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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Discriminación por razón de sexo y conciliación de la vida familiar y laboral: las sentencias 24/2011 Y 26/2011 el Tribunal Constitucional Español]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Comentarios jurisprudenciales</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo y conciliaci&oacute;n de la vida familiar y laboral: las sentencias 24/2011 Y 26/2011 el Tribunal Constitucional Espa&ntilde;ol</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Roberto Niembro Ortega* Jos&eacute; Mar&iacute;a Soberanes D&iacute;ez**</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Investigador honorario de la Escuela Libre de Derecho, actualmente es investigador visitante del Max Planck Institute for Comparative Public Law and International Law, Alemania.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Doctor en derecho por la Universidad Panamericana.</i></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>I. Planteamiento</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este comentario jurisprudencial abordaremos dos casos recientes resueltos por la Salas Primera y Segunda del Tribunal Constitucional espa&ntilde;ol (TCE) sobre la conciliaci&oacute;n de la vida familiar y laboral, en particular, sobre el derecho a adaptar la duraci&oacute;n y distribuci&oacute;n de la jornada de trabajo. En nuestra opini&oacute;n, &eacute;ste es una de las preocupaciones m&aacute;s importantes para los y las trabajadoras de las sociedades contempor&aacute;neas, particularmente, para las mujeres. En efecto, la incorporaci&oacute;n de las mujeres al mercado laboral ha exigido un reacomodo en las relaciones de pareja, con el fin de permitir un reparto equilibrado entre ambos sexos de las responsabilidades profesionales y privadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El reto de conciliar la vida laboral y familiar es de larga data y un problema harto complejo del que resulta imposible dar cuenta en este espacio. En ese sentido, los objetivos de este trabajo son modestos: a) poner de manifiesto la diferencia de abordaje y los resultados contrapuestos a los que arribaron la Sala Primera y Segunda del TCE, y b) reflexionar sobre el entresijo en que se ve inmerso el TCE &#151;en atenci&oacute;n a la forma en que concibe la discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo&#151; al afrontar este tipo de casos cuando son presentados por varones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las resoluciones que comentamos dejan en claro una divergencia de criterios entre las dos Salas del Tribunal. Por un lado, la Sala Primera otorg&oacute; el amparo a un trabajador que solicit&oacute; la asignaci&oacute;n de horario fijo nocturno a fin de atender al cuidado de sus dos hijos, al considerar que hab&iacute;a sido discriminado por sus circunstancias personales o familiares. Por el otro, la Sala Segunda deneg&oacute; el amparo a una trabajadora (madre de una hija reci&eacute;n nacida) que solicit&oacute; la adscripci&oacute;n permanente a un turno de ma&ntilde;ana, al estimar que no hab&iacute;a sido discriminada por raz&oacute;n de sexo. Determinar si ambas, alguna o ninguna de las resoluciones fueron correctamente decididas no ha sido una cuesti&oacute;n pac&iacute;fica entre los autores de este trabajo. Por ese motivo es que los autores de este comentario hemos decidido presentar nuestras posturas por separado, con el fin de que se conozcan y discutan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>II. El caso de Do&ntilde;a Margarita Cort&eacute;s Fern&aacute;ndez y la segunda sala del TCE</b></font>	</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. <i>Antecedentes</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Do&ntilde;a Margarita Cort&eacute;s Fern&aacute;ndez trabajaba en la empresa Telef&oacute;nica de Espa&ntilde;a, S.A.U desde el 1o. de agosto de 1992, con categor&iacute;a de operadora de primera adscrita al centro de atenci&oacute;n al cliente. En dicho centro exist&iacute;an tres turnos: uno de ma&ntilde;ana (de 8:00 a 15:30 horas) y dos de jornada partida (de 9:00 a 14:00 y de 16:30 a 19 horas, y de 9:30 a 13 y de 15:30 a 19 horas), turnos que eran cubiertos por once trabajadores que rotaban cada cuatro semanas, de suerte que cada trabajador realizaba cuatro semanas en turno de ma&ntilde;ana, otras cuatro en turno partido, otro turno en el siguiente partido y as&iacute; sucesivamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Do&ntilde;a Margarita dio a luz a una hija el 17 de noviembre de 2006, formando una unidad monoparental. El 19 de abril de 2007 solicit&oacute; a la empresa la adscripci&oacute;n permanente a un turno de ma&ntilde;ana por considerarlo m&aacute;s id&oacute;neo para el cuidado de su hija, petici&oacute;n que le fue denegada el 10 de mayo de 2007. Ante dicha negativa, demand&oacute; a la citada empresa con el objeto de que se le reconociera el derecho a adscribirse a cualquiera de los turnos de ma&ntilde;ana. De dicho juicio conoci&oacute; el Juzgado de lo Social n&uacute;m. 3 de Albacete. La demanda fue desestimada por sentencia del 29 de noviembre de 2007, al apreciarse que la actora no ten&iacute;a derecho al cambio pretendido dado que no hab&iacute;a solicitado una reducci&oacute;n de jornada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Disconforme con la anterior decisi&oacute;n, la parte actora formul&oacute; recurso de suplicaci&oacute;n en el que denunci&oacute; tanto la incorrecta interpretaci&oacute;n del art&iacute;culo 34.8 de la Ley del Estatuto de los Trabajadores (LET),<sup><a href="#nota">1</a></sup> como la violaci&oacute;n a la prohibici&oacute;n de discriminaci&oacute;n. El recurso fue desestimado por Sentencia de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Castilla&#45;La Mancha del 3 de diciembre de 2008.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En dicha sentencia, la Sala consider&oacute; necesario distinguir entre dos regulaciones jur&iacute;dicas: a) de un lado, la prevista para las personas que pretenden una reducci&oacute;n de jornada por raz&oacute;n de guarda legal, al tener a su cuidado un menor, persona con discapacidad, o familiar directo que no pueda valerse por s&iacute; mismo, para hacer efectivo el derecho a la conciliaci&oacute;n de la vida personal, familiar y laboral; b) por otra parte, la que permite adaptar la duraci&oacute;n y distribuci&oacute;n de la jornada de trabajo para hacer efectivo el derecho a la conciliaci&oacute;n de la vida personal, familiar y laboral, situaciones m&aacute;s amplias en cuanto que incluyen tambi&eacute;n la vida personal, y que queda sujeta a "la negociaci&oacute;n colectiva o en el acuerdo a que llegue con el empresario, respetando en su caso lo previsto en aqu&eacute;lla".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la sentencia se estim&oacute; que no existe un derecho efectivo, tangible y exigible, en cuanto que la remisi&oacute;n bien a la negociaci&oacute;n colectiva o al acuerdo individual para su efectiva implantaci&oacute;n, comporta que, hasta que la misma no se produzca, un derecho carente de todo contenido eficaz, y por otra, un llamamiento, una invocaci&oacute;n a los interlocutores sociales, empresarios y trabajadores, para que hagan negocien esa posibilidad de conciliaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En contra de esa determinaci&oacute;n do&ntilde;a Margarita promovi&oacute; amparo, imput&aacute;ndoles, tanto a la sala como al juzgado, vulneraci&oacute;n del derecho a la igualdad y a la no discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo y del derecho a la tutela judicial efectiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. <i>STC 24/2011, del 14 de marzo, de la Sala Segunda</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del asunto correspondi&oacute; conocer a la Sala Segunda del TCE. Dicho &oacute;rgano analiz&oacute;, en primer t&eacute;rmino, la alegaci&oacute;n respecto al derecho a la tutela judicial efectiva. Al respecto adujo la actora que deb&iacute;a aplicarse la doctrina sustentada en la STC 3/2007, en la que se concedi&oacute; el amparo a una trabajadora que hab&iacute;a solicitado la reducci&oacute;n de jornada para la guarda legal de su hijo menor de seis a&ntilde;os, con el fin de lograr la conciliaci&oacute;n entre su situaci&oacute;n personal y laboral. Sobre este punto la Sala record&oacute; que en el caso de la STC 3/2007, la parte actora hab&iacute;a solicitado a la empresa para la que trabajaba una reducci&oacute;n de su jornada de trabajo al amparo de lo dispuesto en el art&iacute;culo 37.5 de la LET, norma que reconoce, a quien por razones de guarda legal tenga a su cuidado directo alg&uacute;n menor de ocho a&ntilde;os, el derecho a reducir la jornada de trabajo con la disminuci&oacute;n proporcional del salario. La Sala Segunda estima que el caso que le ocupa es distinto y, por tanto, no pueden trasladarse los razonamientos a este caso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, la trabajadora no solicit&oacute; a la empresa una reducci&oacute;n de su jornada de trabajo para el cuidado de su hija al amparo del art&iacute;culo 37.5 de la LET,<sup><a href="#nota">2</a></sup> tal y como ocurri&oacute; en el supuesto enjuiciado por la STC 3/2007, sino que, estando sujeta a un r&eacute;gimen de tunos rotativos, su solicitud se dirigi&oacute; exclusivamente a obtener su adscripci&oacute;n permanente al turno de ma&ntilde;ana para poder cuidar mejor a su hija reci&eacute;n nacida, aduciendo como fundamento de su petici&oacute;n el art&iacute;culo 34.8 de la LET.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, el Tribunal analiz&oacute; el tema de la posible violaci&oacute;n al derecho a la no discriminaci&oacute;n. Al respecto, la Sala no advirti&oacute; vulneraci&oacute;n del derecho a la no discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo. Al respecto afirm&oacute; que si bien en la Ley Org&aacute;nica 3/2007, del 22 de marzo, de igualdad efectiva de hombres y mujeres otorga un derecho de adaptaci&oacute;n de la jornada de trabajo a las necesidades de conciliaci&oacute;n familiar y laboral, ese derecho tiene l&iacute;mites, pues la propia norma precisa que el mismo ser&aacute; "en los t&eacute;rminos que se establezcan en la negociaci&oacute;n colectiva o en el acuerdo a que llegue con el empresario, respetando, en su caso, lo previsto en aqu&eacute;lla". Por consiguiente, y, en contra de lo mantenido en la demanda de amparo, la Sala afirm&oacute; que el legislador ha considerado conveniente condicionar el ejercicio del derecho de adaptaci&oacute;n de la jornada que examinamos, a lo que se disponga por medio de la negociaci&oacute;n colectiva o acuerdo entre los propios interesados. De esta forma, desestim&oacute; la demanda de amparo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>III. El caso de Don Germ&aacute;n Higelmo P&eacute;rez y la sala primera del TCE</b></font>	</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. <i>Antecedentes</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Don Germ&aacute;n Higelmo P&eacute;rez prestaba sus servicios laborales para la Consejer&iacute;a de Educaci&oacute;n de la Junta de Castilla y Le&oacute;n, con la categor&iacute;a de ayudante t&eacute;cnico educativo. En el calendario laboral del curso escolar 2007&#45;2008, para dicha categor&iacute;a se establecieron ocho puestos con el denominado horario ordinario o escolar (siete de lunes a viernes de 9:30 a 17:00 horas, y uno a tiempo parcial, de lunes a viernes de 11:00 a 16:00 horas) y otros ocho puestos en r&eacute;gimen de turnos rotativos de ma&ntilde;ana, tarde y noche (tres puestos de lunes a viernes de 7:30 a 15:00 horas; tres puestos de lunes a viernes de 14:30 a 22:00 horas, y dos puestos de lunes a jueves de 22:00 a 7:30 horas).