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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Tobin, Jeffrey, <i>The Oath, The Obama White House and the Supreme Court</i></b></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mario Melgar Adalid</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Nueva York, Anchor Books, Random House, 2013.</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Investigador en el Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la UNAM.</i></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jeffrey Tobin saca a la luz un nuevo libro <i>(The Oath)</i> sobre la Corte Suprema de Estados Unidos. A&ntilde;os antes llam&oacute; la atenci&oacute;n del p&uacute;blico estadounidense con la publicaci&oacute;n de <i>The Nine,</i> un texto publicado en 2007, previo a la elecci&oacute;n presidencial que ganar&iacute;a Obama. La Corte Suprema de Estados Unidos se hab&iacute;a consolidado con una s&oacute;lida mayor&iacute;a conservadora que impulsar&iacute;a asuntos tan controversiales como el aborto, los derechos humanos, el poder presidencial y la relaci&oacute;n entre la Iglesia y el Estado. El m&eacute;todo de investigaci&oacute;n, totalmente emp&iacute;rico, se bas&oacute; en entrevistas a los jueces asociados y a cuarenta de los secretarios de estudio y cuenta. Como el autor lo confiesa, su trabajo se vio beneficiado con los materiales publicados cotidianamente por los peri&oacute;dicos que cubren la fuente de la Suprema Corte, por reportajes de la televisi&oacute;n y por los materiales que difunde la Oficina de Comunicaci&oacute;n Social de la propia Corte. Con ese acervo y con el an&aacute;lisis de casos emblem&aacute;ticos se adentra en el perfil y personalidad de Anthony Kennedy, Clarence Thomas y la recordada jueza asociada Sandra Day O'Connor, cuyo voto dio la Presidencia a su entra&ntilde;able amigo George W. Bush.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora regresa con el mismo m&eacute;todo para describir en un nuevo libro la relaci&oacute;n existente entre el presidente Barack Obama y la Corte Suprema. El t&iacute;tulo de la obra <i>The Oath</i> (El juramento) expresa el inicio de esa relaci&oacute;n, cuando el presidente de la Corte Suprema, el <i>Chief Justice</i> John G. Roberts, tom&oacute; el juramento presidencial a Obama el 21 de enero de 2009. Como si se tratara de una premonici&oacute;n, los dislates ocurridos en la ceremonia habr&iacute;an de marcar la complicada agenda presidencial en su relaci&oacute;n con el Poder Judicial de Estados Unidos.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Constituci&oacute;n de Estados Unidos utiliza en las generalidades la forma mayest&aacute;tica y en primera persona. La excepci&oacute;n a esta constante se encuentra en el art&iacute;culo II, secci&oacute;n 1, en el &uacute;ltimo p&aacute;rrafo, al establecer: "Antes de tomar posesi&oacute;n del cargo, el (presidente) deber&aacute; rendir el siguiente juramento o protesta: 'Yo juro (o protesto) solemnemente que desempe&ntilde;ar&eacute; fielmente el cargo de Presidente de Estados Unidos, y con el m&aacute;ximo de mi capacidad, preservar&eacute;, proteger&eacute; y defender&eacute; la Constituci&oacute;n de Estados Unidos'". Se trata del &uacute;nico texto expreso de juramento que contiene la Constituci&oacute;n. No hay referencia para los miembros del Poder Legislativo, como tampoco para los jueces asociados de la Suprema Corte. El juramento se hace en un di&aacute;logo en el que quien toma el juramento dice las frases sacramentales y quien lo presta, repite y acepta.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Constituci&oacute;n no establece ante qui&eacute;n debe prestarse el juramento. Seg&uacute;n las referencias hist&oacute;ricas, detalladas en el libro, tradicionalmente ha sido el <i>Chief Justice</i> el encargado de tomar el juramento. En algunas ocasiones han sido jueces federales, como ocurri&oacute; en ocasi&oacute;n del asesinato de Lyndon B. Johnson, en que una jueza federal, Sara T. Hughes, tom&oacute; la protesta a bordo del Air Force One. El presidente Calvin Coolidge rindi&oacute; la protesta ante un notario p&uacute;blico, que result&oacute; ser su padre John C. Coolidge.