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<journal-title><![CDATA[Revista mexicana de investigación educativa]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Experiencias, vivencias y sentidos en torno a la escuela y a los estudios: Abordajes desde las perspectivas de alumnos y estudiantes]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Presentaci&oacute;n tem&aacute;tica</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Experiencias, vivencias y sentidos en torno a la escuela y a los estudios: Abordajes desde las perspectivas de alumnos y estudiantes</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Experiences and meanings of school and education. Approaches from students' perspectives</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Carlota Guzm&aacute;n G&oacute;mez* y Claudia Lucy Saucedo Ramos**</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Investigadora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. Av. Universidad s/n, Circuito 2, col. Chamilpa, 62210, Cuernavaca, Morelos.</i> CE: <a href="mailto:carlota@unam.mx">carlota@unam.mx</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Profesora titular de la Facultad de Estudios Superiores&#45;Iztacala de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. Av. de los Barrios n&uacute;m. 1, col. Los Reyes Iztacala, 54090, Tlalnepantla, Estado de M&eacute;xico.</i> CE: <a href="mailto:saucedor@unam.mx">saucedor@unam.mx</a></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta secci&oacute;n tem&aacute;tica abrimos un espacio de reflexi&oacute;n y discusi&oacute;n acerca de c&oacute;mo los alumnos y estudiantes construyen sus experiencias en torno a la escuela, sus vivencias y el sentido que tiene para ellos estudiar. Queremos conocer qu&eacute; les pasa y la manera particular como viven y sienten los acontecimientos escolares, para ello, proponemos un abordaje de los alumnos y estudiantes como <i>sujetos de la experiencia</i>. Incursionamos en la dimensi&oacute;n subjetiva ya que consideramos que es un &aacute;mbito esencial para comprender a la escuela en tanto instituci&oacute;n y al sistema educativo en su conjunto, sus problemas, cambios y desaf&iacute;os.<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ubicamos a la escuela y a los sistemas educativos inmersos en un contexto social de intensos cambios en el terreno econ&oacute;mico, pol&iacute;tico y social.<sup><a href="#nota">2</a></sup> El papel tradicional de la escuela como instancia de socializaci&oacute;n y de pasaje al mercado de trabajo, propio de la modernidad, se ha vuelto m&aacute;s complejo de tal manera que ha cambiado su papel social y los v&iacute;nculos que se establecen con otras esferas de la sociedad y con los propios sujetos, con lo que la escuela puede ofrecer y con lo que se espera de &eacute;sta.<sup><a href="#nota">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto nos planteamos las siguientes interrogantes: &iquest;qu&eacute; experiencias y vivencias tienen los alumnos y estudiantes en y de la escuela?, &iquest;qu&eacute; sentido le confieren a la escuela, al aprendizaje y a los estudios?, &iquest;c&oacute;mo viven la organizaci&oacute;n escolar en la que se encuentran insertos?, &iquest;qu&eacute; significa ser alumno y estudiante?; &iquest;c&oacute;mo construyen una imagen de s&iacute; mismos en tanto personas, no solo como alumnos y estudiantes, a partir de sus vivencias cotidianas en las aulas, con compa&ntilde;eros y profesores?, &iquest;c&oacute;mo se entrecruzan las identidades entre ser estudiante y otras identificaciones familiares, sociales? A partir de estas preguntas establecimos ejes anal&iacute;ticos para la convocatoria de esta secci&oacute;n tem&aacute;tica y tratamos de recuperar resultados de investigaci&oacute;n con diversas aproximaciones disciplinarias, te&oacute;ricas y metodol&oacute;gicas que dieran cuenta de la diversidad de alumnos y estudiantes en funci&oacute;n de su inserci&oacute;n y participaci&oacute;n en distintos niveles educativos, contextos institucionales y sociales. El resultado fue esta secci&oacute;n tem&aacute;tica de la <i>Revista Mexicana de Investigaci&oacute;n Educativa</i> (RMIE) que sale a la luz y que, esperamos, contin&uacute;e motivando a los investigadores interesados en este campo a plantearse nuevos retos de investigaci&oacute;n y an&aacute;lisis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El presente texto inicia con la presentaci&oacute;n de algunas tendencias de investigaci&oacute;n sobre alumnos y estudiantes que hemos analizado a lo largo del tiempo. En un segundo momento discutimos las categor&iacute;as de experiencia, vivencia y sentido, ya que consideramos que son centrales para comprender la dimensi&oacute;n subjetiva y los v&iacute;nculos entre sujetos y escuela. Nos acercan a las voces de los estudiantes, a sus emociones y las maneras de pensar y entender tanto sus circunstancias en la escuela como a s&iacute; mismos en el conjunto de relaciones en los que se sit&uacute;an. A partir de esta discusi&oacute;n, retomamos algunos elementos para avanzar en la conceptualizaci&oacute;n de los alumnos y estudiantes, para pensarlos como sujetos de la experiencia y para derivar pistas anal&iacute;ticas y metodol&oacute;gicas que motiven la realizaci&oacute;n de investigaciones cada vez m&aacute;s precisas. Posteriormente damos cuenta del proceso de conformaci&oacute;n del n&uacute;mero tem&aacute;tico y presentamos los art&iacute;culos que lo integran.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Tendencias de la investigaci&oacute;n educativa sobre alumnos y estudiantes</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Iniciamos el camino reconociendo que durante la d&eacute;cada de los ochenta el alumno, a pesar de ser el protagonista del proceso de ense&ntilde;anza aprendizaje, era un sujeto desconocido y que poco se sab&iacute;a de &eacute;ste. En ese tiempo predominaban los estudios de tipo cuantitativo que enfocaban los alumnos y estudiantes como parte de la matr&iacute;cula o de la poblaci&oacute;n estudiantil, o bien, que derivaban en perfiles de muy distinto tipo. Eran muy frecuentes los estudios de tipo psicol&oacute;gico, especialmente los que se centraban en procesos de aprendizaje (Carvajal, Spitzer, Guzm&aacute;n y Zorrilla, 1996).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el transcurso de la d&eacute;cada de los noventa acudimos a un incremento gradual en el inter&eacute;s, por parte de los investigadores, para analizar tem&aacute;ticas referidas a los alumnos y estudiantes as&iacute; como su ubicaci&oacute;n en las escuelas (Guzm&aacute;n y Saucedo, 2005). Alertamos sobre la necesidad de considerarlos como sujetos y como unidad de an&aacute;lisis en s&iacute; misma, no como poblaci&oacute;n ni como conglomerado para estudiar otros procesos educativos, ni desde la mirada adultoc&eacute;ntrica. Nuestra propuesta fue que nos acerc&aacute;ramos a ellos para comprender sus maneras de vivir la escuela, de participar en ella, de dotarla de sentidos, de modo que se les tomara en cuenta no solo a partir de los datos que pod&iacute;an ser de utilidad para los encargados de dise&ntilde;ar planes y programas educativos (Guzm&aacute;n y Saucedo, 2007).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cambio principal en la orientaci&oacute;n de la investigaci&oacute;n durante la d&eacute;cada de los noventa fue el paso de la pregunta <i>&iquest;qui&eacute;nes son los alumnos? a &iquest;c&oacute;mo son los alumnos?,</i> de tal manera que se fue configurando una tendencia de investigaci&oacute;n centrada en el estudiante como sujeto. Los significados atribuidos a la escuela por parte de los alumnos, por qu&eacute; y para qu&eacute; estudiar, las trayectorias escolares, las narrativas sobre la cultura escolar, las identidades estudiantiles, la relaci&oacute;n entre escuela y trabajo, fueron tem&aacute;ticas ampliamente trabajadas en diversos estudios de corte cualitativo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con el advenimiento del presente siglo, se continuaron explotando las tem&aacute;ticas mencionadas con anterioridad, se incrementaron el n&uacute;mero de investigaciones y se empez&oacute; a perfilar la conformaci&oacute;n de un campo de estudio. Esta primera d&eacute;cada qued&oacute; marcada por la diversificaci&oacute;n tem&aacute;tica y disciplinaria, as&iacute; como por la profundizaci&oacute;n en las problem&aacute;ticas tratadas. La investigaci&oacute;n cualitativa que ven&iacute;a deline&aacute;ndose desde la d&eacute;cada anterior, tom&oacute; fuerza y se posicion&oacute; como una perspectiva de investigaci&oacute;n en este campo (Saucedo y Guzm&aacute;n, 2010; Guzm&aacute;n y Saucedo, 2013).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante el periodo 2002&#45;2012, las investigaciones dieron cuenta de la heterogeneidad y de nuevas maneras de ser estudiantes: la entrada cada vez m&aacute;s frecuente de ind&iacute;genas a la universidad, los de primera generaci&oacute;n, los for&aacute;neos, los trabajadores; el desdibujamiento simb&oacute;lico entre rurales y urbanos, la permanencia de estudiantes madres en ciclos educativos superiores, entre otros. Los procesos de internacionalizaci&oacute;n estuvieron presentes a trav&eacute;s de trabajos sobre las experiencias de movilidad. El tema de las transiciones entre niveles y al interior de cada nivel fue tambi&eacute;n una preocupaci&oacute;n de diversas investigaciones. En este periodo se ampli&oacute; el enfoque al abordar a los alumnos como adolescentes y a los estudiantes como j&oacute;venes, a partir de sus preferencias y manifestaciones culturales en la escuela. Incluso se perdi&oacute; de vista, o no se analizaron con suficiencia, las experiencias de los j&oacute;venes estudiantes en torno a cuestiones acad&eacute;micas. Fue notoria la gran cantidad de investigaciones sobre violencia escolar, de modo que, en sentido estricto, no se consideraron las experiencias de los estudiantes en torno a la escuela, sino a dicha violencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto de las investigaciones que abordaron a los alumnos en funci&oacute;n de sus ciclos escolares, encontramos que las de secundaria y de nivel medio superior tuvieron una presencia importante durante las tres d&eacute;cadas a las que hacemos alusi&oacute;n. La investigaci&oacute;n sobre aspectos subjetivos de los estudiantes universitarios se perfilaba desde la d&eacute;cada de los noventa, sin embargo, es a partir de la primera d&eacute;cada de este siglo que toma fuerza y se configura como una tendencia clara de investigaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un caso distinto es el de los alumnos de preescolar y de primaria. Consideramos que existe investigaci&oacute;n educativa con alumnos de estos niveles, pero que no se toman como sujetos ni como unidad de an&aacute;lisis en sentido propio. Queda como un reto proponer herramientas metodol&oacute;gicas (observaci&oacute;n participante, dibujos, juegos) como estrategias para documentar sus experiencias ah&iacute; donde la narrativa de los m&aacute;s chicos todav&iacute;a no est&aacute; accesible a las indagaciones de los adultos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nuevos procesos escolares est&aacute;n ya presentes, respecto de los cuales las tendencias de investigaci&oacute;n todav&iacute;a no se ha afianzado, sobre todo en lo relativo a c&oacute;mo los estudiantes de los diferentes niveles escolares han corporeizado (cognitiva, emocional y socialmente hablando) las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n (TIC), al grado de que sus experiencias de la escuela no pueden ser analizadas sin considerar la actividad mediada tecnol&oacute;gicamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El campo de investigaci&oacute;n sobre alumnos y estudiantes se encuentra a&uacute;n en proceso de consolidaci&oacute;n. Los estudiosos de las diversas tem&aacute;ticas en este terreno tenemos que estrechar v&iacute;nculos a trav&eacute;s de redes de investigaci&oacute;n que propicien el di&aacute;logo y la discusi&oacute;n de tipo te&oacute;rico, anal&iacute;tico y metodol&oacute;gico que nos permitan compartir nuestros hallazgos y emprender proyectos comunes. En este texto ofrecemos un debate conceptual sobre las nociones de experiencia, vivencia, sentidos de la escuela, justamente como una forma de invitar a la reflexi&oacute;n compartida.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Las experiencias, vivencias y sentidos: diversas miradas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este apartado abrimos la discusi&oacute;n sobre las nociones de experiencias, vivencias y los sentidos acerca de la escuela y los estudios, pilares fundamentales, desde nuestra perspectiva, para comprender los aspectos subjetivos de los v&iacute;nculos entre los sujetos y la escuela. Como hemos mencionado, a partir de estos conceptos repensamos las nociones de alumnos y estudiantes en tanto que <i>sujetos de la experiencia,</i> y no solo como receptores o meros usuarios del sistema educativo. En un primer momento discutimos el concepto de experiencia para, posteriormente, vincularlo con los de vivencias y sentidos, ya que son indisolubles.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las experiencias</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el campo educativo se recurre frecuentemente al concepto de experiencia para abordar fen&oacute;menos y procesos de muy distinto orden, que van desde el aprendizaje y la did&aacute;ctica hasta cuestiones referidas al comportamiento de profesores y alumnos. El uso generalizado de la noci&oacute;n de experiencia se debe a sus m&uacute;ltiples significados y se trata, sin lugar a dudas, de un concepto polis&eacute;mico y hasta cierto punto confuso. La experiencia es una noci&oacute;n muy arraigada en el sentido com&uacute;n y se le usa cotidianamente de m&uacute;ltiples maneras. Cabe aclarar que el abordaje y el uso del concepto de experiencia no son privativos del campo educativo, sino que forman parte de los objetos de estudio de diversas disciplinas como psicolog&iacute;a, pedagog&iacute;a, sociolog&iacute;a, antropolog&iacute;a, historia y la filosof&iacute;a. En particular, la reflexi&oacute;n en torno a la experiencia tiene una larga data en el pensamiento filos&oacute;fico y en el debate sobre el quehacer cient&iacute;fico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El reconocimiento de la complejidad, la polisemia y la ambig&uuml;edad del concepto de experiencia nos plantea como investigadores la necesidad de explicitar la manera c&oacute;mo se le entiende, es decir, no se puede dar por supuesto su significado. No se trata de establecer definiciones cerradas, tampoco de "esencializar" la experiencia, como dir&iacute;a Lacapra (2006), sino de demarcar el &aacute;mbito y la dimensi&oacute;n de nuestro objeto de estudio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este espacio nos referimos a la experiencia desde los abordajes que toman en cuenta las vivencias y los sentidos y que reconocen la capacidad de los sujetos de re&#45;construir significados, ya sea a trav&eacute;s de ponerlos en acci&oacute;n o de narrar su experiencia, es decir, que se colocan desde la dimensi&oacute;n subjetiva. La perspectiva que elaboraremos se ubica dentro de corrientes interpretativas (Erickson, 1989),<sup><a href="#nota">4</a></sup> constructivistas (Corcuff, 1998)<sup><a href="#nota">5</a></sup> y los estudios socioculturales (Vygotsky, 1996).