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un inicio el se&ntilde;or Higelmo eligi&oacute; prestar sus servicios en r&eacute;gimen de turnos rotativos. Sin embargo, posteriormente solicit&oacute; a la Consejer&iacute;a poder realizar todas las jornadas del curso 2007&#45;2008 en horario de noche con el fin de conciliar la vida laboral y familiar, en particular, para poder atender a sus dos hijos de corta edad. A dicha solicitud no se le dio respuesta. Por ello, formul&oacute; demanda para el reconocimiento de derecho a realizar su jornada en horario nocturno durante el curso 2007&#45;2008. Entre otros argumentos, aleg&oacute; que su pretensi&oacute;n de desempe&ntilde;ar su jornada laboral en horario nocturno durante el curso 2007&#45;2008 no era caprichosa sino que obedec&iacute;a a la necesidad de atender a sus dos hijos de corta edad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De dicha demanda conoci&oacute; el Juzgado de lo Social n&uacute;m. 1 de Palencia, misma que fue desestimada el 15 de febrero de 2008. En la sentencia se afirma que si bien la Ley 39/1999, del 5 de noviembre, para promover la conciliaci&oacute;n de la vida familiar y laboral de las personas trabajadoras, introdujo una serie de medidas en distintos textos legales, que se concretan en permisos, reducciones de jornada, excedencias, etc&eacute;tera, de ello no puede reconocerse un derecho directo del trabajador a elegir cambio de turno de trabajo por motivos familiares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente a la anterior sentencia, el demandante interpuso recurso de suplicaci&oacute;n sosteniendo, entre otras cosas, que la denegaci&oacute;n de su pretensi&oacute;n constituye una decisi&oacute;n discriminatoria por raz&oacute;n de su paternidad, solicitando que se revocase la sentencia de primera instancia y se declarase su derecho a realizar su jornada durante el curso 2007&#45;2008 en horario nocturno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El recurso de suplicaci&oacute;n fue desestimado por sentencia de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y Le&oacute;n del 9 de julio de 2008. En relaci&oacute;n con el tema de discriminaci&oacute;n por paternidad, la Sala se&ntilde;al&oacute; que "no consta en la sentencia, ni se intenta introducir en los hechos probados, que el recurrente haya sido padre en 2002; adem&aacute;s, no se desarrolla una argumentaci&oacute;n que lleve a la Sala a advertir siquiera la presencia de un indicio discriminatorio por esta causa, m&aacute;s a&uacute;n cuando al menos desde el curso 2003&#45;2004 algunos de los trabajadores con la categor&iacute;a de &#91;ayudantes t&eacute;cnicos educativos&#93; ya vienen trabajando a turnos".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Contra la anterior sentencia el recurrente formul&oacute; recurso de casaci&oacute;n para la unificaci&oacute;n de doctrina, en el que, entre otros extremos, se&ntilde;alaba que no pretend&iacute;a una adscripci&oacute;n indefinida al turno de noche, sino durante el curso 2007&#45;2008, e insist&iacute;a en que la negativa a asignarle al turno de noche durante dicho curso escolar imped&iacute;a la conciliaci&oacute;n de su vida laboral y familiar y supon&iacute;a un trato discriminatorio. El recurso fue inadmitido por auto de la Sala de lo Social del Tribunal Supremo, del 21 de julio de 2009, por falta de contenido casacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En contra del desechamiento, el se&ntilde;or Germ&aacute;n Higelmo P&eacute;rez interpuso recurso de amparo. En la demanda adujo que las resoluciones judiciales impugnadas vulneraron su derecho a la igualdad, en relaci&oacute;n con el derecho a la tutela judicial efectiva, alegando la existencia de discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo. Esencialmente afirm&oacute; que las resoluciones jurisdiccionales anteriores no hab&iacute;an ponderado adecuadamente la dimensi&oacute;n constitucional del asunto con base en el art&iacute;culo 14 de la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola, en relaci&oacute;n al mandato de protecci&oacute;n de la familia y la infancia. En su opini&oacute;n, los &oacute;rganos judiciales se limitaron a denegarle el turno solicitado con fundamento en consideraciones de estricta legalidad. As&iacute;, argument&oacute; que los &oacute;rganos judiciales debieron analizar en qu&eacute; medida resultaba necesaria la adscripci&oacute;n del demandante al turno de noche durante el curso 2007&#45;2008 para hacer compatible la vida profesional del trabajador con su vida familiar, y cu&aacute;les fueran, en su caso, las dificultades organizativas que esa adscripci&oacute;n pudiera originar en el centro de trabajo en el que presta servicios como ayudante t&eacute;cnico educativo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. <i>STC 26/2011, del 14 de marzo, de la Sala Primera</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De dicho asunto correspondi&oacute; conocer a la Sala Primera del TCE, la que despu&eacute;s de considerar que la invocaci&oacute;n del derecho a la tutela judicial efectiva carec&iacute;a de sustantividad propia, se plante&oacute; el problema como una violaci&oacute;n de la prohibici&oacute;n de discriminaci&oacute;n. Al respecto, record&oacute; que la prohibici&oacute;n de discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo (art&iacute;culo 14 de la CE) tiene su raz&oacute;n de ser en la voluntad de terminar con la hist&oacute;rica situaci&oacute;n de inferioridad, en la vida social y jur&iacute;dica, de la poblaci&oacute;n femenina, singularmente en el &aacute;mbito del empleo y de las condiciones laborales. Desde esta perspectiva afirm&oacute; que resultar&iacute;a dif&iacute;cil apreciar la existencia de discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo que alega el recurrente pues, como advierte el Fiscal en sus alegaciones, el cuidado de los hijos no ha sido una funci&oacute;n hist&oacute;ricamente impuesta a los varones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante lo anterior, para el Tribunal la cuesti&oacute;n puede analizarse desde otro tertium comparationis<sup><a href="#nota">3</a></sup> a los que se refiere la cl&aacute;usula antidiscriminatoria, en espec&iacute;fico, el referido a las circunstancias personales o sociales. Sobre el particular, apunt&oacute; que no corresponde al Tribunal determinar si la concreta pretensi&oacute;n del recurrente de realizar su jornada laboral en horario nocturno durante el curso 2007&#45;2008 se encuentra o no amparada por lo dispuesto en la ley invocada por el quejoso o por el convenio colectivo, por ser un tema de legalidad que compete exclusivamente a los jueces y tribunales. Sin embargo, consider&oacute; que el hecho de que los &oacute;rganos judiciales se hayan limitado a decir que la normativa aplicable no reconoce un derecho directo del trabajador a elegir cambio de turno, y no se hayan planteado si la cuesti&oacute;n constitu&iacute;a o no un obst&aacute;culo para la compatibilidad de su vida familiar y laboral, en atenci&oacute;n a las circunstancias personales, supuso no valorar adecuadamente la dimensi&oacute;n constitucional del asunto planteado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, la Sala afirm&oacute; que la dimensi&oacute;n constitucional de las medidas normativas tendentes a facilitar la conciliaci&oacute;n de la vida familiar y laboral de las personas trabajadoras, debe prevalecer y servir de orientaci&oacute;n para la soluci&oacute;n de cualquier duda interpretativa que pueda suscitarse ante la aplicaci&oacute;n a un supuesto concreto de una disposici&oacute;n que afecte a la conciliaci&oacute;n profesional y familiar. Ello obligaba a valorar las concretas circunstancias personales y familiares que concurr&iacute;an en el trabajador demandante, as&iacute; como la organizaci&oacute;n del r&eacute;gimen de trabajo de la residencia de educaci&oacute;n especial en la que prestaba servicios, para ponderar si la negativa empresarial a su pretensi&oacute;n de trabajar en horario nocturno constitu&iacute;a o no un obst&aacute;culo injustificado para la compatibilidad de su vida familiar y profesional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuanto ha quedado expuesto condujo al otorgamiento del amparo, mismo que se tradujo en el reconocimiento del derecho a la no discriminaci&oacute;n por circunstancias personales y familiares y en la obligaci&oacute;n de reponer las actuaciones a fin de que el Juzgado de lo Social n&uacute;m. 1 de Palencia dictara, con plenitud de jurisdicci&oacute;n, una nueva resoluci&oacute;n respetuosa con el derecho fundamental reconocido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A esta sentencia el magistrado P&eacute;rez Tremps formul&oacute; un voto particular en el que manifest&oacute; su discrepancia, pues en su opini&oacute;n: a) tener dos hijos de corta edad no parece ser un supuesto hist&oacute;rico de diferenciaci&oacute;n que haya colocado a un sector de la poblaci&oacute;n, los hombres, en una situaci&oacute;n contraria a la dignidad de la persona que permita identificarlo como una categor&iacute;a discriminatoria; b) tanto en v&iacute;a administrativa como judicial aparece una justificaci&oacute;n suficiente, concretada en que se ha hecho aplicaci&oacute;n del contenido de una medida adoptada en ejecuci&oacute;n del convenio, y en la que la perspectiva de las cargas familiares y la efectiva posibilidad de conciliaci&oacute;n de la vida familiar y laboral fue valorada, aunque no de la manera pretendida por el recurrente; c) el razonamiento de la administraci&oacute;n es razonable y respetuoso de las obligaciones familiares, pues intenta conciliar de la mejor forma posible para todos esas obligaciones y la organizaci&oacute;n del trabajo, y d) la resoluci&oacute;n mayoritaria requiere de los &oacute;rganos judiciales un excesivo intervencionismo, ya que no s&oacute;lo se les obliga a ponderar si no a intervenir con su voluntad en las previsiones normativas, convencionales o contractuales existentes, tomando decisiones organizativas que nos les corresponden.