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<publisher-name><![CDATA[Universidad Autónoma del Estado de México, Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Transición demográfica, trayectorias de vida y desigualdad social en México: lecciones y opciones]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This work explores some important links between the process of demographic transition and the transformations in the life course. It holds that the advance of the demographic transition -under early transition, full transition and advanced fertility transition conditions- has led, in interaction with other processes, to changes in the content, organization, and structure of the life course of mexican women. It argues that the advance of the demographic transition has multiplied the events, dependencies and social and individual relationships associated with family life. The article attempts to show that such changes have taken place among all the social groups in Mexico, although those who live in poverty lag behind. The article also examines some changes in the educational, work, and retirement trajectories of mexican men and women, which interact in complex and varied forms with mortality, nuptiality and fertility.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Transici&oacute;n demogr&aacute;fica, trayectorias de vida y desigualdad social en M&eacute;xico: lecciones y opciones</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rodolfo Tuir&aacute;n</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Secretar&iacute;a de Desarrollo Social.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este trabajo se exploran algunos importantes v&iacute;nculos entre la transici&oacute;n demogr&aacute;fica y las transformaciones en el curso de vida de las personas. Se sostiene que el avance de la transici&oacute;n demogr&aacute;fica &#151;bajo condiciones de <i>transici&oacute;n temprana, transici&oacute;n plena</i> y <i>transici&oacute;n avanzada de la fecundidad</i>&#151; ha conducido, en interacci&oacute;n con otros muchos procesos, a profundos cambios en el contenido, organizaci&oacute;n y estructura del curso de vida de las mujeres mexicanas, as&iacute; como a la multiplicaci&oacute;n de eventos, dependencias y relaciones individuales y sociales asociados a la vida familiar. El art&iacute;culo busca mostrar que dichas transformaciones han tenido lugar en todos los grupos sociales del pa&iacute;s, aunque con cierto rezago entre quienes viven en situaci&oacute;n de pobreza en M&eacute;xico; tambi&eacute;n examina algunas transformaciones en las trayectorias educativa, laboral y del retiro de hombres y mujeres, las cuales interact&uacute;an de maneras complejas y variadas con la mortalidad, la nupcialidad y la fecundidad.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">This work explores some important links between the process of demographic transition and the transformations in the life course. It holds that the advance of the demographic transition &#151;under <i>early transition, full transition</i> and <i>advanced fertility transition</i> conditions&#151; has led, in interaction with other processes, to changes in the content, organization, and structure of the life course of mexican women. It argues that the advance of the demographic transition has multiplied the events, dependencies and social and individual relationships associated with family life. The article attempts to show that such changes have taken place among all the social groups in Mexico, although those who live in poverty lag behind. The article also examines some changes in the educational, work, and retirement trajectories of mexican men and women, which interact in complex and varied forms with mortality, nuptiality and fertility.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&eacute;xico experimenta, en el umbral del nuevo milenio, un proceso de cambio que implica transiciones m&uacute;ltiples en los planos econ&oacute;mico, pol&iacute;tico, social, urbano, demogr&aacute;fico y epidemiol&oacute;gico. En la econom&iacute;a tiene lugar un intenso proceso de reestructuraci&oacute;n y modernizaci&oacute;n y est&aacute; cambiando r&aacute;pidamente la importancia relativa de los diferentes sectores en la generaci&oacute;n del Producto Interno Bruto. En el plano pol&iacute;tico se advierte un proceso de renovaci&oacute;n del pacto federal y de los sistemas electoral y de partidos, al tiempo que ocurren profundas reformas institucionales dirigidas a perfeccionar nuestra democracia. En la esfera social es cada vez m&aacute;s notoria y amplia la participaci&oacute;n ciudadana, lo que se refleja en el robustecimiento de formas y opciones diversas de organizaci&oacute;n que ponen de manifiesto la creciente complejidad de una sociedad con mayor capacidad para formular y sostener sus demandas. Tambi&eacute;n ocurre una profunda y r&aacute;pida transformaci&oacute;n hacia una sociedad cada vez m&aacute;s urbana. Finalmente, la trayectoria seguida por las transiciones demogr&aacute;fica y epidemiol&oacute;gica sugiere que el crecimiento de la poblaci&oacute;n continuar&aacute; moder&aacute;ndose en el futuro, con una estructura "m&aacute;s entrada en a&ntilde;os" y un perfil de morbi&#45;mortalidad dominado por las enfermedades cr&oacute;nico&#45;degenerativas. No hay duda que el futuro de M&eacute;xico depender&aacute;, en buena medida, del derrotero seguido por estas transiciones cruciales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La transici&oacute;n demogr&aacute;fica es un proceso por el que atraviesan o han atravesado casi todos los pa&iacute;ses del mundo y alude al tr&aacute;nsito de un r&eacute;gimen caracterizado por niveles de mortalidad y fecundidad elevados y sin control hacia otro de niveles bajos y controlados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este proceso ha desempe&ntilde;ado un papel crucial en el conjunto de transformaciones econ&oacute;micas, sociales e institucionales experimentadas por el pa&iacute;s en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Entre otras influencias, la transici&oacute;n demogr&aacute;fica ha conducido, en interacci&oacute;n con otros, a la conformaci&oacute;n de una nueva estructura y de patrones emergentes del curso de vida individual, y en consecuencia, a la multiplicaci&oacute;n de eventos, acontecimientos, dependencias y relaciones individuales y sociales en diferentes dominios institucionales y esferas de actividad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La bibliograf&iacute;a sociodemogr&aacute;fica demuestra que una esperanza de vida reducida da lugar a pautas inestables y menos ordenadas en las trayectorias de vida de los individuos. En contraste, los aumentos en los niveles de supervivencia han provocado que la muerte sea un fen&oacute;meno cada vez menos frecuente si se produce antes de la vejez, contribuyendo a extender y arraigar el pensamiento de largo plazo en la conciencia moderna y a favorecer la planeaci&oacute;n de los eventos del curso de vida.<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de que una mortalidad cada vez m&aacute;s reducida ampl&iacute;a el potencial de interacci&oacute;n familiar, tambi&eacute;n aumenta el n&uacute;mero de a&ntilde;os que las personas &#151;en sus trayectorias de vida&#151; pueden desempe&ntilde;ar ciertos papeles familiares y sociales, alterando los fundamentos demogr&aacute;ficos en los que se sustentan esos roles, as&iacute; como su contenido, su significado social y la influencia que ejercen en la vida de las personas. Asimismo, una vida m&aacute;s prolongada y la cada vez mayor duraci&oacute;n en el desempe&ntilde;o de ciertos papeles familiares o sociales contribuyen a estimular en las personas el deseo de ordenar sus vidas en formas nuevas y variadas, a dar &iacute;mpetu en la sociedad a arreglos dirigidos a acortar o alargar el desempe&ntilde;o de esos roles, o bien a hacer variar la secuencia de los mismos. De igual forma, la cada vez mayor esperanza de vida puede llevar a las personas a adoptar en forma simult&aacute;nea m&uacute;ltiples roles, abriendo por esta v&iacute;a nuevas oportunidades y nuevos desaf&iacute;os en los &aacute;mbitos social, comunitario, laboral, familiar e individual.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, el cambio en la fecundidad y en las pautas reproductivas tambi&eacute;n contribuye &#151;a trav&eacute;s de muy variados mecanismos&#151; a transformar el curso de vida en los &aacute;mbitos familiar y social. El recurso a la planificaci&oacute;n familiar se ha expresado en un menor n&uacute;mero de hijos, en intervalos m&aacute;s espaciados entre nacimientos y en una duraci&oacute;n m&aacute;s limitada del intervalo dedicado a la procreaci&oacute;n. La reducci&oacute;n del tama&ntilde;o de la descendencia ha contribuido a modificar la carga de trabajo atribuible a las responsabilidades dom&eacute;sticas y a reducir el tiempo que los padres (en particular las madres) dedican a la crianza y al cuidado de los hijos, lo que crea las condiciones para que ellos y ellas se propongan otras metas en sus vidas vinculadas con su desarrollo personal. Con una mayor capacidad para controlar su vida reproductiva y para propiciar relaciones m&aacute;s equitativas con sus c&oacute;nyuges, las mujeres unidas de las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes est&aacute;n participando hoy en d&iacute;a en n&uacute;meros crecientes en la esfera extradom&eacute;stica, a diferencia de las generaciones m&aacute;s antiguas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La combinaci&oacute;n de tasas de mortalidad y fecundidad en descenso tambi&eacute;n han tenido profundas ramificaciones y consecuencias en t&eacute;rminos geneal&oacute;gicos. As&iacute;, mientras el potencial de interacci&oacute;n con el parentesco vertical &#151;es decir, con la generaci&oacute;n de los hijos y los nietos o bien con la generaci&oacute;n de los padres y de los abuelos&#151; se ha ampliado considerablemente, el de tipo horizontal se ha estrechado porque las generaciones actuales de hijos tienen un menor n&uacute;mero de hermanos y primos que los de las generaciones de los padres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este documento intenta mostrar de qu&eacute; manera las transformaciones demogr&aacute;ficas influyen en la estructura y organizaci&oacute;n del curso de vida familiar de las mujeres mexicanas bajo condiciones de <i>transici&oacute;n temprana, transici&oacute;n plena</i> y <i>transici&oacute;n avanzada de la fecundidad.</i> Algunas de las preguntas que orientan este trabajo son las siguientes:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1.&nbsp;&iquest;C&oacute;mo se expresan los cambios en la nupcialidad, la fecundidad y la mortalidad en los procesos de formaci&oacute;n, expansi&oacute;n y disoluci&oacute;n familiar de las mujeres mexicanas?</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.&nbsp;&iquest;C&oacute;mo se pueden apreciar los efectos de la transici&oacute;n demogr&aacute;fica sobre el curso de vida y la din&aacute;mica familiar de las mujeres mexicanas?</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3.&nbsp;&iquest;Cu&aacute;les ser&iacute;an las consecuencias para el curso de vida de las mujeres si las condiciones de mortalidad, fecundidad y nupcialidad prevalecientes en periodos determinados persistieran a lo largo de sus vidas?</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4.&nbsp;&iquest;C&oacute;mo se diferencian las trayectorias de vida familiar de las mujeres pobres y las no pobres?&iquest;cu&aacute;ntos a&ntilde;os, en promedio, viven cada una de estos grupos en la condici&oacute;n de soltera, casada, divorciada, separada o viuda? &iquest;por cu&aacute;nto tiempo viven en la condici&oacute;n de hijas o de madres? &iquest;cu&aacute;ntos a&ntilde;os desempe&ntilde;an simult&aacute;neamente esos papeles o roles familiares? &iquest;cu&aacute;nto tiempo viven como hijas de padres en edades avanzadas? &iquest;cu&aacute;ntos a&ntilde;os de sus vidas dedican como madres de hijos en edades dependientes?</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, en este trabajo se exploran brevemente algunas transformaciones en las trayectorias educativa, laboral y del retiro de hombres y mujeres, las cuales interact&uacute;an de maneras complejas y variadas con los cambiantes patrones de mortalidad, nupcialidad y fecundidad. En la secci&oacute;n final se formulan finalmente algunas opciones de pol&iacute;tica en este campo.