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<publisher-name><![CDATA[Universidad Autónoma del Estado de México, Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Aproximaciones para una teoría de la violencia urbana]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The manifestation of the different and multiple realities related to violence that exist in a city such as ours, both hides and makes it difficult to understand the association of factors that make it emerge. In the present article, we will make an attempt to point out what some of the peculiarities that obstruct the crystallization of urban violence are. For this purpose, we will show the different perspectives from wich the explanations of violence have been built up. We will not set aside the importance of public space and every day life in the city, since this is a pillaging context that in tum, conditions, produces, and reproduces a violence cultural context itself. Hence, both space and dynamics of the city can structure and condition someone towards the perception and production of meanings related to violence. In the city, fear and violence are two contrasting aspects, wich relationship pertains to the same coin in the urban imagination.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	  	    <p align="center"><b><font face="verdana" size="4">Aproximaciones para una teor&iacute;a de la violencia urbana</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="center"><b><font face="verdana" size="2">Jos&eacute; Luis Cisneros</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Aut&oacute;noma Melropolilana&#45;Xochimilco.</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La expresi&oacute;n de las m&uacute;ltiples realidades de la violencia que se vive en una ciudad como la nuestra, oculta y hace dif&iacute;cil comprender la asociaci&oacute;n de factores que la propician. En estas l&iacute;neas, intentaremos precisar algunas de las peculiaridades que obstaculizan la cristalizaci&oacute;n de los generadores de la violencia urbana, particularmente nos centraremos en explicar los temores que despierta la ciudad como uno de estos obst&aacute;culos. Para ello se exponen las diversas perspectivas desde las que se han construido explicaciones de fen&oacute;meno de la violencia sin dejar de lado la importancia que adquiere la relaci&oacute;n entre el espacio p&uacute;blico y la vida cotidiana en la ciudad, como un contexto expoliador y excluyente que condiciona, produce y reproduce un contexto cultural de violencia. As&iacute;, los tiempos, el espacio y  la din&aacute;mica de la ciudad estructuran y condicionan al sujeto a la percepci&oacute;n y producci&oacute;n de significados acerca de la violencia. En la ciudad, el miedo y la violencia son dos figuras contrastantes que forman parte de una misma moneda en el imaginario urbano</font>.</p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">The manifestation of the different and multiple realities related to violence that exist in a city such as ours, both hides and makes it difficult to understand the association of factors that make it emerge. In the present article, we will make an attempt to point out what some of the peculiarities that obstruct the crystallization of urban violence are. For this purpose, we will show the different perspectives from wich the explanations of violence have been built up. We will not set aside the importance of public space and every day life in the city, since this is a pillaging context that in tum, conditions, produces, and reproduces a violence cultural context itself. Hence, both space and dynamics of the city can structure and condition someone towards the perception and production of meanings related to violence. In the city, fear and violence are two contrasting aspects, wich relationship pertains to the same coin in the urban imagination.</font></p> 	 	      <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Yo te amo, ciudad  porque la muerte nunca te abandona,  porque te sigue el perro    <br> de la muerte y te dejas lamer desde los pies al rostro, porque la muerte es quien te    <br> hace el sue&ntilde;o, te inventa lo nocturno en sus entra&ntilde;as, hace callar los ruidos    <br>  fingiendo que dormitas, y t&uacute; la ves crecer en tus entra&ntilde;as.    <br>Gast&oacute;n Baquero, "Testamento del pez"</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estas l&iacute;neas, lejos de pretender encontrar una respuesta general a las m&uacute;ltiples manifestaciones de la violencia, que se viven d&iacute;a con d&iacute;a en una urbe como la nuestra, m&aacute;s bien son un c&uacute;mulo de reflexiones, que tienen como objetivo, ofrecer un instrumento que nos posibilite distinguir los componentes del c&iacute;rculo perverso de la violencia social. Para ello ofrecemos una discusi&oacute;n y an&aacute;lisis desde un &aacute;ngulo poco discutido, el cual nos ofrece un arsenal de informaci&oacute;n e ideas argumentativas con relaci&oacute;n a las causas y or&iacute;genes de la violencia. Algunos de estos argumentos son poco aceptables, otros sin duda poseen algo de cierto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, no se trata de manifestarse a favor de uno o de otro, mucho menos utilizarlos como mecanismo de explicaci&oacute;n de un problema que no s&oacute;lo es local sino que posee m&uacute;ltiples aristas, es un fen&oacute;meno que se ha venido observando con mucha mayor frecuencia y detenimiento durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, en las grandes ciudades del mundo. Un fen&oacute;meno que se percibe cotidianamente en el incremento de la delincuencia, as&iacute; como en la aparici&oacute;n de nuevos fen&oacute;menos desencadenados por el uso excesivo de la violencia en todas sus expresiones. El conjunto de estas percepciones en la sociedad genera por un lado, una sensaci&oacute;n de inseguridad y, por el otro, un despliegue de interpretaciones, desde diferentes disciplinas cient&iacute;ficas y posturas pol&iacute;ticas e ideol&oacute;gicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La percepci&oacute;n de la violencia en la vida contempor&aacute;nea, se ve retroalimentada por los hechos difundidos en los medios de comunicaci&oacute;n de masas, los cuales juegan un papel central en la construcci&oacute;n del sentido que adquiere la violencia, al magnificarlos y hacerlos espectaculares, producen un efecto de alta vulnerabilidad en los sujetos y en determinadas regiones, zonas o lugares, con los cuales se reduce la realidad de las ciudades a simples confrontaciones entre el bien y el mal. Todo ello se debe en parte a las im&aacute;genes que difunden los medios informativos de la ciudad. As&iacute; como al crecimiento desbordado que se gener&oacute; desde la d&eacute;cada de los setenta, el cual propici&oacute; lentamente un proceso de desconocimiento del territorio que despierta en los sujetos viejos miedos ancestrales al ser arrojados por la din&aacute;mica de la ciudad a los l&iacute;mites de la supervivencia, por decirlo as&iacute;. El conjunto de estas dos perspectivas genera una opini&oacute;n de desconfianza e inseguridad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hemos querido iniciar este ensayo con tales juicios porque sin duda en una ciudad como la nuestra, al igual que en cualquier otra del mundo, la violencia hoy se vive, se percibe y se practica desde las im&aacute;genes e influencias que logran estos medios en la formaci&oacute;n de las m&uacute;ltiples representaciones y actitudes. As&iacute; como, los efectos de vulnerabilidad que crea en los sujetos al redefinir la dimensi&oacute;n del espacio urbano.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>Argumentos</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La experiencia cotidiana del uso y la pr&aacute;ctica de la violencia de todos los que habitamos las grandes urbes, se encuentra reforzada por el desarrollo tecnol&oacute;gico emprendido por los medios masivos de comunicaci&oacute;n. Este desarrollo tecnol&oacute;gico ha logrado una transformaci&oacute;n en la percepci&oacute;n tradicional que com&uacute;nmente se ten&iacute;a de los actos de violencia e incluso hoy responde a las necesidades de los propios consumidores, lo que crea una influencia rec&iacute;proca entre actitudes y la formaci&oacute;n de un imaginario social de la violencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En consecuencia, estamos frente a una percepci&oacute;n distinta de aquellas acciones y acontecimientos catalogados como atroces, hasta hace apenas unas cuantas d&eacute;cadas atr&aacute;s, por dos razones que consideramos fundamentales: la primera, estar&iacute;a en el hecho de admitir que la difusi&oacute;n de im&aacute;genes imp&uacute;dicas por la prensa, eran un acto no com&uacute;n, dado el control y la moral, que los diarios manten&iacute;an en una sociedad como la nuestra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ejemplo, desde sus inicios la prensa se encarg&oacute; de registrar y se&ntilde;alar aquellos acontecimientos violentos que marcaron el rumbo de la historia, el caso m&aacute;s t&iacute;pico es aquella imagen que muestra la amputaci&oacute;n de la pierna de un soldado combatiente en la guerra del 47 hasta el cad&aacute;ver de Maximiliano, pasando por las magn&iacute;ficas fotograf&iacute;as de la guerra de castas, todas estas im&aacute;genes en conjunto prefiguraron elementos que invocar&iacute;an constantemente la relaci&oacute;n entre historia, fotograf&iacute;a y violencia. Im&aacute;genes que en el discurso de la configuraci&oacute;n de la paz y el progreso de una historia como la nuestra retrataban la violencia, la sinraz&oacute;n, la fealdad y el mal en los incipientes medios de comunicaci&oacute;n masiva, particularmente en la prensa.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda, estar&iacute;a en el hecho de reconocer que la incorporaci&oacute;n de los medios electr&oacute;nicos, y la reorientaci&oacute;n de ciertos valores, dados por una nueva &eacute;tica de mercado, posibilitaron el crecimiento de un p&uacute;blico cada vez m&aacute;s amplio y variado, donde la difusi&oacute;n de estas im&aacute;genes se convertir&iacute;an en una mercanc&iacute;a, cada vez m&aacute;s atractiva, que oblig&oacute; a romper los l&iacute;mites de lo que se expon&iacute;a en las primeras planas de ciertos diarios.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El idioma de la nota roja, tremendista por necesidad, cargado de ep&iacute;tetos truculentos, es la aproximaci&oacute;n m&aacute;s conocida a la descripci&oacute;n de los hechos de manera tal que las im&aacute;genes provenientes de la nota roja y las pasarelas de cad&aacute;veres y criminales vueltos show, sustituyen cualquier tipo de razonamiento, por la expresi&oacute;n de: "pavorosos asaltos, cr&iacute;menes monstruosos, delincuentes sat&aacute;nicos y horripilantes encuentros macabros." Esta perversa fascinaci&oacute;n por las grotescas im&aacute;genes de la nota roja exorcizan mediante su morbo la violencia, ubic&aacute;ndola como un suceso remoto. De hecho, al &iexcl;ncorporarla como espect&aacute;culo en los medios de comunicaci&oacute;n, el morbo adquiere el estatuto de una t&eacute;cnica terap&eacute;utica que nos cubre y aleja de la violencia. Act&uacute;a, dig&aacute;moslo as&iacute;, de manera inversa al chisme, pues este nos incorpora a la intimidad ajena, mientras que el morbo los aleja de la desgracia de los acontecimientos. En consecuencia, la condena a la violencia, "hija bastarda de la televisi&oacute;n", es tema recurrente en los medios informativos.