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<journal-title><![CDATA[Papeles de población]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Universidad Autónoma del Estado de México, Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Revisión crítica a la teoría de la transición epidemiológica]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,El Colegio Mexiquense  ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In 1971 the epidemiological transition was proposed by Adbel Omran. Today, this approach in the population studies is very extend. The purpose of this article is to respond the following two questions: is the epidemiological transition useful instrument to predict the health conditions of the people?; and does the framework of epidemiological transition describe of real world?]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Revisi&oacute;n cr&iacute;tica a la teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Marta Vera Bola&ntilde;os</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El Colegio Mexiquense</i>.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para enfocar el cambio en los patrones de salud y enfermedad se formul&oacute; la teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica en un escrito publicado por Abdel Omran en 1971. Debido a lo extendido del enfoque de Omran en los estudios de poblaci&oacute;n, el objetivo de este art&iacute;culo es buscar respuesta a las preguntas: &iquest;la teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica es hoy en d&iacute;a un instrumento &uacute;til para la predicci&oacute;n? y &iquest;el cuadro de referencia permite al investigador que lo utilice describir la realidad concreta? Se considera que es s&oacute;lo mediante el an&aacute;lisis de tres elementos que est&aacute;n comprendidos dentro de esta teor&iacute;a (el cuadro de referencia, las proposiciones deductivas y las proposiciones emp&iacute;ricas) como es posible aplicarla.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">In 1971 the epidemiological transition was proposed by Adbel Omran. Today, this approach in the population studies is very extend. The purpose of this article is to respond the following two questions: is the epidemiological transition useful instrument to predict the health conditions of the people?; and does the framework of epidemiological transition describe of real world?</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El papel del descenso de las tasas de mortalidad ha sido enfatizado en el inicio del proceso mediante el cual las tasas de crecimiento de las poblaciones aumentaron al ser mayor el n&uacute;mero de hijos sobrevivientes por mujer o por pareja.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existen diversas opiniones relativas a las causas que dieron origen al descenso de la mortalidad. Los primeros estudios se realizaron para el continente europeo. Algunos autores argumentan que en ese continente el descenso inicial se debi&oacute; esencialmente al avance tecnol&oacute;gico en la agricultura el cual se reflej&oacute; en el mejoramiento en la nutrici&oacute;n y resistencia a enfermedades infecciosas, independientemente de la intervenci&oacute;n m&eacute;dica y a las mejoras en la higiene, entre otras. Este &uacute;ltimo aspecto merece especial atenci&oacute;n para quienes atribuyen la reducci&oacute;n en la mortalidad a las mejoras en la higiene por el incremento en el consumo del jab&oacute;n y de ropa lavable de algod&oacute;n (McKeown, Bower y Record, 1972; Razzell, 1974).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante el &uacute;ltimo tercio del siglo XIX la revoluci&oacute;n en la medicina, inducida por la formulaci&oacute;n de la teor&iacute;a infecciosa, de la enfermedad condujo a una reducci&oacute;n en la mortalidad en la ni&ntilde;ez y m&aacute;s tarde en la mortalidad infantil, particularmente en aquella debida a enfermedades infecciosas (Schofield, Reher, Bideau, 1991). Posteriormente hubo grandes cambios en medicina, salud, educaci&oacute;n y un gran n&uacute;mero de adelantos tecnol&oacute;gicos y cient&iacute;ficos que se observaron despu&eacute;s de las dos guerras mundiales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con Kirk (1996) durante los estadios tempranos, la elevaci&oacute;n del ingreso contribuy&oacute; presumiblemente a la reducci&oacute;n de la mortalidad; aunque el desarrollo del estado moderno fue una influencia decisiva debido a la evoluci&oacute;n de los servicios p&uacute;blicos tales como la provisi&oacute;n de agua potable, vacunaci&oacute;n, control de epidemias y hambres y medidas de salud p&uacute;blica. Aunado a esto, la expansi&oacute;n de los periodos y de las &aacute;reas de paz en el estado moderno redujo el n&uacute;mero de muertes provocadas por guerras y en general el establecimiento de un orden p&uacute;blico con el cual disminuy&oacute; directamente el n&uacute;mero de muertes ocasionadas por violencia. Probablemente de igual importancia fue el efecto indirecto del desarrollo de una infraestructura en transporte y comercio en el estado moderno que influy&oacute; en la reducci&oacute;n de las hambrunas y quiz&aacute; tambi&eacute;n de las epidemias (Kirk, 1996: 367&#45;369).</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Formulaci&oacute;n de la teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para enfocar el cambio en los patrones de salud y enfermedad se formul&oacute; inicialmente la teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica en un escrito publicado por Abdel Omran en 1971.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La premisa en esta teor&iacute;a es que la mortalidad es un factor fundamental en la din&aacute;mica de la poblaci&oacute;n. Para Omran, la indicaci&oacute;n m&aacute;s clara del papel dominante de la mortalidad en la din&aacute;mica de la poblaci&oacute;n est&aacute; impl&iacute;cita en la teor&iacute;a de ciclos de poblaci&oacute;n. Los ciclos de crecimiento y ca&iacute;da del tama&ntilde;o de la poblaci&oacute;n que han sido observados en poblaciones premodernas reflejan fases secuenciales de crecimiento y descenso de la poblaci&oacute;n; sin atender la posible influencia selectiva de la migraci&oacute;n, estos movimientos c&iacute;clicos finalmente deben ser considerados en t&eacute;rminos del rango de variaci&oacute;n en la fecundidad y la mortalidad (Omran, 1971: 511).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La teor&iacute;a postula la transici&oacute;n de un patr&oacute;n de causas de muerte dominado por enfermedades infecciosas, con muy alta mortalidad especialmente en las edades m&aacute;s j&oacute;venes a un patr&oacute;n dominado por enfermedades degenerativas y afecciones producidas por la acci&oacute;n del hombre, como las formas m&aacute;s importantes de morbilidad y causa de muerte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica el desarrollo hist&oacute;rico de la mortalidad est&aacute; caracterizado por tres fases, las cuales reciben el nombre de la causa de muerte dominante, las fases son: la edad de la peste y el hambre, la edad de las pandemias retra&iacute;das y la edad de enfermedades degenerativas y las causadas por el hombre (Omran, 1971: 516&#45;521).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la edad de la peste y el hambre la mortalidad es alta y fluctuante, lo que impide un crecimiento importante de la poblaci&oacute;n, en este estadio la esperanza de vida al nacimiento es baja y variable, oscilando entre 20 y 40 a&ntilde;os. En la edad de las pandemias retra&iacute;das las crisis de mortalidad se vuelven menos frecuentes y tienden a desaparecer, la esperanza de vida al nacimiento se incrementa de alrededor de 30 a casi 50 a&ntilde;os, el crecimiento de la poblaci&oacute;n es sostenido y comienza a describir una curva exponencial. Y, en la edad de las enfermedades degenerativas y las producidas por el hombre el descenso de la mortalidad contin&uacute;a y eventualmente se aproxima a la estabilidad, la esperanza de vida al nacimiento aumenta gradualmente hasta sobrepasar los 50 a&ntilde;os; en este estadio la fecundidad se convierte en un factor crucial en el crecimiento de la poblaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica los cambios m&aacute;s profundos en salud y en el patr&oacute;n de enfermedades tienen lugar entre ni&ntilde;os y mujeres j&oacute;venes. Las genuinas mejoras en sobrevivencia que ocurren con la recesi&oacute;n de las epidemias son particularmente beneficiosas para ni&ntilde;os de ambos sexos y mujeres en edad reproductiva, probablemente porque la susceptibilidad de estos grupos a las enfermedades infecciosas y "de carencias" es relativamente alta. El fen&oacute;meno de oportunidades de sobrevivencia superiores para mujeres, el cual est&aacute; notablemente descrito por los datos ingleses de 1960, es t&iacute;pico de los pa&iacute;ses occidentales, puede ser reproducido en otros pa&iacute;ses como lo fue el descenso de la fecundidad (Omran, 1971: 521&#45;526).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cambios en salud y en el patr&oacute;n de enfermedad que caracterizan la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica est&aacute;n estrechamente asociados con las transiciones demogr&aacute;fica y econ&oacute;mica que constituyen la compleja modernizaci&oacute;n (Omran, 1971: 527).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo a las variaciones en el tiempo y a las din&aacute;micas peculiares del cambio se identifican tres modelos b&aacute;sicos de transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El modelo cl&aacute;sico u oeste, est&aacute; representado por Inglaterra, Gales y Suecia. Describe el cambio de altas tasas anuales de muerte (30 por mil) y altas tasas anuales de natalidad (40 a 50 por mil) a bajas tasas de mortalidad (10 por mil) y fecundidad (menos de 20 por mil). En esas sociedades el descenso de la mortalidad fue gradual y ocurri&oacute; en respuesta a mejoras sociales, econ&oacute;micas y ambientales, que constituyeron un complejo proceso de modernizaci&oacute;n. En las etapas tempranas tales cambios poco deben a la medicina, en contraste con la gran influencia lograda sobre la mortalidad por el progreso m&eacute;dico del siglo XX. El descenso en la fecundidad fue tambi&eacute;n gradual, pero se precipit&oacute; debido a los cambios sociales ocurridos en sociedades donde la pr&aacute;ctica de m&eacute;todos de control natal era m&aacute;s o menos conocida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El modelo acelerado, est&aacute; representado por Jap&oacute;n, en este modelo la transici&oacute;n de la mortalidad inicialmente estuvo determinada socialmente, pero se vio beneficiada por la revoluci&oacute;n m&eacute;dica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El modelo acelerado o tard&iacute;o representado por Chile y Ceyl&aacute;n. A diferencia del modelo cl&aacute;sico la disminuci&oacute;n de la mortalidad ha sido sustancialmente influenciada por la moderna tecnolog&iacute;a m&eacute;dica, en gran parte importada. En este modelo el descenso en la fecundidad ha sido considerablemente tard&iacute;o, como consecuencia del impulso que se observ&oacute; en el control natal. Omran se refiere a este modelo como predominantemente m&eacute;dico, para distinguirlo del modelo cl&aacute;sico u oeste el cual fue socialmente determinado (Omran, 1971: 533536).</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Revisi&oacute;n a la teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un t&eacute;rmino m&aacute;s amplio que el de transici&oacute;n de la mortalidad, dice Caldwell (1990), ha sido el de transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica porque incluye cambios en los niveles de las enfermedades y de la mortalidad. Pero ninguno de ellos es suficiente porque ambos son puramente resultados de mediciones; necesitamos un t&eacute;rmino que incluya los cambios sociales y de comportamiento los cuales son paralelos a la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica. Empleamos el t&eacute;rmino transici&oacute;n en salud para incluir los cambios epidemiol&oacute;gicos y los cambios sociales los cuales est&aacute;n relacionados (Caldwell, 1990: XX).