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Aspectos metodol&oacute;gicos</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para intentar dar respuesta a &eacute;stas y otras interrogantes similares, que son de inter&eacute;s anal&iacute;tico y tienen relevancia para la formulaci&oacute;n de un amplio grupo de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, el presente documento descansa principalmente: a) en la utilizaci&oacute;n de una estrategia metodol&oacute;gica propuesta por Peter Uhlenberg para estimar la distribuci&oacute;n de las mujeres pertenecientes a una cohorte o grupo de cohortes seg&uacute;n diversas trayectorias posibles de vida familiar en la edad adulta; y b) en un modelo de simulaci&oacute;n desarrollado por Zeng Yi (1991) que permite, entre otros aspectos, identificar y valorar las consecuencias que tienen las condiciones demogr&aacute;ficas vigentes en un periodo determinado sobre el curso de vida de las mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La aplicaci&oacute;n del modelo de simulaci&oacute;n de Zeng Yi para el caso mexicano se basa en el enfoque de cohortes ficticias, utiliz&aacute;ndose los periodos 1970&#45;1974 y 1990&#45;1994, as&iacute; como las previsiones correspondientes a 2005, para representar condiciones de transici&oacute;n temprana, transici&oacute;n plena y transici&oacute;n avanzada de la fecundidad.<sup><a href="#nota">2</a></sup> Con el prop&oacute;sito de simplificar el an&aacute;lisis comparativo, en este documento s&oacute;lo se presentan los resultados de uno de los cuatro escenarios prospectivos formulados, el cual supone pautas de nupcialidad tard&iacute;a y fecundidad joven.<sup><a href="#nota">3</a></sup> Los par&aacute;metros demogr&aacute;ficos para alimentar el modelo de Zeng Yi se presentan con detalle en otro trabajo (Tuir&aacute;n, 1997).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de la comparaci&oacute;n en los patrones del curso de vida que resultan de las condiciones demogr&aacute;ficas prevalecientes en 1970&#45;1974 y 1990&#45;1994 y de las proyectados para 2005, en este trabajo contrastamos dos grupos adicionales:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1.&nbsp;Mujeres de entre 15 y 49 a&ntilde;os de edad residentes en los seis estados de m&aacute;s alta marginaci&oacute;n, quienes en el periodo 1990&#45;1994 se encontraban viviendo en hogares con ingresos per c&aacute;pita ubicados en los dos primeros quintiles de la distribuci&oacute;n (mujeres pobres).</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.&nbsp;Mujeres de esas mismas edades residentes en esos mismos estados y quienes en el periodo indicado se encontraban viviendo en hogares con ingresos per c&aacute;pita ubicados en los tres quintiles superiores de la distribuci&oacute;n (mujeres no pobres).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los resultados que derivan del ejercicio permiten llamar la atenci&oacute;n acerca de los contrastes en la estructura y organizaci&oacute;n del curso de vida familiar de estos dos grupos de mujeres, los cuales se encuentran en etapas dis&iacute;miles del proceso de transici&oacute;n demogr&aacute;fica.<sup><a href="#nota">4</a></sup></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La transici&oacute;n demogr&aacute;fica en M&eacute;xico</b></font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La poblaci&oacute;n de M&eacute;xico    experiment&oacute; mutaciones in&eacute;ditas durante el siglo XX. Primero atraves&oacute;    por ciclos de despegue y de intenso crecimiento poblacional y, m&aacute;s recientemente,    de marcada desaceleraci&oacute;n del mismo. Entre 1930 y 1950 casi se duplic&oacute;    el tama&ntilde;o de la poblaci&oacute;n; requiri&oacute; de s&oacute;lo veinte    a&ntilde;os m&aacute;s para duplicarse nuevamente; y volvi&oacute; a multiplicar    por dos su tama&ntilde;o inicial entre 1970 y 2000. En esta secuencia de ciclos,    M&eacute;xico ingres&oacute; al nuevo milenio con aproximadamente 100 millones    de habitantes, lo que coloc&oacute; al pa&iacute;s en la d&eacute;cimo primera    posici&oacute;n entre las naciones m&aacute;s pobladas del orbe.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El inicio de esta profunda metamorfosis fue impulsada, a partir de la d&eacute;cada de los treinta, por un importante descenso de la mortalidad, el cual fue posible, entre otros factores, gracias al mejoramiento de las condiciones de vida y a los avances logrados en el terreno de la educaci&oacute;n, la salud, la alimentaci&oacute;n, la infraestructura sanitaria y la transferencia y aplicaci&oacute;n intensiva de tecnolog&iacute;a m&eacute;dica y de control ambiental. Como consecuencia, la esperanza de vida de la poblaci&oacute;n mexicana, que en 1930 era de apenas 36 a&ntilde;os, se increment&oacute; a casi 50 a&ntilde;os en 1950, a 62 a&ntilde;os en 1970 y a poco m&aacute;s de 75 a&ntilde;os en la actualidad, con marcadas diferencias entre hombres y mujeres (<a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g1"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente a la disminuci&oacute;n casi secular de la mortalidad, la reducci&oacute;n de la fecundidad es mucho m&aacute;s reciente y de gradiente m&aacute;s acentuado. Este proceso se inici&oacute; a mediados de la d&eacute;cada de los sesenta, poco despu&eacute;s de alcanzar su nivel m&aacute;ximo hist&oacute;rico de 7.3 hijos promedio por mujer. Siguiendo la experiencia de otros pa&iacute;ses, la ca&iacute;da de la fecundidad ocurri&oacute; primero entre las mujeres de los estratos m&aacute;s pr&oacute;speros y educados y entre las residentes de las principales ciudades del pa&iacute;s. Sin embargo, no fue sino a partir de 1974, a ra&iacute;z del cambio en la pol&iacute;tica de poblaci&oacute;n, cuando las pr&aacute;cticas de planificaci&oacute;n familiar empezaron a difundirse y generalizarse, dando lugar a una genuina y silenciosa revoluci&oacute;n demogr&aacute;fica. As&iacute;, la fecundidad registr&oacute; un promedio de 5 hijos por mujer en 1978; cay&oacute; a 4 hijos en 1985 y en la actualidad es de 2.4 hijos (<a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g2"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la explicaci&oacute;n del descenso de la natalidad se ha puesto de relieve el papel desempe&ntilde;ado por el desarrollo econ&oacute;mico, la urbanizaci&oacute;n y la industrializaci&oacute;n, as&iacute; como por el cambio cultural. Estas fuerzas de car&aacute;cter macroestructural tienden a operar a trav&eacute;s de muy diversos mecanismos, los cuales provocan profundas transformaciones en las pautas de procreaci&oacute;n.<sup><a href="#nota">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La evoluci&oacute;n seguida por la mortalidad y la fecundidad provoc&oacute; inicialmente una aceleraci&oacute;n gradual de la tasa de crecimiento natural de la poblaci&oacute;n, que pas&oacute; de 1.7 por ciento en 1930 a 2.7 por ciento en 1950 y a 3.5 por ciento en 1965. A partir de este &uacute;ltimo a&ntilde;o, como consecuencia de la ca&iacute;da inicial de la fecundidad y de niveles de mortalidad en continuo descenso, la din&aacute;mica demogr&aacute;fica empez&oacute; a desacelerarse gradualmente, registrando una tasa de 3.3 por ciento en 1970, de 2.6 por ciento en 1985 y de 1.7 por ciento en 2000. As&iacute;, despu&eacute;s de un largo proceso de transformaci&oacute;n demogr&aacute;fica, la poblaci&oacute;n mexicana ingres&oacute; al nuevo milenio con una tasa de crecimiento natural semejante a la observada 70 a&ntilde;os atr&aacute;s, aunque con un tama&ntilde;o seis veces mayor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las tendencias seguidas por la mortalidad y la fecundidad han determinado no s&oacute;lo el ritmo de crecimiento de la poblaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n marcados cambios en su composici&oacute;n por edad. Por un lado, la disminuci&oacute;n de la mortalidad origina un progresivo aumento de la supervivencia, reflejada en la pir&aacute;mide de poblaci&oacute;n por un n&uacute;mero cada vez mayor de personas que llegan con vida hasta las edades adultas y avanzadas. Por el otro, la disminuci&oacute;n de la fecundidad se traduce en un estrechamiento de la base de la pir&aacute;mide, puesto que, a medida que la transici&oacute;n se profundiza, el n&uacute;mero de nacimientos es cada vez menor. Ambos procesos conducen a un gradual envejecimiento de la poblaci&oacute;n, caracterizado por una menor proporci&oacute;n de ni&ntilde;os, adolescentes y j&oacute;venes, as&iacute; como un paulatino aumento del peso relativo de las personas en edades adultas y avanzadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Cambios en la intensidad y el calendario de la fecundidad</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El descenso de la fecundidad en M&eacute;xico fue impulsado por las mujeres de varias cohortes que iniciaron sus intervalos de nacimiento &#151;sobre todo las de paridades elevadas&#151; a mediados y finales de los a&ntilde;os sesenta, como consecuencia principalmente de la adopci&oacute;n de pr&aacute;cticas de limitaci&oacute;n de los nacimientos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La transici&oacute;n de la uni&oacute;n al primer hijo (primer intervalo) se ha mantenido estable en todos los a&ntilde;os considerados: aproximadamente 95 por ciento de las mujeres tiene su primer hijo en los cinco a&ntilde;os iniciales del matrimonio. En el caso de la transici&oacute;n del primero al segundo hijo, se observa que la proporci&oacute;n de mujeres que cierra el intervalo (en los siguientes sesenta meses) va de 92 por ciento entre las mujeres que lo iniciaron en 1957 y de 74 por ciento entre quienes lo comenzaron en 1989. Variaciones m&aacute;s notorias se encuentran entre las cohortes de mujeres que completaron la transici&oacute;n del segundo al tercer hijo en los siguientes cinco a&ntilde;os de iniciado el intervalo (de 91 por ciento en 1960 a 59 por ciento en 1989). El mayor cambio en la intensidad se registr&oacute; en el cuarto intervalo, disminuyendo de 89 por ciento de las mujeres que lo iniciaron en 1960 a 52 por ciento entre quienes lo comenzaron en 1989 (<a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g3"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consideradas en conjunto, estas tendencias permiten se&ntilde;alar que el r&aacute;pido descenso de la fecundidad en M&eacute;xico es resultado de una compleja combinaci&oacute;n de tendencias diferenciadas por paridad. En t&eacute;rminos generales, puede decirse que la transici&oacute;n de la fecundidad ha implicado reducciones significativas en la intensidad del segundo intervalo en adelante, especialmente entre las mujeres que iniciaron su fecundidad a mediados de los a&ntilde;os sesenta. Aun cuando estas reducciones involucraron inicialmente a mujeres de paridades elevadas, fueron seguidas pocos a&ntilde;os despu&eacute;s por mujeres de las paridades reducidas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s del r&aacute;pido descenso en la proporci&oacute;n de mujeres con paridades elevadas, el calendario de la fecundidad registr&oacute; algunos cambios significativos, con excepci&oacute;n del primer intervalo. Utilizando la mediana como indicador del tiempo que les lleva a las integrantes de las cohortes transitar de un evento al siguiente, es posible advertir que la duraci&oacute;n del matrimonio al nacimiento del primer hijo ha permanecido pr&aacute;cticamente constante desde los a&ntilde;os cincuenta entre las distintas cohortes matrimoniales (aproximadamente 13 meses). En los intervalos siguientes se observa un incremento de la duraci&oacute;n de cada intervalo a partir de la d&eacute;cada de los setenta. Los incrementos del calendario fueron de mayor magnitud en las paridades bajas. As&iacute;, por ejemplo, la mediana del segundo intervalo aument&oacute; de 21.0 a 27.0 meses de principios de los a&ntilde;os setentas a fines de los ochentas, mientras que para intervalos subsecuentes el aumento fue algo menor (<a href="#g4">gr&aacute;fica 4</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g4"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g4.jpg"></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Transici&oacute;n demogr&aacute;fica y desigualdad social</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas cifras resumen algunas de las m&aacute;s importantes transformaciones demogr&aacute;ficas experimentadas por el pa&iacute;s. Sin embargo, conviene recordar que este proceso no se produce de manera homog&eacute;nea entre los diversos grupos del pa&iacute;s. De hecho, las desigualdades e insuficiencias de nuestro desarrollo se expresan en una transici&oacute;n demogr&aacute;fica hasta cierto punto "polarizada", donde las entidades m&aacute;s desarrolladas y los segmentos sociales acomodados y pr&oacute;speros ya han alcanzado las etapas m&aacute;s avanzadas de este proceso, mientras que se ve retardado en las regiones y grupos sociales y &eacute;tnicos que experimentan los mayores grados de marginaci&oacute;n y pobreza. La velocidad con la cual seguir&aacute; su curso la transici&oacute;n demogr&aacute;fica en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os depender&aacute; en buena medida del derrotero que sigan los grupos que se encuentran en la situaci&oacute;n m&aacute;s desfavorable.