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>IV. Una mirada a la jurisprudencia del TCE. Sobre la conciliaci&oacute;n de la vida familiar y laboral</b></font>	</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La jurisprudencia del TCE sobre la conciliaci&oacute;n de la vida familiar y laboral puede clasificarse seg&uacute;n se trate de problemas relativos al despido de mujeres, permisos de lactancia, excedencias, reducci&oacute;n de jornada laboral, adscripci&oacute;n permanente a turnos y prestaci&oacute;n por maternidad. A continuaci&oacute;n hacemos un breve relato de su doctrina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. <i>Despido de mujeres</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis sobre la constitucionalidad del despido de mujeres que tienen como causa sus condiciones familiares, se ha planteado al Tribunal, por lo general, por medio de la invocaci&oacute;n de la vulneraci&oacute;n de la prohibici&oacute;n de discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo. El Tribunal parte de que la prohibici&oacute;n de discriminaci&oacute;n contenida en el art&iacute;culo 14 de la CE representa una expl&iacute;cita interdicci&oacute;n frente al mantenimiento de determinadas diferenciaciones hist&oacute;ricamente muy arraigadas, que han situado a sectores de la poblaci&oacute;n en posiciones no s&oacute;lo desventajosas sino abiertamente contrarias a la dignidad de la persona (STC 17/2003).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, el TCE ha reconocido la legitimidad constitucional de normativas o actos de los Poderes P&uacute;blicos, que contemplando condicionamientos diferenciales, como puede ser el sexo o el embarazo, regulen o reconozcan, efectos o consecuencias jur&iacute;dicas diversas o espec&iacute;ficas favorecedoras (SSTC 166/1988, 17/2003).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el TCE la discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo no comprende s&oacute;lo aquellos tratamientos peyorativos que encuentren su fundamento en la pura y simple constataci&oacute;n del sexo de la persona perjudicada. Tambi&eacute;n comprende estos mismos tratamientos cuando se fundan en la concurrencia de condiciones o circunstancias que tengan con el sexo de la persona una relaci&oacute;n de conexi&oacute;n directa e inequ&iacute;voca, tal como sucede con el embarazo (STC 173/1994). As&iacute;, ha exigido que cuando el despido pueda involucrar una transgresi&oacute;n a un derecho fundamental, como sucede con los despidos por embarazo, corresponde al empresario justificar la razonabilidad de su conducta (SSTC 166/1988, 136/1996, 41/2002). Esto, siempre y cuando se haya acreditado la existencia de indicios que generen una razonable sospecha, apariencia o presunci&oacute;n de semejante afirmaci&oacute;n (SSTC 136/1996, 41/2002).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta forma, los &oacute;rganos de la jurisdicci&oacute;n social han de alcanzar y expresar la convicci&oacute;n, no tanto de que el despido no fue absolutamente extra&ntilde;o a la utilizaci&oacute;n del mecanismo disciplinario, sino m&aacute;s bien de que el despido fue enteramente extra&ntilde;o a una conducta discriminatoria por raz&oacute;n de sexo, de modo que pueda estimarse que el despido en todo caso habr&iacute;a tenido lugar veros&iacute;milmente por existir causas suficientes, razonables y serias para entender como razonable la decisi&oacute;n empresarial desde la mera perspectiva disciplinaria (STC 136/1996).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. <i>Permisos de lactancia</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el estudio sobre los permisos de lactancia el TCE ha tomado tambi&eacute;n como punto de partida la prohibici&oacute;n de discriminaci&oacute;n prevista en el art&iacute;culo 14 de la CE, considerando que esta representa una expl&iacute;cita interdicci&oacute;n del mantenimiento de determinadas diferenciaciones hist&oacute;ricamente muy arraigadas y que han situado, tanto por la acci&oacute;n de los poderes p&uacute;blicos, como por la pr&aacute;ctica social, a sectores de la poblaci&oacute;n en posiciones no s&oacute;lo desventajosas, sino abiertamente contrarias a la dignidad de la persona (STC 128/1987).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, ha considerado que no puede afirmarse gen&eacute;ricamente que cualquier ventaja legal otorgada a la mujer sea siempre discriminatoria para el var&oacute;n por el mero hecho de no hacerle part&iacute;cipe de la misma. En efecto, la justificaci&oacute;n de tal diferencia puede hallarse en una situaci&oacute;n de desventaja de la mujer que se trata de compensar, y sin perjuicio de que el legislador pueda extender el beneficio al var&oacute;n o incluso suprimirlo sin que ello se oponga tampoco a los preceptos constitucionales invocados (SSTC 128/1987, 109/1993).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, para el TCE la discriminaci&oacute;n implica tambi&eacute;n la adopci&oacute;n de medidas que traten de asegurar la igualdad efectiva de trato y oportunidades de la mujer y del hombre, como sucede con los permisos de lactancia. En estos casos existe un fundamento objetivo y razonable para la diferenciaci&oacute;n, pues se trata de compensar las desventajas reales que para la conservaci&oacute;n de su empleo soporta la mujer (SSTC 128/1987, 109/1993).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. <i>Excedencia por cuidados familiares</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Trat&aacute;ndose del derecho de excedencia, el TCE ha dicho que la raz&oacute;n &uacute;ltima por la que se reconoce el derecho a la excedencia voluntaria para el cuidado de los hijos menores responde a la necesidad de cooperar al efectivo ejercicio del deber constitucional de los padres de prestar asistencia de todo orden a los hijos durante la minor&iacute;a de edad (art&iacute;culo 39.3 de la CE) y de contribuir a la efectiva realizaci&oacute;n del principio rector de la pol&iacute;tica social que establece que los poderes p&uacute;blicos aseguran la protecci&oacute;n social de la familia (SSTC 240/1999 y 203/2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De igual forma, el TCE ha afirmado que en la CE no se proclama ning&uacute;n derecho a gozar de la excedencia voluntaria para el cuidado de los hijos, ni que pueda negarse, desde la perspectiva constitucional, la posibilidad de que el legislador reconozca el disfrute de este derecho al personal vinculado a la Administraci&oacute;n de forma estable y en cambio lo niegue a aquellas personas que por motivos de urgencia y de necesidad del servicio lo desempe&ntilde;an de forma provisional (STC 240/1999).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque tambi&eacute;n ha precisado que si bien no puede exigirse ex art&iacute;culo 14 de la CE un absoluto tratamiento igualitario entre los diversos cuerpos y categor&iacute;as funcionariales al servicio de las administraciones p&uacute;blicas, el trato diferenciado pierde fundamento cuando se aplica a una persona como la recurrente cuya vinculaci&oacute;n de servicio con la administraci&oacute;n supera los cinco a&ntilde;os (SSTC 240/1999, 203/2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, el Tribunal ha explicado que el mandato antidiscriminatorio comprende no s&oacute;lo la discriminaci&oacute;n directa, es decir, el tratamiento jur&iacute;dico diferenciado y desfavorable de una persona por raz&oacute;n de su sexo, sino tambi&eacute;n la indirecta, esto es, aquel tratamiento formalmente neutro o no discriminatorio del que se deriva, por las diversas condiciones f&aacute;cticas que se dan entre trabajadores de uno y otro sexo, un impacto adverso sobre los miembros de un determinado sexo (SSTC 240/1999, 203/2000). De ah&iacute; que, si una abrumadora mayor&iacute;a de los funcionarios y laborales que solicitan la excedencia para el cuidado de los hijos son mujeres, la denegaci&oacute;n de las solicitudes de excedencia supone un grave obst&aacute;culo a la conservaci&oacute;n de un bien tan preciado como es la permanencia en el mercado laboral de las mujeres (SSTC 240/1999, 203/2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. <i>Reducci&oacute;n de la jornada laboral por motivos familiares</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A este respecto el TCE parte de la diferencia entre la prohibici&oacute;n de la discriminaci&oacute;n y el principio gen&eacute;rico de igualdad, que no postula ni como fin ni como medio la paridad y s&oacute;lo exige la razonabilidad de la diferencia normativa de trato. Por el contrario, la prohibici&oacute;n de discriminaci&oacute;n entre los sexos implica un juicio de irrazonabilidad de diferenciaci&oacute;n establecido ya en la propia Constituci&oacute;n, que impone como fin y generalmente como medio la parificaci&oacute;n, de modo que la distinci&oacute;n entre los sexos s&oacute;lo puede ser utilizada excepcionalmente por el legislador como criterio de diferenciaci&oacute;n jur&iacute;dica, lo que implica la necesidad de usar en el juicio de legitimidad constitucional un canon mucho m&aacute;s estricto, as&iacute; como un mayor rigor respecto a las exigencias materiales de proporcionalidad (STC 3/2007).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El TCE ha reiterado que la prohibici&oacute;n de discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo tiene su raz&oacute;n de ser en la voluntad de terminar con la hist&oacute;rica situaci&oacute;n de inferioridad, en la vida social y jur&iacute;dica, de la mujer. De igual forma, insiste en que no resulta necesario aportar en todo caso un tertium comparationis para justificar la existencia de un tratamiento discriminatorio y perjudicial, m&aacute;xime en aquellos supuestos en los que lo que se denuncia es una discriminaci&oacute;n indirecta (STC 3/2007).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pues bien, trat&aacute;ndose de la reducci&oacute;n de jornada para el cuidado de los hijos, el Tribunal ha establecido la obligaci&oacute;n de los &oacute;rganos judiciales de no ignorar la dimensi&oacute;n constitucional de la cuesti&oacute;n ante ellos suscitada. De ah&iacute; que, no pueden limitarse a valorar, para excluir la violaci&oacute;n del art&iacute;culo 14 de la CE, si la diferencia de trato tiene en abstracto una justificaci&oacute;n objetiva y razonable, sino que han de efectuar su an&aacute;lisis atendiendo a las circunstancias concurrentes y, sobre todo, a la trascendencia constitucional de este derecho de acuerdo con los intereses y valores familiares a que el mismo responde (STC 3/2007).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">5.&nbsp;<i>Adscripci&oacute;n permanente a turnos</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La doctrina del Tribunal sobre este tema la trataremos al analizar las sentencias que son motivo de este comentario jurisprudencial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">6.