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<journal-title><![CDATA[Papeles de población]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Universidad Autónoma del Estado de México, Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La crisis ambiental y las tareas de la historia en América Latina]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Centro de Estudios Latinoamericanos Justo Arosemena  ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In the last decades, the impoverishment of the Latin American societies has been combined with the natural one in a dramatic way. In the social thing, the region faces a substantial increase in the incidence of poverty; in what nature aspect is refered, one of the clearest expressions of its impoverishment is the deforestation process, that in the last 30 years has been devastated two million square kilometers, approximately. This article reviews the environmental crises in Latin America and outlines a series of tasks to structure a Latin American environmental history.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La crisis ambiental y las tareas de la historia en Am&eacute;rica Latina</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Guillermo Castro H.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Centro de Estudios Latinoamericanos "Justo Arosamena"</i>.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, el empobrecimiento de las sociedades latinoamericanas se ha combinado con el de su medio natural de un modo dram&aacute;tico. En lo social, la regi&oacute;n enfrenta un sustancial incremento en la incidencia de la pobreza; en lo que se refiere a su naturaleza, una de las expresiones m&aacute;s claras de su empobrecimiento es el proceso de deforestaci&oacute;n, que en los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os ha devastado dos millones de kil&oacute;metros cuadrados, aproximadamente. Este art&iacute;culo revisa las crisis ambientales en Am&eacute;rica Latina y esboza una serie de tareas para estructurar una historia ambiental latinoamericana.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">In the last decades, the impoverishment of the Latin American societies has been combined with the natural one in a dramatic way. In the social thing, the region faces a substantial increase in the incidence of poverty; in what nature aspect is refered, one of the clearest expressions of its impoverishment is the deforestation process, that in the last 30 years has been devastated two million square kilometers, approximately. This article reviews the environmental crises in Latin America and outlines a series of tasks to structure a Latin American environmental history.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Se ha de tener fe en lo mejor del hombre    <br> 	y desconfiar de lo peor de &eacute;l.    <br> 	Hay que dar ocasi&oacute;n a lo mejor    <br> 	para que se revele y prevalezca    <br> 	sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece.    <br> 	Los pueblos han de tener una picota    <br> 	para quien les azuza a odios in&uacute;tiles;    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	y otra para quien no les dice a tiempo    <br> 	la verdad.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Jos&eacute; Mart&iacute;</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Antecedentes</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, el empobrecimiento de las sociedades latinoamericanas ha venido a combinarse con el de su medio natural de un modo que ya alcanza proporciones dram&aacute;ticas. En lo social, por la regi&oacute;n enfrenta "un importante aumento en la incidencia de la pobreza, como sucedi&oacute; en el periodo 1980&#45;1990", con lo cual "casi 200 millones de personas s&oacute;lo pueden acceder a los m&iacute;nimos necesarios, mientras 94 millones... s&oacute;lo cuentan con recursos econ&oacute;micos para comer lo m&iacute;nimo indispensable" (Rosenthal, 1993).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los ejemplos m&aacute;s dram&aacute;ticos del empobrecimiento de nuestra naturaleza lo ofrecen los procesos de deforestaci&oacute;n que, tras devastar unos 2 millones de kil&oacute;metros cuadrados &#151;equivalentes a la totalidad del territorio mexicano&#151; en los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os, contin&uacute;an a una tasa cercana a los 50 mil kil&oacute;metros cuadrados por a&ntilde;o.<sup>2</sup> Combinada con t&eacute;cnicas inadecuadas de utilizaci&oacute;n y conservaci&oacute;n de suelos, a su vez, esa deforestaci&oacute;n ha contribuido a que a principios de la d&eacute;cada de 1980 unos 2.08 millones de kil&oacute;metros cuadrados de territorio &#151;equivalentes a 10 por ciento de la superficie total de la regi&oacute;n&#151; se encontraran "en proceso moderado o grave de desertificaci&oacute;n" (PNUMA/MOPU: 20,21).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ese marco, mientras por un lado siguen siendo incorporadas nuevas &aacute;reas antes inexplotadas a un cultivo precario o a actividades de ganader&iacute;a extensiva, para 1982 las &aacute;reas naturales oficialmente protegidas "abarcaban tan s&oacute;lo 446 400 kil&oacute;metros cuadrados... apenas 2.2 por ciento de la superficie regional", poniendo en grave riesgo el potencial a&uacute;n mal conocido de la biodiversidad que alberga Am&eacute;rica Latina, sobre todo en sus selvas tropicales. Este deterioro rural, a su vez, se corresponde con el de la calidad de vida en &aacute;reas urbanas afectadas por la contaminaci&oacute;n industrial y sobrepobladas en buena medida debido a la inmigraci&oacute;n campesina, las cuales llegar&aacute;n a albergar a cerca de 60 por ciento de la poblaci&oacute;n latinoamericana para el a&ntilde;o 2000, conformando un panorama en el que Fernando Tudela puede afirmar que la pobreza y el deterioro ambiental son "efectos paralelos e interactuantes de un mismo proceso global de desarrollo deformante"(Tudela, 1991: 14).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta perspectiva, los problemas de que hablamos resultan de las formas en que nuestras sociedades han sido organizadas para cumplir determinadas funciones dentro del sistema mundial realmente existente, en particular a lo largo de los &uacute;ltimos 150 a&ntilde;os. &Eacute;sta ser&iacute;a, por tanto, la consecuencia de m&aacute;s largo aliento de la subordinaci&oacute;n de nuestras relaciones con el mundo natural a la l&oacute;gica de aquella econom&iacute;a de rapi&ntilde;a descrita a principios de este siglo por Ernst Friedrich y Jean Brunhes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante tal panorama, parecer&iacute;a que el campo general de trabajo de una historia ambiental latinoamericana deber&iacute;a ser organizado a partir del impacto regional de esa econom&iacute;a de rapi&ntilde;a que, del siglo XVI en adelante, se despliega en un marco de severas restricciones a la autodeterminaci&oacute;n de las sociedades iberoamericanas, asociada a la persistencia de estructuras sociales escindidas que dan lugar a visiones contrapuestas de la naturaleza y su lugar en la vida de nuestro pueblos. Sin embargo, ese planteamiento podr&iacute;a ser enga&ntilde;oso.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, la presencia de esa econom&iacute;a en aquellas sociedades escindidas constituye el resultado de un proceso de muy larga duraci&oacute;n, que se forja a partir de la tard&iacute;a ocupaci&oacute;n humana del espacio (latino) americano, y de experiencias prolongadas de desarrollo no capitalista, de las que result&oacute; una situaci&oacute;n de abundancia relativa de recursos naturales en el momento de la incorporaci&oacute;n de la regi&oacute;n a la econom&iacute;a&#45;mundo europea. De all&iacute; en adelante, esta larga duraci&oacute;n se despliega a lo largo de una diversidad de formas de organizaci&oacute;n de las econom&iacute;as y las sociedades latinoamericanas, y de la articulaci&oacute;n de &eacute;stas con el mundo exterior que, seg&uacute;n se ha visto, pueden ser reducidas en lo esencial a dos grandes fases bien diferenciadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera de esas fases abarca lo que va del siglo XVI a la d&eacute;cada de 1870. Esa fase se presenta marcada por cambios esencialmente cuantitativos dentro de una situaci&oacute;n que combinaba la producci&oacute;n diversificada para el autoconsumo y el mercado interior en amplias extensiones, con la producci&oacute;n especializada para el mercado exterior en enclaves bien delimitados, donde se desplegaron las formas m&aacute;s primitivas de econom&iacute;a de rapi&ntilde;a que parece registrar nuestra historia. Ya se tratara del sistema mina&#45;hacienda o de las primeras econom&iacute;as de plantaci&oacute;n, el hecho es que a lo largo de esta fase el saqueo de la naturaleza se vio restringido en su alcance e intensidad por factores que iban desde el car&aacute;cter restringido y selectivo de la demanda europea de productos americanos y las limitaciones tecnol&oacute;gicas de la &eacute;poca, hasta la tendencia a la conformaci&oacute;n de espacios vitales organizados en torno a un ideal de autosuficiencia complementada con intercambios poco regulares y escasamente diversificados con el mercado exterior.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa situaci&oacute;n, sin embargo, empieza a sufrir una veloz erosi&oacute;n a partir de la d&eacute;cada de 1880, cuando el ingreso masivo de capitales y tecnolog&iacute;a provenientes del mundo noratl&aacute;ntico, propiciado por el triunfo de la reforma liberal, inaugura una fase hist&oacute;rica nueva, en la que la econom&iacute;a de rapi&ntilde;a dejar&aacute; de ser un hecho enclavado para convertirse en la forma hegem&oacute;nica de relaci&oacute;n entre las sociedades latinoamericanas y su mundo natural hasta el presente. El hecho cultural dominante en este proceso, a su vez, es el triunfo absoluto del liberalismo sobre el "viejo estilo espa&ntilde;ol" de que hablaba Halperin como norma de pensamiento y conducta entre las viejas y nuevas elites latinoamericanas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En sus versiones olig&aacute;rquica, primero, populista, despu&eacute;s, y neoliberal en nuestros d&iacute;as, en efecto, el nuevo r&eacute;gimen econ&oacute;mico fue organizado de manera predominante en funci&oacute;n de un comercio exterior especializado en el intercambio de bienes primarios y productos semielaborados por bienes de consumo, medios de producci&oacute;n y capitales provenientes de las sociedades noratl&aacute;nticas de capitalismo desarrollado. En ese marco general, las desventajosas desigualdades de esa modalidad de intercambio y el acceso a medios de producci&oacute;n, transporte y comunicaciones modernos se han expresado, a su vez, en una tendencia a la destrucci&oacute;n y el despilfarro constantes de recursos naturales, en la que cabe encontrar una de las m&aacute;s importantes claves de la crisis ambiental contempor&aacute;nea.