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<publisher-name><![CDATA[Universidad Autónoma del Estado de México, Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Violencia y control social: el debilitamiento del orden social de la modernidad]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article aimes to analyze the growing violence phenomena within the contemporary societies as an extra expression of the weakening of the social control model arouse from modernity. For this, the traditional approaches of violence will be reviewed, the outstanding characteristics of the new morphology of present societies will be pointed out and the recent sociological interpretations of this phenomena will be discussed. The article ends with the proposition that there exists a search for the imposition of a new model of social control we name pos-democratic. This model looks forward to the naturalization of the social inequalities that generate conflicts in contemporary societies by facing an alternative model that aimes to wide the forms of negotiation among the recent inequalities and conflicts generated inside of it.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[    	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Violencia y control social: el debilitamiento del orden social de la modernidad</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Alberto Riella</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad de la Rep&uacute;blica, Uruguay.</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El objetivo de este art&iacute;culo es analizar los crecientes fen&oacute;menos de violencia en las sociedades contempor&aacute;neas como una expresi&oacute;n m&aacute;s del debilitamiento del modelo de control social construido con la modernidad. Para ello se repasan los enfoques tradicionales sobre la violencia, se se&ntilde;alan las principales caracter&iacute;sticas de la nueva morfolog&iacute;a de las sociedades actuales y se discuten las recientes interpretaciones sociol&oacute;gicas sobre estos fen&oacute;menos. El art&iacute;culo concluye planteando que existe una b&uacute;squeda por imponer un nuevo modelo de control social, que denominamos posdemocr&aacute;tico, que busca naturalizar las desigualdades sociales que generan los conflictos de las sociedades contempor&aacute;neas enfrent&aacute;ndose a un modelo alternativo que procura ampliar las formas de negociaci&oacute;n de las crecientes desigualdades y conflictos que en ellas se generan.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">This article aimes to analyze the growing violence phenomena within the contemporary societies as an extra expression of the weakening of the social control model arouse from modernity. For this, the traditional approaches of violence will be reviewed, the outstanding characteristics of the new morphology of present societies will be pointed out and the recent sociological interpretations of this phenomena will be discussed. The article ends with the proposition that there exists a search for the imposition of a new model of social control we name pos&#45;democratic. This model looks forward to the naturalization of the social inequalities that generate conflicts in contemporary societies by facing an alternative model that aimes to wide the forms of negotiation among the recent inequalities and conflicts generated inside of it.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta fines de los a&ntilde;os ochenta, la mayor&iacute;a de las corrientes te&oacute;ricas que abordaban el tema de la violencia si bien no coincid&iacute;an sobre sus causas y sus posibles consecuencias, desde cierto punto de vista, compart&iacute;an impl&iacute;citamente los supuestos evolucionista y modernista de que la violencia en las sociedades contempor&aacute;neas era un lastre de las relaciones tradicionales o premodernas. En general, se sosten&iacute;a que con el aumento de la racionalizaci&oacute;n de la vida social, para unos, o con una distribuci&oacute;n equitativa de los bienes materiales, para otros, la violencia tender&iacute;a paulatinamente a reducirse, desapareciendo como problema social relevante. Tan s&oacute;lo las teor&iacute;as sociol&oacute;gicas m&aacute;s conservadoras postulaban que la violencia era parte de la naturaleza humana y por tanto elemento constitutivo de toda relaci&oacute;n social en cualquier tipo de sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como afirma Giddens, esto condujo a que hasta inicios de esta d&eacute;cada los temas relacionados a la violencia no fueran considerados en la agenda de los partidos progresistas, y s&oacute;lo los partidos m&aacute;s conservadores lo inclu&iacute;an en su agenda, construyendo parte de su propia identidad pol&iacute;tica en su permanente demanda por el aumento de la represi&oacute;n como &uacute;nica forma de resolver este problema social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La situaci&oacute;n en la actualidad se ha tornado muy diferente. La violencia constituye una de las preocupaciones principales en la agenda de todos los partidos pol&iacute;ticos, de las ciencias sociales y de los ciudadanos comunes. Las investigaciones de opini&oacute;n publica realizadas peri&oacute;dicamente en pa&iacute;ses de todas las regiones del mundo indican que el sentimiento colectivo de miedo e inseguridad aumenta sin diferencias de clivaje social (Adorno y Peralva, 1997: 1). Concomitantemente, se produce tambi&eacute;n una p&eacute;rdida de legitimidad de una de las formas de violencia hasta ahora relativamente leg&iacute;tima, sobre todo entre la izquierda, asociada a las insurrecciones populares y, en general, a la violencia pol&iacute;tica. Parad&oacute;jicamente entonces, se forma un ampl&iacute;simo consenso contra cualquier tipo de violencia al mismo tiempo que se da un aumento vertiginoso, que se ve como inevitable, de su presencia en todos los &aacute;mbitos de la vida social. Por otra parte, estos hechos han ingresado al "campo period&iacute;stico" en el que sufren una mercantilizaci&oacute;n que crea una competencia que lleva a que las noticias sobre violencia respondan m&aacute;s a la l&oacute;gica propia del campo period&iacute;stico que a la propia din&aacute;mica de los hechos. Se construye de este modo una imagen manipulada que dificulta una percepci&oacute;n ajustada del problema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por estas razones, para tratar sociol&oacute;gicamente el fen&oacute;meno de la violencia, debemos hacer un esfuerzo por tratar de romper con el sentido com&uacute;n y las urgencias mundanas, como aconseja Bourdieu, y plantearnos el problema desde otra perspectiva. Intentaremos, en un plano muy general y sin utilizar referentes emp&iacute;ricos precisos, ordenar nuestras ideas sobre el tema explorando las relaciones existentes entre el crecimiento de la violencia social y los procesos que caracterizan nuestra contemporaneidad: globalizaci&oacute;n. fragmentaci&oacute;n social, desindustrializaci&oacute;n y p&eacute;rdida de centralidad del Estado&#45;Naci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nuestra intenci&oacute;n es la de dar una mirada al problema de la violencia procurando profundizar en los enfoques contempor&aacute;neos sobre la tem&aacute;tica. La idea principal que desarrollaremos es que el crecimiento de la violencia en la vida social se debe principalmente a un proceso de agotamiento del modelo de dominaci&oacute;n y sus correspondientes formas de control social. Es decir, las formas de disciplinamiento y control social que las clases dominantes fueron instaurando desde los or&iacute;genes del capitalismo, que forjaron a la sociedad industrial y que encontraron su mejor formulaci&oacute;n en el modelo Fordista, por diversos motivos se encuentran hoy en crisis. Ya no pueden como antes regular y normalizar la vida social con la eficiencia y la eficacia legitimadoras de las d&eacute;cadas anteriores. Asi, desde nuestro punto de vista, nos encontramos en la actualidad frente a un modelo de dominaci&oacute;n nacional que, intr&iacute;nsecamente relacionado a las desgastadas formas del Estado&#45;Naci&oacute;n, encuentra grandes dificultades para producir y reproducir su legitimaci&oacute;n y la de los intereses sociales dominantes. Pero tambi&eacute;n debemos advertir con especial &eacute;nfasis que ello no significa que estemos frente a una crisis del capitalismo o a una crisis de la clase dominante. Por el contrario, asistimos hoy a una gran reestructuraci&oacute;n en las distintas fracciones y grupos de la clase dominante, que en un proceso de conflictos y negociaciones, est&aacute;n en b&uacute;squeda de otras formas de control social que brinden mayor legitimaci&oacute;n a sus nuevos intereses y posiciones sociales. Indudablemente, estos conflictos dentro del "campo de poder" est&aacute;n estrechamente ligados e influenciados por las luchas y conflictos de las clases dominadas. Sin embargo, en este trabajo no pretendemos tratar ese asunto, dej&aacute;ndolo para posteriores an&aacute;lisis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, presentaremos en forma sucinta las dos grandes corrientes interpretativas que consideramos que engloban a los distintos abordajes de la violencia. En segundo lugar, discutimos los cambios ocurridos en la sociedad que pueden ayudar a comprender el surgimiento de las nuevas formas de violencia. Expondremos luego algunas de las conceptualizaciones contempor&aacute;neas sobre la violencia e intentaremos fundamentar que los fen&oacute;menos de violencia pueden ser considerados como un indicador m&aacute;s del marcado agotamiento del orden social moderno. Para terminar discutiremos como en estas circunstancias se abren amplios espacios para que varios grupos de la clase dominante impulsen un nuevo orden social "posdemocr&aacute;tico" que tiene como sustento central la b&uacute;squeda de la legitimaci&oacute;n de la desigualdad social.