterio esencialmente formalista, ya que para esta corriente, en realidad, no existen l&iacute;mites, siempre y cuando se hayan seguido los respectivos procedimientos. Para estos, el estudio de la norma fundamental se hace de una forma apol&iacute;tica. En contraste, nosotros consideramos que el entendimiento de los l&iacute;mites a la reforma constitucional ocurre en el momento en que se establece el concepto pol&iacute;tico de Constituci&oacute;n.<sup><a href="#notas">48</a></sup> Los l&iacute;mites a la reforma constitucional, adem&aacute;s de ser una cuesti&oacute;n pr&aacute;ctica, son necesarios para luego poder establecer la otra figura que modifica la Constituci&oacute;n, que es la mutaci&oacute;n constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruip&eacute;rez parte de los planteamientos hechos por Laband y Jellinek, en relaci&oacute;n a la mutaci&oacute;n constitucional o <i>Verfassungswandlung</i>,<sup><a href="#notas">49</a></sup> y el peligro que se corre al no entender a esta figura, ya que en el caso de que los operadores pol&iacute;ticos y jur&iacute;dicos del Estado acepten dicha transformaci&oacute;n, "no hay medio alguno para proteger a la Constituci&oacute;n, contra una mutaci&oacute;n ilegal debida a una interpretaci&oacute;n ileg&iacute;tima", lo que ser&iacute;a un instrumento muy &uacute;til para cualquier r&eacute;gimen autoritario o dictatorial. Ya que para estos, se presenta como una aut&eacute;ntica obsesi&oacute;n el presentarse ante la opini&oacute;n p&uacute;blica internacional, y ante sus propios ciudadanos, como unos aut&eacute;nticos gobernantes dem&oacute;cratas que operan en el marco de una ley constitucional, con tal apego o respeto absoluto a ese principio de legalidad que tanto importa al positivismo jur&iacute;dico formalista, que puede conllevar a la definitiva destrucci&oacute;n del Estado constitucional (p. 24). Ruip&eacute;rez afirma que una de las excepciones a estas pr&aacute;cticas fue el propio Franco hasta 1955.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay que recordar que en la Espa&ntilde;a franquista, el r&eacute;gimen m&aacute;s que buscar una legalidad en sus actos, buscaba la legitimidad de sus arbitrariedades a trav&eacute;s de los referendos. Ya que estos se llevaban a cabo en un contexto ajeno a cualquier tipo de principio democr&aacute;tico, porque la propaganda oficial anulaba cualquier oposici&oacute;n a la decisi&oacute;n ya tomada. Franco utiliz&oacute; el refer&eacute;ndum para tratar de legitimarse en el poder durante cuatro largas d&eacute;cadas. Como ejemplo, est&aacute; la Ley de Refer&eacute;ndum Nacional, del 22 de octubre de 1945, en la que se regulaba el instrumento participativo, asign&aacute;ndole el car&aacute;cter de facultativo y atribuy&eacute;ndole la iniciativa para su convocatoria al jefe de Estado con car&aacute;cter exclusivo. La finalidad de este refer&eacute;ndum era consultar a la naci&oacute;n sobre la aprobaci&oacute;n de determinadas leyes o sobre cuestiones pol&iacute;ticas de especial trascendencia. Una de estas se llev&oacute; a cabo el 26 de julio de 1947, para dar entrada en vigor a la Ley de Sucesi&oacute;n en la Jefatura del Estado, y otra el 10 de enero de 1967 para aprobar la Ley Org&aacute;nica del Estado.<sup><a href="#notas">50</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruip&eacute;rez finaliza este cap&iacute;tulo afirmando que si la mutaci&oacute;n constitucional se configura como facultad ilimitada a los poderes constituidos, puede conllevar a la m&aacute;s absoluta y radical aniquilaci&oacute;n del propio ordenamiento constitucional; por tal causa, esta figura encuentra grandes obst&aacute;culos para ser bien recibida por los defensores de la teor&iacute;a del Estado y de la Constituci&oacute;n democr&aacute;tica. Por este motivo sigue los lineamientos de Pedro de Vega, al establecer que la posibilidad de que se produzcan modificaciones no formales de la Constituci&oacute;n termina all&iacute; donde se plantea una situaci&oacute;n de l&iacute;mite. Cuando se produce, la &uacute;nica alternativa aceptable, y siempre y cuando la pretensi&oacute;n de las fuerzas pol&iacute;ticas sea compatible con la expresi&oacute;n del poder constituyente, ser&aacute; la de que tal transformaci&oacute;n del orden jur&iacute;dico fundamental se lleve a cabo no como una <i>Verfassungswandlung</i>, sino por el contrario, como una reforma constitucional (p. 29). Y si llegara a ocurrir una modificaci&oacute;n al significado de Constituci&oacute;n a trav&eacute;s del &oacute;rgano revisor, realmente no estar&iacute;amos hablando de una reforma constitucional, sino estar&iacute;amos ante un <i>faussement de la Constitution</i>. En la que De Vega plantea, en torno al fraude constitucional, c&oacute;mo se manifiesta el enfrentamiento y la confrontaci&oacute;n entre la operaci&oacute;n de la reforma, en cuanto actividad amparada por el sistema de legalidad, y el orden de valores y principios en que descansa el sistema de legitimidad.<sup><a href="#notas">51</a></sup></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>VI. Cap&iacute;tulo II. La reforma como operaci&oacute;n jur&iacute;dica limitada. Algunos problemas para su recta comprensi&oacute;n en el derecho constitucional europeo</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este aparatado, Ruip&eacute;rez pone en manifiesto el poco inter&eacute;s que se le ha puesto a la <i>Verfassungs&auml;nderung</i> o reforma constitucional, tanto en el nivel te&oacute;rico como pr&aacute;ctico por parte de los cient&iacute;ficos del derecho y de la pol&iacute;tica (p. 38).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ejemplo, Javier P&eacute;rez Royo realiza un interesante estudio hist&oacute;rico de los l&iacute;mites a la reforma constitucional, y establece que en el siglo XIX no representa un problema de fondo para los estudiosos del constitucionalismo.<sup><a href="#notas">52</a></sup> Sin embargo, es en el siglo XX, en el segundo periodo de entreguerras, cuando se empieza a analizar formalmente esta cuesti&oacute;n para tratar de mantener dentro de unas fronteras infranqueables la actividad reformadora de fuerzas parlamentarias importantes que pudieran destruir la Constituci&oacute;n. No obstante, en los momentos inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial se estudia a fondo si el poder de reforma es un poder limitado, como consecuencia de que en esos momentos existe duda del consenso sobre el que se basan las nuevas Constituciones de la &eacute;poca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el profesor de la Universidad de Sevilla estas dudas se han ido disipando con el paso del tiempo, por lo cual no existe fuerza pol&iacute;tica que apoye la negaci&oacute;n de los principios o valores rectores de toda sociedad desarrollada, como son la democracia, sufragio universal, pluralidad de partidos, el ejercicio de los derechos fundamentales y libertades p&uacute;blicas, etc&eacute;tera, manifestando que los l&iacute;mites a la reforma constitucional dejan de ser un problema real, y se convierten por momentos en una cuesti&oacute;n exclusivamente acad&eacute;mica.<sup><a href="#notas">53</a></sup> Sin embargo, en el contexto actual, donde existen nuevas amenazas encubiertas, y que en muchas ocasiones no logramos percibir a simple vista, resulta como imperativo el an&aacute;lisis respecto de los l&iacute;mites a la reforma constitucional. Lo relacionado con seguridad p&uacute;blica, terrorismo &#151;algo tan delicado en gran parte del mundo&#151;, ya que en aras de justificar o en la protecci&oacute;n de ciertos derechos, podemos sufrir grandes retrocesos o atentados a nuestros derechos fundamentales,<sup><a href="#notas">54</a></sup> como puede ser lo relacionado al derecho a la intimidad. O como lo resalta en posteriores cap&iacute;tulos Ruip&eacute;rez, por ideas separatistas que atentan contra toda la l&oacute;gica de la uni&oacute;n del Estado y a la protecci&oacute;n del mismo texto constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es aqu&iacute; donde Ruip&eacute;rez nos empieza adentrar en el tema tan controvertido, y en ocasiones tan poco estudiado, como es el poder constituyente y su problem&aacute;tica. Nuestro autor sigue los planteamientos de Schmitt, al establecer que para el buen funcionamiento del Estado constitucional debemos partir, como premisa, que una vez aprobado el texto constitucional, todos los poderes que act&uacute;an en el Estado sean poderes constituidos cuyas competencias se encuentran determinadas y delimitadas en el "C&oacute;digo Jur&iacute;dico&#45;Pol&iacute;tico Fundamental". Ya que de lo contrario, si existe un confusi&oacute;n entre <i>Pouvior Constituant</i> y poderes constituidos, el resultado puede ser sumamente peligroso (p. 42).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Pedro de Vega, es precisamente la discusi&oacute;n entre las funciones de los poderes constituidos y el surgimiento de un poder constituyente que se centra el debate del derecho constitucional. Este autor afirma que la falta de claridad en la asignaci&oacute;n de la titularidad de ese poder omnipotente, que es el constituyente, se traduce en la falta de una separaci&oacute;n clara entre el poder constituyente y los poderes constituidos, y en la falta de una delimitaci&oacute;n y formulaci&oacute;n precisa de todos los &oacute;rganos constitucionales, ya que las ambig&uuml;edades pol&iacute;ticas se convierten en tergiversaciones jur&iacute;dicas, pues la Constituci&oacute;n deja de considerarse como norma, para quedar como un simple enunciado de principios. Para complementar esta afirmaci&oacute;n, Ruip&eacute;rez establece que esto es el inicio del constitucionalismo ficticio, que es siempre, y de modo irremediable, la antesala de situaciones de dictadura m&aacute;s o menos encubierta.<sup><a href="#notas">55</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El poder constituyente es un poder omnipotente, soberano, que se fundamenta en la realidad, en otras palabras es un poder leg&iacute;timo, es a partir de su actuaci&oacute;n en la elaboraci&oacute;n de una Constituci&oacute;n que surge la legalidad; mientras tanto que los poderes constituidos son poderes, limitados, basados en el texto constitucional, son poderes legales ya que no pueden ir m&aacute;s all&aacute; de sus atribuciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consideramos que para el buen funcionamiento del Estado constitucional, el poder constituyente desaparece al momento en que crea la Constituci&oacute;n, para darle entrada a los poderes constituidos. Sin embargo, para algunos la problem&aacute;tica se suscita en torno al &oacute;rgano revisor de la norma fundamental. Y para aclarar esta cuesti&oacute;n, somos part&iacute;cipes de que el simple hecho de que pueda modificar partes del c&oacute;digo pol&iacute;tico constitucional no le da la calidad de poder constituyente, porque al afirmar que tiene el atributo de constituyente, estamos poniendo en riesgo la m&aacute;xima calidad de la Constituci&oacute;n que es la supremac&iacute;a constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el buen funcionamiento del Estado constitucional, el poder constituyente desparece al momento en que crea la Constituci&oacute;n, para darle entrada a los poderes constituidos que emanan de ella, por este motivo es que se considera como la ley suprema. Estos &uacute;ltimos no pueden ir m&aacute;s all&aacute; de lo que les permite la Constituci&oacute;n, ya que sus facultades se encuentran enumeradas y restringidas en el propio ordenamiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debemos entender que el &oacute;rgano que realiza la reforma constitucional es un poder constituido, que cuenta con l&iacute;mites ya sea impl&iacute;citos o expl&iacute;citos, debido a que es el propio mecanismo que la Constituci&oacute;n instituye para adecuarla a una realidad din&aacute;mica, es decir, para actualizar y perfeccionarla, sin alterar sus decisiones bases.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al acentuar que es constituido (y no constituyente), estamos afirmando que limitado, y por tal motivo, no puede suprimir todo el ordenamiento constitucional, o sea destruir la norma que le da origen, que es la Constituci&oacute;n. La carta magna no puede facultar a uno de los poderes que crea para destruirla; o en otras palabras, no existe un suicidio constitucional.<sup><a href="#notas">56</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruip&eacute;rez, para poder seguir con su tesis, pone de manifiesto que los valores o principios que debe proteger un Estado constitucional son la idea de libertad y democracia. Y para hacerlo, nuestro autor se sumerge en el an&aacute;lisis dif&iacute;cil, adem&aacute;s pol&eacute;mico, sobre las distintas y tan opuestas l&iacute;neas de pensamiento que datan desde el siglo XVIII. La primera: en la que se encuentran quienes realizan formulaciones desde el punto de vista pactista, o del iusnaturalismo contractualista, entre los que se destaca Rousseau. La segunda, impulsada m&aacute;s por controlar el poder, que por justificarlo, y que podr&iacute;amos situar como la g&eacute;nesis de la subordinaci&oacute;n del gobernante a la ley; entre ellos resaltan Montesquieu y Constant.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es de todos conocido que, por cualquiera de las dos posturas que uno se decante, nuestra visi&oacute;n o concepci&oacute;n de Constituci&oacute;n o Estado constitucional va a ser totalmente distinto (p. 56). Es precisamente aqu&iacute; en que se confrontan qu&eacute; tipo de libertad tenemos o qu&eacute; democracia buscamos, ya que seg&uacute;n sea nuestra decisi&oacute;n podemos afirmar que estamos o no en un Estado constitucional. Es la confrontaci&oacute;n entre una idea de la democracia de identidad y una democracia representativa, es la discusi&oacute;n entre Constituci&oacute;n pactada y abierta a todos los cambios, o es la idea de Constituci&oacute;n como una norma jur&iacute;dica, pero que tambi&eacute;n es el resultado de un proceso pol&iacute;tico; es el planteamiento del texto como una ley m&aacute;s, o es entenderlo como la norma fundamental. Es proyectar a la reforma constitucional como un poder constituyente, o asimilarlo como un poder constituido, es entrar en el debate, tal y como lo explic&oacute; Constant, sobre la libertad de los antiguos o la libertad de los modernos. Para este, la diferencia entre las dos libertades es que la &uacute;ltima se ve amenazada por un peligro de distinta especie. Mientras el riesgo de la libertad antigua consist&iacute;a en que los hombres, atentos &uacute;nicamente a asegurarse la participaci&oacute;n en el poder social, despreciaran los derechos y los placeres individuales. El latente peligro de la libertad moderna consiste en que, absorbidos por el disfrute de una independencia privada y en la b&uacute;squeda de la satisfacci&oacute;n de los intereses particulares, esta provoque que se renuncie con demasiada facilidad al derecho de la participaci&oacute;n en el poder pol&iacute;tico.<sup><a href="#notas">57</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De ah&iacute; la necesidad del sistema representativo, ya que este no es otra cosa que una organizaci&oacute;n que ayuda a una naci&oacute;n a descargar en algunos individuos lo que no puede o no quiere hacer por s&iacute; misma. En este sentido, la democracia constitucional descansa fundamentalmente en el concepto de representaci&oacute;n pol&iacute;tica. Sobre los fundamentos planteados por Montesquieu, Siey&egrave;s establece la distinci&oacute;n entre democracia y gobierno representativo. Siey&egrave;s afirma que por la utilidad com&uacute;n se debe designar representantes m&aacute;s capaces o preparados que las personas comunes, ya que los primeros conocer&aacute;n mejor el inter&eacute;s general y as&iacute; podr&aacute;n interpretar la voluntad general.<sup><a href="#notas">58</a></sup> En la teor&iacute;a democr&aacute;tica de la representaci&oacute;n, cuando se plantea el vocablo pueblo, este se entiende como un ente real de personas con voluntad propia y singular. No obstante, aquellas se encuentran con necesidades de intermediaci&oacute;n representativa,<sup><a href="#notas">59</a></sup> pero siempre a partir de las voluntades singulares e iguales, para crear mediante el derecho una real voluntad pol&iacute;tica coherente y operativa. El pueblo no existe como una realidad con capacidad de decidir, sino que decide un sector del pueblo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, para poder salvar este problema en que nos encasill&oacute; Siey&egrave;s, Ruip&eacute;rez interpreta al pensador de la Revoluci&oacute;n francesa: cuando concibe a la naci&oacute;n, debe tomarse en cuenta como una representaci&oacute;n pol&iacute;tica de un pueblo metaf&iacute;sico y atemporal, como un ente abstracto, en la que &uacute;nicamente podr&aacute; ejercitar sus facultades mediante representantes parlamentarios, que, para poder desempe&ntilde;ar adecuadamente su funci&oacute;n, ha de entenderse que lo son de la naci&oacute;n entera, y que en consecuencia, y en la medida en que ahora no existe un sujeto que pueda entenderse como su comitente, sino que, como afirm&oacute; de manera contundente el abate liberal, lo es la totalidad de la naci&oacute;n (p. 63). En este sentido, Carr&eacute; de Malberg afirma que lo que se encuentra en el r&eacute;gimen representativo no es un sistema de representaci&oacute;n personal y de la voluntad nacional, sino precisamente un sistema de organizaci&oacute;n de la voluntad pol&iacute;tica y de la persona nacional.