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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Stone, Geoffrey R., <i>War and Liberty. An American Dilemma 1790 to the Present</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Miguel Carbonell</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Nueva York, W. W. Norton and Company, 2007.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El profesor Stone es un destacado acad&eacute;mico de la Universidad de Chicago y autor de varios textos esenciales para la compresi&oacute;n del Estado constitucional contempor&aacute;neo. En el libro que se rese&ntilde;a Stone intenta poner en evidencia que el gobierno de los Estados Unidos ha utilizado a lo largo de la historia la excusa de la guerra para limitar la libertad de expresi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se sabe, la historia de los Estados Unidos ha estado marcada por diversos episodios b&eacute;licos, comenzando desde su nacimiento como pa&iacute;s independiente. Pues bien, la tesis de Stone es que cada vez que se desencadenan las hostilidades, una de las primeras v&iacute;ctimas suele ser la libertad de expresi&oacute;n. Para ilustrar esa tesis el autor hace un repaso sobre diferentes momentos de la evoluci&oacute;n hist&oacute;rica de su pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La narraci&oacute;n de Stone comienza con los inicios mismos de la andadura hist&oacute;rica de los Estados Unidos como naci&oacute;n independiente. Durante las primeras d&eacute;cadas, luego de haber declarado la independencia respecto al dominio ingl&eacute;s, la pol&iacute;tica estadounidense estuvo sometida a las tensiones naturales que se generan en el nacimiento de cualquier naci&oacute;n. El enfrentamiento entre federalistas y republicanos por hacerse con el control del gobierno federal fue muy duro y llev&oacute; a los partidarios de cada uno de los bandos enfrentados a tomar medidas desesperadas, que no ten&iacute;an justificaci&oacute;n constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre esas medidas Stone cita dos que son especialmente restrictivas de las libertades: la <i>Alien Enemies Act</i> y la <i>Sedition Act</i>. De acuerdo con la primera, si los Estados Unidos entraban en guerra contra otra naci&oacute;n, el presidente podr&iacute;a detener discrecionalmente a los nacionales o s&uacute;bditos de ese pa&iacute;s que se encontraran en suelo norteamericano. Pero eso no fue suficiente para los federalistas, quienes apoyaron otra ley, la llamada <i>Alien Friends Act</i>, por medio de la cual se autorizaba al presidente a detener a cualquier extranjero que estuviera en los Estados Unidos, con independencia de su nacionalidad. Para esos detenidos no exist&iacute;a el derecho a ser llevado ante un juez, a ser informado de los cargos en su contra o a presentar evidencia en su descargo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s terrible, si cabe, fue la <i>Sedition Act</i> promulgada por el presidente Adams el 14 de julio de 1798, en la que &#151;en resumidas cuentas&#151; se persegu&iacute;a cualquier tipo de expresi&oacute;n que se hiciera en contra del Congreso, del presidente o en general del gobierno de los Estados Unidos. La sanci&oacute;n para quien cometiera ese delito era de multa por hasta 2,000 d&oacute;lares y hasta dos a&ntilde;os de prisi&oacute;n. Tambi&eacute;n en este caso fueron varios los que advirtieron la contradicci&oacute;n manifiesta de la ley con la Primera Enmienda de la Constituci&oacute;n, de acuerdo con la cual el Congreso no puede abolir o restringir la libertad de expresi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin que pueda resultar sorpresivo, las primeras 14 imputaciones con base en la <i>Sedition Act</i> que se hicieron una vez que entr&oacute; en vigor fueron todas dirigidas en contra de militantes del Partido Republicano, que hac&iacute;an oposici&oacute;n al gobierno de Adams. La administraci&oacute;n federal estadounidense utiliz&oacute; la ley para perseguir a cuatro de los cinco peri&oacute;dicos m&aacute;s influyentes que apoyaban a los republicanos. Seg&uacute;n narra Stone (p. 12), como resultado de estas persecuciones algunos otros peri&oacute;dicos tuvieron que cerrar o bien suspendieron su publicaci&oacute;n. Ning&uacute;n miembro del Partido Federalista fue acusado de haber violado la