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, aun cuando esa crisis expresa la presencia de un indudable conflicto entre tal econom&iacute;a y la naturaleza de la regi&oacute;n, la plenitud de su significado hist&oacute;rico s&oacute;lo empieza a revelarse en la medida en que se incorpora a su an&aacute;lisis otros factores de orden social, pol&iacute;tico y cultural. Conviene recordar, por ejemplo, que, a diferencia de lo ocurrido en &Aacute;frica y Asia, los Estados nacionales latinoamericanos fueron organizados en lo m&aacute;s fundamental en la primera mitad del siglo XIX. As&iacute;, cuando el capitalismo noratl&aacute;ntico llev&oacute; a su primera culminaci&oacute;n la tarea de modelar el mercado mundial bajo su hegemon&iacute;a, encontr&oacute; en la mayor&iacute;a de nuestros pa&iacute;ses una contraparte organizada, compuesta por oligarqu&iacute;as terratenientes y comerciales ansiosas por asociarse al capital extranjero, al que estaban en capacidad de ofrecerle en abundancia tierras y mano de obra baratas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun as&iacute;, se ha visto que estas oligarqu&iacute;as no delegaron su poder social interno en sus propios pa&iacute;ses a sus socios extranjeros, sino que, por el contrario, lo utilizaron como un recurso y como una garant&iacute;a para la asociaci&oacute;n que buscaban, en t&eacute;rminos que sugieren la conveniencia de no subestimar &#151;ni entonces ni ahora&#151; su capacidad para comprender y defender sus propios intereses. La "dependencia", en este sentido, puede ser un t&eacute;rmino tan &uacute;til como riesgoso para definir el tipo de relaciones que se forj&oacute; entre las oligarqu&iacute;as latinoamericanas y sus contrapartes noratl&aacute;nticas a partir de fines del siglo XIX.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta notable, en efecto, el modo en que aquellas elites olig&aacute;rquicas supieron escoger, dentro de las m&uacute;ltiples visiones de la naturaleza presentes en las culturas noratl&aacute;nticas, aquella forma extrema de la "visi&oacute;n imperial" de que habla Donald Worster que mejor se correspond&iacute;a al ejercicio de su poder y la promoci&oacute;n de sus intereses, desde&ntilde;ando, en cambio, las visiones vinculadas a una "administraci&oacute;n racional" de los recursos naturales. De ello result&oacute;, en el plano sociocultural, la conformaci&oacute;n de sociedades nuevamente articuladas a lo largo de fracturas hist&oacute;ricas de larga duraci&oacute;n, puestas en evidencia y encubiertas a un tiempo por el conflicto entre modernidad y tradici&oacute;n que parece impregnar toda la vida cultural del periodo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, la coexistencia de dos modos de relaci&oacute;n con la naturaleza distintos y finalmente hostiles en el interior de nuestras sociedades defini&oacute; una circunstancia en la que &#151;a diferencia de aquel conflicto entre visiones distintas dentro de una misma cultura&#151; ocurri&oacute; una exclusi&oacute;n &#151;vehemente y a menudo violenta&#151; de toda visi&oacute;n alternativa a la "imperial" en el terreno de lo cultural, tal como fue entendido y organizado por las elites olig&aacute;rquicas en funci&oacute;n de su propio proyecto pol&iacute;tico. Con ello, lo que en otras circunstancias hubiera podido convertirse en el equivalente leg&iacute;timo del tipo de visi&oacute;n "arc&aacute;dica" descrito por Worster &#151;elaborado, por ejemplo, a partir de las experiencias de los sectores no capitalistas de nuestras sociedades&#151;, no lleg&oacute; siquiera a conformarse como una opci&oacute;n en el terreno de la cultura olig&aacute;rquica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta exclusi&oacute;n de la experiencia no capitalista del &aacute;mbito de la cultura dominante en nuestras sociedades resulta especialmente significativa para una historia ambiental latinoamericana. Por un lado, facilit&oacute;, sin duda, que las elites olig&aacute;rquicas se identificaron, a un tiempo, como representantes de la civilizaci&oacute;n noratl&aacute;ntica y como adalides en la lucha por el progreso y contra la naturaleza y la barbarie de las sociedades que encabezaban o, mejor a&uacute;n, contra una naturaleza definida como el medio ambiente m&aacute;s propicio a la reproducci&oacute;n de esa barbarie, como resulta visible, por ejemplo, en el tono generalmente hostil al medio natural que impregna a la narrativa latinoamericana del periodo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, ya se trate de la selva que devora a quienes intentan conquistarla, como en <i>La vor&aacute;gine,</i> de Jos&eacute; Eustasio Rivera; ya del campo, como escenario de conflicto entre la civilizaci&oacute;n y la barbarie, como en <i>Do&ntilde;a B&aacute;rbara,</i> de R&oacute;mulo Gallegos; ya de una naturaleza que alberga al peso muerto de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena, como en el <i>Huasipungo,</i> de Jorge Icaza, se conforma a lo largo del periodo una verdadera ideolog&iacute;a de combate, en aras del progreso, contra el medio natural americano y las relaciones sociales que lo caracterizan.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Pero el mismo proceso, por otra parte, puso de relieve la ausencia en nuestras sociedades de un sector intelectual equivalente al que cre&oacute; las visiones "arc&aacute;dicas" en las sociedades noratl&aacute;nticas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La clase media rural que produjo a intelectuales como Gilbert White en Gran Breta&ntilde;a y Henry David Thoreau en Estados Unidos, en efecto, no tuvo un lugar para s&iacute; en la Am&eacute;rica Latina del periodo que nos interesa. Aun en el caso de Jos&eacute; Mart&iacute;, cabe tomar en cuenta que &eacute;ste produjo lo fundamental de su pensamiento sobre la naturaleza en un di&aacute;logo <i>con</i> la cultura estadunidense que conoci&oacute;, ejercido <i>en</i> Estados Unidos <i>desde</i> la crisis del liberalismo latinoamericano de su tiempo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo excepcional de esa circunstancia, a su vez, fue precisamente lo que permiti&oacute; a Mart&iacute; abrir una brecha en los muros de la cultura olig&aacute;rquica, estableciendo la posibilidad de trasladar aquel di&aacute;logo al interior de las culturas latinoamericanas. Su obra, en efecto, dej&oacute; una huella profunda y duradera en la sensibilidad y las mentalidades de aquello que &#151;al menos desde la Revoluci&oacute;n Mexicana de 1910 y, por supuesto, de la Revoluci&oacute;n Cubana de 1959&#151; podr&iacute;a ser llamado una cultura popular subyacente, de permanente presencia en nuestras sociedades y siempre abierta a elaboraciones m&aacute;s complejas en el marco de aquel conflicto entre la "falsa erudici&oacute;n y la naturaleza" a que hac&iacute;a referencia <i>Nuestra Am&eacute;rica.<sup><a href="#notas">2</a></sup></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De este modo, estamos en presencia de dos continuidades. Por un lado, la obra de Mart&iacute; se prolonga en la relaci&oacute;n que establece entre la posibilidad de lo que algunos llamar&iacute;an hoy un "desarrollo sustentable" y el problema de la autodeterminaci&oacute;n y la soberan&iacute;a popular en las sociedades latinoamericanas. Por otro, el culto al progreso caracter&iacute;stico de la cultura olig&aacute;rquica seguir&aacute; alentando &#151;tras la crisis del modelo de "crecimiento hacia fuera"&#151; en las ideolog&iacute;as legitimadoras del "crecimiento hacia dentro" y, hasta hoy, en las dificultades de los Estados de la regi&oacute;n para incorporar a su discurso y su pr&aacute;ctica pol&iacute;tica la dimensi&oacute;n social de la crisis ambiental. El contraste con las sociedades noratl&aacute;nticas no podr&iacute;a ser m&aacute;s claro en este terreno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, si el origen del inter&eacute;s p&uacute;blico por los problemas ambientales en esas sociedades puede ser remitido a los siglos XVIII y XIX, en Am&eacute;rica Latina resulta dif&iacute;cil encontrar algo m&aacute;s que preocupaciones dispersas y medidas inconexas antes de la d&eacute;cada de 1970. De entonces data, en efecto, la incorporaci&oacute;n del tema, "desde afuera" y "desde arriba", a la vida p&uacute;blica de la regi&oacute;n en virtud del inter&eacute;s de organismos internacionales vinculados al sistema de las Naciones Unidas, primero, y al sistema financiero internacional, despu&eacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es de extra&ntilde;ar, en este sentido, que hayan sido y sean organismos como la Comisi&oacute;n Econ&oacute;mica para Am&eacute;rica Latina (CEPAL), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), los principales promotores y orientadores del debate y la formulaci&oacute;n de pol&iacute;ticas en relaci&oacute;n con el medio ambiente en Am&eacute;rica Latina, muy por delante incluso de los propios gobiernos de la regi&oacute;n. Y de aqu&iacute;, por otra parte, ha derivado un sesgo singular en la evoluci&oacute;n del tema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los organismos que ocupan el centro del debate ambiental en la regi&oacute;n, en efecto, lo hacen a nombre de su compromiso con un concepto de "desarrollo" que si bien en las discusiones eruditas no es equiparado al s&oacute;lo crecimiento econ&oacute;mico, sino a la capacidad de &eacute;ste para traducirse en una mejor&iacute;a sustantiva de la calidad de vida de las grandes mayor&iacute;as, en la pr&aacute;ctica asume como tarea fundamental la maximizaci&oacute;n de ese crecimiento.