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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper focuses on women's labor force participation and current earnings of female workers in Venezuela. The participation of women in the labor force in Venezuela has increased significantly in the last decades. The main variables that explain this phenomenon are: education level, age, fertility rates, marital status, and urbanization. Estimating a model of labor earnings, we can conclude that, on average, male workers earned 20 per cent more than female workers with similar education, experience and economic activity. Using the standard Oaxaca-Blinder decomposition, we can show that most of these differences cannot be explained by differences in education or experience.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Trabajo femenino y brecha de ingresos por g&eacute;nero en Venezuela<a href="#notas">*</a></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Genny Z&uacute;&ntilde;iga y Mar&iacute;a Beatriz Orlando</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Investigaciones Econ&oacute;micas y Sociales. </i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Cat&oacute;lica Andr&eacute;s Bello.</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este trabajo estudia la situaci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo venezolano en cuanto a su participaci&oacute;n y el nivel de ingreso laboral obtenido. En la evoluci&oacute;n de la participaci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo destaca la importancia de la edad, situaci&oacute;n conyugal, nivel educativo, fecundidad y &aacute;rea de residencia como factores determinantes de la misma. Existen diferencias de ingreso medio entre hombres y mujeres, favorables a los primeros, que son m&aacute;s marcadas en el sector informal de la econom&iacute;a. Como resultado de la estimaci&oacute;n de un modelo de ingresos laborales, puede concluirse que los hombres devengan remuneraciones 20 por ciento superiores a las de sus colegas mujeres con escolaridad y experiencia similar, desempe&ntilde;&aacute;ndose en el mismo sector y ocupaci&oacute;n. Empleando la metodolog&iacute;a de Oaxaca y Blinder, tambi&eacute;n concluimos que la mayor parte de las diferencias de ingreso laboral entre hombres y mujeres no puede ser explicada por diferencias en escolaridad, experiencia o sector econ&oacute;mico.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">This paper focuses on women's labor force participation and current earnings of female workers in Venezuela. The participation of women in the labor force in Venezuela has increased significantly in the last decades. The main variables that explain this phenomenon are: education level, age, fertility rates, marital status, and urbanization. Estimating a model of labor earnings, we can conclude that, on average, male workers earned 20 per cent more than female workers with similar education, experience and economic activity. Using the standard Oaxaca&#45;Blinder decomposition, we can show that most of these differences cannot be explained by differences in education or experience.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es innegable la importancia econ&oacute;mica y social de la creciente participaci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XX.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Sin embargo, la participaci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo es s&oacute;lo el primer aspecto a considerar en cuanto a su situaci&oacute;n como trabajadora, puesto que una vez que la mujer decide incorporarse al mercado laboral es igualmente importante evaluar las caracter&iacute;sticas de sus puestos de trabajo y su remuneraci&oacute;n. La brecha de ingresos laborales entre hombres y mujeres, favorable a los primeros, se ha reducido significativamente en Am&eacute;rica Latina, pero contin&uacute;a siendo un problema importante, sobre todo porque la mayor parte de estas diferencias no puede ser explicada por las disparidades en nivel educativo o la mayor participaci&oacute;n de las mujeres en sectores econ&oacute;micos espec&iacute;ficos (Psacharopoulos y Cox, 1990).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El objetivo de este trabajo es brindar una aproximaci&oacute;n a la situaci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo, concentr&aacute;ndonos en dos aspectos fundamentales: su participaci&oacute;n y el nivel de ingreso laboral obtenido. Aun cuando estos fen&oacute;menos no son independientes entre s&iacute;, puesto que la participaci&oacute;n depende del salario esperado, en esta primera aproximaci&oacute;n al problema los trataremos en forma separada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la perspectiva econ&oacute;mica, la participaci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo se estudia a trav&eacute;s de modelos de oferta de trabajo. Los modelos neocl&aacute;sicos m&aacute;s tradicionales asum&iacute;an que un jefe de familia era representativo de todas las preferencias del hogar y pod&iacute;a determinar el uso &oacute;ptimo del tiempo y, por tanto, la oferta de trabajo de cada quien.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Bajo este enfoque, la participaci&oacute;n de la mujer depende de su salario de reserva (costo de oportunidad de salir a trabajar), que, a su vez, refleja las decisiones familiares sobre el uso del tiempo. Durante la d&eacute;cada de los noventa, autores, tanto en el &aacute;rea de la econom&iacute;a pol&iacute;tica como en el &aacute;rea de la econom&iacute;a feminista, recogen las cr&iacute;ticas fundamentales a estos modelos tradicionales y expresan el proceso de decisi&oacute;n dentro del hogar como una serie de interacciones entre sus miembros que pueden resolverse a trav&eacute;s de procesos de negociaci&oacute;n. Como resultado del proceso de negociaci&oacute;n, la asignaci&oacute;n final de recursos (incluidos el tiempo de trabajo, actividades de producci&oacute;n dom&eacute;stica y ocio) depende crucialmente del poder de negociaci&oacute;n inicial de cada uno de los miembros, que est&aacute; conformado por factores econ&oacute;micos (dotaci&oacute;n de capital f&iacute;sico y humano, nivel de ingreso familiar), sociales (roles de g&eacute;nero, evoluci&oacute;n de la fecundidad, estructura familiar) e institucionales (leyes y pr&aacute;cticas que regulan la propiedad, el divorcio y el mercado de trabajo).<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>  	  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s del enfoque econ&oacute;mico existen otras perspectivas desde las cuales es posible interpretar el comportamiento de la participaci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo, las cuales incluyen los aspectos culturales y sociales de la poblaci&oacute;n. De esta forma, es posible interpretar dicho comportamiento desde la perspectiva de la estrategia de sobrevivencia, que explica su participaci&oacute;n a partir de las condiciones de la familia, relacionada con el contexto econ&oacute;mico. Otro enfoque es la perspectiva de g&eacute;nero, la cual define los estudios del trabajo femenino, puesto que introduce nuevos aspectos relacionados con la subjetividad de la mujer y de su rol dentro del &aacute;mbito familiar, es decir, se trata de realizar la investigaci&oacute;n desde el punto de vista de las experiencias femeninas propiamente (Sollova y Baca, 1999). Por &uacute;ltimo, el enfoque integral de los determinantes del trabajo femenino incluye de manera m&uacute;ltiple las variables referidas tanto al contexto social como el familiar y el individual para tratar de identificar los elementos que tengan una mayor influencia (Oliveira, 1997).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo objetivo de este trabajo es medir la proporci&oacute;n de las brechas de ingreso entre g&eacute;neros explicada por diferencias en capital humano, utilizando la metodolog&iacute;a de Blinder y Oaxaca (Winter, 1990). La brecha de ingresos laborales por g&eacute;nero puede tener su origen en diferencias en la dotaci&oacute;n de capital humano entre hombres y mujeres. En este caso, el mercado de trabajo estar&iacute;a simplemente reflejando desigualdades de g&eacute;nero ya existentes en cuanto al acceso a educaci&oacute;n formal y entrenamiento. Sin embargo, existe evidencia emp&iacute;rica para Am&eacute;rica Latina y para Venezuela espec&iacute;ficamente, sobre la existencia de diferencias significativas de ingresos laborales que no corresponden a diferencias en niveles de capital humano entre hombres y mujeres (Psacharopoulos y Cox, 1990 y Norcini, 1997). La brecha de remuneraciones por g&eacute;nero, no explicada por niveles de capital humano, tiene gran importancia en la literatura sobre discriminaci&oacute;n en el mercado de trabajo, aun cuando esta brecha remanente puede deberse tambi&eacute;n a las preferencias de los mismos trabajadores (en cuanto a ocupaciones, horas de trabajo, ambiente circundante, etc.) y a la estructura del mercado laboral.