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<publisher-name><![CDATA[Universidad Autónoma del Estado de México, Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los nuevos precarios, ¿mujeres u hombres?: Tendencias en el mercado de trabajo urbano en Panamá, 1982-1999]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The emergent economic globalization processes have induced, at least, two trends in environment of labor markets: firstly, one given by the increase in women economic participation, and therefore, the feminization of salaried labor: and the other by the expansion in the ways of hirig and usage of labor force. The study presents a detailed survey on both trends in the region from a gender approach. I assume that there is an increase in precarization of labor which is diferential from men to woman. There is a revision on urban occupation structure in Panama based on the information obtained from a households survey, and the patterns in precarization for total occupied population is analyzed, as well as for sex structure, considering some basic indicators. Finally, a precarization index using multivariate technique of principal component is estimated.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Los nuevos precarios, &iquest;mujeres u hombres? Tendencias en el mercado de trabajo urbano en Panam&aacute;, 1982&#45;1999</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>D&iacute;dimo Castillo F.</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Aut&oacute;noma del Estado de M&eacute;xico.</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los emergentes procesos de globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica han inducido, por lo menos, dos tendencias en el &aacute;mbito del trabajo: una, dada por la creciente participaci&oacute;n econ&oacute;mica de la mujer y la consiguiente feminizaci&oacute;n del trabajo asalariado, y, la otra, por la expansi&oacute;n de formas precarias de contrataci&oacute;n y uso de la fuerza de trabajo. El art&iacute;culo presenta una amplia revisi&oacute;n sobre estas tendencias en las estructuras ocupacionales de la regi&oacute;n, considerando la perspectiva de g&eacute;nero. El supuesto subyacente es que se est&aacute; tendiendo hacia una mayor precarizaci&oacute;n del trabajo, diferencial para los hombres y mujeres. El trabajo considera algunos aspectos generales de la estructura de ocupaci&oacute;n urbana en Panam&aacute;. Con base en informaci&oacute;n de la Encuesta de Hogares incorpora un an&aacute;lisis sobre las tendencias de precarizaci&oacute;n para el total de la poblaci&oacute;n ocupada, as&iacute; como para hombres y mujeres, y, a partir de algunos indicadores b&aacute;sicos y la aplicaci&oacute;n de la t&eacute;cnica de componentes principales, presenta la construcci&oacute;n de un &iacute;ndice de precarizaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">The emergent economic globalization processes have induced, at least, two trends in environment of labor markets: firstly, one given by the increase in women economic participation, and therefore, the feminization of salaried labor: and the other by the expansion in the ways of hirig and usage of labor force. The study presents a detailed survey on both trends in the region from a gender approach. I assume that there is an increase in precarization of labor which is diferential from men to woman. There is a revision on urban occupation structure in Panama based on the information obtained from a households survey, and the patterns in precarization for total occupied population is analyzed, as well as for sex structure, considering some basic indicators. Finally, a precarization index using multivariate technique of principal component is estimated.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica, al marcar la ruptura de la alianza trabajo&#45;mercado&#45;Estado de bienestar, ha relegado y declarado exento al Estado de las responsabilidades sociales de ocupaci&oacute;n y seguridad en el empleo. El Estado, como instancia de mediaci&oacute;n entre capital y trabajadores, ha redefinido su funci&oacute;n. Las demandas sociales han quedado sin lugar y sin interlocutor directo. En el &aacute;mbito de las relaciones laborales, el cambio ha configurado nuevas formas de organizaci&oacute;n y gesti&oacute;n. La tendencia, con ciertas diferencias entre pa&iacute;ses y regiones, es hacia la modificaci&oacute;n de las estructuras de empleo y deterioro de las condiciones de contrataci&oacute;n y uso de la fuerza de trabajo. Dos caracter&iacute;sticas de dichos procesos han sido la notable inserci&oacute;n de la mujer en las ocupaciones asalariadas y no asalariadas, y las tendencias crecientes de precarizaci&oacute;n del trabajo, en cuanto a calidad, estabilidad en el empleo y seguridad en los ingresos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo considera ciertos aspectos de estos procesos y trata de entender la din&aacute;mica actual de participaci&oacute;n femenina en el mercado laboral a partir de las transformaciones econ&oacute;micas estructurales de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, y las consecuentes manifestaciones en la precarizaci&oacute;n del trabajo. En cierta medida replantea &#151;o, por lo menos, pone en cuesti&oacute;n&#151; la idea que, dando prioridad explicativa a factores coyunturales, asume la participaci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo, ligada a mecanismos o estrategias de sobrevivencia, y a la inserci&oacute;n en actividades precarias. En todo caso, las llamadas estrategias familiares no est&aacute;n al margen de los cambios globales y de la reestructuraci&oacute;n de los mercados de trabajo, y en este sentido no son el resultado deliberado y circunscrito a las decisiones dom&eacute;sticas frente a los efectos del deterioro de los niveles de vida. Con el modelo econ&oacute;mico emergente &#151;complejizado por las recurrentes crisis, y en el que adquieren sentido y concreci&oacute;n las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas neoliberales&#151;, se tiende a priorizar la incorporaci&oacute;n de la mujer como trabajadora del llamado "sector moderno", "estructurado" o asalariado, puesto que, de hecho, representa una fuerza de trabajo de relativamente f&aacute;cil rotaci&oacute;n, coorporativa o sindicalmente menos organizada y principalmente m&aacute;s barata.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, el cambio, al inducir nuevas formas de contrataci&oacute;n y uso de la fuerza de trabajo, ha conllevado el deterioro de las condiciones de empleo, con su consecuente impacto sobre los niveles generales de vida. No resultar&iacute;a pertinente negar la existencia y expansi&oacute;n de actividades econ&oacute;micas "informales", ligadas a estrategias de sobrevivencia, pero &eacute;stas, en gran parte, responden al patr&oacute;n emergente de organizaci&oacute;n de la producci&oacute;n y del trabajo, en el mismo sentido que la l&oacute;gica de las transformaciones estructurales han determinado la desregularizaci&oacute;n y feminizaci&oacute;n del trabajo. En el caso de la inserci&oacute;n creciente de la mujer en el mercado laboral, o se asume este imperativo o habr&iacute;a que coincidir con Costa (1992), en el sentido de que la crisis se convierte en un c&iacute;rculo interminable,<sup><a href="#notas">1</a></sup> en donde las mujeres tienen una participaci&oacute;n econ&oacute;mica cada vez mayor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Panam&aacute;, por lo menos desde inicios de la d&eacute;cada de los ochenta, coincidiendo con la crisis y las pol&iacute;ticas de ajuste y estabilizaci&oacute;n econ&oacute;mica, se observa una creciente precarizaci&oacute;n del trabajo que, tendencialmente, parece afectar m&aacute;s a los hombres que a las mujeres. El pa&iacute;s, en sentido general, no ha estado exento ni est&aacute; al margen de las tendencias globales. Como en otros contextos, por un lado, la modernizaci&oacute;n de la econom&iacute;a favoreci&oacute; la temprana participaci&oacute;n econ&oacute;mica de la mujer, que pas&oacute; a ocupar esferas del mercado de trabajo anteriormente reservadas a los hombres; por otra parte, como en el resto de pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, la reestructuraci&oacute;n econ&oacute;mica ha transformado las estructuras de ocupaciones, ha incrementado el desempleo y ha inducido un creciente deterioro en la calidad del trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En tal sentido, este art&iacute;culo, en cierto modo exploratorio, tiene como prop&oacute;sito mostrar las tendencias de precarizaci&oacute;n laboral masculina y femenina en el mercado de trabajo urbano en Panam&aacute;; incluye algunos antecedentes generales que apoyan el planteamiento central, analiza algunos aspectos de las tendencias de la estructura ocupacional total y urbana, con informaci&oacute;n de la Encuesta de Hogares, y, finalmente, incorpora un an&aacute;lisis m&aacute;s preciso sobre las tendencias de precarizaci&oacute;n por sexo en el pa&iacute;s, con base en la aplicaci&oacute;n del m&eacute;todo estad&iacute;stico de componentes principales.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Cambios globales, feminizaci&oacute;n y precarizaci&oacute;n del trabajo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En sentido general, los &uacute;ltimos a&ntilde;os han marcado nuevas tendencias en la calidad, la seguridad de los ingresos y la estabilidad en el empleo, adem&aacute;s de transformar las estructuras de ocupaciones, en t&eacute;rminos de la diferenciaci&oacute;n por sexo de la fuerza laboral. Las tendencias mundiales evidencian la expansi&oacute;n de diversas formas de trabajo precario, diferenciadas de las formas tradicionales de empleo a tiempo completo, con contrato indefinido, con empleador &uacute;nico y lugar fijo de trabajo, generando formas at&iacute;picas, "anormales" de empleo asalariado y no asalariado a todos los niveles y en distintos sectores de las ocupaciones, hecho que ni puede caracterizarse con referencia a un sector de la econom&iacute;a ni a ciertos &aacute;mbitos o dimensiones del mercado de trabajo. Casi sin excepci&oacute;n, en todos los pa&iacute;ses, industrializados o no, ha ido en ascenso el n&uacute;mero de trabajadores a tiempo parcial, desprotegidos y con bajos salarios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La precarizaci&oacute;n del trabajo ha coincidido con la tendencia de feminizaci&oacute;n del trabajo. Ha sido creciente la inserci&oacute;n de la mujer en el mercado laboral, incluso desplazando en ciertos sectores y actividades la participaci&oacute;n masculina. El cambio en este sentido responde, en parte, a estrategias de competencia global basadas en el intenso abaratamiento de los salarios. La emergente liberaci&oacute;n de las econom&iacute;as y la industrializaci&oacute;n orientada a las exportaciones han tendido a privilegiar el trabajo femenino,<sup><a href="#notas">2</a></sup> asociado con la reducci&oacute;n de costos. La creciente participaci&oacute;n de la mujer en el trabajo asalariado ha configurado una nueva estructura ocupacional precaria diferencial por g&eacute;nero, que, a la postre, parece afectar m&aacute;s a los hombres. Al respecto, por lo menos en el caso de algunos pa&iacute;ses integrantes de la Organizaci&oacute;n de Cooperaci&oacute;n y Desarrollo Econ&oacute;mico (OCDE), "existen indicios claros de que el trabajo en jornada reducida est&aacute; aumentando entre los hombres", y que para comienzos de la pasada d&eacute;cada "creci&oacute; la proporci&oacute;n de hombres que trabajan con arreglo a esta modalidad en casi todos los pa&iacute;ses de la OCDE".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Am&eacute;rica Latina los cambios en las estructuras de ocupaci&oacute;n coincidieron con el agotamiento del modelo de industrializaci&oacute;n sustitutiva y con la crisis econ&oacute;mica de inicios de la d&eacute;cada de los ochenta, que marc&oacute; la ruptura con el modelo de producci&oacute;n y organizaci&oacute;n del trabajo dominante desde la Segunda Guerra Mundial. Sobre ello, se ha identificado como punto de inflexi&oacute;n los inicios de los a&ntilde;os ochenta (Guti&eacute;rrez, 1990) y se ha se&ntilde;alado como la causa de la hoy prevaleciente y profunda crisis laboral. El agotamiento del hasta entonces modelo imperante de acumulaci&oacute;n determin&oacute; cambios importantes en los patrones que caracterizaban la participaci&oacute;n laboral diferencial para hombres y mujeres, acentu&oacute; el creciente proceso de inserci&oacute;n femenina al mercado de trabajo y modific&oacute; tendencialmente las formas de contrataci&oacute;n y uso de la poblaci&oacute;n activa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La precarizaci&oacute;n del trabajo est&aacute; asociada con las nuevas tendencias econ&oacute;micas de globalizaci&oacute;n y, en este sentido, expresa el nivel de contradicci&oacute;n de las transformaciones productivas internacionales. La globalizaci&oacute;n, aun cuando no abarca de igual manera a todos los pa&iacute;ses, es un hecho insoslayable. La regi&oacute;n pasa por una etapa de reestructuraci&oacute;n, marcada por la apertura de los mercados a nivel mundial. La d&eacute;cada de los ochenta, proclamada como la d&eacute;cada perdida, aparentemente sin mayor trascendencia, determin&oacute; cambios importantes. Con ella se agot&oacute; y lleg&oacute; a su fin el modelo de desarrollo hacia dentro, imperante hasta entonces, y se inaugur&oacute; el modelo de acumulaci&oacute;n abierto, que aun cuando no termina por definirse, difiere enormemente del de sustituci&oacute;n de importaciones que caracteriz&oacute; a la regi&oacute;n hasta finales de los a&ntilde;os setenta. Algunas de sus manifestaciones fundamentales est&aacute;n dadas por las modificaciones en las estructuras de producci&oacute;n y las nuevas formas de organizaci&oacute;n y explotaci&oacute;n del trabajo, incluyendo la creciente inserci&oacute;n laboral de la mujer.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cambios estructurales ocurridos en la regi&oacute;n configuraron un nuevo patr&oacute;n de acumulaci&oacute;n basado en la desregulaci&oacute;n de las relaciones de trabajo.<sup><a href="#notas">3</a></sup> La l&oacute;gica ha sido la de compensar la desigual productividad y garantizar los m&aacute;rgenes tradicionales de ganancia en el nuevo escenario de intercambios. Se trata de un proceso dirigido a superar o eliminar todas las trabas que limitan al mercado de trabajo a adaptarse a las nuevas exigencias de producci&oacute;n y competitividad internacionales. La d&eacute;cada de los ochenta marc&oacute;, as&iacute;, un cambio profundo e integral que se ha acentuado en los a&ntilde;os recientes. Con la creciente integraci&oacute;n internacional se conjugaron la crisis del Estado mediador y las privatizaciones subsecuentes, y con estas &uacute;ltimas, la cada vez mayor desregulaci&oacute;n y flexibilizaci&oacute;n en los mercados de trabajo. Estas tendencias expresan el sentido estrat&eacute;gico de mayor explotaci&oacute;n del trabajo en una econom&iacute;a abierta al libre mercado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El periodo de ajuste impact&oacute; las estructuras de los mercados de trabajo, reorientando los procesos productivos e imprimiendo cambios en la estructura de subutilizaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n activa.