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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Espacio urbano y segregación étnica en la ciudad de México]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article analyses how social inequality in Indian-mestizo relations is expressed in Mexico city's physical space. Appropiated or inhabited space functions as a symbolic construction of social space. In the competition for urban space, belonging to a Indian group or community brings about specific consequences. As in other Latin American countries, "Indianess" has historically meant a condition of subordination, which supports a negative identity that limits possibilities for individuals and reduces their full acceptance in society. Indians must face unfair competition in their struggle for jobs, home, education, health, and justice. Forced into social marginality, they must interact as ethnic minorities.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Espacio urbano y segregaci&oacute;n &eacute;tnica en la ciudad de M&eacute;xico</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Cristina Oehmichen</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo reflexiona en torno a la manera en que la desigualdad social, que emana de las relaciones indomestizas, se expresa en el espacio f&iacute;sico de la ciudad de M&eacute;xico. El espacio (habitado o apropiado) funciona como una especie de simbolizaci&oacute;n del espacio social. La forma f&iacute;sica de la ciudad expresa situaciones de cooperaci&oacute;n y competencia, a la vez que muestra las relaciones de los actores sociales con el entorno. En M&eacute;xico, al igual que en otros pa&iacute;ses de Latinoam&eacute;rica, la categor&iacute;a ind&iacute;gena ha constituido hist&oacute;ricamente una condici&oacute;n minusvalorada. Pertenecer a aqu&eacute;lla comporta una identidad negativa que resta posibilidades de vida a los individuos y los inhabilita para la plena aceptaci&oacute;n social. Por esta raz&oacute;n, quienes son identificados como ind&iacute;genas enfrentan situaciones de competencia desventajosa en su lucha por el empleo, la vivienda, la educaci&oacute;n, la salud, la justicia y otros &aacute;mbitos de la vida social.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">This article analyses how social inequality in Indian&#45;mestizo relations is expressed in Mexico city's physical space. Appropiated or inhabited space functions as a symbolic construction of social space. In the competition for urban space, belonging to a Indian group or community brings about specific consequences. As in other Latin American countries, "Indianess" has historically meant a condition of subordination, which supports a negative identity that limits possibilities for individuals and reduces their full acceptance in society. Indians must face unfair competition in their struggle for jobs, home, education, health, and justice. Forced into social marginality, they must interact as ethnic minorities.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este art&iacute;culo tiene el prop&oacute;sito de reflexionar en torno a la manera en que la desigualdad social, que emana de las relaciones indomestizas, se expresa en el espacio f&iacute;sico de la ciudad de M&eacute;xico. Parto de considerar que el espacio (habitado o apropiado) funciona como una especie de simbolizaci&oacute;n del espacio social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La forma f&iacute;sica de la ciudad expresa situaciones de cooperaci&oacute;n y competencia, a la vez que muestra las relaciones que los actores sociales mantienen con el entorno. En la competencia por el espacio urbano, la pertenencia a determinadas categor&iacute;as sociales adquiere caracter&iacute;sticas espec&iacute;ficas. En M&eacute;xico, al igual que en otros pa&iacute;ses de Latinoam&eacute;rica, la categor&iacute;a ind&iacute;gena ha constituido hist&oacute;ricamente una condici&oacute;n minusvalorada. Pertenecer a aqu&eacute;lla comporta una identidad negativa que resta posibilidades de vida a los individuos y los inhabilita para la plena aceptaci&oacute;n social. Por esta raz&oacute;n, quienes son identificados como ind&iacute;genas enfrentan situaciones de competencia desventajosa en su lucha por el empleo, la vivienda, la educaci&oacute;n, la salud, la justicia y otros &aacute;mbitos de la vida social. Tienden a ser colocados en una situaci&oacute;n de marginalidad social, entendiendo por ello el estado de quien, en parte y bajo ciertos aspectos, est&aacute; incluido en un grupo social y, en parte, y bajo otros aspectos, es ajeno al mismo. Al igual que otras colectividades culturales que interact&uacute;an en calidad de minor&iacute;as &eacute;tnicas, los migrantes ind&iacute;genas se encuentran en una posici&oacute;n de marginalidad, pues, en ciertos aspectos, son reconocidos como miembros de la naci&oacute;n, y en otros, son considerados como extranjeros. Son reconocidos como miembros de la naci&oacute;n, pero carecen de derechos espec&iacute;ficos. Son incorporados como fuerza de trabajo, aunque generalmente en ocupaciones mal pagadas y carentes de derechos laborales. Son residentes en las ciudades, pero se les conmina a que regresen a sus pueblos. Tienen derecho al libre tr&aacute;nsito, pero su presencia en las ciudades es motivo de conflicto. Se les considera, en fin, extra&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la ciudad de M&eacute;xico no hay espacio que no exprese las jerarqu&iacute;as y las distinciones sociales de acuerdo con los valores de la sociedad dominante. De hecho, el espacio social se retraduce en el espacio f&iacute;sico, aunque de manera m&aacute;s o menos turbia (Bourdieu, 2000: 120&#45;121). En el caso de la ciudad de M&eacute;xico, la distinci&oacute;n indio/mestizo se expresa en el espacio f&iacute;sico. Entre las representaciones sociales que son expresadas por la poblaci&oacute;n de la ciudad de M&eacute;xico, existe la tendencia a identificar "lo ind&iacute;gena" con personas pertenecientes al medio rural, con el trabajo agr&iacute;cola, o con los sectores m&aacute;s depauperados de la poblaci&oacute;n urbana. Dichas representaciones, que tienen un origen colonial, muestran que dif&iacute;cilmente puede aceptarse la presencia ind&iacute;gena en las ciudades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se sabe, la ciudad de M&eacute;xico fue fundada en el periodo prehisp&aacute;nico. Sobre un islote se construy&oacute; la ciudad mexica, que pronto se convertir&iacute;a en una de las m&aacute;s poderosas e importantes de la Am&eacute;rica precolombina. Para 1523, una vez consumada la conquista europea, fue construida la ciudad espa&ntilde;ola sobre las ruinas de Mexico&#45;Tenochtitlan. El car&aacute;cter europeo que adquiri&oacute; la ciudad se vio favorecido por el establecimiento de una segregaci&oacute;n residencial que separ&oacute; a las dos Rep&uacute;blicas: la de Indios y la de Espa&ntilde;oles.