ley. Su utilizaci&oacute;n estuvo claramente marcada por intereses pol&iacute;tico&#45;partidistas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo episodio hist&oacute;rico que narra Stone se produjo durante la Guerra Civil en que se vieron inmersos los Estados Unidos hacia mediados del siglo XIX. El presidente era Abraham Lincoln y para hacer frente a la rebeli&oacute;n de varios estados que quer&iacute;an establecer la Confederaci&oacute;n, mand&oacute; suspender en reiteradas ocasiones el derecho de <i>habeas corpus</i>, el cual ten&iacute;a y tiene por objeto evitar las detenciones arbitrarias, as&iacute; como permitir una estrecha supervisi&oacute;n judicial sobre los actos de la polic&iacute;a que afectasen la libertad personal de los ciudadanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El presidente Lincoln fue reconvenido por la Suprema Corte en el caso <i>Ex Parte Merryman</i>, con base en el argumento de que la rama ejecutiva no ten&iacute;a facultades para suspender el <i>habeas corpus</i>, ya que se trataba de una competencia asignada constitucionalmente al Congreso. Pero el Congreso, obsequioso con el Ejecutivo, ratific&oacute; las &oacute;rdenes de Lincoln y en 1863 le dio para facultades para seguir por la misma ruta. Bajo esa autorizaci&oacute;n fueron encarceladas entre 13,000 y 38,000 personas, acusadas entre otros delitos de evadir el llamamiento a filas, comerciar con el enemigo, quemar puentes o realizar otras formas de sabotaje.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer episodio que narra Stone se produce durante la primera guerra mundial. Para cuando Estados Unidos decide entrar en la guerra, una parte considerable de su poblaci&oacute;n (cerca de 25%) ten&iacute;a ancestros alemanes. El gobierno tem&iacute;a que algunos ciudadanos fuertemente vinculados con Alemania pudieran realizar actividades de espionaje y adem&aacute;s ten&iacute;a que enfrentar las cr&iacute;ticas del partido socialista, que consideraba que algunas medidas tomadas por el gobierno eran claros desprop&oacute;sitos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto, una vez hecha la declaraci&oacute;n formal de guerra, el Congreso de los Estados Unidos expidi&oacute; la Ley de Espionaje de 1917 que conten&iacute;a medidas de censura contra la prensa y que restring&iacute;a inconstitucionalmente la libertad de expresi&oacute;n. Wodroow Wilson era entonces el presidente de los Estados Unidos y hab&iacute;a declarado p&uacute;blicamente que la censura de la prensa podr&iacute;a llegar a ser necesaria para mantener la seguridad p&uacute;blica (p. 47). La censura fue finalmente derogada por el Congreso, pero la administraci&oacute;n de Wilson incentiv&oacute; a los ciudadanos para que denunciaran las actividades "conspirativas" de otros ciudadanos, a fin de detectar posibles actos de colaboraci&oacute;n con las naciones enemigas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con base en la Ley de Espionaje el gobierno persigui&oacute; a m&aacute;s de 2,000 disidentes. A algunos de ellos les fue abierta una causa penal por decir cosas como que los gobernantes se estaban enriqueciendo en el ejercicio de sus funciones, que Dios prohib&iacute;a que las personas se matasen entre s&iacute; y que por tanto un cristiano no pod&iacute;a asesinar a un semejante, o por distribuir una pel&iacute;cula en la que se documenta que una naci&oacute;n aliada (Inglaterra) hab&iacute;a asesinado impunemente a mujeres y ni&ntilde;os durante la Guerra de Independencia con los Estados Unidos (lo cual era, de acuerdo con Stone, rigurosamente cierto, pp. 56 y 57).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siguiente episodio que narra Stone en su libro (p. 64) se produjo en la segunda guerra mundial y sirve para comprobar nuevamente de qu&eacute; manera la fiebre de la guerra se traduce en xenofobia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El caso es que en 1940, en previsi&oacute;n de que Estados Unidos terminara participando en la segunda guerra mundial, se expide la ley conocida como <i>Smith Act</i>, que ten&iacute;a entre sus objetivos registrar ante el servicio de inmigraci&oacute;n a todos los extranjeros residentes en los Estados Unidos. Se registraron unos cinco millones de personas, entre los cuales hab&iacute;a nacionales de los pa&iacute;ses con los que Estados Unidos estaba en guerra una vez que su Congreso hizo la declaraci&oacute;n correspondiente. Hab&iacute;a 600,000 italianos, 260,000 alemanes y 40,000 japoneses. Luego del ataque a Pearl Harbor, el gobierno clasific&oacute; a 900,000 de estos individuos como extranjeros enemigos, lo que tuvo la consecuencia de que las autoridades pudieran detenerlos y deportarlos (p. 65).