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<journal-title><![CDATA[Papeles de población]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Universidad Autónoma del Estado de México, Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Análisis demográfico de la fecundidad adolescente en México]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Nacional Autónoma de México Instituto de Investigaciones Sociales ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Data from Vital Statistics and the National Demographic Survey conducted in Mexico in 1997 is used to examine trends and determinants of fertility among adolescents. In the last twenty years the level of fertility measured by the Global Fertility Rate has declined almost fifty per cent whereas the fertility of women 15 to 19 years old diminished only 39 per cent and therefore, its share in the general fertility level has increased giving more visibility to this phenomenon. Adolescent fertility seems to be associated with marital instability and higher infant mortality levels, especially among younger adolescent mothers. A young woman&#8217;s level of education its the factor most strongly associated with the probability of giving birth during adolescence. Although there is a need for greater research in this area, the promotion of education may be the most effective means of encouraging delayed childbearing among adolescents in Mexico.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>An&aacute;lisis demogr&aacute;fico de la fecundidad adolescente en M&eacute;xico</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Carlos Welti Chanes</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico</i><i>.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La informaci&oacute;n de las estad&iacute;sticas de vida de la Encuesta Nacional Demogr&aacute;fica en M&eacute;xico en 1997 se utiliz&oacute; para examinar las tendencias y determinantes de la fertilidad entre adolescentes. En los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os el nivel de la fertilidad medido por la tendencia de fertilidad global ha deca&iacute;do casi 50 por ciento, mientras que en las mujeres de entre 15 y 19 a&ntilde;os disminuy&oacute; solamente 39 por ciento y, por lo tanto, su participaci&oacute;n en la fertilidad general se ha incrementado dando m&aacute;s visibilidad al fen&oacute;meno. La fertilidad en los adolescentes parece estar asociada con la inestabilidad conyugal y los niveles m&aacute;s altos de mortalidad, especialmente entre madres adolescentes. El nivel de educaci&oacute;n de una mujer joven es el factor m&aacute;s asociado con la probabilidad de dar a luz durante la adolescencia. A pesar de que existe una mayor necesidad de investigaci&oacute;n en esta &aacute;rea, la promoci&oacute;n de educaci&oacute;n puede ser el medio m&aacute;s efectivo para exhortar a que las mujeres adolescentes den a luz m&aacute;s tarde en M&eacute;xico.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Data from Vital Statistics and the National Demographic Survey conducted in Mexico in 1997 is used to examine trends and determinants of fertility among adolescents. In the last twenty years the level of fertility measured by the Global Fertility Rate has declined almost fifty per cent whereas the fertility of women 15 to 19 years old diminished only 39 per cent and therefore, its share in the general fertility level has increased giving more visibility to this phenomenon. Adolescent fertility seems to be associated with marital instability and higher infant mortality levels, especially among younger adolescent mothers. A young woman&rsquo;s level of education its the factor most strongly associated with the probability of giving birth during adolescence. Although there is a need for greater research in this area, the promotion of education may be the most effective means of encouraging delayed childbearing among adolescents in Mexico.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una proporci&oacute;n importante de los escritos especializados dedicados al an&aacute;lisis de la fecundidad en M&eacute;xico en a&ntilde;os recientes est&aacute;n concentrados en el estudio de la fecundidad adolescente. La raz&oacute;n para prestar especial atenci&oacute;n a este tema se encuentra en el hecho de que con la ca&iacute;da de la fecundidad el aporte relativo que hacen las mujeres menores de 20 a&ntilde;os a la fecundidad total es cada vez mayor y este fen&oacute;meno adquiere, por tanto, mayor visibilidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la posibilidad de usar anticonceptivos eficientes, se puede suponer que el n&uacute;mero de relaciones sexuales que terminan en un embarazo no deseado deber&iacute;a disminuir y, por tanto, el conocimiento y uso de anticonceptivos constituir&iacute;a un factor de protecci&oacute;n ante este evento. Sin embargo, una proporci&oacute;n significativa de mujeres menores de 20 a&ntilde;os contin&uacute;an siendo madres a edades tempranas y no parece que el simple conocimiento de los anticonceptivos disminuya la incidencia de los embarazos, especialmente entre mujeres pertenecientes a los grupos sociales m&aacute;s desfavorecidos econ&oacute;micamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde otro punto de vista, el embarazo temprano se encuentra asociado a problem&aacute;ticas en las cuales los eventos gen&eacute;sicos limitan el desarrollo personal de las j&oacute;venes, influyen sobre la formaci&oacute;n y la estabilidad de las uniones, impactan la salud de la mujer y el resultado del propio embarazo y el desarrollo de los hijos de las madres adolescentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, la fecundidad adolescente impacta a nivel agregado el crecimiento de la poblaci&oacute;n en la medida en que las mujeres que inician su historia gen&eacute;sica antes de los 20 a&ntilde;os, tienen al final de su periodo reproductivo un n&uacute;mero de hijos significativamente mayor que las mujeres que tienen su primer hijo a edades mayores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La intenci&oacute;n de este art&iacute;culo es ofrecer un an&aacute;lisis estrictamente demogr&aacute;fico de la fecundidad adolescente a partir de las fuentes de informaci&oacute;n disponibles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata, por tanto, de estimar la incidencia de este fen&oacute;meno en M&eacute;xico en a&ntilde;os recientes y entre diferentes grupos de la poblaci&oacute;n e identificar algunas relaciones entre la edad al nacimiento del primer hijo y el inicio de la uni&oacute;n conyugal, la edad del primer evento gen&eacute;sico y el resultado del parto.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por la naturaleza de la informaci&oacute;n que sirve de base a este an&aacute;lisis, se cuantifican relaciones relevantes y s&oacute;lo se dejan anotadas situaciones que merecen ser estudiadas con informaci&oacute;n de tipo cualitativo para estimar los or&iacute;genes y consecuencias sociales de este problema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se ha utilizado como informaci&oacute;n b&aacute;sica el registro de nacimientos en las estad&iacute;sticas vitales y la Encuesta Nacional de la Din&aacute;mica Demogr&aacute;fica realizada en 1997 (Enadid&#45;97).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El fen&oacute;meno sociodemogr&aacute;fico de la fecundidad adolescente debe ser presentado en sus dos dimensiones: a) por su efecto sobre las condiciones de vida de las madres adolescentes, y b) en relaci&oacute;n con el crecimiento de la poblaci&oacute;n y con otros fen&oacute;menos demogr&aacute;ficos, como la nupcialidad o la mortalidad infantil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobre el crecimiento de la poblaci&oacute;n, el inicio temprano de la maternidad tiene una clara relaci&oacute;n con el promedio total de hijos a nivel individual y sobre la tasa global de fecundidad y la tasa bruta de natalidad a nivel general, lo que es especialmente significativo en una etapa en la cual, ante la disminuci&oacute;n de la fecundidad en M&eacute;xico, la aportaci&oacute;n que hacen las mujeres adolescentes a la fecundidad total es cada vez m&aacute;s importante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los efectos que tiene el inicio de la maternidad durante la adolescencia sobre la fecundidad total por edad son tales que las diferencias entre mujeres que fueron madres por primera vez antes de los 20 a&ntilde;os y las que lo fueron despu&eacute;s de esta edad representan dos hijos antes de los 35 a&ntilde;os y tres hijos al final del periodo reproductivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los efectos de la fecundidad adolescente sobre la mortalidad materna y la mortalidad infantil son tambi&eacute;n significativos, ya que en los extremos del periodo reproductivo los riesgos de muerte de las madres y los hijos son mayores en relaci&oacute;n con los que se presentan en otras edades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La adolescencia comprende un periodo de transici&oacute;n de la ni&ntilde;ez a la edad adulta durante la segunda d&eacute;cada de la vida de un individuo, esta etapa es definitiva en el desarrollo de un individuo. En M&eacute;xico, hasta los 10 a&ntilde;os, la gran mayor&iacute;a de los ni&ntilde;os asisten todav&iacute;a a la escuela, y en los a&ntilde;os que siguen, su futuro toma generalmente dos caminos: el trabajo o la escuela. Si cualquiera de estas dos opciones resultan productivas, es decir, le son &uacute;tiles para su desarrollo, le significar&aacute;n aprovechar oportunidades de crecimiento personal que de otra manera tendr&aacute;n que ser sustituidas por roles que les permitan adquirir un status en la sociedad a trav&eacute;s del cual se les reconozca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es en este escenario donde las relaciones sexuales pueden cancelar el recorrido por los dos caminos mencionados al dar lugar a un embarazo no deseado, o ser la &uacute;nica opci&oacute;n que tiene la mujer para ser reconocida socialmente al convertirse en "adulto visible" a trav&eacute;s de la maternidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Considerar el embarazo adolescente como un problema, y suponer que "el embarazo de la adolescente puede ser un fen&oacute;meno natural en una sociedad agr&iacute;cola y un problema social en una sociedad industrializada" (Silber et al, 1995) es relativizar en extremo los or&iacute;genes y consecuencias de las conductas demogr&aacute;ficas. Esta posici&oacute;n ser&iacute;a tanto como aceptar que la mortalidad infantil entre los grupos sociales es un problema para las clases altas pero no para los pobres, porque &eacute;stos de todas maneras van a tener una