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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Stevens, John Paul, <i>Six Amendments, How and Why We Should Change the Constitution</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mario Melgar Adalid<sup>*</sup></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>New York, Boston, London, Little, Brown and Company, 2014, 177 pp.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><i>*   </i></sup><i>Investigador de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la UNAM.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los jueces tienen en com&uacute;n su apartamiento del mundanal ruido y comparten la discreci&oacute;n sobre las causas que se les encomiendan, las leyes sobre la que se pronuncian o sobre la constitucionalidad del ordenamiento jur&iacute;dico. Efectivamente, los jueces hablan con sus sentencias, y normalmente en cualquier sistema se abstienen de extender sus criterios personales. Cuando es absolutamente necesario utilizan la figura de los votos particulares u opiniones sobre un asunto en los que formulan sus puntos de vista, generalmente cuando su posici&oacute;n y consecuentemente su voto qued&oacute; en la minor&iacute;a. Esta constante no solamente es evidente cuando se encuentran en funciones, sino que al dejar el encargo judicial y entrar en retiro, mantienen cierto apartamiento de la vida p&uacute;blica y se abstienen de tomar partido, extender p&uacute;blicamente una opini&oacute;n sobre cuestiones jur&iacute;dicas o pol&iacute;ticas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello, cuando un juez decide saltar a la arena p&uacute;blica y emitir juicios sobre cuestiones jur&iacute;dicas o pol&iacute;ticas, la sociedad pone atenci&oacute;n y escucha, pues en t&eacute;rminos generales los jueces son personajes admirados y reconocidos por su probidad, conocimiento, inteligencia y buena fe. Eso y m&aacute;s es lo que la sociedad siempre espera de quienes tienen a su cargo la delicada tarea de decir el derecho y hacer justicia. No se trata del primer libro del juez asociado Paul Stevens, anteriormente, ya en retiro, public&oacute; un texto (<i>Five Chiefs, A Supreme Court Memoir</i>) sobre los cinco presidentes de la Suprema Corte de Estados Unidos que le correspondi&oacute; conocer durante su prolongada carrera judicial. Dos de ellos, Fred Vinson y Earl Warren, con los que trabajo antes de ser juez asociado, y tres que trat&oacute; directamente, ya como juez asociado: Warren Buger, William Rehnquist y el actual <i>Chief Justice</i> John G. Roberts.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Estados Unidos los jueces asociados de la Suprema Corte son designados de por vida, no tienen como en M&eacute;xico t&eacute;rmino del encargo (15 a&ntilde;os). Stevens fue designado por el presidente Gerald Ford en 1975 y renunci&oacute; al cargo a los noventa a&ntilde;os de edad. Decidi&oacute; retirarse a pesar de estar en perfecta forma f&iacute;sica a los 92 a&ntilde;os. La raz&oacute;n que dio es que hab&iacute;a anotado que empezaba a fatigarse cuando jugaba tenis en la modalidad de "singles". Cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s de su retiro ha publicado dos libros, el &uacute;ltimo que ahora rese&ntilde;o, y aun juega tenis, supongo que ahora solamente en "dobles".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Stevens el texto de la Constituci&oacute;n de Estados Unidos es mejor que los Art&iacute;culos de la Confederaci&oacute;n, su antecedente inmediato, en tanto fue establecida por el pueblo (<i>the people</i>), mientras que los Art&iacute;culos fueron producidos por los estados en formaci&oacute;n. Reconoce que la Constituci&oacute;n a pesar de haber generado un texto "m&aacute;s perfecto" que su antecedente, surgi&oacute; tambi&eacute;n con algunos defectos productos de los compromisos, lo que obligaba a realizar cambios en el futuro. Stevens es por tanto un revisionista constitucional. En su pr&oacute;logo hace una clara descripci&oacute;n del contenido de las diez enmiendas