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Las vertientes cl&aacute;sicas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El proceso de formaci&oacute;n del Estado moderno est&aacute; innegablemente asociado a la eliminaci&oacute;n paulatina de la  violencia<sup><a href="#nota">1</a></sup> de la vida social y de las formas de sociabilidad. Este es un hecho real que es compartido por casi todos los te&oacute;ricos que se han referido al tema desde Hobbes. pasando por Simmel, Weber y Elias liasta llegara Foucault. Pero no todos dan el mismo significado a este hecho, ni le atribuyen las mismas causas ni le asignan las mismas consecuencias. Como se&ntilde;ala Tavares, existen dos grandes modalidades de enfocar el  tema de la violencia:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De uma parte, os pensadores e os pesquisadores cuja &oacute;tica definiuse pelas no&#231;&otilde;es de integra&#231;&atilde;o e de consenso, tendo como corol&aacute;rio os termos de regra, norma e de controle. De outra parte, os analistas e investigadores que construiram sua vis&atilde;o de mundo social segundo a &oacute;tica da conflitualidade e dos conflitos,  tendo como conseq&uuml;&ecirc;ncia as no&#231;&otilde;es de processo, de dinamismo e de uma diversidade e plasticidade das formas de realiza&#231;&atilde;o do social. Neste plano, o centro das preocupa&#231;&otilde;es passava a ser o conhecimento das rela&#231;&otilde;es de domina&#231;&atilde;o e de explora&#231;&atilde;o (Tavares, 1995:282).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas dos corrientes tienen preocupaciones y motivaciones muy diferentes. La  primera de ellas considera la violencia como un fen&oacute;meno aislado que debe controlarse a trav&eacute;s un proceso compulsivo de integraci&oacute;n social. La idea fuerza de este enfoque es que el desarrollo de la sociedad produce como residuo del proceso creciente de "modernizaci&oacute;n" algunas disfunciones y desajustes de los cuales la violencia y la delincuencia son parte. El principal objeto de estudio de esta corriente estar&aacute; constituido por la violencia criminal y la delincuencia. Esta corriente hace siempre referencia a la idea de orden y equilibrio, conceptos postulados como formas naturales de la sociedad frente al desorden que significar&iacute;an los actos violentos, tanto de car&aacute;cter criminal como de car&aacute;cter pol&iacute;tico, ya que el uso de la fuerza no leg&iacute;tima es siempre un ataque al funcionamiento equilibrado que mantiene el orden social integrado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La teor&iacute;a del Control fue una de las m&aacute;s influyentes dentro de esta vertiente. De ella se desprende que las acciones delincuentes se verifican cuando el v&iacute;nculo del individuo con la sociedad se rompe o fr&aacute;giliza. La sociedad debe realizar una funci&oacute;n de contenci&oacute;n social a trav&eacute;s de la presi&oacute;n de sus instituciones y mediante una socializaci&oacute;n adecuada hacer que los individuos internalicen tambi&eacute;n una auto&#45;contenci&oacute;n social. Dentro de esta linea interpretativa se ubica tambi&eacute;n la teor&iacute;a del desv&iacute;o social, que situar&aacute; el origen de la violencia y la delincuencia en el desv&iacute;o de ciertos individuos del sistema de valores culturales imperante en una determinada sociedad. La causa de la delincuencia residir&iacute;a asi en la socializaci&oacute;n desviada de estos individuos en una "subcultura" con valores diferentes al del resto de la sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra teor&iacute;a influyente dentro de esta vertiente es la de la Tensi&oacute;n Social de Merton. Este autor sosten&iacute;a que la delincuencia ocurre cuando son obstaculizadas las oportunidades convencionales de alcanzar las metas comunes a todos los individuos que integran una sociedad. Las causas las ubica no tanto en los sistemas de socializaci&oacute;n, sino en las barreras estructurales que cierran las oportunidades leg&iacute;timas de &eacute;xitos (Trindade, 1993). As&iacute;,  la conducta delincuente intenta burlar las barreras sociales que se interponen a su movilidad social ascendente, utilizando para esto medios ileg&iacute;timos. La conducta delincuente se torna posible cuando el individuo no se siente comprometido con los dem&aacute;s, cuando no desea conseguir &eacute;xito educacional o laboral, o cuando no cree en la legitimidad de la ley.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un primer problema que hallamos en esta vertiente es que tiende a un reduccionismo individualista del fen&oacute;meno. Siempre es el "individuo" el que es considerado como problema. Como afirma Domenach, criticando este aspecto, </font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La violencia de los individuos y de los peque&ntilde;os grupos debe ponerse en relaci&oacute;n con la violencia de los Estados, la violencia del orden establecido. Las violencias m&aacute;s atroces y m&aacute;s condenables ocultan otras maneras menos escandalosas por prolongadas en el tiempo y protegidas por instituciones en apariencia respetables (Domenach, 1981).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, m&aacute;s all&aacute; de la pertinencia de su explicaci&oacute;n, estas teor&iacute;as pagan un alto tributo al contexto social en que surgieron. Su formulaci&oacute;n se origina principalmente en Estados Unidos en a&ntilde;os de fuerte integraci&oacute;n social por lo que,  en alguna medida, en esa &eacute;poca pudieron dar cuenta de ciertas regularidades de los fen&oacute;menos de la violencia y la delincuencia. Pero hoy, basta s&oacute;lo pensar en la creciente heterogeneidad cultural y social de la mayor&iacute;a de las sociedades del mundo para constatar f&aacute;cilmente que estas teor&iacute;as ya no pueden pretender dar cuenta del fen&oacute;meno actual de la violencia. Su principal supuesto entra en crisis: ya no existen valores que se puedan postular como universales y los ciudadanos tienen una amplia gama de metas y de medios muchas veces contradictorios entre si. La respuesta de estas teor&iacute;as consiste solamente en constatar la multiplicaci&oacute;n desenfrenada de individuos "desviados", que intentan buscar el "&eacute;xito" por medios no convencionales, perdiendo asi de vista el verdadero fen&oacute;meno que enfrentan las sociedades actuales con los procesos de la globalizaci&oacute;n y de la fragmentaci&oacute;n social. Al presente, la aplicaci&oacute;n de estas teor&iacute;as s&oacute;lo expresa el deseo de orden e integraci&oacute;n como un deber ser, pero las mismas carecen de valor heur&iacute;stico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda vertiente de an&aacute;lisis de la violencia pone su &eacute;nfasis en los procesos de dominaci&oacute;n y conflicto, conceptualizando la violencia como un instrumento m&aacute;s de dominaci&oacute;n. El foco principal de estos an&aacute;lisis estar&aacute; en las nuevas formas de violencia que se instalar&aacute;n en la sociedad con la creaci&oacute;n del Estado moderno. La violencia surge como violencia "oculta" con el Estado moderno por mostrarse como una represi&oacute;n leg&iacute;tima y natural que muchas veces aparecer&aacute; como simb&oacute;lica, por lo que se la designar&aacute; como violencia institucional o simb&oacute;lica. La mayor&iacute;a de las investigaciones de esta vertiente buscar&aacute;n poner al descubierto este tipo de violencia ejercida por los grupos dominantes desde las instituciones del Estado. Esta vertiente en general justificar&aacute; la violencia pol&iacute;tica en tanto forma leg&iacute;tima de oponerse a la dominaci&oacute;n del poder institucional que dispone del uso leg&iacute;timo de la fuerza f&iacute;sica. Esta justificaci&oacute;n, hoy opacada en los an&aacute;lisis, lleg&oacute; a ser normalizada en la declaraci&oacute;n de los derechos humanos de la ONU como derecho a la insurrecci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas corrientes ver&aacute;n en el surgimiento del orden social moderno, en oposici&oacute;n a la visi&oacute;n de la vertiente presentada anteriormente, la instauraci&oacute;n de una forma de dominaci&oacute;n. Seg&uacute;n una serie de autores, con un proceso que se origin&oacute; en el siglo XVII comienza el lento pasaje de una sociedad en la que predominaba la violencia abierta como forma leg&iacute;tima de resolver los conflictos,  a una donde predominar&aacute; la violencia institucional, oculta, m&aacute;s simb&oacute;lica que f&iacute;sica. Este proceso civilizatorio, seg&uacute;n Elias, consisti&oacute; en la b&uacute;squeda por la superaci&oacute;n de la violencia mediante la transformaci&oacute;n de la agresividad a trav&eacute;s de una inversi&oacute;n en control social. De este modo, poco a poco, se va eliminado la violencia del tejido social, la cual pasa a ser monopolizada por el Estado y ejercida por la organizaci&oacute;n policial, produciendo en los hombres un creciente autocontrol de sus pasiones y de sus miedos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dentro de esta vertiente se ubica tambi&eacute;n la corriente marxista que identificar&aacute; ese  proceso de surgimiento del modo de producci&oacute;n capitalista con la creaci&oacute;n del Estado Burgu&eacute;s en tanto instrumento de dominaci&oacute;n de clase. La violencia ser&aacute; vista por los marxistas,  por una parte, como un instrumento de dominaci&oacute;n de clase, y por otra, como una expresi&oacute;n propia de las contracciones de clase. Este enfoque tiende en general, a sobredeterminar,  y en algunos casos a reducir,  los fen&oacute;menos de violencia a los aspectos relacionados con la esfera econ&oacute;mica y de clase, sin considerar otros ejes posibles de producci&oacute;n de conflictos y violencia (Tirelli, 1996).