<sup><a href="#notas">3</a></sup> As&iacute; &#151;invocado en nombre del "progreso" antes de 1950; del "desarrollo", de all&iacute; a la d&eacute;cada de 1970, y de la "modernizaci&oacute;n" en nuestros d&iacute;as&#151;, el crecimiento econ&oacute;mico ha sido de hecho el paradigma supremo de la acci&oacute;n tanto del Estado como de las grandes corporaciones privadas en nuestros pa&iacute;ses, mientras los problemas asociados a la calidad de vida de las mayor&iacute;as quedan permanentemente relegados a futuros m&aacute;s o menos distantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El caso, sin embargo, es que las sociedades latinoamericanas de hoy no pueden ya alardear en este terreno ni siquiera de &eacute;xitos equivalentes a los que obtuvieron en sus periodos de "crecimiento hacia fuera" y "crecimiento hacia dentro". Por el contrario, el crecimiento se ha hecho m&aacute;s lento &#151;cuando no negativo, como en la d&eacute;cada de 1980&#151; y los problemas sociales y pol&iacute;ticos que estaba supuesto a resolver &#151;la pobreza, la falta de oportunidades de empleo, el deterioro de los recursos humanos y el car&aacute;cter excluyente y con frecuencia autoritario de las estructuras sociales y los reg&iacute;menes pol&iacute;ticos, entre otros&#151; persisten y se combinan ahora con los del despilfarro de los recursos naturales y la degradaci&oacute;n del medio ambiente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al respecto, el an&aacute;lisis hist&oacute;rico facilita comprender el verdadero alcance de las estructuras y tendencias que subyacen tras lo que un texto como <i>Desarrollo y medio ambiente en Am&eacute;rica Latina. Una visi&oacute;n evolutiva</i> designa como la paradoja de que una regi&oacute;n que, "seg&uacute;n la opini&oacute;n generalizada", carece de</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">limitaciones en sus sistemas naturales que le impidan la satisfacci&oacute;n de sus necesidades, que dispone de una base educativa, cultural y tecnol&oacute;gica incipiente, pero bastante m&aacute;s s&oacute;lida que la de las dem&aacute;s regiones del mundo en desarrollo, y que ha logrado en su conjunto avances democr&aacute;ticos innegables, (se vea sometida a) un proceso de deterioro social y ambiental sin precedentes.</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa paradoja, sin embargo, puede resultar a&uacute;n m&aacute;s amplia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, sociedades que han moldeado una parte tan sustancial de su cultura en este siglo en la b&uacute;squeda de sus especificidades y en la construcci&oacute;n de su identidad, se ven ahora enfrentadas a una crisis de escala planetaria que les exige otra vez pensarse en el seno de una civilizaci&oacute;n que en tantos sentidos les ha sido ajena y hostil. Esto viene a ocurrir, adem&aacute;s, cuando la caracterizaci&oacute;n de esa crisis se torna elusiva, a medida que los datos que va aportando su devenir abarcan &aacute;mbitos cada vez m&aacute;s amplios de la vida humana y, al propio tiempo, cancelan sin cesar la viabilidad de las alternativas intentadas o pensadas en cada fase del proceso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este nuevo giro en nuestra historia se vincula, a su vez, con dos fen&oacute;menos propios de nuestro tiempo. Por un lado, con la preocupaci&oacute;n por el deterioro de nuestras tierras, aguas y aire, asociada a un gran crecimiento demogr&aacute;fico en un marco de subdesarrollo econ&oacute;mico e iniquidad social creciente, a esto se agrega la que provocan procesos que ya no tienen un origen meramente regional. Por otro lado, los periodos de desarrollo de nuestras relaciones con la naturaleza parecen ser cada vez m&aacute;s cortos, coincidir de manera cada vez m&aacute;s cercana con los de la historia de nuestras relaciones econ&oacute;micas externas y, al propio tiempo, desplegar consecuencias de alcance cada vez m&aacute;s vasto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es inevitable, en esta circunstancia, que entren en cuesti&oacute;n todos los t&eacute;rminos en que hasta hace poco era pensada Am&eacute;rica Latina, empezando por el concepto mismo de "desarrollo". As&iacute;, por ejemplo, el texto <i>Nuestra propia agenda sobre medio ambiente y desarrollo,</i> tras caracterizar al deterioro ecol&oacute;gico como un proceso que afecta "con diversas intensidades y consecuencias" a todos "los pa&iacute;ses en desarrollo", deriva de ello la "premisa fundamental" &#151;de cuyas implicaciones, dice, "depende el destino de la humanidad"&#151;, de que "el deterioro ambiental no es una consecuencia inescapable del progreso humano, sino una caracter&iacute;stica de ciertos modelos de crecimiento econ&oacute;mico que son intr&iacute;nsecamente insostenibles en t&eacute;rminos ecol&oacute;gicos, as&iacute; como desiguales e injustos en t&eacute;rminos sociales". As&iacute;, ya resulta no s&oacute;lo "indispensable", sino adem&aacute;s "posible", la b&uacute;squeda de "otras formas de desarrollo" que permitan "un nuevo crecimiento econ&oacute;mico" sostenible, tanto en t&eacute;rminos ambientales como sociales y econ&oacute;micos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con todo, la restricci&oacute;n inicial del an&aacute;lisis a los pa&iacute;ses "en desarrollo" se ve rebasada en cuanto se afirma que esa b&uacute;squeda deber&iacute;a tener por objetivo "un cambio cualitativo del modelo", que privilegiara "como objetivo central la calidad de vida de todos los seres humanos del planeta", lo que naturalmente implicar&iacute;a "tener en cuenta las interacciones m&uacute;ltiples y din&aacute;micas, a distintas escalas <i>desde lo local a lo global"</i> (PNUD/BID,1991: 21).<sup><a href="#notas">4</a></sup> Y aun as&iacute;, al considerar a la crisis ambiental como un factor de riesgo para un desarrollo que no cuestiona en su racionalidad, sino en la eficiencia ambiental y social de sus estilos vigentes, el texto no llega realmente a articular entre s&iacute; lo ambiental con los problemas inherentes a la exacerbaci&oacute;n de las iniquidades que caracterizan a la econom&iacute;a mundial contempor&aacute;nea.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, el texto del PNUMA/MOPU &#151;desde una perspectiva menos comprometida con las pol&iacute;ticas al uso por parte de la mayor&iacute;a de los Estados de la regi&oacute;n&#151; considera que tanto la crisis contempor&aacute;nea como el intento de enfrentarla mediante "econom&iacute;as de guerra" que "postergan con frecuencia los objetivos sociales y ambientales del desarrollo", ponen en evidencia "un cambio notable en la percepci&oacute;n social del proceso de desarrollo". De este modo, se dice, tras d&eacute;cadas de un optimismo "rayano en el triunfalismo, parece dominar hoy en la regi&oacute;n un sentimiento de frustraci&oacute;n y fracaso", pues lo que empez&oacute; siendo "una simple crisis econ&oacute;mica est&aacute; adquiriendo ya el car&aacute;cter de una verdadera crisis de civilizaci&oacute;n", que integra las diversas "crisis espec&iacute;ficas" en una sola, en la cual se sintetizan "las dificultades para adaptarse a las nuevas dimensiones derivadas de las transformaciones en curso" (PNUMA/MOPU, 1991: 19).<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo indica, as&iacute;, que nuestra crisis regional expresa las consecuencias de una modalidad de participaci&oacute;n en un proceso global del que no escapa ninguno de los sistemas econ&oacute;micos contempor&aacute;neos. En ese marco, la dimensi&oacute;n socioambiental de la crisis <i>en</i> Am&eacute;rica Latina resulta tanto de las limitaciones que su inserci&oacute;n en el mercado mundial le impone para dar respuesta a sus problemas sociales, como del ritmo y la escala que esa inserci&oacute;n ha llegado a imponer a la explotaci&oacute;n de sus recursos naturales. Con ello, podr&iacute;a decirse que el an&aacute;lisis de nuestra crisis ambiental podr&iacute;a equivaler al recuento de las consecuencias que ha tenido para el medio ambiente regional nuestra modalidad de inserci&oacute;n en el mercado mundial. Sin embargo, a&uacute;n este planteamiento podr&iacute;a presentar equivalencias enga&ntilde;osas.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Am&eacute;rica Latina ante la crisis global de la biosfera</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un sentido general, existe amplio consenso en cuanto a que el impacto de la crisis contempor&aacute;nea se hace sentir con especial energ&iacute;a en los campos del comercio, la seguridad y el medio ambiente globales. Sin embargo, la dimensi&oacute;n ambiental de la crisis manifiesta singulares diferencias en su naturaleza, su alcance y sus implicaciones, respecto a las otras dos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer t&eacute;rmino, los problemas asociados a la seguridad y el comercio internacionales ya han estado presentes en otras grandes transiciones del sistema mundial en lo que va de mediados del siglo pasado a nuestros d&iacute;as.<sup><a href="#notas">6</a></sup> El deterioro global de la biosfera, sin embargo, constituye un problema de nuevo tipo, que excede los viejos procesos de definici&oacute;n de cuotas de poder a escala planetaria y plantea a la humanidad los riesgos de un severo retroceso en la calidad de vida de la especie entera, cuando no los de su eventual extinci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; lo m&aacute;s sorprendente de la crisis que hoy nos aqueja sea el modo en que implica y no un retorno a las formas y problemas normales en el funcionamiento de un sistema mundial que comenz&oacute; a formarse hace (apenas) unos 500 a&ntilde;os. En efecto, el desarrollo de ese sistema se ha caracterizado &#151;salvo el breve interregno de la Guerra Fr&iacute;a&#151; por conflictos asociados al reparto de esferas de influencia entre grandes potencias; a la disputa por el control de los flujos financieros y comerciales; a la lucha por la soberan&iacute;a y la autodeterminaci&oacute;n de las naciones emergentes &#151;incluyendo sus expresiones etnoculturales y religiosas&#151; y a los que se originan en el impacto multifac&eacute;tico de los flujos migratorios, por mencionar algunos de tradicional importancia en las relaciones internacionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La crisis de nuestro tiempo, sin embargo, articula y exacerba a un tiempo los problemas caracter&iacute;sticos de esa normalidad de un modo que ya plantea una amenaza a la sustentabilidad de las formas de relaci&oacute;n con la bi&oacute;sfera de las que ha dependido la civilizaci&oacute;n occidental durante estos cinco siglos. &Eacute;ste es, en efecto, el sentido m&aacute;s preciso en que cabe afirmar que la dimensi&oacute;n ambiental de la crisis expresa los problemas de una estructura econ&oacute;mica global gestada y administrada a partir de un paradigma que "excluye a los seres humanos de la leyes de la naturaleza" y que, al mismo tiempo, considera a la biosfera como un reservorio inagotable de recursos. (Porter y Welsh,1991: 27).