constitucionales que crearon la Carta de Derechos o <i>Bill of Rights</i> que ha normado ese pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El punto de partida del libro es la descripci&oacute;n de las circunstancias que motivaron las 27 enmiendas constitucionales aprobadas y su contenido. Con notable capacidad sint&eacute;tica, Stevens refiere los pormenores de la expedici&oacute;n de la Primera Enmienda que proh&iacute;be al Congreso el establecimiento de una religi&oacute;n; la Segunda Enmienda, ahora tan debatida sobre el derecho a las armas. En su opini&oacute;n el texto vigente presenta de manera ambigua la prevenci&oacute;n de que una Guardia Nacional ordenada es necesaria para la seguridad de un Estado libre, y que el derecho del pueblo a portar armas no debe infringirse. La Tercera Enmienda garantizar&iacute;a que en tiempos de paz los propietarios de sus casas no tendr&iacute;an que dar alojamiento a la milicia o permitir "acuartelamiento", una de las razones que motivaron la Independencia de Gran Breta&ntilde;a. La Cuarta Enmienda protege a los ciudadanos de que sus personas, casas, papeles y efectos no estar&aacute;n sujetos a pesquisas o detenciones arbitrarias. La Quinta Enmienda contiene cinco garant&iacute;as: (1) el derecho a ser acusado o denunciado ante un gran jurado en casos que merezcan pena capital u otra infamante; (2) no estar obligado a declarar en su contra; (3) no ser juzgado dos veces por el mismo delito; (4) no ser privado de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso legal; y (5) la imposibilidad de expropiaciones de la propiedad privada sin la justa indemnizaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Sexta Enmienda estableci&oacute; que en los procesos penales el acusado tendr&aacute; derecho a un juicio expedito y p&uacute;blico, por un jurado imparcial del Estado y distrito donde se hubiere cometido el delito, as&iacute; como, entre otras garant&iacute;as, a la asistencia de un abogado defensor. La S&eacute;ptima Enmienda protege el derecho a ser juzgado por un jurado en las causas civiles y la Octava Enmienda proh&iacute;be las fianzas o multas excesivas y los castigos crueles y exorbitantes (<i>unusual punishment</i>). La Novena establece que la enumeraci&oacute;n de ciertos derechos en la Constituci&oacute;n no puede negar o demeritar (<i>disparage</i>) los derechos retenidos por el pueblo. La D&eacute;cima Enmienda contiene la f&oacute;rmula constitucional de la distribuci&oacute;n de competencias: las facultades no delegadas a los Estados Unidos por la Constituci&oacute;n ni prohibidas a los Estados est&aacute;n respectivamente reservadas a estos o al pueblo. Stevens recuerda que las diez enmiendas, el <i>Bill of Rights</i> se aplicar&iacute;an exclusivamente al gobierno federal y no establecer&iacute;a l&iacute;mites a los estados. Antes de estallar la guerra civil se agregaron dos enmiendas al texto constitucional: la Enmienda XI deriv&oacute; de una resoluci&oacute;n de la Suprema Corte en que acept&oacute; la jurisdicci&oacute;n (federal) en una demanda planteada en contra del Estado de Georgia por un ciudadano de Carolina del Sur. La Enmienda impide la jurisdicci&oacute;n federal en causas en contra de un estado planteadas por ciudadanos de otro estado o de un pa&iacute;s extranjero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La D&eacute;cima Segunda Enmienda se ocup&oacute; de revisar los procedimientos del Colegio Electoral para elegir al presidente, y Stevens llama la atenci&oacute;n en su texto de la celeridad con que se hizo la adici&oacute;n constitucional. En 1951 esta modificaci&oacute;n constitucional recogi&oacute; la aspiraci&oacute;n de George Washington de limitar los periodos presidenciales a dos, y cancelar la posibilidad de ser electo por un periodo adicional. Stevens recuerda que el popular presidente Roosevelt fue electo en cuatro ocasiones. La Vig&eacute;simo Tercera Enmienda le dio al Distrito de Columbia, donde est&aacute; asentada la capital, representaci&oacute;n en el Congreso y en el Colegio Electoral. La