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya m&aacute;s contempor&aacute;neo, este proceso es identificado tambi&eacute;n por Foucault quien, abandonando la idea de un poder centralizado, viera en &eacute;l una b&uacute;squeda de disciplinamiento de la poblaci&oacute;n a trav&eacute;s de la cual los individuos son sometidos por m&uacute;ltiples mecanismos de poder a una normalizaci&oacute;n de sus conductas sociales. Desde esta perspectiva, Tavares dos Santos se&ntilde;ala que la revoluci&oacute;n burguesa, que est&aacute; en el inicio de este orden social de la modernidad y la sociedad industrial, provoca la necesidad de controlar los nuevos ilegalismos &#151;que emergen en cuanto tales junto con los derechos de propiedad que amenazan la construcci&oacute;n del r&eacute;gimen de disciplinamiento del capitalismo industrial. Comienza as&iacute; a hablarse de las "clases peligrosas" haciendo referencia a aquellos que pod&iacute;an llegar a no someterse a las nuevas reglas del orden social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, las distintas corrientes de esta vertiente<sup><a href="#nota">2</a></sup> dan la idea de que este proceso civilizatorio, de disciplinamiento o de dominaci&oacute;n capitalista, es un proceso que se va perfeccionando a si mismo y de cierta manera auto&#45;reproduci&eacute;ndose. La idea que parece subyacer a estas interpretaciones consistir&iacute;a en que, cuanto m&aacute;s tiempo transcurra, la dominaci&oacute;n y el poder podr&iacute;an ejercerse cada vez con m&aacute;s naturalidad, con menor necesidad de utilizaci&oacute;n de la violencia f&iacute;sica o abierta. Esta relaci&oacute;n entre dominaci&oacute;n y violencia se presenta como demasiado lineal y no se muestra sensible a las caracter&iacute;sticas especificas de las fracciones de la clase dominante que hegemonizan los distintos momentos hist&oacute;ricos, transform&aacute;ndose en una concepci&oacute;n demasiado invariante. Desde nuestra perspectiva, esta forma de ver el fen&oacute;meno no permiten comprender las complejidades y las contradicciones que subyacen al aumento de la violencia de las sociedades actuales ya que en su horizonte te&oacute;rico no existe la posibilidad de agotamiento o p&eacute;rdida de eficacia de las formas y mecanismos de violencia institucionales que garantizan el orden social moderno de la sociedad industrial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, ambas vertientes te&oacute;ricas, por distintas razones, no dan una respuesta adecuada para analizar la violencia y sus nuevas formas de manifestarse en la sociedad que no pueden ser vistas como una simple continuaci&oacute;n o aumento de las formas de violencia ya existentes. En raz&oacute;n de  esto, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os varios autores, partiendo de la vertiente de la dominaci&oacute;n y del conflicto han desarrollado nuevas conceptualizaciones que permiten dar cuenta de buena parte de estos fen&oacute;menos. A continuaci&oacute;n rese&ntilde;aremos los cambios m&aacute;s significativos que permiten hablar del surgimiento de un  nuevo tipo de violencia social "extendida" o "difusa" y analizaremos los enfoques contempor&aacute;neos que reflexionan sobre esta problem&aacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El nuevo contexto social de la violencia</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mayor&iacute;a de los autores contempor&aacute;neos que analizan este fen&oacute;meno desde un punto de vista sociol&oacute;gico ponen &eacute;nfasis en los cambios producidos en las causantes de la violencia en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Las m&aacute;s se&ntilde;aladas son la globalizaci&oacute;n,  la p&eacute;rdida de peso del estado, la ca&iacute;da de la sociedad industrial y, como corolario de estas transformaciones, la crisis de la modernidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ejemplo, para Wieviorka, la vinculaci&oacute;n entre el fen&oacute;meno de la mundializaci&oacute;n y su ideolog&iacute;a neoliberal con la violencia no es directa. Esta se alimenta tenuemente de dichas transformaciones, relacion&aacute;ndose sobre todo con las desigualdades y con la exclusi&oacute;n. Es decir que la violencia se inscribe en los procesos de fragmentaci&oacute;n cultural que la mundializaci&oacute;n provoca. La difusi&oacute;n de los bienes culturales (programas televisivos, diversiones, pel&iacute;culas, etc.), no produce homogeneizaci&oacute;n, sino que, en muchos casos, produce retroalimentaciones identitarias,  comunitaristas y nacionalistas que se vuelven para la defensa de la naci&oacute;n, contra la cultura transnacional y hegem&oacute;nica de Estados Unidos. La violencia es vista entonces como un acto con voluntad defensiva, y mismo contra ofensiva, de grupos deseosos de afirmar sus identidades culturales. La mundializaci&oacute;n econ&oacute;mica se inscribe asi en una relaci&oacute;n dial&eacute;ctica que al mismo tiempo la alimenta y la profundiza: fragmentaci&oacute;n social y cultural que se prolonga a trav&eacute;s de los procesos de naturalizaci&oacute;n y de racionalizaci&oacute;n de la vida colectiva y est&aacute; en la base de una violencia e inseguridad planteadas en t&eacute;rminos de violencia racista (Wieviorka. 1997: 16&#45;18).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Profundizando la relaci&oacute;n entre mundializaci&oacute;n de la econom&iacute;a y su ligaz&oacute;n con la fragmentaci&oacute;n social y cultural se puede hablar tambi&eacute;n de la mundializaci&oacute;n de la violencia, de su desterritorializaci&oacute;n. y verla en un plano global donde adquiere un papel muy importante el fen&oacute;meno de las "redes" que incluye la econom&iacute;a del criminal y de la droga. Pero estos fen&oacute;menos de violencias no son unificables,  dependen de significaciones inscritas en conflictos de contextos locales y regionales espec&iacute;ficos (Zaluar, 1996: 40).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Acerca de la situaci&oacute;n del Estado,  existe un gran consenso en tomo a la idea de que el mismo es cada vez menos capaz de cumplir sus funciones b&aacute;sicas, y que en la pr&aacute;ctica la definici&oacute;n weberiana de monopolio de la violencia f&iacute;sica leg&iacute;tima parece ya no dar cuenta de las caracter&iacute;sticas del Estado contempor&aacute;neo. Lo que tiende a predominar, en cambio, es la privatizaci&oacute;n de la violencia, que se suma tambi&eacute;n a la informalidad, a los mercados negros, a la evasi&oacute;n fiscal, al trabajo clandestino y al d&eacute;ficit en la aplicaci&oacute;n de la justicia que son moneda corriente en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses del mundo. A esto se agrega el aumento de la violencia ilegitima de parte de los propios aparatos del estado que se constataba por el aumento de la represi&oacute;n y tortura. Por otra parte existe la sensaci&oacute;n en la poblaci&oacute;n de que los cr&iacute;menes quedan impunes, lo que revela una aguda crisis en las formas de acci&oacute;n de los sistemas judiciales. En raz&oacute;n de esto, el Estado&#45;Naci&oacute;n aparece como cada vez m&aacute;s incapaz de velar por la seguridad de los ciudadanos y de proteger sus bienes, tanto materiales como simb&oacute;licos en tanto que la fragmentaci&oacute;n cultural, contribuye a tornar m&aacute;s d&eacute;biles las formas de acci&oacute;n del Estado&#45;Naci&oacute;n ya que este no puede reclamar para si el monopolio de la identidad cultural de sus ciudadanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos elementos del debilitamiento del Estado han llevado a que algunos autores conceptualizar&aacute;n esta situaci&oacute;n como una forma de neomedievalismo dada la creciente y persistente p&eacute;rdida de poder del estado centralizado. A consecuencia de su debilitamiento, la forma de violencia m&aacute;s directamente ligada a &eacute;l, la guerra entre estados, deber&iacute;a perder importancia y aumentar otras formas de violencia tales como guerras civiles, masacres inter&eacute;tnicas, violencias que de hecho constituyen hoy las formas m&aacute;s espectaculares de la misma. Por esta raz&oacute;n, los actuales enfrentamientos entre diferentes etnias y culturas no pueden ser vistos como residuos del pasado, sino como algo que est&aacute; por venir (Giddens, 1997: 274).