<sup><a href="#notas">60</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Contin&uacute;a Ruip&eacute;rez afirmando que Siey&egrave;s se basa en la premisas de Montesquieu, sobre el correcto entendimiento de que, no obstante el silencio que a este respecto mantiene el autor <i>Del esp&iacute;ritu de las leyes</i>, sobre la idea de un poder constituyente. La constitucionalizaci&oacute;n del poder, su limitaci&oacute;n y control responden, en definitiva, a la legitimaci&oacute;n del mismo y a la garant&iacute;a de la libertad individual en el marco del moderno Estado nacional, esto es, aquella comunidad de individuos dotada de una particular trascendencia, ordenada mediante una determinada legalidad e institucionalidad. Por tal motivo, es Montesquieu quien marca el punto de partida del moderno Estado constitucional, a trav&eacute;s de la propuesta de distribuci&oacute;n y limitaci&oacute;n de los poderes del Estado entre distintos sujetos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Coincidimos con lo establecido por Ruip&eacute;rez, quien sigue los lineamientos de Pedro de Vega (p. 65), que si bien es cierto que Montesquieu no menciona jam&aacute;s a lo largo de su obra al <i>Pouvior Constituant</i>, sin embargo este constituye una premisa t&aacute;cita y perfectamente presumible en la l&oacute;gica global de su pensamiento, en la medida en que la aparici&oacute;n de los tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, que rec&iacute;procamente se vigilan y controlan como poderes constituidos, no se concebir&aacute;n sin el reconocimiento de un poder previo y superior en el que aquellos cifran la raz&oacute;n de su existencia.<sup><a href="#notas">61</a></sup> Esta nueva clasificaci&oacute;n qued&oacute; coronada con un an&aacute;lisis del proceso del poder que hizo &eacute;poca, la trilog&iacute;a de las funciones estatales del poder, y la necesidad, debida a razones ideol&oacute;gicas, de establecer l&iacute;mites a dichos "poderes"<sup><a href="#notas">62</a></sup> por medio de los <i>checks and balances</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Heller afirma que la doctrina de la divisi&oacute;n de poderes de Montesquieu no es sino un procedimiento t&eacute;cnico para transformar la voluntad general, portadora y creadora de los valores, en una ley cuya imperatividad no admita perturbaciones.<sup><a href="#notas">63</a></sup> En la importancia de esta separaci&oacute;n de poderes est&aacute; la respuesta del constitucionalismo moderno contra el peligro recurrente del despotismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruip&eacute;rez, despu&eacute;s de haber realizado este estudio te&oacute;rico del pensamiento pol&iacute;tico&#45;constitucional, aterriza al contexto actual, ciment&aacute;ndose en la concepci&oacute;n de Pedro de Vega, y pone el dedo en la llaga, en la que fundamentan sus premisas los ide&oacute;logos de la mundializaci&oacute;n. Ya que estos no se presentan como adversarios dispuestos a entrar en competencia con el sistema de valores y principios que hist&oacute;ricamente definieron la realidad constitucional, sino que a la inversa, al proclamar el fin de las ideolog&iacute;as (Bell) y con &eacute;l el fin de la historia (Fukuyama), lo que se pretende es dar por buena y consagrar como eterna una realidad constitucional que el propio proceso de mundializaci&oacute;n est&aacute; aparatosamente aniquilando. El mantenimiento y la defensa de esa realidad fingida ser&aacute; lo que, a la postre, permita ocultar el sistema de poderes efectivos que, actuando en el mercado mundial, se est&aacute;n transformando a pasos agigantados en la aut&eacute;ntica constituci&oacute;n material de todos los Estados.<sup><a href="#notas">64</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tal motivo, para Ruip&eacute;rez, la problem&aacute;tica de la revisi&oacute;n constitucional &uacute;nicamente adquiere sentido en el contexto de la vigencia efectiva de los principios democr&aacute;tico y de supremac&iacute;a constitucional, y adem&aacute;s, como mecanismo merced al cual ambos se concilian, terminar&aacute; por diluirse. Desde luego, lo har&aacute; en cuanto a la posible existencia de l&iacute;mites materiales a la misma, se derivan directa e inmediatamente del dogma pol&iacute;tico de la soberan&iacute;a del pueblo (p. 74).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es aqu&iacute; en que Ruip&eacute;rez sit&uacute;a su an&aacute;lisis al problema que se est&aacute; viviendo en Espa&ntilde;a, ya que para este, nada de extra&ntilde;o tiene que pseudoacad&eacute;micos y pol&iacute;ticos, movidos m&aacute;s por intereses personales, propongan revisiones constitucionales que despojen al Estado de su verdadera esencia, que no es otra que la de actuar como instrumentos de liberaci&oacute;n de los hombres para tranquilizar y satisfacer los intereses de los mercados, aun y cuando ello suponga materializar la destrucci&oacute;n de la forma pol&iacute;tica del Estado constitucional democr&aacute;tico y social. Para demostrar esto, cita a su maestro de Vega:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Peregrina la libertad en la Arcadia feliz de la sociedad, pronto se pudo constatar que &#91;&#8230;&#93; el ejercicio del <i>vivere libero</i> se transformaba en el ejercicio del dominio de los intereses m&aacute;s poderosos sobre los m&aacute;s d&eacute;biles. Lo que &#91;&#8230;&#93; representaba &#91;&#8230;&#93; la m&aacute;s abyecta forma de opresi&oacute;n y dominaci&oacute;n, pues al convertirse unos hombres en meros instrumentos para que otros pudieran satisfacer sus ambiciones, no se hac&iacute;a m&aacute;s que consagrar lo que Arist&oacute;teles consideraba la esencia misma de la esclavitud (p. 76).</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>VII. Cap&iacute;tulo III. Problema de los l&iacute;mites a la reforma en el constitucionalismo espa&ntilde;ol</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este apartado, nuestro autor contin&uacute;a con el se&ntilde;alamiento realizado en el capitulo anterior, el menester de advertir el peligro de la confusi&oacute;n entre la reforma constitucional o <i>Verfassungs&auml;nderung</i> y la destrucci&oacute;n de la Constituci&oacute;n, que es el rasgo m&aacute;s caracter&iacute;stico de la problem&aacute;tica de la est&aacute;tica y la din&aacute;mica constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruip&eacute;rez, en sinton&iacute;a con Pedro de Vega, plantea lo que a la postre es la discusi&oacute;n medular del actual constitucionalismo espa&ntilde;ol y su dificultad en relaci&oacute;n al Pa&iacute;s Vasco y Catalu&ntilde;a. El profesor de la Universidad de la Coru&ntilde;a parte de la idea de que toda reforma constitucional presenta pol&iacute;ticamente algunos riesgos para el prestigio y la propia eficacia de la norma constitucional, pero aclara que la revisi&oacute;n constitucional tampoco debe ser eludida, ya que esta no debe interpretarse como un capricho pol&iacute;tico, sino como una necesidad jur&iacute;dica. Y entra en la discusi&oacute;n entre el tiempo en el derecho, y el derecho en el tiempo, centr&aacute;ndose en la reforma constitucional, al contestar la inc&oacute;gnita sobre cu&aacute;ndo es el momento preciso u oportuno para utilizar el procedimiento establecido en la propia Constituci&oacute;n. A esta pregunta, la respuesta es categ&oacute;rica, "la reforma es siempre pol&iacute;ticamente conveniente cuando resulta jur&iacute;dicamente necesaria" (p. 95).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las cosas interesantes de este libro son los pies de p&aacute;gina, los cuales resultan de gran ayuda para el lector en el conocimiento y el entendimiento de la reforma constitucional. Adem&aacute;s, muchos de ellos son la antesala de lo que el autor va a plantear en las siguientes p&aacute;ginas de la obra. Pongo, como ejemplo, la cita 68 (p. 108), en ella Ruip&eacute;rez se basa para describir a los pol&iacute;ticos o acad&eacute;micos que no ignoran la trascendencia de la <i>Verfassungs&auml;nderung</i> y sus l&iacute;mites, o lo que es m&aacute;s peligroso, que teniendo conocimiento de esta, no les preocupa, por no servir a sus intereses. En mencionada cita, Ruip&eacute;rez toma en consideraci&oacute;n el pr&oacute;logo de Pedro de Vega para la obra del Carl Schmitt, <i>La defensa de la Constituci&oacute;n. Estudio acerca de las diversas especies y posibilidades de salvaguardia de la Constituci&oacute;n</i>, en la que se afirma que para los pol&iacute;ticos pr&aacute;cticos no les est&aacute; vetado nada, de modo que, incluso en el marco de un r&eacute;gimen democr&aacute;tico, pueden llegar a discutir o negar el principio de legitimidad sobre el que se construy&oacute; el sistema constitucional en el que operan. Ruip&eacute;rez advirti&oacute; que con una terminolog&iacute;a confusa e inadecuada, desde el punto de vista de la teor&iacute;a de la Constituci&oacute;n, se pretend&iacute;a hacer referencia el Tribunal Constitucional en la STC 48/2003, cuando se&ntilde;ala que las fuerzas pol&iacute;ticas existentes en Espa&ntilde;a pueden defender cualquier idea pol&iacute;tica, incluso aunque sea contraria a la Constituci&oacute;n, siempre y cuando "no se defienda a trav&eacute;s de una actividad que vulnere los principios democr&aacute;ticos o los derechos fundamentales". Para nuestro autor, una cosa es que las fuerzas pol&iacute;ticas operantes en el Estado puedan defender cualquier idea pol&iacute;tica, aunque la misma sea claramente contraria a la Constituci&oacute;n, y lo hacen porque, como contenido inherente al principio democr&aacute;tico, pueden reivindicar siempre y en todo momento el cambio del C&oacute;digo constitucional, y otra muy distinta es el que la pretensi&oacute;n de estas, contraria al texto constitucional, sea jur&iacute;dica y pol&iacute;ticamente factible, mientras este contin&uacute;e en vigor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este apartado, Ruip&eacute;rez empieza a meterse de lleno en el problema del constitucionalismo espa&ntilde;ol, y lo que pretenden algunos vascos y catalanes, que para nuestro autor no son factibles en el marco de la vigencia de la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola de 1978. En el an&aacute;lisis de Ruip&eacute;rez, a los planteamientos de estos grupos, en relaci&oacute;n de que la norma fundamental atribuye la soberan&iacute;a al conjunto de pueblo espa&ntilde;ol, y que esto se da con una intenci&oacute;n de proyecci&oacute;n hacia al futuro en la que no debe entenderse como un l&iacute;mite absoluto e infranqueable que, a la postre, hiciera inviable el reconocimiento constitucional, y por la v&iacute;a que sea, de la condici&oacute;n de sujetos soberanos de las comunidades aut&oacute;nomas catalana y vasca, o de su derecho a secesionarse, en cualquier momento, y de manera unilateral, del Estado espa&ntilde;ol. Estos grupos pretenden hacerlo bajo el amparo de la reforma constitucional, establecido en el t&iacute;tulo X de la actual norma constitucional espa&ntilde;ola (p. 108).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los que pretenden separarse de un Estado, bajo el amparo de la <i>Verfassungs&auml;nderung</i>, lo intentan bajo la idea del titular del poder constituyente que es pueblo, y como soberano pueden deshacer el contrato que en un principio los uni&oacute;, que es la Constituci&oacute;n. La idea de la soberan&iacute;a del pueblo es la columna vertebral del pensamiento de Rousseau; de ella puede decirse que es la f&oacute;rmula que comprend&iacute;a las exposiciones de <i>El contrato social</i>.<sup><a href="#notas">65</a></sup> Rousseau afirma que el hecho de que el pueblo es soberano y la soberan&iacute;a es inalienable implica que el pueblo solo debe obedecerse a s&iacute; mismo, ejercitando directa o inmediatamente el poder pol&iacute;tico. Lo cual significa que la &uacute;nica democracia, de acuerdo con los principios del contrato social, es la democracia directa o de la identidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de entrar al an&aacute;lisis a los planteamientos de Rousseau, trataremos de dar contestaci&oacute;n a los que utilizan el vocablo <i>pueblo</i> para referirse a solo un sector o parte de este. No estamos de acuerdo con esta forma de utilizar, ya que no podemos referirnos como pueblo chihuahuense, sinaloense, mexiquense, cuando en realidad solamente estamos hablando de una parte del pueblo mexicano. Considero que es m&aacute;s correcto utilizar el vocablo de gente chihuahuense, sinaloense o mexiquense. En este sentido, tampoco podemos decir el pueblo californiano, tejano, neoyorquino, cuando en realidad estamos describiendo una parte del pueblo estadounidense. Por tal motivo, somos categ&oacute;ricos en se&ntilde;alar que en Espa&ntilde;a solo existe un <i>pueblo</i>, que es el pueblo espa&ntilde;ol, como titulares de la soberan&iacute;a. Para estos efectos no existe el pueblo catal&aacute;n, el Pa&iacute;s Vasco, as&iacute; como tampoco existe el pueblo madrile&ntilde;o, andaluz, gallego. No existen por s&iacute; solos, sino que forman parte de un conjunto que se denomina pueblo espa&ntilde;ol.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Habermas, en el trayecto de la institucionalizaci&oacute;n de la igual participaci&oacute;n de todos los ciudadanos en la formaci&oacute;n de la voluntad pol&iacute;tica, han salido a relucir las diversas contradicciones que el propio concepto de soberan&iacute;a popular contiene. Para este autor, el pueblo, del que habr&iacute;a de provenir todo poder organizado estatalmente, no es ning&uacute;n sujeto singular dotado de voluntad y conciencia. El pueblo solo aparece en plural; como pueblo, es decir, considerado en conjunto, no es ni capaz de tomar decisiones, ni tampoco capaz de accionar.<sup><a href="#notas">66</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De una forma categ&oacute;rica, Schmitt hace un an&aacute;lisis de lo que es el pueblo por ser esta una figura tan controvertida, ya que donde radica su fuerza tambi&eacute;n tiene su debilidad. Para el autor alem&aacute;n, el pueblo, como titular del poder constituyente no es una instancia firme, organizada. Perder&iacute;a su naturaleza de pueblo si se erigiera para una norma y diario funcionamiento y para el despacho ordinario de asuntos, ya que no puede ser una autoridad permanente. Por otro lado, en la democracia, el pueblo necesita ser capaz de tomar decisiones y actuaciones pol&iacute;ticas. Incluso cuando solo en pocos momentos decisivos tiene y manifiesta una voluntad decisiva. Sin embargo, es capaz de decidir sobre s&iacute; o no a las cuestiones fundamentales de su existencia pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Schmitt, la fuerza, as&iacute; como tambi&eacute;n la debilidad del pueblo, consiste en que no es una instancia formada con competencias circunscritas y capaces de despachar asuntos dentro de un procedimiento regulado. Tan pronto como un pueblo tiene la voluntad de existencia pol&iacute;tica, es superior a toda formalidad y normaci&oacute;n. Tampoco puede ser disuelto, como que no es una entidad organizada. En tanto que existe y quiere seguir existiendo, su fuerza vital y energ&iacute;a es inagotable, y siempre capaz de encontrar nuevas formas de existencia pol&iacute;tica. La debilidad consiste en que el pueblo ha de decidir sobre las cuestiones fundamentales de su forma pol&iacute;tica y su organizaci&oacute;n, sin estar formado u organizado &eacute;l mismo. Por tal motivo, pueden desconocerse, interpretarse mal o falsearse con facilidad sus manifestaciones de voluntad.<sup><a href="#notas">67</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero retomando las ideas de Rousseau, encontramos dos conclusiones: 1) al ser el pueblo soberano, es impensable una teor&iacute;a de la limitaci&oacute;n del poder, en virtud de que un poder soberano es por definici&oacute;n un poder ilimitado, y 2) la idea de Constituci&oacute;n, en cuanto mecanismo limitador del poder, carece de todo fundamento en el &aacute;mbito de la democracia de la identidad, igualmente se hace inadmisible su entendimiento como aparato a trav&eacute;s del cual se organiza la vida del Estado. La comunidad pol&iacute;tica surge a trav&eacute;s del <i>pactum societatis</i>, en el cual, el acuerdo de todos los coasociados d&eacute; lugar al tr&aacute;nsito de la <i>societatis naturae</i> a la <i>societatis civilis sive pol&iacute;tica</i>. La &uacute;nica Constituci&oacute;n imaginable ser&iacute;a la que se identificara con el mismo contrato social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, para hacer viable la idea de Constituci&oacute;n como instrumento limitador y organizador de los poderes del Estado, se requiere, por tanto, partir de ideas contrarias a las del pacto social. Frente a la democracia de la identidad, como exigencia del racionalismo contractualista, se coloca entonces la democracia representativa, como imperativo impuesto por la realidad y por la historia.