existencia tan llena de limitaciones que no vale la pena sobrevivir para llegar a la edad adulta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cualquier contexto, el embarazo precoz limita las posibilidades de desarrollo de la mujer o, cuando menos, le asigna una carga de responsabilidades mayor y refuerza su car&aacute;cter dependiente, en la medida en que el ejercicio de la maternidad le impide cumplir otros roles individuales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El embarazo adolescente constituye para la mujer en condiciones sociales desventajosas una carga adicional que limita su desarrollo personal. Por ejemplo, se ha discutido ampliamente si el embarazo entre las j&oacute;venes estudiantes las sustrae en forma definitiva de la escuela, o son las mujeres que se embarazan en la adolescencia aquellas que de cualquier manera est&aacute;n limitadas para continuar estudiando por falta de recursos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando se investiga con encuestas especializadas (por ejemplo, la Encuesta Nacional de Planificaci&oacute;n Familiar&#45;95) las razones por las cuales una mujer ya no continu&oacute; la escuela, no aparece el embarazo como una raz&oacute;n significativa; sin embargo, el matrimonio s&iacute; lo es y esta raz&oacute;n s&oacute;lo es superada por la carencia de recursos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un an&aacute;lisis detallado muestra que en una proporci&oacute;n importante el matrimonio en la adolescencia sirvi&oacute; para legitimar el nacimiento producto de un embarazo prenupcial y es entonces el embarazo la causa original por la cual una proporci&oacute;n importante de adolescentes no sigui&oacute; estudiando.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En n&uacute;meros absolutos, los nacimientos de madres adolescentes han representado alrededor de 16 por ciento del total nacional, lo que significa que en a&ntilde;os recientes casi 400 000 nacimientos anuales son concebidos por mujeres j&oacute;venes menores de 20 a&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, vale la pena reiterar que no son los n&uacute;meros los que llevan a prestar especial atenci&oacute;n a la fecundidad de este grupo de la poblaci&oacute;n, sino las implicaciones que el inicio temprano de la maternidad tiene para muchas mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es posible observar claras relaciones entre una historia gen&eacute;sica que comienza en la adolescencia y el resultado del primer embarazo, el inicio de la uni&oacute;n conyugal y la fecundidad total.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A nivel nacional, 37 por ciento de las mujeres en edades reproductivas mayores de 20 a&ntilde;os han tenido a su primer hijo en la adolescencia. Los porcentajes son ligeramente menores para las mujeres de las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes y seg&uacute;n nivel de escolaridad se observan grandes diferencias en el porcentaje de mujeres que iniciaron su historia gen&eacute;sica en la adolescencia: m&aacute;s de 60 por ciento de las mujeres que no asistieron a la escuela han sido madres antes de los 20 a&ntilde;os, mientras que entre las mujeres con preparatoria esta cifra se reduce a 10 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos datos explican la tendencia hacia una ligera disminuci&oacute;n de la fecundidad adolescente, que se origina, en una proporci&oacute;n importante, en los cambios en la composici&oacute;n socioecon&oacute;mica de las generaciones m&aacute;s recientes, entre las que sobresale un aumento en su nivel de escolaridad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El efecto demogr&aacute;fico que impacta el crecimiento de la poblaci&oacute;n parece constituir la raz&oacute;n principal para prestar atenci&oacute;n a la fecundidad adolescente y tratar de reducir su incidencia ampliando la informaci&oacute;n y el acceso a los m&eacute;todos anticonceptivos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se ha comentado ya que un inicio temprano de la maternidad tiene un impacto directo sobre el crecimiento de la poblaci&oacute;n a trav&eacute;s del efecto sobre la fecundidad acumulada.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los <a href="#c1">cuadros 1</a> y <a href="#c2">2</a> muestran que al final del periodo reproductivo a nivel nacional las mujeres que tuvieron a su primer hijo en la adolescencia tienen poco m&aacute;s de tres hijos que las mujeres que no han tenido hijos, o fueron madres despu&eacute;s de los 20 a&ntilde;os.</font></p> 	    <p align="center"><a name="c1"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c1.jpg"></p> 	    <p align="center"><a name="c2"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c2.jpg"></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para no sobrestimar esta diferencia, el an&aacute;lisis puede restringirse al caso de las mujeres que han tenido hijos. Como era obvio esperar, la diferencia en el n&uacute;mero de hijos se reduce, pero en una proporci&oacute;n m&iacute;nima, y las mujeres que iniciaron su historia gen&eacute;sica en la adolescencia tienen m&aacute;s de dos hijos que el grupo con el que se contrasta su fecundidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de estos datos, y si no se modificaran otros par&aacute;metros de la historia reproductiva, puede decirse que eliminar o reducir la fecundidad adolescente tendr&iacute;a un efecto significativo sobre la tasa global de fecundidad y sobre el crecimiento de la poblaci&oacute;n.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La evoluci&oacute;n de la fecundidad en M&eacute;xico</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los datos de la serie de encuestas nacionales, a trav&eacute;s de las cuales se ha podido estimar la fecundidad de manera confiable, han servido para llamar la atenci&oacute;n sobre la importancia de la fecundidad de la poblaci&oacute;n menor de 20 a&ntilde;os de edad en relaci&oacute;n con la fecundidad total.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy, la informaci&oacute;n m&aacute;s reciente derivada de las Encuestas Nacionales de la Din&aacute;mica Demogr&aacute;fica (Enadids) muestra con mayor claridad que en una etapa de baja acelerada de la fecundidad en M&eacute;xico, la fecundidad adolescente constituye un componente cada vez m&aacute;s significativo de la fecundidad, relacionado tanto con el nivel de la fecundidad total como con las diferencias entre grupos sociales, con implicaciones que superan lo estrictamente demogr&aacute;fico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La evoluci&oacute;n de la fecundidad refleja la incorporaci&oacute;n de las mujeres a la pr&aacute;ctica anticonceptiva para limitar o espaciar el nacimiento de sus hijos, como resultado de la disponibilidad de los anticonceptivos con alto grado de eficacia que la ciencia y el desarrollo tecnol&oacute;gico hicieron posible y que la estructura institucional acerc&oacute; a las mujeres de todos los grupos sociales. En el caso de M&eacute;xico, el Instituto Mexicano del Seguro Social y la Secretar&iacute;a de Salud, a trav&eacute;s de los programas nacionales de planificaci&oacute;n familiar, como elemento central de la pol&iacute;tica de poblaci&oacute;n, permitieron el acceso a la anticoncepci&oacute;n moderna.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debe mencionarse que la intenci&oacute;n de las mujeres por espaciar el nacimiento de sus hijos y disminuir su n&uacute;mero, y que ya hab&iacute;a sido captado por las primeras encuestas de fecundidad que se hicieron en este pa&iacute;s en los a&ntilde;os sesenta, se concret&oacute; en la pr&aacute;ctica desde finales de los a&ntilde;os setenta, sin que otro tipo de transformaciones sociales que influyeran sobre las variables intermedias que afectan a la fecundidad tuviera un papel relevante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La anticoncepci&oacute;n ha sido la causa del descenso de la fecundidad a trav&eacute;s de su efecto sobre la fecundidad marital.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La ca&iacute;da de la fecundidad en un par de d&eacute;cadas es algo in&eacute;dito en la historia de la humanidad y puede considerarse uno de los fen&oacute;menos sociales de mayor&nbsp;relevancia en un pa&iacute;s como M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como puede observarse en el <a href="#c3">cuadro 3</a>, en las d&eacute;cadas que van de 1975 a 1995, en M&eacute;xico, la fecundidad en algunos grupos de edad ha disminuido alrededor de 50 por ciento, mientras que la fecundidad de las mujeres de 15 a 19 a&ntilde;os disminuy&oacute; tan solo 39 por ciento en el mismo periodo, lo que ha hecho que la participaci&oacute;n de este grupo de mujeres en la fecundidad total se haya&nbsp;incrementado.</font></p> 	    <p align="center"><a name="c3"></a><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c3.jpg"></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es adem&aacute;s evidente que entre 1972 y 1982 la tasa de fecundidad de 15 a 19 a&ntilde;os permaneci&oacute; pr&aacute;cticamente estable (con valores de 121 y 115 nacimientos por mil mujeres, respectivamente). Las j&oacute;venes mujeres siguen teniendo hijos en este periodo la misma intensidad y es evidente la evada y estable fecundidad incluso en el grupo de 20 a 24 a&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la d&eacute;cada 1987&#45;1997 la fecundidad para el total de mujeres y la fecundidad adolescente continuaron disminuyendo y en este &uacute;ltimo caso el ritmo de descenso es mayor en los quinquenios recientes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El panorama descrito sugiere que la edad al primer hijo y la fecundidad asociada a las primeras paridades no se ve modificada hasta los a&ntilde;os ochenta, y s&oacute;lo despu&eacute;s de los 25 a&ntilde;os, concretamente en el grupo de mujeres de 25 a 29 a&ntilde;os, se produce una disminuci&oacute;n significativa entre los dos quinquenios m&aacute;s recientes que se comparan.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El inicio de la historia gen&eacute;sica y la fecundidad acumulada</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tasa global de fecundidad calculada para cada uno de los periodos que se muestran en el <a href="#c3">cuadro 3</a> representa la combinaci&oacute;n de experiencias de diversas generaciones o cohortes de mujeres, por lo que este indicador del nivel de fecundidad calculado de esta manera se considera un indicador sint&eacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, con la informaci&oacute;n disponible puede estimarse la fecundidad para cada generaci&oacute;n real de mujeres, lo que hace posible tener una clara descripci&oacute;n del proceso reproductivo a trav&eacute;s de las edades que conforman la vida f&eacute;rtil de una mujer.