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<institution><![CDATA[,El Colegio Mexiquense, AC.  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;a</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>De la ilustraci&oacute;n al liberalismo</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>M&iacute;lada Bazant</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Alvarado, Mar&iacute;a de Lourdes y P&eacute;rez Puente, Leticia (coords) (2008). <i>C&aacute;tedras y catedr&aacute;ticos en la historia de las instituciones de educaci&oacute;n superior en M&eacute;xico, </i>vol. II: <i>De la Ilustraci&oacute;n al Liberalismo, </i>M&eacute;xico, DF: Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educaci&oacute;n&#150;UNAM(libro electr&oacute;nico)</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Profesora&#150;investigadora de El Colegio Mexiquense, AC. Ex&#150;Hacienda Santa Cruz de los Patos, 51350, Zinacantepec, Estado de M&eacute;xico. </i>CE<i>: </i><a href="mailto:mbazant@cmq.edu.mx">mbazant@cmq.edu.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El oficio de historiador, dec&iacute;a Lucien Fevbre, es comparable al de un artesano: ambos van aprendiendo su oficio y, al cabo de los a&ntilde;os, lo gran la maestr&iacute;a en las reglas del arte. La lectura de los cap&iacute;tulos del volumen <i>De la Ilustraci&oacute;n al Liberalismo, </i>me remiti&oacute; a aquella evocaci&oacute;n del historiador franc&eacute;s, pues precisamente una de las virtudes de esta obra es la calidad, no s&oacute;lo de las diversas investigaciones, fruto de muchos a&ntilde;os de esfuerzo, sino el arte con el cual los diversos autores narran sus historias. En efecto, todos los colaboradores tienen a sus espaldas lustros de experiencia en el oficio de historiar y la madurez de sus colaboraciones es evidente en la textura acad&eacute;mica de sus trabajos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La educaci&oacute;n superior es el tema central de la obra, y el catedr&aacute;tico es el hilo conductor de la misma. Ayer se sab&iacute;a &#150;y hoy se asegura&#150; que no hay pieza m&aacute;s importante para la educaci&oacute;n que el maestro. He aqu&iacute; otro de los m&eacute;ritos de la obra: bajo varios enfoques y di&aacute;logos con otras ciencias sociales como la antropolog&iacute;a, asomos a otros g&eacute;neros como el de la biograf&iacute;a, se construyen los textos con diversos lenguajes historiogr&aacute;ficos; el profesor universitario es abordado en su vida cotidiana, en sus propuestas, en la ferocidad de sus posturas, sobre todo aquellas de maestras que se abren a la vida secular y moderna; otros son analizados en sus acomodaticias posiciones ideol&oacute;gicas, fruto de un M&eacute;xico convulso, y en busca de su propia identidad. En suma, la riqueza de las historias de los catedr&aacute;ticos abre una ventana a las aulas universitarias del siglo XIX.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La universidad del siglo XIX ciertamente no era lo que es hoy en d&iacute;a. Durante el siglo antepasado, como sugiere Mariano Peset en su trabajo sobre las universidades y el liberalismo, M&eacute;xico opt&oacute; por el modelo revolucionario franc&eacute;s al distribuir la ense&ntilde;anza en escuelas separadas o en institutos superiores como forma de rechazo a la herencia de la universidad novohispana. El naciente liberalismo intent&oacute; permear las aulas escolares, controlar los planes de estudio e incluso las plazas de los profesores, todo ello con el objetivo de extender sus ideas y formar a los ciudadanos bajo los nuevos c&aacute;nones que reclamaba la reci&eacute;n nacida rep&uacute;blica mexicana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El dif&iacute;cil tr&aacute;nsito de la dependencia a la autonom&iacute;a, de la tradici&oacute;n a la modernidad, de la fe a la raz&oacute;n, de la escol&aacute;stica al libre pensamiento, del predominio de las humanidades al predominio de las ciencias, del esp&iacute;ritu netamente religioso a los aires renovados del progreso, va tejiendo, muy lentamente, el mundo urbano de M&eacute;xico. Es en las ciudades, sedes de la cultura, del refinamiento y de la civilizaci&oacute;n, donde se da el crecimiento de las instituciones de educaci&oacute;n superior.