<sup><a href="#notas">4</a></sup> La desregulaci&oacute;n del trabajo ha inducido ciertos cambios en las trayectorias laborales de hombres y mujeres. Las mujeres, o por lo menos un segmento importante de ellas &#151;y en no pocos casos&#151;, han tendido a insertarse en puestos de trabajo del llamado "sector moderno", "estructurado" en actividades asalariadas, mientras que los hombres se mantienen o incluso parecen estar pasando a ocupar formas de trabajo m&aacute;s desprotegidas, aunque eventualmente generadoras de mayores ingresos. En casi todos los pa&iacute;ses de la regi&oacute;n "el lugar de empleo de la mujer ha pasado del sector no estructurado al sector estructurado de la econom&iacute;a..." (Psacharopoulos y Tzannatos, 1994), lo que significa que el trabajo asalariado resulta "m&aacute;s importante para las mujeres que para los hombres".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta tendencia es parte de un proceso estructural que, en cierto modo, corresponde con la terciarizaci&oacute;n de las econom&iacute;as y con las nuevas estrategias globales de competitividad en los mercados. Es en este sentido que para Psacharopoulos y Tzannatos (1994), "la importancia del sector estructurado para el empleo de la mujer es un tanto sorprendente", siendo un hecho que, adem&aacute;s, "no puede atribuirse a la recesi&oacute;n que afect&oacute; tan intensamente a la regi&oacute;n en los a&ntilde;os ochenta"; y, por consiguiente, niegan que sean "las tasas elevadas de participaci&oacute;n de la mujer registradas en Am&eacute;rica Latina en el per&iacute;odo m&aacute;s reciente el resultado del efecto del 'trabajador adicional' o del trabajador sin incentivos", y consideran que "ninguno de estos efectos haya tenido mucho que ver con el aumento de la participaci&oacute;n de la mujer en la regi&oacute;n; y en el mejor de los casos, el primero debe haber tenido mucha menos influencia que el segundo". No se trat&oacute; de una situaci&oacute;n coyuntural, que, en todo caso, dejar&iacute;a sin resolver las evoluciones anterior y posterior m&aacute;s recientes. Los resultados del estudio &#151;afirman&#151; "fueron algo inesperados", toda vez que con frecuencia "se considera que las mujeres trabajan en el sector no estructurado de la econom&iacute;a...".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La incorporaci&oacute;n de la mujer al trabajo asalariado responde a una tendencia m&aacute;s profunda, que parece coincidir con los cambios en el tipo de empleo que se ha ido generando y con el deterioro en la remuneraci&oacute;n de los mismos.<sup><a href="#notas">5</a></sup> En su estudio, Psacharopoulos y Tzannatos pudieron comprobar, contra todos los supuestos, "que el sector estructurado y en particular, el trabajo en relaci&oacute;n de dependencia &#151;o sea el asalariado&#151; era m&aacute;s importante para las mujeres que para los hombres: el porcentaje de mujeres que trabajan en estos sectores era mayor que el de hombres". De igual manera, Winter (1994), analizando los efectos de la crisis de los ochenta para un conjunto de pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, mostr&oacute; que "la proporci&oacute;n de mujeres trabajadoras empleadas en el sector informal cay&oacute; dr&aacute;sticamente a lo largo de la d&eacute;cada"; y que adem&aacute;s hubo "un significativo incremento en la proporci&oacute;n de mujeres empleadas en los sectores de empleo de m&aacute;s alta remuneraci&oacute;n". Sobre ello Aguiar (1990) afirma que mientras "en el pasado, en situaciones semejantes, las mujeres mostraron un alto grado de participaci&oacute;n en el sector informal, en la actualidad, en algunas regiones, existe una gran tendencia a que los hombres busquen esta alternativa".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La creciente presencia de las mujeres en el mercado de trabajo en la regi&oacute;n, a partir la d&eacute;cada de los ochenta, no podr&iacute;a considerarse un efecto inmediato de la crisis, en el sentido coyuntural, vinculado esencialmente a estrategias de sobrevivencia. La participaci&oacute;n econ&oacute;mica de la mujer ven&iacute;a en progresivo ascenso desde mucho antes. No result&oacute; ser un fen&oacute;meno nuevo, aunque no se haya expresado de igual manera en los distintos pa&iacute;ses. Coincidiendo con la crisis y el crecimiento del llamado "sector informal", se acentu&oacute; "la tendencia femenina hacia el trabajo remunerado" (Aguiar, 1990), misma que, en algunos casos, se produjo incluso en detrimento del trabajo masculino. No debe extra&ntilde;ar al respecto que en un estudio de Prates (1990) realizado en Montevideo, se afirme que "la recesi&oacute;n castig&oacute; relativamente m&aacute;s a los hombres que a las mujeres", y que una situaci&oacute;n similar se haya experimentado en Brasil, donde la mujer fue relativamente favorecida al ser incorporada al &aacute;mbito "formal" del mercado de trabajo. Spindel (1990) mostr&oacute; que "en la cima de la crisis se abre para las mujeres, en los sectores empresariales, un espacio relativamente mayor que en los mercados no formalizados"; y que "el mercado parece dar un 'tratamiento preferencial' a las mujeres, incorpor&aacute;ndolas a las actividades productivas a un ritmo marcadamente superior al observado, durante el mismo per&iacute;odo, con relaci&oacute;n a los hombres". En fin, coincidiendo con Winter (1994), ha existido mucho inter&eacute;s, pero tambi&eacute;n mucha "especulaci&oacute;n respecto a los efectos que han tenido las recesiones econ&oacute;micas en las condiciones de trabajo de la mujer", pero "las tendencias &#151;a futuro&#151; parecen ser otras". Con la recesi&oacute;n y los cambios estructurales subsecuentes asociados con las pol&iacute;ticas de ajuste y reestructuraci&oacute;n econ&oacute;mica, en muchos aspectos la participaci&oacute;n en el mercado de trabajo ha tendido a invertirse relegando a los hombres a actividades desprotegidas, irregulares y precarias.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Modelo econ&oacute;mico, ajuste estructural y crisis del empleo en Panam&aacute;</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La crisis del empleo en Panam&aacute; tiene car&aacute;cter estructural, y est&aacute; ligada a las transformaciones econ&oacute;micas de las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas &#151;o quiz&aacute; un poco antes&#151; y a las contradicciones internas de la estructura econ&oacute;mica vigente. Sobre ello pesan diversos factores pol&iacute;ticos y sociales. Panam&aacute;, como muchos otros pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, promovi&oacute; desde los a&ntilde;os cincuenta el modelo econ&oacute;mico de sustituci&oacute;n de importaciones con relativo &eacute;xito. No obstante, las limitaciones propias de estrechez del mercado interno y alta concentraci&oacute;n de la riqueza, al restringir el consumo, finalmente, determinaron el aniquilamiento de dicho patr&oacute;n econ&oacute;mico. Para mediados de la d&eacute;cada de los setenta, el modelo tradicional de desarrollo basado en la industrializaci&oacute;n por sustituci&oacute;n de importaciones se hab&iacute;a agotado. En este marco, el Estado enfatiz&oacute; una "nueva" modalidad de desarrollo semiabierto &#151;orientado a la exportaci&oacute;n de servicios y actividades ligadas a la zona de tr&aacute;nsito&#151;, que por la propia din&aacute;mica de crecimiento ha generado una d&eacute;bil estructura ocupacional, con creciente desempleo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El nuevo modelo, conocido como "plataforma de servicios internacionales", buscaba aprovechar las ventajas comparativas que ofrece la posici&oacute;n geogr&aacute;fica para el transporte, el comercio, las comunicaciones y los servicios financieros internacionales. Los sectores primario y secundario, que hasta entonces hab&iacute;an constituido los ejes del crecimiento econ&oacute;mico, dieron lugar a otra modalidad de desarrollo, cobrando renovados impulsos las actividades terciarias, particularmente aquellas vinculadas con el Centro Bancario Internacional, el desarrollo de la Zona Libre de Col&oacute;n, los servicios del Centro Financiero Internacional y el Canal de Panam&aacute;, entre otras, as&iacute; como los servicios jur&iacute;dicos y registro de naves, el Oleoducto Trans&iacute;stmico, asociadas con el mercado internacional. Al respecto, quiz&aacute; el rasgo m&aacute;s distintivo de la din&aacute;mica econ&oacute;mica de la d&eacute;cada de los setenta fue la marcada desaceleraci&oacute;n y el reemplazo de los sectores que hasta entonces hab&iacute;an promovido el desarrollo econ&oacute;mico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &eacute;xito del modelo depend&iacute;a de la inversi&oacute;n externa, para lo cual el Estado garantiz&oacute; ciertos instrumentos legales, la infraestructura adecuada y emprendi&oacute; una amplia inversi&oacute;n p&uacute;blica. Con ello, el Estado no s&oacute;lo tuvo un desempe&ntilde;o de primera importancia en la modernizaci&oacute;n de la estructura productiva y social del pa&iacute;s, sino tambi&eacute;n en la generaci&oacute;n de empleos directos e indirectos (Pinilla, 1993). En lo sucesivo, el sistema econ&oacute;mico oper&oacute; &#151;y en parte sigue operando&#151; mediante un esquema de econom&iacute;a dual (Moreno, 1994), h&iacute;brida, que conjuga dos componentes de participaci&oacute;n en el mercado: por un lado, los sectores integrados a la exportaci&oacute;n especializada de servicios, altamente productivos y competitivos en el mercado internacional, y, por el otro, una industria protegida y dependiente de la intervenci&oacute;n estatal, con exiguos y espor&aacute;dicos crecimientos y, por consiguiente, con escasa participaci&oacute;n en el empleo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante la importante participaci&oacute;n del Estado en la econom&iacute;a, como inversionista y empleador relevante, dicho proceso no fue acompa&ntilde;ado de un desarrollo correlativo del sector privado. La entrada a la d&eacute;cada de los ochenta marca el agotamiento del modelo econ&oacute;mico. Los sectores primario y secundario se contrajeron. La participaci&oacute;n del sector terciario en el PIB pas&oacute; de 45.1 a 70.4 por ciento entre 1970 y 1980. Pero las actividades de servicio "maduraron" r&aacute;pidamente y el crecimiento se hizo lento desde comienzos de la d&eacute;cada; y el Estado, en lo sucesivo, tampoco pudo mantener el ritmo de intervenci&oacute;n a costa de una creciente deuda externa, que para 1978 ascend&iacute;a a m&aacute;s de la mitad del producto interno bruto (PIB) del pa&iacute;s (CIEP, 1992). En cierto modo, la inercia de la inversi&oacute;n p&uacute;blica atenu&oacute; y hasta posterg&oacute; el impacto de la crisis de los a&ntilde;os ochenta, evitando un deterioro mayor del empleo, aunque finalmente no lo contuvo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Panam&aacute; la crisis econ&oacute;mica de los a&ntilde;os ochenta tuvo un impacto menor que en otros pa&iacute;ses, o por lo menos tuvo un efecto retardado, pero fue particularmente agravada en 1988 y 1989 por la profundizaci&oacute;n de la crisis pol&iacute;tica iniciada en 1985, que colaps&oacute; la econom&iacute;a y tuvo como desenlace la invasi&oacute;n militar de Estados Unidos. La producci&oacute;n de bienes y servicios dej&oacute; de crecer por primera vez en dos d&eacute;cadas. El PIB pas&oacute; de una tasa de crecimiento de 5.5, en 1982, a una de &#45;0.4 por ciento, en 1984, y luego de una ligera recuperaci&oacute;n, cay&oacute; a &#45;15.6 por ciento en 1988. En el mismo sentido, el desempleo se agrav&oacute; considerablemente, al pasar de una tasa de 8.4 a 12.3 por ciento entre 1982 y 1985, y alcanz&oacute; una tasa de 16.3 por ciento en 1988, el m&aacute;s cr&iacute;tico del periodo. Pero no s&oacute;lo se increment&oacute; el desempleo, sino tambi&eacute;n se ampli&oacute; el "sector informal" y se profundiz&oacute; el deterioro en la calidad de las ocupaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto de la econom&iacute;a, durante la primera mitad de la d&eacute;cada de los ochenta, el gobierno paname&ntilde;o concert&oacute; con el Fondo Monetario Internacional un conjunto de medidas y acciones de estabilizaci&oacute;n, ajuste y reestructuraci&oacute;n con el prop&oacute;sito de reorientar el modelo econ&oacute;mico en su vinculaci&oacute;n con el mercado internacional (M&eacute;ndez, 1988). En cuanto a ello, Panam&aacute; fue uno de los primeros pa&iacute;ses de la regi&oacute;n en participar en este proceso de reformas de ajustes estructurales. La estrategia implic&oacute; diversas iniciativas de cambios relacionados con la apertura de la econom&iacute;a y la promoci&oacute;n de la competitividad a nivel internacional, la liberaci&oacute;n o flexibilizaci&oacute;n del mercado de trabajo y la redefinici&oacute;n del papel del Estado en su relaci&oacute;n con el mercado y con la sociedad. A pesar de que Panam&aacute; s&oacute;lo ha tenido "&eacute;xitos" relativos en la aplicaci&oacute;n de dichos programas, &eacute;stos han modificado particularmente el papel interventor econ&oacute;mico y social del Estado, al privilegiar la libre oferta y demanda, promover la inversi&oacute;n privada e imponer restricciones al gasto p&uacute;blico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pol&iacute;tica econ&oacute;mica de reestructuracci&oacute;n estuvo desde un comienzo especialmente dirigida hacia los sectores primario y secundario, ya que seg&uacute;n el propio Fondo Monetario Internacional, en el sector servicios hab&iacute;a "poca necesidad de introducir reformas estructurales" dado que &eacute;ste "ya se beneficiaba de un r&eacute;gimen legislativo favorable y de una participaci&oacute;n sustancial del sector privado" (M&eacute;ndez, 1988), y adem&aacute;s, se trataba de "encontrar un nuevo eje din&aacute;mico de acumulaci&oacute;n" ante el "inminente" decrecimiento de la plataforma de servicios en el futuro pr&oacute;ximo, por lo que dicho programa se planteaba la reorientaci&oacute;n hacia la exportaci&oacute;n de bienes no tradicionales, no s&oacute;lo como la mejor, sino como la &uacute;nica alternativa al estancamiento del modelo econ&oacute;mico vigente (Jovan&eacute;, 1986). No obstante el posible impacto de dichas iniciativas, la industria paname&ntilde;a continua contribuyendo relativamente poco al PIB, tiene un escaso desempe&ntilde;o exportador y sigue siendo poco relevante en la generaci&oacute;n de empleos. En 1991, en plena reactivaci&oacute;n de la econom&iacute;a, el porcentaje exportado de la producci&oacute;n fue apenas de 3 por ciento; en cuanto al empleo, la participaci&oacute;n del sector industrial entre los ocupados urbanos se mantuvo en 11.1 por ciento entre 1982 y 1999, casi sin ninguna variaci&oacute;n a lo largo de las dos d&eacute;cadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los &aacute;mbitos de las relaciones laborales y de la estructura del mercado de trabajo han sido afectados por lo menos en dos sentido: por un lado, la pol&iacute;tica de ajuste introdujo un conjunto de medidas encaminadas a eliminar las rigideces en el mercado laboral, abaratando el costo de la fuerza de trabajo; por otro, la pol&iacute;tica de redefinici&oacute;n del papel econ&oacute;mico del Estado, al retirar al sector p&uacute;blico de diversas actividades econ&oacute;micas e inversi&oacute;n, ha generado