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis longitudinal que se presenta en el <a href="#c4">cuadro 4</a> muestra que antes de los 20 a&ntilde;os la fecundidad de las mujeres nacidas entre 1947 y 1951 es mayor en casi 50 por ciento a la fecundidad que presentan las mujeres nacidas entre 1972 y 1976.</font></p> 	    <p align="center"><a name="c4"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c4.jpg"></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo interesante de este cuadro es que muestra un claro rompimiento generacional observable incluso en el nivel de la fecundidad adolescente. Las mujeres nacidas a partir de 1967 muestran una fecundidad significativamente menor en las primeras etapas en su periodo reproductivo, que hace que a los 26 a&ntilde;os la generaci&oacute;n 1967&#45;1971 tenga un hijo menos que las mujeres de la generaci&oacute;n que naci&oacute; 20 a&ntilde;os antes. Hay, por tanto, un claro ejemplo del efecto de la generaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de combinar los a&ntilde;os de nacimiento de cada generaci&oacute;n y sumar a estos a&ntilde;os la edad de las mujeres, es posible estimar un efecto relacionado con el periodo que permitir&iacute;a hablar de escenarios antes y despu&eacute;s del inicio de los a&ntilde;os ochenta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es decir, se hace evidente a trav&eacute;s del an&aacute;lisis longitudinal el efecto de la anticoncepci&oacute;n y su difusi&oacute;n institucional que ya se mencion&oacute; en los p&aacute;rrafos introductorios.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos datos permiten tambi&eacute;n estimar la velocidad de reproducci&oacute;n generacional por edad, de tal manera que mientras las mujeres de la generaci&oacute;n 1947&#45;1951 a los 26 a&ntilde;os tienen ya 2.60 hijos en promedio, la generaci&oacute;n que naci&oacute; 15 a&ntilde;os despu&eacute;s no ha llegado a tener dos hijos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puede seguirse pormenorizadamente el ritmo de la fecundidad a trav&eacute;s de todo el periodo reproductivo y la visi&oacute;n longitudinal de la fecundidad hace evidente entre las generaciones el cambio en el comportamiento que se origina desde la adolescencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un elemento adicional para observar la evoluci&oacute;n de la fecundidad adolescente se deriva del c&aacute;lculo del porcentaje de mujeres que han tenido a su primer hijo antes de los 20 a&ntilde;os de edad. La tendencia observada a trav&eacute;s de las tasas de fecundidad con los datos anteriores se ve reflejada en el <a href="#c5">cuadro 5</a>, que muestra que 3 de cada 10 mujeres de 20 a 24 a&ntilde;os de edad tuvieron a su primer hijo en la adolescencia, contra casi 4 de cada 10 mujeres de 35 a&ntilde;os o m&aacute;s, que hab&iacute;an sido ya madres en aquella etapa de su vida.</font></p> 	    <p align="center"><a name="c5"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c5.jpg"></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque nuestro inter&eacute;s es la fecundidad adolescente, puede observarse en este mismo cuadro que aun a los 25 a&ntilde;os las diferencias en el inicio de la historia gen&eacute;sica son muy significativas. Antes de los 25 a&ntilde;os m&aacute;s de 75 por ciento de las mujeres de 45 a 49 a&ntilde;os de edad han tenido al menos un hijo y esta cifra se reduce a menos del 70 por ciento en el caso de las mujeres m&aacute;s j&oacute;venes.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La fecundidad adolescente en las estad&iacute;sticas de nacimientos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hecho de que la informaci&oacute;n sobre nacimientos que proviene del registro civil incorpore una serie de problemas de extemporaneidad, o m&aacute;s precisamente registro tard&iacute;o, cobertura parcial y falta de informaci&oacute;n en algunos de los rubros que se incluyen en la boleta de registro de nacimiento y que en este caso se refieren a las caracter&iacute;sticas de los padres, ha hecho que esta fuente de informaci&oacute;n sea poco utilizada en las estimaciones directas de la fecundidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, desde hace ya varias d&eacute;cadas, la disponibilidad de encuestas nacionales especializadas permiti&oacute; el c&aacute;lculo de tasas de fecundidad a partir de las historias de embarazos de las mujeres entrevistadas, lo que hizo que las estad&iacute;sticas de nacimientos fueran totalmente relegadas para realizar estimaciones de esta variable demogr&aacute;fica. Sin embargo, debe reconocerse que los registros de nacimientos han tenido una mejora paulatina en su calidad que los hace susceptibles de ser utilizados en el an&aacute;lisis de la fecundidad, una vez que el analista crea bases de datos con este prop&oacute;sito a trav&eacute;s de series anuales que permiten reconstruir los nacimientos ocurridos en determinado a&ntilde;o.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En forma adicional, debe decirse que el nivel de desagregaci&oacute;n geogr&aacute;fica que se logra en las estimaciones con estos registros no se alcanza con otra fuente de informaci&oacute;n. Con las encuestas, por ejemplo, en el mejor de los casos, no puede llegarse m&aacute;s all&aacute; de hacer estimaciones por entidad federativa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El uso de la informaci&oacute;n sobre nacimientos proveniente de las estad&iacute;sticas del registro civil permite analizar la fecundidad incluso a nivel municipal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los problemas de esta informaci&oacute;n lo genera, como se mencion&oacute;, el subregistro y el registro tard&iacute;o, pero los datos de la Enadid&#45;97 muestran que m&aacute;s de 95 por ciento de los nacimientos se registran en un quinquenio a partir del a&ntilde;o en que ocurre el nacimiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo tanto, con la informaci&oacute;n de los nacimientos registrados en el periodo 1995&#45;1999 se puede contar con una estimaci&oacute;n de los nacimientos ocurridos en 1995 en un porcentaje que puede suponerse que llega a ser de alrededor de 95 por ciento.<sup><a href="#notas"></a></sup><sup><a href="#notas">2</a></sup> Pero, incluso, si este porcentaje fuera menor, las dimensiones de esta base de datos por el n&uacute;mero de nacimientos, que rebasan los 2.43 millones, hacen que se tenga una "muestra" que ni la encuesta m&aacute;s extensa podr&iacute;a superar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de la informaci&oacute;n del a&ntilde;o mencionado (1995), se estima que al menos 16 por ciento del total de los nacimientos corresponden a madres menores de 20 a&ntilde;os, es decir, alrededor de 400 mil nacimientos son producto de embarazos de madres adolescentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La incidencia estatal de este tipo de nacimientos presenta una variaci&oacute;n que va de 13 a 19.6 por ciento. Dos entidades, Guanajuato y el Distrito Federal, presentan porcentajes menores a 14 por ciento y en el otro extremo se encuentran Campeche, Nayarit y Tabasco con m&aacute;s de 19 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guanajuato es, por cierto, el estado con el menor porcentaje de nacimientos de madres adolescentes seg&uacute;n esta fuente de informaci&oacute;n (<a href="#c6">cuadro 6</a>).</font></p> 	    <p align="center"><a name="c6"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c6.jpg"></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las estad&iacute;sticas de nacimientos permiten calcular tasas espec&iacute;ficas de fecundidad seg&uacute;n edad de la madre y seg&uacute;n orden de nacimiento.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de los problemas asociados a la calidad de la informaci&oacute;n que, se reitera, se han convertido en un lugar com&uacute;n para justificar el hecho de no usar</font> <font face="verdana" size="2">la informaci&oacute;n del registro civil en el an&aacute;lisis demogr&aacute;fico, la estad&iacute;stica de nacimientos parece muy coherente cuando se le compara con las estimaciones de la fecundidad para el a&ntilde;o de 1995 derivadas de la informaci&oacute;n de la historia de embarazos de la Enadid&#45;97.<sup><a href="#notas"></a></sup><sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tasa de fecundidad de las mujeres de 15 a 19 a&ntilde;os calculada con los datos de la Enadid&#45;97 y de las estad&iacute;sticas de nacimientos tiene el mismo valor: 77 nacimientos por mil mujeres para 1995.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se mencion&oacute;, es posible calcular tasas de fecundidad por orden de nacimiento, de tal manera que para las mujeres menores de 20 a&ntilde;os, de acuerdo con la informaci&oacute;n del <a href="../img/revistas/pp/v6n26/a4c7.jpg" target="_blank">cuadro 7</a>, 75 por ciento de la fecundidad corresponde a nacimientos de primer orden; sin embargo, el hecho de que una cuarta parte de la fecundidad de estas mujeres corresponda a hijos de orden superior a uno, muestra que tener un hijo en la adolescencia es una experiencia que se repite para una proporci&oacute;n significativa de las j&oacute;venes.</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="verdana">Las estad&iacute;sticas de nacimientos permiten observar la fecundidad seg&uacute;n el tama&ntilde;o de la localidad de la residencia de la madre, los datos de las estad&iacute;sticas vitales muestran que la fecundidad adolescente desciende sistem&aacute;ticamente conforme el tama&ntilde;o de la localidad aumenta (<a href="#c8">cuadro 8</a>).</font></p> 	    <p align="center"><a name="c8"></a><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c8.jpg"></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Las caracter&iacute;sticas de las madres adolescentes en los registros de nacimientos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con los datos contenidos en los registros de nacimientos se observa que las madres adolescentes tienen un nivel de escolaridad considerablemente m&aacute;s bajo que el total de la poblaci&oacute;n de 15 a 19 a&ntilde;os (<a href="#c9">cuadro 9</a>). Casi 25 por ciento o no fue a la escuela o no complet&oacute; la educaci&oacute;n primaria, contra s&oacute;lo 15 por ciento del total de mujeres en este grupo de edad. No obstante, 40 por ciento tiene una escolaridad al menos de secundaria, es decir, como resulta obvio, tener un hijo en la adolescencia no es un hecho restringido a las mujeres con los menores niveles de escolaridad.