ratificaci&oacute;n de la Vig&eacute;sima Cuarta Enmienda cancel&oacute; los impuestos al sufragio electoral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Stevens advierte que la D&eacute;cimo Tercera Enmienda, promovida por Abraham Lincoln, que logr&oacute; persuadir al Congreso de abolir la esclavitud de la mayor&iacute;a de los estados del sur, al darle a los esclavos la ciudadan&iacute;a, no obtuvo la ratificaci&oacute;n de los estados hasta el 6 de diciembre, alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s del asesinato de Lincoln; y dada la oposici&oacute;n del presidente Andrew Johnson, no fue ratificada hasta poco m&aacute;s de tres a&ntilde;os despu&eacute;s. La D&eacute;cimo Cuarta Enmienda tuvo como prop&oacute;sito establecer la regla de que si en una elecci&oacute;n se negara el derecho a votar a personas del sexo masculino mayores de 18 a&ntilde;os de edad, la base de representaci&oacute;n se reducir&iacute;a en la misma proporci&oacute;n a la de las personas a las que se les hubiera negado el voto. Sin embargo, el efecto real fue contrario, y las delegaciones del congreso de los estados del sur aumentaron en 100%, no obstante las pr&aacute;cticas discriminatorias de las administraciones electorales locales, combinado con las t&aacute;cticas terroristas del Ku Klux Klan que impidieron que los afroamericanos en su inmensa mayor&iacute;a pudieran votar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La D&eacute;cima Quinta Enmienda otorg&oacute; a los esclavos el derecho a votar, y se ratific&oacute; cuando Ulises Grant era presidente de Estados Unidos. Grant mantuvo tropas federales en los estados del sur para garantizar que los nuevos ciudadanos pudieran votar y de esa manera influir en los comicios. Pero, por compromisos pol&iacute;ticos, las tropas federales se retiraron, y los grupos racistas de supremac&iacute;a blanca, como el tristemente c&eacute;lebre Ku Klux Klan, cancelaron la votaci&oacute;n de los afroamericanos en el sur por los siguientes ochenta a&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1913 se adoptaron dos enmiendas: la D&eacute;cimo Sexta Enmienda que modific&oacute; la decisi&oacute;n de la Suprema Corte en un asunto fiscal que hab&iacute;a sustentado la inconstitucionalidad de una ley federal que impon&iacute;a un impuesto al ingreso, en tanto violaba la prohibici&oacute;n constitucional de establecer impuestos directos sin proporcionalidad. Esta Enmienda, se&ntilde;ala Stevens, es la fuente de la facultad federal para establecer el impuesto sobre la renta. La D&eacute;cimo S&eacute;ptima Enmienda cancel&oacute; la pr&aacute;ctica de que los senadores de Estados Unidos fueran escogidos por las legislaturas estatales, y estableci&oacute; la elecci&oacute;n de estos por el pueblo. La D&eacute;cima Octava Enmienda prohibi&oacute; la fabricaci&oacute;n, venta y transporte de bebidas embriagantes, y entr&oacute; en vigor en 1919. Catorce a&ntilde;os adelante, en 1933, la Vig&eacute;sima Primera Enmienda derog&oacute; la prohibici&oacute;n contenida en la Enmienda anterior. No obstante, la misma Enmienda estableci&oacute; la prohibici&oacute;n de transportar bebidas embriagantes en aquellos estados cuyo consumo estuviera prohibido. La D&eacute;cima Novena Enmienda otorg&oacute; el voto a las mujeres, mientras la prohibici&oacute;n estaba en vigor y la Vig&eacute;sima Enmienda estableci&oacute; la modificaci&oacute;n al periodo presidencial, ahora del 4 de marzo al 20 de enero.