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro logro m&aacute;s de este segundo volumen se refiere a los estudios introductorios de cada una de las tem&aacute;ticas que se abordan. Los historiadores de las presentaciones son ajenos en autor&iacute;a a la obra, pero especialistas en la historia de la educaci&oacute;n, de tal forma que sus presentaciones enriquecen los textos, resaltando aquellos puntos relevantes, complejos, dignos de destacar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A continuaci&oacute;n quisiera referirme a los procesos, a las coyunturas, a aquellos aspectos que me parecieron m&aacute;s interesantes tanto de las presentaciones como de los diversos temas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La permanencia en las costumbres modela m&aacute;s la conducta humana que el cambio. En su quehacer cotidiano el hombre en sociedad prefiere continuar con las inercias &#150;pese a no estar de acuerdo con ellas&#150; que arriesgarse a cambiarlas. O, dicho de otra forma, las costumbres, las ideas y las creencias engendradas por los individuos permanecen en el tiempo m&aacute;s que ellos mismos. Existe un proceso dial&eacute;ctico entre la cultura dominante y la dominada. En concreto, me refiero a la religi&oacute;n como pilar de la instrucci&oacute;n p&uacute;blica durante los tres siglos de la &eacute;poca colonial, y los reformadores intentos secularizadores que arribaron a la Nueva Espa&ntilde;a ya desde finales del siglo XVIII.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El proceso secularizador es la mutaci&oacute;n educativa m&aacute;s importante de la centuria antepasada, la que analiza Valentina Torres&#150;Septi&eacute;n en la presentaci&oacute;n de "La educaci&oacute;n superior cat&oacute;lica en el siglo XIX". Profunda conocedora del tema, la autora concluye que la secularizaci&oacute;n en la educaci&oacute;n fue un proceso gradual en el cual resaltaron m&aacute;s las continuidades que las transformaciones. Los trabajos que analiza son sumamente interesantes y, de acuerdo con su &oacute;ptica, arrojan luz sobre el proceso secularizador al interior de la Iglesia. Tal es el caso de un cura, p&aacute;rroco en Oaxaca, quien asume la postura del insurgente Morelos y revela una s&oacute;lida formaci&oacute;n "liberalno esos no solo lo q estaba encima del puff  adquirida a trav&eacute;s de lecturas prohibidas &#150;en teor&iacute;a&#150; dentro de los Seminarios. Sin duda, este trabajo escrito por Ana Carolina Ibarra rompe, una vez m&aacute;s, el mito historiogr&aacute;fico relacionado con la "entrop&iacute;a de la Iglesia hacia sus propios dogmas y creencias".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La vida estudiantil durante la primera mitad del siglo XIX ocupa la atenci&oacute;n de Anne Staples, cuya fuente medular son las memorias de Guillermo Prieto, Antonio Garc&iacute;a Cubas y otros. &iquest;Hay una mejor manera de conocer el quehacer cotidiano del pasado que los diarios o las memorias escritos por los protagonistas? Las exigencias educativas de estos actores sociales coincid&iacute;an con los patrones conservadores de la mayor&iacute;a de las familias mexicanas. Padres a hijos y maestros a alumnos exig&iacute;an buenos modales que marcaban la pauta del buen comportamiento. Los "buenos estudiantes" eran aquellos que no cuestionaban y se somet&iacute;an a las reglas sin transgredirlas. De esta manera, la disciplina se convert&iacute;a en un elemento represor para mantener la estabilidad social y pol&iacute;tica. A aquellos estudiantes considerados rebeldes se les castigaba, en ocasiones, muy severamente. Torres&#150;Septi&eacute;n fuerza un s&iacute;mil: no s&oacute;lo la Iglesia, sino tambi&eacute;n el Estado, reprim&iacute;a a los j&oacute;venes inquietos, creativos, cuestionadores.