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El juramento de Obama se rindi&oacute; con tropiezos debido a circunstancias imprevistas. Se hab&iacute;a preparado con anticipaci&oacute;n suficiente, como lo describe Tobin en el texto. La Oficina de Protocolo del Congreso consult&oacute; formalmente al <i>Chief Justice</i> si aceptar&iacute;a tomar la protesta al nuevo presidente, lo que fue aceptado. M&aacute;s adelante se revisaron detalles como el nombre de Ejecutivo Federal. El nombre aceptado para el juramento fue el controversial apelativo completo Barack Hussein Obama. De igual manera se revis&oacute; y debati&oacute; si al final del juramento podr&iacute;a o no invocarse a Dios al preguntar al presidente a fin de que contestara que efectivamente deseaba la ayuda divina para cumplir su mandato: <i>"So help you God?".</i> Para entonces Michael Newdow hab&iacute;a planteado formalmente ante un juzgado de distrito del orden federal, que previniera al <i>Chief Justice</i> Roberts del riesgo de violar la Constituci&oacute;n al hacer alusi&oacute;n a Dios al final del juramento. El juez federal sobresey&oacute; la demanda.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resueltos estos detalles, el <i>Chief Justice,</i> que tiene muy buena memoria, se dio a la tarea de memorizar el texto de la protesta. Lo hizo con tanto esmero y dedicaci&oacute;n que Jane Roberts, la esposa del <i>Chief Justice,</i> lleg&oacute; a decirle que el perro de la casa ya pensaba que Roberts era el presidente. Cuando d&iacute;as previos a la ceremonia uno de los asesores del Congreso le ofreci&oacute; a Roberts el texto de la protesta en una tarjeta, Roberts dio las gracias pero declin&oacute; la tarjeta: "conozco el juramento".</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de su conocimiento del mismo, el <i>Chief Justice</i> y el presidente Obama se "hicieron bolas". Roberts intentaba una frase y Obama la repet&iacute;a cuando Roberts a&uacute;n no terminaba, lo que provoc&oacute; una confusi&oacute;n de la que dio cuenta m&aacute;s de un mill&oacute;n de personas reunidas en el <i>National Mall</i> de la ciudad de Washington, D.C., y muchos millones m&aacute;s que lo vieron por la televisi&oacute;n. M&aacute;s all&aacute; de haber resultado jocoso para algunos, los dislates provocaron una controversia constitucional. Al d&iacute;a siguiente Obama estaba por firmar una serie de documentos con decisiones trascendentes ofrecidas durante su campa&ntilde;a: congelar los salarios de los asesores de la Casa Blanca que ganaran m&aacute;s de 100 mil d&oacute;lares al a&ntilde;o, establecer nuevas reglas para limitar el cabildeo de ex funcionarios del gobierno y, fundamentalmente, cerrar la prisi&oacute;n de Guant&aacute;namo en Cuba, lo que hab&iacute;a sido una promesa de campa&ntilde;a. No obstante, surgi&oacute; la duda de si Barack Obama era real y jur&iacute;dicamente el presidente despu&eacute;s de un juramento tan atropellado.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Greg Craig, un reconocido abogado que adem&aacute;s hab&iacute;a asesorado al presidente Clinton con motivo de su <i>impeachment,</i> hab&iacute;a sido designado asesor del presidente Obama y plante&oacute; la duda. Su suplente, el profesor de la Escuela de Leyes de Harvard, Daniel Meltzer, fue consultado sobre lo que resultar&iacute;a mejor hacer antes de tomar decisiones. En el fondo estaba presente, sin que probablemente la conocieran, la tesis de Jos&eacute; Mar&iacute;a Iglesias sobre la incompetencia de origen, tan debatida en nuestro pa&iacute;s al finalizar el siglo XIX.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Melzter y Craig consideraron que lo mejor ser&iacute;a solicitar al <i>Chief Justice</i> que procediera nuevamente a tomar el juramento, en privado y sin accidentes. Antes de eso, Obama se hab&iacute;a reunido con un grupo de treinta colaboradores reci&eacute;n designados en un sal&oacute;n de la Casa Blanca. Le pidi&oacute; al vicepresidente Biden que procediera a tomar el juramento constitucional a los nuevos funcionarios. Biden aprovech&oacute; para hacerse el gracioso: &iquest;Tengo que volver a hacerlo? Se le explic&oacute; que se trataba de tomar el juramento a funcionarios de primer nivel.</font></p>              <blockquote>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151; Si es para los funcionarios, todo en orden, dijo el vicepresidente.</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151; Mi memoria no es tan buena como la del Justice Roberts, Chief Justice Roberts, aclar&oacute; ante el auditorio.