<sup><a href="#nota">6</a></sup> No pretendemos hacer una genealog&iacute;a del concepto de experiencia ni tampoco presentar las diversas concepciones disciplinarias y te&oacute;ricas, ya que ser&iacute;a una tarea pretenciosa y casi imposible; nuestra intenci&oacute;n es recuperar algunos enfoques te&oacute;ricos que pueden darnos pautas anal&iacute;ticas para el abordaje de las experiencias estudiantiles. Para iniciar, nos basaremos en tres enfoques: el de John Dewey, Jorge Larrosa y Fran&ccedil;ois Dubet, ya que tienen como referente com&uacute;n el campo educativo y guardan ciertas similitudes entre s&iacute;, pero poseen &eacute;nfasis distintos por su procedencia disciplinaria y por sus propias concepciones de experiencia. En un segundo momento, al referirnos a las relaciones entre experiencias y vivencias y entre experiencias y sentidos nos apoyaremos en los planteamientos de Lev Vygotsky, Jerome Bruner, Ole Dreier y Jean Lave y Etienne Wenger, quienes han discutido ampliamente sobre la construcci&oacute;n de la subjetividad a partir de su uni&oacute;n indivisible con procesos socioculturales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de demarcar el &aacute;mbito de la experiencia en el que nos colocamos, retomamos lo que para Dewey (2004), Larrosa (2003), M&egrave;lich (2002), Contreras y P&eacute;rez de Lara (2010) y Lacapra (2006) no es la experiencia, para alejarnos de concepciones que tienen una carga empirista, seg&uacute;n las cuales la colocan como base del conocimiento o, simplemente, lo percibido por los sentidos; de igual manera, no nos referimos a la experiencia como "experimento", "ensayo" o "poner a prueba", es decir como un procedimiento pautado y controlado, ni tampoco en el sentido de "demostraci&oacute;n pr&aacute;ctica". Concebimos que la experiencia no se reduce a los acontecimientos, sino a lo que &eacute;stos significan e importan para los sujetos. Reconocemos que tiene un componente cognitivo, pero no se limita a meros aspectos racionales; nos alejamos tambi&eacute;n de las nociones de sentido com&uacute;n de la experiencia que aluden a la acumulaci&oacute;n, como la "experiencia laboral" o como cuando se dice "es alguien con experiencia".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Dewey (2002 y 2004) la experiencia constituye la totalidad de las relaciones del individuo con el medio ambiente. Se trata de una unidad de an&aacute;lisis que toma en cuenta las interacciones entre las personas y el contexto, las cuales se determinan mutuamente, esto es, tienen un car&aacute;cter transaccional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dewey (2002:124) tambi&eacute;n sostiene que la experiencia tiene un aspecto activo y otro pasivo peculiarmente combinados. Por el lado activo, la experiencia supone ensayar un sentido que se manifiesta en el t&eacute;rmino conexo "experimento" y en el lado pasivo es sufrir y padecer. As&iacute;, menciona: "cuando experimentamos algo, actuamos sobre ello, hacemos algo con ello, despu&eacute;s sufrimos o padecemos las consecuencias &#91;...&#93;. Hacemos algo a la cosa y luego ella nos hace algo". Este sufrir o padecer implica que la noci&oacute;n de experiencia se abre a los afectos y a las emociones. La dimensi&oacute;n afectiva no sucede en s&iacute; misma, sino que se produce a trav&eacute;s de las interacciones con otros. No con ello Dewey niega el componente cognitivo, ya que comprende conocimiento que se acumula o se suma a algo. De esta manera, como lo se&ntilde;ala Roth (2014), las experiencias se construyen en el interjuego continuo entre lo pr&aacute;ctico, lo intelectual y lo afectivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro rasgo importante de la noci&oacute;n de experiencia para Dewey es su car&aacute;cter transformador, no solo entre el individuo y el medio, sino tambi&eacute;n en el sentido temporal, en la medida en que las experiencias pasadas modifican las posteriores a trav&eacute;s de las conexiones entre pasado y futuro: "lo que significa que toda experiencia recoge algo de lo que ha pasado antes y modifica en alg&uacute;n modo la cualidad de lo que viene despu&eacute;s" (2004:79). Dentro del concepto de experiencia, Dewey considera tambi&eacute;n un elemento de incertidumbre, tratando de alejar la idea de control y racionalidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de un planteamiento que pone &eacute;nfasis en los aspectos emocionales, nos referiremos a los trabajos de Larrosa (2003, 2006 y 2011), Contreras y Lara (2010) y M&egrave;lich (2002). Para Larrosa (2003, 2006 y 2011) la experiencia es "lo que me pasa", y no pretende con ello postular una definici&oacute;n cerrada, as&iacute; como tampoco "objetivizarla" o "cosificarla", sino pensarla como una categor&iacute;a existencial, que tiene que ver con una manera de habitar el mundo y de pensar al sujeto, como <i>sujeto de la experiencia</i>.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al pensar la experiencia a partir de "lo que me pasa", Larrosa (2006) reconoce un principio de subjetividad, reflexividad y transformaci&oacute;n. La experiencia es subjetiva, ya que cada quien tiene la propia, que la sufre y la padece, por ello, nadie puede aprender de la experiencia de otro; es reflexiva en tanto que no se reduce a "lo que pasa", a los sucesos y a los acontecimientos, sino "lo que nos pasa" a nosotros mismos, a lo que vivimos y a la manera como lo vivimos; as&iacute; como las experiencias forman y transforman. En t&eacute;rminos del acontecimiento, Larrosa (2006) distingue un principio de exterioridad, de alteridad y de alienaci&oacute;n, porque las experiencias implican la existencia de un algo o un alguien que es distinto, exterior, ajeno a uno mismo y que no es de mi propiedad. Para Larrosa, las experiencias son singulares y no pueden repetirse, no son intencionales. Las experiencias son azarosas, inesperadas, fugaces y cargadas de incertidumbre. Toda persona tiene h&aacute;bitos que, en su automatizaci&oacute;n, dejan de ser pensados o atendidos (excepto cuando se rompe la secuencia para poner en marcha alg&uacute;n h&aacute;bito). Los h&aacute;bitos han dejado atr&aacute;s su car&aacute;cter de experiencia. Igualmente, en un d&iacute;a cualquier persona vivir&aacute;/participar&aacute; en un c&uacute;mulo de acontecimientos. En torno a los mismos tendr&aacute; diferentes experiencias pero, seg&uacute;n Larrosa, solo se convierten en "una experiencia" cuando lo vivido le importa, la mueve emocional y cognitivamente, la lleva a construir un sentido personal que impacta en su ser persona. As&iacute;, no todas son experiencias significativas sino solo cuando nos construimos a partir de las mismas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tanto, de acuerdo con Larrosa (2006), entendemos al <i>sujeto de la experiencia</i> como aqu&eacute;l que al estar en el mundo "algo le pasa", tiene una transformaci&oacute;n cuando un acontecimiento impacta en &eacute;l. Si el acontecimiento pasa de largo, no hay experiencia. La experiencia es el resultado de una relaci&oacute;n que el sujeto tiene con algo que no es &eacute;l, una relaci&oacute;n con algo que tuvo lugar en &eacute;l y despu&eacute;s de la cual ya no es el mismo; finalmente, tambi&eacute;n es una relaci&oacute;n del sujeto con los dem&aacute;s, de modo que lo que impacta al sujeto tiene un efecto tambi&eacute;n en su v&iacute;nculo con los otros. Evidentemente, habr&aacute; distintos tipos de experiencias: de lenguaje, sensibles, emocionales, cognitivas, relacionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&egrave;lich (2002), por su parte, enfatiza que las experiencias ocurren siempre ligadas a un contexto, que se circunscribe a un espacio y a un tiempo, lo que representa un principio de finitud.<sup><a href="#nota">7</a></sup> As&iacute;, las experiencias se tienen y se viven en un contexto que preexiste y que rebasa al sujeto. En cuanto al tiempo, para M&egrave;lich (2002:76), en toda experiencia hay un recuerdo del pasado y en el recuerdo de la experiencia pasada hay una nueva experiencia, diferente, &uacute;nica. Pero en toda experiencia de finitud hay tambi&eacute;n futuro, posibilidad de ser de otro modo, cambio e innovaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos parece importante destacar que Larrosa (2006) toma en cuenta, en su noci&oacute;n de experiencia, la dimensi&oacute;n corporal al mencionar que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; la experiencia suena tambi&eacute;n a cuerpo, es decir, a sensibilidad, a tacto, piel, a voz y a o&iacute;do, a mirada, a sabor y olor, a placer y a sufrimiento, a caricia y a herida, a mortalidad. Y suena, sobre todo, a vida, a una vida que no es otra cosa que su mismo vivir, a una esencia que su propia existencia finita, corporal, de carne y hueso (Larrosa, 2006:110).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de que Dewey se opon&iacute;a a la concepci&oacute;n de experiencia, que &eacute;l llamaba de sentido com&uacute;n como "lo que me pasa", hay coincidencias con Larrosa, ya que ambos aceptan una dimensi&oacute;n subjetiva, que implica el plano emocional, cognitivo y relacional. Larrosa reconoce tambi&eacute;n el car&aacute;cter transformador de las experiencias, su connotaci&oacute;n temporal y espacial, as&iacute; como un principio de incertidumbre, sin embargo, le parece que en Dewey hay un trasfondo experimental en su noci&oacute;n de experiencia compuesta por un elemento activo que act&uacute;a sobre el pasivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El concepto de experiencia que propone Fran&ccedil;ois Dubet (2010), por su lado, parte de la subjetividad de los actores, del trabajo que llevan a cabo para construir el sentido de sus pr&aacute;cticas y de su autonom&iacute;a con respecto al sistema social. Tambi&eacute;n se distancia de las posiciones que ubican a la experiencia como un estado emocional, as&iacute; como de quienes la conciben como una actividad meramente cognitiva. Para Dubet (2010):</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; cada experiencia social procede de la articulaci&oacute;n de tres l&oacute;gicas de la acci&oacute;n: la integraci&oacute;n, la estrategia y la subjetivaci&oacute;n. Cada actor, individual o colectivo, necesariamente adopta esos tres registros de la acci&oacute;n, que definen simult&aacute;neamente la orientaci&oacute;n marcada por el actor y la manera de concebir las relaciones con los dem&aacute;s. De ese modo, en la l&oacute;gica de la integraci&oacute;n, el actor se define por sus pertenencias, busca mantenerlas o reforzarlas al amparo de una sociedad que es considerada as&iacute; como un sistema de integraci&oacute;n. En la l&oacute;gica de la estrategia, el actor intenta realizar la imagen que ha elaborado de sus intereses en una sociedad que es concebida entonces como un mercado. En el registro de la subjetivaci&oacute;n, el actor se representa como un sujeto cr&iacute;tico confrontado con una sociedad definida como un sistema de producci&oacute;n y de dominaci&oacute;n (Dubet, 2010:101).</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta noci&oacute;n de experiencia Dubet (2010:14&#45;15) identifica, en primer lugar, la heterogeneidad de los principios culturales y sociales que organizan las conductas ya que, desde su punto de vista, los roles, las posiciones sociales y la cultura no bastan ya para definir la acci&oacute;n, sino que corresponde a los actores construir su propia experiencia. En segundo lugar, destaca la cr&iacute;tica y la distancia subjetiva que los individuos mantienen con el sistema, lo que hace que un actor pueda ser sujeto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta perspectiva y para el caso del campo educativo, Dubet y Martuccelli (1998) proponen el concepto de experiencia escolar, el cual se concibe como la faceta subjetiva del sistema educativo, esto es, la manera como los actores se representan y construyen este sistema. En este caso, las l&oacute;gicas de acci&oacute;n corresponden a las tres "funciones" esenciales del sistema escolar: socializaci&oacute;n, distribuci&oacute;n de las competencias y la propiamente educativa. La articulaci&oacute;n de las l&oacute;gicas de acci&oacute;n ocurre en el contexto de un sistema escolar que se impone a los alumnos y estudiantes, con sus propias reglas y mecanismos de funcionamiento. Sin embargo, se destaca el papel de los alumnos y estudiantes para construir el sentido de la escuela, esto es, el significado subjetivo que cada quien le otorga a su actividad. Por consiguiente, hay un alejamiento de la noci&oacute;n de rol ligada a una funci&oacute;n. Se trata de un trabajo que implica distanciamiento, cr&iacute;tica y un esfuerzo de subjetivaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En comparaci&oacute;n con las propuestas de Dewey y de Larrosa presentadas anteriormente, Dubet ofrece un planteamiento de la experiencia en el que se comparte el inter&eacute;s por la subjetividad de los actores, empero destaca de manera m&aacute;s espec&iacute;fica los elementos contextuales que entran en juego, es decir, el correlato social desde donde se construyen las experiencias. Muestra claramente c&oacute;mo las l&oacute;gicas de acci&oacute;n se derivan de las funciones sociales b&aacute;sicas y en particular las funciones y los mecanismos del sistema escolar. Tambi&eacute;n es importante advertir que el planteamiento de Dubet abre la dimensi&oacute;n estrat&eacute;gica en la construcci&oacute;n de las experiencias que no es tratado en los planteamientos de Dewey y de Larrosa. Si bien las emociones y las vivencias ocupan un lugar en la noci&oacute;n de experiencia de Dubet, quedan impl&iacute;citas en las l&oacute;gicas de integraci&oacute;n y de subjetivaci&oacute;n y no se les confiere la importancia que tienen para Larrosa.