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segregaci&oacute;n &eacute;tnica prohibi&oacute; a los indios residir en el interior de la ciudad, por lo cual se asentaron en los barrios situados fuera de la traza de la ciudad espa&ntilde;ola. Los barrios de indios congregaron la fuerza de trabajo utilizada por los espa&ntilde;oles: la servidumbre, los mozos, los obreros de la construcci&oacute;n y los artesanos viv&iacute;an en ellos. Alejados de la traza urbana, pero en las inmediaciones de la ciudad de M&eacute;xico, exist&iacute;an diversos pueblos creados en el periodo precolonial en las riberas de los lagos de la antigua cuenca de M&eacute;xico. Dichos pueblos aportaron una rica y variada producci&oacute;n agr&iacute;cola a la antigua Tenochtitlan, lo que continuo durante el periodo colonial, pero ahora al gobierno virreinal, a trav&eacute;s del pago de tributos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La distribuci&oacute;n socioespacial de la poblaci&oacute;n en el periodo colonial marc&oacute; profundamente el desarrollo hist&oacute;rico de la ciudad y una serie de caracter&iacute;sticas relacionadas con la presencia ind&iacute;gena, mismas que subsisten hasta nuestros d&iacute;as. La dicotom&iacute;a urbano/rural se incorpor&oacute; como atributo para identificar a los espa&ntilde;oles y los indios, y, posteriormente, para distinguir a los mestizos (o ladinos) de los indios. De ah&iacute; que Bonfil se&ntilde;alara:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algo pocas veces reconocido expl&iacute;citamente y casi siempre soslayado en los marcos conceptuales de an&aacute;lisis de la dicotom&iacute;a rural/urbano, es el hecho de que las ciudades latinoamericanas son y han sido hist&oacute;ricamente el asiento y el espacio del colonizador (Bonfil, 1991: 33).</font></p> 	      <p align="justify">&nbsp;</p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La ciudad multicultural de hoy</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Actualmente, la ciudad de M&eacute;xico cuenta con aproximadamente 18 millones de habitantes, por lo que es considerada una de las m&aacute;s grandes y pobladas del mundo. Su crecimiento obedeci&oacute; tanto al incremento demogr&aacute;fico de la poblaci&oacute;n nativa como a los flujos migratorios provenientes de diversas partes del pa&iacute;s, principalmente del centro de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las migraciones del campo a la ciudad fueron motivadas por el crecimiento industrial y urbano de las d&eacute;cadas de 1940 a 1960. Hacia finales de los a&ntilde;os sesenta, las migraciones hacia la ciudad de M&eacute;xico se intensificaron debido a que la crisis agr&iacute;cola, el crecimiento poblacional, la centralizaci&oacute;n de las actividades productivas y la falta de inversi&oacute;n en el campo dejaron en la pobreza a miles de familias. Estas condiciones se agravaron en las d&eacute;cadas siguientes, a la vez que se diversificaron los lugares de destino de los migrantes ind&iacute;genas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pluralidad cultural de la ciudad de M&eacute;xico se increment&oacute; con la llegada de miles de migrantes ind&iacute;genas provenientes de todo el pa&iacute;s, aunque destaca la presencia de los originarios del centro y sur de M&eacute;xico. De acuerdo con el censo de 1990, en la ciudad radicaban de forma permanente alrededor de 800 mil personas, cuyo jefe de familia o c&oacute;nyuge era hablante de alguna de las 63 lenguas originarias del pa&iacute;s (INEGI, 1993). A esta poblaci&oacute;n hay que agregar las personas que son migrantes de segunda o tercera generaciones, hijos y nietos de migrantes que nacieron y se socializaron en la ciudad de M&eacute;xico. Por lo general, estas personas ya no hablan lenguas ind&iacute;genas, aunque la entienden. En diversos casos mantienen y reproducen los v&iacute;nculos que los unen con la comunidad de origen de sus padres y abuelos, con quienes comparten tradiciones y s&iacute;mbolos comunes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A los ind&iacute;genas que son residentes permanentes en la capital del pa&iacute;s hay que sumar un n&uacute;mero indeterminado de migrantes temporales que llegan a trabajar por cortas temporadas, ya sea como peones en la industria de la construcci&oacute;n, para vender algunas mercanc&iacute;as o, en algunos casos, para vivir de la mendicidad y de la prostituci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un elevado n&uacute;mero de ind&iacute;genas que radica en la capital est&aacute; integrado por trabajadoras dom&eacute;sticas que residen en casas de sus patrones y que los fines de semana regresan a sus pueblos o se re&uacute;nen en la ciudad con parientes y paisanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La poblaci&oacute;n ind&iacute;gena tiene sus lugares de residencia en las 16 delegaciones del Distrito Federal y en los 27 municipios conurbados del Estado de M&eacute;xico que la integran. Sin embargo, su presencia se densifica en el centro de la ciudad y en las periferias noreste y oriente de la zona metropolitana.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La dimensi&oacute;n de g&eacute;nero que arrojan los datos censales llama la atenci&oacute;n al observar que en algunas delegaciones, donde predominan colonias populares como Iztapalapa, la proporci&oacute;n entre hombres y mujeres fue equilibrada, al igual que en los municipios conurbados del Estado de M&eacute;xico; sin embargo, en delegaciones que cuentan con zonas residenciales de clases media y alta, como Benito Ju&aacute;rez, Alvaro Obreg&oacute;n, Coyoac&aacute;n, Miguel Hidalgo, Magdalena Contreras y Tlalpan, fue m&aacute;s elevado el n&uacute;mero de mujeres. Seguramente, esto se debe a que trabajan como empleadas dom&eacute;sticas y residen en casa de sus patrones. Al analizar estos mismos datos por grupos de edad, tenemos que la mayor concentraci&oacute;n de mujeres en estas delegaciones se dio en el grupo de 15 a 19 a&ntilde;os (INEGI, 1993).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con el mismo censo, las lenguas ind&iacute;genas mayormente habladas en la ciudad de M&eacute;xico fueron el n&aacute;huatl, con 49 912 hablantes; el otom&iacute;, con 32 321; el mixteco, con 30 379; el zapoteco, con 25 557, y el mazahua, con 12 827; con menos de 10 mil y m&aacute;s de mil hablantes se registraron el mazateco, maya, pur&eacute;pecha, huasteco, tlapaneco y chinanteco. Aqu&iacute; se incluye a hablantes de n&aacute;huatl y otom&iacute; que son parte de la antigua poblaci&oacute;n de la cuenca de M&eacute;xico y que mantienen su lengua, aunque el censo no establece esta distinci&oacute;n. Tambi&eacute;n ha llegado a la ciudad un n&uacute;mero importante de hablantes de triqui, chocho, tzeltal, cuicateco, amuzgo y tarahumara, este &uacute;ltimo con 151 hablantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No hay una manera &uacute;nica de ser ind&iacute;gena en la ciudad de M&eacute;xico, pues las culturas e historias regionales de los migrantes son diversas. Tampoco se puede generalizar respecto a la manera en que reproducen y manifiestan sus identidades. Existen diversas formas de incorporaci&oacute;n de los ind&iacute;genas