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, no hay que olvidar que las diferencias &eacute;tnicas y religiosas son tambi&eacute;n normalmente diferencias de estratificaci&oacute;n.  En este sentido, las desigualdades asociadas a etnicidad son,  con frecuencia, fuentes de tensi&oacute;n y de hostilidad mutua y, consecuentemente, incentivan a conflictos que pueden conducir a colapsos violentos del orden civil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A nivel de la propia organizaci&oacute;n social y pol&iacute;tica, Wieviorka, siguiendo a Touraine, sostiene que la ca&iacute;da del trabajo industrial, la p&eacute;rdida de poder del movimiento obrero y la exclusi&oacute;n social llevan a la disoluci&oacute;n del principal conflicto estructurador de la vida social en  la modernidad: el conflicto entre el capital y el trabajo. Esto conlleva tambi&eacute;n el declinar de la empresa en tanto ordenadora y aseguradora de la vida social. A nivel pol&iacute;tico lo anterior se reflejar&aacute; en el debilitamiento de los polos izquierda&#45;derecha como organizadores de la vida partidaria. Los partidos no encuentran qu&eacute; mediar y surgen nuevos nacionalismos. Todo lleva a que la crisis social se combine con el problema de las identidades culturales &eacute;tnicas y religiosas y a la formaci&oacute;n de antiactores que carecen de reconocimientos mutuos, lleg&aacute;ndose de esta manera en muchos casos a acciones violentas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pegoraro (1994) tiene una visi&oacute;n similar para el caso de Argentina, se&ntilde;alando que la desarticulaci&oacute;n de los actores sociales que fueron tradicionalmente correas de transmisi&oacute;n para la contenci&oacute;n y movilizaci&oacute;n pol&iacute;tica &#151;movimiento estudiantil, sindicalismo, movimientos villeros, partidos pol&iacute;ticos&#151; lleva a que ya no puedan cumplir su funci&oacute;n de mediaci&oacute;n, lo que induce a una confrontaci&oacute;n entre el individuo y los procesos de subjetivaci&oacute;n y de producci&oacute;n de subjetividades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas transformaciones en su conjunto se encaminan, en diferentes niveles, a aumentar la complejidad y al mismo tiempo la desestucturaci&oacute;n del mundo social. Sin embargo, debemos decir que, si bien estos cambios afectan a las nuevas formas de violencia, no cabe deducirlas directamente de ellos, como su derivaci&oacute;n mec&aacute;nica. Existe un conjunto de mediaciones que determinan en cada contexto concreto los efectos de estos cambios y que tienen elementos irreductibles que hacen a las combinaciones y determinaciones propias de cada situaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, las mutaciones que est&aacute; sufriendo la sociedad no excluyen a sus clases dominantes. Por el contrario, las mismas est&aacute;n pasando tambi&eacute;n por un proceso de reestructuraci&oacute;n profundo. Los l&iacute;mites del espacio social y simb&oacute;lico de las naciones se desdibujan llevando a una transformaci&oacute;n en las formas de dominaci&oacute;n que se hacen cada vez m&aacute;s permeables a los efectos de la globalizaci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estas circunstancias, es conveniente recordar, como lo hace Boaventura de Sousa (1997),  que los cambios operados en la sociedad contempor&aacute;nea ponen en cuesti&oacute;n los modelos interpretativos que fueron elaborados para dar cuenta de una realidad radicalmente distinta de la actual. Por ello, sin dejar de lado a la ligera las teor&iacute;as cl&aacute;sicas, se debe hacer un an&aacute;lisis cr&iacute;tico de su vigencia. Los cambios que se est&aacute;n operando sobre el Estado&#45;Naci&oacute;n hacen necesarios una revisi&oacute;n cr&iacute;tica de los conceptos sobre disciplinamiento y de dominaci&oacute;n para poder hacer &eacute;nfasis en lo que hay de nuevo en estos procesos para lograr comprender mejor los riesgos, incertidumbres y posibilidades de esta puja social de dimensiones globales en la que hoy nos encontramos. Lo que est&aacute; en juego en este conflicto global entre fuerzas sociales aparentemente difusas, es la naturalizaci&oacute;n de los procesos que llevan a la exclusi&oacute;n y a la legitimaci&oacute;n de las desigualdades, procurando dar a luz un nuevo tipo de orden social posdemocr&aacute;tico. Los crecientes actos de violencia, a nuestro entender, emergen como "s&iacute;ntoma", pero no totalmente irreductible como ya dijimos, del paulatino agotamiento del orden social moderno constituyendo un elemento m&aacute;s de la desarticulaci&oacute;n de la estructura material y simb&oacute;lica de la sociedad industrial. La violencia emerge as&iacute; del profundo desajuste que produce de la inculcaci&oacute;n de valores, como el de la igualdad de oportunidades, que supone la idea de igualdad formal de los ciudadanos, sobre la cual se construye el sistema de dominaci&oacute;n simb&oacute;lico, y las reducidas probabilidades de ponerlo realmente en pr&aacute;ctica restringiendo la legitimidad del orden social. En t&eacute;rminos durkiemnianos podr&iacute;amos decir que el orden social est&aacute; dejando de ser, en t&eacute;rminos de representaci&oacute;n social de la realidad, "artefacto hist&oacute;rico bien fundado". En este desajuste radica la crisis, crisis que las nuevas fracciones dominantes buscan superar a trav&eacute;s de la implantaci&oacute;n de un orden social posdemocr&aacute;tico en el cual la igualdad formal de los individuos deje de ser la base de su legitimaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Las interpretaciones contempor&aacute;neas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este nuevo escenario, las corrientes que hacen &eacute;nfasis en el conflicto comenzaron a reflexionar sobre el aumento de la violencia, aceptando que el fen&oacute;meno tiene cierta irreductibilidad,  lo que cambia de alg&uacute;n modo la perspectiva te&oacute;rica del tratamiento del tema. Ya no se postula que la violencia social desaparecer&aacute; por medio de la emancipaci&oacute;n, como anteriormente estaba impl&iacute;cito, sino que comienza a crecer la idea de que siempre conviviremos con ella. De alguna manera, la propia crisis de las "utop&iacute;as" cuestiona tambi&eacute;n la idea de que una acci&oacute;n emancipadora pod&iacute;a liberar a las instituciones de la violencia simb&oacute;lica que generan sus funciones de control.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los autores contempor&aacute;neos que rese&ntilde;aremos en esta parte del trabajo comparten la idea de que la violencia actual ha renovado profundamente sus significados y concuerdan en el surgimiento de un nuevo tipo de violencia: la violencia difusa. Aunque los mismos no coinciden estrictamente en sus definiciones de violencia, <sup><a href="#nota">3</a></sup> todos coinciden en se&ntilde;alar su creciente presencia en las distintas esferas de la vida social contempor&aacute;nea.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A nivel m&aacute;s general, podemos decir que estos an&aacute;lisis expresan tambi&eacute;n que la violencia produce, y al mismo al mismo tiempo es producida por un desgaste del orden social moderno. En este sentido, la lectura que haremos de los autores intentar&aacute; resaltar este punto para sustentar nuestra hip&oacute;tesis de que la violencia difusa es un indicador<sup><a href="#nota">4</a></sup> del agotamiento o declinaci&oacute;n de las formas de control social de dominaci&oacute;n instaladas a partir de la sociedad industrial, que puede desembocar en nuevo orden social posdemocr&aacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer t&eacute;rmino Zaluar,  quien se refiere espec&iacute;ficamente al caso de Brasil, desarrolla una l&iacute;nea argumental que propone pensar la violencia que hoy se vive en la sociedad brasile&ntilde;a, la cual tiene elementos nuevos y no puede ser explicada por enfoques tradicionales, insistiendo en que hay que incluir la mundializaci&oacute;n del crimen organizado con sus caracter&iacute;sticas econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y culturales <i>sui generis</i> y tambi&eacute;n la globalizaci&oacute;n cultural en el marco interpretativo. De esto se desprende que no se puede entender la violencia apenas como un efecto geol&oacute;gico de las capas de violencia <i>constumeira</i> del sert&atilde;o nordestino o de otras regiones del pa&iacute;s. No se puede explicar tampoco la violencia y delincuencia por el aumento del desempleo y los bajos salarios. De estos elementos no pueden deducirse directamente los problemas de violencia que afectan a la sociedad brasile&ntilde;a. Para la autora, es necesario analizar c&oacute;mo y qui&eacute;n lleva los instrumentos de poder y de placer a las favelas y c&oacute;mo se establecen y se refuerzan los valores que impulsan a la acci&oacute;n de una b&uacute;squeda irrefrenada de ese poder y de ese placer, remarcando que &eacute;stos constituyen un cuestionamiento a los valores habituales de las clases populares (Zaluar, 1996: 49&#45;55).