<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, la crisis de nuestro tiempo revela tambi&eacute;n limitaciones crecientes en la eficacia de los mecanismos creados hasta ahora para el manejo de los conflictos ambientales inherentes al funcionamiento del mercado mundial. El car&aacute;cter ubicuo del deterioro ambiental, y lo generalizado y diverso de las preocupaciones que genera, tienden inevitablemente a desbordar las formas tradicionales de relaci&oacute;n entre los Estados, ampliando, por otro lado, la esfera de influencia de organismos internacionales que, como el Banco Mundial, act&uacute;an, en los hechos, como entidades supranacionales, de un modo que con frecuencia exacerba las inadecuaciones del sistema internacional contempor&aacute;neo y contribuye a generar en la pr&aacute;ctica una reforma del mismo que apenas empieza a ser debatida en la teor&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los problemas que esto implica se complican, adem&aacute;s, porque el sistema internacional contempor&aacute;neo no fue dise&ntilde;ado para enfrentar el tipo de conflictos que plantea la dimensi&oacute;n ambiental de la crisis. &Eacute;sta, en efecto, no es "explosiva" sino gradual en su desarrollo y permite, por lo mismo, plazos en apariencia muy amplios para la adaptaci&oacute;n de las sociedades humanas a sus consecuencias, y para la negociaci&oacute;n de soluciones a sus causas. Al respecto, por ejemplo, basta observar c&oacute;mo hemos venido habitu&aacute;ndonos en Am&eacute;rica Latina a convivir con la endemia del c&oacute;lera, cuyo retorno a la vida de nuestras sociedades dej&oacute; de ser motivo de esc&aacute;ndalo p&uacute;blico en cuanto la enfermedad generaliz&oacute; su presencia en todos los pa&iacute;ses de nuestra regi&oacute;n.<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, resulta especialmente llamativa la relativa irrelevancia del poder&iacute;o econ&oacute;mico y militar ante los problemas que plantea la dimensi&oacute;n ambiental de la crisis. Sin duda, el hecho de que un Estado o un grupo de Estados disponga de esas formas de poder&iacute;o les otorga aqu&iacute;, como en los otros terrenos de la agenda internacional, una posici&oacute;n ventajosa para la promoci&oacute;n de sus propios puntos de vista en el debate o para el bloqueo de propuestas de soluci&oacute;n que afecten sus intereses. Aun as&iacute;, esas ventajas pueden resultar pol&iacute;ticamente contraproducentes para quienes las ejercen, pues el tipo de econom&iacute;a que las sustenta constituye precisamente el mayor factor de presi&oacute;n y despilfarro sobre los recursos naturales en nuestro tiempo, con lo que esos factores de poder se convierten en un motivo m&aacute;s para situar a quienes los poseen en una inc&oacute;moda posici&oacute;n defensiva ante el resto de la comunidad internacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, la dimensi&oacute;n ambiental de la crisis crea circunstancias en las que Estados carentes de aquellas ventajas pueden oponerse a decisiones de inter&eacute;s para los m&aacute;s poderosos, en la medida en que controlan el acceso a recursos naturales o segmentos de procesos productivos que les confieren un virtual poder de veto ante problemas espec&iacute;ficos. El caso de las oligarqu&iacute;as ganaderas y agroindustriales latinoamericanas, estrechamente asociadas a las elites de poder de nuestros pa&iacute;ses, no puede ser m&aacute;s ilustrativo, por ejemplo, en su capacidad para bloquear iniciativas encaminadas a la protecci&oacute;n de las selvas tropicales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, el rasgo diferencial de mayor trascendencia que presenta la dimensi&oacute;n ambiental de la crisis es, probablemente, el que se deriva de los espacios que ella ha abierto a la participaci&oacute;n de organizaciones no gubernamentales en el planteamiento y desarrollo del debate en torno a los conflictos asociados al deterioro de la biosfera. En este sentido, y quiz&aacute; como nunca antes, las sociedades de los pa&iacute;ses involucrados en esta crisis han empezado a abrirse paso en terrenos que los Estados nacionales y las organizaciones internacionales usualmente se han reservado en virtual exclusividad para s&iacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta perspectiva, y en medio de todos sus males, la crisis ambiental <i>podr&iacute;a</i> llegar a tener un efecto profundamente democratizador en las relaciones internacionales, originando una posibilidad insospechada para la creaci&oacute;n de un orden mundial que resulte nuevo por ser mucho m&aacute;s participativo que aqu&eacute;llos que tuvieron por eje a la Sociedad de las Naciones o la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas. Sin embargo, aun esta posibilidad se presenta atravesada por todas las disparidades caracter&iacute;sticas del sistema internacional contempor&aacute;neo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, por ejemplo, a principios de la d&eacute;cada de 1980 se estimaba que exist&iacute;an 13 mil ONG en los pa&iacute;ses industrializados, cuya poblaci&oacute;n representa 20 por ciento de la humanidad. En contraste, los pa&iacute;ses en desarrollo &#151;que re&uacute;nen 80 por ciento de la poblaci&oacute;n mundial&#151;, contaban con unas dos mil 230 ONG. El European Environmental Bureau, por ejemplo &#151;una confederaci&oacute;n de 120 ONG nacionales&#151;, tiene una membres&iacute;a combinada de 20 millones de afiliados en los pa&iacute;ses de la Comunidad Europea, mientras que las ONG vinculadas a temas ambientales en los Estados Unidos re&uacute;nen unos 13 millones de asociados (Porter y Welsh, 1991: 56&#45;57).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De este modo, aun cuando pueda decirse que estas ONG del norte y el sur "comparten en su mayor&iacute;a una misma orientaci&oacute;n hacia el desarrollo sustentable", el hecho es que persisten diferencias muy importantes entre ambos grupos, que no se reducen a problemas de "estilo y estrategia". As&iacute;, a la enorme desigualdad en el n&uacute;mero de organizaciones y de recursos de todo orden de que disponen, debe agregarse la diferencia en la capacidad de esas ONG para influir en los procesos de negociaci&oacute;n y toma de decisiones en sus respectivos pa&iacute;ses como en el escenario internacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso de las ONG latinoamericanas, por ejemplo, resulta evidente que, a m&aacute;s de ser poco numerosas por comparaci&oacute;n, dependen en medida mucho mayor de subsidios externos, tienen un radio de influencia social mucho m&aacute;s restringido &#151;en particular a sectores urbanos de clase media&#151; y operan ante Estados para los que la sociedad civil constituye m&aacute;s un concepto discursivo de la "modernidad" que un sujeto tangible por derecho propio. Por lo mismo, al presentarse como suced&aacute;neas del tipo de interlocutor que el Estado tiene en las sociedades noratl&aacute;nticas, las ONG latinoamericanas contribuyen en ocasiones a redondear entre nosotros la implantaci&oacute;n de las formas caracter&iacute;sticas del debate sobre lo ambiental en el mundo desarrollado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un sentido aun m&aacute;s amplio, este tipo de situaciones confirman lo advertido por el historiador Eric J. Hobsbawn (1992) al se&ntilde;alar que en la crisis ambiental de nuestro tiempo se combinan a escala planetaria las amenazas a la vida humana que se derivan del "puro crecimiento exponencial de la producci&oacute;n y la contaminaci&oacute;n", con los conflictos inherentes a un mundo "dividido en una minor&iacute;a de Estados muy ricos y la mayor&iacute;a de los pobres". Una crisis as&iacute;, a&ntilde;ade Hobsbawn, plantea problemas que s&oacute;lo pueden ser resueltos mediante "una acci&oacute;n sistem&aacute;tica y planeada por parte de los gobiernos dentro de los Estados e internacionalmente, y... un ataque a los bastiones de la econom&iacute;a de mercado de consumidores". Con ello, el desaf&iacute;o mayor de nuestro tiempo consistir&iacute;a en que si esta acci&oacute;n p&uacute;blica y esta planeaci&oacute;n "no son encaradas por gente que cree en los valores de la libertad, la raz&oacute;n y la civilizaci&oacute;n", lo ser&aacute;n "por gente que no cree en ellos, porque tendr&aacute;n que ser emprendidos por alguien".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para una Am&eacute;rica Latina que sigue siendo parte de aquella "mayor&iacute;a de los pobres", sin embargo, resulta evidente que la acci&oacute;n p&uacute;blica y la planeaci&oacute;n de que habla Hobsbawn tendr&iacute;an que enfrentar tanto los formidables obst&aacute;culos que implicar&iacute;a una transformaci&oacute;n en las formas de relaci&oacute;n hoy existentes entre el norte y el sur, como los que supondr&iacute;a una reforma radical de sus propias estructuras sociales. No basta aqu&iacute;, en efecto, con afirmar la necesidad indudable de encontrar nuevas formas de colaboraci&oacute;n a nivel hemisf&eacute;rico, como las propuestas por el <i>Pacto para un Nuevo Mundo</i> ante problemas como la deforestaci&oacute;n, el uso inadecuado de la energ&iacute;a, la contaminaci&oacute;n industrial, la pobreza, el crecimiento demogr&aacute;fico, la carencia de tecnolog&iacute;as ambientalmente adecuadas, las restricciones al libre comercio y las limitaciones de recursos financieros, y propone iniciativas de pol&iacute;tica a todos los gobiernos del continente para enfrentar esos problemas a un tiempo desde el norte y el sur del r&iacute;o Bravo (Di&aacute;logo..., 1991).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es necesario, adem&aacute;s, emprender las tareas que hagan posible desplegar, en las sociedades de ambas regiones, la voluntad pol&iacute;tica necesaria para crear las condiciones de equidad social y participaci&oacute;n democr&aacute;tica sin las cuales ning&uacute;n desarrollo puede llegar a ser sustentable. En este sentido, si concedemos que Hobsbawn tiene raz&oacute;n en la disyuntiva que se&ntilde;ala, tendr&iacute;amos que reconocer tambi&eacute;n que el significado de t&eacute;rminos como libertad, raz&oacute;n y civilizaci&oacute;n dista mucho de ser evidente por s&iacute; mismo en una Am&eacute;rica Latina que busca un lugar para s&iacute; en un mundo en crisis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por el contrario, ese significado ha de ser ubicado en alg&uacute;n punto entre los extremos de nuestro ambientalismo. Por un lado, el de la reiterada exaltaci&oacute;n tecnocr&aacute;tica del progreso en nombre de la "modernizaci&oacute;n", a la que se aferran los poderes p&uacute;blicos y privados de nuestros pa&iacute;ses. Y, por otro, el de la idealizaci&oacute;n de la creatividad desesperada de nuestros pobres del campo y la ciudad, por parte de sectores intelectuales de una clase media empobrecida que Joan Mart&iacute;nez&#45;Alier llama "neonarodnistas".