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Vivencias y sentido</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, y como indicamos anteriormente, en el presente texto buscamos articular los elementos sobre la noci&oacute;n de experiencia que venimos discutiendo con las nociones de vivencia y sentido. Insistimos en que las tres categor&iacute;as nos permiten comprender la perspectiva de los alumnos y de los estudiantes a partir de sus componentes individuales&#45;colectivos/subjetivos&#45;culturales. Para ello, sostenemos que toda experiencia significativa se construye a partir del c&uacute;mulo de vivencias y de sentidos elaborados que la persona utiliza para guiar sus actuaciones y, al mismo tiempo, la experiencia produce/permite la reconsideraci&oacute;n de las vivencias y los sentidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vygotsky (1994) propuso la noci&oacute;n de vivencia como una unidad indivisible en la que se encuentra representado tanto el ambiente en el que vive la persona como lo que la misma experimenta; es decir, entre las caracter&iacute;sticas personales y las situacionales. En palabras del propio autor: "La vivencia del ni&ntilde;o es aquella simple unidad sobre la cual es dif&iacute;cil decir si representa la influencia del medio sobre el ni&ntilde;o o una peculiaridad del propio ni&ntilde;o" (Vygotsky, 1996:383). Este autor utiliz&oacute; la met&aacute;fora de la refracci&oacute;n de luz a trav&eacute;s de un prisma, seg&uacute;n la cual cuando se proyecta un haz de luz sobre un prisma, la luz disminuye su velocidad, desv&iacute;a su trayectoria y forma distintos &aacute;ngulos. La vivencia, como unidad indivisible entre lo exterior y lo interior, ser&iacute;a la parte subjetiva de la cultura (Esteban, 2011), ya que en el proceso de interiorizaci&oacute;n y exteriorizaci&oacute;n no hay una reproducci&oacute;n/transmisi&oacute;n lineal sino que la persona recibe lo exterior (discursos, im&aacute;genes, signos, interacciones) y se los apropia de muy diversa manera, exteriorizando la comprensi&oacute;n de lo recibido seg&uacute;n el pautado cultural en el que se encuentra, pero ya con un matiz subjetivo y transformador.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No toda vivencia llega a ser significativa (comprendida, aceptada, negociada interiormente) para la persona. Pero las que s&iacute; lo son dan pie a la emergencia de una experiencia. As&iacute;, una experiencia significativa se construye a partir de un conjunto de vivencias que tambi&eacute;n lo son, que en su unidad micro indisoluble entre lo personal y lo cultural dan pie a una secuencia de articulaciones din&aacute;micas a trav&eacute;s del tiempo y el espacio. Incluso habr&aacute; vivencias de rechazo de aquello exterior que busca imponerse en la interioridad de la persona. Si la subjetividad de la persona se pone en juego podr&aacute; ignorar, olvidar, cuestionar o rechazar con claridad lo que las dem&aacute;s personas quieren que acepte en su interioridad, por ejemplo alguna regla o alg&uacute;n determinante que s&iacute; sea posible dejar de lado. Esos movimientos subjetivos se pueden captar solo a trav&eacute;s de una mirada microgen&eacute;tica (Valsiner, 1999) y en su conjunto llegan a convertirse en una experiencia de rechazo significativa para la persona.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para construir la parte significativa de la experiencia, la persona entra en el terreno de la elaboraci&oacute;n de sentido. Si la experiencia es "lo que nos pasa", que nos construye, la misma toma sentido cuando a trav&eacute;s del lenguaje y de procesos semi&oacute;ticos le damos cauce como orientaci&oacute;n de nuestro actuar. Como acabamos de mencionar, hay experiencias que no nos hacen sentido, no sentimos que nos construyamos en torno a las mismas. Las vivencias de fondo supusieron un rechazo o negaci&oacute;n de lo exterior que busc&oacute; alojarse en la interioridad. Las experiencias que nos importan implicaron, por su parte, un conjunto de vivencias a trav&eacute;s de las cuales nos abrimos interiormente para aceptar, recrear y aprovechar lo que recibimos desde el exterior. El hilo conductor entre las vivencias y las experiencias es el sentido. Pero se trata de un sentido construido por la persona a trav&eacute;s de sus apropiaciones de lenguaje y de pr&aacute;cticas con significado que logr&oacute; en sus recorridos de vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, las vivencias son una unidad indivisible entre lo exterior y lo interior de la persona; llegan a ser significativas en su integraci&oacute;n din&aacute;mica, situada y se convierten en experiencias cuando la persona hace acopio de un conjunto de las mismas para darse cuenta de que "lo que le pasa", "lo que le importa" es significativo. El sentido entra, entonces, como una manera de articular vivencia y experiencia como elemento de motivaci&oacute;n, de gu&iacute;a de las acciones y as&iacute; tener claridad de qu&eacute; es "eso que vale la pena".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con estas nociones afirmamos que el sentido de la escuela no est&aacute; predeterminado cuando los alumnos y estudiantes llegan a ella. Si bien hay orientaciones y pautas culturales (discursos, historias, emblemas, signos, pr&aacute;cticas) que establecen que estudiar es importante y necesario, ser&aacute;n los propios ni&ntilde;os y j&oacute;venes quienes tendr&aacute;n que construir el sentido de la escuela a partir de sus experiencias y vivencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se&ntilde;ala Develay (1996) el sentido de la escuela se construye en la acci&oacute;n consciente del sujeto que se implica y que logra ver esa implicaci&oacute;n. Incluso este autor se refiere a varios tipos de alumnos, dependiendo de la relaci&oacute;n que construyen entre sus deseos, sus motivaciones, sus intenciones: el que se analiza a s&iacute; mismo como alumno, el que pone en movimiento los conocimientos adquiridos para compararlos con otros, el que usa lo aprendido para plantearse estrategias de vida, el que desarrolla m&eacute;todos para posicionarse en la escuela, entre otros. Pero tambi&eacute;n est&aacute;n esos alumnos y estudiantes para los cuales la escuela va perdiendo sentido cuando, por ejemplo, la serenidad suficiente para aprender no est&aacute; presente, cuando el esp&iacute;ritu del alumno est&aacute; ocupado en manejar las relaciones conflictivas con sus compa&ntilde;eros o con sus propios padres, cuando la atm&oacute;sfera general de la escuela no permite construir una identidad colectiva, un proyecto com&uacute;n profesor&#45;alumno y una comunidad para vivir y aprender juntos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tener experiencias significativas que permitan construir un sentido de permanencia en la escuela es un logro derivado de la integraci&oacute;n que un alumno puede hacer en su recorrido de vida por distintos contextos de pr&aacute;ctica social. Seg&uacute;n Dreier (1999), las personas participan en distintos contextos de pr&aacute;ctica y en cada uno se ajusta a las demandas existentes. Cada contexto es co&#45;construido por sus participantes al utilizar de manera din&aacute;mica los recursos culturales disponibles (tradiciones, lenguaje, objetos). Al mismo tiempo, los contextos se encuentran vinculados entre s&iacute; gracias a las trayectorias de participaci&oacute;n que las personas tienen con ellos. Un contexto de participaci&oacute;n nunca existe de manera aislada, son las personas quienes los articulan al traspasar los efectos de su participaci&oacute;n de unos a otros, tanto a nivel local como translocal. Estar en la escuela, ser alumno o estudiante no es una tarea f&aacute;cil; sus experiencias de lo escolar compiten con otras llamativas a las que tienen acceso en otros contextos de pr&aacute;ctica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muchos ni&ntilde;os y j&oacute;venes tratan de llevar a la escuela lo que les parece interesante de esos otros contextos de pr&aacute;ctica, como una manera de articular una identidad de s&iacute; plena de sentido. Llevan a la escuela las nuevas tecnolog&iacute;as, llevan modelos culturales y mundos imaginarios (Holland y Eisenhart, 1988) sobre el ser cierto tipo de persona (chica enamorada, profesionista, comerciante, migrante, narco), y configuraciones de sentido en torno a la sociabilidad entre j&oacute;venes (Weiss <i>et al.,</i> 2008). Si entendemos las identidades como las versiones narradas de uno mismo en su distribuci&oacute;n plural (Bruner, 1990) y como el resultado de las relaciones vivenciales entre las personas, los lugares y su participaci&oacute;n en comunidades de pr&aacute;ctica (Leave y Wenger, 1991), entonces dichas identidades solamente son posibles a partir del trabajo subjetivo y relacional que los alumnos hacen en funci&oacute;n de sus experiencias, vivencias y la orientaci&oacute;n de sentidos posibles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se&ntilde;ala Rochex (1995), la historia y la experiencia escolar de cada joven, su relaci&oacute;n con el futuro y la escolaridad, las actividades de aprendizaje y sus contenidos, dejan siempre escuchar el eco de otra historia que los desborda. Las metas escolares, la manera en que cada joven aborda y negocia los momentos decisivos de su escolaridad no podr&iacute;an comprenderse independientemente de su historia familiar, de sus contradicciones y continuidades que se entrelazan en las relaciones entre generaciones y que est&aacute;n en el coraz&oacute;n de los procesos de construcci&oacute;n de la persona de los alumnos y estudiantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para puntualizar, las experiencias suponen, como ha dicho Larrosa (2006), "lo que nos pasa", que mueve y permite conectarse a la persona en su totalidad con el mundo que le rodea. Las experiencias se alimentan por el c&uacute;mulo de vivencias que las personas tienen en sus participaciones a trav&eacute;s de los distintos contextos de pr&aacute;ctica en los que transitan. La capacidad para aceptar, rechazar, negociar o recrear lo que se ofrece desde el exterior se posibilita en las construcciones de sentido que orientan y motivan a la persona a partir de las integraciones personales que logra elaborar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta perspectiva, aunque hablamos de alumnos y estudiantes, como categor&iacute;as sociales que se utilizan para posicionarlos, las nociones de experiencia&#45;vivencia y sentido nos remiten a formas de "ser alguien", ser cierto tipo de persona, tal y como se&ntilde;ala P&eacute;rez (2014) cuando se refiere a la necesidad de no separar procesos psicol&oacute;gicos (ser persona siempre supone emocionarse&#45;comprender&#45;actuar al mismo tiempo), al hecho de que la persona solo puede existir a partir de pr&aacute;cticas relacionales con los dem&aacute;s y no en un vac&iacute;o existencial, y el que la persona siempre permanece abierta entre lo que debe ser, lo que es, y lo que puede ser a lo largo de su historia personal.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Pensar a los alumnos y estudiantes desde las experiencias, las vivencias y los sentidos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Insistimos en la necesidad de analizar a los alumnos y estudiantes como <i>sujetos de la experiencia,</i> es decir, construidos en y a trav&eacute;s de las mismas, de las vivencias que les llenan de contenido y de los sentidos que las organizan. As&iacute;, no son solo sujetos de opini&oacute;n, de aprendizaje, de socializaci&oacute;n; son producto de sus experiencias. El <i>sujeto de la experiencia</i> siempre existe en y a trav&eacute;s de sus participaciones en contextos sociales de pr&aacute;ctica y es activo el papel que realiza tanto para apropiarse de lo que le es exterior, como de internalizarlo/transformarlo/recrearlo a partir de su subjetividad pautada culturalmente.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con lo anterior, en este apartado proponemos reflexiones a partir de las cuales reconstruir las nociones de alumno y estudiante que sobrepasen la mera descripci&oacute;n de sus actividades. Iniciamos por diferenciar dos grandes visiones, la primera que concibe al estudiante a partir de un rol y aislado de otras actividades; y una segunda postura, que es en la que nos posicionamos, que considera que hay m&uacute;ltiples maneras de ser estudiante, de acuerdo con las experiencias y los sentidos conferidos a los estudios; en esta postura se destacan los v&iacute;nculos y las tensiones existentes entre el estudio y otras actividades, as&iacute; como su participaci&oacute;n como personas en otros contextos sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la primera visi&oacute;n, se concibe al alumno y al estudiante en funci&oacute;n de su escolarizaci&oacute;n y se destaca el desempe&ntilde;o del rol de estudiar. Las actividades que supone este rol son establecidas institucionalmente bajo el supuesto que tienen que cumplirse y realizarse de igual manera. Se trata, eminentemente, de una noci&oacute;n administrativa que considera como elemento central la inscripci&oacute;n formal a la instituci&oacute;n. Para Dubet y Martuccelli (1998) la noci&oacute;n de rol del estudiante es limitada porque alude a un proceso de socializaci&oacute;n que no deja espacio para la subjetivaci&oacute;n. Como ha analizado Gimeno Sacrist&aacute;n (2003), el alumno es una construcci&oacute;n social que se ha ido configurando a lo largo de la historia y que responde a una mirada del adulto, en la que se asocia <i>alumno</i> con <i>menor</i>. Concebirlo de ese modo supone establecer la tarea de socializaci&oacute;n sin necesidad de consultarlos, as&iacute; como negarles la capacidad de decisi&oacute;n. Bajo esta idea se concibe al menor, ya sea ni&ntilde;o o adolescente, en tr&aacute;nsito o v&iacute;a hacia el modelo adulto. Estas asociaciones de sentido, seg&uacute;n Gimeno Sacrist&aacute;n (2003), han sido tambi&eacute;n resultado de la extensi&oacute;n de la escolarizaci&oacute;n en la que se ha "naturalizado" la idea de estudiar, tanto para ni&ntilde;os, adolescentes como para j&oacute;venes, confiri&eacute;ndole poca importancia a otros &aacute;mbitos de la vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la perspectiva de los alumnos y estudiantes como <i>sujetos de la experiencia</i> encontramos un camino m&aacute;s fruct&iacute;fero para comprender sus subjetividades, la multiplicidad de sentidos conferidos a la escuela y a los estudios e, igualmente, la posibilidad de analizar otros &aacute;mbitos de su quehacer. A continuaci&oacute;n nos apoyamos en las ideas de diversos autores que nos permitir&aacute;n, justamente, movilizar las nociones propuestas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Coulon (1997) sostiene que ser estudiante es un oficio que tiene que aprenderse, ya que no se trata de un estatus que se asume de manera autom&aacute;tica. El aprendizaje de este oficio consiste en adaptarse a los c&oacute;digos de ense&ntilde;anza, asimilar sus rutinas y aprender tambi&eacute;n a utilizar a las instituciones. En particular, considera la vida universitaria como un pasaje de ser bachiller a estudiante, y distingue tres etapas: un tiempo de extra&ntilde;eza, otro de aprendizaje y el momento de afiliaci&oacute;n, cuando el estudiante ha logrado interpretar las reglas, practicarlas y se siente parte de la instituci&oacute;n. Si bien este autor se remite a los de educaci&oacute;n superior, afirmamos que este proceso ocurre en el tr&aacute;nsito entre los diversos niveles educativos. Toda experiencia de la escuela se da en contextos situados y a lo largo del tiempo hay un proceso de incorporaci&oacute;n de las experiencias previas con las nuevas. Los alumnos y estudiantes se encuentran en constante tr&aacute;nsito, de una materia a otra, de un ciclo escolar a otro, de un nivel a otro. Ser estudiante supone experiencias para resistir las tensiones derivadas de los tr&aacute;nsitos y los nuevos procesos de ajuste.