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con van de Walle (1990) en el t&eacute;rmino transici&oacute;n en salud est&aacute; impl&iacute;cito el cambio demogr&aacute;fico, este autor se&ntilde;ala que el t&eacute;rmino transici&oacute;n en salud claramente se deriva de la transici&oacute;n demogr&aacute;fica; por lo que hay que enfocar tambi&eacute;n los cambios ocurridos en la fecundidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el estudio de la transici&oacute;n en salud, este autor propone la selecci&oacute;n de un &iacute;ndice que forma parte importante del todo, &eacute;ste es la mortalidad infantil. La mortalidad no dice todo sobre salud y los ni&ntilde;os no son los &uacute;nicos beneficiados por las mejoras; sin embargo, los cambios en la mortalidad infantil proporcionan un indicador inequ&iacute;voco de las transformaciones que est&aacute;n teniendo lugar en el campo de la salud. Aunque tambi&eacute;n es posible que al seleccionar la mortalidad infantil, se incline la explicaci&oacute;n de los cambios en salud hacia el comportamiento de los padres y hacia factores sociales y econ&oacute;micos, pero dado que la mortalidad infantil representa una parte sustancial del total de muertes, una explicaci&oacute;n de su descenso no puede omitirse de cualquier explicaci&oacute;n general (van de Walle, 1990: XIV).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia de Caldwell, para Mackenbach (1994), no se ha establecido la diferencia entre esos tres conceptos. El concepto de transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica, algunas veces referido como transici&oacute;n de la mortalidad o transici&oacute;n en salud, no ha sido objeto del riguroso escrutinio que merece, est&aacute; mal definido y no puede, por lo tanto, ser puesto en operaci&oacute;n sin ambig&uuml;edad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los problemas se agudizan cuando se hace necesario localizar en el tiempo el comienzo y el fin de la transici&oacute;n; adem&aacute;s cuestiona si esa ubicaci&oacute;n deber&iacute;a estar basada en las tendencias de todas las causas de muerte. Para Mackenbach (1994: 329) la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica no fue claramente definida por Omran, cuando &eacute;ste establece que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">t&iacute;picamente, los patrones de mortalidad distinguen tres etapas sucesivas de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica, (1) la edad de la peste y el hambre cuando la mortalidad es alta y fluctuante; (2) la edad de las pandemias retra&iacute;das cuando la mortalidad descendi&oacute; progresivamente y los picos epid&eacute;micos se hacen menos frecuentes o desaparecen y (3) la edad de las enfermedades degenerativas y las producidas por el hombre, cuando la mortalidad continua en descenso y eventualmente se aproxima a la estabilidad, a un nivel relativamente bajo...</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si se toma literalmente, dice Mackenbach, el comienzo de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica se extiende hasta la prehistoria, porque la mortalidad siempre ha sido alta y fluctuante; adem&aacute;s no es claro que cambios se supone que han ocurrido durante el primer estadio, por lo que ser&iacute;a m&aacute;s apropiado ubicar el comienzo de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica entre el primero y segundo estadio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Continuando con la cita dada arriba, es evidente que Omran identific&oacute; el comienzo y fin de la transici&oacute;n sobre la base de las tendencias de la mortalidad general. Si se considera que el concepto de transici&oacute;n demogr&aacute;fica est&aacute; definido en t&eacute;rminos de tasas de natalidad y mortalidad, parecer&iacute;a un paso l&oacute;gico por parte de Omran. Sin embargo, debido a la disponibilidad de los datos, surge la duda acerca de lo apropiado de esa decisi&oacute;n, porque este hecho impone una tendencia al establecer el comienzo de la edad de las pandemias retra&iacute;das.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien todav&iacute;a no se conoce si el descenso en la mortalidad afect&oacute; a todos los pa&iacute;ses que experimentaron el modelo oeste, al cual se concreta Mackenbach, es claro que en algunos de ellos, sobre la base de las tendencias de la mortalidad general, el comienzo de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica, que corresponde al segundo estadio de Omran, deber&iacute;a ser localizado mucho antes del inicio del siglo XIX. Porque estudios hist&oacute;ricos y demogr&aacute;ficos realizados por Wrigley y Schofield (1981) Blayo (1975) y Flinn, (1981) (Mackenbach, 1994: 330) para pa&iacute;ses europeos, Francia y Escandinavia, respectivamente, han mostrado que las reducciones en la mortalidad posiblemente comenzaron en la &uacute;ltima parte del siglo XVII y definitivamente durante el siglo XVIII (Abel, 1986).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El fin de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica, aunque no est&aacute; claramente definido por Omran, podr&iacute;a ser ubicado en el tiempo en el momento en el que las tasas de mortalidad se estabilizaron despu&eacute;s del descenso espectacular. Sin embargo, es dif&iacute;cil determinar este momento sin ambig&uuml;edades. Al utilizar tasas brutas de mortalidad, Omran no est&aacute; introduciendo los cambios en la composici&oacute;n por edad de la poblaci&oacute;n y por sexo donde se presenta un patr&oacute;n diferente para hombres y mujeres en los pa&iacute;ses del modelo oeste. En las mujeres, aunque las tasas estandarizadas de mortalidad por edad no se estabilizaron del todo descendieron en forma m&aacute;s o menos ininterrumpida hasta el presente. Para los hombres hubo una interrupci&oacute;n temporal en el descenso de las tasas estandarizadas de mortalidad por edad en los primeros a&ntilde;os de la d&eacute;cada de los cincuenta, con un nuevo descenso alrededor de 1970.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ese descenso ha sido referido algunas veces como un cuarto estadio de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica, denominado en 1986 por Olshansky y Ault como la edad de las enfermedades degenerativas diferidas (Mackenbach, 1994: 330). Uno de los componentes principales de esto es el descenso de la mortalidad debido a la cardiopat&iacute;a isqu&eacute;mica, aunque el descenso en otras causas, entre ellas accidentes, tambi&eacute;n hicieron su contribuci&oacute;n (Mackenbach, 1994: 330).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Junto a las ca&iacute;das recientes en la mortalidad surge la pregunta relativa a si pueden ser cubiertas por el concepto original de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica o si &eacute;ste se est&aacute; extendiendo demasiado y quiz&aacute; deber&iacute;an considerarse distintas transiciones epidemiol&oacute;gicas, en el momento en que cambios en los patrones de fecundidad ha conducido recientemente a algunos dem&oacute;grafos a introducir el concepto de una segunda transici&oacute;n demogr&aacute;fica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Deber&iacute;a el comienzo y fin de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica estar basado en los patrones de causas de muerte? Quiz&aacute; esta pregunta podr&iacute;a ser contestada junto a una definici&oacute;n funcional de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica, en t&eacute;rminos de cambios en los patrones de causa de muerte. Desafortunadamente los t&iacute;tulos de los tres estadios de Omran no ofrecen mucha gu&iacute;a y son inexactos (Mackenbach, 1994: 330).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un problema para identificar el comienzo de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica sobre la base de los cambios en los patrones de causa de muerte, por ejemplo en t&eacute;rminos de un descenso en la proporci&oacute;n de muertes debidas a enfermedades infecciosas es la falta de datos adecuados, por lo que resulta dif&iacute;cil estudiar cambios en las causas de muerte desde el comienzo del descenso en la mortalidad por causas. Otra dificultad con los datos se relaciona con la clasificaci&oacute;n de las causas de muerte, especialmente antes de 1900; la primera edici&oacute;n de la Clasificaci&oacute;n Internacional de Enfermedades fue presentada en 1900, antes de ese a&ntilde;o cada pa&iacute;s ten&iacute;a su propio esquema de clasificaci&oacute;n el cual se bas&oacute; en un cuerpo de conocimientos con el cual ya no se est&aacute; familiarizado.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Adem&aacute;s de los problemas relacionados con la disponibilidad de datos para identificar el fin de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica est&aacute; la falta de una idea consensuada acerca de las causas de muerte que deben ser incluidas en el an&aacute;lisis. Han habido intentos para encontrar una designaci&oacute;n apropiada para el grupo de causas de muerte que creci&oacute; en importancia durante la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica. Las designaciones propuestas cayeron dentro de dos familias y son confusas (Mackenbach, 1994: 330).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera familia est&aacute; constituida por designaciones referidas a aspectos relativos al origen, evoluci&oacute;n y pron&oacute;stico de la enfermedad. El t&eacute;rmino "enfermedades degenerativas y causadas por el hombre" de Omran es un ejemplo, as&iacute; como los t&eacute;rminos "enfermedades no contagiosas y lesiones" y "enfermedades cr&oacute;nicas". Estos t&eacute;rminos no resultan apropiados para el prop&oacute;sito de designaci&oacute;n. En el primero se ubican dos problemas, uno relacionado con la ambig&uuml;edad (causadas por el hombre) y otro con la evoluci&oacute;n de la enfermedad pues en casos como la cardiopat&iacute;a isqu&eacute;mica y el c&aacute;ncer los especialistas no las ven como un proceso biol&oacute;gico degenerativo relacionado con la edad. Los &uacute;ltimos t&eacute;rminos tampoco resultan adecuados para el prop&oacute;sito de designaci&oacute;n ya que algunas enfermedades infecciosas pueden tener un prolongado curso, adem&aacute;s de que no est&aacute;n incluidos los accidentes que pueden dejar secuelas, debilitar al individuo, provocar disminuci&oacute;n en sus capacidades, disfunciones e incluso incapacitarlo para la realizaci&oacute;n de sus actividades normales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda familia est&aacute; constituida por designaciones que se refieren a supuestos m&aacute;s amplios sobre las causas del crecimiento de estas enfermedades, "enfermedades de la riqueza", "enfermedades de la civilizaci&oacute;n" y "enfermedades occidentales", cuyos supuestos requieren de mayor an&aacute;lisis. Por ejemplo, algunas "enfermedades de la riqueza" como se ha considerado la cardiopat&iacute;a isqu&eacute;mica se han desplomado en pa&iacute;ses cuyos est&aacute;ndares de vida son elevados; las "enfermedades de la civilizaci&oacute;n" est&aacute;n referidas a un punto de vista europeocentrista. El concepto "enfermedades occidentales", es el m&aacute;s seriamente investigado de estos tres pero b&aacute;sicamente est&aacute; referido a enfermedades cuya importancia aument&oacute; cuando poblaciones "no occidentales" adoptaron modos de vida "occidentales". Y aunque el proceso de incremento de esas enfermedades quiz&aacute; no sea ajeno a los cambios ocurridos en las poblaciones de los pa&iacute;ses industrializados hace cien o doscientos a&ntilde;os no tiene que ser necesariamente id&eacute;ntico (Mackenbach, 1994: 331).