&nbsp;<i>Permiso por maternidad</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este tema, el Tribunal ha se&ntilde;alado que la atribuci&oacute;n del derecho al descanso por maternidad en su integridad a la mujer trabajadora en el supuesto de parto no es discriminatoria para el var&oacute;n, toda vez que, "la maternidad, y por tanto el embarazo y el parto, son una realidad biol&oacute;gica diferencial objeto de protecci&oacute;n, derivada directamente del art&iacute;culo 39.2 de la Constituci&oacute;n y por tanto las ventajas o excepciones que determine para la mujer no pueden considerarse discriminatorias para el hombre" (STC 109/1993, 75/2011).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el Tribunal, el fundamento de la baja de maternidad no est&aacute; en la protecci&oacute;n a la familia, sino en la de las madres. Como dice el considerando decimocuarto de la Directiva 92/85/CEE, la vulnerabilidad de la trabajadora embarazada, que haya dado a luz o en per&iacute;odo de lactancia, hace necesario un derecho a un permiso de maternidad" (SSTC 324/2006, 75/2011).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De ah&iacute; que reitere el Tribunal que no puede afirmarse que cualquier ventaja legal otorgada a la mujer sea siempre discriminatoria para el var&oacute;n por el mero hecho de no hacerle part&iacute;cipe de la misma (como podr&iacute;a al contrario serlo para la mujer la que le impusiera una privaci&oacute;n solamente por raz&oacute;n del sexo). Al contrario, la justificaci&oacute;n de tal diferencia podr&iacute;a hallarse en una situaci&oacute;n de desventaja de la mujer que se trata de compensar; en este caso, porque ello tiene lugar frente a la relaci&oacute;n de trabajo, y sin perjuicio de que el legislador pueda extender el beneficio al var&oacute;n o incluso suprimirlo, sin que ello se oponga tampoco a los preceptos constitucionales invocados (SSTC 109/1993, 75/2011).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, eso no impide que el legislador, en el leg&iacute;timo ejercicio de su amplia libertad de configuraci&oacute;n del sistema de Seguridad Social, pueda incorporar al ordenamiento jur&iacute;dico, si lo estima oportuno &#151;como efectivamente lo ha hecho, con la reforma introducida por la Ley Org&aacute;nica 3/2007, del 22 de marzo&#151;, el derecho de los padres trabajadores por cuenta ajena a suspender su contrato de trabajo (con derecho, en su caso, al percibo del subsidio por maternidad) cuando la madre no desempe&ntilde;ase actividad laboral o realizase una actividad profesional que no d&eacute; lugar a su inclusi&oacute;n en el sistema de la Seguridad Social (STC 75/2011).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, en la reciente STC 152/2011 afirm&oacute; que el parto y la adopci&oacute;n no tienen que ser supuestos equiparables a efectos de los derechos profesionales de los progenitores y adoptantes. Espec&iacute;ficamente, trat&aacute;ndose del permiso para el per&iacute;odo de descanso, porque en el supuesto de maternidad biol&oacute;gica la finalidad del permiso es preservar la salud de la madre, mientras que en el supuesto de adopci&oacute;n la finalidad es facilitar la integraci&oacute;n del menor en la familia, y de contribuir a un reparto m&aacute;s equilibrado de las responsabilidades familiares.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>V. Igualdad, no discriminaci&oacute;n y acciones positivas en Espa&ntilde;a</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como hemos visto, los problemas sobre la conciliaci&oacute;n de la vida laboral y familiar se han presentado al Tribunal, en su mayor&iacute;a, como cuestiones de discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo. En este sentido, consideramos pertinente hacer un estudio introductorio de categor&iacute;as como la igualdad, no discriminaci&oacute;n y acciones positivas en el derecho constitucional espa&ntilde;ol. En la CE la igualdad es un valor (art&iacute;culo 1.1),<sup><a href="#nota">4</a></sup> un principio (art&iacute;culos 9.2<sup><a href="#nota">5</a></sup> y 14<sup><a href="#nota">6</a></sup>) y un derecho fundamental protegible v&iacute;a de amparo (art&iacute;culos 14 y 53.2<sup><a href="#nota">7</a></sup>).<sup><a href="#nota">8</a></sup> Tradicionalmente se ha entendido que el art&iacute;culo 9.2 promueve la igualdad material, y el art&iacute;culo 14 la igualdad formal.<sup><a href="#nota">9</a></sup> La complementaci&oacute;n entre uno y otro la exige el car&aacute;cter social del Estado espa&ntilde;ol (art&iacute;culo 1o. de la CE).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A su vez, el art&iacute;culo 14 prev&eacute; tanto una cl&aacute;usula general de igualdad, como una prohibici&oacute;n espec&iacute;fica de discriminar por raz&oacute;n de nacimiento, raza, sexo, religi&oacute;n, opini&oacute;n o cualquiera otra condici&oacute;n o circunstancia personal o social. En un principio, sin embargo, el TCE consider&oacute; que la prohibici&oacute;n de discriminar era una mera manifestaci&oacute;n del derecho a la igualdad, sin hacer mayor distingos entre una y otro.<sup><a href="#nota">10</a></sup> Afortunadamente esta situaci&oacute;n cambiar&iacute;a con el tiempo, siendo la STC 128/1987 el punto de quiebre. Para algunos, la distinci&oacute;n entre ambas cl&aacute;usulas radica en que la prohibici&oacute;n de discriminaci&oacute;n hace referencia a criterios espec&iacute;ficos especialmente odiosos, estableciendo una presunci&oacute;n inicial de ilegitimidad y elevando el nivel de justificaci&oacute;n del trato desigual.<sup><a href="#nota">11</a></sup> Para otras, en cambio, la diferencia entre dichas cl&aacute;usulas radica en que la prohibici&oacute;n de discriminaci&oacute;n adem&aacute;s de imponer un escrutinio estricto, es una protecci&oacute;n espec&iacute;fica para sectores socialmente marginados de la poblaci&oacute;n.<sup><a href="#nota">12</a></sup> De esta forma, por ejemplo, trat&aacute;ndose de la discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo, la primera postura sostiene que ha de entenderse referida a mujeres y hombres, en tanto las v&iacute;ctimas pueden variar dependiendo de las circunstancias del momento.<sup><a href="#nota">13</a></sup> Por su parte, la segunda posici&oacute;n adelanta que la discriminaci&oacute;n tiene un car&aacute;cter unilateral, pensada solamente para proteger a determinados colectivos que se encuentran en situaci&oacute;n de inferioridad frente a otros, en el caso, las mujeres.<sup><a href="#nota">14</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, como explica L&oacute;pez Guerra, la discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo puede ser directa o indirecta. La discriminaci&oacute;n directa es "expresa" cuando la diferencia de trato se hace derivar inequ&iacute;vocamente del sexo, y es "oculta" cuando la diferencia de trato se hace derivar no expresamente del sexo, pero s&iacute; de un car&aacute;cter directamente vinculado con el sexo, como la fuerza muscular o la altura. Por otro lado, la discriminaci&oacute;n indirecta se refiere a los tratos desfavorables derivados de caracter&iacute;sticas que no aparecen inmediatamente vinculadas al sexo, pero que, en la pr&aacute;ctica, supone poner a la mujer (pues tal es invariablemente el caso) en una posici&oacute;n desfavorable.<sup><a href="#nota">15</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cualquier caso, la tutela antidiscriminatoria pretende erradica tales situaciones a trav&eacute;s de medidas pol&iacute;ticas y legislativas,<sup><a href="#nota">16</a></sup> llamadas acciones positivas o de discriminaci&oacute;n inversa. A estas medidas se les conoce como "derecho antidiscriminatorio",<sup><a href="#nota">17</a></sup> que tiene por objeto establecer la igualdad entre hombres y mujeres mediante la eliminaci&oacute;n de las desigualdades de hecho.<sup><a href="#nota">18</a></sup> Las acciones positivas consisten en medidas favorables para un grupo sin que se perjudique a los dem&aacute;s, mientras que la discriminaci&oacute;n inversa supone una desventaja para los incluidos en el otro grupo.<sup><a href="#nota">19</a></sup> A este respecto, uno de los retos ante los que el Tribunal se ha enfrentado, es distinguir estas acciones de las acciones protectoras, que parten de una concepci&oacute;n del sexo femenino como inherentemente inferior o m&aacute;s d&eacute;bil, y por ello necesitado de especial favorecimiento.<sup><a href="#nota">20</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las acciones afirmativas aparecen en la d&eacute;cada de los sesentas en Estados Unidos, para eliminar la segregaci&oacute;n racial. Poco a poco se extendieron a las diferencias motivadas por el sexo. En 1968, por ejemplo, se reforma la Executive order 10.925 del presidente J. F. Kennedy de 1961 para que la Office of Federal Contract Compliance comprobara que la administraci&oacute;n &uacute;nicamente contrataba con empresas que ten&iacute;an planes de acci&oacute;n positiva en favor de la mujer.<sup><a href="#nota">21</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el &aacute;mbito europeo las acciones afirmativas en favor de la mujer comenzaron con el Tratado de Roma, en donde se estableci&oacute; que deben gozar la misma retribuci&oacute;n la mujer y el var&oacute;n que desempe&ntilde;en el mismo trabajo.<sup><a href="#nota">22</a></sup> Sin embargo, la norma europea clave para las acciones afirmativas es la Directiva 76/207/CEE del Consejo de las Comunidades Europeas, relativa a la aplicaci&oacute;n del principio de igualdad de trato entre hombres y mujeres en lo que se refiere al acceso al empleo, en cuyo art&iacute;culo 2.4 se permite establecer medidas "para corregir las desigualdades de hecho que afecten a las oportunidades de las mujeres".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta &uacute;ltima directiva fue modificada por la diversa 2002/73/CE, en donde se dispuso que los Estados miembros tendr&aacute;n en cuenta de manera activa la igualdad entre hombres y mujeres,<sup><a href="#nota">23</a></sup> y que alentar&aacute;n a los empresarios para adoptar medidas para prevenir la discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo.<sup><a href="#nota">24</a></sup> Un par de a&ntilde;os despu&eacute;s, el Consejo de Europa expidi&oacute; la Directiva 2004/113/CE, en donde se dijo expresamente que se permiten las medidas para compensar las desigualdades sufridas por raz&oacute;n de sexo.<sup><a href="#nota">25</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con base en estas dos &uacute;ltimas normas, los estados miembros de la Uni&oacute;n Europea legislaron para hacer efectivo esos derechos. En el caso espa&ntilde;ol, se expidi&oacute; la Ley Org&aacute;nica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres.