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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Contra la impunidad: consideraciones sobre la prueba ilícita a partir del caso Lydia Cacho en la Suprema Corte de Justicia de la Nación]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Comentarios jurisprudenciales </font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Contra la impunidad: consideraciones sobre la prueba il&iacute;cita a partir del caso Lydia Cacho en la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Francisco Ibarra Palafox*</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Investigador en el Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la UNAM.</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>I. Introducci&oacute;n</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La resoluci&oacute;n de la mayor&iacute;a de seis ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n (SCJN) en el denominado <i>Caso Lydia Cacho</i> es el origen del presente art&iacute;culo. Esta resoluci&oacute;n resolvi&oacute; la Facultad de Investigaci&oacute;n 2/2006 que la SCJN hab&iacute;a decidido ejercer y en la que esencialmente resolvi&oacute; que no hab&iacute;an existido&nbsp;<i>violaciones graves&nbsp;</i>a las garant&iacute;as individuales de la periodista, no obstante que exist&iacute;a una grabaci&oacute;n telef&oacute;nica que con toda claridad evidenciaba que las autoridades del estado de Puebla se hab&iacute;an asociado con intereses privados para perjudicar il&iacute;citamente a Lydia Cacho, grabaci&oacute;n que por cierto era bien conocida en la sociedad mexicana, pues se hab&iacute;a divulgado ampliamente en los medios masivos de comunicaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La decisi&oacute;n era controvertida no s&oacute;lo porque fue una resoluci&oacute;n que apenas super&oacute; por un voto a una minor&iacute;a de cinco ministros que consideraba que s&iacute; hab&iacute;an violaciones graves, sino adem&aacute;s porque contribu&iacute;a a profundizar la zozobra de una buena parte de la sociedad mexicana que considera que el estado de impunidad para quienes infringen la ley en M&eacute;xico es may&uacute;sculo. Para muchos la decisi&oacute;n de la Corte no era m&aacute;s que una muestra superior de c&oacute;mo nuestro aparato de justicia en su totalidad, dejaba sin castigo a quienes violan la ley, m&aacute;xime trat&aacute;ndose de una decisi&oacute;n que proven&iacute;a de nuestro m&aacute;ximo tribunal, pues si la Corte no pon&iacute;a orden en un caso del dominio p&uacute;blico como lo era el <i>Caso Lydia Cacho</i>, entonces &iquest;qui&eacute;n m&aacute;s podr&iacute;a hacerlo? Parec&iacute;a que se agotaban las opciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, la decisi&oacute;n de los ministros que resolvieron en contra de Cacho se resguard&oacute; desde un principio en el " infranqueable" argumento de que no pod&iacute;an basar su fallo en una prueba il&iacute;cita, como era el caso de la grabaci&oacute;n que hab&iacute;a servido de base para que se solicitara la facultad de investigaci&oacute;n. Es m&aacute;s, quienes apoyaban la decisi&oacute;n de esta mayor&iacute;a de ministros en la academia o el foro, hac&iacute;an eco del argumento de la prueba il&iacute;cita, ya que estimaban que con una prueba de este tipo de por medio, los ministros no pod&iacute;an haber tenido otra alternativa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante la existencia de una prueba de esta naturaleza, el sentido com&uacute;n y los m&aacute;s elementales principios de justicia me dec&iacute;an que la decisi&oacute;n de la mayor&iacute;a hab&iacute;a sido equivocada e injusta. Sin embargo, para poder llegar a una conclusi&oacute;n semejante, era indispensable examinar de qu&eacute; manera hab&iacute;a sido tratada la prueba il&iacute;cita en los tribunales de otros pa&iacute;ses y, en particular, las excepciones a la regla de exclusi&oacute;n para este tipo de pruebas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Descubr&iacute; que no s&oacute;lo los tribunales constitucionales de varios pa&iacute;ses como Estados Unidos, Espa&ntilde;a y Alemania (por citar s&oacute;lo algunos de los m&aacute;s relevantes) han sentado ya precedentes importantes sobre las excepciones posibles para admitir y valorar las pruebas il&iacute;citas, sino que inclusive el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, tiene un precedente significativo al respecto. Muchos de estos casos son, inclusive, parecidos al <i>Caso Lydia Cacho</i>, pues tuvieron su origen en una intervenci&oacute;n telef&oacute;nica il&iacute;cita. As&iacute; las cosas y contrastada con la experiencia del derecho comparado, todo parece indicar que la SCJN s&iacute; ten&iacute;a otras opciones y que su cerraz&oacute;n ante la valoraci&oacute;n de las pruebas il&iacute;citas hab&iacute;a olvidado consideraciones b&aacute;sicas de justicia que son tomadas en cuenta en otros tribunales para resolver a favor de los derechos fundamentales de las personas. Sin embargo, sea el lector el que llegue a sus propias conclusiones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para facilitar la lectura del presente art&iacute;culo, despu&eacute;s de esta introducci&oacute;n lo he dividido en dos partes primordiales. En la primera se examina el <i>Caso Lydia Cacho</i> en lo particular, su origen, la votaci&oacute;n y algunos de los argumentos de los ministros sobre la prueba il&iacute;cita. En la segunda parte, me concentro en el estudio de algunos de los precedentes judiciales m&aacute;s significativos que encontr&eacute; sobre las excepciones a la regla de inadmisibilidad de la prueba il&iacute;cita. Para quienes gusten llegar a sus propias conclusiones sobre el <i>Caso Lydia Cacho</i> en la SCJN, creo que ser&aacute; indispensable leer ambas secciones, pues sin la lectura de la experiencia judicial en otras latitudes, semejante objetivo ser&iacute;a imposible. Sin embargo, para aquellos lectores que s&oacute;lo quieran formarse una opini&oacute;n sobre la prueba il&iacute;cita y, especialmente sobre las excepciones para su admisi&oacute;n y valoraci&oacute;n en la pr&aacute;ctica judicial comparada, ser&aacute; suficiente la lectura de la segunda parte de este art&iacute;culo, pudiendo obviar en consecuencia el caso mexicano.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. <i>Antecedentes del</i>&nbsp;Caso Lydia Cacho</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin lugar a dudas el ejercicio de la Facultad de Investigaci&oacute;n 2/2006 que el Poder Legislativo federal mexicano solicit&oacute; a la SCJN para que investigara la violaci&oacute;n grave de garant&iacute;as individuales en perjuicio de la periodista Lydia Cacho, ser&aacute; recordado por la sociedad mexicana, como uno de los casos emblem&aacute;ticos y m&aacute;s dif&iacute;ciles a los que se ha enfrentado el m&aacute;ximo tribunal mexicano, no s&oacute;lo por la dificultad jur&iacute;dica del caso que implicaba la valoraci&oacute;n de una prueba il&iacute;cita, sino adem&aacute;s por el impacto medi&aacute;tico que este caso ha alcanzado en una sociedad que presencia c&oacute;mo los periodistas son agredidos de muy diversas maneras y que paulatinamente ver restringidos sus espacios de libertad de expresi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n el Informe Anual de la Federaci&oacute;n Latinoamericana de Periodistas en M&eacute;xico (FELAP/M&eacute;xico), sobre la situaci&oacute;n del periodismo en nuestro pa&iacute;s hasta el 2007, son 40 asesinatos y siete desapariciones forzadas de periodistas y trabajadores de prensa ocurridos durante el sexenio de Vicente Fox Quesada y el primer a&ntilde;o de gobierno de Felipe Calder&oacute;n Hinojosa. S&oacute;lo en 2007, a&ntilde;o en que se resolvi&oacute; el <i>Caso Lydia Cacho</i> en la SCJN, este informe precisa que fueron asesinados seis periodistas y tres trabajadores de la prensa, adem&aacute;s de que ocurrieron tres desapariciones forzadas de informadores:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En materia de derechos humanos, en M&eacute;xico, el gremio period&iacute;stico al igual que otros grupos violentados nada tenemos que celebrar. Al presentar el Informe Anual al cierre de 2007, la Federaci&oacute;n Latinoamericana de Periodistas FELAP/M&eacute;xico denuncia nuevamente que nuestro pa&iacute;s contin&uacute;a en el primer lugar en el mundo en asesinatos, desapariciones forzadas y dem&aacute;s atentados y agravios contra los trabajadores de la prensa, s&oacute;lo por debajo de Irak, que como hemos se&ntilde;alado es un caso sui g&eacute;neris por sufrir una guerra de intervenci&oacute;n por parte de Estados Unidos y sus aliados. Precisamente en el mes de diciembre fueron asesinados 2 periodistas m&aacute;s para completar, en 2007, 9 asesinatos: 6 periodistas y tres humildes trabajadores de la prensa, y 3 desapariciones forzadas de informadores. La lista cruel del 2000 a la fecha asciende a 40 asesinatos: 37 periodistas y 3 trabajadores de prensa y contin&uacute;an 7 colegas desaparecidos.</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con los &uacute;ltimos asesinatos y desapariciones, M&eacute;xico mantiene el deshonroso primer lugar en el mundo en atentados a informadores y medios. En los &uacute;ltimos siete a&ntilde;os el registro de la Federaci&oacute;n Latinoamericana de Periodistas (FELAP), con el invaluable apoyo de la Federaci&oacute;n de Asociaciones de Periodistas Mexicanos (Fapermex) y el Club Primera Plana, arroja esa lamentable lista tr&aacute;gica de 40 compa&ntilde;eros asesinados, m&aacute;s de cinco por a&ntilde;o, adem&aacute;s de que contin&uacute;an desaparecidos siete m&aacute;s. Lo m&aacute;s grave radica en que todos los casos yacen en la m&aacute;s vergonzosa impunidad.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es posible desligar el <i>Caso Lydia Cacho</i> de las agresiones que el gremio de los periodistas ha sufrido en M&eacute;xico y que se resumen en el informe anterior de la FELAP/M&eacute;xico. Ahora bien, las agresiones de que fue objeto Lydia Cacho se hicieron del dominio p&uacute;blico en M&eacute;xico cuando los medios masivos de comunicaci&oacute;n, en particular la radio y la televisi&oacute;n, transmitieron el contenido de una conversaci&oacute;n privada entre el gobernador de Puebla, Mario Mar&iacute;n, y el empresario textilero, Kamel Nacif. Esta grabaci&oacute;n fue depositada por una fuente an&oacute;nima en el diario&nbsp;<i>La Jornada</i>, peri&oacute;dico que la public&oacute; el 14 de febrero de 2006, y documenta de una manera muy clara la colusi&oacute;n entre los poderes Ejecutivo y Judicial del estado de Puebla para beneficiar a los intereses del empresario Kamel Nacif Borge, quien hab&iacute;a presentado en Puebla una denuncia por difamaci&oacute;n en contra de la periodista Lydia Cacho, con motivo de la publicaci&oacute;n de su libro&nbsp;<i>Los demonios del Ed&eacute;n&nbsp;</i>y en el que denunciaba diversas redes de pederastia, ya que el c&oacute;digo penal poblano en su art&iacute;culo 357 todav&iacute;a tipifica una forma del delito de difamaci&oacute;n que puede ser empleado para coartar la libertad de expresi&oacute;n de los periodistas, no obstante que la mayor parte de las entidades federativas, incluido el Distrito Federal, han eliminado este tipo penal por estimar, entre otras razones, que pod&iacute;a constituir un obst&aacute;culo a la libertad de los comunicadores para ejercer su profesi&oacute;n.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta conversaci&oacute;n hecha p&uacute;blica por&nbsp;<i>La Jornada</i>, se hizo famosa no s&oacute;lo por constituir una declaraci&oacute;n expresa de c&oacute;mo el gobernador de un estado pod&iacute;a presionar a los jueces locales para violar los derechos b&aacute;sicos de una periodista, sino que adem&aacute;s su lenguaje "coloquial", propio de una conversaci&oacute;n informal y distendida entre el gobernador y un empresario, permitieron que la misma quedara presente en la mente de muchas de las personas que la escucharon por radio o televisi&oacute;n, las que, por cierto, debieron ser algunos millones de personas, pues dicha conversaci&oacute;n fue transmitida por varios d&iacute;as en los principales canales de televisi&oacute;n y radio. La conversaci&oacute;n entre el gobernador y el empresario es, en s&iacute;ntesis, la siguiente:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gobernador Mario Mar&iacute;n: Qui&uacute;bole, Kamel.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Empresario Kamel Nacif: Mi&nbsp;<i>g&oacute;ber</i>&nbsp;precioso.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mario Mar&iacute;n: Mi h&eacute;roe, chingao.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kamel Nacif: No, t&uacute; eres el h&eacute;roe de esta pel&iacute;cula, pap&aacute;.</font></p> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mario Mar&iacute;n: Pues ya ayer le acab&eacute; de darle un pinche coscorr&oacute;n a esta vieja cabrona. Le dije que aqu&iacute; en Puebla se respeta la ley y no hay impunidad y quien comete un delito se llama delincuente. Y que no se quiera hacer la v&iacute;ctima y no quiera estar aprovechando para hacerse publicidad. Ya le mand&eacute; un mensaje a ver c&oacute;mo nos contesta. Pero es que nos ha estado jode y jode, as&iacute; que se lleve su coscorr&oacute;n y que aprendan otros y otras.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kamel Nacif: Ya s&eacute;, y es que estos cabrones siguen sacando mamadas y mamadas. Pero yo hice una declaraci&oacute;n. Fui a la televisi&oacute;n.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mario Mar&iacute;n: Ah, qu&eacute; bueno. &iquest;All&aacute; en M&eacute;xico o ac&aacute; en Puebla?</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kamel Nacif: Aqu&iacute;, pero dijeron que la iban a mandar all&aacute;. Sali&oacute; aqu&iacute;. Y yo en el&nbsp;<i>Milenio</i>&nbsp;le dije, si lo quieres leer, le dije, pus al se&ntilde;or gobernador no le tembl&oacute; la mano.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mario Mar&iacute;n: Ni nos tiembla ni nos temblar&aacute;.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kamel Nacif: Pinche bola de ratas. &iquest;Qu&eacute; han hecho? Qu&eacute; asquerosidad es esto, &iquest;eh?</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mario Mar&iacute;n: No, se sienten Dios en el poder.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kamel Nacif: As&iacute; es. Yo te habl&eacute; para darte las gracias. S&eacute; que te met&iacute; en un problema pero...</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mario Mar&iacute;n: No'mbre, a m&iacute; me gustan esos temas. Coincido contigo en que, jijos de la chingada, en esos temas... digo... no somos santos, desde luego, pero si alguien tiene pruebas que las presente. Y si no que se calle la boca.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kamel Nacif: Oye, pero en algo tan vergonzoso, mi distinguido. Porque es vergonzoso.</font></p> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mario Mar&iacute;n: As&iacute; es.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kamel Nacif: Y yo para darte las gracias te tengo aqu&iacute; una botella bell&iacute;sima de un co&ntilde;ac que no s&eacute; ad&oacute;nde te la mando.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mario Mar&iacute;n: Pues a Casa Puebla.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kamel Nacif: Yo te la quer&iacute;a dar personalmente, pero est&aacute;s todo ocupado.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mario Mar&iacute;n: M&aacute;ndamela a Casa Aguayo, para ech&aacute;rmela.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kamel Nacif: &iquest;Te la vas a echar? Pues entonces te voy a mandar dos, no una.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p> </blockquote>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La extensa e intensa difusi&oacute;n que se hizo de esta grabaci&oacute;n en los medios masivos de comunicaci&oacute;n hizo del presente un asunto del dominio p&uacute;blico. Frases como las de "g&oacute;ber precioso", "t&uacute; eres el h&eacute;roe de esta pel&iacute;cula, pap&aacute;" se hicieron comunes en el lenguaje popular de los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os en M&eacute;xico para se&ntilde;alar los abusos de una autoridad que se pon&iacute;a a la disposici&oacute;n de los intereses particulares de un empresario. Cuando estas pruebas que se relacionan con procesos judiciales que est&aacute;n pendientes de resolver o que pudieran iniciarse y se divulgan en los medios masivos de comunicaci&oacute;n, es de esperarse un juicio medi&aacute;tico que juzga a partir de las evidencias que se divulgaron por televisi&oacute;n o radio.<sup><a href="#notas">4</a></sup> Con declaraciones tan contundentes como las del gobernador Mario Mar&iacute;n y Kamel Nacif, mismas que por cierto no fueron desmentidas por los implicados, la "opini&oacute;n p&uacute;blica" los declar&oacute; culpables de haber cometido los atropellos que reconoc&iacute;an en contra de Lydia Cacho. Todo parece se&ntilde;alar que el juicio medi&aacute;tico lo ten&iacute;an perdido los part&iacute;cipes de la grabaci&oacute;n frente a la opini&oacute;n p&uacute;blica. Contra el juicio medi&aacute;tico poco se pod&iacute;a hacer.