</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La esperanza de vida al nacimiento    en las entidades con mayor rezago (Chiapas, Oaxaca y Guerrero) es de 73 a&ntilde;os,    mientras que en los estados m&aacute;s pr&oacute;speros (Baja California, Distrito    Federal y Nuevo Le&oacute;n) asciende a 77 a&ntilde;os. Estas diferencias tambi&eacute;n    se reflejan en los niveles de mortalidad infantil: en el primer conjunto de    entidades asciende a 32 fallecimientos muertes infantiles por cada 1,000 nacidos    vivos, mientras que en el segundo conjunto est&aacute; por debajo de 20 por    mil. Cabe hacer notar que el nivel actual de la mortalidad infantil en los estados    m&aacute;s rezagados corresponde a la media nacional registrada en el primer    quinquenio de los noventa, en tanto que el de las entidades m&aacute;s avanzadas    es semejante al previsto para el quinquenio 2005&#45;2010.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la fecundidad tambi&eacute;n persisten marcadas diferencias seg&uacute;n grupos y regiones del pa&iacute;s. La fecundidad en Baja California Sur, el Distrito Federal y Nuevo Le&oacute;n es equivalente o menor al reemplazo intergeneracional (2.1 hijos por mujer), mientras que en Chiapas, Puebla y Guerrero se sit&uacute;a aproximadamente en 3.0 hijos, que es un nivel semejante a la media nacional registrada hace menos de una d&eacute;cada. Asimismo, todav&iacute;a se aprecian &#151;de acuerdo con los resultados del censo de poblaci&oacute;n de 2000&#151;unos cuantos municipios (19), principalmente rurales, donde el tama&ntilde;o de la descendencia es similar a los niveles observados en el pa&iacute;s en los a&ntilde;os setenta (5 hijos o m&aacute;s); cerca de 271 municipios con niveles de fecundidad semejantes a los registrados en el primer quinquenio de los ochenta (entre 4 y menos de 5 hijos); y 893 municipios con niveles de fecundidad equivalentes a los que prevalec&iacute;an en el pa&iacute;s en el segundo lustro de los ochenta y el primero de los noventa (entre 3 y menos de 4 hijos).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos datos confirman la existencia de reg&iacute;menes demogr&aacute;ficos contrastantes. Las regiones y los grupos privilegiados se encuentran actualmente en una fase avanzada de la transici&oacute;n: exhiben niveles relativamente bajos de mortalidad, presentan una edad m&aacute;s tard&iacute;a al momento tanto de contraer matrimonio como de dar a luz al primer hijo, y han incorporado la pr&aacute;ctica de la anticoncepci&oacute;n con fines de espaciamiento y limitaci&oacute;n de sus nacimientos (<a href="#g5">gr&aacute;ficas 5</a>, <a href="#g6">6</a> y <a href="#g7">7</a>). Asimismo, la etapa de expansi&oacute;n familiar &#151;que se inicia con el nacimiento del primer hijo y termina con el nacimiento del &uacute;ltimo hijo&#151; suele ser de corta duraci&oacute;n en las parejas pertenecientes a estos grupos.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g5"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g5.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g6"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g6.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g7"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g7.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En contraste, la pobreza y la marginaci&oacute;n suelen ir acompa&ntilde;adas de una mortalidad relativamente temprana y una elevada morbilidad, altas tasas de fecundidad, una edad temprana al momento de contraer matrimonio y de tener el primer hijo, as&iacute; como de la d&eacute;bil difusi&oacute;n de las pr&aacute;cticas de limitaci&oacute;n y espaciamiento de los nacimientos (<a href="#g5">gr&aacute;ficas 5</a>, <a href="#g6">6</a> y <a href="#g7">7</a>), a la par que se caracterizan por presentar la etapa de expansi&oacute;n familiar de m&aacute;s larga duraci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los grupos que viven en situaci&oacute;n de pobreza y pobreza extrema no s&oacute;lo se ve retardado el proceso de transici&oacute;n demogr&aacute;fica, sino que su r&aacute;pido crecimiento natural se entrelaza en una circularidad perversa con la situaci&oacute;n de privaci&oacute;n que padecen. As&iacute;, este patr&oacute;n da lugar a la conformaci&oacute;n de un c&iacute;rculo vicioso que tiende a perpetuar contrastes, rezagos y un esquema de desarrollo profundamente desigual.<sup><a href="#nota">6</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Transici&oacute;n demogr&aacute;fica y trayectorias de vida familiar</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este trabajo se examinan algunos de los rasgos de continuidad y cambio del curso de vida familiar y no familiar de las mujeres mexicanas y en ocasiones se contrastan las pautas seguidas por las mujeres pobres y no pobres en un contexto de cambiantes condiciones demogr&aacute;ficas. En el presente an&aacute;lisis se intenta poner de manifiesto que las transiciones del curso de vida ofrecen un <i>locus</i> ideal para examinar la interacci&oacute;n de los diferentes procesos que gobiernan el devenir de individuos y familias. Asimismo, se sostiene que las vidas de las personas son influidas no s&oacute;lo por el n&uacute;mero y contenido de los papeles o roles que desempe&ntilde;an, sino tambi&eacute;n por el calendario, la duraci&oacute;n y la secuencia en los mismos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La familia ejerce una poderosa influencia en la estructura del curso de vida femenino. Eventos como el matrimonio y el nacimiento del primer hijo, as&iacute; como de los hijos subsecuentes, tienen un impacto considerable en las vidas de las mujeres. Como se&ntilde;alan Goldani y Pullum (1989:129), varios eventos cruciales del curso de vida femenino resultan de la intersecci&oacute;n de sus vidas con las de otros miembros en el &aacute;mbito familiar. Con fines ilustrativos se describen a continuaci&oacute;n algunos cambios relevantes en el curso de vida de las mujeres mexicanas que derivan de la evoluci&oacute;n de la mortalidad, la nupcialidad y la fecundidad y se examinan brevemente algunas de sus m&uacute;ltiples consecuencias y ramificaciones sociales, familiares e individuales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uhlenberg (1974) ofrece una estrategia metodol&oacute;gica para estimar la distribuci&oacute;n de las mujeres pertenecientes a una cohorte o grupo de cohortes de acuerdo a las varias trayectorias posibles del curso de vida familiar entre los 15 y los 50 a&ntilde;os de edad. El autor citado se pregunta si existe una trayectoria familiar socialmente prescrita en esta fase del curso de vida y, en caso afirmativo, si su prevalencia ha cambiado durante el &uacute;ltimo siglo. Para responder a esta interrogante identifica las pautas observadas en varias cohortes de mujeres en los Estados Unidos. Siguiendo a Uhlenberg, autores como Young (1982), Goldani (1989) y Tuir&aacute;n (1997) han utilizado una estrategia similar para estudiar las pautas de varias generaciones de mujeres de Australia, Brasil y M&eacute;xico, respectivamente. El empleo de la tipolog&iacute;a propuesta por Uhlenberg permite explorar los cambios observados en el curso de vida familiar e identificar algunos de sus determinantes principales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las mujeres que integran cada una de las generaciones pueden ser localizadas en una y s&oacute;lo una de las trayectorias siguientes:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1.&nbsp;<i>Muerte Temprana.</i> Las mujeres mueren tempranamente entre los 15 y los 50 a&ntilde;os de edad.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.&nbsp;<i>Solteras.</i> Las mujeres alcanzan con vida la edad de 50 a&ntilde;os y permanecen solteras.</font></p>  		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">3.&nbsp;<i>Casadas sin Hijos(as).</i> Las mujeres se casan, llegan con vida a la edad de 50 a&ntilde;os y no tienen hijos(as).</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4.&nbsp;<i>Viudas.</i> El matrimonio termina con la muerte del c&oacute;nyuge antes de que la mujer alcance los 50 a&ntilde;os de edad.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">5.&nbsp;<i>Divorciadas o separadas.</i> El matrimonio termina en divorcio o separaci&oacute;n antes de que la mujer cumpla 50 a&ntilde;os de edad.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">6.&nbsp;<i>Matrimonio con hijos.</i> Las mujeres se casan, logran tener hijos(as) y alcanzan la edad de 50 a&ntilde;os viviendo en uni&oacute;n.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La informaci&oacute;n disponible permite identificar los cambios m&aacute;s significativos en la distribuci&oacute;n de las mujeres pertenecientes a grupos sucesivos de generaciones de acuerdo con las distintas trayectorias de vida. Es posible advertir que un n&uacute;mero cada vez mayor de mujeres logr&oacute; eludir la muerte entre los 15 y los 50 a&ntilde;os de edad. As&iacute;, mientras que aproximadamente 415 mujeres por cada mil pertenecientes al grupo de generaciones nacidas en el periodo 1861&#45;1881 fallecieron en ese tramo de edad, en la generaci&oacute;n 1940&#45;1944 murieron 95 por cada mil (<a href="#g8">gr&aacute;fica 8</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g8"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g8.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, el descenso de la mortalidad dio lugar a que un n&uacute;mero creciente de mujeres llegara con vida a los 50 a&ntilde;os de edad y lograran seguir otras trayectorias. As&iacute;, el n&uacute;mero de mujeres casadas con hijos a esa edad se increment&oacute; significativamente: de 501 por cada mil en la generaci&oacute;n 1861&#45;1881 a 761 entre las nacidas en el periodo 1940&#45;1944. En contraste, el n&uacute;mero de mujeres viudas de esas mismas generaciones disminuy&oacute; de manera notable: de 239 a 69 mujeres por cada mil supervivientes a la edad de 50 a&ntilde;os entre esas mismas generaciones (<a href="#g9">gr&aacute;fica 9</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g9"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g9.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otras trayectorias seguidas por las mujeres de generaciones sucesivas ("solteras", "casadas sin hijos" y "divorciadas o separadas") tambi&eacute;n registraron cambios importantes. El n&uacute;mero de mujeres solteras descendi&oacute; de 109 (en el grupo de generaciones que comprende el periodo 1861&#45;1881) a cerca de 72 por mil mujeres sobrevivientes a la edad de 50 a&ntilde;os (en el grupo de generaciones correspondiente a 1940&#45;1944), en tanto que el n&uacute;mero de mujeres casadas sin hijos se redujo de 130 a 50 por mil a la misma edad entre las generaciones citadas. En contraste, la informaci&oacute;n disponible permite advertir un continuo aumento en la proporci&oacute;n de mujeres pertenecientes a generaciones sucesivas que experimentan una ruptura marital voluntaria: de 21 a 48 mujeres por cada mil sobrevivientes a la edad de 50 a&ntilde;os (<a href="#g9">gr&aacute;fica 9</a>).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Las condiciones cambiantes de la mortalidad</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De los datos anteriores se puede derivar el papel sobresaliente que ha desempe&ntilde;ado el descenso de la mortalidad durante el siglo XX en la conformaci&oacute;n de los cambios en los patrones del curso de vida de las mujeres mexicanas. Dicha disminuci&oacute;n ha aumentado significativamente la probabilidad de que un reci&eacute;n nacido sobreviva hasta la vejez. Una mortalidad m&aacute;s baja significa que m&aacute;s mujeres sobreviven hasta la etapa adulta y tambi&eacute;n implica un mayor potencial para que pasen m&aacute;s a&ntilde;os de sus vidas desempe&ntilde;ando diversos papeles familiares. Mientras m&aacute;s personas logran sobrevivir hasta edades avanzadas, el sistema de derechos, responsabilidades y obligaciones familiares tender&aacute; a reestructurarse debido a la considerable ampliaci&oacute;n del "tiempo familiar" que trae consigo la coexistencia por lapsos m&aacute;s extensos de tres, cuatro y a&uacute;n hasta cinco generaciones. Al respecto, Watkins <i>et al.