<sup><a href="#nota">26</a></sup> En la misma se prev&eacute;, por ejemplo, un derecho de los padres a un permiso y una prestaci&oacute;n por paternidad, que se reconoce tanto en los supuestos de paternidad biol&oacute;gica como en los de adopci&oacute;n y acogimiento (art&iacute;culo 44.3). Este derecho se adecua a lo dispuesto por la Directiva 96/34/CE, que concede un derecho individual de permiso paternal a los trabajadores, hombres o mujeres, por motivo de nacimiento o adopci&oacute;n de un hijo, para poder ocuparse del mismo durante un m&iacute;nimo de tres meses hasta una edad determinada que puede ser de hasta ocho a&ntilde;os. Asimismo, ya en materia del presente comentario, con dicha Ley se introduce un apartado 8 en el art&iacute;culo 34 de la LET, en el que se prev&eacute; el derecho del trabajador a adaptar la duraci&oacute;n y distribuci&oacute;n de la jornada de trabajo para hacer efectivo su derecho a la conciliaci&oacute;n de la vida personal, familiar y laboral.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>VI. Debatiendo sobre la discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo. Comentario a las sentencias 24/2011 y 26/2011 del TCE</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El objeto de este &uacute;ltimo apartado es analizar las Sentencias objeto de este comentario de una manera un tanto hetereodoxa. En efecto, a ra&iacute;z de la discusi&oacute;n y an&aacute;lisis de dichas Sentencias los que suscribimos este art&iacute;culo decidimos presentar al lector de manera separada nuestras opiniones y perspectivas sobre la discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo. La primera, es la propuesta por Soberanes D&iacute;ez y a la que denominamos como una "visi&oacute;n ampliada" de la discriminaci&oacute;n. La segunda, sustentada por Niembro Ortega y que podemos calificar como una "visi&oacute;n estructural" de la discriminaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. <i>An&aacute;lisis desde una visi&oacute;n ampliada de la discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las resoluciones anteriores dejan en claro una contradicci&oacute;n. Mientras que la Sala Primera consider&oacute; que se trataba de un problema de discriminaci&oacute;n por circunstancias personales, la Sala Segunda estim&oacute; que era un problema de discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo. Esta diferencia es la raz&oacute;n que explica el distinto resultado al que arribaron.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; pues, en mi perspectiva, la cuesti&oacute;n que debe dilucidarse es por qu&eacute; motivo debe analizarse el tema de discriminaci&oacute;n, lo que es una cuesti&oacute;n fundamental. En efecto, mientras el juicio de igualdad implica comparar dos razones para determinar si son iguales desde un punto de vista, la cl&aacute;usula antidiscriminatoria, una de sus manifestaciones concretas, impide que el punto de vista desde el que se hace la comparaci&oacute;n sea alguno de los que establece la Constituci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con lo anterior no quiero identificar el juicio de la igualdad gen&eacute;rica con el juicio de discriminaci&oacute;n. Aunque los dos est&aacute;n &iacute;ntimamente vinculados a trav&eacute;s del valor de la igualdad y ambas implican la comparaci&oacute;n entre dos razones por un motivo, se trata de cuestiones distintas, porque en la discriminaci&oacute;n el motivo de comparaci&oacute;n est&aacute; constitucionalmente vedado. La ratio de esa prohibici&oacute;n, tradicionalmente ha sido la protecci&oacute;n a un sector menos favorecido como apunta mi amigo Roberto Niembro. Sin embargo, me parece que si atendemos a que el principio de no discriminaci&oacute;n est&aacute; al servicio del valor de la igualdad real, la ratio tambi&eacute;n es la eliminaci&oacute;n de estereotipos hist&oacute;ricos contra los sectores desfavorecidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior tiene como presupuesto que el acto discriminatorio consiste esencialmente en el menosprecio del otro, en la infravaloraci&oacute;n que una persona hace de otra por motivo de alguna condici&oacute;n o caracter&iacute;stica personal. Emitir un juicio de valor total con base en una determinada caracter&iacute;stica respecto de una persona siempre constituye un reduccionismo que acaba por desfigurar el valor intr&iacute;nseco de la persona.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La discriminaci&oacute;n se basa, pues, en prejuicios. Es distinta a la igualdad gen&eacute;rica porque en este caso no &uacute;nicamente se juzga un trato desigual sino que tambi&eacute;n se juzga el prejuicio por el que se utiliza un motivo de comparaci&oacute;n. El perjuicio generalmente existe contra mujeres, por eso es que el TCE ha entendido que la discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo s&oacute;lo puede darse en contra de ellas y no en contra de los hombres. En este punto es en donde me aparto de Niembro Ortega, puesto que considero que el sujeto pasivo de una discriminaci&oacute;n tambi&eacute;n puede ser un hombre, si con ello se le asigna un rol social producto de un estereotipo cultural, ya que con ello se afecta al sector tradicionalmente desfavorecido que son las mujeres.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con esto no quiero afirmar que la protecci&oacute;n de grupos marginados no sea el fin de la prohibici&oacute;n de discriminaci&oacute;n. Todo lo contrario. Quiero decir que esta protecci&oacute;n no se limita a no tratarlos de forma desigual, sino que debe entenderse en una dimensi&oacute;n cultural, como una eliminaci&oacute;n de estereotipos. Si se eliminan estos prejuicios, estos grupos estar&aacute;n protegidos porque se les tratar&aacute; de forma igual. En otras palabras, debe combatirse la desigualdad, pero no solo los actos discriminatorios como tales, sino tambi&eacute;n su ra&iacute;z, que es la idea de una determinada caracter&iacute;stica irracional que los hace desiguales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ciertamente las cl&aacute;usulas antidiscriminatorias surgieron para proteger a ciertos grupos que hist&oacute;ricamente han sido tratados de forma desventajosa, pero estimo que eso abarca el trato desigual, pero en el contexto cultural en el que es usado, esto es, eliminando los paradigmas tradicionales que corresponden a cada una de las categor&iacute;as que se crean a partir del motivo de comparaci&oacute;n. Este es un juicio m&aacute;s amplio: en la medida en que se eliminen los estereotipos se protege al sector desfavorecido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este entendimiento es en el que se anclan las acciones afirmativas. En la medida en la que los poderes p&uacute;blicos hacen un trato desigual para lograr la igualdad real mediante la eliminaci&oacute;n de estigmas hist&oacute;ricos hacia ciertos grupos, no pueden considerarse medidas discriminatorias pese a utilizar un motivo de comparaci&oacute;n constitucionalmente proscrito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con base en lo anterior es que puede analizarse planteamientos de discriminaci&oacute;n respecto a sectores favorecidos (blancos, hombres, espa&ntilde;oles, como apunta Roberto Niembro), puesto que alguno de los tratos desiguales hacia alguno de estos sectores presuponen un estigma hacia el otro grupo. En efecto, el juicio de discriminaci&oacute;n analiza la comparaci&oacute;n realizada entre dos sectores con base en una causa constitucionalmente prescrito. La ratio por la que se utiliza una causa de comparaci&oacute;n es importante puesto que la misma tiene repercusi&oacute;n en ambos sectores por ser su conector.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; pues, al considerar que un padre no tiene la funci&oacute;n de cuidar a los hijos, se considerando impl&iacute;citamente que esa es una tarea femenina, lo que supone tambi&eacute;n un trato discriminatorio a la mujer. De esta forma, al determinar que es discriminatorio que no se le permita a un padre cuidar de su hijo, se est&aacute; combatiendo la consideraci&oacute;n estereot&iacute;pica de que la madre es la encargada de cuidar a los hijos, con lo que se protege a las mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta postura no implica que cualquier colectivo que sea objeto de un prejuicio sea discriminado. Ello puede analizarse en un juicio gen&eacute;rico de igualdad como bien apunta Roberto Niembro. Lo que supone es que debe valorarse la raz&oacute;n que subyace tras el uso del motivo de comparaci&oacute;n proscrito constitucionalmente. En este sentido, debe de hacerse un test de razonabilidad estricto en estos casos, a diferencia de lo que sucede en la igualdad, con todos los elementos que la distinguen, ya se&ntilde;alados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta forma, estimo que la prohibici&oacute;n de discriminaci&oacute;n por motivo del sexo debe ser entendida en el contexto de la evoluci&oacute;n de las ideas sobre la igualdad entre el hombre y la mujer. En este sentido, conviene mencionar que, tras una etapa que justificaba los tratos desiguales atendiendo a las diferencias f&iacute;sicas, se pas&oacute; a una visi&oacute;n igualitarista, con la que las mujeres no alcanzaron su identidad, sino que se asimilaron a un modelo masculino que era inicialmente su banco de cr&iacute;ticas. Por ello, en una tercera etapa, iniciada en los a&ntilde;os ochenta, se pretendi&oacute; la interdependencia y la corresponsabilidad entre hombre y mujer.<sup><a href="#nota">27</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con base en lo expuesto, el derecho a adaptar la duraci&oacute;n y distribuci&oacute;n de la jornada de trabajo para hacer efectivo su derecho a la conciliaci&oacute;n de la vida personal, familiar y laboral es una especificaci&oacute;n de la igualdad efectiva entre hombres y mujeres. Si lo que pretende el modelo m&aacute;s reciente de igualdad entre sexos es terminar con los estigmas hist&oacute;ricos que corresponden a cada sexo y lograr la interdependencia y la corresponsabilidad entre hombre y mujer, ello implica que el cuidado de los hijos sea una tarea de ambos y no de la mujer.