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cambio faltaban las razones jur&iacute;dicas sobre el presente caso. Y estas razones jur&iacute;dicas se expresaron por primera vez en el desahogo de la Facultad de Investigaci&oacute;n 2/2006 que decidi&oacute; ejercer la SCJN en el presente caso, con independencia de los procedimientos penales que iniciaron respectivamente Kamel Nacif en contra de Lydia Cacho en Puebla y de los que Cacho inici&oacute; en contra de Kamel Nacif y el gobernador poblano ante la Procuradur&iacute;a General de la Rep&uacute;blica, los cuales hasta el momento de escribir estas l&iacute;neas, a&uacute;n no han sido resueltos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El punto m&aacute;s controvertido de discusi&oacute;n entre los ministros de la SCJN cuando examinaron la Facultad de Investigaci&oacute;n, fue sobre la recepci&oacute;n y valoraci&oacute;n de la grabaci&oacute;n "privada" que hemos transcrito arriba y que fue hecha llegar por una fuente an&oacute;nima. En mi opini&oacute;n fue la discusi&oacute;n sobre esta prueba fue la que defini&oacute; la resoluci&oacute;n que emitieron los ministros de la Corte. Pero antes de pasar a comentar sobre la naturaleza de esta prueba, que es el punto de discusi&oacute;n jur&iacute;dico m&aacute;s importante del presente caso y del presente art&iacute;culo, es indispensable que me refiera al desarrollo de la Facultad de Investigaci&oacute;n en la SCJN, pues ello dejar&aacute; m&aacute;s claro al lector, el accidentado desarrollo que el presente caso tuvo al interior del m&aacute;ximo tribunal mexicano.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>2. El </i>Caso Lydia Cacho<i> en la SCJN</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para alcanzar a comprender las dificultades que el presente caso gener&oacute; en el seno de la SCJN, se hace indispensable hacer una breve s&iacute;ntesis de su desarrollo, desde que la Facultad de Investigaci&oacute;n fue solicitada a la SCJN y hasta que se dict&oacute; la resoluci&oacute;n final.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo p&aacute;rrafo del art&iacute;culo 97 de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de los Estados Unidos Mexicanos establece que</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n podr&aacute; nombrar alguno o algunos de sus miembros o alg&uacute;n juez de distrito o magistrado de circuito, o designar uno o varios comisionados especiales, cuando as&iacute; lo juzgue conveniente o lo pidiere el Ejecutivo federal o alguna de las c&aacute;maras del Congreso de la Uni&oacute;n, o el gobernador de alg&uacute;n Estado, &uacute;nicamente para que averig&uuml;e alg&uacute;n hecho o hechos que constituyan una grave violaci&oacute;n de alguna garant&iacute;a individual.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El presente art&iacute;culo no pretende ser una disertaci&oacute;n sobre la naturaleza jur&iacute;dica de la Facultad de Investigaci&oacute;n de la SCJN; sin embargo, es indispensable contextualizar este asunto para su mejor comprensi&oacute;n. Al respecto, s&oacute;lo diremos que la Facultad de Investigaci&oacute;n es un mecanismo no jurisdiccional de protecci&oacute;n constitucional. Espec&iacute;ficamente es un mecanismo no jurisdiccional de protecci&oacute;n de garant&iacute;as individuales que se ejerce de manera discrecional por la Corte cuando se estima que existe una violaci&oacute;n agravada o excepcional de garant&iacute;a individuales. Poco podr&iacute;a agregar en este sentido al estudio que sobre la Facultad de Investigaci&oacute;n ha realizado el distinguido jurista Jorge Carpizo, quien en s&iacute;ntesis la define de la siguiente manera:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi criterio sobre la naturaleza del p&aacute;rrafo tercero del art&iacute;culo 97 constitucional es el siguiente: en primer lugar, es una de las garant&iacute;as constitucionales que integran el contenido de la justicia constitucional mexicana, de car&aacute;cter judicial porque la realiza e interviene la Suprema Corte de Justicia, pero no implica naturaleza jurisdiccional, debido a que s&oacute;lo es funci&oacute;n de investigaci&oacute;n, en la cual la Suprema Corte no tiene ninguna atribuci&oacute;n de decisi&oacute;n. El expediente que forma la corte es de&nbsp;<i>documentaci&oacute;n</i>, es un informe, no una sentencia.</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Suprema Corte en esta situaci&oacute;n es &oacute;rgano de instrucci&oacute;n y no, como he dicho, de decisi&oacute;n o ejecuci&oacute;n; por tanto, su actuaci&oacute;n configura un procedimiento, no un proceso.</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay que preguntarse el fundamento de esta facultad de investigaci&oacute;n y documentaci&oacute;n de la corte, y la encuentro en que existen situaciones graves en que es necesario que un &oacute;rgano imparcial, con el prestigio de la corte, realice una<i>investigaci&oacute;n</i>&nbsp;que seguramente servir&aacute; para fortalecer al Estado de derecho en el pa&iacute;s. Es instrumento extraordinario que &uacute;nicamente debe utilizarse en situaciones de peligro o emergencia graves...</font></p>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">...se trata de una facultad extraordinaria y una defensa excepcional de preceptos constitucionales violados, que deben ser reintegrados y resarcidos.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El 22 de febrero de 2006, apenas ocho d&iacute;as despu&eacute;s de que el peri&oacute;dico&nbsp;<i>La Jornada&nbsp;</i>hiciera p&uacute;blica la entrevista entre el gobernador Mario Mar&iacute;n y el empresario Kamel Nacif y en medio del esc&aacute;ndalo p&uacute;blico que la transmisi&oacute;n de las mismas hab&iacute;a generado, el vicepresidente de la mesa directiva de la C&aacute;mara de Senadores y las diputadas presidenta y secretaria de la mesa directiva de la C&aacute;mara de Diputados, solicitaron a la SCJN que ejerciera la facultad de investigaci&oacute;n para investigar hechos que pudiesen constituir graves violaciones a garant&iacute;as individuales, derivados del proceso penal instruido en Puebla a la periodista Lydia Mar&iacute;a Cacho Ribeiro. As&iacute; las cosas, el Poder Legislativo en su conjunto y a trav&eacute;s de sus dos c&aacute;maras solicitaban la intervenci&oacute;n de la Corte en el presente caso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el inicio, la petici&oacute;n misma del Congreso de la Uni&oacute;n para ejercer la Facultad de Investigaci&oacute;n gener&oacute; al interior de la SCJN una divisi&oacute;n entre los ministros, ya que hab&iacute;a un segmento de ellos que se opon&iacute;an al ejercicio de dicha facultad. En efecto, la expresi&oacute;n "podr&aacute;" contenida en el segundo p&aacute;rrafo del art&iacute;culo 97 constitucional hace de esta facultad de investigaci&oacute;n una facultad&nbsp;<i>discrecional o potestativa&nbsp;</i>para la SCJN. En otras palabras, la Corte no est&aacute; obligada a iniciar la investigaci&oacute;n a&uacute;n cuando se lo solicite una de las partes legitimadas para ello. Esta naturaleza discrecional de la facultad de investigaci&oacute;n fue la causa generadora de un primer debate importante entre los ministros, pues se vieron obligados a discutir las razones por las cuales deber&iacute;an ejercer o no la Facultad de Investigaci&oacute;n, pues el hecho de que sea potestativa no les exime de la responsabilidad de razonar suficientemente su decisi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el inicio, la aguda divisi&oacute;n que el caso gener&oacute; entre los ministros se vio reflejada en la sesi&oacute;n plenaria de la SCJN el 18 de abril de 2006, en la que fue rechazado el proyecto del ministro Ortiz Mayagoitia quien propon&iacute;a el no ejercicio de la Facultad de Investigaci&oacute;n. El proyecto fue rechazado por mayor&iacute;a de votos de los ministros Coss&iacute;o D&iacute;az, G&oacute;ngora Pimentel, Gudi&ntilde;o Pelayo, Valls Hern&aacute;ndez, S&aacute;nchez Cordero y Silva Meza, en contra de los votos de los ministros Luna Ramos, D&iacute;az Romero, Ortiz Mayagoitia y del entonces presidente Azuela G&uuml;itr&oacute;n, y con la ausencia del ministro Aguirre Anguiano. Por esta misma mayor&iacute;a de seis votos contra cuatro, los ministros acordaron ejercer la Facultad de Investigaci&oacute;n y encargar el engrose a Gudi&ntilde;o Pelayo. De esta forma, en sesi&oacute;n privada de ocho de mayo del mismo a&ntilde;o, el pleno por mayor&iacute;a de votos de los se&ntilde;ores ministros Coss&iacute;o D&iacute;az, G&oacute;ngora Pimentel, Gudi&ntilde;o Pelayo, Valls Hern&aacute;ndez, S&aacute;nchez Cordero y Silva Meza, aprobaron el engrose respectivo y comisionaban a los magistrados de circuito Emma Meza Fonseca y &Oacute;scar V&aacute;zquez Mar&iacute;n para realizar la investigaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los resultados que present&oacute; esta primera comisi&oacute;n investigadora generaron nuevamente divisi&oacute;n al interior del cuerpo de ministros. La discusi&oacute;n tuvo lugar el 19 de septiembre de 2006 y por mayor&iacute;a de siete votos de los ministros Coss&iacute;o D&iacute;az, Luna Ramos, D&iacute;az Romero, G&oacute;ngora Pimentel, Gudi&ntilde;o Pelayo, Valls Hern&aacute;ndez y Silva Meza, se desech&oacute; el proyecto elaborado por el ministro Ortiz Mayagoitia que calificaba las conclusiones del informe de la Comisi&oacute;n Investigadora e intentaba demostrar que no hab&iacute;a violaci&oacute;n grave de garant&iacute;as individuales. Esta mayor&iacute;a de siete ministros consider&oacute; que era insuficiente la investigaci&oacute;n realizada por la primera comisi&oacute;n, por lo que proced&iacute;an a crear una segunda comisi&oacute;n investigadora encabezada por el ministro Silva Meza, quien ser&iacute;a asistido por los magistrados de circuito Emma Fonseca, Sergio Alvarado y Anastasio Escobar. De esta forma y por segunda ocasi&oacute;n, se rechazaba un intento de una minor&iacute;a de ministros encabezados por Ortiz Mayagoitia para impedir el ejercicio de investigaci&oacute;n. Este dos rechazos previos indicaban que por lo menos hab&iacute;a una tendencia de una mayor&iacute;a de ministros para aceptar el ejercicio de la Facultad de Investigaci&oacute;n, esta tendencia se revertir&iacute;a sorprendentemente al final como podremos observar un poco m&aacute;s adelante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda y &uacute;ltima comisi&oacute;n investigadora encabezada por el ministro Silva Meza present&oacute; sus resultados el 14 de junio de 2007 a trav&eacute;s de un proyecto de resoluci&oacute;n que, en s&iacute;ntesis, estableci&oacute; lo siguiente:&nbsp;<i>a) </i>que s&iacute; exist&iacute;a concierto de las autoridades de los estados de Puebla y de Quintana Roo, para violar de manera grave derechos fundamentales de la periodista Lydia Mar&iacute;a Cacho Ribeiro, violando adem&aacute;s los principios democr&aacute;ticos de federalismo y divisi&oacute;n de poderes, en especial el principio de independencia judicial;&nbsp;<i>b) </i>que s&iacute; exist&iacute;a violaci&oacute;n reiterada y sistem&aacute;tica de derechos fundamentales en perjuicio de menores de edad, con motivo de los hechos de pederastia que denunciaba Lydia Cacho, lo cual pod&iacute;a establecer una posible crisis constitucional en el estado de Puebla;&nbsp;<i>c) </i>declaraba que corresponder&iacute;a al Congreso de la Uni&oacute;n la decisi&oacute;n definitiva sobre la procedencia o no del juicio pol&iacute;tico contra el gobernador del estado de Puebla, Mario Plutarco Mar&iacute;n Torres;<i>d) </i>que en lo que toca a la responsabilidad de las autoridades que participaron directa o indirectamente en la componenda del gobernador con el empresario Kamel Nacif, tocar&iacute;a a la legislatura de la entidad federativa correspondiente iniciar los procedimientos respectivos contra el magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Puebla, Guillermo Pacheco Pulido, as&iacute; como en contra de los procuradores generales de Justicia de los estados de Puebla y de Quintana Roo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este proyecto, de haberse aprobado, hubiese tenido un gran impacto, no s&oacute;lo porque declaraba que se hab&iacute;an violado las garant&iacute;as individuales de la periodista, lo que pod&iacute;a significar un reacomodo institucional mayor en el estado de Puebla, ya que implicaba la posibilidad de que el Congreso de la Uni&oacute;n y las legislaturas estatales iniciaran los procedimientos correspondientes en contra de los servidores p&uacute;blicos involucrados en la violaci&oacute;n de estas garant&iacute;as, sino porque adem&aacute;s sosten&iacute;a que hab&iacute;a una violaci&oacute;n sistem&aacute;tica de los derechos fundamentales de los menores de edad que hab&iacute;an sido afectados por la red de pederastia que denunciaba Cacho.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, sobre este &uacute;ltimo punto los ministros manifestaron que no era posible pronunciarse sobre la violaci&oacute;n de los derechos de los menores, pues consideraron que la facultad de investigaci&oacute;n s&oacute;lo deb&iacute;a versar sobre la posible violaci&oacute;n de garant&iacute;as individuales de Lydia Cacho, hecho que fue ampliamente criticado por la opini&oacute;n p&uacute;blica, pues para la sociedad mexicana era evidente que la presente investigaci&oacute;n no s&oacute;lo versaba sobre los garant&iacute;as de Lydia Cacho, sino tambi&eacute;n sobre la protecci&oacute;n de los derechos de los menores afectados por los delitos que la periodista expon&iacute;a en sus investigaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otras palabras, mediante una interpretaci&oacute;n muy r&iacute;gida del art&iacute;culo 97 de la Constituci&oacute;n que realiz&oacute; la mayor&iacute;a de ministros de la Corte, en su opini&oacute;n no cab&iacute;a la posibilidad de proceder a la declaraci&oacute;n de la violaci&oacute;n grave de los derechos fundamentales de los menores de edad, pues el Congreso de la Uni&oacute;n hab&iacute;a solicitado la investigaci&oacute;n solamente sobre la violaci&oacute;n de garant&iacute;as de Lydia Cacho. No obstante esta opini&oacute;n de la mayor&iacute;a, una interpretaci&oacute;n m&aacute;s flexible como la que escogi&oacute; Silva Meza, hac&iacute;a posible no solamente la investigaci&oacute;n de la violaci&oacute;n de garant&iacute;as de la periodista, sino tambi&eacute;n las de los menores afectados por los delitos de pederastia. Infortunadamente, prevaleci&oacute; en la mayor&iacute;a de los ministros una interpretaci&oacute;n m&aacute;s estrecha y desecharon del proyecto la posibilidad de discutir si hab&iacute;a o no violaci&oacute;n grave de los derechos de los menores de edad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta noticia no fue bien recibida por la opini&oacute;n p&uacute;blica que hab&iacute;a escuchado la grabaci&oacute;n entre Mario Mar&iacute;n y Kamel Nacif, pues para la ciudadan&iacute;a en general, era claro que la discusi&oacute;n del asunto no s&oacute;lo implicaba a una periodista y a su gremio, sino tambi&eacute;n a los menores de edad afectados por la red de complicidades que hab&iacute;an hecho posibles los delitos de pederastia que Cacho expon&iacute;a en su investigaci&oacute;n. En efecto, para muchos padres y madres de familia, el presente caso era sobre todo una investigaci&oacute;n para asegurar las garant&iacute;as y los derechos de los ni&ntilde;os, por lo que excluir este tema del debate primordial constitu&iacute;a eliminar un tema de mayor relevancia social.