<sup><a href="#notas">4</a></sup> La discriminaci&oacute;n, por parte del empleador, puede manifestarse directamente en remuneraciones inferiores para las mismas tareas o en resistencia a contratar mujeres para ciertas ocupaciones o posiciones dentro de la firma.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estudio tiene la siguiente estructura: en la segunda secci&oacute;n se analizan las tendencias de la participaci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo y sus determinantes en Venezuela desde los a&ntilde;os sesenta; en la tercera se describen las principales caracter&iacute;sticas de los trabajadores y trabajadoras que est&aacute;n ocupados en la actualidad, haciendo &eacute;nfasis sobre el impacto de estos factores en el ingreso medio; en la cuarta se presentan los resultados de la estimaci&oacute;n de un modelo de ingreso laboral y la descomposici&oacute;n de la brecha de ingresos por g&eacute;nero en una porci&oacute;n explicada por dotaci&oacute;n de capital humano y una porci&oacute;n no explicada; en la quinta presentamos nuestras conclusiones y reflexiones finales.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La participaci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo venezolano</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Comisi&oacute;n Econ&oacute;mica para Am&eacute;rica Latina (CEPAL) (1997a) afirma que el incremento de la participaci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo se transform&oacute; en una tendencia de car&aacute;cter estructural que seguir&aacute; en ascenso. Ello se debe, en primer lugar, a que el aumento de la participaci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo ha sido un fen&oacute;meno generalizado que ha sido experimentado tanto en pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina como en otras regiones del mundo. En segundo lugar, la magnitud de dicho incremento es importante puesto que se sit&uacute;a para muchos pa&iacute;ses entre 10 y 15 por ciento para un periodo comprendido entre 10 y 15 a&ntilde;os; tal es el caso de M&eacute;xico, que pas&oacute; de 29 por ciento, en 1984, a 41 por ciento, en 1996.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por esta raz&oacute;n, se revisar&aacute;n los cambios de la participaci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo a partir de los datos del Censo de Poblaci&oacute;n y Vivienda desde 1961 hasta 1990 y eventualmente los datos de la Encuesta de Hogares por Muestreo (EHM) para el primer semestre de 1998, con la finalidad de observar la evoluci&oacute;n y la magnitud de dichas transformaciones. La raz&oacute;n por la cual se considera el censo como fuente fundamental de informaci&oacute;n para la interpretaci&oacute;n del fen&oacute;meno es, entre otras, porque permite obtener informaci&oacute;n sobre un conjunto de caracter&iacute;sticas referidas tanto al individuo como a la actividad que realizan para un amplio periodo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta primera parte se intenta comprender la participaci&oacute;n femenina en la actividad econ&oacute;mica, tomando en consideraci&oacute;n el enfoque de los determinantes del trabajo femenino, el cual incluye variables que se supone influyen en la inserci&oacute;n de la mujer en la fuerza laboral. Con el desarrollo de las investigaciones sobre el tema se han incorporado diversos determinantes para interpretar su participaci&oacute;n; sin embargo, los factores que las publicaciones censales permiten revisar son b&aacute;sicamente los referidos a las caracter&iacute;sticas individuales de las mujeres, tales como la edad, la situaci&oacute;n conyugal, el nivel educativo, la fecundidad y el &aacute;rea de residencia (este &uacute;ltimo est&aacute; m&aacute;s relacionado con su contexto). Estos determinantes son clasificados por muchos autores bajo el nombre de "determinantes individuales del trabajo femenino" (Garc&iacute;a y Oliveira, 1994).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La evoluci&oacute;n de la participaci&oacute;n femenina en Am&eacute;rica Latina y Venezuela</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Latinoam&eacute;rica el incremento de la participaci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo puede evidenciarse a partir de los informes estad&iacute;sticos de la CEPAL (1998) (<a href="#c1">cuadro 1</a>), los cuales recogen informaci&oacute;n de las encuestas de hogares de los distintos pa&iacute;ses, donde es posible observar que para 1997 la actividad econ&oacute;mica femenina en las zonas urbanas se encontraba entre 29 por ciento para Chile y 50 por ciento en pa&iacute;ses como Colombia.</font></p> 	    <p align="center"><a name="c1"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5c1.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n los datos para seis pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina seleccionados, se tiene que Brasil y Colombia ten&iacute;an las tasas de participaci&oacute;n m&aacute;s elevadas (ambas con 50 por ciento), mientras que Chile y M&eacute;xico pose&iacute;an las m&aacute;s bajas (39 y 41 por ciento, respectivamente). Si se revisa la evoluci&oacute;n de la tasa se tiene que los cambios m&aacute;s importantes se ubican en pa&iacute;ses como Argentina, Brasil y M&eacute;xico, puesto que presentaron un aumento alrededor de 13 por ciento entre 1980 y 1997. Venezuela no est&aacute; exenta de estos cambios, puesto que a partir de la d&eacute;cada de los cincuenta la participaci&oacute;n de la mujer experiment&oacute; grandes transformaciones en el &aacute;mbito laboral, como consecuencia, entre otros elementos, de un mejor nivel educativo, del descenso de la fecundidad, del deterioro de las condiciones econ&oacute;micas y sociales, y con ello, de la aplicaci&oacute;n de pol&iacute;ticas de ajuste econ&oacute;mico.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al revisar la evoluci&oacute;n de la participaci&oacute;n destaca que en el periodo comprendido entre 1950 y 1990 del total de personas que se incorporaron al mercado laboral, 26 por ciento pertenec&iacute;a a la poblaci&oacute;n femenina. En las cifras correspondientes a la tasa de participaci&oacute;n femenina para el periodo de referencia, se observa que pasa de 17 por ciento, en 1950, a 30 por ciento, en 1990, y en 1998 alcanza 43 por ciento,<sup><a href="#notas">6</a></sup> lo cual evidencia la tendencia sostenida de la incorporaci&oacute;n de la mujer al mercado de trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si se comparan las tasas de participaci&oacute;n femenina con las masculinas se observa que mientras las mujeres mantienen un aumento de los niveles para los diferentes momentos censales, la participaci&oacute;n de los hombres desciende, puesto que pasa de 79 por ciento, en 1950, a 69 por ciento, en 1990. Garc&iacute;a y Oliveira (1994) encuentran que esta tendencia de la participaci&oacute;n masculina se debe, entre otras razones, a una mayor permanencia en el sistema educativo y al incremento en las posibilidades dejubilaci&oacute;n. Si se complementa la informaci&oacute;n censal con la EHM se observa un aumento en los niveles de participaci&oacute;n para ambos sexos, manteni&eacute;ndose el incremento de las mujeres mucho m&aacute;s elevado que el de los hombres (<a href="#c2">cuadro 2</a>).</font></p> 	    <p align="center"><a name="c2"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5c2.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El aumento sustancial en la participaci&oacute;n de la mujer puede deberse, en parte, a una disminuci&oacute;n del tiempo destinado al trabajo dom&eacute;stico no remunerado. Existen indicios de que el mercado laboral ha ido absorbiendo el trabajo dom&eacute;stico. Para 1950 el porcentaje de personas entre 20 y 64 a&ntilde;os dedicadas exclusivamente al trabajo dom&eacute;stico era de 65 por ciento, mientras que para 1990 este porcentaje disminuy&oacute; a 44 por ciento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Determinantes de la participaci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La participaci&oacute;n de la mujer en la fuerza de trabajo est&aacute; condicionada por un conjunto de determinantes que definen tanto la decisi&oacute;n de incorporarse como la forma de insertarse en el mercado laboral. Dichos determinantes se clasifican en individuales y sociales, en individuales y familiares o en individuales/ familiares y contextuales; sin embargo, en este art&iacute;culo se revisar&aacute;n como determinantes individuales la edad, la situaci&oacute;n conyugal, el nivel educativo y la fecundidad, y el lugar de residencia como un determinante contextual.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La participaci&oacute;n econ&oacute;mica y la edad</i></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La edad asociada a la situaci&oacute;n conyugal y a las distintas etapas del ciclo de vida influye de manera decisiva en la participaci&oacute;n (Casique, 1991; Garc&iacute;a y Oliveira, 1994 y 1996). Al observar la participaci&oacute;n de las mujeres a lo largo de los periodos censales por grupos de edad (<a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a>) es posible apreciar c&oacute;mo han aumentado los niveles de actividad para todas las edades. Para 1961, el porcentaje de participaci&oacute;n m&aacute;s alto era de 26 por ciento, mientras que en 1998 lleg&oacute; a 64 por ciento. En general, se evidencia un mayor aumento de la tasa para las edades superiores a los 20 a&ntilde;os, lo cual coincide con los datos de otros trabajos para Venezuela que apuntan a un aumento de la participaci&oacute;n a partir de los 20 o 25 a&ntilde;os de edad (Casique, 1993).