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dos meses despu&eacute;s del bombardeo de Pearl Harbor, en el que murieron 2,000 norteamericanos, las autoridades ordenaron que m&aacute;s de 120,000 japoneses o americanos descendientes de japoneses abandonaran sus hogares en California, Washington, Oregon y Arizona (p. 66).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No se les acus&oacute; de haber cometido ning&uacute;n delito, no se les respet&oacute; su derecho de audiencia, no se les dijo por cu&aacute;nto tiempo estar&iacute;an fuera de sus hogares. Su origen nacional fue suficiente para llevarlos a campos de detenci&oacute;n del ej&eacute;rcito. All&iacute; los tuvieron, en condiciones de hacinamiento y sin ning&uacute;n tipo de elemento para su habitabilidad, durante tres a&ntilde;os (p. 67). Se trataba de la medida extrema a la que condujo la l&oacute;gica del "peligro amarillo" que en esos a&ntilde;os hab&iacute;a inundado a Estados Unidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como en las anteriores ocasiones, los afectados por estos actos arbitrarios no tuvieron la oportunidad de defenderse ante los tribunales. La Suprema Corte de los Estados Unidos dict&oacute; en ese periodo dos sentencias que son recordadas todav&iacute;a hoy en d&iacute;a, y no precisamente por lo fino que fue el razonamiento judicial de sus autores. Se trata de los casos <i>Hirabayashi versus United States</i> y <i>Korematsu versus United States</i>. El primero de esos casos involucraba al ciudadano norteamericano Gordon Hirabayashi, quien no hab&iacute;a respetado el toque de queda contra ciudadanos descendientes de japoneses y por ello hab&iacute;a sido condenado a dos a&ntilde;os de c&aacute;rcel. La Suprema Corte ratific&oacute; la condena, aunque tres de sus nueve jueces expresaron razonamientos contrarios a los de la mayor&iacute;a y uno de ellos, el juez Murphy, se atrevi&oacute; a se&ntilde;alar el paralelismo entre la actuaci&oacute;n del gobierno norteamericano y la del r&eacute;gimen nazi.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el segundo caso, que involucraba a otro ciudadano norteamericano, Fred Korematsu, la discusi&oacute;n no ten&iacute;a que ver con el toque de queda y su posible inconstitucionalidad, sino con la orden de abandonar el propio domicilio para acudir a los campos de concentraci&oacute;n, dirigida solamente a ciudadanos japoneses en la costa oeste de los Estados Unidos. La Corte fue sumamente obsequiosa con el gobierno y sostuvo en su sentencia que solamente las autoridades militares pod&iacute;an apreciar el grado de riesgo que supon&iacute;a la presencia de los japoneses en las localidades costeras, en orden a prevenir el espionaje y el sabotaje.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La siguiente etapa en la narraci&oacute;n que nos ofrece Stone corresponde a la guerra de Vietnam en la que Estados Unidos se decidi&oacute; a jugar una arriesgada partida t&aacute;ctica para detener el avance del comunismo internacional. Lo hizo enviando soldados para apoyar a los vietnamitas del sur y evitar que fueran absorbidos por Vietnam del Norte que estaba gobernado por comunistas. Para finales de 1965 estaban en Vietnam 184,000 soldados norteamericanos, para finales de 1966 ya eran 385,000 y en 1967 esa cifra hab&iacute;a subido a m&aacute;s de 500,000. Cuando Estados Unidos decide abandonar esa lucha, en 1973, ya hab&iacute;an muerto m&aacute;s de 50,000 norteamericanos en territorio vietnamita (p. 108).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando Richard Nixon gana en 1968 la Presidencia de los Estados Unidos, comienza a desarrollar una serie de actividades il&iacute;citas que terminar&iacute;an, estando ya en su segundo periodo como presidente, con el esc&aacute;ndalo "Watergate" y con su posterior renuncia al cargo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de esa renuncia y del consecuente esc&aacute;ndalo que se produjo en todo el mundo, Nixon tuvo que enfrentar un delicado trance cuando el peri&oacute;dico <i>The New York Times</i> comenz&oacute; a publicar una serie de documentos elaborados por agencias de inteligencia militar de los Estados Unidos que pon&iacute;an de manifiesto la estrategia del gobierno durante la guerra en Vietnam y demostraban que la misma se pudo haber detenido varios a&ntilde;os antes de 1973, ahorrando de esa manera muchas muertes en el ej&eacute;rcito americano.