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, la exclusi&oacute;n del tema de la protecci&oacute;n de los derechos fundamentales de los menores, planteaba para la SCJN sobre todo un problema de legitimidad. Me explico: en una democracia constitucional es de esperarse que los tribunales constitucionales velen por la protecci&oacute;n de los derechos fundamentales, ya que &eacute;stos constituyen uno de los sustentos primordiales de la misma democracia. Y la protecci&oacute;n de los derechos fundamentales en un Estado de derecho no s&oacute;lo comprende la protecci&oacute;n estrictamente jur&iacute;dica de los derechos, sino que tambi&eacute;n pasa por la creaci&oacute;n en esa sociedad de la " certeza en los ciudadanos" de que las instituciones del Estado se encuentran efectivamente protegiendo esos derechos. Esta certeza es un atributo de confianza que el ciudadano deposita en las instituciones que est&aacute;n encargadas de proteger sus derechos. Mientras la protecci&oacute;n jur&iacute;dica de los derechos es una cuesti&oacute;n de legalidad, la confianza que las instituciones inspiran en los ciudadanos encargados de esa protecci&oacute;n es una cuesti&oacute;n de legitimidad y, en el caso de los tribunales constitucionales, esta confianza se construye con cada una de las decisiones que toman los tribunales. En este sentido, cualquiera de los poderes constituidos se debe desenvolver dentro de los estrictos m&aacute;rgenes de la legalidad, pero al mismo tiempo es ineludible que dentro de estos m&aacute;rgenes, tambi&eacute;n deben estar interesados en la construcci&oacute;n de su legitimidad, pues sin ella la sociedad no le reconocer&iacute;a la " autoridad moral" que la Constituci&oacute;n y las leyes le otorgan formalmente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se podr&iacute;a alegar que la cuesti&oacute;n de legitimidad es sobre todo una cuesti&oacute;n que preocupa a los &oacute;rganos tradicionalmente pol&iacute;ticos del Estado, como son aquellos electos mediante el voto universal, es el caso de los poderes ejecutivos o las asambleas legislativas de cualquier pa&iacute;s. Sin embargo, el tema de la legitimidad tambi&eacute;n debe ocupar a los tribunales constitucionales no obstante que estos &oacute;rganos s&oacute;lo act&uacute;an en casos excepcionales y una vez que han sido incitados expresamente para hacerlo (a trav&eacute;s de una demanda, por ejemplo), en clara diferencia con los poderes Legislativo y el Ejecutivo, ligados m&aacute;s estrechamente al voto de sus electores y cuyas actividad normalmente se ejerce por decisi&oacute;n propia (proactividad) y sin que exista necesariamente una incitativa previa. De esta manera, en cualquier democracia los tribunales constitucionales no s&oacute;lo son responsables de sujetarse a la legalidad, sino tambi&eacute;n de construir su legitimidad. El contenido de sus resoluciones, el tipo de derechos que protegen o dejan de proteger, su cumplimiento y la discusi&oacute;n que sobre sus resoluciones tenga lugar al interior de la sociedad en la cual se encuentran insertados esos tribunales, son aspectos primordiales para la construcci&oacute;n de esa legitimidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La legitimidad es un atributo &eacute;tico&#45;pol&iacute;tico y no jur&iacute;dico, pues consiste en la autoridad que la ciudadan&iacute;a por convicci&oacute;n le reconoce a los poderes constituidos con atenci&oacute;n a la correcta y razonable manera en que ejercen el poder que se les ha concedido.<sup><a href="#notas">6</a></sup> En consecuencia, la legitimidad de los tribunales como segmento de esos poderes constitucionales, tambi&eacute;n ser&aacute; un tema de la mayor importancia, pues los tribunales no s&oacute;lo deben actuar legalmente, sino adem&aacute;s leg&iacute;timamente. La legalidad est&aacute; ya dada dentro de los propios l&iacute;mites de la Constituci&oacute;n, en cambio la legitimidad debe ser construida por los tribunales constitucionales dentro del marco de la Constituci&oacute;n. Hay casos como el de Lydia Cacho en la Corte que no s&oacute;lo deben ser empleados para resolver conforme a derecho, sino adem&aacute;s para construir la legitimidad pol&iacute;tica del tribunal ante la ciudadan&iacute;a. Como en los juegos de ajedrez, la Corte con un solo movimiento pod&iacute;a tomar dos piezas: la legalidad y la legitimidad. En suma, la decisi&oacute;n inicial de los ministros de no abordar el tema de la violaci&oacute;n de los derechos fundamentales de los menores le restaba de origen legitimidad ante la sociedad, pues para muchas personas el caso no s&oacute;lo implicaba la protecci&oacute;n de derechos de la periodista, sino tambi&eacute;n de los derechos de los menores.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El proyecto final se someti&oacute; a votaci&oacute;n del pleno el 29 de noviembre de 2007 y en el mismo se votaron s&oacute;lo dos puntos:&nbsp;<i>a)</i>primeramente y por unanimidad se resolvi&oacute; que la investigaci&oacute;n realizada por la Comisi&oacute;n Investigadora era suficiente para que el pleno de la SCJN se pronunciara sobre la existencia o no de violaciones graves de garant&iacute;as individuales;&nbsp;<i>b) </i>en segundo lugar y lo m&aacute;s importante, por mayor&iacute;a de seis votos contra cuatro, la Corte resolv&iacute;a que&nbsp;<i>no se probaba la existencia de violaciones graves</i>&nbsp;de las garant&iacute;as individuales de la periodista Lydia Mar&iacute;a Cacho Ribeiro, con motivo del proceso penal seguido en su contra. La decisi&oacute;n mayoritaria que se negaba a reconocer la violaci&oacute;n grave de garant&iacute;as fue respaldada por los votos de los ministros Aguirre Anguiano, Luna Ramos, Azuela G&uuml;itr&oacute;n, Valls Hern&aacute;ndez, S&aacute;nchez Cordero y del presidente en turno, Ortiz Mayagoitia; los ministros que votaron en contra y que conformaron la minor&iacute;a fueron G&oacute;ngora Pimentel, Coss&iacute;o Diaz, Gudi&ntilde;o Pelayo y Silva Meza, quienes consideraron que s&iacute; hab&iacute;a violaci&oacute;n grave de garant&iacute;as. Esta decisi&oacute;n parece sorprendente si, como examinamos un poco m&aacute;s arriba, en dos ocasiones previas se rechaz&oacute; el no ejercicio de la Facultad de Investigaci&oacute;n. Parece ser que la mayor&iacute;a de ministros finalmente decidieron dar reversa en el presente caso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el presente caso hubo tambi&eacute;n dos votaciones espec&iacute;ficas que vale la pena tener en cuenta. La primera, que ya examinamos, era la posibilidad de que el dictamen comprendiera el tema referente a las redes de pederastia y pornograf&iacute;a; al respecto, los ministros Aguirre Anguiano, Luna Ramos, Gudi&ntilde;o Pelayo, Azuela G&uuml;itr&oacute;n, Valls Hern&aacute;ndez y Ortiz Mayagoitia se manifestaron en el sentido de que el dictamen no deb&iacute;a comprender este tema. Los ministros Coss&iacute;o D&iacute;az, G&oacute;ngora Pimentel, S&aacute;nchez Cordero y Silva Meza se manifestaron en contra. Sobre este punto ya hemos hecho algunos comentarios un poco antes cuando nos referimos al tema de la legitimidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda votaci&oacute;n particular fue en torno a la prueba que hab&iacute;a dado origen al esc&aacute;ndalo p&uacute;blico en el cual se encontraban implicados el gobernador de Puebla, Mario Mar&iacute;n, y el empresario Kamel Nacif. En efecto, esta votaci&oacute;n estuvo encaminada a discutir si la grabaci&oacute;n de la conversaci&oacute;n entre el gobernador del estado de Puebla y el empresario Jos&eacute; Kamel Nacif Borge, que fue obtenida sin autorizaci&oacute;n judicial, era en s&iacute; misma una prueba o constitu&iacute;a solamente una hip&oacute;tesis a verificar. Los ministros Aguirre Anguiano, Luna Ramos, Gudi&ntilde;o Pelayo, Azuela G&uuml;itr&oacute;n, Valls Hern&aacute;ndez, S&aacute;nchez Cordero, Silva Meza y Ortiz Mayagoitia se manifestaron en el sentido de que esa grabaci&oacute;n no era una prueba; los ministros Gudi&ntilde;o Pelayo, Azuela G&uuml;itr&oacute;n, Valls Hern&aacute;ndez, S&aacute;nchez Cordero, Silva Meza y Ortiz Mayagoitia, adem&aacute;s la consideraron s&oacute;lo una hip&oacute;tesis sujeta a verificaci&oacute;n. &Uacute;nicamente los ministros Coss&iacute;o D&iacute;az, y G&oacute;ngora Pimentel se manifestaron en el sentido de que la grabaci&oacute;n s&iacute; constitu&iacute;a prueba. Sobre este punto particular, el de la posici&oacute;n de los ministros en el caso de la prueba il&iacute;cita vale la pena detenerse con mayor profundidad, pues constituye el argumento principal de la mayor&iacute;a de ministros para rechazar la violaci&oacute;n grave de garant&iacute;as en contra de Lydia Cacho.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. <i>La prueba il&iacute;cita en el&nbsp;</i>Caso Lydia Cacho</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este punto sobre la prueba es de la mayor importancia para el presente caso ya que, en esencia, los ministros consideraron a la conversaci&oacute;n grabada entre el gobernador y el empresario, como una prueba il&iacute;cita de imposible admisi&oacute;n o valoraci&oacute;n, pues ocho de ellos establecieron que no pod&iacute;a ser una prueba para el caso que nos ocupa. En s&iacute;ntesis, los ministros de la mayor&iacute;a destacaron que de la investigaci&oacute;n realizada por la Comisi&oacute;n Investigadora no era posible concluir que se hab&iacute;an violado de manera grave las garant&iacute;as de la periodista, ya que la &uacute;nica prueba que pod&iacute;a ser contundente sobre la posible gravedad era la grabaci&oacute;n misma entre el gobernador y el empresario, sin embargo consideraban que no la pod&iacute;an tomar en cuenta pues se trataba de una prueba il&iacute;cita de imposible admisi&oacute;n y valoraci&oacute;n. En este sentido, se pueden destacar opiniones como la del ministro Aguirre Anguiano que durante la discusi&oacute;n del asunto llega a calificar como de simple sospecha a los elementos que se desprend&iacute;an de la grabaci&oacute;n entre Mar&iacute;n y Nacif:</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bueno, yo quiero recordar a los se&ntilde;ores ministros, ante todo, que nuestro juicio no es por predilecci&oacute;n de sospechas; si escuchamos en la radio y en la televisi&oacute;n un par de supuestas llamadas de contenido m&aacute;s o menos soez, registro el hecho, no me asusto por supuesto de nada nosotros no podemos pretender otra verdad que la verdad legal y la constitucional y aqu&iacute; nos est&aacute; vedado guiarnos por sospechas; tenemos que calibrar el valor de las pruebas tal y como nos lo manda en este caso expresamente la Constituci&oacute;n, y la Constituci&oacute;n nos refiere dos cosas; las intervenciones telef&oacute;nicas, se deben de hacer en los t&eacute;rminos de ley, y la ley las prev&eacute; para los casos de delincuencia organizada, y casualmente los escuchas primarios, no son los jueces, son las autoridades del Ministerio P&uacute;blico, pero ese es tema aparte; y luego, nos dice: las conversaciones privadas obtenidas ilegalmente, no pueden producir convicci&oacute;n, no valen nada, a esta verdad es a la que debemos de hacerle caso; la disyuntiva es, prestamos o&iacute;dos sordos a la voz de la Constituci&oacute;n y damos o&iacute;dos ligeros a nuestras sospechas porque lo escuchamos en la radio y en la televisi&oacute;n...<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En t&eacute;rminos m&aacute;s mesurados, los ministros Azuela y Ortiz tambi&eacute;n externan sus opiniones en contra de la prueba consistente en la grabaci&oacute;n, basando su rechazo primordialmente en el art&iacute;culo 16 constitucional:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ministro Mariano Azuela: cuando estas pruebas son obtenidas sin cumplir con el art&iacute;culo 16 constitucional, la consecuencia la dice expresamente la Constituci&oacute;n, no tienen valor alguno; ahora que puedan servir para formular alguna hip&oacute;tesis, pueden servir, pero siempre y cuando esto no d&eacute; como resultado, que acabemos otorgando el valor probatorio pleno a lo que fue grabado indebidamente...<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ministro Ortiz Mayagoitia: Fundado en derecho, respecto a si la grabaci&oacute;n que se atribuye al gobernador del estado de Puebla y a la persona llamada Kamel Nacif es o no prueba, definitivamente no es prueba, se obtuvo en franca violaci&oacute;n del art&iacute;culo 16 de la Constituci&oacute;n...<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En una posici&oacute;n intermedia, tampoco el ministro Silva Meza consider&oacute; a la grabaci&oacute;n como una prueba id&oacute;nea, no obstante que &eacute;l fue el responsable de elaborar el dictamen final, en el que consideraba que s&iacute; hab&iacute;a violaci&oacute;n grave de garant&iacute;as. En su lugar, estimaba que los elementos que se desprend&iacute;an de la grabaci&oacute;n eran simples l&iacute;neas de investigaci&oacute;n:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...cabe precisar que el contenido de la conversaci&oacute;n telef&oacute;nica atribuible al gobernador y al empresario Kamel Nacif, no se consider&oacute; por la Comisi&oacute;n investigadora como un hecho cierto e incontrovertible, sino como una l&iacute;nea de investigaci&oacute;n o hip&oacute;tesis a verificar, en estricto acatamiento de lo determinado por el Tribunal Pleno La grabaci&oacute;n no pod&iacute;a considerarse un medio de prueba id&oacute;nea y suficiente, para tener por demostrado el concierto de autoridades para violar garant&iacute;as individuales de la periodista, pero s&iacute; pod&iacute;a considerarse como el objeto de la investigaci&oacute;n, que tendr&iacute;a que ser demostrado con otros medios de prueba, atendiendo a que un hecho il&iacute;cito, puede llegar a conocerse por la autoridad a trav&eacute;s de una declaraci&oacute;n an&oacute;nima, un testimonio de o&iacute;das, un simple rumor o bien una grabaci&oacute;n ilegal, como dijo el Tribunal Pleno; sin embargo, con independencia del medio por el que se tuvo conocimiento, la autoridad se encuentra obligada a investigar la veracidad de esos hechos, por todos los medios a su alcance, siempre que no sean contrarios a la moral o al derecho...<sup><a href="#notas">10</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que no parecen distinguir los ministros que hacen alusi&oacute;n a las prohibiciones contenidas en el art&iacute;culo 16 constitucional es el hecho de que estas reglas y prohibiciones para intervenir comunicaciones privadas se refieren a las pruebas que son propias en los procedimientos administrativos y jurisdiccionales.<sup><a href="#notas">11</a></sup> Ahora bien, en materia de protecci&oacute;n de garant&iacute;as constitucionales que es de lo que se trata la facultad de investigaci&oacute;n, los criterios para la valoraci&oacute;n de las pruebas son distintos a los que est&aacute;n establecidos en estas materias, m&aacute;xime cuando se trata de un procedimiento no jurisdiccional como es el caso de la facultad de investigaci&oacute;n. El ministro G&oacute;ngora Pimentel advierte acertadamente la naturaleza especial que debe privar en la valoraci&oacute;n de las pruebas en el procedimiento no jurisdiccional de protecci&oacute;n de garant&iacute;as constitucionales:</font></p>      <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">...todos escucharon esa conversaci&oacute;n, pero algunos opinan que nosotros tenemos que taparnos los o&iacute;dos ante esa evidencia por algo que supuestamente dice la Constituci&oacute;n, digo!, supuestamente, porque contrario a esas posturas, yo estimo que las grabaciones telef&oacute;nicas que dieron origen a la investigaci&oacute;n s&iacute; pueden ser tomadas en cuenta en esta indagatoria, no s&oacute;lo por el reconocimiento que de ellas hizo Kamel Nacif mediante desplegado en un peri&oacute;dico de circulaci&oacute;n nacional,&nbsp;<i>El Universal</i>&nbsp;de diecinueve de septiembre de dos mil seis, sino porque la regla de exclusi&oacute;n probatoria contenida en el art&iacute;culo 16, p&aacute;rrafos noveno y d&eacute;cimo de la Constituci&oacute;n, no cobra aplicaci&oacute;n trat&aacute;ndose de las investigaciones del art&iacute;culo 97; el citado art&iacute;culo se&ntilde;ala que las comisiones privadas son inviolables, y que las intervenciones autorizadas se ajustar&aacute;n a los requisitos y l&iacute;mites previstos en el propio precepto constitucional y en las leyes, sin lo cual carecer&aacute;n de todo valor probatorio; el concepto valor probatorio, tal como se utiliza en el art&iacute;culo 16 constitucional tiene un contenido eminentemente procesal o adjetivo, del que cabe concluir que las intervenciones a las comunicaciones privadas, no pueden ser utilizadas para probar hechos en procedimientos de naturaleza administrativa o jurisdiccional, pero s&iacute; trat&aacute;ndose de las investigaciones del art&iacute;culo 97 constitucional, cuyo objeto no es la adjudicaci&oacute;n de responsabilidades, sino la averiguaci&oacute;n de hechos que constituyan violaciones graves a las garant&iacute;as individuales.<sup><a href="#notas">12</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Espec&iacute;ficamente, el ministro G&oacute;ngora estima correctamente que la prohibici&oacute;n y las garant&iacute;as para la valoraci&oacute;n de las pruebas establecidas en el art&iacute;culo 16 de la Constituci&oacute;n mexicana fueron pensadas por el Constituyente permanente para regular los procedimientos penales, criterios que no pueden hacerse extensivos a la protecci&oacute;n de garant&iacute;as individuales y de derechos humanos. Su defensa es contundente:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De la exposici&oacute;n de motivos de la Reforma constitucional 1996, por la cual se adicionaron los p&aacute;rrafos noveno y d&eacute;cimo del art&iacute;culo 16, se advierte que su objeto fue establecer los requisitos y condiciones bajo los cuales los datos obtenidos en las intervenciones a las comunicaciones privadas, podr&iacute;an ser utilizados principalmente en los juicios penales, dice la exposici&oacute;n de motivos, cito: "por tal raz&oacute;n, hemos considerado conveniente proponer la adici&oacute;n de un p&aacute;rrafo noveno al art&iacute;culo 16 de la Constituci&oacute;n, para regular expresamente las intervenciones de medios de comunicaci&oacute;n privados como la telef&oacute;nica y telegr&aacute;fica entre otros, para que desde el plano constitucional, se prevea la posibilidad de su uso para ciertos fines relacionados sobre todo con la justicia penal". En tal sentido, si el objeto de la reforma fue se&ntilde;alar los requisitos para la utilizaci&oacute;n de intervenciones telef&oacute;nicas en los procedimientos del orden penal, cabe concluir que la falta de tales requisitos, provoca la exclusi&oacute;n de las pruebas dentro de dichos juicios, pero no en el marco de una indagatoria de las que prev&eacute; el art&iacute;culo 97 constitucional, cuya funci&oacute;n no es la determinaci&oacute;n de responsabilidad alguna, sino el esclarecimiento de la verdad hist&oacute;rica, con el fin de resarcir moralmente al conjunto de la sociedad, reivindicar a las v&iacute;ctimas de la violaci&oacute;n, promover el deslinde de responsabilidades mediante los procedimientos conducentes, as&iacute; como evitar que tales hechos se repitan en el futuro. En efecto, la facultad de investigaci&oacute;n del art&iacute;culo 97 de la Constituci&oacute;n Federal es, en esencia, una garant&iacute;a del derecho a la verdad, tutelado entre otros, en los art&iacute;culos 6o. y 133, en relaci&oacute;n con el 1o.1 de la Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Pol&iacute;ticos.