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="g1"></a></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5g1.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Observando el comportamiento de los grupos de edad para los diferentes periodos censales tenemos que en 1961 el grupo con mayor participaci&oacute;n es el de los 20 a 24 a&ntilde;os, en 1970 se encuentra entre los 25 y los 29 a&ntilde;os, para 1981 pas&oacute; al de 30 a 34 y, por &uacute;ltimo, para 1990 se ubica entre los 30 a 39 a&ntilde;os. Si se revisan los datos de 1998 se evidencia un incremento importante de la participaci&oacute;n de las mujeres para todas las edades y se observa, adem&aacute;s, un mayor aumento de la participaci&oacute;n laboral de las mujeres en edades comprendidas entre los 35 y los 44 a&ntilde;os. Seg&uacute;n Arriagada (1997), Garc&iacute;a y Oliveira (1994) y Casique (1991), estos elementos evidencian la tendencia de las mujeres a abandonar cada vez menos el mercado laboral luego de formar una pareja y/o tener hijos, lo cual tambi&eacute;n se ha presentado en otros pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina. Seg&uacute;n los datos de la CEPAL (1997), tanto M&eacute;xico como Colombia presentan las mayores tasas de participaci&oacute;n en los grupos de edad comprendidos entre los 25 a 34 y 35 a 49 a&ntilde;os. Para Colombia el primer grupo de edad registra una tasa de participaci&oacute;n de 65 por ciento y el segundo, de 61 por ciento, mientras que en M&eacute;xico esta tasa es de 48 y 46 por ciento, respectivamente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Participaci&oacute;n y situaci&oacute;n conyugal</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En general, las mujeres casadas o unidas tienen una menor probabilidad de participar en la actividad econ&oacute;mica que las solteras, puesto que el matrimonio constituye un momento de cambio fundamental debido a la formaci&oacute;n de una nueva familia, lo que conlleva mayores responsabilidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las labores dom&eacute;sticas, en general, ocupan parte importante del tiempo y representan un obst&aacute;culo para la incorporaci&oacute;n al mercado de trabajo; sin embargo, cuando se examina el comportamiento de la fuerza de trabajo a partir de la situaci&oacute;n conyugal para los diferentes momentos censales se observa que las mujeres casadas y unidas tienen una participaci&oacute;n cada vez mayor en el mercado de trabajo, puesto que pasan de 7 y 5 por ciento, respectivamente, en 1961, a 31 y 23 por ciento, en 1990. Esta evidencia es consistente con el caso de M&eacute;xico (Garc&iacute;a y Oliveira, 1996), donde las mujeres casadas y unidas siguen aumentando su presencia en el mercado de trabajo. Por su parte, la participaci&oacute;n de las mujeres solteras es cada vez mayor, lo cual parece ser una tendencia generalizada para el resto de las regiones latinoamericanas (Garc&iacute;a y Oliveira, 1992 y 1994, y Amagada, 1997).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, es importante hacer notar, a partir de los datos de la EHM, que el aumento de la participaci&oacute;n de las mujeres casadas y unidas tuvo un incremento muy importante, tanto, que supera la participaci&oacute;n de las mujeres solteras. Estos resultados confirman lo que se observaba en las tasas espec&iacute;ficas de participaci&oacute;n por grupos de edad, puesto que la mujer ha incrementado su participaci&oacute;n laboral en edades m&aacute;s avanzadas, en las cuales se tienen mayores responsabilidades familiares. Por &uacute;ltimo, quiero resaltar que la participaci&oacute;n de las mujeres divorciadas es la m&aacute;s elevada para todos los a&ntilde;os censales y para la EHM, lo cual puede evidenciar la presencia de mujeres solas obligadas a sostener la completa responsabilidad del mantenimiento del hogar (<a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a>).</font></p> 	    <p align="center"><a name="g2"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5g2.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La participaci&oacute;n y el nivel educativo</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El nivel educativo de las mujeres es uno de los determinantes m&aacute;s importantes a considerar para poder entender su participaci&oacute;n en el mercado de trabajo. Ello se debe a que la oferta de empleo impone cada vez mayores requisitos para el desempe&ntilde;o de distintas ocupaciones. Desde otra perspectiva, se consideran los cambios en los valores y actitudes de las mujeres, lo cual produjo un aumento de su educaci&oacute;n formal y, por lo tanto, una mayor facilidad para incorporarse a la fuerza de trabajo (Garc&iacute;a y Oliveira, 1994).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta forma, se logra una mayor propensi&oacute;n a la participaci&oacute;n mientras el nivel educativo es mayor, lo que se ha verificado en diferentes pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, seg&uacute;n la CEPAL (1990). Sin embargo, en otros casos se ha encontrado que no necesariamente las mujeres con menor nivel de escolaridad participan menos. Garc&iacute;a y Oliveira (1994) notan que las tasas de participaci&oacute;n de mujeres sin escolaridad o con primaria aumentaron en la d&eacute;cada de los ochenta para pa&iacute;ses como M&eacute;xico, producto del deterioro de los niveles de vida de la poblaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Venezuela se observa que la participaci&oacute;n de mujeres con una escolaridad entre uno y seis a&ntilde;os disminuy&oacute; entre 1971 y 1990, puesto que pas&oacute; de 24 a 19 por ciento, increment&aacute;ndose posteriormente hasta llegar de nuevo a 24 por ciento en 1998. Por otra parte, como es de esperar, la participaci&oacute;n de las mujeres con mayor n&uacute;mero de a&ntilde;os de educaci&oacute;n (13 a&ntilde;os) se comporta de la misma manera que para el resto de la regi&oacute;n, debido a que se incrementa de 49 por ciento, en 1971, a 72 por ciento, en 1998 (<a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a>).</font></p> 	    <p align="center"><a name="g3"></a></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5g3.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La participaci&oacute;n y la fecundidad</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto a la fecundidad y la participaci&oacute;n femenina, se ha intentado establecer cu&aacute;l de las variables condiciona a la otra o si lo hacen mutuamente. Al parecer, la conclusi&oacute;n generalizada es que la fecundidad es la que determina que la mujer se incorpore al mercado de trabajo (Garc&iacute;a y Oliveira, 1994). Sin embargo, hay otros estudios que ofrecen resultados diferentes, en donde se argumenta que el rol de la maternidad, como determinante de la participaci&oacute;n, est&aacute;, adem&aacute;s, influenciado por la edad, los a&ntilde;os de instrucci&oacute;n de la madre, as&iacute; como por la posibilidad de que otros miembros de la familia colaboren en los cuidados de los hijos. Los datos de mujeres en la fuerza de trabajo corresponden a los censos de 1981 y 1990, debido a que las caracter&iacute;sticas de fecundidad se encuentran disponibles s&oacute;lo para esos a&ntilde;os censales. En general, se observa que a medida que las mujeres tienen menos hijos, las tasas de participaci&oacute;n son m&aacute;s elevadas; sin embargo, cuando se observa la diferencia entre los dos momentos censales, para las mujeres con uno, dos y tres hijos, la tasa de participaci&oacute;n fue mucho mayor en 1990 y a medida que el n&uacute;mero de hijos aumenta, la diferencia entre los dos momentos censales se hace cada vez m&aacute;s peque&ntilde;a hasta igualarse con las mujeres con siete y m&aacute;s hijos. Estos datos reiteran los cambios en la participaci&oacute;n de las mujeres, puesto que ingresan en la fuerza de trabajo a pesar de tener mayores responsabilidades familiares (<a href="#g4">gr&aacute;fica 4</a>). Esta tendencia tambi&eacute;n se verifica en M&eacute;xico, donde el efecto del n&uacute;mero de hijos sobre la actividad econ&oacute;mica femenina es cada vez menor, puesto que la diferencia entre la participaci&oacute;n de las mujeres con y sin hijos es m&aacute;s reducida (Garc&iacute;a y Oliveira, 1996).</font></p> 	    <p align="center"><a name="g4"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5g4.