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estudio de Powles realizado en 1992 (Mackenbach, 1994: 331) se&ntilde;ala que en la discusi&oacute;n relativa a la selecci&oacute;n de causas de muerte las cuales incrementaron su importancia durante el descenso de las enfermedades infecciosas en Europa occidental y Norteam&eacute;rica se ha convenido en incluir la cardiopat&iacute;a isqu&eacute;mica, algunos c&aacute;nceres (pulm&oacute;n, mama, p&aacute;ncreas) y accidentes de tr&aacute;fico, encontr&aacute;ndose sujetas a discusi&oacute;n algunas causas como infarto, &uacute;lcera p&eacute;ptica, apendicitis, diabetes mellitus y suicidio. La selecci&oacute;n espec&iacute;fica de causas de muerte puede hacer la diferencia para determinar el fin de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque su an&aacute;lisis se centra en el modelo oeste, Mackenbach expresa que a pesar de sus limitaciones, la teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica provee un esquema &uacute;til para el estudio de la mortalidad, especialmente para el an&aacute;lisis de variaciones hist&oacute;ricas e internacionales. Aunque su principal prop&oacute;sito fue describir y explicar la espectacular ca&iacute;da en la mortalidad ocurrida en todos los pa&iacute;ses industrializados tambi&eacute;n puede ser usado para especular sobre las probables consecuencias de cambios futuros en la mortalidad en pa&iacute;ses que est&aacute;n rezagados con relaci&oacute;n a aquellos que ya han completado la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica (Mackenbach, 1994: 331).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a la experiencia de Am&eacute;rica Latina Palloni (1990) apunta la existencia de algunas propiedades del paso de altos a bajos niveles de mortalidad en pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo. Estas propiedades no las considera aplicables a aquellas sociedades que han "completado" su transici&oacute;n, si se pudiese prefigurar un estadio final, y tampoco a aquellos pa&iacute;ses que sufren ese cambio quiz&aacute; a trav&eacute;s de diferentes rutas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera de estas propiedades es la multiplicidad. No hay un &uacute;nico camino, sino muchos, hay multiplicidad de fases y multiplicidad de tr&aacute;nsitos. Ni una sociedad reproduce la experiencia de otra de manera id&eacute;ntica, incluso bajo el asalto de procesos de difusi&oacute;n que involucran tecnolog&iacute;a m&eacute;dica y conocimiento m&eacute;dico, estructuras ideol&oacute;gicas, normas de vivir y conducta individual (Palloni, 1990: XVI).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Descubrir las regularidades que est&aacute;n debajo de la aparente diversidad y la construcci&oacute;n de tipos de transiciones se convierte en una tarea esencial desde el punto de vista de la construcci&oacute;n de la teor&iacute;a. La tipolog&iacute;a resulta &uacute;til para identificar rasgos que pueden ser responsables para activar los cambios masivos para que ocurra una transici&oacute;n en salud (Palloni, 1990: XVI).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Palloni denomina a la segunda propiedad como la vulnerabilidad del curso de la transici&oacute;n, la cual se manifiesta en las diferencias que existen entre los pa&iacute;ses m&aacute;s avanzados y los pa&iacute;ses en desarrollo en el cambio de altos a bajos niveles de mortalidad. En los pa&iacute;ses en desarrollo este cambio es enga&ntilde;oso y est&aacute; cargado de obst&aacute;culos que no son reemplazados por la utilizaci&oacute;n de tecnolog&iacute;a m&eacute;dica de bajo costo o la intervenci&oacute;n parcial de estados centrales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo, las mejoras en los est&aacute;ndares de vida no han alcanzado a gran parte de la sociedad y la vulnerabilidad de los sectores pobres de la poblaci&oacute;n ha aumentado como consecuencia de programas econ&oacute;micos que no les han sido favorables. Las consecuencias negativas en la salud se manifiestan en mayor morbilidad (frecuencia de la enfermedad) y mortalidad entre esos grupos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera propiedad de la transici&oacute;n de salud en pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo es la vulnerabilidad incrementada &eacute;sta se refiere a los grandes diferenciales que se observan entre los sectores sociales de estos pa&iacute;ses. En los que, incluso en ausencia de mejoras en los est&aacute;ndares de vida, las intervenciones del Estado han sido el instrumento de la transici&oacute;n en salud.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y la cuarta propiedad de la transici&oacute;n de salud en pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo, propuesta por Palloni, es la asociaci&oacute;n &iacute;ntima con reg&iacute;menes reproductores. Aunque en estos pa&iacute;ses esta asociaci&oacute;n no ha sido suficientemente estudiada y la evidencia reunida relativa a las conexiones entre fen&oacute;menos demogr&aacute;fico es escasa, se identifican tres caracter&iacute;sticas que no deben escapar a nuestra atenci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera de ellas se refiere a la diferencia en los niveles de fecundidad observados en distintas sociedades por ejemplo, el nivel de la fecundidad en Am&eacute;rica Latina casi duplicaba al observado en Inglaterra y Gales en el momento en que los niveles de mortalidad infantil comenzaron su irreversible tendencia a la baja en estos dos pa&iacute;ses; la segunda se refiere a la naturaleza de la relaci&oacute;n entre la mortalidad y la fecundidad, surge la pregunta relativa a si acaso la fecundidad impone los l&iacute;mites a los posibles cambios en la mortalidad infantil bajo los niveles actuales de desarrollo y bajo la acci&oacute;n actual del conocimiento m&eacute;dico y, la tercera caracter&iacute;stica es la relativa al efecto que tiene la reducci&oacute;n de la fecundidad en la mortalidad infantil y de la infancia (Palloni, 1990: XVII).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Reflexiones en torno a la teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los conceptos transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica, transici&oacute;n de la mortalidad y transici&oacute;n en salud han sido puestos en operaci&oacute;n al igual que el de transici&oacute;n demogr&aacute;fica de una manera generalizada. No obstante a pesar de lo difundido de su uso son pocos los autores que se han ocupado de revisar estos conceptos y el resultado es que los hallazgos de investigaci&oacute;n se apoyan en diferentes aspectos de la misma base aceptada de antemano como verdadera. A este respecto Mackenbach (1994) expres&oacute; que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El concepto transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica (algunas veces referido como "transici&oacute;n de la mortalidad" o "transici&oacute;n en salud") se ha hecho popular entre dem&oacute;grafos y ge&oacute;grafos. Mientras que es bien conocido entre profesionales de la salud p&uacute;blica es sorprendentemente menos familiar para los epidemiologistas como se ve por su ausencia en la mayor parte de los textos de epidemiolog&iacute;a y el Diccionario de Epidemiolog&iacute;a de la Asociaci&oacute;n Internacional de Epidemiolog&iacute;a. Quiz&aacute; por esta raz&oacute;n nunca ha sido objeto del riguroso escrutinio que merece (Mackenbach, 1994: 329).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Efectivamente, la definici&oacute;n de "teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica" se introdujo en el mencionado diccionario hasta 1995 (Last, 1995: 55) a pesar de que su formulaci&oacute;n fue presentada desde 1971. Quiz&aacute; Mackenbach est&eacute; en lo cierto en su comentario al se&ntilde;alar que los dem&oacute;grafos la retomaron y pusieron en operaci&oacute;n sin detenerse a revisarla; los cuestionamientos a esta teor&iacute;a, por parte de estudiosos de la poblaci&oacute;n, comenzaron a conocerse casi dos d&eacute;cadas despu&eacute;s de haber sido formulada (Caldwell <i>et al.,</i> 1990, C&oacute;rdova <i>et al.,</i> 1991).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debido a lo extendido del enfoque de Omran en los estudios de poblaci&oacute;n, a continuaci&oacute;n se prestar&aacute; atenci&oacute;n a los siguientes tres elementos que est&aacute;n comprendidos dentro de una teor&iacute;a: un cuadro de referencia, una serie de proposiciones deductivas, que se refieren a las relaciones entre variables definidas en el cuadro de referencia, y una serie de proposiciones emp&iacute;ricas que contienen el concepto de valor medido (Bunge, 1994).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Inicialmente se discriminar&aacute;n los distintos elementos y las proposiciones hechas dentro del cuadro de referencia que puede ser identificado en el planteamiento de Omran, quien se&ntilde;ala que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los patrones de salud y enfermedad son componentes integrales del cambio poblacional, el conocimiento acumulado en epidemiolog&iacute;a acerca de estos patrones y sus determinantes en la poblaci&oacute;n sirve no s&oacute;lo como una base para la predicci&oacute;n del cambio de la poblaci&oacute;n sino tambi&eacute;n como una fuente de hip&oacute;tesis que pueden ser probadas para corregir, refinar y construir la teor&iacute;a de la poblaci&oacute;n.</font></p>  		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una teor&iacute;a de transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica sensible a las formulaciones de los te&oacute;ricos de la poblaci&oacute;n quienes han acentuado las ramificaciones demogr&aacute;ficas, biol&oacute;gicas, sociales, econ&oacute;micas y psicol&oacute;gicas de los procesos transicionales, fue concebida por este autor hace menos de cuatro a&ntilde;os &#91;escrito en 1971&#93;. El reconocimiento de las limitaciones de la teor&iacute;a de la transici&oacute;n demogr&aacute;fica y de la necesidad para una aproximaci&oacute;n comprensiva a la din&aacute;mica de la poblaci&oacute;n estimul&oacute; el desarrollo de esta teor&iacute;a (Omran, 1971: 509&#45;510).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De estas afirmaciones no se sigue el planteamiento de un armaz&oacute;n de categor&iacute;as diferente a los t&eacute;rminos de la teor&iacute;a de la transici&oacute;n demogr&aacute;fica, la cual ha identificado como limitada. De ah&iacute; que en la proposici&oacute;n inicial se establezca que: La teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica comienza con la premisa de que la mortalidad es un factor fundamental en la din&aacute;mica de la poblaci&oacute;n (Omran, 1971: 511).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mortalidad general es el punto de partida para Omran en la formulaci&oacute;n de esta teor&iacute;a, lo que constituye una contradicci&oacute;n porque para &eacute;l "... conceptualmente la teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica se enfoca sobre el cambio en los patrones de salud y enfermedad ..." (Omran, 1971: 510); sin embargo, el car&aacute;cter explicativo asignado a la mortalidad est&aacute; construido sobre la base de la mortalidad general, sin hacer alguna distinci&oacute;n de sexos, edades o causas de muerte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A esa proposici&oacute;n inicial siguen de manera inmediata las siguientes preposiciones emp&iacute;ricas:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin atender a la posible influencia de la migraci&oacute;n, los movimientos c&iacute;clicos de la poblaci&oacute;n finalmente deben ser considerados en t&eacute;rminos del rango de variaci&oacute;n en la fecundidad y la mortalidad. Aunque la ausencia de informaci&oacute;n continua en los niveles reales de fecundidad y mortalidad en sociedades premodernas hace imposible hacer declaraciones deterministas sobre su impacto demogr&aacute;fico relativo, una valoraci&oacute;n del posible rango de variaciones en la fecundidad y la mortalidad permite conclusiones probabil&iacute;sticas. La escasa evidencia disponible indica que las frecuentes y violentas fluctuaciones que caracterizaron los patrones de mortalidad de las sociedades premodernas y que el nivel de la mortalidad fue extremadamente alto a&uacute;n en los llamados buenos a&ntilde;os (Omran, 1971: 511&#45;512).