</i> (1987:346) mantienen que "una vida m&aacute;s larga altera los fundamentos demogr&aacute;ficos de los roles familiares", ya que las personas pueden permanecer por m&aacute;s tiempo en los estados de hijo, padre y c&oacute;nyuge o en la combinaci&oacute;n de estos estados si as&iacute; lo desean.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con el prop&oacute;sito de indagar el significado que tiene para una cohorte hipot&eacute;tica de mujeres la continuaci&oacute;n de las tasas de mortalidad prevalecientes en un momento espec&iacute;fico, a continuaci&oacute;n (<a href="#g10">gr&aacute;fica 10</a>) se presenta el n&uacute;mero de sobrevivientes a cada edad bajo las condiciones demogr&aacute;ficas vigentes en 1970&#150;1974 y 1990&#45;1994, as&iacute; como las previstas para 2005:</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g10"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g10.jpg"></font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1.&nbsp;En 1970&#45;1974, cerca de 899, 789 y 639 mujeres por cada mil de una cohorte hipot&eacute;tica llegaba con vida a las edades 15, 50 y 65 a&ntilde;os, respectivamente.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.&nbsp;Bajo las condiciones de mortalidad existentes en 1990&#45;1994, el n&uacute;mero de supervivientes se increment&oacute; a 959, 909 y 798 por mil en las edades indicadas.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3.&nbsp;Se prev&eacute; que en 2005 el n&uacute;mero de sobrevivientes se elevar&iacute;a a 976, 946 y 858 por cada mil, respectivamente.</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es decir, entre los dos primeros escenarios se observan diferencias de 60 mujeres por cada mil a los quince a&ntilde;os de edad, de 120 a los 50 a&ntilde;os y de 159 a los 65 a&ntilde;os de edad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si se contrasta a las mujeres de una cohorte hipot&eacute;tica pertenecientes a hogares pobres y no pobres en 1990&#45;1994, se advierte que en el primer caso 923, 816 y 656 mujeres por cada mil llegaban con vida a las edades indicadas, mientras que en el segundo alcanzaba un total de 946, 886 y 764 mujeres por cada mil, respectivamente. Es decir, diferencias de 23, 70 y 108 mujeres a cada edad (<a href="#g11">gr&aacute;fica 11</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g11"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g11.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El notable aumento en la probabilidad de sobrevivir hasta la vejez, si bien con diferencias significativas por grupo social, tiene implicaciones importantes para la estructura de las relaciones y roles familiares. De hecho, el descenso de la mortalidad da lugar a un aumento sin precedentes en el n&uacute;mero potencial de a&ntilde;os que los individuos sobreviven en distintas condiciones o estatus. &iquest;Pero cu&aacute;nto de este potencial ha sido efectivamente aprovechado? Como se&ntilde;alan Watkins <i>et al.</i> (1987:346) "si el &uacute;nico cambio fuese la mortalidad, la respuesta ser&iacute;a sencilla: mayores duraciones en todos los estados. Sin embargo, las reducciones en la mortalidad han estado acompa&ntilde;ados de cambios en la fecundidad y la nupcialidad".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para explorar este tipo de interrogante se utilizan en adelante dos tipos de medidas: a) el n&uacute;mero o proporci&oacute;n de sobrevivientes de una cohorte en un estado o condici&oacute;n familiar <i>s</i> a la edad <i>x</i> (donde <i>s</i> puede ser una combinaci&oacute;n de estados familiares) bajo condiciones de transici&oacute;n temprana, transici&oacute;n plena y transici&oacute;n avanzada; y b) el n&uacute;mero esperado de a&ntilde;os a la edad <i>x</i> que se dedicar&aacute;n a una condici&oacute;n familiar particular. Estas medidas ofrecen una base emp&iacute;rica preliminar para construir lo que Watkins <i>et al.</i> (1987) denominan el "esqueleto esencial" de la historia de la familia, su evoluci&oacute;n de largo plazo y sus fundamentos demogr&aacute;ficos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Solter&iacute;a, matrimonio y disoluci&oacute;n conyugal</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La interacci&oacute;n de las pautas de mortalidad, nupcialidad y fecundidad y sus cambios en el tiempo han contribuido a configurar las trayectorias seguidas por los integrantes de diversas generaciones de hombres y mujeres. Debido a que los patrones por edad de cada uno de los eventos relevantes del curso de vida familiar (por ejemplo, matrimonio, divorcio y viudez) han experimentado cambios muy significativos durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, las personas que pertenecen a las generaciones m&aacute;s recientes reflejan historias de vida familiar relativamente distintas a las experimentadas por las integrantes de las generaciones m&aacute;s antiguas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La distribuci&oacute;n porcentual por condici&oacute;n marital a edades seleccionadas de las mujeres que integran las cohortes hipot&eacute;ticas seleccionadas muestran que:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. <i>El matrimonio o la uni&oacute;n consensual sigue siendo una pr&aacute;ctica casi universal, aunque en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas se increment&oacute; significativamente la proporci&oacute;n de mujeres que permanecen solteras a los 50 a&ntilde;os de edad.</i> En 1970&#45;1974 s&oacute;lo 3 por ciento de las mujeres se encontraba soltera al llegar a esa edad; se elev&oacute; a 6 por ciento en 1990&#45;1994; y se prev&eacute; que para el a&ntilde;o 2005 la cifra podr&iacute;a aumentar a cerca de 7 por ciento (<a href="#g12">gr&aacute;fica 12</a>). A su vez, las diferencias entre las mujeres pobres y no pobres son bastante marcadas (<a href="#g13">gr&aacute;fica 13</a>). As&iacute;, mientras que las mujeres en situaci&oacute;n de pobreza presentaban en 1990&#45;1994 un patr&oacute;n semejante al observado en el pa&iacute;s a principios de los setenta (2.6 por ciento de las mujeres permanec&iacute;an solteras al llegar a los 50 a&ntilde;os de edad), las mujeres no pobres registraban en ese mismo periodo un porcentaje superior a la media nacional (cerca de 7 por ciento).</font></p>  		    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g12"></a><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g12.jpg"></font></p> 	      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g13"></a><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g13.jpg"></font></p>  	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.&nbsp;<i>El matrimonio temprano todav&iacute;a es la norma, aunque es posible que en el curso de los pr&oacute;ximos a&ntilde;os empiecen a ser cada vez m&aacute;s visibles los efectos de una gradual postergaci&oacute;n de la edad al matrimonio sobre la distribuci&oacute;n por estado marital.</i> De acuerdo con las tasas prevalecientes en 1970&#45;1974 y 1990&#45;1994, entre 61 y 64 por ciento de las mujeres mexicanas permanec&iacute;a soltera a la edad de 20 a&ntilde;os. En contraste, la proporci&oacute;n resultante bajo las condiciones demogr&aacute;ficas previstas para el a&ntilde;o 2005 asciende a 74 por ciento (<a href="#g14">gr&aacute;fica 14</a>). Asimismo, conviene apuntar que las diferencias observadas entre pobres y no pobres todav&iacute;a son poco significativas: 63 por ciento en el primer caso y 65 por ciento en el segundo, aunque las diferencias tienden a ampliarse en las edades siguientes (<a href="#g15">gr&aacute;fica 15</a>).</font></p>  		    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g14"></a></font></p>  		    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g14.jpg"></font></p>  		    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g15"></a></font></p>  		    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g15.jpg"></font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3.&nbsp;<i>La proporci&oacute;n de viudas ha tendido a disminuir conforme declina la mortalidad.</i> Los integrantes de las cohortes que han alcanzado las edades avanzadas en a&ntilde;os recientes experimentan tasas de mortalidad m&aacute;s bajas que las cohortes m&aacute;s antiguas. En un contexto de baja mortalidad, as&iacute; como de tasas todav&iacute;a reducidas de divorcio, separaci&oacute;n y segundas nupcias, una proporci&oacute;n decreciente de cada cohorte logra arribar a edades avanzadas sin experimentar la muerte del c&oacute;nyuge, mientras que una porcentaje creciente permanece casada. Los datos disponibles muestran que las proporciones resultantes bajo las condiciones demogr&aacute;ficas prevalecientes en 1970&#45;1974 son m&aacute;s altas en todas las edades que las correspondientes tanto a las de 1990&#45;1994, como a las previstas para 2005. As&iacute;, por ejemplo, en el primer caso, casi 13 por ciento de las mujeres a la edad de 50 a&ntilde;os ser&iacute;a viuda, mientras que en el segundo y tercer caso la cifra se reduce a 7 y 5 por ciento, respectivamente. Las diferencias entre pobres y no pobres son muy significativas a partir de esa edad: 12.8 y 7.0 por ciento a la edad de 50 a&ntilde;os, respectivamente; 35.4 y 24.3 por ciento a la edad de 65 a&ntilde;os; y 58.9 y 47.4 por ciento a la edad de 75 a&ntilde;os.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. <i>La proporci&oacute;n de mujeres separadas y divorciadas s&oacute;lo se increment&oacute; ligeramente entre las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, lo que sugiere que la estabilidad marital es un importante rasgo del sistema matrimonial en M&eacute;xico.</i> El porcentaje de separadas y divorciadas tiende a incrementarse de los 20 a los 50 a&ntilde;os de edad en las cohortes examinadas. De acuerdo con las tasas observadas en 1970&#45;1974, 8 por ciento de las mujeres se encontraba separada o divorciada a la edad de 50 a&ntilde;os, mientras que bajo las condiciones prevalecientes en 1990&#45;1994 y las previstas para 2005 la cifra se incrementa a 9 por ciento. Asimismo, en este rubro no se advierten diferencias significativas entre las mujeres pobres y no pobres.</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El conocimiento del n&uacute;mero de a&ntilde;os que las mujeres viven en promedio en la condici&oacute;n de soltera, en la de casada o unida, en la de divorciada o separada, y en la de viuda, es relevante porque permite evaluar las consecuencias en las trayectorias de vida que derivan de cambios en las pautas de nupcialidad y mortalidad (<a href="#g16">gr&aacute;ficas 16</a> y <a href="#g17">17</a>). Esta evidencia sugiere la necesidad de dise&ntilde;ar y poner en marcha un conjunto de respuestas institucionales dirigidas a atender las necesidades de las mujeres durante tramos espec&iacute;ficos de su curso de vida. Al respecto, es posible advertir lo siguiente:</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g16"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g16.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g17"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g17.jpg"></font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1.&nbsp;En 1970&#45;1974, la esperanza de vida de la poblaci&oacute;n femenina a los 15 a&ntilde;os de edad ascend&iacute;a a casi 57 a&ntilde;os. De este total, las mujeres permanec&iacute;an solteras aproximadamente 8.7 a&ntilde;os en promedio (15 por ciento), 34.1 a&ntilde;os en la condici&oacute;n de unida o casada (60 por ciento), 10.3 a&ntilde;os en la de viuda (18 por ciento) y 3.4 a&ntilde;os en la de divorciada o separada (6 por ciento).</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.&nbsp;En contraste, en el periodo 1990&#45;1994 la esperanza de vida femenina a la edad de 15 a&ntilde;os se elev&oacute; a 63 a&ntilde;os, de los cuales 11 a&ntilde;os corresponden a la condici&oacute;n de soltera (17 por ciento), 38 a&ntilde;os a la de casada (60 por ciento), 10.2 a la de viuda (16 por ciento) y 3.7 a la de divorciada (6 por ciento, respectivamente).