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los argumentos de Zaluar constituyen as&iacute; en un primer indicio, desde nuestro puntode vista, del debilitamientode los mecanismos de disciplinamiento, que hoy ya se pueden encontrar en las zonas "calientes&quot;  de Montevideo. Esta poblaci&oacute;n excluida ya no internaliza los valores leg&iacute;timos de este orden social de trabajo, educaci&oacute;n, respeto a la autoridad del Estado, valorizaci&oacute;n del ahorro etc. Aunque no se intente subvertirlos pol&iacute;ticamente: existe objetivamente un freno a la reproducci&oacute;n de dichos valores que provoca el cuestionamiento de varios de los instrumentos que conforman el control social. Retomaremos este punto cuando analicemos la segregaci&oacute;n urbana como una de las evidencias del agotamiento del control social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde una perspectiva diferente,  Wieviorka &#151;que analiza el problema desde una visi&oacute;n tourainiana de la sociedad y con base en la situaci&oacute;n europea&#151; afirma que hay que construir un nuevo paradigma para caracterizar la emergencia de este nuevo tipo de violencia, y hace suya la afirmaci&oacute;n de Baudrillard de que</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">en lugar de quejarse del resurgimiento de una violencia at&aacute;vica, es preciso ver que es nuestra propia modernidad, nuestra propia hipermodemidad, que produce este tipo de violencia y esos efectos especiales de los cuales el terrorismo tambi&eacute;n hace parte (Wieviorka, 1997: 8).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para este autor, la violencia viene a llenar el vac&iacute;o dejado por los actores colectivos y el consecuente debilitamiento de las relaciones sociales y pol&iacute;ticas de la sociedad. La p&eacute;rdida de centralidad de las relaciones de producci&oacute;n industrial hacen improbable la idea de una ligaz&oacute;n entre violencia social y su inserci&oacute;n en los conflictos estructurales de clase, en el sentido habitual de la expresi&oacute;n. No se trata ya de una lucha contra una relaci&oacute;n de dominaci&oacute;n, de sublevaci&oacute;n contra un adversario con el que se mantiene una relaci&oacute;n conflictual, y s&iacute; de una no&#45;relaci&oacute;n social,<sup><a href="#nota">5</a></sup> una ausencia de relaci&oacute;n conflictual  una exclusi&oacute;n social, que alimenta conductas amotinadoras o una violencia m&aacute;s difusa, fruto de la rabia y de la frustraci&oacute;n. Wieviorka sostiene que estamos ante una separaci&oacute;n definitiva de la relaci&oacute;n que marca la modernidad, la tensi&oacute;n entre raz&oacute;n y cultura, entre racionalizaci&oacute;n y subjetivizaci&oacute;n. Por tanto, el momento actual puede ser interpretado en funci&oacute;n del sometimineto a riesgos crecientes de laceramiento entre los dos polos que definen la modernidad. De un lado el mundo de la t&eacute;cnica, los mercados liberales, la ciencia, y de otro la identidades culturales y comunitarias. Desde este punto de vista, la violencia contempor&aacute;nea puede ser pensada como un vasto conjunto de experiencias que, cada una a su manera, traduce el riesgo de implosi&oacute;n de la posmodernidad y es al mismo tiempo su esbozo (1997).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este laceramiento, esta separaci&oacute;n, produce una fragmentaci&oacute;n de los espacios p&uacute;blicos y una distorsi&oacute;n de los aspectos generales de la violencia pensada a partir de sus dimensiones pol&iacute;ticas. Partiendo de este supuesto,  Wieviorka postula que si bien puede continuar instalada a nivel pol&iacute;tico, la violencia actual adquiere mayormente formas que invaden por debajo y por encima a la pol&iacute;tica. Define as&iacute; las dos modalidades de la violencia contempor&aacute;nea: la infrapol&iacute;tica y la metapol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La violencia infrapol&iacute;tica es producida por la creciente privatizaci&oacute;n de la econom&iacute;a, que lleva a mantener el "estado a distancia". Est&aacute; ligada a la degeneraci&oacute;n de un fen&oacute;meno que pierde su car&aacute;cter pol&iacute;tico en favor de una privatizaci&oacute;n ligada al deseo de controlar recursos econ&oacute;micos y territoriales, privatizando la violencia para proteger esos intereses. La violencia metapol&iacute;tica constituye un modo de ver la realidad en la cual los problemas pol&iacute;ticos est&aacute;n al mismo tiempo asociados y subordinados a problemas culturales o religiosos. El sentimiento de una inmensa frustraci&oacute;n social se sublima asi en combinaciones religiosas, nacionales y &eacute;tnicas. Lo pol&iacute;tico queda supeditado a Dios o a la Naci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A su vez, estas formas de violencia pueden asumir, seg&uacute;n el autor, dos maneras diferentes de manifestarse. Una claramente instrumental, que crece cuando el orden social se deshace, operando de forma hobbesiana: la violencia es el principal recurso en las luchas de todos contra todos, donde no hay actores estrat&eacute;gicos envueltos en una relaci&oacute;n de conflicto, llevando as&iacute; la l&oacute;gica de crisis al extremo. La otra manera es la que el autor denomina de violencia no instrumental, que significa la imposibilidad para el actor de estructurar su pr&aacute;ctica en una relaci&oacute;n de cambio m&aacute;s o menos conflictiva. Ella trae la marca de una subjetividad negada, frustrada, es la voz del sujeto no reconocida, rechazado, prisionero de la exclusi&oacute;n social y de la discriminaci&oacute;n racial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, Wieviorka nos muestra, desde su perspectiva toureniana, c&oacute;mo emerge una nueva forma de violencia a partir de la desarticulaci&oacute;n de las relaciones sociales de la sociedad industrial y como esto lleva a descomponer el orden social propio de este tipo de sociedades. En este sentido, el autor remarca que la violencia pasa a ser cada vez m&aacute;s uno de los principales recursos de los sujetos, tom&aacute;ndose posible pensar en una fractura del orden social. Retomaremos este analizar m&aacute;s adelante cuando desarrollemos el concepto de orden social y control social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde otro paradigma, Tavares dos Santo, partiendo desde una perspectiva inspirada en Foucault, busca elaborar una definici&oacute;n sociol&oacute;gica de esta nueva violencia difusa. Para el autor, la violencia es fundadora de una sociedad dividida y panra  comprender cabalmente el fen&oacute;meno es necesario reconstruir la complejidad de las relaciones sociales, localizando las relaciones de poder que se ejercen en m&uacute;ltiples formas, de modo transversal a ejes de estructuraci&oacute;n de lo social. Estos ejes de estructuraci&oacute;n son las clases sociales, las relaciones &eacute;tnicas, de g&eacute;nero los procesos disciplinares y el nivel del inconsciente. En cada uno de estos conjuntos de relaciones sociales, de redes de poder, las diferentes formas de violencia est&aacute;n presentes y deben comprenderse como un ocio de exceso de poder que configura una relaci&oacute;n social innegociable porque lleva al l&iacute;mite las condiciones de sobrevivencia de aquel que es "objeto" del agente de la violencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n el autor, la violencia consiste as&iacute; en un dispositivo que est&aacute; compuesto por diferentes l&iacute;neas de realizaci&oacute;n: presenta visibilidad y siempre es antecedida o justificada por una violencia simb&oacute;lica ejercida por subjetivaci&oacute;n de los agentes sociales envueltos en la situaci&oacute;n. La violencia como un dispositivo de poder ejerce una relaci&oacute;n espec&iacute;fica con otro por el uso de la fuerza y la coerci&oacute;n, es una modalidad de pr&aacute;ctica disciplinar. La violencia, con su car&aacute;cter instrumental, es siempre un medio para llegar a un fin,  un procedimiento de car&aacute;cter racional, en volviendo en su propia racionalidad el arbitrio en la medida en que al desencadenarse la violencia produce efectos incontrolables e imprevisibles (Tavares dos Santo,  1995: 288&#45;289 y 1997: 193).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para poder realizar esta definici&oacute;n el autor distingue, ai igual que Arendt, relaci&oacute;n de poder y relaci&oacute;n de violencia. Considerar&aacute; el poder como la forma de ejercicio de la dominaci&oacute;n que se caracteriza por la legitimidad y por su capacidad de negociar el conflicto y establecer el consenso. En cambio, la violencia es una relaci&oacute;n social innegociable puesto que alcanza, en el l&iacute;mite, las condiciones de sobrevivencia, materiales y simb&oacute;licas, de aquel percibido como desigual por el agente de la violencia. Se puede deducir de la definici&oacute;n de violencia de Tavares que hay un <i>&laquo;continuum&raquo;</i> entre poder y violencia. La violencia es siempre una derivaci&oacute;n del poder que se transforma en algunos actos y frente a algunas situaciones por exceso de poder en violencia. <i>La pregunta que cabe realizarse desde esta perspectiva es por qu&eacute; surgen los excesos de poder</i>. Por qu&eacute; una situaci&oacute;n de dominaci&oacute;n en que es posible negociar el conflicto deriva una relaci&oacute;n innegociable. Si esto sucediera en casos aislados no valdr&iacute;a la pena pregunt&aacute;rselo, pero, como venimos argumentando, esta es la situaci&oacute;n que tiende a instalarse cada vez con mayor frecuencia en la sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta pregunta no tiene una respuesta &uacute;nica porque son m&uacute;ltiples los ejes de poder que est&aacute;n en juego y que transforman sus relaciones de poder en actos de violencia. Intentaremos dar una respuesta para uno de esos ejes, el de la dominaci&oacute;n de clase.