<sup><a href="#notas">13</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay que tener presente que la grabaci&oacute;n entre el gobernador y el empresario era indispensable sobre todo para calificar la gravedad de la violaci&oacute;n de garant&iacute;as de Lydia Cacho, pues acreditaba la colusi&oacute;n de autoridades. En efecto, algunos de los ministros de la mayor&iacute;a sostuvieron que no obstante que hab&iacute;a violaci&oacute;n de garant&iacute;as, &eacute;sta no se consideraba grave pues no se pod&iacute;a comprobar el concierto de autoridades, para lo cual era indispensable la grabaci&oacute;n. Al respecto, es indispensable recordar que la facultad de investigaci&oacute;n de la Corte s&oacute;lo es procedente cuando hay una violaci&oacute;n&nbsp;<i>grave</i>de garant&iacute;as (la cual se puede determinar por la trascendencia social o pol&iacute;ticas de los hechos relacionados), ya que no procede por lo que podr&iacute;amos llamar una violaci&oacute;n "com&uacute;n" de las garant&iacute;as que otorga la Constituci&oacute;n. As&iacute; se ha establecido con toda claridad en las tesis aisladas que se emitieron en anteriores facultades de investigaci&oacute;n, como fueron los casos Le&oacute;n (1946)<sup><a href="#notas">14</a></sup> y Aguas Blancas (1997).<sup><a href="#notas">15</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, no obstante que los ministros de la mayor&iacute;a sostuvieron en esencia que la grabaci&oacute;n no pod&iacute;a ser aceptada por constituir una prueba il&iacute;cita, sin embargo, en ning&uacute;n momento proporcionaron razonamientos relevantes sobre la naturaleza de la prueba il&iacute;cita y sus posibles excepciones; el examen de estas excepciones adquiere importancia en la medida en que la prueba es rechazada. Sin embargo, la mayor&iacute;a de los ministros se limitaron a rechazar la prueba simple y llanamente, aun cuando conforme a la doctrina, al derecho internacional de los derechos humanos y a la jurisprudencia emitida por otros tribunales nacionales (como son Espa&ntilde;a, Alemania y Estados Unidos), la regla general de la inadmisibilidad de la prueba il&iacute;cita posee algunas excepciones que se hacen valer en casos especiales. Sobre estas excepciones no hubo argumentos significativos de los ministros.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Efectivamente, la regla general dispone que las pruebas obtenidas por medios il&iacute;citos no deben ser ni admitidas ni valoradas, pues esto es indispensable para asegurar la garant&iacute;a del debido proceso legal. Sin embargo, dentro del debido proceso penal, la actividad probatoria debe estar dirigida a asegurar no s&oacute;lo la presunci&oacute;n de inocencia, sino tambi&eacute;n la utilizaci&oacute;n de los medios de prueba pertinentes:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este es un momento oportuno para poner de relieve c&oacute;mo entendemos la articulaci&oacute;n de la actividad probatoria dentro del texto constitucional. La actividad probatoria desde la perspectiva constitucional gira en torno a dos derechos fundamentales: la presunci&oacute;n de inocencia y el derecho a utilizar los medios de prueba pertinentes.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde nuestra perspectiva, ambos derechos fundamentales se complementan en lo que se refiere a la actividad probatoria, pues su diferencia no se articula tanto respecto al momento procesal en que rigen, sino al aspecto positivo o negativo de la prueba que contemplan cada uno de ellos. El derecho a utilizar los medios de prueba pertinentes se refiere a la posibilidad de valerse de medios de prueba en un proceso, lo que podr&iacute;amos denominar aspecto positivo. Por su parte, la presunci&oacute;n de inocencia conlleva una revisi&oacute;n de la cantidad y calidad del material probatorio empleado: que haya existido una m&iacute;nima actividad probatoria, que dicha actividad sea de cargo, y que se haya obtenido con todas las garant&iacute;as, por lo que en los t&eacute;rminos figurados que estamos empleando podr&iacute;amos hablar de aspecto negativo de la actividad probatoria.<sup><a href="#notas">16</a></sup></font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, podemos decir que a&uacute;n cuando por regla general la regla de exclusi&oacute;n debe ser sostenida pues ella es fundamental para la salvaguarda del derecho fundamental al debido procesal, sin embargo, aceptar siempre y en todo lugar la regla de exclusi&oacute;n de la prueba il&iacute;cita, podr&iacute;a llevarnos al extremo de poner en riesgo el derecho fundamental de utilizaci&oacute;n de los medios de prueba pertinentes. Es decir, la aplicaci&oacute;n inflexible y absoluta de la regla de exclusi&oacute;n de las pruebas il&iacute;citas podr&iacute;a generar la situaci&oacute;n contraproducente consistente en que, debido a esta regla, dejar&iacute; amos de considerar pruebas que fueran indispensables para resolver conforme a justicia o para proteger los derechos fundamentales de otras personas. Esto alentar&iacute;a la impunidad y la imposibilidad de que los tribunales precisaran qui&eacute;nes son los verdaderos responsables de infringir el derecho. En efecto, la regla general de exclusi&oacute;n de las pruebas il&iacute;citas tiene algunas excepciones que operan en casos especiales y bien determinados, cuando son indispensables para proteger los derechos fundamentales y los principios de justicia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante lo anterior, en el&nbsp;<i>Caso Lydia Cacho&nbsp;</i>los ministros de la mayor&iacute;a no s&oacute;lo no discutieron las posibles excepciones a la regla de inadmisibilidad de las pruebas il&iacute;citas, sino que adem&aacute;s utilizaron de manera r&iacute;gida esta regla, tratando de asimilarla a un procedimiento penal a&uacute;n cuando est&aacute;bamos frente a un procedimiento no jurisdiccional de protecci&oacute;n de garant&iacute;as individuales. Como bien dec&iacute;a el ministro G&oacute;ngora (v&eacute;ase notas 10 y 11), las reglas de valoraci&oacute;n de pruebas en los procedimientos no jurisdiccionales de protecci&oacute;n de derechos son diferentes a las penales, lo cual hac&iacute;a necesario emplear una mayor flexibilidad para valorar la prueba.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, la mayor&iacute;a de los ministros adem&aacute;s de utilizar un criterio propio del derecho procesal penal en un procedimiento no jurisdiccional de protecci&oacute;n de derechos constitucionales, lo cual es ya cuestionable, tampoco examin&oacute; las excepciones que a la regla general ha desarrollado el derecho procesal penal en otras latitudes, no digamos el derecho internacional de los derechos humanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; las cosas, la ausencia de un debate sobre las excepciones a la regla de admisi&oacute;n de la prueba il&iacute;cita y, en consecuencia, sobre la posibilidad de que la grabaci&oacute;n entre Mario Mar&iacute;n y Kamel Nacif pudiera constituir una excepci&oacute;n a esta regla tan importante, dejaron la percepci&oacute;n en la sociedad mexicana de que la mayor&iacute;a de ministros que se pronunci&oacute; en contra de la violaci&oacute;n grave de garant&iacute;as, o no quisieron o no contaron con la capacidad t&eacute;cnica suficiente para discutir un tema tan dif&iacute;cil y trascendente como lo es el de los casos de excepci&oacute;n a la regla de inadmisibilidad de las pruebas il&iacute;citas. Esto era de la mayor importancia cuando buena parte de la sociedad mexicana e internacional se enter&oacute; a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n, de la colusi&oacute;n de las autoridades con intereses privados para perjudicar a una periodista, pues la grabaci&oacute;n se difundi&oacute; cientos de veces en los principales medios masivos de comunicaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A los ciudadanos cuando menos nos hubiese gustado escuchar los argumentos por los cuales el m&aacute;ximo tribunal consideraba que la grabaci&oacute;n no pod&iacute;a constituirse en una excepci&oacute;n a la regla de inadmisibilidad. Tambi&eacute;n esper&aacute;bamos que estos argumentos fueran razonables y suficientes. La ausencia de razonamientos sobre temas como &eacute;stos produce que las resoluciones de nuestro m&aacute;ximo tribunal carezcan de argumentos deliberativos que apuntalen su constitucionalidad y legitimidad. Sin estos argumentos, las resoluciones y sentencias judiciales est&aacute;n expuestas a no ser m&aacute;s que instrumentos dogm&aacute;ticos que lo &uacute;nico que reproducen son apreciaciones legalistas en extremo. Y en un pa&iacute;s como M&eacute;xico, no es &eacute;ste el mejor camino para consolidar una incipiente democracia, pues cualquier democracia requiere que sus tribunales vayan construyendo suficientes razones jur&iacute;dicas que apuntalen la protecci&oacute;n de las garant&iacute;as y los derechos fundamentales de sus ciudadanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La carencia de estos argumentos en la resoluci&oacute;n de la mayor&iacute;a de ministros de la SCJN en este punto es casi tan absoluta, que el presente art&iacute;culo no estar&iacute;a completo si no hici&eacute;ramos una exposici&oacute;n de algunos de los casos m&aacute;s representativos que la jurisprudencia han desarrollado entorno a los casos de excepci&oacute;n a la regla de inadmisibilidad de la prueba il&iacute;cita, esto con el &uacute;nico prop&oacute;sito de demostrar que la mayor&iacute;a de ministros s&iacute; ten&iacute;a otras opciones para valorar la grabaci&oacute;n entre el gobernador Mario Mar&iacute;n y Kamel Nacif. Este ser&aacute; el objetivo de la siguiente mitad de nuestro art&iacute;culo.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>II. La regla de inadmisibilidad de la prueba il&iacute;cita y sus excepciones</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar podemos decir que estamos de acuerdo en que la verdad material no puede obtenerse a cualquier precio, lo que supone que el derecho a utilizar los medios pertinentes de prueba queda limitado por los propios derechos y libertades fundamentales. En efecto, los principios que rigen las limitaciones probatorias no constituyen simples formalidades que han de ser observadas procesalmente, sino que tienen como sentido la defensa de los principios b&aacute;sicos y de una sociedad democr&aacute;tica, de ah&iacute; que se presenten como l&iacute;mite a la b&uacute;squeda de la verdad material.<sup><a href="#notas">17</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre las reglas que limitan la b&uacute;squeda de la verdad encontramos la de no admisi&oacute;n de pruebas il&iacute;citas. Ellas pueden ser, seg&uacute;n la opini&oacute;n ampliamente reconocida en la actualidad, por un lado s&oacute;lo prohibiciones de pr&aacute;ctica de pruebas o s&oacute;lo de aprovechamiento de pruebas. Pero tambi&eacute;n prohibiciones de pr&aacute;ctica y de aprovechamiento de pruebas simult&aacute;neas, en vista de la estrecha comunicaci&oacute;n que pueda existir entre ellas.<sup><a href="#notas">18</a></sup></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No existe unanimidad en conceptos b&aacute;sicos tales como la definici&oacute;n de prueba il&iacute;cita, irregular o prohibida, ni sobre el momento en el que se entiende realizada la violaci&oacute;n que impide que esa prueba produzca efectos. Tampoco hay unidad de criterios en aspectos tan b&aacute;sicos como determinar si seguimos o no la doctrina norteamericana sobre los frutos del &aacute;rbol envenenado, misma que explicaremos un poco m&aacute;s adelante. Igualmente, resulta oscuro el r&eacute;gimen de nulidad aplicable, una vez determinado el grado de ilicitud.<sup><a href="#notas">19</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa es un derecho de los ciudadanos, lo que pone de manifiesto la importancia que tiene la prueba para la administraci&oacute;n de la justicia, se trate de un proceso civil, penal, contencioso&#45;administrativo, laboral o constitucional. Es doctrina consolidada la que sostiene que este derecho es instrumental o consecuencia directa de la defensa. Supone el derecho a que se admitan todos aquellos medios propuestos por alguna de las partes, que se respeten los l&iacute;mites inherentes a la actividad probatoria y los requisitos legales de proposici&oacute;n y de pr&aacute;ctica. No obstante lo anterior, no se puede afirmar que se tenga derecho a que se admitan cualesquiera medios de prueba, sino s&oacute;lo aquellos que se hayan obtenido de manera leg&iacute;tima, so pena de no ser valorados.<sup><a href="#notas">20</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como anotamos arriba, el derecho a probar encuentra su l&iacute;mite en el respeto a los derechos y libertades fundamentales. Partiendo de este supuesto, la interpretaci&oacute;n del concepto de prueba il&iacute;cita debe ser acotada sin perder de vista que el proceso es el medio de realizaci&oacute;n de la justicia y, por tanto, resultar&iacute;a una&nbsp;<i>contradictio in terminis</i>&nbsp;que se admitiera la comisi&oacute;n de una injusticia de este tipo con el fin de lograr la justicia con may&uacute;sculas.<sup><a href="#notas">21</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El derecho a la inadmisi&oacute;n de las pruebas il&iacute;citas es una de las garant&iacute;as con las que el derecho procesal trata de proteger al ciudadano de la intervenci&oacute;n coactiva del Estado a trav&eacute;s del derecho penal. Sin embargo, la posibilidad de admisi&oacute;n de esta prueba es aceptada en algunos casos y previo el cumplimiento de algunas condiciones. Esta necesidad se puede explicar por dos razones principales: la primera aparece cuando la prueba il&iacute;cita puede ser &uacute;til para proteger derechos y libertades fundamentales; en segundo lugar, tambi&eacute;n hay una fuerte presi&oacute;n para aceptar este tipo de pruebas, por ejemplo, cuando la opini&oacute;n p&uacute;blica sostenida en los medios de comunicaci&oacute;n y ante el aumento de la criminalidad, demandan del Estado mayor seguridad y que los delincuentes sean juzgados con la m&aacute;xima celeridad. El primero de los supuestos tiene mayores posibilidades de tener &eacute;xito, pues s&oacute;lo habr&iacute;a que discernir si los derechos fundamentales que se pueden proteger son de mayor importancia que los derechos que se ver&iacute;an afectados mediante la aceptaci&oacute;n de la prueba il&iacute;cita. En cambio, la segunda hip&oacute;tesis que tiene su origen en motivos de seguridad pone una fuerte presi&oacute;n en el sistema garantista de cualquier Estado ya que todo el corpus jur&iacute;dico est&aacute; sometido a una tensi&oacute;n entre la libertad de los ciudadanos y el control social que facilite la persecuci&oacute;n de los delitos.<sup><a href="#notas">22</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque no exista gran unanimidad en la doctrina con relaci&oacute;n a los t&eacute;rminos a utilizar, Elena Mart&iacute;nez Garc&iacute;a distingue entre prueba irregular e il&iacute;cita. La prueba irregular es aquella prueba obtenida con violaci&oacute;n de norma de rango no constitucional tanto en su obtenci&oacute;n como en su incorporaci&oacute;n al proceso. Por otro parte, la ilicitud probatoria ser&aacute; aplicable a aquellas pruebas cuya obtenci&oacute;n no ha sido respetuosa con las exigencias constitucionales.<sup><a href="#notas">23</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, por lo que respecta a la prueba il&iacute;cita, podr&iacute;amos comenzar diciendo que todo el acervo probatorio obtenido hasta antes de la ilicitud deber&aacute; ser considerado v&aacute;lido y, con relaci&oacute;n a lo obtenido con posterioridad a ella, se aplicar&aacute; una serie de consideraciones que pueden determinar que la prueba sea finalmente aceptada o no. Como veremos enseguida, estas consideraciones est&aacute;n encaminadas a atenuar el nexo causal entre la ilicitud y los hechos, o a determinar que la admisi&oacute;n de esa prueba no producir&iacute;a efecto alguno sobre el actuar de la polic&iacute;a, pues no alentar&iacute;a una actuaci&oacute;n contraria al respeto de los derechos fundamentales durante una investigaci&oacute;n.