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En una perspectiva m&aacute;s amplia aseveramos que estudiar no es la &uacute;nica actividad que los alumnos y estudiantes realizan, ya que participan en distintos contextos sociales y familiares, y pueden ser a su vez, padres, hijos, amigos o desempe&ntilde;ar alguna actividad laboral. Esta idea lleva a pensar a los alumnos y estudiantes como actores plurales. Desde el planteamiento de Lahire (1998), el actor es plural porque vive inmerso en distintos contextos sociales y, por tanto, est&aacute; sujeto a principios de socializaci&oacute;n heterog&eacute;neos y, a veces, contradictorios que son el producto de una sociedad diferenciada. Corresponde a los alumnos y estudiantes participar simult&aacute;neamente en la escuela y otros contextos, negociar significados y construir un sentido, en tanto ni&ntilde;os, adolescentes y j&oacute;venes. Este trabajo y esfuerzo constituye la esencia del proceso de subjetivaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para pensar la relaci&oacute;n entre experiencia escolar y no escolar (lo familiar y lo social), Rochex (2009:28) propone la ayuda de dos conceptos: el de <i>interdependencia e intersignificaci&oacute;n.</i> El primero remite al conjunto de recursos de los cuales est&aacute; dotado el ni&ntilde;o o el adolescente y que tiene disponibles para interpretar las demandas de actividad que le hace la instituci&oacute;n escolar y para responder de manera m&aacute;s o menos pertinente a &eacute;stas. El concepto de <i>intersignificaci&oacute;n</i> designa la necesidad y el poder del sujeto de negociar entre el ni&ntilde;o o adolescente y el alumno que coexisten en &eacute;l y de significar lo que hace o proyecta en un dominio de su existencia a partir del sentido que toman sus actos, dentro de otros dominios de la experiencia: entre experiencia escolar y familiar; entre escuela y recreaci&oacute;n, entre aprendizaje y sociabilidad juvenil, relaciones que pueden ser complementarias, dolorosas o satisfactorias, seg&uacute;n a lo que se renuncie.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si analizamos las ideas previas desde la postura de Dreier (1999), entendemos que al transitar entre m&uacute;ltiples contextos de pr&aacute;ctica los ni&ntilde;os y los j&oacute;venes tienen que negociar las posiciones sociales que le son asignadas, construir sus posturas personales (subjetivas al mismo tiempo que contextualizadas socioculturalmente hablando) para resistir, aceptar o apegarse a lo que se le ofrece en sus diferentes mundos de pr&aacute;ctica. El resultado es una identidad plural, parcializada de acuerdo con las demandas para ser determinados tipos de persona en los contextos socioculturales en los que se encuentren pero, al mismo tiempo, con una identidad unificada gracias a las versiones narradas que sobre s&iacute; mismo se tengan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con los distintos momentos de vida de los sujetos, y por tanto del nivel de estudios que cursan, las tensiones entre la escuela y los diferentes &aacute;mbitos sociales tienen especificidades. Para Dubet y Martuccelli (1998), la experiencia escolar de los ni&ntilde;os en la escuela primaria se juega principalmente a partir de la l&oacute;gica de la integraci&oacute;n, en la que ellos aceptan la autoridad del maestro y de lo que se espera, sin embargo, el proceso de subjetivaci&oacute;n no est&aacute; ausente y &eacute;ste se construye a partir de las tensiones entre ser <i>ni&ntilde;o y</i> ser <i>alumno</i>. La individualizaci&oacute;n inicia cuando los ni&ntilde;os reconocen con sufrimiento las injusticias de los maestros, ya sea por ejemplo, por el trato desigual ante ellos o los castigos, as&iacute; como cuando se van diferenciando del grupo y haciendo sus propias elecciones de amistad. Las tensiones entre <i>ni&ntilde;o</i> y <i>alumno</i> se presentan tambi&eacute;n claramente entre el deseo del juego como expresi&oacute;n propiamente infantil y las actividades escolares, que seg&uacute;n Passeggi <i>et al.</i> (2014) est&aacute;n marcadas por un doble desplazamiento, en el que se trata de reemplazar su necesidad de jugar por la necesidad de estudiar; el segundo desplazamiento es de ser <i>ni&ntilde;o a ser alumno</i> a partir de su pertenencia a un mundo escolar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Dubet y Martuccelli (1998) hacia la adolescencia, que corresponde al nivel de secundaria, la l&oacute;gica de la integraci&oacute;n pierde fuerza y la obediencia da paso al cuestionamiento y la exigencia de reciprocidad, acompa&ntilde;ado muchas veces de reacciones violentas. El proceso de subjetivaci&oacute;n se encuentra marcado por la entrada de los intereses propiamente juveniles, as&iacute; como por la mayor importancia conferida a la relaci&oacute;n con los pares. Surgen muchas dudas con respecto a la utilidad de los estudios y al sentido de estudiar. Se trata de un universo escolar m&aacute;s complejo, lleno de tensiones en donde no hay puntos de equilibrio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el nivel bachillerato, el universo escolar se diversifica as&iacute; como tambi&eacute;n las experiencias escolares. El trabajo de individualizaci&oacute;n es m&aacute;s intenso a partir de las propias definiciones de los alumnos con respecto al conocimiento y sus posiciones sobre la vida social. La competencia, el sentido de aprender y la utilidad de los estudios se configuran como elementos que dan pie a la l&oacute;gica estrat&eacute;gica. Desde este registro de la experiencia, los alumnos establecen un juego en el que negocian entre los estudios y la vida juvenil que es muy intensa en esta etapa. Ya Weiss, <i>et al.</i> (2008) han analizado de manera profusa c&oacute;mo la escuela es tomada por los j&oacute;venes de bachillerato para recrear sus experiencias amorosas/sexuales, musicales, de amistad, en torno a la moda, de encuentro con los dem&aacute;s para el aprendizaje de m&uacute;ltiples habilidades sociales. As&iacute;, la escuela no solo es el lugar al que se va para aprender, sino para construirse en y con los dem&aacute;s y los alumnos despliegan una fuerte vida juvenil cuando la propia escuela favorece m&aacute;rgenes de acci&oacute;n para ello.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el nivel universitario, de acuerdo con Dubet y Martuccelli (1998), la relaci&oacute;n con los estudios es el elemento central de la experiencia estudiantil, la cual est&aacute; dada por la finalidad instrumental y por la integraci&oacute;n social y escolar. Dubet (1994) destaca que la condici&oacute;n estudiantil es una experiencia juvenil, por considerar que los estudiantes forman parte de la juventud, la cual est&aacute; definida por condiciones de vida que sobrepasan a la universidad; al tiempo que son propiamente estudiantes, definidos por condiciones de estudio particulares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para superar la separaci&oacute;n entre ser estudiante y ser joven, Weiss (2012) propone concebir a los estudiantes como j&oacute;venes, si bien esta noci&oacute;n integra ambas esferas y no las contrapone, habr&iacute;a que considerar que no todos los estudiantes son j&oacute;venes, ya que hay tambi&eacute;n adultos que estudian. As&iacute; como hay estudiantes, que a pesar de ser j&oacute;venes, tienen responsabilidades propias de la vida adulta, o que no necesariamente despliegan la vida juvenil en el espacio universitario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Dayrell (2007:1106), las tensiones y los desaf&iacute;os existentes en la relaci&oacute;n actual de la juventud con la escuela son expresiones de mutaciones profundas que ocurren en la sociedad occidental, que afectan directamente a las instituciones y a los procesos de socializaci&oacute;n de las nuevas generaciones, interfiriendo en la producci&oacute;n social de los individuos, en sus tiempos y espacios. Las tensiones entre ser alumno y ser joven se manifiestan en diferentes dimensiones, pero se concretan a trav&eacute;s de diversos recursos escolares, marcados por la participaci&oacute;n o la pasividad; por la resistencia o el conformismo; por el inter&eacute;s o desinter&eacute;s, como la expresi&oacute;n m&aacute;s clara de c&oacute;mo cada quien elabora estas tensiones (Dayrell, 2007:1122).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ciertamente, pasar de seguir las reglas a desplegar resistencia, empezar a ser estratega y cr&iacute;tico o las maneras en que los alumnos y estudiantes se integran a lo escolar es algo que tambi&eacute;n depende de las circunstancias de vida que tienen, de los contextos escolares y sociales que favorecen o no que dichas posturas se ejerzan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las experiencias de la escuela de los alumnos y estudiantes tienen sentido para ellos no solo en funci&oacute;n de lo que la organizaci&oacute;n escolar y los adultos interesados en su formaci&oacute;n esperar&iacute;amos. La diversidad de vivencias y su conformaci&oacute;n como experiencias con sentido en torno a la formaci&oacute;n escolar y a la escuela como contexto de pr&aacute;ctica social, siempre abren la puerta a la aceptaci&oacute;n o no de una identidad escolarizada, al uso estrat&eacute;gico de la escuela para una vida juvenil, a la negociaci&oacute;n de posturas personales y relacionales para construir sentidos en torno a contenidos acad&eacute;micos espec&iacute;ficos y con figuras de autoridad tambi&eacute;n particulares. Este siempre es un campo abierto a la discusi&oacute;n acerca de c&oacute;mo promover experiencias con sentido que articulen a los alumnos y estudiantes con los aspectos formativos de la escuela en aras de la construcci&oacute;n de mejores ciudadanos.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Pistas para investigar las experiencias, las vivencias y los sentidos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este espacio proponemos algunas pistas anal&iacute;ticas y metodol&oacute;gicas que se derivan de la discusi&oacute;n sostenida en torno a las experiencias, las vivencias y los sentidos. Si los alumnos y los estudiantes son <i>sujetos de la experiencia,</i> la investigaci&oacute;n en torno a los mismos no puede eludir analizarlos de una manera integral, abarcadora, en sus maneras de vivir sintiendo&#45;pensando&#45;haciendo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, destacamos la necesidad de que los investigadores expliciten los conceptos de experiencia de los que parten, sus fundamentos te&oacute;ricos y sus componentes, as&iacute; como los referentes emp&iacute;ricos en los que se sustenta. Evidentemente, la tarea se completa cuando no solo explicitamos nuestros referentes conceptuales sino cuando los empleamos con claridad para el recorte de la investigaci&oacute;n y, sobre todo, para el an&aacute;lisis de datos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al investigar las experiencias, tenemos que reconocer que trabajamos con sujetos, con sus vivencias y su totalidad como persona y esta actividad requiere de un trabajo de sensibilidad, empat&iacute;a y capacidad de escucha. Podemos acercarnos a las experiencias a trav&eacute;s del di&aacute;logo, en el que los alumnos y estudiantes ofrecen sus narraciones; el lenguaje es el v&iacute;nculo que se establece con el investigador, son las palabras de cada una de las partes las que se ponen en juego. Corresponde al investigador proponer los dispositivos m&aacute;s adecuados, de acuerdo con las circunstancias y con los propios sujetos, bien pueden ser las entrevistas, los relatos, las autobiograf&iacute;as, la observaci&oacute;n participante, la videograbaci&oacute;n, entre otras herramientas de investigaci&oacute;n de corte cualitativo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tomemos en cuenta tambi&eacute;n que las experiencias de los alumnos y estudiantes no se encuentran previamente construidas, sino que es a trav&eacute;s del di&aacute;logo y de la narraci&oacute;n que los sujetos van re&#45;elaborando sus propias experiencias, expresando sus emociones y haciendo conexiones de sentido. En su d&iacute;a a d&iacute;a escolar ellos trabajan arduamente en la construcci&oacute;n de s&iacute; mismos y a trav&eacute;s de las entrevistas podemos referirnos no solo a los sentidos contenidos en significados colectivos y personales, historias, relatos de eventos, etc&eacute;tera, sino tambi&eacute;n habr&aacute; que preguntarles por sus actividades: qu&eacute; hicieron, qu&eacute; sintieron, qu&eacute; pensaron en ese momento, si hubo acontecimientos m&aacute;s importantes que otros, de qu&eacute; maneras actuaron para vincularse con los dem&aacute;s, a trav&eacute;s de qu&eacute; actitudes. La idea es no quedarnos con generalizaciones de sentido que los alumnos y estudiantes han construido &#150;o construyen en el momento de las entrevistas&#150; sino examinarlas a detalle para acercarnos un poco m&aacute;s a sus vivencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como investigadores no podemos esperar que los alumnos y estudiantes tengan siempre claro "lo que les pasa", las emociones muchas veces son confusas y contradictorias, as&iacute; como los niveles de elaboraci&oacute;n son distintos y las capacidades narrativas son desiguales. Compete al investigador hacer las interpretaciones de segundo orden y las conexiones de sentido a partir tambi&eacute;n de sus propios referentes, esto es, construir anal&iacute;ticamente las experiencias. Para el caso de alumnos de preescolar y de primaria, por ejemplo, la observaci&oacute;n participante y la videograbaci&oacute;n favorecen la identificaci&oacute;n de las experiencias que movilizan a trav&eacute;s de sus formas de participar, las emociones que expresan, la viveza de sus miradas as&iacute; como sus comentarios compartidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debemos tener claro los alcances y limitaciones de las propias investigaciones y, ante el riesgo de generalizaciones f&aacute;ciles, habr&aacute; que recordar que las experiencias son singulares y diferentes y que a lo m&aacute;s, podremos pretender encontrar ejes de sentido, ciertas pautas, indicios y/o se&ntilde;ales, esto es, resultados acotados pero profundos. La descripci&oacute;n densa es un recurso &uacute;til para dar cuenta de las experiencias y vivencias. No es f&aacute;cil lograrla porque se requiere "estar ah&iacute;" en el lugar de los acontecimientos, los procesos, las interpretaciones de diferente escala que las personas movilizan a trav&eacute;s de sus actuaciones y las tradiciones e historias entrelazadas. Supone entender el menor "gui&ntilde;o" que alguien hace en un contexto social pero que es parte de estructuras de significado, y elaborar una interpretaci&oacute;n compleja que capte los elementos microsc&oacute;picos y determine su campo social y sus alcances (Geertz, 1993).