</font></p>     </blockquote>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una sonora risa y exclamaciones de sorpresa del p&uacute;blico en el auditorio provocaron la irritaci&oacute;n del presidente, a quien se le atribu&iacute;a una imagen de imperturbabilidad ante cualquier eventualidad, por m&aacute;s grave que pareciera, tanto as&iacute; que se le impuso el apodo de "No Drama Obama". Esta ocasi&oacute;n el mote no le qued&oacute;, pues francamente molesto movi&oacute; la cabeza reprobando a Biden y casi lo empuj&oacute; del lugar donde estaba situado el micr&oacute;fono. La conducta de Biden era inexcusable, pues ya para entonces se sab&iacute;a que se consideraba seriamente proceder a repetir la ceremonia de juramento presidencial. Biden tuvo que llamar al <i>Chief Justice</i> para pedirle perd&oacute;n. Esto cobra m&aacute;s dramatismo si tomamos en cuenta, como lo recuerda Tobin en otro pasaje del libro, que tanto Obama como Biden se opusieron, votando en contra, a la nominaci&oacute;n de Roberts como <i>Chief Justice.</i></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El <i>Chief Justice</i> recibi&oacute; la invitaci&oacute;n para acudir a la Casa Blanca a tomar nuevamente la protesta y accedi&oacute; de inmediato. Se decidi&oacute; que la ceremonia se hiciera en el sal&oacute;n de mapas para evitar que fuera en la Oficina Oval, donde despacha el presidente. Algo parecido se hab&iacute;a hecho antes cuando Clinton rindi&oacute; su testimonio ante el Gran Jurado en la investigaci&oacute;n de Kenneth Starr. Obama utilizar&iacute;a este sal&oacute;n para recibir al Dalai Lama y no hacerlo en la Oficina Oval para no molestar al gobierno chino.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Estados Unidos, como sucede en M&eacute;xico, existen dos criterios irreconciliables sobre el tema de la protesta o juramento al cargo. Para algunos es una condici&oacute;n necesaria para desempe&ntilde;ar el cargo si se adopta un criterio "textual", como es el caracter&iacute;stico de los jueces asociados conservadores. En este sentido, dicen algunos, la Constituci&oacute;n de Estados Unidos se&ntilde;ala expresamente que <i>antes</i> de tomar posesi&oacute;n del cargo deber&aacute; <i>(shall)</i> rendir la protesta. Si no rinde la protesta no puede ejercer el cargo. En M&eacute;xico, algunos tratadistas coinciden con esta postura. Para otros (Carpizo), la protesta es un mero acto protocolario sin mayor contenido jur&iacute;dico. La ausencia de la protesta podr&iacute;a generar responsabilidades pero no condicionar el desempe&ntilde;o del encargo.<a href="#notas">*</a> La nueva protesta al cargo se llev&oacute; sin problema alguno y se resolvi&oacute; cualquier suspicacia que pudiera generar un conflicto.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de este hecho el libro se ocupa, como marco de referencia, de establecer unas vidas paralelas, la del presidente Obama y la del <i>Chief Justice</i> Roberts. El primero, entonces con 47 a&ntilde;os, y el <i>Chief Justice,</i> con 53, eran los miembros m&aacute;s distinguidos de sus respectivas generaciones. Ambos formados en la atm&oacute;sfera de Chicago, estudiaron leyes en la Universidad de Harvard y trabajaron en la <i>Harvard Law Review,</i> publicaci&oacute;n de reconocido prestigio que administran los estudiantes. No obstante, Tobin considera que son mucho m&aacute;s notorias las diferencias que las coincidencias. Roberts proviene de una familia tradicional, estable y pr&oacute;spera; su padre un ejecutivo de la industria del acero y su madre dedicada al hogar. Mientras que el padre de Obama, un keniano que abandon&oacute; a su familia cuando su hijo era peque&ntilde;ito y a quien vio una vez, cuando &eacute;ste tendr&iacute;a diez a&ntilde;os. Su madre tuvo a su hijo en Hawaii, pas&oacute; algunos a&ntilde;os con &eacute;l en Indonesia y despu&eacute;s lo dej&oacute; con sus padres en Hawaii. Despu&eacute;s de ir a la Universidad en Los &Aacute;ngeles para graduarse en la Universidad en Columbia, Obama fue a Chicago para volverse un activista comunitario. Aun en Harvard las experiencias de los dos fueron distintas. La Escuela de Leyes en 1979, cuando Roberts estudi&oacute;, era muy distinta a la de 1991, que correspondi&oacute; a Obama. Pero la diferencia m&aacute;s notable es la que se refiere al papel que juega la Corte Suprema en la sociedad estadounidense. Obama cree en el cambio, Roberts en la estabilidad; uno ve hacia delante, el otro se apoya en el pasado; uno, Obama, es un visionario, el otro, Roberts, al tratarse de temas jur&iacute;dicos, es un conservador.