<sup><a href="#notas">24</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es importante se&ntilde;alar que las excepciones a la regla de inadmisibilidad de la prueba il&iacute;cita que examinaremos m&aacute;s adelante han sido desarrolladas primordialmente por el derecho procesal penal, salvo algunas excepciones. Esto obedece a que el derecho penal desde hace algunas d&eacute;cadas, ha tratado de dejar bien establecidas las posibles excepciones que la regla general pueda admitir, pues los derechos fundamentales que protege el derecho penal son de una importancia may&uacute;scula. Considero que alguna o algunas de estas excepciones pudieron haber sido empleadas en las consideraciones de los ministros de la SCJN al despejar la facultad de investigaci&oacute;n que nos ocupa. En efecto, si el derecho penal que tiende a ser una disciplina con par&aacute;metros muy bien delimitados permite cierta flexibilidad en la consideraci&oacute;n de sus pruebas, con m&aacute;s raz&oacute;n en un procedimiento no jurisdiccional de protecci&oacute;n de garant&iacute;as como fue el <i>caso Lydia Cacho</i>, esta flexibilidad debi&oacute; ser puesta en pr&aacute;ctica, ya que no s&oacute;lo se trata una disciplina menos r&iacute;gida que el derecho penal, sino que adem&aacute;s semejante flexibilidad era indispensable para la protecci&oacute;n de derechos fundamentales.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. <i>Las excepciones a la regla de exclusi&oacute;n en los Estados Unidos</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para un mejor entendimiento de la problem&aacute;tica que las excepciones a la regla general de no admisi&oacute;n de las pruebas il&iacute;citas implica, conviene comenzar esbozando los supuestos estadounidenses, pues la jurisprudencia de este pa&iacute;s fue una de los primeras que desarroll&oacute; las citadas excepciones, que paulatinamente fue influenciando la jurisprudencias nacionales de otros pa&iacute;ses.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para empezar conviene decir que en los Estados Unidos la creaci&oacute;n de la regla de exclusi&oacute;n de la prueba il&iacute;cita (<i>exclusionary rule</i>) ha sido objeto de toda una larga evoluci&oacute;n jurisprudencial. El primer eslab&oacute;n en la materia se remonta a finales del siglo XIX, por lo que existe casi un siglo de diferencia entre las primeras pinceladas dadas por la doctrina norteamericana y la jurisprudencia de otros pa&iacute;ses como Alemania o Espa&ntilde;a.<sup><a href="#notas">25</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para empezar diremos que en un principio se estableci&oacute; una regla r&iacute;gida de inadmisibilidad de las pruebas il&iacute;citas. Ejemplo de esto lo encontramos en el Caso Boydvs United States (1886), en el que se prohibi&oacute; la utilizaci&oacute;n de toda prueba que hubiese sido obtenida de forma il&iacute;cita por un agente de la autoridad federal, ello por haberse compelido al acusado a crear facturas falsas que declarasen en su contra. Para fundamentar este rechazo de las pruebas il&iacute;citas se acudi&oacute; a la Cuarta y a la Quinta Enmienda.<sup><a href="#notas">26</a></sup> La base de toda su argumentaci&oacute;n fue precisamente el derecho a no declarar contra s&iacute; mismo por la fuerza, con el fin de poder utilizar con posterioridad esa informaci&oacute;n como prueba.<sup><a href="#notas">27</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al tiempo que se consolidaba&nbsp;<i>la exclusionary rule</i>, en forma paralela fue configur&aacute;ndose la denominada doctrina de los frutos del &aacute;rbol envenenado. &Eacute;sta surge por primera vez en el Caso Silversthorne Lumbre Co. vs United States (1920), pero no se acu&ntilde;a esta expresi&oacute;n hasta la sentencia&nbsp;<i>Nardone&nbsp;</i>vs United States (1939). En ambos supuestos se trata de intervenciones telef&oacute;nicas ilegales y se negaba la posibilidad de aceptar el uso derivado o los efectos reflejos de las informaciones halladas mediante esas intervenciones ilegales. En este sentido se alegaba que si un &aacute;rbol estaba envenenado, todos sus frutos deber&iacute;an tambi&eacute;n estarlo, motivo por el cual se hac&iacute;a imposible obtener cualquier informaci&oacute;n derivada de un hecho il&iacute;cito en origen.<sup><a href="#notas">28</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez establecida la doctrina de los frutos del &aacute;rbol envenenado, la regla de la exclusi&oacute;n de las pruebas il&iacute;citas permaneci&oacute; sin excepciones durante casi 80 a&ntilde;os en los Estados Unidos, hasta que en la &eacute;poca de la presidencia de Nixon comienzan a surgir algunas excepciones que van a flexibilizar la rigidez con que inicialmente hab&iacute;a sido formulada la regla de la exclusi&oacute;n. Es la &eacute;poca del denominado&nbsp;<i>balancing test</i>,en la que comienza a ponderarse tanto el inter&eacute;s del ciudadano en lo relativo al respeto de sus derechos fundamentales, como el de la sociedad en un intento de acabar con el delito, lo que implica no admitir estrictamente la regla de exclusi&oacute;n. Estas excepciones comenzaron a operar unas veces admitiendo un testimonio derivada de un registro il&iacute;cito,<sup><a href="#notas">29</a></sup> otras por haberse actuado err&oacute;neamente bajo la cobertura de una ley declarada posteriormente inconstitucional,<sup><a href="#notas">30</a></sup> e incluso no aplicando la regla de la exclusi&oacute;n cuando &eacute;sta pod&iacute;a significar la violaci&oacute;n de derechos de terceros.<sup><a href="#notas">31</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de este momento comienza a modificarse por completo el fundamento de la exclusi&oacute;n de la prueba il&iacute;cita, olvidando su apoyo en la cuarta enmienda y calific&aacute;ndolo de "remedio judicial" necesario para salvaguardar el sistema de derechos de la sociedad. Igualmente, inicia el alegato consistente en se&ntilde;alar que si la prueba il&iacute;cita ya no se produce el&nbsp;<i>efecto disuasorio</i>exigible en la polic&iacute;a y jueces, no tiene sentido la exclusi&oacute;n de ese material probatorio, pues esto puede ser &uacute;til inclusive para establecer un l&iacute;mite para los poderes p&uacute;blicos, ponderable seg&uacute;n las circunstancias del caso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, se produjo un paulatino desmantelamiento de la aplicaci&oacute;n r&iacute;gida de regla de la exclusi&oacute;n. Un momento importante de ello fue la sentencia&nbsp;<i>United States vs. Le&oacute;n&nbsp;</i>de 1984, en el que se establece que la inadmisi&oacute;n de la prueba il&iacute;cita &uacute;nicamente procede cuando los beneficios derivados de ello fuesen claramente superiores a sus costes sociales. Fue el momento en el que tambi&eacute;n se enunci&oacute; la&nbsp;<i>goodfaith exception</i>para los agentes policiales como l&iacute;mite a la regla de exclusi&oacute;n.<sup><a href="#notas">32</a></sup> En materia probatoria paulatinamente se consagr&oacute; la excepci&oacute;n de buena fe y el razonamiento del efecto disuasorio que debe tener esta regla frente a la polic&iacute;a, unas veces por concurrir " error" en los agentes<sup><a href="#notas">33</a></sup> y otras por falta de mayor claridad en la motivaci&oacute;n del auto.<sup><a href="#notas">34</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Haciendo un esfuerzo de s&iacute;ntesis sobre la construcci&oacute;n de las excepciones a la regla de exclusi&oacute;n, podemos decir que la jurisprudencia estadounidense se desenvolvi&oacute; de la siguiente manera. Una primera excepci&oacute;n la encontramos al admitir la denominada&nbsp;<i>teor&iacute;a de la fuente independiente</i>&nbsp;(<i>the&nbsp;independent source</i>), que logra justificar la independencia causal entre dos pruebas aparentemente derivadas la una de la otra (<i>Wong Sun vs. US</i>&nbsp;1963 y&nbsp;<i>Silversthorne Lumber Co. vs. US</i>&nbsp;1920). De esta manera, la regla de exclusi&oacute;n admitir&iacute;a una excepci&oacute;n si se pudiera justificar que las pruebas obtenidas derivaban de una fuente independiente. El nexo se diluye si el camino para el descubrimiento de la prueba es aut&oacute;nomo (o independiente), entonces dicha prueba puede ser admitida y valorada.<sup><a href="#notas">35</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo t&eacute;rmino se admiti&oacute; la&nbsp;<i>doctrina del descubrimiento inevitable&nbsp;</i>(inevitable&nbsp;<i>discovery</i>) o doctrina del hallazgo inevitable, que rompe la ilicitud de la prueba derivada de otra il&iacute;cita al admitir la "inevitabilidad" en el descubrimiento por otros medios que hubieran sido legales, lo cual justifica su admisi&oacute;n, adem&aacute;s de que no produce ning&uacute;n efecto disuasorio sobre la polic&iacute;a o los jueces (<i>Nix vs. Williams&nbsp;</i>1984). De esta manera, se estableci&oacute; otra nueva excepci&oacute;n a la doctrina del futuro del &aacute;rbol envenenado, admitiendo pruebas derivadas de una il&iacute;cita por la "presunci&oacute;n" de que se podr&iacute;a haber llegado a ellas "irremediablemente" por existir, por ejemplo, una investigaci&oacute;n ya en marcha tendiente a descubrirlas.<sup><a href="#notas">36</a></sup> En tercer lugar se admite la&nbsp;<i>good faith exception</i>, o excepci&oacute;n de la buena fe policial en la obtenci&oacute;n de las pruebas directas (<i>United States vs. Le&oacute;n&nbsp;</i>1984), excepci&oacute;n que ha sido muy residual y que no ha tenido mucho &eacute;xito en la formaci&oacute;n de la jurisprudencia de los Estados Unidos, aunque no por ello deja de ser una de las excepciones a la regla de exclusi&oacute;n.<sup><a href="#notas">37</a></sup> </font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuarto y &uacute;ltimo lugar, tenemos a la teor&iacute;a del&nbsp;<i>nexo causal atenuado</i>&nbsp;(<i>purged taint</i>), que se encuentra a medio camino entre el reconocimiento de las pruebas il&iacute;citamente obtenidas y la teor&iacute;a de la fuente independiente (<i>United States vs Ceccolini</i>&nbsp;1978 y&nbsp;<i>Dunaway vs New Cork</i>&nbsp;1979). La excepci&oacute;n del nexo causal atenuado se cre&oacute; en 1978 a partir de un registro ilegal donde se consigui&oacute; que un testigo declarara voluntariamente. Las pruebas se encontraban causalmente conectadas, pero la "ilicitud" de las mismas se disipaba o atenuaba al haber mediado un acto de voluntad en el testimonio inculpatorio. Adem&aacute;s, la ausencia de mala fe policial en el registro y de consecuente efecto disuasorio en la polic&iacute;a, as&iacute; como el amplio lapso de tiempo transcurrido desde la comisi&oacute;n del delito hasta la obtenci&oacute;n del testimonio, fueron razones para presumir matizado el vicio inicial.<sup><a href="#notas">38</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De estos cinco supuestos de excepciones a la regla de exclusi&oacute;n, la jurisprudencia de los Estados Unidos estableci&oacute; una serie de criterios para determinar cu&aacute;ndo se rompe ese nexo causal o como m&iacute;nimo, cu&aacute;ndo nos encontramos suficientemente alejados del vicio inicial. Los criterios principales son los siguientes:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>a) </i>Por un lado, el factor temporal, es decir, el lapso de tiempo transcurrido entre la ilicitud originaria y la nueva fuente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>b) </i>Por otro, la intencionalidad del agente o juez y el efecto disuasorio que sobre &eacute;l podr&iacute;a tener la inadmisi&oacute;n de la prueba.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>c) </i>Por &uacute;ltimo, la magnitud o caracter&iacute;sticas de la violaci&oacute;n e importancia y naturaleza derivada de la ilicitud, es decir, el resultado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las excepciones a la regla de prueba il&iacute;cita se consolidaron de tal forma en la jurisprudencia de los Estados Unidos que en 1995 el Congreso de este pa&iacute;s emiti&oacute; su primer pronunciamiento sobre la regla de la exclusi&oacute;n (<i>Exclusionary Rule Reform of 1995</i>), donde se regula como garant&iacute;a objetiva frente a la actuaci&oacute;n policial. Es m&aacute;s, la regla de la exclusi&oacute;n ha sufrido tantas limitaciones que la jurisprudencia ha adoptado una nueva perspectiva desde entonces, de tal forma que lo novedoso ser&iacute;a encontrar sentencias en las que las pruebas il&iacute;citamente obtenidas no sean tenidas en cuenta por el juzgador bajo alg&uacute;n tipo de ponderaci&oacute;n.<sup><a href="#notas">39</a></sup> </font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. <i>Las excepciones a las reglas de exclusi&oacute;n en la jurisprudencia espa&ntilde;ola</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La jurisprudencia espa&ntilde;ola acept&oacute; desde un principio la regla de exclusi&oacute;n de las pruebas il&iacute;citas y la teor&iacute;a del &aacute;rbol envenenado. Inclusive, el derecho espa&ntilde;ol consagr&oacute; la regla de exclusi&oacute;n en su legislaci&oacute;n secundaria, pues la Ley Org&aacute;nica del Poder Judicial en su art&iacute;culo 11 estableci&oacute; una prohibici&oacute;n absoluta para recibir estas pruebas. As&iacute; las cosas, desde un principio los tribunales espa&ntilde;oles y de manera especial el Tribunal Constitucional espa&ntilde;ol, consideraron que las pruebas il&iacute;citas chocaban frontalmente con el sistema de protecci&oacute;n de derechos b&aacute;sicos. Sin embargo, tambi&eacute;n fue patente que una aplicaci&oacute;n indiscriminada de la regla de exclusi&oacute;n y de la teor&iacute;a del &aacute;rbol envenenado acabar&iacute;a frustrando el&nbsp;<i>ius puniendi</i>&nbsp;del Estado y establecer&iacute;a la " petrificaci&oacute;n de la doctrina anglosajona" de los efectos reflejos de las pruebas prohibidas.<sup><a href="#notas">40</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la actualidad ya podemos encontrar diferentes resoluciones judiciales espa&ntilde;olas que establecen excepciones a la regla de exclusi&oacute;n. Hacer una exposici&oacute;n detallada de todas &eacute;stas rebasar&iacute;a con mucho los objetivos del presente trabajo, sin embargo, nos parece importante destacar las implicaciones de la sentencia STC 81/98 que no es la &uacute;nica pero s&iacute; la que examina el tema que nos ocupa con mayor profundidad y claridad.<sup><a href="#notas">41</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante el riesgo de petrificar la regla de exclusi&oacute;n en la jurisprudencia espa&ntilde;ola, hace apenas una d&eacute;cada el Tribunal Constitucional espa&ntilde;ol emiti&oacute; una sentencia en la cual se integraban algunas excepciones a esta regla general. La controvertida sentencia STC 81/98 del Tribunal Constitucional estableci&oacute; que aun existiendo una relaci&oacute;n de causalidad&nbsp;<i>f&aacute;ctica</i> entre el resultado probatorio y la intervenci&oacute;n il&iacute;cita, es posible&nbsp;<i>romper la conexi&oacute;n de antijuridicidad&nbsp;</i>entre el resultado de la violaci&oacute;n y el medio de prueba obtenido. De esta manera, valorando las siguientes tres variables, se puede llegar a establecer esta posible desvinculaci&oacute;n jur&iacute;dica entre los hechos y sus pruebas:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>a) </i>La magnitud de la violaci&oacute;n. La cual tiene lugar, por ejemplo, cuando existe insuficiente motivaci&oacute;n del auto judicial que provoc&oacute; la entrada y registro o la intervenci&oacute;n telef&oacute;nica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>b) </i>La confesi&oacute;n espont&aacute;nea. Por ejemplo, la confesi&oacute;n sincera, abierta y legal del testigo que se encuentra dentro de la casa, o la noticia de una posible entrega de droga a partir de una intervenci&oacute;n telef&oacute;nica il&iacute;cita que investigaba delitos diferentes. En efecto, cuando las declaraciones del imputado y coimputado se encuentran realizadas de forma garantizada y libre, suelen entenderse como causa de desconexi&oacute;n de antijuridicidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>c) </i>La importancia del bien jur&iacute;dico protegido, pues es indispensable que las excepciones a la regla de exclusi&oacute;n deban ser consideradas cuando ello supone, por ejemplo, la protecci&oacute;n de derechos b&aacute;sicos, como la libertad o la vida. Por ejemplo, con motivos exculpatorios la excepciones deber&iacute;an ser aceptadas, pues nadie podr&iacute;a suponer que las pruebas il&iacute;citas fueran simple y llanamente rechazadas si ello supusiera la declaraci&oacute;n de culpabilidad de un inocente.