<sup><a href="#notas">68</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, Ruip&eacute;rez resalta lo dicho por Pedro de Vega, que la eficacia real se presenta como el resultado de la transformaci&oacute;n del dogma de la soberan&iacute;a del pueblo en el principio jur&iacute;dico de la supremac&iacute;a de la Constituci&oacute;n, las fuerzas partidistas del catalanismo y vasquismo conservadores, as&iacute; como todos aquellos juristas, te&oacute;ricos y pr&aacute;cticos, que ponen todo su ingenio al servicio de estos, afirmar&aacute;n que el &uacute;nico l&iacute;mite que puede encontrar en su actuaci&oacute;n el legislador que reforma la Constituci&oacute;n ser&aacute; el que, de acuerdo con las conceptuaciones formalistas del positivismo jur&iacute;dico m&aacute;s radical, se deriva de su obligaci&oacute;n de observar el procedimiento legal, constitucionalmente previsto en el propio texto constitucional vigente para llevar a cabo su modificaci&oacute;n formal (p. 86).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los catalanes y vascos son componentes del pueblo espa&ntilde;ol como sujeto &uacute;nico, en este sentido, no se les puede pedir solamente a ellos su opini&oacute;n, aislados de los dem&aacute;s espa&ntilde;oles, ya que el cuerpo electoral lo hacen todos los individuos de la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica que es encuentran dentro de Espa&ntilde;a. Ruip&eacute;rez es contundente al establecer la interrogante "&#191;Un mal planteamiento del problema regional no puede conducir a un aniquilaci&oacute;n de la democracia en nuestro pa&iacute;s?". Cuando nuestro autor hace este cuestionamiento, es inevitable que me traslade a reflexionar sobre la historia de M&eacute;xico, y en concreto a lo sucedido en el siglo XIX, que un mal planteamiento de la situaci&oacute;n en Texas provoc&oacute; la p&eacute;rdida de casi la mitad del territorio mexicano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por eso Ruip&eacute;rez hace hincapi&eacute; en esto, y lo resalta con lo dicho por Talleyrand, que en pol&iacute;tica un error es algo peor que un crimen, y lo relaciona con lo planteado por Pedro de Vega: "Hasta qu&eacute; punto se podr&iacute;a sostener sin hip&eacute;rbole que el tema de la reforma constitucional acaso sea el &uacute;nico tema importante que hoy presenta la realidad constitucional espa&ntilde;ola"; y que, por ello mismo, la problem&aacute;tica de los l&iacute;mites a la revisi&oacute;n constitucional ha de ocupar un lugar preferente como objeto de estudio del constitucionalista espa&ntilde;ol consciente del contenido de su labor y de la responsabilidad pol&iacute;tica y social que, como intelectual, le corresponde. As&iacute; como Ruip&eacute;rez menciona a su maestro de Vega, no puedo dejar de pensar en Carpizo, quien, como siempre, nos se&ntilde;al&oacute; la responsabilidad que tenemos como constitucionalistas, ya que una mala recomendaci&oacute;n puede llevar al fracaso a una naci&oacute;n entera.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>VIII. Cap&iacute;tulo IV. Algunas dificultades derivadas de la literalidad de la Constituci&oacute;n de 1978</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el estudio de este apartado, Ruip&eacute;rez lo divide en tres:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">a) Consideraciones en torno a la ausencia de cl&aacute;usulas de intangibilidad y su significado real.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">b) La hip&oacute;tesis de la reforma total: &#191;mera operaci&oacute;n jur&iacute;dica limitada o acto revolucionario?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">c) La exigencia del refer&eacute;ndum obligatorio como negaci&oacute;n de los l&iacute;mites materiales a la reforma, y cr&iacute;tica a esta concepci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, antes de entrar al estudio de estas subdivisiones, hace la advertencia del alt&iacute;simo grado de confusi&oacute;n sobre la existencia o inexistencia de l&iacute;mites materiales absolutos a la reforma constitucional. Una de las explicaciones se debe a que la din&aacute;mica de un pa&iacute;s que por tener una escasa tradici&oacute;n democr&aacute;tica y realmente constitucional, tanto en su clase pol&iacute;tica dirigente, como en su clase acad&eacute;mica, contin&uacute;an interpretando, como en el siglo XIX, la puesta en marcha de un proceso de revisi&oacute;n del documento de gobierno vigente como la apertura de un nuevo proceso constituyente en virtud del cual se proceder&aacute; a la creaci&oacute;n de un r&eacute;gimen pol&iacute;tico nuevo y al establecimiento de un ordenamiento jur&iacute;dico distinto (p. 142).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y mucho de esto se debe a que el propio poder constituyente de 1977&#45;1978 contribuy&oacute; a la propia redacci&oacute;n del t&iacute;tulo X de la actual Constituci&oacute;n, en el sentido de su triple decisi&oacute;n de no consagrar cl&aacute;usulas de intangibilidad, establecer la "revisi&oacute;n total" y, por &uacute;ltimo, constitucionalizar el refer&eacute;ndum obligatorio para las modificaciones formales del texto constitucional en relaci&oacute;n al art&iacute;culo 168. Para muchos pr&aacute;cticos de la pol&iacute;tica y no menos estudiosos del Estado, el derecho y la pol&iacute;tica, fue el propio constituyente quien, al identificar el <i>Pouvior Constituant</i> con el poder de reforma, sentaron las bases para afirmar la total inexistencia de los l&iacute;mites materiales a la revisi&oacute;n (p. 143).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La intenci&oacute;n de establecer cl&aacute;usulas de intangibilidad se debe que el constituyente pretende proteger, de la propia reforma constitucional, el n&uacute;cleo que se determina como Constituci&oacute;n. Estos l&iacute;mites textuales al poder revisor pueden ser tan distintos, ya sea seg&uacute;n el texto constitucional de que se trate.<sup><a href="#notas">69</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, para algunos, la no existencia de estos l&iacute;mites expl&iacute;citos o cl&aacute;usulas de intangibilidad nos traduce que el &oacute;rgano reformador se convierta en un poder constituyente, y es una preocupaci&oacute;n latente que tiene Ruip&eacute;rez en la elaboraci&oacute;n de esta monograf&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la reciente literatura espa&ntilde;ola sobre la reforma constitucional, que plantea la inexistencia de l&iacute;mites al poder revisor, destacan Manuel Arag&oacute;n, con su obra <i>Constituci&oacute;n y democracia</i>,<sup><a href="#notas">70</a></sup> y Carlos de Cabo, con <i>La reforma constitucional en la perspectiva de las fuentes del derecho</i>.<sup><a href="#notas">71</a></sup> No obstante, para Ruip&eacute;rez esta tesis no es aceptable, ya que para el profesor de la Universidad de la Coru&ntilde;a estos parten de la inadecuada comprensi&oacute;n de la <i>Verfassungs&auml;nderung</i>, as&iacute; como de la problem&aacute;tica concreta del significado pol&iacute;tico y el valor jur&iacute;dico de las cl&aacute;usulas de intangibilidad, en cuanto expresi&oacute;n de los l&iacute;mites materiales expl&iacute;citos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta terminolog&iacute;a a lo que lleva es a la equiparaci&oacute;n conceptual que realizan en el poder constituyente, que, por definici&oacute;n es un poder f&aacute;ctico, revolucionario, pol&iacute;tico&#45;existencial, absoluto, soberano e ilimitado en el contenido, formal y material, de su voluntad y el poder de reforma (p. 147).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En sinton&iacute;a con Schmitt y de Vega, Ruip&eacute;rez establece que el poder constituyente, como poder soberano previo y total, podr&aacute; en todo momento modificar, transformar y destruir, incluso, el ordenamiento constitucional. Pero ser&aacute; en el ejercicio de sus atribuciones soberanas, actuando como <i>res facti, non juris</i>. Lo que significa que, por la misma raz&oacute;n que se le considera y cataloga como poder pol&iacute;tico y de hecho, no se le puede encuadrar ni definir como poder jur&iacute;dico y limitado. A la inversa, el poder de reforma en la medida en que aparece reglado y ordenado en la Constituci&oacute;n, se convierte en un poder limitado, lo que quiere decir que la actividad de revisi&oacute;n no puede ser entendida como una actividad soberana y libre (p. 152). Como mencionamos en l&iacute;neas anteriores, el poder constituyente se basa en la realidad, es un poder pol&iacute;tico, mientras el poder de reforma se fundamenta en la Constituci&oacute;n, es un poder jur&iacute;dico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La preocupaci&oacute;n de Ruip&eacute;rez en relaci&oacute;n a Espa&ntilde;a, es ese radical positivismo jur&iacute;dico formalista y jurisprudencial que se limita a los pronunciamientos por el Tribunal Constitucional, con lo que pretende explicar el derecho constitucional desde su reducci&oacute;n, al modo kelseniano, a un conjunto de reglas l&oacute;gico&#45;matem&aacute;ticas y geom&eacute;tricas (p. 163).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda parte de este cap&iacute;tulo, Ruip&eacute;rez analiza la hip&oacute;tesis de la <i>Reforma total: &#191;mera operaci&oacute;n jur&iacute;dica limitada o acto de revoluci&oacute;n?</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este apartado, Ruip&eacute;rez entra al an&aacute;lisis de la posibilidad o imposibilidad de las revisiones totales a los textos constitucionales. Este tema es uno de los m&aacute;s controvertidos en el trato de la <i>Verfassungs&auml;nderung</i>, tanto te&oacute;rica como pol&iacute;ticamente. Los que se decantan por la posibilidad o la permisi&oacute;n de una reforma total, apuestan a una mayor complejidad procedimental, y establece como requisito insuperable la intervenci&oacute;n directa del cuerpo electoral, ya sea en la iniciativa o aprobaci&oacute;n definitiva a trav&eacute;s de un refer&eacute;ndum obligatorio. Esto con la firme intenci&oacute;n de darle validez, licitud y legitimidad a la reforma, con la que se crear&iacute;a el nuevo c&oacute;digo pol&iacute;tico constitucional (p. 186).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta tendencia es la que ha estado dominando en Latinoam&eacute;rica, y una nueva ola de percibir el constitucionalismo, ya que en los nuevos textos constitucionales de la regi&oacute;n la posibilidad de una reforma total se ha incrustado en dichas Constituciones. Los textos constitucionales en los cuales se entiende el refer&eacute;ndum constitucional como un poder constituyente, puesto que legitima la creaci&oacute;n de una nueva norma fundamental, a trav&eacute;s de la permisibilidad de una reforma total del ordenamiento o convocatoria a una asamblea constituyente son los siguientes: Colombia (374); Costa Rica (196); Cuba (137); Ecuador (444); Guatemala (278); Nicaragua (193); Panam&aacute; (314); Per&uacute; (32); Uruguay (331); Venezuela (347).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, es menester mencionar tambi&eacute;n que en algunos textos constitucionales existen limitaciones al refer&eacute;ndum constitucional, puesto que establecen materia en las cuales no se va a solicitar la opini&oacute;n del electorado. As&iacute; encontramos el caso de Colombia (art&iacute;culo 170), donde expresamente se proh&iacute;be el referendo respecto de las leyes aprobatorias de tratados internacionales, de la Ley de Presupuesto, y los referentes a materias fiscales. En el caso de Costa Rica (105), el refer&eacute;ndum no proceder&aacute; en lo relativo a materia presupuestaria, tributaria, fiscal, monetaria, crediticia, de pensiones, seguridad, aprobaci&oacute;n de empr&eacute;stitos y contratos o actos de naturaleza administrativa. En Rep&uacute;blica Dominicana (210), se excluye en cuanto a la aprobaci&oacute;n o revocaci&oacute;n del mandato de autoridad electa o designada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El caso m&aacute;s interesante lo tiene Venezuela, ya que establece distintos porcentajes para la iniciativa, en la que var&iacute;a seg&uacute;n sea la situaci&oacute;n; por ejemplo, para convocar a una asamblea nacional constituyente, se requiere el apoyo del 15% de los votantes, parad&oacute;jicamente, y para la revocaci&oacute;n del mandato se necesita el apoyo del 25% de los electores. Esto nos lleva a concluir que es m&aacute;s f&aacute;cil convocar para que se lleve a cabo una enmienda, reforma constitucional o Asamblea constituyente para la creaci&oacute;n de un nuevo texto constitucional, que para revocar a alguien de su puesto.<sup><a href="#notas">72</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este posicionamiento sobre la <i>Verfassungs&auml;nderung</i>, en el sentido de que no tiene l&iacute;mites y a trav&eacute;s de ella poder realizar un reforma total al ordenamiento constitucional, ha ocasionado que se utilice la revisi&oacute;n constitucional al capricho o inter&eacute;s del gobernante, tales son los casos, en Latinoam&eacute;rica, de Cuba con Fidel Castro, Venezuela con Hugo Ch&aacute;vez, Bolivia con Evo Morales y Ecuador con Rafael Correa. Con esta tendencia o forma de entender el nuevo constitucionalismo latinoamericano es imprescindible marcar los l&iacute;mites al mecanismo de modificaci&oacute;n de la norma fundamental, ya que puede estar a la potestad del gobernante el manipular la reforma constitucional para darse un texto constitucional <i>ad hoc.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Precisamente esta es una de las grandes preocupaciones que tiene Ruip&eacute;rez en el libro que estamos analizando, en donde puede ser tan irracional pretender prohibir jur&iacute;dicamente que puedan verificarse cambios revolucionarios, siempre antijur&iacute;dicos, como pretender que un orden jur&iacute;dico estatal dado d&eacute; legitimidad a un cambio revolucionario de facto. Sin embargo, a la observaci&oacute;n estricta del procedimiento legal &#151;constitucionalmente establecido&#151;, para llevar a cabo la reforma tenga por objeto imponer una nueva legitimidad, la operaci&oacute;n ser&iacute;a, para estos autores, siempre, y sin discusi&oacute;n posible, v&aacute;lida, l&iacute;cita y leg&iacute;tima. No obstante, lo que pretende hacer esta postura es, pura y simplemente, convertir la legalidad del Estado constitucional democr&aacute;tico en el instrumento para legitimar un golpe de Estado (p. 191).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Ruip&eacute;rez, el punto de partida de esta concepci&oacute;n es el de que quien aparece constitucionalmente facultado para llevar a cabo la revisi&oacute;n total, es un sujeto que, por su naturaleza, ejerce un poder limitado en el contenido, forma y material de su voluntad. No se puede utilizar la reforma para destruir a la propia norma que le da origen, que es la Constituci&oacute;n. Ya que aqu&iacute; se est&aacute; identificando a la propia <i>Verfassungs&auml;nderung</i> con un verdadero acto revolucionario (p. 197).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La &uacute;ltima parte de este cap&iacute;tulo se denomina <i>La exigencia del refer&eacute;ndum obligatorio como negaci&oacute;n de los l&iacute;mites a la reforma, y cr&iacute;tica a esta concepci&oacute;n.</i> Aqu&iacute; el profesor de la Universidad de la Coru&ntilde;a se adentra en el controvertido tema de la <i>Verfassungs&auml;nderung</i> y de la apelaci&oacute;n al pueblo, y que para algunos, en el momento en que se consulta al pueblo (como titular de la soberan&iacute;a), lo que se hace es transformar al poder de reforma constitucional, de constituido a constituyente. Y si se toma esta tesis, resulta imposible imponer l&iacute;mites al &oacute;rgano revisor.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute; nuestro autor hace un an&aacute;lisis de lo m&aacute;s interesante, al profundizar sobre el "espacio" y "tiempo" de la <i>l'appel au peuple</i>. Ya que es totalmente distinto y las consecuencias que arroja esta apelaci&oacute;n en la etapa de un proceso constituyente y en el proceso de la reforma constitucional. Como veremos m&aacute;s adelante, en la primera est&aacute; actuando directamente el poder constituyente, como sujeto soberano y omnipotente, mientras que en el segundo act&uacute;a como poder constituido, legal y limitado. En este sentido, coincidimos con Pedro de Vega, el refer&eacute;ndum constitucional no legitima pol&iacute;ticamente la reforma constitucional como un acto de soberan&iacute;a. En la misma sinton&iacute;a, Ruip&eacute;rez afirma que cuando se hace una consulta popular para la aprobaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n, el refer&eacute;ndum puede ser efectivamente interpretado como la verificaci&oacute;n de un acto de soberan&iacute;a por parte de su indiscutido titular, caso contrario, cuando se hace para la aprobaci&oacute;n de una reforma constitucional (p. 201).