una creciente desocupaci&oacute;n. En cuanto al primero de dichos mecanismos de ajuste, el gobierno paname&ntilde;o impuso en 1986 varias modificaciones al C&oacute;digo Laboral de 1972, con el prop&oacute;sito expreso de reducir los costos de la mano de obra y flexibilizar las formas de contrataci&oacute;n y despido de los trabajadores (M&eacute;ndez, 1988), e incorpor&oacute; en 1995 otras reformas dirigidas a "regularizar y modernizar las relaciones laborales". Por otro lado, el desmantelamiento de los servicios sociales y los procesos de privatizaci&oacute;n se iniciaron en Panam&aacute; entre 1982 y 1983, a partir de las primeras medidas de ajuste y estabilizaci&oacute;n, con la desinversi&oacute;n del sector p&uacute;blico y el cierre y venta de empresas estatales. Con el cambio de rol en cuanto a restricci&oacute;n del gasto p&uacute;blico, el Estado desde entonces empez&oacute; a perder importancia en la generaci&oacute;n de empleos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las econom&iacute;as &#151;o sectores econ&oacute;micos&#151;m&aacute;s tradicionales suelen ajustarse laboralmente incrementando el subempleo y la precarizaci&oacute;n, en contraste con las m&aacute;s "modernas" que lo hacen destruyendo el uso de la fuerza de trabajo y generando desocupaci&oacute;n. En gran parte, en Panam&aacute; "el ajuste se ha llevado a cabo con un aumento significativo del desempleo abierto" (P&eacute;rez, 1994). No obstante, en la medida que el sector privado no ha tenido la capacidad para absorber la expulsi&oacute;n de trabajadores del sector p&uacute;blico, no s&oacute;lo se ha incrementado el desempleo abierto, sino tambi&eacute;n el subempleo y, particularmente, la "informalizaci&oacute;n" y la precarizaci&oacute;n del trabajo. El empleo del sector p&uacute;blico se ha ido desplazando hacia los sectores privados formales e informales. En este &uacute;ltimo sentido, se ha modificado la estructura y composici&oacute;n del empleo urbano a lo largo de las casi dos d&eacute;cadas, pero, fundamentalmente, a partir de inicios de los a&ntilde;os noventa, cuando el Estado reforz&oacute; los programas de ajuste, reestructuraci&oacute;n y privatizaci&oacute;n. El sector p&uacute;blico redujo la participaci&oacute;n en la estructura de empleo urbano de 32 a 20.7 por ciento entre 1991 y 1999, y en contraste, durante el mismo periodo, el sector privado moderno, conformado por peque&ntilde;as, medianas y grandes empresas, pas&oacute; de 32 a 40.4 por ciento, y el sector informal, en el mismo periodo, creci&oacute; de 36 a 38.9 por ciento (OIT, 2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las reformas del Estado han limitado la generaci&oacute;n de empleos modernos, en la medida en que las empresas grandes y medianas no han logrado compensar la p&eacute;rdida de ocupaciones del sector p&uacute;blico, lo que ha determinado el creciente desempleo y ha tenido consecuencias directas sobre la calidad de las ocupaciones. La participaci&oacute;n del Estado en la generaci&oacute;n de empleo durante las d&eacute;cadas de los setenta y los ochenta evit&oacute; un deterioro mayor de las ocupaciones a pesar del agotamiento del modelo, de la crisis econ&oacute;mica y del estancamiento de las inversiones privadas. En contraste, a inicios de la d&eacute;cada de los noventa esta situaci&oacute;n se modific&oacute;, y la din&aacute;mica del empleo ha pasado a ser cada vez m&aacute;s dependiente del nivel de actividad del sector privado. Sin embargo, particularmente durante la segunda mitad de la d&eacute;cada la econom&iacute;a mostr&oacute; signos de debilitamiento. A pesar de que creci&oacute; a tasas anuales relativamente altas, a inicios de la d&eacute;cada lo hizo a ritmos marcadamente decrecientes, mostrando un agotamiento progresivo de la econom&iacute;a de tr&aacute;nsito y exportaci&oacute;n de servicios. El PIB creci&oacute; a ritmos de 9.1 por ciento en 1991 y 8.2 al a&ntilde;o siguiente. La desaceleraci&oacute;n fue notable hacia 1995, cuando el PIB alcanz&oacute; apenas a una tasa anual de 1.9 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este marco, la situaci&oacute;n del desempleo &#151;en parte complejizada por el impacto que hacia finales de la d&eacute;cada pasada pudo haber tenido la eliminaci&oacute;n de la jubilaci&oacute;n anticipada sobre el incremento a la fuerza de trabajo&#151; ha mantenido tasas excesivamente altas, muy similares a las experimentadas durante los a&ntilde;os de crisis de la d&eacute;cada de los ochenta, incluso a las alcanzadas en 1988, el peor a&ntilde;o de la recesi&oacute;n econ&oacute;mica. El desempleo del pa&iacute;s mantuvo tasas de 16.2 por ciento, en 1991; y de 14 y 11.8 por ciento, en 1995 y 1999, respectivamente, y fue sensiblemente mayor para el sector urbano que present&oacute; tasas de desempleo abierto de 20, 16.4 y 13.6 por ciento, respectivamente. En este sentido, la crisis del empleo en Panam&aacute; parece tener un car&aacute;cter estructural asociado con la debilidad y contradicciones internas del modelo de desarrollo vigente<sup><a href="#notas">6</a></sup> doblemente agotado, agravada con la p&eacute;rdida de participaci&oacute;n del Estado en la generaci&oacute;n de ocupaciones impuesta por los procesos de privatizaci&oacute;n recientes y la reestructuraci&oacute;n del trabajo.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Evoluci&oacute;n de la estructura ocupacional diferencial por sexo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La estructura del mercado de trabajo urbano en Panam&aacute; a finales de la d&eacute;cada de los noventas present&oacute; cambios importantes, que en algunos casos afirman y, en otros, revierten las tendencias iniciadas a mediados de los a&ntilde;os setenta &#151;en la etapa de modernizaci&oacute;n de la econom&iacute;a de servicios&#151; y los comienzos de los ochenta, durante los primeros a&ntilde;os de la crisis econ&oacute;mica y la aplicaci&oacute;n inicial de los programas de ajuste y reestructuraci&oacute;n productiva. El empleo ha perdido dinamismo y se ha alterado su composici&oacute;n al contraerse el sector p&uacute;blico y acentuarse el proceso de informalizaci&oacute;n y deterioro en la calidad de las ocupaciones, que, en t&eacute;rminos de diferenciaci&oacute;n por sexo, parece tender hacia un patr&oacute;n convergente que afecta a hombres y mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El mercado laboral urbano de Panam&aacute; se ha caracterizado a lo largo de m&aacute;s de tres d&eacute;cadas, por lo menos por dos tendencias: por un lado, por la creciente participaci&oacute;n de la mujer en la actividad econ&oacute;mica, y por otro, por los altos niveles de desempleo abierto, particularmente entre la poblaci&oacute;n econ&oacute;micamente activa (PEA) femenina. Esta importante incorporaci&oacute;n de la mujer al mercado laboral ha estado determinada, en parte, por la especializaci&oacute;n terciaria de la econom&iacute;a, por el peso que adquiri&oacute; el aparato burocr&aacute;tico derivado de la ampliaci&oacute;n de las funciones del Estado a comienzos de la d&eacute;cada de los setenta y, particularmente, por los niveles relativamente altos de educaci&oacute;n y profesionalizaci&oacute;n alcanzados por la mujer, que han promovido la incursi&oacute;n femenina en el mercado de trabajo. No obstante, estos cambios no se dieron de manera aislada, sino que coincidieron con transformaciones en otros niveles.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Estructura de participaci&oacute;n y feminizaci&oacute;n del trabajo</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las tendencias de la estructura de participaci&oacute;n laboral en Panam&aacute; &#151;como en cualquier contexto&#151; est&aacute;n relacionadas con las caracter&iacute;sticas y el grado de desarrollo econ&oacute;mico y social, y en este &uacute;ltimo sentido, expresan la din&aacute;mica de los cambios en los sistemas de participaci&oacute;n y oportunidades sociales. En cierto modo, Panam&aacute; presenta una situaci&oacute;n particular sobre la que pesa la preponderante funci&oacute;n de servicios que desde la Colonia, con la especializaci&oacute;n de zona de tr&aacute;nsito para el movimiento y transporte de mercanc&iacute;as, margin&oacute; el desarrollo del resto de los sectores productivos y determin&oacute; la concentraci&oacute;n de actividades econ&oacute;micas y la r&aacute;pida urbanizaci&oacute;n. En otro nivel, en contraste con los cambios en las estructuras de participaci&oacute;n impulsados durante la d&eacute;cada de los setenta, cuando el Estado emprendi&oacute; importantes acciones de desarrollo y pol&iacute;tica social, parad&oacute;jicamente se profundiz&oacute; la desigualdad en la distribuci&oacute;n del ingreso en el pa&iacute;s.<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p>   	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este &uacute;ltimo sentido, a pesar de las secuelas que dejaron las crisis econ&oacute;mica y pol&iacute;tica de la d&eacute;cada de los ochenta, y el creciente deterioro econ&oacute;mico de fines de los noventa, el pa&iacute;s mantiene ciertos est&aacute;ndares superiores al resto de Centroam&eacute;rica, e inclusive en la perspectiva regional. Panam&aacute; mostr&oacute; en 1998 un PIB per c&aacute;pita s&oacute;lo inferior a Argentina, Chile, M&eacute;xico y Venezuela, y ocup&oacute; la posici&oacute;n 95 en cuanto a desarrollo humano, superado en la subregi&oacute;n s&oacute;lo por Costa Rica (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2000). En este marco, son igualmente relevantes los indicadores demogr&aacute;ficos y los referidos a la educaci&oacute;n. La fecundidad baj&oacute; de manera significativa de 4.9 hijos por mujer, en el periodo 1970&#45;1975, a 2.6, entre 1995 y 2000; el nivel medio de educaci&oacute;n de la mujer de seis a&ntilde;os y m&aacute;s de edad con educaci&oacute;n media superior o universitaria creci&oacute; de 19.3 a 32.5 por ciento entre 1970 y 1980, ligeramente superior a la masculina, que pas&oacute; de 19.1 a 30.6. Panam&aacute;, a mediados de la d&eacute;cada pasada, presentaba la segunda tasa m&aacute;s baja de analfabetismo de la subregi&oacute;n, con 9.2 por ciento de analfabetas; adem&aacute;s, superaba al resto de pa&iacute;ses de Centroam&eacute;rica con el nivel promedio m&aacute;s alto de escolaridad de la poblaci&oacute;n de 25 a&ntilde;os y m&aacute;s de edad. No obstante estos avances, Panam&aacute; presenta uno de los mayores niveles de desigualdad en Am&eacute;rica Latina, lo que lo coloca entre los pa&iacute;ses tipificados con "excesos de desigualdad" (Inter&#45;American Development Bank,1998), s&oacute;lo presidido por Brasil, Chile, Guatemala, Ecuador y M&eacute;xico, pa&iacute;ses con las peores posiciones en la regi&oacute;n; pero excluyendo al 10 por ciento m&aacute;s rico, Panam&aacute; ocupa el tercer lugar en cuanto a desigualdad, despu&eacute;s de Brasil y Guatemala.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, las contradicciones inherentes al modelo de desarrollo econ&oacute;mico y las transformaciones generadas a partir de mediados de los a&ntilde;os setenta &#151;que adoptaron como eje del proceso de acumulaci&oacute;n las actividades de servicios y financieras ligadas al capital internacional&#151; a pesar de la relativamente baja capacidad para generar empleos, promovieron la inserci&oacute;n de la mujer en el mercado laboral. En este marco, las debilidades de la econom&iacute;a para absorber la oferta de trabajo fueron cubiertas por el Estado, fomentando la incorporaci&oacute;n de la mujer al sector p&uacute;blico y en lo que se ha dado en llamar <i>oficinas globales</i> (Bener&iacute;a, 1991), ligada a la econom&iacute;a de servicios transnacionales, que privilegia el empleo de mujeres, a menudo con altos niveles de educaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas, pero especialmente desde mediados de los a&ntilde;os sesenta, Panam&aacute; experiment&oacute; un proceso sostenido de feminizaci&oacute;n de la fuerza de trabajo. La PEA femenina se ha m&aacute;s que cuatriplicado, al pasar de alrededor de 9.6 a 38.9 mil trabajadoras entre 1966 y 1999, periodo en el que la PEA masculina apenas creci&oacute; 2.5 veces. En dicho periodo la tasa de participaci&oacute;n femenina se increment&oacute; de 28.4 a 43.2 por ciento, en contraste con la masculina, que cay&oacute; de 86.3 a 79.7 por ciento, lo que signific&oacute; una reducci&oacute;n de 21.4 por ciento en la brecha que separaba la actividad femenina de la masculina tres d&eacute;cadas atr&aacute;s. El cambio fue importante en t&eacute;rminos relativos, y fue a&uacute;n m&aacute;s acentuado en el mercado laboral urbano. En el periodo 1982&#45;1999 el crecimiento promedio de la fuerza de trabajo femenina urbana super&oacute; ampliamente a la masculina. Durante las casi dos d&eacute;cadas, mientras que la tasa de actividad masculina creci&oacute; 10.9 por ciento, la femenina lo hizo 28.9 por ciento, al pasar de una tasa de participaci&oacute;n de 39 a 50.2 por ciento, alcanzando a representar, en 1999, 40.5 por ciento de la fuerza de trabajo urbana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tasa de actividad femenina no s&oacute;lo ha tendido a aumentar, en contraste con la masculina, sino que adem&aacute;s, por lo menos desde comienzos de la d&eacute;cada de los ochenta, lo ha hecho de manera continua, a pesar de la desocupaci&oacute;n estructural que a lo largo de m&aacute;s de tres d&eacute;cadas afect&oacute; m&aacute;s a las mujeres. La participaci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo ha aumentado de manera sostenida y acelerada, y ha estado m&aacute;s vinculada a factores estructurales relativos a la modernizaci&oacute;n social y a la especializaci&oacute;n terciaria de la econom&iacute;a, y aparentemente menos a las circunstancias generadas por las crisis econ&oacute;micas en el pa&iacute;s. La evoluci&oacute;n de la actividad femenina ha sido sistem&aacute;tica y, en cierto modo, poco sensible a las fases de expansi&oacute;n y contracci&oacute;n de la econom&iacute;a y, particularmente, a la din&aacute;mica general del empleo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al respecto, la aplicaci&oacute;n del siguiente modelo econom&eacute;trico (De Miguel, 1991) confirma el ritmo de aumento sostenido de la participaci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo total del pa&iacute;s. El modelo explora y ofrece una aproximaci&oacute;n sobre el peso o contribuci&oacute;n de las componentes tendenciales y c&iacute;lclicas sobre la variaci&oacute;n total de la actividad femenina entre 1966 y 1999.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ecuaci&oacute;n lineal: TA<sub>i</sub> = &#946;<sub>0</sub> + &#946;<sub>1</sub> T + &#946;<sub>2</sub> TOT </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">donde:</font></p>      <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">TA = Tasa de actividad del grupo <i>i</i> de mujeres.</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">T = Variable tiempo, T = 1 (1966)... T = 29 (1999).</font></p>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">TOT = Tasa de ocupaci&oacute;n total.