<sup><a href="#notas">42</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta triple consideraci&oacute;n tambi&eacute;n nos puede ser &uacute;til para llegar a establecer la desconexi&oacute;n entre dos pruebas, una de las cuales llamaremos prueba originaria y otra prueba derivada. As&iacute;, aun cuando la prueba originaria pueda ser una prueba il&iacute;cita, ello no necesariamente implica que la prueba derivada tambi&eacute;n lo sea, pues habr&aacute; que hacer una serie de ponderaciones que nos permitan establecer su vinculaci&oacute;n directa o remota. Esa afirmaci&oacute;n que rompe el nexo entre la prueba originaria y la derivada, no es en s&iacute; misma un hecho, sino una valoraci&oacute;n sobre el grado de conexi&oacute;n que determina la pertinencia de la prueba cuestionada.<sup><a href="#notas">43</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otras palabras, podemos decir que la tesis que introduce el Tribunal Constitucional espa&ntilde;ol para establecer la posibilidad de introducir excepciones al principio de los "frutos del &aacute;rbol envenenado", est&aacute; basada en lo que denomina "conexi&oacute;n de antijuridicidad". Esto significa que la transferencia del car&aacute;cter il&iacute;cito de una prueba obtenida con violaci&oacute;n de los derechos fundamentales a otra posterior, exige la existencia entre las dos, adem&aacute;s de una "conexi&oacute;n de causalidad" (conexi&oacute;n natural) que ser&iacute;a un requisito necesario pero no suficiente, de una conexi&oacute;n jur&iacute;dica que en este caso se concreta en una "conexi&oacute;n de antijuridicidad", que a&ntilde;adir&iacute;a un&nbsp;<i>plus&nbsp;</i>necesario y suficiente para que tal prueba fuera considerada prohibida. Si esta conexi&oacute;n fuera d&eacute;bil la prueba podr&iacute;a ser admitida y valorada.<sup><a href="#notas">44</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La desconexi&oacute;n jur&iacute;dica de estas pruebas se sustenta, por una parte, en las propias garant&iacute;as constitucionales que rodean su pr&aacute;ctica (derecho a no declarar contra uno mismo, a no confesarse culpable y a la asistencia de un abogado) y constituyen un medio eficaz de protecci&oacute;n frente a cualquier tipo de coerci&oacute;n ileg&iacute;tima. Por otra parte, el respeto de dichas garant&iacute;as permite, por ejemplo, afirmar la espontaneidad y voluntariedad de las declaraciones de forma que la libre decisi&oacute;n del acusado de declarar sobre los hechos que se le imputan, permite desde una perspectiva interna, dar por rota jur&iacute;dicamente cualquier conexi&oacute;n causal con el acto il&iacute;cito y, desde una perspectiva externa, esta separaci&oacute;n entre el acto il&iacute;cito y la voluntaria declaraci&oacute;n del acusado, hacen innecesarias las necesidades de tutela del derecho fundamental material que justificar&iacute;an su exclusi&oacute;n probatoria.<sup><a href="#notas">45</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de la conexi&oacute;n de antijuridicidad, conexi&oacute;n que tambi&eacute;n es identificada con la perspectiva interna, el Tribunal Constitucional espa&ntilde;ol alude en un segundo an&aacute;lisis y que denomina perspectiva externa, relativa a "las necesidades esenciales de tutela que la realidad y efectividad del derecho sustantivo conculcado exige". &iquest;Y esto qu&eacute; significa? De lo que se trata es que la excepci&oacute;n a la exclusi&oacute;n de una prueba il&iacute;cita en su origen no suponga un incentivo para la infracci&oacute;n del derecho sustantivo. Esto implica a su vez que los &oacute;rganos encargados de la investigaci&oacute;n penal no hayan actuado con intencionalidad ni con negligencia grave. Lo anterior nos recuerda por una parte el efecto disuasorio (<i>deterrent effect</i>) y, por otro, la excepci&oacute;n de buena fe (<i>good faith exception</i>), ambas del derecho norteamericano.<sup><a href="#notas">46</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la pr&aacute;ctica judicial espa&ntilde;ola ha de aludirse a otra excepci&oacute;n al principio de los frutos del &aacute;rbol envenenado, tambi&eacute;n de origen norteamericano: la del&nbsp;<i>descubrimiento inevitable&nbsp;</i>(<i>inevitable&nbsp;discovery exception</i>). Aunque esta excepci&oacute;n no haya sido claramente acogida todav&iacute;a por el Tribunal Constitucional, ya se intuye en la mencionada sentencia 81/1998. Sin embargo, se ha aplicado por el Tribunal Supremo, caso muy claro en la sentencia de la Sala segunda de dicho Tribunal de 4 de julio de 1997 (RJ 1997/6008), en la que se argument&oacute; que las pruebas tachadas de il&iacute;citas habr&iacute;an sido inevitablemente descubiertas de una fuente sin tacha, como son las operaciones de vigilancia y seguimiento realizadas continuamente e iniciadas antes de la decisi&oacute;n judicial que acord&oacute; la intervenci&oacute;n telef&oacute;nica. Se trataba de una intervenci&oacute;n telef&oacute;nica acordada judicialmente pero con insuficiencia de motivaci&oacute;n.<sup><a href="#notas">47</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En conclusi&oacute;n, las valoraciones que ahora deben realizar los jueces espa&ntilde;oles ante las pruebas il&iacute;citas dejar&aacute; en algunas ocasiones sin efectos la regla de la exclusi&oacute;n de las pruebas il&iacute;citas, pues al examinar tales pruebas mediante esta suerte de<i>balancing test&nbsp;</i>que hemos descrito en los p&aacute;rrafos anteriores, la eficacia negativa de la regla exclusi&oacute;n no entrar&aacute; en funcionamiento en casos especiales. Esto supone el relajamiento de la regla de exclusi&oacute;n, en aquellos supuestos en los cuales es pertinente. A partir de pronunciamientos como el contenido en la STC 81/98, en Espa&ntilde;a es indispensable testar las pruebas para comprobar que se encuentran jur&iacute;dicamente vinculadas entre s&iacute; y, por tanto, determinar si se transmite la ilicitud originaria a la prueba derivada.<sup><a href="#notas">48</a></sup></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. <i>Las excepciones a la regla de la exclusi&oacute;n en la jurisprudencia alemana</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En decisiones que van de 1990 hasta 1996, el Tribunal Constitucional Federal Alem&aacute;n (BverfG) ha distinguido con toda claridad entre la prohibici&oacute;n para realizar una prueba y su aprovechamiento. De esta forma ha establecido que "no todas las prohibiciones de practicar una prueba" tienen, sin m&aacute;s,</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">como consecuencia una prohibici&oacute;n de aprovechamiento de prueba. M&aacute;s bien, se debe tomar la decisi&oacute;n en pro o en contra de una prohibici&oacute;n de aprovechamiento bas&aacute;ndose en una amplia ponderaci&oacute;n, en la que el peso de la violaci&oacute;n del procedimiento, como tambi&eacute;n su significado para el &aacute;mbito legalmente protegido del interesado, sean igualmente importantes, sin olvidar la consideraci&oacute;n de que la verdad no debe ser averiguada a todo precio.<sup><a href="#notas">49</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, si una investigaci&oacute;n hipot&eacute;tica hubiera llevado "con una probabilidad cercana a la seguridad" al mismo resultado, la prueba pudiera entonces tambi&eacute;n ser aprovechada.<sup><a href="#notas">50</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Tribunal Constitucional Federal Alem&aacute;n tambi&eacute;n ha establecido las intervenciones estatales pueden llegar a ser valoradas, siempre y cuando se encuentre fuera de las esferas de protecci&oacute;n de la vida &iacute;ntima, as&iacute; como de aquella &aacute;rea de la vida privada que puede ser regulada por el derecho. En efecto, las intervenciones telef&oacute;nicas o de otro tipo que realicen las autoridades estatales pueden ser admitidas siempre y cuando se respete "por regla general del derecho al libre desarrollo de la personalidad". Estas intervenciones pueden ser v&aacute;lidas siempre que no afecten la protecci&oacute;n de la esfera del desarrollo privado de la persona, que ha perfeccionado el propio tribunal constitucional alem&aacute;n, conforme a una teor&iacute;a que ha denominado de las tres esferas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta teor&iacute;a de las tres esferas se puede explicar de la siguiente manera: en una resoluci&oacute;n fundamental del 31 de enero de 1973, el Tribunal Constitucional de la Rep&uacute;blica Federal reconoci&oacute; dos zonas de protecci&oacute;n constitucional, una de las cuales a su vez se subdivide en otras dos. La primera es la "esfera &iacute;ntima del individuo", a la cual la Constituci&oacute;n alemana ha otorgado un &aacute;mbito central para el desarrollo individual del ciudadano, ya que la reconoce como "una configuraci&oacute;n privada e intocable de la vida, que se encuentra protegida de la influencia del poder p&uacute;blico" y cuya intervenci&oacute;n, "no podr&iacute;an justificar a&uacute;n los m&aacute;s altos intereses del p&uacute;blico general". La segunda zona est&aacute; referida al &aacute;mbito de la vida privada y se subdivide en una zona que es posible regulaci&oacute;n y otra no lo es. En efecto, seg&uacute;n el Tribunal Constitucional de la Rep&uacute;blica Federal Alemana</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">no todo &aacute;mbito de la vida privada se encuentra bajo la protecci&oacute;n absoluta de la Ley Fundamental. Como ciudadano dependiente y ligado a la sociedad cada uno debe m&aacute;s bien aceptar las medidas del Estado que son tomadas en pos del inter&eacute;s p&uacute;blico preponderante y bajo estricta observancia del principio de la proporcionalidad, siempre y cuando no menoscaben el &aacute;mbito intocable de la vida privada.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por consiguiente, hay que reconocer dos esferas privadas de protecci&oacute;n, una que es inaccesible a las intervenciones estatales, y otra que puede ser regulada y que depende de una ponderaci&oacute;n entre el derecho a la privacidad y el inter&eacute;s p&uacute;blico.<sup><a href="#notas">51</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta teor&iacute;a de las tres esferas que ha establecido la jurisprudencia del tribunal constitucional alem&aacute;n ha impactado inclusive al Tribunal Superior Regional de Alemania (<i>OLG Schleswig</i>). As&iacute; por ejemplo, mediante esta teor&iacute;a el tribunal superior ha juzgado como utilizable una grabaci&oacute;n de video secreta sobre el robo de dinero en la sala de un casino realizada por un empleado de Hacienda, ya que considera que teniendo en cuenta el control rec&iacute;proco de todas las personas presentes en el momento del conteo del dinero, el proceder del actor en el lugar de trabajo del casino no puede ser imputado al &aacute;mbito protegido de la vida privada. Y esto rige tambi&eacute;n para grabaciones sobre comportamiento de una persona en el lugar de trabajo, a la que en todo caso no hay que imputarle como tal el &aacute;mbito privado protegido por la Constituci&oacute;n.<sup><a href="#notas">52</a></sup></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un caso muy interesante en Alemania ha sido el de la ponderaci&oacute;n de las conductas criminales que quedan registradas en grabaciones entre c&oacute;nyuges o en diarios. En un principio, en un fallo de 1964 el Tribunal Federal (BGHSt) consider&oacute; por transgredida la "esfera m&aacute;s &iacute;ntima" perteneciente al derecho general de la personalidad, si una conversaci&oacute;n de uno de los c&oacute;nyuges era grabada sin el consentimiento del otro, como tambi&eacute;n el aprovechamiento de anotaciones en un diario, escrito sin fines de darse a conocer. Esto iba contra la afirmaci&oacute;n general de que no hab&iacute;a lugar para la protecci&oacute;n de la personalidad en aquellos casos en los que un delincuente expresara o desarrollara por escrito sus cr&iacute;menes y determinara a sus v&iacute;ctimas.<sup><a href="#notas">53</a></sup> M&aacute;s tarde el Tribunal Constitucional de la Rep&uacute;blica Federal dictamin&oacute; en 1989 (en abierta oposici&oacute;n a la anterior resoluci&oacute;n del Tribunal Federal acerca de la protecci&oacute;n absoluta de las conversaciones conyugales) que al formular por escrito sus pensamientos en un diario, el autor los exclu&iacute;a del &aacute;mbito de la intimidad absolutamente protegido. Esta resoluci&oacute;n mantiene el principio de existencia de un &aacute;mbito central absolutamente intocable de la personalidad, mientras que en otros casos la afectaci&oacute;n a la esfera de la personalidad depender&aacute; de la forma e intensidad en que el hecho respectivo afecte "por su naturaleza a las esferas o los intereses de la sociedad". Finalmente, m&aacute;s tarde el propio Tribunal Federal enmend&oacute; su resoluci&oacute;n inicial y estableci&oacute; que las anotaciones o declaraciones "acerca de la planificaci&oacute;n de futuros delitos o informes de delitos cometidos" no pertenecen "al &aacute;mbito intocable de la vida privada" con la consecuencia de poder ser aprovechados en el procedimiento penal, al tiempo que hac&iacute;a depender tal aprovechamiento de la clase de anotaciones y de la intensidad de la afectaci&oacute;n de los intereses sociales.<sup><a href="#notas">54</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un sentido parecido, la posibilidad de desechar&nbsp;<i>grabaciones en cintas magn&eacute;ticas</i>&nbsp;secretamente producidas por terceros (particulares) es impensable para el Tribunal Constitucional de la Rep&uacute;blica Federal Alemana, cuando esto sucede "en casos de criminalidad grave (sea contra el cuerpo y la vida de otros, sea contra los principios fundamentales del estado liberal democr&aacute;tico u otros bienes jur&iacute;dicos de rango comparable) tanto para la determinaci&oacute;n de la identidad de los delincuentes como para el descargo de acusados injustamente". Para los alemanes en todos los casos se trata decisivamente de la defensa del principio de la proporcionalidad, en el que por un lado tiene importancia la&nbsp;<i>gravedad de la intervenci&oacute;n</i>&nbsp;en el derecho general de la personalidad, pero por otro lado la "concreta injusticia" que el caso particular puede generar, hace inevitable la correspondiente ponderaci&oacute;n de la prueba. Tambi&eacute;n hay que considerar en la ponderaci&oacute;n necesaria, si la grabaci&oacute;n de audio respectiva se presenta para la convicci&oacute;n o para el descargo como&nbsp;<i>&uacute;nico medio de prueba</i>, y en qu&eacute; medida los comentarios contenidos en la cinta son relevantes para el procedimiento correspondiente.<sup><a href="#notas">55</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, la jurisprudencia del tribunal constitucional de la Rep&uacute;blica Federal establece que "el individuo no tiene el derecho, en el sentido de un dominio absoluto e ilimitado, acerca de 'sus' datos", ya que debe "aceptar las limitaciones de su derecho a una autodeterminaci&oacute;n informativa en beneficio del inter&eacute;s preponderantemente com&uacute;n", bajo observaci&oacute;n del principio de la proporcionalidad. Un&nbsp;<i>inter&eacute;s general preponderante&nbsp;</i>s&oacute;lo podr&iacute;a existir regularmente "en datos con referencia social, excluyendo las declaraciones &iacute;ntimas de autoincriminaci&oacute;n no exigibles". Las declaraciones deber&aacute;n ser adecuadas y "limitadas a la finalidad determinada judicialmente".<sup><a href="#notas">56</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas diversas ponderaciones que entran en juego para determinar cu&aacute;ndo y bajo qu&eacute; condiciones puede una prueba il&iacute;cita ser valorada en Alemania, han motivado que algunos la denominen como la&nbsp;<i>teor&iacute;a alemana del entorno jur&iacute;dico.</i><sup><a href="#notas">57</a></sup> Aun cuando esta teor&iacute;a ha sentado su carta de aceptaci&oacute;n en la jurisprudencia alemana, es importante se&ntilde;alar que la misma no opera en todos los casos en este pa&iacute;s, pues la ponderaci&oacute;n que se hace de las circunstancias espec&iacute;ficas hace que s&oacute;lo funcione en situaciones excepcionales, lo que hace dif&iacute;cil su aplicaci&oacute;n y extensi&oacute;n como regla de oro para todos los eventos. Esto es correcto, pues como hemos establecido desde un principio, se trata s&oacute;lo de establecer excepciones especiales y no de suprimir la regla general de inadmisi&oacute;n de pruebas il&iacute;citas.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. <i>Resoluci&oacute;n del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) sobre la prueba il&iacute;cita y su valoraci&oacute;n en el proceso</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de la jurisprudencia de los tribunales nacionales que hemos examinado en los apartados anteriores (Estados Unidos, Espa&ntilde;a y Alemania), la cual ha tenido su origen en juicios penales desahogados en esos pa&iacute;ses, existe un precedente jurisprudencial en materia de derecho internacional de los derechos humanos que versa sobre la inadmisibilidad o no de pruebas il&iacute;citas y que por su importancia vale la pena exponer a continuaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Corte Europea de Derechos Humanos (CEDH) en su conocida sentencia de 12 de Julio de 1988,&nbsp;<i>Caso Schenk vs Suiza</i>,<sup><a href="#notas">58</a></sup> abord&oacute; el problema de la admisibilidad de las pruebas il&iacute;citas desde la perspectiva del derecho a un proceso justo consagrado en el art&iacute;culo 6.1 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, seg&uacute;n el cual</font></p>      <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Toda persona tiene derecho a que su causa sea o&iacute;da equitativa, p&uacute;blicamente y dentro de un plazo razonable, por un Tribunal independiente e imparcial, establecido en la ley, que decidir&aacute; los litigios sobre sus derechos y obligaciones de car&aacute;cter civil o sobre el fundamento de cualquier acusaci&oacute;n en materia penal dirigida contra ella...