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Vig&eacute;sima Quinta Enmienda, que entr&oacute; en vigor en 1967, estableci&oacute; los procedimientos para el supuesto de la falta del vicepresidente y la manera de atender la falta temporal o permanente del presidente. Estos procedimientos se siguieron, no mucho tiempo despu&eacute;s, cuando el vicepresidente Spiro Agnew renunci&oacute; a la vicepresidencia, y el presidente Richard Nixon nombr&oacute; a Gerald Ford (presidente que propuso al autor para ser juez asociado de la Suprema Corte), que se convertir&iacute;a despu&eacute;s en presidente al renunciar Nixon. En 1971 la Vig&eacute;sima Sexta Enmienda otorg&oacute; el voto a los ciudadanos de 18 a&ntilde;os o m&aacute;s y el derecho a votar en las elecciones tanto federales como estatales. La &uacute;ltima Enmienda (1992), la Vig&eacute;simo S&eacute;ptima, prohibi&oacute; al Congreso modificar sus salarios entre las elecciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con base en estos antecedentes, Stevens propuso en su libro seis enmiendas a la Constituci&oacute;n de Estados Unidos. Cuatro de ellas pretenden nulificar reglas derivadas de las interpretaciones de la Corte que se han convertido en criterios constitucionales, en jurisprudencia: es decir reglas hechas por los jueces; la quinta propuesta pretende la supresi&oacute;n de la pena de muerte y la sexta intenta que la Segunda Enmienda, la relativa al derecho a poseer y portar armas, quede acotada al prop&oacute;sito de sus creadores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera propuesta de enmienda constitucional se refiere a la interpretaci&oacute;n que la Suprema Corte dio en un asunto a la Cl&aacute;usula de Supremac&iacute;a Constitucional. Conforme al art&iacute;culo sexto de la Constituci&oacute;n, se establece que la Constituci&oacute;n y las leyes de los Estados Unidos que se expidan conforme a dicha Constituci&oacute;n, as&iacute; como los tratados celebrados o que se celebren bajo la autoridad de los Estados Unidos, ser&aacute;n la ley suprema en Estados Unidos, y los jueces de cada estado estar&aacute;n obligados a acatarla sin importar cualquier contravenci&oacute;n establecida en la Constituci&oacute;n o en las leyes estatales. En una decisi&oacute;n dividida (5&#45;4), la Suprema Corte reconoci&oacute; en 1997 que este art&iacute;culo facultaba al Congreso para expedir leyes que impongan a los jueces estatales obligaciones federales, aunque concluy&oacute; que eso no significar&iacute;a que el gobierno federal pudiera requerir a otros funcionarios estatales, a fin de que apliquen disposiciones legales de orden federal (Prinz <i>vs</i>. United States, 521 U. S. 898, 1997). Para Stevens, esta decisi&oacute;n equivocada cancel&oacute; la facultad del Congreso de apoyarse en los funcionarios estatales para implementar o administrar la ley federal. Los problemas que acarrea esta decisi&oacute;n son descritos por el autor, y se refieren a la brecha que se ha abierto en asuntos delicados como las matanzas de civiles o estudiantes, derivadas de una falta de coordinaci&oacute;n entre las autoridades federales y las estatales, en las bases de datos de las personas que adquieren armas sin controles adecuados. Otros problemas se refieren a la limitaci&oacute;n de las autoridades federales para actuar en actos terroristas o bien frente a desastres naturales en que no cuentan con las facultades para garantizar la colaboraci&oacute;n de las autoridades estatales. En esta decisi&oacute;n resulta de particular inter&eacute;s que el juez asociado Stevens reproduzca parcialmente el voto particular con el que disinti&oacute; el juez asociado Stephen Breyer, en la causa Prinz antes mencionada. En este voto, Breyer se&ntilde;al&oacute; que otros pa&iacute;ses enfrentan dificultades similares respecto a la conveniencia pr&aacute;ctica de control central frente a los problemas de la diversidad a que llevan las reglas del federalismo. No obstante, se&ntilde;al&oacute; que algunos sistemas federales como los de Suiza, Alemania y la Uni&oacute;n Europea establecen que los estados, no las burocracias federales, deben implementar muchas de las leyes, reglas, reglamentos y "decretos expedidos por el gobierno central federal".