</font></p> </blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El coeficiente &#946;<sub>1</sub> representa la contribuci&oacute;n de la componente tendencial, o variaci&oacute;n media anual de la tasa de actividad femenina, mientras que &#946;<sub>2</sub> expresa la componente c&iacute;clica o variaci&oacute;n de la tasa cuando la ocupaci&oacute;n var&iacute;a en una unidad. Los resultados de la prueba (<a href="../img/revistas/pp/v7n27/a6tA1.jpg" target="_blank">tabla A1</a>) para el total agregado de la PEA femenina en el periodo analizado, ajustados con la inclusi&oacute;n de un factor autoregresivo de primer orden (AR), muestran que s&oacute;lo el coeficiente tendencial es significativo con p &lt; 0.01 y no as&iacute; el referido a las variaciones en la ocupaci&oacute;n total a lo largo del periodo. Significa que, en gran medida, la evoluci&oacute;n de la actividad econ&oacute;mica de la mujer responde a una tendencia estructural de largo plazo, sobre la que confluyen diversos factores, y tienen un menor peso relativo los componentes c&iacute;clicos asociados con la din&aacute;mica general de las ocupaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; los factores que m&aacute;s claramente distinguen la din&aacute;mica del mercado laboral urbano en Panam&aacute; sean, por un lado, la intensa participaci&oacute;n femenina, y, por otro, el alto desempleo estructural, que por largas d&eacute;cadas ha afectado mayormente a las mujeres. En cuanto al aumento de la fuerza de trabajo femenina, es notoria la tendencia hacia un patr&oacute;n convergente, relativamente estable y m&aacute;s homog&eacute;neo en la composici&oacute;n por sexo del mercado de trabajo. La participaci&oacute;n de la mujer ha aumentado en s&iacute; misma y tambi&eacute;n en comparaci&oacute;n con la del hombre. No obstante, en parte consecuencia del mismo proceso, la tendencia del desempleo femenino ha sido marcadamente superior a la experimentada por la PEA masculina. La participaci&oacute;n femenina y su incidencia sobre la oferta total de la mano de obra ha contribuido a incrementar el desempleo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Evoluci&oacute;n del desempleo</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo de m&aacute;s de tres d&eacute;cadas, el desempleo femenino ha sido sensiblemente m&aacute;s alto que el masculino, y durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os tendi&oacute; a acentuarse dicha brecha. La econom&iacute;a paname&ntilde;a ha mostrado una enorme debilidad para absorber la mano de obra, aun en periodos de alto crecimiento. Durante la segunda mitad de la d&eacute;cada de los setenta y parte de la de los ochenta, estas contradicciones, y las inherentes a la tambi&eacute;n limitada capacidad de generaci&oacute;n de empleo de la plataforma de servicios especializados, fueron compensadas por la intervenci&oacute;n estatal, que mantuvo pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y sociales relativamente activas, amplias e incluyentes. En t&eacute;rminos del mercado de trabajo, la participaci&oacute;n econ&oacute;mica disminuy&oacute; sensiblemente de una tasa de 61.3 a 55.8 por ciento entre 1970 y 1978, en parte determinada por la expansi&oacute;n del sistema educativo que involucr&oacute; a mayores segmentos de la poblaci&oacute;n, y tambi&eacute;n, en cierto modo, como resultado de la aplicaci&oacute;n de las normas que establecieron la jubilaci&oacute;n anticipada. El Estado actu&oacute; como empleador de "&uacute;ltimo recurso", generando 70 por ciento del crecimiento del empleo entre 1970 y 1979 (Moreno, 1994).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La modernizaci&oacute;n del aparato productivo, vinculada a las actividades del sector terciario, favoreci&oacute; ampliamente la incursi&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo, a pesar de que mantuvo niveles de desocupaci&oacute;n superiores a los de los hombres. El desempleo femenino baj&oacute; ligeramente de una tasa de 14.4 a 12.4 por ciento, en circunstancias en las que el desempleo total creci&oacute; de 6.4 a 8.1 por ciento entre 1970 y 1978. El desempleo ha afectado relativamente m&aacute;s a las mujeres durante los momentos de estabilidad y crecimiento econ&oacute;mico que durante las fases recesivas. El desempleo total pas&oacute; de una tasa de 8.4, en 1982, a 10.5 por ciento, en 1986, y se increment&oacute; considerablemente durante la crisis econ&oacute;mica y pol&iacute;tica, alcanzando en 1988 y 1991 tasas de desempleo de 16.3 y 16.1 por ciento, respectivamente. El desempleo femenino present&oacute; una tasa de 21.4 por ciento, en 1988, y 22.6, en 1991. Lo m&aacute;s sugerente es que a lo largo de la d&eacute;cada de los noventa mantuvo tasas entre 17 y 22.6 por ciento, a pesar de la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica a inicios de la misma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un hecho relevante, por lo menos desde los a&ntilde;os cincuenta, fue la p&eacute;rdida de la importancia relativa de la poblaci&oacute;n ocupada en actividades agr&iacute;colas, lo que coincidi&oacute; con la creciente din&aacute;mica migratoria interna en el pa&iacute;s. Al respecto, particularmente durante la d&eacute;cada de los ochenta, las estructuras de ocupaci&oacute;n rurales y urbanas fueron sensiblemente alteradas. Con la crisis econ&oacute;mica y el agotamiento notorio del esquema de acumulaci&oacute;n &#151;econ&oacute;mica y territorialmente concentrado&#151;, al restringirse las posibilidades de acceso al empleo urbano metropolitano, se contuvieron y reorientaron los procesos migratorios<sup><a href="#notas">8</a></sup> y se reconfiguraron las propias estructuras del mercado de trabajo urbano. No obstante, el desempleo urbano mantuvo una tendencia relativamente alta, acentu&aacute;ndose en la fase de recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica, iniciada a comienzos de los a&ntilde;os noventa. El desempleo urbano present&oacute; una tasa de 20 por ciento en 1991, ligeramente superior en las mujeres, con 22.9 por ciento, y descendi&oacute; al nivel m&aacute;s bajo de la d&eacute;cada en 1999, con tasas de 13.6 por ciento, 11.4 y 16.7 por ciento en los hombres y mujeres, respectivamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La brecha "gen&eacute;rica", en cuanto al desempleo general y cesant&iacute;a, se ha ampliado (<a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a>). Las tendencias afectan m&aacute;s a las mujeres, que por m&aacute;s de tres d&eacute;cadas han experimentado altas tasas de desempleo abierto. Los desempleos femenino y masculino presentan en cierto modo un comportamiento concordante durante los periodos de crisis, pero difieren durante las fases de estabilidad y crecimiento. En cuanto a ello, ciertamente el deterioro econ&oacute;mico de los a&ntilde;os ochenta afect&oacute; sensiblemente a la mujer, en el sentido de que el desempleo femenino se mantuvo por encima del masculino; pero, desde otra perspectiva, durante la d&eacute;cada la tasa de desempleo de las mujeres, en relaci&oacute;n con la de los hombres, disminuy&oacute;, "considerando que las tasas femeninas durante los sesenta y los setenta fueron por lo menos el doble de las tasas de desempleo de los hombres"; durante la d&eacute;cada de los ochenta la brecha se redujo en cerca de la mitad (Gregory, 1991). Sobre ello, resulta mucho m&aacute;s consistente la din&aacute;mica de la cesant&iacute;a o expulsi&oacute;n masculina y femenina del mercado de trabajo urbano a lo largo de los ciclos de crecimiento o actividad econ&oacute;mica.</font></p> 	    <p align="center"><a name="g1"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a6g1.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el periodo 1982&#45;1984, el PIB decreci&oacute; de 5.5 a &#45;0.4 por ciento. El cambio absoluto en la tasa de cesant&iacute;a urbana masculina se increment&oacute; 1.4 por ciento y la femenina 0.53 por ciento. En igual sentido, entre 1985 y 1988, con la ca&iacute;da del PIB de 4.7 a &#45;15.6 por ciento, fue mayor el cambio absoluto en la tasa de despidos en los hombres que en las mujeres, con niveles de 6.4 y 3.2, respectivamente. En t&eacute;rminos de porcentaje de cambio en las tasas de cesant&iacute;a urbana, &eacute;sta fue mayor entre los hombres 41 por ciento entre 1985 y 1988. En este &uacute;ltimo a&ntilde;o, la tasa de cesant&iacute;a masculina fue de 15.6, mientras que la femenina fue de 14.7 por ciento. Durante la recesi&oacute;n, tanto el desempleo femenino como el masculino se expandieron, pero, en t&eacute;rminos relativos, se deterior&oacute; menos el empleo de las mujeres que el de los hombres. En contraste, coincidiendo con los a&ntilde;os de recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica, entre 1991 y 1994 se redujo el despido, particularmente entre los hombres, pero permaneci&oacute; casi inalterado entre las mujeres. La tasa de cesant&iacute;a masculina pas&oacute; de 11.7 a 9.1 por ciento, en tanto que la femenina cambi&oacute; de 13.8 a 12.7 por ciento; y para 1999, conservando el rezago, alcanzaron niveles 9.6 y 12.5 por ciento, respectivamente. Las tendencias generales del desempleo a largo plazo son ampliamente desfavorables para la mujer, en los periodos de estabilidad econ&oacute;mica, pero los efectos recesivos, coyunturales, han afectado mayormente a los hombres. La ocupaci&oacute;n de la mujer, en contraste con la del hombre, se ha hecho m&aacute;s estable, menos expuesta a las variaciones c&iacute;clicas (<a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a>).</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="g2"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a6g2.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Segmentaci&oacute;n del mercado y trabajo asalariado</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No en todos los aspectos los perfiles de participaci&oacute;n relativa desfavorecen a la mujer. En t&eacute;rminos de los indicadores "convencionales" de segmentaci&oacute;n del mercado en "moderno" y "tradicional" o "informal", entre los ocupados y las ocupadas del llamado sector "moderno", las mujeres tienen mayor peso relativo que los hombres, aunque en ambos casos la tendencia es sensiblemente decreciente. En 1982, 55.4 por ciento de los hombres ocupados correspond&iacute;an a dicho segmento de la econom&iacute;a, y entre las mujeres representaba 64.6 por ciento. En la c&uacute;spide de la crisis se redujeron las ocupaciones del sector moderno, particularmente entre los hombres. En 1988 la participaci&oacute;n entre las mujeres alcanz&oacute; 59.7 por ciento, mientras que entre los hombres cay&oacute; dr&aacute;sticamente a 46.4 por ciento. En lo sucesivo, la p&eacute;rdida ha sido sistem&aacute;tica y la brecha entre hombres y mujeres se ha acortado. Entre 1991 y 1999, las ocupaciones modernas masculinas pasaron de 48.7 a 53 por ciento, pero las femeninas pasaron de 62.0 a 58.7 por ciento. La mujer ocupada pertenece mayoritariamente al sector moderno de la econom&iacute;a. El trabajo en el sector moderno sigue siendo relativamente m&aacute;s importante para las mujeres, pero la tendencia les desfavorece.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el mercado de trabajo urbano la situaci&oacute;n es m&aacute;s compleja, en gran parte determinada por el alto desempleo de las mujeres, agravada con los cambios estructurales que implicaron los programas de privatizaci&oacute;n y las reformas del Estado. El sector informal aument&oacute; su participaci&oacute;n en el empleo urbano de 24.8, en 1982, a 32.1 por ciento, entre 1982 y 1988, y en el mismo periodo la participaci&oacute;n de la mujer en dicho sector informal se redujo de 47.4 a 43 por ciento (Garc&iacute;a&#45;Huidobro, 1990). En este sentido, la mujer fue menos afectada que los hombres con el impacto de la crisis. El sector informal se mantuvo alto en la d&eacute;cada de los noventa, aun durante los a&ntilde;os de recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica. El estancamiento del empleo p&uacute;blico en esa d&eacute;cada no s&oacute;lo acentu&oacute; el desempleo, particularmente de las mujeres, sino tambi&eacute;n el subempleo y las ocupaciones precarias. La participaci&oacute;n del trabajo informal en las ocupaciones urbanas cerr&oacute; la d&eacute;cada con niveles de 32.4 por ciento en 1999, similares a los alcanzados durante la crisis de los ochenta. Coincidentemente, las mujeres incrementaron la presencia en dicho sector, al representar 44.4 por ciento de los ocupados en dicho sector, pero a&uacute;n mantienen niveles inferiores a los prevalecientes a comienzos de la d&eacute;cada de los ochenta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La din&aacute;mica del "sector informal" en Panam&aacute; ha tenido un car&aacute;cter muy singular. Mientras que entre 1950&#45;1980 en el resto de Centroam&eacute;rica se expandi&oacute; apreciablemente, "en cambio la ocupaci&oacute;n en el SIU en Panam&aacute; se estanc&oacute; en los a&ntilde;os setenta", en parte como consecuencia del aumento del empleo en el sector p&uacute;blico y la propia inercia del crecimiento econ&oacute;mico experimentado por varias d&eacute;cadas hasta mediados de los a&ntilde;os setenta. El sector informal normalmente se integra de manera desigual por j&oacute;venes y mujeres, y, en mucho casos, por migrantes rurales en la ciudad.<sup><a href="#notas">9</a></sup> &Eacute;sta es una de las caracter&iacute;sticas b&aacute;sicas de su composici&oacute;n. A este respecto, el sector informal en Centroam&eacute;rica no parece ser una excepci&oacute;n. No obstante, desde esta perspectiva, Panam&aacute; ha exhibido una particular estructura de ocupaci&oacute;n. En el pa&iacute;s, en t&eacute;rminos de la composici&oacute;n por edad, han tenido mayor importancia relativa para este sector de actividad econ&oacute;mica los trabajadores ubicados en los extremos de la pir&aacute;mide de poblaci&oacute;n y, particularmente, "la participaci&oacute;n de ocupados hombres fuera del estrato 20 a 40 a&ntilde;os es relativamente mayor en el sector informal" (PREALC, 1986). En Panam&aacute; "el sector informal constituye una fuente de empleo relativamente menos importante para trabajadoras mujeres" (PREALC,1986). &Eacute;sta ha sido la tendencia, pero los cambios recientes podr&iacute;an ir en otro sentido. Las transformaciones, particularmente las vinculadas con la p&eacute;rdida de importancia del sector p&uacute;blico, a partir de comienzos de la d&eacute;cada de los noventa, han impactado m&aacute;s la calidad del empleo de las mujeres. En t&eacute;rminos relativos, mientras que entre las mujeres ocupadas urbanas la participaci&oacute;n en el sector informal pas&oacute; de 32.1 por ciento, en 1991, a 35.4 por ciento, en 1999, las ocupaciones de los hombres se mantuvieron en 30.3 por ciento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde otra perspectiva, durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha sido notorio el estancamiento del trabajo asalariado y ha tendido a converger la participaci&oacute;n en la fuerza de trabajo masculina y femenina. La PEA asalariada total del pa&iacute;s cay&oacute; dr&aacute;sticamente en la d&eacute;cada de los ochenta. En el periodo 1982&#45;1988 descendi&oacute; de 57.3 a 53.0 por ciento; sin embargo, recuper&oacute; la tendencia ascendente durante los primeros a&ntilde;os de los noventa, al crecer de 53.4 a 60.5 por ciento entre 1993 y 1999. En t&eacute;rminos de la composici&oacute;n por sexo, a lo largo de las casi dos d&eacute;cadas, el porcentaje de asalariadas en la PEA ha sido mayor que entre los hombres. No obstante, mientras que ha crecido la participaci&oacute;n de los hombres, ha ca&iacute;do la de las mujeres, tendiendo a coincidir, particularmente durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os de los noventas (<a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a>). En 1982 el porcentaje de asalariados en la fuerza de trabajo masculina era de 54.6 por ciento, mientras que en la femenina era de 63.4 por ciento. Y a pesar de la crisis, mantuvo una mayor importancia entre las mujeres; pero, en contraste, en este sentido la d&eacute;cada de los noventa parece haber beneficiado mucho menos a las mujeres que a los hombres. En 1989, la proporci&oacute;n de asalariados baj&oacute; a 49.7 por ciento entre los hombres y a 57.6 por ciento en la fuerza de trabajo femenina, pero mientras que en la PEA masculina ascendi&oacute; a 59.5 por ciento en 1999, en la femenina s&oacute;lo alcanz&oacute; 62.5 por ciento, por debajo del nivel representado a comienzos de los a&ntilde;os ochenta. En este sentido, aun cuando el trabajo asalariado sigue teniendo un mayor peso relativo entre las mujeres, la brecha se ha recortado.