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n es indispensable, en t&eacute;rminos anal&iacute;ticos, distinguir las experiencias en relaci&oacute;n con la escuela, el conocimiento y los estudios. En lo que se refiere a la escuela como instituci&oacute;n, nos referimos al espacio f&iacute;sico y al lugar de encuentro entre alumnos y estudiantes con los maestros y dem&aacute;s personal. En el segundo &aacute;mbito ubicamos a todas aquellas experiencias referidas a la relaci&oacute;n con el saber, con el aprendizaje o el conocimiento que se imparte en la escuela, mientras que la relaci&oacute;n con los estudios remite al papel social que tiene estudiar y a la utilidad que cobran los mismos, a trav&eacute;s de t&iacute;tulos profesionales o niveles de escolaridad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, hay tres dimensiones centrales que no pueden dejarse de lado en la construcci&oacute;n de las experiencias: el cuerpo, el tiempo y el espacio. No podemos pensar en los alumnos y estudiantes como sujetos abstractos, ya que las experiencias se construyen con y a trav&eacute;s del cuerpo, esto es, el cuerpo se interpone, sufre y lleva las marcas de las experiencias. En lo que se refiere al tiempo, hemos visto que las experiencias emergen a partir del entrecruce de temporalidades, ya que hay experiencias pasadas que se transformaron, que dieron lugar a nuevas experiencias o a resignificaciones que seguramente dar&aacute;n pauta o dejar&aacute;n huella en experiencias futuras. No demos por hecho que las experiencias y vivencias tal como las conocimos en el momento de la investigaci&oacute;n "son" y "ser&aacute;n" de la misma manera; por su propia naturaleza son fugaces, cambiantes y est&aacute;n en constante transformaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las experiencias no se construyen en el vac&iacute;o, hemos insistido en que tienen lugar en los contextos en los cuales participan las personas y solo pueden comprenderse tom&aacute;ndolos en cuenta; por ello es importante partir de la noci&oacute;n de contextos locales de pr&aacute;ctica que forman parte de estructuras sociales y de contextos socioculturales m&aacute;s amplios. As&iacute;, es necesario reconocer las distintas escalas en las que se ubican los contextos y sus relaciones entre &eacute;stos. En el campo educativo, las personas logran interrelaciones diversas entre lo que acontece en el aula, en la escuela y su organizaci&oacute;n, en el sistema educativo; de este modo, no podemos interpretar el espacio &aacute;ulico, si no comprendemos la organizaci&oacute;n de la escuela y viceversa. Igualmente, habr&aacute; que identificar las articulaciones que las personas producen entre lo local, lo regional, lo nacional, hasta dimensiones m&aacute;s amplias. Tomar en cuenta lo contextual implica pensar al sujeto en las estructuras sociales y reconocer que hay experiencias que tienen un correlato social de distinto nivel, que son construcciones hist&oacute;ricas que se constituyen en marcos culturales y simb&oacute;licos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es necesario discernir tambi&eacute;n que los cambios macro estructurales impactan en el sistema educativo, en la organizaci&oacute;n particular de las escuelas y en los contextos m&aacute;s inmediatos en los que se desempe&ntilde;an alumnos y estudiantes. Adem&aacute;s, tomar en cuenta la diversidad de contextos implica romper con la idea de la escuela como una instituci&oacute;n &uacute;nica y homog&eacute;nea, que si bien cumple funciones generales y comunes, tiene que pensarse desde su diversidad curricular, institucional y contextual, esto es, a partir de sus propias especificidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ligado al contexto, los alumnos y estudiantes no ser&aacute;n visibles anal&iacute;ticamente si no tomamos en cuenta sus caracter&iacute;sticas particulares tales como edad, g&eacute;nero, condici&oacute;n &eacute;tnica, entre otras. El tema de la edad alude al aspecto cronol&oacute;gico y a los distintos momentos de vida de la persona que se construyen de manera muy diversa en diferentes contextos sociales y que desdibujan en muchos casos las separaciones a lo largo del recorrido de vida, por ejemplo, cuando se es madre&#45;adolescente, ni&ntilde;o&#45;trabajador, joven&#45;estudiante&#45;trabajador. Evidentemente para la mayor&iacute;a de ni&ntilde;os, adolescentes y j&oacute;venes que acuden a la escuela la divisi&oacute;n de sus trayectorias de vida en funci&oacute;n de etapas es mucho m&aacute;s clara.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque en la actualidad en muchos contextos sociales hay cambios importantes en torno a la no separaci&oacute;n/segregaci&oacute;n de las personas en funci&oacute;n de su condici&oacute;n de g&eacute;nero, y a pesar de que las categor&iacute;as de ser hombre o ser mujer ya no se consideran condiciones homog&eacute;neas, todav&iacute;a las posibilidades de acudir a la escuela, sostenerse durante un mayor n&uacute;mero de a&ntilde;os en la misma y tener experiencias de reconocimiento social contin&uacute;an siendo problem&aacute;ticas que deben discernirse para entender procesos de discriminaci&oacute;n de g&eacute;nero y para el ejercicio de la masculinidad y la feminidad en sus complejas dimensiones y entrecruces.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es importante tambi&eacute;n la condici&oacute;n &eacute;tnica y el origen sociofamiliar, en tanto que se traduce en recursos econ&oacute;micos y apoyos para estudiar. No se trata de analizar las determinaciones sociales de las experiencias, sino c&oacute;mo estos elementos se despliegan y entran en juego en la construcci&oacute;n de las experiencias, en las relaciones con el saber y con los sentidos que se le confieren a la escuela y a los estudios.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, y en tanto investigadores de las experiencias de otros, como lo proponen Contreras y P&eacute;rez (2010), tenemos que estar dispuestos a vivir la investigaci&oacute;n como una experiencia, abrirnos a "lo que nos pasa", a las emociones y vivencias que produce este encuentro, a sorprendernos, a elaborar y reelaborar los hallazgos; a poner en cuesti&oacute;n nuestras propias creencias y supuestos. Se trata, en fin, de abrirnos a nuestra propia subjetividad. Se requiere, asimismo, de cautela y de una actitud cr&iacute;tica que nos permita cuestionarnos nuestra propia mirada como adultos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de este recorrido conceptual presentamos el proceso de organizaci&oacute;n de la presente secci&oacute;n tem&aacute;tica y rese&ntilde;aremos los art&iacute;culos que la conforman a partir de nuestra mirada que busca movilizar las nociones de experiencia, vivencia y sentido expuestas.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El proceso de construcci&oacute;n de la secci&oacute;n tem&aacute;tica</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los art&iacute;culos recibidos y sus tendencias</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de la convocatoria emitida en noviembre de 2014 recibimos un total de 58 art&iacute;culos. Dicho material consider&oacute; a alumnos y estudiantes de todos los niveles educativos (excepto preescolar) y de pa&iacute;ses como M&eacute;xico, Chile, Argentina, Brasil, Canad&aacute; y Espa&ntilde;a, lo cual refleja tanto la relevancia cient&iacute;fica nacional e internacional que posee la rmie como el inter&eacute;s por analizar diversas tem&aacute;ticas relacionadas con los alumnos y estudiantes de distintas latitudes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n tuvimos acceso a una variedad de tem&aacute;ticas analizadas, algunas con una amplia tradici&oacute;n de investigaci&oacute;n en el campo educativo; por ejemplo, los significados otorgados a la escuela, oportunidades de acceso a la educaci&oacute;n, exclusi&oacute;n y deserci&oacute;n escolar; percepciones en torno a la organizaci&oacute;n de la escuela y a los docentes; otras m&aacute;s con un inter&eacute;s por ubicar y diferenciar nuevos procesos estudiantiles: ind&iacute;genas universitarios, migrantes de retorno, estudiantes con discapacidad. Una cantidad importante del material que arrib&oacute; a la convocatoria vers&oacute; sobre procesos de indisciplina y violencia escolar en sus muy diversas aristas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo el material que recibimos fue dictaminado en doble ciego y, desafortunadamente, no fue posible considerar muchos de los textos recibidos pues ello exced&iacute;a el espacio de la secci&oacute;n tem&aacute;tica. La labor de dictaminaci&oacute;n fue posible gracias al trabajo que realizaron de manera desinteresada y comprometida numerosos colegas investigadores, a quienes les agradecemos su participaci&oacute;n. Ante la amplia respuesta a la convocatoria, fue grato conocer el inter&eacute;s que se sostiene a la fecha por tomar en cuenta a los alumnos y estudiantes como sujetos y como unidad de an&aacute;lisis en tesis de posgrado, en proyectos financiados o para investigadores que han considerado el c&uacute;mulo de conocimientos existente sobre estudiantes en el campo de la investigaci&oacute;n educativa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El material recibido nos permiti&oacute; tambi&eacute;n constatar que las indagaciones sobre estudiantes han sido abonadas a lo largo del tiempo por parte de los investigadores al emplear de muy diversos modos, y de manera m&aacute;s o menos recurrente, las posturas de te&oacute;ricos pertenecientes a diferentes disciplinas: Dewey, Freire, Piaget, Freud, Bruner, Vygotsky, Wenger, Dreier, Bl&uacute;mer, Sch&uuml;tz, Bourdieu, Passeron, Goffman, Heller, Castoriadis, Arendt, Foucault, El&iacute;as, De Certeau, Simmel, Le Breton, Ricoeur, Laclau, Lahire, Dubet y Martucelli y Olweus, entre otros. Ya sea que hayan recurrido a te&oacute;ricos "fundantes" de alguna perspectiva general o a quienes han analizado de manera espec&iacute;fica alg&uacute;n proceso educativo, los investigadores parecen tener un campo de an&aacute;lisis m&aacute;s o menos acotado. No podr&iacute;a ser distinto, ya que nos encontramos ubicados en contextos hist&oacute;ricos de &eacute;poca y los referentes anal&iacute;ticos que usamos se comparten entre las distintas investigaciones. Queda abierta la cuesti&oacute;n de generar nuevas conceptualizaciones, tanto a partir de la investigaci&oacute;n que sigamos realizando, de los cambios sociales que impacten en los procesos estudiantiles, como de la creatividad para crear nuevas unidades de an&aacute;lisis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo que se refiere a las metodolog&iacute;as empleadas por los diversos autores, si bien en su mayor&iacute;a se sustentaron en las de corte cualitativo, fue interesante conocer los esfuerzos por avanzar en la combinaci&oacute;n de lo cuantitativo con lo cualitativo. Cabe mencionar la diversidad de enfoques te&oacute;rico&#45;metodol&oacute;gicos, entre los que destacan: etnograf&iacute;a, etnometodolog&iacute;a, hermen&eacute;utica, teor&iacute;a fundamentada, enfoque biogr&aacute;fico y fenomenolog&iacute;a. De manera particular, se moviliz&oacute; un c&uacute;mulo importante de instrumentos: encuestas, cuestionarios, autoinformes, dibujos, observaci&oacute;n participante y no participante, videograbaciones, entrevistas a profundidad, grupos focales, autobiograf&iacute;as y relatos de vida.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a la recepci&oacute;n de textos de acuerdo con los niveles educativos, seguimos con un panorama nulo para la comprensi&oacute;n de las vivencias de ni&ntilde;os de preescolar. Recibimos solo dos art&iacute;culos sobre alumnos de primaria, uno de los cuales incluimos al haber aprobado los procesos de dictaminaci&oacute;n doble ciego y lo presentaremos m&aacute;s adelante. Tuvimos una mayor recepci&oacute;n de textos sobre estudiantes de secundaria y universitarios, muy pocos sobre los de nivel medio superior.