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trataba de material que el gobierno hab&iacute;a calificado como "top&#45;secret&#45;sensitive", d&aacute;ndole el m&aacute;ximo rango de confidencialidad posible (incluso a trav&eacute;s de una figura de clasificaci&oacute;n documental que hasta entonces no exist&iacute;a). El gobierno exigi&oacute; al peri&oacute;dico que de inmediato cesara en la publicaci&oacute;n de los documentos, pero el director se neg&oacute;, aduciendo que se trataba de documentos que ten&iacute;an inter&eacute;s noticioso y que se refer&iacute;an a temas de inter&eacute;s general para los ciudadanos de los Estados Unidos. Unos d&iacute;as despu&eacute;s los mismos documentos comenzaron a publicarse en el <i>Washington Post</i>. El gobierno promovi&oacute; un recurso ante la Suprema Corte para que ordenara detener la publicaci&oacute;n. De esa manera dio comienzo el caso "<i>New York Times versus United States</i>", tambi&eacute;n conocido como el caso "Los papeles del Pent&aacute;gono".<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Suprema Corte estuvo a la altura del reto planteado y en una decisi&oacute;n muy complicada, en la que hubo varios votos concurrentes y algunos minoritarios, decidi&oacute; permitir la publicaci&oacute;n de los documentos. La sentencia tiene solamente cuatro p&aacute;rrafos y en el segundo se citan dos precedentes de la propia Corte en los que se se&ntilde;ala: "Todo sistema de censura previa del que conozca este Tribunal tiene una fuerte presunci&oacute;n de estar viciado de inconstitucionalidad" (precedente tomado del caso <i>Bantam Books Inc. versus Sullivan</i> de 1963), raz&oacute;n por la cual "El gobierno debe asumir la dura carga de justificar la necesidad de la censura" (precedente tomado del caso <i>Organization for a better Austin versus Keffe</i> de 1971).<sup><a href="#nota">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso concreto el gobierno no pudo superar la carga de la prueba y la Corte no admiti&oacute; el sistema de censura previa. El juez William O. Douglas en su voto particular concurrente escribi&oacute;: "El secreto en relaci&oacute;n con el gobierno es profundamente antidemocr&aacute;tico, y un instrumento para la perpetuaci&oacute;n de errores burocr&aacute;ticos. Que exista un debate abierto y que se discutan los asuntos p&uacute;blicos son cosas vitales para nuestra salud nacional".<sup><a href="#nota">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La narraci&oacute;n del profesor Stone termina con el momento actual que est&aacute; viviendo el gobierno de los Estados Unidos, enfrascado en la guerra contra el terrorismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por un lado, Stone se congratula de que en esta etapa de guerra nadie ha defendido la idea de que se busque acallar a los opositores, incluso a aquellos que han demostrado una oposici&oacute;n feroz y radical a las actuaciones armadas de los Estados Unidos fuera de sus fronteras, como el presidente del Partido Dem&oacute;crata, Howard Dean. Esto significa un avance en relaci&oacute;n con experiencias pasadas como las que ya hemos referido en l&iacute;neas anteriores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero Stone se muestra preocupado por el hecho de que el presidente Bush ha utilizado a las amenazas terroristas para mantener en un estado de p&aacute;nico a buena parte de la poblaci&oacute;n y ha utilizado el concepto de guerra para obtener autorizaciones y poderes que en tiempos de paz le habr&iacute;an sigo negados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo interesante para el tema de las libertades es que la guerra contra el terrorismo emprendida por Bush ha terminado por hacer pedazos a varias de ellas, pues el gobierno ha realizado actos il&iacute;citos que han quedado impunes, entre los que se puede citar las detenciones secretas de miles de extranjeros, la deportaciones en secreto, la vigilancia intensiva sobre grupos religiosos, las intercepciones de llamadas telef&oacute;nicas sin autorizaci&oacute;n judicial y la denegaci&oacute;n de derechos a los detenidos en Guant&aacute;namo (p. 130).