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La f&oacute;rmula de la reforma que propone Stevens es simple, y est&aacute; contenida en cuatro palabras: <i>and other public officials</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda de las reformas propuestas en el libro se refiere a la pr&aacute;ctica del <i>Gerrymandering</i>, actividad pol&iacute;tica deleznable que consiste b&aacute;sicamente en sacar ventaja electoral al recomponer distritos electorales. Proviene de la pr&aacute;ctica de Ellbridge Gerry, gobernador de Massachusetts, que en 1812, junto con una mayor&iacute;a de legisladores en las dos ramas del Congreso, redistribuy&oacute; los l&iacute;mites de los distritos senatoriales para obtener una c&oacute;moda ventaja frente a sus rivales. Esta estratagema ha perdurado m&aacute;s de dos siglos. Tiene una doble connotaci&oacute;n, pues puede referirse a la pr&aacute;ctica pol&iacute;tica (<i>political gerrymandering</i>) o la pr&aacute;ctica racial (<i>racial gerrymandering</i>). Seg&uacute;n Stevens, la Suprema Corte ha estado siempre en contra de las artima&ntilde;as con contenido racial, pero ha sido m&aacute;s permisiva de los trucos pol&iacute;ticos. El fundamento de su propuesta lo hace en las decisiones judiciales en diversas causas en que la Corte ha resuelto en contra de leyes estatales que han ordenado redistribuci&oacute;n de distritos con base en criterios de raza. La pregunta que Stevens formula es &#191;porqu&eacute; la Suprema Corte, siguiendo la misma l&oacute;gica constitucional de cancelar la pr&aacute;ctica racial, no lo hace cuando se trata de razones de redistribuci&oacute;n territorial por razones pol&iacute;ticas? Insiste en el tema, al declarar que as&iacute; como un partido pol&iacute;tico no debe utilizar, cuando se encuentra en el poder, los fondos p&uacute;blicos para pagar sus gastos de campa&ntilde;a, es igualmente reprobable que se utilice el poder gubernamental para el mero prop&oacute;sito de ampliar la fuerza pol&iacute;tica del partido mayoritario. En este sentido, la segunda modificaci&oacute;n constitucional propuesta por Stevens se basa en el concepto de neutralidad pol&iacute;tica, cuando deba hacerse cualquier recomposici&oacute;n distrital de car&aacute;cter pol&iacute;tico. Los estados deben justificar el apartamiento de la regla de que los distritos representados por los miembros del Congreso o por los miembros de cualquier cuerpo legislativo estatal deben establecerse de manera compacta y bajo la regla de territorios contiguos. El inter&eacute;s en expandir o preservar el poder pol&iacute;tico de un partido que tenga el control del gobierno estatal no responde al criterio de neutralidad que se pretende preservar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera reforma propuesta por Stevens tiene que ver con el tan controversial tema del financiamiento a las campa&ntilde;as pol&iacute;ticas. En Estados Unidos las leyes permiten a las empresas integrar y hacer funcionar comit&eacute;s de acci&oacute;n pol&iacute;tica, conocidos como <i>PACs</i> (<i>Political Action Commitees</i>). Estos son financiados por contribuciones voluntarias de accionistas y empleados de las corporaciones. Los gastos de estos comit&eacute;s no se regulan, como sucede con los fondos generales de las corporaciones, por lo que no generan riesgos significativos de que se utilice el dinero de accionistas minoritarios para apoyar causas a las que los accionistas mayoritarios se opongan. El caso que deton&oacute; su decisi&oacute;n para plantear la necesidad de una reforma constitucional es el famoso de Citizens United Commission (588 U. S. (2010) No. 08&#45;205). Citizens United es una empresa no lucrativa que dispone de un <i>PAC</i> que tiene millones de d&oacute;lares en sus activos. Se sostiene con base en contribuciones de personas f&iacute;sicas, pero recibe algunos fondos de donadores corporativos. En 2008, a la vista de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, un comit&eacute; republicano sac&oacute; a la luz una pel&iacute;cula de 90 minutos sobre la senadora Hillary Clinton, quien era una potencial candidata a la presidencia. La pel&iacute;cula, sumamente cr&iacute;tica de la senadora, calificaba sin duda como una expresi&oacute;n de campa&ntilde;a. Stevens narra los antecedentes del asunto, para dar un panorama del desarrollo jurisprudencial que ha tenido tanto en las leyes como en resoluciones de la Suprema Corte el tema de la libertad de