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La comparaci&oacute;n entre estos dos contextos indica que las mujeres a la edad de 15 a&ntilde;os aumentaron su esperanza de vida en 6.6 a&ntilde;os. Esta adici&oacute;n se reflej&oacute; en un aumento de casi 4 a&ntilde;os en la condici&oacute;n de casada, de 2.3 a&ntilde;os en la de soltera y de poco menos de medio a&ntilde;o en la de divorciada o separada, as&iacute; como en una ligera disminuci&oacute;n del tiempo vivido en la condici&oacute;n de viuda.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se prev&eacute; que en el a&ntilde;o 2005 la esperanza de vida adulta de la poblaci&oacute;n femenina ascender&aacute; a 66 a&ntilde;os. Esta cifra podr&iacute;a ser desagregada de la siguiente forma: 13.1 a&ntilde;os en la condici&oacute;n de soltera (20 por ciento), 39 a&ntilde;os en la de unida o casada (59 por ciento), 10.1 a&ntilde;os en la de viuda (15 por ciento) y 3.8 a&ntilde;os en la de divorciada (6 por ciento), lo que implicar&iacute;a 2.1 a&ntilde;os adicionales en la condici&oacute;n de soltera y uno m&aacute;s en la de casada, as&iacute; como peque&ntilde;os cambios en la de viuda y en la de divorciada o separada con respecto a los niveles observados en 1990&#45;1994.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe hacer notar que la brecha en la esperanza de vida que separa a las mujeres pobres y no pobres es muy significativa (de m&aacute;s de 5 a&ntilde;os). En ambos casos, sin embargo, las mujeres dedicaban aproximadamente la misma proporci&oacute;n (aproximadamente 60 por ciento) de su esperanza de vida a los 15 a&ntilde;os de edad a la condici&oacute;n de casada (<a href="#g18">gr&aacute;fica 18</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g18"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g18.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se puede advertir, a pesar del considerable alargamiento en la esperanza de vida, la importancia de la vida en matrimonio no parece haber disminuido &#151;en t&eacute;rminos proporcionales&#151; en el curso de vida de las mexicanas en general y de las mujeres pobres y no pobres en particular, como ha ocurrido en otros contextos. Ello no est&aacute; re&ntilde;ido con el hecho de que aumente el tiempo vivido en la condici&oacute;n de soltera y divorciada y disminuya el periodo de viudez. Como se sabe, estos cambios en la estructura del curso de vida se ven reflejados en los arreglos residenciales, sobre todo en la proporci&oacute;n creciente de hogares unipersonales, monoparentales y, en general, los encabezados por mujeres.<sup><a href="#nota">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Las transformaciones en las pautas reproductivas</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El descenso de la fecundidad tambi&eacute;n ha tenido importantes consecuencias en el curso de vida de las mujeres mexicanas. La difusi&oacute;n inicial de los m&eacute;todos de regulaci&oacute;n de la fecundidad permiti&oacute; reducir el tama&ntilde;o de la descendencia. Como ya se se&ntilde;al&oacute; en p&aacute;ginas anteriores, esta pr&aacute;ctica comenz&oacute; a efectuarse entre las mujeres con paridades de orden elevado y gradualmente se extendi&oacute; entre las de paridades intermedias. De esta manera, el cambio en las pautas reproductivas se expres&oacute; sobre todo en una disminuci&oacute;n de la proporci&oacute;n de mujeres con paridades elevadas y en un aumento significativo del peso relativo de aquellas con paridades reducidas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con la informaci&oacute;n disponible (<a href="#g19">gr&aacute;fica 19</a>):</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g19"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g19.jpg"></font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">1.&nbsp;Con los niveles de fecundidad imperantes en el periodo 1970&#45;1974, 44.5 por ciento de las mujeres unidas a la edad de 50 a&ntilde;os ten&iacute;a 5 o m&aacute;s hijos nacidos vivos y cerca de 21.2 por ciento alcanz&oacute; una descendencia final de entre 1 y 2 hijos.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.&nbsp;En 1990&#45;1994, la proporci&oacute;n de mujeres de alta paridad se redujo a 11.3 por ciento y la de paridades reducidas aument&oacute; a 39.6 por ciento.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3.&nbsp;Se prev&eacute; que hacia el a&ntilde;o 2005, la proporci&oacute;n representada por las primeras descienda a menos de uno por ciento y la de las segundas se incremente a 67.6 por ciento.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este proceso tambi&eacute;n es evidente entre las mujeres pobres y no pobres, aunque se advierte claramente que las primeras est&aacute;n a la zaga en el proceso de transici&oacute;n demogr&aacute;fica (<a href="#g20">gr&aacute;fica 20</a>). As&iacute;, por ejemplo, se estima que la proporci&oacute;n de mujeres pobres a la edad de 50 a&ntilde;os con paridad elevada (con cinco hijos o m&aacute;s) ascend&iacute;a en 1990&#45;1994 a cerca de 20 por ciento, mientras que entre las mujeres no pobres era de aproximadamente 9 por ciento. En contraste, la proporci&oacute;n de mujeres con 1 o 2 hijos a esa misma edad era de 34 por ciento en el primer grupo y de 44 por ciento en el segundo.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g20"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g20.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las modificaciones observadas en el comportamiento reproductivo no s&oacute;lo han implicado un menor n&uacute;mero de hijos, sino tambi&eacute;n pautas cambiantes en la edad al nacimiento del primer hijo, en los intervalos entre nacimientos y en la duraci&oacute;n del proceso de procreaci&oacute;n (es decir, el intervalo transcurrido entre el nacimiento del primero y el &uacute;ltimo hijos), hechos que tienen consecuencias importantes tanto para la din&aacute;mica de la formaci&oacute;n y expansi&oacute;n familiar, como para las trayectorias de vida de los diferentes miembros de la familia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El efecto combinado de la declinaci&oacute;n de la mortalidad, los niveles m&aacute;s bajos de fecundidad y las pautas reproductivas cambiantes tambi&eacute;n se reflejan en el tiempo de vida en com&uacute;n de madres e hijos, as&iacute; como en el n&uacute;mero de a&ntilde;os que las mujeres alguna vez unidas dedican en la vida adulta a la crianza y el cuidado de su descendencia. La ca&iacute;da de la mortalidad incrementa el n&uacute;mero de a&ntilde;os con hijos supervivientes, mientras que el descenso de la fecundidad y el cambio en las pautas reproductivas tienden a contrarrestar parte de ese potencial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La informaci&oacute;n disponible sugiere que, como saldo de estas transformaciones, las mujeres mexicanas dedican cada vez un mayor n&uacute;mero de a&ntilde;os a vivir en la condici&oacute;n de madre. De hecho, en 1970&#45;1974, las mujeres de 15 a&ntilde;os de edad ten&iacute;an una esperanza de vida en esa condici&oacute;n de 42.5 a&ntilde;os con hijos sobrevivientes de cualquier edad, mientras que en 1990&#45;1994 este mismo par&aacute;metro ascend&iacute;a a cerca de 47.8 a&ntilde;os. Se prev&eacute; que para el a&ntilde;o 2005 este indicador podr&iacute;a elevarse hasta cerca de 50.2 a&ntilde;os (<a href="#g21">gr&aacute;fica 21</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g21"></a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g21.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe hacer notar que, como consecuencia del descenso de la fecundidad, una proporci&oacute;n cada vez menor de la esperanza de vida en la condici&oacute;n de madre es vivida por las mujeres con un n&uacute;mero relativamente elevado de hijos. As&iacute;, en el primer periodo (1970&#45;1974), cerca de 55 por ciento de la esperanza de vida de las mujeres en esa condici&oacute;n transcurr&iacute;a con m&aacute;s de tres hijos supervivientes, mientras que en el segundo (1990&#45;1994) se redujo a 20 por ciento y en el escenario previsto para 2005 a cerca de 3 por ciento. Es decir, el n&uacute;mero de a&ntilde;os que las mujeres esperan vivir en la condici&oacute;n de madres se ha venido ampliando de manera considerable en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, aunque ese tiempo de vida en com&uacute;n lo disfrutan con un n&uacute;mero cada vez m&aacute;s reducido de hijos supervivientes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, el descenso de la mortalidad, la fecundidad y el cambio gradual en las pautas reproductivas no s&oacute;lo ha significado que se reduzca el tiempo que las mujeres permanecen como madres de al menos un hijo sobreviviente menor de 5 a&ntilde;os, sino que tambi&eacute;n ha disminuido el n&uacute;mero de a&ntilde;os que dedican en promedio a la crianza y al cuidado simult&aacute;neo de dos o m&aacute;s hijos sobrevivientes de esas edades (<a href="#g21">gr&aacute;fica 21</a>):</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1.&nbsp;En 1970&#45;1974, las mujeres invert&iacute;an cerca de 10 a&ntilde;os de su vida a criar y cuidar a ni&ntilde;os menores de cinco a&ntilde;os, aproximadamente 31 por ciento de ese tiempo lo dedicaban al cuidado simult&aacute;neo de dos hijos de esas edades.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.&nbsp;En contraste, bajo las condiciones demogr&aacute;ficas imperantes en 1990&#45;1994, la esperanza de vida en esa condici&oacute;n se redujo a 8.2 a&ntilde;os y la proporci&oacute;n de ese tiempo dedicada al cuidado simult&aacute;neo de dos o m&aacute;s hijos de esa edad disminuy&oacute; a 20 por ciento.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. Se prev&eacute; que esos mismos indicadores seguir&aacute;n descendiendo en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os hasta alcanzar en 2005 casi 6.6 a&ntilde;os de esperanza de vida en esa condici&oacute;n y s&oacute;lo 12 por ciento de ese tiempo dedicado al cuidado simult&aacute;neo de dos o m&aacute;s hijos de la edad indicada.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En contraste, se estima que la esperanza de vida adulta de las mujeres dedicada a la crianza y el cuidado de los hijos menores de 18 a&ntilde;os no sufri&oacute; mayores transformaciones entre 1970&#45;1974 y 1990&#45;1994 (de 22.5 a 22 a&ntilde;os), aunque s&iacute; lo hizo la proporci&oacute;n del tiempo de sus vidas invertido a cuidar dos o m&aacute;s hijos de esas edades (de 67 a 54 por ciento). Se prev&eacute; que hacia el a&ntilde;o 2005 las madres dedicar&aacute;n en promedio cerca de 20.3 a&ntilde;os de sus vidas a vivir en esa condici&oacute;n y aproximadamente de 43 por ciento de ese lapso a la crianza y al cuidado simult&aacute;neo de dos o m&aacute;s hijos de esas edades (<a href="#g21">gr&aacute;fica 21</a>).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe hacer notar que las mujeres pobres, bajo las condiciones demogr&aacute;ficas vigentes en 1990&#45;1994, no s&oacute;lo invert&iacute;an m&aacute;s a&ntilde;os de sus vidas a cargo de hijos menores de 18 a&ntilde;os que las mujeres no pobres (22.5 y 21 a&ntilde;os, respectivamente), sino que tambi&eacute;n dedicaban una mayor proporci&oacute;n de ese tiempo al cuidado simult&aacute;neo de dos o m&aacute;s hijos menores de esa edad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Supervivencia en com&uacute;n de padres e hijos</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se ha podido advertir, la disminuci&oacute;n de la mortalidad registrada a lo largo del siglo XX ha permitido incrementar de manera significativa la proporci&oacute;n de hombres y mujeres que llegan con vida a la edad de contraer matrimonio y fundar una familia; aumentar considerablemente el n&uacute;mero de a&ntilde;os que los matrimonios se mantienen unidos sin ser disueltos por la muerte de uno de los c&oacute;nyuges; y disminuir la probabilidad de que los padres experimenten la muerte temprana de sus hijos. Asimismo, la reducci&oacute;n de la mortalidad ha convertido en un acontecimiento usual la supervivencia de padres y abuelos durante la ni&ntilde;ez y la adolescencia temprana de los hijos y nietos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante el curso de la transici&oacute;n demogr&aacute;fica en M&eacute;xico, la probabilidad de que las mujeres alguna vez unidas tengan al menos un hijo superviviente que les brinde protecci&oacute;n y apoyo en la tercera edad ha tendido a aumentar de manera significativamente. Se estima que en el periodo 1970&#45;1974, 84 por ciento de las mujeres sobrevivientes a los 65 a&ntilde;os de edad que tuvieron un hijo a lo largo de su vida reproductiva tendr&iacute;an la oportunidad de verlo con vida a esa edad. Esta proporci&oacute;n se elev&oacute; a 93 por ciento en 1990&#45;1994 y se prev&eacute; que en el a&ntilde;o 2005 alcanzar&aacute; 96 por ciento. Esto significa que con las condiciones de mortalidad prevalecientes en la actualidad, la supervivencia en com&uacute;n de madres e hijos ha tendido a ampliarse considerablemente, incluso cuando las madres ya han alcanzado edades avanzadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde otra perspectiva, la evidencia disponible tambi&eacute;n indica que la proporci&oacute;n de mujeres con al menos uno de los padres supervivientes ha crecido de manera significativa, especialmente en las edades avanzadas. Se estima que bajo las condiciones demogr&aacute;ficas vigentes en 1970&#45;1974, aproximadamente de 76 por ciento de las mujeres de 35 a&ntilde;os de edad ten&iacute;an a su madre con vida. La cifra se elev&oacute; a 86 por ciento en 1990&#45;1994 y se prev&eacute; que podr&iacute;a aumentar a 90 por ciento en 2005 (<a href="#g22">gr&aacute;fica 22</a>). En esencia, el descenso de la mortalidad ha significado que los hijos y nietos convivan por m&aacute;s tiempo con padres y abuelos.