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de poner frente a frente al presidente Obama y al <i>Chief Justice</i> Roberts, el autor estructura su trabajo a partir de la descripci&oacute;n del perfil jur&iacute;dico&#45;pol&iacute;tico de los jueces asociados. De particular inter&eacute;s son las referencias casi period&iacute;sticas, muy &aacute;giles, a un n&uacute;mero significativo de casos y la posici&oacute;n de cada juez respecto a los asuntos cruciales para la sociedad estadounidense y para el gobierno. Salta a la vista que los republicanos, en su versi&oacute;n moderna, han ubicado a la Corte Suprema en el pin&aacute;culo de las cuestiones p&uacute;blicas. Los asuntos judiciales est&aacute;n en los primeros apartados de la agenda del Partido Republicano. Entre esas prioridades se encuentra dar el sentido que les interesa a la Segunda Enmienda respecto de los derechos a poseer y portar armas, la eventual terminaci&oacute;n de la protecci&oacute;n constitucional respecto al derecho de abortar y la reducci&oacute;n de las barreras en la relaci&oacute;n de la Iglesia y el Estado. Son los temas en los que no dar&aacute;n su brazo a torcer.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, llama la atenci&oacute;n la descripci&oacute;n del temperamento de los jueces asociados. Al referirse a Anthony Kennedy, juez asociado de corte conservador que a partir del retiro de la jueza Sandra Day O'Connor convirti&oacute; su voto en pendular. Kennedy, al contrario de sus colegas, es un hombre de mundo. Desde joven hab&iacute;a estado en contacto con el mundo global. Se ocup&oacute; muy joven, seg&uacute;n narra Tobin, de ayudar profesionalmente a crear el marco normativo de empresas estadounidenses que habr&iacute;an de fundar la industria maquiladora en M&eacute;xico. Antes de eso hab&iacute;a estudiado en la London School of Economics. Kennedy refiere lo importante de esa experiencia en su formaci&oacute;n como abogado. Sus veranos los dedica al Seminario de Salzburgo, un reconocido programa de intercambio internacional, a donde acude con jueces de otros pa&iacute;ses a intercambiar experiencias.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gracias a ello, el juez asociado Kennedy ha establecido relaciones con otros jueces del mundo. El intercambio le sirvi&oacute; para asegurar su convicci&oacute;n sobre el tema de la pena de muerte y sobre el tema de derechos de las minor&iacute;as sexuales. Kennedy conservador se situaba a la izquierda del juez Antonino Scalia en estas dos materias. En uno de los asuntos, seg&uacute;n declar&oacute; John McCain, el senador por Arizona y candidato a la Presidencia por el Partido Republicano, el juez asociado Kennedy se gan&oacute; la enemistad de los "americanos conservadores" al haber citado legislaci&oacute;n comparada en <i>Roper vs. Simmon</i> en que se cancel&oacute; la pena de muerte para menores de edad.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro asunto de la mayor significaci&oacute;n en la pol&iacute;tica internacional fue <i>Hamdam vs. Rumsfeld.</i> El punto crucial para la Corte Suprema era determinar si el gobierno de Estados Unidos deb&iacute;a tratar a sus prisioneros conforme a las previsiones de la Convenci&oacute;n de Ginebra. El gobierno de Bush hab&iacute;a tomado la decisi&oacute;n de considerar a los detenidos no como soldados sino como terroristas, y para ello hab&iacute;a instalado una comisi&oacute;n militar encargada de los juicios. Finalmente, con el voto de Kennedy del lado de los liberales, la comisi&oacute;n militar qued&oacute; desechada. La opini&oacute;n (el proyecto) fue escrita por el juez asociado Stevens, estableciendo la obligaci&oacute;n de Estados Unidos de cumplir con la Convenci&oacute;n de Ginebra, y por tanto se le deber&iacute;an otorgar a Hamdam todas las garant&iacute;as judiciales que se reconocen y son indispensables entre los pueblos civilizados. Kennedy formul&oacute; un voto concurrente se&ntilde;alando que "la Constituci&oacute;n se preserva de mejor manera si se sostiene en pr&aacute;cticas que han probado su eficacia y evitando caer en las presiones del momento". En el fondo fue un rev&eacute;s a la conducci&oacute;n del gobierno de Bush de la guerra contra el terrorismo.