</font></p> 	    <p align="center"><a name="c9"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c9.jpg"></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso del estado conyugal, 12.1 por ciento de las madres adolescentes se declar&oacute; soltera y aunque este porcentaje duplica al de mujeres que fueron madres de 20 a&ntilde;os de edad o m&aacute;s, esta cifra de ninguna manera permite afirmar que los hijos de madres adolescentes son hijos mayoritariamente fuera del matrimonio, como en ocasiones algunos argumentos moralistas sostienen. Pr&aacute;cticamente 85 por ciento de las adolescentes que tuvieron un hijo estaban casadas o viv&iacute;an en uni&oacute;n consensual, porcentaje similar al de madres no adolescentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4 de cada 10 adolescentes que tuvieron un hijo se declararon en uni&oacute;n libre; sin embargo, puede suponerse que algunas mujeres que se declararon en uni&oacute;n libre en realidad no tienen pareja conyugal; esto, porque algunas mujeres en esta categor&iacute;a no aportaron ninguna informaci&oacute;n sobre el padre. No obstante, la falta de informaci&oacute;n sobre el padre es apenas de poco m&aacute;s de 10 por ciento en el caso de su edad, su nivel de escolaridad o su ocupaci&oacute;n (<a href="#c10">cuadro 10</a>).</font></p> 	    <p align="center"><a name="c10"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c10.jpg"></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una caracter&iacute;stica sobresaliente del comportamiento reproductivo de las mujeres que son madres en la adolescencia, que puede ser analizada con los registros de nacimientos, es el n&uacute;mero de partos previos a los ocurridos en 1995. </font><font face="verdana" size="2">24 por ciento de nacimientos de madres adolescentes son nacimientos de orden g&eacute;nesico dos o mayores.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es posible suponer que el hecho de que la mujer haya tenido previamente uno o m&aacute;s eventos gen&eacute;sicos hace evidente que la fecundidad adolescente no se origina en "un accidente" producto de tener relaciones sexuales sin la protecci&oacute;n anticonceptiva que impida un embarazo no deseado, este hecho muestra el inicio temprano de una historia reproductiva que tiene que ser explicada con otros elementos probablemente relacionados con las condiciones sociales de las mujeres. Los <a href="#c11">cuadros 11</a>, <a href="#c12">12</a>, <a href="#c13">13</a> y <a href="#c14">14</a> hacen evidente la situaci&oacute;n mencionada.</font></p> 	    <p align="center"><a name="c11"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c11.jpg"></p> 	    <p align="center"><a name="c12"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c12.jpg"></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="c13"></a></p>         <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c13.jpg" alt=""></p>     <p align="center"><a name="c14"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c14.jpg"></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n el tama&ntilde;o de la localidad de residencia, en las localidades menores, las madres adolescentes tuvieron, en mayor proporci&oacute;n que en las &aacute;reas urbanas, un hijo producto de un segundo o tercer embarazo, lo que permite hablar de un efecto del grado de urbanizaci&oacute;n o ruralidad sobre el hecho analizado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n el nivel de escolaridad, es muy clara la relaci&oacute;n entre este nivel y el n&uacute;mero de embarazos en la adolescencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso de las mujeres que no asistieron a la escuela, 4 de cada 10 hab&iacute;an tenido m&aacute;s de un evento gen&eacute;sico durante la adolescencia. Mientras que en el caso de las mujeres con preparatoria o m&aacute;s este porcentaje se reduce a casi 10 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, las adolescentes de las comunidades rurales con los menores niveles de escolaridad muestran una mayor incidencia de embarazos de segundo o tercer orden que las adolescentes que residen en las localidades urbanas y con mayores niveles de escolaridad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para continuar caracterizando los nacimientos en las estad&iacute;sticas vitales (<a href="#c13">cuadro 13</a>), se hace referencia a la atenci&oacute;n recibida en el momento del parto, seg&uacute;n la edad de la madre al nacimiento del hijo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta informaci&oacute;n resulta relevante en la medida en que las diferencias observables en la mortalidad infantil entre hijos de madres adolescentes y madres adultas podr&iacute;an ser explicadas, entre otros factores, por el tipo de atenci&oacute;n recibida durante el parto.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n los datos analizados, no puede decirse que haya diferencias importantes en el acceso a la atenci&oacute;n m&eacute;dica entre los dos grupos de mujeres: m&aacute;s de 75 por ciento de quienes fueron madres en 1995, tanto adolescentes como adultas, recibieron atenci&oacute;n m&eacute;dica durante el parto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s importante que las diferencias seg&uacute;n edad de la madre son las que se observan seg&uacute;n el tama&ntilde;o de la localidad de residencia, de tal manera que hay necesidad de prestar especial atenci&oacute;n a las mujeres en localidades rurales a trav&eacute;s de la ampliaci&oacute;n de los servicios de salud.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La incidencia de los embarazos entre las adolescentes</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las estad&iacute;sticas de nacimientos registran hechos demogr&aacute;ficos derivados de un embarazo cuando este concluye, precisamente, con un nacido vivo. A trav&eacute;s de esta informaci&oacute;n pueden derivarse los indicadores tradicionales de la fecundidad, ya sean tasas espec&iacute;ficas por edad o generales, o medidas resumen como la tasa global o la tasa de reproducci&oacute;n; sin embargo, la incidencia de los embarazos s&oacute;lo puede estimarse con encuestas especializadas y la informaci&oacute;n que se obtiene constituye una aproximaci&oacute;n a la incidencia real de los embarazos derivada de la subestimaci&oacute;n que se origina en la dificultad que representa para una mujer establecer que est&aacute; embarazada en los primeros meses de la gestaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tanto, a partir de este apartado el an&aacute;lisis de la fecundidad adolescente est&aacute; basado en la informaci&oacute;n de la Enadid&#45;97.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n esta encuesta, poco menos de 4 por ciento de las mujeres de 15 a 19 a&ntilde;os residentes en el pa&iacute;s, se declararon embarazadas (<a href="#c14">cuadro 14</a>), porcentaje que podr&iacute;a considerarse indicador de una baja incidencia del embarazo entre las mujeres j&oacute;venes; sin embargo, entre las adolescentes unidas una de cada cinco est&aacute; embarazada, lo que muestra que las adolescentes que se unen conyugalmente inician sin demora su historia reproductiva, o algunas de ellas estaban ya embarazadas antes de unirse y este hecho precipit&oacute; la uni&oacute;n. Esta situaci&oacute;n podr&aacute; analizarse m&aacute;s adelante en relaci&oacute;n con la amplitud del intervalo protogen&eacute;sico. Simplemente se deja anotado, porque llama la atenci&oacute;n que incluso el embarazo entre las adolescentes es superior al del grupo de mujeres unidas entre 20 y 24 a&ntilde;os de edad. Entre las mujeres solteras el embarazo es un fen&oacute;meno raro y no supera en ning&uacute;n grupo etareo 1 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, es posible estimar que la dr&aacute;stica disminuci&oacute;n en los porcentajes de embarazadas a partir de los 30 a&ntilde;os muestra el efecto de la anticoncepci&oacute;n y en especial de la limitaci&oacute;n definitiva de la fecundidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El nivel de escolaridad se encuentra relacionado con la incidencia de embarazos adolescentes y &eacute;sta disminuye conforme la escolaridad aumenta, aunque puede verse que entre las mujeres unidas, independientemente de su escolaridad, los porcentajes de embarazo son muy elevados y en el grupo con mayor escolaridad casi 3 de cada 10 mujeres en uni&oacute;n conyugal se encontraban embarazadas. Es posible insistir que los datos sugieren que el embarazo precipita el inicio de una uni&oacute;n y esto es m&aacute;s evidente entre las mujeres pertenecientes a grupos socioecon&oacute;micos en los cuales el embarazo de una mujer soltera no es aceptado socialmente y, por tanto, si el embarazo no puede ser interrumpido, la adolescente embarazada debe casarse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra imagen interesante la ofrece la incidencia de los embarazos por entidad federativa, porque refleja la serie de factores que directa o indirectamente inciden sobre el comportamiento reproductivo de las adolescentes.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chiapas y Quintana Roo son los estados con los mayores porcentajes de mujeres de 15 a 19 a&ntilde;os embarazadas y en la segunda entidad se observa la mayor incidencia de adolescentes solteras y embarazadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, el caso de Baja California Sur es sobresaliente porque casi 4 de cada 10 mujeres unidas se encontraban embarazadas. Sinaloa y el Distrito Federal tienen los menores porcentajes de embarazadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al clasificar a la poblaci&oacute;n seg&uacute;n la condici&oacute;n de habla de una lengua ind&iacute;gena se observan sistem&aacute;ticamente en todas las edades mayores porcentajes de mujeres embarazadas entre el grupo de habla ind&iacute;gena; sin embargo, estas diferencias se originan en la composici&oacute;n seg&uacute;n estado conyugal, ya que la proporci&oacute;n de mujeres ind&iacute;genas unidas es mayor. Cuando se controla el estado conyugal estas diferencias disminuyen, como puede verse en el caso de las adolescentes, entre las cuales la incidencia de embarazos en las mujeres unidas es muy similar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La religi&oacute;n, como ha podido demostrarse reiteradamente en las investigaciones demogr&aacute;ficas, tiene relativamente poco impacto sobre el comportamiento reproductivo. A trav&eacute;s de la incidencia de los embarazos se observa que tanto las adolescentes cat&oacute;licas como aqu&eacute;llas que se declaran con otra religi&oacute;n se encuentran embarazadas en pr&aacute;cticamente igual porcentaje que las no cat&oacute;licas y las diferencias totales se explican cuando se controla el estado conyugal.