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para una primer aproximaci&oacute;n en el intento de dar una respuesta a esta interrogante recurrimos a las recientes conceptualizaciones de Giddens sobre la violencia. Para el autor<sup><a href="#nota">6</a></sup> existen tambi&eacute;n nuevas formas de violencia, que est&aacute;n asociadas a este nuevo estado de la sociedad contempor&aacute;nea. Si bien el autor reconoce que las causas de la violencia actual son m&uacute;ltiples y existen varios contextos en los cuales la violencia aparece en la vida social, al igual que el resto de los autores, se&ntilde;ala que su surgimiento siempre est&aacute; relacionado a estructuras de poder. En este sentido la violencia es para Giddens el otro extremo de la persuasi&oacute;n, aquel por el cual los individuos, grupos, o Estado buscan imponer su voluntad a otros (Giddens, 1996: 260). Si bien esta definici&oacute;n epistemol&oacute;gicamente es diferente de la de Tavares, coloca de una manera muy similar la forma en la cual se plantea la diferencia entre poder y violencia. La diferencia radica en que Giddens plantea una relaci&oacute;n y una funcionalidad distinta entre los dos conceptos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Giddens, no son el aumento de la fuerza y la violencia las que hacen que el Estado asegurare el monopolio de la fuerza y del poder soberano, sino el desarrollo de mecanismos de vigilancia y de control. De esto se deriva que el uso de la fuerza est&aacute; siempre asociado a un d&eacute;ficit en materia de control y esto ocurre con todos los sistemaa de poder. El autor ejemplifica lo anterior con el caso del patriarcado, el cual, afirma, nunca fue mantenido por medio del uso de la fuerza y la violencia. El poder de los hombres sobre las mujeres ha durado por el hecho de poseer una legitimidad basada en los papeles de g&eacute;nero diferenciados, en los valores a ellos asociados y en una separaci&oacute;n sexual entre las esferas p&uacute;blica y privada. Lo que importa rescatar para nuestro an&aacute;lisis es que la violencia contra la mujer no es, para Giddens, una expresi&oacute;n del poder del sistema patriarcal tradicional sino m&aacute;s bien una reacci&oacute;n a su disoluci&oacute;n parcial (Giddens, 19%: 262&#45;268).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tanto, esta afirmaci&oacute;n puede ser entendida como una respuesta posible a la pregunta que nos formul&aacute;bamos a partir de la definici&oacute;n de la violencia en tanto exceso de poder: la dominaci&oacute;n se transforma en un exceso de poder cuando comienza a perder su capacidad de persuasi&oacute;n y la violencia es una reacci&oacute;n a esta situaci&oacute;n. Podemos inferir como hip&oacute;tesis que una de las causas de la violencia difusa se encuentra en la reacci&oacute;n de las clases dominantes frente al debilitamiento de su capacidad de persuasi&oacute;n, o sea el debilitamiento de su orden social. Por esta raz&oacute;n, al necesitar imponer por la fuerza su orden social, las clases dominantes se colocan objetivamente en el otro extremo de la acci&oacute;n leg&iacute;tima, reforzando con esta acci&oacute;n la p&eacute;rdida de legitimaci&oacute;n de ese orden. Estamos as&iacute; frente a una situaci&oacute;n compleja, producida por los fen&oacute;menos que hemos rese&ntilde;ado, donde comienzan a reducirse los espacios de persuasi&oacute;n de los que dispone la clase dominante, quien responde ampliando los espacios para imponerse por la fuerza. Creemos que este fen&oacute;meno es central para entender la violencia de la sociedades actuales y nos remite directamente al an&aacute;lisis entre violencia y control social.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El agotamiento del orden social</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, en qu&eacute; consiste el agotamiento del orden social y c&oacute;mo podemos constatarlo. Puede decirse que un orden social se debilita cuando se debilitan sus formas de control social. Para poder desarrollar este concepto nos basaremos en el an&aacute;lisis Pegoraro,  quien se&ntilde;ala que el sistema de control social se considera como:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una estrategia tendiente a naturalizar y normalizar un determinado orden social constitutivo por las fuerzas sociales dominantes... la legitimidad de dicho orden social permite &#151;por momentos&#151; atenuar los controles institucionales y promover los autocontroles y la ampliaci&oacute;n de las conductas rutinarias tendientes a regular por s&iacute; mismas las formas sociales de convivencia. De tal manera puede reducir el control coercitivo mientras mantiene como amenaza el monopolio del ejercicio de la coacci&oacute;n f&iacute;sica leg&iacute;tima por parte del estado. As&iacute; los c&aacute;lculos de la ventaja personal y el temor al castigo son los &uacute;nicos elementos (Pegoraro, 1994: 90&#45;91).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este proceso permanente de legitimaci&oacute;n del orden social procura naturalizar las desigualdades sociales de diversas formas para que sean internalizadas como "normales", como pre&#45;existentes a la acci&oacute;n social, buscando desligarlas as&iacute; de la acci&oacute;n pol&iacute;tica, sustray&eacute;ndolas de su &oacute;rbita posible de acci&oacute;n. Esto no debe considerarse necesariamente como una intenci&oacute;n perversa, ni un deseo consciente de las fracciones dominantes, sino como algo inscrito en su propio punto de vista, inherente a su posici&oacute;n en el espacio social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, los planteos de los autores que analizan la violencia contempor&aacute;nea &#151;expresada tanto como exceso de poder, falta de capacidad para persuadir, imposibilidad de estructurar relaciones conflictuales o de negociar diferencias&#151; siempre refieren a alg&uacute;n problema de eficacia del sistema de control social, el cual no estar&iacute;a permitiendo que el poder impl&iacute;cito en la violencia se exprese como dominaci&oacute;n leg&iacute;tima. Estos problemas pueden ser explicados si consideramos que estamos en un momento hist&oacute;rico donde a&uacute;n no se han naturalizado las nuevas diferencias sociales derivando en respuestas violentas tanto de los que realizan excesos de poder para naturalizarlas y aquellos que responden por no hallarlas leg&iacute;timas. En este sentido, uno de los elementos que hacen al agotamiento de ese orden social es el hecho de que hoy nos enfrentamos a una situaci&oacute;n en la que las diferencias reales existentes en el espacio social ya no son las diferencias que estaban legitimadas como naturales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando hablamos de debilitamiento del orden social,  adem&aacute;s de los procesos de legitimaci&oacute;n, nos referimos tambi&eacute;n al agotamiento de sus mecanismos de control social. Por este motivo, nos referiremos brevemente a los signos de agotamiento de importantes mecanismos de control social como forma de concluir nuestra fundamentaci&oacute;n acerca de la emergencia de la violencia difusa en tanto indicador del proceso que se&ntilde;alamos. Los mecanismos de control a los que nos referiremos son: la segregaci&oacute;n urbana, las pol&iacute;ticas sociales, la escuela y el trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los mecanismos de control social m&aacute;s utilizados para resolver los conflictos generados por las desigualdades siempre fue la separaci&oacute;n o segregaci&oacute;n urbana. Esta salida llevada a cabo para sobrellevar las diferencias sociales, fue en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas la que conform&oacute; la segmentaci&oacute;n urbana de hoy. Los acontecimientos de los &uacute;ltimos a&ntilde;os ponen de manifiesto que esta separaci&oacute;n no puede ser ya una salida definitiva. Lo que fue una resoluci&oacute;n de problemas en el pasado se ha transformado hoy en uno de los principales ejes de cuestionamiento del orden social. Las situaciones creadas: como producto de una acumulaci&oacute;n de exclusiones sociales se ha combinado con los procesos de globalizaci&oacute;n del crimen organizado y hoy estalla en una violencia irrefrenable. Las favelas y las villa miserias fueron modos de segregaci&oacute;n eficaces porque permitieron por mucho tiempo atenuar conflictos sociales contribuyendo a mantener el orden social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero hoy, es justamente en estos espacios donde con mayor nitidez se cuestiona el monopolio del uso de la violencia del listado. Se constituye asi una paradoja, ya que el mismo listado, que propici&oacute; estos asentamiento, cre&oacute; las bases materiales para el cuestionamiento de su poder monop&oacute;lico. M&aacute;s all&aacute; de las estigmatizaciones, el aumento de la segregaci&oacute;n genera objetivamente el territorio en el cual se producen procesos sociales incompatibles con el orden social. El agotamiento de este mecanismo de control plantea dos opciones que resumen el dilema de la violencia en las sociedades actuales: comunicaci&oacute;n o coerci&oacute;n y violencia (Zaluar, 1996: Giddens. 