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Participaci&oacute;n y lugar de residencia</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1990, 16 por ciento de la poblaci&oacute;n era rural y de ese porcentaje la poblaci&oacute;n femenina representa 46 por ciento. Si bien la tendencia que se observa con los a&ntilde;os es hacia una mayor urbanizaci&oacute;n, la proporci&oacute;n de mujeres que se encuentran en el &aacute;rea rural no deja de ser importante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al revisar los porcentajes de mujeres ocupadas por &aacute;rea de residencia se observa que quienes se encuentran en el &aacute;rea rural tienen un porcentaje mucho menor comparado con las del &aacute;rea urbana, a pesar de que el porcentaje de participaci&oacute;n tiene un crecimiento con los a&ntilde;os, debido a que de 1961 a 1990 pas&oacute; de 5 a 12 por ciento para el &aacute;rea rural. El porcentaje de mujeres en la poblaci&oacute;n econ&oacute;micamente activa (PEA) en el &aacute;rea urbana es mayor, a medida que la edad avanza, alcanzando su nivel m&aacute;ximo en el grupo de edad de 30&#45;39 a&ntilde;os y disminuyendo substancialmente a partir de 45&#45;49 a&ntilde;os. Sin embargo, en el &aacute;rea rural los niveles aumentan en un volumen mucho menor hasta los 30&#45;34 a&ntilde;os, para luego mantenerse con una leve disminuci&oacute;n hasta las edades m&aacute;s avanzadas (<a href="#g5">gr&aacute;fica 5</a>). A pesar de que los datos de la CEPAL (1990) evidencien una menor participaci&oacute;n de las mujeres del &aacute;rea rural, ello no debe desestimarse, pues en algunos casos se afirma que la carga laboral de estas mujeres es importante, debido a que como parte del trabajo dom&eacute;stico se realizan actividades agr&iacute;colas para la subsistencia de la familia, que generalmente no son reportadas ni contabilizadas como trabajo formal (por la ausencia de remuneraci&oacute;n).</font></p> 	    <p align="center"><a name="g5"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5g5.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La ocupaci&oacute;n y el desempleo femenino</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dentro de la PEA, resulta importante evidenciar la evoluci&oacute;n que han presentado sus componentes. Entre ellos se encuentra la tasa de ocupaci&oacute;n, la cual muestra el n&uacute;mero de mujeres que se encuentran realizando alguna actividad en el periodo considerado por la fuente de informaci&oacute;n. Los datos muestran una disminuci&oacute;n de la tasa de ocupaci&oacute;n femenina, puesto que la misma pasa de 94 por ciento, en 1950, a 86 por ciento, en 1990, seg&uacute;n los censos de poblaci&oacute;n, cifra que se mantiene para 1998, seg&uacute;n los datos de la EHM.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El nivel del empleo femenino por grupos de edad presenta algunas diferencias para los distintos periodos censales. En la <a href="#g6">gr&aacute;fica 6</a> se observa que, en general, para las mujeres en edades comprendidas entre los 15 y los 29 a&ntilde;os la tasa de ocupaci&oacute;n disminuye en la medida en que avanzan los a&ntilde;os censales, hasta 1990, cuando la reducci&oacute;n se hizo m&aacute;s pronunciada. Sin embargo, seg&uacute;n la EHM, los niveles de ocupaci&oacute;n son un tanto superior para las edades comprendidas entre 15 y 24 a&ntilde;os, mientras que para las edades mayores a 29 a&ntilde;os la tasa de ocupaci&oacute;n es menor en relaci&oacute;n con 1990.</font></p> 	    <p align="center"><a name="g6"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5g6.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos niveles de ocupaci&oacute;n revelan un incremento de los niveles de desempleo, puesto que pasa de 7 por ciento, en 1961, a 10 por ciento, en 1990, y seg&uacute;n los datos que proporciona la EHM para 1998, se&ntilde;alan un nivel mayor, puesto que alcanza 15 por ciento.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este incremento podr&iacute;a explicarse como consecuencia de los cambios estructurales experimentados no s&oacute;lo en Venezuela sino en el resto de la regi&oacute;n, lo cual afect&oacute; tanto la oferta como la demanda del trabajo, debido a que, entre otras razones, se produjo un aumento de los requerimientos de educaci&oacute;n para trabajos que tradicionalmente eran considerados como no calificados, generando as&iacute; una incorporaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n menos educada (M&aacute;rquez, 1998). Estos mayores requerimientos educativos pueden ser la causa de algunos cambios evidenciados en estudios referidos al incremento del sector informal de la econom&iacute;a, de la incorporaci&oacute;n al trabajo dom&eacute;stico remunerado y de la precarizaci&oacute;n del trabajo y de los salarios (Arriagada, 1997 y CEPAL, 1990).</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Hombres y mujeres en el mercado de trabajo: caracter&iacute;sticas y nivel de ingreso</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta secci&oacute;n y la siguiente se analiza la situaci&oacute;n actual de las mujeres ocupadas en el mercado de trabajo, empleando como fuente de informaci&oacute;n la Encuesta de Hogares por Muestreo para los a&ntilde;os de 1990 y 1997.<sup><a href="#notas">7</a></sup> El nivel de ingreso medio de los trabajadores hombres es superior al de las trabajadoras para los a&ntilde;os observados (<a href="#c3">cuadro 3</a>). Los hombres recib&iacute;an, en promedio, en 1990, 25 por ciento m&aacute;s respecto al ingreso mensual medio de las mujeres, increment&aacute;ndose esta brecha durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la d&eacute;cada, para alcanzar 31 por ciento en 1997 y 43 por ciento en 1998 (datos preliminares). De esta forma, el ingreso medio de las mujeres representa 76 por ciento del de los hombres para finales de la d&eacute;cada. Psacharopoulos y Coy (1990) reportan que una d&eacute;cada atr&aacute;s el ingreso medio de las mujeres representaba 70 por ciento del de los hombres. En comparaci&oacute;n con otros pa&iacute;ses latinoamericanos, el tama&ntilde;o de la brecha media de ingresos laborales para 1990 es reducido, alcanzando niveles similares a los observados en Estados Unidos (25 por ciento), M&eacute;xico (25 por ciento) y Alemania (26 por ciento).<sup><a href="#notas">8</a></sup> Sin embargo, a nivel internacional la brecha media ha tendido a reducirse lentamente, mientras que en Venezuela se ha incrementado durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os junto con el n&uacute;mero de trabajadoras.</font></p> 	    <p align="center"><a name="c3"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5c3.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas desigualdades en remuneraciones promedio incluyen diferencias en dotaci&oacute;n de capital humano, ocupaci&oacute;n, posici&oacute;n dentro de la firma y sector econ&oacute;mico. En cuanto al capital humano, &eacute;ste se define como el conjunto de habilidades y capacidades de un trabajador y puede medirse empleando el nivel de educaci&oacute;n y la experiencia. En el <a href="#c4">cuadro 4</a> se presentan los promedios de variables que se emplean como indicadores de la dotaci&oacute;n de capital humano de los trabajadores ocupados. Puede observarse que hombres y mujeres poseen edades promedio similares, lo cual facilita las comparaciones entre estos dos grupos. Es importante destacar que las mujeres tienen mayores niveles promedio de educaci&oacute;n formal e, incluso, una mayor proporci&oacute;n de ellas ha completado la educaci&oacute;n superior. Por otra parte, las mujeres tienen menores niveles de experiencia general y experiencia espec&iacute;fica, as&iacute; como un n&uacute;mero menor de horas trabajadas semanalmente.<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p>     <p align="center"><a name="c4"></a></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5c4.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las <a href="#g7">gr&aacute;ficas 7</a> y <a href="#g8">8</a> se observa que las mujeres ocupadas, para todos los niveles educativos, devengan menores remuneraciones que sus colegas hombres con niveles de escolaridad similares. La diferencia de ingresos laborales entre hombres y mujeres aumenta en los estratos de escolaridad correspondientes a la educaci&oacute;n superior. Seg&uacute;n Arriagada (1997), esta tendencia se observa para toda Am&eacute;rica Latina. En cuanto a la experiencia laboral encontramos un patr&oacute;n similar al de la educaci&oacute;n formal, puesto que las mujeres reciben menores remuneraciones promedio en comparaci&oacute;n a los hombres con niveles similares de experiencia.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="g7"></a></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5g7.jpg"></p>     <p align="center"><a name="g8"></a></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5g8.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las explicaciones m&aacute;s comunes para la existencia de diferencias en la situaci&oacute;n laboral de hombres y mujeres es la concentraci&oacute;n de las mujeres en ciertas ocupaciones de baja remuneraci&oacute;n.<sup><a href="#notas">10</a></sup> En el caso de Venezuela, las mujeres se encuentran mayormente en ocupaciones profesionales, administrativas y artesanales (<a href="#c5">cuadro 5</a>) que registran brechas de ingresos por g&eacute;neros significativas. Sin embargo, las brechas de ingresos tienden a ser m&aacute;s altas en aquellas ocupaciones donde las mujeres tienen menor presencia.