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los que pretenden hacer v&aacute;lida la teor&iacute;a de apelaci&oacute;n al pueblo como acto de soberan&iacute;a, no est&aacute;n invocando a la <i>Verfassungs&auml;nderung</i>, sino est&aacute;n aclamando a un proceso constituyente. Como acertadamente reflexiona Ruip&eacute;rez, esto nos lleva a detenernos en el espacio y tiempo, y es que un proceso constituyente se da en un contexto totalmente distinto a una reforma constitucional. El espacio al que nos limitaremos es Espa&ntilde;a, el tiempo o contexto, el 2013<sup><a href="#notas">73</a></sup> (por ser el momento actual y la publicaci&oacute;n del libro en an&aacute;lisis).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para entender un proceso constituyente y considerarlo como leg&iacute;timo, deben existir ciertas pautas por las que debe transitar.<sup><a href="#notas">74</a></sup> Las etapas son las siguientes:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">a) Afirmaci&oacute;n inequ&iacute;voca del nuevo principio de legitimidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">b) Establecimiento de un sistema de libertades p&uacute;blicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">c) Promulgaci&oacute;n de una legislaci&oacute;n electoral que permita la formaci&oacute;n de una asamblea constituyente libremente elegida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">d) Integraci&oacute;n de la asamblea constituyente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">e) Elaboraci&oacute;n parlamentaria del proyecto de Constituci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">f) Refer&eacute;ndum constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para contextualizar la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola de 1978, la primera pauta se refiere que el poder constituyente tiene que ser ejercido, ya que el antiguo orden constitucional ha dejado de ser leg&iacute;timo, y bajo esta norma constitucional resulta imposible la convivencia pac&iacute;fica de los ciudadanos. Para Heller, el poder o la norma desaparecer&iacute;an en el mismo instante en que careciera de reconocimiento social, o por las personas a quien va dirigida dejara de ser obedecida.<sup><a href="#notas">75</a></sup> Bajo esta premisa y en defensa de la Constituci&oacute;n del 78, podemos ser categ&oacute;ricos en afirmar que no se cumple con la primera pauta, como los catalanes y los vascos pretenden hacer valer. Si bien es cierto, la Espa&ntilde;a actual atraviesa crisis econ&oacute;micas&#45;pol&iacute;ticas, y la monarqu&iacute;a ha sufrido un gran desgaste, no obstante, el pa&iacute;s ib&eacute;rico no est&aacute; en una situaci&oacute;n para convocar a un nuevo proceso constituyente para la elaboraci&oacute;n de un nuevo texto constitucional. El pueblo espa&ntilde;ol &#151;en la que incluyo a los catalanes y vascos&#151; siguen identific&aacute;ndose con la norma fundamental de 78, por tal motivo podemos decir que esta cuenta con la legitimidad suficiente para imponerse a estos dif&iacute;ciles momentos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La intenci&oacute;n de los catalanes y vascos es hacer caso omiso al primer requisito y brincar al &uacute;ltimo que establece un refer&eacute;ndum constitucional. Adem&aacute;s, <i>l'appel au peuple</i> que pretenden hacer estos separatistas, no es al pueblo espa&ntilde;ol, si no que se limita a buscar la opini&oacute;n de un sector de este, que son los ciudadanos espa&ntilde;oles que viven en las comunidades aut&oacute;nomas de Catalu&ntilde;a y del Pa&iacute;s Vasco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hecho de que exista la apelaci&oacute;n al pueblo, a trav&eacute;s del refer&eacute;ndum, esto se tiene que dar en el entorno de un poder constituido como es la reforma constitucional.<sup><a href="#notas">76</a></sup> Debemos ser cuidadosos y categ&oacute;ricos en afirmar que el refer&eacute;ndum no transforma a la <i>Verfassungs&auml;nderung</i> en un <i>Pouvior Constituant.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Ruip&eacute;rez, la &uacute;nica forma de aceptar el refer&eacute;ndum constitucional, es al considerarlo en la forma que lo hace la teor&iacute;a cl&aacute;sica, en la posibilidad de controlar en todo momento los actos de los representantes, mediante la ratificaci&oacute;n o el rechazo de sus propuestas. Para nuestro autor, la exigencia en el art&iacute;culo 168 del refer&eacute;ndum constitucional obligatorio, el constituyente lo hizo m&aacute;s con el prop&oacute;sito de establecerlo como control, en la que los ciudadanos, que son los aut&eacute;nticos titulares de la soberan&iacute;a, pudieran evitar que los poderes constituidos, incluso cuando ejercen un poder extraordinario, como es el de la modificaci&oacute;n formal del texto constitucional vigente, pudieran proceder a la consumaci&oacute;n de la patol&oacute;gica figura del fraude constitucional, y esto lo har&aacute;n obligando al poder de reforma a respetar los l&iacute;mites formales y materiales que se derivan de la eficacia real de los principios democr&aacute;tico y de supremac&iacute;a constitucional (p. 203).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, la complejidad del procedimiento que se presenta en el art&iacute;culo 168 de la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola de 78, lo que pol&iacute;ticamente proyecta es que en realidad es un l&iacute;mite impl&iacute;cito. En la forma en que hemos venido analizando este libro, se percibe la distancia que puede existir entre lo que jur&iacute;dicamente est&aacute; permitido, y lo que en realidad puede llevarse a cabo pol&iacute;ticamente. Este procedimiento es tan complicado, que para algunos en realidad lo que se est&aacute; presentando no es una reforma constitucional, sino que si se realizara, se estar&aacute; llevando a cabo un verdadero proceso constituyente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tal motivo, estamos de acuerdo con Pedro de Vega en la objeci&oacute;n a dicho procedimiento de reforma constitucional. Para el profesor de la Universidad Complutense de Madrid existen cuatro motivos para criticar el art&iacute;culo 168:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1) El mecanismo es tan complejo y pol&iacute;ticamente tan costoso que se puede indicar de antemano que no funcionar&aacute; jam&aacute;s. M&aacute;s que un procedimiento de reforma, se deber&iacute;a hablar de un procedimiento para evitar la reforma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2) Se trataba de un precepto con contenidos arbitrarios y casi absurdos. Si, bajo la regulaci&oacute;n compleja que en &eacute;l se hace, lo que pretende amparar son los bienes y valoraci&oacute;n compleja que en &eacute;l se hace, lo que se pretende amparar son los bienes y valores pol&iacute;ticos supremos del ordenamiento constitucional, es lo cierto que, valores, indiscutiblemente considerados fundamentales, no aparecen recogidos ni protegidos por ella, y, sin embargo, s&iacute; lo est&aacute;n determinados supuestos que probablemente no deber&iacute;an ser siquiera objeto de tratamiento constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3) En el derecho comparado se suele entender como una especie de consulta indirecta, en la medida que la campa&ntilde;a electoral tomar&aacute; como uno de los criterios de referencia b&aacute;sicos las actitudes de los distintos partidos pol&iacute;ticos ante la reforma en discusi&oacute;n. Lo que resulta an&oacute;malo del ordenamiento espa&ntilde;ol es que, despu&eacute;s de la aprobaci&oacute;n por dos tercios en las c&aacute;maras que proponen la reforma, y despu&eacute;s de la ratificaci&oacute;n por dos tercios en las c&aacute;maras nuevamente elegidas, se produce a un ulterior refer&eacute;ndum para la aprobaci&oacute;n definitiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4) Es criticable este procedimiento especial de revisi&oacute;n constitucional, porque cuando se enfoca desde el punto de vista de su funcionalidad pol&iacute;tica, puede incluso resultar peligroso, generando efectos contrarios a los que con &eacute;l se pretendieron lograr. Es claro que si se apel&oacute; a &eacute;l para evitar introducir en la Constituci&oacute;n las llamadas cl&aacute;usulas de intangibilidad, se estableci&oacute; un procedimiento bastante dif&iacute;cil, que hace imposible la reforma del t&iacute;tulo II y buena parte del t&iacute;tulo I.<sup><a href="#notas">77</a></sup></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>IX. Cap&iacute;tulo V. El problema de los l&iacute;mites materiales a la reforma en el contexto de la teor&iacute;a del Estado y de la Constituci&oacute;n de la &eacute;poca de Weimar. Kelsen <i>versus</i> Heller</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que primero me viene a la vista, es que Ruip&eacute;rez haya entrado al an&aacute;lisis, y a la vez confrontar a Kelsen y a Heller. La tendencia, y lo m&aacute;s com&uacute;n, es que lo hiciera entre el primero y su antag&oacute;nico Carl Schmitt.<sup><a href="#notas">78</a></sup> Por eso me llama la atenci&oacute;n que nuestro autor haya llevado al debate a Heller, que para muchos y sin falta de raz&oacute;n es el constitucionalista m&aacute;s importante de esa &eacute;poca. Ya que este no se limita al estudio de la norma por s&iacute; sola, y en espec&iacute;fico de la Constituci&oacute;n, alej&aacute;ndola de toda la realidad como lo hace Kelsen, sino que m&aacute;s bien la contextualiza, pero sin llegar a politizarla por completo como lo hace Schmitt. El profesor de la Universidad de la Coru&ntilde;a nos explica el motivo por el cual omite a este &uacute;ltimo, al ser generalmente admitido como el insigne constitucionalista polit&oacute;logo que se mostr&oacute; como el gran te&oacute;rico de los l&iacute;mites materiales frente a la actuaci&oacute;n de la <i>Verfassungs&auml;nderung</i>. Y aqu&iacute; est&aacute; uno de los grandes aciertos de este libro, que con el objetivo de que no se descalifiquen los argumentos sobre la existencia de los l&iacute;mites materiales a la reforma de la Constituci&oacute;n &#151;que como suele suceder con Schmitt, la descalificaci&oacute;n se da m&aacute;s en lo personal que sobre sus ideas en la construcci&oacute;n de una teor&iacute;a de la Constituci&oacute;n&#151;, Ruip&eacute;rez agrega a Heller, al tomar en consideraci&oacute;n para la elaboraci&oacute;n de este libro, la pretensi&oacute;n de responder a la l&oacute;gica de una teor&iacute;a del Estado y de la Constituci&oacute;n que tiene, tan solo, como misi&oacute;n &uacute;ltima la de contribuir a que las ideas de democracia y de libertad gocen de una positiva y real eficacia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero volviendo al cap&iacute;tulo que nos ocupa, Ruip&eacute;rez hace una aclaraci&oacute;n muy importante, al se&ntilde;alar que el pensamiento kelseniano<sup><a href="#notas">79</a></sup> debe ser tomado en su totalidad y de no de forma fragmentada, ya que solo de esta forma se puede explicar y justificar desde la cimentaci&oacute;n hist&oacute;rica y social del principio democr&aacute;tico, y desde la idea de la b&uacute;squeda de mecanismos jur&iacute;dicos que logren salvaguardar la voluntad soberana del poder constituyente frente a la actuaci&oacute;n de los poderes constituidos (p. 211).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruip&eacute;rez divide este cap&iacute;tulo en dos secciones:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">a) El formalismo kelseniano como negaci&oacute;n de la posible existencia de los l&iacute;mites materiales, y consideraciones cr&iacute;ticas sobre las consecuencias pr&aacute;cticas de esta postura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">b) El problema en la teor&iacute;a del Estado y de la Constituci&oacute;n de Herman Heller, o del concepto pol&iacute;tico de Constituci&oacute;n como justificaci&oacute;n de los l&iacute;mites materiales a la revisi&oacute;n constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la primera parte de este apartado, Ruip&eacute;rez se centra en el pensamiento de l&iacute;der de la escuela de Viena y el positivismo jur&iacute;dico. En este sector, nuestro autor apunta sobre el estado de confusi&oacute;n que se vive el actual constitucionalismo, te&oacute;rico y pr&aacute;ctico espa&ntilde;ol. Para esto se basa en Mouskehli, para criticar ese positivismo jur&iacute;dico desmedido, en la que se limitan justificar las modificaciones desde la perspectiva procedimental, olvid&aacute;ndose del elemento pol&iacute;tico. Para ello, plantea que es imposible transformar un Estado federal en una Confederaci&oacute;n mediante una ley federal, aunque esta sea una ley constitucional, ya que la creaci&oacute;n o desaparici&oacute;n de un Estado federal o la creaci&oacute;n de un nuevo Estado independiente son determinadas por el derecho internacional. Una ley estatal solo puede fijar el conjunto de requisitos necesarios al nacimiento de &oacute;rdenes jur&iacute;dicos inferiores a ella. Pero la determinaci&oacute;n de las condiciones y del momento en que tiene lugar el nacimiento o la desaparici&oacute;n de un orden estatal no tiene m&aacute;s remedio que corresponder al orden internacional (p. 226).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, los intereses de los que buscan una separatista Catalunya de Espa&ntilde;a, han sufrido un fuerte golpe, ya que la Comisi&oacute;n Europea ha pronunciado que una parte segregada de un Estado de la Uni&oacute;n Europea, no ser&aacute; miembro de esta.<sup><a href="#notas">80</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Ruip&eacute;rez, lo que han pretendido los defensores de un positivismo jur&iacute;dico efervescente, quienes apelan a la idea kelseniana de que una "norma vale como norma de derecho &uacute;nicamente porque naci&oacute; de un cierta manera, porque fue creada seg&uacute;n una regla determinada, porque fue producida con arreglo a un m&eacute;todo espec&iacute;fico". Se ha llegado incluso a afirmar que la transformaci&oacute;n del orden constitucional estatal puede llevarse a cabo sin necesidad de poner en marcha el proceso de reforma constitucional establecido, bastando, por el contrario, para ello con la entrada en vigor de una norma jur&iacute;dica ordinaria que haya sido aprobada v&aacute;lidamente desde el punto de vista formal, como fue la argumentaci&oacute;n que se dio para la aceptaci&oacute;n del Estatuto catal&aacute;n de 2006 (p. 230).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya Kelsen afirmar&iacute;a que no existe inconstitucionalidad material, lo &uacute;nico que hay es la inconstitucionalidad formal, porque las leyes no resultan inconstitucionales por contrariar los contenidos materiales de la Constituci&oacute;n, sino por ser aprobadas por el Poder Legislativo, y a trav&eacute;s de un procedimiento que no encuentra facultado para derogar a la norma fundamental. La ley ordinaria no ser&iacute;a declarada inconstitucional, si hubiera sido aprobada a trav&eacute;s del procedimiento de la reforma constitucional.<sup><a href="#notas">81</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que apunta Ruip&eacute;rez, y con toda raz&oacute;n, es que los que se inclinan por esta visi&oacute;n est&aacute;n confundiendo lo que es una mutaci&oacute;n constitucional y un fraude constitucional. La primera es un complemento a la Constituci&oacute;n, para mantenerla viva en una realidad din&aacute;mica, mientras que la segunda, lo que en verdad se trata es de una destrucci&oacute;n del orden constitucional. He aqu&iacute; el meollo del asunto, la &uacute;nica forma de poder controlar a la mutaci&oacute;n constitucional es estableci&eacute;ndole l&iacute;mites a la reforma constitucional. Considero que esa cuesti&oacute;n pasa inadvertida para los positivistas, enfrascados m&aacute;s en el an&aacute;lisis de los procedimientos, que en fortalecer a la Constituci&oacute;n es su labor de controlar el poder. Si los poderes constituidos no tienen l&iacute;mites, es imposible controlar una mutaci&oacute;n constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La contraposici&oacute;n entre realidad jur&iacute;dica (normatividad) y realidad pol&iacute;tica (facticidad) es la base de la problem&aacute;tica de las mutaciones constitucionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando hablamos de la crisis de lo normativo, del decaimiento de los mandatos absolutos, de la relativizaci&oacute;n de los valores, se pretende se&ntilde;alar la efectiva evoluci&oacute;n de la realidad social, es decir, el debilitamiento de su fuerza normativa.