expresi&oacute;n durante las campa&ntilde;as pol&iacute;ticas. La Suprema Corte resolvi&oacute; que Citizens United pod&iacute;a exhibir la pel&iacute;cula, aun cuando contraviniera una ley de 2002, expedida por los dos partidos pol&iacute;ticos que proh&iacute;be a las empresas y sindicatos utilizar los fondos generales de sus tesorer&iacute;as para financiar discursos pol&iacute;ticos en campa&ntilde;a durante un periodo de treinta d&iacute;as anteriores a las elecciones primarias. Tanto el juez asociado Stevens como la tambi&eacute;n jueza asociada en retiro Sandra Day O'Connor hab&iacute;an sostenido que tal prohibici&oacute;n establecida en la ley se apegaba a la Constituci&oacute;n. Temerosos de que esta ley se aplicara y evitara la exhibici&oacute;n de la pel&iacute;cula, contraria a Hillary, Citizen United demand&oacute; a la Comisi&oacute;n Federal Electoral, y solicit&oacute; una orden judicial para evitar la aplicaci&oacute;n de la ley, bajo el argumento de que no se trataba de un contenido o de una comunicaci&oacute;n electoral, y que la ley no deber&iacute;a aplicarse a una empresa no lucrativa. El Juzgado de Distrito neg&oacute; la petici&oacute;n y la corporaci&oacute;n apel&oacute; ante la Suprema Corte con fundamento en una disposici&oacute;n que establece que las decisiones de un juzgado de distrito, integrado por tres jueces, en asuntos relacionados con el financiamiento de las campa&ntilde;as puede apelarse directamente ante la Suprema Corte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Suprema Corte resolvi&oacute;, en una decisi&oacute;n 5&#45;4, que las corporaciones y sindicatos tienen constitucionalmente el derecho de financiar las expresiones de campa&ntilde;a sin l&iacute;mite alguno. Stevens disinti&oacute; con una opini&oacute;n que se volver&iacute;a famosa a la que se unieron los jueces asociados liberales: Ruth Bader Ginsburg, Stephen Breyer y Sonia Montemayor. Dice Stevens que el entonces reci&eacute;n retirado juez asociado David Souter le confes&oacute; que de haber seguido en la Corte de manera activa hubiera suscrito su opini&oacute;n contenida en casi 90 p&aacute;ginas. Con esos antecedentes, John Paul Stevens reafirma en <i>Six Amendments</i> que debe haber una racionalidad en los gatos de campa&ntilde;a. No se trata de prohibirlos totalmente, lo que considera inadecuado, sino tomar en cuenta los intereses de todo el electorado y no tan solo de los candidatos m&aacute;s ricos. Se debe aplicar el mismo l&iacute;mite a todos los candidatos que compiten por el mismo cargo. En ese sentido formula su propuesta concreta de enmienda a la Constituci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cuarta enmienda que propone Stevens en su libro, se refiere a un tema que ha sido parte del debate hist&oacute;rico entre quienes afirman la inmunidad soberana de los Estados frente a los poderes federales. Stevens hace una revisi&oacute;n hist&oacute;rica del problema, si bien pronunci&aacute;ndose de inmediato sobre la inconveniencia jur&iacute;dica de sostener esa inmunidad estatal. La compara al inicio de su argumentaci&oacute;n cuando en 1,600, en la &eacute;poca del rey Enrique IV de Inglaterra, exist&iacute;a una regla del derecho com&uacute;n, elaborada por los jueces para proteger al soberano de ser demandado sin su consentimiento. Tal vez, dice Stevens, la raz&oacute;n atr&aacute;s de tal reglamentaci&oacute;n es que "el rey no puede equivocarse". O bien, agrega, la regla deviene de la creencia que el monarca tiene el derecho divino, y solo Dios puede determinar sus castigos si es que se cometi&oacute; un pecado. Para Stevens estos criterios jam&aacute;s tuvieron aplicaci&oacute;n en Estados Unidos. El texto de la Declaraci&oacute;n de Independencia sobre los abusos de Jorge III demuestra &#151;dice Stevens&#151; que "nosotros nunca respaldamos tal proposici&oacute;n y que el muro entre la iglesia y el Estado construido por la Primera Enmienda sostiene la inaplicabilidad de la regla de inmunidad soberana". Con lo anterior inicia un pasaje por los diferentes casos en que