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La audiencia de hoy. de los medios de comunicaci&oacute;n es, por decirlo as&iacute;, compleja, pues se encuentra conformada de receptores muy distintos, algunos interesados en lo er&oacute;ticamente macabro de sus im&aacute;genes, sus encabezados y sus alucinantes cr&oacute;nicas. Otros, en la percepci&oacute;n de sus ideas y, finalmente, aquellos que s&oacute;lo se nutren de ellas, como una mera pr&aacute;ctica de su profesi&oacute;n.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, la construcci&oacute;n social de un imaginario de la violencia en la ciudad, definida y difundida por los medios de comunicaci&oacute;n, ha propiciado en buena medida determinados tipos de comportamiento y tensi&oacute;n en las relaciones sociales de la ciudad. As&iacute;, los diferentes grados de intensidad de la violencia y los esfuerzos por tratar de explicar, diferenciar y comparar las diversas acciones que propiciaron los comportamientos violentos, han generado diversas reflexiones con el prop&oacute;sito de crear instrumentos para medir y diferenciar los tipos de violencia desde una escala objetiva y subjetiva de su intensidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muchas de estas reflexiones provienen de disciplinas como la biolog&iacute;a, teolog&iacute;a, fisiolog&iacute;a, medicina, psicolog&iacute;a, antropolog&iacute;a, filosof&iacute;a, criminolog&iacute;a y sociolog&iacute;a. Estas disciplinas han generado innumerable bibliograf&iacute;a la cual puede clasificarse a grosso modo en dos matrices para su an&aacute;lisis: la primera, alimentada por ensayistas que insisten en construir y definir a la violencia desde descripciones y narraciones de acontecimientos, desde los cuales se hace una descripci&oacute;n catastrofista y amarillista de la violencia en la ciudad. Dentro de este grupo destacamos los estudios estad&iacute;sticos que se encargan de registrar e identificar los actos violentos. Esta perspectiva nos ofrece un conocimiento incompleto y parcial de la violencia. La segunda matriz de an&aacute;lisis est&aacute; centrada en una serie de interpretaciones sobre los actos de violencia y los factores intermedios que propician y modifican la acci&oacute;n de la violencia. Este tipo de estudios ofrece una reflexi&oacute;n un tanto m&aacute;s profunda en la medida en que crea conceptos desde enfoques te&oacute;ricos concretos</font>.</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En conjunto estas dos grandes perspectivas de interpretaci&oacute;n, preocupadas por buscar una respuesta a la violencia social urbana, lejos de hacer claro el horizonte para brindar posibles soluciones, han multiplicado la diversidad de interpretaciones.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="verdana">Im&aacute;genes cotidianas de la violencia</font></b></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cuesti&oacute;n de la violencia en un espacio urbano, como el de la ciudad de M&eacute;xico, se muestra como una paradoja, dado que se asocia, por un lado, al repudio p&uacute;blico en contra de la violencia y su dramatizaci&oacute;n. Por el otro, a un incremento constante de la demanda de estas im&aacute;genes, las cuales poseen una gran proyecci&oacute;n medi&aacute;tica, respecto del imaginario social de estos acontecimientos, que fluyen, v&iacute;a las im&aacute;genes cinematogr&aacute;ficas y la televisi&oacute;n, producto de una creciente cultura generalizada que expresa los contenidos de la violencia, que al mismo tiempo parece ser que nadie es capaz de darse cuenta de los efectos y las consecuencias que &eacute;stas tienen en la poblaci&oacute;n que las consume.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, el repudio de la violencia y su dramatizaci&oacute;n, es producto de la experiencia personal y de su transformaci&oacute;n en determinismo de una concepci&oacute;n melodram&aacute;tica, encausada por los discursos, reportajes, an&aacute;lisis acad&eacute;micos y relatos personales en torno a los acontecimientos ocurridos. De esta visi&oacute;n se desprende una imagen de ciudad indefensa, acorralada en un callej&oacute;n que aguarda la pu&ntilde;alada terminal. Una ciudad cuyas met&aacute;foras folletinescas extinguen interminablemente a las v&iacute;ctimas y divulgan la existencia de nuevos cr&iacute;menes expresados en un lenguaje melodram&aacute;tico que se impone sobre las versiones objetivas. Una versi&oacute;n melodram&aacute;tica de la violencia que desdichadamente se convierte en algo real, intangible y omnipotente que hace in&uacute;til la voluntad de actuar o intervenir c&iacute;vicamente. En este sentido el repudio a la violencia y su visi&oacute;n melodram&aacute;tica construye y facilita la asimilaci&oacute;n de un paisaje tr&aacute;gico.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro argumento a favor de la paradoja antes mencionada, radica en reconocer que a nadie cabe duda que estamos frente a una serie de acontecimientos, que se vuelven un obst&aacute;culo para la construcci&oacute;n de los v&iacute;nculos de sociabilidad, debido a que se presentan como l&iacute;mites fronterizos que causan ruptura, entre la confianza y credibilidad depositada en la responsabilidad de las autoridades p&uacute;blicas, tal ser&iacute;a el caso de la constante difusi&oacute;n de la corrupci&oacute;n polic&iacute;aca y judicial.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, el problema de la violencia urbana no es privativo s&oacute;lo de una megal&oacute;polis como la nuestra, pues su desarrollo voraz amenaza tambi&eacute;n a ciudades como Nueva York, Tokio, Sao Paulo, Bangladcsh, Bangkok, Osaka, Los Angeles, Londres, Berl&iacute;n, etc&eacute;tera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las im&aacute;genes de la violencia volcadas en la cotidianidad de los actos de quienes habitan la ciudad, se asumen como acontecimientos tr&aacute;gicos dibujados nublados por el velo del horror que nos acechan. De manera tal, que la violencia modifica los ritmos y el comportamiento de la vida urbana, la cual se rige por la representaci&oacute;n de una victimologia pueril, donde las personas anochecen con alivio de sobrevivientes y amanecen convertidos en victimas en potencia. Dichas im&aacute;genes construyen estereotipos de algunos espacios o regiones, catalogados como m&aacute;s violentos; en un contexto global, son espacios percibidos como profec&iacute;as exterminadoras a corto plazo, de todo aquello que nutre los escenarios del pavor; colonias, barrios, callejones, avenidas y bajo puentes, son contempladas como espacios cuya realidad cotidiana se dibuja de manera tr&aacute;gica por el horror que los acecha, lugares concebidos como el refugio de ladrones de autom&oacute;viles o de asaltantes; son lugares o sectores propios de la delincuencia cuyo cap&iacute;tulo se agrega como uno m&aacute;s a las oportunidades de empleo y de entrenamiento para el delito como patrimonio familiar. Lugares cuya distribuci&oacute;n de tareas e intercambio de productos del robo conforman complejas macroindustrias del despojo, en fin, son lugares que se afirman y se divulgan por lo escalofriante de sus dram&aacute;ticas historias difundidas. Lugares de la obsesi&oacute;n informativa de los medios de comunicaci&oacute;n, que vuelven la fragilidad de sus acontecimientos en un tema central de la descomposici&oacute;n social de nuestra sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El predominio de estos acontecimientos violentos pudiera estar producido por el mismo orden pol&iacute;tico y por la falta de estrategias de contenci&oacute;n. Sin embargo, tambi&eacute;n podr&iacute;a admitirse que la violencia ha sido hist&oacute;ricamente un elemento decisivo en la formaci&oacute;n de la sociedad, de manera tal que la domesticaci&oacute;n de &eacute;sta, as&iacute; como la limitada aceptaci&oacute;n sublimada en las diferentes dimensiones culturales de la civilizaci&oacute;n, han sido consideradas como un elemento fundamental de la constituci&oacute;n del sujeto en la sociedad.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>  	 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo fragmentado de estos acontecimientos violentos de la ciudad edifican las condiciones para una representaci&oacute;n social de la violencia interiorizada en cada uno de los que habitamos la ciudad, expresada tanto en la comuni&oacute;n como en las experiencias personales vertidas e intercambiadas tanto por el ritmo del rumor, como de la escenificaci&oacute;n de sus acontecimientos que propician en buena medida, una percepci&oacute;n fragmentada de la violencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una violencia que se impone a la ciudad por el temor a sus calles, las cuales terminan cercadas por cientos de miles de toneladas de rejas que las vuelven un campo minado en el que proliferan cientos de compa&ntilde;&iacute;as de seguridad privada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta falta de estrategias de contenci&oacute;n contra la violencia, o mejor dicho, la falta de una perspectiva expl&iacute;cita que diluya este tipo de acciones, podr&iacute;a ser atribuida a la incapacidad propia de cada uno de los actores de esta ciudad, para evitar un abismo social en el que gravitamos, y nos aferramos a querer encontrar una respuesta, ante un horizonte lleno de claroscuros. Un horizonte que se configura desde la lectura de un mundo binario, cuyos polos, aparentemente antag&oacute;nicos, son el resultado de las caras de una misma moneda. En otras palabras, el fen&oacute;meno de la violencia no es un problema de unos cuantos, es un problema de todos en la medida en que la interacci&oacute;n de violencia aparece como una forma extrema de supervivencia relacional, es, por decirlo asi, una relaci&oacute;n parad&oacute;jica en la que s&oacute;lo se puede vivir con otro a condici&oacute;n de destruirlo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta perspectiva surgen los siguientes cuestionamientos &iquest;c&oacute;mo debemos leer el problema de la violencia?, c&oacute;mo un signo del destino y de lo inevitable, o como la respuesta de un fen&oacute;meno individual, o bien, porque no pensar que la respuesta pudiera estar en la esfera de lo intraps&iacute;quico, o quiz&aacute; tenga un basamento bioqu&iacute;mico. O definitivamente la respuesta se encuentra en la expresi&oacute;n ritualizada y diferencia de la cultura de un pueblo. La verdad es que no creemos que ninguna de estas afirmaciones sea la correcta dado que el fen&oacute;meno de la violencia no es un problema unidimensional ni unidireccional, por el contrario, es un problema multidimensional y de alta complejidad que en algunos periodos de la historia del hombre y en desarrollo de su vida cotidiana suele ser de utilidad para resolver conflictos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos juicios lejos de acotarnos el horizonte para comprender la complejidad del problema nos desbordan de sus l&iacute;mites y nos muestra la dificultad metodol&oacute;gica para definirla, dadas las diversas variables que la constituyen. Sin embargo, de manera obligada uno tiene que preguntarse &iquest;cu&aacute;les ser&iacute;an aquellos mecanismos de contenci&oacute;n capaces de dar soluci&oacute;n a los acontecimientos crecientes de violencia, que manipulan y conforman la imagen de una ciudad como la nuestra? m&aacute;s a&uacute;n &iquest;c&oacute;mo saber cu&aacute;l ser&iacute;a la teor&iacute;a m&aacute;s convincente para tratar de describir la atrocidad de sus propios acontecimientos tratando de mantener un margen de objetividad alejado de la influencia de los relatos que manipulan en buena medida la visi&oacute;n y el discurso que uno configura de la violencia en la ciudad?; en otras palabras, c&oacute;mo arribar a una explicaci&oacute;n o emprender un ejercicio de interpretaci&oacute;n objetiva de estos relatos, de manera tal que permitan desarrollar una teor&iacute;a general de la violencia.