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La organizaci&oacute;n de la secci&oacute;n tem&aacute;tica</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La secci&oacute;n qued&oacute; conformada por seis art&iacute;culos y una rese&ntilde;a tem&aacute;tica. Estos art&iacute;culos son productos de investigaci&oacute;n rigurosa, en su mayor&iacute;a se derivan de tesis de doctorado. En cuanto a su enfoque, todos se ubican dentro del paradigma interpretativo y es predominante el m&eacute;todo etnogr&aacute;fico; la observaci&oacute;n y las entrevistas son la fuente principal de casi todos ellos, sin embargo, dos de los textos partieron de la aplicaci&oacute;n de una encuesta. Cuatro art&iacute;culos provienen de M&eacute;xico y dos de Argentina; en su conjunto, cubren los distintos niveles educativos de primaria hasta el nivel superior. Si bien todos tienen como inter&eacute;s conocer a los alumnos y estudiantes, hay tem&aacute;ticas transversales de gran relevancia, como las maneras de significar el ser alumnos de primaria a partir de procesos semi&oacute;ticos <i>enactuados,</i> los conflictos entre alumnos en sus procesos de sociabilidad, las maneras de posicionarse en el aula como cierto tipo de alumnos que ejercitan su masculinidad, los diversos significados que se construyen en torno a la importancia de ser estudiante de secundaria, los v&iacute;nculos entre escuela y mercado de trabajo y los procesos escolares de movilidad internacional. A continuaci&oacute;n presentamos cada uno de ellos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el art&iacute;culo titulado: "Los sentidos de <i>ser alumno</i>(<i>a</i>) en un grupo de escuela primaria: un an&aacute;lisis multimodal", de Gabriela Naranjo, el objetivo es analizar c&oacute;mo ni&ntilde;os y ni&ntilde;as expresan, a trav&eacute;s de sus acciones, las maneras en que se apropian de los recursos disponibles en el aula y <i>enactuan</i> su identidad como diferentes tipos de alumnos durante las interacciones sociales situadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La investigaci&oacute;n se llev&oacute; a cabo en una escuela primaria p&uacute;blica de la Ciudad de M&eacute;xico en un grupo de cuarto grado, con 14 ni&ntilde;as y 10 ni&ntilde;os, uno de los cuales era ciego. A partir de un an&aacute;lisis multimodal la autora destac&oacute; que la construcci&oacute;n de significados no ocurre solo a trav&eacute;s de las palabras, sino tambi&eacute;n en y a trav&eacute;s de diversos recursos semi&oacute;ticos, como ser&iacute;an los gestos, la prox&eacute;mica, las miradas, los desplazamientos, entre otros. As&iacute;, la mirada anal&iacute;tica para entender el sentido otorgado por los alumnos de primaria a las actividades en el aula se bas&oacute; en lo que hac&iacute;an y lo que dec&iacute;an durante las interacciones. Para ello, se recurri&oacute; a un enfoque cualitativo sostenido principalmente por videograbaciones que despu&eacute;s fueron analizadas de manera micro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta investigaci&oacute;n se encontr&oacute; que los sentidos que los ni&ntilde;os pon&iacute;an en acci&oacute;n para expresarse en tanto alumnos durante las clases supusieron apropiarse y negociar las reglas propias de la escuela, por ejemplo, al comportarse como <i>buen alumno,</i> para seguir la clase junto con el maestro siendo un miembro activo de las interacciones, en la implicaci&oacute;n para corregir a compa&ntilde;eros que no se estaban comportando adecuadamente, a trav&eacute;s del apoyo al compa&ntilde;ero ciego que era otro participante activo y no dependiente del todo de los dem&aacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las aportaciones del texto de Gabriela Naranjo son diversas. Hay que resaltar que no es f&aacute;cil llevar a cabo una investigaci&oacute;n con videograbaci&oacute;n en el aula. La mayor&iacute;a de los investigadores preferimos entrevistas a profundidad, observaciones en campo, cuestionarios, etc&eacute;tera. Las videograbaciones le permitieron a la autora identificar movimientos de ojos, posturas, acciones, expresiones, gestos, todos ellos recursos semi&oacute;ticos a trav&eacute;s de los cuales los y las ni&ntilde;as expresaban los sentidos puestos en acci&oacute;n para ser cierto tipo de alumnos. La investigaci&oacute;n con ni&ntilde;os de primaria, como ya hemos mencionado previamente, poco considera sus posturas personales en tanto alumnos y en torno a la escuela. El hecho de que todav&iacute;a no son buenos narradores ha sido una justificaci&oacute;n para omitirlos como sujetos de an&aacute;lisis. Por ello el estudio llevado a cabo por Naranjo permite acercarnos a la construcci&oacute;n de significados de los y las ni&ntilde;as que expresan en sus actuaciones, que las negocian con los dem&aacute;s, que las ponen a prueba para identificar cu&aacute;ndo los dem&aacute;s les ponen l&iacute;mites o los alientan a participar de determinados modos. Llama la atenci&oacute;n en esta investigaci&oacute;n la centralidad en el cuerpo de los ni&ntilde;os, sus miradas, sus aproximaciones entre ellos, sus posturas. Esa dimensi&oacute;n corporal que pudo ser analizada por la autora da pie a conocer las experiencias de los alumnos no solo a partir del campo de lo narrado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como alumnos de primaria, de acuerdo con Dubet (2010) se encuentran insertos en una l&oacute;gica de integraci&oacute;n, seg&uacute;n la cual buscan pertenecer/integrarse a las din&aacute;micas de actuaci&oacute;n del aula dirigidas por el maestro. Sin embargo, el sentido de ser alumno que analiza Naranjo no permanece en una reproducci&oacute;n autom&aacute;tica de las reglas. Los y las chicas las entienden, las siguen en sus acciones, las corrigen en lo que encuentran mal en sus compa&ntilde;eros, pero tambi&eacute;n ofrecen sus propios puntos de apoyo para interpretar los materiales que se revisan durante la clase, para disentir del orden promovido colectivamente y para poner a prueba sus m&aacute;rgenes de movimiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su art&iacute;culo titulado: "Del 'payaso' al chavo 'bien portado', algunas formas de ser adolescente entre varones de secundaria", Juana Mar&iacute;a Mej&iacute;a recupera el tema del ejercicio de la masculinidad en la escuela para entender los movimientos subjetivos y sociales que los alumnos pueden lograr en su encuentro con los otros. La autora reconoce los antecedentes de investigaci&oacute;n seg&uacute;n los cuales el ejercicio de la masculinidad en contextos escolares es un trabajo arduo y una tarea importante para ganar seguridad personal para los alumnos varones.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La investigaci&oacute;n se llev&oacute; a cabo en cuatro escuelas secundarias p&uacute;blicas de la Ciudad de M&eacute;xico, cuya poblaci&oacute;n de alumnos proven&iacute;a de niveles econ&oacute;micos medio y medio bajo. Desde un enfoque sociocultural la autora puso en la mesa de discusi&oacute;n nociones como identidad, posicionamiento social, sociabilidad, subjetividad, agencia, entre otros, para preguntarse c&oacute;mo los alumnos varones de secundaria tienen que conciliar su ser adolescente, ser hombre, ser compa&ntilde;ero, en contextos de pr&aacute;ctica que demandan tareas como el rendimiento acad&eacute;mico, la convivencia con el sexo opuesto y con colegas varones, as&iacute; como en las interacciones con adultos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de observaci&oacute;n participante y de entrevistas a profundidad (individuales, en peque&ntilde;os grupos, formales e informales), Mej&iacute;a encontr&oacute; que los chicos practicaban cuatro maneras de ser persona (en tanto que alumno y en tanto que hombres): <i>payaso, gandalla, lambisc&oacute;n y bien portado.</i> Estos adjetivos fueron se&ntilde;alados por los propios alumnos como una manera de clasificaci&oacute;n y diferenciaci&oacute;n entre ellos. El payaso somet&iacute;a al grupo al constante asedio de sus bromas, la mayor&iacute;a molestas para sus compa&ntilde;eros de ambos g&eacute;neros. El gandalla practicaba con &eacute;nfasis su fuerza f&iacute;sica y actitudinal para someter a quien ten&iacute;a posibilidades de ser victimizado. El lambisc&oacute;n delimitaba su esfera de acci&oacute;n en torno a los maestros, con la intenci&oacute;n de resaltar y ser aceptado. Por su parte, el alumno bien portado buscaba desplegar un comportamiento dentro de los l&iacute;mites de actuaci&oacute;n valorados por la escuela. Todos ellos fueron cuestionados por sus compa&ntilde;eros respecto de qu&eacute; tanto cumpl&iacute;an con regulaciones impl&iacute;citas acerca de c&oacute;mo ser un hombre valorado por los dem&aacute;s seg&uacute;n criterios como el ejercicio de la fuerza f&iacute;sica, el aguante, la destreza mental para responder a las provocaciones, el no subordinarse a las reglas de los adultos, el no tener comportamientos que provocaran que se les juzgara como homosexuales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La investigaci&oacute;n de esta autora confirma que para analizar la construcci&oacute;n de la masculinidad en las aulas no debemos resaltar conductas aisladas. Cuando un estudiante despliega un conjunto de acciones lo hace de manera intencional, movilizando sus recursos personales, buscando c&oacute;mo ganar seguridad en las interacciones en las que participa. Su despliegue de masculinidad, entendiendo por ello sus emociones, sus interpretaciones, sus intenciones, est&aacute; puesto en c&oacute;mo lograr reconocimiento por parte de sus pares, al mismo tiempo que sobrellevar el posible rechazo que le provoque comportarse de esa manera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las vivencias en torno a la masculinidad est&aacute;n pautadas con una fuerza cultural que coloca a los alumnos en un campo de tensi&oacute;n en el que se juega lo corporal, lo simb&oacute;lico, las emociones, en y a partir de los otros. No se aprende a ser hombre en soledad, se aprende a partir de las experiencias de tensi&oacute;n en las relaciones con los dem&aacute;s que est&aacute;n muy atentos a cualquier movimiento y sentidos construidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo de Horacio Paul&iacute;n, titulado: "'Ganarse el respeto': un an&aacute;lisis de los conflictos de la sociabilidad juvenil en la escuela secundaria", se ubica en la discusi&oacute;n contempor&aacute;nea que analiza los procesos de indisciplina y violencia en las escuelas. Sin embargo, va m&aacute;s all&aacute; de dichas tem&aacute;ticas y analiza el dinamismo intersubjetivo a trav&eacute;s del cual los y las estudiantes negocian c&oacute;mo posicionarse ante los dem&aacute;s y obtener reconocimiento social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La investigaci&oacute;n se llev&oacute; a cabo en dos escuelas secundarias en la ciudad de C&oacute;rdoba, Argentina. Una de ellas era privada y su poblaci&oacute;n de clase media alta, mientras que la otra era p&uacute;blica y con poblaci&oacute;n de sectores populares. El autor se propuso analizar las pr&aacute;cticas relacionales y los incidentes cr&iacute;ticos que hubieran tenido los estudiantes como parte de su sociabilidad juvenil y qu&eacute; sentidos le atribu&iacute;an a dichos conflictos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A trav&eacute;s de entrevistas a profundidad individuales y en grupo, de observaci&oacute;n en campo y desde un enfoque sociocultural, la investigaci&oacute;n se aleja de las tendencias de discusi&oacute;n de la violencia escolar y del problema del <i>bullying</i> que han sido sobrevalorados en la &uacute;ltima d&eacute;cada. La investigaci&oacute;n nos permite darnos cuenta c&oacute;mo, al narrar con minuciosidad sus experiencias, los estudiantes se posicionan como personas en su totalidad: resaltan el peso de las miradas entre ellos, la intenci&oacute;n de las frases que se dicen, las emociones que les provocan los retos propuestos por los dem&aacute;s, la manera en que el cuerpo es referente central en sus encuentros con los otros. El art&iacute;culo contextualiza c&oacute;mo ocurren los conflictos en las pr&aacute;cticas relacionales que despliegan los estudiantes, qu&eacute; interpretaciones elaboran sobre los mismos, c&oacute;mo se implican en ellos, qu&eacute; esperar&iacute;an que los dem&aacute;s hicieran en cada uno de los momentos que se van construyendo en el dinamismo de los hechos. As&iacute;, entendemos los conflictos en la secuencia de acciones, interpretaciones y emociones que despiertan para los participantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es cierto que ganarse el respeto de los dem&aacute;s, seg&uacute;n nos deja ver Paul&iacute;n, implica una configuraci&oacute;n de reglas impl&iacute;citas que aluden a posiciones sociales, ya sea de g&eacute;nero, de pertenencia de clase, de honor y reconocimiento entre los dem&aacute;s o de inclusi&oacute;n de grupo. A pesar de ello, los conflictos no se presentan delimitados, son fraguados al paso del tiempo, pueden escalar hacia la violencia o llegar a negociaciones que los den por terminados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La experiencia del conflicto, si bien se alimenta por las interpretaciones que regulan el actuar de los implicados, no tiene los mismos cauces para todos y hay ambig&uuml;edad respecto de cu&aacute;ndo se deja de ser amigo de alguien, cu&aacute;ndo el otro compa&ntilde;ero puede pasar a los golpes o si alguien m&aacute;s entra en retirada para evitar mayor da&ntilde;o a su persona. Un aspecto que es necesario resaltar en esta investigaci&oacute;n es el hecho de que la mayor&iacute;a de las y los estudiantes mencionaron que no pod&iacute;an resolver los conflictos o hacerse respetar a trav&eacute;s del di&aacute;logo. Por el contrario, hay estrategias que proponen: encarar, humillar, retirarse, pelear, excluir.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto de Paul&iacute;n nos muestra que es posible analizar la violencia escolar sin una mirada evaluativa, sino comprensiva y cercana a las experiencias de los estudiantes. Esto es fundamental porque cualquier iniciativa institucional para promover medidas contra los conflictos y la violencia escolar deber&aacute; tomar en cuenta la intersubjetividad construida por los participantes y pensar formas innovadoras y persistentes hacia el cambio. Si los estudiantes no consideran que el di&aacute;logo sea la mejor forma de dirimir conflictos, es una alerta que la escuela debe considerar, no para castigar o reprimir, sino para proponer l&oacute;gicas de intervenci&oacute;n que los estudiantes entiendan y logren apropi&aacute;rselas para as&iacute; moverse de sus experiencias iniciales de defensa para ganarse el respeto, hacia formas de convivencia civilizada.