<sup><a href="#notas">82</a></sup> Para K&auml;gi, en un sentido m&aacute;s preciso, deber&iacute;a hablarse de desviaciones, aberraciones o t&eacute;rminos similares, ya que el verdadero valor, en otras palabras, el mandato divino, no queda afectado por ello.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; para este autor, el problema se suscita cuando la voluntad de la norma es sustituida cada vez m&aacute;s por la voluntad del poder. Es la decadencia de lo jur&iacute;dico&#45;normativo una consecuencia general de la decadencia de lo normativo en la existencia humana en comunidad. Donde la valoraci&oacute;n antes, absolutos, son vencidos por el relativismo. La din&aacute;mica de la vida moderna cuestiona a lo normativo, ocasion&aacute;ndole un descenso, en la que se reconocen una interacci&oacute;n entre factores sociol&oacute;gicos e ideol&oacute;gicos y pol&iacute;ticos que conducen a una crisis de la constituci&oacute;n normativa.<sup><a href="#notas">83</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">K&auml;gi ve la dificultad de la mutaci&oacute;n constitucional, al ser consciente que son los poderes pol&iacute;ticos quienes determinan el sentido y alcance de la alteraci&oacute;n, la figura de la mutaci&oacute;n constitucional lleva, casi forzosamente, a un desmontaje de la fuerza normativa de la Ley Fundamental.<sup><a href="#notas">84</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema de los l&iacute;mites de la mutaci&oacute;n constitucional comienza cuando la tensi&oacute;n entre facticidad y normatividad se convierte en un conflicto social, pol&iacute;tico y jur&iacute;dico que pone en peligro la misma noci&oacute;n de supremac&iacute;a constitucional, debido a que la Constituci&oacute;n, como ordenamiento normativo, es el recipiente de valores fundamentales que acoge, y como es por entero l&oacute;gico, deja de existir cuando esos valores son ignorados, quebrantados, modificados o de plano rechazados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para los positivistas insensibles a estos mecanismos de modificaci&oacute;n, establecen que la mutaci&oacute;n constitucional encuentra su l&iacute;mite en la normatividad de la Constituci&oacute;n. Sin embargo, este l&iacute;mite sigue siendo gen&eacute;rico y dif&iacute;cil de precisar, en virtud de que estar&iacute;amos en la hip&oacute;tesis de que la norma fundamental pudiera alcanzar la medida &oacute;ptima de su fuerza normativa, es decir, abarcar todas las modificaciones posibles y futuras, lo cual evidentemente no es posible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, una Constituci&oacute;n jam&aacute;s podr&aacute; abarcar la totalidad de estos fen&oacute;menos. Por tal motivo, Hesse establece que la carta magna no debe constituirse en estructuras unilaterales, ya que si esta tratase de aislarse por completo de la realidad y solamente aceptare el positivismo, los l&iacute;mites de su fuerza normativa quedar&iacute;an rebasados. Su normatividad se ver&iacute;a arrinconada por la realidad, los principios que pretende realizar se ver&iacute;an suprimidos.<sup><a href="#notas">85</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como lo mencionamos anteriormente, la mutaci&oacute;n debe ser un complemento para el Estado constitucional, no obstante, el confundirla con el fraude constitucional implicar&iacute;a negar la idea de supremac&iacute;a constitucional. Al no aceptar que existen l&iacute;mites materiales a la reforma constitucional, estamos dando pie a que todo se puede modificar e incluso las ideas de libertad y de democracia. Por tal motivo, el acierto de Ruip&eacute;rez, al poner en manifiesto que un sector de la academia y de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola, al no tratar con el debido cuidado a la <i>Verfassungs&auml;nderung</i>, y no entender que es constituido y por consecuencia limitado, est&aacute;n poniendo en peligro la vida constitucional espa&ntilde;ola. La descomposici&oacute;n del edificio constitucional implica la negaci&oacute;n de las ideas de libertad y de democracia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la segunda parte de este cap&iacute;tulo (el problema en la teor&iacute;a del Estado y de la Constituci&oacute;n de Hermann Heller, o del concepto pol&iacute;tico de Constituci&oacute;n como justificaci&oacute;n de los l&iacute;mites materiales a la revisi&oacute;n constitucional), Ruip&eacute;rez, al excluir a Schmitt en la discusi&oacute;n sobre los l&iacute;mites de la reforma constitucional, lo hace con sagacidad al adelantarse a sus posibles detractores, ya que si se basaba en los lineamientos de este &uacute;ltimo, las cr&iacute;ticas iban a ir dirigidas por aquello que en su momento se le cuestion&oacute;, por ser un te&oacute;rico al servicio del autoritarismo, argumento que ser&iacute;a utilizado para su descalificaci&oacute;n. La cr&iacute;tica se da m&aacute;s por una cuesti&oacute;n subjetiva que objetiva. Para evitar este cuestionamiento, sea por quien fundamenta la idea de los l&iacute;mites a la reforma, nuestro autor contrapone a Heller frente Kelsen. Debate que para muchos ha quedado en el olvido, pero que en estos momentos, por la realidad que atraviesa Espa&ntilde;a y muchos de los pa&iacute;ses, es importante retomar. Por eso insisto, aqu&iacute; uno de los aciertos de este libro es confrontar a Kelsen y Heller, y dejar fuera Schmitt (que es lo m&aacute;s ordinario en los textos acad&eacute;micos). En la din&aacute;mica de la discusi&oacute;n, de que debe prevalecer el deber ser (Kelsen), o el ser (Schmitt), nos introduce el ser&#45;deber ser&#45;querer ser (Heller).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La justificaci&oacute;n que hace Ruip&eacute;rez para incluir a Heller, es de lo m&aacute;s contundente, ya que los postulados que hace este son a partir de las ideas de la libertad y de la democracia. En el entendido que estas no se logran solo con un conjunto normativo, que para esto no podemos dejar de analizar el elemento pol&iacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Heller, la teor&iacute;a del Estado investiga la realidad de la vida estatal. Esta aspira a comprender al Estado en su estructura y funci&oacute;n actual, su devenir hist&oacute;rico y las tendencias de su evoluci&oacute;n. La ciencia pol&iacute;tica solo puede tener funci&oacute;n como ciencia si se admite que es capaz de ofrecer una descripci&oacute;n, interpretaci&oacute;n y cr&iacute;tica de los fen&oacute;menos pol&iacute;ticos.<sup><a href="#notas">86</a></sup> Para este autor, la realidad hist&oacute;rica es el punto de partida de la teor&iacute;a del Estado como ciencia de estructuras. Por tal motivo, no puede olvidar, en ning&uacute;n momento, que el Estado es algo que deviene; pero tampoco puede desconocer que el Estado da forma a este devenir pol&iacute;tico. En este sentido, la teor&iacute;a del Estado, en cuanto ciencia de la realidad, ha de mostrarnos el "si" y el "c&oacute;mo" existe el Estado, en cuanto unidad concreta que act&uacute;a en el tiempo y en el espacio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Heller realiza una aguda cr&iacute;tica a los postulados de Kelsen, al se&ntilde;alar que este &uacute;ltimo al contraponer el deber ser, de car&aacute;cter jur&iacute;dico, al ser, de car&aacute;cter social, sin que entre ellos exista una relaci&oacute;n, considerando al primero como un deber ser independiente de toda orden y de toda observancia, atiende &uacute;nica y unilateralmente a la normatividad, y olvida que todo el deber social se relaciona constantemente con un querer humano. Para Heller, las normas sociales no son afirmaciones te&oacute;ricas, sino exigencias dirigidas a la voluntad del hombre.<sup><a href="#notas">87</a></sup> El ser y deber ser son elementos antag&oacute;nicos que no pueden ser referidos el uno sin el otro, ni ambos a una com&uacute;n ra&iacute;z l&oacute;gica, pero si pueden ser enlazados en el concepto de la ordenaci&oacute;n normativa social. Pues un deber social que, por principio, no guardase relaci&oacute;n alguna con un ser social a que hubiera que dar forma, no ser&iacute;a en puridad, un deber ser. Para Kelsen toda norma jur&iacute;dica vigente en el Estado es una norma de derecho positivo, en la que el &uacute;nico requisito es que esta fuese aprobada a trav&eacute;s del procedimiento y formas adecuadas previamente establecidos. Para Heller, por el contrario, es necesario que adem&aacute;s la norma jur&iacute;dica aprobada re&uacute;na otras condiciones que, en este caso, son de car&aacute;cter pol&iacute;tico y material (p. 243).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Heller es consciente de que existen actores como el jurista dogm&aacute;tico, o como luego lo denomina el "jurista judicial" que cometen el error al considerar los cuerpos normativos y la jurisprudencia, como normas ideales, independientes de toda actualidad volitiva y de toda facticidad. El jurista judicial puede, f&aacute;cilmente, pasar por alto el hecho de que el precepto jur&iacute;dico concreto solo tiene validez gracias a su inclusi&oacute;n en la conexi&oacute;n sistem&aacute;tica de una jerarqu&iacute;a de poder y del orden jur&iacute;dico a ella correspondiente. Para Heller, sin el car&aacute;cter de creador de poder que el derecho entra&ntilde;a no existe ni validez jur&iacute;dica normativa ni poder estatal, pero sin el car&aacute;cter de creador de derecho que tiene el poder del Estado no existe positividad jur&iacute;dica ni Estado.<sup><a href="#notas">88</a></sup> Por tal motivo, la autoridad de la voluntad del Estado, su cualidad de poder supremo se basa en su legitimidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Heller afirma que si la unidad del Estado solo nos fuera dada realmente por la ciencia jur&iacute;dica, en el sentido que lo hace Kelsen, ser&iacute;a evidentemente inconcebible como realidad. La uni&oacute;n normativa inter&#45;individual que se da en el orden jur&iacute;dico entre voluntades individuales que en la realidad est&aacute;n disociadas, no basta para explicar la existencia del Estado. La unificaci&oacute;n volitiva, en virtud de la cual nace en el c&oacute;mo un proceso de ordenaci&oacute;n y acomodaci&oacute;n dentro de cada individuo, que se ve presionado en cada momento por la conveniencia social y en quien la educaci&oacute;n de numerosas generaciones engendra el estado habitual de una conciencia de los individuos m&aacute;s o menos clara y firme.<sup><a href="#notas">89</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Heller, la democracia es una estructura de poder construida de abajo arriba, en la que rige el principio de soberan&iacute;a del pueblo: todo poder estatal procede el pueblo. No obstante, hace la aclaraci&oacute;n de que, si bien es cierto que en la democracia existe una igualdad de oportunidades, el pueblo solo puede mandar a trav&eacute;s de una organizaci&oacute;n de dominaci&oacute;n.<sup><a href="#notas">90</a></sup> Para este autor, requerir la intervenci&oacute;n directa del cuerpo electoral para la aprobaci&oacute;n de todas las leyes, puede presentar determinados problemas en el funcionamiento ordinario del moderno Estado constitucional. El pueblo, como portador del orden estatal, determina en todas partes la voluntad del Estado. Sin embargo, esta unificaci&oacute;n de las voluntades no se transforma autom&aacute;ticamente en la voluntad del orden estatal, es necesario, al efecto, la individualizaci&oacute;n &uacute;ltima de la voluntad por las instancias del Estado. Estos organismos representativos encarnan, en s&iacute; mismos, los valores y fuerzas de la comunidad, mismos que son, a su vez, los elementos determinantes de la unidad volitiva.<sup><a href="#notas">91</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta indispensable resaltar, tal y como lo hace Ruip&eacute;rez, que Heller, al momento en que trabaja con las normas jur&iacute;dicas as&iacute; como con la realidad, no se ciega a la idea que un Parlamento represente a todo el cuerpo pol&iacute;tico. Hermann Heller es consciente que, desde el realismo pol&iacute;tico, ninguno de los gobernantes antidem&oacute;cratas que han existido a lo largo del periodo del constitucionalismo, han renunciando a conformar formalmente un Parlamento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tal motivo, para Heller, la representaci&oacute;n ya sea en el sistema parlamentario o en otro, debe concebirse como instituci&oacute;n subordinada al pueblo. De esta manera, queda excluida cualquier forma de soberan&iacute;a de los &oacute;rganos estatales, y al mismo tiempo, quedan inidentificadas la soberan&iacute;a del pueblo y la soberan&iacute;a del Estado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Heller retoma los postulados de Montesquieu, que ser&aacute;n uno de los l&iacute;mites a la <i>Verfassungs&auml;nderung</i>, al establecer de m&aacute;xima importancia que en la realidad pol&iacute;tica y en la organizaci&oacute;n democr&aacute;tica del Estado de derecho, la divisi&oacute;n de poderes y la garant&iacute;a de los derechos fundamentales sean un verdadero l&iacute;mite al poder pol&iacute;tico. Estos preceptos constitucionales deben estar debidamente asegurados a todos los individuos que forman parte del Estado.<sup><a href="#notas">92</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Heller la idea de Montesquieu no es sino un procedimiento t&eacute;cnico para transformar la <i>volont&eacute; general&eacute;</i>, la cual es portadora y creadora de los valores, en una ley cuya imperatividad no admita perturbaciones. La divisi&oacute;n de poderes, la idea de democracia, tienen como objetivo hacernos concebir la voluntad del Estado como una norma aut&oacute;noma y objetiva, en la que no desempe&ntilde;e funci&oacute;n alguna el arbitrio individual.<sup><a href="#notas">93</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruip&eacute;rez resalta que, en el marco de las concepciones del derecho constitucional de Hermann Heller, es donde el instituto de la reforma constitucional aparece en toda su magnitud, no &uacute;nicamente como mecanismo que garantiza la continuidad y vigencia de la Constituci&oacute;n, y esto solo puede entenderse en la medida en que la <i>Verfassungs&auml;nderung</i> se utiliza para que la voluntad del poder constituyente se adecue a las nuevas realidades pol&iacute;ticas, sociales y econ&oacute;micas, pero sosteniendo los mismos principios y valores que determinaron la aprobaci&oacute;n de esa Constituci&oacute;n. Es lo que define como el <i>quid</i> de asegurar el mantenimiento de la realidad constitucional (p. 252). La Constituci&oacute;n permanece a trav&eacute;s del cambio de tiempos y personas, gracias a la probabilidad de que se repita en lo futuro la conducta humana que concuerda con ella.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es a trav&eacute;s de la reforma constitucional como mecanismo de articulaci&oacute;n que se puede lograr la continuidad jur&iacute;dica del Estado, en este sentido, queda f&aacute;cilmente identificado que en la teor&iacute;a de Heller podemos encontrar la existencia de l&iacute;mites materiales a la reforma constitucional. Para este autor, la Constituci&oacute;n es la que incorpora y consagra los principios y valores del cuerpo pol&iacute;tico, o al menos los de la mayor&iacute;a de los ciudadanos del Estado. Adem&aacute;s, solo goza de una aut&eacute;ntica vigencia, y en consecuencia, &uacute;nicamente adquiere la condici&oacute;n de norma jur&iacute;dica obligatoria y vinculante para gobernantes y gobernados cuando permanece la voluntad del poder constituyente. Solo puede crearse una continuidad constitucional y estatus pol&iacute;tico, si el legislador que act&uacute;a en el proceso de reforma, se considera ligado por ciertas decisiones, normativamente objetivas, de sus predecesores. Solo mediante el elemento normativo se normaliza una situaci&oacute;n de dominaci&oacute;n actual; por eso, para Heller, una Constituci&oacute;n dura m&aacute;s all&aacute; del momento presente.<sup><a href="#notas">94</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo anterior, con una gran agudeza Ruip&eacute;rez logra demostrar el por qu&eacute; Heller es quien mejor concibe a la <i>Verfassungs&auml;nderung</i> como poder limitado, y lo m&aacute;s interesante es que este jam&aacute;s lo diga de forma expresa. No obstante, para el alem&aacute;n, la reforma constitucional es un procedimiento que es puesto en marcha por las fuerzas pol&iacute;ticas, actuando como poderes constituidos extraordinarios, materializando el cambio, pero un cambio que es obligadamente limitado y no, bajo ning&uacute;n concepto, al llevar a cabo actos revolucionarios (p. 255).</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>X. Cap&iacute;tulo VI. La soluci&oacute;n al problema: la revisi&oacute;n constitucional en la conciliaci&oacute;n de las ideas de democracia y libertad, o de la reforma como instrumento fundamental de defensa del r&eacute;gimen democr&aacute;tico</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Podemos afirmar que cuando llegamos a esta parte de la lectura del libro, como consecuencia de los cimientos elaborados en los cap&iacute;tulos que le anteceden a este, nos resulta f&aacute;cil y comprensible, adem&aacute;s de convincente la visi&oacute;n de Ruip&eacute;rez.