</font></p>     <p align="center"><a name="g3"></a></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a6g3.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el sector urbano ha perdido importancia relativa el trabajo asalariado y, en contraste, ha experimentado un amplio crecimiento el trabajo independiente o por cuenta propia. La participaci&oacute;n de la PEA asalariada en la fuerza de trabajo urbana baj&oacute; de 74 a 63 por ciento, entre 1982 y 1991, y alcanz&oacute; 68.3 por ciento en 1999. Las actividades asalariadas urbanas masculinas y femeninas se han reducido, y, al igual que en el conjunto de la econom&iacute;a, la recuperaci&oacute;n de los a&ntilde;os noventa ha sido menos favorable para las mujeres. Entre 1985 y 1991, mientras que la proporci&oacute;n de asalariadas en la fuerza de trabajo femenina urbana decreci&oacute; de 73.1 a 63.3 por ciento, la masculina pas&oacute; de 72.2 a 62.8 por ciento, y en 1999 alcanzaron 65.9 y 70.1 por ciento, respectivamente. Las ocupaciones asalariadas urbanas tuvieron un comportamiento similar, mostrando una proporci&oacute;n ligeramente mayor entre las mujeres, por lo menos desde comienzos de los a&ntilde;os ochenta hasta casi finales de la de los noventa. El porcentaje de trabajadores asalariados urbanos decreci&oacute; de 68.9 a 60.5 por ciento entre 1982 y 1988, y alcanz&oacute; 63.3 por ciento en 1999. De 1983 a 1991, entre los ocupados masculinos, pas&oacute; de 71.1 a 59.3 por ciento, y entre las ocupadas baj&oacute; de 72 a 62.3 por ciento, conservando las mujeres el predominio en las ocupaciones asalariadas. Entre 1997 y 1999, la participaci&oacute;n en el trabajo asalariado urbano aument&oacute; entre los hombres y se contrajo entre las mujeres, al pasar de 62.2 a 63.7 y de 63.5 a 62.7 por ciento, respectivamente.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La PEA asalariada "moderna" del sector urbano &#151;referida a actividades no informales, en establecimientos con m&aacute;s de cinco trabajadores&#151; favoreci&oacute; m &aacute;s a las mujeres hasta casi finales de la d&eacute;cada de los noventa. La fuerza de trabajo asalariada "moderna" urbana se redujo de 68.4 a 61.8 por ciento, entre 1982 y 1999, y a lo largo de las casi dos d&eacute;cadas, el porcentaje de trabajadoras asalariadas "formales" en la fuerza laboral urbana mantuvo niveles ligeramente superiores que la masculina. En 1983 y 1991, mientras que entre los hombres cambi&oacute; de 71.2 a 57.2 por ciento, respectivamente, entre las mujeres cay&oacute; de 71.3 a 58.4 por ciento. No obstante, en 1999 los hombres representaron 62.7 y las mujeres 60.7 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el mismo sentido, no s&oacute;lo se ha incrementado el trabajo asalariado urbano "informal" &#151;concerniente a actividades de subsistencia, en microunidades productivas&#151;, sino que adem&aacute;s se ha ampliado la distancia entre la participaci&oacute;n relativa masculina y femenina, en detrimento de las ocupaciones de los hombres. Las ocupaciones urbanas asalariadas "informales" se incrementaron de 5.3 a 6.2 por ciento, entre 1982 y 1988, luego descendieron a 5.1 por ciento, en 1991, y alcanzaron 6.2 por ciento de los ocupados en 1999. No obstante, la tendencia, en t&eacute;rminos de la participaci&oacute;n relativa seg&uacute;n sexo, fue desfavorable para los hombres respecto a las mujeres. En los hombres ocupados urbanos dicha participaci&oacute;n pas&oacute; de 5.2 a 6.5 y a 6.8 por ciento, entre 1982, 1988 y 1999, respectivamente; en las mujeres la tendencia fue ascendente entre 1982 y 1988, al pasar de 5.4 a 5.8 por ciento, pero se mantuvo relativamente m&aacute;s baja entre 1991 y finales de la d&eacute;cada (<a href="#g4">gr&aacute;fica 4</a>).</font></p> 	    <p align="center"><a name="g4"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a6g4.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro factor que afecta la calidad del trabajo asalariado y no salariado urbano es el subempleo referido a horas de trabajo, que hasta finales de los a&ntilde;os noventa tuvo mayor representaci&oacute;n entre los hombres. Este casi siempre ha estado asociado a actividades agr&iacute;colas, especialmente de subsistencia, o a ocupaciones femeninas de car&aacute;cter secundario orientadas a la consecuci&oacute;n de ingresos complementarios para el sostenimiento del hogar. No obstante, durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, pero particularmente durante los a&ntilde;os ochenta, experiment&oacute; una evoluci&oacute;n importante; por un lado, determinado directamente por la crisis econ&oacute;mica, que restringi&oacute; el pleno acceso al mercado de trabajo, y, por otra parte, impuesto por las formas emergentes de organizaci&oacute;n de la producci&oacute;n y los consiguientes procesos de flexibilizaci&oacute;n de las relaciones de trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Panam&aacute; el trabajo urbano de tiempo parcial involuntario creci&oacute; de 2.9 por ciento del total de ocupados urbanos en 1982 a 9.9 por ciento en 1988 y, con un ligero descenso, representaba 7.4 por ciento en 1999. En t&eacute;rminos de la participaci&oacute;n por sexo, ha seguido una tendencia similar. No obstante, muy recientemente afect&oacute; m &aacute;s a los hombres que a las mujeres. Creci&oacute; de 3.3 a 10.6 y de 2.3 a 8.8 por ciento entre 1982 y 1988, entre la ocupaci&oacute;n urbana masculina y femenina, pero hacia el final de la d&eacute;cada pasada, el deterioro fue mayor para las mujeres, al alcanzar 6.3 por ciento entre los hombres y 8.8 entre las mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tendencia se invirti&oacute; a mediados de la d&eacute;cada. Hasta entonces, fue mayor la proporci&oacute;n de hombres que de mujeres que laboraban menos de cuarenta horas semanales a pesar de estar dispuestos a ocuparse plenamente. Es en este sentido que, seg&uacute;n Vigier (1992), en Panam&aacute; exist&iacute;an "m&aacute;s hombres subocupados que mujeres... subempleados por horas trabajadas, nivel que tradicionalmente es considerado como subempleo t&iacute;pico de las mujeres trabajadoras".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El trabajo independiente</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La contraparte de la din&aacute;mica del trabajo asalariado corresponde al trabajo independiente o aut&oacute;nomo. En general, se suele asumir al trabajo por cuenta propia como un sector marginal, residual y arcaico, desarticulado de la econom&iacute;a "formal", caracterizado por sus escasos recursos y limitados ingresos. No obstante, toda vez que &eacute;ste, en t&eacute;rminos generales, por un lado se conforma de un segmento importante de trabajadores agr&iacute;colas de subsistencia, y, por el otro, de un amplio espectro de trabajadores urbanos, resulta ser muy heterog&eacute;neo. Su din&aacute;mica depende de muchos factores, e incluso var&iacute;a al interior de una misma rama de actividad econ&oacute;mica. As&iacute;, aunque presenta una situaci&oacute;n casi general al interior del segmento, no todo expresa condiciones desfavorables de trabajo con bajas remuneraciones. El tama&ntilde;o del sector guarda relaci&oacute;n con el proceso de modernizaci&oacute;n, con la disoluci&oacute;n microproductiva en el agro y con la accesibilidad al mercado de trabajo urbano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los trabajadores independientes suelen integrarse principalmente en el sector informal y en t&eacute;rminos generales participan en una amplia variedad de ocupaciones, entre las que destacan actividades comerciales y de servicios, en congruencia con las caracter&iacute;sticas estructurales que define al sector moderno y, en cierto modo, con las facilidades de incorporaci&oacute;n que permiten los "servicios personales" y las "ventas ambulantes". Las mismas facilidades de acceso definen las posibilidades de ingreso en dicho sector. En Panam&aacute;, coincidiendo con la evoluci&oacute;n del trabajo asalariado, el trabajo por cuenta propia pas&oacute; de representar 40.1 por ciento del total de trabajados en 1950 a 25.1 por ciento en 1980, periodo en el que el porcentaje de asalariados se increment&oacute; de 41.4 a 69.0 por ciento de los ocupados. No obstante, durante la d&eacute;cada de los ochenta, como resultado de la crisis que afect&oacute; especialmente al trabajo asalariado urbano y, no en pocos casos, promovi&oacute; el retorno a las actividades de subsistencia rurales, se increment&oacute; notablemente el trabajo por cuenta propia. El trabajo asalariado concentr&oacute; en 1990 a s&oacute;lo 60.5 por ciento &#151;casi 10 por ciento menos que en 1980&#151; y, en contraste, las ocupaciones por cuenta propia alcanzaron 31.8 por ciento del total de ocupados. Esto significa que para entonces, de cada tres ocupados en el pa&iacute;s uno se ubic&oacute; en ocupaciones por cuenta propia en alguna actividad rural o urbana, sin un salario a cambio de su trabajo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis para los ocupados urbanos muestra una tendencia creciente de trabajo por cuenta propia, particularmente acentuada durante los a&ntilde;os de crisis de la d&eacute;cada de los ochenta, con una ampliamente mayor participaci&oacute;n masculina, que a pesar de que se mantuvo casi constante durante la d&eacute;cada de los noventa &#151;en contraste con la din&aacute;mica de crecimiento del trabajo independiente femenino&#151;, sigue siendo muy superior y, por consiguiente, ocupacionalmente m&aacute;s importante para los hombres que para las mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante la d&eacute;cada de los ochenta no s&oacute;lo fue siempre mayor la proporci&oacute;n de hombres insertos en las ocupaciones por cuenta propia, sino que m&aacute;s a&uacute;n, se increment&oacute; la brecha entre ambos, en detrimento de los hombres. Entre 1982 y 1991, el porcentaje de ocupados perteneciente a dicha actividad pas&oacute; de 11.2 a 16.0 y, durante el mismo periodo, mientras que la proporci&oacute;n de mujeres aument&oacute; de 6.8 a 9.3 por ciento, en los hombres se increment&oacute; de 14 a 20.9 por ciento de los ocupados urbanos (<a href="#g5">gr&aacute;fica 5</a>). No obstante el peso relativo que representa la participaci&oacute;n de los hombres en el trabajo independiente, durante la d&eacute;cada de los noventa las tendencias fueron m&aacute;s desfavorables para las mujeres, que han incrementado la inserci&oacute;n en este segmento de ocupaciones, quiz&aacute;s en parte orilladas por el desempleo p&uacute;blico generado por las privatizaciones.</font></p> 	    <p align="center"><a name="g5" id="g5"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a6g5.jpg"></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tendencia general ha sido aumentar la participaci&oacute;n de los trabajadores por cuenta propia, ante la disminuci&oacute;n y/o estancamiento del empleo asalariado, p&uacute;blico y privado. Pero, c&oacute;mo explicar la presencia mayoritaria de hombres en dichas actividades, laboralmente m&aacute;s vulnerables, teniendo en cuenta que del total de trabajadores urbanos independientes 98 por ciento correspondi&oacute;, en 1999, al llamado "informal informal". El problema no es nuevo y, por consiguiente, las razones pueden ser las mismas, aparentemente v&aacute;lidas durante la d&eacute;cada de los ochenta, asociada con las posibilidades de obtener mayores ingresos. Seg&uacute;n Mart&iacute;nez (1992), durante dicho periodo en Panam&aacute; "la mediana de ingresos de los trabajadores por cuenta propia, creci&oacute; en t&eacute;rminos reales por encima del 20 por ciento durante el per&iacute;odo intercensal y super&oacute; significativamente la mediana de ingreso de los trabajadores permanentes".</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Modelo factorial de precarizaci&oacute;n</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo precario implica diversas modalidades de trabajo "at&iacute;picas" con referencia al sistema de seguridad o protecci&oacute;n social y a las formas de contrataci&oacute;n y empleo normadas legalmente. El concepto, en cierto modo, corresponde con el de "trabajo informal" en el sentido de que apunta a formas de trabajo irregulares, inestables y legalmente desprotegidas, pero particularmente tiene la clara ventaja de superar la idea de "sector" o segmento del mercado de trabajo, o, en todo caso, lo integra y amplia.<sup><a href="#notas">10</a></sup> La precarizaci&oacute;n no se define en funci&oacute;n de un estrato o sector de la actividad econ&oacute;mica limitada a una situaci&oacute;n de trabajo "aut&oacute;nomo" no asalariado. La precariedad del trabajo se delimita en t&eacute;rminos de las <i>relaciones,</i> formas o tipos de vinculaci&oacute;n laboral &#151;y no de un sector adscrito&#151; entre los trabajadores, sean p&uacute;blicos o privados, y los dem&aacute;s agentes de la producci&oacute;n y el mercado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En t&eacute;rminos operativos, la precariedad incluye diversas formas de trabajo en todos los &aacute;mbitos del mercado laboral, dependiendo de factores de normatividad, calidad e ingreso en los mismos, independientemente del sector al cual pueda imputarse. Se consideran entre ellas las actividades no registradas &#151;sin contratos&#151;, el trabajo eventual y el de tiempo parcial involuntario, a un segmento de los trabajadores independientes y a los patrones y asalariados de micro&#45;peque&ntilde;as unidades de producci&oacute;n, el trabajo dom&eacute;stico, el trabajo familiar no remunerado y a todas las formas de ocupaci&oacute;n con remuneraciones por debajo del m&iacute;nimo legal establecido. En sentido amplio, corresponde a diversas formas de ocupaciones asalariadas y no asalariadas, caracterizadas por la baja calidad, la inestabilidad en el empleo y la escasa seguridad en los ingresos o remuneraciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este caso, con base en algunos indicadores disponibles en la Encuesta de Hogares, se analizan las tendencias y algunas de las caracter&iacute;sticas de la precarizaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n ocupada urbana total, masculina y femenina, entre 1982 y 1999. La elaboraci&oacute;n de esta medida de precarizaci&oacute;n del trabajo se hizo con base en siete variables (o indicadores) de mala calidad del empleo (<a href="../img/revistas/pp/v7n27/a6t1.jpg" target="_blank">tabla 1</a>).