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>&iquest;Qu&eacute; es la violencia?</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La palabra alemana <i>Gewalt</i>, abarca un campo sem&aacute;ntico m&aacute;s amplio que el t&eacute;rmino violencia, pues expresa a la vez poder de Estado y violencia individual. Esta palabra traducida al ingl&eacute;s seria, <i>Violence and Power</i> y al franc&eacute;s <i>Violence et pouvoir</i>. Por su parte, la palabra compuesta Galtung/strukturelle Gewalt, significa violencia estructural y personal; no obstante, la psicolog&iacute;a se ha empe&ntilde;ado en interpretar a la violencia como la expresi&oacute;n de una agresi&oacute;n, es pues, seg&uacute;n Lorenz, el resultado personal de la manifestaci&oacute;n de una frustraci&oacute;n. Por su parte, Dollard ha insistido en que es el resullado de una socializaci&oacute;n. Sin embargo, cualquiera que sea el punto de vista con el que se pretende interpretar a la violencia, hay que admitir que no se puede dar una sola raz&oacute;n. Debido a que existen teor&iacute;as que tienden a demostrar la interdependencia de las normas que permiten la violencia f&iacute;sica, y de las que imponen la violencia social (Lossef y Tillmanns, 1997: 23).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, al examinar el t&eacute;rmino de violencia, uno puede destacar su contenido polis&eacute;mico, del cual se desprende la existencia de diversos discursos que en la pr&aacute;ctica se han construido en torno de sus m&uacute;ltiples dimensiones, dando lugar as&iacute; a una variedad de tipolog&iacute;as. Si a ello agregamos que el sentido de violencia se encuentra atravesado por una gran variedad de campos disciplinarios, entenderemos la existencia de tantas interpretaciones y la raz&oacute;n por la cual sus discursos tienden a ser fragmentados y apol&iacute;ticos (Del Olmo, 2000: 75).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El conjunto de estas caracter&iacute;sticas ha impedido, por un lado, dig&aacute;moslo as&iacute;, el desarrollo de una teor&iacute;a general de la violencia. Por el otro, comprender que la noci&oacute;n de violencia se convierte en un concepto propiamente pol&iacute;tico, lo cual empeora la dificultad para intentar definirla con precisi&oacute;n, en la medida en que es producto de una compleja combinaci&oacute;n de dimensiones que incluye los contenidos que la generan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En consecuencia, es una noci&oacute;n empleada indistintamente para enunciar un conjunto de hechos y situaciones completamente heterog&eacute;neas que parecieran no tener ninguna conexi&oacute;n entre s&iacute;. Por ejemplo, lo mismo implicar&iacute;a un intercambio agresivo de palabras, que un escrupuloso homicidio o el fraude de un cheque sin fondos. Es pues, un t&eacute;rmino vago y abierto a todo abuso ling&uuml;&iacute;stico con el que se han formulado tantas definiciones, como manifestaciones posibles puede tener. De ah&iacute; que esta pueda ser clasificada, seg&uacute;n la persona que la sufre: mujeres, ni&ntilde;os, ancianos, discapacitados, homosexuales, etc. O bien, seg&uacute;n su naturaleza de agresi&oacute;n, la cual puede ser f&iacute;sica, psicol&oacute;gica o sexual. Tambi&eacute;n seg&uacute;n el motivo, los cuales pueden ser pol&iacute;ticos, raciales o culturales, o bien, seg&uacute;n el lugar donde ocurre, como una casa, el trabajo, la calle o la escuela. Ahora bien, si a esta clasificaci&oacute;n agregamos que la violencia posee actores, formas y m&oacute;viles, entonces se puede deducir su multicausalidad. M&aacute;s a&uacute;n, si agregamos que cada una de estas clasificaciones tiende a ser construida en escenarios sociales, entendemos porque tambi&eacute;n suele hablarse de violencia pol&iacute;tica, econ&oacute;mica, social, intrafamiliar, laboral, etc. (Del Olmo, 2000:76&#45;77).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, con la diversidad de interpretaciones desde las cuales se puede definir la violencia, se puede deducir que lo peculiar de todas estas acepciones es que pueden actuar interrelacionadamente, con lo cual su comprensi&oacute;n se complica y, a su vez, se proliferan otras interpretaciones entorno al sentido y significado que pueda adquirir la violencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro aspecto agregado a esta compleja amalgama de nociones de la violencia es la constante e indistinta asociaci&oacute;n utilizada para enunciar sus actos, componentes o acciones como agresi&oacute;n, de tal manera que un&iacute;vocamente violencia y agresi&oacute;n son utilizadas para enunciar los mismos acontecimientos.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>&iquest;Qu&eacute; es la agresi&oacute;n?</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Intentar abordar la definici&oacute;n de la violencia como lo hemos observado, no es una tarea f&aacute;cil, pues arroja una serie de problemas metodol&oacute;gicos de entre los cuales surge la distinci&oacute;n entre &iquest;qu&eacute; es violencia? y &iquest;qu&eacute; es agresi&oacute;n?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para ello diremos que la agresi&oacute;n, a pesar de ser utilizada como un sin&oacute;nimo de violencia, requiere de ciertas precisiones, entre las cuales se encuentran: primero, lo que ser&iacute;a propiamente los conflictos inherentes, por llamar de alguna manera a la qu&iacute;mica del sujeto o bien a la estructura de la conformaci&oacute;n biol&oacute;gica. Por el otro, de los conflictos configurados, por las relaciones sociales y culturales que establecen complejas formas de interacci&oacute;n y relaci&oacute;n entre hechos, escenarios y campos sociales. Ello implica, examinar de una manera m&aacute;s profunda y amplia, el sentido que adquiere la violencia respecto de la agresi&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La agresi&oacute;n tiene que ser entendida como un mecanismo no da&ntilde;ino, natural e innato de reacci&oacute;n mec&aacute;nica defensiva y adaptativa, que posibilita la sobrevivencia en los animales. Lo que implica que la agresi&oacute;n es desencadenada como respuesta ante la amenaza de intereses vitales, o bien, en t&eacute;rminos generales puede ser definida como: aquella propiedad que poseen los seres vivos para poder subsistir.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otros autores afirman que la agresi&oacute;n no necesariamente posee una funci&oacute;n defensiva, tambi&eacute;n puede tener como meta perjudicar o causar un da&ntilde;o a otro ser vivo de manera intencional. Sin embargo, este tipo de agresi&oacute;n m&aacute;s bien se apega propiamente a lo que hemos definido como violencia, e incluso explica porque de manera tan recurrente escuchamos indistintamente el uso del t&eacute;rmino agresi&oacute;n tanto para calificar al sujeto que se expresa mediante improperios frente a los dem&aacute;s, como aquel que arremete f&iacute;sicamente contra otro sujeto. Ello implica que la violencia es diferenciadamente entendida, dependiendo del grupo que la interprete.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los te&oacute;ricos m&aacute;s importantes, el psicoanalista culturalista, y que se ha dedicado al an&aacute;lisis de la agresi&oacute;n, sin duda es Erich Fromm, quien no a dudado en afirmar que la violencia se monta sobre la agresi&oacute;n y sobre su potencialidad gen&eacute;tica. Para ello, establece una diferencia entre tipos de agresi&oacute;n, la primera denominada agresividad benigna o biol&oacute;gicamente adaptativa y, la segunda, es agresividad maligna o biol&oacute;gicamente no adaptativa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La agresividad benigna o adaptativa es una conducta no privativa de los animales, que tiene su origen en las respuestas innatas e instintivas del cerebro, cuya funci&oacute;n principal es la defensa frente a las amenazas vitales de la supervivencia. Este tipo de agresi&oacute;n se ha convenido en una de las fuentes principales de los impulsos agresivos del hombre en sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En consecuencia, es una respuesta filogen&eacute;ticamente programada y no espont&aacute;nea ni autogeneradora, es reactiva y defensiva, dirigi&eacute;ndose a la remoci&oacute;n de la amenaza, ya sea destruyendo o eliminando su fuente, y no precisamente por el placer de destruir, sino por la finalidad de conservar la vida. Ello implica que los sujetos s&oacute;lo se hayan motivados por su equipo neurofisiol&oacute;gico, a manifestar su incidencia por la agresi&oacute;n defensiva, &uacute;nicamente cuando est&aacute; en peligro; ya sea su vida, salud, libertad o propiedad. Por consiguiente, al cumplir su cometido, la agresi&oacute;n y sus equivalentes emocionales desaparecen (Fromm, 1997: 191).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta tendencia al uso de la agresividad, enunciada como violencia y transformada en historia para deslindarla de la biolog&iacute;a, suele ser m&aacute;s acentuada en el hombre que en los animales. Ello se debe, por un lado, a la gama de intereses vitales, los cuales son mucho m&aacute;s amplios en el hombre que en los animales. Por el otro, a las condiciones sociales, psicol&oacute;gicas, culturales y econ&oacute;micas, las cuales se vuelven un factor que propicia la agresi&oacute;n. Otro aspecto que favorece la agresi&oacute;n, seg&uacute;n Fromm, es la densidad de poblaci&oacute;n, la pobreza, la falta de estructura social y de v&iacute;nculos comunes y de inter&eacute;s por la vida, que en conjunto provocan estr&eacute;s como consecuencia de la disminuci&oacute;n y privaci&oacute;n del espacio y de las condiciones elementales para la protecci&oacute;n de la intrusi&oacute;n constante y directa de otros sujetos (Fromm, 1997: 119).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En consecuencia, la funci&oacute;n instintiva de la agresi&oacute;n contribuye a la supervivencia tanto del individuo como de la propia especie, de suerte tal que se pone al servicio de la vida, seg&uacute;n la tesis de Lorenz (Fromm, 1997: 33).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La agresividad maligna o biol&oacute;gicamente no adaptativa es utilizada para enunciar todos aquellos actos intencionados que causan da&ntilde;o a otro sujeto, animal u objeto inanimado. Es, dig&aacute;moslo as&iacute;, un tipo de agresi&oacute;n no programada filogen&eacute;ticamente que opera como defensa contra las amenazas. Por el contrario, es la acci&oacute;n da&ntilde;ina de un comportamiento aprendido que es destructivo y cruel. Esta es quiz&aacute; una de las caracter&iacute;sticas de la historia del hombre (Fromm, 1997: 193); sin embargo, no debemos dejar de lado que la agresi&oacute;n se diferencia, de acuerdo con los recursos de cada especie y, por tanto, cualquier agresi&oacute;n puede ser calificada de adaptativa desde punto de vista biol&oacute;gico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro de los grandes aportes a esta interpretaci&oacute;n es la teor&iacute;a de la agresi&oacute;n y la frustraci&oacute;n expuesta por Dollard en 1939, quien encontr&oacute; que la agresi&oacute;n es provocada por la existencia de una frustraci&oacute;n, y en consecuencia la frustraci&oacute;n siempre conduce a alguna forma de agresi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta teor&iacute;a de la frustraci&oacute;n es entendida como la interrupci&oacute;n de una actividad que avanza y se dirige hacia un objeto, o bien como la negaci&oacute;n o privaci&oacute;n de un deseo. Cuando se manifiesta esta conducta producto de la frustraci&oacute;n, aparece como respuesta la agresi&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumidas cuentas la interpretaci&oacute;n de la agresi&oacute;n puede ser le&iacute;da como un proceso de construcci&oacute;n y constituci&oacute;n de tres momentos: el primero a partir del momento en el que el hombre toma conciencia; el segundo, de la significaci&oacute;n y uso del espacio y, el tercero, constituido por la dimencionalidad atribuida al tiempo. En conjunto estos tres elementos constitutivos de la agresi&oacute;n pueden ser interpretados desde diferentes visiones y concepciones disciplinarias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta proliferaci&oacute;n de interpretaciones puede ser agregada en dos grandes tendencias: la primera es la teor&iacute;a biologista o tambi&eacute;n definida como reduccionista. La segunda, la cual posee un espectro de interpretaci&oacute;n mucho m&aacute;s amplio, son las teor&iacute;as sociales o culturalistas.