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A ra&iacute;z de toda la construcci&oacute;n conceptual que realiz&oacute; el autor en los anteriores cap&iacute;tulos, logra llegar a la conclusi&oacute;n de que entre la problem&aacute;tica de los l&iacute;mites materiales a la reforma, en la confrontaci&oacute;n de la kelseniana teor&iacute;a pura del derecho y del Estado, y la helleriana teor&iacute;a del Estado y de la Constituci&oacute;n, la soluci&oacute;n m&aacute;s adecuada y correcta, aunque sea t&aacute;citamente, es la que aporta Heller. Ya que este autor parte de la idea de que la Constituci&oacute;n es la expresi&oacute;n normativa de la voluntad de un pueblo que, soberano, impone su voluntad a todos, incluidos, y ante todo y sobre todo, a los poderes constituidos que, creados y ordenados por la decisi&oacute;n soberana del pueblo, han de desarrollar toda su actividad con respecto a las decisiones normativizadas del poder constituyente. En este sentido, y siguiendo los lineamientos de Pedro de Vega, Ruip&eacute;rez asienta que el poder de reforma, que, aunque extraordinario por el hecho de ejercer una facultad constituyente (por modificar la Constituci&oacute;n) no deja de ser un poder creado y ordenado por la norma fundamental. Por tal motivo, este tiene l&iacute;mites tanto formales como materiales (p. 260).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como acertadamente explica Ruip&eacute;rez, existe un acuerdo un&aacute;nime, entre los autores del positivismo jur&iacute;dico democr&aacute;tico y los del antiformalismo jur&iacute;dico tambi&eacute;n democr&aacute;tico, en relaci&oacute;n a la <i>Verfassungs&auml;nderung</i>. La cual, desde su origen hist&oacute;rico, se considera como un mecanismo jur&iacute;dico&#45;pol&iacute;tico para poder conciliar adecuadamente las consecuencias que se derivan del principio democr&aacute;tico y del principio de supremac&iacute;a constitucional en el marco de la dial&eacute;ctica est&aacute;tica&#45;din&aacute;mica constitucionales (p. 261).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al estilo de Pedro de Vega, Ruip&eacute;rez plantea la necesidad de hacer valer, conforme el principio democr&aacute;tico, la suprema autoridad del pueblo frente a la autoridad del gobernante, no ofrece otra posibilidad ni otra alternativa que la de establecer, por el propio pueblo, una ley superior que es la Constituci&oacute;n, que obligue por igual a gobernantes y gobernados. En contraposici&oacute;n a los poderes constituidos, ordenados y limitados en la propia Constituci&oacute;n, aparece de este modo, como poder, ilimitado y total el poder constituyente.<sup><a href="#notas">95</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta parte del libro, Ruip&eacute;rez se centra en el modo en que la reforma constitucional es concebida como el instrumento t&eacute;cnico id&oacute;neo para solucionar el que, sin duda alguna, ha sido el gran problema en orden a la organizaci&oacute;n de la comunidad pol&iacute;tica. Es la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo lograr superar las antinomias que se derivan de las ideas puras de la democracia y libertad, que ha sido el debate constante dentro del pensamiento pol&iacute;tico democr&aacute;tico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruip&eacute;rez al mejor estilo de su maestro De Vega, se remonta a los cl&aacute;sicos, en espec&iacute;fico la doctrina hel&eacute;nica, empezando por Sol&oacute;n, Pis&iacute;strato, Cl&iacute;stenes, Tem&iacute;stocles y Efialtes, llegando a Pericles, Plat&oacute;n, Jenofonte, Teofrasto, y cerrando con Arist&oacute;teles. A este &uacute;ltimo es quien podemos considerar al primer constitucionalista, ya que &eacute;l nos define la Constituci&oacute;n como la ordenaci&oacute;n de todas las magistraturas.<sup><a href="#notas">96</a></sup> Adem&aacute;s, se puede decir que fue el primero en hacer un estudio de derecho comparado en su obra <i>La Constituci&oacute;n de Atenas</i>.<sup><a href="#notas">97</a></sup> Para Arist&oacute;teles, la relevancia que juega el papel de la norma, en la ordenaci&oacute;n de la <i>polis</i>. Es el primero en poner una categor&iacute;a a las normas entre los <i>nomoi</i> y <i>psefismata</i>. Las primeras son las que dan los dioses a los individuos y que estos no pueden modificar, y las segundas son las se dan los hombres para ellos mismos, y que pueden modificar, adem&aacute;s de que las segundas no pueden contravenir a las primeras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los <i>nomoi</i> se pueden, de manera esencial, porque se presentan como las normas que, en cuanto afectan a la estructura de la <i>polis</i>, contiene los impl&iacute;citos elementos que definen la comunidad pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Arist&oacute;teles establece la importancia de la Constituci&oacute;n al momento de describir sus formas de democracia, y el papel que la norma constitucional tiene, donde al &uacute;ltimo las resume en dos. Si la democracia se somete a la ley o la norma es <i>politeia</i> o lo que podemos considerar como la democracia constitucional; en sentido contrario, si la democracia no se somete a la ley, es lo que considera como la forma impura y es la que utilizan los demagogos.<sup><a href="#notas">98</a></sup> Para el fil&oacute;sofo griego, el exceso de democracia tambi&eacute;n es tiran&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Acertadamente, Ruip&eacute;rez afirma que la idea de irreformabilidad de la <i>Lex Superior</i> de la comunidad pol&iacute;tica, surge en este contexto, y aunque Arist&oacute;teles plante&oacute; con cierta ambig&uuml;edad lo relacionado con los <i>nomoi</i>, no obstante, forzosamente tendr&iacute;a que haberle llevado a concluir en la proclamaci&oacute;n de la inmutabilidad de las mismas. Es lo que siglos despu&eacute;s, Hauriou encajar&iacute;a en esa superlegalidad constitucional, la cual no podr&aacute; ser lesionada nunca y deber&aacute; quedar inmune a la acci&oacute;n de la reforma (p. 273).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruip&eacute;rez en este apartado, no deja de analizar la legitimidad democr&aacute;tica con la que debe contar un texto constitucional, sin dejar fuera los posibles l&iacute;mites que tiene la reforma constitucional. Nuestro autor lo hace con gran tino, desde el pensamiento rousseauniano, ya que el objetivo de las modificaciones no pueden tener otra finalidad que la de asegurar la vigencia y efectividad del C&oacute;digo constitucional, al permitir tanto su adecuaci&oacute;n a la cambiante realidad social subyacente, como la correcci&oacute;n de los posibles errores t&eacute;cnicos que aquel pudiera contener y cuyo mantenimiento pudiera deparar. Incluso, la disoluci&oacute;n del cuerpo pol&iacute;tico, estas reformas han de verificarse con el m&aacute;s absoluto respeto a las estipulaciones contenidas en el pacto social por el que naci&oacute;, o se refund&oacute;, la comunidad pol&iacute;tica, por lo cual, se convierte en un l&iacute;mite material absoluto, e insalvable, para la actuaci&oacute;n del poder reforma. Para Ruip&eacute;rez hay que distinguir entre "cambio <i>de</i> Constituci&oacute;n" y "cambio <i>en</i> la Constituci&oacute;n" (p. 280).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruip&eacute;rez llega a la conclusi&oacute;n de que todo lo anterior se puede traducir en que el pueblo, como titular de la soberan&iacute;a y actuando como poder revolucionario omnipotente, es en realidad libre para cuando sea el momento propicio de proceder a la apertura de un proceso constituyente (ya consideramos que la Espa&ntilde;a actual no se encuentra en esa situaci&oacute;n). Sin embargo, es totalmente distinto a los poderes constituidos, ya que si lo pretendieran, lo que realmente estar&iacute;an haciendo es un fraude constitucional. En otras palabras, al utilizar el poder de reforma para modificar los principios o valores instituidos por el <i>Pouvior Constituant</i>, se estar&iacute;a efectuando un acto revolucionario, con lo que se crear&iacute;a un r&eacute;gimen pol&iacute;tico y constitucional nuevo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tal motivo, Ruip&eacute;rez establece la obligatoriedad de admitir la existencia de l&iacute;mites materiales absolutos a la reforma, y con independencia de que los mismos se encuentren, o no, en una cl&aacute;usula de intangibilidad. La <i>Verfassungs&auml;nderung</i> debe ser el mecanismo primero y m&aacute;s importante en defensa de la Constituci&oacute;n y de la democracia. La reforma constitucional debe ser un tema central en la discusi&oacute;n del derecho constitucional, por el contexto pol&iacute;tico, social y econ&oacute;mico, en el que la libertad de los ciudadanos se ve gravemente acosada por los intereses del gran capital internacional, y en el que las fuerzas pol&iacute;ticas mayoritarias afirman la necesidad de abordar una segunda transici&oacute;n pol&iacute;tica espa&ntilde;ola, donde quieren poner en duda la funcionalidad del texto constitucional de 1978. Ya que algunos dicen funcionar bajo la legalidad de este texto y, sin embargo, al mismo tiempo las fuerzas del nacionalismo conservador del &aacute;mbito regional, empiezan a negar su propia legitimidad, donde pretenden desacreditarla a un simple tratado internacional que regular&iacute;a la confederaci&oacute;n de los pueblos ib&eacute;ricos. Por tal motivo, Ruip&eacute;rez se cuestiona si tiene sentido proceder a la revisi&oacute;n constitucional o s&iacute;, por el contrario, lo que habr&iacute;a de hacerse es abrir un nuevo proceso constituyente espa&ntilde;ol o ib&eacute;rico (p. 292).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruip&eacute;rez termina esta monograf&iacute;a con un comentario sobre lo anterior, que es &uacute;til no solo a los constitucionalistas de Espa&ntilde;a, sino que lo debemos de tomar en cuenta cualquiera que se considere medianamente estudioso del derecho constitucional. Nos podemos decantar por una u otra alternativa, los que no crean en la realidad jur&iacute;dica y pol&iacute;tica, son que se limitan a tratar de hacerla comprensible, y que est&aacute;n obligados a mantenerse siempre en el plano de la cr&iacute;tica inmanente, pero no poner en cuesti&oacute;n el principio de legitimidad sobre el que se cimienta el propio ordenamiento constitucional que estudian, lo &uacute;nico que podr&aacute;n hacer ser&aacute; denunciar la existencia de una realidad inconstitucional, pero bajo ning&uacute;n supuesto llevar a cabo la revoluci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez que hemos analizado la monograf&iacute;a de Ruip&eacute;rez, llegamos a la conclusi&oacute;n de que es un libro que trata un problema actual dentro del derecho constitucional, acerca de los l&iacute;mites materiales a la reforma constitucional. Aunque el libro, en un primer momento, pudiera encaminarnos a un estudio sobre la revoluci&oacute;n, una vez adentrados, resulta todo lo contrario, ya que nuestro autor, haciendo gala de sus conocimientos sobre la teor&iacute;a constitucional, lo que pretende es evitar este fen&oacute;meno. Adem&aacute;s exhibe una problem&aacute;tica mayor dentro del constitucionalismo espa&ntilde;ol: alg&uacute;n sector que desconoce el real funcionamiento, as&iacute; como el objetivo de la reforma constitucional, pretende realizar actos revolucionarios m&aacute;s o menos encubiertos, al intentar modificar los principios y valores que el constituyente espa&ntilde;ol puso en el ordenamiento constitucional de 1978.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>XI. Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Arag&oacute;n Reyes, Manuel, <i>Constituci&oacute;n y democracia</i>, Madrid, Tecnos, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497928&pid=S1405-9193201400020001600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Arendt, Hannah, <i>Sobre la revoluci&oacute;n</i>, Madrid, Alianza Editorial, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497930&pid=S1405-9193201400020001600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Arist&oacute;teles, <i>La Constituci&oacute;n de Atenas</i>, 3a. ed., Madrid, Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497932&pid=S1405-9193201400020001600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, <i>La pol&iacute;tica</i>, 6a. ed., Madrid, Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497934&pid=S1405-9193201400020001600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Attili, Antonella, "Derecho y poder en la crisis de la soberan&iacute;a", <i>Revista de Estudios Pol&iacute;ticos</i>, Madrid, n&uacute;m. 103, enero&#45;marzo de 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497936&pid=S1405-9193201400020001600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bidart Campos, Germ&aacute;n J. y Carnota, Walter F., <i>Derecho constitucional comparado</i>, Buenos Aires, Sociedad An&oacute;nima Editora, Comercial, Industrial y Financiera, 2001, t. I.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497938&pid=S1405-9193201400020001600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bluntschli, Johann Casparr, <i>Staats und Rechtsgeschicte der Stadt und Landschaft Z&uuml;richs</i>, Zurich, Orell, F&uuml;ssli und Compagnie, 1838.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497940&pid=S1405-9193201400020001600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabo Mart&iacute;n, Carlos de, <i>La reforma constitucional en la perspectiva de las fuentes del derecho</i>, Madrid, Trotta, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497942&pid=S1405-9193201400020001600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Carpizo, Jorge, <i>Estudios constitucionales</i>, 3a. ed., M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497944&pid=S1405-9193201400020001600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Carr&eacute; de Malberg, R., <i>Teor&iacute;a general del Estado</i>, 2a. ed., M&eacute;xico, FCE, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497946&pid=S1405-9193201400020001600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Constant, Benjamin, <i>Escritos pol&iacute;ticos</i>, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497948&pid=S1405-9193201400020001600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Da&uuml;&#45;Lin, Hsu, <i>Mutaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n</i>, Bilbao, Instituto Vasco de Administraci&oacute;n P&uacute;blica, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497950&pid=S1405-9193201400020001600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Encinas, Joaqu&iacute;n de, <i>La tradici&oacute;n espa&ntilde;ola y la revoluci&oacute;n</i>, Madrid, Ediciones RIALP, 1958.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497952&pid=S1405-9193201400020001600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fern&aacute;ndez de Velasco y Calvo, Recaredo, <i>El derecho de revoluci&oacute;n y la revoluci&oacute;n conforme a derecho</i>, Madrid, Imprenta Art&iacute;stica Espa&ntilde;ola, 1914.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497954&pid=S1405-9193201400020001600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gonz&aacute;lez Casanova, J. A., "La idea de Constituci&oacute;n en Karl Loewenstein", <i>Revista de Estudios Pol&iacute;ticos</i>, Madrid, n&uacute;m. 139, 1965.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497956&pid=S1405-9193201400020001600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Habermas, J&uuml;rgen, <i>Facticidad y validez. Sobre el derecho y el Estado democr&aacute;tico de derecho en t&eacute;rminos de teor&iacute;a del discurso</i>, 6a. ed., Madrid, Trotta, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497958&pid=S1405-9193201400020001600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hamilton, Madison and Jay, <i>The Federalist</i>, The University of Texas, 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497960&pid=S1405-9193201400020001600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Heller, Hermann, <i>La soberan&iacute;a</i>, 2a. ed., M&eacute;xico, FCE, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497962&pid=S1405-9193201400020001600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, <i>Teor&iacute;a del Estado</i>, 9a. reimpr., M&eacute;xico, FCE, 1983.