<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tales extremos, en efecto, constituyen los polos m&aacute;s opuestos en el debate en marcha sobre la agudizaci&oacute;n de los conflictos de todo orden que caracterizan el periodo de transici&oacute;n que atravesamos, en cuya naturaleza parece estar la creciente disputa que acompa&ntilde;a a cada paso de avance en el consenso y la consiguiente ampliaci&oacute;n incesante del campo de lo ambiental en la discusi&oacute;n. Por lo mismo, la posibilidad de que nuestras sociedades puedan enfrentar con &eacute;xito los retos y oportunidades de nuevo tipo que les ofrece la dimensi&oacute;n ambiental de la crisis plantea dificultades derivadas del modo en que la preocupaci&oacute;n por este tema se ha hecho presente en la regi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En contraste con las sociedades noratl&aacute;nticas &#151;donde se ha venido desplegando "desde dentro" y "desde abajo" a lo largo de casi 200 a&ntilde;os&#151;, esa preocupaci&oacute;n por lo ambiental, adem&aacute;s de ser relativamente reciente entre nosotros, ha venido siendo planteada en lo esencial "desde fuera" y "desde arriba". De all&iacute; que, mientras el ambientalismo noratl&aacute;ntico pudo constituirse en un importante factor de participaci&oacute;n ciudadana que oblig&oacute; al Estado a construir un discurso formal y a desarrollar una pol&iacute;tica ambiental expl&iacute;cita, en Am&eacute;rica Latina pas&oacute; a ser el Estado quien estableciera los t&eacute;rminos en que el discurso ambiental pod&iacute;a ser considerado como tal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El car&aacute;cter tecnoburocr&aacute;tico dominante en la delimitaci&oacute;n de lo ambiental como tema de debate p&uacute;blico en nuestros pa&iacute;ses constituye un factor que no debe ser subestimado al indagar sobre las formas de presencia del medio ambiente en nuestra cultura contempor&aacute;nea. Ello ayuda a comprender, por ejemplo, que &#151;as&iacute; como a fines del siglo XIX las elites olig&aacute;rquicas hicieron suya aquella visi&oacute;n "imperial" de la naturaleza propia de sus pares victorianos&#151; a partir de 1970 nuestros Estados se apropiaran de las versiones m&aacute;s extremas, tambi&eacute;n, de aquella "nueva ecolog&iacute;a" que encuentra sus paradigmas en los valores del "moderno orden econ&oacute;mico, tal como resulta modelado por la tecnolog&iacute;a" (Worster,1992: 293).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El resultado discursivo de esa apropiaci&oacute;n puede verse, por ejemplo, en la definici&oacute;n de desarrollo sustentable que ofrece el documento <i>Ecosistemas: conceptos fundamentales,</i> producido por la Unidad Conjunta CEPAL/PNUMA de Desarrollo y Medio Ambiente: "En t&eacute;rminos ecol&oacute;gicos, la sustentabilidad de un ecosistema es su capacidad de mantenerse estable en el tiempo, lo que se logra si los par&aacute;metros de volumen, tasas de cambio y tasas de circulaci&oacute;n se mantienen constantes o fluct&uacute;an en torno a valores promedio" (1990: 1134). Todo ello, adem&aacute;s, ayuda a entender que en nuestro medio acad&eacute;mico la preocupaci&oacute;n por lo ambiental se concentre &#151;a menudo sin verdadero contacto entre s&iacute;&#151; en las &aacute;reas de la biolog&iacute;a y la geograf&iacute;a, aunque en fecha m&aacute;s reciente haya empezado a tener algunas manifestaciones en el campo de la econom&iacute;a, si bien de manera unilateral, estrechamente asociada a las discusiones acerca de una "gesti&oacute;n ambiental" usualmente referida al servicio a agencias estatales o grandes corporaciones transnacionales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo evidente de la brecha social y cultural entre ese discurso y los intereses de las grandes mayor&iacute;as latinoamericanas obliga a preguntarse por las formas de presencia de la multitud &#151;invisible en esos t&eacute;rminos&#151; que conforman los excluidos del debate as&iacute; planteado. Podr&iacute;a decirse, en este sentido, que el verdadero equivalente latinoamericano del movimiento ambientalista noratl&aacute;ntico se encuentra aqu&iacute; escindido entre las capas medias educadas urbanas, por un lado, y sectores populares, por otro &#151;en particular pobres urbanos, ind&iacute;genas y campesinos&#151;, que desde hace decenios vienen luchando por preservar para su propia existencia recursos naturales amenazados por la expansi&oacute;n de empresas capitalistas modernas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, mientras el ambientalismo noratl&aacute;ntico act&uacute;a <i>dentro</i> de la econom&iacute;a de mercado &#151;como tambi&eacute;n suele hacerlo el m&aacute;s cercano a las elites de nuestras sociedades&#151;, una parte sustancial del ambientalismo popular latinoamericano actuar&iacute;a <i>contra</i> esa econom&iacute;a, que entre nosotros se encuentra a&uacute;n en expansi&oacute;n. Desde la perspectiva de las ideolog&iacute;as del progreso, esto explica que tales movimientos ecologistas sean descalificados a menudo como reaccionarios &#151;cuando no son objeto de represi&oacute;n abierta o encubierta&#151; o se conviertan, de manera parad&oacute;jica s&oacute;lo en apariencia, en aliados de sectores conservacionistas del norte.<sup><a href="#notas">10</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta situaci&oacute;n, por supuesto, tiene que ver con los tiempos y las formas en que los problemas ambientales se han hecho presentes en el quehacer cultural y pol&iacute;tico de la regi&oacute;n. A primera vista, por ejemplo, factores que en las sociedades noratl&aacute;nticas se han sucedido a lo largo de dos siglos, en Am&eacute;rica Latina operan a partir de una simultaneidad social y cultural sustentada en la compleja trama de articulaciones entre sectores "tradicionales" y "modernos" que caracterizan a nuestras sociedades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las nuevas visiones ecotecnocr&aacute;ticas que nuestros sectores urbanos cultos han adquirido en los pa&iacute;ses noratl&aacute;nticos, por ejemplo, coinciden en el tiempo latinoamericano con la antigua visi&oacute;n de la naturaleza centrada en la interdependencia entre el ser humano y su medio ambiente, caracter&iacute;stica de sectores ind&iacute;genas y campesinos que siguen siendo importantes en nuestros pa&iacute;ses. De alg&uacute;n modo, se ha reconstituido entre nosotros la brecha entre una ecolog&iacute;a de la civilizaci&oacute;n neoliberal y otra de la barbarie neopopulista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun as&iacute;, es posible que el antagonismo entre esas tendencias en pugna en nuestra cultura sea m&aacute;s relativo de lo que parece a primera vista. En efecto, si bien el inter&eacute;s por lo ambiental tiene su expresi&oacute;n m&aacute;s visible entre nosotros en la actividad de sectores urbanos minoritarios de clase media educada &#151;cuyo lenguaje, intereses, aspiraciones y conducta los sit&uacute;an en una posici&oacute;n a menudo distante de los pobres de las ciudades y el campo&#151;, esto no implica por necesidad ausencia de preocupaciones ambientales relevantes para nuestras sociedades entre estos &uacute;ltimos. Por el contrario, lo que este panorama nos ofrece recuerda m&aacute;s bien a aquella imagen de lucha entre las especies "por el dominio en la unidad del g&eacute;nero", con que Jos&eacute; Mart&iacute; caracterizara a la cultura latinoamericana de la d&eacute;cada de 1880.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es un hecho, sin duda, que el obrero del pl&aacute;tano envenenado por los pesticidas y el habitante de barrios pobres contaminados por deshechos t&oacute;xicos y aguas servidas tienen escaso contacto con el estudiante o el intelectual urbanos que se preocupan por el efecto invernadero, el desgaste de la capa de ozono o el tr&aacute;fico internacional de deshechos t&oacute;xicos. Pero tambi&eacute;n es un hecho que en una crisis que hoy se plantea &#151;y ma&ntilde;ana ha de resolverse o no&#151; a escala global, la cultura ecol&oacute;gica de las capas medias mantiene a nuestras sociedades en contacto con un movimiento internacional rico y diverso. Esto, sin duda, contribuye a que podamos comprender y encarar mejor los problemas ambientales de nuestra propia regi&oacute;n y, naturalmente, los que ella comparte con el resto del planeta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun as&iacute;, el reconocimiento de estas especificidades latinoamericanas implica, en primer t&eacute;rmino, el de las dificultades que ellas plantean para el dise&ntilde;o de las estrategias de movilizaci&oacute;n social y cambio cultural que garanticen la eficacia de la acci&oacute;n pol&iacute;tica y las transformaciones econ&oacute;micas imprescindibles para enfrentar la crisis ambiental en nuestra regi&oacute;n. Sometidos a un estilo de desarrollo que hoy crea sin cesar m&aacute;s problemas de los que resuelve en todos los &oacute;rdenes de nuestra vida, nos corresponde, ahora como nunca, enfrentar el desaf&iacute;o mayor de la persistencia de los factores que estimulan aquella disociaci&oacute;n de nuestras sociedades y nuestra cultura de la que resulta la principal dificultad para constituir el tipo de movimiento social que exige la soluci&oacute;n a los problemas ambientales que nos aquejan.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La crisis ambiental y las tareas de la historia</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En perspectiva hist&oacute;rica, podr&iacute;a decirse que el debate sobre lo ambiental se organiza hoy a partir de una verdad cada vez m&aacute;s evidente: que la "normalidad" del trabajo <i>contra</i> la naturaleza, caracter&iacute;stica del moderno sistema mundial, ha dejado de ser "sustentable". Con ello, la especie humana se acerca a un momento de su evoluci&oacute;n en el que la acumulaci&oacute;n de los resultados de sus propias acciones a lo largo de cinco siglos le impone una disyuntiva cada vez m&aacute;s precisa.