</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &iacute;ndice se construy&oacute; a partir de los porcentajes o tasas de ocupaci&oacute;n total y por sexo en cada una de las variables o categor&iacute;as de ocupaci&oacute;n seleccionadas como indicadores de precariedad ocupacional. El modelo se elabor&oacute; siguiendo la t&eacute;cnica de an&aacute;lisis multivariado de componentes principales. El m&eacute;todo parte del an&aacute;lisis de la matriz de correlaciones e intenta reducir a un valor &uacute;nico la variaci&oacute;n de las observaciones de cada una de las variables. La t&eacute;cnica genera tantos componentes como variables sean incluidas, ofreciendo para cada una cierto nivel de explicaci&oacute;n, hasta determinar la variaci&oacute;n total. En este caso, cada componente o vector ponderado multiplicado por las variables incluidas estandarizadas suman el valor s&iacute;ntesis o &iacute;ndice de precariedad. El prop&oacute;sito es explicar la variabilidad total observada en la matriz de datos utilizada, a partir de un n&uacute;mero reducido de factores o componentes. La t&eacute;cnica no ofrece una medida absoluta de la situaci&oacute;n ocupacional, sino m&aacute;s bien relativa entre las unidades o, en este caso, a&ntilde;os que cubre el an&aacute;lisis. En este sentido, el &iacute;ndice que se construye proporciona una medida ordinal de la precarizaci&oacute;n en cada a&ntilde;o, en relaci&oacute;n con todos o cada uno de los dem&aacute;s, a lo largo de las casi dos d&eacute;cadas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estad&iacute;sticamente el &iacute;ndice se define como:</font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>        <p align="justify"><font face="verdana" size="2">donde:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">I<sup>k</sup><sub>j</sub> = &Iacute;ndice de precarizaci&oacute;n total y por sexo <i>(j)</i>, deducido de la (<sup>k</sup>&#45;&eacute;sima) componente<img src="../img/revistas/pp/v7n27/a6formula1.jpg">.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">P<sub>ki</sub> = Ponderador de la variable <i>(i)</i> correspondiente a la (<sup>k</sup>&#45;&eacute;sima) componente.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Z = Indicador <i>(i)</i> estandarizado total y por sexo.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">n = N&uacute;mero de indicadores o variables de precariedad.</font></p> </blockquote>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los resultados obtenidos y la gr&aacute;ficas respectivas para el total de los ocupados urbanos y para los hombres y mujeres &#151;corridos conjuntamente&#151; muestran las tendencias relativas de precarizaci&oacute;n del trabajo a lo largo de las dos d&eacute;cadas. Las <a href="../img/revistas/pp/v7n27/a6t1.jpg" target="_blank">tablas 1</a> y <a href="../img/revistas/pp/v7n27/a6t2.jpg" target="_blank">2</a> presentan un resumen del an&aacute;lisis estad&iacute;stico: la matriz de correlaci&oacute;n, los componentes factoriales y varianza explicada por los componentes extra&iacute;dos, y, finalmente, los factores y las variables que "saturan" en cada uno de ellos. La correlaci&oacute;n entre dichas variables valida la pertinencia del an&aacute;lisis de componentes principales, y carecer&iacute;a de sentido si por lo menos algunas de las variables no estuvieran asociadas linealmente. Al respecto, cuanto mayor sea el n&uacute;mero de variables con alta correlaci&oacute;n, menos factores explican la mayor parte de la variabilidad total.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La <a href="../img/revistas/pp/v7n27/a6t2.jpg" target="_blank">tabla 2</a> contiene los resultados del an&aacute;lisis para el total de la poblaci&oacute;n urbana, sin considerar el sexo de los ocupados. La matriz de correlaci&oacute;n para las variables incluidas muestra que existe relaci&oacute;n entre seis de dichas variables. La correlaci&oacute;n entre las variables CUENTPRO (Trabajadores por cuenta propia), y MSALM (Ocupados con menos de un salario m&iacute;nimo) y M40HOR (Trabajador con menos de 40 horas a la semana, que demanda m&aacute;s) presentan coeficientes <i>r</i> de Pearson de 0.574 y 0.861, significativos con p &lt; 0.01 y p &lt; 0.001, respectivamente. Tambi&eacute;n las variables PATRM5T (Patrones de establecimientos con menos de cinco trabajadores) y M40HOR, PATRM5T y CUENTPRO presentan correlaciones fuertes, con coeficientes de 0.600 y 0.662, significativo con p &lt; 0.01. La correlaci&oacute;n entre PATRM5T y MSALM es m&aacute;s moderada, con un coeficiente de 0.546, significativo con p &lt; 0.05. Adem&aacute;s, se puede observar que existe correlaci&oacute;n entre las variables TRABFAM (Trabajo familiar no remunerado) y M40HOR, con coeficiente de 0.489, tambi&eacute;n significativo con p &lt; 0.05. Las correlaciones resultan te&oacute;ricamente consistentes; por un lado, el incremento anual en la proporci&oacute;n de trabajadores por cuenta propia parece linealmente asociado con el aumento en la proporci&oacute;n de ocupados con menos de un salario m&iacute;nimo, lo que muestra la precariedad general de dicha actividad econ&oacute;mica; por el otro, las correlaciones entre la proporci&oacute;n de patrones de micro establecimientos con menos de cinco trabajadores, con las de ocupados por menos de la jornada "normal" de trabajo, con la de trabajadores por cuenta propia y ocupados con menos del salario m&iacute;nimo, ponen de manifiesto el incremento coincidente de estas dos modalidades del trabajo aut&oacute;nomo, con alto subempleo por tiempo o jornada laboral y bajos salarios devengados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis de componentes principales implic&oacute; la extracci&oacute;n de los factores que explican la mayor porci&oacute;n de variancia de los datos. Los tres primeros factores o componentes incluidos en el modelo &#151;t&eacute;cnicamente con valores propios mayores que uno&#151;, explican 80.1 por ciento de la variabilidad total de las variables originales de precarizaci&oacute;n consideradas. El primer factor, con valor propio de 3.062, explica 43.7 por ciento de la varianza total, y saturan en dicho factor las variables: trabajadores por cuenta propia, ocupados con menos de 40 horas y que desean trabajar m&aacute;s, patrones de establecimientos con menos de cinco trabajadores y ocupados con menos de un salario m&iacute;nimo, todas referidas al trabajo aut&oacute;nomo, independiente y/o a los subempleados. Los otros dos factores, con valores de 1.411 y 1.132, explican 20.1 y 16.2 por ciento de la varianza total, respectivamente. Al segundo lo integran las variables: trabajadores familiares no remunerados, ocupados con menos de un salario m&iacute;nimo, representado en el primer factor, y asalariados de establecimientos con menos de cinco trabajadores. El tercero lo forman las variables: empleo dom&eacute;stico, asalariados de establecimientos con menos de cinco trabajadores y ocupados con menos de un salario m&iacute;nimo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &iacute;ndice de precarizaci&oacute;n se estim&oacute; a partir del primer factor o componente (K = 1) &#151;el cual resume la mayor variaci&oacute;n conjunta de las observaciones o matriz de datos&#151;, y corresponde a las puntuaciones factoriales para cada a&ntilde;o de la serie considerada. Los valores obtenidos se incluyen en la <a href="../img/revistas/pp/v7n27/a6tA2.jpg" target="_blank">tabla A2</a> y son representados en la <a href="#g6">gr&aacute;fica 6</a>. El valor del &iacute;ndice var&iacute;a en sentido directo al grado de precarizaci&oacute;n; es decir, que a mayor valor del &iacute;ndice m&aacute;s desfavorable es la situaci&oacute;n ocupacional urbana o viceversa, y est&aacute; en relaci&oacute;n con la situaci&oacute;n general o los niveles de precariedad en el periodo analizado. En este sentido, es claramente observable la tendencia de deterioro relativamente creciente en el mercado laboral urbano a lo largo de las dos d&eacute;cadas. Por lo menos son distinguibles cuatro momentos que, en cierto modo, corresponden con la din&aacute;mica de estabilidad relativa y deterioro de la econom&iacute;a. La precarizaci&oacute;n del trabajo urbano en Panam&aacute; mantuvo niveles relativamente bajos durante la primera mitad de la d&eacute;cada de los ochenta. En este sentido, es medianamente cierto el planteamiento de Gregory (1991) de que en la d&eacute;cada de los ochenta no pareci&oacute; evidenciarse "un deterioro general y profundo en las condiciones de trabajo". Entre 1982 y 1986 la precarizaci&oacute;n mantuvo niveles relativos bajos (negativos), pero se increment&oacute; sensiblemente a partir de entonces, hasta alcanzar el nivel m&aacute;s alto de la d&eacute;cada en 1988, en la c&uacute;spide de las crisis econ&oacute;mica y pol&iacute;tica (<a href="../img/revistas/pp/v7n27/a6tA2.jpg" target="_blank">tabla A2</a>). Con la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica, a partir de 1989 y comienzos de los a&ntilde;os noventa, la precarizaci&oacute;n tendi&oacute; nuevamente a bajar, entre 1989 y 1993; no obstante, durante la segunda mitad de la d&eacute;cada alcanz&oacute; el nivel m&aacute;s alto, experimentado en 1998, y, aunque tendi&oacute; a reducirse en 1999, la tendencia general es cercana a la peor de la d&eacute;cada de los ochenta.</font></p>     <p align="center"><a name="g6"></a></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a6g6.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis desagregado, a partir de las proporciones de ocupados y ocupadas en las respectivas categor&iacute;as de actividad laboral, aporta evidencias importantes en cuanto a los niveles de precarizaci&oacute;n relativa por sexo en el mercado de trabajo urbano y las tendencias a lo largo de las dos d&eacute;cadas. La matriz de correlaci&oacute;n muestra algunas coincidencias de relaciones entre variables con las observadas para el total de ocupados urbanos. En esta matriz tambi&eacute;n est&aacute;n correlacionadas las variables CUENTPRO (Trabajadores por cuenta propia) y M40HOR (Trabajador con menos de 40 horas a la semana, que demanda trabajar m&aacute;s), y PATRM5T (Patrones de establecimientos con menos de cinco trabajadores) y CUENTPRO, con coeficiente <i>r</i> de Pearson de 0.418 y 0.920, significativos con p &lt; 0.01 y p &lt; 0.001, respectivamente. Otra de las variables igualmente correlacionadas son TRABFAM (Trabajo familiar no remunerado) y M40HOR, con coeficiente de 0.383, significativo con p &lt; 0.05. Adem&aacute;s, se a&ntilde;aden otras correlaciones relativamente altas entre la variables ASALM5T y CUENTPRO, y ASALM5T (Asalariados en establecimientos con menos de cinco trabajadores) y PATRM5T, con coeficientes 0.692 y 0.625, significativo con p &lt; 0.001. Las correlaciones entre estas &uacute;ltimas est&aacute;n en concordancia con el incremento del trabajo aut&oacute;nomo y en relaci&oacute;n de dependencia con las peque&ntilde;as unidades de producci&oacute;n. La relaci&oacute;n que guardan estas tres variables con TRABFAM y EMPDOM (Empleo dom&eacute;stico), altamente significativa, e inversa, quiz&aacute; responde a la salida de las mujeres del trabajo familiar y dom&eacute;stico y su entrada al trabajo por cuenta propia, microempresarial y/o asalariado en dichas unidades productivas (<a href="../img/revistas/pp/v7n27/a6t3.jpg" target="_blank">tabla 3</a>).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La soluci&oacute;n factorial para el an&aacute;lisis por sexo fue muy similar al caso anterior para el total de los ocupados urbanos, pero implic&oacute; ciertas consideraciones previas, particularmente en la construcci&oacute;n de la matriz de datos. Los porcentajes de ocupados y ocupadas por categor&iacute;a de precarizaci&oacute;n est&aacute;n en relaci&oacute;n con el total de los hombres o mujeres ocupados en el sector urbano en cada a&ntilde;o. No obstante, dado que el &iacute;ndice es una medida relativa entre los pesos que presentan las variables en consideraci&oacute;n a lo largo de dichos a&ntilde;os, para garantizar la comparaci&oacute;n de las puntuaciones factoriales o niveles de precarizaci&oacute;n, la <i>corrida</i> del modelo se hizo a partir de una matriz &uacute;nica de observaciones femeninas y masculinas. Adem&aacute;s, en este caso, para facilitar la interpretaci&oacute;n con base en una mejor distribuci&oacute;n de los pesos factoriales, se rot&oacute; la matriz por el m&eacute;todo Varimax (Visauta, 1999).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis determin&oacute; la obtenci&oacute;n de dos factores, que conjuntamente explican 75 por ciento de la variabilidad total. El primer factor tiene un valor propio de 3.695 y explica 52.8 por ciento de la variabilidad, y es saturado por cuatro variables: trabajadores por cuenta propia, patrones de establecimiento con menos de cinco trabajadores, empleo dom&eacute;stico y asalariados en establecimientos con menos de cinco trabajadores, correspondientes al trabajo aut&oacute;nomo, en correlaci&oacute;n inversa con la din&aacute;mica de ocupaci&oacute;n en servicios dom&eacute;sticos. La segunda componente tiene un valor de 1.556 y explica 22.2 por ciento de la varianza total de las variables originales incluidas en el modelo. A este factor lo saturan tres variables referentes a la jornada y a la percepci&oacute;n de ingresos por el trabajo. Incluye las variables: ocupados con menos de 40 horas y que desean trabajar m&aacute;s, trabajadores familiares no remunerados y ocupados con menos de un salario m&iacute;nimo. El &iacute;ndice, como en el caso anterior, se estim&oacute; a partir del primer factor y corresponde con las puntuaciones factoriales generadas por el modelo. Los pesos adoptados resultan de la interacci&oacute;n conjunta de las variables que mejor explican dicho factor, y en ese sentido tienen s&oacute;lo un valor relativo entre los dos subgrupos y para cada a&ntilde;o, a lo largo de las dos d&eacute;cadas. Los resultados se presentan en la <a href="../img/revistas/pp/v7n27/a6tA2.jpg" target="_blank">tabla A2</a> y se ilustran en la <a href="#g7">gr&aacute;fica 7</a>. A partir de las variables consideradas, y particularmente por las mejor "ponderadas" por el modelo factorial, la precariedad del trabajo urbano en Panam&aacute; parece afectar m&aacute;s a los hombres que a las mujeres. La evoluci&oacute;n de ambas sigui&oacute; una tendencia similar durante la d&eacute;cada de los ochenta, pero ampli&oacute; la brecha a comienzos de los a&ntilde;os noventa y mantuvo niveles relativamente desfavorables para hombres a finales de la d&eacute;cada.</font></p> 	    <p align="center"><a name="g7"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a6g7.