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g22"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g22.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una fracci&oacute;n importante de la esperanza de vida adulta de las mujeres (es decir, a partir de los 15 a&ntilde;os de edad) tender&aacute; a traslaparse de manera creciente con la de sus respectivas madres. Se estima que a medida que la transici&oacute;n demogr&aacute;fica contin&uacute;e avanzando, el tiempo de vida en com&uacute;n de madres e hijas durante su vida adulta tambi&eacute;n seguir&aacute; aumentando, pasando de 29.4 a&ntilde;os en 1970&#45;1974 a 36 a&ntilde;os en 1990&#45;1994, mientras que en el a&ntilde;o 2005 podr&iacute;a alcanzar aproximadamente de 39 a&ntilde;os. A su vez, la esperanza de vida de las mujeres a los 15 a&ntilde;os de edad con ambos padres sobrevivientes (de cualquier edad) aument&oacute; de 19.3 a 25.1 a&ntilde;os entre 1970&#45;1974 y 1990&#45;1994 y se prev&eacute; que lo seguir&aacute; haciendo hasta alcanzar 29 a&ntilde;os en 2005 (<a href="#g23">gr&aacute;fica 23</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g23"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g23.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre las mujeres pobres y no pobres se advierten contrastes marcados en este mismo rengl&oacute;n. Se estima que, bajo las condiciones demogr&aacute;ficas prevalecientes en 1990&#45;1994, el tiempo de vida en com&uacute;n de las mujeres pobres y el de alguno de sus padres ascend&iacute;a a cerca de 32 a&ntilde;os, mientras que entre las mujeres no pobres era de 38 a&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A medida que la esperanza de vida aumenta, las necesidades de salud de los adultos mayores tienden a cambiar, con el consecuente aumento en el n&uacute;mero de a&ntilde;os que los sobrevivientes padecen enfermedades o discapacidades y por lo tanto requieren de m&aacute;s atenci&oacute;n, cuidado y apoyo.<sup><a href="#nota">8</a></sup> En consecuencia, la creciente longevidad de los adultos mayores se refleja en una ampliaci&oacute;n del n&uacute;mero de a&ntilde;os que los hijos tienen la responsabilidad de velar por la salud y bienestar de sus padres a edades avanzadas, hecho que sin duda influye en las vidas de ambos en formas variadas y diversas. Se calcula, por ejemplo, que la esperanza de vida de las hijas con al menos un padre sobreviviente de 65 a&ntilde;os o m&aacute;s se increment&oacute; de 15.9 a&ntilde;os en 1970&#45;1974 a 21 a&ntilde;os en 1990&#45;1994 y se prev&eacute; que aumentar&aacute; a 23.1 a&ntilde;os en 2005 (<a href="#g24">gr&aacute;fica 24</a>). Estos mismos indicadores son de 18 a&ntilde;os entre las mujeres pobres y de 24 a&ntilde;os entre las mujeres no pobres.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g24"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g24.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, el n&uacute;mero de a&ntilde;os que las hijas vivir&aacute;n con ambos padres sobrevivientes de 65 a&ntilde;os o m&aacute;s aument&oacute; de 2.8 a 4.9 a&ntilde;os entre 1970&#45;1974 y 1990&#45;1994, y podr&iacute;a ascender a 6.6 a&ntilde;os en 2005 (<a href="#g24">gr&aacute;fica 24</a>). Cabe hacer notar que las diferencias entre las mujeres pobres y las no pobres son semejantes a las observadas en los dos primeros periodos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los datos presentados sugieren que los cambios demogr&aacute;ficos intensificar&aacute;n las demandas de apoyo de las personas de la tercera edad hacia sus familias. Frente a las insuficiencias de la seguridad social, una parte sustancial de la responsabilidad de proteger a los adultos mayores en situaci&oacute;n de dependencia han reca&iacute;do tradicionalmente en los hogares y en las redes familiares de apoyo. En este contexto, la creciente longevidad de los adultos mayores podr&iacute;a emerger cada vez m&aacute;s como fuente de tensi&oacute;n para las familias. As&iacute;, por ejemplo, conforme los integrantes de las generaciones m&aacute;s recientes, que son menos numerosas por el descenso de la fecundidad, se adentren en sus propios procesos de formaci&oacute;n familiar, se ver&aacute;n obligados a hacer frente a la atenci&oacute;n simult&aacute;nea de los hijos y los padres y por un periodo de tiempo cada vez m&aacute;s prolongado. Adem&aacute;s, tendr&aacute;n un menor n&uacute;mero de hermanos con quienes compartir las responsabilidades de su cuidado. De esta manera, los hijos enfrentar&aacute;n una pesada carga: para algunos podr&iacute;a significar la responsabilidad de garantizar la subsistencia de menores y ancianos, mientras que para otros podr&iacute;a implicar hacerse cargo de sus adultos mayores durante las edades cercanas a su propio retiro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se estima que la esperanza de vida adulta de las mujeres con la responsabilidad de velar simult&aacute;neamente por la atenci&oacute;n de padres de 65 a&ntilde;os o m&aacute;s e hijos menores de 18 a&ntilde;os aument&oacute; de 8.9 a&ntilde;os en 1970&#45;74 a 9.9 a&ntilde;os en 1990&#45;1994 y probablemente se mantendr&aacute; en ese mismo nivel en el corto y mediano plazos, aunque podr&iacute;a aumentar en el m&aacute;s largo plazo a medida que se intensifique el fen&oacute;meno del envejecimiento demogr&aacute;fico (<a href="#g25">gr&aacute;fica 25</a>). Este hecho contribuir&aacute; a desencadenar profundos cambios en los arreglos residenciales y en las responsabilidades y obligaciones de hombres y mujeres.<sup><a href="#nota">9</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g25"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a3g25.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, la evidencia disponible confirma que una creciente proporci&oacute;n de mujeres en edades adultas experimenta la supervivencia de sus padres hasta edades avanzadas. El descenso de la mortalidad significa que los padres permanecer&aacute;n un mayor tiempo con hijos y nietos. Aun cuando las hijas pospongan su descendencia, muchas de ellas todav&iacute;a tendr&aacute;n expectativas de que sus hijos puedan crecer con la presencia de abuelos a&uacute;n activos. Esta aseveraci&oacute;n es v&aacute;lida tanto para las mujeres pobres como para las no pobres, a pesar de las diferencias en los patrones de mortalidad, fecundidad y nupcialidad prevalecientes.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El curso de vida de hombres y mujeres en &aacute;mbitos no familiares</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El conjunto de reglas vigentes en la organizaci&oacute;n de la escuela, el mercado laboral y el sistema de retiro constituye uno de los principales determinantes de la estructuraci&oacute;n del curso de vida, con una marcada organizaci&oacute;n tripartita del mismo: una fase de socializaci&oacute;n, educaci&oacute;n y entrenamiento como preparaci&oacute;n para el trabajo, una fase de empleo activo y una fase de retiro. Este patr&oacute;n de reglas sociales define el acceso a (y, por tanto, la participaci&oacute;n leg&iacute;tima en) esos dominios institucionales; regula las transiciones entre (y dentro) de esas esferas de actividad; y transforma las transiciones del curso de vida en un proyecto integral, tanto en t&eacute;rminos de su secuencia l&oacute;gica, como en t&eacute;rminos de los horizontes simb&oacute;licos y las perspectivas del "mundo de la vida" a partir de las cuales los individuos orientan sus vidas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la adolescencia y la juventud temprana se inician dos transiciones vinculadas con la esfera p&uacute;blica: dejar la escuela y obtener el primer trabajo. La informaci&oacute;n disponible indica que la edad a la que 50 por ciento de una cohorte abandona la escuela ha tendido a aumentar entre las generaciones m&aacute;s recientes, con un incremento mucho m&aacute;s marcado en las &aacute;reas urbanas (Aparicio <i>et al.,</i> 1997). Dada la estrecha relaci&oacute;n entre la salida de la escuela y el ingreso al mercado de trabajo, la edad a la que las y los j&oacute;venes obtienen el primer trabajo suele seguir de cerca los cambios en la salida de la escuela.<sup><a href="#nota">10</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con las estimaciones elaboradas por el Conapo, las fases educativa, laboral y del retiro en las trayectorias de vida de las personas se han ido extendiendo gradualmente en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, dando lugar a la emergencia de un nuevo r&eacute;gimen del curso de vida, sobre todo entre las mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el periodo 1970&#45;1974 los hombres ten&iacute;an una esperanza de vida al nacimiento de aproximadamente 60.8 a&ntilde;os, de los cuales dedicaban cerca de 4.2 a&ntilde;os a su formaci&oacute;n educativa, 39.4 a&ntilde;os a participar en la actividad econ&oacute;mica y cerca de 2.9 a&ntilde;os en retiro. Como se puede advertir, el &aacute;mbito laboral constituye el eje en torno al cual giran las vidas p&uacute;blicas de los varones. En contraste, las mujeres gozaban en ese mismo periodo de una esperanza de vida mayor (65.0 a&ntilde;os) y dedicaban en promedio aproximadamente 4.2 a&ntilde;os a la escuela, 10 a&ntilde;os a las actividades laborales de car&aacute;cter extradom&eacute;stico y 1.3 a&ntilde;os a la fase de retiro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se sabe, la trayectoria laboral de las mujeres a menudo se interrump&iacute;a al contraer matrimonio. Si bien algunas de ellas volv&iacute;an a reinsertarse en la actividad extradom&eacute;stica cuando los hijos ya eran mayores, por lo general las mujeres dejaban de participar en el &aacute;mbito laboral, una vez que contra&iacute;an matrimonio. Esta era una respuesta sumamente arraigada en los comportamientos y mentalidades de esos a&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las crisis y los ajustes estructurales, aunado a otras importantes transformaciones sociales, contribuyeron a impulsar una creciente participaci&oacute;n de las mujeres en la actividad econ&oacute;mica. En un contexto de creciente deterioro de los ingresos reales, a menudo se hizo imprescindible la presencia de m&aacute;s de un perceptor de ingresos para que los hogares pudieran acceder a los bienes, servicios y equipamientos necesarios que les permitieran garantizar la reproducci&oacute;n cotidiana e intergeneracional de sus integrantes. Desde entonces, es posible advertir que un n&uacute;mero creciente de mujeres se inserta en la actividad extradom&eacute;stica. Basta se&ntilde;alar que entre 1970 y 1993, esta participaci&oacute;n se increment&oacute; de 19 a 33 por ciento, haciendo cada vez m&aacute;s relevante el papel de las mujeres en el impulso de estrategias familiares dirigidas a enfrentar la contracci&oacute;n del ingreso. Sin embargo y de manera paralela, empez&oacute; a recaer sobre ellas el peso de la doble jornada laboral, es decir, la que tiene lugar tanto fuera como dentro del hogar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las tendencias enunciadas empezaron gradualmente a dejar su huella en la estructura del curso de vida de ambos sexos. En 1990&#45;1994, la esperanza de vida de hombres y mujeres se increment&oacute; a 70 y 75 a&ntilde;os, respectivamente, es decir, aproximadamente 9.2 y 10 a&ntilde;os m&aacute;s que los valores registrados en las dos d&eacute;cadas previas. Bajo estas condiciones, los varones dedicaban en promedio cerca de 7.4 a&ntilde;os a su formaci&oacute;n educativa, 47.1 a&ntilde;os al vida laboral y 3.8 a&ntilde;os a la fase de retiro. A su vez, el curso de vida de las mujeres, aunque distinto al de los hombres, transitaba hacia un r&eacute;gimen diferente al que prevalec&iacute;a veinte a&ntilde;os atr&aacute;s: 7.4 a&ntilde;os en la escuela, casi 20 a&ntilde;os en el &aacute;mbito laboral extradom&eacute;stico y 2.3 a&ntilde;os en retiro. De esta manera, sectores de mujeres que tradicionalmente no trabajaban (como las de mayor edad, las casadas o unidas con hijos menores, y las de baja escolaridad) mostraron cada vez mayor presencia en la actividad econ&oacute;mica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se prev&eacute; que las tendencias enunciadas seguir&aacute;n su curso en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os. Para el a&ntilde;o 2005, la esperanza de vida de los hombres podr&iacute;a ascender a 74.6 a&ntilde;os y la de las mujeres a 78.9 a&ntilde;os. De acuerdo con las proyecciones elaboradas por el Conapo, la etapa de la formaci&oacute;n educativa podr&iacute;a extenderse a cerca de 9.6 a&ntilde;os en ambos sexos; la correspondiente a la participaci&oacute;n en la actividad laboral podr&iacute;a hacerlo a 47.9 a&ntilde;os en el caso de los hombres y a 25.5 a&ntilde;os en el de las mujeres; y la fase de retiro abarcar&iacute;a 6 y 4 a&ntilde;os, respectivamente.