</font></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c15.jpg"></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c16.jpg"></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c17.jpg"></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c18.jpg"></p>     <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c19.jpg"></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c20.jpg"></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El inicio de la historia gen&eacute;sica seg&uacute;n caracter&iacute;sticas socioecon&oacute;micas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los temas m&aacute;s relevantes en el an&aacute;lisis de la fecundidad adolescente lo constituye el inicio de la historia g&eacute;nesica. Como ya se mencion&oacute; en un apartado anterior, poco m&aacute;s de la tercera parte del total de mujeres mayores de 20 a&ntilde;os Habla ind&iacute;gena (y menores de 50) ha sido madre en la adolescencia; sin embargo, se observa entre las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes una tendencia a posponer la edad al primer hijo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es por tanto muy probable que estemos ante el inicio de un cambio en el comportamiento reproductivo de esta poblaci&oacute;n con profundas implicaciones sociales, especialmente en lo que se refiere a la situaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n femenina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La maternidad es una pr&aacute;ctica que involucra pr&aacute;cticamente a casi todas las mujeres mexicanas, al llegar al final de su vida reproductiva, casi 95 por ciento ha tenido al menos un hijo nacido vivo. Un incremento en la proporci&oacute;n de mujeres sin hijos es una situaci&oacute;n que no se percibe a&uacute;n, por lo que es posible suponer que el descenso sostenido en la fecundidad se producir&aacute; a trav&eacute;s del incremento en la edad al tener el primer hijo y en la disminuci&oacute;n del n&uacute;mero medio de hijos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El proceso descrito hace indispensable prestar especial atenci&oacute;n a la fecundidad adolescente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La edad al primer hijo se encuentra estrechamente relacionada con las condiciones sociales de la poblaci&oacute;n femenina, de tal manera que su nivel de escolaridad como indicador de estas condiciones confirma esta relaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para todas las generaciones representadas en los <a href="#c21">cuadros 21</a> y <a href="#c22">22</a>, las diferencias en las proporciones de mujeres que tuvieron a su primer hijo antes de los 20 a&ntilde;os de edad son muy evidentes, pero es especialmente significativo el hecho de que las diferencias se mantienen, e incluso se incrementan entre las mujeres m&aacute;s j&oacute;venes a pesar de que se supondr&iacute;a que en estas generaciones el conocimiento de los anticonceptivos evitar&iacute;a los embarazos en la adolescencia.</font></p> 	    <p align="center"><a name="c21"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c21.jpg"></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="c22"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c22.jpg"></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n el tama&ntilde;o de la localidad de residencia, es posible observar una proporci&oacute;n ligeramente superior de mujeres que iniciaron su historia reproductiva antes de los 20 a&ntilde;os en las localidades rurales, pero de ninguna manera estas diferencias tienen la magnitud de aqu&eacute;llas observadas en el caso del nivel de escolaridad. Lo que s&iacute; llama la atenci&oacute;n es que las diferencias disminuyen entre las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes, es decir, parece cada vez m&aacute;s importante el efecto del contexto social general sobre la edad al tener el primer hijo. En otras palabras, se hace indispensable prestar atenci&oacute;n a las caracter&iacute;sticas individuales de las mujeres en el dise&ntilde;o de programas dedicados a modificar la incidencia del embarazo adolescente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra caracter&iacute;stica individual que se asocia a la incidencia diferencial de la fecundidad adolescente es la condici&oacute;n de habla ind&iacute;gena. Los datos confirman una mayor proporci&oacute;n de mujeres ind&iacute;genas que tuvieron a su primer hijo antes de cumplir 20 a&ntilde;os de edad, pero adem&aacute;s, un an&aacute;lisis m&aacute;s elaborado mostr&oacute; que el n&uacute;mero medio de hijos tenidos durante la adolescencia en considerablemente mayor en el caso de estas mujeres en relaci&oacute;n con las que no hablan lengua ind&iacute;gena.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, es posible observar en qu&eacute; medida la adscripci&oacute;n religiosa puede estar relacionada con el comportamiento reproductivo de las mujeres durante su adolescencia; sin embargo, no debe perderse de vista que cualquiera de las religiones a las cuales las mujeres declaran pertenecer, no aceptan las relaciones sexuales fuera de la uni&oacute;n conyugal y se oponen a la interrupci&oacute;n del embarazo, por lo que no deber&iacute;a haber grandes diferencias en el inicio de la fecundidad seg&uacute;n la religi&oacute;n que practiquen. Por otra parte, como ya se mencion&oacute;, desde hace ya varias d&eacute;cadas la investigaci&oacute;n sociodemogr&aacute;fica ha mostrado que en el caso de este pa&iacute;s, las creencias y pr&aacute;cticas religiosas tienen entre la poblaci&oacute;n en general muy poca relaci&oacute;n con aspectos tales como la pr&aacute;ctica anticonceptiva o el inicio de las relaciones sexuales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las mujeres no cat&oacute;licas de la generaci&oacute;n m&aacute;s joven tuvieron en mayor proporci&oacute;n a su primer hijo en la adolescencia, en relaci&oacute;n con aqu&eacute;llas que se declararon cat&oacute;licas y esto se repite entre las otras generaciones, excepto en el caso de las mujeres de 40 a 44 a&ntilde;os, de tal manera que no es posible hablar de un efecto de la adscripci&oacute;n religiosa sobre la fecundidad adolescente, o cuando menos no es perceptible en forma significativa con la informaci&oacute;n que se dispone (<a href="#c23">cuadros 23</a> y <a href="#c24">24</a>).</font></p> 	    <p align="center"><a name="c23"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c23.jpg"></p> 	    <p align="center"><a name="c24"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c24.jpg"></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Uso de anticonceptivos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las variables intermedias o intervinientes que relacionan directamente a la estructura social y las caracter&iacute;sticas socioecon&oacute;micas de las mujeres con su fecundidad es el uso de anticonceptivos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el pa&iacute;s una de cada dos mujeres en edades reproductivas usan anticonceptivo (51 por ciento). En el caso de las mujeres en uni&oacute;n conyugal el porcentaje de usuarias llega a 76 por ciento y entre las adolescentes no unidas el uso de anticonceptivos es pr&aacute;cticamente insignificante, lo que contrasta con los porcentajes de usuarias que aparecen a partir de los 25 a&ntilde;os, diferencias que reflejan fundamentalmente que entre las mujeres m&aacute;s j&oacute;venes y solteras el no usar anticonceptivos est&aacute; relacionado con la pr&aacute;ctica de relaciones sexuales no frecuentes, seg&uacute;n ellas mismas lo declaran, ya que entre las razones que estas mujeres mencionan, para no usar anticonceptivos se encuentra que "no los necesitan porque no tienen relaciones sexuales".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El argumento para no usar anticonceptivos es, en pr&aacute;cticamente todos los casos, su condici&oacute;n de solteras, de tal manera que se asocia esta condici&oacute;n a la ausencia de relaciones sexuales y, por lo tanto, a no requerir anticonceptivos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre las adolescentes adem&aacute;s de que la prevalencia en el uso de anticonceptivos es ya de por s&iacute; baja, &eacute;sta incluye s&oacute;lo a poco menos de una de cada dos mujeres en uni&oacute;n conyugal y a un porcentaje poco significativo (2 por ciento) de las mujeres solteras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta baja prevalencia entre las mujeres solteras se mantiene hasta antes de los 25 a&ntilde;os de edad. A partir de esta edad se muestra un cambio en el comportamiento y los porcentajes de usuarias se incrementan sistem&aacute;ticamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vale la pena investigar con detalle los cambios que se producen en el comportamiento sexual y reproductivo de las mujeres a partir de los 25 o 30 a&ntilde;os, que llevan a que el uso de anticonceptivos se incremente considerablemente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es evidente que m&aacute;s importante que estas cifras totales, lo son las variaciones en la prevalencia en el uso entre los grupos de edad y espec&iacute;ficamente el tipo de m&eacute;todo que usan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre las pocas adolescentes solteras que usan anticonceptivos destaca el empleo de la p&iacute;ldora y quienes utilizan el dispositivo intrauterino (DIU) ya han tenido al menos un hijo. En otras palabras, el hecho de haber sido madres las llevo a usar anticonceptivos. En el caso de las adolescentes unidas, el mayor porcentaje de usuarias recurre al DIU.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las edades posteriores a la adolescencia aparece un porcentaje creciente de mujeres esterilizadas conforme la edad avanza. La excepci&oacute;n la constituye el grupo de 45 a 49 a&ntilde;os, el cual muestra, por cierto, una gran proporci&oacute;n de mujeres unidas que no son usuarias de anticonceptivos, quienes declaran no usarlos porque no los necesitan, ya que se consideran inf&eacute;rtiles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por cierto, de las mujeres unidas menores de 20 a&ntilde;os que no usan anticonceptivos poco menos de la mitad se encontraban embarazadas y 15 por ciento no usaba porque quer&iacute;a embarazarse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como podr&iacute;a esperarse, los argumentos para no usar anticonceptivos basados en razones religiosas no aparecen significativamente entre las mujeres mexicanas, pues menos de 1 por ciento declara que no usa anticonceptivos por estas razones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El temor a tener efectos colaterales o el haberlos sufrido no aparece como causa significativa para no usar anticonceptivos en ning&uacute;n grupo de edad (<a href="#c25">cuadro 25</a>).