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los dos modelos factoriales anteriores resultan te&oacute;ricamente consistentes. En ambos casos, el &iacute;ndice de precarizaci&oacute;n se estim&oacute; a partir de la primera componente, que &#151;como se ha indicado&#151; resume la mayor variaci&oacute;n conjunta de las observaciones analizadas. En este sentido, en la medida que dicho factor resume la "informaci&oacute;n" de las variables con mayores cargas o saturaciones factoriales, las puntuaciones finalmente obtenidas tambi&eacute;n representan una combinaci&oacute;n de las mismas. En el primer modelo, tres de las variables con mayores ponderaciones sobre dicha componente fueron: a) el trabajo por cuenta propia; b) el trabajo con menos de 40 horas a la semana, que prefiere trabajar m&aacute;s, y c) patrones de establecimientos con menos de cinco trabajadores. En el segundo modelo las variables con mayores pesos factoriales fueron: a) el trabajo por cuenta propia; b) patrones de establecimientos con menos de cinco trabajadores, y c) el empleo dom&eacute;stico. En ambos modelos la variable con m&aacute;s carga factorial sobre el primer factor fue la de "trabajo por cuenta propia". En este sentido, no sorprende que particularmente la tendencia de la precarizaci&oacute;n por sexo siga una evoluci&oacute;n muy similar a dicho indicador a lo largo de las dos d&eacute;cadas, afectando m&aacute;s a los hombres que a las mujeres (<a href="#g5">gr&aacute;fica 5</a>).</font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Consideraciones finales</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las d&eacute;cadas de los ochenta y noventa fueron de grandes transformaciones. En los &aacute;mbitos de la organizaci&oacute;n de la producci&oacute;n y de los mercados de trabajo operaron cambios profundos y globales. Las crisis econ&oacute;micas y el patr&oacute;n emergente de acumulaci&oacute;n determinaron por lo menos dos procesos: por un lado, la notable inserci&oacute;n de la mujer en las ocupaciones asalariadas y no asalariadas, y, por otro, la desregularizaci&oacute;n y creciente precarizaci&oacute;n del trabajo. La globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica, al redefinir las funciones econ&oacute;micas y sociales del Estado, ha configurado nuevas estructuras de gesti&oacute;n del trabajo, que m&aacute;s que basarse en actividades asalariadas con remuneraci&oacute;n estable, promueven la precarizaci&oacute;n, en cuanto a calidad, estabilidad y seguridad en los ingresos. El cambio econ&oacute;mico ha tenido el infortunio de ser excluyente y m&aacute;s empobrecedor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Panam&aacute; no ha estado al margen de estas tendencias. Comparti&oacute; con los dem&aacute;s pa&iacute;ses de la regi&oacute;n la crisis de los a&ntilde;os ochenta y, desde comienzos de la d&eacute;cada, aplic&oacute; &#151;con &eacute;nfasis distintos&#151; los programas impuestos por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. La redefinici&oacute;n del papel del Estado, con la privatizaci&oacute;n y la p&eacute;rdida de participaci&oacute;n del sector p&uacute;blico, ha incrementado el desempleo y el deterioro de las condiciones de trabajo. En este sentido, a lo largo de las dos d&eacute;cadas, pero particularmente a partir de los inicios de la pasada, cuando el Estado reforz&oacute; los programas de ajuste, reestructuraci&oacute;n y privatizaci&oacute;n, se modificaron la estructura y composici&oacute;n del empleo urbano, con consecuencias directas sobre la calidad de las ocupaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante las d&eacute;cadas de los setenta y ochenta, el Estado no s&oacute;lo tuvo un desempe&ntilde;o de primer orden en la modernizaci&oacute;n de las estructuras productiva y social del pa&iacute;s, sino tambi&eacute;n en la generaci&oacute;n de empleos directos e indirectos, con lo que evit&oacute; un deterioro mayor de las ocupaciones a pesar del agotamiento del modelo econ&oacute;mico, la crisis y el estancamiento de las inversiones privadas. En contraste, a inicios de los a&ntilde;os noventa esta situaci&oacute;n se modific&oacute;. La din&aacute;mica del empleo pas&oacute; a ser cada vez m&aacute;s dependiente del nivel de actividad del sector privado. Las reformas del Estado han limitado la generaci&oacute;n de empleos "formales" y han promovido la precarizaci&oacute;n del trabajo, en la medida en que las empresas grandes y medianas no han logrado compensar la p&eacute;rdida de ocupaciones en el sector p&uacute;blico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La creciente participaci&oacute;n econ&oacute;mica de la mujer ha sido una caracter&iacute;stica del mercado laboral urbano del pa&iacute;s. La inserci&oacute;n de la mujer en la fuerza de trabajo no s&oacute;lo ha sido r&aacute;pida, sino, adem&aacute;s, a ritmos sostenidos. En general, la mujer ha tendido a comportarse en el mercado laboral como una mano de obra "primaria", en el sentido de que se integra y permanece en el mismo independientemente de la coyuntura econ&oacute;mica, y aun en circunstancias de creciente desempleo. El aumento de la fuerza de trabajo femenina ha sido extraordinario. Ni la crisis ni el desempleo han mermado el movimiento ascendente de la incursi&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo. La distancia entre la participaci&oacute;n masculina y femenina se ha acortado apreciablemente. En cuanto a ello, se podr&iacute;a decir que en el pa&iacute;s la hegemon&iacute;a masculina sobre el mercado de trabajo ya no existe.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cierto modo, la estructura del mercado de trabajo urbano presenta cambios importantes. El empleo "formal" ha perdido dinamismo y se ha acentuado el proceso de informalizaci&oacute;n de las ocupaciones. El pa&iacute;s experimenta una creciente precarizaci&oacute;n del trabajo. Ha sido notorio el estancamiento del trabajo asalariado, incluso acortando la brecha de participaci&oacute;n entre los hombres y mujeres. En t&eacute;rminos generales, la mujer ha tenido mayor presencia en el trabajo asalariado supuestamente de mejor calidad, aun en circunstancias de crisis y a pesar de la p&eacute;rdida de importancia del sector p&uacute;blico en la generaci&oacute;n de empleos. En este marco, las tendencias podr&iacute;an se&ntilde;alar cierta convergencia en la din&aacute;mica del deterioro del trabajo. No obstante, la precarizaci&oacute;n del trabajo urbano parece afectar m&aacute;s a los hombres que a las mujeres.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La evoluci&oacute;n del trabajo precario, desde la perspectiva de g&eacute;nero, sigui&oacute; una tendencia similar durante la d&eacute;cada de los ochenta, pero ampli&oacute; la brecha en la d&eacute;cada de los noventa y mantuvo niveles relativamente desfavorables para los hombres. En este &uacute;ltimo sentido, el art&iacute;culo muestra &#151;contra otros supuestos&#151; que, coincidentemente con el deterioro del trabajo asalariado, entre los ocupados urbanos es mayor la presencia de los hombres en el trabajo m&aacute;s desprotegido y precario, particularmente entre los ocupados en actividades por cuenta propia y en el asalariado tradicional urbano, e inclusive, hasta recientemente, entre los subocupados por horas, con jornadas menores a las "normales".</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">AGUIAR, Neuma, 1990, "Las mujeres y la crisis latinoamericana", en <i>Mujer y crisis. Respuesta ante la recesi&oacute;n,</i> DAWN&#45;MUDAR&#45;Editorial Nueva Sociedad, Caracas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622418&pid=S1405-7425200100010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">ARRIAGADA, Irma, 1994, "Transformaciones del trabajo femenino urbano", en <i>Revista de la CEPAL,</i> CEPAL, Santiago, agosto.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BARROSO, Arnulfo, 1998, "Centroam&eacute;rica enfrenta un lento y desigual crecimiento econ&oacute;mico", en <i>Servicio Informativo Iberoamericano,</i> Organizaci&oacute;n de Estados Iberoamericanos, Panam&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622421&pid=S1405-7425200100010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BENER&Iacute;A, Lourdes, 1991, "La globalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a y el trabajo de las mujeres", en <i>Econom&iacute;a y Sociedad del Trabajo,</i> n&uacute;ms. 13&#45;14, septiembre&#45;diciembre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622423&pid=S1405-7425200100010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BERGER, Marguerite, 1988, "La mujer en el sector informal", en <i>La mujer en el sector informal,</i> ILDIS&#45;Quito, Editorial Nueva Sociedad, Caracas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622425&pid=S1405-7425200100010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BILBAO, Andr&eacute;s, 1999, "Modelo liberal y organizaci&oacute;n de las relaciones laborales: flexibilidad y consenso", en <i>Papeles de Poblaci&oacute;n,</i> n&uacute;m. 20, abril&#45;junio, UAEM, Toluca, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622427&pid=S1405-7425200100010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CABALLERO, Emilio, (coord.), 1991, <i>El tratado de libre comercio M&eacute;xico&#45;Estados Unidos&#45;Canad&aacute;. Beneficios y desventajas,</i> UNAM&#45;Diana, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622429&pid=S1405-7425200100010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CABALLERO, Manuel, 1990, "&iquest;Existir&aacute; Am&eacute;rica Latina en el nuevo mundo de 1990?", en <i>Nueva Sociedad,</i> n&uacute;m. 108, julio&#45;agosto, Caracas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622431&pid=S1405-7425200100010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CAMAZ&Oacute;N, Daniel y Guillermo Garc&iacute;a&#45;Huidobro, 1991, "Pobreza urbana y mercado de trabajo en Panam&aacute;", en <i>Coloquio Pobreza Urbana y Mercado de Trabajo en Centroam&eacute;rica y Panam&aacute;,</i> OIT&#45;PREALC, 27&#45;28 de junio, Panam&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622433&pid=S1405-7425200100010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CENTRO de INVESTIGACIONES ECON&Oacute;MICAS de PANAM&Aacute;, 1992, <i>G&eacute;nero e informalidad en el Area Metropolitana de Panam&aacute;,</i> Tomo I, Panam&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622435&pid=S1405-7425200100010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">COSTA, Leticia, 1992, "Increases in Female Force Participation. A Possible Explanation", en <i>El Poblamiento de las Am&eacute;ricas,</i> IUSSP, Veracruz, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622437&pid=S1405-7425200100010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DE LA GARZA TOLEDO, Enrique, 1994, "Estilo de desarrollo y nuevos patrones de relaciones laborales", en <i>Memoria,</i> n&uacute;m. 72, CEMOS, noviembre, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622439&pid=S1405-7425200100010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DE MIGUEL CASTA&Ntilde;O, Carmen, 1991, "Tendencias y perspectivas de la participaci&oacute;n femenina en la actividad econ&oacute;mica", en <i>Econom&iacute;a y Sociedad del Trabajo,</i> n&uacute;ms. 13&#45;14, septiembre&#45;diciembre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622441&pid=S1405-7425200100010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GADPAILLE, Cecilio, 1990, <i>Magnitud y caracterizaci&oacute;n del desempleo en Panam&aacute;</i>, MIPPE, Panam&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622443&pid=S1405-7425200100010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GARC&Iacute;A&#45;HUIDOBRO, Guillermo, 1990, <i>El sector informal urbano de Panam&aacute;, 1978&#45;1988,</i> PREALC, Panam&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622445&pid=S1405-7425200100010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GREGORY, Peter, 1991, <i>Estudio del empleo en Panam&aacute;,</i> USAID, Panam&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622447&pid=S1405-7425200100010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GUTI&Eacute;RREZ GARZA, Esthela, 1990, "La crisis laboral y el futuro del mundo del trabajo", en <i>La ocupaci&oacute;n del futuro. Flexibilidad y desreglamentaci&oacute;n laboral,</i> Fundaci&oacute;n Friedrich Ebert&#45;Editorial Nueva Sociedad, Caracas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622449&pid=S1405-7425200100010000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HUGHES, Williams R., 1986, "Reflexiones en torno a los lineamientos y objetivos para el desarrollo de Panam&aacute;", en <i>Paradigma,</i> n&uacute;m. 1, marzo&#45;abril, Panam&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622451&pid=S1405-7425200100010000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HUMPHRIES, Jane, 1993, "El empleo de las mujeres en la reestructuraci&oacute;n de Am&eacute;rica. La experiencia cambiante de las mujeres en las tres recesiones", en <i>Las mujeres y la recesi&oacute;n,</i> Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622453&pid=S1405-7425200100010000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">INFANTE, Ricardo y Emilio Kleim, 1991, "Mercado latinoamericano del trabajo en 1950&#45;1990", en <i>Revista de la CEPAL,</i> n&uacute;m. 45, diciembre, Santiago.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622455&pid=S1405-7425200100010000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">INTER&#45;AMERICAN DEVELOPMENT BANK, 1998, <i>Informe Progreso econ&oacute;mico y social en Am&eacute;rica Latina,</i> New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622457&pid=S1405-7425200100010000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">JOVAN&Eacute;, Juan, 1986, "Panam&aacute;: las opciones de pol&iacute;tica econ&oacute;mica", en <i>Tareas,</i> n&uacute;m. 63, Centro de Estudios Latinoamericanos, CELA "Justo Arosemena".    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622459&pid=S1405-7425200100010000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">JOVAN&Eacute;, Juan, 1996, <i>Hacia un Proyecto Nacional de desarrollo,</i> CRIES, Managua.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622461&pid=S1405-7425200100010000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KRAWCZYK, Miriam, 1993, "Mujer en la regi&oacute;n. Los grandes cambios", en <i>Revista de la CEPAL,</i> n&uacute;m. 49, CEPAL, abril, Santiago.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622463&pid=S1405-7425200100010000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LACHMAN VARELA, Rub&eacute;n, 1996, <i>A d&oacute;nde va la econom&iacute;a de Panam&aacute;,</i> CIESA, Panam&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622465&pid=S1405-7425200100010000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MALIC, Danisa, 1988, "La mujer chilena ante la ley", en <i>Mundo de mujer. Continuidad y cambio,</i> Centro de Estudios de la Mujer, Santiago.