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pol&iacute;tica educativa durante el Porfiriato ten&iacute;a como una de sus normas apoyar los afanes educativos, ya fuesen estos laicos o religiosos. Ello permiti&oacute; una sana postura de distanciamiento entre el &aacute;mbito p&uacute;blico y el privado, entre lo que dictaba la fe y la raz&oacute;n. La pol&iacute;tica de conciliaci&oacute;n de Porfirio D&iacute;az permiti&oacute; que la Iglesia recuperara sus espacios educativos, perseguidos en tiempos de Lerdo de Tejada. Adem&aacute;s de ello, la Iglesia, muy h&aacute;bilmente, criticaba las escuelas laicas vociferando que no se pod&iacute;a educar sin religi&oacute;n. En su trabajo sobre este tema, Lourdes Alvarado presenta la lucha por ganar espacios entre dos proyectos educativos que contrastaban: uno, el de la Iglesia, que defend&iacute;a la religi&oacute;n como formadora de principios morales y la memoria como m&eacute;todo; el otro, el del Estado, que promov&iacute;a el uso de la raz&oacute;n y de los sentidos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La biograf&iacute;a de algunos catedr&aacute;ticos ocupa la atenci&oacute;n de dos apartados. El tejido de los avatares que cimbr&oacute; la vida de varios maestros nos habla tambi&eacute;n del entorno en el cual sucedieron. No hay una obra m&aacute;s grande, dec&iacute;a Andr&eacute; Maurois, que tratar de escribir lo que se llama la vida y la &eacute;poca de un hombre. En algunas p&aacute;ginas los diversos autores dan cuenta de un cambio en las percepciones ideol&oacute;gicas de sus biografiados como es el caso de Tom&aacute;s Salgado, personaje "equilibrista" como lo llama Rosalina R&iacute;os en su presentaci&oacute;n. Porque siendo rector de la Universidad de M&eacute;xico, mantiene una postura con cierta independencia del clero y quiere quedar bien tanto con las autoridades espa&ntilde;olas como con los "Guadalupes", aquella organizaci&oacute;n secreta que favorec&iacute;a la insurgencia. De esta manera Salgado, cual camale&oacute;n, no define su postura en t&eacute;rminos de blanco o negro. Me parece interesante rescatar estas figuras no tan protag&oacute;nicas en la historia de M&eacute;xico que nos dan luz acerca de los sentimientos "tibios" que solemos tener los seres humanos. Y digo tibios, no en sentido peyorativo, sino que tomamos unas verdades de una ideolog&iacute;a y otras de una distinta, provocando un eclecticismo que no tiene que asociarse con una &uacute;nica postura (salvo la propia) y que favorece, en ocasiones, la supervivencia del individuo en sociedad. Otra interpretaci&oacute;n acerca de esta conducta ser&iacute;a aquella de la persona acomodaticia, la que "baila con el que m&aacute;s le conviene".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro personaje digno de destacar es Jos&eacute; Fernando Ram&iacute;rez, quiz&aacute;s merecedor de un estudio m&aacute;s amplio. Miguel Soto analiza la fecunda obra que realiz&oacute; el duranguense Ram&iacute;rez al rescatar infinidad de fuentes prehisp&aacute;nicas y coloniales para despu&eacute;s retratar, en una segunda parte de su trabajo, a su personaje. Nos lo presenta inmerso en dos acontecimientos cruciales en la historia de M&eacute;xico: la guerra contra Estados Unidos y la intervenci&oacute;n francesa. Soto nos retrata a un personaje vivo, de carne y hueso, cuyas cartas revelan la profunda divisi&oacute;n que cimbraba a la sociedad mexicana frente a la invasi&oacute;n estadounidense y la incapacidad de los gobernantes para enfrentar el problema. Tanto Ram&iacute;rez como muchos otros mexicanos apoyaron luego al gobierno de Maximiliano, y en este trabajo se explican las causas y los porqu&eacute;s.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda, el g&eacute;nero biogr&aacute;fico, poco explorado en M&eacute;xico, enriquecer&iacute;a la historiograf&iacute;a de la educaci&oacute;n. El bi&oacute;grafo intenta &#150;como afirma Virginia Woolf, escritora de biograf&iacute;as espl&eacute;ndidas&#150;, como el alquimista manipular materias vivas, maleables y multiformes y transmutarlas en un retrato vivo, semejante al que logra un pintor con un dibujo acabado. El contexto hist&oacute;rico interesa tanto al bi&oacute;grafo como el individuo biografiado, y qu&eacute; puede interesar m&aacute;s al estudioso de la educaci&oacute;n que rescatar trayectorias individuales en el medio cultural y acad&eacute;mico, en el docente