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Juicios biologistas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta tendencia es catalogada como una de las aportaciones m&aacute;s importantes en la explicaci&oacute;n de la violencia, su basamento se encuentra anclado en la insistencia de buscar las causas de ciertas manifestaciones de acci&oacute;n del sujeto en factores estrictamente individuales e incluso no ha dudado en afirmar que las razones de tales comportamientos son innatas y naturales del hombre, son una herencia maldita que nuestros ancestros nos han dejado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es una concepci&oacute;n que ha desarrollado una visi&oacute;n particular de la violencia, y que encuentra sustento en las tesis de C&eacute;sar Lombroso, quien en 1876 expuso en su libro <i>El hombre delincuente</i>, la existencia de ciertos rasgos comunes en todos aquellos sujetos criminales, a los cuales denomin&oacute; delincuentes natos o seres at&aacute;vicos, cuyo comportamiento y rasgos f&iacute;sicos, seg&uacute;n el autor, se encontraban m&aacute;s estrechamente ligados al chimpanc&eacute; que al hombre. Esta interpretaci&oacute;n de la violencia criminal fue un elemento esencial para desprender sucesivas reflexiones desde esta &oacute;ptica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El efecto inmediato de estas reflexiones, dio como resultado el nacimiento de la frenolog&iacute;a, la cual ten&iacute;a como objetivo la predicci&oacute;n del comportamiento del sujeto a partir de las caracter&iacute;sticas particulares de su cr&aacute;neo. Posteriormente aparecen estudios anclados desde la gen&eacute;tica, pretendiendo dar explicaci&oacute;n a la desigualdad social, teniendo como basamento la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n. Sin embargo, independientemente de sus juicios, los cuales forman el piso te&oacute;rico de la llamada concepci&oacute;n reduccionista, son visiones disciplinarias que han aportado valiosa informaci&oacute;n en el estudio de los seres humanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre estas disciplinas. aparte de la gen&eacute;tica, se encuentra la paleoantropolog&iacute;a con sus tesis del simio asesino y la agresividad at&aacute;vica. Esta disciplina utiliza como argumentos de demostraci&oacute;n, el comportamiento violento, la crueldad, el canibalismo y los ritos de sacrificios realizados por algunos grupos culturales catalogados como primitivos, de los cuales se desprende la conclusi&oacute;n de que a lo largo de la historia, el hombre ha heredado el comportamiento violento como resultado de un instinto y de un sistema endocrino cuya fisiolog&iacute;a es fuente de agresi&oacute;n. Otras disciplinas relacionadas con esta concepci&oacute;n reduccionista ser&iacute;an la etolog&iacute;a y la sociobiologia, apoyada en la tesis de la v&aacute;lvula de escape de Lorenz.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, la gen&eacute;tica es quiz&aacute; la disciplina que m&aacute;s sustento ha brindado a las teor&iacute;as reduccionistas de la violencia, o bien patologistas. Decimos patol&oacute;gicas porque muchas de estas interpretaciones provenientes de diversas disciplinas de las ciencias biol&oacute;gicas, han insistido en catalogar las acciones y comportamientos violentos del sujeto como una enfermedad propia y heredada en el g&eacute;nero humano, que altera su organismo produciendo cambios estructurales y funcionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La vigencia de estos juicios se puede constatar en los argumentos de autores contempor&aacute;neos como D. Morris y Murray, quienes consideraron que los sujetos heredamos rasgos f&iacute;sicos; como el color de la piel, los ojos y estatura, al igual que el comportamiento y la inteligencia. En consecuencia, la violencia en el sujeto es inevitable e innata, dado que se encuentra programada dentro de nuestros genes. Ello explica, seg&uacute;n estos autores, el porqu&eacute; el ser humano es el &uacute;nico animal que hace da&ntilde;o sin necesidad y, adem&aacute;s, disfruta de esa conducta.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En general, esta concepci&oacute;n se ha encargado de probar que las manifestaciones y comportamientos violentos del sujeto, tienen su origen en las estructuras bioqu&iacute;micas, en otras palabras, seg&uacute;n esta concepci&oacute;n el comportamiento de cualquier individuo no difiere del comportamiento de su qu&iacute;mica corp&oacute;rea. Por ejemplo, los argumentos m&aacute;s recientemente conocidos, son aquellos difundidos en el Congreso Internacional de Biolog&iacute;a y Sociolog&iacute;a de la Violencia, celebrado en la ciudad de Valencia en 1996, Espa&ntilde;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este congreso, la atenci&oacute;n se centra en tres argumentaciones en torno a la respuesta violenta de los individuos. La primera, propuesta por el profesor Bruce Miller, de la Universidad de California, quien explic&oacute; que el origen de las conductas antisociales y violentas de los sujetos, obedecen particularmente a da&ntilde;os o lesiones producidas en el l&oacute;bulo frontal del cerebro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, seg&uacute;n los estudios realizados R. Hare, quien afirma que la evoluci&oacute;n biol&oacute;gica ha construido una serie de mecanismos que mantienen dentro de un orden la agresividad, cuando &eacute;stos se ven alterados o pierden su funcionamiento crean est&iacute;mulos que potencian la agresividad en los sujetos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, la constituci&oacute;n del cerebro humano en un proceso de evoluci&oacute;n estar&iacute;a marcada primero, por el tallo encef&aacute;lico, tambi&eacute;n conocido como cerebro reptiliano o cerebro primitivo, el cual se encuentra situado al final de la m&eacute;dula espinal y dependen de &eacute;l funciones b&aacute;sicas como las reacciones y los movimientos autom&aacute;ticos. Este cerebro se encuentra encajado en el denominado sistema l&iacute;mbico, lugar del origen de las emociones, y no necesariamente de la conciencia, es una serie de estructuras donde se haya la am&iacute;gdala, que en conjunto rodean al cerebro reptiliano. Por su parte, el cerebro m&aacute;s joven llamado neoc&oacute;rtex, cuya &aacute;rea es mucho mayor en los humanos que en resto de los animales, tiene la funci&oacute;n especifica de propiciar la reflexi&oacute;n de las emociones denominadas sentimientos. Es la encargada de hacemos sentir nuestras propias emociones, en tanto, si esta estructura sufre alguna alteraci&oacute;n en su proceso de constituci&oacute;n por factores externos, propiciar&aacute; que ignoraremos nuestras emociones y en consecuencia las emociones de los dem&aacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, la am&iacute;gdala, seg&uacute;n esta perspectiva, es la que se encuentra estrechamente ligada a la agresividad y conectada con la corteza prefrontal, que es la parte de la corteza cerebral delantera, de manera tal que la am&iacute;gdala se conecta con la parte de la corteza cerebral llamada corteza orbitofrontal, que es la parte de la corteza prefrontal situada encima de nuestras &oacute;rbitas oculares. En este sentido, si la am&iacute;gdala en concreto se coloca fuera del alcance de la corteza orbitofrontal, transforma la agresividad en violencia. En consecuencia, si la base biol&oacute;gica del sujeto se encuentra defectuosa, dicha alteraci&oacute;n o defecto propiciar&aacute; mecanismos que desatan la agresividad incontrolada en violencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda explicaci&oacute;n del origen de la violencia gira en torno a dos interpretaciones, la primera, que es quiz&aacute; la m&aacute;s novedosa pero con poco sustento de explicaci&oacute;n, fue la de Randy Nelson, endocrin&oacute;logo y psic&oacute;logo, quien afirma que la presencia de bajos niveles de &oacute;xido n&iacute;trico es una de las causas que propicia no s&oacute;lo conductas violentas en los sujetos, tambi&eacute;n genera un comportamiento hipersexual y un estado de mayor agresividad. La otra anclada a las viejas tesis de la hormona de la ira o bien la teor&iacute;a de la adrenalina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las catecolaminas producidas en los ri&ntilde;ones son la fuente de creaci&oacute;n de la adrenalina y de la noradrenalina, producidas en situaciones de riesgo, peligro, ira, angustia o miedo.<sup><a href="#notas">4</a></sup>&nbsp;Es un mecanismo fisiol&oacute;gico que se da tanto en hombres como en animales, y tiene como funci&oacute;n preparar al organismo para un enfrentamiento o lucha. Al segregarse esta substancia se aumenta la presi&oacute;n arterial, as&iacute; como los niveles de glucosa en la sangre, los jugos g&aacute;stricos, y se acelera la respiraci&oacute;n. Mientras dura este proceso se registra una disminuci&oacute;n, en la percepci&oacute;n sensorial del cuerpo, de manera tal que facilita la resistencia a las lesiones muy dolorosas sin ser consciente de ellas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; el cerebro, reacciona ante cualquier amenaza enviando mensajes al hipot&aacute;lamo, mientras que la hip&oacute;fisis se dirige al sistema endocrino para segregar adrenalina, noradrenalina, cortisona y otras hormonas producidas por las gl&aacute;ndulas suprarrenales, las cuales se encargan de permitir la liberaci&oacute;n del desgaste de energ&iacute;a. De esta manera, las emociones de agresividad activa se acompa&ntilde;an de un aumento en la descarga de noradrenalina, mientras que la ansiedad pasiva se asocia a un aumento en la descarga de la adrenalina. Por su parte, en las situaciones de emergencia la hip&oacute;fisis, que es una gl&aacute;ndula directriz, env&iacute;a mensajes qu&iacute;micos como la serotonina que act&uacute;a como interruptor de la violencia, de igual forma produce adrenocorticotropa (ACTH), la cual tiene la funci&oacute;n de entorpecer la agresi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta perspectiva, la adrenalina reacciona mediante efectos qu&iacute;micos provocados por los estados de &aacute;nimo, el celo, la ira, la excitaci&oacute;n sexual, la risa y la alegr&iacute;a son emociones asociadas con ambientes pesados, mientras que la euforia de un concierto, de un partido de f&uacute;tbol o de una manifestaci&oacute;n pol&iacute;tica, as&iacute; como la histeria, el p&aacute;nico colectivo, la sugesti&oacute;n y el fanatismo, se encuentran asociados a la influencia qu&iacute;mica de la producci&oacute;n de catecolaminas. En consecuencia, los estados de tensi&oacute;n o de estr&eacute;s definidos como una respuesta inespecifica, bien se han catalogado como la privaci&oacute;n de est&iacute;mulos o en su defecto la estimulaci&oacute;n excesiva de estos propician un estado de agresividad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otros dos qu&iacute;micos relacionados con el comportamiento violento son: la serotonina, que es un neurotrasmisor que induce la comunicaci&oacute;n en las c&eacute;lulas cerebrales. As&iacute;, al acumularse en los receptores logra ligarse a diferentes funciones como el control de est&iacute;mulos, el estado de &aacute;nimo, el sue&ntilde;o, el apetito y el temperamento. En consecuencia, cuando un sujeto registra bajos niveles de esta substancia se encuentra m&aacute;s estrechamente relacionado con el aumento de conductas o comportamientos impulsivos en actos violentos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El otro es la testosterona, con el cual se pretende demostrar la estrecha asociaci&oacute;n existente entre el comportamiento destructivo y el comportamiento impulsivo del sujeto. Para ello, David Nelson, bi&oacute;logo molecular del Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos de Norteam&eacute;rica, parte de la siguiente pregunta <i>&iquest;por qu&eacute; los hombres evidencian m&aacute;s su comportamiento violento que las mujeres?