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Claramente esta teor&iacute;a deriva de la teor&iacute;a de la transici&oacute;n demogr&aacute;fica, a esta &uacute;ltima pertenece una generalizaci&oacute;n que para autores como Coale dif&iacute;cilmente puede ser negada: "... En sociedades tradicionales, la fecundidad y la mortalidad son altas; en las sociedades modernas, la mortalidad y la fecundidad son bajas; en el medio, la transici&oacute;n demogr&aacute;fica" (Demeny, 1968, citado en Coale 1973).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta generalizaci&oacute;n evidentemente se apoya en el crecimiento natural, no obstante reconoce inmediatamente que la ausencia de informaci&oacute;n continua s&oacute;lo permite conclusiones probabil&iacute;sticas en cuanto al rango de variaci&oacute;n en la fecundidad y la mortalidad, al cual se puede identificar como un elemento del cuadro de referencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema no est&aacute; en que esa probabilidad constituya el criterio de reflexi&oacute;n del cual se parte, no solamente falta informaci&oacute;n continua que permita conocer las probables variaciones del crecimiento natural mundial, m&aacute;s bien no existe informaci&oacute;n ni continua ni discontinua que permita establecerlas antes del siglo XIX, ya que durante ese siglo comenzaron a elaborarse series nacionales continuas en Norteam&eacute;rica y en la mayor parte de los pa&iacute;ses de Europa occidental; en cuanto a los pa&iacute;ses latinoamericanos esas series comenzaron a ser elaboradas hasta el siglo XX.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema relativo a la disponibilidad de informaci&oacute;n aqu&iacute; es importante porque la evidencia que presenta es inconcluyente para la predicci&oacute;n. En la formulaci&oacute;n de la teor&iacute;a, Omran parte de la aseveraci&oacute;n de que la escasa evidencia disponible permite afirmar que el nivel de la mortalidad fue siempre extremadamente alto. Establece una razonable aproximaci&oacute;n de 30 muertes por mil habitantes para el nivel m&aacute;s bajo de mortalidad y el nivel m&aacute;s alto "pudo haber sido muchas veces mayor" en las sociedades premodernas en a&ntilde;os de epidemias y hambres (Omran, 1971: 512).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al preguntarse si el cuadro de referencia contiene definiciones claras, encontramos que Omran est&aacute; expuesto a la cr&iacute;tica, un t&eacute;rmino ambiguo es sociedad premoderna, para el cual no se presenta la expresi&oacute;n que lo defina. Lo introduce para referirse a las culturas griega, romana, medieval brit&aacute;nica e incluye a G&eacute;nova hasta el siglo XVIII y a pesar de que no hace alguna referencia a otras culturas no europeas o anteriores a &eacute;stas, se&ntilde;ala que la alta mortalidad ofrece la explicaci&oacute;n m&aacute;s cre&iacute;ble de la lenta tasa mundial de crecimiento hasta 1650 d.c. Aqu&iacute; se apuntan dos elementos, uno de car&aacute;cter explicativo el otro de car&aacute;cter generalizador que se justifican como una teor&iacute;a; sin embargo, a pesar de que no se observa alguna referencia a la evoluci&oacute;n de la mortalidad, &eacute;sta es el elemento que explica la lenta tasa de crecimiento en el mundo. Otro aspecto importante es que fija un momento, 1650, para identificar el fin del periodo premoderno y el inicio de un per&iacute;odo moderno en el que la curva del crecimiento de la poblaci&oacute;n mundial sale de los patrones c&iacute;clicos y asume una forma exponencial Omran, 1971: 513), aparentemente se supone que la poblaci&oacute;n mundial hubiese permanecido en un estado fijo a pesar de que el cambio demogr&aacute;fico responde a procesos cuyo principio y fin no es f&aacute;cil de identificar.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro elemento es el relativo a la evidencia emp&iacute;rica, la cual es relevante en la proposici&oacute;n planteada, porque es la que suministrar&iacute;a alguna confirmaci&oacute;n de &eacute;sta. Sin embargo, en lo que concierne a la variaci&oacute;n de los niveles de natalidad y mortalidad ocurridos entre la segunda mitad del siglo XVII y el siglo XVIII la descripci&oacute;n es extremadamente limitada y la generalizaci&oacute;n se realiza con base en investigaciones cuyos resultados fueron obtenidos de archivos parroquiales provenientes de dos parroquias suecas y dos parroquias inglesas, es decir, la generalizaci&oacute;n se formula con base en cuatro casos particulares y en tasas brutas de natalidad y de mortalidad, ambas son en demograf&iacute;a las medidas m&aacute;s simples, las m&aacute;s gruesas, que usualmente no se recomiendan en la comparaci&oacute;n de distintas poblaciones porque dependen de ciertas caracter&iacute;sticas de la poblaci&oacute;n, especialmente de la estructura por edades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute; el problema no es esa fuente de informaci&oacute;n (los archivos parroquiales), sino la elemental y escasa descripci&oacute;n que del crecimiento natural se presenta en la formulaci&oacute;n de la teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica con base en los registros levantados en las cuatro parroquias mencionadas (Omran, 1971: 513).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este punto conviene mencionar que como fuente de informaci&oacute;n los archivos parroquiales son muy valiosos para el conocimiento del cambio demogr&aacute;fico. Por ejemplo, en Latinoam&eacute;rica los m&aacute;s antiguos provienen del siglo XVI, en ellos los eventos vitales eran registrados en distintos libros seg&uacute;n correspondiese: Bautismos, Matrimonios y Entierros; adem&aacute;s de los denominados de Informaci&oacute;n Matrimonial en los que se anotaba importante informaci&oacute;n de quienes pretend&iacute;an contraer matrimonio (Vera, 1993).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de que "... la teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica pretende enfocarse sobre el cambio en los patrones de salud y enfermedad ... " (Omran, 1971: 510), no se presenta alguna referencia a una variable fundamental para ese fin que podr&iacute;a ser la mortalidad diferencial, la cual podr&iacute;a ser abordada a trav&eacute;s del uso de la informaci&oacute;n contenida en los libros de entierros mediante la que es factible identificar variables como sexo, edad y motivo de la muerte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien el motivo de la muerte consignado en los registros parroquiales responde al cuerpo de conocimientos propio de la &eacute;poca es posible encontrar y reconocer causas espec&iacute;ficas de muerte tales como viruela, escarlatina, c&oacute;lera, sarampi&oacute;n, tifo, disenter&iacute;a o pulmon&iacute;a. Aunque en otras ocasiones los motivos registrados eran m&aacute;s bien los s&iacute;ntomas tales como dolor de costado, tos, fiebre, debilidad, vasca, sofocaci&oacute;n o dolor de est&oacute;mago. En ocasiones el motivo de la muerte se identificaba con el sitio anat&oacute;mico de manera que se encuentran anotaciones como estas: del est&oacute;mago, de la cabeza. Tambi&eacute;n ocurr&iacute;a que la defunci&oacute;n era identificada como resultado de alg&uacute;n evento externo, por ejemplo, empacho, resultado de una herida, se cay&oacute; de un caballo. En cuanto a la mortalidad materna, el motivo principal que se identifica es el de parto; y, cuando no hab&iacute;a alg&uacute;n motivo evidente para la muerte de los adultos mayores se sintetizaba en una expresi&oacute;n: vejez.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es claro que estos registros se elaboraban de acuerdo con la idea de enfermedad y causa de muerte vigente entre el siglo XVII y XIX, pero la cuesti&oacute;n central es que proporcionan gran riqueza de informaci&oacute;n que no se recuper&oacute; en la formulaci&oacute;n de la teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica a pesar de que son mencionados, aunque de manera muy superficial. En conclusi&oacute;n, la evidencia emp&iacute;rica disponible podr&iacute;a no ser tan escasa como sostiene Omran en su proposici&oacute;n inicial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la segunda proposici&oacute;n destacan por lo menos cuatro elementos del cuadro de referencia, &eacute;stos son la identificaci&oacute;n de la causa de muerte, la nominaci&oacute;n de las causas, los paradigmas y la periodizaci&oacute;n, Omran manifiesta que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante la transici&oacute;n, a largo plazo ocurren cambios en la mortalidad y los patrones de enfermedad con lo que las pandemias por infecci&oacute;n son gradualmente desplazadas por enfermedades degenerativas y las causadas por el hombre como las formas principales de morbilidad y primera causa de muerte. T&iacute;picamente, los patrones de mortalidad distinguen tres etapas sucesivas de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica: la edad de la peste y el hambre, la edad de las pandemias retra&iacute;das y la edad de las enfermedades degenerativas y las causadas por el hombre (Omran, 1971: 516&#45;517).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la identificaci&oacute;n de las pandemias por infecci&oacute;n como primera causa de muerte no est&aacute; clara la base de esta afirmaci&oacute;n porque la formulaci&oacute;n de la teor&iacute;a de la transici&oacute;n est&aacute; constituida por las tendencias de la fecundidad y la mortalidad y no se hace referencia a la mortalidad diferencial, a pesar de ello en esta proposici&oacute;n se establece un cambio en la mortalidad y en los patrones de enfermedad de manera que las pandemias por infecci&oacute;n dejan de constituir la principal forma de morbilidad y primera causa de muerte.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; surge la pregunta relativa a la manera en la cual se estableci&oacute; el hecho de que las infecciones dejan de constituir la forma principal de morbilidad, sin hacer alguna referencia previa a la frecuencia de la enfermedad cuyas cifras ayudan a dilucidar las razones que justifican determinadas tendencias de mortalidad, de igual manera sin mencionar, identificar y mucho menos analizar previamente enfermedades de letalidad elevada se determina a las infecciones como principal causa de muerte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un problema no menos importante de esta teor&iacute;a es el relativo al uso inadecuado o confusi&oacute;n de los conceptos infecci&oacute;n y enfermedad infecciosa. De acuerdo con la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) y el Diccionario de la Asociaci&oacute;n Internacional de Epidemiolog&iacute;a, la infecci&oacute;n se define como la penetraci&oacute;n y desarrollo o multiplicaci&oacute;n de un agente infeccioso en el organismo de una persona o animal. Infecci&oacute;n no es sin&oacute;nimo de enfermedad infecciosa; el resultado puede no ser manifiesto o manifiesto. Mientras que enfermedad infecciosa es aquella enfermedad cl&iacute;nicamente manifiesta del hombre o los animales, resultado de una infecci&oacute;n. Y la Infecci&oacute;n no manifiesta, est&aacute; definida como la presencia de infecci&oacute;n en un hu&eacute;sped sin que aparezcan signos y s&iacute;ntomas cl&iacute;nicos manifiestos. Las infecciones no manifiestas s&oacute;lo pueden identificarse por m&eacute;todos de laboratorio o por la presencia de reactividad positiva a pruebas cut&aacute;neas espec&iacute;ficas (Benenson, 1992: 581&#45;582, 584; Last, 1995: 33, 85).