a la ciudad, as&iacute; como diversas estrategias para ganarse la vida. Sus patrones de migraci&oacute;n var&iacute;an de acuerdo con la &eacute;poca en que llegaron a la ciudad, la oferta de empleo, la disponibilidad de vivienda, as&iacute; como la especificidad de los grupos en cuanto a su cultura, situaci&oacute;n social y escolaridad. Los ind&iacute;genas conforman un mosaico diverso en lo cultural y variable en su inserci&oacute;n en la estructura urbana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A trav&eacute;s de las redes de parientes, los migrantes consiguen empleo y vivienda durante los primeros meses de su llegada a la ciudad. La continuidad de los patrones de organizaci&oacute;n y reproducci&oacute;n comunitaria ind&iacute;gena en la capital se sostienen fundamentalmente a trav&eacute;s de los v&iacute;nculos de parentesco. La relaci&oacute;n social comunitaria se reproduce en la ciudad y se legitima al interior del endogrupo a trav&eacute;s de los v&iacute;nculos parentales. Estos v&iacute;nculos constituyen un elemento definitorio de la pertenencia a la comunidad y uno de los capitales sociales m&aacute;s importantes con los que cuentan los ind&iacute;genas para sobrevivir en un medio hostil. A trav&eacute;s de las relaciones parentales se naturaliza el v&iacute;nculo social. Este proceso de naturalizaci&oacute;n del v&iacute;nculo social se integra como una creencia que obliga a los miembros de la comunidad a la lealtad y a la reciprocidad con los miembros de su grupo, con quienes comparten un origen y ancestros comunes, un pasado (real o inventado) que se ratifica a trav&eacute;s de las tradiciones. Los migrantes ind&iacute;genas han conformado comunidades extraterritoriales, es decir, comunidades que se extienden m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites de sus pueblos de origen, que radican en una o m&aacute;s regiones y a veces en m&aacute;s de un estado nacional, sin que ello signifique la p&eacute;rdida de su pertenencia comunitaria. La relaci&oacute;n parental y el matrimonio endog&aacute;mico permiten la reproducci&oacute;n de la comunidad en contextos migratorios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los migrantes ind&iacute;genas (al menos los de primera generaci&oacute;n) contribuyen al sostenimiento de las comunidades rurales de las que salieron y es frecuente que tengan gran capacidad de decisi&oacute;n para incidir en los asuntos que ata&ntilde;en a sus pueblos de origen. Contribuyen a las mejoras de sus pueblos por medio de las faenas, as&iacute; como al sostenimiento de los que se quedan. Muchos regresan a sus pueblos para realizar el trabajo agr&iacute;cola durante las &eacute;pocas de siembra y de cosecha. El resto del a&ntilde;o trabajan como vendedores de flores, frutas, artesan&iacute;as y productos industrializados, o como peones en la industria de la construcci&oacute;n, alba&ntilde;iles, empleadas dom&eacute;sticas, o laboran en avenidas y cruceros limpiando parabrisas. Se trata, por lo general, de empleos inestables en la econom&iacute;a informal, cuyos ingresos son reducidos (de 6 a 10 d&oacute;lares por d&iacute;a de trabajo), carentes de todo tipo de seguridad social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los ind&iacute;genas migrantes de segunda y tercera generaciones que nacieron y se socializaron en la ciudad, presentan variaciones en cuanto a su adscripci&oacute;n y manejo de identidad, as&iacute; como de sus proyectos a futuro. La pertenencia de los j&oacute;venes a su grupo &eacute;tnico pasa por la autoaceptaci&oacute;n de su filiaci&oacute;n y por la consiguiente ruptura o ampliaci&oacute;n de las fronteras &eacute;tnicas del grupo para retenerle.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pese a su origen rural y a sus permanentes v&iacute;nculos con las localidades de origen, los ind&iacute;genas metropolitanos se han constituido en un sujeto social diferente al rural. Conservan las l&iacute;neas de continuidad con los elementos culturales que portan desde sus lugares de origen, pero, a la vez, dichos elementos son reformulados y adaptados permanentemente en la urbe. Como habitantes de la ciudad, son portadores de una serie de demandas espec&iacute;ficas que los asemejan a otros sectores urbano&#45;populares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta perspectiva, lo que hace diferentes a los ind&iacute;genas en relaci&oacute;n con la mayor&iacute;a mestiza es precisamente la capacidad que tienen para reproducir a su comunidad fuera del territorio ancestral o de origen, as&iacute; como el hecho de contar con redes comunitarias que les permiten enfrentar con mayor eficacia los procesos de empobrecimiento que trae consigo la reforma neoliberal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con una identidad cuya especificidad cultural se remite al lugar de origen, los migrantes ind&iacute;genas tienden a conformar frentes de lucha que apelan al pasado com&uacute;n y a la pertenencia &eacute;tnica. A trav&eacute;s de estos frentes buscan solucionar un conjunto de necesidades b&aacute;sicas, como su acceso al empleo, al comercio y a la vivienda. En diversos casos, buscan reconstruir sus espacios territoriales en la ciudad de manera que puedan reproducir los patrones de asentamiento y distribuci&oacute;n familiar del grupo. La lucha por obtener reivindicaciones de tipo &eacute;tnico no parece ser tan evidente como sucede en otras regiones del pa&iacute;s; sin embargo, la identidad &eacute;tnica est&aacute; presente en la acci&oacute;n social para luchar por intereses comunes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las relaciones de los migrantes ind&iacute;genas con el Estado son variables. Existen desde aquellos que han entablado una relaci&oacute;n clientelar con los partidos pol&iacute;ticos, instituciones gubernamentales y eclesi&aacute;sticas, as&iacute; como los grupos que tienen propuestas econ&oacute;micas rentables y/o demandas pol&iacute;ticas independientes. Los indios en la ciudad han desarrollado ricas e imaginativas formas para sobrevivir y reproducir su identidad, la cual adquiere un car&aacute;cter urbano.