</i> De hecho, afirma que los hombres no s&oacute;lo son los que cometen 90 por ciento de los cr&iacute;menes violentos de todo el mundo, tambi&eacute;n son 3 veces m&aacute;s propensos que las mujeres a cometer suicidio. Este juicio le condujo a la siguiente pregunta<i> &iquest;qu&eacute; elementos qu&iacute;micos en la composici&oacute;n de la estructura masculina hacen que se comporten as&iacute;?</i> La respuesta la encontr&oacute; en los niveles de concentraci&oacute;n del qu&iacute;mico llamado testosterona, el cual se presenta en mayor cantidad en los hombres que en las mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer argumento difundido en este congreso, fue propuesto por el bi&oacute;logo genetista Han G. Brunner, de la Universidad de Nimega, Holanda, quien afirma que el temperamento o comportamiento agresivo y violento del sujeto, tiene su origen en los bajos niveles de registro de la enzima monoman&iacute;aoxidosa (MAO), que forma parte de la qu&iacute;mica del cuerpo. Por consiguiente, los bajos niveles de (MAO) pueden conducir a los sujetos a caer en un estado no estable o vulnerable para cometer alg&uacute;n delito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En consecuencia, los niveles en el aumento de las pr&aacute;cticas y acciones violentas de un sujeto, se encuentran directamente relacionadas con la disminuci&oacute;n hasta en un tercio de lo que normalmente se registra de esta enzima en un sujeto normal. Esta disminuci&oacute;n se encuentra marcadamente diferenciada dado que en los hombres los niveles son m&aacute;s bajos que en las mujeres. Otro aspecto a subrayar radica en que la menor concentraci&oacute;n de esta enzima se presenta en los periodos de juventud del sujeto, de manera tal que conforme avanza la edad el nivel de (MAO) aumenta y por tanto el sujeto tiende a ser menos agresivo y violento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De estos juicios. Brunner afirma que tanto los sujetos que practican deporte de riesgo, como los sujetos violentos de comportamiento agresivo presentan, por un lado, las mismas caracter&iacute;sticas de concentraci&oacute;n de esta enzima y, por el otro, se demostr&oacute; que muchos de estos sujetos poseen en la estructura de formaci&oacute;n de su DNA una versi&oacute;n larga de un gen llamado D4DR ubicado en el cromosoma 11. De esta manera tanto los sujetos que practican un deporte de riesgo como los de comportamiento violento, o los que consumen alg&uacute;n tipo de droga, son sujetos que manifiestan alg&uacute;n tipo de placer y emoci&oacute;n al enfrentarse al riesgo. De igual forma, se explica la b&uacute;squeda del riesgo y de las emociones de excitaci&oacute;n y de placer, que provocan situaciones de peligro en la mayor&iacute;a de los j&oacute;venes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como podemos observar, esta concepci&oacute;n constituye la explicaci&oacute;n de la violencia como una herencia adquirida e innata. Sin embargo, ello no implica que necesariamente estemos de acuerdo con sus postulados, pero tampoco podemos soslayar la relaci&oacute;n existente entre los componentes bioqu&iacute;micos del cuerpo humano y determinados comportamientos, particularmente el v&iacute;nculo de la monoman&iacute;aoxidasa con la conducta compulsiva agresiva, o las disfunciones de la corteza cerebral y los altos niveles de testosterona asociados a ciertos tipos de violencia, con los cuales resulta indudable el poder de la herencia, aunque a los genes no necesariamente pueda atribuirse una influencia determinante, en la medida en que estos se encuentran en interacci&oacute;n con el entorno del medio ambiente.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez expuestas las principales lineas de argumentaci&oacute;n en torno a la concepci&oacute;n biologista, y su estrecha relaci&oacute;n con el uso y el sentido atribuido al concepto de agresi&oacute;n, tendr&iacute;amos que establecer, bien sea la relaci&oacute;n o bien sea la diferencia, entre agresi&oacute;n y violencia. Sobre todo porque, si un juicio tenemos que desprender de las tesis anteriores es que: el comportamiento del sujeto no se encuentra aislado de las reacciones generadas por su propio organismo. Esta es quiz&aacute; la raz&oacute;n por la cual en torno a estos discursos biologistas se ha desprendido la idea de una concepci&oacute;n de hombre integral e indivisible. No obstante, que los argumentos expuestos por estas disciplinas suelen ser lo suficientemente contundentes e incluso bastante seductores, no debemos dejamos llevar por su elocuencia sin dejar de contemplar el papel que juega la influencia y las condiciones del medio ambiente en el que los sujetos se desenvuelven, sobre todo si admitimos que las condiciones que se establecen entre el sujeto y el medio ambiente, son formadas, deformadas e influidas por la din&aacute;mica que el sujeto establece en la cotidianidad de su contacto y en la din&aacute;mica establecida de sujeto a sujeto.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><b><font size="2" face="verdana">Interpretaci&oacute;n social</font></b></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La realidad social ha tomado por asalto a los modelos construidos para explicar un fen&oacute;meno que es propio de la sociedad y se oculta bajo la mascara que cubre el rostro de la violencia social. Violencia que se ha vuelto sin&oacute;nimo de una realidad que ha emprendido una vertiginosa carrera que intensifica sus propias contradicciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El escenario de una sociedad con tales caracter&iacute;sticas vive problemas relacionados con conflictos armados, delincuencia, narcotr&aacute;fico, corrupci&oacute;n y la lucha por el poder pol&iacute;tico entre grupos o partidos, estas contradicciones han adquirido una dimensi&oacute;n global; sin embargo, las interpretaciones expuestas por aquellos cient&iacute;ficos sociales dedicados al estudio de la violencia no se han cansado de insistir que la raz&oacute;n de tal comportamiento en la sociedad tiene viejas causas; la dependencia, el subdesarrollo, la pobreza, la marginaci&oacute;n, el racismo y la sobre explotaci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta perspectiva la violencia s&oacute;lo puede ser le&iacute;da como aquel efecto m&uacute;ltiple que gravita en el espacio de la condici&oacute;n econ&oacute;mica, pol&iacute;tica y cultural, que incluso ha llegado a adquirir dimensiones morales producto de la crisis del malestar del individuo en la sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El conjunto de las interpretaciones venidas desde este &aacute;ngulo, se encuentra anclado a la correlaci&oacute;n del paradigma violencia&#45;hombre, violencia&#45;sociedad. En consecuencia, un abordaje desde esta perspectiva presupone comprender porque muchos de los esfuerzos por buscar respuesta al fen&oacute;meno de la violencia, parten del basamento conceptual de cultura, en la medida en que est&aacute; adquiere importancia, dado que de ella se determina la forma de interacci&oacute;n entre los sujetos y su entorno. Esta tesis permite comprender aquellos juicios que afirman que la raz&oacute;n &uacute;ltima de toda manifestaci&oacute;n y causa de violencia, se encuentra ligada al desarrollo social. De ah&iacute; que no sea extra&ntilde;o admitir que la mayor&iacute;a de los ejes de argumentaci&oacute;n a favor de la explicaci&oacute;n de la violencia se encuentren basados en la pobreza, la marginaci&oacute;n, el abuso del poder, la corrupci&oacute;n y la impunidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dentro de esta l&iacute;nea de explicaci&oacute;n existen tesis extremistas, por decirlo as&iacute;, para no utilizar otro calificativo. Una de &eacute;stas es la ya celebre y famosa tesis del norteamericano Charles Murria, quien afirma en su libro <i>Losing Groud</i> que tambi&eacute;n es conocido como la "Biblia de los conservadores", la justificaci&oacute;n necesaria para reprimir violentamente los des&oacute;rdenes sociales provocados por aquellos sectores populares de m&aacute;s bajos recursos, debido a que &eacute;stos se convierten en un obst&aacute;culo para el desarrollo nacional, dado el exceso de pol&iacute;ticas encaminadas a la ayuda de indigentes y los recursos que ello implica. Afirma que al destinar ayudar a estos grupos, lo &uacute;nico que se logra es recompensar la inactividad y con ello inducir la degeneraci&oacute;n moral de las clases populares, debido a que estos grupos son proclives a uniones ilegitimas, las cuales son la causa &uacute;ltima de todos los males sociales, de entre los cuales destaca la violencia urbana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, seg&uacute;n Charles Murria, la anarqu&iacute;a entre los pobres, la cual se concentra particularmente en las ciudades, es provocada por la ayuda social de muchos estados paternalistas, que lo &uacute;nico que logran con tal ayuda, es pervertir el deseo del trabajo, socavando la familia patriarcal y erosionando el fervor religioso, los cuales son resortes de la prosperidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las diferentes interpretaciones, construidas en torno al fen&oacute;meno de la violencia social, y los m&uacute;ltiples esfuerzos aislados, que han buscado una respuesta, han dado lugar, como lo hemos mencionado, a una amplia tipolog&iacute;a de nociones de la violencia, que guarda una estrecha concordancia con las condiciones hist&oacute;ricas en las que se dise&ntilde;a la interpretaci&oacute;n. Estas interpretaciones podr&iacute;an ser conceptualizadas desde tres dimensiones: la primera como aquel proceso no expl&iacute;cito, es decir una violencia hist&oacute;rica o estructural, tal seria el caso de la pobreza o la marginaci&oacute;n. Ambas formas catalogadas como manifestaciones tradicionales de violencia. Estos estudios, en su mayor&iacute;a, parten de una concepci&oacute;n cultural fronteriza, cuyo bajo desarrollo social est&aacute; ligado al denominado modelo de explicaci&oacute;n de la violencia estructural; la segunda est&aacute; dada por la percepci&oacute;n de aquella acci&oacute;n directamente observable en un sujeto o en un grupo de sujetos, cuyos actos son expresados como el sin&oacute;nimo de una violencia real, abierta, c&iacute;nica y depravada, que da como consecuencia el maltrato f&iacute;sico o la muerte; la tercera es una concepci&oacute;n mucho m&aacute;s amplia contenida por la acci&oacute;n cultural, es decir, hablamos de la expresi&oacute;n de una violencia oculta y simb&oacute;lica, que sirve para justificar y legitimar los ductos de las redes d&iacute;se&ntilde;adas por las otras dos dimensiones anteriores, las cuales en conjunto conforman una relaci&oacute;n de causa efecto (Kowarick, 1991: 91).