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por un lado, est&aacute; la alternativa hoy dominante de preservar a toda costa las formas de organizaci&oacute;n y desarrollo social que subyacen tras esa modalidad de relaci&oacute;n con la naturaleza, lo que sin duda implicar&aacute; costos econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos cada vez m&aacute;s altos, sin ofrecer verdaderas garant&iacute;as para la reversi&oacute;n del deterioro global que presenciamos. Por otro, est&aacute; la de encarar la necesidad de encontrar formas nuevas de organizaci&oacute;n de la vida social que, a su vez, permitan iniciar el desarrollo de una relaci&oacute;n de trabajo <i>con</i> la naturaleza, en t&eacute;rminos que permitan revertir el proceso en cuesti&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante esa disyuntiva, la <i>primera</i> tarea de una historia ambiental ha de consistir en cuestionar la naturalidad aparente de una relaci&oacute;n con el medio ambiente, que a fin de cuentas se reduce a la identificaci&oacute;n y explotaci&oacute;n, tan intensa y r&aacute;pidamente como sea posible, de los recursos que demande el mercado exterior. Historizada, por el contrario, esa relaci&oacute;n se ve remitida a una circunstancia en la que</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">bajo determinadas formas de organizaci&oacute;n humana, en las que las relaciones sociales resultan asim&eacute;tricas, las relaciones entre producci&oacute;n y naturaleza tambi&eacute;n resultan contradictorias, (mientras que) una relaci&oacute;n arm&oacute;nica, sinerg&eacute;tica, entre producci&oacute;n y naturaleza s&oacute;lo ser&iacute;a posible en una sociedad con relaciones internas tambi&eacute;n arm&oacute;nicas (Jovan&eacute;,1994: 19).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al hacerlo as&iacute;, resultar&aacute; evidente que el estilo de discusi&oacute;n dominante sobre el tema oculta el hecho de que nuestros problemas ambientales se prolongar&aacute;n en el futuro a menos que sea modificada aquella doble asimetr&iacute;a, interna y externa, que caracteriza nuestro desarrollo a partir del siglo XVI. Por ahora, sin embargo, ni los sectores de clase media ni los pobres de la ciudad y el campo tienen verdaderas posibilidades de &eacute;xito en la tarea de creaci&oacute;n de esa circunstancia nueva, a menos que encuentren un terreno firme de coincidencia para sus luchas hasta hoy dispersas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto define, como <i>segunda</i> tarea para una historia ambiental latinoamericana, la de facilitar la definici&oacute;n de ese terreno de coincidencia, contribuyendo a revelar hasta d&oacute;nde son comunes los problemas de ambos sectores sociales y hasta d&oacute;nde tendr&aacute;n que serlo las soluciones realmente capaces de beneficiar a la mayor&iacute;a que ambos forman. El reconocimiento de esos elementos comunes, en lo que tienen de espec&iacute;fico a nuestra regi&oacute;n, tendr&aacute;, en efecto, una importancia decisiva para el dise&ntilde;o de las estrategias de movilizaci&oacute;n social y cambio cultural que garanticen la eficacia de la acci&oacute;n pol&iacute;tica y las transformaciones econ&oacute;micas imprescindibles para enfrentar la crisis ambiental. Por lo mismo, la construcci&oacute;n del conocimiento hist&oacute;rico que nos permita re&#45;conocer la comunidad que podemos ser &#151;y entender la necesidad de asumir los costos que implique constituirla&#151;, adquiere singular importancia en momentos en que, como nunca antes, nuestro destino se juega con el de la humanidad entera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esas tareas de nivel regional, a su vez, s&oacute;lo podr&aacute;n ser emprendidas con verdaderas posibilidades de &eacute;xito si se atiende a su vinculaci&oacute;n ineludible con los problemas de orden global que plantea la crisis ambiental de nuestro tiempo. Por lo mismo, la <i>tercera</i> tarea de una historia ambiental latinoamericana tendr&iacute;a que consistir en facilitar el desarrollo de nuestra capacidad para trabajar con el mundo, y no contra &eacute;l, en la soluci&oacute;n de los problemas que plantea esa crisis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, por ejemplo, esa historia ambiental podr&iacute;a efectuar una importante contribuci&oacute;n al debate sobre el llamado "desarrollo sustentable", que hoy constituye, quiz&aacute;, el m&aacute;s importante de los espacios disponibles para la creaci&oacute;n de un nuevo consenso norte&#45;sur en torno a los fines y los medios a emplear para hacer frente al deterioro de la biosfera. No se trata aqu&iacute; de intentar a&uacute;n m&aacute;s variaciones sobre un asunto cuyo &eacute;xito de prensa ya tendr&iacute;a que inspirar sospechas en tiempos como los que vivimos, sino de encarar &#151;de un modo que sea nuevo, entre otras cosas, por su capacidad para reconocer la legitimidad de las perspectivas en di&aacute;logo&#151; el tema al que ese asunto alude, que es el de la insustentabilidad de las formas vigentes de relaci&oacute;n entre el mundo humano y el natural a escala planetaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el norte, por ejemplo, Donald Worster ha rastreado el origen de la noci&oacute;n de sustentabilidad en problemas asociados al manejo de bosques madereros para garantizar su rendimiento sostenido en la Alemania de fines del siglo XVIII. Esa noci&oacute;n de sustentabilidad, dice, vino a ser vinculada a la de desarrollo a mediados de la d&eacute;cada de 1980, como parte de una soluci&oacute;n de compromiso que permitiera a los grandes centros de poder del sistema mundial asumir y mediatizar, a un tiempo, la inquietud que provocaba en las sociedades noratl&aacute;nticas la creciente percepci&oacute;n de una amenaza ambiental a lo que hasta poco antes hab&iacute;a parecido la posibilidad de un crecimiento econ&oacute;mico sostenido, aunque no sustentable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, asociada a la noci&oacute;n de "desarrollo", que sintetizaba las aspiraciones de las partes menos afortunadas de ese sistema mundial, la sustentabilidad pas&oacute; a formar parte de un discurso cuyo atractivo mayor consiste "en su aceptabilidad pol&iacute;tica internacional, tanto para las naciones ricas como para las pobres, y su potencial para estimular amplias coaliciones entre numerosas partes enfrentadas". En ese discurso, el norte y el sur "podr&iacute;an unirse ahora sin mayores dificultades en torno a un ambientalismo nuevo y m&aacute;s progresivo", de modo que</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El capitalista y el socialista, el cient&iacute;fico y el economista, las masas empobrecidas y las &eacute;lites urbanas, podr&iacute;an marchar felizmente juntos por una v&iacute;a recta y f&aacute;cil, si no hac&iacute;an preguntas molestas acerca del destino al que se dirig&iacute;an (Worster, 1993: 143&#45;144).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Worster, en efecto, el ideal del desarrollo sustentable se apoya en tres equ&iacute;vocos. El primero consiste en la idea de que "el mundo natural existe ante todo para servir a las demandas materiales de la especie humana". El segundo, en que si bien el desarrollo sustentable reconoce alg&uacute;n tipo de l&iacute;mite a esas demandas, "depende de la premisa de que podemos calcular f&aacute;cilmente la capacidad de carga de ecosistemas locales y regionales". Y el tercero, finalmente, en que "el ideal de sustentabilidad reposa sobre una aceptaci&oacute;n acr&iacute;tica... de la visi&oacute;n del mundo tradicional en el materialismo progresista, secular", con lo cual "se nos conduce a creer" que la sustentabilidad del desarrollo puede ser lograda con las instituciones y valores asociados a esa visi&oacute;n, "incluyendo las del capitalismo, el socialismo y el industrialismo" (Worster,1993: 155&#45;154).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde Am&eacute;rica Latina, esa cr&iacute;tica a la noci&oacute;n de sustentabilidad tendr&iacute;a su equivalente en la que ya amerita el modo en que entre nosotros se utiliza la de "desarrollo". Esta segunda noci&oacute;n, en efecto &#151;que casi no recibe atenci&oacute;n por parte de Worster&#151;, constituye la parte m&aacute;s significativa de la ecuaci&oacute;n en nuestra cultura, aunque sea por la notable distancia que guarda con respecto a las realidades de una Am&eacute;rica Latina cuyas elites se expresan hoy mediante un discurso organizado en torno al culto del crecimiento econ&oacute;mico como &uacute;nico criterio verdadero de &eacute;xito en la gesti&oacute;n p&uacute;blica y privada, y donde el "desarrollo" no sugiere ya la necesidad de alg&uacute;n tipo de v&iacute;nculo entre el crecimiento econ&oacute;mico, el bienestar social, la participaci&oacute;n pol&iacute;tica y la autodeterminaci&oacute;n nacional, por no hablar de una relaci&oacute;n m&aacute;s responsable con el mundo natural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho, tanto la sustentabilidad como el desarrollo son hoy nociones sujetas a un proceso de transformaci&oacute;n que discurre a lo largo de un di&aacute;logo entre culturas obligadas a reconocerse en sus afinidades y diferencias si es que desean sobrevivir. Contribuir a que ese di&aacute;logo sea posible constituye, as&iacute;, una <i>cuarta</i> tarea para una historia ambiental latinoamericana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto implica, en primer t&eacute;rmino, procurar la historizaci&oacute;n del di&aacute;logo mismo, para llevarlo m&aacute;s all&aacute; del campo de problemas inherentes a la "gesti&oacute;n" de los recursos de la biosfera dentro de una situaci&oacute;n dada por "natural". Ello supone enfatizar, en cambio, la comprensi&oacute;n del origen y la racionalidad de las formas de relaci&oacute;n con la naturaleza que sustentan el modelo de crecimiento vigente, que considera a nuestra regi&oacute;n en un sentido que "sugiere la dotaci&oacute;n ilimitada de recursos que caracteriza a una sociedad con una frontera abierta" (Porter y Welsh,1991: 27).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Historizar as&iacute; el di&aacute;logo implica un esfuerzo a&uacute;n pendiente de caracterizaci&oacute;n de las diferencias y afinidades entre los interlocutores, de un modo que facilite identificar posibilidades hasta ahora quiz&aacute; insospechadas para una cooperaci&oacute;n realmente eficaz ante la crisis ambiental que comparten. Como se ha visto, por ejemplo, existen fronteras a&uacute;n pendientes de exploraci&oacute;n en la cultura latinoamericana, en las que un uso previsor de los recursos naturales se presenta estrechamente asociado a la necesidad de incorporar a las grandes mayor&iacute;as sociales de la regi&oacute;n a la soluci&oacute;n de sus propios problemas. Esas fronteras muestran sugerentes coincidencias con planteamientos y posturas que, en el ambientalismo noratl&aacute;ntico, se derivan de las expresiones m&aacute;s democr&aacute;ticas de su tradici&oacute;n "arc&aacute;dica".