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Procesos de integraci&oacute;n y segregaci&oacute;n espacial</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al igual que en sus lugares de origen, en la ciudad de M&eacute;xico los ind&iacute;genas se encuentran en una condici&oacute;n de minor&iacute;a &eacute;tnica; sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en el medio rural, donde los contactos con los agentes de la categor&iacute;a mestiza suelen ser menos frecuentes, la relaci&oacute;n cara a cara entre indios y mestizos en la ciudad es un hecho de todos los d&iacute;as. Ind&iacute;genas y mestizos entablan relaciones cotidianas al compartir y competir por el espacio f&iacute;sico de la ciudad. La lucha por la vivienda y el trabajo y el uso en com&uacute;n del transporte y de los lugares p&uacute;blicos los pone en contacto diario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante la creciente presencia de los ind&iacute;genas en la ciudad, no ha habido una transformaci&oacute;n sustancial del sistema de distinciones y clasificaciones sociales que tiendan a colocarlos por debajo de los mestizos. La competencia por el espacio y por las posiciones sociales puede parecer m&aacute;s difusa en la ciudad que en las tradicionales "regiones interculturales de refugio". Esto se debe a que en la metr&oacute;poli las fronteras f&iacute;sicas que separan a los indios de los mestizos no se encuentran tan claramente delimitadas. No obstante, esto no significa que no existan fronteras. El contacto cotidiano entre miembros de ambas categor&iacute;as puede hacer que las confrontaciones inter&eacute;tnicas sean m&aacute;s agudas, aunque tambi&eacute;n m&aacute;s indefinidas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la capital del pa&iacute;s las fronteras &eacute;tnicas no siempre corresponden a las fronteras f&iacute;sicas que separan a las categor&iacute;as sociales. No existen, por ejemplo, barrios o guetos que se distingan sobre bases &eacute;tnicas; sin embargo, son frecuentes los vecindarios &eacute;tnicos que agrupan a personas de una misma comunidad de origen y a sus descendientes. En el caso de los mazahuas, otom&iacute;es y triquis, dichos vecindarios se encuentran dispersos en el &aacute;rea metropolitana, aunque suelen concentrarse en las &aacute;reas m&aacute;s deterioradas del Centro Hist&oacute;rico y en las zonas perif&eacute;ricas m&aacute;s pobres de la ciudad, en virtud de que las l&iacute;neas de diferenciaci&oacute;n &eacute;tnica suelen corresponderse con las de clase.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La disposici&oacute;n de los asentamientos ind&iacute;genas est&aacute; ligada al proceso de urbanizaci&oacute;n de la capital, cuya configuraci&oacute;n expresa la competencia &#151;pret&eacute;rita y contempor&aacute;nea&#151; por espacios valorados de manera desigual. El suelo urbano se tasa en funci&oacute;n del equipamiento y los servicios, y de su ubicaci&oacute;n. Adem&aacute;s, se valoriza de manera desigual en funci&oacute;n de su reconocimiento como capital cultural al estar inscrito en la lucha simb&oacute;lica por el prestigio y el <i>status.</i> Esta lucha propicia la expulsi&oacute;n de los m&aacute;s desprotegidos hacia las zonas menos favorecidas, lo que hace que los inmigrantes ind&iacute;genas tengan sus vecindarios al lado de los mestizos pobres y de otros inmigrantes rurales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la capital del pa&iacute;s los ind&iacute;genas viven un segundo proceso de etnicizaci&oacute;n,<sup><a href="#notas">1</a></sup> en la medida en que se ensancha la brecha que separa la cultura y el territorio. Con la migraci&oacute;n cambia el contexto en que indios y mestizos entablan relaciones, mas no el sistema de distinciones y clasificaciones sociales: cambia el contexto de interacci&oacute;n, mas no la estructura de significados atribuidos a una y otra categor&iacute;as de adscripci&oacute;n. Las comunidades ind&iacute;genas forman parte de unidades administrativas m&aacute;s grandes e inclusivas, articuladas con un sistema mayor, regional, nacional y mundial. Esto hace que los migrantes ind&iacute;genas experimenten en las ciudades un segundo proceso de etnicizaci&oacute;n, en virtud de que estas clasificaciones sociales forman parte de condiciones hist&oacute;ricas y sociales ligadas a la construcci&oacute;n cultural de la naci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; pues, aunque la presencia ind&iacute;gena en la ciudad de M&eacute;xico haya sido una constante a lo largo de la historia, existe igualmente un continuado proceso de construcci&oacute;n de estereotipos que ubican a los ind&iacute;genas como gente del campo, ligada a la agricultura y al peonaje. Dicha identificaci&oacute;n tiene un importante trasfondo hist&oacute;rico. Desde la Colonia los indios fueron lanzados hacia los barrios que conformaban la periferia de la ciudad. La sociedad ind&iacute;gena urbana vivi&oacute; un proceso de ruralizaci&oacute;n y de cambio en cuanto a su condici&oacute;n laboral, al ser identificada dentro de categor&iacute;as de menor prestigio: la agricultura, el peonaje y la servidumbre, en tanto que los blancos se reservaron el trabajo urbano. Por tanto, al erigirse a las ciudades como n&uacute;cleos del poder y de conquista, la colonizaci&oacute;n fue responsable de segregar al otro al mundo rural y, por tanto, de identificar las representaciones colectivas sobre la alteridad con el contraste rural&#45;urbano (Feixa, 1993).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy, la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena migrante en la ciudad de M&eacute;xico se concentra en el Centro Hist&oacute;rico, fundamentalmente en las delegaciones Cuauht&eacute;moc y Venustiano Carranza. Se aloja en viejas vecindades, en bodegas del mercado de La Merced, en lotes bald&iacute;os y en edificios p&uacute;blicos. Realiza distintos tipos de actividades, con predominio del comercio informal y callejero, el peonaje y los trabajos mas agotadores y peor retribuidos. Otro segmento importante de la poblaci&oacute;n migrante se encuentra asentado en las periferias oriente y noroeste de la ciudad. Estos asentamientos son de reciente creaci&oacute;n. Los ind&iacute;genas se ubican en espacios donde el terreno es m&aacute;s barato, dada la escasez de agua; en terrenos poco propicios por haber sido lechos de antiguos lagos. Se trata de una periferia a la que llegaron los que lograron conseguir terrenos a bajo costo, pero carentes de servicios. Las viviendas son autoconstruidas a trav&eacute;s del trabajo familiar y se suele esperar algunos a&ntilde;os antes de que se introduzcan los servicios b&aacute;sicos, como agua entubada, drenaje y recolecci&oacute;n de basura, entre otros. Finalmente, los ind&iacute;genas migrantes se encuentran tambi&eacute;n en espacios intersticiales, es decir, en zonas de clases media y media alta. Se trata de predios cuya posesi&oacute;n es irregular. Unos son terrenos bald&iacute;os y otros son casas abandonadas o en litigio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cada uno de estos espacios urbanos es posible identificar diferentes problem&aacute;ticas, as&iacute; como caracter&iacute;sticas espec&iacute;ficas con las que los migrantes ind&iacute;genas viven su relaci&oacute;n con los mestizos de la ciudad, como veremos a continuaci&oacute;n.