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En consecuencia, la violencia es vista como una de las v&iacute;as primordiales para la construcci&oacute;n social de una realidad, que habitualmente es reconocida por los sujetos como una fantas&iacute;a dada por el mercado de consumo y por una ficci&oacute;n de la modernidad, la cual en muchas ocasiones juega un papel de mayor importancia que la misma realidad e incluso desde la frontera de esta ficci&oacute;n, es donde el Estado usualmente justifica la violencia a la que recurre persuadiendo a la poblaci&oacute;n de la justicia de sus acciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una violencia producto de un sistema social selectivo, que dise&ntilde;a y forma una serie de mecanismos institucionalizados a trav&eacute;s de los cuales se logra un proceso de control social, sometimiento y exclusi&oacute;n. As&iacute;, la gente de hoy vive inmersa en diversos campos de violencia cotidiana; violencia generada por el tr&aacute;nsito automovil&iacute;stico, de hombres y mujeres, de jefes y subordinados, de fuertes y d&eacute;biles. Violencia que conduce cada vez m&aacute;s a encerrarnos en nosotros mismos, y a ense&ntilde;amos que quienes la imponen y la controlan obtienen beneficios personales en la medida en que la violencia no s&oacute;lo produce marginaci&oacute;n, exclusi&oacute;n y fragmentaci&oacute;n; sino que tambi&eacute;n integra a los sujetos mediante el uso y la socializaci&oacute;n de su pr&aacute;ctica. Esta perspectiva permite comprender entonces que el sistema de estructura social es violento por naturaleza propia, pues expulsa de los beneficios sociales a un gran porcentaje de los miembros de una sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra interpretaci&oacute;n derivada de este discurso, es aquella cuyo basamento de explicaci&oacute;n pondera la dimensi&oacute;n de la vida cotidiana, de forma tal que la socializaci&oacute;n de una pr&aacute;ctica de la violencia puede ser entendida en la medida en que forma parte tambi&eacute;n de una representaci&oacute;n social expresada en el ejercicio de configuraci&oacute;n de un habitus, seg&uacute;n Bourdieu. El cual adquiere un proceso doble de objetivaci&oacute;n y anclaje, que nos permite comprender la manera en que los hombres en sociedad representan sus relaciones entre si y con el mundo en el que vive. Relaciones que dan cuenta de una cultura y de un mundo simb&oacute;lico que se explica como una lengua a trav&eacute;s de la cual se expresa el poder y las formas en las que se integran las redes de relaciones sociales que establecen los sujetos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, la violencia desde esta perspectiva adquiere la capacidad de imponerse a cada sujeto bajo formas y pr&aacute;cticas simb&oacute;licas interiorizadas por medio de una cultura subjetiva, que es compartida y reproducida de manera colectiva a trav&eacute;s de las actividades pr&aacute;cticas, conductas, pensamientos y juicios que forman parte de un orden cultural constitutivo de lo real y de la organizaci&oacute;n social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En consecuencia, la violencia es parte ineludible de una realidad material que se confabula con un campo de acci&oacute;n cultural, donde sus manifestaciones particulares y diferencias son comprendidas como una forma de vida que se hace sentir por donde quiera, mediante un lenguaje caracterizado por formas, ideas, conceptos, categor&iacute;as o pr&aacute;cticas, las cuales se expresan en sentimientos colectivos socialmente ligados a emociones de diversa &iacute;ndole, los cuales se manifiestan por la falta de participaci&oacute;n de espacios culturales, sociales y pol&iacute;ticos basados en la exclusi&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De ah&iacute;, que plantearse un pacto contra la violencia constituya un cuadro de buenas intenciones y un c&uacute;mulo de aparentes respuestas positivas, pero insuficientes en la medida en que generalmente partimos del diserto de modelos y mecanismos de acci&oacute;n violenta para confrontar a la violencia (Touraine, 1997:13).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hombre de hoy es un sujeto encerrado en si mismo, es el resultado de agudas y lacerantes injusticias y desigualdades marcadas por un desmoronamiento social de la vida p&uacute;blica y el florecimiento del individuo y el retorno a la vida privada. Del predominio de logros personales, la supreci&oacute;n del espacio colectivo y la aceleraci&oacute;n de los tiempos hist&oacute;ricos, la proliferaci&oacute;n de los no lugares y los espacios del anonimato, la emergencia de nuevas reglas de exclusi&oacute;n desde los espacios urbanos y finalmente el triunfo de la comunicaci&oacute;n a distancia y los trazos electr&oacute;nicos en los que se anida la violencia por el ejercicio de un constante y abierto consumo de &eacute;sta, por la b&uacute;squeda de un placer por el placer mismo (Kowarick, 1991: 86).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Violencia producto de las grandes agencias de socializaci&oacute;n, dadas por la industria de la radio, del cine, de la prensa, que lejos de construir diques contra la violencia, la estimulan. Sobre todo, porque muchos de estos medios de comunicaci&oacute;n, antes eran lejanos para determinados grupos de la sociedad, hoy sin embargo, son compartidos y asimilados por todos y para todos, casi de manera instant&aacute;nea, lo que los a hecho convertirse en el referente filos&oacute;fico de millones de ni&ntilde;os, j&oacute;venes y adultos que se encuentra hoy condenados al ocio y al desempleo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como podemos observar, una visi&oacute;n desde esta perspectiva, en t&eacute;rminos generales, parte del supuesto de la explicaci&oacute;n de la violencia entendida como una de las expresiones de la acci&oacute;n directa del sujeto: es decir, de aquellos hechos clasificados, o tipificados por quienes tienen la posibilidad de narrar la percepci&oacute;n de tales acontecimientos. De ahi que no es extra&ntilde;o encontramos con muchos escritos de naturaleza descriptiva, lo cuales puedan ser catalogados como un inventario de aquellas percepciones agrupadas cuantitativamente de las acciones catalogadas como violentas, que lo &uacute;nico que logran es elevar el grado de intensidad de las situaciones que atemorizan a los sujetos; un ejemplo claro, ser&iacute;an las abundantes descripciones producto del narcotr&aacute;fico, los &iacute;ndices de robos de veh&iacute;culos, asaltos, violaciones, homicidios, secuestros, etc., que las autoridades y los medios de comunicaci&oacute;n masiva se encargan fervientemente de socializar d&iacute;a a d&iacute;a.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Limitaciones y aciertos</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como podemos observar, limitarnos al an&aacute;lisis de la violencia, concebida en el primer rubro, el cual hemos denominado como an&aacute;lisis tradicional, es quiz&aacute; uno de los factores que en buena medida han contribuido al acrecentamiento como a la complejidad para tratar de encontrar una definici&oacute;n t&aacute;cita de la violencia, sin dejar de reconocer que sus aportes han sido de gran importancia para entender la naturaleza biol&oacute;gica del hombre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dichas explicaciones, sin duda, perm&iexcl;ten afirmar, a pesar de que muchos nos resistamos a reconocer, que la violencia social posee cierto anclaje en la estructura corp&oacute;rea del sujeto, la cual se conjuga con los escenarios, condiciones y patrones culturales de la vida social del sujeto. As&iacute;, la resultante es una sociedad cuya violencia se presenta como una constante, la cual posee en determinados momentos mayor presencia. En consecuencia, podemos afirmar entonces, que el problema de la violencia social es un problema civilizatorio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien el problema central en ambas interpretaciones reside en la forma de abordar la reflexi&oacute;n de la violencia. Sin embargo, tenemos que subrayar que la interpretaci&oacute;n biologista, encuentra su mayor dificultad, dada la naturaleza disciplinaria desde donde se han construido sus interpretaciones, radica en el tratamiento indiferenciado que otorga a la agresi&oacute;n y la violencia para constituir una sola explicaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde luego esta distinci&oacute;n que insistimos en puntualizar, no implica buscar el origen de la violencia en la biolog&iacute;a, por el contrario, nos adherimos a las interpretaciones que catalogan esta explicaci&oacute;n, como un acto de herej&iacute;a. Sobre todo porque la biolog&iacute;a parte de aquel entendido, en el que explica a la agresi&oacute;n, como un sin&oacute;nimo de la violencia, la cual es catalogada, como la respuesta de un factor instintivo e innato de cada sujeto o animal. Sin embargo, nosotros compartimos aquella idea, que insiste en buscar las ra&iacute;ces de la violencia social en una construcci&oacute;n cultural, configurada por la interacci&oacute;n del sujeto, con el sujeto mismo. As&iacute;, la vida cotidiana se convierte en un acto que nos sirve para medir la violencia entre los sujetos, y para entender que la violencia es una actitud aprendida y fomentada por la sociedad. M&aacute;s bien con estos juicios, pretendemos construir un referente para poder deducir desde d&oacute;nde podemos cuestionar el origen de la violencia.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>&iquest;Desde d&oacute;nde cuestionar el origen de la violencia?</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los procesos de cambio social, y en particular las distintas formas que se fijaron para el abordaje de la violencia, como hemos podido observar, han sido constituidas desde diferentes posiciones disciplinarias: la psicolog&iacute;a, la antropolog&iacute;a, la biolog&iacute;a, y la criminolog&iacute;a, entre otras, e incluso muchas de &eacute;stas, poseen una fracci&oacute;n social m&iacute;nima de expresi&oacute;n. Sin embargo, en nuestro medio, algunas de ellas contin&uacute;an prevaleciendo sobre las otras, manteniendo as&iacute; una clara hegemon&iacute;a sostenida por la percepci&oacute;n que los sujetos hacen de la violencia. En todo caso, las diferentes nociones en cuanto a sus caracter&iacute;sticas, no dejan de estar influenciadas por el cambio social del contexto en el que se sit&uacute;an, ello implica reconocer que ambas perspectivas constituyen una buena base para realizar un an&aacute;lisis comparativo de sus diferentes tesis; sin embargo, nos enfrentamos a los diques ideol&oacute;gicos y disciplinarios que nos lo impiden.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ello presupone admitir que en las l&iacute;neas expuestas anteriormente no hemos abordado en su totalidad las concepciones construidas por todas estas disciplinas. Lo que implica admitir que seguramente existen m&uacute;ltiples puntos de intersecci&oacute;n interdisciplinaria de transdisciplinariedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, s&iacute; hemos pretendido se&ntilde;alar estas dos grandes interpretaciones, una de manera analizada y explicada como proceso, y la otra como producto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, lo que tenemos frente a nosotros, son diferentes lecturas imaginarias de actos y acciones violentas que nos asustan. Si esto es as&iacute;, entonces admitimos la primac&iacute;a de interpretaci&oacute;n cultural, bordada por un miedo que nos lleva al l&iacute;mite de la sobre vivencia social, ello implica que la construcci&oacute;n social de la violencia, no es posible separarla de la acci&oacute;n cotidiana del sujeto, simplemente porque &eacute;sta parte de los criterios de distinci&oacute;n puestos por el observador, en la medida en que &eacute;ste, b&aacute;sicamente lo que observa de la violencia es s&oacute;lo su producto final. Es decir, que muchos de nosotros tenemos la creencia de que la violencia s&oacute;lo se desarrolla en la acci&oacute;n directa de un sujeto hacia otro sujeto.