</font></p>     <p align="center"><a name="c5"></a></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5c5.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sector informal se ha incrementado significativamente en Venezuela durante la &uacute;ltima d&eacute;cada, pasando de emplear 37 por ciento de los trabajadores ocupados, en 1990, a 43 por ciento, en 1997, y m&aacute;s de 46 por ciento, en 1998. Este incremento notable del sector informal tiene incidencia en la situaci&oacute;n de la mujer, puesto que su participaci&oacute;n en dicho sector ha crecido con la misma fuerza que en el sector formal.<sup><a href="#notas">11</a></sup> En el sector informal la brecha de remuneraciones medias entre hombres y mujeres es tres veces la brecha registrada en el sector formal (<a href="#c6">cuadro 6</a>).</font></p>     <p align="center"><a name="c6"></a></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5c6.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una variable importante en la determinaci&oacute;n de la remuneraci&oacute;n es la posici&oacute;n del trabajador dentro de unajerarqu&iacute;a (en el caso de empresas grandes) o su condici&oacute;n de due&ntilde;o o patrono (en el caso de firmas peque&ntilde;as y microempresas). En el caso de Venezuela, esta variable ha presentado diferencias dr&aacute;sticas entre hombres y mujeres durante las d&eacute;cadas de los ochenta y los noventa (Ledezma, 2000). Como puede observarse en el <a href="#c7">cuadro 7</a> y en la <a href="#g9">gr&aacute;fica 9</a>, en 1997 s&oacute;lo 8 por ciento de los patrones o empleadores eran mujeres. Esta cifra es particularmente reducida al compararla con pa&iacute;ses desarrollados (36.5 por ciento), sobre todo si se considera la elevada proporci&oacute;n de mujeres en ocupaciones profesionales y t&eacute;cnicas.</font></p>     <p align="center"><a name="c7"></a></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5c7.jpg"></p>     <p align="center"><a name="g9"></a></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5g9.jpg"></p>  	  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Determinantes del ingreso laboral y la medici&oacute;n de la brecha por g&eacute;nero</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta secci&oacute;n se estima un modelo general de remuneraciones con la finalidad de determinar la influencia aislada del g&eacute;nero en las mismas. Tambi&eacute;n se procede a descomponer la brecha de ingresos entre hombres y mujeres en una porci&oacute;n explicada por variables de capital humano y caracter&iacute;sticas del mercado de trabajo y una porci&oacute;n no explicada que se atribuye a la presencia de discriminaci&oacute;n y/o falta de movilidad de las mujeres entre distintos tipos de trabajo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Resultados de estimaci&oacute;n de un modelo de ingreso laboral</i></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la finalidad de estimar el impacto del g&eacute;nero en el ingreso laboral se estima una versi&oacute;n del modelo est&aacute;ndar de ingreso laboral para series de corte transversal empleado por Psacharopoulos y Cox (1990). La variable dependiente es el logaritmo del ingreso por hora para cada individuo y las variables explicativas son: a&ntilde;os de escolaridad, experiencia, rama de actividad econ&oacute;mica donde se desempe&ntilde;e el trabajador, formalidad, regi&oacute;n urbana o rural y g&eacute;nero. En el caso del g&eacute;nero, se construy&oacute; una variable dicot&oacute;mica que toma valor uno si el trabajador es hombre y valor cero si es mujer; de esta forma, si el coeficiente resultante es positivo estamos ante la presencia de una prima en la remuneraci&oacute;n por el simple hecho de ser hombre.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el <a href="#c8">cuadro 8</a> se sintetizan los resultados del modelo estimado, empleando m&iacute;nimos cuadrados ordinarios, para el a&ntilde;o 1997. Puede notarse un R cuadrado bajo, aun cuando la regresi&oacute;n es globalmente significativa y cada una de las variables es individualmente significativa.<sup><a href="#notas">12</a></sup> Cada a&ntilde;o de escolaridad incrementa el ingreso por hora en 7 por ciento, mientras que cada a&ntilde;o extra de experiencia, en 1 por ciento. Los trabajadores en el sector formal y en &aacute;reas urbanas devengan mayores remuneraciones que los del sector informal y aqu&eacute;llos en &aacute;reas rurales. Los trabajadores de los sectores construcci&oacute;n, miner&iacute;a e intermediaci&oacute;n (comercio al mayor y banca) registran mayores remuneraciones que los trabajadores dedicados a la agricultura y el comercio al detalle.</font></p> 	    <p align="center"><a name="c8"></a></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5c8.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Podemos concluir que, una vez que se controlan todas las diferencias en capital humano y estructura del mercado laboral, los hombres tienen un ingreso laboral por hora que es 21 por ciento mayor que el de sus colegas mujeres con capacitaci&oacute;n equivalente. Esta brecha es inferior al promedio total que reportamos en el <a href="#c3">cuadro 3</a>, lo cual indica que existen caracter&iacute;sticas, tales como la experiencia y la composici&oacute;n por ramas de actividad, que hacen que los hombres ganen m&aacute;s. No es el nivel de educaci&oacute;n formal el que explica los mayores ingresos de los hombres, puesto que, seg&uacute;n nuestros resultados, las mujeres deber&iacute;an obtener mayores remuneraciones si nos basamos s&oacute;lo en esta variable.</font></p>  	 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La estimaci&oacute;n correspondiente al a&ntilde;o 1990 (<a href="#c9">cuadro 9</a>) arroja un mayor R cuadrado que la de 1997 y el resultado para la variable g&eacute;nero es similar: los hombres ganan 20 por ciento m&aacute;s neto. La estructura del modelo estimado es muy parecida a la de 1997, resultando en coeficientes de educaci&oacute;n y experiencia pr&aacute;cticamente id&eacute;nticos a los valores en el <a href="#c3">cuadro 3</a>, mientras que cambian algunos coeficientes de las variables <i>dummy</i> sectoriales.</font></p> 	    <p align="center"><a name="c9"></a></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5c9.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Medici&oacute;n de la brecha de ingresos por g&eacute;nero y discriminaci&oacute;n en el mercado de trabajo</i></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La brecha de ingresos laborales medios por g&eacute;nero puede descomponerse en variaciones del ingreso explicadas por diferencias en el valor promedio del conjunto de variables que determinan el salario (escolaridad, ramas de actividad econ&oacute;mica, formalidad, etc.) y variaciones no explicadas que se atribuyen a la presencia de discriminaci&oacute;n y/o falta de movilidad de las mujeres entre distintos tipos de trabajo. Para realizar esta descomposici&oacute;n seguimos la metodolog&iacute;a de Oaxaca y Blinder, que consiste en realizar regresiones de salarios separadas para el grupo de trabajadores y el grupo de trabajadoras (Ashenfelter y Oaxaca, 1991):</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y<sub>m</sub> = B<sub>m</sub> X<sub>m</sub> + e<sub>m</sub>      (1)</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y<sub> f</sub> = B <sub>f</sub> X<sub> f</sub> + e<sub>f</sub> (2)</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">donde: Y<sub>m</sub> = logaritmo del ingreso laboral por hora de los hombres, B<sub>m</sub> = vector de coeficientes para la muestra de hombres, X<sub>m</sub> = vector de variables explicativas del ingreso laboral para el grupo de los hombres, e<sub>m</sub> = t&eacute;rmino de error hombres, Y<sub>f</sub> = logaritmo del ingreso laboral por hora de las mujeres, B<sub>f</sub> = vector de coeficientes para la muestra de mujeres, X<sub>f</sub> = vector de variables explicativas del ingreso laboral para el grupo de mujeres, e<sub>f</sub> = t&eacute;rmino de error mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El <a href="#c10">cuadro 10</a> contiene los resultados de la estimaci&oacute;n del modelo de ingreso laboral para mujeres, mientras que el <a href="#c11">cuadro 11</a> presenta los resultados para el grupo de hombres, correspondientes a 1997. La escolaridad tiene una mayor influencia en el ingreso para las mujeres que para los hombres. Si una mujer pertenece al sector formal de la econom&iacute;a recibe una remuneraci&oacute;n que es 33 por ciento superior a la que recibir&iacute;a en el sector informal. Si un hombre pertenece al sector formal recibe un ingreso s&oacute;lo 18 por ciento superior al correspondiente en el sector informal. La experiencia es ligeramente m&aacute;s valiosa en el caso de los hombres, pero la diferencia, respecto al coeficiente de la muestra de mujeres, no es estad&iacute;sticamente significativa. Los resultados de las estimaciones correspondientes al a&ntilde;o 1990 se rese&ntilde;an en los <a href="#c12">cuadros 12</a> y <a href="#c13">13</a>.