</font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En concreto, en este caso la CEDH deb&iacute;a pronunciarse sobre la admisibilidad o no en un proceso penal de una cinta en la que se hab&iacute;a registrado una conversaci&oacute;n telef&oacute;nica sin la preceptiva autorizaci&oacute;n judicial, necesaria seg&uacute;n la legislaci&oacute;n del Estado suizo demandado. Es importante se&ntilde;alar que en este juicio se descart&oacute; como principio general que la Corte Europea pueda excluir que se admita una prueba conseguida ilegalmente, toda vez que s&oacute;lo le corresponde averiguar si el proceso, considerado en su conjunto, fue un proceso justo. En esencia se resolvi&oacute; que la simple admisi&oacute;n de una prueba obtenida ilegalmente no determina una vulneraci&oacute;n del derecho a un proceso justo (art&iacute;culo 6.1 Convenci&oacute;n Europea), sino que para decidir sobre la eventual violaci&oacute;n de las garant&iacute;as que derivan del reconocimiento de este derecho hab&iacute;a que examinar el proceso penal en su conjunto.<sup><a href="#notas">59</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La determinaci&oacute;n del alcance de la doctrina establecida por la CEDH exige, como paso previo, detenernos aunque sea sucintamente, en el examen de los hechos sometidos a su conocimiento. La historia de los hechos expuesta con detalle en la propia sentencia dictada por el Tribunal Europeo era en l&iacute;neas generales la siguiente: el se&ntilde;or Schenk, ciudadano suizo, contrat&oacute; los servicios de una agencia de publicidad para que se publicase en la prensa un anuncio solicitando los servicios de un ex legionario o individuo de caracter&iacute;sticas an&aacute;logas para unos trabajos o misiones ocasionales. Como resultado de la publicaci&oacute;n del anuncio el demandante escogi&oacute; al Se&ntilde;or Pauty, con quien se reuni&oacute; en diversas ocasiones, pag&aacute;ndole varias misiones que le confi&oacute;. Al llegar a Suiza el se&ntilde;or Pauty entr&oacute; en contacto con la se&ntilde;ora Schenk confes&aacute;ndole que su marido le hab&iacute;a encargado que la matara. Despu&eacute;s de considerar la posibilidad de matar al se&ntilde;or Schenk o de hacerle creer que su mujer hab&iacute;a muerto para poder as&iacute; cobrar el precio, ambos se dirigieron al juez de instrucci&oacute;n narr&aacute;ndole los hechos anteriormente descritos, lo que motiv&oacute; que se iniciara la oportuna investigaci&oacute;n policial por tentativa de homicidio. Mientras ten&iacute;a lugar dicha investigaci&oacute;n, el se&ntilde;or Schenk llam&oacute; por tel&eacute;fono al se&ntilde;or Pauty, quien grab&oacute; la conversaci&oacute;n mantenida por ambos, entreg&aacute;ndola a la polic&iacute;a que la incorpor&oacute; a las actuaciones judiciales. El se&ntilde;or Schenk fue declarado culpable de un delito de tentativa de inducci&oacute;n al homicidio, castig&aacute;ndole a diez a&ntilde;os de reclusi&oacute;n. Para fundamentar dicha condena el Tribunal tuvo en cuenta el contenido de la conversaci&oacute;n telef&oacute;nica previamente grabada por el se&ntilde;or Pauty, una vez descartada, mediante prueba pericial, su manipulaci&oacute;n. La condena fue confirmada por el Tribunal Federal Suizo.<sup><a href="#notas">60</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su demanda ante la Corte Europea de Derechos Humanos, el se&ntilde;or Schenk aleg&oacute; que el registro de la conversaci&oacute;n telef&oacute;nica y su uso como medio de prueba hab&iacute;an infringido su derecho a un proceso justo al tratarse de una grabaci&oacute;n ilegal realizada sin la preceptiva autorizaci&oacute;n judicial. El mismo gobierno suizo, al igual que los tribunales suizos que hab&iacute;an conocido el caso, reconocieron que la grabaci&oacute;n telef&oacute;nica se hab&iacute;a conseguido ilegalmente, aunque estimaban que ello no era obst&aacute;culo para su admisi&oacute;n como prueba en el proceso. El Tribunal Federal Suizo (secci&oacute;n de casaci&oacute;n penal) incluso admiti&oacute; que en la grabaci&oacute;n litigiosa se daban los elementos que integraban el delito previsto en el art&iacute;culo 179 ter del C&oacute;digo Penal que castiga al que " sin el consentimiento de los dem&aacute;s interlocutores, registrare en un aparato a este respecto una conversaci&oacute;n privada en la que tomara parte", a pesar de lo cual, conclu&iacute;a, que " el inter&eacute;s p&uacute;blico en descubrir la verdad de un delito sobre la muerte de una persona deb&iacute;a prevalecer sobre el inter&eacute;s de Schenk en mantener el secreto de una conversaci&oacute;n telef&oacute;nica que no afectaba a su intimidad".<sup><a href="#notas">61</a></sup></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La CEDH desestim&oacute; los alegatos del demandante concluyendo que el uso de la grabaci&oacute;n ilegal como prueba de convicci&oacute;n no le hab&iacute;a privado de un proceso justo y, por tanto, no se hab&iacute;a infringido el art&iacute;culo 6.1 del Convenio. En el primer fundamento de derecho razona que aunque</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">el convenio garantiza en su art&iacute;culo 6o. el derecho a un proceso justo, no regula por ello la admisibilidad de las pruebas como tal, materia que, por tanto, corresponde ante todo al derecho interno. El Tribunal no puede, por consiguiente, excluir el principio y en abstracto que se admita una prueba conseguida ilegalmente, como la de que se trata. S&oacute;lo le corresponde averiguar si el proceso del se&ntilde;or Schenk, considerado en su conjunto, fue un proceso justo.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n se estim&oacute; importante que el registro de la conversaci&oacute;n telef&oacute;nica no fuera la &uacute;nica prueba en que se fund&oacute; la condena.<sup><a href="#notas">62</a></sup></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>III. Conclusi&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de examinar las diferentes respuestas que han dados los tribunales de otros pa&iacute;ses y la CEDH al problema de las excepciones a la regla de exclusi&oacute;n de las pruebas il&iacute;citas, parece sorprendente la negativa de la mayor&iacute;a de los ministros de la SCJN para rechazar la grabaci&oacute;n entre el gobernador Mar&iacute;n y el empresario Kamel Nacif, misma que constitu&iacute;a una pieza fundamental para acreditar la posible y grave violaci&oacute;n de garant&iacute;as individuales en perjuicio de Lydia Cacho.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta decisi&oacute;n de la mayor&iacute;a de ministros tuvo una significaci&oacute;n jur&iacute;dica de la mayor importancia: supuso un serio obst&aacute;culo en M&eacute;xico para abrir el debate sobre la posibilidad de admitir las pruebas il&iacute;citas en casos especiales y necesarios, cuando esto sea indispensable para la protecci&oacute;n de los derechos fundamentales o pueda vulnerar el derecho b&aacute;sico de allegarse de los medios pertinentes de prueba con las limitantes que ya hemos comentado m&aacute;s arriba. Si la posibilidad de aceptar este tipo de pruebas se cierra en aquellos casos en que sea necesario para asegurar los derechos b&aacute;sicos de los ciudadanos, se estar&aacute;n quebrantando los principios esenciales de la justicia y se sembrar&aacute;n las bases para la impunidad en cierto tipo de casos, pues diversas infracciones a la ley quedar&iacute;an sin sanci&oacute;n aun cuando existan las pruebas para ello.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay quienes quisieran alegar que la decisi&oacute;n de la SCJN en este caso no ten&iacute;a ninguna repercusi&oacute;n sobre la posible impunidad de quienes hubiesen atentado contra los derechos fundamentales de Lydia Cacho o de los menores agraviados por las redes de pederastia que denunciaba la periodista, pues la facultad de investigaci&oacute;n no es un proceso judicial y no permite establecer penas para sancionar delitos. Sin embargo, por su naturaleza, la facultad de investigaci&oacute;n permite a la Corte rendir un informe no vinculatorio sobre la posible violaci&oacute;n de garant&iacute;as individuales y su gravedad. Este informe hubiese tenido el mayor impacto social y adem&aacute;s hubiese devuelto a los poderes Legislativo federal y estatal de Puebla la responsabilidad de sancionar las infracciones en que hubiesen incurrido los servidores p&uacute;blicos correspondientes. Sin embargo, la decisi&oacute;n de la mayor&iacute;a de ministros la SCJN, no s&oacute;lo no devolv&iacute;a al Poder Legislativo la responsabilidad de establecer las sanciones correspondientes mediante los juicios pol&iacute;ticos respectivos, sino que adem&aacute;s asum&iacute;a en su totalidad la responsabilidad de la decisi&oacute;n. Es como si el Congreso de la Uni&oacute;n le hubiese enviado una bomba que la SCJN hubiese cuidado hasta que le estallara en las manos. En este sentido, no hay que perder de vista que la facultad de investigaci&oacute;n adem&aacute;s de ser un procedimiento no jurisdiccional de protecci&oacute;n de garant&iacute;as individuales, es un procedimiento de defensa de tales garant&iacute;as que supone la colaboraci&oacute;n de poderes en casos especiales y de gravedad nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde luego que las excepciones a la regla de exclusi&oacute;n no pueden ser irrestrictas pues esto supondr&iacute;a atentar contra el derecho al debido proceso legal, mismo que es primordial en cualquier sociedad que proteja las libertades esenciales. Sin embargo, las excepciones pueden operar en casos excepcionales y precisamente cuando los principios y derechos b&aacute;sicos de la democracia liberal son puestos en riesgo. Algunas de las excepciones posibles ya han quedado se&ntilde;aladas en las p&aacute;ginas anteriores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, la posibilidad judicial de la SCJN para admitir pruebas il&iacute;citas en aquellos casos en que se justificara, no se constru&iacute;a sobre el vac&iacute;o. Como hemos visto, los tribunales de otros pa&iacute;ses y la CEDH ya hab&iacute;an sentado precedentes relevantes o jurisprudencia sobre esta materia. Esta construcci&oacute;n jurisprudencial va desde las diversas excepciones a la teor&iacute;a del &aacute;rbol de los frutos envenenados desarrollada por la jurisprudencia en los Estados Unidos, hasta las teor&iacute;as de la desconexi&oacute;n de antijuridicidad en Espa&ntilde;a, la teor&iacute;a de las tres esferas en Alemania, o la teor&iacute;a de la valoraci&oacute;n integral del proceso de la Corte Europea de Derechos Humanos. Todos estos precedentes o jurisprudencias plantean la necesidad de ponderar las pruebas en el contexto particular en el que se encontraban, pues no hacerlo hubiese implicado dejar sin sanci&oacute;n diversas infracciones a la ley.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En consonancia con la jurisprudencia desarrollada por el derecho comparado y el derecho internacional de los derechos humanos, la SCJN pudo haber construido su propia reflexi&oacute;n sobre las excepciones a la regla de exclusi&oacute;n o, cuando menos, haber seguido en l&iacute;neas generales alguno de los precedentes jurisprudenciales de los tribunales antes se&ntilde;alados. Sin embargo, no hizo ninguna de las dos cosas, con lo que asumi&oacute; una posici&oacute;n inflexible y r&iacute;gida en lo relativo a la regla de exclusi&oacute;n de las pruebas il&iacute;citas, inflexibilidad que se encuentra ampliamente superada en la pr&aacute;ctica judicial de diversos tribunales nacionales e internacionales, como espero haber demostrado.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Renter&iacute;a Arr&oacute;yave, Teodoro,&nbsp;<i>Observador Ciudadano</i>, 4 de enero de 2008, en&nbsp;<a href="http://observadorteor.blogspot.com/2008/01/informe&#45;anualizado&#45;por&#45;teodoro&#45;rentera.html" target="_blank"><i>http://observadorteor.blogspot.com/2008/01/informe&#45;anualizado&#45;por&#45;teodoro&#45;rentera.html</i></a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2433467&pid=S1405-9193200900020001500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> El art&iacute;culo 357 del C&oacute;digo Penal del Estado de Puebla se&ntilde;ala: "La difamaci&oacute;n consiste en comunicar a una persona o m&aacute;s personas, la imputaci&oacute;n que se le hace a otra, f&iacute;sica o jur&iacute;dica, de un hecho cierto o falso, que le cause deshonra, descr&eacute;dito, perjuicio o lo exponga al desprestigio de alguien".</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Petrich, Blanche, "&laquo;Mi g&oacute;ber: t&uacute; eres el h&eacute;roe&raquo;, Kamel Nacif a Mario Mar&iacute;n",&nbsp;<i>La Jornada</i>, 14 de febrero de 2006, en <i><a href="http://www.jornada.unam.mx/2006/02/14/005n1 pol.php" target="_blank">http://www.jornada.unam.mx/2006/02/14/005n1 pol.php</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2433470&pid=S1405-9193200900020001500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </i></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Sobre la forma en c&oacute;mo operan los medios de comunicaci&oacute;n en los procesos judiciales pendientes de resolverse, v&eacute;ase Garap&oacute;n, Antoine,&nbsp;<i>Juez y democracia</i>, Espa&ntilde;a, Flor del Viento Editores, 1997, pp. 59&#45;94; v&eacute;ase el art&iacute;culo de Carbonell, Miguel&nbsp;<i>et al</i>., (comps.),&nbsp;<i>Jueces y derecho. Problemas contempor&aacute;neos</i>, M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 2004, p. 417. </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Carpizo, Jorge, "Nuevas reflexiones sobre la funci&oacute;n de investigaci&oacute;n de la Suprema Corte de Justicia a 33 a&ntilde;os de distancia",&nbsp;<i>Cuestiones Constitucionales</i>, M&eacute;xico, n&uacute;m. 13, julio&#45;diciembre de 2005. Este art&iacute;culo puede consultarse en la siguiente direcci&oacute;n electr&oacute;nica: <a href="http://www.juridicas.unam.mx/publica/rev/cconst/cont/13/ard/ard1.htm" target="_blank"><i>http://www.juridicas.unam.mx/publica/rev/cconst/cont/13/ard/ard1.htm</i></a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2433473&pid=S1405-9193200900020001500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Weber, Max,&nbsp;<i>Econom&iacute;a y sociedad</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, pp. 704&#45;847.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2433475&pid=S1405-9193200900020001500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Ministro Aguirre Anguiano, en versi&oacute;n taquigr&aacute;fica de la sesi&oacute;n p&uacute;blica ordinaria del Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n, celebrada el 27 de noviembre de 2007, en&nbsp;<i><a href="http://www.scjn.gob.mx/NR/rdonlyres/BAAFF0C2&#45;4101&#45;4B50&#45;B740&#45;9D1D5C6C6635/0/PL20071127.pdf" target="_blank">http://www.scjn.gob.mx/NR/rdonlyres/BAAFF0C2&#45;4101&#45;4B50&#45;B740&#45;9D1D5C6C6635/0/PL20071127.pdf</a>,&nbsp;</i>p. 51.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Ministro Azuela Guitr&oacute;n, en versi&oacute;n taquigr&aacute;fica de la sesi&oacute;n p&uacute;blica ordinaria del Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n, celebrada el 27 de noviembre de 2007,&nbsp;<i>ibidem</i>, p. 54.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Ministro Ortiz Mayagoitia, en versi&oacute;n taquigr&aacute;fica de la sesi&oacute;n p&uacute;blica ordinaria del pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n, celebrada el 27 de noviembre de 2007, <a href="http://www.scjn.gob.mx/NR/rdonlyres/776757E5&#45;1FC6&#45;490D&#45;AA6D&#45;6BFA419125BE/0/PL20071129.pdf" target="_blank"><i>http://www.scjn.gob.mx/NR/rdonlyres/776757E5&#45;1FC6&#45;490D&#45;AA6D&#45;6BFA419125BE/0/PL20071129.pdf</i></a>, p. 22.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Ministro Silva Meza, en versi&oacute;n taquigr&aacute;fica de la sesi&oacute;n p&uacute;blica ordinaria del pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n, celebrada el 26 de noviembre de 2007, en&nbsp;<a href="http://www.scjn.gob.mx/NR/rdonlyres/EB300579&#45;DC47&#45;49AA&#45;9CCC&#45;4E5B1AC0F1F2/0/PL20071126.pdf" target="_blank"><i>http://www.scjn.gob.mx/NR/rdonlyres/EB300579&#45;DC47&#45;49AA&#45;9CCC&#45;4E5B1AC0F1F2/0/PL20071126.pdf</i></a>, pp. 59 y 60.