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vista as&iacute; la violencia, implica admitir que existen factores tanto de una interpretaci&oacute;n como de la otra, que impiden interpretar su expresi&oacute;n por lo fragmentado de sus explicaciones. Nos impiden entonces, constituirla como una realidad social anclada en el marco de diminutas acciones individuales, expresadas por el miedo. Un miedo que neutraliza el sufrimiento de los pobladores de la ciudad, por la complejidad de la fragmentaci&oacute;n de sus espacios urbanos, los cuales adquieren un significado y una expresi&oacute;n material, a partir de las experiencias personales a las que se enfrentan los sujetos con la violencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo combinar los v&iacute;nculos de la relaci&oacute;n que guarda el miedo y la agresi&oacute;n, con la noci&oacute;n de violencia? Primero, diremos que estos tres aspectos adquieren su densidad simb&oacute;lica en un espacio como la ciudad, simplemente porque la ciudad es considerada como la proyecci&oacute;n de sociedad. Una sociedad compleja, multiforme, excluyente y plural, que el citadino crea y configura en la percepci&oacute;n de su propio mundo de la ciudad, fisurando sus experiencias y clasificando sus semejanzas, a trav&eacute;s de s&iacute;mbolos socialmente compartidos.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las percepciones preponderantes que ofrecen las grandes ciudades contempor&aacute;neas, es la libertad, el movimiento, la extensi&oacute;n y el anonimato. Sin embargo, lo terriblemente contradictorio de su ofrecimiento de libertad, movimiento, extensi&oacute;n y anonimato, ha obstruido y limitado la visi&oacute;n que el sujeto tiene de la ciudad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los amplios espacios, y sus m&uacute;ltiples libertades han sucumbido al hombre a un temor producido por la gran desigualdad social, por el marcado individualismo, que ha desarticulado y transformado la percepci&oacute;n de una ciudad llena de libertades, sin obst&aacute;culos y sin l&iacute;mites.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El amplio margen de libertad, y anonimato de la vida cotidiana en la ciudad, es una de las causas que facilitan el aumento de la violencia. Una ciudad, que constantemente pone a prueba sus capacidades vitales, para relacionarse con el ambiente en el que se desenvuelve, un hombre que debe aprender a luchar para insertarse constantemente a los usos, a las pr&aacute;cticas y a las costumbres que la ciudad le obliga. Una ciudad, que debe ser interiorizada desde un mundo propio y ajeno, en el que &eacute;ste debe reconocer su propia existencia (Heller, 1970: 42&#45;44).</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>&iquest;C&oacute;mo captar las distintas proyecciones sociales que la violencia tiene en la ciudad?</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La ciudad es el espacio de una moderna urbe, donde existen formas no escritas para prevenir la violencia, el peligro y la muerte, es un espacio cuya magnitud nos impide tener un conocimiento espec&iacute;fico de la violencia, a lo sumo, la &uacute;nica visi&oacute;n real que podemos tener de sus acciones es la sumatoria de sus resultados, asesinatos, robos, violaciones, etc. De hecho, si no pudi&eacute;ramos ver la aplicaci&oacute;n en sus acciones, ser&iacute;a casi imposible creer en ella.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, el desconocimiento espec&iacute;fico de la totalidad del territorio que ocupa la ciudad, de la especializaci&oacute;n y fragmentaci&oacute;n de sus espacios, es un factor que genera miedos en sus pobladores, por su magnitud, por la imposici&oacute;n de sus propios tiempos, de su propia l&oacute;gica de lo impredecible, que despierta en nosotros viejos temores ancestrales, en ella puede suceder todo o nada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta visi&oacute;n fragmentada de su espacio, condensa el tiempo en la ciudad e impone un desorden en el paisaje urbano de m&uacute;ltiples entradas y escasas salidas. El resultado es un temor a la ciudad, a sus recovecos, rincones, distancias y espacios: un temor estrechamente relacionado a la perdida del control del medio en el que nos movemos. Hoy, en la ciudad se vive como en una gran guerra, en la que los sujetos se encuentran expuestos a la sorpresa de un ataque, a la presi&oacute;n constante de su agitada vida y a la permanente amenaza de la violencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La ciudad, potencia nuestros sentidos a toda su capacidad para esperar lo inesperado, de ah&iacute;, que el miedo a lo desconocido sea entendido como una reacci&oacute;n natural que provoca ansiedad, es un mecanismo de protecci&oacute;n que juega las veces de un t&aacute;ctica para la sobrevivencia, cuando nos aventuramos en el vasto mundo de esta jungla de asfalto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La ciudad refleja en su imaginario un miedo a la geometr&iacute;a de su universo &aacute;spero, liso, escabroso y ca&oacute;tico, que proyecta la dicotom&iacute;a entre el orden y el desorden al diseminar y pulverizar los espacios f&iacute;sicos y simb&oacute;licos, resignificando y valorando los usos de la memoria urbana, en la imagen de una ciudad que se precipita en la fractura de sus relatos de violencia. Una violencia a la que cualquiera puede tener acceso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas fisuras, marcadas por el temor del imaginario de la memoria urbana, no se piensan desde dentro de la vida del espacio socialmente valorado y apropiado por el sujeto, por el contrario, s&oacute;lo se expresan cultural y simb&oacute;licamente hacia fuera, construyendo y delimitando las zonas de terror y de peligro, que hacen fr&aacute;giles a los sujetos. Ello implica reconocer que el n&uacute;cleo central de la violencia se encuentra en su expresi&oacute;n simb&oacute;lica y cultural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, la ciudad es configurada como un escenario de m&uacute;ltiples acontecimientos de violencia, determinados por las experiencias de sus actores, cuyos actos diminutos de la acci&oacute;n de la violencia, tienen su origen en el grupo primario. En el, lo primero que aprendemos es imitar los comportamientos, si a esta capacidad de imitar le agregamos las repelidas ense&ntilde;anzas observadas tanto en nuestro grupo como en la TV.<sup><a href="#notas">5</a></sup> que nos muestran a la violencia como una cara de las posibles soluciones a los problemas presentados, entenderemos por qu&eacute; las tragedias, el terror y las innumerables repeticiones de actos de violencia, se convierten en una de las particularidades de la apropiaci&oacute;n de la vida cotidiana del sujeto (Heller: 1970: 82&#45;83).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, consideramos que el problema que da origen a la violencia en la ciudad, es un fen&oacute;meno que tiene diversas explicaciones, basadas tanto en las interpretaciones biologistas como en las interpretaciones sociales. Pero lo curioso de ellos es que muchas de estas son ampliamente discutidas, pero prontamente olvidadas para buscar soluciones reales. Ello implica que el conjunto de los actores que habitamos estas inmensas moles de concreto, parecen no abordar el punto central, simplemente porque una pretensi&oacute;n de tal naturaleza, nos pone de cara a nuestra realidad social, de una manera tan escrupulosamente refinada, que nos impide pensar o imaginar, que el primer espacio de asignaci&oacute;n para la ense&ntilde;anza, entrenamiento y uso de la violencia, est&aacute; en nuestro contexto y grupo social de referencia, el cual nos fuerza como seres vivos a modificar nuestras propias estructuras biol&oacute;gicas.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Consideraciones finales</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En consecuencia, no es aventurado afirmar que la violencia en la ciudad se origina en el miedo, cuando la din&aacute;mica de la ciudad nos arrincona en los l&iacute;mites de la sobrevivencia. As&iacute;, pensar en la relaci&oacute;n miedo violencia es una tarea dif&iacute;cil, porque implica, por un lado, admitir la existencia de su car&aacute;cter biol&oacute;gico, anclado en lo instintivo del sujeto; es decir, volcado en la auto defensa, y por el otro en su car&aacute;cter simb&oacute;lico,<sup><a href="#notas">6</a></sup> el cual ha sido dejado de lado por la propia din&aacute;mica de la cotidianidad de la ciudad. De ah&iacute;, que veamos a la violencia como algo lejano a nosotros, como algo en lo que jam&aacute;s nos veremos envueltos, pero en el tr&aacute;nsito de nuestras acciones de la vida cotidiana, la violencia es m&aacute;s com&uacute;n de los que nos imaginamos, y la mayor&iacute;a de las veces somos los protagonistas de estas acciones; estamos pues, ante la presencia de un cicl&oacute;n de violencia.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Simplemente, recordemos que la vida se origin&oacute; en la violencia misma, y precisamente por eso no podemos imaginarla, porque ello implicar&iacute;a llevarnos a reconocer que la violencia es producto de una serie de eventos encadenados unos a otros, que dan origen a formas sociales m&aacute;s estructuradas, cuyo punto central de partida se encuentra en nuestra cultura, una cultura que nace en el origen de la familia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto es algo dif&iacute;cil de creer por que nos asombra pensar que la vida del sujeto se constituye mediante estos actos. Por ejemplo, la familia, es la primera instancia configuradora de la violencia, una violencia que se inicia con un castigo, considerado como algo justo, y este es el primer principio que aprendemos mediante la observaci&oacute;n. Aprendemos a utilizar la violencia como una herramienta con la que se puede obtener &eacute;xi&iacute;o aplic&aacute;ndola, us&aacute;ndola repetidas veces. As&iacute;, una vez que hemos probado su acci&oacute;n, la repetimos nuevamente, en este sentido, el comportamiento de la familia, el grupo y el entorno del sujeto, son quiz&aacute; los factores determinantes para entender la alta o baja reacci&oacute;n al temor.</font></p>  	        <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los conflictos, las tragedia y las altas metas de consumo que nos impone la vida urbana, provoca en sus pobladores frustraci&oacute;n, una frustraci&oacute;n que se libera de manera positiva en la fantas&iacute;a de sus modernos coliseos romanos, el f&uacute;tbol, el box, las luchas y en la vitrina m&oacute;vil, el autom&oacute;vil, desde donde podemos insultar, descargar nuestra ira en los frenazos exabruptos, sin que el conductor vecino se entere de nuestras blasfemias. La combinaci&oacute;n de esta atm&oacute;sfera, despierta un fobia a las calles de nuestra ciudad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este temor aparece cuando pierdes el control del horizonte de tu espacio, cuando te enfrentas a lo extra&ntilde;o, el resultado es la aparici&oacute;n de una ansiedad que se confabula con la representaci&oacute;n de una colecci&oacute;n de an&eacute;cdotas morbosas evocadas por hechos sangrientos, que te hacen transparente y altamente vulnerable como producto de lo desconocido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como podemos observar, en la ciudad se nace con el miedo, pero una vez que el sujeto ha aprendido a vencerlo con el uso de la violencia, la repetici&oacute;n justificada de estos actos hace a los sujetos recobrar la confianza en la ciudad, y los exorciza del temor, haciendo inmanejable la violencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, el papel que ha jugado el miedo a la ciudad, no se puede minimizar ni exagerar, para explicar la violencia en nuestra urbe, ni mucho menos intentar buscar un respuesta de contenci&oacute;n, colg&aacute;ndonos un mo&ntilde;o blanco en la solapa, pues la violencia se ha interiorizado profundamente en nuestras pr&aacute;cticas cotidianas, como una forma de respuesta para la soluci&oacute;n de nuestros problemas, por eso, el estado combate a la violencia con violencia.