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta perspectiva se dir&iacute;a que la sentencia de la Sala Primera del TCE debi&oacute; de hacer el an&aacute;lisis como se lo plante&oacute; el promovente y no modificar el motivo de comparaci&oacute;n con el que se valorar&iacute;a el tema de constitucionalidad. Al mencionar que dicho motivo "tiene su raz&oacute;n de ser en la voluntad de terminar con la hist&oacute;rica situaci&oacute;n de inferioridad, en la vida social y jur&iacute;dica, de la poblaci&oacute;n femenina", no est&aacute; tomando en cuenta que tienen que terminarse con paradigmas hist&oacute;ricos, como que el cuidado de los hijos es una cuesti&oacute;n que incumbe &uacute;nicamente a las madres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un padre que quiere conciliar su vida laboral con el cuidado de los hijos, es decir, que pretende realizar una actividad que tradicionalmente se considera exclusiva de la madre, est&aacute; planteando un tema de corresponsabilidad entre var&oacute;n y mujer. Ello afecta a la concepci&oacute;n de roles sociales de cada sexo y, por tanto, conforme a una visi&oacute;n amplia de la discriminaci&oacute;n como la aqu&iacute; explicada se trata de una cuesti&oacute;n de discriminaci&oacute;n por sexo, tanto para mujeres como para hombres. En ese sentido es que desde esta perspectiva se concluir&iacute;a que debi&oacute; realizarse el an&aacute;lisis de discriminaci&oacute;n por motivo de sexo y no variar el motivo de comparaci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. <i>An&aacute;lisis desde una perspectiva estructural de la discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia de lo que opina Jos&eacute; Mar&iacute;a Soberanes, considero que la discrepancia sustancial entre la Sala Primera y la Sala Segunda del TCE est&aacute; en la deferencia que tienen hacia la ponderaci&oacute;n de las circunstancias personales del recurrente que hicieron los &oacute;rganos jurisdiccionales: mientras que la Sala Primera otorg&oacute; el amparo al considerar que los &oacute;rganos judiciales no hab&iacute;an llevado a cabo dicha ponderaci&oacute;n, la Sala Segunda deneg&oacute; la protecci&oacute;n al estimar, por un lado, que se trataba de un problema de legalidad y, por el otro, que el Tribunal Superior de Justicia s&iacute; hab&iacute;a ponderado los distintos intereses en juego. Esta diferencia, en mi opini&oacute;n, es la causa que determin&oacute; la diferencia en los fallos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, antes de realizar este an&aacute;lisis, quiero manifestar mi opini&oacute;n sobre la propuesta que Soberanes D&iacute;ez nos hace sobre la forma de entender la discriminaci&oacute;n. Para nuestro autor, la discriminaci&oacute;n (por raz&oacute;n de sexo) se basa en prejuicios m&aacute;s que en el sexo mismo, de ah&iacute; que nos sugiere adoptar una visi&oacute;n ampliada de la discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo, en la que tanto hombres como mujeres pueden ser protegidos por medio de esa categor&iacute;a jur&iacute;dica. Es decir, nos invita a que dejemos de considerar, como lo hace el Tribunal, a la discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo como un fen&oacute;meno jur&iacute;dico que s&oacute;lo puede darse en contra de las mujeres para involucrar tambi&eacute;n a los hombres, en tanto &eacute;stos tambi&eacute;n pueden ser objetos de prejuicios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La propuesta de Soberanes D&iacute;ez es en efecto una forma distinta &#151;a como lo hace el Tribunal&#151; de entender la discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo. Para captar esta distinci&oacute;n es necesario repasar, aunque sea brevemente, las dos etapas de la l&iacute;nea jurisprudencial del Tribunal sobre este particular. En la primera, a la que Mar&iacute;a Luisa Balaguer llama "etapa de indiferenciaci&oacute;n de g&eacute;nero"<sup><a href="#nota">28</a></sup> y que termina con la STC 128/1987,<sup><a href="#nota">29</a></sup> la igualdad y la prohibici&oacute;n de discriminaci&oacute;n son tratados de la misma manera, adem&aacute;s de que el sexo como categor&iacute;a sospechosa incluye a los hombres. Un caso ilustrativo de este proceder es la STC 103/1983, en la cual se declar&oacute; la inconstitucionalidad &#151;por violar el principio de igualdad&#151; del r&eacute;gimen jur&iacute;dico de los apartados 1 y 2 del art&iacute;culo 160 de la Ley General de la Seguridad Social. Esta disposici&oacute;n preve&iacute;a un r&eacute;gimen jur&iacute;dico distinto para mujeres y hombres en la determinaci&oacute;n de las pensiones por viudedad, ya que para las viudas se exig&iacute;a s&oacute;lo la previa relaci&oacute;n conyugal y la convivencia habitual con el consorte, en tanto que para los viudos se demandaba tambi&eacute;n la incapacidad para el trabajo y la dependencia econ&oacute;mica respecto del otro c&oacute;nyuge. Para el Tribunal est&aacute;bamos ante un caso de discriminaci&oacute;n toda vez que se daba un trato diferente ante situaciones iguales (la cotizaci&oacute;n era igual para ambos sexos y el vac&iacute;o econ&oacute;mico que produc&iacute;a la mujer trabajadora era id&eacute;ntico al que en iguales casos causaba el marido).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta Sentencia es importante, adem&aacute;s, por el voto particular del entonces magistrado Rubio Llorente, en cual se avizora un cambio de concepci&oacute;n sobre la prohibici&oacute;n de discriminaci&oacute;n. En esa ocasi&oacute;n, el antiguo presidente del TCE afirm&oacute; que el legislador puede configurar los derechos de prestaci&oacute;n atendiendo a la "condici&oacute;n o circunstancia personal o social de los posibles beneficiarios", por lo que la configuraci&oacute;n legal de un derecho de prestaci&oacute;n no es discriminatoria por el simple hecho de establecer diferencias, sino s&oacute;lo cuando la diferencia de tratamiento dada a distintos grupos sociales carezca de justificaci&oacute;n razonable. De esta forma, la diferencia social existente entre hombres y mujeres imped&iacute;a considerar irrazonable la diferencia establecida por el art&iacute;culo 160 de la Ley de Seguridad Social entre viudos y viudas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, la segunda etapa de "diferenciaci&oacute;n de g&eacute;nero" comienza con el leading case STC 128/1987. En este caso un T&eacute;cnico Sanitario de un Hospital de la Seguridad Social plante&oacute; la inconstitucionalidad del trato diferenciado que se daba a hombres y mujeres respecto a la obtenci&oacute;n de un complemento retributivo de 4.000 pesetas mensuales en concepto de guarder&iacute;a. Este se reconoc&iacute;a a todas las mujeres que estuvieren trabajando al servicio del centro hospitalario y tuvieran hijos menores de seis a&ntilde;os, mientras que a los hombres con hijos menores de seis a&ntilde;os s&oacute;lo les era otorgado si se encontraban en estado civil de viudedad. Cambiando su l&iacute;nea jurisprudencial, el Tribunal desestim&oacute; el amparo argumentando que la expresa exclusi&oacute;n de la discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n del sexo hallaba su raz&oacute;n concreta en la voluntad de terminar con la hist&oacute;rica situaci&oacute;n de inferioridad en que, en la vida social y jur&iacute;dica, se hab&iacute;a colocado a la poblaci&oacute;n femenina.<sup><a href="#nota">30</a></sup> En otras palabras, el Tribunal transitaba a la diferenciaci&oacute;n de la igualdad y la discriminaci&oacute;n, haciendo una lectura estructural de esta &uacute;ltima.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pues bien, lo que nos propone Soberanes D&iacute;ez es conservar la idea del "prejuicio" de esta segunda etapa, pero sin referirla a un grupo particular. De esta forma, cualquier colectivo sobre el que haya un "prejuicio" es discriminado. Mi escepticismo respecto a esta postura se funda en sus consecuencias, pues no s&oacute;lo se trata de un cambio en el nomen iuris. Esto es as&iacute;, pues el canon desde el cual se estudia un acto o una ley por violar el principio de igualdad, no es el mismo que si se analiza desde la prohibici&oacute;n de discriminaci&oacute;n. En efecto, el uso de categor&iacute;as distintas &#151;igualdad/discriminaci&oacute;n&#151; no es una cuesti&oacute;n balad&iacute;, pues trat&aacute;ndose de tratos discriminatorios se eleva el grado de justificaci&oacute;n que se requiere para considerar que el trato desigual es constitucionalmente leg&iacute;timo,<sup><a href="#nota">31</a></sup> aplicando el test de proporcionalidad, adem&aacute;s de que se alivia al recurrente de aportar un t&eacute;rmino de comparaci&oacute;n en los casos de discriminaci&oacute;n indirecta. Por el contrario, el test de igualdad s&oacute;lo requiere la razonabilidad de la medida.<sup><a href="#nota">32</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, si aceptamos que el hombre puede ser discriminado por raz&oacute;n de sexo y se establece un mejor trato para la mujer <i>(v. gr.</i> menor pena por maltratos de la mujer al hombre que del hombre a la mujer STC 59/2008) o una ventaja en su favor <i>(v. gr.</i> prestaci&oacute;n de guarder&iacute;a con independencia de su estado civil frente a los hombres necesariamente viudos STC 128/1987), elevamos el grado de justificaci&oacute;n que debe proporcionarse y, por tanto, la probabilidad de que sea declarada inconstitucional. La pregunta es si esto es deseable, o si bastar&iacute;a con requerir la razonabilidad de las medidas que favorezcan a la mujer.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entendemos que la respuesta debe buscarse en la raz&oacute;n por la cual se exigen niveles de justificaci&oacute;n m&aacute;s elevados cuando se discrimina por raz&oacute;n de sexo, raza, nacionalidad, etc&eacute;tera. En otras palabras, es necesario entender a qui&eacute;n se busc&oacute; proteger cuando se establecieron como sospechosas esas categor&iacute;as. En nuestra opini&oacute;n, estas fueron establecidas para resguardar a grupos tradicionalmente maltratados o que son objeto de una desigualdad estructural. As&iacute;, cuando se estableci&oacute; la prohibici&oacute;n de discriminar por raz&oacute;n de sexo, raza o nacionalidad, no se estaba pensando en cuidar al hombre, blanco, espa&ntilde;ol de un trato desigual, sino por ejemplo a la mujer, negra, somal&iacute; que vive en Espa&ntilde;a. En otras palabras, la exigencia de un mayor grado de justificaci&oacute;n de un trato desigual s&oacute;lo se entiende y cumple su finalidad si es para salvaguardar a los grupos tradicionalmente excluidos y maltratados. En efecto, de esta manera se justifican las acciones positivas o de discriminaci&oacute;n inversa, pues estas se otorgan en raz&oacute;n de la pertenencia a un colectivo sometido, excluido o sojuzgado.<sup><a href="#nota">33</a></sup> En este sentido, considero que la opini&oacute;n de Soberanes D&iacute;ez desvincula la raz&oacute;n por la que fueron establecidas esas caracter&iacute;sticas &#151;sexo, raza, nacionalidad, etc&eacute;tera&#151; como sospechosas y ampl&iacute;a su &aacute;mbito de protecci&oacute;n a los grupos que no son discriminados sino que suelen discriminar.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, conforme a la posici&oacute;n "neutral" por la que propugna Soberanes, podr&iacute;a llegar a estimarse que grupos tradicionalmente poderosos sobre los que ahora hay un "prejuicio", han sido discriminados. A mi entender, de esta forma se vac&iacute;a de contenido y se deja sin sentido el reclamo que conlleva utilizar la categor&iacute;a de discriminaci&oacute;n. En otras palabras, olvida que hay "situaciones en las que la desigualdad de trato no se funda en la arbitrariedad o el prejuicio, sino que es consecuencia de situaciones de desigualdad estructural a la que se encuentran sometidos algunos grupos de nuestra sociedad".