1997 y Pegonro. 1994).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro de los mecanismos de control social que,  actualmente est&aacute; cuestionado es el de las pol&iacute;ticas sociales. Mientras dur&oacute; el Estado Benefactor, estas pol&iacute;ticas permitieron resolver conflictos e integrar a la sociedad, al menos en el primer mundo, a un contingente importante de las clases populares. Sin embargo, a ra&iacute;z de los cambios estructurales del capitalismo y de la ca&iacute;da de la sociedad industrial, este sistema comenz&oacute; a generar enormes contradicciones en el seno del estado, como en su tiempo lo se&ntilde;al&oacute; Offe. Esto llev&oacute; a que dichas pol&iacute;ticas fueran perdiendo su car&aacute;cter universal, adquiriendo un car&aacute;cter focalizado, sacrificando por ello su efecto integrativo y transform&aacute;ndose en una forma m&aacute;s de acentuar la segregaci&oacute;n y la fragmentaci&oacute;n social. En tal sentido, hoy ya est&aacute; comprobado que las nuevas pol&iacute;ticas sociales no lograron, como se pensaba, compensar las reformas estructurales neoliberales y han perdido eficacia como mecanismos de control social, eficacia que s&iacute; tuvieron durante casi todo el siglo XX.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una evidencia m&aacute;s del agotamiento del orden social es la creciente manifestaci&oacute;n de la violencia en la escuela y en el reto de los espacios educativos. La escuela, que ha sido la instituci&oacute;n central de normalizaci&oacute;n de los sectores sociales y que ha jugado un papel preponderante en la legitimaci&oacute;n de los valores sociales que permiten la naturalizaci&oacute;n de la dominaci&oacute;n, est&aacute; hoy en crisis. Su funci&oacute;n de integraci&oacute;n se ve fuertemente cuestionada por un entorno social cada vez m&aacute;s desintegrado. Las expresiones de violencia son uno de los modos en que toma forma es la crisis en el sistema de educaci&oacute;n. Esta violencia expresa asi la dificultad del actual modelo de dominaci&oacute;n para reproducirse y legitimarse en el sistema escolar actual. Los valores y clasificaciones inculcados en la escuela no solamente deben tener fuerza para imponerse discursivamente, deben sobre todo estar bien fundados, tener una cierta correspondencia con la realidad social. Como ya lo se&ntilde;alamos, es cada vez m&aacute;s problem&aacute;tico fundamentar la igualdad de oportunidades, las posibilidades de ascenso social y la necesidad de educaci&oacute;n ya que estas representaciones del mundo est&aacute;n siendo socavadas por las transformaciones que ha sufrido la sociedad en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Los crecientes actos de violencia que se producen en la escuela, considerada hasta hoy como el "reino del orden y la normalidad" son por encima de todo un fuerte cuestionamiento simb&oacute;lico a la capacidad de integraci&oacute;n del actual orden social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, uno de los mecanismos de integraci&oacute;n y a la vez de control del orden social burgu&eacute;s fue siempre el trabajo. Este mecanismo est&aacute; hoy seriamente cuestionado a causa del creciente desempleo estructural. En  estas circunstancias, la legitimidad del orden social, que se estructur&oacute; con base en la posibilidad del acceso a un trabajo, entra en crisis. Mediante una actividad remunerada los individuos lograban estructurar su vida social, objetiva y subjetivamente. Esto orientaba las estrategias y los sue&ntilde;os de la mayor&iacute;a de las clases dominadas que aspiraban, y regularmente consegu&iacute;an un trabajo como forma de integraci&oacute;n social propia y de sus familias, lo que permit&iacute;a la reproducci&oacute;n de estas expectativas. Desde esta perspectiva, lo importante no es el salario, si bien este tambi&eacute;n influye, sino el trabajo como v&iacute;nculo entre el individuo y la sociedad. La imposibilidad de la sociedad de brindar un empleo es la imposibilidad de su orden social de reproducir las aspiraciones que el mismo inculca como leg&iacute;timas. La ruptura de estos mecanismos de repoducci&oacute;n social llevan al derrumbe de la legitimidad de cualquier orden social. Pero, ning&uacute;n orden social se derrumba sin que otro lo sustituya &#151;volvemos a aclarar que no nos referimos al capitalismo sino a sus formas de dominaci&oacute;n&#151;. Esto es lo que para nosotros, est&aacute; en juego en la actualidad. &iquest;Se puede mantener un sistema de dominaci&oacute;n basado en principios democr&aacute;ticos con las actuales diferencias sociales? Para nosotros esta pregunta tiene dos repuestas: o se reducen las diferencias o se modifica el orden democr&aacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Veamos cu&aacute;l es la respuesta de las clases dominantes a esta situaci&oacute;n. La respuesta m&aacute;s generalizada ha sido la de aumentar la cantidad y sofisticaci&oacute;n de la represi&oacute;n, como los se&ntilde;al Pegoraro para el caso Argentino (Pegoraro,  1993: 107&#45;112), donde hubo un aumento del equipamiento policial, cruzadas contra las drogas, formaci&oacute;n de super secretar&iacute;as de seguridad, mayor poder para la polic&iacute;a, m&aacute;s muertes en enfrentamientos con la polic&iacute;a y crecimiento de las empresas de seguridad privada. Claramente, el caso argentino puede extenderse con facilidad al resto de los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina. Dicha situaci&oacute;n hizo que en algunos momentos y en algunos territorios, se generaran situaciones de "guerra interna" en las que no existen las m&aacute;s m&iacute;nimas garant&iacute;as de un estado de derecho, los derechos humanos y civiles son puestos entre par&eacute;ntesis a la visla de todos bajo el pretexto de la seguridad p&uacute;blica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas medidas demuestran, a nuestro juicio, legitimar el uso de la fuerza y la violencia como &uacute;nica forma de resolver los problemas de la sociedad, acentuando en espacial la violencia contra los grupos sociales excluidos, a efectos de aumentar la "protecci&oacute;n" de los incluidos. Estos elementos pertenecen a una "visiones del mundo" que frente a los reclamos de seguridad personal, intenta construir como base para la formulaci&oacute;n de un modelo de control social posdemocr&aacute;tico, la estigmatizaci&oacute;n de los sectores m&aacute;s pobres como irremediablemente violentos buscando argumentos a favor de la naturalizaci&oacute;n de las diferencias sociales existentes, que permitan diluir los derechos formales de igualdad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quienes act&uacute;an, de manera consciente o inconsciente, en funci&oacute;n de este proyecto, hacen aparecer en forma magn&iacute;fica problemas que seguramente son el epifen&oacute;meno, el resultado o la expresi&oacute;n de cuestiones m&aacute;s estructurales. Uno de ellos es el "problema de la droga" y otro quiz&aacute; m&aacute;s generalizado, el de la "seguridad personal". Sobre estas nuevas "enfermedades" de la sociedad es que las fuerzas sociales dominantes se ven tentadas a construir un nuevo orden social de dominaci&oacute;n, con una nueva forma de disciplinamiento y mecanismos de control social. La emergencia de la violencia difusa se alimenta as&iacute; de un doble proceso que implica el debilitamiento de orden social y el propio aumento del uso de la fuerza y de la violencia para trata de mantener ese orden.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, a nuestro juicio es esencial no olvidar cuando hablamos de violencia y criminalidad en las sociedades contempor&aacute;neas que esta discusi&oacute;n expresa un momento de profundos conflictos sociales, cuya resoluci&oacute;n puede derivar en un aumento del dialogo para negociar las diferencias sociales, o en la creaci&oacute;n de un orden pos&#45;democr&aacute;tico donde las diferencias sociales se tomar&aacute;n como dadas haciendo desaparecer la necesidad de reforma social. Los estudios sociol&oacute;gicos sobre la violencia pueden ser una contribuci&oacute;n importante a esta reflexi&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">ADORNO, S., 1995, "A viol&ecirc;ncia na sociedade brasileira: um painel inconcluso em urna democracia n&atilde;o consolidada", en Rev. <i>Sociedade e Estado: viol&ecirc;ncia</i>, Departamento de Sociolog&iacute;a de Universidade de Brasilia, julho/dezembro, vol. X, num. 2, Brasilia. </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ADORNO, S. y A. Peralva, 1997, "Estrat&eacute;gias de interven&ccedil;&atilde;o policial no Estado contempor&aacute;neo&quot;, en Rev. <i>Tempo Social</i>, Departamento de Sociolog&iacute;a, ITLCH&#45;USP, vol. 9, num. 1, mayo, S&atilde;o Paulo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5628882&pid=S1405-7425200100040000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BOURDIEU, P., 1995, <i>Respuestas. Por una antropolog&iacute;a reflexiva</i>, Grijalbo, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5628884&pid=S1405-7425200100040000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DOMENACH, J.M., 1981, "La violencia&quot;, en <i>La violencia y sus causas</i>, Unesco, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5628886&pid=S1405-7425200100040000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GIDDENS, A., 1996,<i> Para al&eacute;m da esquerda e da direita</i>, UNESP, S&atilde;o Paulo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5628888&pid=S1405-7425200100040000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GIDDENS, A., 1997, "La vida en una sociedad postradicional", en &Aacute;gora, n&uacute;m. 6, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5628890&pid=S1405-7425200100040000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">IANNI, O., 1995, <i>Teor&iacute;as da Globaliza&ccedil;&atilde;o</i>, Civiliza&ccedil;&atilde;o Brasileira, Rio de Janeiro.