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El Centro Hist&oacute;rico</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Centro Hist&oacute;rico de la ciudad es uno de los m&aacute;s vivos ejemplos de la situaci&oacute;n de vulnerabilidad que viven los ind&iacute;genas en la ciudad de M&eacute;xico. Su ubicaci&oacute;n en esta parte de la ciudad obedeci&oacute; a que la competencia desventajosa por el empleo y el espacio urbanos los coloc&oacute; en la principal puerta de entrada por la que ingresaba la mayor&iacute;a de los inmigrantes rurales pobres a la ciudad: La Merced y su &aacute;rea de influencia. Ubicada en el coraz&oacute;n central de la ciudad, desde los a&ntilde;os treinta La Merced se consolid&oacute; como el centro de abastecimiento y principal mercado de distribuci&oacute;n mayorista de alimentos de la ciudad de M&eacute;xico y de los estados circunvecinos. En ella se localizaban las principales terminales de autobuses for&aacute;neos y v&iacute;as de comunicaci&oacute;n que un&iacute;an al campo con la ciudad. Contaba, adem&aacute;s, con viviendas de rentas bajas destinadas a alojar a la masa laboral despose&iacute;da que se fue ubicando en l&oacute;bregas vecindades creadas con la subdivisi&oacute;n de las viejas y deterioradas casonas que las &eacute;lites hab&iacute;an ido abandonado. Esto permitir&iacute;a a los bodegueros de La Merced abatir los costos de reproducci&oacute;n de la fuerza de trabajo, acrecentar su capital y consolidar su poder monop&oacute;lico sobre la comercializaci&oacute;n hortofrut&iacute;cola de la ciudad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A&ntilde;os mas tarde, a principios de los sesenta, Enrique Valencia encontr&oacute; en La Merced una enorme masa laboral despose&iacute;da y</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...un n&uacute;mero sensible de vendedores ind&iacute;genas, exclusivamente mujeres y, seg&uacute;n nuestras observaciones, &uacute;nicamente mazahuas... De entre los migrantes rurales, los ind&iacute;genas como los mazahuas son los que viven en peores condiciones. A m&aacute;s de la pobreza, los patrones culturales divergentes contribuyen a hacer m&aacute;s precarias sus formas de vida en la ciudad (Valencia, 1965: 217).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Merced y su &aacute;rea de influencia contin&uacute;an siendo hasta hoy lugares importantes para el comercio y la vivienda para un gran n&uacute;mero de mazahuas, triquis, otom&iacute;es, mazatecos y mixtecos. Hoy, la zona de influencia de La Merced se extiende hasta la Central de Abasto, donde laboran gran n&uacute;mero de migrantes ind&iacute;genas como cargadores, diableros, macheteros y encargados de bodegas. Algunos de ellos se han desplazado hacia otros rumbos de la ciudad y han adquirido nuevos espacios para sus viviendas, sobre todo en la periferia oriente y nordeste de la ciudad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso de los mazahuas del Estado de M&eacute;xico, al igual que sucede con otros grupos que radican en el centro, la migraci&oacute;n interna no ha significado que el centro de la ciudad haya dejado de ser uno de sus principales lugares de alojamiento, trabajo y convivencia. Cuentan con cerca de una decena de viejas y deterioradas vecindades, cuyos cuartos son transmitidos de padres a hijos, por lo que es m&aacute;s frecuente encontrar familias j&oacute;venes en el centro de la ciudad que en la periferia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La necesidad que tienen las familias de maximizar los espacios que han conquistado en la ciudad impide que abandonen el centro. Vivir en esta &aacute;rea de la ciudad permite a las familias j&oacute;venes, sobre todo a las mujeres que tienen hijos peque&ntilde;os, atender el hogar y simult&aacute;neamente desempe&ntilde;ar el comercio callejero a unos cuantos metros de sus viviendas. Aprovechan su ubicaci&oacute;n en esta &aacute;rea para adquirir a menor costo las mercanc&iacute;as que venden, evitar el pago de rentas y obtener una serie de servicios sin costo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el Centro Hist&oacute;rico existen numerosas vecindades intestadas, abandonadas o de rentas congeladas que contin&uacute;an albergando a la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena de m&aacute;s bajos recursos. Muchas de las construcciones se encuentran a punto de derrumbarse. Los mazahuas del Estado de M&eacute;xico viven en una decena de viejas vecindades, mientras que los triquis de San Juan Copala viven hacinados en edificios p&uacute;blicos y predios bald&iacute;os que son propiedad federal o de particulares. A ra&iacute;z de los sismos de 1985, diversas construcciones fueron demolidas. Los predios bald&iacute;os y edificios inhabilitados y programados para su demolici&oacute;n han sido ocupados por los otom&iacute;es de Quer&eacute;taro y los mazahuas del Estado de M&eacute;xico.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una caracter&iacute;stica de las familias ind&iacute;genas que residen en el centro de la ciudad es que viven del comercio e incorporan la mano de obra familiar (incluyendo a los ni&ntilde;os) a las actividades de aprovisionamiento. Las mujeres, al igual que sus madres y abuelas, realizan la venta de frutas y semillas, ahora tambi&eacute;n de art&iacute;culos industrializados. Los ni&ntilde;os colaboran con el gasto familiar vendiendo dulces o limpiando parabrisas de autom&oacute;viles en los cruceros. Acuden a las salidas de teatros, cines y de "los antros" (cabaretes y centros nocturnos) para vender dulces y golosinas. Los padres se dedican al comercio o trabajan como aseadores de calzado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los triquis y los otom&iacute;es producen artesan&iacute;as que ofertan en las calles c&eacute;ntricas de la ciudad, sobre todo por la afluencia del turismo que llega al Centro Hist&oacute;rico y la Zona Rosa. El Z&oacute;calo de la ciudad cotidianamente se asemeja a un tianguis artesanal en el que convergen migrantes y productos artesanales de una gran diversidad de procedencias: totonacos de Papantla, Veracruz; mujeres nahuas de Ixhuatancillo, Veracruz; nahuas de Guerrero, Puebla y Veracruz, y hasta artesanos procedentes de Guatemala.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los ind&iacute;genas que viven en el centro reciben continuas amenazas de desalojo por parte de reales o supuestos due&ntilde;os de los predios en que habitan. En algunos casos se han presentado intentos violentos de desalojo extrajudicial. Es tambi&eacute;n frecuente que los ind&iacute;genas vivan en un peligro constante debido a que ocupan inmuebles da&ntilde;ados considerados de alto riesgo. Algunos de ellos han sido programados para su demolici&oacute;n, pero sus inquilinos se niegan a abandonarlos porque aseguran no tener otro lugar para vivir. Su situaci&oacute;n se torna a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil debido a que muchos ind&iacute;genas migrantes, entre ellos los mazahuas, mazatecos, triquis y otom&iacute;es, no pueden adquirir una vivienda de inter&eacute;s social porque no son considerados sujetos de cr&eacute;dito. En su mayor&iacute;a viven del comercio ambulante de frutas, verduras y artesan&iacute;as, no tienen ingresos fijos y no pueden, por tanto, cumplir con los requisitos para adquirir una vivienda de inter&eacute;s social. Estas personas tambi&eacute;n suelen ser hostigadas y desalojadas cuando realizan sus actividades comerciales</font>.