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los apartados del libro <i>The Ballad of Lilly Ledbetter</i> se plantea uno de los resortes centrales del funcionamiento de la Corte Suprema de Estados Unidos, como la decisi&oacute;n de incorporar a la lista anual un asunto para su resoluci&oacute;n. Cada a&ntilde;o, la Corte Suprema recibe alrededor de 9,000 solicitudes, de las cuales resuelve entre 80 y 100 asuntos. La decisi&oacute;n de cu&aacute;les asuntos son los que atender&aacute; la Corte depende del voto de sus nueve miembros. El <i>Chief Justice</i> fue como otros de los integrantes de tribunal que preside, abogado litigante que llev&oacute; casos ante la Corte Suprema. En uno de ellos Roberts plante&oacute; una cuesti&oacute;n que a primera vista pareciera procedimental, pero que tiene un alto contenido ideol&oacute;gico. Se trata de los criterios para admitir o no una demanda. En un caso llevado ante la Corte Suprema por una organizaci&oacute;n ambientalista <i>(National Wildlife Federation)</i> que se opuso a la decisi&oacute;n del gobierno de Ronald Reagan de asignar terrenos federales para actividades mineras. Roberts actuaba en su calidad de suplente del <i>Solicitor General</i> George W. W. Bush, que m&aacute;s adelante ser&iacute;a vicepresidente y presidente de Estados Unidos. Roberts no se refiri&oacute; a la pertinencia de destinar los terrenos federales a una actividad econ&oacute;mica, sino al derecho de los actores de llevar el asunto ante la Corte.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su argumento, victorioso, tendr&iacute;a repercusiones m&aacute;s adelante en asuntos llevados ante la Corte Suprema por intereses ambientalistas, de derechos civiles y otras demandas basadas en el "inter&eacute;s p&uacute;blico". La idea detr&aacute;s del argumento en <i>Lujan vs. National Wildlife Federation</i> era evitar que se admitiera o no un asunto en raz&oacute;n de los m&eacute;ritos del mismo, sino en fijar doctrina procedimental que le permitiera a la Corte desechar asuntos. Las diferentes aristas de la doctrina, o las diferentes doctrinas que se utilizan, son procedimentales de primera intenci&oacute;n, pero en muchas ocasiones llevan detr&aacute;s un elemento ideol&oacute;gico o pol&iacute;tico para evitar que la Corte se pronuncie sobre alg&uacute;n tema de verdadero "inter&eacute;s p&uacute;blico" . Algunos criterios son, por ejemplo, que es demasiado temprano para la Corte atender tal tema, o bien resulta obsoleto hacerlo, o si es la Corte Suprema la instancia adecuada o el criterio pol&iacute;tico, y si corresponde realmente a la Corte Suprema resolver estas cuestiones. Es evidente que se requieren criterios como &eacute;stos y otros, pero las reglas deben ser para los liberales m&aacute;s flexibles, mientras que para los conservadores debe prevenirse que la Corte se pronuncie sobre determinada materia.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Jeffrey Tobin la filosof&iacute;a de cada uno de los integrantes de la Corte Suprema puede rastrearse de sus actividades previas a la ocupaci&oacute;n del sitial en el alto tribunal. Los jueces asociados Grinburg y Thomas hab&iacute;an estado estrechamente ligados a asuntos de derechos civiles, mientras que el <i>Chief Justice</i> no hab&iacute;a tenido ninguna liga con estos temas. Breyer se hab&iacute;a ocupado durante a&ntilde;os del Estado como ente administrativo, Roberts nunca. Scalia hab&iacute;a elaborado una teor&iacute;a de la Constituci&oacute;n, mientras Roberts no. Kennedy, como se se&ntilde;al&oacute; arriba, entend&iacute;a a la Corte Suprema en el contexto de una comunidad internacional de jueces, mientras que Roberts no. Mientras los jueces asociados hac&iacute;an su tarea judicial, quien ser&iacute;a el <i>Chief Justice</i> se dedicaba a retirar los casos que se planteaban ante los tribunales. El procedimiento civil era su instrumento para lograr lo anterior. Estas habilidades le sirvieron para diferir muchos asuntos del inter&eacute;s p&uacute;blico, de la agenda "liberal", como el libro rese&ntilde;a.