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5628892&pid=S1405-7425200100040000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PEGORARO, J., 1994, &quot;Teor&iacute;a social, control social y seguridad, el nuevo escenario de los a&ntilde;os 90&quot;, en Pavarini, G.; Pegoraro, J., <i>El control social en el fin de siglo</i>, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5628894&pid=S1405-7425200100040000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SOUSA Santos, B., 1997, <i>Pela m&atilde;o de Alice. O social e o pol&iacute;tico na p&oacute;smodernidade</i>, Cortez, S&atilde;o Paulo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5628896&pid=S1405-7425200100040000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SOUSA Santos, B., 1997. "Uma concep&ccedil;&atilde;o multicultural de direitos humanos", en <i>Lua Nova</i>, num. 39.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5628898&pid=S1405-7425200100040000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">TAVARES Dos Santos, J.V., 1995, "A viol&ecirc;ncia como dispositivo de excesso de poder". en <i>Sociedade e Estado: viol&ecirc;ncia</i>, Departamento de Sociolog&iacute;a de Universidade de Brasilia, julho/dezembro, num. 2, vol. X, Brasilia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5628900&pid=S1405-7425200100040000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">TAVARES Dos Santos, J.V., 1997, "A arma e a flor", en <i>Tempo Social</i>. Departamento de Sociolog&iacute;a, FFLCH&#45;USP, num. 1, vol. 9, mayo. S&atilde;o Paulo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5628902&pid=S1405-7425200100040000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">TIRELLI, C., 1996, <i>Cartograf&iacute;a social da viol&ecirc;ncia: estudo sobre a criminalidade na regi&atilde;o regulo metropolitana de Porto Alegre 1988/1995</i>, UFRGS, IFCH, PPS, Porto Alegre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5628904&pid=S1405-7425200100040000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font>	</p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">TRINDADE, J., 1993, <i>Delinq&uuml;&ecirc;ncia juvenil. Uma abordagem transdisciplinar</i>, Livraria do Advogado, Porto Alegre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5628906&pid=S1405-7425200100040000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WIEVIORKA, M., 1997, "O novo paradigma da viol&ecirc;ncia", en <i>Tempo Social</i>, num. 1, vol. 9, Departamento de Sociolog&iacute;a,   FFLCII&#45;USP. S&atilde;o Paulo, mayo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5628908&pid=S1405-7425200100040000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">ZALUAR, A., 1996, "A globaliza&ccedil;&atilde;o do crime e os limites da explica&ccedil;&atilde;o local", en Velho, G. y Alvito, M. <i>Cidadania e viol&ecirc;ncia</i>, Editoras UFRJ y FGV, R&iacute;o de Janeiro.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> En este trabajo, no buscamos definir el fen&oacute;meno de la violencia y sus caracter&iacute;sticas intr&iacute;nsecas. S&oacute;lo debemos tener presente que los actos de violencia deben definirse en relaci&oacute;n con las normas y costumbres de una sociedad dada. Es decir, que la concepci&oacute;n de violencia es siempre una concepci&oacute;n social e hist&oacute;rica.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> En esta vertiente tambi&eacute;n podr&iacute;amos colocar algunos enfoques de la violencia elaborados por la UNESCO, aunque son dif&iacute;ciles de clasificar ya que pueden tener tambi&eacute;n una lectura neofuncionalista. Estas teor&iacute;as tienen a nuestro juicio una definici&oacute;n demasiado amplia del fen&oacute;meno, construyendo un concepto extensivo de violencia relacionado con un amplio conjunto de condiciones de dominaci&oacute;n y de poder, que algunos tambi&eacute;n llamar&aacute;n de violencia estructural. Galtung,  por ejemplo, la define en relaci&oacute;n a un amplio conjunto de condiciones que inhiben el desarrollo de las  oportunidades de vida de los individuos, es decir, como aquellas barreras que impiden la realizaci&oacute;n de potenciales, siendo esta barrera social y no natural. Por ejemplo, si existen personas que est&aacute;n sufriendo de desnutrici&oacute;n y tal cosa es objetivamente inevitable, entonces se est&aacute; cometiendo un acto de violencia. El problema de tales conceptos se centra en que su definici&oacute;n de violencia ampliada est&aacute; m&aacute;s vinculada a una idea de justicia social que estrictamente al ten&oacute;meno de la violencia. Por m&aacute;s referencias ver Giddens, 1097; Wieviorka, 1997 y Revista Unesco, 1981.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> </font><font face="verdana" size="2">Esto se analiza bajo diferentes formas de conceptualzaci&oacute;n,  unos la entienden como una violencia abierta, expl&iacute;cita, otros resaltar&aacute;n su vertiente propiamente criminosa o su permanencia en la mantenci&oacute;n de las relaciones de poder o su dimensi&oacute;n "gratuita",  "hed&oacute;nica",  que se ejerce como forma de reafirmaci&oacute;n personal o grupal, actuando en general guiada por estigmatizaciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup></font> <font face="verdana" size="2">Otro indicador que puede ser considerado como la contracara de la violencia, tambi&eacute;n muy recurrente hoy entre los an&aacute;lisis sociol&oacute;gicos,  es la creciente b&uacute;squeda m&iacute;stica y religiosa de amplios sectores sociales que ha llevado a la diseminaci&oacute;n de sectas religiosas e iglesias que se disputan este floreciente mercado de fieles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup></font> <font face="verdana" size="2">El autor, uno de los m&aacute;s destacados seguidores de Touraine, utiliza sus conceptos de conflicto v relaci&oacute;n social, que aluden a relaciones de conflicto negociadas, que implican el reconocimiento del oponente y por tanto se dan dentro de ciertos l&iacute;mites sist&eacute;micos y compartiendo la misma totalidad. Por tanto, los actores sociales que constituyen su identidad con base en elementos ubicados fuera de lo social, como es el caso de los movimientos religiosos y los &eacute;tnicos, no son considerados como actores sociales, ya que en &uacute;ltima instancia lo que los constituye no pude ser puesto en juego, no es objeto de negocio un conflicto social, la etnia o la existencia de determinado Dios, no pueden negociarse con un oponente, ellos llevan a que la &uacute;nica salida del conflicto sea la eliminaci&oacute;n del oponente.</font></p>      	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Este autor define la violencia en un sentido convencional, es decir, como el uso de la fuerza para causar da&ntilde;o f&iacute;sico a otra persona. Al optar por esta definici&oacute;n, se coloca en una postura cr&iacute;tica frente a las corrientes que hablan de una violencia institucional. Critica, por ejemplo, el concepto de violencia simb&oacute;lica de Bourdieu, porque al aplicar el concepto de violencia a una gran variedad de fen&oacute;menos de opresi&oacute;n que las personas pueden sufrir, se transforma en una constante y no permite ver lo que ella tiene de espec&iacute;fico (Giddens, 1997: 261).</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Alberto Riella.</b> Doctor en Sociolog&iacute;a por la Universidad Federal de Rio Grande do Soul; realiz&oacute; estudios de posgrado en Poblaci&oacute;n y Desarrollo en la Universidad de La Habana. Actualmente se desempe&ntilde;a como profesor adjunto efectivo en el Departamento de Sociolog&iacute;a de la Facultad de Ciencias Sociales en la Universidad de Montevideo, y como coordinador de la Unidad de Estudios Regionales de la Facultad de Ciencias Sociales en la Regional Norte, en la misma instituci&oacute;n. Ha impartido c&aacute;tedra en diversas universidades de Sudam&eacute;rica. Sus investigaciones versan sobre desarrollo rural y regional. Entre sus publicaciones m&aacute;s recientes destacan "Modificaciones en el sistema agroalimentario mundial: una mirada desde un pa&iacute;s peque&ntilde;o", en <i>Anais do XVII Encontr&oacute; del PIPSA,</i> volumen II, Brasil, 1996; "Globaliza&ccedil;&acirc;o e Conflitualidade no Cone sur", en D. Pi&ntilde;eiro (comp.), <i>Globalizaci&oacute;n, integraci&oacute;n regional y consecuencias sociales sobre la agricultura,</i> Unesco&#45;AUGM, 1996, Montevideo, y "La cruz de los caminos: los grandes empresarios frente a la integraci&oacute;n regional", en <i>Los empresarios y la integraci&oacute;n regional,</i> CIESU&#45;FESUR, 1994. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:alberto@fcsl.edu.uy">alberto@fcsl.edu.uy</a></font></p>      ]]></body><back>
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