</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, la amenaza m&aacute;s importante para los ind&iacute;genas que radican en el Centro Hist&oacute;rico de la ciudad de M&eacute;xico es el alto &iacute;ndice delictivo que se registra. Problemas asociados al consumo de alcohol y drogas, y a la prostituci&oacute;n hacen del Centro una zona de transici&oacute;n donde se densifica el delito. Esta situaci&oacute;n amenaza la integridad comunitaria, ya que tiende a afectar a los ni&ntilde;os y j&oacute;venes ind&iacute;genas, sin que las comunidades migrantes tengan la capacidad para frenar los procesos an&oacute;micos asociados.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Espacios intersticiales</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los migrantes ind&iacute;genas emplean diversas estrategias para incorporarse a la ciudad. Buscan maximizar los recursos que obtienen por su trabajo reduciendo los pagos que consideran innecesarios. Evitar el pago de renta de vivienda es uno de sus primeros objetivos, pues consideran que eso es como "tirar el dinero a la basura". Como parte de sus estrategias se organizan en grupos para conseguir vivienda. Invaden algunos predios federales y construyen casas improvisadas. Otros realizan la compra conjunta de alg&uacute;n terreno y dise&ntilde;an modelos arquitect&oacute;nicos en los que es posible alojar a varias familias nucleares emparentadas en un reducido espacio. En algunos casos, se construyen r&eacute;plicas de las casas de tejamanil con techo de dos aguas que dejaron en sus lugares de origen, pero utilizando varilla y cemento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunos de los predios que han logrado conseguir se ubican en zonas residenciales de clase media y de oficinas, que aqu&iacute; denominamos "espacios intersticiales". En dichos espacios los procesos de etnicizaci&oacute;n se manifiestan de manera aguda. Los mestizos que habitan en los espacios intersticiales no quieren tener por vecinos a los ind&iacute;genas. Diversos testimonios hablan de dicho proceso. En una colonia residencial de clase media ubicada en la Delegaci&oacute;n Iztapalapa hab&iacute;a un lote bald&iacute;o. 120 familias mazahuas, procedentes de Zit&aacute;cuaro, Michoac&aacute;n, lo adquirieron por medio de la invasi&oacute;n. La posesi&oacute;n del terreno se regulariz&oacute; con la compra conjunta a trav&eacute;s de un cr&eacute;dito gubernamental. Despu&eacute;s de algunos a&ntilde;os de intentos de desalojo y de disputas legales contra otros supuestos due&ntilde;os, comenzaron a sustituir sus casas de cart&oacute;n por viviendas "de material". Desde entonces, han tenido problemas con los vecinos, pues como informa una de las v&iacute;ctimas:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...desde que llegamos la gente no nos quer&iacute;a que estuvieramos aqu&iacute;, Dec&iacute;an que nos fueramos para nuestro pueblo. Dec&iacute;an "ya se nos vinieron a meter estos indios a la colonia". Este a&ntilde;o (1997) han tra&iacute;do ya dos veces a los de Televisi&oacute;n Azteca porque dicen que estamos invadido la calle...tambi&eacute;n dicen aqu&iacute; vive puro vicioso, borracho, mariguanos, ni&ntilde;os drogadictos, rateros...nos dicen que somos unos indios ignorantes.</font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otras personas de la misma comunidad de origen lograron adquirir, hace poco m&aacute;s de tres d&eacute;cadas, un predio ejidal que anteriormente era utilizado como dep&oacute;sito de cascajo y basura. Despues de limpiar el terreno construyeron casas de cart&oacute;n. Al urbanizarse esta parte de la ciudad en donde hoy se ubica la colonia Paseos de Taxque&ntilde;a, en Coyoac&aacute;n, llegaron los fraccionadores que mal pagaron a los ejidatarios por sus tierras y pretendieron desalojar a los mazahuas. En 1971 llegaron los granaderos y m&aacute;quinas para derribar sus viviendas. Al igual que en el caso anterior, lograron gestionar la regularizaci&oacute;n del predio y un cr&eacute;dito para vivienda. El predio se conoce hoy como "La marranera". Los vecinos de la zona lo se&ntilde;alan como un lugar peligroso y algunos lo consideran como un "nido de delincuentes".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los casos expuestos se criminaliza la diferencia cultural, con lo cual, la discriminaci&oacute;n &eacute;tnica y el prejuicio en contra de los ind&iacute;genas se suman a los nuevos elementos dentro de las im&aacute;genes o representaciones previas acerca de lo "ind&iacute;gena".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las representaciones sociales tienen la capacidad de producir efectos y fortalecer el poder de quien mantiene el prejuicio. En este proceso se utilizan im&aacute;genes preexistentes para significar la lejan&iacute;a o el rechazo. As&iacute;, el prejuicio antiind&iacute;gena, con sus im&aacute;genes tomadas del repertorio simb&oacute;lico que subyace en las representaciones sociales, es utilizado para expresar los problemas constantes en las relaciones inter&eacute;tnicas que se agudizan en tiempos de crisis y de competencia por el espacio urbano, el empleo y los usos de la ciudad.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La periferia urbana</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la ciudad se presenta un proceso de migraci&oacute;n interna en la que se expresa la competencia por el espacio. Las familias ind&iacute;genas que radican en el Centro Hist&oacute;rico han ido buscando su acomodo en la periferia de la ciudad, sin abandonar el centro. En algunos casos se logra la adquisici&oacute;n conjunta de alg&uacute;n predio y se construyen vecindarios que alojan a personas procedentes de una misma comunidad de origen. En otros, cada familia adquiere un peque&ntilde;o terreno en el cual edifica su vivienda, por lo que no son las relaciones de vecindad sino las redes de parentesco y las relaciones de aprovisionamiento lo que les permite a los migrantes ind&iacute;genas reproducir el &aacute;mbito de sociabilidad y mantener los v&iacute;nculos con la comunidad de inmigrados. Otros inmigrantes ya no llegan a vivir al centro, sino que lo hacen directamente en la periferia urbana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La poblaci&oacute;n ind&iacute;gena tiene presencia en todas las delegaciones del Distrito Federal y los municipios conurbados; sin embargo, &eacute;sta se densifica en las periferias oriente y nordeste de la zona metropolitana. De acuerdo con el Censo General de Poblaci&oacute;n y Vivienda 1990 (INEGI, 1993) la densidad de hablantes de lengua ind&iacute;gena (HLI) se concentr&oacute; en las delegaciones y municipios perif&eacute;ricos de la ciudad: en Iztapalapa se registraron 22 242 HLI; en Naucalpan, 18 890; en Nezahualc&oacute;yotl, 17 582, y en Ecatepec, 16 112.