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622467&pid=S1405-7425200100010000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MARSHALL, Adriana, 1999, "El comportamiento del mercado de trabajo en los a&ntilde;os 90: Nuevas pautas", en Foro <i>Poblaci&oacute;n y Sociedad en M&eacute;xico del Siglo XXI,</i> Academia Mexicana de Ciencias, octubre, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622469&pid=S1405-7425200100010000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MART&Iacute;NEZ, Daniel, 1992, <i>Empleo, ingreso y pobreza en Panam&aacute;,</i> OIT&#45;PREALC, Panam&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622471&pid=S1405-7425200100010000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MARUANI, Margaret, 1991, "La construcci&oacute;n social de las diferencias de sexo en el mercado de trabajo", en <i>Econom&iacute;a y Sociedad del Trabajo,</i> n&uacute;ms. 13&#45;14, septiembre&#45;diciembre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622473&pid=S1405-7425200100010000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&Eacute;NDEZ, Roberto N., 1988, "Innovaci&oacute;n socio&#45;econ&oacute;mica en Panam&aacute; (1982&#45;1986)", en <i>&iquest;Hacia un nuevo orden estatal en Am&eacute;rica Latina? Los actores socio&#45;econ&oacute;micos del ajuste estructural,</i> CLACSO, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622475&pid=S1405-7425200100010000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MORENO VILLALAZ, Juan Luis, 1994, <i>La necesidad de una pol&iacute;tica de mercado y liberaci&oacute;n econ&oacute;mica. El caso de Panam&aacute;,</i> Fundaci&oacute;n Isme&ntilde;a de Estudios Econ&oacute;micos y Sociales, Panam&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622477&pid=S1405-7425200100010000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ORGANISMO de COOPERACI&Oacute;N y DESARROLLO ECON&Oacute;MICO, OECD, 1993, "El empleo y el desempleo en los pa&iacute;ses de la OCDE", en <i>Revista Mexicana del Trabajo,</i> Nueva &Eacute;poca, n&uacute;m. 3, Secretar&iacute;a del Trabajo y Previsi&oacute;n Social, Tercer cuatrimestre, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622479&pid=S1405-7425200100010000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ORGANIZACI&Oacute;N INTERNACIONAL DEL TRABAJO, 1993a, "El empleo en el mundo", en <i>Revista Mexicana del Trabajo,</i> Nueva &Eacute;poca, n&uacute;m. 2, Secretar&iacute;a del Trabajo y Provisi&oacute;n Social, Segundo cuatrimestre, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622481&pid=S1405-7425200100010000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ORGANIZACI&Oacute;N INTERNACIONAL DEL TRABAJO, 1993b, "Empleo y transformaci&oacute;n productiva en Am&eacute;rica Latina y el Caribe", en <i>Revista Mexicana del Trabajo,</i> Nueva &Eacute;poca, n&uacute;m. 1, Secretar&iacute;a del Trabajo y Previsi&oacute;n Social, Primer cuatrimestre, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622483&pid=S1405-7425200100010000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ORGANIZACI&Oacute;N INTERNACIONAL del TRABAJO, 1994, <i>Informa, Panorama laboral 1994,</i> Santiago.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622485&pid=S1405-7425200100010000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ORGANIZACI&Oacute;N INTERNACIONAL del TRABAJO, 2000, <i>Informa, Panorama laboral 2000,</i> Santiago.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622487&pid=S1405-7425200100010000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&Eacute;REZ S&Aacute;INZ, Juan Pablo, 1994, <i>El dilema del nahual. Globalizaci&oacute;n, exclusi&oacute;n y trabajo en Centroam&eacute;rica,</i> FLACSO, San Jos&eacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622489&pid=S1405-7425200100010000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PINILLA D&Iacute;AZ, Silma, 1993, "Crisis econ&oacute;mica y conflicto pol&iacute;tico: el crecimiento del sector informal urbano en Panam&aacute; y la participaci&oacute;n de la mujer", en <i>Del trabajo no remunerado al trabajo productivo,</i> PREALC&#45;Fundaci&oacute;n Arias para la Paz y el Progreso Humano, San Jos&eacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622491&pid=S1405-7425200100010000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PRATES, Suzane, 1990, <i>Participaci&oacute;n laboral femenina en un proceso de crisis. Mujer y crisis. Respuestas ante la recesi&oacute;n,</i> Editorial Nueva Sociedad, Caracas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622493&pid=S1405-7425200100010000600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PROGRAMA de las NACIONES UNIDAS para el DESARROLLO, 2000, <i>Informe sobre desarrollo humano 2000,</i> UNDP, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622495&pid=S1405-7425200100010000600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PROGRAMA REGIONAL de EMPLEO para AM&Eacute;RICA LATINA y el CARIBE, PREALC, 1988, <i>La evoluci&oacute;n del mercado laboral entre 1980 y 1987,</i> Santiago.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622497&pid=S1405-7425200100010000600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PROGRAMA REGIONAL de EMPLEO para AM&Eacute;RICA LATINA y el CARIBE, 1986, <i>Cambio y polarizaci&oacute;n ocupacional en Centroam&eacute;rica,</i> PREALC&#45;OIT, San Jos&eacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622499&pid=S1405-7425200100010000600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PROGRAMA REGIONAL de EMPLEO para AM&Eacute;RICA LATINA y el CARIBE, 1988, <i>Medici&oacute;n de las actividades econ&oacute;micas de la mujer,</i> PREALC&#45;OIT, Panam&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622501&pid=S1405-7425200100010000600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PROGRAMA REGIONAL de EMPLEO para AM&Eacute;RICA LATINA y el CARIBE, 1990, <i>Las relaciones entre cambio tecnol&oacute;gico y empleo, o como armar el rompecabeza</i>, PREALC, Santiago, Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622503&pid=S1405-7425200100010000600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PSACHAROPOULOS, George y Zafiris Tzannatos, 1994, <i>El empleo y la remuneraci&oacute;n de la mujer en Am&eacute;rica Latina,</i> Banco Mundial, Washington, D.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622505&pid=S1405-7425200100010000600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">REND&Oacute;N, Teresa, 1992, <i>El trabajo femenino en M&eacute;xico en el marco de la transformaci&oacute;n productiva con equidad,</i> CEPAL, (mimeo), M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622507&pid=S1405-7425200100010000600045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RODR&Iacute;GUEZ V., Beatriz y Carlos Welti, (1994), "La investigaci&oacute;n en M&eacute;xico sobre la participaci&oacute;n de la mujer en la actividad econ&oacute;mica en &aacute;reas urbanas y los efectos en su condici&oacute;n social", en <i>Las mujeres en la pobreza,</i> GIMTRAP&#45;El Colegio de M&eacute;xico, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622509&pid=S1405-7425200100010000600046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RUBERY, Jill, 1993, "Introducci&oacute;n", en <i>Las mujeres y la recesi&oacute;n,</i> Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622511&pid=S1405-7425200100010000600047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SAUTU, Ruth, 1999, "Modelos de desarrollo, profesionalizaci&oacute;n y feminizaci&oacute;n de la mano de obra", <i>Papeles de Poblaci&oacute;n,</i> n&uacute;m. 20, abril&#45;junio, UAEM, Toluca, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622513&pid=S1405-7425200100010000600048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">SPINDEl, Cheywa R., 1990, "Mujer y crisis en los a&ntilde;os ochenta", en <i>Mujer y crisis. Respuesta ante la recesi&oacute;n,</i> DAWN&#45;MUDAR&#45;Editorial Nueva Sociedad, Caracas.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">STANDING, Guy, 1989, "Globalizaci&oacute;n Feminization through Flexible Labor", en <i>World Development,</i> vol. 17, n&uacute;m. 7, Great Britain.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622516&pid=S1405-7425200100010000600050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">UTHOFF B., Andras, 1990, "Poblaci&oacute;n y desarrollo en el Istmo Centroamericano", en <i>Revista de la CEPAL,</i> n&uacute;m. 40, abril.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622518&pid=S1405-7425200100010000600051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">VIGIER, Mar&iacute;a Elena, 1992, <i>Panam&aacute;. Empleo femenino y pobreza,</i> UNICEF&#45;PREALC, Panam&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622520&pid=S1405-7425200100010000600052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">VISAUTA VINACUA, Bienvenido, 1999, <i>An&aacute;lisis estad&iacute;stico con SPSS para Windows. Estad&iacute;stica multivariante,</i> McGraw&#45;Hill, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622522&pid=S1405-7425200100010000600053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WINTER, Carolyn, 1994, <i>Mujeres trabajadoras en latinoam&eacute;rica. Brechas en participaci&oacute;n, remuneraci&oacute;n y pol&iacute;tica p&uacute;blica,</i> Banco Mundial, Washington, D.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622524&pid=S1405-7425200100010000600054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ZEGVELD, W., 1989, "Tecnolog&iacute;a, empleo y trabajo", en <i>Prospectiva cient&iacute;fica y tecnol&oacute;gica en Am&eacute;rica Latina,</i> Facultad de Econom&iacute;a, UNAM, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5622526&pid=S1405-7425200100010000600055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Si la noci&oacute;n de crisis sugiere la idea de una crisis permanente, entonces su car&aacute;cter coyuntural (c&iacute;clico) desaparece y el mismo concepto pierde todo sentido.</font></p>     	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Seg&uacute;n Standing (1989), la proporci&oacute;n de trabajadoras asalariadas aument&oacute; en todos los pa&iacute;ses que han establecido zonas de "procesamiento" para la exportaci&oacute;n. Seg&uacute;n el autor, "in export processing zones of many industrializing countries it is not uncommon for tree&#45;quarters of all workers to be women". Es en este sentido que un estudio prospectivo sobre las implicaciones (beneficios y desventajas) que el Tratado de Libre Comercio generar&iacute;a sobre el empleo en M&eacute;xico, concluye que "los nuevos empleos estar&aacute;n dirigidos fundamentalmente a la mujeres j&oacute;venes..." (Caballero, 1991).</font></p>             <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;Sostiene Amagada (1994) que "...en Am&eacute;rica Latina se aprecia una desregulaci&oacute;n del trabajo y una p&eacute;rdida de las conquistas laborales de los trabajadores". Seg&uacute;n ella, "la crisis y el nuevo patr&oacute;n de reconversi&oacute;n productiva han provocado un aumento de ocupaciones... que se pueden definir como precarias en t&eacute;rminos de su discontinuidad en el tiempo, la falta de regulaci&oacute;n (ausencia de contratos); los salarios (no respetan el salario m&iacute;nimo), los horarios, la seguridad social y la higiene".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;El propio Programa Regional de Empleo para Am&eacute;rica Latina y el Caribe (1990) reconoci&oacute; que se hac&iacute;a "dif&iacute;cil la separaci&oacute;n entre la p&eacute;rdida de empleos ocasionada por la crisis y aquella provocada por las ...nuevas formas de organizaci&oacute;n del trabajo".</font></p>     	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Es un hecho que a pesar de que en Am&eacute;rica Latina la mujer econ&oacute;micamente activa tiene un nivel de instrucci&oacute;n m&aacute;s alto que el de los hombres, su inserci&oacute;n en actividades "no manuales no les significan mejora en los ingresos" (Krawczyk, 1993). No obstante, a pesar de la relativa "feminizaci&oacute;n" del trabajo, las mujeres laboran a&uacute;n en un n&uacute;mero limitado de ocupaciones, manteni&eacute;ndose la estructura segmentaria de las ocupaciones y la discriminaci&oacute;n salarial.</font></p>             <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Seg&uacute;n Lachman (1996), Panam&aacute; experimenta "una profunda crisis de car&aacute;cter estructural, en el sentido de que la coherencia interna del modelo econ&oacute;mico convencional se ha agotado progresivamente", y ello explica el escaso y d&eacute;bil crecimiento econ&oacute;mico y, consiguientemente, el aumento sistem&aacute;tico del desempleo, por lo menos desde mediados de la d&eacute;cada de los setenta.</font></p>         	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Seg&uacute;n el entonces Ministerio de Hacienda y Tesoro, "la distribuci&oacute;n del ingreso personal se hizo m&aacute;s desigual (durante la d&eacute;cada de los a&ntilde;os setenta) con lo que los indicadores para Panam&aacute; se colocan entre los m&aacute;s desfavorables de Am&eacute;rica Latina" (Hughes, 1986). Esta situaci&oacute;n, ciertamente contrastante, determina los niveles de pobreza en el pa&iacute;s, que, seg&uacute;n un informe reciente del Ministerio de Planificaci&oacute;n y Pol&iacute;tica Econ&oacute;mica, hacia 1998 afectaba a 28 por ciento de los hogares, equivalente a 37 por ciento de la poblaci&oacute;n total, 22 por ciento en condiciones de extrema pobreza e indigencia (Barroso, 1998).</font></p>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> En el pa&iacute;s "las migraciones laborales permanentes rurales&#45;urbanas fueron m&iacute;nimas en los a&ntilde;os ochenta" (Garc&iacute;a&#45;Huidobro, 1990).</font></p>       	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Seg&uacute;n PREALC (1986), "en t&eacute;rminos generales se sabe que mientras el sector moderno emplea particularmente a trabajadores hombres en sus edades productivas, el SIU constituye una fuente importante de empleo para mujeres y trabajadores j&oacute;venes y viejos".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> La distinci&oacute;n <i>moderno&#45;informal</i> no siempre resulta adecuada. Normalmente existe una relaci&oacute;n estrecha entre la estructura y calidad de las ocupaciones y los niveles de remuneraci&oacute;n por el trabajo. No obstante, no necesariamente esta relaci&oacute;n es del todo transparente o muchas veces no existe tal correspondencia. Los niveles de ingreso de los ocupados en el llamado sector "informal" no siempre son mayormente inferiores que los del "moderno". Al respecto, aunque resulta un tanto parad&oacute;jico, "en Panam&aacute; 66 por ciento de los pobres son asalariados del sector moderno" (Camaz&oacute;n y Garc&iacute;a&#45;Huidobro, 1991).</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>D&iacute;dimo Castillo Fern&aacute;ndez. </b>Candidato a Doctor en Ciencias Sociales con especializaci&oacute;n en Estudios de Poblaci&oacute;n por el Centro de Estudios Demogr&aacute;ficos y de Desarrollo Urbano de El Colegio de M&eacute;xico. Se ha desempe&ntilde;ado como docente en diversos programas en la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, el Instituto Tecnol&oacute;gico y de Estudios Superiores de Monterrey (Campus Estado de M&eacute;xico), la Universidad Aut&oacute;noma de Tlaxcala, la Universidad Aut&oacute;noma del Estado de M&eacute;xico, la Universidad de las Am&eacute;ricas, la Benem&eacute;rita Universidad Aut&oacute;noma de Puebla, la Universidad de Colima y en la Universidad Aut&oacute;noma de Sinaloa. Es Investigador Asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos, CELA, "Justo Arosemena" (Panam&aacute;); profesor investigador de la Universidad Aut&oacute;noma de Tlaxcala e investigador del Centro de Investigaci&oacute;n y Estudios Avanzados de la Poblaci&oacute;n de la Universidad Aut&oacute;noma del Estado de M&eacute;xico. Ha publicado en: <i>Problemas del Desarrollo</i> (IIE&#45;UNAM), <i>Tareas</i> (CELA&#45;Panam&aacute;), <i>Acta Sociol&oacute;gica</i> y <i>Estudios Latinoamericanos</i> (FCPyS&#45;UNAM) y en la revista <i>Contraste</i> (CII SDER&#45;Universidad de Tlaxcala). Es editor de la revista <i>Contraste</i> y director de la revista <i>Papeles de Poblaci&oacute;n.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:didimo@servidor.unam.mx">didimo@servidor.unam.mx</a></font></p>      ]]></body><back>
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