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> En la parte relativa a las comunicaciones privadas y antes de las reformas del 18 de junio de 2008, el art&iacute;culo 16 constitucional establec&iacute;a lo siguiente en sus p&aacute;rrafos noveno y d&eacute;cimo: "Las comunicaciones privadas son inviolables. La ley sancionar&aacute; penalmente cualquier acto que atente contra la libertad y privac&iacute;a de las mismas. Exclusivamente la autoridad judicial federal, a petici&oacute;n de la autoridad federal que faculte la ley o del titular del Ministerio P&uacute;blico de la entidad federativa correspondiente, podr&aacute; autorizar la intervenci&oacute;n de cualquier comunicaci&oacute;n privada. Para ello, la autoridad competente, por escrito, deber&aacute; fundar y motivar las causas legales de la solicitud, expresando adem&aacute;s, el tipo de intervenci&oacute;n, los sujetos de la misma y su duraci&oacute;n. La autoridad judicial federal no podr&aacute; otorgar estas autorizaciones cuando se trate de materias de car&aacute;cter electoral, fiscal, mercantil, civil, laboral o administrativo, ni en el caso de las comunicaciones del detenido con su defensor. </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las intervenciones autorizadas se ajustar&aacute;n a los requisitos y l&iacute;mites previstos en las leyes. Los resultados de las intervenciones que no cumplan con &eacute;stos, carecer&aacute;n de todo valor probatorio".</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Ministro G&oacute;ngora Pimentel, en versi&oacute;n taquigr&aacute;fica de la sesi&oacute;n p&uacute;blica ordinaria del pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n, celebrada el 26 de noviembre de 2007,<a href="http://www.scjn.gob.mx/NR/rdonlyres/EB300579&#45;DC47&#45;49AA&#45;9CCC&#45;4E5B1AC0F1F2/0/PL20071126.pdf" target="_blank"><i>http://www.scjn.gob.mx/NR/rdonlyres/EB300579&#45;DC47&#45;49AA&#45;9CCC&#45;4E5B1AC0F1F2/0/PL20071126.pdf</i></a>, pp. 65 y 66.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Ministro G&oacute;ngora Pimentel, en versi&oacute;n taquigr&aacute;fica de la sesi&oacute;n p&uacute;blica ordinaria del pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n, celebrada el 26 de noviembre de 2007,&nbsp;<i>ibidem</i>, pp. 66 y 67.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> SUPREMA CORTE DE JUSTICIA. INVESTIGACIONES AUTORIZADAS POR EL ART&iacute;CULO 97, P&Aacute;RRAFO III, DE LA CONSTITUCI&Oacute;N FEDERAL. El art&iacute;culo 97 de la Constituci&oacute;n otorga a la Suprema Corte de Justicia la facultad para investigar alg&uacute;n hecho o hechos que constituyan la violaci&oacute;n de alguna garant&iacute;a individual, o la violaci&oacute;n del voto p&uacute;blico, o alg&uacute;n otro delito castigado por la ley federal, &uacute;nicamente cuando ella as&iacute; lo juzgue conveniente, o lo pida el Ejecutivo Federal, o alguna de las C&aacute;maras de la Uni&oacute;n, o el gobernador de alg&uacute;n Estado. Cuando ninguno de los funcionarios o de los poderes mencionados solicitan la investigaci&oacute;n, &eacute;sta no es obligatoria sino que discrecionalmente la Corte resuelve lo que estima m&aacute;s conveniente para mantener la paz p&uacute;blica. Los particulares no est&aacute;n legitimados en ning&uacute;n caso para solicitar la investigaci&oacute;n a la Suprema Corte, sino que s&oacute;lo ella puede hacer uso de una atribuci&oacute;n de tanta importancia, cuando a su juicio el inter&eacute;s nacional reclame su intervenci&oacute;n&nbsp;<i>por la trascendencia de los hechos denunciados y su vinculaci&oacute;n con las condiciones que prevalezcan en el pa&iacute;s, porque revistan caracter&iacute;sticas singulares que puedan afectar las condiciones generales de la naci&oacute;n. </i>Si en todos los casos y cualesquiera que fueran las circunstancias, la Suprema Corte de Justicia ejercitara estas facultades, se desvirtuar&iacute;an sus altas funciones constitucionales y se convertir&iacute;a en un cuerpo pol&iacute;tico. En todo caso, cuando resuelve la Corte su abstenci&oacute;n, no puede alegarse indefensi&oacute;n, porque las leyes establecen otros &oacute;rganos y diversos recursos ordinarios para conocer y resolver sobre ellas. Registro n&uacute;m. 804076,&nbsp;<i>Semanario Judicial de la Federaci&oacute;n</i>, sexta &eacute;poca, primera parte, XCIII, p. 60, tesis aislada, constitucional, varios 3/46, Comit&eacute; Nacional Directivo del Partido Acci&oacute;n Nacional, 7 de enero de 1946, mayor&iacute;a de veinte votos, ponente: Hilario Medina.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> GARANT&Iacute;AS INDIVIDUALES. DIFERENCIAS DEL PROCEDIMIENTO EN LA AVERIGUACI&Oacute;N PREVISTA EN EL SEGUNDO P&Aacute;RRAFO DEL ART&Iacute;CULO 97 CONSTITUCIONAL, SOBRE LA VIOLACI&Oacute;N GRAVE DE ELLAS Y EL DEL JUICIO DE AMPARO. Uno de los principales prop&oacute;sitos de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de los Estados Unidos Mexicanos, es garantizar los derechos fundamentales del hombre, para lo cual propone procedimientos tendientes a evitar la infracci&oacute;n a esos derechos fundamentales, mediante el juicio de amparo, o bien,&nbsp;<i>en el caso de una violaci&oacute;n grave y generalizada de garant&iacute;as individuales</i>, la intervenci&oacute;n de este alto tribunal en la averiguaci&oacute;n de los hechos, para precisar esas infracciones, y con la intenci&oacute;n de que cese la violencia y alarma y se propicie el regreso al respeto a las garant&iacute;as individuales. Las diferencias de estos procedimientos son, b&aacute;sicamente las siguientes: a) El juicio de amparo procede a petici&oacute;n del agraviado; en el procedimiento del 97, por el contrario, se act&uacute;a de oficio, por propia decisi&oacute;n de la Suprema Corte de Justicia, o a petici&oacute;n del Ejecutivo Federal, alguna de las C&aacute;maras del Congreso de la Uni&oacute;n o el gobernador de alg&uacute;n Estado; b) En el amparo se trata de un juicio o proceso y, el art&iacute;culo 97 constitucional se refiere a una averiguaci&oacute;n de hechos que constituyan&nbsp;<i>una grave violaci&oacute;n de garant&iacute;as individuales</i>; c) En el juicio de amparo se concluye con una sentencia, pero que admite sobreseimiento por razones t&eacute;cnicas o materiales; en el 97, con un informe sobre los hechos averiguados y una consecuente decisi&oacute;n de si constituyen, o no, una grave violaci&oacute;n de garant&iacute;as individuales; d) <i>En el juicio de amparo se conoce de violaci&oacute;n de garant&iacute;as que s&oacute;lo afectan a una o varias personas, sin trascendencia social; en el caso del art&iacute;culo 97, las violaciones deben ser generalizadas, es decir, que se trate de violaciones graves</i>&nbsp;y, e) En el amparo se pretende evitar que la violaci&oacute;n de garant&iacute;as se consume para restituir al gobernado en el goce de la garant&iacute;a violada, o en caso de estar consumado irreparablemente el acto reclamado sobreseer, mientras que la averiguaci&oacute;n del 97 versa sobre hechos consumados. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Solicitud 3/96. Petici&oacute;n del presidente de los Estados Unidos Mexicanos para que la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n ejerza la facultad prevista en el p&aacute;rrafo segundo del art&iacute;culo 97 de la Constituci&oacute;n federal. 23 de abril de 1996. Unanimidad de 11 votos,&nbsp;<i>Semanario Judicial de la Federaci&oacute;n y su Gaceta</i>, novena &eacute;poca, t. III, junio de 1996, p. 514 (las cursivas son m&iacute;as). </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Gonz&aacute;lez Montes, Jos&eacute; Luis, "Nuevas reflexiones en torno a la prueba il&iacute;cita",&nbsp;<i>Derecho y Libertades. Revista del Instituto Bartolom&eacute; de las Casas</i>, Madrid, a&ntilde;o I, n&uacute;m. 2, octubre&#45;marzo de 1993&#45;1994, p. 75.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2433488&pid=S1405-9193200900020001500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Mart&iacute;nez Garc&iacute;a, Elena,&nbsp;<i>Eficacia de la prueba il&iacute;cita en el proceso penal (a la luz de la STC 81/98, de 2 de abril) </i>, Valencia, Tirant lo Blanch, Universitat de Valencia, 2003, pp. 18 y 19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2433490&pid=S1405-9193200900020001500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Heinz G&ouml;ssel, Karl, "La prueba il&iacute;cita",&nbsp;<i>Revista de Derecho Penal Garant&iacute;as Constitucionales y nulidades procesales&#45;I</i>, en Donna, Edgardo Alberto (dir.), Buenos Aires, Rubinzal&#45;Culzoni Editores, 2001, p. 34. </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> Mart&iacute;nez Garc&iacute;a, Elena,&nbsp;<i>op. cit</i>., nota 17, pp. 18 y 19.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> <i>Ibidem</i>, p. 23.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> <i>Ibidem</i>, p. 24.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> <i>Ibidem</i>, pp. 34 y 35.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> <i>Ibidem</i>, pp. 38&#45;40.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> <i>Ibidem</i>, p. 50.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> <i>Ibidem</i>, p. 64. </font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup> Esta enmienda se&ntilde;ala que garantiza el derecho de los detenidos a no declarar contra s&iacute; mismos, el derecho a un jurado y al principio non bis in idem ("<i>no person shall be held to answer for a capita, or otherwise infamous crime, unless on a presentment or indictment of a Grand Jury, except in cases arising in the land or naval forces, or in the militia, when in actual service in time of War or public danger; nor shall any person be</i>&nbsp;<i>subject for the same offence to be twice put in jeopardy of life or limb; nor shall be compelled in any criminal case to be a witness against himself, nor be deprived of life, liberty, or property, without due process of law; nor shall private property be taken for public use, without just compensation</i>").</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup> Mart&iacute;nez Garc&iacute;a, Elena,&nbsp;<i>op. cit</i>., nota 17, p. 65.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup> <i>Ibidem</i>, p. 73.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup> En el&nbsp;<i>Caso United States vs Ceccolini</i>&nbsp;en 1978 un testimonio fue admitido a pesar de haber obtenido al testigo en un registro il&iacute;cito, pues el vicio era saneado desde el momento en que el testigo quiso cooperar voluntariamente con la polic&iacute;a, en Mart&iacute;nez Garc&iacute;a, Elena,&nbsp;<i>op. cit</i>., nota 17, p. 67.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup> En el&nbsp;<i>Caso Michigan vs. De Filippo</i>&nbsp;en 1979 donde el Estado hab&iacute;a promulgado una ley que posteriormente fue declarada inconstitucional por la Corte Suprema. En este caso, la Corte Suprema, sin embargo, entendi&oacute; que las pruebas inicialmente recopiladas no deb&iacute;an excluirse del proceso, pues los agentes del Estado hab&iacute;an actuado conforme a derecho y a una ley que no era manifiesta o aparentemente inconstitucional,&nbsp;<i>ibidem</i>, p. 67. </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup> En el caso United States<i>&nbsp;vs. Payner&nbsp;</i>en 1980, se estim&oacute; no oponible frente a un tercero coimputado la regla de exclusi&oacute;n de las prueba obtenidas tras un registro ilegal,&nbsp;<i>idem</i>. </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup> Fruto de esta nueva perspectiva se fueron reduciendo los casos de aplicaci&oacute;n de la&nbsp;<i>exclusionary rule</i>. Ejemplo de lo que decimos representa el caso<i>Alderman vs</i>&nbsp;<i>United States&nbsp;</i>en 1969, donde se impidi&oacute; a los acusados cuyos derechos no hab&iacute;an sido objeto de violaci&oacute;n que se opusieran a la introducci&oacute;n de pruebas il&iacute;citamente obtenidas frente a otros coacusados; tambi&eacute;n en el asunto&nbsp;<i>United States vs. Calandra&nbsp;</i>en 1974 aconteci&oacute; algo similar en relaci&oacute;n con las declaraciones de un testigo (99 S.Ct. 961),&nbsp;<i>ibidem</i>, p. 68. </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup> En el&nbsp;<i>Caso Unites States vs. Le&oacute;n</i>&nbsp;de 1984, la Corte Suprema plasm&oacute; la buena fe policial como excepci&oacute;n a la regla de la exclusi&oacute;n. Aparece el efecto disuasorio como excepci&oacute;n estable y tal coste derivado de la exclusi&oacute;n de esta prueba entraba en ponderaci&oacute;n con el beneficio social derivado de su admisi&oacute;n,&nbsp;<i>ibidem</i>, p. 69.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup> En el asunto&nbsp;<i>Massachussets vs. Sheppard&nbsp;</i>en 1984, la negligencia policial y judicial llevaron a que se utilizara un formulario ya usado para habilitar la entrada y registro, cuyo objeto de b&uacute;squeda era distinto. Esta "irregularidad procesal" llev&oacute; a que, con posterioridad, se reputara il&iacute;cita la entrada pero que la buena fe de la polic&iacute;a llevara a dar como buenas las pruebas obtenidas en ese registro,&nbsp;<i>idem</i>.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35</sup> <i>Ibidem</i>, p. 54. Para la prueba independiente v&eacute;ase Gonz&aacute;lez Montes, Jos&eacute; Luis, "La prueba il&iacute;cita",&nbsp;<i>Persona y Derecho. Revista de Fundamentaci&oacute;n de las Instituciones Jur&iacute;dicas y de Derechos Humanos</i>, Pamplona, n&uacute;m. 54, 2006, pp. 372 y 373.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>36</sup> &nbsp;Mart&iacute;nez Garc&iacute;a, Elena,&nbsp;<i>op. cit</i>., nota 17, pp. 54 y 75.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>37</sup> <i>Ibidem</i>, p. 54.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>38</sup> <i>Ibidem</i>, pp. 55, 74 y 75.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>39</sup> <i>Ibidem</i>, p. 70.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>40</sup> <i>Ibidem</i>, p. 83.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>41</sup> Gonz&aacute;lez Montes, Jos&eacute; Luis,&nbsp;<i>op. cit</i>., nota 35, p. 370.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>42</sup> Mart&iacute;nez Garc&iacute;a, Elena,&nbsp;<i>op. cit. </i>, nota 17, pp. 95 y 96; v&eacute;ase Gonz&aacute;lez Montes, Jos&eacute; Luis,&nbsp;<i>op. cit</i>., nota 35, p. 372. </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>43</sup> Mart&iacute;nez Garc&iacute;a, Elena,&nbsp;<i>op. cit</i>., nota 17, p. 178. </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>44</sup> Gonz&aacute;lez Montes, Jos&eacute; Luis,&nbsp;<i>op. cit</i>., nota 35, pp. 370 y 371.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>45</sup> &nbsp;Mart&iacute;nez Garc&iacute;a, Elena,&nbsp;<i>op. cit</i>., nota 17, p. 179.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>46</sup> <i>Ibidem</i>, p. 371.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>47</sup> <i>Ibidem</i>, p. 373. </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>48</sup> Mart&iacute;nez Garc&iacute;a, Elena,&nbsp;<i>op. cit</i>., nota 17, p. 218. </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>49</sup> Heinz G&ouml;ssel, Karl,&nbsp;<i>op. cit</i>., nota 18, p. 40.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>50</sup> <i>Ibidem</i>, p. 63.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>51</sup> <i>Ibidem</i>, pp. 68 y 69.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>52</sup> <i>Ibidem</i>, pp. 69 y 70.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>53</sup> <i>Ibidem</i>, p. 73.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>54</sup> <i>Ibidem</i>, pp. 73 y 74. </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>55</sup> <i>Ibidem</i>, pp. 75 y 76. </font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>56</sup> <i>Ibidem</i>, p. 78. </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>57</sup> Serge Jim&eacute;nez, Claudia Helena, "La prueba il&iacute;cita y las causales de ausencia de responsabilidad penal",<i>&nbsp;Revista de la Universidad Cooperatia de Colombia</i>, Medell&iacute;n, octubre de 2003, n&uacute;m. 83, pp. 103 y 104.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2433531&pid=S1405-9193200900020001500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>58</sup> La sentencia puede consultarse en la siguiente direcci&oacute;n electr&oacute;nica de la propia CEDH:&nbsp;<a href="http://cmiskp.echr.coe.int/tkp197/view.asp?action=html&amp;documentId=695449&amp;portal=hbkm&amp;source=externalbydocnumber&amp;table=F69A27FD8FB86142BF01C1166DEA398649" target="_blank"><i>http://cmiskp.echr.coe.int/tkp197/view.asp?action=html&amp;documentId=695449&amp;portal=hbkm&amp;source=externalbydocnumber&amp;table=F69A27FD8FB86142BF01C1166DEA398649</i></a>.</font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>59</sup> Miranda Estrampes, Manuel,&nbsp;<i>El concepto de prueba il&iacute;cita y su tratamiento en el proceso penal</i>,Barcelona, J. M. Bosch Editor, p. 56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2433534&pid=S1405-9193200900020001500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>60</sup> <i>Ibidem</i>, pp. 56 y 57. </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>61</sup> <i>Ibidem</i>, p. 57. </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>62</sup> <i>Ibidem</i>, pp. 57 y 58. </font></p>      ]]></body><back>
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