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497964&pid=S1405-9193201400020001600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hesse, Konrad, <i>Escritos de derecho constitucional</i>, 2a. ed., Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497966&pid=S1405-9193201400020001600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jellinek, Georg, <i>Reforma y mutaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n</i>, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497968&pid=S1405-9193201400020001600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, <i>Teor&iacute;a general del Estado</i>, M&eacute;xico, FCE, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497970&pid=S1405-9193201400020001600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">K&auml;gi, Werner, <i>La Constituci&oacute;n como ordenamiento jur&iacute;dico fundamental del Estado, investigaciones sobre las tendencias desarrolladas en el moderno derecho constitucional</i>, Madrid, Dykinson, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497972&pid=S1405-9193201400020001600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kelsen, Hans, <i>Esencia y valor de la democracia</i>, 2a. ed., M&eacute;xico, Colof&oacute;n, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497974&pid=S1405-9193201400020001600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, <i>Teor&iacute;a general del Estado</i>, 15a. ed., Madrid, Editora Nacional, 1979.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497976&pid=S1405-9193201400020001600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lassalle, Ferdinand, &#191;Qu&eacute; es una Constituci&oacute;n?, Barcelona, Ariel, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497978&pid=S1405-9193201400020001600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Loewenstein, Karl, <i>Teor&iacute;a de la Constituci&oacute;n</i>, 4a. reimpr., Barcelona, Ariel, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497980&pid=S1405-9193201400020001600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lojendo, Ignacio Mar&iacute;a de, <i>El derecho de revoluci&oacute;n</i>, Madrid, Editorial Revista de Derecho Privado, 1941.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497982&pid=S1405-9193201400020001600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">L&oacute;pez Gonz&aacute;lez, Jos&eacute; Luis, <i>El refer&eacute;ndum en el sistema espa&ntilde;ol de participaci&oacute;n pol&iacute;tica</i>, Valencia, Universidad Polit&eacute;cnica de Valencia, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497984&pid=S1405-9193201400020001600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Maquiavelo, Nicol&aacute;s, <i>Discursos sobre la primera d&eacute;cada de Tito Livio</i>, Madrid, Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497986&pid=S1405-9193201400020001600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Montesquieu, <i>Del esp&iacute;ritu de las leyes</i>, 5a. ed., Madrid, Tecnos, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497988&pid=S1405-9193201400020001600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Negri, Antonio, <i>El poder constituyente. Ensayo sobre las alternativas de la modernidad</i>, Madrid, Prodhuf, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497990&pid=S1405-9193201400020001600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Paine, Thomas, <i>Los derechos del hombre</i>, 2a. ed., M&eacute;xico, FCE, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497992&pid=S1405-9193201400020001600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;rez Royo, Javier, <i>La reforma de la Constituci&oacute;n</i>, Madrid, Congreso de los Diputados, 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497994&pid=S1405-9193201400020001600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Portillo Vald&eacute;s, Jos&eacute; Mar&iacute;a, <i>Revoluci&oacute;n de naci&oacute;n, or&iacute;genes de la cultura constitucional en Espa&ntilde;a, 1780&#45;1812</i>, Madrid, Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497996&pid=S1405-9193201400020001600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rohden, Peter Richard, <i>Robespierre, Die Trag&ouml;die des politischen Ideologen,</i> Holle &amp; Co. Berl&iacute;n, 1935.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2497998&pid=S1405-9193201400020001600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rousseau, Jean&#45;Jacques, <i>El contrato social</i>, Barcelona, Grandes Pensadores, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2498000&pid=S1405-9193201400020001600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruip&eacute;rez, Javier, <i>El constitucionalismo democr&aacute;tico en los tiempos de la globalizaci&oacute;n, reflexiones rousseaunianas en defensa del Estado constitucional democr&aacute;tico y social</i>, M&eacute;xico, UNAM, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2498002&pid=S1405-9193201400020001600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "Estudio preliminar", en Roura, S. y Tajadura, J., <i>La reforma constitucional, la organizaci&oacute;n territorial del Estado, la Uni&oacute;n Europea y la igualdad de g</i>&eacute;nero, Madrid, Biblioteca Nueva, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2498004&pid=S1405-9193201400020001600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Schmitt, Carl, "Sobre el parlamentarismo", <i>Te&oacute;logo de la pol&iacute;tica</i>, M&eacute;xico, FCE, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2498006&pid=S1405-9193201400020001600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, <i>Teor&iacute;a de la Constituci&oacute;n</i>, Madrid, Alianza, 1982.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2498008&pid=S1405-9193201400020001600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; y Kelsen, Hans, <i>La pol&eacute;mica Schmitt&#45;Kelsen sobre la justicia constitucional: el defensor de la Constituci&oacute;n</i> versus <i>&#191;qui&eacute;n debe ser el defensor de la Constituci&oacute;n?</i>, Madrid, Tecnos, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2498010&pid=S1405-9193201400020001600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siey&egrave;s, Emmanuel J., <i>&#191;Qu&eacute; es el tercer Estado?</i>, 3a. ed., M&eacute;xico, UNAM, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2498012&pid=S1405-9193201400020001600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Smend, Rudolf, <i>Constituci&oacute;n y derecho constitucional</i>, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2498014&pid=S1405-9193201400020001600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vega Garc&iacute;a, Pedro de, "La democracia como proceso (consideraciones en torno al republicanismo de Maquiavelo)", <i>Revista de Estudios Pol&iacute;ticos</i>, Madrid, n&uacute;m. 120, abril&#45;junio de 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2498016&pid=S1405-9193201400020001600045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, <i>La reforma constitucional y la problem&aacute;tica del poder constituyente</i>, 5a. ed., Madrid, Tecnos, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2498018&pid=S1405-9193201400020001600046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "Mundializaci&oacute;n y derecho constitucional, la crisis del principio democr&aacute;tico en el constitucionalismo actual", <i>Revista de Estudios Pol&iacute;ticos</i>, Madrid, n&uacute;m. 100, abril&#45;junio de 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2498020&pid=S1405-9193201400020001600047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wong Meraz, V&iacute;ctor Alejandro, <i>Constituci&oacute;n mexicana, reforma y mutaci&oacute;n</i>, M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2498022&pid=S1405-9193201400020001600048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "El refer&eacute;ndum constitucional como poder constituido", en Le&oacute;n Bastos, Carolina y Wong Meraz, V&iacute;ctor Alejandro (coords.), <i>Teor&iacute;a de la Constituci&oacute;n. Estudios en Homenaje al doctor Jorge Carpizo en Madrid</i>, M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2498024&pid=S1405-9193201400020001600049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "Los derechos fundamentales y humanos como l&iacute;mite a la reforma constitucional, desde una perspectiva democr&aacute;tica y human&iacute;stica", en Cervantes Bravo, Irina y Wong Meraz, V&iacute;ctor Alejandro (coords.), <i>Temas de control de constitucionalidad y convencionalidad en M&eacute;xico</i>, M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 2013.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2498026&pid=S1405-9193201400020001600050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>*  </sup>Agradezco los comentarios de los maestros Juan Luis Sosa y Gustavo Mena Escobar, para la elaboraci&oacute;n de este estudio cr&iacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1  </sup>Esta memoria se present&oacute; en la Facultad de Derecho de la Universidad Central (posteriormente Universidad Complutense de Madrid) para obtener el grado de doctor el 10 de diciembre de 1912. Entre los que forman el tribunal, aparece como vocal Adolfo Posada quien posteriormente publicar&iacute;a el libro <i>Reforma constitucional</i> en 1931.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2  </sup>Fern&aacute;ndez de Velasco y Calvo, Recaredo, <i>El derecho de revoluci&oacute;n y la revoluci&oacute;n conforme a derecho</i>, Madrid, Imprenta Art&iacute;stica Espa&ntilde;ola, 1914, p. 158.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3  </sup><i>Ibidem</i>, p. 170.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4  </sup><i>Ibidem</i>, p. 193.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5  </sup>Lojendo, Ignacio Mar&iacute;a de, <i>El derecho de revoluci&oacute;n</i>, Madrid, Editorial Revista de Derecho Privado, 1941.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6  </sup><i>Ibidem</i>, p. 178.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7  </sup><i>Ibidem</i>, p. 179.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8  </sup>Encinas, Joaqu&iacute;n de, <i>La tradici&oacute;n espa&ntilde;ola y la revoluci&oacute;n</i>, Madrid, Ediciones RIALP, 1958, p. 13.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9  </sup><i>Ibidem</i>, p. 289.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10  </sup><i>Ibidem</i>, pp. 75 y ss.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11  </sup>Montesquieu o Hume, y otros prensadores del siglo de las luces, hab&iacute;an observado que el lastre que sosten&iacute;a Espa&ntilde;a era por su fanatismo cat&oacute;lico y la clericracia; adem&aacute;s de factores como la escasa actividad comercial. Portillo Vald&eacute;s, Jos&eacute; Mar&iacute;a, <i>Revoluci&oacute;n de</i> <i>naci&oacute;n, or&iacute;genes de la cultura constitucional en Espa&ntilde;a, 1780&#45;1812</i>, Madrid, Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales, 2000, p. 13.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12  </sup>Encinas, Joaqu&iacute;n de, <i>op. cit</i>., p. 293.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13  </sup><i>Ibidem</i>, p. 299.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14  </sup>Arendt, Hannah, <i>Sobre la revoluci&oacute;n</i>, Madrid, Alianza Editorial, 2009, pp. 56 y 57.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15  </sup><i>Ibidem</i>, pp. 44 y 45.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16  </sup>Paine, Thomas, <i>Los derechos del hombre</i>, 2a. ed., M&eacute;xico, FCE, 1996, p. 7.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17  </sup>Arendt, Hannah, <i>op. cit</i>., p. 47.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18  </sup>Heller, Hermann, <i>La soberan&iacute;a</i>, 2a. ed., M&eacute;xico, FCE, 1995, p. 85.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19  </sup>Vega Garc&iacute;a, Pedro de, "La democracia como proceso (consideraciones en torno al republicanismo de Maquiavelo)", <i>Revista de Estudios Pol&iacute;ticos</i>, Madrid, n&uacute;m. 120, abril&#45;junio de 2003, p. 13.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20  </sup>Jellinek, Georg, <i>Teor&iacute;a general del Estado</i>, M&eacute;xico, FCE, 2000, pp. 313 y 314.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21  </sup>Attili, Antonella, "Derecho y poder en la crisis de la soberan&iacute;a", <i>Revista de Estudios Pol&iacute;ticos</i>, Madrid, n&uacute;m. 103, enero&#45;marzo de 1999, p. 283.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22  </sup>Ruip&eacute;rez, Javier, <i>El constitucionalismo democr&aacute;tico en los tiempos de la globalizaci&oacute;n, reflexiones rousseaunianas en defensa del Estado constitucional democr&aacute;tico y social</i>, M&eacute;xico, UNAM, 2005, p. 72.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23  </sup>Maquiavelo, Nicol&aacute;s, <i>Discursos sobre la primera d&eacute;cada de Tito Livio</i>, Madrid, Alianza, pp. 170 y 171.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24  </sup>Gonz&aacute;lez Casanova, J. A., "La idea de Constituci&oacute;n en Karl Loewenstein", <i>Revista de Estudios Pol&iacute;ticos</i>, Madrid, n&uacute;m. 139, 1965, p. 215.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25  </sup>Negri, Antonio, <i>El poder constituyente. Ensayo sobre las alternativas de la modernidad</i>, Madrid, Prodhuf, 1994, p. 19.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26  </sup><i>Ibidem</i>, p. 45.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27  </sup>Arendt, Hannah, <i>op. cit</i>., p. 25.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28  </sup>Maquiavelo, Nicol&aacute;s, <i>Discursos</i>&#8230;, <i>cit</i>., p. 172.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29  </sup>Vega Garc&iacute;a, Pedro de, "La democracia como proceso"&#8230;, <i>cit</i>., p. 21.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30  </sup>Arendt, Hannah, <i>op. cit</i>., p. 48.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31  </sup>Desde esta perspectiva, no podemos denominar Revoluci&oacute;n mexicana al movimiento de 1910, pues no implic&oacute; un cambio fundamental de esencia en las estructuras econ&oacute;micas. Fue un movimiento que en dicho a&ntilde;o tuvo la finalidad pol&iacute;tica doble: derrocar al dictador y llevar a la Constituci&oacute;n de 1857 el principio de no&#45;reelecci&oacute;n. Sin embargo, en 1913 este movimiento se convierte en social y fue efectuado por el pueblo. Es en este momento en que el movimiento se convierte en una verdadera revoluci&oacute;n. Carpizo, Jorge, <i>Estudios constitucionales</i>, 3a. ed., M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 1991, pp. 47 y ss.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32  </sup>Arendt, Hannah, <i>op. cit</i>., p. 63.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33  </sup><i>Ibidem</i>, p. 63. El mejor ejemplo de esto lo tenemos en la Revoluci&oacute;n francesa, los hijos que incitaron la revoluci&oacute;n terminaron siendo devorados por esta, como es el caso de Robespierre, con su r&eacute;gimen del terror, donde sentenci&oacute; a sus compa&ntilde;eros de movimiento Danton y H&eacute;bert. Sin embargo, a la postre, esta criatura antijur&iacute;dica terminar&iacute;a devorando al mismo Robespierre; por tal motivo, son ejemplificadoras las palabras de este: "los carniceros de hoy, ser&aacute;n las reses del ma&ntilde;ana". Rohden, Peter Richard, <i>Robespierre, Die Trag&ouml;die des politischen Ideologen,</i> Holle &amp; Co. Berl&iacute;n, 1935, pp. 456 y ss. Otro ejemplo m&aacute;s reciente, e igualmente revelador, lo tenemos en M&eacute;xico con la revoluci&oacute;n que origin&oacute; la Constituci&oacute;n de 1917: Venustiano Carranza, Emiliano Zapata y Francisco Villa fueron devorados por este poder.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34  </sup><a href="http://lema.rae.es/drae/?val=versus" target="_blank">http://lema.rae.es/drae/?val=versus</a>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35  </sup>De acuerdo con Sol&oacute;n, no se puede determinar cu&aacute;l es la mejor Constituci&oacute;n que ha existido, ya que eso var&iacute;a de acuerdo al tiempo y lugar en que surgi&oacute; este ordenamiento. Arist&oacute;teles, <i>La pol&iacute;tica</i>, 6a. ed., Madrid, Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales, 2003, pp. 166 y ss.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>36  </sup>Bluntschli, Johann Casparr, <i>Staats und Rechtsgeschicte der Stadt und Landschaft Z&uuml;richs</i>, Zurich, Orell, F&uuml;ssli und Compagnie, 1838, pp. 20 y ss.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>37  </sup>Smend, Rudolf, <i>Constituci&oacute;n y derecho constitucional</i>, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1984, p. 99.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>38  </sup>Hesse, Konrad, <i>Escritos de derecho constitucional</i>, 2a. ed., Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1992, p. 71.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>39  </sup>Loewenstein, Karl, <i>Teor&iacute;a de la Constituci&oacute;n</i>, 4a. reimpr., Barcelona, Ariel, 1986, p. 153.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>40  </sup>Jellinek, Georg, <i>Reforma y mutaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n</i>, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1991, pp. 6 y 7.