</font></p> 	    <p align="center"><a name="c25"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c25.jpg"></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Edad de inicio de la anticoncepci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cada una de las sucesivas generaciones de mujeres analizadas en esta investigaci&oacute;n muestra un inicio en la practica anticonceptiva a&nbsp;una&nbsp;edad sistem&aacute;ticamente cada vez m&aacute;s joven.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de los 20 a&ntilde;os, 235 de cada mil mujeres de la generaci&oacute;n nacida entre 1972 y 1976 hab&iacute;a usado anticonceptivos, mientras que entre las mujeres que nacieron 20 a&ntilde;os antes, esta proporci&oacute;n es verdaderamente insignificante. El cambio radical aparece nuevamente a partir de la generaci&oacute;n que naci&oacute; en la segunda mitad de los a&ntilde;os sesenta.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si esta tendencia se mantiene podr&iacute;a estimarse que, en la actualidad, al menos 30 por ciento de las adolescentes se han iniciado en la anticoncepci&oacute;n en esta etapa de su vida. Un elemento adicional en el an&aacute;lisis de la pr&aacute;ctica anticonceptiva lo constituye la observaci&oacute;n del patr&oacute;n de uso. Este patr&oacute;n de uso es claramente una funci&oacute;n de la edad y el n&uacute;mero de hijos. Si s&oacute;lo se incorpora la edad de las mujeres para observar este patr&oacute;n, aparece un porcentaje creciente de mujeres que usan anticonceptivos para limitar su n&uacute;mero de hijos. Antes de los 25 a&ntilde;os las mujeres desean ampliar los intervalos proto e intergen&eacute;sicos, pero a partir de esta edad se hace evidente la intenci&oacute;n de limitar definitivamente la fecundidad, de tal manera que es creciente el porcentaje de mujeres que desean limitar su n&uacute;mero de embarazos a trav&eacute;s de la anticoncepci&oacute;n y supera el porcentaje de aquellas que desean espaciarlos (<a href="#c26">cuadros 26</a> y <a href="#c27">27</a>).</font></p> 	    <p align="center"><a name="c26"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c26.jpg"></p> 	    <p align="center"><a name="c27"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c27.jpg"></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Fecundidad adolescente y uso de anticonceptivos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El efecto que ha tenido la anticoncepci&oacute;n sobre la fecundidad es muy claro en todas las generaciones que han tenido un evento gen&eacute;sico, seg&uacute;n se observa en el <a href="#c28">cuadro 28</a>.</font></p> 	    <p align="center"><a name="c28"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c28.jpg"></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El uso de anticonceptivos ha retrasado el inicio de la historia de embarazos, de tal manera que entre las mujeres que han tenido hijos, los porcentajes de madres adolescentes se ven reducidos considerablemente si la mujer us&oacute; anticonceptivos antes de tener su primer hijo. Entre las mujeres m&aacute;s j&oacute;venes representadas en el <a href="#c28">cuadro 28</a>, una de cada dos que fue madre en la adolescencia si los us&oacute; despu&eacute;s de tener a su primer hijo o nunca lo ha hecho, sin embargo, si las mujeres los usaron antes de este evento, el porcentaje de madres adolescentes se reduce a 9 por ciento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las diferencias se hacen mayores en los sucesivos grupos de edad, y quiz&aacute; lo m&aacute;s relevante sea el hecho de que entre las mujeres de mayor edad, y m&aacute;s espec&iacute;ficamente despu&eacute;s de los 40 a&ntilde;os, haber usado anticonceptivos antes del primer evento ha hecho que el porcentaje de mujeres embarazadas en la adolescencia alcance niveles m&iacute;nimos. La explicaci&oacute;n a este hecho muy probablemente est&eacute; relacionada con las caracter&iacute;sticas individuales de este grupo de mujeres, quienes comenzaron la pr&aacute;ctica anticonceptiva antes de iniciar su historia gen&eacute;sica con una visi&oacute;n de planificar su fecundidad, lo que no era un comportamiento generalizado cuando se encontraban en los primeros a&ntilde;os de su periodo reproductivo y precisamente pod&iacute;an hacerlo porque ten&iacute;an mayor informaci&oacute;n y proyectos de vida que justificaban la posposici&oacute;n de la maternidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, es claro que usar anticonceptivos antes de un primer evento gen&eacute;sico tiene un impacto significativo sobre la fecundidad adolescente, que, incluso, puede ser mayor al observado con la informaci&oacute;n que en este apartado se analiza, porque debe tenerse en cuenta que la poblaci&oacute;n representada en el cuadro respectivo es el conjunto de mujeres que han tenido hijos y, por tanto, han quedado fuera mujeres que adem&aacute;s de no tener un embarazo en la adolescencia, no se han embarazado a lo largo de su periodo reproductivo debido al uso de anticonceptivos eficientes.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Embarazo adolescente y estado conyugal</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La informaci&oacute;n generada por las encuestas de fecundidad que desde los a&ntilde;os sesenta se han realizado en este pa&iacute;s en las &aacute;reas metropolitanas (PECFAL&#45;Urbano, como parte del Programa de Encuestas Comparativas de Fecundidad en Am&eacute;rica Latina), en las &aacute;reas rurales (PECFAL&#45;Rural) o en todo el pa&iacute;s (la primera encuesta nacional fue la Encuesta Mexicana de Fecundidad realizada en 1976; despu&eacute;s de &eacute;sta se han realizado cinco encuestas) ha mostrado de qu&eacute; manera la fecundidad y el inicio de la uni&oacute;n conyugal est&aacute;n relacionados; asimismo, han documentado la manera en que el embarazo y el nacimiento de un hijo lleva a formalizar una uni&oacute;n. As&iacute;, esta informaci&oacute;n muestra que la idea generalizada de que entre las mujeres j&oacute;venes es mayor la incidencia de los embarazos y nacimientos prenupciales, y que estos eventos hacen que dichas mujeres se unan no es exacta, pues no s&oacute;lo entre estas mujeres se produce una proporci&oacute;n significativa de embarazos prenupciales, tambi&eacute;n entre las de mayor edad observamos este fen&oacute;meno, de tal forma que, incluso, puede hablarse de que el embarazo podr&iacute;a formar parte de una estrategia para precipitar el inicio de un matrimonio entre las mujeres mayores de 30 a&ntilde;os de edad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta por tanto relevante un an&aacute;lisis de la secuencia en que se produce el nacimiento del primer hijo y el inicio de la uni&oacute;n conyugal, y del efecto que el embarazo en la adolescencia puede tener sobre la estabilidad de la primera uni&oacute;n.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Fecundidad y estado conyugal</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como es posible suponer, la mayor parte de las mujeres que ha tenido hijos han establecido tambi&eacute;n a lo largo de su vida una relaci&oacute;n conyugal, incluso la mayor parte de los nacimientos en este pa&iacute;s, como ya se mencion&oacute;, son producto de embarazos de mujeres en uni&oacute;n conyugal; sin embargo, resulta interesante identificar la relaci&oacute;n entre el embarazo adolescente y el estado conyugal de una mujer.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso de las adolescentes, que han sido madres antes de los 20 a&ntilde;os de edad se declararon unidas en matrimonio o en uni&oacute;n consensual 81 por ciento y s&oacute;lo 13 por ciento se declar&oacute; soltera; pero es posible que muchas de estas j&oacute;venes declararan haber tenido una uni&oacute;n conyugal para no ser consideradas madres solteras por la sanci&oacute;n social que todav&iacute;a esto representa. En este grupo de edad es dif&iacute;cil percibir si el embarazo est&aacute; relacionado con la inestabilidad conyugal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En todos los grupos de edad sin excepci&oacute;n, aquellas mujeres que tuvieron un hijo en la adolescencia muestran un mayor porcentaje de divorcios, por lo que podr&iacute;a suponerse que el embarazo adolescente es un factor de inestabilidad conyugal. No obstante, puede argumentarse que las diferencias no son especialmente significativas. Es dif&iacute;cil establecer una posible relaci&oacute;n entre el embarazo adolescente y la incidencia de los divorcios por la sencilla raz&oacute;n de que aqu&eacute;l tiene muy poca incidencia entre la poblaci&oacute;n. Pero cuando se presta especial atenci&oacute;n a las uniones que terminaron en una separaci&oacute;n, el porcentaje de mujeres separadas y que fueron madres en la adolescencia casi duplica al que se observa entre las mujeres que tuvieron su primer hijo despu&eacute;s de los 19 a&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puede decirse que para las mujeres que han tenido hijos, los datos sugieren que ser madre en la adolescencia constituye un factor de riesgo para terminar una relaci&oacute;n conyugal por separaci&oacute;n, y esto no s&oacute;lo tiene que ver con el hecho de que en cada grupo de edad las madres adolescentes pueden tener m&aacute;s amplias duraciones matrimoniales que las mujeres que fueron madres y se unieron a una edad mayor y, por tanto, estar&iacute;an m&aacute;s expuestas al riesgo de una separaci&oacute;n, aunque esto pudiera tener alg&uacute;n efecto en todos los grupos de edad las mujeres separadas entre las madres adolescentes son muy superiores a quienes tuvieron su primer hijo despu&eacute;s de los 20 a&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, en todos los grupos de edad las mujeres que han sido madres por primera vez despu&eacute;s de la adolescencia en mayor porcentaje son madres solteras (<a href="#c29">cuadro 29</a>).