<sup><a href="#notas">11</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Incorporar esa reserva cultural al debate contempor&aacute;neo implica un empe&ntilde;o nuevo &#151;tan fascinante como urgente&#151; en el que tendr&iacute;a que converger una amplia gama de profesionales en muy diversas disciplinas de las ciencias humanas en nuestra regi&oacute;n. Sin embargo, para que ese empe&ntilde;o pueda ir m&aacute;s all&aacute; del se&ntilde;alamiento siempre apresurado del tipo de soluciones "pr&aacute;cticas" a corto plazo tan del gusto de nuestras burocracias, debe ser encarado a trav&eacute;s de una <i>quinta</i> tarea: la de avanzar mucho m&aacute;s en la caracterizaci&oacute;n de las diferencias y las convergencias en la historia de las relaciones entre las sociedades del norte y el sur y sus respectivos mundos naturales, continuando los esfuerzos pioneros de autores como Nicolo Gligo y Jorge Morello, en Am&eacute;rica Latina, y Alfred Crosby y Richard Grove, en el mundo noratl&aacute;ntico, entre otros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ese esfuerzo apunta, adem&aacute;s, a un problema m&aacute;s amplio, y a una promesa m&aacute;s rica. Realizarlo, en efecto, exigir&iacute;a la b&uacute;squeda de nuevas formas de di&aacute;logo y trabajo entre las ciencias humanas y las naturales, encontrando los temas y medios imprescindibles para combinarlas "no en otra disciplina aislada, sino en una empresa intelectual de vasto alcance que alterar&aacute; de manera considerable nuestra comprensi&oacute;n de los procesos hist&oacute;ricos" (Worster,1984: 2).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa b&uacute;squeda puede resultar especialmente compleja si se piensa hasta d&oacute;nde se ha perdido &#151;aqu&iacute; como all&aacute;&#151; aquella capacidad para el pensamiento ecum&eacute;nico que en otro tiempo caracterizara a hombres como Mart&iacute; y Darwin, por se&ntilde;alar ejemplos en ambas riberas del Atl&aacute;ntico, o entre aqu&eacute;l y Thoreau, en &eacute;sta. Sin embargo, el nuevo tipo de desaf&iacute;os que plantea el deterioro de la biosfera est&aacute; creando con rapidez una circunstancia tambi&eacute;n nueva, que sin duda contribuir&aacute; a restaurar a las ciencias humanas en el lugar que merecen, como eje fundamental de la cultura creada por nuestra especie.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para convertir en una realidad esa posibilidad, se hace necesario crear las circunstancias que hagan posible trabajar con quienes puedan facilitarnos el acceso a aquella cara oculta de la cultura ecol&oacute;gica del norte, desde donde se afirma, por ejemplo, que "no es posible tener lo mejor de ambos mundos maximizar la riqueza y la dominaci&oacute;n, y maximizar la democracia y la libertad a un tiempo" y, por tanto, ha llegado para aquellas sociedades la hora de hacer "una opci&oacute;n intelectual clara" (Worster,1992: 334). As&iacute; planteada, esa labor facilitar&iacute;a mucho la caracterizaci&oacute;n de los obst&aacute;culos y oportunidades de orden cultural y pol&iacute;tico para una cooperaci&oacute;n internacional que incluya efectivamente a las sociedades involucradas y no s&oacute;lo a sus Estados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata, en conclusi&oacute;n, de empezar a hacer &#151;y no s&oacute;lo escribir&#151; una historia finalmente planetaria, desde una perspectiva que supere la tendencia hoy dominante a considerar la biosfera como un mero entorno en el cual se despliegan las relaciones econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas entre las sociedades humanas. En la medida en que hagamos lo que est&aacute; a nuestro alcance y constituye lo esencial de nuestro deber, esto es, como gente de cultura comprometidas con la sobrevivencia y el bienestar de nuestras sociedades, habremos atendido a tiempo la advertencia que formulara Sim&oacute;n Bol&iacute;var en el marco de otra crisis, tambi&eacute;n decisiva: "A la sombra de la ignorancia trabaja el crimen". Sin duda, frente a todo lo que ya se sabe pendiente, dejar de hacer es el crimen mayor de nuestro tiempo.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BANCO INTERAMERICANO de DESARROLLO, PROGRAMA DE NACIONES UNIDAS para el DESARROLLO, COMISI&Oacute;N de DESARROLLO y MEDIO AMBIENTE de AM&Eacute;RICA LATINA y el CARIBE, 1991, <i>Nuestra propia agenda sobre desarrollo y medio ambiente,</i> 2<sup>a</sup> edici&oacute;n, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683854&pid=S1405-7425200000020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">COMISI&Oacute;N ECON&Oacute;MICA para AM&Eacute;RICA LATINA y el CARIBE, 1991a, <i>El desarrollo sustentable: transformaci&oacute;n productiva, equidad y medio ambiente,</i> Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683856&pid=S1405-7425200000020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">COMISI&Oacute;N ECON&Oacute;MICA para AM&Eacute;RICA LATINA y el CARIBE, 1991b, <i>Evaluaciones del impacto ambiental en Am&eacute;rica Latina y el Caribe,</i> Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683858&pid=S1405-7425200000020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">COMISI&Oacute;N ECON&Oacute;MICA para AM&Eacute;RICA LATINA y el CARIBE, 1991c, <i>Balance preliminar de la econom&iacute;a de Am&eacute;rica Latina y el Caribe,</i> Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683860&pid=S1405-7425200000020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">COMISI&Oacute;N ECON&Oacute;MICA para AM&Eacute;RICA LATINA y el CARIBE, 1992, <i>Rese&ntilde;as de documentos sobre desarrollo ambientalmente sustentable,</i> serie Infoplan, Temas Especiales del Desarrollo, Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683862&pid=S1405-7425200000020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DI&Aacute;LOGO del NUEVO MUNDO SOBRE MEDIO AMBIENTE y DESARROLLO en el CONTINENTE AMERICANO, 1991, <i>Pacto para un nuevo mundo,</i> World Resources Institute, Washinton, D.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683864&pid=S1405-7425200000020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GORE Senator Al, 1992, <i>Earth in the balance. Ecology and the human spirit,</i> houghton Mifflin Company, Boston, New York, London.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683866&pid=S1405-7425200000020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GOROSTIAGA, Xavier, 1991, "Am&eacute;rica Latina frente a los desaf&iacute;os globales", en <i>Tareas</i> n&uacute;m. 79, septiembre&#45;diciembre, Revista del Centro de Estudios Latinoamericanos "Justo Arosemena", Panam&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683868&pid=S1405-7425200000020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HOBSBAWN, Eric J., 1992, <i>Seeds od change. Five plants that transformed mankind,</i> Papermac, London.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683870&pid=S1405-7425200000020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">JOVAN&Eacute;, Juan, 1994, "Medio ambiente y ajuste neocl&aacute;sico", en C&eacute;sar Pic&oacute;n y Rodrigo Tart&eacute; (eds.), <i>Ambiente y desarrollo. Panam&aacute; ante el desaf&iacute;o global,</i> Fundaci&oacute;n Natura, Panam&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683872&pid=S1405-7425200000020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LA JORNADA, 11 de agosto de 1993, p.46, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683874&pid=S1405-7425200000020000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MART&Iacute;, Jos&eacute;, 1975 <i>Obras completas,</i> ed. de Ciencias Sociales, La Habana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683876&pid=S1405-7425200000020000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MIRES, Fernando, 1990, <i>El discurso de la naturaleza. Ecolog&iacute;a y pol&iacute;tica en Am&eacute;rica Latina,</i> Departamento Ecum&eacute;nico de Investigaciones, San Jos&eacute;, Costa Rica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683878&pid=S1405-7425200000020000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PORTER, Gareth y Janet Welsh Brown, 1991, <i>Global environmental politics,</i> Westview Press, Boulder, San Francisco, Oxford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683880&pid=S1405-7425200000020000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PROGRAMA de las NACIONES UNIDAS para el MEDIO AMBIENTE (PNUMA); AGENCIA ESPA&Ntilde;OLA de COOPERACI&Oacute;N INTERNACIONAL (AECI); MINISTERIO de OBRAS P&Uacute;BLICAS y URBANISMO, 1990, <i>Desarrollo y medio ambiente en Am&eacute;rica Latina. Una visi&oacute;n evolutiva,</i> Ministerio de Obras P&uacute;blicas y Urbanismo, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683882&pid=S1405-7425200000020000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ROSENTHAL, Gert, 1993, en secci&oacute;n <i>Ideas,</i> Excelsior, (091193), M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683884&pid=S1405-7425200000020000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">TUDELA, Fernando, 1991, "Diez tesis sobre desarrollo y medio ambiente en Am&eacute;rica Latina y el Caribe", en <i>Ecol&oacute;gicas,</i> bolet&iacute;n bimestral del Instituto Aut&oacute;nomo de Investigaciones Ecol&oacute;gicas A.C., a&ntilde;o 2, vol. 2, septiembre/octubre, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683886&pid=S1405-7425200000020000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WORSTER, Donald, 1989, "The vulnerable earth: tower a planetary history", en Worster, Donald (ed.): <i>The ends of earth. Perspectives on modern environmantal history,</i> Cambridge University press, Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683888&pid=S1405-7425200000020000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WORSTER, Donald, 1992, <i>Nature's economy. A history of ecological ideas,</i> Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683890&pid=S1405-7425200000020000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WORSTER, Donald, 1993, <i>The weallth of nature. Environmental history and the ecological imagination,</i> Oxford University Press, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5683892&pid=S1405-7425200000020000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> En lo literario, por ejemplo &#151;con salvedades como la de la obra Jos&eacute; Mar&iacute;a Arguedas&#151;, la