la Suprema Corte de ese pa&iacute;s tuvo que resolver planteamientos en que se pretend&iacute;a &#151;en ocasiones con &eacute;xito&#151; sustentar la soberan&iacute;a estatal para evitar la aplicaci&oacute;n de disposiciones o actos de autoridad federal. Refiere un caso (Osborn <b>vs</b>. United States 92 U. S. 738) en que en 1824 el legendario juez Marshall intervino para resolver un asunto en que se pretend&iacute;a que un banco nacional pagara impuestos al Estado de Ohio. A partir de esta decisi&oacute;n, los jueces asociados han invocado a Marshall para asegurar que cualquier ciudadano pueda enfrentarse jur&iacute;dicamente a las autoridades si considera que sus derechos fueron violados, y que no es necesario que las autoridades consientan o autoricen tal enfrentamiento. En el fondo se trat&oacute; de establecer el criterio de que los funcionarios de los Estados no pueden apoyarse en la doctrina de la inmunidad de la soberan&iacute;a para defenderse cuando hayan violado la Constituci&oacute;n federal. La reforma que propone se basa en la idea de que ninguna de las enmiendas constitucionales, ni cualquier otra disposici&oacute;n constitucional, debe interpretarse para dar a alg&uacute;n Estado, dependencia estatal o a los funcionarios estatales inmunidad respecto de la responsabilidad que deviene por violar una ley del Congreso o cualquier disposici&oacute;n de la Constituci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La quinta reforma propuesta por Stevens se refiere a un tema que ha sido crucial en la carrera judicial del autor. Despu&eacute;s de cuatro a&ntilde;os de abolici&oacute;n de la pena de muerte en los a&ntilde;os setenta, la Suprema Corte la reinstal&oacute; en 1976 en Greg <i>vs</i>. Georgia (428 U. S. 153). Stevens, que har&iacute;a una larga y fruct&iacute;fera carrera en la Suprema Corte, se sum&oacute; a la mayor&iacute;a para reinstalar la pena de muerte, despu&eacute;s de una moratoria de cuatro a&ntilde;os. Stevens escribi&oacute; que con los debidos procedimientos es posible asegurar la imposici&oacute;n imparcial, racional y consistente de sentencias de pena de muerte apegadas a la ley. No obstante, dos a&ntilde;os antes de su retiro, m&aacute;s de treinta a&ntilde;os despu&eacute;s de esa resoluci&oacute;n y con aproximadamente mil cien ejecuciones a nivel federal, el juez Stevens en una opini&oacute;n concurrente cambi&oacute; su criterio: ahora cre&iacute;a que la pena de muerte resultaba inconstitucional. Este giro ideol&oacute;gico nunca lo explic&oacute; al p&uacute;blico. Lo hizo, una vez retirado a los noventa a&ntilde;os, cuando decidi&oacute; hacer una rese&ntilde;a bibliogr&aacute;fica a un libro escrito por el profesor David Garland, destacado soci&oacute;logo del derecho: <i>Peculiar Institution: America's Death Penalty in an Age of Abolition</i>. En su rese&ntilde;a bibliogr&aacute;fica, Stevens escribi&oacute; lo siguiente: "aun cuando yo no sea juez asociado (estaba ya en retiro) para plasmarla en resoluciones judiciales, es que se ha dado un lamentable activismo judicial que ha originado un sistema de penas capitales impregnado de racismo, distorsionado por las condenas, infectado de pol&iacute;tica y lleno de histeria".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora tambi&eacute;n reitera su criterio en el libro que se rese&ntilde;a.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El m&eacute;todo con el que explica el cambio de su pensamiento es la narraci&oacute;n de an&eacute;cdotas y experiencias personales, desde que trat&oacute; de explicar, sin mucho &eacute;xito seg&uacute;n confiesa, a la reina Beatriz de Holanda, sentada a su lado en una cena de estado en la misma mesa con el presidente Ronald Reagan, las razones que justificaban al imposici&oacute;n de la medida capital; hasta conferencias en Europa, concretamente en Finlandia, en que representaba a Estados Unidos. El cambio de su pensamiento ocurri&oacute;, seg&uacute;n lo rese&ntilde;a Stevens, a partir de su visita a Helsinki. La f&oacute;rmula que propone es muy simple: agregar seis