</font></p> 	    <p align="center"><a name="c29"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c29.jpg"></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Fecundidad adolescente e intervalo protogen&eacute;sico</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra manera de mirar la relaci&oacute;n entre fecundidad adolescente y estado conyugal es a trav&eacute;s de la estimaci&oacute;n del intervalo protogen&eacute;sico, es decir, el lapso que transcurre entre el inicio de la uni&oacute;n y el nacimiento del primer hijo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El punto de inicio de este intervalo es la fecha de la uni&oacute;n conyugal, porque la mayor parte de los nacimiento ocurren despu&eacute;s de que la mujer se une; sin embargo, en algunos casos el nacimiento del primer hijo ocurre antes de la uni&oacute;n y en esta situaci&oacute;n se genera un intervalo protogen&eacute;sico negativo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el caso del total de mujeres que ha tenido al menos un hijo, las que fueron madres en la adolescencia tienen un intervalo negativo ligeramente superior al de aqu&eacute;llas que tuvieron su primer hijo despu&eacute;s de los 20 a&ntilde;os y una distribuci&oacute;n de acuerdo con la duraci&oacute;n de este primer intervalo que muestra que el mayor porcentaje de mujeres ha tenido ya un hijo en el primer a&ntilde;o de uni&oacute;n conyugal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puede suponerse que aquellas mujeres que tuvieron a su primer hijo en los siete primeros meses despu&eacute;s de su uni&oacute;n estaban embarazadas en el momento de unirse, de tal manera que, en conjunto, una de cada cinco adolescentes que se unen hab&iacute;an sido madres o estaban embarazadas al unirse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se ve, esta situaci&oacute;n se presenta incluso entre las mujeres que tuvieron a sus hijos despu&eacute;s de los 30 a&ntilde;os, aunque los porcentajes son menores al observado entre las madres adolescentes (<a href="#c30">cuadros 30</a> y <a href="#c31">31</a>).</font></p> 	    <p align="center"><a name="c30"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c30.jpg"></p> 	    <p align="center"><a name="c31"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c31.jpg"></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si la atenci&oacute;n se dirige a las mujeres alguna vez unidas, el porcentaje con intervalo protogen&eacute;sico negativo entre las madres adolescentes es a&uacute;n mayor que el observado para el total de mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s all&aacute; de un efecto de la maternidad adolescente sobre el intervalo protogen&eacute;sico, los datos analizados permiten estimar que poco m&aacute;s del 20 por ciento de las mujeres en uni&oacute;n conyugal que han tenido al menos un hijo, o bien hab&iacute;an sido madres antes de unirse o estaba embarazadas cuando se unieron y habr&aacute; que estimar en qu&eacute; medida el embarazo hizo que estas mujeres se unieran.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es por cierto &eacute;sta situaci&oacute;n limitada a la mujeres adolescentes, los datos nacionales permiten observar que los intervalos negativos y especialmente los nacimientos en los primeros ocho meses de uni&oacute;n, se presentan en alrededor de una de cada siete mujeres que tienen su primer hijo entre los 25 y los 34 a&ntilde;os de edad. &iquest;Puede considerarse el embarazo una estrategia para iniciar una uni&oacute;n? La informaci&oacute;n disponible no permite responder a esta pregunta, pero queda planteada para futuras investigaciones.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un aspecto sumamente interesante de esta relaci&oacute;n entre el nacimiento del primer hijo y el inicio de la uni&oacute;n conyugal se observa al clasificar a las mujeres seg&uacute;n su nivel de escolaridad: las madres adolescentes que no fueron a la escuela tienen el mayor porcentaje de nacimientos previos a la uni&oacute;n, que puede ser igualado por las mujeres en los otros grupos de mayor escolaridad, ya que &eacute;stas tienen porcentajes superiores de mujeres no unidas y, por lo tanto, los hijos fuera del matrimonio no son s&oacute;lo aquellos que aparecen en el intervalo negativo. Los nacimientos en los primeros siete meses de uni&oacute;n crecen considerablemente con el nivel de escolaridad, de tal manera que puede decirse que una de cada tres mujeres que fueron madres en la adolescencia y que ten&iacute;an cuando menos un nivel de escolaridad de preparatoria hab&iacute;an tenido a su primer hijo antes de unirse o estaban embarazadas cuando se unieron (<a href="#c32">cuadro 32</a>).</font></p> 	    <p align="center"><a name="c32"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c32.jpg"></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Embarazo en la adolescencia y resultado del embarazo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las situaciones que en mayor medida hacen que se califique al embarazo adolescente como un problema, es su relaci&oacute;n con la salud de la madre y el hijo, y m&aacute;s espec&iacute;ficamente con el mayor riesgo de muerte que enfrentan durante el primer a&ntilde;o de vida los hijos de madres j&oacute;venes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los or&iacute;genes de esta mayor mortalidad infantil no han sido establecidos con claridad, lo que ha permitido que se ponga en duda la existencia de una relaci&oacute;n causal entre la edad de la madre y una mayor mortalidad y se estime que su origen se ubique en las condiciones socioecon&oacute;micas de quienes son madres antes de los 20 a&ntilde;os y no en el hecho mismo de la maternidad temprana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La informaci&oacute;n analizada muestra una mayor proporci&oacute;n de muertes en el primer a&ntilde;o de vida en los hijos de madres menores de 20 a&ntilde;os en relaci&oacute;n con las mujeres que tienen a sus hijos despu&eacute;s de esta edad. Entre las madres adolescentes, de cada 100 de sus primeros nacimientos seis fallecen durante el primer a&ntilde;o de vida, comparado con 3.3 por ciento para las mujeres que son madres por primera vez a una edad mayor. Esta situaci&oacute;n ha sido observada con la informaci&oacute;n de la Encuesta Mundial de Fecundidad para los a&ntilde;os setenta y se confirma en M&eacute;xico con la informaci&oacute;n m&aacute;s reciente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se mencion&oacute;, se puede pensar que este mayor riesgo de mortalidad se origina en el hecho de que una gran proporci&oacute;n de las madres adolescentes proviene de grupos sociales que tienen un limitado acceso a los servicios de salud; sin embargo, si aceptamos que el nivel de escolaridad refleja la condici&oacute;n socioecon&oacute;mica de las mujeres, la informaci&oacute;n muestra que la mortalidad infantil es mayor entre los hijos de madres menores de 20 a&ntilde;os, cualquiera que sea su nivel de escolaridad, comparado con la mortalidad de los primog&eacute;nitos que se conciben a edades mayores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al clasificar el primer evento gen&eacute;sico, seg&uacute;n la edad de la mujer, se ven claras diferencias en el resultado del embarazo seg&uacute;n la edad de la madre.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta especialmente riesgoso para la sobrevivencia del hijo durante su primer a&ntilde;o de vida que la madre sea menor de 15 a&ntilde;os, no obstante, a&uacute;n a los 18 a&ntilde;os tener un hijo supone una mayor mortalidad que tenerlo a una edad mayor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso de los abortos no es posible establecer una relaci&oacute;n clara entre este evento y la edad de la madre y no se puede establecer el tipo de aborto, es decir, no se conoce la naturaleza de los abortos reportados y no se puede establecer c&oacute;mo se distribuye este evento entre abortos espont&aacute;neos y provocados, aunque puede suponerse que la incidencia de los abortos provocados se incrementa con la edad de la mujer.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin poder establecer con la informaci&oacute;n disponible el origen de esta relaci&oacute;n, es posible afirmar que una reducci&oacute;n en la fecundidad adolescente traer&iacute;a como consecuencia una disminuci&oacute;n en el nivel de mortalidad infantil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumen, si al analizar la fecundidad adolescente establecemos un corte que permita separar la edad al primer evento de la historia gen&eacute;sica a una edad m&aacute;s temprana que los 20 a&ntilde;os, en este caso separando a las mujeres que tuvieron este evento de menos de 18 a&ntilde;os de edad, se observa que estas mujeres presentan una proporci&oacute;n de hijos que murieron durante su primer a&ntilde;o de vida mayor a la de las mujeres con este primer evento a una edad mayor (<a href="#c33">cuadro 33</a>).</font></p> 	    <p align="center"><a name="c33"></a></p> 	    <p align="center"><img src="../img/revistas/pp/v6n26/a4c33.jpg"></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Conclusiones</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una primera conclusi&oacute;n de este art&iacute;culo tiene que ver con la informaci&oacute;n utilizada. En este sentido, se ha mostrado la potencialidad de los registros de nacimientos para analizar la fecundidad y espec&iacute;ficamente la fecundidad adolescente. Puede esperarse que en el corto plazo las estad&iacute;sticas vitales sean la base de las estimaciones directas de la fecundidad que se complementen con los datos de las encuestas especializadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto al inicio de la historia reproductiva en la adolescencia, se ha tratado de explicar el mantenimiento de los niveles de la fecundidad adolescente en los a&ntilde;os recientes como resultado de una actividad sexual cada vez m&aacute;s temprana sin la protecci&oacute;n para evitar un embarazo, aunque los datos sugieren que esto puede ser cierto en el caso de las adolescentes con mayor nivel educativo, entre las cuales un embarazo puede considerarse "un accidente", en el caso de las j&oacute;venes que se ubican en la parte baja de la estratificaci&oacute;n social,</font> <font face="verdana" size="2">el embarazo en la adolescencia es el inicio de una intensa historia gen&eacute;sica que se manifiesta en un promedio significativo de hijos antes de los 20 a&ntilde;os. As&iacute;, las mujeres que no asistieron a la escuela y tuvieron a su primer hijo durante la adolescencia, tienen ya en promedio dos hijos a los 19 a&ntilde;os. En otras palabras, la informaci&oacute;n reciente pone en duda que la simple difusi&oacute;n de informaci&oacute;n sobre m&eacute;todos anticonceptivos que lleve a incrementar su uso sea suficiente para reducir significativamente entre estas mujeres el embarazo adolescente, ya que la maternidad es una meta a la que se tiene que acceder desde muy joven.