</font></p> 	    <p align="center"><a name="c10"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5c10.jpg"></p>     <p align="center"><a name="c11"></a></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5c11.jpg"></p>     <p align="center"><a name="c12"></a></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5c12.jpg"></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="c13"></a></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5c13.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez que se han realizado las estimaciones, la brecha de ingresos por hora entre hombres y mujeres puede expresarse matem&aacute;ticamente, colocando en los vectores X los valores promedio para cada grupo de las variables explicativas y los valores estimados de los coeficientes en los vectores B<sub>f</sub> y B<sub>m</sub> :</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y<sub>m</sub>&nbsp;&#45; Y<sub>f</sub> B<sub>m</sub> X<sub>m</sub> &#45; B <sub>f</sub> X<sub>f</sub> = (B<sub>m</sub> &#45; B <sub>f</sub>) X<sub>m</sub> + B<sub>f</sub> (X<sub>m</sub> &#45; X<sub>f</sub>)&nbsp;(3)</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y<sub>m</sub>&nbsp;&#45; Y<sub>f</sub> B<sub>m</sub> X<sub>m</sub> &#45; B <sub>f</sub> X<sub>f</sub> = (B<sub>m</sub> &#45; B <sub>f</sub>) X<sub>f</sub> + B<sub>m</sub> (X<sub>m</sub> &#45; X<sub>f</sub>)&nbsp;(4)</font></p> </blockquote>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las variaciones explicadas por los determinantes del ingreso laboral corresponden al segundo t&eacute;rmino de las ecuaciones 3 y 4, donde se sustraen los valores promedio de cada una de las variables explicativas (escolaridad, experiencia, rama de actividad econ&oacute;mica, etc.) y se multiplican por el coeficiente respectivo para obtener su impacto en el logaritmo del ingreso por hora. Las variaciones no explicadas (discriminaci&oacute;n) corresponden al primer t&eacute;rmino que mide las diferencias originadas en los coeficientes estimados para ambos grupos. Las variaciones no explicadas pueden interpretarse como la diferencia en remuneraciones entre hombres y mujeres que existe para el mismo valor promedio de los determinantes del ingreso laboral. La ecuaci&oacute;n 3 mide las diferencias originadas por los coeficientes empleando las caracter&iacute;sticas promedio de los hombres, mientras que la ecuaci&oacute;n 4 realiza esta medici&oacute;n con base en las caracter&iacute;sticas promedio de las mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el <a href="#c14">cuadro 14</a> se resumen los resultados de la descomposici&oacute;n de Oaxaca y Blinder para Venezuela. Al emplear la descomposici&oacute;n descrita en las ecuaciones 3 y 4 se obtienen resultados muy parecidos, por lo que se reportan los valores correspondientes a la estimaci&oacute;n de la ecuaci&oacute;n 3. La variaci&oacute;n explicada del ingreso tiene signo negativo, lo cual implica que dadas las dotaciones de capital humano promedio de hombres y mujeres y la composici&oacute;n sectorial promedio, las mujeres deber&iacute;an tener remuneraciones mayores que las de los hombres en, al menos, 66 por ciento (en 1997). En consecuencia, la variaci&oacute;n no explicada, originada en las diferencias entre los coeficientes de ambos grupos, sobrepasa a las diferencias en dotaciones promedio y es la responsable de la mayor parte de la brecha de ingresos favorable a los hombres.</font></p>     <p align="center"><a name="c14"></a></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v7n27/a5c14.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta variaci&oacute;n no explicada es tomada por muchos autores como evidencia de discriminaci&oacute;n en el mercado de trabajo, aun cuando puede deberse a problemas de preferencias de los mismos trabajadores que afectan la movilidad de las mujeres entre distintas ocupaciones para maximizar su ingreso laboral. Tal como rese&ntilde;amos en la secci&oacute;n anterior, una parte de esta brecha de ingresos podr&iacute;a originarse en la falta de movilidad hacia arriba de las mujeres en la jerarqu&iacute;a empresarial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los resultados para el a&ntilde;o 1990 indican que la brecha total es menor que la correspondiente a 1997. La porci&oacute;n no explicada de la brecha por g&eacute;nero tambi&eacute;n se ha incrementado durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la d&eacute;cada (Norcini, 1997). La brecha de ingresos por g&eacute;nero no explicada en el mercado de trabajo venezolano es superior al promedio latinoamericano. Seg&uacute;n Arriagada (1997), los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina presentan, en conjunto, una porci&oacute;n no explicada de la brecha de ingresos por g&eacute;nero cercana a 60 por ciento.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Conclusiones</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El panorama que permite configurar la revisi&oacute;n de la participaci&oacute;n de la mujer en la actividad econ&oacute;mica en Venezuela es coherente con la literatura sobre el tema, adem&aacute;s de presentar similitudes importantes con el comportamiento de esta poblaci&oacute;n en el resto de la regi&oacute;n latinoamericana. El aumento de la participaci&oacute;n econ&oacute;mica de las mujeres en el pa&iacute;s ha sido importante para las de mayor edad, las unidas y las que tienen un nivel m&aacute;s bajo de escolaridad. Este &uacute;ltimo fen&oacute;meno puede ser atribuible a la crisis y las pol&iacute;ticas de reestructuraci&oacute;n econ&oacute;mica, puesto que la necesidad de mayor participaci&oacute;n de los miembros de los hogares menos privilegiados es un fen&oacute;meno bien documentado. Se trata de mujeres que en la primera mitad del siglo XX hab&iacute;an tenido una escasa presencia en el mercado de trabajo venezolano.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de no poder revisar la evoluci&oacute;n de la participaci&oacute;n de las mujeres con hijos para los diferentes periodos censales, a partir de la situaci&oacute;n conyugal es posible evidenciar la existencia de una creciente participaci&oacute;n econ&oacute;mica de las mujeres con mayor carga familiar, lo cual es un fen&oacute;meno reportado en otros pa&iacute;ses. Por otra parte, los datos correspondientes a la actividad en el sector rural evidencian menores niveles de participaci&oacute;n, lo cual podr&iacute;a ser una estimaci&oacute;n del n&uacute;mero de mujeres que se declaran como trabajadoras en estas &aacute;reas, producto, entre otras razones, de un solapamiento entre el trabajo dom&eacute;stico y el de sobrevivencia. Por &uacute;ltimo, los niveles de ocupaci&oacute;n y desempleo revelan una menor inserci&oacute;n de las mujeres j&oacute;venes durante la &uacute;ltima d&eacute;cada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a las caracter&iacute;sticas de los trabajadores ocupados, podemos concluir que las mujeres tienen mayores niveles de educaci&oacute;n formal pero menores niveles de experiencia que los hombres. Existen diferencias importantes de ingreso medio entre hombres y mujeres favorables a los primeros, sobre todo en el sector informal de la econom&iacute;a que ha crecido sustancialmente en Venezuela. A pesar de que las mujeres se concentran mayormente en ocupaciones profesionales y administrativas, muy pocas se encuentran en el tope de la jerarqu&iacute;a empresarial o son due&ntilde;as de su propia empresa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como resultado de la estimaci&oacute;n de un modelo de ingresos laborales, puede concluirse que los hombres devengan remuneraciones 20 por ciento superiores a las de sus colegas mujeres con escolaridad y experiencia similares, desempe&ntilde;&aacute;ndose en el mismo sector y ocupaci&oacute;n. La mayor parte de la brecha de ingresos entre hombres y mujeres proviene de diferencias que no pueden ser explicadas por variaciones en escolaridad, experiencia, informalidad o rama de actividad econ&oacute;mica. Para muchos autores esta diferencia no explicada es considerada evidencia de la presencia de discriminaci&oacute;n directa en el pago por la realizaci&oacute;n de tareas similares. En el caso de Venezuela, es m&aacute;s probable que estas diferencias se deban a una discriminaci&oacute;n distinta a la directa en el ingreso, relacionada con la falta de ascenso de las mujeres en la jerarqu&iacute;a empresarial. Otro tipo de discriminaci&oacute;n estar&iacute;a relacionado con las dificultades que tienen las mujeres para formar su propia empresa. La posici&oacute;n ocupada dentro de las empresas es el factor m&aacute;s importante entre los que distinguen a hombres y mujeres ocupados, por lo que requiere mayor investigaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, la varianza no explicada por las caracter&iacute;sticas consideradas en el modelo puede recoger el efecto de otras variables relacionadas con las preferencias de las mujeres por ciertas ocupaciones, as&iacute; como el efecto de la interrupci&oacute;n de la vida laboral para atender a los hijos por parte de muchas mujeres.