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como segundo elemento en esta proposici&oacute;n est&aacute; la nominaci&oacute;n relativa a la naturaleza y el curso de la enfermedad, los t&eacute;rminos "pandemias por infecci&oacute;n" "enfermedades degenerativas" y "causadas por el hombre" son manejados sin ser definidos, as&iacute; se observa que hay una incorrecci&oacute;n al considerar "infecci&oacute;n" como sin&oacute;nimo de "enfermedad infecciosa". En cuanto a la naturaleza de la enfermedad no est&aacute; presente alguna diferenciaci&oacute;n de las enfermedades de acuerdo a su origen, en estos tres t&eacute;rminos se mezclan las enfermedades transmisibles y las no transmisibles y tampoco parece haber sido considerado el tiempo de evoluci&oacute;n de la enfermedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de que el t&eacute;rmino "enfermedades degenerativas" evoca el envejecimiento de las poblaciones, no se hace referencia a la variable edad, tampoco define cu&aacute;les son las causas que este t&eacute;rmino incluye, pero menciona que el incremento del c&aacute;ncer y las enfermedades cardiovasculares, principalmente infartos, observado despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial en los pa&iacute;ses desarrollados, es muestra del cambio en las enfermedades predominantes (Omran, 1971: 518). No obstante, surge la pregunta relativa a si los c&aacute;nceres y los infartos son degenerativos dado que estos padecimientos no son privativos de los adultos mayores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto al t&eacute;rmino "enfermedades causadas por el hombre" Omran no ofrece alguna gu&iacute;a que permita identificar las causas que incluye, tampoco se hace referencia al tiempo de su evoluci&oacute;n, no sabemos si se refiere a brotes agudos o si se trata de enfermedades cr&oacute;nicas y la causa o causas que provocan esas enfermedades, en todo caso, parecen ser desconocidas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como tercer elemento se identifica la utilizaci&oacute;n de por lo menos dos paradigmas, el paradigma de la teor&iacute;a del germen (enfermedades infecciosas) y el paradigma de la "caja negra" (enfermedades degenerativas y cr&oacute;nicas). En el momento de la formulaci&oacute;n de la teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica las enfermedades transmisibles estaban pr&aacute;cticamente bajo control en los pa&iacute;ses desarrollados por lo que, en general, no se vislumbraba la posibilidad de que &eacute;stas pudiesen recrudecerse ni la aparici&oacute;n de nuevas epidemias, pocos autores, como Ren&eacute; Dubos hab&iacute;an previsto ese riesgo algunos a&ntilde;os antes (Dubos, 1956, citado en Susser y Susser, 1996: 670). "En cambio, desde la d&eacute;cada de 1950, enfermedades cardiovasculares, &uacute;lcera p&eacute;ptica y c&aacute;ncer pulmonar, se hab&iacute;an incrementado en esos pa&iacute;ses de tal manera que fueron calificadas como epidemias y dado que las causas eran desconocidas, el paradigma que gui&oacute; las investigaciones m&eacute;dicas se conoci&oacute; como caja negra, que es la met&aacute;fora general para una unidad autosuficiente cuyos procesos internos est&aacute;n ocultos para el espectador" (Dubos, 1956, citado en Susser y Susser, 1996: 670).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Parece que el planteamiento de Omran es reflejo del pensamiento vigente, durante la d&eacute;cada de 1960, entre algunos epidemi&oacute;logos, para quienes parec&iacute;a haber evidencia tangible de que las enfermedades infecciosas m&aacute;s comunes hab&iacute;an sido conquistadas, el t&eacute;rmino infecciosas lleva impl&iacute;cito el concepto relativo a la existencia de un agente espec&iacute;fico causante de la enfermedad mientras que el t&eacute;rmino degenerativas no establece un agente causal conocido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante para otros epidemi&oacute;logos, el paradigma dominante no era el de la caja negra sino el paradigma epidemiol&oacute;gico de causalidad multifactorial representado por el concepto red de la causalidad (Winkelstein, 1996: 622). La red de la causalidad estudia los tipos de asociaci&oacute;n que pueden existir entre dos categor&iacute;as de eventos, las cadenas de causalidad representan una fracci&oacute;n de la realidad por lo que debe considerarse toda la genealog&iacute;a de antecedentes m&aacute;s propiamente como una red (MacMahon, 1960/1988: 21).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un cuarto elemento que destaca es la periodizaci&oacute;n. Omran propone tres etapas: la edad de la peste y el hambre, la edad de las pandemias retra&iacute;das, y la edad de las enfermedades degenerativas y las causadas por el hombre, mediante las cuales establece el inicio y el t&eacute;rmino de procesos en los que en realidad es dif&iacute;cil ubicar con certeza un principio y un fin. Quiz&aacute; delinear etapas resulta &uacute;til desde el punto de vista de la organizaci&oacute;n de la exposici&oacute;n, sin embargo, a mi parecer al presuponer que los cambios en los patrones de enfermedad tienen una terminaci&oacute;n, se corre el riesgo de simplificar demasiado relaciones que son muy complejas. En cuanto a la primera etapa Omran establece que:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La edad de la peste y el hambre representa para todos los prop&oacute;sitos pr&aacute;cticos una extensi&oacute;n de los patrones premodernos de salud y enfermedad. En esta etapa los principales determinantes de muerte son los obst&aacute;culos positivos malthusianos, a saber, epidemias, hambrunas y guerras, el estudio de Graunt de los boletines de defunci&oacute;n de Londres muestra, por ejemplo, que cerca de las tres cuartas partes de todas las muertes fueron atribuidas a enfermedades infecciosas, desnutrici&oacute;n y complicaciones de la maternidad; enfermedades cardiovasculares y c&aacute;ncer fueron responsables de menos del seis por ciento (Omran, 1971: 517).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conforme al texto, en cuanto a que esta etapa representa una extensi&oacute;n de los patrones premodernos de salud y enfermedad, parece ser que se extiende en el tiempo desde cualquier momento del desarrollo de la humanidad hasta 1650, a&ntilde;o que previamente fue fijado por Omran para identificar el fin del periodo premoderno (Omran, 1971: 513).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Por qu&eacute; ese a&ntilde;o en particular?, aparentemente es el trabajo que John Graunt public&oacute; en 1662 el que inspir&oacute; esa fecha. Empleando principalmente los boletines de defunciones de la ciudad de Londres, que eran informes sobre entierros y, eventualmente, de otros acontecimientos como nacimientos, Graunt reuni&oacute; datos para 22 a&ntilde;os comprendidos entre 1629 y 1659; present&oacute; informaci&oacute;n continua de 1629 a 1636 y de 1647 a 1660. Es obvio que son fechas que est&aacute;n alrededor de 1650 y por lo menos se observa un problema de temporalidad para la primera etapa propuesta por Omran porque es evidente que las observaciones presentadas por John Graunt no son aplicables a la poblaci&oacute;n que vivi&oacute; y muri&oacute; durante el tiempo al que Omran se refiere como premoderno y para el cual se&ntilde;ala una fecha precisa de conclusi&oacute;n pero ninguna para el inicio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo Omran reune de una manera que no es clara el concepto de obst&aacute;culos positivos presentado por Malthus en 1798 y los hallazgos de Graunt publicados en 1662. Del concepto malthusiano solamente se elige aquello que conviene a la idea de Omran en cuanto a que los principales determinantes de muerte en esta etapa son las epidemias, hambrunas y guerras. Es pertinente recordar que para Malthus son ciertas leyes de la naturaleza las que fijan l&iacute;mites permanentes al bienestar material de las masas de ah&iacute; que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los obst&aacute;culos positivos que se oponen al aumento de la poblaci&oacute;n son muy diversos y comprenden todo aquello que contribuye en mayor o menor grado a acortar la duraci&oacute;n natural de la vida humana, ya provenga del vicio, ya de la miseria. En este grupo habr&aacute;, pues que incluir las ocupaciones malsanas, el trabajo excesivamente fatigoso y la exposici&oacute;n a las inclemencias del tiempo, la pobreza extrema, la mala crianza de los hijos, la vida de las grandes ciudades, los excesos de toda clase, toda la gama de enfermedades comunes y las epidemias, las guerras, las pestes y las hambres (Malthus, 1798/1986: 14).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos obst&aacute;culos positivos, contin&uacute;a Malthus, parecen ser consecuencia inevitable de las leyes naturales (Malthus, 1798/1986: 15), la ley natural particular es que la poblaci&oacute;n no restringida tiende constantemente a igualar o a&uacute;n superar los medios de subsistencia existentes. Para restringir ese aumento de la poblaci&oacute;n Malthus se&ntilde;ala dos tipos de obst&aacute;culos, los positivos (los que afectan la mortalidad) y los preventivos (los que afectan la fecundidad) &eacute;stos son, en cuanto voluntarios, propios del hombre y la abstenci&oacute;n del matrimonio forma parte de ellos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Inmediatamente despu&eacute;s de esta clasificaci&oacute;n dicot&oacute;mica, Malthus introduce una clasificaci&oacute;n triple que se cruza con ella, dice: "... estos dos grandes grupos pueden agruparse en tres: abstinencia moral, vicio y miseria" (Malthus, 1798/ 1986: 15). Para Davis, Malthus introdujo en su sistema esta clasificaci&oacute;n porque en su pensamiento hay una confusi&oacute;n entre los razonamientos moral y cient&iacute;fico y si lo que interesa es conocer los factores que gobiernan el crecimiento de la poblaci&oacute;n es ajena la cuesti&oacute;n de si son morales o inmorales (Davis 1951/1986: XVIII).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Omran intenta sostener su proposici&oacute;n con base en lo expresado por Malthus, sin embargo, debido a la forma en que retom&oacute; algunas de las palabras de la clasificaci&oacute;n malthusiana, &eacute;stas resultan fuera de contexto, porque para Malthus las epidemias, guerras y hambres no constituyen los principales determinantes de muerte, seg&uacute;n asevera Omran.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el mismo p&aacute;rrafo Omran se&ntilde;ala que Graunt hab&iacute;a mostrado, en su estudio sobre Londres, que cerca de las tres cuartas partes de las muertes se deb&iacute;an a enfermedades infecciosas, desnutrici&oacute;n y complicaciones de la maternidad, mientras que enfermedades cardiovasculares y c&aacute;ncer eran responsables de menos del seis por ciento de las muertes (Omran, 1971: 517).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conviene mencionar que Graunt no present&oacute; alguna clasificaci&oacute;n de ese tipo en sus Observaciones. En la &uacute;ltima parte de esta obra se localiza el "Cuadro de causas de deceso", en el que Graunt ofrece el n&uacute;mero de casos registrados en los boletines de defunciones de Londres (229 250), de 1629 a 1636 y de 1647 a 1660, en una lista de 81 enfermedades y accidentes, en la que no hay distinci&oacute;n de sexo porque "es evidente que las causas afectan por igual a todo el mundo" (Graunt, 1662/1977: 59).