<sup><a href="#nota">34</a></sup> Esto no significa que los grupos protegidos por las categor&iacute;as sospechosas se petrifiquen, y que el d&iacute;a de ma&ntilde;ana el hombre, blanco, espa&ntilde;ol, no pueda ser objeto de discriminaci&oacute;n. Ahora bien, mientras eso sucede y las circunstancias actuales permanezcan iguales, es decir, el trato peyorativo sea en contra de la mujer, negra, somal&iacute;, no es conveniente abstraernos de la realidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Soberanes D&iacute;ez tambi&eacute;n nos dice que la lectura estructural de la prohibici&oacute;n de discriminaci&oacute;n no toma en cuenta que tienen que terminarse con paradigmas hist&oacute;ricos, como que el cuidado de los hijos es una cuesti&oacute;n que incumbe &uacute;nicamente a las madres. En mi opini&oacute;n, esta apreciaci&oacute;n no es acertada porque la lectura estructural de la discriminaci&oacute;n tiene precisamente como objetivo terminar con esos "paradigmas hist&oacute;ricos", como que el cuidado de los hijos sea una tarea de la mujer. De esta manera la diferencia entre ambas posturas no est&aacute; en si quieren o no terminar con paradigmas hist&oacute;ricos, sino en la forma de erradicarlos. En el caso concreto, para nuestro autor, la forma m&aacute;s adecuada de hacerlo es incluir al hombre como sujeto protegido por la prohibici&oacute;n de discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo, ya que de esta forma supuestamente se hubiera otorgado el amparo, sin necesidad de acudir a la categor&iacute;a de "circunstancias personales o familiares". Por las razones que ya expliqu&eacute;, no estoy de acuerdo con esta propuesta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema, se me dir&aacute;, es que entonces para hacer corresponsable al hombre del cuidado de los hijos, hay que aceptar que se trata de una discriminaci&oacute;n por circunstancias personales, tal y como lo hace el Tribunal. Y eso, como dice el magistrado P&eacute;rez Tremps, tampoco parece muy plausible, pues "la circunstancia de tener dos hijos de corta edad no parece que hist&oacute;ricamente haya supuesto una diferenciaci&oacute;n que haya colocado a un sector de la poblaci&oacute;n, los hombres, en una situaci&oacute;n contraria a la dignidad de la persona que permita identificarla como una categor&iacute;a discriminatoria".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En mi opini&oacute;n, la conclusi&oacute;n del magistrado P&eacute;rez Tremps es correcta &#151;no estamos ante una discriminaci&oacute;n por circunstancias personales o familiares&#151; y vale tambi&eacute;n para el supuesto de que el Tribunal hubiera proseguido su estudio desde la discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo. Es decir, aun suponiendo que el Tribunal hubiera decidido analizar la demanda de don Higelmo P&eacute;rez como un supuesto de discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo, me parece que en el caso no exist&iacute;a ning&uacute;n tratado diferenciado contrario a la dignidad del recurrente. Y me parece, adem&aacute;s, que as&iacute; se desprende de la ratio decidendi de la Sentencia. En efecto, el fallo se bas&oacute; en que los jueces ordinarios no ponderaron si la negativa empresarial de la pretensi&oacute;n del recurrente de trabajar en horario nocturno, constitu&iacute;a o no un obst&aacute;culo injustificado para la compatibilidad de su vida familiar y profesional, y no en si el recurrente era parte de un grupo que haya sido hist&oacute;ricamente desventajado. De hecho, la raz&oacute;n para el otorgamiento del amparo al ser "discriminado" por raz&oacute;n de sus circunstancias personales o familiares fue que: los &oacute;rganos judiciales no analizaron hasta qu&eacute; punto dicha pretensi&oacute;n resultaba necesaria para lograr la efectiva participaci&oacute;n del recurrente en el cuidado de sus hijos, ni cu&aacute;les eran las dificultades organizativas que el reconocimiento del horario solicitado pudiera haber ocasionado.<sup><a href="#nota">35</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta forma, como anticip&eacute;, la diferencia en los fallos de las sentencias 26/2011 y 24/2011 se debe m&aacute;s al grado de deferencia que tienen cada una de las Salas del TCE hacia la ponderaci&oacute;n que hicieron los &oacute;rganos jurisdiccionales, que al tertium comparationis que utilizaron. As&iacute;, por un lado, la Sala Primera (STC 26/2011) bas&oacute; su resoluci&oacute;n estimatoria en el hecho de que la decisi&oacute;n denegatoria de la Consejer&iacute;a de Educaci&oacute;n y de los jueces ordinarios se hizo con fundamento en consideraciones de estricta legalidad,<sup><a href="#nota">36</a></sup> en las que se prescindi&oacute; de toda ponderaci&oacute;n de los aspectos constitucionales.<sup><a href="#nota">37</a></sup> Por el otro, la Sala Segunda (STC 24/2011) desestim&oacute; el amparo al considerar que s&iacute; se hab&iacute;a realizado la ponderaci&oacute;n constitucionalmente exigible, pero sobre todo al estimar que no exist&iacute;a acuerdo sobre el particular, como lo requiere el art&iacute;culo 38.4 de la LET.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta diferencia se debe a que la Sala Primera enfoc&oacute; el problema desde el derecho a la no discriminaci&oacute;n (art&iacute;culo 14 derecho fundamental sustantivo), lo que seg&uacute;n jurisprudencia del propio Tribunal hace que el control no pueda limitarse a verificar el car&aacute;cter motivado, razonable y no arbitrario de las resoluciones judiciales impugnadas (como sucede cuando se trata de la vulneraci&oacute;n a la tutela judicial efectiva art&iacute;culo 24.1), sino que debe constatar la correcci&oacute;n constitucional de la ponderaci&oacute;n efectuada entre el ejercicio del derecho y sus l&iacute;mites (SSTC 94/1995, 3/2007). Por su parte, la Sala Segunda si bien hace referencia al art&iacute;culo 14 CE y al hecho de que los &oacute;rganos judiciales realizaron la ponderaci&oacute;n constitucionalmente exigible, el canon que aplic&oacute; fue el del art&iacute;culo 24.1 de la CE (razonabilidad de la resoluci&oacute;n), es decir, el de la tutela judicial efectiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En conclusi&oacute;n, considero que el fallo de la Sala Primera (STC 26/2011) atiende al canon que intencionadamente aplic&oacute; con el fin de entrar a valorar la ponderaci&oacute;n que hicieron los &oacute;rganos judiciales. Esto es, con tal de evitar la distribuci&oacute;n sexista de los roles que la planteaba el caso, la Sala Primera enmarc&oacute; el problema como una cuesti&oacute;n de discriminaci&oacute;n para poder realizar un examen m&aacute;s estricto de la ponderaci&oacute;n judicial. En nuestra opini&oacute;n, sin embargo, el asunto planteado debi&oacute; ser resuelto desde la tutela judicial efectiva (con un canon menos r&iacute;gido), tal y como lo hizo la Segunda Sala (STC 24/2011).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>Notas</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Art&iacute;culo 34.8. El trabajador tendr&aacute; derecho a adaptar la duraci&oacute;n y distribuci&oacute;n de la jornada de trabajo para hacer efectivo su derecho a la conciliaci&oacute;n de la vida personal, familiar y laboral en los t&eacute;rminos que se establezcan en la negociaci&oacute;n colectiva o en el acuerdo a que llegue con el empresario respetando, en su caso, lo previsto en aqu&eacute;lla.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Art&iacute;culo 37.5. Quien por razones de guarda legal tenga a su cuidado directo alg&uacute;n menor de ocho a&ntilde;os o una persona con discapacidad f&iacute;sica, ps&iacute;quica o sensorial, que no desempe&ntilde;e una actividad retribuida, tendr&aacute; derecho a una reducci&oacute;n de la jornada de trabajo, con la disminuci&oacute;n proporcional del salario entre, al menos, un octavo y un m&aacute;ximo de la mitad de la duraci&oacute;n de aqu&eacute;lla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tendr&aacute; el mismo derecho quien precise encargarse del cuidado directo de un familiar, hasta el segundo grado de consanguinidad o afinidad, que por razones de edad, accidente o enfermedad no pueda valerse por s&iacute; mismo, y que no desempe&ntilde;e actividad retribuida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La reducci&oacute;n de jornada contemplada en el presente apartado constituye un derecho individual de los trabajadores, hombres o mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, si dos o m&aacute;s trabajadores de la misma empresa generasen este derecho por el mismo sujeto causante, el empresario podr&aacute; limitar su ejercicio simult&aacute;neo por razones justificadas de funcionamiento de la empresa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este art&iacute;culo, corresponder&aacute; al trabajador, dentro de su jornada ordinaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajador deber&aacute; preavisar al empresario con quince d&iacute;as de antelaci&oacute;n la fecha en que se reincorporar&aacute; a su jornada ordinaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las discrepancias surgidas entre empresario y trabajador sobre la concreci&oacute;n horaria y la determinaci&oacute;n de los per&iacute;odos de disfrute previstos en los apartados 4 y 5 de este art&iacute;culo ser&aacute;n resueltas por la jurisdicci&oacute;n competente a trav&eacute;s del procedimiento establecido en el art&iacute;culo 138 bis de la Ley de Procedimiento Laboral.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> En este comentario con <i>tertium comparationis</i> nos referiremos al punto de vista desde el que se lleva a cabo el juicio de igualdad, mientras que por t&eacute;rminos de comparaci&oacute;n entenderemos los elementos comparados. Es importante tener presente que el Tribunal suele designar como <i>tertium comparationis</i> lo que es, realmente, el t&eacute;rmino de comparaci&oacute;n respecto del que se denuncia la igualdad. V&eacute;ase Rubio Llorente, Francisco, "La igualdad en la jurisprudencia del Tribunal Constitucional. Introducci&oacute;n", <i>Revista Espa&ntilde;ola de Derecho Constitucional,</i> a&ntilde;o. 11, n&uacute;m. 31, enero&#45;abril de 1991, pp. 12 y 13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479816&pid=S1405-9193201200010001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Art&iacute;culo 1.1. Espa&ntilde;a se constituye en un Estado social y democr&aacute;tico de derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jur&iacute;dico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo pol&iacute;tico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Art&iacute;culo 9.2. Corresponde a los poderes p&uacute;blicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obst&aacute;culos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participaci&oacute;n de todos los ciudadanos en la vida pol&iacute;tica, econ&oacute;mica, cultural y social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Art&iacute;culo 14. Los espa&ntilde;oles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminaci&oacute;n alguna por raz&oacute;n de nacimiento, raza, sexo, religi&oacute;n, opini&oacute;n o cualquier otra condici&oacute;n o circunstancia personal o social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> 53.2. Cualquier ciudadano podr&aacute; recabar la tutela de las libertades y derechos reconocidos en el art&iacute;culo 14 y la secci&oacute;n primera del cap&iacute;tulo II ante los Tribunales ordinarios por un procedimiento basado en los principios de preferencia y sumariedad y, en su caso, a trav&eacute;s del recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional. Este &uacute;ltimo recurso ser&aacute; aplicable a la objeci&oacute;n de conciencia reconocida en el art&iacute;culo 30.