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La brecha de ingresos por g&eacute;nero en Venezuela es relativamente baja en comparaci&oacute;n con otros pa&iacute;ses latinoamericanos. Sin embargo, &eacute;sta se ha incrementado durante la &uacute;ltima d&eacute;cada, lo que puede estar relacionado con el aumento en la participaci&oacute;n femenina menos calificada como consecuencia del deterioro en las condiciones de vida de la poblaci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ARRIAGADA, Irma, 1997, <i>Realidades y mitos del trabajo femenino urbano en Am&eacute;rica Latina,</i> Serie Mujer y Desarrollo, Naciones Unidas, Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649301&pid=S1405-7425200100010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ASAHENFELTER, O. y R. Oaxaca, 1991, "Labor market discrimination and economic, development", en Birdsall, N. y R. Sabot (eds.), <i>Unfair Advantage, labor market discrimination in developing countries,</i> World Bank, Washington, DC.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649303&pid=S1405-7425200100010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BENERIA, L., 1991, "Structural adjustment, the labor market and the household", en <i>Towards social adjustment, labor market issues in structural adjustment,</i> International Labour Organization, Geneva.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649305&pid=S1405-7425200100010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BUVINIC, Mayra, 1998, <i>Mujeres en la pobreza, un problema global,</i> work paper num. wid&#45;101, Banco Interamericano de Desarrollo, Washington, D.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649307&pid=S1405-7425200100010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CASIQUE, Irene, 1993, "Modificaciones de los factores condicionantes del trabajo femenino a lo largo del ciclo de vida de la mujer", <i>IV Reuni&oacute;n Latinoamericana de Poblaci&oacute;n,</i> M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649309&pid=S1405-7425200100010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CASIQUE, Irene, 1991, <i>Mujer y mercado de trabajo, cambios recientes en la regi&oacute;n capital de Venezuela,</i> trabajo de ascenso, UCAB.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649311&pid=S1405-7425200100010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CEPAL, 1990, <i>Los grandes cambios y la crisis, impacto sobre la mujer en Am&eacute;rica Latina y el Caribe,</i> Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649313&pid=S1405-7425200100010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CEPAL, 1997a, <i>Poblaci&oacute;n, equidad y transformaci&oacute;n productiva,</i> Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649315&pid=S1405-7425200100010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CEPAL, 1997b, <i>Panorama social de Am&eacute;rica Latina,</i> Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649317&pid=S1405-7425200100010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CEPAL, 1998, <i>Informe econ&oacute;mico,</i> <a href="http://www.eclac.org" target="_blank">http//www.eclac.org</a>. consulta realizada, 01/02/2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649319&pid=S1405-7425200100010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">CORNWALL, R. y P. Wunnava, 1991, "New approaches to economic and social analyses of discrimination", en <i>Handbook of Labor Economics.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">GARC&Iacute;A Guzm&aacute;n, Br&iacute;gida, (s/f), "La ocupaci&oacute;n en M&eacute;xico en los a&ntilde;os ochenta, hechos y datos", en <i>Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a.</i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GARC&Iacute;A, Br&iacute;gida y Orlandina de Oliveira, 1994, <i>Trabajo femenino y vida familiar en M&eacute;xico,</i> Colegio de M&eacute;xico, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649323&pid=S1405-7425200100010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GARC&Iacute;A, Br&iacute;gida y Orlandina de Oliveira, 1996, <i>Participaci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo,</i> Memoria del II Seminario de Investigaci&oacute;n Laboral, programa de impulso a la investigaci&oacute;n laboral, 1996&#45;2000, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649325&pid=S1405-7425200100010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GARC&Iacute;A, Br&iacute;gida y Orlandina de Oliveira, 1992, <i>Economic recession and changing determinants of women'</i>s <i>work, seminaron the demographic consequences of structural adjustment in Latin American,</i> CEDEPAL&#45;International Union for the Scientific Study of Population, Belo Horizonte, Brazil.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649327&pid=S1405-7425200100010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">G&Aacute;LVEZ, Thelma, 2000, "Aspectos econ&oacute;micos de la equidad de g&eacute;nero", en documentos de referencia <i>S&eacute;ptima conferencia regional sobre la mujer de Am&eacute;rica Latina y el Caribe,</i> n&uacute;m. DDR/7, CEPAL, Lima, Per&uacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649329&pid=S1405-7425200100010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HADDAD, L. <i>et al.,</i> 1994, "Intrahousehold resource allocation: an overview", en <i>world bank policy research working paper,</i> n&uacute;m. 1255.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649331&pid=S1405-7425200100010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ILDIS, 1995, <i>Informe social,</i> Venezuela, Caracas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649333&pid=S1405-7425200100010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KATZ, Elizabeth, 1997, "The intra&#45;household economics of voice and exit: evaluating the feminist&#45;institutional content of family resource allocation mode", en <i>Feminist Economics,</i> vol. 3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649335&pid=S1405-7425200100010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KNIGHT, J. B. y R. Sabot, 1991, "Labor market discrimination in a poor urban economy", en Birdsall, N. y R. Sabot, (eds.), <i>Unfair advantage: labor market discrimination in developing countries,</i> World Bank, Washington, DC.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649337&pid=S1405-7425200100010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KOOREMAN, P. y A. Kapteyn, 1990, "On the empirical implementation of some game theoretic models of household, labor supply", en <i>Journal of human resources,</i> vol. 25 (4).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649339&pid=S1405-7425200100010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LEDEZMA, L., 2000, <i>Gender inequality in Venezuela, 1989&#45;1993,</i> Working paper prepared for the annual conference of the Latin American studies association, Miami.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649341&pid=S1405-7425200100010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LUNDBERG, S. &amp; R. Pollak, 1994, "Non&#45;cooperative bargaining models of marriage", en <i>American Economic Review,</i> vol. 84 (2).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649343&pid=S1405-7425200100010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&Aacute;RQUEZ, Gustavo y Carlota &Aacute;lvarez, 1996, <i>Poverty and labor market in Venezuela, 1982&#45;1995,</i> Work paper, num. Soc. 96&#45;101, Inter&#45;American Development Bank, Washington, D.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649345&pid=S1405-7425200100010000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&Aacute;RQUEZ, Gustavo, 1998, <i>El desempleo en Am&eacute;rica Latina y el Caribe a mediados de los a&ntilde;os 90,</i> Banco Interamericano de Desarrollo, documento de trabajo n&uacute;m. 377, N.Y.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649347&pid=S1405-7425200100010000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MC. ELROY, M., 1990, "The empirical content of nash&#45;bargained household behavior", en <i>Journal of Human Resources,</i> vol. 25 (4).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649349&pid=S1405-7425200100010000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">NEFT, N. y A. Levine, 1997, "Where women stand: an international report on the status of women", en <i>140 countries,</i> Random House, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649351&pid=S1405-7425200100010000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">NORCINI, Marisabel, 1997, <i>La mujer en el mercado laboral venezolano: un caso de discriminaci&oacute;n salarial,</i> tesis de maestr&iacute;a en Teor&iacute;a Econ&oacute;mica, Universidad Cat&oacute;lica Andr&eacute;s Bello.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649353&pid=S1405-7425200100010000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">OLIVEIRA, Orlandina de, 1997, "Multiple analytic perspectives on women's labor in Latin Am&eacute;rica", en <i>Current Sociology,</i> vol. 45, London, Thousand Oaks, CA and New Delhi.