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la causa <i>Ledbetter vs. Goodyear Tire &amp; Rubber</i> el lector encontrar&aacute; una decisi&oacute;n de la Corte Suprema de Estados Unidos que contradice cualquier principio sobre la justicia laboral. Gracias al voto particular de la jueza Asociada Ruth Bader Ginsburg en este asunto, el Poder Legislativo modific&oacute; a trav&eacute;s de una ley el criterio mayoritario de la Corte de Roberts.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro de 325 p&aacute;ginas da una clara idea de la atm&oacute;sfera pol&iacute;tica que rodea a la Corte Suprema y de la composici&oacute;n pol&iacute;tica del tribunal en su interior. Los republicanos, que creen en lo que llaman el "originalismo", la Constituci&oacute;n en su expresi&oacute;n literal, tienen un compromiso y una agenda para el cambio. &Eacute;sta incluye la expansi&oacute;n del poder presidencial; cancelar las preferencias raciales que pretenden beneficiar a los afroamericanos; acelerar las ejecuciones pendientes; prohibir cualquier forma de control a las armas; permitir la religi&oacute;n en la esfera p&uacute;blica; desregular todo lo relativo a las campa&ntilde;as pol&iacute;ticas, y por encima de toda esta lista revertir <i>Roe vs. Wade</i> en materia de aborto. Bajo esta &oacute;ptica, los republicanos han hecho todo lo posible para avanzar en la agenda. Los presidentes republicanos han hecho su parte, designando jueces asociados que comulguen con sus ideas y obstruyendo los nombramientos de quienes como dem&oacute;cratas tienen una perspectiva diferente.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El presidente Obama tambi&eacute;n conoce el sistema constitucional estadounidense. Solamente que su estrategia ha sido diferente. Tobin resalta que los nombramientos de las juezas asociadas Sonia Sotomayor y Elena Kagan, de los cuales el presidente se muestra orgulloso, son las &uacute;nicas muestras de su inter&eacute;s por el Poder Judicial. El nombramiento de decenas de jueces federales que corresponde hacer al presidente, no solamente ha sido entorpecido por maniobras pol&iacute;ticas del Congreso (Senado), sino por una lentitud inexplicable para cubrir vacantes. Hubo un momento en que de un total de 874 jueces hab&iacute;a 77 vacantes, de las cuales los republicanos en el Senado detuvieron 34 designaciones y el presidente dej&oacute; de remitir las 43 restantes. Hay signos que indican que el presidente Obama no tiene inter&eacute;s en el problema.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, tanto los dem&oacute;cratas como los republicanos tienen una agenda que se expresa en cuestiones constitucionales: mantener la decisi&oacute;n de Roe en materia de aborto y de acciones afirmativas, as&iacute; como los derechos de los homosexuales y del matrimonio de personas del mismo sexo. Sin embargo, mientras es claro lo que se espera de los jueces federales que simpatizan con la agenda republicana, esto no es tan evidente respecto a lo que deber&iacute;a esperarse de los jueces federales, considerados como dem&oacute;cratas.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las &uacute;ltimas decisiones que el libro refiere es la relativa a sostener la constitucionalidad de las reformas en materia de salud. En la decisi&oacute;n clave, el <i>Chief Justice,</i> contrario a lo que se esperaba, vot&oacute; a favor de la reforma de salud de Obama (la llamada <i>Obamacare),</i> con lo que desconcert&oacute; a sectores del grupo republicano, pero mostr&oacute; al sistema pol&iacute;tico y jur&iacute;dico de los Estados Unidos que no hay duda de qui&eacute;n lleva las riendas del m&aacute;s alto tribunal de ese pa&iacute;s: el mismo <i>Chief Justice.</i></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El 20 de enero de 2013, el <i>Chief Justice</i> estuvo presente para tomar el juramento al presidente Obama, que gan&oacute; nuevamente las elecciones. Lo estar&aacute; nuevamente con seguridad cuando tome el juramento al sucesor de Obama, en enero de 2017.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Nota</b></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">* <i>Cfr.</i> Melgar Adalid, Mario, "La protesta del presidente de la Rep&uacute;blica, &iquest;rito o requisito constitucional?", <i>Cuestiones Constitucionales. Revista Mexicana de Derecho Constitucional,</i> M&eacute;xico, n&uacute;m. 18, enero&#45;junio de 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2494645&pid=S1405-9193201400010001500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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