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, al relacionar el nacimiento del primer hijo y el inicio de la uni&oacute;n conyugal, se observa que un porcentaje reducido de los nacimientos se producen fuera de la uni&oacute;n conyugal, ya sea que la mujer permanezca soltera o que se una despu&eacute;s de tener al hijo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso de las adolescentes en uni&oacute;n conyugal, en un periodo de hasta siete meses posteriores al inicio de la uni&oacute;n se produce 12 por ciento de los primeros nacimientos, en cuyo caso es posible suponer que se legitima el nacimiento del beb&eacute; a trav&eacute;s de la uni&oacute;n o que el embarazo precipita el inicio de la uni&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La legitimaci&oacute;n de los nacimientos por la v&iacute;a de la uni&oacute;n conyugal adquiere un perfil claramente diferencial seg&uacute;n nivel de escolaridad. Las adolescentes con menor nivel educativo son las que en mayor proporci&oacute;n se unen despu&eacute;s del nacimiento del primer hijo. Por otra parte, conforme se incrementa el nivel de escolaridad los porcentajes de nacimientos en los siete primeros meses de uni&oacute;n tambi&eacute;n lo hacen, lo que sugiere que entre determinados sectores de la poblaci&oacute;n, que no son precisamente los sectores marginales una vez que la joven se embaraza se busca hacer aparecer al nacimiento como producto de una concepci&oacute;n en el seno de una pareja conyugal, mientras que entre las mujeres que no asistieron a la escuela, esto parece tener menor importancia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los datos sugieren que el embarazo en la adolescencia esta de alguna manera relacionada con la inestabilidad conyugal, sin que sea posible establecer una relaci&oacute;n causal directa; vale la pena explorar con mayor detalle este hallazgo a trav&eacute;s de investigaciones longitudinales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se ha mostrado el mayor nivel de mortalidad infantil de los hijos de madres adolescentes, por lo que se puede suponer que incidir sobre el inicio temprano de la maternidad tendr&iacute;a consecuencias sobre la mortalidad de los ni&ntilde;os menores de un a&ntilde;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se confirma que la educaci&oacute;n de las mujeres j&oacute;venes parece ser el factor m&aacute;s fuertemente asociado a la fecundidad adolescente, por lo que puede suponerse que la promoci&oacute;n de una mayor educaci&oacute;n tendr&iacute;a un impacto sobre el retraso de edad al primer hijo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, debe subrayarse que la disminuci&oacute;n de la fecundidad adolescente tiene un efecto sustantivo sobre el promedio total de hijos que las mujeres tienen al final de su vida reproductiva y, por tanto, sobre la tasa de crecimiento natural de la poblaci&oacute;n, de tal manera que una pol&iacute;tica de poblaci&oacute;n que pretenda incidir sobre este crecimiento deber&aacute; prestar atenci&oacute;n a la fecundidad adolescente.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BURT, Martha R., 1996, <i>Why should we invest in adolescents? Paper prepared for the conference on comprehensive health of adolecents and youth in Latin America and the Caribbean</i>, PAHO, Washington, D.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655456&pid=S1405-7425200000040000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BUVINIC, Mayra et al., 1992, "The fortunes of adolescent mothers and their of poverty in Santiago", en <i>Population and Development Review</i>, vol. 18 (2), june, Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655458&pid=S1405-7425200000040000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">NATIONAL RESEARCH COUNCIL COMMITEE ON POPULATION, 1990, <i>Anticoncepci&oacute;n y reproducci&oacute;n. Consecuencias para la salud de mujeres y ni&ntilde;os en el mundo en desarrollo</i>, editorial M&eacute;dica Panamericana, Argentina.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655460&pid=S1405-7425200000040000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">COOKSEY, Elizabeth, 1990, <i>Factors in the resolution of adolescent premarital pregnancy. Demography</i>, vol. 27, n&uacute;m. 2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655462&pid=S1405-7425200000040000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DUNN, S. K., 1988, <i>A model of fertility decision&#45;making styles among young mothers. Human Organization</i>, vol. 47, n&uacute;m. 2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655464&pid=S1405-7425200000040000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HAYESH, C. D. (ed), 1987, <i>Risking the future: adolescent sexuality, pregnancy and childrearing</i>, Academic Press, Washington, D.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655466&pid=S1405-7425200000040000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KAHNK, Joan et al., 1990, "Adolescent contraceptive method choice", en <i>Demography</i>, vol 25, n&uacute;m. 5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655468&pid=S1405-7425200000040000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MORRIS, L., 1998, "Young adults in Latin America and the Caribbean: their sexual experience and contraceptive use", en <i>International family planning perspectives</i>, 14 (4) Dec.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655470&pid=S1405-7425200000040000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PAHO, 1988, "Fecundidad en la adolescencia: causas, riesgos y opciones", en P<i>anamerican Health Organization cuaderno t&eacute;cnico</i> n&uacute;m. 2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655472&pid=S1405-7425200000040000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PAHO, 2000, "A portrait of adolescent health in the Caribbean", en <i>Panamerican Health Organization. World Health Organization</i>, Washington, D.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655474&pid=S1405-7425200000040000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">POPULATION REFERENCE BUREAU, 1992, "La actividad sexual y la maternidad entre las adolescentes en Am&eacute;rica Latina y el Caribe: riesgos y consecuencias", en <i>Population Reference Bureau</i>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655476&pid=S1405-7425200000040000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SILBER T. J. et al., 1995, "El embarazo en la adolescencia", en <i>La salud del adolescente y el joven</i>, Organizaci&oacute;n Panamericana de la Salud, Washington, D.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655478&pid=S1405-7425200000040000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">TOLBERT, K., 1988, "La adolescente embarazada, caracter&iacute;sticas y riesgos psicosociales", en Atkin L. et al., <i>La psicolog&iacute;a en el &aacute;mbito perinatal</i>, Instituto Nacional de Perinatolog&iacute;a, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655480&pid=S1405-7425200000040000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">UNITED NATIONS, 1989, "Adolescent reproductive behavior: evidence from developing countries", en <i>Population Studies Series</i>, n&uacute;m. 109/Add.1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655482&pid=S1405-7425200000040000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WELTI, Carlos, 1995, "Fecundidad adolescente", en <i>Demos</i>, n&uacute;m. 8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655484&pid=S1405-7425200000040000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WELTI, Carlos, 1989, "La fecundidad de las adolescentes mexicanas", en <i>Demos</i>, n&uacute;m. 2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655486&pid=S1405-7425200000040000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WULF, D. y SINGH S., 1991, "Sexual activity, union and childbearing among adolescent women in the Americas", en <i>International Family Planning Perspectives</i>, march, vol. 17, (1).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5655488&pid=S1405-7425200000040000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Los datos para los a&ntilde;os 1976 y 1977 generados por la Encuesta Mexicana de Fecundidad (EMF)mostraron que una de cada cuatro mujeres de 15 a 24 a&ntilde;os de edad y alguna vez unidas se encontraba embarazada. Adem&aacute;s, menos de 25 por ciento de las mujeres en este grupo etario, unidas y no embarazadas, que se definieron como "expuestas al riesgo de concebir" se encontraban usando m&eacute;todos anticonceptivos modernos. La pr&aacute;ctica anticonceptiva en estos a&ntilde;os era a&uacute;n limitada y lo era m&aacute;s entre las mujeres j&oacute;venes.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por cierto, en esta encuesta (EMF) el n&uacute;mero total de hijos que las mujeres deseaban tener era, en promedio, 3.5 y s&oacute;lo 1 por ciento declar&oacute; que no deseaba tener hijos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Se incluy&oacute; hasta el a&ntilde;o 1999 ya que en el momento de redacci&oacute;n de este texto no se encontraba disponible la informaci&oacute;n del a&ntilde;o 2000.    <br> 	No se ignora que la magnitud del subregistro puede ser diferencial seg&uacute;n algunas caracter&iacute;sticas de la madre, pero los ajustes que puedan hacerse para disminuir esta situaci&oacute;n est&aacute;n fuera del alcance de este trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Las estimaciones por edad son muy similares e incluso puede aceptarse que las diferencias en la mayor&iacute;a de las tasas espec&iacute;ficas de fecundidad y en la tasa global de fecundidad entre una y otra fuente son producto, entre otras cosas, del error muestral inherente a toda estimaci&oacute;n basada en una muestra.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Carlos Welti Chanes. </b>Investigador Titular del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico y coordinador del &aacute;rea de Sociolog&iacute;a de la Poblaci&oacute;n de este Instituto. Es coordinador general del Programa Latinoamericano de Actividades en Poblaci&oacute;n del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Es licenciado en Econom&iacute;a, Maestro en Sociolog&iacute;a y Doctor en Demograf&iacute;a, egresado de la Universidad de Chicago. Ha sido secretario de Investigaci&oacute;n y Estudios de posgrado de la Universidad Aut&oacute;noma de Puebla, director de encuestas epidemiol&oacute;gicas de la Secretar&iacute;a de Salud y director para M&eacute;xico de la encuesta mundial de Fecundidad. Ha sido profesor de Posgrado de diversas instituciones como: El Colegio de M&eacute;xico, El Colegio de la Frontera Norte, las Universidades de Puebla, Veracruz, Guadalajara, etc&eacute;tera. Sus temas de investigaci&oacute;n hacen referencia a problemas sociodemogr&aacute;ficos y ha publicado libros y art&iacute;culos sobre estos temas, especialmente acerca de la fecundidad adolescente. Actualmente, analiza los efectos de las pol&iacute;ticas de ajuste estructural sobre la din&aacute;mica demogr&aacute;fica. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:welti@servidor.unam.mx">welti@servidor.unam.mx</a></font></p>      ]]></body><back>
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