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649355&pid=S1405-7425200100010000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">POLLAK, R., 1994, "For better or worse: the roles of power in models of distribution within marriage", AEA papers and proceedings can feminist thought improve economics, <i>American Economic Review,</i> vol. 84 (2).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649357&pid=S1405-7425200100010000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PSACHAROPOULOS, G. y D. Cox, 1990, "Female participation and earnings in Venezuela, 1987", Psacharopoulos, G. y Z. Tzannatos, (eds.), en <i>Case studies on women's employment and pay in Latin America</i>, World Bank.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649359&pid=S1405-7425200100010000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RIVEROS, L., 1990, "Adjustment and the performance of urban labor markets in Latin America", en <i>Canadian Journal of Development Studies,</i> vol. 11 (1).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649361&pid=S1405-7425200100010000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RIUTORT, M., 1990, <i>Pobreza, desigualdad y crecimiento econ&oacute;mico,</i> documentos del proyecto Pobreza, Universidad Cat&oacute;lica Andr&eacute;s Bello y Asociaci&oacute;n Civil para la Promoci&oacute;n de Estudios Sociales, Caracas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649363&pid=S1405-7425200100010000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RUBIN&#45;Kurtzman, Jane, 1970, "Los determinantes de la oferta de trabajo femenino en la ciudad de M&eacute;xico", en <i>Estudios Demogr&aacute;ficos y Urbanos,</i> vol. 6, n&uacute;m. 3, Colegio de M&eacute;xico. sep&#45;dic.,1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649365&pid=S1405-7425200100010000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SAUTU, Ruth, 1999, "Modelos de desarrollo, profesionalizaci&oacute;n y feminizaci&oacute;n de la mano de obra", en <i>Papeles de Poblaci&oacute;n,</i> Centro de Investigaci&oacute;n y Estudios Avanzados de la Poblaci&oacute;n, UAEM, n&uacute;m. 20, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649367&pid=S1405-7425200100010000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SCHULTZ, T. PAUL, 1991, "Testing the neoclassical model of family labor supply and fertility", en <i>Journal of human resources,</i> vol. 25 (4).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649369&pid=S1405-7425200100010000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SOLLOVA, Vera y Norma Baca, 1999, "Enfoques te&oacute;ricos sobre el trabajo femenino", en <i>Papeles de Poblaci&oacute;n,</i> Centro de Investigaci&oacute;n y Estudios Avanzados de la Poblaci&oacute;n, UAEM, n&uacute;m. 20, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649371&pid=S1405-7425200100010000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">UNITED NATIONS, 28/01/2000, <i>Human development index statistics: Women's participation in economic and political life,</i> <a href="http://www.undp.org/hdro/wompar.htm" target="_blank">http//www.undp.org/hdro/wompar.htm</a>, consulta realizada.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649373&pid=S1405-7425200100010000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WINTER, C., 1990, "Female earnings, labor force participation and discrimination in Venezuela, 1989", en Psacharopoulos, G. y Z. Tzannatos, (eds.), <i>Case studies on women's employment and pay in Latin America</i>, World Bank.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5649375&pid=S1405-7425200100010000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Las autoras desean expresar su agradecimiento a los investigadores asistentes del proyecto: Francesca Coccorese, Kathy Vali&ntilde;o, Paul Morales y Kerry Mel&eacute;ndez. Asimismo, queremos agradecer las observaciones y comentarios de Mar&iacute;a Di Brienza, Ronald Balza, Anitza Freitez, Mar&iacute;a Gabriela Ponce y Mat&iacute;as Riutort.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Para una exposici&oacute;n detallada sobre el tema ver Neft y Levine (1997) y Cepal (1998).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;Para una estimaci&oacute;n emp&iacute;rica del modelo neocl&aacute;sico de Becker, ver Shultz (1991). Los modelos neocl&aacute;sicos tradicionales de oferta laboral predominaron hasta la d&eacute;cada de los ochenta. Los trabajos de Haddad <i>et al.,</i> (1994) y Katz (1997) contienen un excelente resumen de la visi&oacute;n econ&oacute;mica sobre la participaci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;Ver, por ejemplo, Mc Elroy (1990), Kooreman y Kapteyn (1990), Lundberg y Pollak (1994).</font></p>     	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Ver, por ejemplo, Cornwall y Wunnava (1991).</font></p>             <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Para una explicaci&oacute;n m&aacute;s amplia ver Casique (1991), Garc&iacute;a y Oliveira (1994) y Oliveira (1997).</font></p>             <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Calculada a partir de la informaci&oacute;n de la EHM del primer semestre de 1998.</font></p>             <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup>&nbsp;La base de datos proviene de un procesamiento especial realizado por el Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales (CISOR) y el Insttituto de Investigaciones Econ&oacute;micas y Sociales de la Universidad Cat&oacute;lica Andr&eacute;s Bello (IIES), ambas instituciones establecidas en Caracas, Venezuela.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup>&nbsp;Seg&uacute;n Neft y Levine (1997), durante los a&ntilde;os noventa la brecha media de ingresos fue de 35 por ciento en Argentina, 39 por ciento en Chile y 36 por ciento en Ecuador.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> La experiencia general fue estimada restando de la edad promedio el n&uacute;mero de a&ntilde;os de escolaridad promedio, mientras que la experiencia espec&iacute;fica es el n&uacute;mero de a&ntilde;os en el trabajo actual.</font></p>     	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> En teor&iacute;a, la causa de esta baja remuneraci&oacute;n de ocupaciones femeninas" puede encontrarse en que la sociedad valore tareas atribuibles al g&eacute;nero femenino que son extensiones de las labores desempe&ntilde;adas en el hogar (enfermer&iacute;a, preparaci&oacute;n de alimentos, secretaria, etc.). Por otra parte, es posible que las mujeres ofrezcan trabajo preferentemente en ciertas ocupaciones, lo cual genera una abundancia relativa de trabajo en &eacute;stos que presiona los salarios hacia la baja.</font></p>             <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Para algunos pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, la participaci&oacute;n de la mujer en el sector informal es mayor que en el sector formal (CEPAL, 1998).</font></p>             <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Los resultados obtenidos mediante m&iacute;nimos cuadrados ordinarios fueron sometidos a pruebas de especificaci&oacute;n (multicolinealidad y heteroscedasticidad) que confirmaron su validez. En el caso de la heteroscedasticidad se emplearon las pruebas de Goldfeld&#45;Quandt y White, adem&aacute;s de la observaci&oacute;n directa de la varianza del ingreso laboral entre grupos de individuos con diferente nivel educativo o trabajando en el sector formal en lugar del informal.</font></p>             <p align="justify">&nbsp;</p>             <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>Informaci&oacute;n sobre las autoras</b></font></p>             <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Genny Z&uacute;&ntilde;iga. </b>Soci&oacute;loga y profesora de la Universidad Cat&oacute;lica Andr&eacute;s Bello e investigadora del Departamento de Estudios Demogr&aacute;ficos del Instituto de Investigaciones Econ&oacute;micas y Sociales (UCAB). Actualmente est&aacute; culminando estudios de Maestr&iacute;a en An&aacute;lisis de Datos en Ciencias Sociales en la Escuela de Estad&iacute;stica de la Universidad Central de Venezuela. Entre sus investigaciones recientes figuran trabajos sobre la inserci&oacute;n de la mujer en el mercado de trabajo, estratificaci&oacute;n social y pobreza, y lactancia materna. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:gzuniga@ucab.edu.ve">gzuniga@ucab.edu.ve</a>.</font></p>             <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Mar&iacute;a Beatriz Orlando. </b>Profesora de la Universidad Cat&oacute;lica Andr&eacute;s Bello e investigadora del Departamento de Econom&iacute;a del Instituto de Investigaciones Econ&oacute;micas y Sociales (UCAB). Culmin&oacute; estudios de Doctorado en Tulane University (Estados Unidos) en 1998, especializ&aacute;ndose en las &aacute;reas de mercados de trabajo y desarrollo econ&oacute;mico. Entre sus <i>investigaciones recientes figuran trabajos</i> sobre oferta de trabajo de la mujer, brechas de g&eacute;nero, microempresa y sector informal. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:morlando@ucab.edu.ve">morlando@ucab.edu.ve</a>.</font></p>      ]]></body><back>
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