y en el administrativo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La biograf&iacute;a de una mujer, la maestra jaliscience Atala Apodaca, ocupa la atenci&oacute;n de Mar&iacute;a Teresa Fern&aacute;ndez. Se muestra c&oacute;mo la profesora rompi&oacute; con el estereotipo femenino de su tiempo y se abri&oacute; camino &#150;abriendo brecha&#150; en el campo de la pol&iacute;tica, espacio p&uacute;blico tradicionalmente reservado s&oacute;lo al sexo masculino. En lugar de aprender a bordar, a cantar y a tocar el piano, primores requeridos y cultivados en las mujeres de su tiempo, Atala rompi&oacute; el cascar&oacute;n dom&eacute;stico y fue una docente de vanguardia: anticlerical, liberal y promotora de una imagen secular y moderna de la mujer. Como algunas otras profesoras, Atala difundi&oacute; a trav&eacute;s de la prensa y con el ejemplo de su propia vida el papel moderno que deb&iacute;a desempe&ntilde;ar la mujer mexicana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otras maestras estaban en lo que podr&iacute;a llamarse el tr&aacute;nsito hacia su liberaci&oacute;n en cuanto a su formaci&oacute;n, pero no en cuanto a su pensamiento y acci&oacute;n. Estudiaban en la Escuela Normal de Puebla y transmitieron en sus tesis profesionales conceptos de su mentalidad femenina. Sin duda, esta fuente historiogr&aacute;fica tan novedosa le permiti&oacute; a Carmen Ramos, estudiosa de las mujeres durante el Porfiriato, adentrarse en nuevos conceptos de este evolucionismo en el cual pervive una cultura cat&oacute;lica muy aferrada pese a que la instituci&oacute;n, la Escuela Normal, se hab&iacute;a creado bajo los c&aacute;nones del Estado laico. En aquellos trabajos, las futuras maestras mostraron c&oacute;mo deb&iacute;a ser su vocaci&oacute;n y c&oacute;mo deb&iacute;an comportarse dentro y fuera de las aulas. En la pr&aacute;ctica, y pese a las leyes modernas, las mujeres siguieron transmitiendo en la instituci&oacute;n patrones de conducta tradicionales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra de las virtudes del volumen II que quisiera comentar son las investigaciones que varios estudiosos realizaron acerca de las experiencias educativas en algunos estados de la Rep&uacute;blica. Cristina C&aacute;rdenas, autora de una de las presentaciones, profundiza en varios puntos sobre el impacto del liberalismo en los Institutos Cient&iacute;ficos y Literarios. En ellos se percibe una tensi&oacute;n entre los sujetos que deseaban mantener los modelos tradicionales y aquellos que propugnaban un cambio hacia lo modernidad. Pese a cierta uniformidad que exist&iacute;a dentro de sus espacios, no hay todav&iacute;a suficientes estudios que nos ayuden a establecer semejanzas y diferencias en enfoque y conceptos. De un modelo institucional surgieron m&uacute;ltiples ejercicios estatales. Lo que est&aacute; claro es que hacia fines del siglo XIX, pr&aacute;cticamente en todos los establecimientos de educaci&oacute;n superior se estableci&oacute; la influencia positivista. En esta &eacute;poca tambi&eacute;n se gest&oacute; la diferencia entre la ense&ntilde;anza secundaria y preparatoria, anta&ntilde;o comprendida en un solo establecimiento de cu&ntilde;o colonial, el liceo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Faltar&iacute;an estudios estad&iacute;sticos que nos ayudaran a comprender la importancia que los gobiernos, tanto de la federaci&oacute;n como de los estados, atribu&iacute;an a la educaci&oacute;n. Mi hip&oacute;tesis personal es que las autoridades afirmaban que la educaci&oacute;n primaria era prioritaria, pero destinaban los mayores recursos a la superior. Pienso que ello se deb&iacute;a a que la educaci&oacute;n profesional atribu&iacute;a mayor realce a las distintas gestiones. Por otra parte, ser&iacute;a interesante seguir la huella de los proyectos educativos estatales, estableciendo comparaciones con los dependientes de la federaci&oacute;n. Pese a que &eacute;sta era influencia decisiva en las entidades, habr&iacute;a que investigar hasta d&oacute;nde llegaba esta influencia y a partir de d&oacute;nde emerg&iacute;a la autonom&iacute;a. Tengo la impresi&oacute;n de que la