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo que nos presenta Florencia D'Aloisio, titulado: "Escuela secundaria como formaci&oacute;n personal para la vida ulterior: dignidad, &eacute;xito y ciudadan&iacute;a. Un an&aacute;lisis comparativo de significaciones juveniles situadas en condiciones dis&iacute;miles de vida y escolaridad", lo ubicamos en el conjunto de investigaciones que han abordado profusamente qu&eacute; significa la escuela para los j&oacute;venes. D'Aloisio, en particular, compara qu&eacute; supone para alumnos de una secundaria p&uacute;blica y una privada, ahondando con ello en las distintas ubicaciones sociales que permiten construir significaciones diferenciadas entre ambas poblaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al llevar a cabo su investigaci&oacute;n, la autora trabaj&oacute; desde un enfoque sociohermen&eacute;utico para analizar los significados de la escuela secundaria a partir de claves sociohist&oacute;ricas e interdiscursivas. La metodolog&iacute;a empleada se bas&oacute; en observaciones en campo, discusiones grupales, entrevistas a profundidad, reflexiones escritas por parte de los alumnos. En total trabaj&oacute; con cien j&oacute;venes que estaban finalizando sus estudios de nivel medio, la mitad inscritos en una escuela p&uacute;blica y la otra en una privada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los resultados de la investigaci&oacute;n confirman lo que ya conocemos, que los j&oacute;venes se apropian de significados en torno a la escuela que suponen: ser alguien en la vida, conseguir trabajo digno, continuar estudios superiores, la escuela como espacio de socializaci&oacute;n y para la formaci&oacute;n personal. Sin embargo, D'Aloisio va m&aacute;s all&aacute; de estas primeras regularidades y analiza elementos de las condiciones de vida de ambas poblaciones de estudiantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para los alumnos de la escuela p&uacute;blica "ser alguien en la vida" supone trascender sus condiciones formativas, personales y sociales, para as&iacute; abrirse al mundo; mientras que para los alumnos de la escuela privada, la misma frase tiene un significado distinto: adquirir &eacute;xito y devenir ciudadanos participativos. Mientras los primeros reflejaban incertidumbre acerca de su futuro y apostaban por los estudios para ganar seguridad personal, los segundos asum&iacute;an impl&iacute;citamente el apoyo familiar y orientaban su mirada de la escuela hacia la posibilidad de desarrollar un pensamiento cr&iacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo de D'Aloisio examina las significaciones de los estudiantes en torno a la escuela y sus v&iacute;nculos vividos e imaginados con el presente, el futuro, la familia, el mundo laboral, la pol&iacute;tica pero, sobre todo, en relaci&oacute;n con el fuerte trabajo de reflexi&oacute;n para construir una subjetividad articulada a la escuela. La frase tan com&uacute;n de "ir a la escuela para ser alguien en la vida" que expresan alumnos de diversas latitudes, se comprende en este art&iacute;culo a partir de las especificidades estructurales y socioculturales que movilizan los estudiantes cuando la emplean. Apostamos por este tipo de investigaciones porque nos permiten ir m&aacute;s all&aacute; de las generalizaciones discursivas que construyen los alumnos y estudiantes en torno a la escuela a partir de sus experiencias de la misma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo titulado: "La perspectiva de los estudiantes que trabajan sobre los saberes y competencias que construyen", de Jos&eacute; Fernando Cuevas y Mar&iacute;a de Ibarrola, nos ubica en el campo de problematizaci&oacute;n acerca de los v&iacute;nculos que se establecen entre la educaci&oacute;n superior y el mercado de trabajo. A diferencia de los estudios que se abordan desde dimensiones estructurales, ya sea econ&oacute;micas o sociales, este trabajo recupera la perspectiva de los sujetos. De manera particular, se refiere a los estudiantes que trabajan y que, por ello, se encuentran inmersos de manera simult&aacute;nea en la esfera escolar y laboral. Su inter&eacute;s es conocer los saberes y las competencias que construyen en cada uno de estos &aacute;mbitos y la manera como se interrelacionan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los resultados que se presentan en el art&iacute;culo provienen de una investigaci&oacute;n de car&aacute;cter mixto basada, en un primer momento, en una encuesta aplicada a los estudiantes de los &uacute;ltimos semestres de las carreras de ingenier&iacute;a con enfoque industrial, sistemas inform&aacute;ticos y administraci&oacute;n de seis institutos tecnol&oacute;gicos ubicados en distintas regiones de M&eacute;xico; en un segundo momento, se aplicaron entrevistas individuales y grupales que fueron analizadas desde un enfoque cualitativo. El estudio se encuentra fundamentado te&oacute;ricamente en una rica discusi&oacute;n en torno a diferentes concepciones acerca de los aprendizajes, saberes y competencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este art&iacute;culo nos muestra c&oacute;mo los estudiantes, al participar en distintos contextos, construyen saberes y que los aprendizajes que obtienen no provienen &uacute;nicamente del espacio escolar. Los estudiantes refieren que los saberes que desarrollan en la escuela son b&aacute;sicamente cognitivos y procedimentales, los cuales se configuran en la base para construir nuevos saberes en el espacio laboral, para complementarlos y enriquecerlos. Reconocen tambi&eacute;n que tanto en la escuela como en el espacio laboral han podido desarrollar ciertos saberes de tipo actitudinal y metacognitivos. Especialmente mencionan que el trabajo les ha dado la posibilidad de crecimiento personal, mayor seguridad y dicen haber aprendido a tratar a las personas y a comportarse de una manera adecuada. Interactuar en ambas esferas los ha hecho sentirse m&aacute;s aut&oacute;nomos y responsables.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia de las investigaciones que destacan los efectos negativos que tiene estudiar y trabajar en el desempe&ntilde;o educativo, este art&iacute;culo nos muestra que el desempe&ntilde;o laboral no se contrapone con los estudios, al contrario, puede constituirse en una rica base de aprendizaje. Si bien este art&iacute;culo se acot&oacute; a las carreras de ingenier&iacute;a, sistemas inform&aacute;ticos y administraci&oacute;n, que remiten a un sector espec&iacute;fico del mercado de trabajo, nos ofrece una mirada distinta hacia el trabajo estudiantil, como productor de aprendizajes, que bien puede aplicarse a otros espacios laborales y a estudiantes provenientes de otras carreras. En este mismo sentido, nos muestra que los aprendizajes no se circunscriben necesariamente al &aacute;mbito profesional. Los autores no niegan que haya trabajos que puedan obstaculizar el curso de los estudios o que no aportan al estudiante, sino que tratan de centrar la mirada en las potencialidades de aprendizaje que tiene trabajar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro aporte importante de este art&iacute;culo es la manera de abordar al estudiante que trabaja, ya que lo colocan, a decir de los propios autores, "en el centro de la construcci&oacute;n de saberes como sujeto interactuante en sus diferentes realidades y como detonador de transformaciones tanto internas como externas en dichos &aacute;mbitos". En esta visi&oacute;n se destaca claramente la agencia del sujeto en la manera de resolver las tensiones al participar en dos contextos distintos. Finalmente, desde la perspectiva de la heterogeneidad estudiantil, el art&iacute;culo nos muestra que el estudiante trabajador tiene sus particularidades.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el contexto de la migraci&oacute;n M&eacute;xico&#45;Estados Unidos, el art&iacute;culo titulado: "Estudiantes migrantes de retorno en M&eacute;xico. Estrategias emprendidas para acceder a una educaci&oacute;n universitaria", de las autoras Nolvia Ana Cortez, Arelys Karina Garc&iacute;a y Adriana Altamirano, nos presenta a un nuevo sujeto: el estudiante transnacional y particularmente el de retorno en M&eacute;xico. Se trata de estudiantes que ante las pol&iacute;ticas anti&#45;migratorias estadounidenses, que impiden que los indocumentados puedan continuar los estudios universitarios en ese pa&iacute;s, deciden regresar a M&eacute;xico para cumplir su aspiraci&oacute;n de ser profesionistas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo nos presenta las experiencias de los j&oacute;venes migrantes y las estrategias que emprendieron para salir de Estados Unidos e insertarse en una universidad mexicana. El estudio es de corte etnogr&aacute;fico y, por medio de entrevistas en profundidad, reconstruye la historia de cuatro estudiantes de retorno que se inscribieron a la carrera de Ense&ntilde;anza del ingl&eacute;s de la Universidad de Sonora. Ellos migraron desde peque&ntilde;os junto con sus familias a Estados Unidos en b&uacute;squeda de mejores condiciones de vida; en ese pa&iacute;s cursaron casi toda su trayectoria educativa y se miraban a s&iacute; mismos como estudiantes exitosos y con deseos de ingresar a la universidad. Ante un contexto que les era adverso a sus proyectos tomaron la decisi&oacute;n de regresar a M&eacute;xico y desplegaron una capacidad de agencia para hacer frente a las pol&iacute;ticas discriminatorias, mediante estrategias para vencer los obst&aacute;culos de orden econ&oacute;mico, cultural, educativo, familiar y administrativo, que se les presentaron tanto al dejar Estados Unidos como al llegar a M&eacute;xico. Son estudiantes que ponen en juego sus habilidades ling&uuml;&iacute;sticas y su experiencia intercultural para construir su proyecto, elegir una universidad y una carrera, resolver su sustento e integrarse a un nuevo contexto social, cultural y escolar. Esta capacidad de agencia los lleva a romper con el estigma de indocumentados y a construirse una nueva identidad como estudiantes universitarios, que les abre el horizonte como profesionistas. Contar con estudios universitarios les permite construir una nueva identidad imaginaria, desde la cual perfilan nuevos proyectos tanto para continuar estudios de posgrado, regresar a Estado Unidos con otro estatus, o bien, buscar nuevos caminos en otros pa&iacute;ses.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este art&iacute;culo constituye un aporte al campo educativo en tanto visibiliza a un nuevo sujeto estudiantil y porque muestra la capacidad de agencia de los estudiantes, la dimensi&oacute;n estrat&eacute;gica de las experiencias y el proceso de construcci&oacute;n y reconstrucci&oacute;n de una identidad. Es tambi&eacute;n valioso dado que muestra las negociaciones que llevan a cabo para resolver las tensiones entre los contextos en los que participan: entre M&eacute;xico y Estados Unidos; entre su familia y su nuevo entorno; entre su pasado y su presente; entre estudiar y trabajar y todo ello, con vistas a construirse un proyecto propio.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Referencias</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bauman, Zygmunt (2005). <i>Modernidad l&iacute;quida,</i> Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732282&pid=S1405-6666201500040000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Beck, Ulrich (2006). <i>La sociedad del riesgo,</i> Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732284&pid=S1405-6666201500040000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bruner, Jerome (1990). <i>Actos de significado,</i> Madrid: Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732286&pid=S1405-6666201500040000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Carvajal, Alicia, Terry Spitzer, Carlota Guzm&aacute;n y Juan Fidel Zorrilla (1996). "Alumnos. Estado de conocimiento", en P. Ducoing y M. Landesman (coords), <i>Sujetos de la educaci&oacute;n y formaci&oacute;n docente,</i> M&eacute;xico: Consejo Mexicano de Investigaci&oacute;n Educativa, pp. 27&#45;81.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732288&pid=S1405-6666201500040000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Castells, Manuel (1998). <i>La era de la informaci&oacute;n,</i> Madrid: Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732290&pid=S1405-6666201500040000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Contreras, Jos&eacute; y Nuria P&eacute;rez de Lara (2010). "La experiencia y la investigaci&oacute;n educativa", en Jos&eacute; Contreras y Nuria P&eacute;rez Lara, <i>Investigar la experiencia educativa,</i> Madrid: Ediciones Morata, pp. 21&#45;86.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732292&pid=S1405-6666201500040000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Corcuff, Philippe (1998). <i>Las nuevas sociolog&iacute;as,</i> Madrid: Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732294&pid=S1405-6666201500040000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Coulon, Alain (1997). <i>Le m&eacute;tier d'&eacute;tudiant.</i> L'entr&eacute;e dans la vie universitaire, Par&iacute;s: Presses Universitaires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732296&pid=S1405-6666201500040000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dayrell, Ju&aacute;rez (2007). "A escola 'faz' as juventudes? Reflex&otilde;es em torno da socializa&ccedil;&atilde;o juvenil", <i>Educ. Soc. Campinas,</i> vol. 28, n&uacute;m. 100, pp.1105&#45;1128.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732298&pid=S1405-6666201500040000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Develay, Michel (1996). <i>Donner du sens &aacute; l'&eacute;cole,</i> Issy&#45;les&#45;Molineaux, Francia: ESF &eacute;diteur.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732300&pid=S1405-6666201500040000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dewey, John (2002). "Experiencia y pensamiento", en J. Dewey, <i>Democracia y Educaci&oacute;n,</i> Madrid: Morata, pp. 124&#45;134.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732302&pid=S1405-6666201500040000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dewey, John (2004). <i>Experiencia y Educaci&oacute;n,</i> Madrid: Editorial Biblioteca Nueva.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732304&pid=S1405-6666201500040000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dubet, Fran&ccedil;ois (1994). "Les &eacute;tudiants", en F. Dubet, F., Filatre, D., Merrien, F., Sauvage, A. y Vince, A. <i>Universit&eacute;s et villes,</i> Par&iacute;s: L'Harmattan, pp. 141&#45;210.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732306&pid=S1405-6666201500040000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dubet, Fran&ccedil;ois (2010). <i>Sociolog&iacute;a de la experiencia,</i> Madrid: Editorial Complutense, pp. 11&#45;18 y 85&#45;124.