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al referirse a esos dos periodos, Vilquin (1977), se&ntilde;ala que Graunt consider&oacute; como un periodo de veinte a&ntilde;os la uni&oacute;n de dos periodos no consecutivos, y aunque en la Advertencia para la mejor comprensi&oacute;n de las diversas tablas de su obra, Graunt se&ntilde;ala que los diez a&ntilde;os comprendidos entre 1636 y 1647 fueron omitidos porque no sucedi&oacute; nada extraordinario, Creighton deplora esa omisi&oacute;n porque durante los diez a&ntilde;os en cuesti&oacute;n ocurri&oacute; una revoluci&oacute;n pol&iacute;tica e inici&oacute; un largo periodo de epidemias de fiebres y viruela (Greighton, 1891, citado por Vilquin, 1977: 163). Adem&aacute;s, se&ntilde;ala Vilquin, suponer que la mortalidad permaneci&oacute; igual durante el periodo omitido y los otros periodos que lo rodean, es un tanto arriesgado, ya que debido a las crisis de mortalidad propias de esos a&ntilde;os, la mortalidad ocurrida en un a&ntilde;o determinado podr&iacute;a modificar sensiblemente la estructura de la mortalidad de los a&ntilde;os siguientes (Greighton, 1891, citado por Vilquin, 1977: 61).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo "Observaciones generales sobre las causas de muerte", Graunt form&oacute; dos grupos: enfermedades notables y accidentes. En este cap&iacute;tulo no se mencionan todas las causas que componen la lista final, de manera que el primer grupo comprende: apoplej&iacute;a, operaci&oacute;n de la piedra (c&aacute;lculos), epilepsia, muertos en la calle, gota, dolor de cabeza, ictericia, letargo, lepra, locura, asfixiados y muertos de hambre (en amamantamiento), par&aacute;lisis, hernia, piedra, ci&aacute;tica y muertes s&uacute;bitas. Y el segundo incluye hemorragias, quemados, ahogados, exceso de bebidas alcoh&oacute;licas, muertos de espanto, muertos de tristeza, suicidios por colgamiento, muertos por diversos accidentes, asesinados, envenenados, asfixiados, muertos por una arma, muertos de hambre y muertos por v&oacute;mitos (Greighton, 1891, citado por Vilquin, 1977: 64 y 65).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Graunt observ&oacute; que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">de las 229 250 personas muertas de toda suerte de enfermedades, 50 000, dos de cada nueve (o 22 por ciento), murieron de enfermedades agudas, exceptuando la peste. Esta proporci&oacute;n, contin&uacute;a Graunt, da una medida del estado y disposici&oacute;n del clima y del aire con respecto a la salud, estas enfermedades agudas y epid&eacute;micas sobrevienen s&uacute;bitamente con violencia como resultado de la corrupci&oacute;n y de las variaciones del aire. De esas 229 250 muertes, 70 000 (31 por ciento), son muertes por enfermedades cr&oacute;nicas, lo que muestra el estado y la disposici&oacute;n de la tierra (comprendida la alimentaci&oacute;n, as&iacute; como el aire) con relaci&oacute;n a la salud, antes bien para la longevidad. Del mismo total se encontr&oacute; que 4 000 muertes (1.7 por ciento) fueron provocadas por enfermedades externas, como chancros, f&iacute;stulas, llagas, &uacute;lceras, miembros rotos o contusos, abscesos, sarna, escr&oacute;fulas, lepra, ti&ntilde;a, varicela y quistes (Greighton, 1891, citado por Vilquin, 1977: 63&#45;64).</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dice Graunt, con base en las observaciones anteriores, que nos hemos aventurado a establecer una norma de salubridad del aire seg&uacute;n la proporci&oacute;n de enfermedades agudas y epid&eacute;micas, y una norma de la calidad diet&eacute;tica de la alimentaci&oacute;n seg&uacute;n las enfermedades cr&oacute;nicas. Sin embargo, puesto que esas proporciones no caracterizan la longevidad de los habitantes, a continuaci&oacute;n proponemos una norma m&aacute;s absoluta que las dos anteriores, que las rectifica, &eacute;sta es la proporci&oacute;n de viejos, la cual fue de 15 757 sobre el total de 229 259, esto es 1 de cada 15 o 7 por ciento. Resta solamente saber cu&aacute;l es el n&uacute;mero de a&ntilde;os que los visitantes llaman "vejez". Si en cualquier otro pa&iacute;s, m&aacute;s de 7 personas de cada cien viven m&aacute;s de 70 a&ntilde;os debemos considerarlo como m&aacute;s sano que nuestra ciudad (Greighton, 1891, citado por Vilquin, 1977: 65).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Poco antes, Graunt hab&iacute;a seleccionado la edad de 60 a&ntilde;os como umbral de la vejez (Greighton, 1891, citado por Vilquin, 1977: 60).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debido a la relevancia del c&eacute;lebre estudio de Graunt y a pesar de la imprecisi&oacute;n del vocabulario m&eacute;dico del siglo XVII, parecer&iacute;a una decisi&oacute;n acertada por parte de Omran referirse a esta obra, pero hay un inconveniente y &eacute;ste radica en el hecho de que Omran mir&oacute; con ojos de su propio tiempo lo presentado siglos antes por Graunt, quien no hizo referencia a ninguno de los cinco t&eacute;rminos que le atribuye Omran, debido a una sencilla raz&oacute;n: el cuerpo de conocimientos m&eacute;dicos y las ideas sobre el concepto de enfermedad vigentes en 1662 eran muy diferentes a las que dominaban en 1971.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando Graunt realiz&oacute; su trabajo, las principales teor&iacute;as sobre la enfermedad que prevalec&iacute;an en Europa occidental eran la humoral, la iatroqu&iacute;mica, la iatromec&aacute;nica, comenzaba la defensa del concepto de animismo o vitalismo y de la teor&iacute;a del miasma;<sup><a href="#notas">3</a></sup> con relaci&oacute;n a &eacute;sta &uacute;ltima, en el trabajo de Graunt, se aprecia la importancia que se daba al aire y al estado sanitario de la ciudad.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De manera que, a pesar de que exist&iacute;a la idea del contagio, Graunt no utiliz&oacute; el concepto "enfermedades infecciosas" simplemente porque en aquel momento a&uacute;n no se formulaban los conceptos biol&oacute;gicos fundamentales necesarios para dar a la idea del contagio un sentido cient&iacute;fico, estos conceptos son la teor&iacute;a celular, la especificidad de las diferentes enfermedades y la ausencia de la generaci&oacute;n espont&aacute;nea. Tampoco mencion&oacute; el t&eacute;rmino "desnutrici&oacute;n", actualmente es utilizado para referirse al factor que contribuye a la enfermedad o bien al trastorno de la nutrici&oacute;n provocado por insuficiencia alimenticia, en la lista de causas de deceso arriba mencionada los t&eacute;rminos que pudiesen ser vinculados al de "desnutrici&oacute;n" son "muerto de hambre en la lactancia" y "muerto de hambre". En cuanto al t&eacute;rmino "complicaciones de la maternidad", que utiliza Omran y que es menos claro que los anteriores, me parece que podr&iacute;amos recuperar, del estudio de Graunt, dos t&eacute;rminos vinculados a las "complicaciones" de Omran, &eacute;stos son los abortos y la sofocaci&oacute;n de la matriz, pero en realidad no sabemos a que se refer&iacute;a Graunt al utilizar &eacute;ste &uacute;ltimo, aparentemente hac&iacute;a referencia a un s&iacute;ntoma de tipo hist&eacute;rico (Vilquin, 1977: 157) y quiz&aacute; estemos cayendo en la tentaci&oacute;n de encontrar acomodo a lo dicho por Graunt en los t&eacute;rminos expresados por Omran. En todo caso, por esa causa se registraron 18 muertes en el transcurso de veinte a&ntilde;os, durante los cuales se registraron 229 250 defunciones por todas las causas (Graunt, 1996) (cuadro de causas de deceso, fuera de texto), de manera que de este estudio no se desprende que esa causa haya tenido una contribuci&oacute;n tan alta a la mortalidad como pretende Omran.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con relaci&oacute;n al t&eacute;rmino c&aacute;ncer, Vilquin, quien realiz&oacute; una edici&oacute;n cr&iacute;tica y tradujo la obra de Graunt, dice: "a pesar de la ortograf&iacute;a diferente, pienso que c&aacute;ncer y canker designan la misma cosa: el chancro. No empleo (en la traducci&oacute;n de las observaciones) el t&eacute;rmino "c&aacute;ncer" en el sentido de neoplasma porque el diagn&oacute;stico de esta enfermedad no exist&iacute;a en el siglo XVII" (Vilquin, 1977: 156).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El t&eacute;rmino "enfermedades cardiovasculares" tampoco se encuentra en la obra de Graunt. A este respecto Vilquin se&ntilde;ala, que seg&uacute;n S&uuml;ssmilch (quien tradujo al alem&aacute;n la obra de Graunt en 1741), quiz&aacute; la expresi&oacute;n "muertos de tristeza" hace referencia a las afecciones card&iacute;acas (Vilquin, 1977: 157).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumen, Graunt no clasific&oacute; las causas de muerte como las interpreta Omran, sino que las separ&oacute; en dos grupos: enfermedades y accidentes, dentro del primer grupo distingui&oacute; las agudas de las cr&oacute;nicas. Y a diferencia de lo expresado por Omran, Graunt manifest&oacute; que la proporci&oacute;n de las enfermedades agudas fue de 22 por ciento y la de las cr&oacute;nicas de 31 por ciento para los periodos 1629&#45;1636 y 1647&#45;1660.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Queda de manifiesto que en la construcci&oacute;n de la etapa denominada por Omran como la edad de la peste y el hambre no hay evidencia emp&iacute;rica que la sostenga y se observa que la interpretaci&oacute;n que hace de las citas tomadas de las c&eacute;lebres obras de Malthus y Graunt, con la finalidad de defender su proposici&oacute;n, adolece de incorrecciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No se observa continuidad temporal en la disertaci&oacute;n de Omran relativa al desplazamiento de las enfermedades infecciosas por las enfermedades degenerativas. Despu&eacute;s de citar a esos dos autores, uno del siglo XVII y otro del siglo XVIII, pasa a realizar la comparaci&oacute;n durante distintos a&ntilde;os entre cuatro pa&iacute;ses seleccionados (Inglaterra y Gales, Jap&oacute;n, Chile y Ceyl&aacute;n) de la tendencia de la mortalidad de las causas de muerte siguientes: tuberculosis, enfermedades infecciosas, diarrea, c&aacute;ncer, enfermedades del coraz&oacute;n, vasculares, muertes violentas y otras causas (Omran, <i>op. cit.:</i> 519). Llama la atenci&oacute;n que Omran considere como causa de muerte a la diarrea, porque puede tratarse de un s&iacute;ntoma de infecci&oacute;n por agentes ent&eacute;ricos bacterianos, v&iacute;ricos y parasitarios que causan diversas enfermedades (Benenson, 1992: 96) o de trastornos funcionales del intestino ( OMS, 1992: 551).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mediante esa comparaci&oacute;n Omran busca comprobar que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">el cambio gradual en las caracter&iacute;sticas de los patrones de enfermedades de la transici&oacute;n cl&aacute;sica puede verse en el firme declive de enfermedades infecciosas y el aumento moderado del c&aacute;ncer y enfermedades cardiovasculares en Inglaterra y Gales hacia 1920. Despu&eacute;s de la Primera Guerra Mundial el descenso de infecciones y el aumento de enfermedades degenerativas es m&aacute;s claro y desde 1945 el incremento en muertes cardiovasculares es particularmente notable. El cambio de enfermedades infecciosas al predominio de las degenerativas est&aacute; m&aacute;s claro en Jap&oacute;n que ha experimentado una transici&oacute;n acelerada en s&oacute;lo unas pocas d&eacute;cadas. Entre los pa&iacute;ses en desarrollo, la transici&oacute;n de enfermedades infecciosas a degenerativas ha comenzado pero no ha sido completado. La recesi&oacute;n de enfermedades infecciosas que comenz&oacute; en Chile en la d&eacute;cada de 1920 ha sido gradual pero discernible. En Ceyl&aacute;n este cambio fue tard&iacute;o, a finales de la d&eacute;cada de 1940 (Omran, 1971: 518&#45;519).