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La presencia ind&iacute;gena en estas demarcaciones coincide, en la configuraci&oacute;n espacial de la ciudad de M&eacute;xico, con las zonas que concentran a la poblaci&oacute;n de menores ingresos. Dichas &aacute;reas se han desarrollado como una serie de zonas conc&eacute;ntricas, donde los asentamientos perif&eacute;ricos se vuelven m&aacute;s pobres, m&aacute;s recientes y con una integraci&oacute;n baja (en t&eacute;rminos de infraestructura urbana, consolidaci&oacute;n residencial, densidad de poblaci&oacute;n). Son sitios donde la oferta de terrenos se encuentra menos limitada para las personas de bajos recursos (Ward, 1991). Se trata tambi&eacute;n de zonas pobres de vida cara. Los precios de los art&iacute;culos de primera necesidad suelen ser m&aacute;s elevados que en el centro, y el costo diario de transporte se eleva considerablemente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un factor importante, que tambi&eacute;n explica la presencia ind&iacute;gena en el oriente de la ciudad, es la creaci&oacute;n, en 1982, de la nueva Central de Abasto. Los j&oacute;venes se incorporan al trabajo en dicha central laborando como cargadores, estibadores, "diableros" y encargados de bodega. Sin embargo, no se cuenta con un censo que nos indique cu&aacute;ntos de esos trabajadores son de origen ind&iacute;gena. Las relaciones obrero patronales son muy similares a las que los bodegueros de La Merced manten&iacute;an con sus empleados. Hasta 1998, los cerca de 40 mil trabajadores que all&iacute; laboraban carec&iacute;an de seguro social y fue gracias a la intervenci&oacute;n del gobierno de Cuauht&eacute;moc C&aacute;rdenas cuando obtuvieron esta indispensable prestaci&oacute;n laboral. De este universo, no sabemos cu&aacute;l es la proporci&oacute;n de trabajadores ind&iacute;genas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los mazahuas hay familias que se han ido a vivir a la periferia. Quienes cuentan con mayor tiempo de residir en la ciudad y con recursos econ&oacute;micos viven en Nezahualc&oacute;yotl, Naucalpan e Iztapalapa. Otros viven en los alrededores de la periferia, en &aacute;reas carentes de todo tipo de servicios. &Eacute;stas se encuentran en la colonia Bordo de Xochiaca, ubicada en la salida a Puebla. Otros viven dispersos en el municipio de Chimalhuac&aacute;n. Ambas zonas est&aacute;n conformadas por asentamientos irregulares que carecen de los servicios b&aacute;sicos, escasean los transportes p&uacute;blicos y el clientelismo pol&iacute;tico se mezcla con el terror impuesto por nuevos caciques urbanos. En tiempos de lluvia las calles se inundan y los lodazales no permiten el ingreso del transporte. La situaci&oacute;n mas dram&aacute;tica se encuentra en el Bordo de Xochiaca, debido a que durante muchos a&ntilde;os fue vertedero de las aguas negras de la ciudad. En &eacute;poca de lluvia, el f&eacute;tido olor se desprende del suelo y se generan condiciones propicias para la emergencia de enfermedades gastrointestinales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vivir en un asentamiento irregular trae consigo enormes costos tanto econ&oacute;micos como f&iacute;sicos. Constituye una de las maneras en que se sostiene y reproduce la desigualdad y la miseria en el medio ambiente f&iacute;sico de la ciudad.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Conclusi&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los ind&iacute;genas migrantes que radican en la ciudad de M&eacute;xico conforman un universo heterog&eacute;neo relacionado con sus diferentes procedencias y bagajes culturales. Dicha diversidad se muestra en las m&uacute;ltiples estrategias que tienen para incorporarse a la ciudad; sin embargo, la heterogeneidad pasa a un segundo plano frente a la alteridad mestiza que los unifica bajo el denominativo com&uacute;n de "ind&iacute;genas", con toda la serie de atributos y valoraciones que le vienen asociadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Independientemente de su lugar de procedencia, los migrantes ind&iacute;genas viven en la ciudad un segundo proceso de etnicizaci&oacute;n al que responden de diferentes maneras. En algunos casos llevan a cabo una pr&aacute;ctica orientada a ocultar los indicios de identidad para evitar la discriminaci&oacute;n. Cambian u ocultan los elementos de su cultura que les resultan disfuncionales en la ciudad, sobre todo aquellos que operan como indicios de su pertenencia &eacute;tnica. Entre los migrantes de segunda generaci&oacute;n es notable el abandono de la lengua materna y el cambio en el atuendo distintivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cambio cultural, sin embargo, no conduce necesaria ni obligatoriamente a la eliminaci&oacute;n de las fronteras &eacute;tnicas. Dicho en otros t&eacute;rminos, las colectividades y grupos &eacute;tnicos pueden adoptar (siempre de manera selectiva y jerarquizada) aquellos elementos culturales que pertenecen a los mestizos, sin que ello implique un cambio de igual magnitud en las identidades sociales (Gim&eacute;nez, 1994).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las presiones aculturativas a las que hist&oacute;ricamente han estado sujetos los ind&iacute;genas de M&eacute;xico se expresan en la ciudad con mayor crudeza, lo que explica los procesos de cambio cultural. Estos procesos no conducen necesariamente a la asimilaci&oacute;n del migrante por parte de la sociedad receptora. Hay, en efecto, migrantes ind&iacute;genas que buscan ser asimilados a la sociedad receptora, pero no siempre logran su objetivo, pues no basta el deseo del que busca ser asimilado. Se requiere, adem&aacute;s, que la sociedad o el grupo al que pretende ser asimilado lo acepte como un miembro pleno de los suyos. Si bien esto se puede lograr a nivel individual, dif&iacute;cilmente se presenta a nivel grupal. En otras palabras, para que un grupo &eacute;tnico sea asimilado, se requiere eliminar las fronteras que son interpuestas por el mismo, y tambi&eacute;n aqu&eacute;llas que erigen los mestizos. No hay que subestimar el hecho de que en las relaciones inter&eacute;tnicas suelen ser los miembros pertenecientes a las categor&iacute;as superordinadas los m&aacute;s activos promotores del mantenimiento de las fronteras.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta din&aacute;mica, las presiones aculturativas no conducen necesariamente a la desagregaci&oacute;n. Actualmente, los ind&iacute;genas en la ciudad han ido gestando un movimiento tendente a reivindicar un conjunto de derechos que les han sido negados. &Eacute;stos se refieren a la lucha por el derecho al trabajo que se expresa en las organizaciones de comerciantes en la v&iacute;a p&uacute;blica y de inquilinos que hacen uso de su distintividad &eacute;tnica para mostrarse como actores sociales colectivos. En algunos casos, como en el de los mazahuas, algunas organizaciones han elaborado propuestas legislativas orientadas a garantizar el respeto a la diferencia cultural y el acceso a la plena ciudadan&iacute;a. En esta lucha, los ind&iacute;genas en la ciudad han ido formulando propuestas y creando frentes pluri&eacute;tnicos. Cuentan con agentes transformativos que logran convocar a la reagregaci&oacute;n grupal y a la resignificaci&oacute;n de sus culturas e identidades sociales. En este proceso, el ser ind&iacute;gena adquiere un nuevo significado que hermana a los ind&iacute;genas metropolitanos con las luchas de los zapatistas en el sureste mexicano.