escasez de recursos y de alumnos provocaba que desaparecieran varias especialidades y que la pr&aacute;ctica m&aacute;s com&uacute;n fue la formaci&oacute;n universitaria inconclusa. Punto y aparte eran los estudios para formarse como abogado ya que este profesional ten&iacute;a m&aacute;s opciones laborales que ning&uacute;n otro; pod&iacute;a trabajar en forma privada dirigiendo negocios o litigios o bien como funcionario p&uacute;blico, ya como legislador, ya como administrador de la justicia y/o profesor, etc&eacute;tera. El Derecho era la carrera m&aacute;s popular durante la Rep&uacute;blica Restaurada y el Porfiriato y lo sigui&oacute; siendo durante los a&ntilde;os posrevolucionarios cuando vivi&oacute; una &eacute;poca de fervor pol&iacute;tico y cultural como afirma Renate Marsiske en su estudio sobre la Facultad de Jurisprudencia. En esa &eacute;poca hab&iacute;a dejado atr&aacute;s los a&ntilde;os de la resistencia al nuevo r&eacute;gimen dentro de 1910 y 1914 y trat&oacute;, por medio de reformas importantes, de adecuarse a los cambios del pa&iacute;s.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un proyecto muy interesante lo ofreci&oacute; el Instituto Cient&iacute;fico y Literario del Estado de M&eacute;xico durante el Porfiriato. Como los candidatos que ingresaban a sus aulas no ten&iacute;an la preparaci&oacute;n adecuada, el Instituto se fue convirtiendo en una multi&#150;instituci&oacute;n que se fue adecuando a las necesidades reales de la poblaci&oacute;n y, en esta adaptaci&oacute;n, reside el &eacute;xito no visto por la historiograf&iacute;a tradicional. Cuando se crearon los estudios normalistas, en su seno ya exist&iacute;a la instrucci&oacute;n primaria (que formaba sobre todo a los alumnos ind&iacute;genas becados de los municipios que no hablaban bien el espa&ntilde;ol), y a partir de entonces se fund&oacute; hasta un jard&iacute;n de ni&ntilde;os donde los normalistas llevaban a cabo sus pr&aacute;cticas. As&iacute; las cosas, en el Instituto se ense&ntilde;aban desde los dones de Froebel hasta las carreras de Jurisprudencia, Medicina e Ingenier&iacute;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antonio Padilla ha estudiado el Instituto Cient&iacute;fico del Estado de M&eacute;xico, y a trav&eacute;s de la lectura de su trabajo resulta claro que Padilla conoce a fondo los tejemanejes de la instituci&oacute;n. Su enfoque es propositivo e interesante. Parte de 1921, cuando se cre&oacute; la Direcci&oacute;n T&eacute;cnica de Educaci&oacute;n P&uacute;blica, que depender&iacute;a de las autoridades federales, hasta 1936, en que se funda un nuevo plan de estudios cuyo objetivo era el de facilitar el acceso del ciclo secundario al preparatorio y profesional y regularizar las inscripciones. Padilla analiza las actas colegiadas que reflejaban las tensiones que exist&iacute;an, no s&oacute;lo entre el Instituto, el gobierno del estado y la gobierno federal, sino incluso en su mismo seno, donde la pluralidad de opiniones en torno a la educaci&oacute;n que se deber&iacute;a de impartir y a la disciplina que se deber&iacute;a de ejercer reflejan un espejo de las problem&aacute;ticas que exist&iacute;an entre los distintos grupos de profesores y de alumnos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para finalizar, exhorto a mis colegas a que iniciemos investigaciones que vinculen la educaci&oacute;n al trabajo. En &uacute;ltima instancia, la educaci&oacute;n superior sirve para ubicarse en una esfera laboral que promete mejores salarios y oportunidades. Seguirle la pista a algunos egresados arrojar&aacute; luz acerca de la congruencia o incongruencia que hab&iacute;a en los proyectos de educaci&oacute;n superior.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Felicito muy cordialmente a las coordinadoras de esta obra, Lourdes Alvarado y Leticia P&eacute;rez Puente, por un excelente trabajo de rescate, y felicito tambi&eacute;n a Enrique Salda&ntilde;a por la edici&oacute;n y dise&ntilde;o de este libro electr&oacute;nico que, sin duda alguna, llegar&aacute; a un n&uacute;mero mayor de lectores.</font></p>      ]]></body>
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