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>41  </sup>Vega Garc&iacute;a, Pedro de, <i>La reforma constitucional y la problem&aacute;tica del poder constituyente</i>, 5a. ed., Madrid, Tecnos, 2000, p. 64.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>42  </sup>Heller, Hermann, <i>Teor&iacute;a del Estado</i>, 9a. reimpr., M&eacute;xico, FCE, 1983, p. 120.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>43  </sup>Lassalle, Ferdinand, <i>&#191;Qu&eacute; es una Constituci&oacute;n?</i>, Barcelona, Ariel, 1984, pp. 92 y ss.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>44  </sup>El autor deja en claro que esta comprensi&oacute;n la aprendi&oacute; de su dilecto maestro Pedro de Vega, en la misma sinton&iacute;a con los planteamientos de Heller, Smend, Loewenstein, Schmitt, Mortati y Hesse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>45  </sup>Heller, Hemann, <i>Teor&iacute;a</i>&#8230;, <i>cit</i>., p. 269.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>46  </sup><i>Ibidem</i>, p. 268.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>47  </sup>Smend, Rudolf, <i>op. cit</i>., pp. 57 y ss.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>48  </sup>Wong Meraz, V&iacute;ctor Alejandro, <i>Constituci&oacute;n mexicana, reforma y mutaci&oacute;n</i>, M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 2010, p. 122.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>49  </sup>Sin embargo, se puede considerar que quien mejor trata el tema de las mutaciones constitucionales y su tipolog&iacute;a es Hsu Da&uuml;&#45;Lin, un disc&iacute;pulo de Smend, quien, al igual que este, afirma que la Constituci&oacute;n consiste en una regulaci&oacute;n jur&iacute;dica del Estado como totalidad vital, y no significa la suma de normas jur&iacute;dicas individuales y heterog&eacute;neas en una enumeraci&oacute;n uniforme; entonces, las mutaciones pueden surgir de diversas formas, puesto que el significado de la mutaci&oacute;n ha de ser diferente en cada caso. Para este autor, las mutaciones son un complemento al sistema constitucional. Da&uuml;&#45;Lin, Hsu, <i>Mutaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n</i>, Bilbao, Instituto Vasco de Administraci&oacute;n P&uacute;blica, 1984, pp. 175 y ss.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>50  </sup>L&oacute;pez Gonz&aacute;lez, Jos&eacute; Luis, <i>El refer&eacute;ndum en el sistema espa&ntilde;ol de participaci&oacute;n pol&iacute;tica</i>, Valencia, Universidad Polit&eacute;cnica de Valencia, 2005, pp. 20 y 21.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>51  </sup>Para Pedro de Vega, la conexi&oacute;n del principio democr&aacute;tico de soberan&iacute;a popular con los sistemas de garant&iacute;as, declaraci&oacute;n de derechos y divisi&oacute;n de poderes, propios de la concepci&oacute;n liberal, y su obligada consideraci&oacute;n como fronteras a la acci&oacute;n de reforma, no tiene, por supuesto, una mera significaci&oacute;n abstracta, producto de la elaboraci&oacute;n te&oacute;rica. Una somera referencia a lo que los franceses llaman fraude constitucional permitir&aacute; comprender la transcendencia que para la vida y el proceso real del Estado constitucional posee la problem&aacute;tica de los l&iacute;mites impl&iacute;citos materiales. Y es que bajo la f&oacute;rmula fraude constitucional se entiende la utilizaci&oacute;n del procedimiento de reforma para, sin romper con el sistema de legalidad establecido, proceder a la creaci&oacute;n de un nuevo r&eacute;gimen pol&iacute;tico y un ordenamiento constitucional diferente. Su referencia es importante, porque ilustra con extraordinaria practicidad sobre el significado, el valor y hasta la necesidad de reconocer l&iacute;mites impl&iacute;citos materiales en cualquier operaci&oacute;n de revisi&oacute;n constitucional. Vega Garc&iacute;a, Pedro de, <i>La reforma constitucional</i>&#8230;, <i>cit</i>., pp. 291 y ss.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>52  </sup>P&eacute;rez Royo, Javier, <i>La reforma de la Constituci&oacute;n</i>, Madrid, Congreso de los Diputados, 1987, p. 79.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>53  </sup><i>Ibidem</i>, p. 104.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>54  </sup>Wong Meraz, V&iacute;ctor Alejandro, "Los derechos fundamentales y humanos como l&iacute;mite a la reforma constitucional, desde una perspectiva democr&aacute;tica y human&iacute;stica", en Cervantes Bravo, Irina y Wong Meraz, V&iacute;ctor Alejandro (coords.), <i>Temas de control de constitucionalidad y convencionalidad en M&eacute;xico</i>, M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 2013, pp. 250 y ss.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>55  </sup>Ruip&eacute;rez, Javier, "Estudio preliminar", en Roura, S. y Tajadura, J., <i>La reforma constitucional, la organizaci&oacute;n territorial del Estado, la Uni&oacute;n Europea y la igualdad de g&eacute;nero</i>, Madrid, Biblioteca Nueva, 2005, p. 157.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>56  </sup>Wong Meraz, V&iacute;ctor Alejandro, <i>Constituci&oacute;n mexicana</i>&#8230;, <i>cit</i>., p. 98.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>57  </sup>Constant, Benjamin, <i>Escritos pol&iacute;ticos</i>, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1989, pp. 282 y ss.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>58  </sup>Siey&egrave;s, Emmanuel J., <i>&#191;Qu&eacute; es el tercer Estado?</i>, 3a. ed., M&eacute;xico, UNAM, 1989, pp. 77 y ss.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>59  </sup>Hamilton, Madison and Jay, <i>The Federalist</i>, The University of Texas, 1974, p. 150.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>60  </sup>Carr&eacute; de Malberg, R., <i>Teor&iacute;a general del Estado</i>, 2a. ed., M&eacute;xico, FCE, 1988, pp. 936 y ss.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>61  </sup>Vega Garc&iacute;a, Pedro de, <i>La reforma constitucional</i>&#8230;, <i>cit</i>., p. 26.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>62  </sup>Montesquieu, <i>Del esp&iacute;ritu de las leyes</i>, 5a. ed., Madrid, Tecnos, 2000, pp. 113 y ss.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>63  </sup>Heller, Hermann, <i>Teor&iacute;a</i>&#8230;, <i>cit</i>., p. 87.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>64  </sup>Vega Garc&iacute;a, Pedro de, "Mundializaci&oacute;n y derecho constitucional, la crisis del principio democr&aacute;tico en el constitucionalismo actual", <i>Revista de Estudios Pol&iacute;ticos</i>, Madrid, n&uacute;m. 100, abril&#45;junio de 1998, p. 34.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>65  </sup>Rousseau, Jean&#45;Jacques, <i>El contrato social</i>, Barcelona, Grandes Pensadores, 2004, pp. 45 y 46.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>66  </sup>Habermas, J&uuml;rgen, <i>Facticidad y validez. Sobre el derecho y el Estado democr&aacute;tico de derecho en t&eacute;rminos de teor&iacute;a del discurso</i>, 6a. ed., Madrid, Trotta, 2010, p. 595.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>67  </sup>Schmitt, Carl, <i>Teor&iacute;a de la Constituci&oacute;n</i>, Madrid, Alianza, 1982, p. 100.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>68  </sup>Vega Garc&iacute;a, Pedro de, <i>La reforma constitucional</i>&#8230;, <i>cit</i>., p. 17.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>69  </sup>Dentro de las cl&aacute;usulas de intangibilidad encontramos la siguiente gama: a) Se proh&iacute;be la reforma constitucional de los principios pol&iacute;tico&#45;jur&iacute;dicos fundamentales de un pa&iacute;s, o del llamado "esp&iacute;ritu de la Constituci&oacute;n". Por ejemplo, art&iacute;culo 112 de la Constituci&oacute;n noruega de 1814; precepto 79, p&aacute;rrafo 3 de la Ley Fundamental de Bonn de 1949; art&iacute;culo 290, incisos a y c de la Constituci&oacute;n portuguesa de 1976. b) Se sustrae de la reforma la posible supresi&oacute;n o limitaci&oacute;n de la declaraci&oacute;n de derechos; por ejemplo, art&iacute;culo 79, p&aacute;rrafo 3 de la Ley Fundamental de Bonn de 1949; precepto 110 de la Constituci&oacute;n griega de 1975; art&iacute;culo 60, par&aacute;grafo 4, IV, de la norma fundamental brasile&ntilde;a de 1988; art&iacute;culo 290, incisos d, e, f e i, de la Constituci&oacute;n portuguesa de 1976. c) Se excluye de la reforma, la supresi&oacute;n de la forma republicana: por ejemplo, art&iacute;culo 139 de la Constituci&oacute;n italiana de 1947; precepto 79, p&aacute;rrafo 3 de la Ley Fundamental de Bonn; t&iacute;tulo XVI <i>in fine</i> de la Constituci&oacute;n francesa de 1958 (al igual que lo conten&iacute;a el art&iacute;culo 95 de la Constituci&oacute;n de 1946); precepto 110 de la Constituci&oacute;n griega de 1975; art&iacute;culo 281 de la Constituci&oacute;n de Guatemala de 1985; art&iacute;culo 290, inciso b, de la Constituci&oacute;n portuguesa de 1976. d) Se proh&iacute;be la modificaci&oacute;n para la supresi&oacute;n de la separaci&oacute;n de poderes. Por ejemplo: precepto 60, par&aacute;grafo 4, II, de la Constituci&oacute;n brasile&ntilde;a de 1988; art&iacute;culo 290, inciso l, de la Constituci&oacute;n de Portugal. e) Se sustrae de la reforma la desaparici&oacute;n de la libertad de sufragio. Por ejemplo: art&iacute;culo 60, par&aacute;grafo 4, II, de la Constituci&oacute;n brasile&ntilde;a de 1988; art&iacute;culo 290, inciso h de la Constituci&oacute;n de Portugal. f) Se proh&iacute;be la reforma constitucional de la modificaci&oacute;n de la forma federal de Estado. Por ejemplo: Constituciones brasile&ntilde;as de 1891, 1934, 1946 y 1969; y art&iacute;culo 60, par&aacute;grafo 4, I, de la Constituci&oacute;n de 1988. g) Se excluye de la revisi&oacute;n constitucional, la supresi&oacute;n de la norma que proh&iacute;be la reelecci&oacute;n presidencial. Por ejemplo: precepto 281 de la Constituci&oacute;n de El Salvador de 1983 con reformas. h) Se sustraen de la reforma las normas sobre el territorio estatal. Por ejemplo: los art&iacute;culos 84 y 248 de la Constituci&oacute;n de El Salvador de 1983 con sus reformas. Cons&uacute;ltese a Bidart Campos, Germ&aacute;n J. y Carnota, Walter F., <i>Derecho constitucional comparado</i>, Buenos Aires, Sociedad An&oacute;nima Editora, Comercial, Industrial y Financiera, 2001, t. I, pp. 86 y ss. Tambi&eacute;n v&eacute;ase a Wong Meraz, V&iacute;ctor Alejandro, <i>Constituci&oacute;n mexicana</i>&#8230;, <i>cit</i>., pp. 120 y 121.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>70  </sup>Arag&oacute;n Reyes, Manuel, <i>Constituci&oacute;n y democracia</i>, Madrid, Tecnos, 1989.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>71  </sup>Cabo Mart&iacute;n, Carlos de, <i>La reforma constitucional en la perspectiva de las fuentes del derecho</i>, Madrid, Trotta, 2002.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>72  </sup>Wong Meraz, V&iacute;ctor Alejandro, ""Los derechos fundamentales y humanos&#8230;", <i>cit</i>., p. 257.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>73  </sup>El proceso constituyente espa&ntilde;ol de 1977 y 1978, tambi&eacute;n es analizado en este libro en cuesti&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>74  </sup>Wong Meraz, V&iacute;ctor Alejandro, <i>Constituci&oacute;n mexicana</i>&#8230;, <i>cit</i>., pp. 59 y ss.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>75  </sup>Heller, Hermann, <i>La soberan&iacute;a</i>&#8230;, <i>cit</i>., p. 118.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>76  </sup>V&eacute;ase a Wong Meraz, V&iacute;ctor Alejandro, "El refer&eacute;ndum constitucional como poder constituido", en Le&oacute;n Bastos, Carolina y Wong Meraz, V&iacute;ctor Alejandro (coords.), <i>Teor&iacute;a de la Constituci&oacute;n. Estudios en Homenaje al doctor Jorge Carpizo en Madrid</i>, M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 2010.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>77  </sup>Vega Garc&iacute;a, Pedro de, <i>La reforma constitucional&#8230;</i>, <i>cit</i>., pp. 145 y ss.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>78  </sup>V&eacute;ase la famosa pol&eacute;mica de 1931, entre dos de los tres constitucionalistas m&aacute;s importantes del siglo XX (siendo el tercero Heller), en la que se tienen dos posturas antag&oacute;nicas por tener dos visiones distintas de Estado, Constituci&oacute;n y derecho. Esta discusi&oacute;n se centra sobre qui&eacute;n debe ser el defensor de la Constituci&oacute;n. Ha sido tan importante esta discusi&oacute;n para el derecho y en espec&iacute;fico el derecho constitucional, que se considera una lectura obligada para el entendimiento de estas &aacute;reas. Por este motivo, la editorial Tecnos decidi&oacute; publicar en el 2009 un libro que contuviera esta pol&eacute;mica entre estos dos autores de la &eacute;poca de Weimar. Adem&aacute;s, el libro cuenta con un estudio por el profesor Giorgio Lombardi que precede a los textos de Schmitt y Kelsen. Tambi&eacute;n resalta esta pol&eacute;mica en otras obras de estos dos constitucionalistas Schmitt, Carl y Kelsen, Hans, <i>La pol&eacute;mica Schmitt&#45;Kelsen sobre la justicia constitucional: el defensor de la Constituci&oacute;n</i> versus <i>&#191;qui&eacute;n debe ser el defensor de la Constituci&oacute;n?</i>, Madrid, Tecnos, 2009. Tambi&eacute;n se puede constatar esta pol&eacute;mica en Schmitt, Carl, "Sobre el parlamentarismo", <i>Te&oacute;logo de la pol&iacute;tica</i>, M&eacute;xico, FCE, 2001, y Kelsen, Hans, <i>Esencia y valor de la democracia</i>, 2a. ed., M&eacute;xico, Colof&oacute;n, 2002.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>79  </sup>Ruip&eacute;rez hace un comentario muy acertado, cuando refiere que para el entendimiento de Kelsen y su compromiso con la democracia, est&aacute; fuera de toda duda, una vez que se ha le&iacute;do en su totalidad y no de forma parcial. Esto me recuerda tambi&eacute;n algo que sucede muy a menudo con Maquiavelo, en el sentido de que, si te limitas a <i>El Pr&iacute;ncipe</i>, te quedas con una visi&oacute;n muy corta de lo que es en realidad este florentino, ya que se piensa que su ideario es monarquista. No obstante que la visi&oacute;n que da el florentino en su obra <i>Discursos sobre la primera D&eacute;cada de Tito Livio</i>, es la de una percepci&oacute;n republicana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>80  </sup><a href="http://politica.elpais.com/politica/2013/09/16/actualidad/1379358339_203516.html" target="_blank">http://politica.elpais.com/politica/2013/09/16/actualidad/1379358339_203516.html</a>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>81  </sup>Kelsen, Hans, <i>Teor&iacute;a general del Estado</i>, 15a. ed., Madrid, Editora Nacional, 1979, p. 403.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>82  </sup>Wong, Meraz, V&iacute;ctor Alejandro, <i>Constituci&oacute;n mexicana</i>&#8230;, <i>cit</i>., p. 182.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>83  </sup>K&auml;gi, Werner, <i>La Constituci&oacute;n como ordenamiento jur&iacute;dico fundamental del Estado, investigaciones sobre las tendencias desarrolladas en el moderno derecho constitucional</i>, Madrid, Dykinson, 2005, pp. 55 y ss.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>84  </sup><i>Ibidem</i>, p. 166.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>85  </sup>Hesse, Konrad, <i>op. cit</i>. p. 67.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>86  </sup>Heller, Hermann, <i>Teor&iacute;a</i>&#8230;, <i>cit</i>., pp. 19 y ss.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>87  </sup><i>Ibidem</i>, p. 202.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>88  </sup><i>Ibidem</i>, pp. 207 y ss.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>89  </sup><i>Ibidem</i>, p. 253.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>90  </sup><i>Ibidem</i>, p. 266.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>91  </sup>Heller, Hermann, <i>La soberan&iacute;a</i>&#8230;, <i>cit</i>., p. 178.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>92  </sup>Heller, Hermann, <i>Teor&iacute;a</i>&#8230;, <i>cit</i>., p. 266.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>93  </sup>Heller, Hermann, <i>La soberan&iacute;a</i>&#8230;, <i>cit</i>., p. 87.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>94  </sup>Heller, Hermann, <i>Teor&iacute;a</i>&#8230;, <i>cit</i>., p. 273.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>95  </sup>Vega Garc&iacute;a, Pedro de, <i>La reforma constitucional</i>&#8230;, <i>cit</i>., p. 25.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>96  </sup>Arist&oacute;teles, <i>La pol&iacute;tica</i>&#8230;, <i>cit</i>., p. 78.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>97  </sup>Arist&oacute;teles, <i>La Constituci&oacute;n de Atenas</i>, 3a. ed., Madrid, Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales, 2000.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>98  </sup>Arist&oacute;teles, <i>La pol&iacute;tica</i>&#8230;, <i>cit</i>., pp. 175 y ss.</font></p>      ]]></body><back>
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