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los casos m&aacute;s graves que cita Stone es el que se produjo contra Jos&eacute; Padilla, ciudadano norteamericano al que el gobierno hizo literalmente desaparecer durante meses. Padilla fue detenido en el aeropuerto O'Hare en Chicago, bajo la acusaci&oacute;n de participar en la fabricaci&oacute;n de una "bomba sucia". Fue arrestado y enviado a la Prisi&oacute;n Metropolitana de Nueva York, en la que su abogada de oficio adujo que su detenci&oacute;n era inconstitucional. Antes de que se pudiera tramitar el correspondiente recurso de <i>habeas corpus</i>, Padilla fue llevado por &oacute;rdenes del secretario Rumsfeld a una prisi&oacute;n militar en Carolina del Norte, bajo la calificaci&oacute;n de "combatiente enemigo de los Estados Unidos". No se le dio aviso a nadie del traslado. Ni a sus familiares, ni a sus amigos, ni a sus compa&ntilde;eros de trabajo. Lo mantuvieron incomunicado, sin derecho a tener un defensor o a promover un recurso en su defensa, y sin que se hubiera realizado ninguna audiencia para determinar la legalidad de su detenci&oacute;n. Su "desaparici&oacute;n" dur&oacute; tres a&ntilde;os. Stone no duda en describir esta agresi&oacute;n como una muy parecida al "estilo Gestapo".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando el caso finalmente lleg&oacute; a la Suprema Corte, la administraci&oacute;n norteamericana decidi&oacute; poner fin a los 44 meses de cautiverio de Padilla y le abri&oacute; un proceso penal bajo cargos que no ten&iacute;an nada que ver con la "bomba sucia". El caso <i>Padilla versus Rumsfeld</i> lleg&oacute; hasta la Suprema Corte, la cual emiti&oacute; una sentencia analizando solamente aspectos formales de procedimiento relativos a la competencia para conocer del recurso de <i>habeas corpus</i> promovido por Padilla, sin entrar al fondo de la violaci&oacute;n de derechos.<sup><a href="#nota">4</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El juez John Paul Stevens, decano de la Corte y l&iacute;der de su cada vez m&aacute;s exigua ala liberal, escribi&oacute; un voto particular en el que reconoce expresamente el tama&ntilde;o de la atrocidad realizada por el gobierno contra la libertad de un ciudadano norteamericano. Sus palabras son las siguientes:<sup><a href="#nota">5</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que est&aacute; en juego en este caso es nada menos que la esencia de una sociedad libre. Aun m&aacute;s importante que la manera mediante la que el pueblo selecciona a quien le gobierna son los l&iacute;mites que el Estado de derecho y el imperio de la ley imponen al Poder Ejecutivo. Si el Ejecutivo puede detener libremente a un ciudadano para investigarlo y para impedir actividades subversivas, entonces estamos ante la esencia caracterizada de la arbitrariedad inquisitorial. Garantizar a los ciudadanos el derecho a un abogado es protegerlos de las ilegalidades y arbitrariedades del poder La detenci&oacute;n por el gobierno de ciudadanos subversivos, al igual que la detenci&oacute;n de los soldados enemigos para apartarlos del campo de batalla, puede en ocasiones estar justificada para evitar que contin&uacute;en combatiendo y disparen misiles de destrucci&oacute;n (o que se conviertan ellos mismos en una de estas armas). Pero no se puede en ning&uacute;n caso justificar con la &uacute;nica finalidad de arrancarles informaci&oacute;n mediante procedimientos ilegales e injustos. Uno de estos procedimientos es la detenci&oacute;n incomunicada durante meses. Resulta irrelevante que la informaci&oacute;n que as&iacute; se haya obtenido sea m&aacute;s o menos fiable que la que se consiga mediante formas de tortura m&aacute;s extremas. Si esta naci&oacute;n quiere permanecer fiel a los ideales que su bandera simboliza, no debe emplear procedimientos propios de tiranos, ni siquiera para defenderse del ataque de las fuerzas de la tiran&iacute;a.