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">AGUIRRE Beltr&aacute;n, Gonz&aacute;lo, 1973, <i>Regiones de refugio,</i> Instituto Nacional Indigenista, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655502&pid=S1405-7425200100020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ABRIC, Jean&#45;Claude, 1994, <i>Pratiques sociales et repr&eacute;sentations,</i> PUF, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655504&pid=S1405-7425200100020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BONFIL, Guillermo, 1991, <i>Pensar nuestra cultura,</i> Alianza Editorial, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655506&pid=S1405-7425200100020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BOURDIEU, Pierre, 2000, <i>La miseria del mundo,</i> Fondo de Cultura Econ&oacute;mica de Argentina, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655508&pid=S1405-7425200100020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BOURDIEU, Pierre, 1985, "Dialogue &aacute; propos de l'histoire culturelle", dans <i>Actes de la Recherche en Sciences Sociales,</i> n&uacute;m. 59.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655510&pid=S1405-7425200100020000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">FEIXA, Carles, 1993, "La ciudad en la antropolog&iacute;a mexicana", dans <i>Quaderns del Departament de Geograf&iacute;a y Hist&ograve;ria,</i> Universitat de Lleida, Catalu&ntilde;a, Espa&ntilde;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655512&pid=S1405-7425200100020000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GIM&Eacute;NEZ Montiel, Gilberto, 1994, "Comunidades primordiales y modernizaci&oacute;n en M&eacute;xico", en Gilberto Gim&eacute;nez y Ricardo Pozas (coord.), <i>Modernizaci&oacute;n e identidades sociales,</i> IIS&#45;UNAM, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655514&pid=S1405-7425200100020000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GIM&Eacute;NEZ Montiel, Gilberto, 2000, "Identidades &eacute;tnicas. Estado de la cuesti&oacute;n", en <i>Los retos de la etnicidad en los estados&#45;naci&oacute;n del siglo XXI,</i> INI&#45;CIESAS, Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655516&pid=S1405-7425200100020000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">INSTITUTO NACIONAL de ESTAD&Iacute;STICA GEOGRAF&Iacute;A e INFORM&Aacute;TICA, 1993, <i>Hablantes de lengua ind&iacute;gena, XI Censo General de Poblaci&oacute;n y Vivienda, 1990,</i> M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655518&pid=S1405-7425200100020000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MOLINA, Virginia, 1995, "La ideolog&iacute;a subyacente en la discriminaci&oacute;n hacia los pueblos indios", en Raquel Barcel&oacute; <i>et al.</i> (coord.), <i>Diversidad &eacute;tnica y conflicto en Am&eacute;rica Latina. El indio como met&aacute;fora en la identidad nacional,</i> UNAM&#45;Plaza y Vald&eacute;s, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655520&pid=S1405-7425200100020000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">OOMMEN, T.K., 1997, <i>Citizenship and national identity. From colonialism to globalism,</i> Sage Publications, New Delhi &amp; London.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655522&pid=S1405-7425200100020000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PILGRIM, Christoph, 1998, "Espacios &eacute;tnicos. Representaciones geogr&aacute;ficas e historiogr&aacute;ficas en los libros de texto mexicanos y estadounidenses", ponencia presentada en la <i>Cuarta Conferencia sobre Representaciones Sociales,</i> 25&#45;28 de agosto, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655524&pid=S1405-7425200100020000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ROMER, Marta, 1998, "Reproducci&oacute;n &eacute;tnica y racismo en el medio urbano. Un caso de migrantes mixtecos en la zona metropolitana de la ciudad de M&eacute;xico", en Alicia Castellanos y Juan Manuel Sandoval (coords.), <i>Naci&oacute;n, racismo e identidad,</i> Nuestro Tiempo, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655526&pid=S1405-7425200100020000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">VALENCIA, Enrique, 1965, <i>M&eacute;xico, La Merced. Estudio ecol&oacute;gico y social de una zona de la ciudad de M&eacute;xico,</i> Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655528&pid=S1405-7425200100020000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">VILLASANA, Laura, 1996, "Ni&ntilde;os trabajadores mazahuas en el Centro Hist&oacute;rico", en <i>Bolet&iacute;n,</i> n&uacute;m. 7, edit. Instituto Nacional Indigenista, agosto.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655530&pid=S1405-7425200100020000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WARD, Peter M., 1991, <i>M&eacute;xico: una megaciudad. Producci&oacute;n y reproducci&oacute;n de un medio ambiente urbano,</i> Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Alianza Editorial, Colecci&oacute;n Los Noventa, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655532&pid=S1405-7425200100020000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>     	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Todas las colectividades culturales que hoy llamamos "&eacute;tnicas" son producto de un largo proceso hist&oacute;rico llamado "proceso de etnicizaci&oacute;n", por el cual ciertas colectividades son definidas y percibidas como for&aacute;neas <i>(outsiders),</i> como extranjeras en sus propios territorios. Existen diversos tipos de etnicizaci&oacute;n, pero todos tienen una caracter&iacute;stica en com&uacute;n: la separaci&oacute;n o alteraci&oacute;n de los v&iacute;nculos de las colectividades culturales con sus territorios ancestrales o adoptados (Oomen, 1997 y Gim&eacute;nez, 2000).</font></p>     	    <p align="justify">&nbsp;</p>     	    <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>Informaci&oacute;n sobre la autora</b></font></p>     	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Cristina Oehmichen Baz&aacute;n. </b>Maestra en Antropolog&iacute;a por la Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia y Doctora en Antropolog&iacute;a por la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico (UNAM). Es investigadora de tiempo completo del Instituto de Investigaciones Antropol&oacute;gicas de la UNAM y profesora de posgrado en Antropolog&iacute;a de la misma instituci&oacute;n. Es candidata a investigadora nacional en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI). Sus publicaciones m&aacute;s recientes son: "Relaciones de etnia&#45;g&eacute;nero en la migraci&oacute;n femenina rural&#45;urbana: mazahuas en la ciudad de M&eacute;xico", <i>en lztapalapa, Revista de Ciencias Sociales y Humanidades,</i> n&uacute;m. 45, 1999; Migraci&oacute;n y relaciones de g&eacute;nero en M&eacute;xico (en coautor&iacute;a con Dalia Barrera Bassols), 2000, y "Las mujeres ind&iacute;genas migrantes en la comunidad extraterritorial", en <i>Migraci&oacute;n y relaciones de g&eacute;nero en M&eacute;xico.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:cristio@servidor.unam.mx">cristio@servidor.unam.mx</a>.</font></p>      ]]></body><back>
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