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Opciones de pol&iacute;tica</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los elementos presentados en este trabajo buscan poner de relieve algunos de los complejos v&iacute;nculos entre el cambio demogr&aacute;fico y la estructura y organizaci&oacute;n del curso de vida de las personas. La cada vez mayor esperanza de vida y la difusi&oacute;n de las pr&aacute;cticas de regulaci&oacute;n de la fecundidad constituyen <i>revoluciones silenciosas</i> que, al articularse con otros procesos econ&oacute;micos y sociales, est&aacute;n contribuyendo a dar forma a nuevas trayectorias y estilos de vida. Desafortunadamente, este conocimiento hab&iacute;a estado ausente hasta ahora, al menos de manera expl&iacute;cita, en la formulaci&oacute;n de la pol&iacute;tica de poblaci&oacute;n, as&iacute; como de otras pol&iacute;ticas p&uacute;blicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es claro, sin embargo, que las transformaciones enunciadas demandan un conjunto de intervenciones selectivas dirigidas a encarar una amplia variedad de retos y a aprovechar las oportunidades que derivan de esas transformaciones, entre los cuales es posible mencionar las siguientes:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. La estructura del curso de vida est&aacute; cambiando r&aacute;pidamente y, con ello, los papeles y responsabilidades familiares y no familiares que asumen las personas en sus trayectorias de vida. En este marco, se hace necesario revisar el conjunto de intervenciones p&uacute;blicas (y la correspondiente asignaci&oacute;n de recursos presupuestarios) para contar con un balance m&aacute;s adecuado de las mismas en las distintas etapas del curso de vida, as&iacute; como para ponderar las bondades que representar&iacute;a reforzarlas cuando tienen un mayor impacto social o bien cuando son mayores los riesgos y vulnerabilidades que encaran las personas y las familias.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.&nbsp;La din&aacute;mica del curso de vida est&aacute; condicionada en buena medida por la estructura de oportunidades que brinda el contexto hist&oacute;rico&#45;social. No hay duda que las intervenciones oportunas en las etapas tempranas del curso de vida tienen efectos acumulativos favorables en la vida de los individuos y las familias y constituyen mecanismos id&oacute;neos para avanzar hacia una mayor equidad social.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, por ejemplo, las inversiones en la salud y la educaci&oacute;n de ni&ntilde;as y ni&ntilde;os, en las habilidades y destrezas de los padres y en el mejoramiento del contexto socioecon&oacute;mico en que crecen los menores, constituyen intervenciones estrat&eacute;gicas dirigidas a mejorar de manera significativa las oportunidades de las personas en las etapas posteriores de sus vidas, al tiempo que desempe&ntilde;an un papel relevante para contribuir a romper el c&iacute;rculo perverso que representa la transmisi&oacute;n intergeneracional de la pobreza.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, las intervenciones dirigidas a ordenar las transiciones que marcan el paso de la adolescencia a la edad adulta (primera relaci&oacute;n sexual, salida de la escuela, ingreso al mercado laboral, emancipaci&oacute;n de los padres, contraer matrimonio y tener al primer hijo) pueden representar una diferencia significativa en las perspectivas y el logro social de las personas a lo largo de sus trayectorias de vida, lo que implica el dise&ntilde;o de medidas adecuadas dirigidas a extender la permanencia de los adolescentes y j&oacute;venes en el sistema educativo y a facilitar un tr&aacute;nsito m&aacute;s ventajoso hacia la vida laboral, as&iacute; como a promover la postergaci&oacute;n de la uni&oacute;n y el nacimiento del primer hijo.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3.&nbsp;La estructuraci&oacute;n del curso de vida p&uacute;blico en tres etapas (formaci&oacute;n y educaci&oacute;n, participaci&oacute;n en la actividad econ&oacute;mica y retiro) tiende, en un contexto caracterizado por una esperanza de vida en constante aumento, a desincentivar las inversiones en capital humano <i>a lo largo del curso de vida.</i> Desde una perspectiva humanista y econ&oacute;mica, se requiere, como atinadamente se&ntilde;ala Cepal, impulsar pol&iacute;ticas educativas y de capacitaci&oacute;n laboral que se extiendan durante las distintas etapas del curso de vida tanto para prevenir la obsolescencia de las destrezas de las personas y procurar su adaptaci&oacute;n a los cambios en los procesos productivos, como para incentivar el desarrollo de habilidades que permitan a las personas "aprender a aprender" constantemente.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4.&nbsp;Algunas de las transformaciones en la estructura del curso de vida familiar, actualmente en proceso, est&aacute;n teniendo como resultado una sobrecarga de responsabilidades (laborales y dom&eacute;sticas, de crianza y cuidado de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, y atenci&oacute;n de enfermos y ancianos) que recaen sobre todo en las mujeres, lo que demanda el dise&ntilde;o y puesta en marcha de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas dirigidas a aliviar esas presiones y a <i>redistribuir mejor las responsabilidades entre el gobierno, la sociedad civil y las familias, as&iacute; como entre hombres y mujeres.</i> En este marco, es preciso redoblar los esfuerzos para apoyar a las personas en el desempe&ntilde;o de sus papeles sociales y familiares mediante una cada vez mayor cobertura de las redes de protecci&oacute;n institucionales y de los servicios de apoyo (guarder&iacute;as infantiles, centros de atenci&oacute;n de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as en edad preescolar y asilos, entre otros), as&iacute; como a trav&eacute;s de pol&iacute;ticas de g&eacute;nero, sociales y laborales que contribuyan, por un lado, a la revalorizaci&oacute;n social de las tareas propias de la reproducci&oacute;n social en el &aacute;mbito dom&eacute;stico, y por el otro, incentiven la participaci&oacute;n del var&oacute;n en las mismas.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">5.&nbsp;La marcada discontinuidad de las trayectorias tanto educacionales como ocupacionales de las mujeres es, en buena medida, una consecuencia de las asimetr&iacute;as de g&eacute;nero que operan en los diferentes &aacute;mbitos de la sociedad, lo que exige redoblar los esfuerzos encaminados al mejoramiento de su condici&oacute;n social y a brindarles igualdad de oportunidades.</font></p>  		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">6.&nbsp;Las personas est&aacute;n expuestas a diferentes tipos de vulnerabilidades, propensiones y riesgos de distinto origen durante el curso de vida. Algunas de estas vulnerabilidades de origen sociodemogr&aacute;fico, al entrecruzarse con otro tipo de vulnerabilidades, pueden afectar la capacidades de los hogares y las personas para movilizar sus activos y prevenir riesgos. Al respecto, conviene se&ntilde;alar que los cambios demogr&aacute;ficos y las transformaciones en las pautas de formaci&oacute;n y disoluci&oacute;n de las uniones durante el curso de vida est&aacute;n contribuyendo a propiciar importantes cambios en la estructura de los hogares y la formaci&oacute;n de arreglos residenciales emergentes (por ejemplo, el crecimiento de los hogares unipersonales o monoparentales), as&iacute; como a alargar el tiempo durante el cual las personas viven en la condici&oacute;n de divorciada(o), separada(o) o viuda(o). Cuando estos arreglos son acompa&ntilde;ados de situaciones sociales o econ&oacute;micas adversas, existe el riesgo de que surjan o se acent&uacute;en cierto tipo de vulnerabilidades, dependiendo, entre otros factores, de los recursos humanos y materiales con que cuentan los hogares y de su composici&oacute;n sociodemogr&aacute;fica. En este contexto emergente, es imprescindible que las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, incluida la de poblaci&oacute;n, contribuyan a fortalecer a las familias y las personas que se encuentran en esa situaci&oacute;n durante etapas particulares del curso de vida y a crear condiciones cada vez m&aacute;s propicias para que puedan desarrollar m&aacute;s eficazmente estrategias tanto de formaci&oacute;n y utilizaci&oacute;n del capital humano, como de acumulaci&oacute;n y movilizaci&oacute;n de activos, as&iacute; como a proteger y apoyar a los hogares en situaci&oacute;n de pobreza o bien aquellos que combinan varios tipos de vulnerabilidad.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, los elementos aportados en este trabajo sugieren importantes v&iacute;nculos entre la transici&oacute;n demogr&aacute;fica, diversas transformaciones socioecon&oacute;micas y modificaciones en la estructura y organizaci&oacute;n del curso de vida de las personas. Esta informaci&oacute;n constituye un insumo relevante para dise&ntilde;ar y poner en marcha un conjunto de intervenciones de pol&iacute;tica p&uacute;blica tanto para apoyar a las personas y las familias a hacer frente a las complejas ramificaciones que derivan de estos procesos de cambio, como para propiciar un desarrollo social m&aacute;s equitativo.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">APARICIO, R. <i>et al.,</i> 1997, "Los j&oacute;venes de M&eacute;xico", en R. Tuir&aacute;n (coord.), <i>La situaci&oacute;n demogr&aacute;fica de M&eacute;xico,</i> Consejo Nacional de Poblaci&oacute;n, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5629597&pid=S1405-7425200200010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BONGAARTS, John, 1987, "The Projection of Family Composition over the Life Course with Family Status Life&#45;Tables", in J. Bongaarts, <i>et. al., Family Demography: Methods and Applications,</i> Oxford University Press, Oxford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5629599&pid=S1405-7425200200010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">COALE, A. y D. McNeill, 1972, "The Distribution by Age of First Marriage in a Female Cohort", in <i>Journal of the American Statistical Association,</i> num. 67.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5629601&pid=S1405-7425200200010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GOLDANI, A. M. y T. Pullum, 1989, "Changes in the Life Course of Brazilian Women", en <i>Proceeding of the XXIst International Population Conference of the International Union for the Scientific Study of Population</i> (IUSSP), New Delhi, India.