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> P&eacute;rez Lu&ntilde;o, Antonio Enrique, "La igualdad en la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola", <i>Dimensiones de la igualdad,</i> Madrid, Dykinson Cuadernos "Bartolom&eacute; de las Casas", 2005, pp. 84&#45;97.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479822&pid=S1405-9193201200010001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> L&oacute;pez Guerra, Luis, "Igualdad, no discriminaci&oacute;n y acci&oacute;n positiva en la Constituci&oacute;n de 1978", <i>Mujer y Constituci&oacute;n en Espa&ntilde;a,</i> Madrid, Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales, 2000, p. 22.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479824&pid=S1405-9193201200010001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Aparisi Miralles, &Aacute;ngela, "Notas sobre el concepto de discriminaci&oacute;n", <i>Derechos y libertades Revista del Instituto Bartolom&eacute; de las Casas,</i> a&ntilde;o 2, n&uacute;m. 5, 1995, p. 189.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479826&pid=S1405-9193201200010001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> L&oacute;pez Guerra, Luis, <i>op. cit.,</i> p. 24.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Aparisi Miralles, &Aacute;ngela, <i>op. cit.,</i> pp. 190 y 191.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> L&oacute;pez Guerra, Luis, <i>op. cit.,</i> p. 34.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Aparisi Miralles, &Aacute;ngela, <i>op. cit.,</i> p. 191.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> L&oacute;pez Guerra, Luis, <i>op. cit.,</i> p. 27.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Fern&aacute;ndez&#45;Miranda Campoamor, Carmen, "La discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo. Algunos problemas derivados de una l&iacute;nea jurisprudencial vacilante", <i>Revista de Derecho Pol&iacute;tico,</i> n&uacute;m. 26, 1988, p. 120.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479833&pid=S1405-9193201200010001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Esta denominaci&oacute;n es una traducci&oacute;n de la expresi&oacute;n inglesa "Anti&#45;discrimination Law"; Barr&egrave;re Unzueta, Ma. &Aacute;ngeles, <i>Discriminaci&oacute;n, derecho antidiscriminatorio y acci&oacute;n positiva a favor de la mujer,</i> Madrid, Civitas, 1997, p. 28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479835&pid=S1405-9193201200010001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Rey Mart&iacute;nez, <i>El derecho fundamental a no ser discriminado por raz&oacute;n de sexo,</i> Madrid, McGraw&#45;Hill, 1995., p. 85.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479837&pid=S1405-9193201200010001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> L&oacute;pez Guerra, Luis, <i>op. cit.,</i> p. 37.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> Lorenzo Rodr&iacute;guez Armas, Magdalena, "La igualdad real y efectiva desde la perspectiva de g&eacute;nero en la jurisprudencia del Tribunal Constitucional Federal Alem&aacute;n y el Tribunal Constitucional", en Pablo P&eacute;rez Tremps (coord.) <i>La Reforma del Tribunal Constitucional Actas del V Congreso de la Asociaci&oacute;n de Constitucionalistas de Espa&ntilde;a,</i> Valencia, tirant lo Blanch, 2007, p. 716.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479840&pid=S1405-9193201200010001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Bustos Bottai, Rodrigo, "Discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo y acciones positivas: Reflexiones a la luz de la jurisprudencia constitucional espa&ntilde;ola y aproximaci&oacute;n a la ley para la igualdad efectiva", <i>Universitas. Revista de Filosof&iacute;a, Derecho y Pol&iacute;tica,</i> n&uacute;m. 6, julio 2007, pp. 127&#45;147.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479841&pid=S1405-9193201200010001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Barr&egrave;re Unzueta, Ma. &Aacute;ngeles, <i>op. cit.,</i> p. 45</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> Esto se regul&oacute; en el art&iacute;culo 119 del Tratado constitutivo de la Comunidad Econ&oacute;mica Europea. Para reglamentar esta disposici&oacute;n sobre igualdad de retribuci&oacute;n entre los trabajadores masculinos y femeninos se aprob&oacute; por el Consejo de las Comunidades Europeas la Directiva 75/117/CEE, el 10 de febrero de 1975.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> Establece el art&iacute;culo 1 bis. "Los Estados miembros tendr&aacute;n en cuenta de manera activa el objetivo de la igualdad entre hombres y mujeres al elaborar y aplicar disposiciones legales, reglamentarias y administrativas, as&iacute; como pol&iacute;ticas y actividades, en los &aacute;mbitos contemplados en el apartado 1.".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> Textualmente establece: "Art&iacute;culo 5. Los Estados miembros, de conformidad con la legislaci&oacute;n, los convenios colectivos o las pr&aacute;cticas nacionales, alentar&aacute;n a los empresarios y a los responsables del acceso a la formaci&oacute;n a adoptar medidas para prevenir todas las formas de discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo y, en particular, el acoso y el acoso sexual en el lugar de trabajo".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> Art&iacute;culo 6. Con objeto de garantizar la plena igualdad en la pr&aacute;ctica entre hombres y mujeres, el principio de igualdad de trato no impedir&aacute; a los Estados miembros mantener o adoptar medidas espec&iacute;ficas destinadas a evitar o compensar las desventajas sufridas por raz&oacute;n de sexo."</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup> Sobre esa ley, v&eacute;ase Castro Arg&uuml;elles, Mar&iacute;a Antonia, <i>La igualdad efectiva de mujeres y hombres a partir de la Ley Org&aacute;nica 3/2007, del 22 de marzo,</i> Madrid, Civitas, 2007;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479848&pid=S1405-9193201200010001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Rodr&iacute;guez&#45;Pi&ntilde;ero y Bravo&#45;Ferrer, Miguel, "La igualdad efectiva de mujeres y hombres y la Ley Org&aacute;nica 3/2007", <i>Relaciones laborales: Revista cr&iacute;tica de teor&iacute;a y pr&aacute;ctica,</i> Madrid, n&uacute;m. 1, 2007, p. 97;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479849&pid=S1405-9193201200010001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> as&iacute; como el comentario legislativo de Soberanes D&iacute;ez, Jos&eacute; Mar&iacute;a, "Ley espa&ntilde;ola para la igualdad de mujeres y hombres", <i>Cuestiones Constitucionales. Revista Mexicana de Derecho Constitucional,</i> M&eacute;xico, UNAM, n&uacute;m. 17, julio&#45;diciembre de 2007, p. 299.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479850&pid=S1405-9193201200010001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup> El&oacute;segui Itaxo, Mar&iacute;a, <i>Las acciones positivas para la igualdad de oportunidades laborales entre mujeres y hombres,</i> Madrid, Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales, 2003, p. 28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479852&pid=S1405-9193201200010001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup> Balaguer, Mar&iacute;a Luisa, <i>Mujer y Constituci&oacute;n La construcci&oacute;n jur&iacute;dica del g&eacute;nero,</i> Madrid, C&aacute;tedra, 2005, p. 228.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479854&pid=S1405-9193201200010001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup> Esta sentencia es criticada por Balaguer porque "el esquema de razonamiento ignora que esas medidas si no se extienden a los hombres producen el efecto perverso de inhibir la contrataci&oacute;n a mujeres, porque exigen un incremento en los costes laborales que el empresario procura evitar. <i>Ibidem,</i> p. 220, pie de p&aacute;gina 407.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup> Esta visi&oacute;n sobre la (des) igualdad suele llamarse estructural. De acuerdo con esta perspectiva, resulta relevante la incorporaci&oacute;n de datos hist&oacute;ricos y sociales que den cuenta del fen&oacute;meno de sometimiento y exclusi&oacute;n sistem&aacute;tica a la que se encuentran sometidos amplios sectores de la sociedad. Saba, Roberto, "(Des) igualdad Estructural", en Amaya, Jorge (ed.), <i>Visiones de la Constituci&oacute;n, 1853&#45;2004,</i> UCES, 2004, p. 4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479857&pid=S1405-9193201200010001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup> Lorenzo Rodr&iacute;guez Armas, Magdalena, "La igualdad real y efectiva desde la perspectiva...", <i>op. cit.,</i> p. 715.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup> Rey Mart&iacute;nez, Fernando, "Igualdad entre mujeres y hombres en la jurisprudencia del Tribunal Constitucional Espa&ntilde;ol", <i>Revista Derecho del Estado,</i> n&uacute;m. 25, diciembre de 2010, p. 24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479860&pid=S1405-9193201200010001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup> Saba, Roberto, "(Des) igualdad Estructural", <i>op. cit.,</i> p. 20. En el mismo sentido, Rodr&iacute;guez Armas, Magdalena, "La igualdad real y efectiva desde la perspectiva de g&eacute;nero en la jurisprudencia del Tribunal Constitucional Federal Alem&aacute;n y el Tribunal Constitucional", <i>op. cit.,</i> p. 717.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup> Saba, Roberto, <i>ibidem,</i> p. 28.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35</sup> En pro de la claridad la argumentaci&oacute;n, este &uacute;ltimo aspecto debi&oacute; haberse analizado desde el prisma del derecho a la tutela judicial efectiva, como se hace en la STC 24/2011, y no declarar que no ten&iacute;a sustantividad propia, como se dice en la STC 26/2011.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>36</sup> Derivadas de la interpretaci&oacute;n de lo dispuesto en los art&iacute;culos 36.3 y 34.8 de la LET y en diversos preceptos del convenio colectivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>37</sup> Para el magistrado P&eacute;rez Tremps (voto particular a la STC 26/2011), no es verdad que en el caso de don Higelmo P&eacute;rez la administraci&oacute;n y los &oacute;rganos judiciales no haya dado una justificaci&oacute;n suficiente, en la que la perspectiva de las cargas familiares y la efectiva posibilidad de conciliaci&oacute;n de la vida familiar y laboral fuera valorada, sino que esa valoraci&oacute;n no fue la pretendida por el recurrente.</font></p>      ]]></body><back>
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