hostilidad al medio natural sobrevivir&aacute; a sus estilos narrativos y posturas ideol&oacute;gicas de origen, impregnando incluso a la narrativa de corte progresista de la primera mitad del siglo XIX, donde &#151;en casos como <i>Mamita Yunai,</i> de Carlos Luis Fallas, o en <i>El mundo es ancho y ajeno,</i> de Ciro Alegr&iacute;a&#151;, la naturaleza ser&aacute; vista como un &aacute;mbito marcado por la expropiaci&oacute;n y represi&oacute;n del campesinado, que abren paso a la expansi&oacute;n capitalista. M&aacute;s tarde, autores de posturas tan distantes en otros terrenos como Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez y Mario Vargas Llosa compartir&aacute;n tanto esa visi&oacute;n hostil como una actitud de desesperanza en las posibilidades del progreso para poner remedio a tal situaci&oacute;n. Sea el &aacute;mbito natural como escenario de procesos sociales de explotaci&oacute;n y destrucci&oacute;n &#151;en lo que va de <i>Cien a&ntilde;os de soledad</i> a <i>El amor en los tiempos del c&oacute;lera&#151;,</i> sea en su capacidad para preservar las conductas y mentalidades propias de una barbarie concebida como consustancial a los sectores populares &#151;de <i>La casa verde</i> a <i>La guerra del fin del mundo&#151;,</i> esa actitud se presenta como un rasgo dominante en lo m&aacute;s occidental de unas culturas latinoamericanas que, en el proceso, han perdido aquella capacidad de pasmo de los primeros cronistas espa&ntilde;oles ante una abundancia en apariencia inagotable, y a&uacute;n la de esperanza en el uso de esa abundancia para conquistar una prosperidad sin l&iacute;mites, caracter&iacute;stica del redescubrimiento del medio latinoamericano en el siglo XVIII.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Como ocurre, por ejemplo, en el caso de formas muy elaboradas de expresi&oacute;n musical de ra&iacute;z popular, como las del grupo dominicano 4 40 bajo la direcci&oacute;n de Juan Luis Guerra. Egresado de un conservatorio en Boston, Guerra ha sabido depurar al merengue dominicano de su estridencia, resaltando en cambio su sensualidad y sus posibilidades l&iacute;ricas. Cada uno de sus discos ha incluido temas de acento ecol&oacute;gico tratados en una perspectiva popular. "Ojal&aacute; que llueva caf&eacute;" fue el primero; "Si saliera petr&oacute;leo (como en Kuwait)" destaca en <i>Are&iacute;to.</i> "Refor&eacute;stame", de <i>Bachata en Rosa</i> y cantado por la vocalista Adalgisa Pantale&oacute;n, es de una singular delicadeza: "Refor&eacute;stame el amor de ayer/ siembra una tarea de cari&ntilde;o/ en mi coraz&oacute;n/ dale de beber/ ab&oacute;nalo en tu pecho/ desn&uacute;dalo sobre el huerto/ y hazlo crecer./ Refor&eacute;stame al amanecer/ cubre con tus manos mi lecho/ y un rayo de luz nos dibujar&aacute;/ mi tierra es de la buena/ tu siembra ser&aacute; cosecha/ una vez m&aacute;s."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Aqu&iacute;, como lo se&ntilde;alara el economista Herman Daly en 1977, "El crecimiento econ&oacute;mico es el objetivo m&aacute;s universalmente aceptado en el mundo. Capitalistas, comunistas, fascistas y socialistas, quieren todos el crecimiento econ&oacute;mico y se empe&ntilde;an en maximizarlo... Los atractivos del crecimiento consisten en que es la base del poder&iacute;o nacional y es una alternativa a la necesidad de compartir, en tanto que medio para combatir a la pobreza. Ofrece la perspectiva de m&aacute;s para todos sin el sacrificio de ninguno" (Worster, 1989a: 17).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> A partir de la amplitud geogr&aacute;fica de los procesos ambientales considerados, el volumen de la poblaci&oacute;n y de las actividades econ&oacute;micas afectadas directamente, la gravedad de los efectos sobre ambas y la capacidad actual y potencial de enfrentar los procesos ambientales implicados, el documento ubica como problemas fundamentales en lo <i>regional</i> el uso de la tierra, el medio ambiente en los asentamientos humanos, los recursos h&iacute;dricos, los ecosistemas y el patrimonio biol&oacute;gico, los recursos forestales, los recursos del mar y costeros, la energ&iacute;a, los recursos mineros no energ&eacute;ticos, y la industria; en lo <i>internacional,</i> los casos de las cuencas y ecosistemas compartidos, las precipitaciones &aacute;cidas, el destino de residuos t&oacute;xicos, las guerras convencionales y la "seguridad ecol&oacute;gica"; en lo global, el riesgo nuclear, el calentamiento clim&aacute;tico, las drogas, la p&eacute;rdida de biodiversidad, la destrucci&oacute;n de la capa de ozono, la contaminaci&oacute;n y explotaci&oacute;n de recursos de los oc&eacute;anos y el uso de los recursos de la Ant&aacute;rtida y del espacio exterior (PNUD/BID, 1991: 23&#45;40).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Es notable el creciente consenso en torno al v&iacute;nculo entre la crisis ambiental y la de la civilizaci&oacute;n que conocemos. El hoy vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore (1992) coincide aqu&iacute; &#151;con todos los matices del caso&#151; con un ecologista de orientaci&oacute;n radical como Fernando Mires (1990) con un sacerdote jesu&iacute;ta y soci&oacute;logo como Xavier Gorostiaga (1991) y con un anarquista como Joan Mart&iacute;nez&#45;Alier (1991a, 1991b, 1992).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Nos referimos, en primer t&eacute;rmino, a la transici&oacute;n del mundo de las monarqu&iacute;as al de los Estados nacionales, signada por el conflicto norte&#45;norte y las dos guerras mundiales que lo culminaron; a la que fue del mundo multipolar al bipolar, signada por el conflicto este&#45;oeste bajo el cual tom&oacute; forma, a su vez, el conflicto norte&#45;sur y, finalmente, a la transici&oacute;n de nuestro tiempo, en la que el paso a la multipolaridad nueva de un mundo de regiones se presenta signado por un conflicto norte&#45;sur que se combina con &#151;y se articula en torno a&#151; formas nuevas y m&aacute;s complejas de conflicto norte&#45;norte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Para los autores, este paradigma "se sustenta en primer t&eacute;rmino en las premisas de la <i>econom&iacute;a neocl&aacute;sica:</i> primero, que el libre mercado siempre maximizar&aacute; el bienestar social y, segundo, que no s&oacute;lo existe un abastecimiento infinito de recursos naturales, sino adem&aacute;s de 'vertederos' donde depositar los deshechos que resulten de la explotaci&oacute;n de esos recursos &#151;a condici&oacute;n de que el libre mercado est&eacute; en operaci&oacute;n (y) siempre que se otorgue total libertad a la tecnolog&iacute;a y se permita a los precios fluctuar lo necesario para estimular la b&uacute;squeda de sustitutos, de modo que la escasez absoluta pueda ser pospuesta para un futuro indefinido".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Se ha estimado que la creaci&oacute;n de las condiciones de saneamiento ambiental necesarias para eliminar nuevamente el c&oacute;lera de Am&eacute;rica Latina tendr&iacute;a un costo de unos seis mil millones de d&oacute;lares. Al sistema internacional realmente existente, sin embargo, le es m&aacute;s f&aacute;cil reunir en breve plazo los 46 mil millones de d&oacute;lares que &#151;seg&uacute;n estimaciones conservadoras&#151; cost&oacute; la Guerra del Golfo P&eacute;rsico, como le es m&aacute;s sencillo asumir las responsabilidades y los costos de una intervenci&oacute;n militar en Somalia, que los que implicar&iacute;a enfrentar con &eacute;xito el problema de la desertificaci&oacute;n del Sahel, en la que cabe identificar una de las causas fundamentales de las situaciones de hambruna y conflicto social y pol&iacute;tico en el &Aacute;frica subsahariana.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Por referencia a los revolucionarios rusos agrupados en torno a la nar&oacute;dnaya volya &#151;la voluntad del pueblo&#151;, que ve&iacute;an en la comunidad campesina en proceso de destrucci&oacute;n por la reforma liberal zarista de la d&eacute;cada de 1860 el n&uacute;cleo fundamental para la construcci&oacute;n de una sociedad nueva, capaz de evadir los males del desarrollo capitalista mediante la instauraci&oacute;n de un socialismo inspirado directamente en las virtudes rurales de la Rusia que desaparec&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> As&iacute;, la preocupaci&oacute;n por la p&eacute;rdida de la biodiversidad &#151;con todo lo que entra&ntilde;a a su vez de recursos hoy desconocidos para el crecimiento econ&oacute;mico futuro&#151; ha venido produciendo un inter&eacute;s creciente en torno a esos movimientos ambientalistas por parte de sectores vinculados a las tendencias tecnocr&aacute;ticas en el ambientalismo de las sociedades noratl&aacute;nticas. Al respecto, por ejemplo, v&eacute;ase Linden (1991).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Como es el caso de la propuesta de un "paradigma alternativo", seg&uacute;n el cual el crecimiento econ&oacute;mico no puede ocurrir a expensas del "capital natural" de la Tierra, sino que la econom&iacute;a mundial debe aprender a vivir de los "intereses" de ese capital, reduciendo dr&aacute;sticamente el uso de combustibles f&oacute;siles, dependiendo m&aacute;s de fuentes de energ&iacute;a renovables, encarando con rapidez la transici&oacute;n a sistemas sustentables de manejo de recursos, y buscando acuerdos para estabilizar la poblaci&oacute;n del planeta al m&aacute;s bajo nivel posible (Porter y Welsh, 1991: 30).</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Guillermo Castro. </b>Licenciado en Letras por la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba; Maestro en Estudios Latinoamericanos por la Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico; Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la misma Universidad; investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos "Justo Arosamena" y miembro del Consejo Editorial de la revista <i>Tareas.</i> Sus publicaciones incluyen <i>Pol&iacute;tica y cultura en nuestra Am&eacute;rica 1880&#45;1930</i> y la antolog&iacute;a de ensayos <i>Panam&aacute;: recuento y perspectivas.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:memu@sinfo.net">memu@sinfo.net</a></font></p>     ]]></body>
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<collab>BANCO INTERAMERICANO de DESARROLLO</collab>
<collab>PROGRAMA DE NACIONES UNIDAS para el DESARROLLO</collab>
<collab>COMISIÓN de DESARROLLO y MEDIO AMBIENTE de AMÉRICA LATINA y el CARIBE</collab>
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