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5629603&pid=S1405-7425200200010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GOLDANI, A. 1989, <i>Women's transitions, The intersection of female life course, family and demographic transition in twentieth&#45;century Brazil,</i> Ph.D. dissertation, University of Texas at Austin, Austin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5629605&pid=S1405-7425200200010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HAGESTAD, G. O. y B. L. Neugarten, 1985, "Age and the Life Course", in R. Binstock and E. Shanas, <i>Handbook of Aging and the Social Sciences,</i> Van Nostrand Reinhold, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5629607&pid=S1405-7425200200010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">TUIR&Aacute;N, R., 1997, <i>Demographic change and family and non&#45;family related life course patterns in contemporary Mexico,</i> Ph.D. dissertation, University of Texas at Austin, Austin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5629609&pid=S1405-7425200200010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">UHLENBERG, P., 1969, "A Study of Cohort Life Cycles: Cohorts of Native Born Massachusetts Women, 1830&#45;1920", in <i>Population Studies,</i> num. 23.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5629611&pid=S1405-7425200200010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">UHLENBERG, P., 1974, "Cohort Variations in the Family Life Cycle Experiences of US Females", in <i>Journal of Marriage and the Family,</i> 36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5629613&pid=S1405-7425200200010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">UHLENBERG, P., 1978, "Changing Configurations of the Life Course", in T. K. Hareven, <i>Transitions: The Family and the Life Course in Historical Perspective,</i> Academic Press, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5629615&pid=S1405-7425200200010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">UHLENBERG, P., 1980, "Death and the Family", in <i>Journal of Family History,</i> num. 5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5629617&pid=S1405-7425200200010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WATKINS, S. <i>et al.,</i> 1987, "Demographic Foundations of Family Change", in <i>American Sociological Review,</i> num. 52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5629619&pid=S1405-7425200200010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">YOUNG, C., 1982, "Mortality and the family Life Cycle in Australia", in <i>Health and the Family Life Cycle,</i> Federal Institute of Population Research and World Health Organization, Ginebra.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5629621&pid=S1405-7425200200010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ZENG, Yi, 1990, <i>Famy. A PC Computer Program for Family Status Life Table Analysis,</i> Progamma, The Netherlands.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5629623&pid=S1405-7425200200010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ZENG, Yi, 1991, <i>Family Dynamics in China. A Life Table Analysis,</i> The University of Wisconsin Press, Madison.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5629625&pid=S1405-7425200200010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Desde el punto de vista individual, la edad cronol&oacute;gica tiende a consolidarse como un rasgo central que sirve a las personas para organizar, interpretar y dar significado a sus experiencias. En este sentido, la edad se convierte en un criterio para evaluar la relaci&oacute;n entre el tiempo vivido y el tiempo por vivir, as&iacute; como para realizar un balance entre las aspiraciones y los logros alcanzados. Desde el punto de vista social, la edad cronol&oacute;gica se ha convertido, a su vez, en uno de los principios m&aacute;s importantes de la organizaci&oacute;n social, colocando a las personas en una contexto institucional y social crecientemente diferenciado y segmentado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;Es decir, los datos referidos a los periodos 1970&#45;1974 y 1990&#45;1994 no pretenden ser aproximaciones de la experiencia de una cohorte de nacimiento. La informaci&oacute;n de car&aacute;cter transversal se utiliza con fines comparativos y para explorar las eventuales consecuencias de la continuaci&oacute;n de un conjunto de condiciones demogr&aacute;ficas vigentes en cada uno de los periodos indicados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;Para formular las previsiones correspondientes al a&ntilde;o 2005 se construyeron cuatro diferentes escenarios, cada uno de los cuales satisface las metas de fecundidad definidas por la pol&iacute;tica de poblaci&oacute;n. Los supuestos en los que descansa cada uno de los escenarios son los siguientes: escenario I <i>(nupcialidad temprana y un patr&oacute;n de fecundidad joven)</i> : la nupcialidad permanece constante de 1992 a 2005 y la fecundidad es similar en estructura, aunque no en el nivel; escenario II <i>(nupcialidad temprana y un patr&oacute;n de fecundidad envejecido):</i> la edad media y la desviaci&oacute;n est&aacute;ndar a cada paridad crece linealmente, sin modificar las tasas espec&iacute;ficas de la primera paridad; escenario III <i>(nupcialidad tard&iacute;a</i> y <i>un patr&oacute;n de fecundidad joven):</i> se asume que el par&aacute;metro k del modelo de Coale y McNeil registra un incremento lineal de 0.8114 en 1992 a 1.0 en 2005, manteniendo constante tanto la proporci&oacute;n de mujeres que eventualmente se casan (0.932) como el par&aacute;metro <i>a</i> (12.492), mientras que las tasas de fecundidad tienden a declinar, aunque con una estructura similar a la observada en 1992; y escenario IV: la nupcialidad y la fecundidad adoptan un patr&oacute;n envejecido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> El car&aacute;cter transversal de la informaci&oacute;n utilizada obliga a introducir una nota de cautela. Las mujeres definidas como pobres y no pobres no necesariamente mantienen esa condici&oacute;n a lo largo de su trayectoria de vida. De ah&iacute; que los resultados presentados en este trabajo s&oacute;lo pueden ser vistos como meramente exploratorios de la compleja relaci&oacute;n entre transici&oacute;n demogr&aacute;fica, trayectorias de vida y condici&oacute;n de pobreza.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Entre esos mecanismos destacan: a) el creciente recurso de los individuos y las parejas al c&aacute;lculo econ&oacute;mico como patr&oacute;n de orientaci&oacute;n de sus pr&aacute;cticas y conductas, incluidos los comportamientos demogr&aacute;ficos; b) el balance cambiante de los costos y beneficios asociados con la reproducci&oacute;n, que tiende a reducir los incentivos econ&oacute;micos derivados de una prole numerosa; c) la creciente exposici&oacute;n de la poblaci&oacute;n a la cultura y autoridad m&eacute;dica, que crea las condiciones para legitimar pr&aacute;cticas de intervenci&oacute;n conciente y planeada de los procesos biol&oacute;gicos; d) la difusi&oacute;n de modelos de familia peque&ntilde;a; e) el mejoramiento de la condici&oacute;n social de la mujer, los cambios en la organizaci&oacute;n familiar y las transformaciones en los papeles o roles de hombres y mujeres tanto dentro de la familia como fuera de ella; f) el desarrollo de una infraestructura moderna de comunicaci&oacute;n desde el punto de vista tanto de la integraci&oacute;n territorial como de la expansi&oacute;n de la esfera de influencia de los medios de comunicaci&oacute;n; y g) la adopci&oacute;n de pol&iacute;ticas expl&iacute;citas de poblaci&oacute;n, que sin duda contribuy&oacute; a acelerar este proceso de cambio demogr&aacute;fico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> La condici&oacute;n de pobreza &#151;al restringir el acceso de los individuos a la estructura de oportunidades y delimitar el espacio social y el entretejido de redes en las que participan&#151; ejerce una profunda influencia en el comportamiento demogr&aacute;fico de los sectores marginados, retardando la transici&oacute;n de altos a bajos niveles de mortalidad y fecundidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Los hogares encabezados por mujeres se han incrementado r&aacute;pidamente en el &uacute;ltimo cuarto de siglo, al pasar de 13.5 por ciento del total en 1976 (es decir, poco menos de uno de cada ocho hogares) a 20.6 por ciento en 2000 (m&aacute;s de uno de cada cinco hogares). Ello significa que en la actualidad el n&uacute;mero de unidades dom&eacute;sticas encabezadas por mujeres es de 4.6 millones, cuando en 1990 ascend&iacute;a a 2.8 millones. La jefatura femenina tiende a crecer con la edad de la mujer: entre los 15 y 34 a&ntilde;os se incrementa lentamente y a partir de entonces aumenta con rapidez, alcanzando su mayor ocurrencia a los 65 a&ntilde;os. En concordancia con este patr&oacute;n, puede decirse que la jefatura femenina se asocia generalmente con la ausencia de c&oacute;nyuge (por solter&iacute;a viudez, separaci&oacute;n o divorcio), lo que contraste con el hecho de que nueve de cada diez jefes varones est&aacute;n unidos o casados. Por esta raz&oacute;n, este tipo de hogar por lo general es de menor tama&ntilde;o (alrededor de 3.6 miembros por hogar). Sin embargo, llama la atenci&oacute;n que poco m&aacute;s de 48 por ciento de los hogares encabezados por mujeres tienen al menos un miembro menor de 15 a&ntilde;os de edad, lo que se refleja en un &iacute;ndice de dependencia relativamente alto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Una estimaci&oacute;n del Consejo Nacional de Poblaci&oacute;n &#151;con base en los datos del censo de 2000 y las estad&iacute;sticas de mortalidad&#151; indica que los hombres discapacitados al llegar a la edad de 65 a&ntilde;os vivir&aacute;n en esa condici&oacute;n por un lapso de aproximadamente 17.8 a&ntilde;os, mientras que las mujeres lo har&aacute;n alrededor de 19 a&ntilde;os. En contraste, los hombres que no est&aacute;n discapacitados al llegar a esa edad esperan vivir en promedio 1.6 a&ntilde;os discapacitados y 16.2 a&ntilde;os sin sufrir discapacidad alguna, en tanto que las mujeres permanecer&aacute;n alrededor de 2 a&ntilde;os discapacitadas y 17.0 sin discapacidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup>&nbsp;En la actualidad, es posible identificar la presencia de al menos un adulto mayor en cerca de 4.0 millones de hogares del pa&iacute;s, de los cuales m&aacute;s de la mitad conforman arreglos extensos o compuestos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup>&nbsp;En contraste, la intensidad y calendario de los eventos del curso de vida relacionados con el comienzo de la vida familiar (casarse y tener al primer hijo), apenas han cambiado. Como se ha mostrado en este trabajo, las mujeres mexicanas contin&uacute;an uni&eacute;ndose a edades tempranas y teniendo su primer hijo(a) poco despu&eacute;s.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor </b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Rodolfo Tuir&aacute;n Guti&eacute;rrez.</b> Economista, dem&oacute;grafo y soci&oacute;logo. Doctor en Sociolog&iacute;a por la Universidad de Texas en Austin. Recientemente se desempe&ntilde;&oacute; como Secretario General del </font><font face="verdana" size="2">Consejo Nacional de Poblaci&oacute;n (Conapo) y es Investigador Nacional (SNI). Es autor o coordinador de 10 libros y ha publicado m&aacute;s de 130 art&iacute;culos de diversos temas de car&aacute;cter sociodemogr&aacute;f&iacute;co en revistas y libros especializados. Ha sido profesor&#45;investigador del Centro de Estudios Demogr&aacute;ficos y de Desarrollo Urbano de El Colegio de M&eacute;xico; profesor de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales; de la Universidad Aut&oacute;noma de Hidalgo; de la Universidad Aut&oacute;noma de San Luis Potos&iacute; y de la Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia. Entre los cargos que ha desempe&ntilde;ado destacan el de coordinador acad&eacute;mico del Programa de Doctorado en Ciencias Sociales con Especialidad en Estudios de Poblaci&oacute;n de El Colegio de M&eacute;xico (1991&#45;1994) y el de Presidente de la Sociedad Mexicana de Demograf&iacute;a (1996&#45;1998). En representaci&oacute;n de M&eacute;xico ocup&oacute; el cargo de Presidente de la Comisi&oacute;n de Poblaci&oacute;n y Desarrollo de la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas durante el periodo intersesional comprendido entre junio de 1997 y febrero de 1998; y el de Presidente del Comit&eacute; Especial de Poblaci&oacute;n y Desarrollo de la CEPAL (de abril de 2000 a la fecha). Miembro del Comit&eacute; T&eacute;cnico del Padr&oacute;n Federal Electoral del IFE (1997 y 2000); integrante del Grupo M&eacute;xico&#45;Estados Unidos sobre migraci&oacute;n (ITAM y Carnegie Endowment for International Peace), e integrante de la Comisi&oacute;n de Especialistas del IFE que estudi&oacute; las modalidades del voto de los mexicanos en el extranjero. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:rtuiran@avantel.net">rtuiran@avantel.net</a></font></p>      ]]></body><back>
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