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, tal y como lo hemos expresado, la violencia social que se vive cotidianamente en la ciudad, es el resultado de una complementariedad de ambos extremos, que lamentablemente, por un lado, ninguno de ellos ha podido explicar y, por el otro, se han vuelto un obst&aacute;culo para buscar otros argumentos o razones de explicaci&oacute;n que nos orienten a buscar nuevos enfoques del origen de la violencia, no s&oacute;lo para describir sus acciones, sino para reconocer su existencia en un espectro m&aacute;s amplio de posibles detonadores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, el hecho de que la existencia de tantas interpretaciones en torno de este fen&oacute;meno social se mantenga en los l&iacute;mites de una concepci&oacute;n &iexcl;ndeleble a pesar de los crecientes actos cotidianos de violencia, producidos por los procesos dispares del cambio social, no encuentra otra explicaci&oacute;n que no sea aquella que alude a una acci&oacute;n interpretada como un elemento cuyo componente com&uacute;n, est&aacute; relacionado con una amplia base de s&iacute;mbolos socialmente compartidos en nuestra cultura, tanto en una dimensi&oacute;n local, como en una creciente dimensi&oacute;n globalizada, que marca un nuevo patr&oacute;n de socializaci&oacute;n dado por la violencia, el cual merecer&iacute;a ser discutido m&aacute;s ampliamente.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ALCALDE, Jorge, 2001, "Radiograf&iacute;a de la violencia", en <i>Muy Interesante</i>, n&uacute;m. 6, a&ntilde;o XVIII, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635704&pid=S1405-7425200100040000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">AUG&Eacute;, Marc, 1987, <i>El viajero subterr&aacute;neo. Un etn&oacute;logo en el metro</i>, Gedisa, Argentina.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635706&pid=S1405-7425200100040000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">AUG&Eacute;, Marc, 1996, <i>Los "no lugares",&nbsp;Espacios del anonimato. Una antropolog&iacute;a de la sobremodernidod</i>, Gedisa, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635708&pid=S1405-7425200100040000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BROWN, Ray, 1976, <i>Children and Television</i>, Sage publications, California.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635710&pid=S1405-7425200100040000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CISNEROS, Jos&eacute; L., 1998, "Espacio. Territorio y violencia; la ciudad de M&eacute;xico, entre la esperanza y la frustraci&oacute;n", en <i>Investigaci&oacute;n sociol&oacute;gica II</i>, UAM&#45;Xochimilco, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635712&pid=S1405-7425200100040000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CISNEROS, Jos&eacute; L., 1999, "Juventud, identidad y violencia urbana", en <i>Casa Abierta al Tiempo</i>, &eacute;poca III, vol. II, n&uacute;m. 21, octubre, UAM&#45;Xochimilco, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635714&pid=S1405-7425200100040000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DEL OLMO, Rosa, 1975, <i>Los rostros de la violencia</i>, Un&iexcl;vers&iexcl;dad del Zulia, Maracaibo, Venezuela.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635716&pid=S1405-7425200100040000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DEL OLMO, Rosa, 2000, "Ciudades duras y violencia urbana", en <i>Nueva Sociedad</i>, n&uacute;m. 167, Caracas, Venezuela</font>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635718&pid=S1405-7425200100040000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">FROMM, Erich, 1997, <i>Anatom&iacute;a de la destructividad humana</i>, Siglo XXI, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635720&pid=S1405-7425200100040000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"> GEERTZ, Clifford, 1997, <i>La interpretaci&oacute;n de las culturas</i>, Gedisa, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635722&pid=S1405-7425200100040000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GIDDENS, Anthony, 1990, <i>Consecuencias de la modernidad</i>, Alianza Universidad, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635724&pid=S1405-7425200100040000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GONZ&Aacute;LEZ, Alcantud <i>et al</i>., 1992,<i>La tierra. Mitos, ritos y realidades</i>, Anthropos, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635726&pid=S1405-7425200100040000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HELLER, Agnes, 1970, <i>Historia de la vida cotidiana</i>, Grijalbo, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635728&pid=S1405-7425200100040000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KOWARICK, Lucio, 1991, "Ciudad y ciudadan&iacute;a. Metr&oacute;polis del subdesarrollo industrializado", en <i>Nueva Sociedad</i>, n&uacute;m. 114, Caracas, Venezuela.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635730&pid=S1405-7425200100040000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KURNITZKY, Horst, 2000, <i>Globalizaci&oacute;n de la violencia</i>, Colibr&iacute;, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635732&pid=S1405-7425200100040000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LEWONTIN, Richard C., 2000, <i>Genes, organismo y ambiente</i>, Gedisa, Esparta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635734&pid=S1405-7425200100040000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LOSSEF&#45;Tillmanns, Gisela, 1997, "Los medios de comunicaci&oacute;n y la violencia", en <i>Pol&iacute;ticas sociales en Europa</i>, n&uacute;m. 1, Hacer, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635736&pid=S1405-7425200100040000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SENNET, Richard <i>et al</i>., 1997, <i>Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilizaci&oacute;n occidental</i>, Alianza, Madrid</font>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635738&pid=S1405-7425200100040000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SANTORI, Giovanni, 1998, <i>Homo videns. La sociedad teledirigida</i>, Tauros, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635740&pid=S1405-7425200100040000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">THOMPSON, B. John, 1998, <i>Ideolog&iacute;a y cultura moderna</i>, UAM&#45;Xochimilco, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635742&pid=S1405-7425200100040000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">TOURAINE, Alain, 1997, <i>&iquest;Podemos vivir juntos?</i>, FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635744&pid=S1405-7425200100040000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup><a name="notas" id="notas"></a></sup> <b>Notas</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> "Si no hay sangre, no hay foto". Dicho entre fot&oacute;grafos de nota roja. M&eacute;xico (Kurnitzky, 2000: 37). </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Una de las principales atribuciones que trae consigo la nota roja, es la contribuci&oacute;n al registro hist&oacute;rico de la violencia urbana que trajo la modernizaci&oacute;n. Sin embargo, los fot&oacute;grafos de prensa, ansiosos, de publicar a como de lugar, suelen apoltronarse en los ministerios p&uacute;blicos, anfiteatros, hospitales, etc. De ah&iacute;, que no sea extra&ntilde;o que hoy sean catalogados como los buitres de la desgracia y el dolor humano.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;Es importante subrayar que el sentido de la violencia es un t&eacute;rmino propiamente ambiguo, pues su significado se establece a trav&eacute;s de procesos pol&iacute;ticos. As&iacute;, los tipos de hechos que se clasifican, var&iacute;an de acuerdo con quien suministra la definici&oacute;n y quien tiene mayores recursos para definir y hacer que se aplique su decisi&oacute;n (Del Olmo, 1975: 296).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3 </sup>El miedo y la ansiedad son diferentes de otras emociones y su raz&oacute;n se debe a que ante la manifestaci&oacute;n de tales acciones se registra la segregaci&oacute;n de una hormona llamada cortisol, la cual es producida bajo un proceso prolongado de estr&eacute;s, as&iacute;, los nivelo de cortisol dan una se&ntilde;al de los efectos a largo plazo de las emociones negativas. Lo que demostr&oacute; que grandes cantidades de cortisol en periodos prolongados da&ntilde;an los gl&oacute;bulos blancos, el cerebro y&nbsp;gl&aacute;ndulas importantes para el aprendizaje y&nbsp;la memoria, siendo perjudicial para la salud.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> El miedo y la ansiedad son diferentes de otras emociones y su raz&oacute;n se debe a que ante la manifestaci&oacute;n de tales acciones se registra la segregaci&oacute;n de una hormona llamada cortisol, la cual es producida bajo un proceso prolongado de estr&eacute;s, as&iacute;, los niveles de cortisol dan una se&ntilde;al de los efectos a largo plazo de las emociones negativas. Lo  que demostr&oacute; que grandes cantidades de cortisol en periodos prolongados da&ntilde;an los gl&oacute;bulos blancos, el cerebro y&nbsp;gl&aacute;ndulas importantes para el aprendizaje y&nbsp;la memoria, siendo perjudicial para la salud.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Desde luego, pensar que la TV es la causante de todos los males que hoy padecemos a diario, por el incremento de la violencia, es una visi&oacute;n simplista, m&aacute;s bien, tenemos que entenderla como una de las proyecciones que facilitan la creaci&oacute;n de un mundo violento.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> La violencia aparece como una constante en nuestras vidas, de hecho es imposible que uno escape de alg&uacute;n modo de ella, siempre nos acompa&ntilde;a en nuestros actos mis comunes, por ejemplo, el primer contacto aparece en la aparente inocencia de nuestros cuentos y pel&iacute;culas infantiles de Walt Disney, en la literatura cl&aacute;sica, en los entretenidos juegos de video, en la m&uacute;sica, en los juguetes.</font></p>         <p align="justify">&nbsp;</p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Jos&eacute; Luis Cisneros.</b> Es profesor&#45;investigador titular de tiempo completo en la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, Unidad Xochimilco. Integrante y jefe del &Aacute;rea de Investigaci&oacute;n: Educaci&oacute;n Cultura y Procesos Sociales. Integrante del Sistema Nacional de Investigadores. Licenciado en Sociolog&iacute;a. Maestro en Ciencias Penales con especialidad en Criminolog&iacute;a. Candidato a doctor en Sociolog&iacute;a. Diplomado en Docencia Superior, en Antropolog&iacute;a de la Violencia, en Antropolog&iacute;a Forense, en Adicciones y en Antropolog&iacute;a Visual. L&iacute;neas de Investigaci&oacute;n: violencia, discapacidad y prisiones. &Uacute;ltimas obras publicadas: <i>Juventud, identidad y violencia, Sexualidad y violencia, La discapacidad en cifras, Pensar la discapacidad, La autopercepci&oacute;n de la mujer en prisi&oacute;n, La readaptaci&oacute;n social; una tarea inconclusa.</i></font></p>      ]]></body><back>
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