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este punto se identifica un problema m&aacute;s en la teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica, &eacute;ste se refiere a los a&ntilde;os utilizados en esta comparaci&oacute;n &iquest;son comparables los datos relativos a la mortalidad por causas correspondientes a los a&ntilde;os 1660, 1880, 1900, 1920, 1940 y 1960 para Inglaterra y Gales? La pregunta surge de manera obligada porque estos a&ntilde;os pertenecen a tres siglos en los que el cuerpo de conocimientos m&eacute;dicos vigente en cada uno de ellos tiene diferencias muy importantes. Existen dos elementos que a mi parecer no permiten que sean comparables, el primero est&aacute; relacionado con el paradigma dominante y el segundo con la elaboraci&oacute;n de los registros de los datos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto al paradigma dominante, los datos correspondientes a 1660 y 1880 no son comparables entre s&iacute; ni con el resto de los a&ntilde;os, porque las ideas m&eacute;dicas sobre la enfermedad que guiaron su elaboraci&oacute;n fueron principalmente la humoral, la iatroqu&iacute;mica, la iatrom&eacute;canica y la miasm&aacute;tica y, en cuanto a la elaboraci&oacute;n de los registros, no exist&iacute;a una clasificaci&oacute;n de enfermedades ni de causas de muerte consensuada que guiase su elaboraci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los a&ntilde;os que considero comparables entre s&iacute; son los correspondientes al siglo XX. Porque con relaci&oacute;n al paradigma, la teor&iacute;a del germen qued&oacute; firmemente planteada desde 1898 y logr&oacute; la aceptaci&oacute;n generalizada de la comunidad cient&iacute;fica y con relaci&oacute;n a la elaboraci&oacute;n de los registros, en 1900 se norm&oacute; el registro de los causas de muerte, durante la Primera Conferencia Internacional para la revisi&oacute;n de Bertillon o Clasificaci&oacute;n Internacional de Causas de Defunci&oacute;n, celebrada en Par&iacute;s y a la que acudieron 26 pa&iacute;ses. As&iacute; que a partir de ese a&ntilde;o adopt&oacute; la Nomenclatura Internacional de Causas de Defunci&oacute;n la cual qued&oacute; sujeta a revisiones decenales y en 1948, a&ntilde;o de la sexta revisi&oacute;n, se denomin&oacute; como Lista Internacional de Enfermedades y Causas de Defunci&oacute;n (OMS, 1978: XVIII).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo se observa que los a&ntilde;os utilizados en la comparaci&oacute;n de las tendencias de la mortalidad por causas en los pa&iacute;ses seleccionados por Omran son diferentes en cada uno de &eacute;stos. El segundo pa&iacute;s usado para esa comparaci&oacute;n es Jap&oacute;n, el a&ntilde;o inicial es 1925 y el final 1964 con intervalos decenales; el tercero es Chile, para el cual el periodo inicia en 1915 y termina en 1964 con intervalos decenales. Mientras que para Ceyl&aacute;n, el a&ntilde;o inicial es 1940 y el final 1965 con intervalos quinquenales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La propuesta de Omran es circular porque primero selecciona los a&ntilde;os que utilizar&aacute; en la comparaci&oacute;n y a partir de ellos califica la "transici&oacute;n" con base en las enfermedades, tambi&eacute;n seleccionadas previamente, de esos cuatro pa&iacute;ses.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La transici&oacute;n de Inglaterra y Gales la califica como "cl&aacute;sica"; la de Jap&oacute;n como "acelerada" a pesar de no recuperar datos previos a 1925; y la de Chile y Ceyl&aacute;n como "tard&iacute;a" (Omran, 1971: 518).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de esa clasificaci&oacute;n propone tres modelos b&aacute;sicos de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica, el "cl&aacute;sico u oeste" representado por Inglaterra, Gales y Suecia (aunque en su exposici&oacute;n no hizo referencia previa a Suecia), el "acelerado", representado por Jap&oacute;n y el "contempor&aacute;neo o tard&iacute;o" por Chile y Ceyl&aacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica claramente se desprende de la teor&iacute;a de la transici&oacute;n demogr&aacute;fica de manera que, de acuerdo con esa l&oacute;gica, los dem&aacute;s pa&iacute;ses reproducir&aacute;n la experiencia de Inglaterra y Gales.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Conclusi&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica refleja tanto el entusiasmo que predominaba durante las d&eacute;cadas de 1950 y 1960, a partir del cual se cre&iacute;a que se hab&iacute;a triunfado sobre las enfermedades infecciosas, como el &eacute;xito del concepto de la transici&oacute;n demogr&aacute;fica del cual se desprende el de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica, concebido seg&uacute;n Omran en 1967.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como resultado de las reflexiones en torno al cuadro de referencia y a las proposiciones identificados en el planteamiento de Omran, inevitablemente surgen la preguntas relativas a si la teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica es hoy en d&iacute;a un instrumento &uacute;til para el pron&oacute;stico y si el cuadro de referencia permite al investigador que lo utilice describir la realidad concreta. Desde mi punto de vista la respuesta es negativa para ambas cuestiones, porque limita tanto las posibilidades de explicaci&oacute;n como lo que el investigador puede descubrir forz&aacute;ndolo a desatender los procesos causales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los problemas del planteamiento de la teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica se encontr&oacute; que en el cuadro de referencia de Omran se utilizan conceptos que no est&aacute;n definidos, tales como: sociedad premoderna, pandemias por infecci&oacute;n, enfermedades degenerativas, enfermedades causadas por el hombre, salud y enfermedad. La falta de definici&oacute;n de los dos &uacute;ltimos conceptos destaca de manera particular porque la finalidad de la teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica, dice Omran, es enfocar el cambio en los patrones de salud y enfermedad. A la ausencia de definiciones se suma la confusi&oacute;n en el uso de conceptos como "infecci&oacute;n" y "enfermedad infecciosa".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a la premisa inicial de la teor&iacute;a de la transici&oacute;n epidemiol&oacute;gica, la cual establece que la mortalidad es un factor fundamental en la din&aacute;mica de la poblaci&oacute;n y, a pesar de que la finalidad de la teor&iacute;a es enfocar los cambios en los patrones de salud y enfermedad, el car&aacute;cter explicativo asignado a la mortalidad est&aacute; construido sobre el eje de la mortalidad general, lo que constituye una contradicci&oacute;n porque no se hace referencia alguna a la frecuencia de la enfermedad ni se identifican enfermedades de letalidad elevada, asimismo est&aacute; ausente el an&aacute;lisis de la mortalidad diferencial por sexo y por edad; en cuanto a la mortalidad diferencial por causas, el autor selecciona algunas que tampoco son definidas (Omran, 1971: 519).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La evidencia emp&iacute;rica presentada es escasa y a pesar de que no se hace alguna referencia a la evoluci&oacute;n de la mortalidad se dice que esta variable es la que explica la lenta tasa mundial de crecimiento hasta 1650 lo cual es, por lo menos, una aseveraci&oacute;n aventurada porque el cambio demogr&aacute;fico est&aacute; constituido por una serie de procesos cuya complejidad no permite fijar un principio y un final. Para referirse a la mortalidad que la humanidad experiment&oacute; antes de esa fecha menciona las obras de Malthus y de Graunt (en ese orden) sin hacer referencia, por lo menos, a obras m&eacute;dicas tan importantes como el <i>Methodus Curandi</i> de Thomas Sydenham, publicada en 1668, autor que propuso la trascendental teor&iacute;a miasm&aacute;tica de la enfermedad, o la <i>Nosolog&iacute;a Methodica de Francisco Boissier de Sauvages,</i> publicado en 1768, en el que se hace la primera clasificaci&oacute;n de las enfermedades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de que la descripci&oacute;n es poco cuidadosa se pronostica que la experiencia atribuida a Inglaterra y Gales, en la que las pandemias por infecci&oacute;n son gradualmente desplazadas por las enfermedades degenerativas y por las causadas por el hombre, se reproducir&aacute; en otros pa&iacute;ses, no se percibi&oacute; siquiera la posibilidad de que algunas enfermedades transmisibles se recrudecer&iacute;an, como la tuberculosis entre otras, o que nuevas epidemias aparecer&iacute;an, como el sida, por ejemplo.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ABEL, W., 1986, <i>La agricultura: sus crisis y coyunturas,</i> (trad. de A. Scherp), Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, (trabajo originalmente publicado en 1966), M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619315&pid=S1405-7425200000030000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BENENSON, A., (ed.), 1992 , <i>El control de las enfermedades transmisibles en el hombre,</i> Informe oficial de la Asociaci&oacute;n Estadounidense de Salud P&uacute;blica, 15a. ed., OPS, Washington, D.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619317&pid=S1405-7425200000030000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BLAYO, Y., 1975, "Mouvement naturel de la population francaise de 1710 a 1829", <i>Population,</i> n&uacute;m. 3, (special issue).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619319&pid=S1405-7425200000030000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BUNGE, M., 1994, <i>La investigaci&oacute;n cient&iacute;fica,</i> (trad. de M. Sacrist&aacute;n), 2a. de., editorial Ariel, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619321&pid=S1405-7425200000030000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CALDWELL, J. <i>et al.,</i> (eds.), 1990, "What we know about Health Transition: The cultural, social and behavioural determinants of health", The Australian National University Printing Service, Australia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619323&pid=S1405-7425200000030000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CALDWELL, J., 1990, "Introductory thoughts on health transition", in J. Caldwell, S. Findley, P. Caldwell, G. Santow, W. Cosford, J. Braid &amp; D. Broers&#45;Freman (eds.), <i>What we know about Health Transition: The cultural, social and behavioural determinants of health,</i> The Australian National University Printing Service, Australia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619325&pid=S1405-7425200000030000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">COALE, A.J., 1968, "Poblaci&oacute;n y desarrollo econ&oacute;mico", en R. Delgado, M. Stycos y J. Arias (eds.), <i>El dilema de la poblaci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina,</i> Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619327&pid=S1405-7425200000030000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">COALE, A.J., 1973, <i>Demographic Transition, in International Population Conference Liege,</i> vol. 1, (trad. Celade, Serie D, n&uacute;m. 86, Chile, 1977), B&eacute;lgica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619329&pid=S1405-7425200000030000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">C&Oacute;RDOVA, A. <i>et al.,</i> 1991, <i>&iquest;Hacia d&oacute;nde va el perfil de da&ntilde;os a la salud de la poblaci&oacute;n mexicana?,</i> Reporte de Investigaci&oacute;n n&uacute;m. 61, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana&#45;Xochimilco, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619331&pid=S1405-7425200000030000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DAVIS, K., 1986, <i>Introducci&oacute;n, ensayo sobre el principio de la poblaci&oacute;n,</i> (trad. de T. Ortiz), Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, (trabajo originalmente publicado en 1798; la introducci&oacute;n proviene de 1951), M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619333&pid=S1405-7425200000030000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DUBOS, R., 1959, <i>The Mirage of Health: Utopias: Progress and Biological Change,</i> Harper &amp; Row, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619335&pid=S1405-7425200000030000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">FLINN, M.W., 1981, <i>The European Demographic System 1500&#45;1820,</i> Brighton Harvester Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619337&pid=S1405-7425200000030000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GRAUNT, J., 1977, <i>Observations Naturelles et Politiques sur les Bulletins de Mortalit&eacute;,</i> (trad. de E. Vilquin), Institut National D'Etudes D&eacute;mographiques. (trabajo publicado originalmente en 1662), Paris.