palabras al texto de la Octava Enmienda que dice: "No se exigir&aacute;n fianzas excesivas, ni se impondr&aacute;n multas excesivas, ni castigos crueles o en desuso" <i>como los que impone la pena de muerte</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La sexta y &uacute;ltima reforma propuesta por Stevens en su libro se refiere al tan discutido derecho a poseer y portar armas, contenido en la Segunda Enmienda Constitucional. La gravedad de los asesinatos causados por armas de alto poder y las cifras de personas que mueren debido al uso de pistolas en Estados Unidos, estimado seg&uacute;n el autor en 30,000 al a&ntilde;o, deben ser una preocupaci&oacute;n para los legisladores federales y estatales. Stevens no se pronuncia, como los liberales <i>m&aacute;s radicales</i>, por una prohibici&oacute;n en el uso de las armas, sino por una reglamentaci&oacute;n que en su opini&oacute;n no les corresponde a los jueces sino a los legisladores. Esto debe determinar qu&eacute; tipo de armas son las que pueden estar a disposici&oacute;n de los ciudadanos y en qu&eacute; condiciones se deben utilizar. Stevens est&aacute; convencido que las interpretaciones constitucionales que restrinjan las facultades legislativas en esta materia causar&aacute;n un mayor perjuicio social. Desde que se incorpor&oacute; la Segunda Enmienda al texto constitucional, los jueces entendieron que los derechos consignados en la Enmienda tienen dos limitaciones: se aplicar&iacute;a solamente para el supuesto de que la posesi&oacute;n y portaci&oacute;n de armas fuera exclusiva para prop&oacute;sitos militares, y segundo, que mientras limitaba el poder del gobierno federal, no impon&iacute;a ninguna restricci&oacute;n a la facultad de los estados de regular la propiedad y el uso de las armas de fuego. Durante a&ntilde;os esta fue la ponderaci&oacute;n del Poder Judicial; as&iacute; ocurr&iacute;a a la llegada de Stevens a la Suprema Corte, seg&uacute;n relata, pero la poderosa organizaci&oacute;n c&iacute;vica <i>National Rifle Association</i> estuvo en total desacuerdo con esta centenaria interpretaci&oacute;n, e inici&oacute; una campa&ntilde;a aduciendo que la reglamentaci&oacute;n federal resultaba violatoria de los derechos contenidos en la Segunda Enmienda.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Stevens narra algunos casos emblem&aacute;ticos que modificaron el criterio y ampliaron el derecho de los ciudadanos a poseer y portar armas. En alguno de ellos, McDonald <i>vs</i>. Chicago (130 S.Ct.3020, 2010) la Corte decidi&oacute; 5&#45;4 que la Cl&aacute;usula del Debido Proceso contenida en la Decimocuarta Enmienda limita la facultad de la ciudad de Chicago para considerar ilegal la posesi&oacute;n de pistolas por parte de particulares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Stevens propone adicionar cinco palabras al texto de la Segunda Enmienda y que con ello se preserve la intenci&oacute;n de los padres fundadores de esa naci&oacute;n sin ambig&uuml;edades. El texto propuesto quedar&iacute;a de esta manera: "La debida reglamentaci&oacute;n de la Guardia Nacional necesaria para la seguridad de un Estado libre y el derecho del pueblo para poseer y portar armas, al estar al servicio de la milicia, no deber&aacute; coartarse".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Six Amendments, How and Why We Should Change the Constitution</i> refiere asuntos resueltos por la Suprema Corte en los que Stevens particip&oacute; directamente como juez asociado, y que han tenido repercusiones en el acontecer pol&iacute;tico, social o econ&oacute;mico de Estados Unidos. Jeffrey Tobin, el reconocido periodista que se ocupa de reportar las decisiones judiciales de la Suprema Corte de Estados Unidos en el <i>New York Times</i>, escribi&oacute; en la popular revista <i>The New Yorker</i> (abril de 2014) que el libro en lugar del t&iacute;tulo <i>Seis enmiendas</i> debi&oacute; haberse llamado <i>En primer lugar, seis veces tuve raz&oacute;n</i>.</font></p>      ]]></body>
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