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La narraci&oacute;n de los abusos que se han perpetrado por parte del gobierno de los Estados Unidos durante su "guerra infinita" contra el terrorismo podr&iacute;a prolongarse hasta abarcar varios vol&uacute;menes. El exceso de su respuesta inicial, la mala conducci&oacute;n de las guerras en Afganist&aacute;n e Irak, el desprecio por los derechos humanos dentro y fuera de sus fronteras, la c&iacute;nica utilizaci&oacute;n pol&iacute;tica de los niveles de alerta, la instrumentalizaci&oacute;n del discurso del miedo, la falta de respeto a las Naciones Unidas y al derecho internacional, etc&eacute;tera, son episodios que merecer&iacute;an un profundo an&aacute;lisis por separado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La vida intelectual de los Estados Unidos y muchos otros pa&iacute;ses tambi&eacute;n se ha cimbrado luego de los atentados contra las Torres Gemelas. Los m&aacute;s destacados juristas y cient&iacute;ficos sociales han debatido con gran intensidad acerca de las mejores v&iacute;as de respuesta al terrorismo y han defendido puntos de vista no solamente distantes, sino completamente opuestos. Esa participaci&oacute;n tan activa nos ha permitido contar con herramientas de an&aacute;lisis para comprender el tama&ntilde;o del reto, las posibles salidas, los errores de las partes, la falsedad o verdad de ciertos discursos y, en definitiva, el papel de cada uno de nosotros en este debate.<sup><a href="#nota">6</a></sup> Y para tal efecto el libro de Stone que hemos rese&ntilde;ado es una herramienta del mayor valor.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">1 Lewis, Anthony, "Los papeles del Pent&aacute;gono", <i>Claves de Raz&oacute;n Pr&aacute;ctica</i>, Madrid, n&uacute;m. 153, junio de 2005, pp. 31 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416272&pid=S1405-9193200900010001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">2 Beltr&aacute;n de Felipe, Miguel y Gonz&aacute;lez Garc&iacute;a, Julio V., <i>Las sentencias b&aacute;sicas del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de Am&eacute;rica</i>, Madrid, CEPC, 2005, p. 361.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416274&pid=S1405-9193200900010001400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">3 <i>Ibidem</i>, p. 364.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">4 Ronald Dworkin ha analizado la sentencia de este caso y de otros similares en su ensayo "Guant&aacute;namo y la Corte Suprema de Estados Unidos de Am&eacute;rica", <i>Claves de Raz&oacute;n Pr&aacute;ctica</i>, Madrid, n&uacute;m. 146, octubre de 2004, pp. 4&#45;11.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416277&pid=S1405-9193200900010001400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">5 Beltr&aacute;n de Felipe, Miguel y Gonz&aacute;lez Garc&iacute;a, Julio V., <i>Las sentencias b&aacute;sicas del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de Am&eacute;rica</i>, <i>cit</i>., nota 2, pp. 669 y 670.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">6 No es posible ofrecer una bibliograf&iacute;a ni siquiera b&aacute;sica alrededor del fen&oacute;meno del terrorismo. Para quienes prefieran los estudios desde una &oacute;ptica jur&iacute;dico&#45;pol&iacute;tica quiz&aacute; encuentren interesantes las siguientes referencias, adem&aacute;s de algunas de las que ya se han citado: Posner, Eric A. y Vermeule, Adrian, <i>Terror in the Balance. Security, Liberty, and the Courts,</i> Nueva York, Oxford University Press, 2007;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416280&pid=S1405-9193200900010001400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Ackerman, Bruce, <i>Antes de que nos ataquen de nuevo. La defensa de las libertades en tiempos de terrorismo</i>, Madrid, Pen&iacute;nsula, 2007;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416281&pid=S1405-9193200900010001400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Posner, Richard A., <i>Not a Suicide Pact. The Constitution in a Time of National Emergency</i>, Nueva York, Oxford University Press, 2006;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416282&pid=S1405-9193200900010001400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Tushnet, Mark (ed.), <i>The Constitution in Wartime. Beyond Alarmism and Complacency,</i> Durham, Duke University Press, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416283&pid=S1405-9193200900010001400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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