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619339&pid=S1405-7425200000030000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GRAUNT, J., 1996, "Demographic Transition Theory", in <i>Population Studies,</i> 50, Gran Breta&ntilde;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619341&pid=S1405-7425200000030000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LAST, J. (ed.), 1995, <i>A Dictionary of Epidemiology,</i> 3a. ed.,Oxford University Press, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619343&pid=S1405-7425200000030000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MACKENBACH, J.P., 1994, "The epidemiologic transition theory", <i>J. Epidemiol Community Health,</i> n&uacute;. 48.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619345&pid=S1405-7425200000030000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MACKEOWN, R.C. <i>et al.,</i> 1972, "An interpretation of the modern rise of population in Europe", in <i>Population Studies,</i> 26 (3).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619347&pid=S1405-7425200000030000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MACMAHON, B. y T. Pugh, 1988, <i>Principios y m&eacute;todos de Epidemiolog&iacute;a,</i> (trad. de A. Temoche), d&eacute;cima reimpresi&oacute;n, La Prensa M&eacute;dica Mexicana, (trabajo publicado originalmente en 1960), M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619349&pid=S1405-7425200000030000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MALTHUS, T. R., 1986, <i>Ensayo sobre el principio de la poblaci&oacute;n,</i> (trad. de T. Ortiz), Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, (trabajo originalmente publicado en 1798), M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619351&pid=S1405-7425200000030000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">OMRAN, A., 1971, "The epidemiologic transition; a theory of the epidemiology of population change", in <i>Milbank Mem Fund Quart,</i> n&uacute;m. 49.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619353&pid=S1405-7425200000030000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ORGANIZACI&Oacute;N MUNDIAL de la SALUD, 1978, <i>Clasificaci&oacute;n internacional de Enfermedades,</i> novena revisi&oacute;n, Washington.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619355&pid=S1405-7425200000030000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ORGANIZACI&Oacute;N MUNDIAL de la SALUD, 1992, <i>International Statistical</i> <i>Classification of Diseases and Related Health Problems,</i> d&eacute;cima revisi&oacute;n, Ginebra.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619357&pid=S1405-7425200000030000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PALLONI, A., 1990, "The meaning of of the health transition", in J. Caldwell, S. Findley, P. Caldwell, G. Santow, W. Cosford, J. Braid &amp; D. Broers&#45;Freman (eds.), <i>What we know about Health Transition: The cultural, social and behavioural determinants of health,</i> The Australian National University Printing Service, Australia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619359&pid=S1405-7425200000030000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">POWLES, J., 1992, <i>Changes in disease patterns and related social trends,</i> Soc Sci Med, 35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619361&pid=S1405-7425200000030000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RAZELL, P.E., 1974, "An interpretation of the rise of population in Europe. A critique", <i>Population Studies,</i> 28 (1).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619363&pid=S1405-7425200000030000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SAUVAGES, F., 1778, "Nosolog&iacute;a Methodica Sistens Morborum Classes Juxt&aacute; Sydenhami Mentem &amp; Botanicorum Ordinem", <i>Amstelodami Sumptibus Fratrum de Tournes,</i> (Biblioteca Dr. Nicol&aacute;s Le&oacute;n, UNAM).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619365&pid=S1405-7425200000030000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SCHOFIELD, R. <i>et al.</i> (eds.), 1991, <i>The Decline of Mortality in Europe,</i> Oxford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619367&pid=S1405-7425200000030000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SUSSER, M. y E. Susser, 1996, "Choosing a Future For Epidemiology: I Eras and Paradigms", <i>American Journal of Public Health,</i> vol. 86, n&uacute;m. 5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619369&pid=S1405-7425200000030000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SYDENHAM, T., 1668, "Methodus Curandi Febres. Propiis Observationibus Superstructa", 2a. ed. Londini, Impenfis J., <i>Crook apud quem veneunt in Vico Vocato Duck&#45;lane prope Little Brittain,</i> (Biblioteca Dr. Nicol&aacute;s Le&oacute;n, UNAM).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619371&pid=S1405-7425200000030000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">VAN de Walle, E., 1990, "How do we define the health transition"? in J. Caldwell, S. Findley, P. Caldwell, G. Santow, W. Cosford, J. Braid &amp; D. Broers&#45;Freman (eds.), <i>What we know about Health Transition: The cultural, social and behavioural determinants of health,</i> The Australian National University Printing Service, Australia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619373&pid=S1405-7425200000030000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">VERA, M. 1993, <i>La poblaci&oacute;n de Ozumba en 1793. Un estudio de demograf&iacute;a hist&oacute;rica,</i> El Colegio Mexiquense, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619375&pid=S1405-7425200000030000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">VERA, M., 1999, "Ideas sobre la enfermedad e instituciones y medidas p&uacute;blicas de salud en M&eacute;xico", <i>Colecci&oacute;n Documentos de Investigaci&oacute;n,</i> n&uacute;m. 38, El Colegio Mexiquense, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619377&pid=S1405-7425200000030000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">VILQUIN, E. 1977, "Edition critique et traduction", en <i>Observations Naturelles et Politiques,</i> Institut National D'Etudes Demographiques, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619379&pid=S1405-7425200000030000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WINKELSTEIN, W. Jr., 1996, "Paradigms, and the Future of Epidemiology", <i>American Journal of Public Health,</i> editorial Eras, vol. 86, n&uacute;m. 5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619381&pid=S1405-7425200000030000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WRIGLEY, E.A. y R.S. Schofield, 1981, <i>The Population history of England 1541&#45;1871 a Reconstruction,</i> Harvard University Press, Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5619383&pid=S1405-7425200000030000900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> El 21 de agosto de 1900 se adopt&oacute; una clasificaci&oacute;n detallada de las causas de defunci&oacute;n durante la Primera Conferencia Internacional de Causas de Defunci&oacute;n, a la que acudieron delegados de 26 pa&iacute;ses (OMS, 1978: XII).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Para el caso de M&eacute;xico es posible localizar numerosos y muy completos registros parroquiales que datan del siglo XVI y se extienden hasta el siglo XIX en el Archivo General de la Naci&oacute;n, en el Fondo de la Academia Mexicana de Genealog&iacute;a y Her&aacute;ldica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> La teor&iacute;a humoral de la enfermedad consta de dos postulados b&aacute;sicos. El primero de ellos es que el cuerpo humano est&aacute; formado por un n&uacute;mero variable pero finito, casi siempre cuatro, de l&iacute;quidos o humores diferentes. El segundo es que la salud es el equilibrio de los humores y la enfermedad es el predominio de alguno de ellos sobre los dem&aacute;s. La escuela iatroqu&iacute;mica, surgi&oacute; en el siglo XVI, su postulado fundamental fue estudiar los fen&oacute;menos biom&eacute;dicos desde un punto de vista qu&iacute;mico, el cual constituye hoy un aspecto importante de las ciencias m&eacute;dicas. La escuela iatromec&aacute;nica, compara el cuerpo humano con una m&aacute;quina y explica su funcionamiento sobre bases f&iacute;sica. El animismo o vitalismo postula que uno o m&aacute;s elementos inmateriales constituyen a los seres vivos (generalmente a los superiores) y ejercen distintos niveles de control de sus actividades y poseen diferentes grados de trascendencia y de contacto con la divinidad. Y la teor&iacute;a miasm&aacute;tica fue propuesta en el siglo XVII por Thomas Sydenham, la cual consigui&oacute; proyectarse en el tiempo y en el espacio, sosten&iacute;a que los <i>miasmas</i> (emanaciones f&eacute;tidas de suelos y aguas impuros), causaban la enfermedad; se pensaba que las causas ambientales ten&iacute;an manifestaciones amplias y m&uacute;ltiples en la morbilidad y en la mortalidad (Vera, 1999).</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre la autora</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Marta Vera Bola&ntilde;os. </b></font><font face="verdana" size="2">Realiz&oacute; los estudios de Doctorado en Poblaci&oacute;n en El Colegio de M&eacute;xico y es Maestra en Demograf&iacute;a por esa misma instituci&oacute;n. Desde 1990 se desempe&ntilde;a como profesora&#45;investigadora de tiempo completo en El Colegio Mexiquense y como docente en la Maestr&iacute;a en Ciencias Sociales con especialidad en Desarrollo Municipal. Entre sus publicaciones m&aacute;s recientes est&aacute;n <i>Problemas contempor&aacute;neos de la poblaci&oacute;n mexicana,</i> (coord.), editado por El Colegio Mexiquense y el Consejo Estatal de Poblaci&oacute;n del Estado de M&eacute;xico, 2000; <i>Pol&iacute;ticas publicas de salud en el Estado de M&eacute;xico. Siglo XIX,</i> en el libro <i>Gobierno y administraci&oacute;n p&uacute;blica en el Estado de M&eacute;xico. Una mirada a 175 a&ntilde;os de historia,</i> coordinado por Alfonso Iracheta Cenecorta, editado por El Colegio Mexiquense, 2000; <i>Vigilancia y control de la viruela a cargo de instancias gubernamentales 1891&#45;1930,</i> en la colecci&oacute;n Documentos de Investigaci&oacute;n, editado por El Colegio Mexiquense, 2000, y <i>La inmunizaci&oacute;n contra la viruela en el Estado de M&eacute;xico,</i> en la colecci&oacute;n Documentos de Investigaci&oacute;n, editado por El Colegio Mexiquense, 2000. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:mvera@cmq.edu.mx">mvera@cmq.edu.mx</a>. y <a href="mailto:mvera@att.net.mx">mvera@att.net.mx</a>.</font></p>      ]]></body><back>
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