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732308&pid=S1405-6666201500040000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dubet, Fran&ccedil;ois y Danilo Martucelli (1998). <i>En la Escuela. Sociolog&iacute;a de la experiencia,</i> Buenos Aires: Editorial Losada, pp. 11&#45;86 y 433&#45;460.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732310&pid=S1405-6666201500040000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dreier, Ole (1999). "Personal trajectories of participation across contexts of social practice", <i>Outlines. Critical Social Studies,</i> vol. 1, pp. 5&#45;32.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732312&pid=S1405-6666201500040000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Erickson, Frederick (1989). "M&eacute;todos cualitativos de investigaci&oacute;n sobre la ense&ntilde;anza", en Merlin Wittrock, <i>La investigaci&oacute;n de la ense&ntilde;anza II,</i> Barcelona, Paid&oacute;s, pp. 195&#45;302.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732314&pid=S1405-6666201500040000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esteban, Mois&eacute;s (2011). "Una interpretaci&oacute;n de la Psicolog&iacute;a cultural: aplicaciones pr&aacute;cticas y principios te&oacute;ricos", <i>Suma Psicol&oacute;gica,</i> vol. 18, n&uacute;m. 2, pp. 65&#45;88.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732316&pid=S1405-6666201500040000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Geertz, Clifford (1993). <i>La interpretaci&oacute;n de las culturas,</i> Barcelona: Gedisa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732318&pid=S1405-6666201500040000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gimeno Sacrist&aacute;n, Jos&eacute; (2003). <i>El alumno como invenci&oacute;n,</i> Madrid: Morata.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732320&pid=S1405-6666201500040000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guzm&aacute;n, Carlota y Saucedo, Claudia (2005). "La investigaci&oacute;n sobre alumnos en M&eacute;xico: recuento de una d&eacute;cada (1992&#45;2002)", en P. Ducoing (coord.). La investigaci&oacute;n educativa en M&eacute;xico, M&eacute;xico, DF: Consejo Mexicano de Investigaci&oacute;n Educativa, pp. 641&#45;832.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732322&pid=S1405-6666201500040000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guzm&aacute;n, Carlota y Saucedo, Claudia (coords.) (2007). <i>La voz de los estudiantes. Experiencias en torno a la escuela,</i> M&eacute;xico, DF: Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias/ Facultad de Estudios Superiores Iztacala&#45;UNAM/Ediciones Pomares.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732324&pid=S1405-6666201500040000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guzm&aacute;n, Carlota y Saucedo, Claudia (2013). "La investigaci&oacute;n sobre estudiantes en M&eacute;xico: tendencias y hallazgos", en C. Saucedo; C. Guzm&aacute;n; E. Sandoval y J. Galaz (coords.), <i>Estudiantes, maestros y acad&eacute;micos en la investigaci&oacute;n educativas. Tendencias, aportes y debates, 2002&#45;2011,</i> M&eacute;xico, DF: Asociaci&oacute;n Nacional de Universidades e Instituciones de Educaci&oacute;n Superior/COMIE, pp. 27&#45;279.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732326&pid=S1405-6666201500040000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Holland, Dorothy y Eisenhart, Margaret (1988). <i>Educated in romance: women achievement and college culture,</i> Chicago: University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732328&pid=S1405-6666201500040000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lacapra, Dominick (2006). <i>Historia en Tr&aacute;nsito. Experiencia, identidad, teor&iacute;a cr&iacute;tica,</i> Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732330&pid=S1405-6666201500040000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lahire, Bernard (1998). <i>L'homme pluriel. Les ressorts de l'action,</i> Par&iacute;s: Nathan.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732332&pid=S1405-6666201500040000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Larrosa, Jorge (2003). <i>La experiencia y sus lenguajes.</i> Conferencia impartida en la Universidad de Barcelona. Disponible en: <a href="http://www.me.gov.ar/publica/oei_20031128/ponencia_larrosa.pdf" target="_blank">www.me.gov.ar/publica/oei_20031128/ponencia_larrosa.pdf</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732334&pid=S1405-6666201500040000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Larrosa, Jorge (2006). "Sobre la experiencia", <i>Aloma. Revista de Psicolog&iacute;a, Ci&egrave;ncies de l'Educaci&oacute; i de l'Esport,</i> vol. 19, pp. 87&#45;112. (en l&iacute;nea). Disponible en <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2201318" target="_blank">http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2201318</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732335&pid=S1405-6666201500040000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Larrosa, Jorge (2011). "Experiencia y alteridad en educaci&oacute;n", en C. Skiliar y J. Larrosa, <i>Experiencia y alteridad en educaci&oacute;n</i> (comp.), Rosario, Argentina: Homo Sapiens, Ediciones, pp. 13&#45;44.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732336&pid=S1405-6666201500040000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lave, Jean and Wenger, Etienne (1991). <i>Situated learning. Legitimate peripheral participation,</i> Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732338&pid=S1405-6666201500040000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&egrave;lich, Joan&#45;Carles (2002). <i>Filosof&iacute;a de la finitud,</i> Barcelona: Herder.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732340&pid=S1405-6666201500040000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Passeggi, Maria; Furlanetto, Ecleide; De Conti, Luciane; Gomes, Marineide; Chaves, Iduina; Gabriel, Gilvete y Rocha Simone (2014). "L'enfance a l'&eacute;cole: sc&eacute;narios et enjeux de la recherche avec des enfants au Br&eacute;sil", en M. Lani&#45;Bayle et M. Passeggi (dir.), <i>Raconter l'&eacute;cole. A l'&eacute;coute des v&eacute;cus scolaires en Europe et au Br&eacute;sil,</i> Par&iacute;s: L'Harmattan.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732342&pid=S1405-6666201500040000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;rez, Gilberto (2014). "Persona como categor&iacute;a integradora de una perspectiva sociocultural en psicolog&iacute;a", <i>Revista de Educaci&oacute;n y Desarrollo,</i> vol. 31, octubre&#45;diciembre (en l&iacute;nea). Disponible en: <a href="http://www.researchgate.net/publication/267928190" target="_blank">http://www.researchgate.net/publication/267928190</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732344&pid=S1405-6666201500040000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rochex, Jean&#45;Yves (1995). <i>Le sens de l'exp&eacute;rience scolaire,</i> Par&iacute;s: Presses Universitaires de France.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732345&pid=S1405-6666201500040000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rochex, Jean&#45;Yves (2009). "Exp&eacute;rience scolaire et proc&eacute;s de subjectivation", <i>Le francais aujourd'hui,</i> n&uacute;m. 166, pp. 21&#45;32 (en l&iacute;nea). Disponible en: <a href="http://www.cairn.info/revue-le-francais-aujourd-hui-2009-3-page-21.htm" target="_blank">http://www.cairn.info/revue&#45;le&#45;francais&#45;aujourd&#45;hui&#45;2009&#45;3&#45;page&#45;21.htm</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732347&pid=S1405-6666201500040000200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Roth, Wolff&#45;Michael and Jornet Alfredo (2014). "Towards a theory of experience", <i>Science Education,</i> vol. 98, pp. 106&#45;126.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732348&pid=S1405-6666201500040000200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Saucedo, R.C., y Guzm&aacute;n, Carlota (2010). "Las voces de los estudiantes: &iquest;qui&eacute;nes las escuchan y para qu&eacute;?", en A. Soler Dur&aacute;n y A. Padilla Arroyo (coords.), <i>Voces y disidencias juveniles. Rebeld&iacute;a, movilizaci&oacute;n y cultura en Am&eacute;rica,</i> M&eacute;xico: Juan Pablos Editor/Universidad Aut&oacute;noma del Estado de Morelos, pp. 17&#45;37.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732350&pid=S1405-6666201500040000200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tedesco, Juan Carlos (2000). <i>Educar en la sociedad del conocimiento,</i> Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732352&pid=S1405-6666201500040000200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Valsiner, Jaan (1999). "La cultura dentro de los procesos psicol&oacute;gicos: semiosis constructiva", <i>Revista de Psicolog&iacute;a y Ciencia Social,</i> vol. 3, n&uacute;m. 1, pp. 84&#45;90.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732354&pid=S1405-6666201500040000200039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vygotsky, Lev (1994). "The problem of the environment", en R. Van der Veer and J. Valsiner (eds.). <i>The Vygotsky reader,</i> Cambridge; Massachusets: Blackwell Publishers, pp. 338&#45;354.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732356&pid=S1405-6666201500040000200040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vygotsky, Lev (1996). <i>Psicolog&iacute;a infantil. Obras escogidas,</i> vol. 4, Madrid: Visor.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732358&pid=S1405-6666201500040000200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Weiss, Eduardo (2012). "Los estudiantes como j&oacute;venes. El proceso de subjetivaci&oacute;n", <i>Perfiles Educativos,</i> M&eacute;xico, vol. 34, n&uacute;m. 135, pp. 134&#45;148.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732360&pid=S1405-6666201500040000200042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Weiss, Eduardo; Guerra, Irene; Guerrero, Elsa; Hern&aacute;ndez, Joaqu&iacute;n; Grijalva, Olga; Avalos, Job (2008). "Young people and high school in Mexico: subjectivisation, others and reflexivity", <i>Ethnography and Education Journal,</i> vol. 3, n&uacute;m. 1, pp. 17&#45;31.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8732362&pid=S1405-6666201500040000200043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Cabe aclarar que a lo largo del texto usaremos las nociones de alumnos y estudiantes, para diferenciar a los primeros, que son quienes cursan los niveles b&aacute;sicos (preescolar, primaria y secundaria) y bachillerato, de los segundos que son los que cursan el nivel superior. En este mismo sentido, hacemos la diferencia entre experiencias en torno a la escuela como instituci&oacute;n y espacio de relaciones; y a los estudios como el uso social de &eacute;stos a trav&eacute;s de los t&iacute;tulos o de la escolaridad.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Desde finales del siglo XX y principios del nuevo milenio, se identifican como los cambios m&aacute;s significativos a la centralidad del conocimiento y la informaci&oacute;n en la conformaci&oacute;n de una nueva fase, que se conoce como la sociedad del conocimiento (Tedesco, 2000). Son tambi&eacute;n significativos los cambios en la l&oacute;gica de la organizaci&oacute;n social, a trav&eacute;s de lo que se ha denominado la sociedad red (Castells, 1998) y los procesos de globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica. La incorporaci&oacute;n intensiva de conocimientos y de informaci&oacute;n al proceso productivo ha generado nuevas demandas al sistema educativo, al requerir de fuerza de trabajo calificada para desempe&ntilde;ar las funciones que requiere este proceso y al exigir una capacitaci&oacute;n constante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Los v&iacute;nculos entre el sistema educativo y el mercado de trabajo presentan desajustes, en el sentido que la escolarizaci&oacute;n no es garant&iacute;a de ingreso al mercado; que se han devaluado los t&iacute;tulos universitarios y que se presentan altos niveles de desempleo y subempleo. Estos cambios en la organizaci&oacute;n social han generado procesos de desigualdad social y de segmentaci&oacute;n en los distintos niveles sociales, entre pa&iacute;ses, regiones y grupos sociales. Los procesos de exclusi&oacute;n social han caracterizado tambi&eacute;n a esta etapa (Tedesco, 2000). Las transformaciones sociales han producido sentimientos de incertidumbre y una tendencia hacia la individualizaci&oacute;n (Beck, 2006; Bauman, 2005).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Engloban un conjunto de enfoques te&oacute;ricos que centran su inter&eacute;s en el an&aacute;lisis del significado humano de las acciones, entre los cuales se encuentran la etnograf&iacute;a, etnometodolog&iacute;a, interaccionismo simb&oacute;lico, fenomenolog&iacute;a y la sociolog&iacute;a interpretativa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Se denomina a los enfoques te&oacute;ricos que reivindican al sujeto como constructor de la realidad y parten del supuesto de que los sujetos crean interpretaciones significativas de las situaciones, los objetos y las acciones de quienes los rodean. Algunos autores que se consideran dentro de esta corriente son Bourdieu por el constructivismo estructuralista; Giddens por la teor&iacute;a de la estructuraci&oacute;n social, as&iacute; como tambi&eacute;n Peter Berger y Thomas Luckman por la propuesta de la construcci&oacute;n social de la realidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Se considera a un conjunto de perspectivas anal&iacute;ticas dentro de la Psicolog&iacute;a cultural cuya premisa compartida es que los procesos psicol&oacute;gicos se co&#45;construyen a partir de la participaci&oacute;n de las personas en contextos situados de pr&aacute;ctica. Vygostky ha sido considerado el pilar desde el cual a lo largo de los a&ntilde;os diversos autores ubicaron sus propias unidades de an&aacute;lisis: el giro narrativo de Jerome Bruner, el sujeto en comunidades de pr&aacute;ctica de Jean Lave y Etienne Wenger, la persona y sus trayectorias de participaci&oacute;n en diversos contextos socioculturales propuesta por Ole Drier, los procesos de interiorizaci&oacute;n&#45;exteriorizaci&oacute;n entre lo cultural y lo subjetivo de Jaan Valsiner, entre otros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> M&egrave;lich (2002:75) entiende la experiencia como el aprendizaje que se ha adquirido con la pr&aacute;ctica.</font></p>      ]]></body><back>
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